INTRODUCCION
Se denomina revascularización
transmiocárdica por láser (TMLR) a la técnica
cardioquirúrgica consistente en realizar perforaciones en el
miocardio mediante radiación láser, empleada en
pacientes con cardiopatía isquémica crónica,
con el objeto de reducir la isquemia y la angina.
Esta técnica deriva del perfeccionamiento
de otra más antigua consistente en realizar micropunciones
del miocardio con instrumentos semejantes a los empleados en
acupuntura. En dicha técnica, tras crear una vía de
acceso al pericardio, el cirujano realizaba manualmente
perforaciones en el miocardio por medio de una aguja que
introducía desde la superficie exterior del corazón
hasta la cavidad ventricular, atravesando epicardio, miocardio y
endocardio. El resultado esperado era que los agujeros atravesaran
en su recorrido la microvasculatura presente en todo el espesor del
miocardio, de forma que la sangre progresara desde el
ventrículo hacia el canal creado, y de allí a la red
vascular a la que está unido, perfundiendo el
miocardio.
El procedimiento original, de discutible
eficacia, perdió adeptos porque los canales no
permanecían permeables mucho tiempo. Al igual que cualquier
lesión inducida en un tejido orgánico, la respuesta
era la cicatrización y oclusión del orificio en poco
tiempo, aunque se ha observado proceso de neoangiogénesis
similar al de TMLR1. Se atribuyó esta
evolución a que, aunque las agujas son
macroscópicamente afiladas, no lo son
microscópicamente, y parte del tejido es dañado
durante el avance de la aguja. Por otro lado, la aguja no extrae un
cilindro de tejido del miocardio, sino que, al igual que un clavo
que atraviesa una superficie de caucho, en su avance comprime el
tejido que atraviesa hacia el exterior, por lo que cuando se retira
la aguja, éste se expande reduciendo el calibre del
orificio, llegando incluso a ocluirlo.
Basándose en que la falta de éxito
del procedimiento se debía a la naturaleza del mecanismo
perforador, en la década de los noventa se
diseñó y perfeccionó la técnica
alternativa empleada en la actualidad, consistente en crear canales
permeables mediante la eliminación limpia de cilindros
miocárdicos. El método empleado para crear los
canales fue la vaporización del tejido por medio de
radiación láser.
El láser consigue la eliminación de
un cilindro de tejido con poco daño del tejido circundante
por la acción de un haz coherente de alta energía. El
método teórico es sencillo: se genera un haz
láser en una longitud de onda que tenga un índice de
absorción elevado por el tejido a vaporizar, y se dirige
altamente colimado a la zona objetivo.
Los láseres de uso clínico
comercializados en la actualidad emplean transmisión directa
de un haz de muy alta energía (láser de carbono), o
la transmisión a través de fibra óptica de un
haz de menor potencia, utilizando la fibra como soporte para crear
el orificio (láser de Holmio:YAG).
También en el caso de orificios creados
con láser los estudios anatomopatológicos han
demostrado que los canales creados se ocluyen en pocos
meses2. A pesar de ello, varios estudios de efectividad
han demostrado la reducción de síntomas a medio
plazo, aunque existe controversia respecto a la capacidad del TMLR
para aumentar el flujo sanguíneo al miocardio3-6.
Estos resultados han conducido a establecer hipótesis
alternativas que expliquen su funcionamiento, como la dudosa
destrucción de la red neuronal del miocardio7-9 o
la inducción de factores de
neoangiogénesis10-16.
Bases de trabajo
La comunidad científica acepta que el TMLR
es un procedimiento de eficacia inferior al pontaje aortocoronario,
por lo que su uso se reserva a pacientes con enfermedad coronaria
en los que se excluye la posibilidad de tratamiento
revascularizador convencional, entendiendo como tal la
realización de pontajes o angioplastia17. Por
esta razón, la mayor parte de los estudios de eficacia de
TMLR se han realizado analizando sus resultados como técnica
aislada18,19, y comparándolos con el de pacientes
con angina refractaria sometidos únicamente a tratamiento
farmacológico20-26. Como resultado, la FDA
autoriza su uso como alternativa al tratamiento médico
convencional en pacientes que no pueden ser sometidos a
revascularización coronaria.
Sin embargo, si las hipótesis que soportan
el uso de la TMLR son correctas, la acción del procedimiento
debería tener efecto local27. Dicho de otro modo,
demostrada la eficacia del procedimiento en el miocardio sin vasos
pontables, podría aceptarse el beneficio local del TMLR en
pacientes sometidos a pontaje aortocoronario en los que existan
áreas no pontables que puedan ser causa de
angina28. La vía de acceso para realizar el TMLR
es la misma que la empleada para pontaje, por lo que restada la
morbilidad que causa el acceso quirúrgico, que es el
principal inconveniente del uso aislado de TMLR, los posibles
perjuicios de la técnica son los debidos a la
realización de perforaciones en el miocardio
isquémico. Sin embargo, hay pocos estudios de eficacia y
mortalidad a medio plazo29-32.
Por desgracia, es frecuente que durante una
intervención de revascularización incompleta el
cirujano observe la existencia de zonas amplias de miocardio no
conectadas con las zonas pontadas, en la que no existen vasos
epicárdicos de calibre suficiente para cirugía
convencional ni para angioplastia. Se admite que estas zonas pueden
ser responsables en varios casos de la persistencia de
síntomas de angina en pacientes sometidos a
revascularización coronaria incompleta, en los que
podría ser de utilidad el uso de TMLR.
Además del uso convencional del TMLR como
terapia aislada, varios grupos entre los que se encuentra nuestro
centro han empleado la combinación de TMLR y cirugía
convencional. En esta técnica, un procedimiento convencional
de pontaje aortocoronario se complementa con TMLR en las zonas en
las que no es posible realizar puentes debido a la inexistencia de
vasos adecuados.
El objetivo del estudio es analizar la seguridad
y resultados del procedimiento combinado de cirugía
más TMLR en el primer año tras su
implantación.
PACIENTES Y MÉTODO
En nuestro servicio disponemos de un sistema de
TMLR (Eclipse® Modelo TMR 2000, Surgical
Technologies Inc.) basado en láser Holmio:YAG transmitido
por fibra óptica (fig. 1). El uso del dispositivo se factura
por procedimiento, por lo que no existe conflicto de intereses de
los autores en el mantenimiento o abandono de la técnica.
Los resultados obtenidos con nuestros pacientes durante el primer
año de uso han sido sometidos a estudio.
Fig. 1. Aplicador de TMLR
tipo Holmio:YAG con aplicador de fibra óptica.
Se trata de un estudio observacional de cohortes
longitudinal retrospectivo, sin asignación aleatoria de
casos. A pesar de ello, por el interés de los hallazgos,
reproducimos nuestros resultados.
Durante el período comprendido entre el 4
de mayo de 1999 y el 25 de mayo del 2000, un total de 20 pacientes
fueron sometidos a procedimiento combinado de
revascularización por láser unido a
revascularización por pontaje aortocoronario, y uno a
revascularización por láser aislado. Como grupo
control se recogió información completa de 118
pacientes intervenidos de revascularización coronaria
aislada durante el mismo período. Para analizar las
diferencias de tratamiento postoperatorio se obtuvo un subgrupo
control constituido por los 66 pacientes del grupo control
diagnosticados de angina inestable. A todos los pacientes se les
hizo entrega de un consentimiento informado en el que se les
comunicó su enfermedad, el procedimiento previsto y el
riesgo quirúrgico, así como de la posibilidad de
modificar el tipo de procedimiento en función de los
hallazgos quirúrgicos.
El criterio de inclusión de pacientes no
fue preestablecido por protocolo: cada cirujano decidió en
cada caso según sus apreciaciones personales y su
experiencia si el paciente era tributario de TMLR, en qué
zona debía aplicarse, cuántos orificios se
practicaban y la distribución de los mismos.
Utilizando historiales informatizados y la
historia clínica convencional se traspasó la
información demográfica y clínica relevante a
una base de datos creada para este estudio. Los datos incluidos en
la base de datos TMLR están recogidos en la tabla
1.

Definimos tres regiones de aplicación de
láser en el miocardio: anterior (correspondiente a zonas
irrigadas por la descendente anterior y diagonales), lateral
(margen obtuso y zonas irrigadas por bisectriz y primera
marginal) y posterior (irrigada por segundas y
terceras marginales o por tronco posterolateral). Se registraron el
número total de disparos en cada zona, la potencia y el
número de orificios.
Como variables dependientes se analizaron la
mortalidad y el grado funcional. Para el estudio de la mortalidad
se recurrió al archivo de contabilidad del centro, en el que
se registra de forma sistemática la situación del
paciente al alta, de forma que no se producen pérdidas de
seguimiento, aún en el caso de que el paciente fuese
transferido eventualmente a otra unidad y el fallecimiento se
produjese en ésta. Para el análisis de
medicación antianginosa al alta se recopiló la
información del informe de alta de los 66 pacientes con
angina inestable del grupo control, y de los pacientes sometidos a
TMLR. Para el análisis del grado funcional se
recurrió a una encuesta telefónica al total de 18
pacientes con supervivencia hospitalaria, realizado entre el 19 y
el 22 de junio de 2000. La encuesta fue realizada mediante un
cuestionario telefónico estándar de preguntas
dirigidas a conocer la máxima capacidad del paciente para
realizar esfuerzos y la detección de disnea o angina. No
hubo pérdidas de seguimiento.
Los datos recogidos fueron analizados con el
programa estadístico SPSS® vesión 8.0
(SPSS Inc, Chicago, Illinois, EE.UU.). Los resultados fueron
analizados mediante el test de la χ2 para variables
cualitativas y de la t de Student de datos independientes para
variables numéricas.
Técnica quirúrgica
La realización de TMLR no se
realizó por intención de tratar. Todos los pacientes
fueron aceptados para cirugía sobre la base de existencia de
vasos epicárdicos susceptibles de revascularización.
El procedimiento se realizó por técnica habitual,
mediante esternotomía media y circulación
extracorpórea por bomba centrífuga. Se emplearon
injertos arteriales (AMI) en los pacientes que a criterio del
cirujano reunían condiciones de edad y acceso
adecuado.
En los pacientes en los que el calibre de los
vasos epicárdicos no permitía el pontaje de
áreas consideradas importantes se complementó el
procedimiento mediante TMLR, realizada tras los pontajes y antes de
finalizar la circulación extracorpórea, o bien
preferiblemente tras finalizar ésta y revertir con protamina
la heparinización precisa para el procedimiento.
La técnica es sencilla y en condiciones
normales no alarga la intervención más de 10 min. No
se produjo ninguna complicación hemorrágica como
consecuencia de TMLR.
RESULTADOS
De los 21 pacientes sometidos a TMLR, en uno el
procedimiento fue realizado de forma aislada, y en 20 de forma
combinada. De ellos, en un caso se empleó conjuntamente con
una sustitución valvular y en otro caso sustitución
valvular y revascularización coronaria. En los 18 restantes
(85%) se combinó con cirugía coronaria.
Se produjeron 3 fallecimientos, uno en el
paciente sometido a láser aislado, otro en el paciente
sometido además a cirugía combinada coronaria y
valvular, y el último en un paciente sometido a TMLR y
cirugía coronaria. Los 3 fallecimientos fueron mortalidad
hospitalaria, no registrándose ninguna nueva muerte en el
año de seguimiento.
Los pacientes sometidos a TMLR aislado o
combinado con cirugía valvular no se compararon con grupo
control por tratarse de casos aislados. Los resultados de los
pacientes a los que se realizó pontaje coronario y TMLR (n =
18) se compararon con los de 118 pacientes sometidos a
revascularización coronaria en el mismo período de
tiempo. No hubo diferencias significativas en la edad, sexo,
fracción de eyección, estimación de riesgo por
método de Parsonnet o EuroSCORE, y mortalidad total. Los
pacientes sometidos a procedimiento combinado presentaron
preoperatoriamente una incidencia significativamente mayor de
angina inestable (tabla 2).

Todos los pacientes supervivientes recibieron
pontajes en la cara anterior del corazón, y el 17%
recibieron dos pontajes en esa área. El 78% recibieron al
menos un pontaje en la cara lateral, mientras que sólo uno
de cada tres recibió un pontaje en la cara
posterior.
En cuanto a la aplicación de TMLR, casi la
mitad de los pacientes recibieron perforaciones en la cara lateral
(44%), un 56% en la cara posterior, mientras que la cara anterior
fue la menos perforada, ya que sólo uno de cada 3 pacientes
recibió disparos en esta zona (fig. 2).
Fig. 2. Distribución
de pontajes y TMLR por regiones de miocardio.
El número medio de impulsos emitidos por
paciente fue de 308. Se empleó una potencia de 6-7 vatios, y
el número medio de orificios fue de 36, distribuidos de la
siguiente manera (media ± desviación
estándar):
- Cara anterior: 16 ± 9
- Cara lateral: 22 ± 7
- Cara inferior: 18 ± 10
En cuanto al grado funcional, en el momento del
ingreso 15 (80%) de los pacientes supervivientes presentaban angina
de reposo de reciente aparición, y 2 pacientes más
presentaban angina de moderados esfuerzos. Tras el procedimiento, 2
pacientes permanecían en grado funcional II y el resto en
grado funcional I (fig. 3).
Fig. 3. Evolución de
angina antes y después del tratamiento en pacientes
sometidos a procedimiento combinado.
No hubo diferencias significativas de tratamiento
antianginoso en los pacientes tratados con TMLR respecto a los que
sólo recibieron cirugía convencional de pontaje
aortocoronario, aunque los tratados con láser recibieron
menos nitritos, bloqueadores beta y antagonistas del calcio. Del
resto del tratamiento, sólo es significativo un porcentaje
superior de tratamiento antidiabético oral en el grupo de
los tratados con láser (tabla 3).

Como indica la figura 4, la supervivencia al
año de los pacientes con cirugía coronaria y TMLR fue
de 95%, y la supervivencia global de todos los pacientes a los que
se realizó TMLR fue de 85%.

Fig. 4. Supervivencia de
pacientes sometidos a TMLR.
DISCUSIÓN
Con frecuencia un cirujano tiene que enfrentarse
en el quirófano al dilema del paciente cuya anatomía
no permite una revascularización completa. En unas
ocasiones, el plan quirúrgico prevé la imposibilidad
de pontar todas las áreas isquémicas. En otras
más desesperantes, el plan no puede llevarse a cabo
íntegramente por falta de vasos epicárdicos viables.
A pesar del empirismo que supone es difícil evitar en el
cirujano, durante una intervención de
revascularización incompleta, la sensación de que
estas zonas conferirán un alto riesgo de hacer fracasar el
objetivo de la intervención por su potencial de inducir
angina.
En esta situación, es fácil que un
cirujano se decante por medidas «compasivas» siempre
que no incrementen el riesgo del procedimiento. La sencillez y
supuesto bajo riesgo del TMLR cumple estas condiciones. Sin
embargo, el nivel de seguridad y eficacia no se ha establecido
convenientemente debido a que los estudios se centran en su
aplicación aisla da como alternativa al tratamiento
farmacológico exclusivo.
El estudio presentado debe interpretarse con
cautela por ciertas restricciones en su diseño. La muestra,
aunque significativa en el ámbito nacional, es reducida y,
por tanto, hay riesgo de cometer error estadístico tipo II.
En el corte transversal realizado sólo los primeros
pacientes intervenidos desde la puesta en marcha del procedimiento
acumulan un seguimiento prolongado. Y sobre todo, aunque hubiera
sido deseable, la selección de casos no se realizó de
modo prospectivo con aleatorización de casos, sino por
criterio quirúrgico personal de cada uno de los cirujanos.
En estas condiciones existe un evidente riesgo de cometer un sesgo
de selección, ya que se procedió a TMLR en los casos
que presentaban condiciones anatómicas más adversas a
juicio del cirujano, y antecedentes de angina inestable.
Aunque esta falta de uniformidad de criterio
tiene el inconveniente de reducir la efectividad respecto a un
protocolo estándar de actuación, representa una
situación menos artificial del entorno quirúrgico, en
el que es imposible evitar cierta dosis de empirismo en la compleja
interacción cirujano-paciente. El efecto negativo de la
falta de uniformidad es en realidad una fuente de enriquecimiento
continuo y un modo lógico de actuar cuando no hay evidencias
que aseguren que una línea determinada de actuación
es la correcta.
Como factor negativo del TMLR debemos considerar
su coste. El precio de los equipos de TMLR oscila entre 200.000 y
500.000 euros. El coste repercutido en cada procedimiento puede
llegar a ser de 2.000 euros, lo que supone un incremento del coste
total del proceso en torno al 30%.
En cualquier caso, los resultados de mortalidad y
clase funcional son llamativos. La ausencia de diferencias
significativas en mortalidad es similar a la del grupo de pacientes
sometidos a intervención coronaria aislada en el mismo
período, aun cuando por el sesgo de selección los
casos presentaban más dificultad de
revascularizar.
Más importante es la evolución del
grado funcional durante el seguimiento. Consideramos que gran parte
del beneficio se debe a la eficacia del pontaje aortocoronario. Sin
embargo, la ausencia de angina persistente en el grupo de pacientes
tratados favorece la hipótesis de la efectividad local del
procedimiento. Debe tenerse en cuenta que todos los pacientes
presentaban áreas de miocardio viable con déficit de
perfusión que no pudo ser solventado por
revascularización. Por otro lado, comparado con el subgrupo
control de pacientes con angina inestable que no recibieron TMLR,
la ausencia de síntomas no puede atribuirse a un mejor
control farmacológico de los síntomas, porque no
existieron diferencias significativas de tratamiento. En cualquier
caso, el porcentaje de uso de tratamiento antianginoso fue inferior
en los tratados con láser. Por último, el mayor
índice de empleo de antidiabéticos orales
(significativo) e insulina (no significativo) en los pacientes
tratados con TMLR es un hallazgo comprensible que refleja una
situación metabólica relacionada con vasos de mala
calidad, y de ahí la existencia de regiones no
pontables.
A pesar del carácter compasivo con el que
iniciamos su uso, la obtención de resultados satisfactorios
en pacientes con un perfil desfavorable, sin aumento de mortalidad
y con mejora sintomática mantenida a medio plazo, refuerza
la consideración del TMLR como una alternativa a considerar,
aunque su eficacia aún no puede considerarse
establecida.
Varios estudios recientes corroboran estas
expectativas33. En un estudio de Trehan et al en Nueva
Delhi34 la mortalidad del procedimiento combinado de
pontaje en la cara anterior sin bomba, y TMLR en la cara posterior
o en zonas sin vasos pontables fue de sólo el 1,3%. Se trata
de un estudio no controlado, originalmente diseñado para
demostrar la eficacia de la cirugía mínimamente
invasiva, en el que se complemente el pontaje a la descendente
anterior realizado mediante la miniincisión, con TMLR en la
cara posterior, ya que por esa vía se dificulta el acceso a
vasos de la cara posterior. El objetivo del estudio no fue analizar
la eficacia del TMLR frente a los pontajes, pero los buenos
resultados de supervivencia ponen de manifiesto la bondad del
método en lo que a mortalidad quirúrgica se
refiere.
Por otra parte, en un estudio prospectivo,
controlado, bien diseñado, realizado por Allen et al en
Indianápolis35, se distribuyeron aleatoriamente
263 pacientes en un grupo de TMLR aislado (131 pacientes) frente a
otro de uso combinado (132 pacientes), reduciéndose la
mortalidad del 7,6 al 1,5%. El notable tamaño muestral de
estos dos estudios permite confirmar los hallazgos observados en
nuestro estudio: la ausencia de efectos nocivos del TMLR cuando se
aplica en combinación con cirugía de pontaje
aortocoronario, y la baja mortalidad hospitalaria del procedimiento
combinado.
Nuestro estudio, por su parte, confirma una
magnífica evolución sintomática de los
pacientes a corto plazo. Queda para futuros trabajos la
valoración de los efectos a plazos superiores al año,
tanto en lo referente a mortalidad como al grado
funcional.
CONCLUSIONES
El TMLR parece ser una técnica eficaz para
evitar la reaparición de angina en pacientes en los que no
es posible una revascularización completa por falta de vasos
viables para el pontaje en algunas áreas del corazón.
A pesar de la falta de diseño aleatorio que permita
establecer una comparación real de datos, la mortalidad no
difiere significativamente de la mortalidad de pacientes con
revascularización completa. Teniendo en cuenta que el
subgrupo de pacientes que fueron sometidos a TMLR presentan una
situación vascular menos favorable que la media de los
pacientes (de ahí la necesidad de usar el láser), y
que los resultados son al menos similares a los obtenidos en casos
más favorables con pontaje aislado, sumado a la baja
mortalidad del procedimiento en nuestra casuística,
consideramos el TMLR como una alternativa viable en las zonas en
las que no existan vasos que revascularizar durante una
operación convencional de pontaje.
Los resultados tienen importancia por la novedad,
pero deben interpretarse con cautela por el tamaño reducido
de la muestra y el sesgo de selección de
pacientes.
ADDENDUM
Hipótesis sobre el número
óptimo de canales
El procedimiento de TMLR consiste en la
realización de orificios en el miocardio en número y
distribución decidida de forma empírica por el
cirujano. Esta subjetividad en cuanto al número
óptimo de orificios que se deben realizar se debe a la
ausencia de estudios orientados a determinar la existencia de un
número límite de orificios a partir de la cual se
reduzca el beneficio. Los diferentes estudios publicados muestran
una elevada variabilidad en el número de orificios, lo que
indica la falta de uniformidad de criterios. No existe ninguna
recomendación oficial sobre el número óptimo
de orificios que se deben realizar.
Es opinión de este autor que dicho
número existe, y que puede demostrarse experimentalmente que
la respuesta del corazón al número de orificios sigue
una curva (respuesta/orificio) con un máximo en un
número predecible de orificios por unidad de superficie,
superado el cual el perjuicio de la técnica supera al
beneficio.
El autor fundamenta esta opinión en las
siguientes hipótesis, basadas en el conocimiento actual del
funcionamiento del TMLR:
1. Se supone que las perforaciones que se
realizan con TMLR producen un efecto beneficioso en la
perfusión miocárdica36-38, o en la
inhibición de los mecanismos desencadenantes de la angina.
Este efecto puede ser por la producción de factores
humorales39-41, o por el efecto físico de
destrucción de la red nerviosa miocárdica. En
cualquiera de los dos casos, el efecto dependerá del
número de orificios, tanto en el caso de que el efecto sea
local alrededor del orificio, como si es global en todo el
miocardio. La primera hipótesis es que, al igual que casi
todas las interacciones biológicas, el efecto no sigue un
patrón lineal sino que, por la capacidad de
saturación de respuesta que muestran los modelos
biológicos, sigue un patrón hiperbólico o de
histéresis. Esta hipótesis se fundamenta en el hecho
de que no es probable que cada vez que se dobla el número de
orificios continuamente, se dobla el efecto. Por el contrario, al
igual que ocurre con un fármaco, es probable que a partir de
un número de orificios el efecto residual de incrementar el
factor humoral o la destrucción de red nerviosa apenas sea
relevante, tendiendo a una asíntota en la curva de
respuesta. De lo contrario, habría que admitir que si 10
orificios mejoran un 5% la perfusión miocárdica,
1.000 orificios (teóricos) deberían mejorar un 500%
la perfusión, lo que desafía la plausibilidad
biológica del efecto.
En el caso de que el efecto beneficioso de TMLR
se deba a la producción de sustancias que estimulen el
crecimiento vascular, o que inhiban la transmisión del
dolor, es razonable pensar que, al igual que ocurre con todos los
comportamientos farmacológicos, una vez saturados los
receptores o los intermediarios, una dosis mayor apenas
producirá efecto. En caso de que el efecto se produzca por
interrupción o interferencia de la red nerviosa, una vez
alterado un segmento de conducción e interrumpida la
transmisión en ese segmento, una nueva interrupción
en el mismo segmento no produce aumento del efecto, ya que el
estímulo de cualquier manera no se iba a transmitir. En
cualquiera de estos casos, la curva dosis/respuesta (número
de orificios/efecto contra la angina analizado) probablemente siga
la morfología expresada por la figura adjunta.
2. Por otro lado, la producción de
orificios produce una evidente destrucción de
miocitos42. A pesar del pequeño tamaño de
los orificios, se produce una pérdida demostrable de masa
contráctil43,44. Esta hipótesis se
refuerza por los hallazgos de varios estudios en los que el uso de
TMLR en pacientes con baja fracción de eyección
produce un deterioro adicional de contractilidad45,46.
La pérdida de miocitos es linealmente proporcional al
número de orificios realizados, y a medida que avanza la
destrucción, la pérdida proporcional de
contractilidad es progresivamente mayor. En un modelo
teórico, partiendo de 1.000 células, la
pérdida de la primera reduce la contractilidad en un 0,1%,
la pérdida de la célula 500 en un 0,2%, la
célula 900 en 1%, y la célula 998 en un
50%.
Basándose en el efecto contrapuesto de los
dos efectos y la diferente geometría de las curvas de
acción, la hipótesis planteada es que en los primeros
orificios la masa proporcional de tejido destruido es
mínima, mientras que el efecto beneficioso del orificio
mejora la contractilidad de las unidades restantes. A medida que se
realizan más orificios, el beneficio se incrementa
paulatinamente, pero cada vez en menor grado por un efecto de
saturación. Llega un momento en el que el incremento de
beneficio no compensa la reducción de masa
contráctil, por lo que no mejora más la
angina/contractilidad. A partir de ese momento, cada nuevo orifico
reduce progresivamente la eficacia del procedimiento por
pérdida de masa, pudiendo llegar a anularlo e incluso si se
siguen realizando perforaciones, producir un perjuicio porque el
número de unidades de miocardio disponible sean tan
reducidas que, a pesar de estar estimuladas, funcionen en conjunto
con menos eficacia que la masa inicial no estimulada.
Este efecto queda reflejado en la figura 5,
basada en simulación por ordenador del efecto beneficioso de
cada orificio sobre el funcionamiento cardíaco, aplicado a
la masa residual preservada de la destrucción de tejido por
láser. Para el efecto beneficioso se genera un modelo
probabilístico en el que se estima la capacidad del
incremento de factor beneficioso de encontrar un lugar de
acción. Se suponen dos modelos de simulación para la
capacidad contráctil, uno en el que la reducción de
contractilidad sigue un comportamiento lineal, reduciéndose
la capacidad de contracción proporcionalmente al
número de canales, y un modelo de simulación
bidimensional basado en el supuesto de que la destrucción de
tejido afecta a una trama contráctil bidimensional. El
empleo de un modelo u otro sólo modifica el momento en el
que se alcanza el efecto máximo, pero en cualquiera de los
dos modelos se observa que el beneficio producido por las
perforaciones sigue un patrón ascendente hasta alcanzar un
máximo en el que, por cada nuevo orificio que se practica,
la destrucción de tejido no compensa el incremento de
contractilidad del tejido preservado.
Fig. 5. Efectos combinados
de reducción de masa cardíaca y estimulación
por TMLR. La gráfica superior izquierda simula el efecto
estimulante producido por un disparo de TMLR en un modelo
artificial con efecto de saturación. La gráfica
superior derecha simula la relación entre fuerza
contráctil y masa disponible, en un modelo de
simulación lineal o bidimensional. La gráfica
inferior es la combinación del efecto beneficioso del
disparo sobre la masa contráctil residual
Este modelo necesita una verificación
experimental para confirmar su validez; sin embargo, es compatible
con los hallazgos clínicos descritos hasta el momento. De
cumplirse este supuesto, sería útil determinar
mediante un experimento protocolizado la existencia de algún
índice que indique en cada caso la densidad de canales que
producirá el máximo beneficio.
AGRADECIMIENTO
El seguimiento completo de todos los pacientes
fue posible gracias al trabajo tenaz y meticuloso de María
Teresa Llarena Cañizares.
Correspondencia: Dr. I. Díaz de Tuesta.
Hospital Universitario de Canarias. 38190 La Laguna. SC Tenerife.
Correo electrónico: tuesta@usa.net
Recibido el 26 de diciembre de 2000. Aceptado para su
publicación el 23 de abril de 2001.
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