INTRODUCCIÓN
En estas
guías de práctica clínica hemos revisado las
opciones terapéuticas que existen en la actualidad para el
tratamiento de los pacientes con arritmias. La metodología
ha consistido en una extensa revisión bibliográfica
basada en una estrategia de búsqueda inteligente utilizando
Medline y posterior discusión y consenso, entre los
expertos, de los niveles de evidencia y de las indicaciones
terapéuticas. Los niveles de evidencia se han clasificado en
tres grados, de acuerdo con las propuestas de Yusuf et
al1:
Grado A:
evidencia basada en grandes estudios aleatorios controlados y
revisiones sistemáticas, incluyendo
metaanálisis.
Grado B:
evidencia basada en estudios de alta calidad, no aleatorios, en
estudios de casos y controles o en series de casos.
Grado C:
opiniones de expertos no basadas en ninguna de las evidencias
anteriores.
Cuando ha sido
posible, las indicaciones terapéuticas se han hecho
siguiendo la clasificación del American College of
Cardiology y American Heart Association (ACC/AHA)2
en:
Clase I:
existe evidencia y acuerdo general en que un determinado
procedimiento diagnóstico o tratamiento es útil y
efectivo.
Clase II:
no existe clara evidencia y además hay divergencias de
opinión acerca de la validez y eficacia del procedimiento
diagnóstico o del tratamiento.
Clase
IIa: la mayoría de la evidencia y las opiniones
están a favor de la validez y eficacia.
Clase
IIb: la eficacia y validación del procedimiento
diagnóstico o del tratamiento están menos
establecidas.
Clase
III: existe evidencia o acuerdo de opinión en que
determinado procedimiento diagnóstico o terapéutica
no es válido ni eficaz y, en ocasiones, puede ser
peligroso.
1. TAQUICARDIAS
SUPRAVENTRICULARES NO ASOCIADAS AL SÍNDROME DE
WOLFF-PARKINSON-WHITE
INTRODUCCIÓN
Dentro del grupo
de taquicardias supraventriculares no asociadas al síndrome
de Wolff-Parkinson-White (WPW) se engloban la taquicardia auricular
(multifocal y unifocal), las taquicardias regulares
paroxísticas (dentro de las cuales se incluyen la
taquicardia intranodal y la taquicardia mediada por una vía
accesoria oculta con propiedades de conducción rápida
tipo haz de Kent) y las taquicardias incesantes de la unión
auriculoventricular (AV), mediadas por una vía accesoria
oculta de conducción lenta y decremental (taquicardia de
Coumel).
Todas estas
formas de taquicardia tienen en común que presentan una
activación auricular organizada y una morfología de
QRS durante la taquicardia similar a la del ritmo sinusal, que en
general es un QRS estrecho (< 0,08 s), excepto en los casos en
que se produce bloqueo funcional de una rama del haz de His. No
obstante, son diferentes en cuestiones tan importantes como el
sustrato y mecanismo arritmogénico, lo cual determina su
forma de presentación clínica y la respuesta a las
diferentes opciones terapéuticas3-5.
El
diagnóstico diferencial entre estas entidades se puede
abordar mediante el análisis del ECG de superficie durante
la taquicardia, realizado en condiciones basales y/o tras maniobras
que modifiquen la conducción AV, como el masaje del seno
carotídeo (MSC) o la administración de adenosina.
Este análisis se basa en evaluar la relación entre la
frecuencia auricular y la ventricular, y la morfología y
localización de la onda P respecto al QRS (intervalo
P-R/R-P)5. No obstante, este método no siempre
permite definir con certeza el mecanismo.
El estudio
electrofisiológico (EEF) permite completar la
evaluación diagnóstica pero, por ser una prueba
invasiva, sólo está indicado en los casos en que se
plantea realizar tratamiento mediante ablación por
radiofrecuencia.
A
excepción de las taquicardias auriculares multifocales, la
gran mayoría de estas taquicardias no se asocian a una
cardiopatía orgánica. No obstante, en casos aislados
se aprecia una asociación con cardiopatías
congénitas como la enfermedad de Ebstein, el prolapso mitral
o la miocardiopatía hipertrófica, etc., que pueden
estar no diagnosticadas, por lo que debemos mantener la
recomendación general de realizar un ecocardiograma de
control a todos estos pacientes, especialmente a los niños y
jóvenes.
Se trata de
arritmias que no son peligrosas para la vida. Su importancia radica
en su morbilidad y en sus repercusiones
sociolaborales6-8: a) los episodios de
taquicardia paroxística suelen ser clínicamente mal
tolerados y con frecuencia precisan asistencia médica;
b) las formas de taquicardia incesante pueden desarrollar
taquicardiomiopatía; c) los pacientes que precisan
tratamiento crónico con fármacos
antiarrítmicos están sometidos a los consiguientes
riesgos de proarritmia, y d) cuando los episodios de
taquicardia son frecuentes, el paciente se puede ver incapacitado
para el desarrollo de una actividad sociolaboral normal.
En Estados
Unidos la prevalencia de las taquicardias supraventriculares (se
incluyen también las del síndrome de WPW) es de
2,25/1.000 personas, y la incidencia, de 35/100.000
personas-año9.
En este
documento analizaremos las opciones terapéuticas actuales de
cada una de estas entidades.
TAQUICARDIA
AURICULAR
Definición
Son taquicardias
que se originan en el músculo auricular y no precisan de la
unión AV ni del ventrículo para su inicio y
mantenimiento.
Desde el punto
de vista del ECG se caracterizan por la presencia de ondas P bien
definidas, a una frecuencia que oscila entre 100 y 240 por min.
Desde el punto de vista morfológico la onda P suele ser
diferente en amplitud y eje eléctrico de la onda P
sinusal.
La
conducción a los ventrículos puede ser 1:1 o
presentar un grado variable de bloqueo nodal 2:1, 3:1, etc.
Mediante MSC o maniobras de Valsalva se puede disociar la actividad
auricular y ventricular (produciendo bloqueo 2:1, 3:1, etc.) sin
interrumpir la taquicardia. El intervalo PR es inferior al
intervalo RP, y puede ser igual, superior o inferior al intervalo
PR en ritmo sinusal, dependiendo del punto de origen de la
taquicardia y de su frecuencia. El QRS presenta una
morfología similar a la del ritmo sinusal, aunque en las
taquicardias con respuesta ventricular rápida puede
presentar aberrancia tipo bloqueo de rama.
Son poco
frecuentes; representan entre el 10 y el 15% los pacientes
atendidos en una unidad de arritmias.
Clasificación
Para
sistematizar las opciones terapéuticas establecemos dos
tipos de taquicardias auriculares de acuerdo con su
expresión ECG. Ambas clases comportan diferencias
etiopatogénicas, clínicas y
pronósticas:
1.
Taquicardias auriculares multifocales.
2.
Taquicardias auriculares monomórficas o
unifocales.
Taquicardia auricular
multifocal
Son las
taquicardias auriculares en las que se identifican al menos tres
morfologías de onda P diferentes (sin contar la onda P
sinusal). Su frecuencia es superior a 100 por min. Los intervalos
P-P suelen ser irregulares. La respuesta ventricular suele ser
variable: 1:1, 2:1, 3:1, etc., y los intervalos PR y RR
también lo son10.
Desde el punto
de vista etiopatogénico, más del 95% de las
taquicardias auriculares multifocales se asocian a
broncopatía crónica descompensada y/o insuficiencia
cardíaca, y su presencia es un marcador de severidad de la
enfermedad subyacente.
Se presentan en
forma de episodios que duran varios días, y con frecuencia
alternan con crisis de fibrilación auricular y flúter
auricular paroxístico. El factor precipitante es una
descompensación de la patología de base, y se
facilita con la hipoxia, valores altos de teofilinemia y
betaestimulantes, y con la presencia de hipopotasemia,
hipomagnesemia o hipocalcemia10.
Clínicamente suelen quedar enmascaradas por los
síntomas de la insuficiencia respiratoria y/o
cardíaca, aunque su presencia suele agravar la disnea y
puede añadir sensación de palpitaciones.
Tratamiento
(tabla
1)

Es importante
destacar en primer lugar que este tipo de taquicardias no responde
a la cardioversión eléctrica.
La primera
línea de tratamiento debe estar orientada a corregir la
hipoxia y la hipercapnia (oxígeno, broncodilatadores,
corticoides, etc.), compensar la insuficiencia cardíaca
(diuréticos, vasodilatadores, inotrópicos, etc.) y
tratar los factores precipitantes de la descompensación
respiratoria y/o cardíaca. Junto con estas medidas se debe
prestar atención a los factores que pueden prolongar o
agravar la taquicardia: mantener los valores de teofilinemia por
debajo de 20 ng/ml, reducir al mínimo posible los
betaestimulantes y vigilar el equilibrio electrolítico, en
especial el potasio y el magnesio.
En la segunda
línea están los fármacos
antiarrítmicos, pero su eficacia es muy limitada y se deben
reservar para los casos en que la taquicardia no se resuelve al
estabilizar la patología de base. Estudios controlados y no
controlados demostraron cierta utilidad del magnesio en
perfusión intravenosa, el verapamilo y el
metoprolol11-13.
En un estudio
simple ciego controlado con placebo, realizado en 14 pacientes (9
en el grupo tratado y 5 en el grupo placebo), McCord y
Borzak10 demuestran que el magnesio administrado por
vía intravenosa consigue revertir a ritmo sinusal al 77% de
los pacientes.
Un estudio
aleatorio doble ciego controlado con placebo12 realizado
en 15 pacientes demostró que el 20% respondió al
placebo, el 44% al verapamilo y el 89% a metoprolol, definiendo
como respuesta la reversión a ritmo sinusal, la
reducción de la frecuencia ventricular en un 15% o
más o la consecución de una frecuencia ventricular
menor de 100 por min. Sin embargo, en la práctica estos
fármacos tienen muchas limitaciones: el metoprolol
está contraindicado en asmáticos, en la
broncopatía crónica con componente reactivo y en la
insuficiencia cardíaca severa, y el verapamilo puede agravar
la hipoxemia (por vasodilatación en territorios pulmonares
hipoventilados), por lo que debe ser administrado con
precaución.
Estudios no
controlados demuestran que los fármacos
antiarrítmicos del grupo IA y la digoxina no son
eficaces10.
No hay
suficientes datos para opinar sobre la eficacia de otros
fármacos como la amiodarona o la flecainida, que en estudios
no controlados con un número muy reducido de pacientes
demuestran cierta utilidad.
Estas
taquicardias rara vez se cronifican y, en general, o revierten a
ritmo sinusal o bien se transforman en flúter o
fibrilación auricular crónicos. En casos de
persistencia en el tiempo y mala respuesta o intolerancia al
tratamiento farmacológico expuesto, la ablación no
selectiva del nodo AV e implantación de un marcapasos
definitivo puede ser una opción válida para el
control de la respuesta ventricular, mejoría de los
síntomas y evitar el desarrollo de
taquicardiomiopatía, datos extrapolados de los pacientes con
fibrilación auricular14,15.
Taquicardia auricular
monomórfica o unifocal
Por
definición son las taquicardias auriculares en las que se
identifica una sola morfología de onda P, que es diferente
de la onda P del ritmo sinusal en amplitud y eje eléctrico.
Su apariencia en el ECG depende del punto en que se origina la
actividad eléctrica auricular, y puede ser en la
aurícula derecha o izquierda16. Su frecuencia
suele oscilar ente 100 y 240 lat/min.
Por sus
propiedades electrofisiológicas, se trata de un grupo
heterogéneo que puede responder a diferentes mecanismos
arritmogénicos16,17:
Las
taquicardias auriculares en pacientes sin cardiopatía suelen
responder a un mecanismo de actividad focal desencadenada por
pospotenciales tardíos o a focos de automatismo.
Las
taquicardias asociadas a cardiopatía, especialmente a
valvulopatía mitral, o las taquicardias auriculares
postatriotomía suelen responder a un mecanismo de reentrada
intraauricular.
Clínicamente las taquicardias auriculares unifocales tienen
dos formas de presentación, que poseen importancia en la
planificación del tratamiento:
Paroxística: el 75% de los casos. Suelen ser
sintomáticas en forma de palpitaciones de inicio brusco, con
frecuencia asociadas a mareo, disnea o dolor
torácico.
Incesantes: el 25% de todas las taquicardias auriculares
unifocales. Pueden ser asintomáticas y a menudo evolucionan
a disfunción ventricular (el 40% de las taquicardias
incesantes se diagnostican en fase de taquicardiomiopatía).
Cuando presentan síntomas suelen ser palpitaciones y disnea,
especialmente de esfuerzo.
Tratamiento
(tabla
1)
Reversión a ritmo sinusal
Las taquicardias
auriculares monomórficas en general responden mal al
tratamiento farmacológico convencional.
El MSC y la
adenosina en general bloquean temporalmente el nodo AV,
consiguiendo una respuesta ventricular tipo 2:1/3:1, sin modificar
la frecuencia de la taquicardia. No obstante, estas medidas son
ineficaces por tener un tiempo de actuación muy breve. En
casos aislados pueden interrumpir la taquicardia (taquicardia
auricular adenosín sensible, cuyo mecanismo suele ser por
actividad focal desencadenada)17.
Hay pocos datos
sobre el efecto de los fármacos antiarrítmicos. Un
metaanálisis18 sobre los efectos de la
propafenona en las taquicardias supraventriculares aporta una
eficacia en el control de las crisis del 83,8%. En otro estudio la
flecainida intravenosa es eficaz en 5 pacientes con taquicardia
auricular19.
Prevención de recaídas
Debemos
contemplar dos modalidades de tratamiento:
Tratamiento
farmacológico. Tampoco en este apartado contamos con
datos suficientes para establecer una pauta de actuación
basada en estudios contrastados.
Con los datos
disponibles, los fármacos antiarrítmicos del grupo IC
son los que presentan mayor eficacia: propafenona, un
64,6%18, con un buen perfil de tolerancia, y la
flecainida, un 40%19.
Un estudio
realizado en 19 pacientes con taquicardia auricular por reentrada
de los fármacos de clase IA fueron eficaces en 6 de 19, y la
amiodarona, en 10 de 13 pacientes20.
En los casos en
que se demuestra que la taquicardia es sensible a las catecolaminas
también son útiles los
betabloqueadores17,21, y esto suele ocurrir
especialmente en las formas paroxísticas.
Ablación por radiofrecuencia:
Las
taquicardias auriculares monomórficas sin cardiopatía
son abordables mediante ablación por radiofrecuencia
aplicada de forma selectiva en el origen de la taquicardia,
independientemente del mecanismo arritmogénico
subyacente22. No obstante, una limitación de este
método es la mala reproducibilidad mediante el estudio
electrofisiológico de algunas de estas taquicardias, en
especial las que se deben a un automatismo anormal.
Las series
publicadas23-28 que incluyen a pacientes con taquicardia
auricular refractaria a múltiples fármacos
antiarrítmicos y/o con taquicardiomiopatía comunican
una eficacia de alrededor del 90% (oscila entre el 78 y el 100%).
El índice de recidivas oscila ente el 0 y el 20%, siendo el
promedio alrededor del 10%, y prácticamente todos fueron
tratados eficazmente con un nuevo procedimiento de ablación.
Las complicaciones referidas oscilan entre el 0 (en la
mayoría de las series) y el 2%. En los pacientes que
habían desarrollado taquicardiomiopatía se
demostró una normalización de la función
ventricular en los meses siguientes a la ablación
efectiva.
Las
taquicardias auriculares asociadas a cardiopatía
orgánica muy pocas veces es factible abordarlas mediante
ablación selectiva. Lo que se plantea es la ablación
no selectiva del nodo AV asociada a implantación de
marcapasos definitivo en los casos en que fracasa el tratamiento
farmacológico, bien de prevención de recaídas
bien de control de la frecuencia ventricular (con los mismos
fármacos y supuestos planteados en las taquicardias
multifocales).
Las
recomendaciones de tratamiento a largo plazo de las taquicardias
auriculares se presentan en la tabla 1.
TAQUICARDIAS REGULARES
PAROXÍSTICAS CON QRS ESTRECHO VERAPAMILO/ADENOSÍN
SENSIBLES
Definición
Son un grupo de
taquicardias mediadas por un mecanismo de reentrada en las que
participa el nodo AV como un brazo del circuito, lo que las hace
sensibles al verapamilo y a la adenosina.
Representan
más del 75% de las taquicardias supraventriculares no
asociadas al síndrome de WPW, cuyas características
de grupo se han especificado en la introducción.
Se presentan en
forma de episodios paroxísticos, que en general se asocian a
clínica de palpitaciones (98% de los casos) y ocasionalmente
pueden originar mareo/síncope (en especial al inicio de la
taquicardia) y, cuando son de larga duración o el paciente
presenta de forma concomitante una cardiopatía
orgánica, pueden asociarse a disnea, fatiga o dolor
torácico6. Su frecuencia oscila entre 120 y 250
por min, aunque la mediana suele ser 160-180 por min.
Se presentan en
todas las edades, aunque la edad media de presentación se
sitúa entre los 30 y los 50 años.
Dentro de este
apartado se distinguen dos tipos de taquicardia con mecanismos
diferentes:
Taquicardia
intranodal
El mecanismo
arritmológico es una reentrada en el nodo AV. El sustrato
funcional que permite su aparición es la presencia de
fisiología de doble vía nodal. Representan el 60% de
todas las taquicardias paroxísticas
supraventriculares.
Desde el punto
de vista electrofisiológico se distinguen dos formas de
taquicardia por reentrada intranodal, dependiendo de la velocidad
de conducción que presente cada una de las vías
nodales y el sentido en que son recorridas por el frente de
activación de la taquicardia:
Taquicardia
intranodal común: lenta/rápida: el
estímulo se conduce por la vía lenta en sentido
descendente y por la vía rápida en sentido
ascendente. Representan el 90% de las taquicardias
intranodales.
Taquicardia
intranodal no común: rápida/lenta: el
estímulo se conduce por la vía rápida en
sentido descendente y por la vía lenta en sentido
ascendente. Lenta/lenta: el estímulo se conduce en sentido
descendente y ascendente por dos vías con velocidad de
conducción lenta. Representan el 10% de las taquicardias
intranodales.
La
relación A:V suele ser 1:1, aunque de forma muy ocasional
(especialmente cuando la frecuencia de la taquicardia supera los
200 por min) se puede apreciar una relación A:V 2:1; y
más excepcionalmente puede presentar bloqueo ocasional hacia
la aurícula.
Taquicardias
ortodrómicas mediadas por una vía accesoria
oculta
Por
definición son taquicardias por reentrada AV en las que
participa una vía accesoria oculta como brazo
retrógrado del circuito y el nodo AV en el brazo
anterógrado. Este tipo de vías suele tener
propiedades electrofisiológicas similares a las vías
tipo Kent (velocidad de conducción rápida y no
decremental).
El
diagnóstico diferencial entre estos dos tipos de taquicardia
no siempre es posible por los datos clínicos y ECG, por lo
que su abordaje se hace de forma unificada. El estudio
electrofisiológico permite establecer el diagnóstico
definitivo, pero esta prueba únicamente está
justificada en los casos en que se plantea realizar tratamiento
mediante ablación por radiofrecuencia.
Tratamiento
(tabla 2)

Debemos
contemplar dos situaciones:
Tratamiento de las crisis de taquicardia.
Prevención de recaídas.
Tratamiento de las
crisis de taquicardia
El objetivo es
interrumpir la taquicardia y restablecer el ritmo sinusal. Suelen
ser taquicardias con aceptable tolerancia clínica y
hemodinámica. Se plantea un tratamiento escalonado,
siguiendo un orden:
1. La
primera maniobra terapéutica debe ser el MSC realizado por
el médico o maniobra de Valsalva realizada por el paciente.
La eficacia de estos dos métodos es similar y oscila
alrededor del 20%29.
2. Si no
son efectivas, se pasa a tratamiento farmacológico. Los
fármacos de elección son la adenosina, el ATP o el
verapamilo administrados por vía intravenosa. Cualquiera de
estos fármacos tiene una eficacia superior al
80%.
Un estudio
multicéntrico, descriptivo, prospectivo y retrospectivo en
niños30 demostró una eficacia del 72% en
la supresión de taquicardias supraventriculares. Un estudio
multicéntrico aleatorio realizado en 163 pacientes
comparando dosis sucesivas de adenosina y placebo31 en
taquicardias paroxísticas demuestra que este último
revierte el 16,1% de los episodios y la adenosina el 91,4%. Glatter
et al32 estudian la eficacia de la adenosina en el
control de varios tipos de taquicardias supraventriculares
inducidas en el laboratorio de electrofisiología: en 95
pacientes con taquicardia intranodal consigue una eficacia del 86%,
y del 85% en los 59 pacientes con taquicardias por reentrada AV. Su
alta eficacia, unida a su farmacocinética con una vida media
de 1,5 s (su efecto desaparece en 15 s) y la escasa incidencia de
efectos secundarios33,34, la convierten en el
fármaco de primera línea en las crisis de taquicardia
intranodal, y en general, en todas las taquicardias en las que
participa el nodo AV33. Sus contraindicaciones son la
historia de asma bronquial y atopia.
DiMarco et
al31, en un estudio multicéntrico y aleatorio, al
comparar la eficacia de la adenosina a dosis escalonadas con el
verapamilo en 158 pacientes con taquicardia supraventricular,
observan que la adenosina controla la taquicardia en el 93,4% de
los pacientes y el verapamilo en el 91,4%. Este fármaco debe
ser de primera elección en pacientes con antecedentes de
asma bronquial o atopia en los que está contraindicada la
adenosina. Por tener una vida media más prolongada puede ser
preferido en los casos en que recurre la taquicardia tras ser
interrumpida por la adenosina. Sin embargo, debe evitarse en
pacientes con disfunción ventricular o que reciben
tratamiento con betabloqueadores.
El diltiazem por
vía intravenosa también demostró ser eficaz
para el control de taquicardias supraventriculares por reentrada
(incluyendo taquicardia intranodal y mediada por vía
accesoria), inducidas durante el estudio electrofisiológico,
en dos estudios doble ciego comparado con placebo35,36.
En el estudio de Huycke et al35 el diltiazem interrumpe
el 86% de las taquicardias frente al 19% del placebo, y en el de
Hamilton Dougherty et al36 el diltiazem revierte el 82%
y el placebo el 25%.
Aunque los
fármacos antiarrítmicos de IC y III también se
demuestran eficaces37-39, la alta tasa de éxito
obtenida con la adenosina y/o verapamilo, junto con sus escasos
efectos secundarios, deja sin justificación el uso de estos
fármacos en el tratamiento de las crisis de
taquicardia.
Las maniobras no
farmacológicas, como la transesofágica o la
estimulación intracavitaria, tienen una eficacia muy alta
(prácticamente del 100%), pero no suelen estar disponibles
en los servicios de urgencia.
Prevención de
nuevas crisis
Las opciones
terapéuticas disponibles en la actualidad son de dos
tipos:
Fármacos antiarrítmicos. Los estudios disponibles
demuestran que los mismos fármacos antiarrítmicos que
son efectivos en el control de las crisis de taquicardias
supraventriculares pueden prevenir su recurrencia a medio y largo
plazo cuando se administran por vía
oral37,39-45.
El verapamilo,
en un estudio multicéntrico aleatorio abierto con la
flecainida44, consigue una tasa de éxito del 73%,
valorando el éxito como la eliminación o la
reducción significativa del número de crisis, y una
tolerancia del 81%.
La eficacia de
la flecainida en la prevención de taquicardias
supraventriculares se evaluó en varios estudios prospectivos
aleatorios frente a placebo37, a
propafenona41 y a verapamilo44, así
como en varios estudios prospectivos no aleatorios42,45.
La eficacia observada oscila entre el 73 y el 93%, y la tolerancia,
alrededor del 85%.
Un
metaanálisis sobre la eficacia de la propafenona en el
tratamiento de las taquicardias supraventriculares37, en
el que se incluyen 6 ensayos sobre el efecto preventivo de nuevas
crisis, aporta que la propafenona mantiene libre de crisis al 64%
de los pacientes frente a menos del 25% del placebo.
Se debe tener en
cuenta que en todos estos estudios se incluyen pacientes con
taquicardia intranodal, taquicardias por reentrada
auriculoventricular y taquicardia auricular, y que los resultados
se comunican de forma global.
Los
fármacos del grupo IC no se deben administar a pacientes con
cardiopatía orgánica, según los resultados del
estudio CAST46.
La amiodarona es
eficaz39, pero su alta tasa de efectos secundarios a
medio y largo plazo no hace recomendable su uso en este tipo de
taquicardias46. No hay estudios prospectivos sobre la
eficacia del sotalol, aunque en pequeños estudios
observacionales se revela eficaz47.
Ablación mediante radiofrecuencia. La ablación
por radiofrecuencia tiene como objetivo la curación de este
tipo de taquicardias. Para su planificación requiere la
realización de un estudio electrofisiológico que
defina con certeza el mecanismo de la taquicardia y guíe el
procedimiento de ablación.
Numerosos
estudios avalan la alta eficacia de la ablación mediante
radiofrecuencia tanto en la taquicardia intranodal como en las
vías accesorias ocultas48-65. El estudio de
Calkins et al51, que incluye a 1.050 pacientes, de los
cuales 373 presentan taquicardia intranodal y 500 vías
accesorias, comunica una eficacia del 97% para las taquicardias
intranodales y del 93% para vías accesorias, con una
incidencia del 3% de complicaciones mayores (muerte, ictus, infarto
de miocardio o bloqueo AV) y del 8,2% de complicaciones menores,
ambas referidas al total de la serie, resultados que son similares
a los otros estudios citados.
El riesgo
específico de la ablación en la taquicardia
intranodal es la creación de un bloqueo AV completo
iatrogénico. Este riesgo alcanza hasta el 10% en algunas
series que abordan la vía rápida, y se reduce a menos
del 2% al abordar la vía lenta intranodal. Asimismo, el
índice de recidivas en el abordaje de la vía
rápida oscila entre el 5 y el 15%, mientras que en las
series que abordan la vía lenta es inferior al
5%.
En la
ablación de vías accesorias la proporción de
complicaciones generales oscila alrededor del 2 al 3% en las series
largas, y la tasa de recidivas es del 5 al 15%. No obstante, el
porcentaje de éxito, las complicaciones y el riesgo de
recidiva dependen de la localización anatómica de las
vías. En general:
Hay menor
éxito en las vías derechas y posteroseptales que en
las izquierdas.
Las
vías parahisianas y medioseptales tienen un riesgo de
bloqueo AV del 2% añadido a los riesgos generales del
procedimiento.
Las
vías derechas tienen la tasa más alta de
recidivas.
Un tema
importante a tener en cuenta a la hora de plantear las opciones
terapéuticas de las taquicardias supraventriculares
paroxísticas no relacionadas con el síndrome de WPW
es el riesgo/beneficio intrínseco de cada una de las
opciones terapéuticas expuestas. Ya se ha mencionado que
este grupo de taquicardias no implican, per se, riesgo vital
y, por tanto, los marcadores deben ser evaluados en términos
de repercusión sobre la calidad de vida.
Bathina65 publicó un estudio no aleatorio con 79
pacientes (incluía a pacientes con taquicardia intranodal,
taquicardias mediadas por vías accesorias y taquicardia
auricular) que fueron tratados con fármacos
antiarrítmicos o con ablación por radiofrecuencia
como primera opción terapéutica, según
elección del paciente, y analiza el impacto sobre la calidad
de vida en el primer año: ambos tratamientos consiguen
reducir los síntomas de los pacientes, pero la
ablación fue superior a la hora de eliminar por completo los
síntomas (el 74 frente al 33%) y proporcionar mejor
sensación de bienestar.
En la
práctica clínica, las recomendaciones
terapéuticas en la prevención de nuevas crisis de
taquicardia deben tener en cuenta el número de crisis y la
tolerancia hemodinámica de éstas.
1.
Primera crisis de taquicardia o crisis aisladas (alrededor de una
al año) clínicamente bien toleradas. Se enseña
a realizar maniobras vagales y no se prescribe tratamiento
farmacológico profiláctico de nuevas crisis. Se
informa sobre las opciones terapéuticas
disponibles.
2. Crisis
frecuentes (como referencia, > 3/año), bien toleradas
hemodinámicamente. Aparte de insistir en la
realización de maniobras de Valsalva al inicio de la crisis,
se recomienda al paciente tratamiento profiláctico con
verapamilo oral (primera opción) o atenolol (segunda
opción). Se le informa sobre la posibilidad de realizar
estudio electrofisiológico con vistas a practicar
ablación por radiofrecuencia.
3. Crisis
hemodinámicamente mal toleradas
(presíncope/síncope), o pacientes refractarios al
tratamiento farmacológico, que no lo toleran, o por
preferencia del paciente tras información detallada: se le
indica estudio electrofisiológico con vistas a realizar el
diagnóstico definitivo del tipo de taquicardia y evaluar los
riesgos/beneficios de la ablación por
radiofrecuencia:
Taquicardia intranodal: se recomienda ablación de la
vía lenta nodal.
Vía
accesoria oculta: en las decisiones se tiene en cuenta la
localización de la vía:
* En las
vías parahisianas y medioseptales, por el riesgo de producir
bloqueo AV, se plantea la posibilidad de tratamiento
farmacológico (propafenona o flecainida) salvo
contraindicaciones para fármacos antiarrítmicos IC o
mala tolerancia clínica de las taquicardias.
* En las
vías de otras localizaciones se recomienda ablación
por radiofrecuencia.
Las
recomendaciones de tratamiento a largo plazo de las taquicardias
paroxísticas con QRS estrecho verapamilo/adenosín
sensibles se presentan en la tabla 2.
TAQUICARDIA INCESANTE DE
LA UNIÓN AURICULOVENTRICULAR (TAQUICARDIA DE
COUMEL)
Definición
Son taquicardias
supraventriculares mediadas por una vía accesoria oculta con
velocidad de conducción lenta y decremental.
Anatómicamente suelen tener una localización
posteroseptal.
Por las
propiedades electrofisiológicas de estas vías, las
taquicardias de Coumel suelen tener un comportamiento incesante. Su
frecuencia oscila entre 100 y 240 por min. En general se inician en
la infancia, con frecuencia son asintomáticas y con el
tiempo pueden desarrollar una
taquicardiomiopatía66-70. Su diagnóstico
suele realizarse en el curso de una exploración rutinaria o
bien en fase de taquicardiomiopatía, en la cual los
pacientes refieren disnea de esfuerzo.
Tratamiento
(tabla 3)

Por su
condición de incesantes no se contempla una actuación
aguda para el control de las crisis, máxime dada su
condición de asintomáticas.
Hay pocos datos
disponibles sobre el tratamiento para el control de la taquicardia,
y todo apunta a que los fármacos antiarrítmicos
tienen una eficacia limitada. Una de las series más amplias
publicadas es la de Lindinger et al69. Veinticinco
pacientes recibieron múltiples tratamientos (propafenona,
quinidina, flecainida, betabloqueadores, amiodarona, verapamilo,
sotalol y digoxina); los fármacos más eficaces fueron
la flecainida y la propafenona, que consiguen controlar
parcialmente al 66 y al 60%, respectivamente.
La
ablación por radiofrecuencia es eficaz y segura. En el
estudio de Lindinger et al69 11 pacientes fueron
sometidos a ablación con un éxito del 100%, sin
complicaciones reseñables, aunque la tasa de recurrencia fue
del 21%. Aguinaga et al71 presentan los resultados de la
ablación por radiofrecuencia en 36 pacientes seguidos
durante 21 meses (1-64 meses); la eficacia inicial fue del 100%, y
la recurrencia tras la primera ablación del 22%. La
ablación también permite recuperar la función
ventricular en los pacientes que desarrollaron
taquicardiomiopatía.
No obstante, por
la doble coincidencia de producirse mayoritariamente en
niños y estar clínicamente asintomáticos, la
recomendación general es realizar un seguimiento
clínico y ecocardiográfico. En caso de episodios
frecuentes se debe probar tratamiento farmacológico con
flecainida.
La
ablación por radiofrecuencia se debe contemplar en los
pacientes con síntomas clínicos o datos objetivos de
disfunción ventricular.
Las
recomendaciones de tratamiento a largo plazo de las taquicardias
incesantes de la unión AV se presentan en la tabla
3.
2. SINDROME DE
PREEXCITACION
DEFINICIÓN DE
PREEXCITACIÓN
Se afirma que
existe preexcitación cuando, a partir de un estímulo
auricular (ventricular), existe activación ventricular
(auricular) antes de lo que cabría esperar si la
conducción del impulso de despolarización se
realizase a través del sistema específico de
conducción72.
En condiciones
normales, tanto la conducción auriculoventricular como la
ventriculoatrial únicamente pueden realizarse a
través del sistema específico de conducción
(nodo AV, His, ramas y Purkinje), sufriendo habitualmente un
retraso en el nodo AV. La existencia de conexiones accesorias entre
aurículas y ventrículos, con capacidad de conducir el
impulso de despolarización y, por tanto, de eludir parcial o
totalmente el sistema específico, supone la base
anatómica de la preexcitación72-79. Aunque
el concepto electrofisiológico de preexcitación
incluye tanto la conducción AV como la V-A de las
vías accesorias, el uso clínico la suele reducir a la
existencia de signos electrocardiográficos de
preexcitación, es decir, al síndrome de
WPW.
CARACTERÍSTICAS
ANATÓMICAS Y FUNCIONALES DE LAS VÍAS
ACCESORIAS
Las vías
accesorias AV comunes están formadas por tejido
miocárdico común y pueden encontrarse a todo lo largo
de los anillos valvulares mitral y tricuspídeo.
Únicamente la zona de continuidad mitroaórtica parece
encontrarse libre de vías
accesorias72-79.
Desde el punto
de vista funcional, las vías accesorias comunes no presentan
características de conducción lenta; es decir,
conducen según la ley del «todo o nada». Pueden
presentar conducción bidireccional o conducir
únicamente en sentido anterógrado o
retrógrado. En este último caso (conducción
exclusivamente retrógrada) se denominan vías
accesorias ocultas. Los tiempos de conducción por la
vía accesoria suelen ser cortos y los períodos
refractarios son variables72,76,79.
Existen
vías accesorias con características especiales, entre
las que cabe mencionar, desde el punto de vista clínico, dos
tipos:
1.
Vías con conducción exclusivamente retrógrada,
tiempos largos de conducción y características de
conducción lenta, responsables de taquicardias de tipo
incesante80-83.
2.
Conexiones atriofasciculares derechas tipo Mahaim, con
conducción lenta exclusivamente anterógrada, que
sustentan tan sólo taquicardias
preexcitadas84-90.
ARRITMIAS EN LOS
SÍNDROMES DE PREEXCITACIÓN
La prevalencia
de los síndromes de preexcitación en la
población general se ha estimado entre el 0,1 y el 0,3%, con
una incidencia de arritmias que varía considerablemente en
distintas encuestas, oscilando entre el 12 y el
80%91-93. La presencia de una vía accesoria
condiciona la existencia de un macrocircuito formado por tejido
auricular, sistema específico de conducción, tejido
ventricular y vía accesoria, que puede ser capaz de
sustentar un mecanismo de reentrada. Si la reentrada se mantiene,
se produce una taquicardia por reentrada AV, habitualmente de tipo
paroxístico. Si durante la taquicardia la
despolarización ventricular se realiza a través del
sistema específico de conducción (es decir,
utilización del sistema específico como brazo
anterógrado y de la vía accesoria como brazo
retrógrado del circuito), se dice que la taquicardia es
ortodrómica. Ésta es la modalidad más
frecuente en la clínica72,76,94. En este caso, la
morfología del complejo QRS durante la taquicardia es
normal, salvo que existan trastornos de conducción
intraventricular previos o se desarrollen en relación con la
frecuencia cardíaca. Por el contrario, cuando la vía
accesoria es utilizada como brazo anterógrado y el sistema
específico como brazo retrógrado, se dice que la
taquicardia es antidrómica. En esta situación, el
complejo QRS presenta morfolo-
gía de máxima preexcitación durante la
taquicardia72,76,94-100. Las vías accesorias
comunes con conducción bidireccional pueden sustentar ambos
tipos de
taquicardia. En pacientes con más de una vía
accesoria pueden observarse distintas formas de taquicardia
(ortodrómicas y antidrómicas utilizando cualquiera de
las vías, o taquicardias preexcitadas utilizando
anterógradamente una vía accesoria y
retrógradamente otra). Las vías accesorias de
conducción lenta exclusivamente retrógrada suelen ser
la causa de taquicardias ortodrómicas de tipo
incesante11-14, mientras que las vías
atriofasciculares tipo Mahaim suelen sustentar exclusivamente
taquicardias antidrómicas84-90.
Por otro lado,
la existencia de una vía accesoria con capacidad de
conducción anterógrada puede condicionar la
frecuencia ventricular durante episodios de taquiarritmia
auricular, al suponer una alternativa a la conducción nodal
sin las propiedades de conducción lenta de esta
última. Si el período refractario anterógrado
de la vía accesoria es corto, la transmisión
rápida de impulsos auriculares al ventrículo puede
provocar frecuencias ventriculares muy elevadas e incluso inducir
fibrilación ventricular101-106. Sin que se
conozca bien el motivo, se ha observado una mayor incidencia de
fibrilación auricular en pacientes con vías
accesorias que en controles.
RIESGO DE MUERTE
SÚBITA
Los pacientes
con vías accesorias AV capaces de conducir
anterógradamente pueden morir de forma súbita durante
el curso de taquiarritmias auriculares con frecuencia ventricular
elevada condicionada por la vía accesoria, que eventualmente
puede degenerar en fibrilación
ventricular101-107. Ésta puede ser la primera
manifestación de la enfermedad. Como se ha comentado, el
principal determinante parece ser la capacidad de conducción
anterógrada de la vía accesoria, caracterizada por su
período refractario anterógrado. El riesgo de padecer
un episodio de muerte súbita se ha estimado en el 0,15% por
paciente y año107, aunque su cálculo
exacto es difícil (existen, por un lado, pacientes
asintomáticos con síndromes de preexcitación
no diagnosticados y, por otro, episodios de muerte súbita
inexplicada en los que no se dispone de documentación de ECG
previos del sujeto que confirmen o descarten la presencia de
preexcitación).
EVALUACIÓN Y
TRATAMIENTO DEL PACIENTE SINTOMÁTICO
Tratamiento supresivo de
la taquicardia paroxística supraventricular
El tratamiento
supresivo de la taquicardia paroxística supraventricular
(TPSV) en pacientes con vías accesorias no difiere, en
general, del de otros tipos de TPSV. Las maniobras vagales, en
especial el masaje del seno carotídeo y la maniobra de
Valsalva, pueden suprimir la crisis y ayudar al diagnóstico
diferencial108. Los fármacos frenadores de la
conducción nodal, en especial la adenosina, el ATP y el
verapamilo o el diltiazem, se han demostrado altamente eficaces en
la supresión de episodios de TPSV y, junto con las maniobras
vagales, constituyen el tratamiento de primera
elección108-119. El uso de fármacos
antiarrítmicos tipos I y III, por vía intravenosa,
raramente es necesario para la supresión de la crisis. En
los casos de difícil supresión puede recurrirse a la
cardioversión o, preferentemente, a la inserción de
un electrocatéter en el ventrículo derecho para
suprimir el episodio mediante sobreestimulación o
extrastimulación de la taquicardia.
En el caso de
taquicardias antidrómicas puede plantearse el
diagnóstico diferencial con otras taquicardias regulares de
QRS ancho, incluyendo las taquicardias ventriculares. Por ello, en
muchas ocasiones, al existir dudas diagnósticas, estas
taquicardias son tratadas con fármacos antiarrítmicos
por vía intravenosa, especialmente con
procainamida.
Tratamiento de los
episodios de fibrilación auricular
Como se ha
comentado, la fibrilación auricular puede representar una
verdadera urgencia médica en los pacientes con
síndrome de WPW si la vía accesoria es capaz de
transmitir al ventrículo elevadas frecuencias. En caso de
existir severo compromiso hemodinámico, debe recurrirse
inmediatamente a la cardioversión con choque DC
sincronizado. En los casos con relativa buena tolerancia puede
recurrirse igualmente a la cardioversión o a la
administración de fármacos antiarrítmicos. La
procainamida, la flecainida, la propafenona y la ajmalina se usan
habitualmente en numerosos centros con buenos
resultados119. En estas situaciones, los fármacos
frenadores de la conducción nodal están formalmente
contraindicados.
Tratamiento
farmacológico profiláctico de nuevos
episodios
Mientras la
única alternativa terapéutica curativa del WPW fue la
cirugía, el tratamiento profiláctico
antiarrítmico era habitualmente prescrito a los pacientes
sintomáticos, en especial a los que padecían
repetidos episodios de taquicardia y a los que presentaban
compromiso hemodinámico durante los episodios
arrítmicos. En la actualidad, el tratamiento
profiláctico de nuevos episodios suele utilizarse más
como un puente mientras se plantea la ablación con
radiofrecuencia. Los pacientes escasamente sintomáticos
pueden permanecer sin tratamiento y recibir tan sólo
tratamiento supresivo en caso de recidiva. Los pacientes
severamente sintomáticos, los que han padecido episodios con
compromiso hemodinámico y aquellos que prefieren el
tratamiento farmacológico a la ablación con
radiofrecuencia (vide infra) son los candidatos a
tratamiento farmacológico continuo. Debe valorarse en cada
caso la relación riesgo-beneficio, considerando los efectos
secundarios de la medicación antiarrítmica de por
vida. Los fármacos actualmente más utilizados con
esta finalidad son la flecainida, la propafenona, el sotalol y la
amiodarona119, prescritos de forma empírica. Debe
evitarse el uso de esta última cuando el tratamiento se
instaura a la espera de la realización de la ablación
con radiofrecuencia, dado que su vida media obliga generalmente a
pautas prolongadas de supresión antes del
procedimiento.
Tratamiento
definitivo
(tabla 4)

En la
última década, la ablación con catéter
y radiofrecuencia se ha convertido en el tratamiento de
elección de los pacientes sintomáticos con
vías accesorias AV120-130. Las tasas de
éxito globales, similares en la mayoría de los
estudios, superan el 90% y parecen depender de varios factores,
entre los que cabe destacar la experiencia del centro que realiza
la ablación, la localización de la vía
accesoria, la presencia de cardiopatía asociada, y la
presencia de vías accesorias múltiples. Las mejores
tasas de éxito, en general superiores al 95%, se obtienen en
la ablación de vías accesorias de pared libre
izquierda, siendo algo menores en el caso de vías septales o
de pared libre derecha (el 88 y el 90%,
respectivamente)130. Las recurrencias tras un
procedimiento inicialmente exitoso (globalmente en torno al 5%)
parecen depender también de la localización
anatómica de la vía accesoria (el 3% en vías
accesorias izquierdas y hasta el 17% en vías septales). En
general, el procedimiento puede repetirse en caso de
recidiva.
Las
complicaciones graves asociadas al procedimiento de ablación
son infrecuentes. La mortalidad en un reciente estudio
multicéntrico fue del 0,2%130. El bloqueo AV,
sobre todo al abordar vías medioseptales, parahisianas y
septales posteriores, fue en esta serie la complicación
mayor más frecuente (1%), seguida del embolismo
sistémico (0,2%). Las complicaciones menores más
frecuentemente observadas se relacionan con las punciones
arteriales y venosas (hematomas, etc.). Los factores asociados
independientemente a la aparición de complicaciones mayores
fueron la presencia de cardiopatía estructural y de
múltiples objetivos en el procedimiento de
ablación130. La duración del procedimiento
y la experiencia del equipo que la realiza son también
determinantes del éxito y de la tasa de complicaciones, lo
que hace aconsejable que la ablación se lleve a cabo en
centros especializados y por electrofisiólogos con amplia
experiencia131.
La
ablación en niños ofrece un perfil de eficacia y
seguridad similar a los adultos, aunque se aconseja posponerla
hasta que el niño pese más de 15
kg129.
Aunque ya
prácticamente abandonada, debe mencionarse la cirugía
como una alternativa terapéutica curativa de los
síndromes de preexcitación utilizable en casos
excepcionales (casos seleccionados que deban ser sometidos a
cirugía cardíaca concomitante, fallos repetidos de la
ablación con radiofrecuencia, etc.).
EVALUACIÓN Y
TRATAMIENTO DEL PACIENTE ASINTOMÁTICO
El paciente
asintomático con síndrome de WPW suele ser
diagnosticado casualmente al practicar un ECG. La ausencia de
síntomas hasta el momento del diagnóstico no es una
garantía de la inocuidad de la vía accesoria. Como se
ha comentado, la muerte súbita, aunque infrecuente, puede
ser la primera manifestación de la enfermedad. La
preexcitación intermitente, su brusca desaparición
durante la prueba de esfuerzo y, sobre todo, el bloqueo de la
conducción por la vía accesoria tras la
administración intravenosa de procainamida o ajmalina se han
utilizado como marcadores de un período refractario
anterógrado de la vía accesoria relativamente
prolongado, lo que supondría un elemento de seguridad frente
al desarrollo de frecuencias cardíacas elevadas durante un
episodio de taquiarritmia auricular132-136. Si bien el
valor predictivo de estos hallazgos no es del 100%, su uso puede
ser útil en la valoración del paciente
asintomático. Debe tenerse especial cautela en la
distinción entre preexcitación intermitente o bloqueo
de la vía accesoria y preexcitación inaparente en
ritmo sinusal, ocasionada por el acortamiento del tiempo de
conducción nodal. La desaparición de la
preexcitación en este último caso, frecuente durante
la prueba de esfuerzo o en situaciones con tono adrenérgico
aumentado, no es indicativa de bajo riesgo. Por último,
actualmente no parece justificada la realización de un
estudio electrofisiológico con la única finalidad de
conocer la localización y propiedades
electrofisiológicas de la vía accesoria, sin recurrir
a la ablación en el mismo procedimiento.
El tratamiento
antiarrítmico profiláctico no está indicado en
el paciente asintomático, del mismo modo que tampoco parece
ser necesaria la restricción de actividades habituales.
Parece prudente la recomendación de evitar la
práctica deportiva competitiva de alto nivel.
Las indicaciones
del estudio electrofisiológico y de la ablación con
radiofrecuencia en pacientes con síndrome de
preexcitación se presentan en la tabla 4.
3. FLUTER
AURICULAR
INTRODUCCIÓN
El flúter
auricular es una arritmia cuyo mecanismo ha fascinado a muchos
investigadores durante varias décadas. Hoy se sabe que el
flúter auricular común (o tipo I) está
producido por un único circuito de reentrada, localizado en
la aurícula derecha, con un gap
excitable137.
La incidencia
del flúter auricular es menor que la de la
fibrilación auricular. En su forma paroxística puede
ocurrir en pacientes sin enfermedad estructural, mientras que el
flúter auricular crónico o persistente se asocia con
enfermedad cardíaca de base, como enfermedad
reumática, isquémica o miocardiopatía.
También lo observamos como resultado de la dilatación
auricular asociado a defectos congénitos septales, embolismo
pulmonar, insuficiencia respiratoria crónica, estenosis o
insuficiencia mitral o tricuspídea o en el fracaso
ventricular crónico. Otras condiciones metabólicas o
tóxicas, como el alcoholismo, la tirotoxicosis y la
pericarditis, pueden afectar al corazón y ocasionar un
flúter auricular. Ocasionalmente también ocurre en
niños tras reparación de enfermedades
congénitas. En contraste, el flúter auricular es una
complicación infrecuente en el infarto agudo de
miocardio138,139 o como manifestación de la
intoxicación digitálica140,141.
CLASIFICACIÓN
En 1979, Wells
et al clasificaron las diferencias entre flúter tipo I y
tipo II142. Más tarde, los distintos tipos de
flúter se distinguen por sus frecuencias; así, el
flúter común o tipo I ocurre en un rango de
frecuencia de 240 a 340 lat/min, mientras que el flúter no
común o tipo II lo hace entre 340 a 433 lat/min.
Las
clasificaciones que se han realizado del flúter auricular se
basan en la morfología electrocardiográfica de la
onda auricular, en la frecuencia auricular y en la respuesta a la
estimulación auricular. Sin embargo, desde un punto de vista
práctico y dirigido al tema que nos ocupa, el tratamiento
del flúter auricular lo dividiremos en flúter
auricular común o tipo I y otros tipos de flúter
auricular.
Flúter
auricular común o tipo I. Se define como el
flúter con una frecuencia auricular entre 240-340 lat/min.
Se debe a un mecanimo de reentrada; por tanto, puede ser modificado
por estimulación auricular rápida. Este circuito
está localizado en la aurícula derecha, presenta una
rotación antihoraria y una despolarización del seno
coronario de proximal a distal. Se asocia con ondas F
predominantemente negativas en la cara inferior del ECG.
Otros tipos
de flúter. Son los otros tipos de flúter
auricular que encontraremos en la práctica clínica o
en estudios electrofisiológicos, que no tienen la frecuencia
auricular del flúter típico o la localización
en la aurícula derecha, o que no cumplen criterios de
reentrada y, por tanto, en ellos el tratamiento no está bien
establecido. Además, podemos encontrar el flúter
común con una rotación horaria, que usa el mismo
circuito de reentrada que el antihorario y también se
localiza en la aurícula derecha pero no produce ondas
negativas en la cara inferior143, por lo que resulta
más práctico no incluirlo como flúter
común.
DIAGNÓSTICO
El flúter
auricular común principalmente se diagnostica en el ECG de
superficie tras observar las llamadas ondas de flúter, en
las derivaciones II, III, aVF y V1, que aparecen como complejos
auriculares de morfología, polaridad y longitud de ciclo
constante, a una frecuencia entre 240 y 340 lat/min, con
morfología en «dientes de sierra» y sin
línea de base visible llamadas ondas F. Estas ondas son
negativas en derivaciones inferiores, debido a la dirección
antihoraria del circuito de reentrada; serán positivas en
estas derivaciones en aquellos casos con dirección horaria
del circuito. La respuesta ventricular normalmente es 2:1 o 4:1,
pero puede ser irregular y rara vez ocurre una conducción
1:1, salvo que existan circunstancias que favorezcan la
conducción por el nodo AV (presencia de catecolaminas).
También es frecuente la conducción 1:1 en el
síndrome de WPW cuando una vía accesoria tiene un
período refractario anterógrado corto. Del mismo
modo, bajo influencia de fármacos antiarrítmicos, la
frecuencia auricular del flúter auricular se puede
enlentecer considerablemente, especialmente con fármacos
clase IC, y en estos casos es más frecuente una respuesta
ventricular 1:1.
TRATAMIENTO
Los objetivos
del tratamiento son: a) restaurar el ritmo sinusal;
b) evitar recurrencias; c) el control de la respuesta
ventricular, y d) anticoagulación.
Restaurar el ritmo
sinusal
Dado que es una
arritmia frecuentemente observada en pacientes con
cardiopatía estructural, por lo general se asocia a un grado
variable de deterioro hemodinámico o riesgo potencial del
mismo, que obliga a restaurar el ritmo sinusal (tabla 5). Si existe
una situación hemodinámica comprometida con
manifestaciones como insuficiencia cardíaca, angina o
síncope, la cardioversión eléctrica es el
tratamiento de elección (indicación clase I). La
cardioversión eléctrica también puede
considerarse como primera opción terapéutica, si
contamos con un equipo de reanimación y la
colaboración de un anestesista, dado que generalmente es una
técnica eficaz y con bajo índice de complicaciones,
revirtiendo a ritmo sinusal más del 90% de los episodios de
flúter auricular común con energías inferiores
a los 50 julios144. Sin embargo, el flúter
auricular no común puede ser más resistente a la
cardioversión y generalmente requiere energías
superiores (200-300 julios).

Del mismo modo,
la estimulación eléctrica, que consigue encarrilar el
circuito de reentrada y terminarlo, con un catéter colocado
en la aurícula derecha o en el esófago, puede
considerarse como primera opción terapéutica en los
casos en que exista facilidad para realizarla, o en aquellos donde
se desaconsejen la cardioversión eléctrica y otras
opciones farmacológicas y el estado del paciente lo
permita145-149. Podemos considerarla como primera
opción terapéutica (indicación clase I) en
aquellos pacientes con flúter tipo I que se encuentren en
ciertas circunstancias como:
Pacientes
en el posquirúrgico inmediato de cirugía
cardíaca, ya que generalmente permanecen varias horas con un
electrodo en la aurícula derecha.
Paciente
con un dispositivo implantado, como marcapasos o desfibriladores,
doble cámara, que también tiene un
electrocatéter colocado en la aurícula derecha y se
puede realizar la estimulación a través de
telemetría, por medio de un programador.
Pacientes
que puedan ser trasladados al laboratorio de
electrofisiología para la realización de esta
técnica.
El flúter
tipo II no se puede encarrilar y, por tanto, no responde a esta
técnica (indicación clase III).
Los
fármacos antiarrítmicos de la clase IA (quinidina,
procainamida y disopiramida) e IC (flecainida y propafenona) son
efectivos para revertir a ritmo sinusal un flúter auricular.
Sin embargo, los de clases IA e IC comportan un riesgo de
enlentecer la frecuencia auricular del flúter, que unido a
un efecto vagolítico aumenta la conducción a
través del nodo AV, favoreciendo la conducción 1:1;
desde el punto de vista hemodinámico todos ellos tienen un
efecto depresor de la contractilidad, que es necesario valorar en
enfermos con cardiopatía estructural. Los fármacos de
clase III (sotalol, dofetilide e ibutilide) son también
eficaces en revertir el flúter a ritmo sinusal. Un
fármaco reciente como el ibutilide puede revertir un
flúter auricular en aproximadamente el 60% de los casos, y
es más eficaz que la procainamida o el
sotalol150,151. Plantea un problema similar a otros
fármacos de clase III, dado que pueden prolongar el QT y
favorecer la incidencia de arritmias ventriculares como la
torsade de pointes (8,3%) o taquicardia ventricular
monomórfica (4,9%).
EVITAR
RECURRENCIAS
Los beneficios
de mantener el ritmo sinusal incluyen:
La
prevención del deterioro hemodinámico, si éste
conduce rápidamente por el nodo AV.
Evitar los
síntomas derivados de la arritmia.
Evitar el
riesgo de embolismo sistémico.
Por
consiguiente, la prevención sería recomendable en los
casos de flúter recurrente.
La frecuencia de
recurrencias es difícil de determinar, ya que muchos datos
publicados combinan fibrilación y flúter auricular.
En el estudio de Crijns et al con 50 pacientes, el mantenimiento en
ritmo sinusal, postcardioversión eléctrica y sin
tratamiento profiláctico con fármacos
antiarrítmicos fue, a los 6 meses y a los 5 años, del
53 y el 42%, respectivamente. Usando siempre el mismo protocolo de
cardioversión, se observó que a los 5 años 45
pacientes seguían en ritmo sinusal, tras dos cardioversiones
por paciente, aunque 16 pacientes necesitaron además
fármacos antiarrítmicos de forma
crónica152. Así pues, podemos observar que
la recurrencia es suficientemente común y debemos tomar
medidas preventivas.
El mantenimiento
en ritmo sinusal es, a menudo, problemático con
fármacos antiarrítmicos, ya que es necesario valorar
la cardiopatía estructural, la probabilidad de toxicidad y
de proarritmia. Los fármacos más comúnmente
usados son los de clases IC y III (sotalol o amiodarona) (tabla
6).

En los
últimos años, el conocimiento de la patogenia del
flúter auricular común, como un macrocircuito de
reentrada localizado en la aurícula derecha, con una zona de
conducción lenta y paso obligado del frente de
activación en el istmo cavotricuspídeo, lo ha hecho
susceptible de ablación con radiofrecuencia. Esta
técnica, que básicamente consiste en realizar una
línea de lesiones en dicho istmo cavotricuspídeo, ha
demostrado una eficacia superior al 90% de los casos.
Si nos referimos
a los datos publicados recientemente en las distintas series, la
ablación con radiofrecuencia del flúter común
se lleva a cabo en aquellos pacientes con varios episodios de
recurrencia y cuando han fracasado varios fármacos
antiarrítmicos143,153-156. Sin embargo, a medida
que se ha establecido la técnica como eficaz y segura, con
un índice bajo de recurrencia, es preferible tratar el
primer episodio de flúter exclusivamente con tratamiento de
la cardiopatía de base, y a partir del segundo episodio se
debe indicar la ablación con radiofrecuencia del circuito.
Esta forma terapéutica también debería ser
considerada como primera opción cuando:
La
presencia del flúter común produce un deterioro
hemodinámico severo.
Se ha
demostrado conducción 1:1 a través del nodo
AV.
Cuando se trate
de prevenir recurrencias en los casos con flúter auricular
no común, se emplearán fármacos
antiarrítmicos de forma semejante a como los seleccionamos
para la fibrilación auricular, teniendo en cuenta la
cardiopatía de base (isquémica, miocardiopatía
dilatada, hipertensión arterial, sin cardiopatía u
otra), la función sistólica, el grado de hipertrofia
ventricular izquierda, etc.157. Finalmente, cuando se
presenten casos de flúter no común recurrente, con
deterioro hemodinámico severo o mala tolerancia o
resistencia a fármacos antiarrítmicos,
deberíamos considerar la ablación del nodo AV con
radiofrecuencia e implantar un marcapasos definitivo, como se
refleja en la tabla 7.

Control de la respuesta
ventricular
La respuesta
ventricular en el flúter auricular común es,
generalmente, la mitad de la frecuencia auricular; por tanto, 150
lat/min. La presencia de mayores grados de bloqueo AV (3:1, 4:1)
indica enfermedad del nodo AV, en ausencia de fármacos que
depriman la conducción a través de él. Del
mismo modo, si observamos una respuesta ventricular a 300 lat/min
(1:1), hay que pensar en un exceso de catecolaminas o influencia
simpática o en la existencia de una vía accesoria, en
ausencia de fármacos antiarrítmicos.
Las estrategias
terapéuticas empleadas para el control de la frecuencia
ventricular, cuando no es prioritario conseguir ritmo sinual, son
similares a las que se utilizan en el control de la respuesta
ventricular de la fibrilación auricular, aunque generalmente
a dosis más altas, esto es:
Bloqueo de
los canales del calcio (calcioantagonistas).
Aumentar
el tono parasimpático con fármacos vagotónicos
(digoxina).
Reducir el
tono simpático con betabloqueadores.
Una
combinación de ellas.
En algunos
casos, cuando no está indicado o ha sido imposible la
ablación del circuito de flúter y no es posible un
buen control de la respuesta ventricular con fármacos
(aislados o en combinación), si además este mal
control de la frecuencia cardíaca produce deterioro
hemodinámico del paciente o taquimiocardiopatía, se
debe considerar la ablación del nodo AV con radiofrecuencia
e implantar un marcapasos definitivo, del mismo modo que se toma
esta decisión en el tratamiento de la fibrilación
auricular u otras arritmias
auriculares de difícil control.
Anticoagulación
En los
últimos 15 años se ha acumulado mucha
información basada en estudios retrospectivos y aleatorios
que demuestran una reducción de fenómenos
embólicos del 80% con la anticoagulación en pacientes
con fibrilación auricular sin un aumento del riesgo de
hemorragias158.
Aunque la
anticoagulación en el flúter auricular no es
práctica habitual, estudios recientes han demostrado un
riesgo embólico anual del 1,8 al 3% (después de
excluir los embolismos pulmonares y los accidentes
cerebrovasculares transitorios), lo que supone aproximadamente un
37% del riesgo embólico anual en la fibrilación
auricular no reumática (4,5%) y, por tanto, es más
alto que lo previamente aceptado159. Lanzarotti y
Olshansky160 demuestran en un estudio retrospectivo de
pacientes sin anticoagulación que el riesgo embólico
que existe después de la cardioversión
eléctrica en el flúter auricular es de un 6%. Dado
que hay un riesgo embólico y se ha demostrado riesgo
poscardioversión, existe una aceptación general a
tomar las mismas medidas de anticoagulación de los pacientes
con flúter auricular y es muy recomendable antes de realizar
una cardioversión.
Recientemente se
han publicado varios estudios que buscan posibles factores de
riesgo clínicos y ecocardiográficos para embolismo,
demostrando que éste típicamente ocurre en aquellos
enfermos con:
Enfermedad
cardíaca orgánica.
Función ventricular izquierda deprimida.
Diabetes
mellitus.
Hipertensión arterial, que se considera predictor
independiente en varias series159,161.
Del mismo modo,
se ha demostrado que en el flúter auricular la
función mecánica auricular está alterada, ya
que en ecocardiografía transesofágica se encuentra en
un tercio de los pacientes con trombos auriculares y/o contraste
espontáneo previo a la cardioversión, y un 28% de
ellos presentan ausencia de actividad mecánica auricular
poscardioversión162. El estudio realizado por
Grimm et al163 demuestra cierto grado de aturdimiento
auricular poscardioversión en pacientes con flúter
auricular y fibrilación auricular, con disminución de
la velocidad de flujo en la orejuela izquierda, aunque en menor
magnitud que el grupo con fibrilación auricular.
Todos estos
datos indican que, en pacientes con flúter auricular de
más de 48 h de evolución, se debería iniciar
anticoagulación 3 semanas antes de la cardioversión,
o bien realizar un ecocardiograma trans-
esofágico y proseguir la anticoagulación otras 4
semanas después, al igual que en la fibrilación
auricular. Si se decide efectuar una ablación como primera
opción, podemos obviar la anticoagulación, dado que
contamos con largas series publicadas con muy bajo índice de
complicaciones embólicas.
4. FIBRILACIÓN
AURICULAR
La
fibrilación auricular (FA) es la arritmia más
frecuente. Sin embargo, su abordaje y tratamiento todavía no
son satisfactorios, lo que justifica que en los últimos
años la FA haya sido objeto de un interés creciente y
de numerosas investigaciones clínicas.
Cada vez se
conoce mejor que la FA es la causa principal de episodios
embólicos, el 75% de los cuales son accidentes
cerebrovasculares164,165. Aunque con frecuencia la FA se
encuentra en pacientes con cardiopatía, en una significativa
proporción de casos (30%) no es posible detectar ninguna
enfermedad cardíaca166.
Manifestaciones
clínicas y clasificación de la fibrilación
auricular
La FA puede ser
sintomática o asintomática, y el mismo paciente puede
tener unas veces episodios sintomáticos y otras veces
asintomáticos167. La FA se puede descubrir de
forma casual durante la auscultación cardíaca, en un
ECG de rutina o durante la monitorización
electrocardiográfica indicada por razones no relacionadas
con esta arritmia. En los pacientes asintomáticos, la
duración de la FA puede ser desconocida. En la
mayoría de los pacientes la FA es sintomática, y de
todos los trastornos del ritmo es la arritmia la que con más
frecuencia provoca la hospitalización de los
pacientes168. Los síntomas que principalmente se
asocian con la FA son los latidos cardíacos rápidos
que los pacientes perciben como palpitaciones, dolor
torácico, fatigabilidad, disnea de esfuerzo y mareo. En
algunos pacientes, una frecuencia cardíaca rápida y
mal controlada durante la evolución puede ser la causa de
una taquimiocardiopatía169, y en muchos casos la
irregularidad de la frecuencia cardíaca parece que tiene un
importante papel en la génesis de los
síntomas1.
Clasificación de
la fibrilación auricular
No existe
acuerdo en la clasificación ni en la terminología
utilizada para caracterizar la FA, especialmente su patrón
temporal. En la bibliografía actual, la FA generalmente se
divide en dos formas: paroxística y crónica o
permanente. El término crónica describe la FA en la
cual los episodios duran varios días o años. La FA
crónica puede ser el estadio final de la FA
paroxística o bien representar la manifestación
inicial en un significativo número de
pacientes170.
Cuando la FA es
sintomática, la diferenciación entre FA
paroxística y crónica se basa en la historia
clínica obtenida del paciente y/o en el ECG de los episodios
recurrentes documentados y en la duración del último
episodio de FA. En los casos en que no existen datos en la historia
clínica, particularmente en los pacientes
asintomáticos o poco sintomáticos, el término
FA de reciente comienzo o FA de descubrimiento reciente es
utilizado por muchos cardiólogos170. Este
último es especialmente apropiado para la FA de
duración desconocida. El término FA crónica o
permanente implica que la FA es de larga evolución, que la
cardioversión no ha estado indicada o que uno o varios
intentos para restaurar el ritmo sinusal han fallado. Tampoco hay
acuerdo en el período de tiempo utilizado para caracterizar
las diferentes formas de FA. Se ha propuesto un período de 7
días171 como punto de corte para diferenciar la
FA paroxística (< 7 días) de la crónica
(> 7 días). En la forma paroxística, un episodio
que dura más de 48 h puede ser denominado FA persistente.
Este tiempo representa la duración más allá de
cual la anticoagulación formal debe ser llevada a cabo antes
de la cardioversión.
Dada la falta de
consenso en cuanto a la clasificación y terminología
empleada para caracterizar la FA, en esta revisión
utilizamos una clasificación de la FA basada en las 3P,
recientemente propuesta por Sopher y Camm172. En esta
clasificación, se define la FA paroxística cuando la
duración es corta (generalmente menos de 2 días) y la
arritmia termina de manera espontánea o después de
administrar un fármaco antiarrítmico. En cambio, la
FA persistente dura más de 2 días y por lo general su
terminación se consigue con una cardioversión
eléctrica más que con fármacos. Algunas veces
la FA se convierte en permanente o crónica si, por ejemplo,
falla el intento de pasar a ritmo sinusal o éste no se
considera factible (tabla 8).

Clasificación de
la fibrilación auricular paroxística
La FA
paroxística incluye a un grupo heterogéneo de
pacientes en los cuales la FA puede diferir por su frecuencia,
duración, modo de terminación y la presencia y
severidad de los síntomas. En el mismo paciente, la forma de
presentación de la arritmia puede cambiar durante la
evolución. Recientemente el Working Group on Arrhythmias de
la Sociedad Europea de Cardiología170 ha
propuesto una clasificación de la FA paroxística
basada en la clasificación descrita por Lévy et
al171 en 1995, cuyo objetivo es la
estratificación de la FA paroxística en
función de las características clínicas, como
se observa en la tabla 9.

HISTORIA NATURAL Y
FISIOPATOLOGÍA
Epidemiología,
causas e historia natural de la fibrilación
auricular
El estudio
Framingham es todavía la mayor fuente de datos sobre la
incidencia y prevalencia de la FA en la población
general173-175. En 1982, la incidencia de FA en la
población general por encima de los 22 años fue del
2%. El estudio Framingham ha demostrado que la incidencia aumenta
con la edad. La prevalencia bianual aumenta desde 6,2 y 3,8 casos
por 1.000 en los varones y mujeres de 55-64 años,
respectivamente, hasta 75,9 y 62,8 por 1.000 en los varones y
mujeres entre 85 y 94 años. El reciente Cardiovascular
Health Study en americanos mayores de 65 años
comunicó una prevalencia del 5%176.
La
fibrilación auricular puede estar relacionada con causas
agudas y en estos casos puede que no vuelva a recurrir si la causa
etiológica desaparece o se cura: ingesta aguda de alcohol
(«síndrome del corazón de fin de
semana»), electrocución, pericarditis aguda,
miocarditis aguda, embolismo pulmonar, hipertiroidismo,
etc.1,170. La FA es una complicación frecuente de
la cirugía cardíaca y de la cirugía
torácica.
En
aproximadamente del 70 al 80% de los pacientes, la FA se asocia con
enfermedad cardíaca orgánica. En los varones y en las
mujeres la FA se caracteriza por presentarse en pacientes de mayor
edad, con diabetes mellitus, hipertensión arterial,
insuficiencia cardíaca y enfermedad valvular. Otros
marcadores son las miocardiopatías y la obesidad. Desde el
punto de vista ecocardiográfico son predictores de FA la
dilatación de la aurícula izquierda, la
función ventricular disminuida y la hipertrofia ventricular
izquierda. Hasta hace unos pocos años la enfermedad valvular
reumática era la causa más frecuente de FA, pero en
la actualidad la etiología más habitual es la
enfermedad coronaria y la hipertensión
arterial1,170.
En el 30% de los
casos, la FA se presenta en ausencia de enfermedad cardíaca
orgánica reconocible (FA idiopática o
aislada)170. Un accidente cerebrovascular es la causa de
mortalidad más importante y ocurre en el 1,5% de los
pacientes de entre 50 y 59 años de edad y en el 30% de los
pacientes con edad entre los 80 y 89
años170,177.
Mecanismo de la
fibrilación auricular
Durante muchos
años se ha especulado con los mecanismos de la
fibrilación auricular. Se han propuesto dos teorías o
mecanismos: a) aumento del automatismo, implicando uno o
más focos automáticos que descargan
rápidamente, y b) mecanismo de reentrada, implicando
a uno o más circuitos de reentrada en las
aurículas178, que es el mecanismo en la
mayoría de los casos de FA. Recientemente, Jais et
al179 han demostrado que un foco rápido
automático auricular puede ser responsable de la FA, al
menos en un grupo de pacientes seleccionado. La ablación con
radiofrecuencia de este foco puede conducir a la curación
definitiva de la FA179.
El comienzo y
persistencia de la FA puede estar modulado por el sistema nervioso
autónomo. Coumel180 distinguió la FA vagal
y adrenérgica; sin embargo, la distinción entre ambos
mecanismos no siempre está clara.
La
fibrilación auricular por un aumento del tono vagal ocurre
con más frecuencia en los varones que en las mujeres, por lo
general en pacientes relativamente jóvenes (30 a 50
años) y rara vez progresa a FA permanente. Se suele
presentar en pacientes sin enfermedad cardíaca estructural
reconocible1. Los episodios habitualmente ocurren
durante la noche, terminan por la mañana y no son
desencadenados por el estrés ni el ejercicio. El reposo, el
estado posprandial y la ingestión de alcohol pueden ser
otros factores precipitantes181.
La FA por
aumento del tono simpático se asocia con mayor frecuencia
con cardiopatía estructural (enfermedad coronaria
generalmente) que la de origen vagal. Típicamente ocurre
durante el día y está favorecida por el
estrés, el ejercicio y la ingestión de café,
té o alcohol. Generalmente los episodios duran sólo
unos minutos181. Es menos habitual que la FA de origen
vagal y el mecanismo subyacente no se conoce.
Finalmente hay
que tener en cuenta que la FA tiende a autoperpetuarse, lo que
está en relación con el acortamiento progresivo de
los períodos refractarios a medida que se prolonga la FA, el
llamado remodelado electrofisiológico182, de lo
que se deduce que hay que intentar la cardioversión de la FA
lo más tempranamente posible, resultando en una mayor tasa
de éxito de restablecimiento del ritmo sinusal y
prevención de recurrencias.
Impacto
clínico
La FA causa
palpitaciones, dolor torácico, fatiga y disnea. Algunos
pacientes pueden presentar episodios presincopales o incluso
sincopales, especialmente al comienzo o al final del episodio de
FA. Los pacientes con FA de larga duración pueden
desarrollar, antes o después, disfunción ventricular
izquierda (taquimiocardiopatía), incluso aquellos sin
cardiopatía conocida subyacente. Además, la FA se
asocia con complicaciones tromboembólicas frecuentes,
especialmente en los ancianos. Varios estudios retrospectivos han
demostrado que el riesgo relativo de muerte en los pacientes con FA
es casi dos veces mayor que el que se encuentra en personas en
ritmo sinusal1. La reducida esperanza de vida en estos
pacientes se relaciona con la progresión de la
cardiopatía subyacente y las complicaciones embólicas
cerebrales.
La
dilatación de la aurícula izquierda es una causa,
pero también una consecuencia, de la FA183. La
dilatación de la aurícula se asocia con un mayor
riesgo de complicaciones tromboembólicas y con una alta tasa
de recurrencias de la FA después de la cardioversión.
La recuperación del ritmo sinusal puede detener o regresar
la dilatación de la aurícula izquierda, incluso en
pacientes con valvulopatía mitral.
La FA es la
causa cardíaca más frecuente de embolismo
sistémico, generalmente cerebrovascular1,175. En
presencia de FA, el riesgo de ictus cerebral es aproximadamente
unas 5 veces mayor, con independencia de la edad175. La
proporción de fibrilación relacionada con el ictus
cerebral aumenta con la edad de forma significativa desde 6,7 para
edades de 50 a 59 años hasta 36,2 para edades de 80 a 89
años. El riesgo de ictus en la FA aislada todavía es
desconocido. Además de los ictus sintomáticos, la FA
se ha asociado con un aumento de los infartos cerebrales
silentes.
TRATAMIENTO DE LA
FIBRILACIÓN AURICULAR
El objetivo
fundamental del tratamiento de los pacientes con FA es intentar
siempre restaurar el ritmo sinusal, lo que se puede hacer mediante
cardioversión eléctrica o farmacológica. La
cardioversión (CV) eléctrica permite la
reversión a ritmo sinusal con una frecuencia superior a la
de los fármacos antiarrítmicos aislados o
combinados170,184-187. La CV eléctrica
está indicada en la reversión a ritmo sinusal de la
FA no autolimitada, de forma urgente cuando se acompaña de
compromiso hemodinámico y de forma electiva cuando falla la
CV farmacológica o como primera opción
terapéutica185 (tabla 10).

Tratamiento
farmacológico de la fibrilación auricular
En el
tratamiento farmacológico de la FA hay tres estrategias
antiarrítmicas esencialmente: a) tratamiento
farmacológico agudo intravenoso para la conversión de
la FA a ritmo sinusal; b) prevención
farmacológica de las recurrencias de la FA
paroxística y de la FA persistente poscardioversión,
y c) control de la frecuencia ventricular durante un
episodio de FA paroxística o durante la FA persistente o
permanente. El tratamiento farmacológico para convertir o
prevenir la FA tiene por objeto aumentar la longitud de onda en el
circuito de reentrada o reducir los desencadenantes de la FA. Lo
primero se puede conseguir con los fármacos
antiarrítmicos de la clase IA o III, o incluso con
fármacos de la clase IC como la flecainida y propafenona que
prolongan la refractariedad a longitudes de ciclo más
rápidas.
Para poder
definir el patrón temporal de la FA es necesario realizar
una cuidadosa historia clínica, un ECG y con frecuencia un
Holter de 24 h. Esto quiere decir que el patrón definitivo
de la FA no se puede establecer muchas veces en la primera
consulta. La estrategia de tratamiento que se elija para cada
paciente individual va a depender de la frecuencia de los
paroxismos de taquicardia, de los desencadenantes de la arritmia,
de los síntomas acompañantes y de la enfermedad
cardíaca subyacente. Las tres posibles estrategias para el
tratamiento farmacológico de la FA paroxística se
discuten a continuación (tabla 11).

Conversión
aguda de la fibrilación auricular a ritmo sinusal
Cuando la FA
paroxística no se autolimita, se debe comenzar la
administración de fármacos antiarrítmicos para
restablecer el ritmo sinusal.
El
restablecimiento del ritmo sinusal tiene importantes beneficios,
como el alivio de los síntomas y la mejoría
hemodinámica como consecuencia de la recuperación de
la contracción auricular, la disminución de la
frecuencia cardíaca y la regularidad de los latidos
cardíacos. Además, el paso a ritmo sinusal reduce el
riesgo de embolismo170. Sin embargo, al considerar la CV
farmacológica hay que tener en cuenta estas dos
consideraciones: a) existe una alta tasa de CV
espontánea, que alcanza hasta el 48% en la FA
paroxística y de inicio reciente (< 24 h)188,
siendo el principal determinante la duración de la FA, con
una disminución de la tendencia a la cardioversión
espontánea a medida que se prolonga la duración de la
FA, y b) que la FA no es una arritmia maligna y, por tanto,
los fármacos antiarrítmicos (FAA) utilizados deben
ser seguros.
Aunque para la
conversión de la FA paroxística a ritmo sinusal los
fármacos de elección son los IC, se pueden utilizar
los siguientes fármacos antiarrítmicos:
Digoxina
En estudios
controlados con placebo no ha demostrado ser más eficaz que
el placebo en la CV de la FA189-191. Resultados
similares se han obtenido con los ß-bloqueadores y los
antagonistas del calcio192-194.
Fármacos antiarrítmicos IA: quinidina, procainamida y
disopiramida
La quinidina ha
sido uno de los fármacos utilizados de forma clásica
en la CV de la FA con restablecimiento del ritmo sinusal en
aproximadamente el 50% de los pacientes. Estudios más
recientes han confirmado su eficacia195,196; sin
embargo, su uso está limitado por el riesgo elevado de
proarritmia197,198, fundamentalmente torsade de
pointes. Además, la quinidina produce un aumento de la
respuesta ventricular por su efecto vagolítico sobre el nodo
AV, por lo que es necesario asociar fármacos que
actúen disminuyendo la conducción a nivel del nodo
AV.
Aunque no se
dispone de estudios controlados con placebo sobre la eficacia de la
procainamida en la CV de la FA, hay una serie de estudios no
controlados, generalmente de pequeño tamaño, con
procainamida i.v. en la FA de inicio reciente que comunican unas
tasas de CV de entre el 40 y el 60%199,200.
Fármacos antiarrítmicos IC: flecainida y
propafenona
Estudios
abiertos y controlados con placebo utilizando FAA IC i.v.
demuestran una alta tasa de cardioversión, en las primeras
horas tras la administración, que puede llegar hasta el
90%201-204. Su eficacia disminuye al aumentar la
duración de la FA. También se han utilizado por
vía oral en la CV de la FA de inicio reciente,
encontrándose en estudios controlados con placebo unas tasas
de éxito elevadas del 50% a las 3 h y del 70 al 80% a las 8
h con una sola dosis de carga de 600 mg de propafenona y 205 o 300
mg de flecainida205,207.
Son los
fármacos de elección en la CV de la FA en pacientes
sin cardiopatía estructural, estando limitado su uso, ya que
no deben administrarse a pacientes con insuficiencia
cardíaca, disminución de la fracción de
eyección, isquemia aguda o trastornos importantes de la
conducción.
Durante la
administración i.v. es necesario monitorizar la
duración del QRS, debiéndose suspender la
infusión si se ensancha más de un 50% de su valor
basal. El efecto secundario más importante es el riesgo de
proarritmia208, que incluye TV sostenida y
fibrilación ventricular (FV), riesgo que
prácticamente no se presenta en los pacientes sin enfermedad
cardíaca.
Fármacos antiarrítmicos III
Sotalol.
Estudios controlados con placebo209 y estudios
comparativos con otros antiarrítmicos195,196
demuestran la pobre eficacia del sotalol en la CV de la FA, lo que
contrasta con su eficacia para la prevención de las
recurrencias de la FA. Esta discrepancia podría estar
relacionada con sus propiedades de prolongar el período
refractario predominantemente a bajas frecuencias auriculares, pero
no durante la FA rápida.
Amiodarona. La amiodarona i.v. no ha demostrado eficacia para
la CV aguda de la FA en estudios controlados con
placebo193. Sin embargo, se ha utilizado en el
tratamiento de la FA de inicio reciente, generalmente en pacientes
con infarto agudo de miocardio o disfunción ventricular
izquierda, en los que los FAA IC están contraindicados. Las
tasas referidas de CV oscilan entre el 25 y el 85% de los
casos210,211. La falta de eficacia de la amiodarona i.v.
podría explicarse por los diferentes efectos
electrofisiológicos que presenta cuando la
administración es i.v. aguda u oral crónica,
apareciendo los efectos inicialmente sobre la conducción
nodal y de forma tardía, sobre la refractariedad auricular y
ventricular212.
Ibutilide. Es un FAA III que prolonga la duración del
potencial de acción y la refractariedad por aumento de la
corriente lenta de Na hacia el interior en la fase de meseta y por
bloqueo de la corriente de K rectificadora
tardía213,214. Se utiliza por vía i.v. en
una o 2 infusiones de 1 mg, durante 10 min, separadas otros 10
min215.
Dos grandes
ensayos clínicos216,217, controlados con placebo,
han demostrado que el ibutilide i.v. es eficaz en la CV de la FA y
el flúter, con tasas de CV de hasta el 50 y el 75%,
respectivamente, la mayoría de las cuales ocurren en los 30
min tras la administración, con mayor eficacia en la
conversión del flúter que de la FA.
Dofetilide. Es un FAA de los llamados clase III puros, que
actúa bloqueando la corriente de potasio rectificadora
tardía, principalmente su componente rápido (Ikr),
por lo que prolonga la duración del potencial de
acción y la refractariedad, tanto a nivel auricular como
ventricular218,219. En un estudio aleatorio y doble
ciego de dofetilide i.v. (8 mg/kg) controlado con placebo, se
encontró una tasa de conversión a ritmo sinusal del
31% en los pacientes con FA y del 51% en los pacientes con
flúter, sin que se objetivara ninguna cardioversión
en el grupo placebo220.
Prevención de
las recurrencias
En la
fibrilación auricular paroxística. Aunque casi
todos los episodios son autolimitados, en la mayoría de los
pacientes los episodios son recurrentes. La prevención de
las recurrencias, que sería lo ideal, sólo se
consigue en un pequeño porcentaje de pacientes, por lo que
el objetivo propuesto en los estudios controlados con FAA es el
«tiempo libre de episodios» o «tiempo hasta la
primera recurrencia», además de eliminar los factores
precipitantes y tratar las enfermedades subyacentes. En la
prevención de las recurrencias se pueden utilizar
fármacos que actúen suprimiendo el mecanismo
desencadenante (despolarizaciones auriculares prematuras) o sobre
el sustrato modificando el período refractario
auricular221. Otra opción de tratamiento es
administrar fármacos que controlen la respuesta ventricular
durante los episodios de FA, aliviando la sintomatología
asociada a la FA. La superioridad de una u otra estrategia
aún no ha sido establecida222.
Al considerar
una opción u otra de tratamiento hay que tener en cuenta la
frecuencia, duración y síntomas de los episodios. Si
consideramos la clasificación de FA paroxística
propuesta por Levy et al171, el abordaje recomendado
para la FA paroxística
sería170:
Grupo
I: primer episodio sintomático de FA. La posibilidad de
recurrencia no puede ser determinada y por tanto, la profilaxis de
recurrencias con FAA no está justificada.
Grupo
II: episodios recurrentes de FA sin tratamiento.
*
Asintomáticos: registrados por monitorización Holter.
El papel del tratamiento farmacológico para la
prevención de recurrencias y episodios embólicos no
se ha establecido.
*
Sintomáticos con menos de un episodio/3 meses: el
tratamiento de los episodios para terminarlos y el control de la
frecuencia cardíaca pueden ser una opción al
tratamiento profiláctico a largo plazo.
*
Sintomáticos con más de un episodio/3 meses:
tratamiento profiláctico de recurrencias con FAA.
Grupo
III: episodios recurrentes a pesar del tratamiento
antiarrítmico. Las opciones son utilizar fármacos que
actúen sobre el nodo AV para controlar la
respuesta ventricular en las recaídas o considerar
tratamientos no farmacológicos para profilaxis de las
recurrencias.
La eficacia de
los distintos FAA es difícil de evaluar porque los pacientes
incluidos en muchos estudios no son homogéneos y porque el
patrón de FA puede variar con el tiempo en un mismo
paciente170.
Los FAA IC han
demostrado ser eficaces en la reducción de las recurrencias
de FA paroxística, pero no deben administrarse en pacientes
con hallazgos clínicos semejantes a los encontrados en los
pacientes incluidos en el estudio CAST, es decir, con infarto de
miocardio previo.
Un estudio sobre
flecainida controlado con placebo en pacientes con FA
paroxística sintomática utilizando
monitorización transtelefónica demostró que el
tratamiento con flecainida prolonga el tiempo hasta la primera
recurrencia y el intervalo entre episodios con respecto al
placebo223,224. Resultados similares se han obtenido en
otro estudio controlado con placebo225 y en una cohorte
amplia de pacientes226.
La
propafenona también ha demostrado ser efectiva en dos
estudios controlados con placebo, sobre todo utilizando dosis bajas
(600 mg/día), ya que dosis superiores producen efectos
adversos significativos227,228.
En la FA vagal
deben evitarse los ß-bloqueadores y los digitálicos,
mientras que la quinidina, disopiramida y flecainida pueden ser
efectivas por su efecto vagolítico3.
En la FA
catecolamín-dependiente, lo primero es tratar la enfermedad
cardíaca subyacente. Después de esto, los pacientes
generalmente se benefician del tratamiento con
betabloqueadores.
En la
fibrilación auricular persistente. La FA persistente
generalmente no desaparece espontáneamente y es
difícil suprimirla con fármacos. El tratamiento de
primera elección para la conversión a ritmo sinusal
es la CV eléctrica. Sin embargo, el talón de Aquiles
de la CV es que la FA frecuentemente reaparece si no es tratada.
Los episodios de FA persistente generalmente requieren CV
eléctrica, siendo frecuentes las recurrencias después
de la CV sin tratamiento profiláctico, ocurriendo
principalmente en el primer mes poscardioversión, por lo que
la mayoría de los pacientes necesitan tratamiento
profiláctico, e incluso con FAA sólo un 30% de los
pacientes permanecen en ritmo sinusal a los 4
años187,229. La eficacia de los diferentes
antiarrítmicos parece ser similar.
A pesar del
tratamiento antiarrítmico, un alto porcentaje de pacientes
continúan presentando recurrencias de la FA, dependiendo
el riesgo de recurrencia de diversos factores clínicos,
que según varios estudios son: duración prolongada de
la arritmia (> 1-3 años), tamaño de la
aurícula izquierda (> 55 mm comporta mal
pronóstico), edad avanzada (> 60-75 años) y
existencia de enfermedad valvular mitral
reumática.
Debido a la alta
frecuencia de recurrencias a pesar de tratamiento
antiarrítmico, algunos autores han propuesto la
utilización secuencial de FAA, cambiando el agente utilizado
después de cada recurrencia. Una de estas estrategias es la
propuesta por Crijns et al230, en la que tras la primera
CV los pacientes no reciben tratamiento antiarrítmico
después de una recurrencia, la CV se realiza lo más
tempranamente posible y se inicia tratamiento antiarrítmico
con flecainida, posteriormente con sotalol y por último con
amiodarona en las sucesivas recurrencias.
Control de la
frecuencia cardíaca durante la fibrilación
auricular
La
definición y los criterios de control de la frecuencia
cardíaca (FC) durante la FA están pobremente
establecidos, pudiendo ser valorados por criterios clínicos
o electrocardiográficos. Aunque los criterios de un adecuado
control de la FC son arbitrarios y varían según la
edad, en general se considera aceptable una FC inferior a 90
lat/min en reposo y menor de 110 lat/min con el ejercicio moderado,
teniendo en cuenta que un control de la FC en reposo no implica un
adecuado control durante el ejercicio231,232. Los
determinantes de la frecuencia ventricular durante la
FA233 son principalmente dos: a) la estructura y
propiedades eléctricas del nodo AV, y b) la actividad
simpática y el tono vagal sobre el nodo AV.
Durante los
episodios de FA paroxística uno de los objetivos
terapéuticos es el control de la respuesta ventricular,
sobre todo en pacientes muy sintomáticos234. Los
fármacos más comúnmente usados en el control
agudo de la FC son la digoxina, los betabloqueadores y los
antagonistas del calcio, generalmente por vía
intravenosa235.
En la FA
crónica o permanente uno de los objetivos del control de la
FC es mejorar la calidad de vida, pero no existen datos de estudios
con fármacos que lo confirmen, mientras que estudios de
ablación del haz de His indican que la calidad de vida puede
mejorar con el control de la FC236. El otro objetivo
importante es prevenir el deterioro de la función
cardíaca. Los fármacos habitualmente utilizados son
los mismos que en la FA paroxística: digital,
calcioantagonistas y betabloqueadores.
La
digoxina ha sido tradicionalmente la primera opción de
tratamiento, fundamentalmente en la FA asociada a insuficiencia
cardíaca237. Por lo general produce un buen
control de la FC en reposo, que depende de los valores
plasmáticos238,239; sin embargo, no suele
prevenir el incremento excesivo de la FC durante la actividad
diaria240. La digoxina se utiliza asociada a
ß-bloqueadores240,241 o antagonistas del
calcio242 para conseguir un control adecuado de la FC o
en monoterapia en personas ancianas con un nivel de actividad
reducida.
Los
antagonistas del calcio, verapamilo y dilitazem, han demostrado
que en monoterapia o asociados a digoxina consiguen un buen control
de la FC, mejoran los síntomas y la tolerancia al
esfuerzo242-244. Por su efecto inotrópico
negativo pueden desencadenar o empeorar los síntomas de
insuficiencia cardíaca, no debiendo administrarse a
pacientes con disfunción
ventricular245.
Los
ß-bloqueadores constituyen un tratamiento efectivo para
el control de la FC, sobre todo la taquicardia inducida por el
ejercicio246,247, mejorando los síntomas de la
FA; sin embargo, no existen datos concluyentes que demuestren una
mejoría de la capacidad de
esfuerzo248.
La
amiodarona, por sus propiedades simpaticolíticas y
bloqueadoras de los canales de calcio, disminuye la
conducción AV y es efectiva en disminuir la respuesta
ventricular durante la FA249, pero no debe considerarse
un fármaco de elección para esta indicación
por sus efectos adversos170.
Tratamiento
farmacológico de la fibrilación auricular en
situaciones especiales: síndrome de Wolff-Parkinson-White y
tras cirugía cardíaca
En los episodios
de FA que aparecen en el seno de un síndrome WPW, los
fármacos que actúan frenando el nodo AV, y
especialmente los antagonistas del calcio, están
contraindicados, ya que se ha demostrado que durante los episodios
de FA la conducción por la vía accesoria mejora, con
el consiguiente riesgo de respuesta ventricular muy rápida y
degeneración en FV250,251.
Si el paciente
se encuentra hemodinámicamente estable, se puede intentar CV
farmacológica, siendo de elección la procainamida,
propafenona y flecainida252. Cuando hay inestabilidad
hemodinámica, la indicación es CV eléctrica
inmediata.
La FA es una de
las complicaciones más frecuentes después de la
cirugía cardíaca, llegando a afectar hasta a un 30%
de los pacientes, sobre todo en los primeros días del
postoperatorio, con un incremento de la morbilidad y estancia
hospitalaria253,254.
Para la
prevención de la FA poscirugía cardíaca, los
ß-bloqueadores han demostrado ser los más
efectivos; sin embargo, a pesar del tratamiento ß-bloqueador,
la incidencia de FA puede llegar hasta el 10%255,256. El
tratamiento ß-bloqueador debe iniciarse o continuarse lo
más tempranamente posible tras la
cirugía1. La eficacia de los ß-bloqueadores
se debe a la patogenia de la arritmia, que parece estar en
relación con un aumento de la actividad simpática,
como indican los valores elevados de noradrenalina detectados
después de la cirugía, coincidiendo con la mayor
incidencia de FA255,256.
El
sotalol no parece que ofrezca ventajas adicionales sobre los
ß-bloqueadores.
Respecto al
beneficio de otros FAA, ni la digoxina ni el verapamilo han
demostrado eficacia en la reducción de la incidencia de FA
poscirugía cardíaca256. La eficacia de los
antiarrítmicos IA e IC ha sido poco estudiada, y no se
recomiendan para esta indicación1.
Tratamiento
antitrombótico de la fibrilación auricular
La
prevención de las complicaciones tromboembólicas es
uno de los principales objetivos de la estrategia
terapéutica de la FA170. La FA es una
patología muy frecuente que comporta un importante riesgo
embólico, sobre todo cerebral, el cual depende de la
presencia y naturaleza de la enfermedad cardíaca
subyacente257, existiendo una aceptación
generalizada a la hora de considerar dos tipos de FA, desde el
punto de vista del riesgo embólico, que son la FA
reumática y no reumática258, ya que
según los datos del estudio Framinghan el riesgo
embólico aumenta 5,6 veces en la FA no reumática y
17,6 veces en la reumática respecto a la población
sin FA173.
Respecto a la FA
reumática, por el elevado riesgo tromboembólico, hay
consenso general sobre la indicación absoluta de
anticoagulación con warfarina, en ausencia de
contraindicaciones absolutas.
El problema
surge en relación con la FA no reumática, ya que es
responsable de un porcentaje importante de accidente
cerebrovascular agudo (ACVA), estando presente en un 15-20% de los
mismos259,260. Además, estudios realizados con
tomografía axial computarizada (TAC) en pacientes con FA no
reumática revelan una frecuencia de infartos cerebrales
silentes que oscila entre el 13 y el 35%261,262. El
elevado riesgo asociado a la FA no reumática, junto al hecho
de que forman un grupo más heterogéneo que el de la
FA reumática, y el riesgo de la anticoagulación han
generado controversias acerca de la indicación de
anticoagulación, llevando a la realización de
estudios controlados y aleatorios de anticoagulación y
antiagregación en la FA no reumática que demuestran
una incidencia anual de ACVA en el grupo control del 3 al
7%263-267.
No hay acuerdo
general sobre si el riesgo embólico es diferente en la FA
paroxística y en la crónica, aunque hay datos de
cohortes que indican que la FA crónica comporta un mayor
riesgo (6% anual) que la paroxística
(2-3%)165.
El
análisis conjunto de los datos de los 5 estudios controlados
y aleatorios263-267 (BAATAF, CAFA, SPINAF, AFASAK, SPAF)
demuestra que el tipo de FA, paroxística o crónica,
no afecta al riesgo embólico, mientras que éste
parece ser mayor tras el inicio de la FA, durante el primer
año e inmediatamente después de la CV.
El riesgo de
ACVA asociado a FA se incrementa con la edad, siendo la incidencia
anual del 6,7% entre los 50 y 59 años, y pasando a ser del
36,2% por encima de los 80 años175. El
análisis adicional realizado por The Atrial Fibrillation
Investigators de los 5 estudios ha demostrado que los predictores
de ACVA, en el análisis multivariante, son: a)
historia previa de ACVA o accidente isquémico transitorio
(TIA); b) edad superior a 65 años; c) historia
de hipertensión arterial, infarto agudo de miocardio,
insuficiencia cardíaca o diabetes mellitus; d) la
disfunción del ventrículo izquierdo (VI), y e)
la dilatación de aurícula izquierda (AI) (> 50
mm)268.
Los hallazgos
por ecocardiograma transesofágico de trombos en la AI,
contraste ecocardiográfico espontáneo o
disfunción mecánica de la AI también se
asocian con un incremento del riesgo
embólico269-271.
Un grupo
especial de FA, desde el punto de vista del manejo del tratamiento
antitrombótico, es la llamada FA «aislada»,
concepto que se aplica a los pacientes que presentan FA sin
enfermedad cardíaca demostrable, y que suele requerir la
exclusión de hipertensión arterial y diabetes
mellitus, en los que la incidencia de complicaciones
embólicas es mucho menor174,272.
Aunque el riesgo
anual de ictus es de un 4,5% en la población global con FA
no reumática, en el grupo de pacientes menores de 60
años sin ningún factor clínico o
ecocardiográfico de riesgo, la incidencia anual de ictus es
inferior al 1%, porcentaje que aumenta a un 5% con la presencia de
dilatación de AI o disfunción de VI, a un 7,2% si
existe IC, previo ictus o hipertensión arterial, y a un
17,6% cuando están presentes dos o tres factores
clínicos de riesgo174,273.
Tratamiento
anticoagulante
De los 5 ensayos
aleatorios y controlados con placebo sobre la eficacia de la
anticoagulación en prevención primaria de episodios
embólicos en pacientes con FA no reumática,
generalmente crónica, cuatro de ellos, AFASAK263,
BAATAF264, SPAF265 y SPINAF267,
fueron suspendidos prematuramente porque la incidencia de ictus era
significativamente mayor en el grupo placebo, y el quinto estudio,
CAFA266, se suspendió por los resultados
positivos de los otros estudios (tabla 12).

Un
metaanálisis de estos estudios demuestra una incidencia
global de ictus del 4,5% anual en el grupo control, que era
reducida a un 1,4% con anticoagulación (reducción del
riesgo del 68%)268. La incidencia anual de hemorragias
mayores con anticoagulación era del 1,3% respecto a un 1% en
el grupo control. Estos datos demuestran claramente el beneficio de
la anticoagulación respecto al placebo en la
prevención primaria de ictus en la población general
con FA no reumática, con un leve incremento en el riesgo de
hemorragias mayores (nivel de recomendación
A)1.
En cuanto a la
prevención secundaria de la ACVA, existe un estudio
aleatorio y controlado que compara warfarina, aspirina y placebo en
pacientes con FA no reumática que han tenido un episodio
embólico cerebral, ictus o TIA en los 3 meses previos, que
es el EAFT274. En esta población, el riesgo de
recurrencia era del 12% en el grupo placebo, significativamente
mayor que en la población global de FA no reumática,
demostrándose con la anticoagulación una
reducción del riesgo relativo del 66%, similar a la de los
estudios previos, pero al tener un mayor riesgo el beneficio
absoluto es mayor. Aunque el riesgo de hemorragias está
aumentado en esta población, la ratio
riesgo/beneficio está fuertemente a favor de la
anticoagulación (nivel de recomendación
A)1.
En los pacientes
que han tenido un episodio embólico el riesgo de recurrencia
está muy elevado en los meses siguientes, por lo que la
anticoagulación debe iniciarse lo más tempranamente
posible; sin embargo, existe el riesgo de transformación
hemorrágica del infarto cerebral. Basándose en la
revisión de la bibliografía y en un estudio
clínico aleatorio, se recomienda iniciar el tratamiento
anticoagulante en pacientes con infartos cerebrales de probable
origen embólico, de tamaño pequeño y moderado,
si una TAC realizada a las 24 h no objetiva hemorragia, mientras
que en los pacientes con infartos de tamaño grande se
recomienda que la anticoagulación se retrase hasta que una
TAC efectuada a los 7 días excluya
hemorragia275,276 (nivel de recomendación
B).
Tratamiento
con aspirina
En tres de estos
estudios aleatorios y controlados con placebo, se analiza el papel
de la aspirina en la prevención de embolias en la FA no
reumática: el AFASAK263, el SPAF265 y
el EAFT274 (tabla 13).

En
prevención primaria, en el AFASAK no se encuentran
diferencias significativas en la incidencia de ictus en el grupo
que recibe aspirina a dosis baja (75 mg/día) con respecto al
grupo placebo, y en el estudio SPAF sólo se demuestra
beneficio del tratamiento con aspirina (325 mg/día) en el
grupo de pacientes menores de 75 años, sin beneficio
aparente en los mayores de esta edad.
En el estudio de
prevención secundaria de ictus, EAFT, el tratamiento con
aspirina (300 mg/día) no presenta diferencias significativas
con respecto al placebo.
Un
metaanálisis de estos ensayos demuestra una reducción
global del 21% en la incidencia de ictus con el tratamiento con
aspirina respecto al placebo277.
Tratamiento
con anticoagulación frente a aspirina
Además de
en el SPAF-II278, también se realizaron
comparaciones directas de warfarina y aspirina en el
AFASAK263 y EAFT274 (tabla 14). La
reducción del riesgo de ictus con warfarina es en el AFASAK
del 51% (NS), en el SPAF-II del 32% (NS) y en el EAFT del 62% (p
< 0,001). Cuando se consideran globalmente estos tres estudios,
que comparan la warfarina con la aspirina, se encuentra un
beneficio estadísticamente significativo de la warfarina
respecto a la aspirina279 (nivel de recomendación
A)1. El riesgo de hemorragias mayores es del 2,8% anual
con warfarina, del 0,9% con aspirina y del 0,7% con
placebo.

En cuanto al
tratamiento combinado de warfarina y aspirina, el estudio
SPAF-III280, realizado en pacientes de alto riesgo de
ictus embólico por presencia de disfunción del VI,
hipertensión arterial, tromboembolismo previo o edad
superior a 75 años, que fueron aleatorizados a
anticoagulación con INR 2-3 o a bajo nivel de
anticoagulación con dosis fija de 1-3 mg de warfarina
más 325 mg/día de aspirina, fue suspendido
tempranamente porque la incidencia de ictus isquémico o
embolismo sistémico era significativamente mayor en los
pacientes que recibían tratamiento combinado respecto a los
que recibían anticoagulación con ajuste de dosis
según nivel. La incidencia de hemorragias mayores era
similar en ambos grupos de tratamiento.
De forma
similar, el estudio AFASAK-II281, diseñado para
valorar la eficacia y seguridad de cuatro estrategias
antitrombóticas (bajo nivel de anticoagulación con
dosis fija [1,25 mg/día]; warfarina [1,25 mg/día] +
aspirina [300 mg/día]; aspirina [300 mg/día], y
anticoagulación con ajuste de dosis para INR 2-3), es
finalizado tempranamente por los resultados del SPAF-III, que
demuestran la ineficacia del tratamiento combinado con dosis baja
de warfarina y aspirina respecto a la anticoagulación
convencional con INR 2-3.
Riesgo de
hemorragia
El beneficio de
la anticoagulación para la prevención de ictus debe
valorarse junto con el riesgo de hemorragias mayores,
fundamentalmente de hemorragia cerebral.
El riesgo de
hemorragias mayores se relaciona con la edad, la intensidad de la
anticoagulación y la fluctuación del
INR282,283. El nivel de anticoagulación
más ampliamente recomendado es el de un INR de 2-3 en la FA
no reumática1,170,234,258,284.
En los ancianos
(> 75 años) el riesgo de hemorragia es mayor, y
según el estudio SPAF-II278 el riesgo de
hemorragia intracraneal era en este grupo de edad tratado con
warfarina del 1,8% anual, lo que contrarrestaba el beneficio en la
prevención de embolias, por lo que se proponía que en
esta población mayor de 75 años, así como en
todos los que tengan un alto riesgo de hemorragia cerebral,
sería preferible un nivel más bajo de
anticoagulación, con un INR próximo a 2, con lo que
se conseguiría una mayor ratio
beneficio/riesgo.
En pacientes de
mayor riesgo, como los que tienen historia de embolismo cerebral
previo, el estudio EAFT274 no encuentra beneficio con un
INR inferior a 2, siendo la incidencia de episodios
embólicos menor cuando el INR se encuentra entre 2 y 3,9,
recomendando un INR de 3.
Recomendaciones de tratamiento anticoagulante
Los estudios
controlados han demostrado que la anticoagulación con
warfarina reduce de forma significativa la incidencia de ictus
isquémico. Sin embargo, se incrementa el riesgo de
hemorragias, por lo que la ratio riesgo-beneficio debe ser
evaluada en cada paciente.
Los pacientes
con una historia de TIA o ictus previo tienen un elevado riesgo de
recurrencia y deben ser anticoagulados. La anticoagulación
también debe considerarse en todos los pacientes con FA,
sobre todo si existen factores de riesgo de episodios
embólicos, ya sean clínicos o
ecocardiográficos. En la FA paroxística, la
indicación de anticoagulación también debe
basarse en la presencia y tipo de enfermedad cardíaca
subyacente y otros factores predisponentes, recomendándose
el mismo abordaje que en la FA establecida hasta que se disponga de
nuevos datos sobre su riesgo.
El American
College of Chest Physicians recomienda la anticoagulación
crónica con warfarina en la FA no reumática con un
INR para la mayoría de los pacientes entre 2 y
3284. En pacientes ancianos y en aquellos con mayor
riesgo de hemorragia cerebral, posiblemente la ratio
riesgo-beneficio sea mayor con un INR inferior, próximo a 2,
aunque no está aceptado por todos los autores. En pacientes
con mayor riesgo embólico se requieren niveles más
elevados de anticoagulación, como en prevención
secundaria de embolias (INR de 3).
En cuanto al
tratamiento antiagregante con aspirina, debe considerarse en los
pacientes con muy bajo riesgo embólico, pacientes menores de
60 años, sin enfermedad cardíaca ni otros factores
predisponentes, en los que por su bajo riesgo la aspirina es
preferible a la anticoagulación, o incluso ningún
tratamiento antitrombótico puede ser aceptable.
También debe considerarse el tratamiento con aspirina en
aquellos pacientes con indicación de anticoagulación
en la que, por el riesgo elevado de hemorragia u otras razones, se
desestime la misma.
Los tratamientos
combinados de anticoagulación con warfarina a bajo nivel y
aspirina no proporcionan beneficios, por lo que son desestimados en
el momento actual.
Las
recomendaciones de tratamiento antitrombótico en los
pacientes con FA se han resumido en la tabla 15.

Anticoagulación para la cardioversión (tabla
16)

El principal
determinante del embolismo sistémico en la FA no
reumática es la FA por sí misma más que
cualquier otra enfermedad cardíaca subyacente.
La
cardioversión de la FA se puede acompañar de
complicaciones tromboembólicas, que según las
distintas series varían entre un 1,5 y un
6%285-287. Un estudio publicado en 1969 demostró
una reducción en la incidencia de complicaciones
embólicas poscardioversión en los pacientes
anticoagulados de un 5,3 a un 0,8%289. Otros estudios no
aleatorios, publicados posteriormente, también indican un
beneficio de la
anticoagulación289,290.
En cuanto al
mecanismo de las complicaciones tromboembólicas asociadas a
la CV, parece que están en relación con la rotura de
trombos auriculares preexistentes al recuperarse la
contracción atrial después de la CV,
debiéndose su formación a la relativa estasis de
sangre en la aurícula. Se acepta de forma general que se
necesitan unas 2 o 3 semanas para que un trombo se organice y se
adhiera a la pared auricular evitando su fragmentación
cuando se recupera la contracción atrial284. Por
otra parte, existe evidencia de que después de una CV
exitosa existe una disfunción mecánica transitoria de
la AI, el llamado stunning atrial, ya que la
recuperación de la función mecánica se produce
más tardíamente que la normalización de la
actividad eléctrica, pudiendo llegar a transcurrir un mes
hasta su normalización, lo que explicaría el riesgo
de complicaciones tromboembólicas después de una
cardioversión exitosa291-293.
De acuerdo con
los resultados de los estudios previos, las recomendaciones del
American College of Chest Physicians (ACCP) para la CV de la FA de
más de 48 h es la anticoagulación durante las 3
semanas previas al procedimiento y continuar durante las 4 semanas
siguientes al mismo284 (nivel de recomendación
B).
El ACCP no
recomienda la anticoagulación cuando la CV de la FA se
realiza dentro de las 48 h del inicio de la misma177.
Esto se debe a que se considera que este período de tiempo
es insuficiente para que se puedan formar trombos. Sin embargo,
aunque el beneficio no haya sido demostrado, hay autores que
recomiendan que en los pacientes con FA de menos de 48 h se inicie
anticoagulación con heparina en el momento de la
presentación, para disminuir la posibilidad de
formación de trombos y proteger al paciente durante el
período
pericardioversión294,295.
Respecto a la
anticoagulación poscardioversión en la FA de menos de
48 h, a pesar de que parece menos probable que estos pacientes
desarrollen trombos poscardioversión, ya que la
recuperación de la contracción atrial normal depende
del tiempo que el paciente ha estado en FA, también se
recomienda la anticoagulación durante 4 semanas
después de la CV1,295.
Papel de la
ecocardiografía en la cardioversión
Existen estudios
que refieren que la anticoagulación durante un mínimo
de 3 semanas previas a la CV reduce de forma significativa la
incidencia de episodios tromboembólicos288,289.
Aunque se trata de una estrategia segura y eficaz, supone un
retraso en la CV en la mayoría de los pacientes que no
tienen trombos auriculares, prolongando la duración de la FA
previa a la CV, con todas sus implicaciones.
El
ecocardiograma transesofágico (ETE), al ser una
técnica que proporciona imágenes de alta
resolución de la orejuela de la AI, presenta una alta
sensibilidad y valor predictivo para la detección y
exclusión de trombos en la FA296,297, lo que ha
llevado a que diversos autores hayan planteado una nueva estrategia
en la CV de la FA, que consistiría en CV temprana guiada por
ETE, si se descartan trombos auriculares, además de
anticoagulación, con heparina o warfarina, que se
iniciaría en el momento de realizar el ETE y se
mantendría durante 4 semanas
poscardioversión285,298,299.
La estrategia de
CV temprana guiada por ETE parece tener un perfil de seguridad
similar a la estrategia convencional. Esta estrategia ofrece la
ventaja de permitir realizar la CV de forma temprana, lo que evita
la anticoagulación durante las semanas previas, acorta la
duración de la FA, con una recuperación más
rápida de la función auricular reduce la
hospitalización y es, al parecer,
coste-efectiva300. Sin embargo, la superioridad del uso
sistemático del ETE previo a la CV aún no ha sido
establecida170,295, siendo necesarios los resultados de
estudios aleatorios, amplios, como el ACUTE Multicenter
Study301.
Tratamiento no
farmacológico de la fibrilación auricular
Además
del tratamiento farmacológico, existen otras formas de
tratamiento no farmacológico, introducidas en los
últimos años, que en términos generales quedan
reservadas para cuando falla el tratamiento farmacológico.
Estas opciones terapéuticas no farmacológicas se
comentan a continuación (tabla 17).

Cardioversión
eléctrica
La CV
eléctrica transtorácica permite la reversión a
ritmo sinusal con una frecuencia superior a la de los FAA aislados
o combinados302. La CV eléctrica está
indicada en la reversión a ritmo sinusal de la FA no
autolimitada, de forma urgente cuando se acompaña de
compromiso hemodinámico, o de forma electiva cuando falla la
CV farmacológica, o como primera opción
terapéutica303,304. La energía inicial
recomendada es de 200 J, con lo que se consigue la CV en más
del 75% de los pacientes. Se recurrirá a energías
más altas en caso de fallo con 200 J. La
sincronización con la onda R es esencial para evitar la FV
inducida por el shock.
La frecuencia de
éxito con CV eléctrica externa oscila entre el 65 y
el 90%305,187. El factor más importante en el
éxito inmediato es la duración de la arritmia. Otros
factores que pueden influir son el peso del paciente y la presencia
de enfermedad pulmonar, que pueden afectar la impedancia
transtorácica306. El tamaño de la AI
está más relacionado con el mantenimiento del ritmo
sinusal que con el éxito inmediato de la CV.
En cuanto a las
complicaciones de la CV eléctrica, son raras e incluyen
embolismos sistémicos, que son infrecuentes en pacientes
anticoagulados durante las 3 semanas previas y que mantienen la
anticoagulación durante las 4 semanas post-CV;
extrasístoles ventriculares, TV no sostenida y sostenida,
bradicardia sinusal, hipotensión, edema pulmonar y
elevación transitoria del segmento
ST170.
Recientemente se
ha desarrollado una nueva técnica que puede restablecer el
ritmo sinusal en pacientes en los que la CV eléctrica
externa falla; es la CV eléctrica interna de baja
energía (3 J), que utiliza un choque bifásico, entre
dos catéteres-electrodos situados en la aurícula
derecha y el seno coronario307-310. Se puede utilizar un
catéter-electrodo en la arteria pulmonar izquierda si falla
la cateterización del seno coronario como alternativa o como
primera opción307. Para la CV interna es
necesaria la sincronización con la onda R a fin de evitar
proarritmia ventricular. Esta técnica no requiere anestesia
general. La CV interna permite la reversión a ritmo sinusal
en el 70 al 90% de los pacientes con FA, incluyendo aquellos en los
que falla la CV externa y la FA complicando procedimientos
diagnósticos o de ablación311.
Estimulación
eléctrica y fibrilación auricular
La
estimulación eléctrica en la FA incluye un amplio
espectro de situaciones, ya que puede ser necesaria para tratar
frecuencias cardíacas bajas, tras la ablación del
nodo AV a fin de controlar la respuesta ventricular, e incluso para
prevenir la recurrencia de episodios de FA.
Marcapasos
para tratamiento antibradicardia en la fibrilación
auricular
Una
indicación de estimulación permanente es el
síndrome bradicardia-taquicardia. No existen estudios
aleatorios prospectivos que comparen la evolución de los
pacientes a quienes se implanta un marcapasos respecto a los que
reciben únicamente tratamiento médico; en cambio
existen estudios no aleatorios que comparan el pronóstico a
largo plazo de la estimulación auricular y ventricular y que
encuentran una menor frecuencia de evolución hacia FA
crónica con la estimulación
auricular312-315, con una incidencia anual de FA
crónica del 1,5% respecto a un 12% en el grupo con
estimulación ventricular. Algunos de estos estudios
demuestran una reducción significativa de la incidencia de
episodios tromboembólicos y menor mortalidad con la
estimulación auricular.
Por tanto, se
recomienda la estimulación auricular cuando existe
indicación de marcapasos permanente en pacientes con
síndrome bradicardia-taquicardia, por la menor incidencia de
episodios tromboembólicos y FA crónica (nivel de
recomendación B).
La FA
crónica con bradicardia sintomática, en
relación con bloqueo AV es otra indicación de
marcapasos VVIR.
La FA
crónica con incompetencia cronotrópica
sintomática durante el esfuerzo constituye otra
indicación de marcapasos VVIR316.
Estimulación bicameral para prevenir la fibrilación
auricular
Datos de
diversos estudios refieren una menor incidencia de FA con la
estimulación bicameral, y actualmente se están
investigando las técnicas de estimulación biauricular
con ese objetivo317-319. El mecanismo exacto del
beneficio es desconocido, aunque se han propuesto varios mecanismos
como la prevención del efecto arritmogénico de la
bradicardia o la menor dispersión de la refractariedad en
pacientes con notable retraso de la conducción inter e
intraauricular.
Un estudio
realizado por Daubert et al317 demostró una menor
recurrencia de FA y flúter en pacientes con trastornos
severos de la conducción interatrial que son sometidos a
estimulación biatrial, de la aurícula derecha y de la
aurícula a través del seno coronario.
El desfibrilador
automático implantable
Los resultados
obtenidos en diversos estudios que demostraron la eficacia de la
desfibrilación interna de baja
energía307-311 llevaron al desarrollo de
dispositivos como los desfibriladores auriculares implantables, que
pueden restablecer rápidamente el ritmo sinusal mediante
choques de baja energía, permitiendo reducir las
recurrencias de FA, reduciendo el riesgo de complicaciones
tromboembólicas y disminuyendo los efectos negativos de la
FA sobre la función
cardíaca320.
Los dispositivos
disponibles actualmente utilizan una descarga de baja
energía (2-3 J), de morfología bifásica, entre
un electrodo ubicado en la aurícula derecha y otro situado
en el seno coronario distal. Además, disponen de un
electrodo ventricular para sincronizar la descarga con la onda R y
para la estimulación ventricular postshock si fuese
necesario. La desfibrilación auricular ha demostrado ser
segura, sin que se produzcan arritmias ventriculares
significativas, cuando los choques son liberados de forma
sincronizada con el complejo QRS y siguiendo un intervalo RR de 500
ms o más321.
Recientemente se
ha publicado el primer estudio con desfibrilador auricular
implantable, que es un estudio multicéntrico no aleatorio,
para evaluar la eficacia, seguridad y utilidad potencial de este
dispositivo en pacientes con FA y bajo riesgo de arritmias
ventriculares, que incluye 51 pacientes, de 19
centros322.
En este estudio
se demuestra una eficacia global del dispositivo en el
restablecimiento rápido del ritmo sinusal en el 96% de los
pacientes que tienen FA; sin embargo, un importante número
de pacientes (52%) requieren múltiples choques y/o
fármacos antiarrítmicos debido a la recurrencia
temprana de la FA. En este estudio la tolerancia por parte de los
pacientes es buena, sobre todo para el primer choque. Se ha
demostrado una reducción de la tolerancia, requiriendo
sedación, a medida que se incrementa el número de
choques323. Se encontró una alta tasa de
complicaciones como trombosis venosa, taponamiento,
infección del dispositivo y rotura de los electrodos. Las
indicaciones actuales incluyen la FA recurrente,
sintomática, refractaria a fármacos, en ausencia de
un sustrato para arritmias ventriculares en pacientes cuyos
episodios requieren CV con intervalos de uno o 2 meses. Actualmente
se están empezando a utilizar los desfibriladores de doble
cámara en pacientes que requieren un desfibrilador
ventricular y, además, tienen FA324, que son
capaces de reconocer y tratar tanto la FA como la FV.
Tratamiento
quirúrgico para la fibrilación auricular
No existen
estudios aleatorios y controlados que comparen el tratamiento
quirúrgico con otros, y en la mayoría de los
pacientes seleccionados para tratamiento quirúrgico han
fallado los tratamientos convencionales para el control del ritmo y
la FC3. El procedimiento quirúrgico ideal para
tratar la FA debe restablecer el ritmo sinusal, la sincronía
AV, la función de transporte atrial, conseguir una respuesta
adecuada al esfuerzo y eliminar el riesgo de
tromboembolismo1.
Las
técnicas quirúrgicas utilizadas se basan
fundamentalmente en dos principios: a) la FA se mantiene por
mecanismos de reentrada en la aurícula, y b) es
necesaria una masa crítica de tejido auricular para que se
mantengan las reentradas. Además, la especial
anatomía de las aurículas y sus orificios se
relaciona con la localización de los circuitos implicados,
lo que repercute en las diversas técnicas
quirúrgicas.
Las distintas
intervenciones quirúrgicas utilizadas para el tratamiento de
la FA son:
La
ablación crioquirúrgica del haz de His, seguida
de implantación de marcapasos. Fue la primera
intervención quirúrgica empleada en la FA y
actualmente ha sido reemplazada por la ablación con
catéter325.
La
técnica del corredor consiste en aislar ambas
aurículas y crear un corredor eléctrico entre nodo
sinusal, nodo AV y ventrículos, con lo que se consigue
regularizar y controlar la FC, pero no se recupera la
función de transporte auricular ni la sincronía AV y
persiste el riesgo de tromboembolismos326.
El
aislamiento de la AI. Esta técnica se basa en reducir la
masa de tejido auricular contiguo, con lo que disminuye la
posibilidad de aparición de FA; sin embargo, aunque restaura
el ritmo sinusal y corrige las anormalidades hemodinámicas,
persiste el riesgo de complicaciones tromboembólicas y no
preserva la función de transporte de la AI327.
Esta técnica se ha utilizado generalmente asociada a
cirugía de la válvula
mitral328.
El
procedimiento de Maze. Este procedimiento consiste en la
realización de diversas incisiones estratégicas en
ambas aurículas, escisión de ambas orejuelas y
aislamiento de las venas pulmonares. Con esta intervención
se restablece el ritmo sinusal, la sincronía AV, se preserva
la función auricular en el 98% de los pacientes y se corrige
el riesgo de tromboembolismo, por lo que se configura como la
técnica de elección en el tratamiento
quirúrgico de la FA. Sin embargo, una de las principales
complicaciones de esta técnica es la alta incidencia de
disfunción sinusal, que requiere implantación de
marcapasos. En la última modificación del
procedimiento, MAZE III329,330, se omite una
atriotomía en la proximidad de la arteria del nodo sinusal,
disminuyendo el riesgo de lesión del nodo sinusal y, por
tanto, la necesidad de marcapasos desde un 56% en el MAZE I a un
25% en el MAZE III.
Ablación del
nodo AV
La
ablación del nodo AV, que produce un bloqueo o
modulación de la conducción AV, constituye una
alternativa terapéutica para aquellos pacientes con FA
sintomática en los que la arritmia es refractaria al
tratamiento farmacológico, ya sea para el mantenimiento del
ritmo sinusal, para el control de la FC o por intolerancia a los
fármacos331,332.
Con la
técnica de ablación con radiofrecuencia, diversos
autores han referido una tasa de éxitos en la
inducción de bloqueo AV completo de aproximadamente un 95%,
con un riesgo de restablecimiento de la conducción AV de un
5 un 10% de los casos333-337.
Los resultados,
recientemente publicados, del primer estudio multicéntrico
prospectivo y aleatorio, que compara la ablación del nodo AV
e implantación de marcapasos DDDR con el tratamiento
farmacológico, en 43 pacientes con FA paroxística con
síntomas severos y refractaria al tratamiento
farmacológico, demuestran que la ablación más
marcapasos es altamente efectiva y superior al tratamiento
farmacológico en el control de los síntomas, con
mejoría de los índices de calidad de vida durante un
seguimiento de 6 meses338.
Recientemente se
han publicado los datos de un estudio multicéntrico,
prospectivo y aleatorio339 que compara la eficacia de la
ablación del nodo AV e implantación de marcapasos
VVIR con respecto al tratamiento farmacológico, en 66
pacientes con enfermedad cardíaca orgánica y FA
crónica con respuesta ventricular rápida, que produce
síntomas de insuficiencia cardíaca manifiesta.
Durante un período de seguimiento de un año, se
demuestra que el tratamiento con ablación más
marcapasos es efectivo y superior al tratamiento
farmacológico en el alivio de síntomas como son las
palpitaciones.
La
modulación de la conducción AV se ha desarrollado
como una posible alternativa a la ablación más
marcapasos, ya que permite controlar la respuesta ventricular
durante la FA, pero preserva la conducción AV y evita la
necesidad de implantar un marcapasos340-343.
La
modulación del nodo AV es efectiva en el control de la
respuesta ventricular de la FA en un porcentaje que oscila entre el
65 y el 75% de los casos, según las distintas
series181-184. El bloqueo AV ocurre en hasta el 16% de
los pacientes en el momento del procedimiento o durante el
seguimiento340-343.
Es importante
recordar que con este tratamiento no se cura la FA, sino que
ésta persiste; por tanto, aunque se consiga controlar la
respuesta ventricular, no se recupera la sincronía AV ni la
función de transporte auricular y persiste el riesgo de
complicaciones tromboembólicas, además de requerir la
implantación de un marcapasos.
Ablación con
catéter de la aurícula para la fibrilación
auricular
Recientemente ha
surgido un entusiasmo creciente por aplicar los conceptos del
procedimiento quirúrgico de Maze al desarrollo de una
técnica de ablación con radiofrecuencia para crear
una serie de líneas no conductoras que eviten las reentradas
intraauriculares responsables de la aparición y
mantenimiento de la FA. Distintas series preliminares han referido
diversas técnicas de ablación en la aurícula
derecha y/o aurícula izquierda que han demostrado ser
eficaces tanto en la FA paroxística como en la
crónica344-346.
Haisaguerre et
al345 han publicado sus resultados de ablación en
pacientes con FA paroxística, con y sin enfermedad
cardíaca orgánica, con una tasa de éxitos,
incluyendo pacientes con FAA, de un 33% cuando el procedimiento se
limita a la aurícula derecha, que se incrementa a un 60% al
realizar ablación adicional en la AI. Sin embargo, la
ablación extensa, sobre todo de la AI, se acompaña de
un incremento en el número de complicaciones, como riesgo de
tromboembolismo.
En pacientes
jóvenes sin enfermedad cardíaca orgánica, la
FA parece estar relacionada con un foco automático auricular
que dispara a una frecuencia elevada, el cual suele encontrarse
localizado cerca de las venas pulmonares, habiéndose
referido que la ablación del foco atrial, utilizando la
vía transeptal, puede ser curativa en este grupo
seleccionado de pacientes179.
5. ARRITMIAS
VENTRICULARES NO SOSTENIDAS
INTRODUCCIÓN
Las arritmias
ventriculares no sostenidas (AVNS) engloban desde las
extrasístoles ventriculares (EV) aisladas hasta las
taquicardias ventriculares no sostenidas (TVNS). Se definen estas
últimas como la sucesión de tres o más latidos
ventriculares prematuros consecutivos, a una frecuencia mayor de
100 lat/min, que terminan espontáneamente en menos de 30 s
sin causar deterioro hemodinámico o síntomas
importantes al paciente.
El significado
pronóstico de estas arritmias depende de la presencia y del
tipo de cardiopatía estructural subyacente, en cuyo caso
llevan asociado un pronóstico adverso347-350. Sin
embargo, es importante tener presente que en muchos casos no
está claro si aquéllas guardan una relación
causa-efecto con las arritmias ventriculares sostenidas que
precipitan la muerte súbita o solamente son un marcador de
la presencia de cardiopatía y disfunción ventricular.
De hecho, las TVNS en pacientes con cardiopatía estructural,
principalmente en la miocardiopatía dilatada no
isquémica y en pacientes con insuficiencia cardíaca
avanzada, se asocian más estrechamente con la mortalidad
global y cardíaca que específicamente con la
mortalidad súbita o arrítmica351-356. Este
hecho, junto a la ineficacia de diversos fármacos
antiarrítmicos para reducir la mortalidad a pesar de una
eficaz supresión de las AVNS, debilita la hipótesis
de que éstas sean un disparador suficiente o incluso
necesario para iniciar arritmias ventriculares sostenidas
letales.
El tratamiento
en estos pacientes puede tener dos objetivos:
1.
Mejorar la calidad de vida en aquellos pacientes con
síntomas producidos por estas arritmias. Los pacientes sin
cardiopatía estructural suelen notar síntomas con
mayor frecuencia que los que presentan cardiopatía, en
quienes estas arritmias suelen ser
asintomáticas349.
2.
Reducir el riesgo de muerte súbita asociado a la presencia
de estas arritmias en algunos pacientes con cardiopatía
estructural.
Por
consiguiente, en todos los casos habrá que determinar la
presencia de síntomas atribuibles a arritmias ventriculares
no sostenidas, llevar a cabo un estudio cardiológico
apropiado que permita descartar o confirmar la existencia de
cardiopatía y, en presencia de ésta, realizar una
estratificación de riesgo individualizada y utilizar las
opciones terapéuticas que hayan demostrado un beneficio
sintomático y pronóstico.
PACIENTES SIN
CARDIOPATÍA ESTRUCTURAL
En estos
pacientes las AVNS pueden presentarse como extrasístoles
aisladas, monomórficas, en ocasiones acopladas o en parejas
y con menos frecuencia en forma de salvas cortas de
TVNS.
No se ha
demostrado que estas arritmias tengan un efecto adverso en el
pronóstico de estos pacientes, aunque la información
disponible en la bibliografía se basa en estudios
retrospectivos y no se han realizado estudios prospectivos a este
respecto357-359. Tampoco suelen producir
limitación fucional, por lo que no está indicado
ningún tratamiento específico, excepto en los casos
en los que el paciente tiene síntomas (con mayor frecuencia
palpitaciones) que por su frecuencia o por la sensación que
le producen interfieren en su calidad de vida.
En pacientes
sintomáticos es importante explicarles que los
síntomas que notan no llevan asociada ninguna gravedad,
tranquilizándolos y concienciándolos del excelente
pronóstico de este problema. Debe aconsejarse la
abstención del consumo de tabaco, alcohol, cafeína y
en general sustancias excitantes, que pueden aumentar la frecuencia
e intensidad de las palpitaciones.
Si todo lo
anterior no es suficiente se instaurará tratamiento con
betabloqueadores, el fármaco de elección en estos
pacientes, que consigue el control de los síntomas en la
mitad de los casos. Si éstos fracasan, puede ensayarse el
verapamilo. Sólo excepcionalmente, en caso de ineficacia de
las medidas anteriores, se emplearán fármacos
antiarrítmicos más potentes, ya que el riesgo de
efectos proarrítmicos o secundarios de los mismos no
justifica su uso generalizado360.
La
ablación con catéter mediante radiofrecuencia
podría contemplarse en estos pacientes en dos
situaciones:
1.
Excepcionalmente, en pacientes con EV monomórficos
frecuentes y muy sintomáticos, en los que ha fracasado el
tratamiento antiarrítmico. Habitualmente las
extrasístoles se originan en el tracto de salida del
ventrículo derecho y la ablación consigue la
eliminación del sustrato que las genera en más del
80% de los pacientes361.
2. En
pacientes con TVNS monomórfica repetitiva de tracto de
salida del ventrículo derecho sintomático, bien por
fracaso o mala tolerancia de los fármacos
antiarrítmicos o por preferencia del
paciente362-368.
PACIENTES CON
CARDIOPATÍA ISQUÉMICA
El significado
pronóstico de las AVNS depende de la existencia o no de
infarto de miocardio y del tiempo en que se detectan en
relación con éste.
En pacientes con
cardiopatía isquémica sin infarto previo, la
presencia de AVNS no se ha asociado a un peor pronóstico,
por lo que no está justificado su tratamiento.
El desarrollo de
EV ocurre en la mayoría de los pacientes en la fase aguda
del infarto de miocardio y no comporta un mayor riesgo de
mortalidad súbita. En cambio, el significado
pronóstico de la TVNS en la fase aguda del infarto no
está claro. Así, mientras Eldar et al369
no observaron efectos adversos en la mortalidad, Cheema et
al370 han demostrado recientemente que las TVNS que
ocurren pasadas las primeras horas del infarto se asociaron a un
mayor riesgo de mortalidad durante el seguimiento. No existen
datos, sin embargo, en relación con el tratamiento de estos
pacientes.
La presencia de
EV frecuentes y complejas o de TVNS en pacientes con infarto de
miocardio crónico constituye un marcador de riesgo
independiente de muerte súbita y cardíaca global y,
en condiciones apropiadas, un factor «disparador» de
arritmias sostenidas371-374, lo que se ha demostrado de
forma consistente en la mayoría de los estudios, algunos de
ellos realizados incluso en la era
fibrinolítica375-378. El riesgo es aditivo si
existe disfunción ventricular izquierda. Maggioni et al, sin
embargo, en un estudio que analizó la prevalencia y
significado pronóstico de las AVNS postinfarto en la era
fibrinolítica, observaron que, aunque la presencia de EV
igual a 10/h fue un predictor independiente de la mortalidad
global, la presencia de TVNS no se asoció con una menor
supervivencia a los 6 meses, después de ajustar para otras
variables. Esto fue cierto también para los pacientes con
insuficiencia cardíaca congestiva378. Rouleau et
al en otro estudio realizado en la era fibrinolítica tampoco
observaron que la frecuencia de EV fuese un factor predictivo de la
mortalidad después de ajustar para otras
variables379.
No se ha
demostrado relación entre la frecuencia, duración y
longitud de ciclo de los episodios de TVNS y la capacidad de
predicción de mortalidad o la probabilidad de
inducción de taquicardia ventricular sostenida en el EEF o
de desarrollo espontáneo de la misma380-382.
Tampoco se ha demostrado relación entre la densidad de
arritmias ventriculares complejas en el Holter y la inducibilidad
de TV o FV en el EEF383.
El ECG de
promediado de señales es un predictor de riesgo de episodios
arrítmicos en estos pacientes. La presencia de un ECG de
promediado de señales anormal, sobre todo cuando se combina
con una fracción de eyección del ventrículo
izquierdo (FEVI) inferior al 40% y TVNS, identifica un grupo de
alto riesgo, como han puesto de manifiesto varios
estudios384,385. Sin embargo, aunque el valor predictivo
negativo es relativamente alto, el valor predictivo positivo es
mediocre, y no es aceptable la instauración de tratamiento
basándose tan sólo en este método de
estratificación de riesgo.
El EEF ha
demostrado, en diversos estudios, ser útil para la
estratificación del riesgo de los pacientes con infarto
previo y TVNS. Cuando la FEVI es superior al 40%, la inducibilidad
de TV sostenida es baja y se correlaciona con un bajo riesgo de
episodios espontáneos de TV sostenida o FV durante el
seguimiento386. Incluso en algunos estudios, el riesgo
de arritmias ventriculares sostenidas durante el seguimiento fue
menor del 10% si no se indujo TV sostenida en el EEF aunque la FEVI
fuese inferior al 40%387-390. En los estudios citados se
indujo TV sostenida en el 40 al 50% de los pacientes con TVNS.
Éstos tuvieron un mayor riesgo de desarrollo de TV sostenida
o FV (35-64% a los dos años) cuando persistía la
inducibilidad de la arritmia a pesar del tratamiento
antiarrítmico que cuando la arritmia inducida se
suprimía con éste (2-20%). No obstante, otros autores
han encontrado resultados contradictorios con los
anteriores380,386,391. Kowey et al380, en un
estudio retrospectivo a gran escala, demostraron que el EEF en
pacientes con TVNS asintomática no tuvo un valor predictivo
de episodios y la supervivencia libre de arritmia no mejoró
mediante tratamiento antiarrítmico guiado con dicho
método. La probabildad de encontrar un fármaco eficaz
en dicha supresión fue de un 50 a un 75%, sustancialmente
superior a los pacientes que han tenido TV espontánea. Estos
resultados contradictorios y las limitaciones de muchos estudios
han impedido recomendar el estudio electrofisiológico como
una medida general de estratificación de riesgo en pacientes
con TVNS postinfarto.
Basándose
en el riesgo inherente a las AVNS postinfarto, a principios de los
ochenta fue una práctica común intentar suprimir la
actividad ectópica ventricular, a pesar de la falta de datos
que indican que la supresión de la actividad ectópica
ventricular podría acompañarse de una
reducción de la incidencia de muerte súbita. El
estudio CAST trató de determinar si la supresión de
la actividad ectópica ventricular mediante fármacos
antiarrítmicos tipo Ic podía reducir la mortalidad
arrítmica y súbita. Se incluyeron pacientes con
infarto previo (6 días a 2 años postinfarto) con 6 o
menos EV por hora o TVNS inferior a 15 latidos y FE del 55% o menor
si se incluían en menos de 90 días del infarto o
igual o inferior al 40% si se incluían pasados éstos.
En primer lugar, se comprobaba que el fármaco
suprimía la arritmia ventricular. El estudio fue terminado
precozmente en los grupos de encainida y flecainida debido a un
aumento de mortalidad global en ambos con respecto al placebo
(riesgo relativo [RR]: 2,5; p = 0,0001), así como de la
mortalidad arrítmica (RR: 3,6; p = 0,0004) a pesar de la
eficacia de los mismos en la supresión de la actividad
ectópica ventricular392. La moricizina (CAST II)
produjo un aumento de la mortalidad aguda en la fase temprana de
ajuste de dosis y no demostró beneficio en la supervivencia
en la fase crónica con respecto al placebo393.
Por tanto, el concepto de que la supresión de EV
asintomáticas es una estrategia preventiva adecuada ha
fallado bajo el peso de la evidencia del estudio CAST.
Diversos
estudios han analizado la eficacia de la amiodarona en estos
pacientes. El estudio BASIS demostró que el tratamiento con
amiodarona en pacientes con infarto de miocardio previo y actividad
ectópica ventricular compleja asintomática (grados
III o IVb de Lown) se asoció a una reducción de la
mortalidad global de un 61%, así como de la mortalidad
arrítmica394. Este beneficio, además,
persistió varios años después de la
discontinuación del tratamiento395. No obstante,
el análisis por subgrupos sólo demostró
beneficio en la supervivencia en pacientes con FEVI superior al
40%396.
El estudio
CAMIAT analizó la utilidad de la amiodarona para reducir la
mortalidad arrítmica en pacientes con infarto de miocardio
previo que tenían EV frecuentes (< 10/h) o rachas de TVNS
en el Holter. El objetivo primario fue valorar el efecto sobre la
mortalidad arrítmica más resucitación por FV,
siendo objetivos secundarios la mortalidad arrítmica
aislada, la mortalidad cardíaca y la mortalidad por todas
las causas. La amiodarona redujo significativamente el riesgo de
muerte arrítmica o FV resucitada en un 38,2%, pero no
demostró una reducción estadísticamente
significativa (p = 0,129) de la mortalidad por todas las causas. La
reducción en el objetivo primario se asoció con una
supresión de la actividad ectópica ventricular, que
se consiguió en el 84% del grupo tratado con amiodarona
frente a un 35% en el grupo placebo397.
Los pacientes
con infarto de miocardio previo, disfunción ventricular y
TVNS constituyen un subgrupo de pacientes con una elevada
mortalidad durante el seguimiento (30% a los dos
años)371. Recientemente se ha estudiado la
utilidad del desfibrilador automático implantable (DAI) en
esta población de alto riesgo.
El estudio MADIT
fue el primer estudio aleatorio que demostró que el DAI
puede mejorar la supervivencia en una población de alto
riesgo398. Dicho estudio comparó la utilidad del
DAI frente al tratamiento antiarrítmico convencional (80%
amiodarona) en pacientes con infarto de miocardio con onda Q
previo, FE inferior o igual al 35%, TVNS y TV sostenida inducible,
no suprimible mediante la administración de procainamida
intravenosa en el EEF. De forma aleatoria 95 pacientes fueron
asignados al grupo de DAI y 101 al de tratamiento médico
convencional (que incluyó tratamiento antiarrítmico).
El objetivo final del estudio fue la mortalidad de cualquier causa.
El implante profiláctico de un DAI consiguió una
reducción de la mortalidad global (RR: 0,46; p = 0,009) y de
la mortalidad cardíaca del 57% (durante un seguimiento medio
de 27 meses se produjeron 15 muertes en el grupo de DAI, de las
cuales 11 fueron de causa cardíaca, y 35 en el grupo de
tratamiento convencional, de las que 27 fueron de causa
cardíaca). Análisis subsiguientes de este estudio han
comunicado una mortalidad a los 2 años del 8% en los
pacientes no inducibles; del 20% en los inducibles y suprimibles, y
del 25% en inducibles no suprimibles que rechazaron la
aleatorización.
Este estudio,
sin embargo, tiene importantes limitaciones. En primer lugar, se
comparó el DAI con tratamiento antiarrítmico en un
grupo de pacientes «no suprimibles» con fármacos
antiarrítmicos, lo que supone un sesgo importante a favor
del tratamiento con DAI. El grupo de tratamiento convencional fue
tratado con una amalgama de diversos fármacos
antiarrítmicos, y entre ellos un 11% de los pacientes
tomaban fármacos clase I y sólo el 45% tomaban
amiodarona en el momento del último seguimiento. Incluso en
este momento, un 23% de los pacientes no tomaban fármacos,
ni siquiera betabloqueadores. Además no existió un
grupo control para eliminar la posibilidad de que el grupo tratado
con antiarrítmicos tuviera una peor supervivencia debido a
efectos proarrítmicos399. A pesar de estas
limitaciones, la Food and Drug Administration aprobó la
indicación profiláctica del DAI en estos
pacientes.
Recientemente se
han publicado los resultados del estudio MUSST400. Su
objetivo fue analizar la hipótesis de que el tratamiento
antiarrítmico guiado mediante EEF y/o el DAI puede reducir
el riesgo de muerte arrítmica o parada cardíaca en
pacientes con infarto previo, TVNS, FEVI inferior o igual al 40% y
TV sostenida inducible en el estudio electrofisiológico.
Estos pacientes fueron aleatorizados a tratamiento conservador (con
inhibidores de la enzima conversora de la angiotensina [IECA] y/o
betabloqueadores) o tratamiento antiarrítmico guiado
mediante EEF o DAI en caso de fracaso del primero. El grupo de
tratamiento antiarrítmico demostró una
reducción del 23% del riesgo relativo. Analizando el
objetivo secundario de la mortalidad global, hubo una tendencia
hacia una reducción en el grupo de tratamiento
antiarrítmico, aunque no alcanzó significación
estadística. Cuando se analizó el subgrupo de
pacientes que recibieron DAI, se comprobó que éstos
tuvieron una mayor supervivencia que el resto. De hecho, cuando se
analizan los resultados excluyendo a los pacientes con DAI, no se
observan diferencias entre el grupo de tratamiento conservador y el
de tratamiento antiarrítmico.
Aunque estos
resultados apuntan hacia un beneficio del DAI en los pacientes con
las características mencionadas, parece prudente esperar al
resultado de otros estudios actualmente en marcha (MADIT 2,
BEST-ICD, SEDET, DEFINITE) para establecer conclusiones definitivas
en este tipo de pacientes.
Con la
información de los estudios mencionados, en los pacientes
con infarto previo y EV no está indicado el tratamiento
antiarrítmico, salvo cuando haya síntomas, en cuyo
caso se ensayarán betabloqueadores o, si hay fracaso,
amiodarona.
Si el paciente
tiene TVNS, su manejo debe abordarse de un modo individualizado,
realizándose una correcta valoración de los factores
clínicos más relevantes, como el grado de
disfunción ventricular, la presencia o ausencia de
insuficiencia cardíaca y la presencia o no de isquemia
residual. Siempre que sea posible, si existe disfunción
ventricular, se instaurará tratamiento con betabloqueadores
e IECA, y si existe isquemia residual se intentará
corregirla por el método más apropiado a cada
caso.
En los pacientes
con TVNS que reúnan las características de los
pacientes que se incluyeron en el estudio MADIT (infarto de
miocardio = 3 semanas; FE < 35%; CF < IV; no
revascularizables), se realizará estudio
electrofisiológico y se seguirá una estrategia tipo
MADIT, teniendo siempre en cuenta que, dadas las limitaciones de
este estudio, debe procurarse que el implante de DAI
profiláctico se reserve para pacientes con alto riesgo de
muerte súbita401,402.
PACIENTES CON
MIOCARDIOPATÍA DILATADA
El significado
pronóstico de las AVNS en estos pacientes es controvertido.
Existe poca evidencia de que éstas se relacionen con un
mayor riesgo de muerte súbita, aunque sí se
relacionan con un aumento de la mortalidad
global353,356. Esta falta de correlación puede
deberse a la frecuencia de AVNS en este grupo de pacientes y a su
alta mortalidad global.
La utilidad del
ECG de promediado de señales en estos pacientes es escasa.
Su sensibilidad y especificidad para predecir la inducibilidad de
TV sostenida en el EEF es del 66 y el 86%,
respectivamente403, y existen resultados contradictorios
sobre la utilidad de esta técnica para precedir muerte
arrítmica, cardíaca o
global404,405.
El EEF no aporta
ningún beneficio en estos pacientes. Los estudios realizados
no han encontrado una correlación entre la inducibilidad de
TV sostenida y el desarrollo de TV o FV espontáneas o la
mortalidad global406-409.
El tratamiento
con fármacos tipo I en pacientes con miocardiopatía
dilatada e insuficiencia cardíaca se asocia a un aumento de
mortalidad410,411.
Por
consiguiente, en estos pacientes no debe instaurarse ningún
tratamiento, excepto en el caso de que presenten síntomas y
la supresión de la ectopia ventricular sea importante para
mejorar su calidad de vida. En este caso deben emplearse
fármacos que no aumenten la mortalidad, preferiblemente
betabloqueadores si son tolerados, o amiodarona.
PACIENTES CON
DISFUNCIÓN VENTRICULAR E INSUFICIENCIA
CARDÍACA
Los pacientes
con insuficiencia cardíaca son el grupo que más debe
ser objeto de prevención primaria, ya que la supervivencia
en ellos es tan sólo de un 25% a los 5 años en
varones y de un 38% en mujeres, con un 50% de las muertes de forma
súbita. Aproximadamente el 60% de los pacientes con
insuficiencia cardíaca tienen 30 EV por hora, y el 50%
presentan TVNS.
Sin embargo, el
valor pronóstico de las arritmias ventriculares no
sostenidas es controvertido. Doval et al412 demostraron
que, en pacientes con insuficiencia cardíaca de diversa
etiología (no sólo isquémica), la presencia de
episodios de TVNS constituye un marcador independiente de una mayor
mortalidad súbita y global. Sin embargo, más
recientemente Singh et al413 han demostrado que, en
pacientes con EV e insuficiencia cardíaca bajo tratamiento
vasodilatador, la presencia de TVNS en los registros Holter no es
un factor de riesgo pronóstico independiente de mortalidad
global ni de muerte súbita, cuando se ajusta por otras
variables, especialmente la fracción de eyección del
VI. Sólo la FE y la clase funcional fueron predictores
independientes de mortalidad global, y únicamente la
fracción de eyección fue predictor de muerte
súbita.
Diversos
estudios han analizado la utilidad de la amiodarona en pacientes
con insuficiencia cardíaca y arritmias ventriculares no
sostenidas. Así, Nicklas et al estudiaron a pacientes con
insuficiencia cardíaca severa y arritmias ventriculares no
sostenidas asintomáticas, y comprobaron que, aunque la
amiodarona redujo la actividad ectópica ventricular, no
consiguió una reducción de la mortalidad global ni
súbita414.
En el estudio
EPAMSA la amiodarona redujo la mortalidad global al año en
un 71% y la mortalidad súbita en un 20,4% en pacientes con
FE menor del 35% y arritmias ventriculares grados II a IV de
Lown415.
El estudio
GESICA analizó el efecto de dosis bajas de amiodarona en
pacientes con insuficiencia cardíaca crónica severa
que no presentaban arritmias ventriculares sintomáticas. El
39% de los pacientes tenían infarto previo, y el 61%,
miocardiopatía dilatada no isquémica o enfermedad de
Chagas. La amiodarona redujo la mortalidad global, aunque no la
mortalidad por insuficiencia cardíaca progresiva ni
súbita410.
El estudio
CHF-STAT analizó el efecto de la amiodarona sobre la
mortalidad global en pacientes con insuficiencia cardíaca,
FE inferior al 40% y arritmias ventriculares no sostenidas
asintomáticas (< 10 EV/h). El 71% de los pacientes
presentaban miocardiopatía isquémica, y dos tercios
tenían una FE menor del 30%. No hubo diferencias con
respecto al placebo en la mortalidad global. Cuando se analizaron
por separado los grupos en función de la etiología,
la amiodarona no presentó diferencias en pacientes con
cardiopatía isquémica, pero sí una tendencia a
una mejor supervivencia en pacientes con miocardiopatía no
isquémica (p = 0,07). La amiodarona redujo
significativamente el número de EV por hora en ambos grupos,
y el beneficio sobre la supervivencia en el grupo de
miocardiopatía no isquémica no dependió de una
mayor supresión de la actividad ectópica
ventricular416.
También
se está analizando el papel preventivo del DAI en el grupo
de pacientes con insuficiencia cardíaca. El estudio
SCD-HeFT, actualmente en curso, analiza la hipótesis de que
la amiodarona o el DAI pueden mejorar la supervivencia en pacientes
con FE inferior o igual al 35%, clases funcionales II o III sin
historia previa de TV sostenida.
Con la
información disponible hasta la fecha, no está
indicado el tratamiento antiarrítmico en pacientes con
insuficiencia cardíaca y arritmias ventriculares no
sostenidas, excepto en pacientes sintomáticos, en cuyo caso
debe emplearse la amiodarona. Queda por aclarar el papel del
desfibrilador y de la amiodarona en la supervivencia de estos
pacientes.
MIOCARDIOPATÍA
HIPERTRÓFICA
Dos estudios
realizados a principios de los ochenta demostraron de forma
independiente una asociación entre la presencia de episodios
de TVNS en el Holter y la muerte súbita en estos
pacientes417,418. Basándose en estas
observaciones, se propuso que los pacientes con TVNS debían
ser tratados con fármacos antiarrítmicos, lo que
condujo al uso de estos fármacos (principalmente amiodarona)
en pacientes con miocardiopatía hipertrófica y
episodios de TVNS asintomáticos. Un estudio retrospectivo
evidenció una mejoría en la supervivencia de
pacientes con TVNS asintomática tratados con amiodarona, en
comparación con controles históricos que recibieron
tratamiento convencional419. Sin embargo, datos
más recientes no apoyan esta conclusión y apuntan a
que este fármaco puede incluso ejercer un efecto
proarrítmico420. Además, la mayoría
de estos pacientes no son de alto riesgo. Spirito et al observaron
que, si bien los pacientes asintomáticos o sólo
levemente sintomáticos con episodios breves o infrecuentes
de TVNS tuvieron un riesgo de muerte súbita mayor (aunque
estadísticamente no significativo), la mortalidad en este
grupo fue baja (< 1,5% anual)421. Por consiguiente,
hoy día no se sigue recomendando el tratamiento
antiarrítmico en estos pacientes. Este estudio no
analizó, sin embargo, el valor de la TVNS como predictor de
aumento de riesgo de muerte súbita en pacientes con
síncope reciente o recurrente, o en pacientes con
insuficiencia cardíaca. En este grupo, la
identificación de TVNS en el Holter debe conducir a una
caracterización más detallada de aquellos individuos
de alto riesgo que pueden beneficiarse en mayor medida del
tratamiento con amiodarona, desfibrilador implantable o
miectomía.
En cuanto a la
utilidad del EEF en pacientes con TVNS, Fananapazir et al
demostraron que la inducción de TV sostenida fue predictor
de mortalidad422. Sin embargo, muchos de los pacientes
incluidos en este estudio eran supervivientes de parada
cardíaca, tenían antecedentes de síncope o
fibrilación auricular de muerte súbita y el valor
predictivo del EEF en pacientes asintomáticos con
miocardiopatía hipertrófica y TVNS es
desconocido.
No debemos
olvidar que la información disponible se basa en estudios
retrospectivos realizados en centros de referencia altamente
especializados.
En resumen, en
pacientes con miocardiopatía hipertrófica y TVNS no
está indicado el tratamiento antiarrítmico, pero se
debe hacer una estratificación de riesgo más
exhaustiva.
ARRITMIAS VENTRICULARES
NO SOSTENIDAS EN OTRAS SITUACIONES
Existe muy poca
información en la bibliografía sobre el valor
pronóstico y el abordaje de las AVNS en pacientes con otros
tipos de cardiopatías como valvulopatías (incluyendo
prolapso mitral), miocardiopatía arritmogénica del VD
y otras miocardiopatías, cardiopatías
congénitas, etc.
En general,
podemos decir que no está indicado el tratamiento
antiarrítmico en pacientes con EV o TVNS
asintomáticas en grupos de pacientes. En pacientes
sintomáticos el tratamiento de elección serán
los betabloqueadores o amiodarona en caso de fracaso, mala
tolerancia o contraindicación de los primeros.
Las indicaciones
de tratamiento en pacientes con AVNS se presentan en la tabla
18.

6. TAQUICARDIAS
VENTRICULARES SOSTENIDAS (EN AUSENCIA DE SÍNDROME DE PARADA
CARDÍACA)
ASPECTOS
TERMINOLÓGICOS
Cuando el
episodio es de corta duración, se denomina
«taquicardia ventricular (TV) no sostenida», reservando
el término de «TV sostenida» para los episodios
de larga duración. Convencionalmente se acepta que una
duración superior a 30 s define una TV como
sostenida.
Desde el punto
de vista electrocardiográfico, la TV puede ser
monomórfica, cuando los complejos QRS de la taquicardia
son iguales entre sí, o polimórfica, cuando
los QRS van variando en su morfología durante un mismo
episodio de taquicardia.
Aunque
teóricamente ambas pueden tener un carácter
sostenido, las TV polimórficas son habitualmente inestables
y degeneran en fibrilación ventricular cuando su
duración es prolongada. Por ello, este apartado se
circunscribirá a las TV monomórficas.
INTRODUCCIÓN
A diferencia de
otras formas de arritmia, y muy especialmente de la
fibrilación ventricular, la taquicardia ventricular
sostenida tiene una notable diversidad de manifestaciones
sintomáticas, pudiendo ir desde una ausencia completa o casi
completa de síntomas hasta producir un colapso circulatorio
completo (parada cardíaca). Los pacientes en los que una
taquicardia ventricular haya producido una situación de
parada cardíaca son considerados, por su especial gravedad,
en epígrafe aparte (véase apartado siguiente,
«Parada cardíaca»).
La
consideración de la taquicardia ventricular como arritmia
muy grave ha motivado que nunca se haya juzgado ético dejar
a estos pacientes sin tratamiento específico, por lo que, en
realidad se desconoce la historia natural de esta arritmia. Esto,
junto al hecho de que es una arritmia infrecuente, que muchos de
estos pacientes tienen una severa cardiopatía estructural, y
a menudo una importante enfermedad no cardíaca, ha
condicionado una tremenda escasez de estudios
controlados.
El tratamiento
de las TV no puede establecerse sin un conocimiento profundo de la
cardiopatía estructural subyacente en cada paciente.
Ésta puede ser muy variable, desde la más severa
disfunción ventricular a la más estricta normalidad
(con los métodos exploratorios actuales)423,424.
La severidad de la patología estructural subyacente es un
condicionante pronóstico de primera magnitud en los
pacientes con TV425. Además, la aplicabilidad y
eficacia de determinados tratamientos (principalmente los de
carácter ablativo) vienen mediatizadas por el sustrato
patológico. Por todo ello, consideraremos el tratamiento de
las TV por grupos, en dependencia de la cardiopatía
subyacente.
La gran variedad
de medidas terapéuticas y su muy diferente naturaleza han
supuesto otra importante dificultad para la realización de
estudios comparativos. En la tabla 19 se exponen las diferentes
opciones terapéuticas empleadas en pacientes con
TV.

El aspecto
evolutivo de las diversas medidas terapéuticas constituye
otra dificultad añadida a la hora de elegir terapias.
Así, por ejemplo, mientras que algunos fármacos de
clase I ya se utilizaban cuando empezó a emplearse la
estimulación programada en los años setenta, la
amiodarona no se usó a gran escala hasta los ochenta y el
sotalol con posterioridad. La cirugía antiarrítmica
ya se usaba a principios de los ochenta, y el desfibrilador
implantable se fue extendiendo hacia mediados de esa década,
pero la ablación con radiofrecuencia no se difundió
hasta entrados los noventa. Estas diferencias temporales han
supuesto una dificultad añadida para las comparaciones entre
terapias diversas.
MEDIDAS
TERAPÉUTICAS EMPLEADAS EN PACIENTES CON TAQUICARDIA
VENTRICULAR
(tabla 19)
Tratamiento exclusivo de
la cardiopatía de base
Ya se ha
mencionado que las TV son sumamente heterogéneas en cuanto a
pronóstico, dependiendo éste de la patología
subyacente y de la tolerancia clínica de la
TV426,427. En aquellos sujetos de buen
pronóstico, la necesidad de terapéutica
dependerá de los síntomas. Si éstos son
escasos y los episodios infrecuentes, dados los riesgos de las
diferentes terapias (y muy en especial de la farmacológica),
puede estar justificada una actitud basada en el tratamiento de la
cardiopatía subyacente pero sin medidas
específicamente antiarrítmicas.
Fármacos
antiarrítmicos
Tratamiento del
episodio agudo de taquicardia ventricular
(tabla 20)

Si la TV es mal
tolerada y condiciona una disminución del estado de
conciencia o hipotensión severa, el tratamiento de
elección es la cardioversión eléctrica
inmediata.
En situaciones
menos comprometidas, el tratamiento farmacológico es de
primera elección. Aunque la lidocaína es útil
en las arritmias de la fase aguda del infarto, lo es menos fuera de
ésta, que es el contexto habitual de las TV sostenidas. En
un estudio comparativo entre lidocaína y procainamida i.v.,
ésta fue más efectiva428. También
se han usado con cierto éxito el sotalol, la propafenona y
la amiodarona. El fármaco más contrastado y
preferible de primera elección es la procainamida i.v. El
verapamilo i.v. no sólo es ineficaz en la mayoría de
las TV, sino que puede ser deletéreo incluso en sujetos con
presión arterial mantenida durante el
episodio429. Por este motivo debe ser proscrito en toda
taquicardia de QRS ancho, a menos que haya plena seguridad de que
se trata de una taquicardia supraventricular.
El empleo de
varios fármacos antiarrítmicos por vía
intravenosa simultáneamente puede potenciar los efectos
tóxicos de cada uno de ellos. Por esto, en principio, ante
la ineficacia del primer fármaco debe considerarse la
cardioversión eléctrica en primer lugar, a no ser que
se espere el tiempo suficiente hasta la desaparición de los
efectos farmacológicos.
Tratamiento
crónico para profilaxis de nuevos episodios
Los
fármacos antiarrítmicos han constituido el pilar del
tratamiento de las TV durante años. El estudio CAST, aparte
de poner de manifiesto que la flecainida y encainida eran
perniciosas en pacientes postinfarto, supuso la toma de conciencia
de los efectos tóxicos y proarrítmicos de los
fármacos antiarrítmicos en general430. Hoy
se acepta que los fármacos de clase I no deben usarse en
sujetos con disfunción ventricular izquierda.
Se ha pretendido
«guiar» el tratamiento farmacológico buscando un
«fármaco a la medida de cada paciente». En
general, y por lo que respecta a la estimulación
eléctrica programada, numerosos estudios realizados a
finales de los setenta y principios de los ochenta demostraron que
los sujetos tratados con fármacos que no suprimían la
inducibilidad de la TV tenían más probabilidad de
recurrencia de la TV que aquellos que recibían
fármacos que suprimían su
inducibilidad431-434. No obstante, el escaso uso de
fármacos de clase I en la actualidad y el comportamiento
relativamente paradójico de la amiodarona (fármaco
relativamente eficaz, pero que rara vez suprime la inducibilidad)
han motivado una disminución en el uso de pruebas
electrofarmacológicas. Por otra parte, el estudio ESVEM
demostró que el sotalol es superior a los fármacos de
clase I, aun en sujetos en quienes la «guía
terapéutica» predecía
eficacia435.
Los
fármacos más empleados en la actualidad para el
tratamiento de las TV son el sotalol, la amiodarona y los
betabloqueadores (metoprolol)436. Un estudio aleatorio
reciente demuestra que el sotalol es superior a la amiodarona en
pacientes con TV e infarto crónico y que persisten con TV
inducible437.
Revascularización
coronaria
La
revascularización coronaria puede mejorar el
pronóstico e incluso disminuir la tasa de muerte
súbita. Sin embargo, la TV depende de un sustrato estable
relacionado con la escara del infarto, y ésta rara vez se
modifica con la revascularización. Se ha observado que la TV
casi siempre sigue siendo inducible tras la
revascularización438. Por esto, el tratamiento
revascularizador, aunque pueda ser coadyuvante, no debe ser el
único tratamiento antiarrítmico en pacientes con
TV.
Cirugía
antiarrítmica directa
La
cirugía antiarrítmica, en especial la
resección subendocárdica, introducida a finales de
los setenta es un tratamiento de contrastada eficacia. Su mayor
inconveniente es la alta mortalidad operatoria, no inferior al 10%
en las series de los años ochenta439,440. En
series recientes, con una mejor selección de candidatos, la
mortalidad operatoria se aproxima al 5%441,442. El
candidato adecuado se caracteriza por aneurisma ventricular bien
localizado y FE superior al 30%443. Sin embargo, una
constelación de fenómenos, como la disminución
de los aneurismas ventriculares postinfarto (por una mayor
difusión de las terapias revascularizadoras), la
introducción de la ablación con catéter, la
simplificación de las técnicas de implantación
de los desfibriladores y la pérdida de experiencia de los
cirujanos en la resección subendocárdica, ha motivado
un declive en la cirugía antiarrítmica directa hasta
su casi total desaparición en la actualidad. No obstante,
debe seguir considerándose en los candidatos adecuados,
siempre que la realicen grupos con cierta experiencia, y sobre todo
cuando el paciente tenga indicación de
revascularización quirúrgica.
Ablación por
catéter y radiofrecuencia
Se trata de una
terapia que pretende destruir el sustrato arritmogénico
mediante la ablación de una pequeña zona
endocárdica. De ahí que su mayor eficacia se espere
cuanto más localizado y más endocárdico sea el
foco arritmogénico. El sistema convencional implica una
cartografía de activación previa para localizar el
lugar de origen de la TV, lo que limita su uso a TV que sean
«vistas» en el laboratorio de electrofisiología
(es decir, inducibles o incesantes) y aceptablemente toleradas. La
principal conclusión de los estudios publicados es la baja
morbimortalidad444. Su eficacia está muy en
relación con la patología estructural subyacente
(véase más adelante). Existe un tipo de mecanismo de
reentrada que involucra principalmente a ambas ramas del His
(taquicardia rama-rama)445. Este tipo de taquicardia es
particularmente accesible al tratamiento mediante ablación
(ablación de una de las ramas)446.
Cardioversor-desfibrilador implantable
Se trata de una
medida de eficacia clínica bien
comprobada447,448. Debido al perfeccionamiento
tecnológico de los últimos años (en especial,
por lo que respecta a las TV, la introducción con alta
eficacia de la terapia de estimulación antitaquicardia) y a
la simplificación de su implantación se ha difundido
su uso. Sin embargo, no debe olvidarse que se trata de una terapia
que no evita la aparición de la arritmia (funciona
terminando la taquicardia en poco tiempo), por lo que parte de los
síntomas de la TV pueden persistir. Además, las
descargas, que son sumamente dolorosas, pueden limitar de forma
significativa la calidad de vida. Por todo lo anterior, y sin negar
su eficacia, reconocemos que, a igualdad de beneficio en cuanto a
supervivencia, debemos preferir las terapias ablativas.
Trasplante
cardíaco
Se trata de una
terapia de erradicación absoluta del lugar de origen de la
TV, pues éste se localiza en los ventrículos que son
sustituidos. Ahora bien, la significativa morbimortalidad de esta
terapia y la dificultad de obtener donantes hacen que el trasplante
se reserve a TV especialmente resistentes a los demás
tratamientos y con alto riesgo para la vida. Sin embargo, en casos
con indicación límite de trasplante por la
cardiopatía de base, la presencia de TV de difícil
control puede inclinar a adelantar la indicación de
trasplante.
SITUACIONES
CLÍNICAS ESPECIALES
Papel del estudio
electrofisiológico
En sentido
estricto, algunos tratamientos como el farmacológico o el
desfibrilador implantable no precisan de estudio
electrofisiológico previo. Sin embargo, éste puede
aportar tres elementos esenciales en el tratamiento de la
mayoría de los pacientes con TV: a) puede confirmar
el diagnóstico de TV frente a taquicardias
supraventriculares («nada habría más
desafortunado que implantar un desfibrilador a un paciente con
taquicardia supraventricular de QRS ancho por no haberle realizado
un estudio electrofisiológico»); b) define si
la TV es inducible o no, lo que tiene importantes implicaciones
para poder «guiar» la terapia o evaluar los resultados
de tratamientos ablativos, y c) identifica el mecanismo de
taquicardia por reentrada rama-rama, cuya importancia radica en el
posible tratamiento con ablación de una de las
ramas
Taquicardia ventricular
sincopal
El que una TV
cause síncope, aparte de implicar un elemento de riesgo,
supone una dificultad adicional para las técnicas de
ablación. En ocasiones esta dificultad puede vencerse si,
bajo tratamiento farmacológico, la TV se hace más
lenta y mejor tolerada o localizando su origen mediante
topostimulación. Esto tiene especial relevancia en las TV
sin cardiopatía estructural detectable.
Taquicardia ventricular
incesante
La
presentación típica de las TV es paroxística.
En la mayoría de las ocasiones las TV se «vuelven
incesantes» por toxicidad farmacológica o mala
situación clínica (insuficiencia cardíaca). De
no ser así (y aun siendo así, si la vida media del
fármaco es larga), se precisa una actuación
clínica radical y urgente. El desfibrilador está
contraindicado en esta situación porque la multiplicidad de
terapias (especialmente las descargas) son intolerables para el
paciente y agotan la batería.
Deben probarse
los fármacos (si no son la causa), y entre ellos los
betabloqueadores son especialmente eficaces. El siguiente
tratamiento es la ablación con catéter449,
y si ésta es ineficaz debe considerarse la cirugía
antiarrítmica (si el sustrato es infarto crónico) y,
finalmente, el trasplante.
«Taquicardia
ventricular» no inducible
Hay pacientes
que desarrollan taquicardias de QRS ancho que probablemente sean
TV, pero en los que no se inducen TV con estimulación
programada o isoproterenol. Cuando esto sucede, debemos en primer
lugar depurar el diagnóstico electrocardiográfico de
la arritmia espontánea al máximo. El que una TV no
sea inducible dificulta el poder «guiar» la terapia o
evaluar los resultados de tratamientos ablativos.
EL ESTUDIO
AVID
Es el estudio
controlado más importante sobre el tratamiento de las
TV448. Ha demostrado que en pacientes con
fibrilación ventricular, taquicardia ventricular sincopal o
taquicardia ventricular sostenida sintomática y
fracción de eyección inferior a 0,41 la supervivencia
de los pacientes tratados con desfibrilador es superior a la de
aquellos tratados con amiodarona. Los beneficios no parecen diferir
en cada uno de los tres grupos de pacientes. El 81% de los
pacientes presentaba cardiopatía coronaria y la
fracción de eyección media era de 0,32. La
limitación principal de este estudio es que los tratamientos
con ablación o cirugía no se contemplan. El mensaje
principal es la superioridad del desfibrilador sobre la amiodarona
en estos pacientes.
INDICACIONES GENERALES EN
EL TRATAMIENTO DE LAS TAQUICARDIAS VENTRICULARES
Las indicaciones
generales en el tratamiento de las TV se presentan en la tabla
21.

INDICACIONES
ESPECÍFICAS EN FUNCIÓN DE LA CARDIOPATÍA DE
BASE
(tabla 22)

Taquicardia ventricular
en sujetos con corazón estructuralmente normal
En algunos
sujetos con TV, los métodos cardiológicos habituales
para evaluar la estructura y función mecánica
cardíacas son normales. Algunos autores se refieren a estas
TV como TV idiopáticas.
La
mayoría de los casos se ajustan a dos formas
electrocardiográficamente características:
1. QRS de
tipo bloqueo de rama izquierda, con eje inferior. Estas TV tienen
su origen en el tracto de salida del ventrículo
derecho.
2. QRS de
tipo bloqueo de rama derecha, con eje superior. Estas TV tienen su
origen en regiones inferiores del ventrículo
izquierdo.
Taquicardias
ventriculares de tracto de salida del ventrículo
derecho
Típicamente se presentan en breves rachas, entremezcladas
con frecuentes extrasístoles, con QRS de igual
morfología («TV repetitiva
monomórfica»).
El riesgo de
muerte súbita de los pacientes con esta forma de TV parece
ser escaso450.
Típicamente se desencadenan por situaciones
«catecolaminérgicas» como la actividad
física, por lo que suelen responder a los
betabloqueadores451-453. También pueden responder
al verapamilo451,452.
Se ha utilizado
la ablación con radiofrecuencia. Las series publicadas
comunican pocos casos, con tasas de éxito entre el 60 y el
90%454-457. Se han descrito complicaciones durante los
procedimientos de ablación en casos aislados, pero que
pueden ser incluso mortales458.
No hay
experiencia con cirugía o terapia con otros fármacos
antiarrítmicos, y la posible experiencia con el
desfibrilador implantable se halla «diluida» en las
series globales de esta terapia.
Taquicardia
ventricular idiopática del ventrículo
izquierdo
El
riesgo de muerte súbita de los pacientes con esta forma de
TV parece ser escaso450. Esta TV es típicamente
sensible al verapamilo, por cuanto este fármaco intravenoso
provoca la terminación del episodio459. Sin
embargo, el verapamilo oral no siempre es útil para prevenir
las recurrencias460. Hay poca información
respecto a otros tratamientos farmacológicos en este tipo de
TV.
En años
recientes, numerosos grupos han comunicado sus resultados con
ablación mediante radiofrecuencia en este tipo de TV. Son
series de pocos pacientes, pero la tasa de éxito es superior
al 80% en todas ellas454,456-458,461.
No hay
experiencia con cirugía o terapia con otros fármacos
antiarrítmicos, y la posible experiencia con el
desfibrilador implantable se halla «diluida» en las
series globales de esta terapia.
Displasia
arritmogénica del ventrículo derecho
Se producen
taquicardias por reentrada de origen ventricular derecho. Son
típicamente taquicardias muy rápidas de
carácter paroxístico, con frecuentes recurrencias. En
el seguimiento a largo plazo se ha observado bajo riesgo de muerte
súbita462, aunque una serie de necropsias de
jóvenes muertos súbitamente observó una
significativa incidencia de displasia ventricular
derecha463. El tratamiento con sotalol parece ser
útil, especialmente si suprime la inducibilidad, y superior
a otros antiarrítmicos. En un estudio se observó que,
tanto en pacientes no inducibles como en aquellos en los que la
arritmia inducida se suprimió con este fármaco, la
incidencia de recurrencias arrítmicas fue baja y
ningún paciente falleció súbitamente durante
un seguimiento medio de casi 3 años462. Hay poca
experiencia con ablación, y los resultados parecen ser
mediocres, por lo que se debe reservar para los casos que
permanecen inducibles o experimentan recurrencias con sotalol. Dado
que muchos de estos pacientes son muy jóvenes, el DAI se
reserva para aquellos en los que fracasan las terapias
previas464.
Miocardiopatía
dilatada
En esta entidad
la TV sostenida comporta una tasa de mortalidad súbita
significativa465. Se han realizado estudios seriados que
refieren una baja tasa de supresión de la inducibilidad con
fármacos, aunque con baja mortalidad arrítmica en los
pacientes cuyas arritmias se suprimen466. Existen dos
mecanismos bien diferenciados de TV en estos pacientes: a)
la reentrada rama-rama, que es infrecuente en general, pero no en
este contexto, y b) TV de origen intramiocárdico. La
reentrada rama-rama tiene un tratamiento específico de alta
efectividad: la ablación con radiofrecuencia446.
Por ello es particularmente importante realizar un estudio
electrofisiológico a estos pacientes. Por el contrario, en
la TV intramiocárdica la ablación raramente es
eficaz467. El DAI es eficaz en este contexto, por lo que
es de elección en la TV
intramiocárdica465.
Cardiopatía
coronaria
La
ablación en estos casos ofrece actualmente una eficacia de
entre el 50 y el 75%, con una baja tasa de
complicaciones468-474. Por este motivo, en los casos
adecuados, cuando la TV espontánea es inducible y
aceptablemente tolerada, resulta una opción de primera
elección si la fracción de eyección es menor
de 0,41 (fármacos no indicados segun el estudio AVID). Si la
fracción de eyección es mayor de 0,40, son
aceptables, de entrada, tanto los fármacos como la
ablación. Entre los primeros, la preferencia inicial
sería el sotalol475, siendo optativo realizar
estudios encaminados a guiar la terapia. En los casos no adecuados
para ablación, si la fracción de eyección es
inferior a 0,41, se indicará DAI, y si ésta es
superior a 0,40 se reservará el DAI para los casos de
ineficacia farmacológica. Si existe indicación de
revascularización quirúrgica y hay aneurisma
localizado con fracción de eyección mayor de 0,30, se
considerará la cirugía
antiarrítmica.
7. PARADA CARDÍACA
POR TAQUIARRITMIA VENTRICULAR
INTRODUCCIÓN
Las arritmias
ventriculares con parada cardíaca representan una
situación particular por diversos motivos: a) si no
son tratadas de inmediato provocan el fallecimiento del paciente y
son la causa de muerte cardíaca más frecuente;
b) pueden ocurrir en un paciente con una cardiopatía
que, por otro lado, está en una situación estable y,
por tanto, representan una causa de muerte
«inesperada»; c) con el mismo grado de
cardiopatía representan un factor pronóstico negativo
importante, y d) la incidencia de recurrencia del episodio
en el seguimiento puede llegar al 50% de los pacientes.
En el estudio de
Bayés et al476 revisando los registros de Holter
de 157 pacientes que fallecieron súbitamente mientras
estaban monitorizados, se observó que en el 62% de los casos
la arritmia inicial era una taquicardia ventricular que degeneraba
en fibrilación ventricular. La presencia de taquicardias
ventriculares polimórficas (tipo torsade de pointes)
se observa en un 15%, siendo menos frecuente la presencia de
bradi-
arritmias. En cuanto a la patología subyacente, más
del 80% de los pacientes presentaban una cardiopatía
isquémica.
Tanto en la fase
aguda como más tarde, las complicaciones más
importantes de un paciente con infarto agudo de miocardio
están en función de la presencia de inestabilidad
eléctrica, isquemia residual y disfunción ventricular
izquierda. Las manifestaciones clínicas graves de estos
factores de riesgo son, respectivamente, la aparición de
arritmias ventriculares malignas que puede llevar a una parada
cardíaca y muerte súbita, nuevo accidente
isquémico (angina y/o infarto) e insuficiencia
cardíaca. Las arritmias ventriculares causantes de muerte
súbita cardíaca son debidas a la presencia de unos
factores desencadenantes que actúan sobre un miocardio
vulnerable habitualmente una cicatriz postinfarto que
lleva a una arritmia maligna.
En cuanto a los
tratamientos preventivos posibles ante un paciente con
cardiopatía isquémica recuperado de muerte
súbita son: a) tratamiento antiarrítmico
(empírico o guiado); b) desfibrilador implantable;
c) cirugía de revascularización, y d)
cirugía «antiarrítmica» de
resección endocárdica (véase apartado
anterior).
CIRUGÍA DE
REVASCULARIZACIÓN EN LA PREVENCIÓN DE ARRITMIAS
VENTRICULARES
Es bien conocido
que el pronóstico de los pacientes postinfarto depende de la
presencia de disfunción ventricular, isquemia e
inestabilidad eléctrica. Estos parámetros no son
cajones estancos, sino que interactúan mutuamente. Desde
hace tiempo sabemos que el pronóstico de los pacientes con
isquemia postinfarto es más desfavorable. Théroux et
al477, en un trabajo ya clásico, demuestran
cómo los pacientes con una prueba de esfuerzo positiva
postinfarto tienen una mortalidad cardíaca total y
súbita más alta.
Como ya hemos
mencionado, la aparición de una arritmia ventricular maligna
se debe a la acción de un trigger sobre un miocardio
vulnerable. Un paciente puede tener un sustrato vulnerable
cicatriz postinfarto y estar libre de arritmias durante
años. Desde un punto de vista fisiopatológico,
existen muchas evidencias de que la presencia de isquemia puede
provocar o favorecer la aparición de taquicardias
ventriculares a través de: a) enlentecimiento de la
conducción; b) prolongación de la
recuperación de la excitabilidad; c) cambios en la
refractariedad (más corta que en los miocitos normales;
d) dispersión de los períodos refractarios,
facilitando la instauración de circuitos de reentrada, y
e) aumento de la actividad simpática.
Sin embargo, las
correlaciones e implicaciones clínicas de estos hallazgos
experimentales no están tan bien definidas. En el estudio de
Bayés et al, menos del 15% de los pacientes presentaban
alteraciones isquémicas que precedieron al episodio de
muerte súbita. Esto indica que la isquemia es un marcador
evidente de riesgo, pero que no actúa habitualmente como
mecanismo desencadenante. La relación entre isquemia y
muerte súbita depende de la intensidad y duración de
la isquemia. Cuando ésta es transmural, severa y persistente
(infarto agudo de miocardio), origina con cierta frecuencia
arritmias ventriculares malignas y muerte
súbita478. La incidencia de muerte súbita
es similar en estos pacientes independientemente de que el infarto
de miocardio sea silente o no, tal como se deduce de los resultados
del estudio Framingham479,480.
La isquemia
transmural pero de corta duración, como es el caso de la
angina de Prinzmetal, o bien durante la realización de
angioplastias coronarias, se puede acompañar de arritmias
ventriculares (extrasistolia ventricular o TV no sostenidas), pero
en muy pocas ocasiones estas arritmias llegan a ser
graves481,482.
Estudiando las
cintas de Holter de pacientes con episodios de angina de
Prinzmetal, y a pesar de elevaciones muy importantes del segmento
ST, de la presencia de angina y de duraciones relativamente
prolongadas de la crisis, la incidencia de arritmias ventriculares
graves es rara483. Estas conclusiones son similares a
las encontradas por Meinertz et al484, que no observaron
en ningún caso una arritmia ventricular grave durante la
realización de angioplastias coronarias.
La
relación entre la isquemia subendocárdica transitoria
y las arritmias ventriculares no se conoce bien. En ocasiones se
observan extrasístoles ventriculares y taquicardias
ventriculares no sostenidas durante una prueba de esfuerzo con
signos de isquemia aguda subendocárdica, pero es
extremadamente rara la presencia de episodios de taquicardia
ventricular sostenida o fibrilación ventricular. En estudios
realizados con electrocardiografía de Holter se han
encontrado resultados discordantes, aunque en nuestra experiencia
no existe una relación evidente485.
No encontrar una
relación directa entre la isquemia subendocárdica y
el desencadenamiento de arritmias ventriculares no implica que no
debamos tener en cuenta este aspecto cuando tratamos a un paciente
recuperado de una muerte súbita. Por un lado, debemos pensar
siempre en la posibilidad de un infarto de miocardio como
trigger de la arritmia ventricular (fibrilación
ventricular). Por otro, el pronóstico global de los
pacientes depende de la prevención no sólo de nuevos
episodios de arritmias ventriculares, sino también de un
tratamiento correcto de la isquemia miocárdica y de la
disfunción ventricular izquierda. En este sentido, sabemos
desde el estudio CASS486 que un paciente con lesiones
coronarias severas y disfunción ventricular izquierda puede
beneficiarse de una revascularización coronaria. Existen
estudios que aportan indicios de que la revascularización
altera la historia natural de las arritmias
ventriculares487-490: a) reduce el número
de episodios de TV (registradas por el
desfibrilador491); b) reduce la presencia de
potenciales ventriculares tardíos492, y c)
reduce la inducibilidad de arritmias ventriculares y las
recurrencias en el seguimiento438,493.
Actualmente,
vista la eficacia del DAI en la prevención de muerte
súbita, no existen muchos pacientes recuperados de parada
cardíaca en los que la revascularización se realice
sin implantar un DAI. Esta opción quedaría para los
casos en los que la relación entre isquemia aguda y episodio
de fibrilación ventricular quede muy bien establecida, o en
aquellos pacientes con un episodio de parada cardíaca en los
que se demuestra una isquemia miocárdica muy extensa y que
podamos revascularizar. Sin embargo, dado que el pronóstico
global de los pacientes depende no sólo de las arritmias
ventriculares, sino también del grado y extensión de
la isquemia, todo paciente recuperado de una parada cardíaca
debe ser evaluado en este sentido y ser sometido a
revascularización siguiendo las recomendaciones
actuales.
DESFIBRILADOR Y
FÁRMACOS ANTIARRÍTMICOS
Como ya hemos
mencionado, entre un 30 y un 50% de los pacientes con taquicardias
ventriculares sintomáticas y aquellos que ya han sufrido una
parada cardíaca presentarán un nuevo episodio de
parada cardíaca en los 2 años siguientes. Los
factores predictores de peor pronóstico son: a)
disfunción ventricular izquierda; b)
fibrilación ventricular (frente a taquicardia ventricular),
y c) falta de respuesta a fármacos
antiarrítmicos. Esta alta tasa de recurrencia observada
junto con la evolución técnica de los desfibriladores
implantables, la eficacia demostrada para el tratamiento de
arritmias malignas y la reducción de muerte súbita de
estos dispositivos han hecho que su utilización haya sido
muy amplia en este subgrupo de pacientes, aun antes de disponer de
grandes estudios aleatorios. Inicialmente el abordaje de estos
pacientes se realizaba mediante la selección del
«mejor» tratamiento antiarrítmico mediante tests
seriados con diversos fármacos494-497. Sin
embargo, esto sólo era factible en un 30 a un 40% de los
pacientes y, a pesar de que los pacientes en los que se encontraba
una medicación antiarrítmica tenían mejor
pronóstico, la tasa de muerte súbita no era
despreciable, especialmente entre los que presentaban
disfunción ventricular izquierda. Por otro lado, la
utilización de amiodarona empírica se asociaba con
una tasa más baja de muerte
súbita498.
Los estudios
iniciales con desfibrilador demuestran una incidencia de muerte
súbita en el seguimiento de sólo el 1 al 2% por
año499-514, lo que prueba la alta eficacia del
dispositivo en el tratamiento de las arritmias ventriculares
malignas.
Desde un punto
de vista clínico, hoy día las dos opciones ante un
paciente recuperado de una muerte súbita son la
utilización de amiodarona empírica frente al
desfibrilador autómatico implantable. Revisaremos
sucintamente los estudios más importantes que comparan estas
opciones. Si analizamos los estudios, la mayor parte de los
pacientes presentan una cardiopatía, y especialmente una
cardiopatía isquémica, ya que ésta es la
cardiopatía subyacente más frecuente en este grupo de
pacientes.
Como hemos
mencionado, inicialmente los estudios de eficacia del DAI
utilizaban como end-point la tasa de muerte súbita o,
en algunos casos, la mortalidad estimada según los choques
considerados adecuados. Sin embargo, aunque la reducción de
la tasa de muerte súbita es un dato muy importante, la
eficacia tanto del tratamiento antiarrítmico como del DAI
debe valorarse con el análisis de la mortalidad
total.
Desde 1985 la
implantación de un desfibrilador en los pacientes con
arritmias ventriculares y un alto riesgo de muerte súbita se
fue generalizando debido a los buenos resultados de estudios no
aleatorios515-517. Como ya hemos comentado estos
estudios no utilizaban la mortalidad total como end-point
final del estudio, sino la muerte súbita o la mortalidad
estimada según las descargas adecuadas del DAI. Aunque este
end-point es discutible, pusieron de manifiesto la
efectividad del dispositivo en el tratamiento de las arritmias
ventriculares potencialmente letales.
PRINCIPALES ESTUDIOS
CONTROLADOS EN PACIENTES CON ARRITMIAS VENTRICULARES RECUPERADOS DE
UNA PARADA CARDÍACA
El estudio
CASCADE518 se realizó entre 1984 y 1991. Su
objetivo era comparar la eficacia de la amiodarona empírica
frente al tratamiento guiado (por Holter, estimulación
eléctrica programada o ambos) en pacientes recuperados de
una muerte súbita extrahospitalaria. El end-point
primario era la mortalidad total. Se analizó, además,
un end-point combinando: mortalidad cardíaca, muerte
súbita recuperada y síncope con descarga adecuada del
desfibrilador. Se incluyeron 228 pacientes con un seguimiento de
hasta 6 años. La amiodarona fue más efectiva que el
tratamiento antiarrítmico guiado tanto en la
prevención de muerte cardíaca como de episodios
arrítmicos. La supervivencia a los dos años fue del
82 frente al el 69% y a los 6 años del 53 frente al 40% (p =
0,007). Sin embargo, existen algunas limitaciones en el estudio. En
primer lugar, a partir de 1988 se implantó un desfibrilador
a todos los pacientes que se incluían en el estudio. Por
otro lado, el tratamiento antiarrítmico fue suspendido o
modificado en un número importante de pacientes (en el 29%
del grupo inicialmente asignado a amiodarona y el 17% en el resto).
Esto, junto con el hecho de que la implantación de un
desfibrilador se realizara de forma sistemática, altera el
diseño del estudio de tal forma que dificulta la
contestación de la pregunta inicial sobre qué
estrategia terapéutica era superior. En parte debido a estos
resultados, los estudios posteriores al CASCADE se diseñaron
para comparar la amiodarona empírica con la
implantación de un DAI, lo que posiblemente constituye uno
de los «méritos» de este estudio.
En 1995 Wever et
al519 publican un primer estudio prospectivo en el que
se compara el DAI como terapéutica de primera
intención comparado con estrategias
«convencionales» en pacientes postinfarto recuperados
de una muerte súbita. Los end-points principales del
estudio fueron la mortalidad total, la recurrencia de muerte
súbita y el trasplante cardíaco. Se incluyeron 60
pacientes, con una duración media del seguimiento de 24
meses. El DAI se reveló superior al abordaje convencional
cuando se analizaba un end-point compuesto (mortalidad
total, muerte súbita recuperada y fallo cardíaco
terminal [el 14% frente al 35%; hazard ratio, 0,27;
intervalo de confianza, 0,09-0,85]). De todas formas, el estudio
presenta unas limitaciones que no debemos olvidar: a) el
número de pacientes es bajo; b) la estrategia
convencional contempla la utilización de fármacos del
grupo IA y IC (en desuso en la actualidad, ya que la mayoría
de estos pacientes presentan disfunción ventricular
izquierda); c) aproximadamente el 20% de los pacientes
fueron sometidos además a cirugía de resección
endocárdica; d) la utilización de un
end-point «combinado», y e) una mayor tasa
de revascularización en los pacientes asignados a DAI (el 27
frente al 9%).
En 1987 se
inicia un importante estudio para evaluar diversos tratamientos en
pacientes recuperados de muerte súbita (con y sin
cardiopatía), el CASH (Cardiac Arrest Study in
Hamburg)520. El diseño del estudio incluía
4 ramas aleatorias: betabloqueadores, propafenona, amiodarona y
DAI. El end-point primario era la mortalidad total. Desde el
inicio hasta la finalización del estudio en 1997 se
incluyeron 346 pacientes. Por desgracia, los resultados completos
del estudio aún no se han publicado en forma de
artículo completo. En 1992 se interrumpió la
aleatorización a propafenona debido a una mortalidad
más elevada con dicho fármaco. El análisis
conjunto de los dos grupos tratados farmacológicamente
(amiodarona y betabloqueadores) frente a DAI demuestra una
superioridad de éste más acusada en la tasa de muerte
súbita que en la de mortalidad total (mortalidad total del
12 frente al 19,6% [p = 0,047]; muerte súbita del 2 frente
al 11%). Debemos, sin embargo, esperar para poder analizar con
más detalle la eficacia de cada tratamiento en los
diferentes subgrupos (p. ej., pacientes con y sin
cardiopatía, FE baja frente a normal, etc.).
En 1997 se
publica el ensayo controlado más amplio realizado hasta la
fecha que compara un fármaco del grupo III (amiodarona
principalmente, pero también sotalol) con el DAI en los
pacientes con parada cardíaca o arritmias ventriculares
graves: el ensayo AVID (The Antiarrhythmic Versus Implantable
Defibrillators448). De acuerdo con los criterios de
inclusión se seleccionó a pacientes recuperados de
una muerte súbita o con taquicardias ventriculares mal
toleradas. Finalmente se incluyeron 1.016 pacientes. La mortalidad
a uno, 2 o 3 años fue superior en el grupo de tratamiento
farmacológico: supervivencia del 89, el 81 y el 75% frente
al 82, el 74 y el 64%, respectivamente. El beneficio del DAI se
mantuvo independiente de la fracción de eyección, la
edad y la arritmia documentada (taquicardia ventricular frente a
fibrilación).
Sin embargo, el
hecho de incluir conjuntamente a pacientes con fibrilación
ventricular y taquicardia ventricular «mal tolerada» no
nos permite en este momento conocer el beneficio real del DAI en
los pacientes que se presentan con TV (que representan un grupo con
un riesgo algo menor comparado con la fibrilación
ventricular según los criterios de estratificación
clásicos).
Recientemente se
han presentado los resultados del estudio CIDS, aunque no han sido
publicados aún en forma de artículo, de manera que no
conocemos todos los detalles. Se incluyeron 659 pacientes con
arritmias ventriculares «malignas» y síncope, a
quienes posteriormente se induce TV con estimulación
eléctrica programada (27% de los pacientes). Los pacientes
eran aleatorizados a amiodarona o DAI. La mortalidad a los 3
años es inferior en el grupo de pacientes asignados a DAI
(el 25 frente al 30%), pero no llega alcanzar significación
estadística (p = 0,07). Habrá que esperar a disponer
de los detalles del análisis para poder sacar conclusiones
más sólidas. La inclusión de este subgrupo de
pacientes con síncope «no observado» y arritmia
ventricular inducible en la estimulación eléctrica
programada puede tener algun papel a la hora de explicar estos
resultados ligeramente diferentes al resto de los
estudios.
Del resultado de
estos grandes estudios multicéntricos, además de las
observaciones realizadas previamente, se derivan las guías
de actuación, especialmente en pacientes con
cardiopatía isquémica. Sin embargo, no debemos
considerar la amiodarona y el DAI como dos tratamientos
contrapuestos. No debemos olvidar que en algunos estudios hasta un
30% de los pacientes han de abandonar el tratamiento médico
por efectos secundarios, y por otro lado un número no
despreciable de pacientes portadores de DAI recibe además
amiodarona. El impacto neto del DAI en la prevención
secundaria de un nuevo episodio de muerte súbita no
podrá conocerse con detalle, ya que no es ético en la
actualidad realizar estudios aleatorios que incluyan una rama
placebo. El estudio de los subgrupos de pacientes que comienzan con
FV, taquicardia ventricular sincopal o bien síncope con TV
inducible en la estimulación programada nos permitirá
conocer cuál de ellos puede beneficiarse más de los
diversos tratamientos.
PAPEL DE LOS ESTUDIOS
ELECTROFISIOLÓGICOS EN LOS PACIENTES RECUPERADOS DE MUERTE
SÚBITA
Tres son las
posibles razones para realizar un estudio electrofisiológico
a un sujeto que ha sobrevivido a una parada cardíaca por
taquiarritmia ventricular:
1.
Evaluar la presencia de sustratos arrítmicos que pueden ser
la causa de la parada cardíaca y que son subsidiarios de
tratamiento curativo mediante ablación.
2.
Estudiar si presenta un sustrato persistente de taquiarritmias
ventriculares, es decir, si tiene taquiarritmias ventriculares
inducibles.
3.
Evaluar el resultado de un tratamiento destinado a suprimir las
arritmias por métodos farmacológicos o de
ablación del sustrato.
Sustratos
arrítmicos subsidiarios de ablación
Ejemplos de esto
pueden ser un síndrome de preexcitación, una
taquicardia ventricular monomórfica idiopática o una
taquiarritmia supraventricular. Tal como se expone en otros
apartados de este capítulo, los síndromes de
preexcitación pueden dar lugar, en el seno de determinadas
taquiarritmias, al desarrollo de parada cardíaca, y la
mayoría de las veces las vías accesorias que los
condicionan son susceptibles de ser ablacionadas, con lo que se
suprime el riesgo. Habitualmente la preexcitación es
reconocible en el ECG de superficie, pero en ocasiones esto no es
así (preexcitación «inaparente»), en cuyo
caso el estudio electrofisiológico puede ser necesario para
detectar la existencia de preexcitación. Es excepcional que
las taquicardias ventriculares idiopáticas puedan producir
parada cardíaca, pero hay casos descritos521. En
un hipotético caso en el que esté documentado que una
taquicardia ventricular monomórfica idiopática
provoca parada cardíaca, dado que estas taquicardias son
habitualmente susceptibles de ablación curativa, como se
expone en otro apartado de este artículo, éste
sería el tratamiento de elección. También se
ha descrito que excepcionalmente una taquiarritmia supraventricular
puede provocar una parada cardíaca en ausencia de
preexcitación522. Es bien conocido que en la
mayoría de las taquiarritmias supraventriculares hay un
tratamiento definitivo mediante ablación (véanse los
apartados correspondientes de este artículo), por lo que
éste sería de elección.
Taquiarritmias
ventriculares inducibles
En una
proporción importante de los pacientes que han sufrido una
parada cardíaca por taquiarritmia ventricular puede
iniciarse una taquiarritmia ventricular mediante
estimulación eléctrica programada. Se supuso que esta
respuesta permitiría estratificar el riesgo de recurrencia
de parada cardíaca, de forma que los tratamientos más
agresivos podrían reservarse para los pacientes con
arritmias inducibles. Sin embargo, varios estudios han demostrado
que en los pacientes sin arritmias inducibles el riesgo es
considerable, de magnitud incluso parecida a la de aquellos con
arritmias inducibles523,524. Por este motivo, en la
actualidad la mera evaluación de inducibilidad de
taquiarritmias ventriculares no se considera razón
suficiente para indicar un estudio electrofisiológico en
estos pacientes.
Evaluación del
resultado de una terapéutica
Estudios
realizados en la década de los ochenta demostraron que la
evolución de los pacientes con taquiarritmias ventriculares
inducibles en los que una
terapia
(habitualmente farmacológica) suprimía la
inducibilidad era mejor que la de aquellos en los que las
taquiarritmias seguían siendo inducibles. El problema es que
tanto la supervivencia como la tasa de mortalidad súbita de
aquellos en los que la inducibilidad se suprimía
(especialmente si su función ventricular estaba deprimida)
eran aún relativamente altas en valores
absolutos525. Con el desarrollo del desfibrilador
implantable se ha puesto de manifiesto que también pueden
beneficiarse de él los individuos con arritmias inducibles y
suprimibles, al menos si su fracción de eyección
ventricular izquierda está disminuida (<
30%)507, e incluso de forma general en los que han
sufrido una parada cardíaca. Ante estos hechos se ha
cuestionado la realización de estudios
electrofisiológicos con estos fines, hasta el punto de haber
sido abandonados en la actualidad por la mayoría de los
grupos.
De todo lo
anterior cabe concluir que el principal motivo para realizar un
estudio electrofisiológico a quienes han sobrevivido a un
episodio de parada cardíaca por taquiarritmia ventricular es
evaluar la presencia de sustratos arrítmicos susceptibles de
ablación «curativa». Opinamos que, aun siendo
muy excepcional esta categoría de pacientes, hay que buscar
por su gran trascendencia terapéutica, especialmente entre
aquellos que presentan parada cardíaca con nula o escasa
alteración estructural cardíaca.
CONSIDERACIONES
ESPECIALES SEGÚN LA CARDIOPATÍA ESTRUCTURAL DE
BASE
Las
cardiopatías estructurales de base más frecuentemente
asociadas a episodios de arritmia ventricular con parada
cardíaca son:
1.
Cardiopatía isquémica crónica.
2.
Miocardiopatía hipertrófica.
3.
Miocardiopatía dilatada.
4.
Valvulopatías.
5.
Ausencia de cardiopatía estructural demostrable.
Cardiopatía
isquémica
En este contexto
hay tres aspectos principales:
1.
Descartar posibles causas desencadenantes y que pudieran ser
corregidas.
Descartar
isquemia aguda (infarto agudo de miocardio).
Descartar
desequilibrios hidroelectrolíticos importantes.
Descartar
proarritmia farmacológica (fármacos que prolongan el
QT).
2.
Evaluar la anatomía coronaria para valorar posible
revascularización coronaria.
3. Si no
hay factores desencadenantes que lo justifiquen,
implantación de un DAI.
Situaciones
especiales
Pacientes con cardiopatía isquémica muy avanzada, en
GF IV y disfunción ventricular severa. Este grupo de
pacientes tiene una alta tasa de mortalidad cardíaca. Hasta
un 50% de los pacientes pueden fallecer súbitamente, aunque
la presencia de arritmias ventriculares malignas tiene una
proporción menor que en pacientes estables. Luu et
al526 describen que la presencia de bradiarritmia como
ritmo que precede al fallecimiento es considerable. Las arritmias
ventriculares son, en estos pacientes, una manifestación
más de que se ha planteado en algunos de ellos una
implantación de un DAI como puente al trasplante
cardíaco (en el caso de ser candidatos a éste).
Sweeney at al527 analizan la evolución de 291
pacientes incluidos en una lista de trasplante cardíaco.
Aunque lógicamente la tasa de muerte súbita
se reduce (el 9 frente al 34% en el grupo tratado con
fármacos antiarrítmicos y el 16% en el grupo sin
tratamiento), no existen diferencias significativas en la
mortalidad cardíaca y mortalidad total de estos pacientes.
No parece, indicada por tanto, la implantación de un DAI en
este subgrupo de pacientes, debiendo dirigir todos los esfuerzos a
mejorar y, a ser posible, estabilizar su situación
hemodinámica.
Pacientes que presentan un cuadro de FV estando en una
situación hemodinámica muy inestable. Como es
bien conocido, la presencia de arritmias ventriculares en un
momento preciso depende de la existencia de un trigger que
actúa sobre un miocardio vulnerable. La presencia de
isquemia, disfunción ventricular izquierda e inestabilidad
eléctrica interactúan cada una con la otra. La
presencia de un episodio de taquicardia ventricular y especialmente
de fibrilación ventricular mientras el paciente está
hemodinámicamente inestable (p. ej., shock
cardiogénico, recibiendo fármacos vasoactivos y en
ocasiones con trastornos hidroelectrolíticos o del
equilibrio ácido-base) debe hacernos pensar en que los
triggers pueden tener una importancia mayor que el sustrato en
ese caso. El paciente debe ser evaluado en situación
hemodinámica estable, y se decidirá si precisa la
implantación de un DAI u otro tratamiento según las
indicaciones descritas en este apartado y en el de tratamiento de
las taquicardias ventriculares.
Miocardiopatía
hipertrófica
La muerte
súbita es la causa de muerte más frecuente en los
pacientes que presentan una miocardiopatía
hipertrófica. La incidencia es muy variable, dependiendo de
la edad (> 4% en niños, 1-4% en
adultos)528-530 y de los demás factores de
riesgo: severidad de la hipertrofia-obstrucción, isquemia,
historia familiar de muerte súbita, presencia de
síncopes, presencia de arritmias ventriculares, genotipo,
etc.531-536. La importancia de la muerte súbita
reside en que puede ser la primera manifestación de la
enfermedad, especialmente en pacientes jóvenes.
Las causas de
muerte súbita en la miocardiopatía
hipertrófica son multifactoriales y, aunque en la
mayoría de los casos el ritmo observado es finalmente una
FV, sabemos que el proceso puede iniciarse en algunas ocasiones con
una arritmia supraventricular (p. ej., fibrilación
auricular). En otras ocasiones el trastorno hemodinámico, en
ausencia de arritmia, precede a la aparición de la arritmia
ventricular final. Puede postularse también que la presencia
de isquemia sea un factor desencadenante inicial en algunos casos.
Esta etiología multifactorial hace que no resulte
fácil la estratificación del riesgo de recidiva de
los pacientes que han presentado un episodio de muerte
súbita.
Por otro lado,
en la miocardiopatía hipertrófica puede establecerse
una situación de difícil control a pesar de disponer
de cardioversión eléctrica. Una arritmia puede
provocar una alteración hemodinámica que
autoperpetúa la arritmia o bien hace que recidive de forma
incesante después de la cardioversión. Este
fenómeno, en caso de que el paciente sea portador de un
desfibrilador, puede llevar a una situación de
«tormenta eléctrica», lo que explicaría
el fallecimiento de algunos pacientes a pesar de repetidas
cardioversiones inicialmente efectivas.
Es posible
inducir una TV/FV en hasta un 30 a un 50% de pacientes con
miocardiopatía hipertrófica, siendo la incidencia de
arritmias malignas en el seguimiento mucho menor. Por otro lado,
puede no inducirse ninguna arritmia ventricular en hasta un 20% de
pacientes con miocardiopatía hipertrófica recuperados
de una muerte súbita a pesar de un protocolo de
estimulación agresivo537. No podemos utilizar por
tanto sólo el EEF como guía de estratificación
en estos pacientes. Por otro lado, el hecho de que no todas las
muertes súbitas sean «exclusivamente»
arrítmicas y una tasa algo más elevada de descargas
inapropiadas han limitado la implantación de desfibriladores
en este grupo de pacientes.
Ni los
betabloqueadores ni los antagonistas del calcio ni la
cirugía, aunque útiles para el tratamiento
sintomático de la enfermedad, han demostrado su utilidad en
la prevención de la muerte súbita. El papel de la
amiodarona en la prevención de la muerte súbita en
los pacientes de riesgo no está bien establecido. Aunque un
estudio del grupo de McKenna538 propone que dicho
tratamiento puede mejorar el pronóstico, otros
estudios539,540 no confirman estos
resultados.
La ausencia de
tratamientos farmacológicos efectivos en la
prevención de nuevos episodios de arritmias ventriculares
fatales lleva a recomendar la implantación de un DAI si no
puede demostrarse una causa desencadenante clara del episodio de
muerte súbita (p. ej., FA rápida o trastorno
hemodinámico importante).
Miocardiopatía
dilatada
La
cardiopatía isquémica especialmente la cicatriz
postinfarto es el sustrato más frecuentemente
encontrado en los pacientes con arritmias ventriculares malignas.
Aunque la taquicardia ventricular monomórfica sostenida no
es muy frecuente en presencia de una miocardiopatía dilatada
idiopática, la tasa de muerte súbita en estos
pacientes puede llegar hasta un 50%. Se sabe desde hace tiempo que
la no inducibilidad de una arritmia ventricular durante un estudio
electrofisiológico tiene un valor predictivo negativo mucho
más bajo que en los pacientes postinfarto. Por otro lado, la
reproducibilidad de la inducción es también
menor541, lo que limita la utilidad de los estudios
electrofisiológicos en estos pacientes.
Tras un episodio
de muerte súbita por arritmia ventricular en un paciente con
miocardiopatía dilatada, es importante descartar posibles
causas desencadenantes que pudieran ser corregidas (p. ej.,
desequilibrios hidroelectrolíticos importantes, proarritmia
farmacológica fármacos que prolongan el QT,
etc.). En ausencia de factores desencadenantes claros la
implantación de un DAI es la mejor opción.
Situaciones
especiales
Un caso
particular es el del paciente joven con miocardiopatía
dilatada conocida, disfunción ventricular severa y en grado
funcional III que presenta un episodio de muerte súbita. En
este pequeño subgrupo de pacientes deberá valorarse
el riesgo-beneficio de incluir al paciente en la lista de
trasplante cardíaco o bien implantar un desfibrilador como
«puente» al trasplante. Esta decisión
dependerá: a) del estado hemodinámico del
paciente; b) del número de donantes y del tiempo
medio esperado hasta el trasplante, y c) de la
morbimortalidad del trasplante en cada centro concreto.
Cardiopatía
valvular
La
cardiopatía valvular se encuentra en una escasa
proporción de pacientes estudiados por taquiarritmia
ventricular. Existen muy pocas series publicadas en las que la
evolución de estos pacientes se presente de forma
independiente. Martínez-Rubio et al542 han
presentado recientemente una serie de 97 pacientes valvulares con
arritmias ventriculares.
La
decisión terapéutica en un paciente portador de una
valvulopatía tras un episodio de muerte súbita debe
contemplar una valoración cuidadosa del grado de severidad
de sus lesiones valvulares. No debemos olvidar, como ya se ha
comentado, que alteraciones hemodinámicas severas pueden
provocar la aparición de fibrilación ventricular y
(más raramente) taquicardia ventricular. En caso de
afectación valvular muy severa (p. ej., estenosis
aórtica crítica, insuficiencia mitral aguda, etc.),
la posible indicación de desfibrilador debe realizarse una
vez que el enfermo se encuentre en una situación estable
posquirúrgica.
Pacientes sin
cardiopatía «estructural» de base
Fibrilación
ventricular primaria-idiopática
Nos referimos a
fibrilación ventricular primaria o idiopática cuando
no encontramos ninguna evidencia de cardiopatía con las
exploraciones de las que disponemos actualmente en un paciente
recuperado de muerte súbita. Este grupo representa
aproximadamente el 5% de los pacientes reanimados tras un paro
cardíaco543,544. Este grupo no es
homogéneo y en ocasiones puede incluirse en él a
pacientes en los que la arritmia podría haber sido
secundaria a espasmo coronario o miocarditis.
Dado que no es
una enfermedad muy frecuente, no existen estudios prospectivos
sobre la evolución natural de esta patología sin
tratamiento, y menos aún estudios aleatorios que comparen
diversos tratamientos. En este sentido, debemos basarnos en los
datos de los registros internacionales (UCARE en Europa y IVF-US en
EE.UU.) para construir nuestra toma de
decisiones545-550. Un aspecto muy importante a tener en
cuenta en estos pacientes es que la ausencia de cardiopatía
de base implica un excelente pronóstico si se eliminan (o
tratan) los episodios de fibrilación ventricular.
La tasa de
recurrencias sin tratamiento no se conoce con absoluta exactitud,
pero se estima que entre el 30 y el 50% de los pacientes pueden
tener recurrencias (parada cardíaca, síncope o
descarga del desfibrilador) en los 3 años siguientes al
primer episodio. Salvo en el estudio de Belhassen y
Viskin549, en el que los fármacos bloqueadores de
los canales del sodio eran eficaces, en el resto de las
publicaciones no se ha encontrado un claro beneficio ni de los
betabloqueadores ni del resto de fármacos
antiarrítmicos. Aunque puede argumentarse que ni el
síncope ni la descarga adecuada del DAI pueden considerarse,
desde un punto de vista estricto, un equivalente de muerte
súbita, creemos que dados: a) el excelente
pronóstico cardiológico de estos pacientes; b)
la ausencia de tratamiento farmacológico con eficacia
demostrada, y c) la ausencia de parámetros que
permitan estratificar qué pacientes sufrirán
recurrencias y cuáles no, es aconsejable la
implantación de un DAI en estos pacientes.
Bloqueo de rama
derecha con ST elevado de V1 a V3. Síndrome de
Brugada
En 1992 los
doctores Brugada describen 8 casos de pacientes recuperados de
muerte súbita por fibrilación ventricular que
presentaban un patrón electrocardiográfico
característico551, consistente en un
patrón de bloqueo de rama derecha con ST elevado de V1 a V3.
Ninguno de ellos presentaba cardiopatía estructural
especialmente displasia ventricular derecha. Las
arritmias clínicas de estos pacientes son taquicardias
ventriculares polimórficas que en algunos casos se
autolimitan y en otros degeneran a fibrilación ventricular.
Desde entonces se han descrito múltiples casos en todos los
continentes.
Se han observado
la agrupación familiar de la enfermedad, la presencia en la
familia de pacientes asintomáticos con el mismo
patrón electrocardiográfico552 y la
presencia de pacientes en los que la alteración
electrocardiográfica es «intermitente».
También se ha descrito el «desenmascaramiento»
del patrón electrocardiográfico mediante la
administración de ajmalina i.v. o procainamida
i.v.553 en pacientes asintomáticos familiares de
pacientes afectados, o bien en pacientes que habían sido
catalogados de portadores de fibrilación ventricular
«idiopática». Recientemente se ha conocido la
relación de esta enfermedad con una alteración
genética que altera la codificación de los canales de
sodio554.
Los datos
clínicos y el seguimiento completo de 41 pacientes que han
tenido parada cardíaca (n = 32) o síncope de causa
desconocida (n = 9) se han publicado recientemente555.
El seguimiento de los pacientes que ya han sufrido un episodio de
muerte súbita demuestra que el 34% de ellos presentan un
nuevo episodio de arritmia ventricular maligna (seguimiento medio
de 34 meses). Ningún fármaco antiarrítmico ha
demostrado ofrecer una protección suficiente a estos
pacientes. Dado que no presentan cardiopatía estructural de
base, la esperanza de vida una vez eliminado el riesgo de
muerte súbita debería ser muy alta, lo que
justifica la implantación de un desfibrilador
automático en este grupo de pacientes.
Síndrome de QT
largo
El
síndrome de QT congénito largo es una enfermedad
hereditaria que en su forma más frecuente (síndrome
de Romano-Ward) se transmite de forma autosómica recesiva, y
menos habitualmente en forma autosómica dominante, asociada
en este caso a sordera (síndrome de Jerwell-Nielsen).
Más recientemente se han localizado diferentes loci
de la enfermedad congénita en los cromosomas 11 (LQT1), 7
(LQT2), 3 (LQT3) y 4 (LQT4). Estas alteraciones genéticas
provocan una alteración de los canales de sodio
y/potasio556-558 que predisponen a taquicardias
ventriculares polimórficas.
Aunque el
hallazgo típico es la presencia de una prolongación
del intervalo QT, también puede acompañarse
frecuentemente de alteraciones de la repolarización (cambios
segmento ST-T), alternancia de la onda T y bradicardia sinusal
relativa. Habitualmente existen antecedentes de muerte
súbita en la familia, y en la mayor parte de los pacientes
la muerte súbita va precedida de episodios sincopales. La
muerte súbita es debida a la asociación de este
síndrome con taquicardias ventriculares polimórficas
en torsade de pointes.
El
pronóstico de estos pacientes en ausencia de tratamiento
farmacológico no es bueno. Los registros internacionales de
QT largo nos han permitido conocer que el 50% presentan muerte
súbita por arritmias ventriculares a los 10 años del
inicio de los síntomas. El tratamiento con betabloqueadores
es muy eficaz en estos pacientes, ya que reduce
drásticamente la tasa de episodios arrítmicos. La
alta eficacia del tratamiento betabloqueador hace que éste
sea el tratamiento de primera elección en los pacientes
recuperados de muerte súbita no tratados previamente,
considerando la implantación de un DAI en aquellos en
quienes persisten los síncopes a pesar de la
medicación559-563.
Síndrome de
Wolff-Parkinson-White
Véase
apartado de taquicardias supraventriculares asociadas al
síndrome de WPW.
Las indicaciones
de tratamiento en los pacientes recuperados de muerte súbita
se presentan en la tabla 23.

ABREVIATURAS
ACVA: accidente cerebrovascular agudo.
AI: aurícula izquierda.
AV: auriculoventricular.
AVNS: arritmias ventriculares no sostenidas.
CV: cardioversión.
DAI: desfibrilador automático implantable.
EEF: estudio electrofisiológico.
ETE: ecocardiograma transesofágico.
EV: extrasístoles ventriculares.
FA: fibrilación auricular.
FAA: fármacos antiarrítmicos.
FC: frecuencia cardíaca.
FE: fracción de eyección.
FEVI: fracción de eyección del ventrículo
izquierdo.
FV: fibrilación ventricular.
MSC: masaje del seno carotídeo.
TIA: accidente isquémico trasitorio.
TVNS: taquicardia ventricular no sostenida.
TPSV: taquicardia paroxística supraventricular.
TV: taquicardia ventricular.
VI: ventrículo izquierdo
WPW: Wolff-Parkinson-White.
Correspondencia: Dr. J. Almendral Garrote
Servicio de Cardiología. Hospital Gregorio
Marañón.
Dr. Esquerdo, 46. 28007 Madrid
Bibliografía
1. Grading of recommendations and levels of evidence used in evidence based cardiology. En: Yusuf S, Cairns JA, Camm AJ, Fallen EL, Gersh BJ, editores. Evidence Based Cardiology. Londres: BMJ Books, 1998; 525-575.
2. Ryan TJ, Anderson JL, Antman EM, Braniff BA, Brooks NH, Califf RM et al. ACC/AHA guidelines for the management of patients with acute myocardial infarction: a report of the American College of Cardiology/American Heart Association. Task Force on Practice Guidelines (Committee of Acute Myocardial Infarction). J Am Coll Cardiol 1996; 28: 1328-1428.[Medline]
3. Manolis AS, Estes NAM III. Supraventricular tachycardia. Mechanisms and therapy. Arch Intern Med 1987; 147: 1706-1716.[Medline]
4. Zimetbaum P, Josephson ME. Evaluation of patients with palpitations. N Engl J Med 1998; 338: 1369-1373.[Medline]
5. Wellens HJJ. The value of the ECG in the diagnosis of supraventricular tachycardias. Eu Heart J 1996; 17 (Supl C): 10-20.
6. Wood KA, Drew BJ, Scheinman MM. Frequency of disabling symptoms in supraventricular tachycardia. Am J Cardiol 1997; 79: 145-149.[Medline]
7. Shinbane JS, Wood MA, Jensen DN, Ellemborgen KA, Fitzpatrick AP. Tachycardia-induced cardiomyopaty: a review of animal models and clinical studies. J Am Coll Cardiol 1997; 29: 709-715.[Medline]
8. Campbell RWF. What happens to people with supraventricular tachycardia? Eur Heart J 1994; 15 (Supl A): 27-30.
9. Orejarena LA, Vidaillet H, DeStefano F, Nordstrom DL, Vierkant RA, Smith PN et al. Paroxysmal supraventricular tachycardia in the general population. J Am Coll Cardiol 1998; 31: 150-157.[Medline]
10. McCord J, Borzak S. Multifocal atrial tachycardia. Chest 1998; 113: 203-209.[Medline]
11. McCord JK, Borzak S, Daavis T, Gheorghiade M. Usefulness of intravenous magnesium for multifocal atrial tachycardia in patients with chronic obstructive pulmonary disease. Am J Cardiol 1998; 81: 91-93.[Medline]
12. Arsura E, Lefkin AS, Scher DL, Solar M, Tessler S. A randomized, double-blind, placebo-controlled stuy of verapamil and metoprolol in treatment of multifocal atrial tachycardia. Am J Med 1988; 85: 519-524.[Medline]
13. Isalerno DM, Anderson B, Sharkey PJ, Iber C. Intravenous verapamil for treatment of multifocal atrial tachycardia with an whithout calcium pretreatment. Ann Intern Med 1987; 107: 623-628.[Medline]
14. Brignole M, Gianfranchi L, Alboni P, Musso G, Bongiorni MG, Gasparini M et al. Assesmet of atiroventricular junction ablation and DDDR mode. Switching pacemaker versus pharmacological treatment in patients with severely symptomatic paroxysmal atrial fibrillation. Circulation 1997; 96: 2617-2624.[Medline]
15. Edner M, Caidahl K, Bergfeldt L, Darpö B, Edvardsson N, Rosenqvist M. Prospective study of left ventricular function after radiofrequency ablation of atrioventricular junction in patients with atrial fibrillation. Br Heart J 1995; 74: 261-267.[Medline]
16. Tang CW, Scheinman MM, Van Hare GF, Epstein LM, Fitzpatrick AP, Lee RJ et al. Use of P wave configuration during atrial tachycardia to predict site of origin. J Am Coll Cardiol 1995; 26: 1315-1324.[Medline]
17. Chen SA, Chiang CE, Yang CJ, Cheng CC, Wu TJ, Wang SP et al. Sustained atrial tachycardia in adult patients. Electrophysiological characteristics, pharmacological response, possible mechanisms, and effects of radiofrequency ablation. Circulation 1994; 90: 1262-1278.[Medline]
18. Reimold SC, Maisel WH, Antman EM. Propafenone for the treatment of supraventricular tachycardia and atrial fribrillation: a meta-analysis. Am J Cardiol 1998; 82: 66N-71N.[Medline]
19. Kunze KP, Kuch KH, Schutüter M, Bleifeld W. Effect of encainide and flecainide on chronic ectopic atrial tachycardia. J Am Coll Cardiol 1986; 7: 1121-1126.[Medline]
20. Haines DE, DiMarco JP. Sustained intraatrial reentrant tachycardia: clinical, electrocardiographic an electrophysiological characteristics and long-term follow-up. J Am Coll Cardiol 1990; 15: 1345-1354.[Medline]
21. Wellens HJ. Atrial tachycardia. How important is the mechanism? Circulation 1994; 90: 1576-1577.
22. Lesh MD, Van Hare GF, Epstein LM, Fitzpatrick AP, Scheinman MM, Lee RJ et al. Radiofrequency catheter ablation of atrial arrhytmias. Results and mechanisms. Circulation 1994; 89: 1074-1089.[Medline]
23. Golberger J, Kall J, Ehlert F, Deal B, Olshansky B, Benson W et al. Effectiveness of radiofrequency catheter ablation for treatment of atrial tachycardia. Am J Cardiol 1993; 72: 787-793.[Medline]
24. Rappone C, Stabile G, Simone A, Senatore G, Turco P, Damiano M et al. Role of catheter-induced mechanical trauma in localization of target sites of radiofrequency ablation in automatic atrial tachycardia. J Am Coll Cardiol 1996; 27: 1090-1097.[Medline]
25. Poty H, Hïssaguerre M, Daou A, Clémenty J, Letac B. Radiofrequency catheter ablation of atrial tachycardias. Am Heart J 1996; 131: 481-489.[Medline]
26. Merino JL, Arenal A, Pérez-Villacastín J, Almendral J, Peinado R, Medina O et al. Ablación con catéter mediante radiofrecuencia de taquicardias auriculares. Rev Esp Cardiol 1997; 50: 239-247.[Medline][Artículo]
27. Kay N, Chong F, Epstein AE, Dailey SM, Plumb VJ. Radiofrequency catheter ablation of atrial tachycardias. Am Heart J 1996; 131: 481-489.[Medline]
28. Walsh EP, Saul JP, Hulse JE, Rhodes LA, Hordoff AJ, Mayer JE et al. Transcatheter ablation of ectopic atrial tachycardia in young patients using radiofrequency current. Circulation 1992; 86: 1138-1146.[Medline]
29. Lim SH, Amamtharaman V, Teo WS, Goh PP, Tam AT. Comparison of treatment of supraventricular tachycardia by Valsalva maneuver and carotid sinus massage. Ann Emerg Med 1998; 31: 30-35.[Medline]
30. Losek JD, Endom E, Dietrich A, Stewart G, Zempsky W, Smith K. Adenosine and pediatric supraventricular tachycardia in the emergency department: multicenter study and review. Ann Emerg Med 1999; 33: 185-191.[Medline]
31. DiMarco JP, Miles W, Akhtar M. Adenosine for paroxysmal supraventricular tachycardia: dose ranging and comparison whith verapamil. Ann Intern Med 1990; 113: 104-110.[Medline]
32. Glatter KA, Cheng J, Dorostkar P, Modin G, Talwar S, AL-Nimri M et al. Electrophysiologic effects of adenosine in patients with supraventricular tachycardia. Circulation 1999; 99: 1034-1040.[Medline]
33. Camm AJ, Garratt C. Adenosine and supraventricular tachycardia. N Engl J Med 1991; 325: 1621-1629.[Medline]
34. Wilbur SL, Marclinsky FE. Adenosine as an antiarrhythmic agent. Am J Cardiol 1997; 79: 30-37.[Medline]
35. Huycke EC, Sung RJ, Dias VC, Milstein S, Hariman RJ. Intravenous diltiazem of termination of reentrant supraventricular tachycardia: a placebo-controlled, randomized, double-blind, multicenter study. J Am Coll Cardiol 1989; 13: 538-544.[Medline]
36. Hamilton Dougherty A, Jackman WM, Naccarelli GV, Friday KJ, Dias VC. Acute conversion of paroxismal supraventricular tachycardia with intravenous diltiazem. Am J Cardiol 1992; 70: 587-592.[Medline]
37. Pritchett ELC, DaTorre SD, Platt ML, McCarville SE, Hougham AJ. Flecainide acetate treatment of paroxysmal supraventricular tachycardia and paroxysmal atrial fibrillation: dose-response studies. The Flecainide Supraventricular Tachycardia Study Group. J Am Coll Cardiol 1991; 17: 297-303.[Medline]
38. Hohnloser SH, Zabel M. Short and long-term efficacy and safety of flecainida acetate for supraventricular arrhythmias. Am J Cardiol 1992; 70: 3A-10A.[Medline]
39. Podrik PJ. Therapy with an assesment of class III antiarrhythmic agents in different patient populations. J Cardiovasc Pharmacol 1992; 20 (Supl 2): 44-58.
40. UK Propafenone PSVT study group. A randomized placebo-controlled trial of propafenone in the prophylaxis of paroxismal supraventricular tachycardia and paroxismal atrial fibrillation. Circulation 1995; 92: 2550-2557.[Medline]
41. Chimienti M, Cullen MT, Casadei G, for the Flecainide and Propafenone Italian Study investigators. Safety of flecainide versus propafenone for the long-term management of symptomatic paroxysmal supraventricular tachyarrhythmias. Eur Heart J 1995; 16: 1943-1951.[Medline]
42. Hellestrand KJ. Efficacy and safety of long-term oral flecainide acetate in patients with responsive supraventricular tachycardia. Am J Cardiol 1996; 77: 83A-88A.[Medline]
43. Podrik P, Anderson KJ, for the Propafenona Multicenter study group. Safety and tolerability of long-term propafenone therapy for supraventricular tachyarrhythmias. Am J Cardiol 1996; 78: 430-434.[Medline]
44. Dorian P, Naccarlli, GV, Coumel P, Hohnloser SH, Maser MJ, for the Flecainide Multicenter Investigators Group. A randomized comparison of flecainide versus verapamil in paroxysmal supraventricular tachycardia. Am J Cardiol 1996; 77: 89A-95A.[Medline]
45. Hopson JR, Buxton AE, Rinkemberger RL, Nademanee K, Heilman JM, Kienzle MG, for the Flecainide supraventricular tachycardia study group. Safety and utility of flecainide acetate in the routine care of patients with supraventricular tachyarrhythmias: results of a multicenter trial. Am J Cardiol 1996; 77: 72A-82A.[Medline]
46. Cardiac Arrhythmia suppression trial investigators. Preliminary report: effect of encainide and flecainide on mortality in a randomized trial of arrhythmia suppression after myocardial infarction. N Engl J Med 1989; 321: 406-411.[Medline]
47. Follath F. The utility of serum drug level monitoring during therapy with class III antiarrhythmic agents. J Cardiovasc Pharmacol 1992; 20 (Supl 2): 41-43.
48. Fitton A, Sorkin EM. Sotalol. Drugs 1993; 46: 678-719.[Medline]
49. Kay GN, Epstein AE, Dailey SM, Plumb VJ. Role of radiofrequency ablation in the management of supraventricular arrhythmias: experience in 760 consecutive patients. J Cardiovasc Electrophysiol 1993; 4: 371-389.[Medline]
50. Kugler JD, Danford DA, Deal B, Gillette PC, Perry JC, Silka MJ. Radiofrequency catheter ablation for tachyarrhythmias in children and adolescents. N Engl J Med 1994; 330: 1481-1487.[Medline]
51. Calkins H, Yong P, Miller JM, Olshansky B, Clarson M, Saul P et al. Catheter ablation or accessory pathways, atrioventricular nodal reentrant tachycardia, and the atrioventricular junction. Final results of a prospective, multicenter clinical trial. Circulation 1999; 99: 262-270.[Medline]
52. Haissaguerre M, Gaita F, Fischer B, Commenger D, Montserrat P, D'Ivernois C et al. Elimination of atrioventricular nodal reentrant tachycardia using discrete slow potentials to guide application of radiofrequency energy. Circulation 1992; 85: 2162-2175.[Medline]
53. Englestein DE, Stein KM, Markowitz SM, Lerman B. Posterior fast atrioventricualr nodo pathways: implications for radiofrequency catheter ablation of atrioventricular node reentrant tachycardia. J Am Coll Cardiol 1996; 27: 1098-1105.[Medline]
54. Boulos M, Hoch D, Scecter S, Grembert S, Levine J. Age dependence of complete heart block complicating radiofrequency ablation of the atrioventricular nodal slow pathway. Am J Cardiol 1998; 82: 390-391.[Medline]
55. Jazayeri MR, Hempe SL, Dhala AA, Blanck Z, Deshpande SS, Avitall B et al. Selective transcatheter ablation of the fast and slow pathways using radiofrequency energy in patients with atrioventricular nodal reentrant tachycardia. Circulation 1992; 85: 1318-1328.[Medline]
56. Kottkamp H, Hindrcks G, Willems S, Chen X, Reinhardt L, Haverlamp W et al. An anatomically and electrogram-guided stepwise approach for effective and safe catheter ablation of the fast pathway for elimination of atrioventricular nodo reentrant tachycardia. J Am Coll Cardiol 1995; 25: 974-981.[Medline]
57. Kalbfleisch SJ, Strickberger A, Williamson B, Vorperian VR, Do CM, Hummel JD et al. Randomized comparison of anatomic and electrogram mapping approaches to ablation of the sow pathway of atrioventricuar node reentrant tachycardia. J Am Coll Cardiol 1994; 23: 716-723.[Medline]
58. Lesh MD, Man Hare GF, Schamp DJ, Chien W, Lee MA, Griffin JC et al. Curative percutaneous catheter ablation using radiofrequency energy for accessory pathways in all locations: results in 100 consecutive patients. J Am Coll Cardiol 1992; 19: 1303-1309.[Medline]
59. Linker NJ, Fitxpatrick AP. The transeptal approach for ablation of cardiac arrhythmias: experience of 104 procedures. Heart 1998; 79: 379-382.[Medline]
60. De Ponti RD, Zardini M, Storti C, Longobardi M, Salerno-Uriarte JA. Transeptal catheterization for radiofrequency catheter ablation of cardiac arrhythmias. Results and safety of a simplified method. E Heart J 1998; 19: 943-950.
61. Calkins H, Langberg J, Sousa J, El-Atassi R, Leon A, Kou W et al. Radiofrequency catheter ablation of accessory atrioventricular connections in 250 patients. Abbreviated therapeutic approach to Wolff-Parkinson-White syndrome. Circulation 1992; 85: 1337-1346.[Medline]
62. Swartz JF, Tracy CM, Fletcher RD. Radiofrequency endocardial catheter ablation of accessory atrioventricular pathway atrial insertion sites. Circulation 1993; 87: 487-499.[Medline]
63. Jackman WM, Wang X, Friday KJ, Roman CA, Moulton KP, Beckman KJ et al. Catheter ablation of accessory atrioventricular pathways (Wolff-Parkinson-White syndrome) by radiofrequency current. N Engl J Med 1991; 324: 1605-1611.[Medline]
64. Kuck KH, Schuüter M, Geiger M, Siebels J, Duckeck W. Radiofrequency current catheter ablation of accessory atrioventricular pathways. Lancet 1991; 337: 1447-1561.[Medline]
65. Bathina MN, Mickelsen S, Brooks C, Jaramillo J, Hepton T, Kusumoto FM. Radiofrequency catheter ablation versus medical therapy for initial treatment of supraventricular tachycardia and its impact on quality of life and healthcare costs. Am J Cardiol 1998; 82: 589-593.[Medline]
66. Dorostkar PC. RF-ablation for PJRT in children. Am J Cardiol 1992; 70: 561.
67. Gaita F, Haissaguerre M, Giustetto C, Fischer B, Riccardi R, Richiardi E et al. Catheter ablation of permanent junctional reciprocating tachycardia with radiofrequency current. J Am Coll Cardiol 1995; 25: 648-654.[Medline]
68. Murdock CJ, Leitch JW, Teo WS, Sharma AD, Yee R, Klein GJ. Characteristics of accessory pathways exhibiting decremental conduction. Am J Cardiol 1991; 67: 506-510.[Medline]
69. Lindiger A, Heisel A, Von Bernuth G, Paul T, Ulmer H, Kienast W et al. Permanent junctional reentry tachycardia. A multicentre long-term follow-up study in infants, children and young adults. Eur Heart J 1998; 19: 936-942.[Medline]
70. Sánchez C, Benito F. Reversibilidad de la miocardiopatía inducida por taquicardia supraventricular incesante en niños tras ablación con radiofrecuencia. Rev Esp Cardiol 1997; 50: 643-649.[Medline][Artículo]
71. Aguinaga L, Primo J, Anguera Y, Mont L, Valentino L, Brugada P. Long-term follow-up in patients with the permanent form of junctional reciprocating tachycardia treated with radiofrequency ablation. PACE 1998; 21: 2073-2078.[Medline]
72. Llavador J, García Civera R, Sanjuán R. Síndromes de preexcitación. Bases anatómicas y electrofisiológicas. En: García Civera R, Cabadés A, Cosín J, editores. Automatismo y conducción cardíacos. Barcelona: ED MCR, 1987; 533-561.
73. Davies MJ, Anderson RH, Becker AE. The conduction system of the heart. Londres: Butterworth Co., 1983.
74. Becker AE, Anderson RH, Durrer D, Wellens HJJ. The anatomical substrates of WPW syndrome. A clinicopathologic correlation in seven patients. Circulation 1978; 57: 870-879.[Medline]
75. Sealy WC. Surgical anatomy of accessory connections of atrioventricular conduction. Ann Thorac Surg 1994; 57: 1675-1683.[Medline]
76. García Civera R, Sanjuán R, Morell S. Vías accesorias AV ocultas. Terapéutica del síndrome de WPW. En: García Civera R, Cabades A, Cosín J, editores. Automatismo y conducción cardíacos. Barcelona: ED MCR, 1987; 609-651.
77. Sealy WC, Gallagher JJ, PrichetT ELC. The surgical anatomy of the kent bundles based on electrophysiological mapping and surgical exploration. J Thorac Cardiovasc Surg 1978; 38: 854-866.
78. Giraudon GM, Klein GJ, Sharma AD, Yee R, McLellan DG. Surgery for the Wolff-Parkinson-White syndrome: the epicardial approach. En: Zipes DP, Jalife J, editores. Cardiac electrophysiology: from cell to bedside. Filadelfia: WB Saunders, 1990; 907-920.
79. García Civera R, Ruiz Granell R, Morell S, Sanjuán R, Martínez León J, Botella S et al. Electrofisiología cardíaca clínica y ablación. Madrid: McGraw-Hill Interamericana, 1999.
80. Coumel P, Chabrol C, Fabiato A, Gourgon R, Slama R. Tachycardiae permanent par rythme reciproque. Arch Mal Coeur 1967; 60: 1830-1864.
81. Gallagher JJ, Sealy WC, Kasell J, Klein G, Prichett E, Davis D. The permanent form of junctional reciprocating tachycardia. Further elucidation of the underlying mechanism. Eur J Cardiol 1978; 8/4: 413-430.
82. Farré J, Ross D, Wiener I, Bär FW, Vanagt EJ, Wellens HJJ. Reciprocal tachycardias using accessory pathway with long conduction time. Am J Cardiol 1979; 44: 1099-1109.[Medline]
83. Critelli G, Gallagher JJ, Monda V, Coltorti F, Scherillo M, Rossi L. Anatomic and electrophisiologyc substrate of the permanent form of junctional reciprocating tachycardia. J Am Coll Cardiol 1984; 4: 601-610.[Medline]
84. Gillette PC, Garson A, Cooley DA, McNamara DG. Prolonged and decremental antegrade conduction properties in right anterior accessory connections: wide QRS antidromic tachycardia of left bundle branch block pattern without WPW configuration in sinus rhythm. Am Heart J 1982; 103: 66-74.[Medline]
85. Klein GJ, Giraudon GM, Kerr CR, Sharma AD, Yee R, Szabo T et al. «Nodoventricular» accessory pathway: evidence for a distinct accessory atrioventricular pathway with atrioventricular node properties. J Am Coll Cardiol 1988; 11: 1035-1040.[Medline]
86. McClelland JH, Wang X, Beckman KL, Hazlitt HA, Prior MI, Nakawa H et al. Radiofrequency catheter ablation of right atriofascicular (Mahaim) accessory pathway guided by accessory pathway activation potentials. Circulation 1994; 89: 2655-2666.[Medline]
87. Haissaguerre M, Cauchemez B, Marcus F, Le Metayer P, Lauribe P, Poquet F et al. Characteristics of the ventricular insertion sites of accessory pathways with anterograde decremental conduction properties. Circulation 1995; 91: 1077-1085.[Medline]
88. Cappato R, Schlüter M, Weiâ CH, Siebels J, Hebe J, Duckceck W et al. Catheter induced mechanical conduction block of right-sided accessory fibers with Mahaim-type preexcitation to guide radiofrequency ablation. Circulation 1994; 90: 282-290.[Medline]
89. Tochou P, Lehmann MH, Jazayeri M, Akthar M. Atriofascicular connection or a nodoventricular Mahaim fiber? Electrophysiologic elucidation of the pathway and associated reentrant circuit. Circulation 1988; 77: 837-848.[Medline]
90. Giraudon CM, Giraudon GM, Klein GJ. «Nodal ventricular» Mahaim pathway: histologic evidence for an accessory atrioventricular pathway with AV node-like morphology. Circulation 1988; 78 (Supl 2): 2-40.
91. Hiss RG, Lamb LE. Electrocardiographic findings in 122,043 individuals. Circulation 1962; 25: 947-961.
92. Sears GA, Manning GW. The Wolff-Parkinson-White pattern in routine electrocardiography. Can Med Assoc J 1962; 87: 1213.
93. Smith RF. The Wolff-Parkinson-White syndrome: an aviation risk. Circulation 1964; 29: 672-679.
94. Newman BJ, Donoso E, Friedberg CK. Arrhythmias in the Wolff-Parkinson-White syndrome. Prog Cardiovasc Dis 1966; 9: 147-165.[Medline]
95. Bardy GH, Packer DL, German LD, Gallagher JJ. Preexcited reciprocating tachycardia in patients with the Wolff-Parkinson-White syndrome: incidence and mechanisms. Circulation 1984; 70: 377-391.[Medline]
96. Atie J, Brugada P, Brugada J, Smeets JL, Cruz FS, Peres A et al. Clinical and electrophysiologic characteristics of patients with antidromic circus movement tachycardia in the Wolff-Parkinson-White syndrome. Am J Cardiol 1990; 66: 1082-1091.[Medline]
97. Parker DL, Gallagher JJ, Prystowsky EN. Physiological substrate for antidromic reciprocating tachycardia. Prerequisite characteristics of the accessory pathway and atrioventricular conduction system. Circulation 1992; 85: 574-588.[Medline]
98. Wellens HJ, Durrer D. Patterns of ventriculo-atrial conduction in the Wolff-Parkinson-White syndrome. Circulation 1974; 49: 22-31.[Medline]
99. Lehemann MH, Tchou P, Mahmud R, Denker ST, Akhtar M. Electrophysiological determinants of antidromic reentry induced during atrial stimulation. Insigths from a pacing model of the Wolff-Parkinson-White. Circ Res 1989; 65: 295-306.[Medline]
100. Parker DL, Prystowsky EN. Anatomical and physiological substrate for antidromic reciprocating tachycardia. En: Zipes DP, Jalife J, editores. Cardiac electrophysiology. From cell to bedside. Filadelfia: WB Saunders Co., 1995; 655-666.
101. Newman BJ, Donoso E, Friedberg CK. Arrhythmias in the Wolff-Parkinson-White syndrome. Prog Cardiovasc Dis 1966; 9: 147-165.[Medline]
102. Campbell RW, Smith RA, Gallagher JJ, Pritchett EL, Wallace AG. Atrial fibrillation in the preexcitation syndrome. Am J Cardiol 1977; 40: 514-520.[Medline]
103. Klein GJ, Bashore TM, Sellers TD, Pritchett ELL, Smith WM, Gallagher JJ. Ventricular fibrillation in the WPW syndrome. N Engl J Med 1979; 301: 1080-1085.[Medline]
104. Cosio FG, Benson DW Jr, Anderson RW, Hession WT, Prizker MR, Kriett JM et al. Onset of atrial fibrillation during ortodromic tachycardia: association with sudden cardiac arrest and ventricular fibrillation in a patient with Wolff-Parkinson-White syndrome. Am J Cardiol 1982; 50: 353-356.[Medline]
105. Attoyan C, Haissaguerre M, Dartigues JF, Le Metayer P, Warin JF, Clementy J. Ventricular fibrillation in Wolff-Parkinson-White syndrome. Predictive factors. Arch Mal Coeur Vais 1994; 87: 889-897.
106. Della Bella P, Brugada P, Talajic M, Lemery R, Torner P, Lezaun R et al. Atrial fibrillation in patients with accessory pathways: importance of the conduction properties of accessory pathways. J Am Coll Cardiol 1991; 17: 1352-1356.[Medline]
107. Munger TM, Packer DL, Hammill SC, Feldman BJ, Bailey KR, Ballard DJ et al. A population study of the natural history of WPW syndrome in Olmsted Country Minnesota. Circulation 1993; 87: 866-873.[Medline]
108. Lim SH, Amamtharam V, Teo WS, Goh PP, Tam AT. Comparison of treatment of supraventricular tachycardia by Valsalva maneuver and carotid sinus massage. Ann Emerg Med 1998; 31: 30-35.[Medline]
109. Camm AJ, Garrat CJ. Adenosine and supraventricular tachycardia. N Engl J Med 1991; 325: 1621-1629.[Medline]
110. DiMarco JP, Miles W, Akhtar M. Adenosine for paroxysmal supraventricular tachycardia: dose ranging and comparison with verapamil. Ann Intern Med 1990; 113: 104-110.[Medline]
111. Schamroth L, Krikler DM, Garret C. Immediate effects of intravenous verapamil in cardiac arrhythmias. Br Med J 1972; 1: 660-662.[Medline]
112. Soler-Soler J, Sagristá J. Acción del verapamil por vía endovenosa en las taquiarritmias supraventriculares. Rev Esp Cardiol 1975; 28: 237-241.
113. Soler-Soler J, Sagristá-Sauleda J, Cabrera A, Sauleda-Pares J, Iglesias-Berengue J, Permanyer-Miralda G et al. Effects of verapamil in infants with paroxysmal supraventricular tachycardia. Circulation 1979; 59: 876-879.[Medline]
114. Huycke EC, Sung RJ, Dias VC, Milstein S, Hariman RJ. Intravenous diltiazem for termination of reentrant supraventricular tachycardia: a placebo-controlled, randomized, double-blind, multicenter study. J Am Coll Cardiol 1989; 13: 538-544.[Medline]
115. Rankin AC, Oldroyd KG, Chong E, Dow JW, Rae AP, Cobbe SM. Adenosine or adenosine triphosphate for supraventricular tachycardias? Comparative double-blind randomized study in patients with spontaneous or inducible arrhythmias. Am Heart J 1990; 119: 316-323.[Medline]
116. Hood MA, Smith WM. Adenosine versus verapamil in the treatment of supraventricular tachycardia: a randomized double-crossover trial. Am Heart J 1992; 123: 1543-1549.[Medline]
117. Belhassen B, Glick A, Laniado S. Comparative clinical and electrophysiologic effects of adenosine triphosphate and verapamil on paroxysmal reciprocating junctional tachycardia. Circulation 1988; 77: 795-805.[Medline]
118. Garratt C, Linker N, Griffith M, Ward D, Camm AJ. Comparison of adenosine and verapamil for termination of paroxysmal junctional tachycardia. Am J Cardiol 1989; 64: 1310-1316.[Medline]
119. Wellens HJJ, Brugada P, Penn OC, Gorgels AP, Smeets J. Pre-excitation syndromes. En: Zipes DP, Jalife J, editores. Cardiac electrophysiology: from cell to bedside. Filadelfia: WB Saunders Co., 1990; 691-702.
120. Jackman WM, Wang XZ, Friday KJ, Roman CA, Moulton KP, Beckman KJ et al. Catheter ablation of accesory atrioventricular pathways (Wolff-Parkinson-White syndrome) by radiofrequency current. N Engl J Med 1991; 324: 1605-1611.[Medline]
121. Calkins H, Sousa J, El-Atassi R, Rosenheck S, De Buitleir M, Kou WH et al. Diagnosis and cure of the Wolff-Parkinson-White syndrome or paroxysmal supraventricular tachycardias during a single electrophysiologic test. N Engl J Med 1991; 324: 1612-1618.[Medline]
122. Kuck KH, Schlüter M, Geiger M, Siebels J, Duckeck W. Radiofrequency current catheter ablation of accessory atrioventricular pathways. Lancet 1991; 337: 1557-1661.[Medline]
123. Schluter M, Geiger M, Siebels J, Duckcek W, Kuck KH. Catheter ablation using radiofrequency current to cure symptomatic patients with tachyarrhythmias related to an accessory atrioventricular pathway. Circulation 1991; 84: 1644-1661.[Medline]
124. Leather RA, Leitch JW, Klein GJ, Giraudon GM, Yee R, Kim YH. Radiofrequency catheter ablation of accessory pathways: a learning experience. Am J Cardiol 1991; 68: 1651-1655.[Medline]
125. Villacastín JP, Almendral J, Arenal A, Ormaetxe J, Esteban E, Alberca T et al. Ablación mediante catéter de vías accesorias aurículo-ventriculares utilizando radiofrecuencia. Rev Esp Cardiol 1992; 45: 175-182.[Medline]
126. Lesh MD, Van Hare GF, Schamp DJ, Chien W, Lee MA, Griffin JC et al. Curative percutaneous catheter ablation using radiofrequency energy for accessory pathways in all locations: results in 100 consecutive patients. J Am Coll Cardiol 1992; 19: 1303-1309.[Medline]
127. Calkins H, Langberg J, Sousa J, El-Atassi R, Leon A, Kou W et al. Radiofrequency catheter ablation of accessory atrioventricular connections in 250 patients. Abbreviated therapeutic approach to the Wolff-Parkinson-White syndrome. Circulation 1992; 85: 1337-1346.[Medline]
128. Macdonald D, O'Connor BK, Serwer G, Leroy S, Armstrong B. Use of radiofrequency current to ablate accessory connections in children. Circulation 1991; 84: 2318-2324.[Medline]
129. Kugler JD, Danford DA, Deal BJ, Gillette PC, Perry JC, Silka MJ et al. Radiofrequency catheter ablation for tachyarrhythmias in children and adolescents. N Engl J Med 1994; 330: 1481-1487.[Medline]
130. Calkins H, Yong P, Miller JM, Olshansky B, Carlson M, Saul JP et al. Catheter ablation of accessory pathways, atrioventricular nodal reentrant tachycardia, and the atrioventricular junction. Final results of a prospective multicenter clinical trial. Circulation 1999; 99: 262-270.[Medline]
131. Wellens HJJ. Catheter ablation of cardiac arrhythmias. Usually cure, but complications may occur. Circulation 1999; 99: 195-197.[Medline]
132. Wellens HJ, Bar FW, Gorgels AP, Vanagt EJ. Use of ajmaline in identifying patients with the Wolff-Parkinson-White syndrome and a short refractory period of their accessory pathway. Am J Cardiol 1980; 45: 130-133.[Medline]
133. Wellens HJ, Braat S, Brugada P, Gorgels AP, Bar FW. Use of procainamide in patients with the Wolff-Parkinson-White syndrome to disclose a short refractory period of the accessory pathway. Am J Cardiol 1982; 50: 1087-1089.[Medline]
134. Eshchar Y, Belhassen B, Laniado S. Comparison of exercise and ajmaline tests with electrophysiologic study in the Wolff-Parkinson-White syndrome. Am J Cardiol 1986; 57: 782-786.[Medline]
135. Sharma AD, Yee R, Guiraudon G, Klein GJ. Sensitivity and specificity of invasive and non-invasive testing for risk of sudden death in Wolff-Parkinson-White syndrome. J Am Coll Cardiol 1987; 10: 373-381.[Medline]
136. Boahene KA, Klein GJ, Sharma AD, Yee R, Fujimura O. Value of a revised procainamide test in Wolff-Parkinson-White syndrome. Am J Cardiol 1990; 65: 195-200.[Medline]
137. Waldo AL, Mac Lean WAH, Karp RB, Kouchoukos NT, James TN. Entrainment and interruption of atrial flutter with atrial pacing: studies in man following open heart surgery. Circulation 1977; 56: 737-745.[Medline]
138. Julian DG, Valentine, PA, Miller GG. Disturbances of rate, rhythm and conduction in acute myocardial infarction. Am J Med 1964; 37: 915.
139. Meltzer LE, Kitchell JB. The incidence of arrythmias associated with acute myocardial infartion. Prog Cardiovasc Dis 1966; 9: 50.
140. Delman AJ, Stein E. Atrial flutter secondary to digitalis toxicity. Circulation 1964; 29: 593-597.
141. Friedberg CK, Donoso E. Arrhythmias and conduction disturbances due to digitalis. Prog Cardiovasc Dis 1960; 2: 408.
142. Wells JL Jr, MacLean WAH, James TN, Waldo A. Caracterization of atrial flutter. Studies in man after open heart surgery using fixed atrial electrodes. Circulation 1979; 60: 665-673.[Medline]
143. Poty H, Saoudi N, Nair M, Anselme F, Letac B. Radiofrequency catheter ablation of atrial flutter. Further insights into the various types of isthmus block: application to ablation during sinus rhythm. Circulation 1996; 94: 3204-3213.[Medline]
144. Resnekov L. Present status of electroversion in the management of cardiac dysrhythmias. Circulation 1973; 47: 1356-1363.[Medline]
145. Waldo AL, MacLean WAH, Karp RB, Kouchoukos NT, James TN. Entrainment and interruption of atrial flutter with atrial pacing: studies in man following open heart surgery. Circulation 1977; 56: 737-745.[Medline]
146. Waldo AL, Carlson MD, Biblo LA, Henthorn RW. The role of transient entrainment in atrial flutter. En: Tourboul P, Waldo AL editores. Atrial arrhythmias: current concepts and management. St. Louis: Mosby Year Book, 1990; 210.
147. Greenberg ML, Kelly TA, Lermann BB, DiMarco JP. Atrial pacing for conversion of atrial flutter. Am J Cardiol 1986; 58: 95-99.[Medline]
148. Cosío FG, López Gil M, Arribas F, Palacios J, Goicolea A, Núñez A. Mechanisms of entrainment of human common flutter studied with multiple endocardial recording. Circulation 1994; 89: 2117-2125.[Medline]
149. Arenal A, Almendral J, San Román D, Delcán JL, Josephson ME. Frequency and implications of resetting and entrainment with right atrial stimulation in atrial flutter. Am J Cardiol 1992; 70: 1292-1298.[Medline]
150. Stambler BS, Wood MA, Ellenbogen KA, Perry KT, Wakefield LK, Van der Lugt JT, and the Ibutilide Repeat Dose Study Investigators. Efficacy and safety of repeated intravenous doses of ibutilide for rapid conversion of atrial flutter or fibrillation. Circulation 1996; 94: 1613-1621.[Medline]
151. Ellenbogen KA, Stambler BS, Wood MA, Sager PT, Wesley RC Jr, Meissner MC et al. Efficacy of intravenous ibutilide for rapid termination of atrial fibrillation and atrial flutter: a dose-reponse study. J Am Coll Cardiol 1996; 28: 130-136.[Medline]
152. Crijns HJ, Van Gelder IC, Tieleman RG, Brugemann J, De Kam PJ, Gosselink AT et al. Long-term outcome of electrical cardioversion in patients with chronic atrial flutter. Heart 1997; 77: 56-61.[Medline]
153. Feld GK, Fleck RP, Chen PS, Boyce K, Bahnson TD, Stein JB et al. Radiofrequency catheter ablation for the treatment of human type I atrial flutter: Identification of a critical zone in the reentrant circuit by endocardial mapping techniques. Circulation 1992; 86: 1233-1240.[Medline]
154. Kirkorian G, Moncada E, Chevalier P, Canu G, Claudel JP, Bellon C et al. Radiofrequency ablation of atrial flutter. Efficacy of an anatomically guided approach. Circulation 1994; 90: 2804-2814.[Medline]
155. Poty H, Saoudi N, Abdel Aziz A, Nair M, Letac B. Radiofrequency catheter ablation of type I atrial flutter. Prediction of late success by electrophysiological criteria. Circulation 1995; 92: 1389-1392.[Medline]
156. Chen SA, Chiang CE, Wu TJ, Tai CT, Lee SH, Cheng CC et al. Radiofrequency catheter ablation of common atrial flutter: comparison of electrophysiologically guided focal ablation technique and linear ablation technique. J Am Coll Cardiol 1996; 27: 860-868.[Medline]
157. Prystowsky Eric N. Perspectives and controversies in atrial fibrillation. Am J Cardiol 1998; 82: 3I-6I.[Medline]
158. Laupacis A, Albers EL, Dalen J, Dunn M, Feinberg W, Jacobson A. Antithrombotic therapy in atrial fibrillation. Chest 1995; 108: 352S-358S.[Medline]
159. Seidl K, Hauer B, Schwick NG, Zellner D, Zahn R, Senges J. Risk of thromboembolic events in patients with atrial flutter. Am J Cardiol 1998; 82: 580-583.[Medline]
160. Lanzarotti CJ, Olshansky B. Thromboembolism in chronic atrial flutter: Is the risk underestimated? J Am Coll Cardiol 1997; 30: 1506-1511.[Medline]
161. Wood KA, Eisenberg SJ, Kalman JM, Drew BJ, Saxon LA, Lee RJ et al. Risk of thromboembolism in chronic atrial flutter. Am J Cardiol 1997; 79: 1043-1047.[Medline]
162. Irani W, Grayburn P, Afridi I. Prevalence of thrombus, spontaneous echo contrast, and atrial stunning in patients undergoing cardioversion of atrial flutter. A prospectivstudy using transesophageal echocardiography. Circulation 1997; 95: 962-966.[Medline]
163. Grimm RA, Stewart WJ, Arheart KL, Thomas JD, Klein AL. Left atrial appendage «stunning» after electrical cardioversion of atrial flutter: an attenuated response compared with atrial fibrillation as the mechanism for lower susceptibility to thromboembolic events. J Am Coll Cardiol 1997; 29: 582-589.[Medline]
164. Cabin HS, Clubb KS, Hall C, Perlmutter RA, Feinstein AR. Risk for systemic embolization of atrial fibrillation without mitral stenosis. Am J Cardiol 1990; 61: 714-717.
165. Petersen P, Godtfredsen J. Embolic complications in paroxysmal atrial fibrillation. Stroke 1986; 17: 622-626.[Medline]
166. Zipes D. Cardiac arrhytmias. En: Braunwald W, editor. Heart disease. Filadelfia: W.B. Saunders, 1984; 669-670.
167. Page RL, Wilkinson WE, Clair WK, McCarthy EA, Pritchett EL. Asymptomatic arrhythmias in patients with symptomatic paroxysmal atrial fibrillation and paroxysmal supraventricular tachycardia. Circulation 1994; 89: 224-227.[Medline]
168. Bialy D, Lehmann MH, Schumacher DN, Steinman RT, Meissmer MD. Hospitalization for arrthythmias in the United States: importance of atrial fibrillation [resumen]. J Am Coll Cardiol 1992; 19: 41A.
169. Zipes DP. Atrial fibrillation. A tachycardia-induced atria cardiomyopathy. Circulation 1997; 95: 562-564.[Medline]
170. Lévy S, Breithardt G, Campbell RWF, Camm AJ, Daubert JC, Allessie M et al. Atrial fibrillation: current knowledge and recommendations for management. Working Group on Arrhythmias of the European Society of Cardiology. Eur Heart J 1998; 19: 1294-1320.[Medline]
171. Lévy S, Novella P, Ricard PH, Paganelli F. Paroxysmal atrial fibrillation: a need for classification. J Cardiovasc Electrophysiol 1995; 6: 69-74.[Medline]
172. Sopher SM, Camm AJ. Atrial fibrillation-maintenance of sinus rhythm versus rate control. Am J Cardiol 1996; 77: 24A-38A.[Medline]
173. Kannel WB, Abbot RD, Savage DD, McNamara PM. Epidemiologic features of chronic atrial fibrillation; the Framingham study. N Engl J Med 1982; 306: 1018-1022.[Medline]
174. Brand FN, Abott RD, Kannel WB, Wolf PA. Characteristics and prognosis of lone atrial fibrillation: 30-years follow-up in the Framingham Study. JAMA 1985; 254: 3449-3453.[Medline]
175. Wolf PA, Abott RD, Kannel WB. A major contributor to stroke in the elderly. Arch Int Med 1987; 147: 1561-1564.
176. Furberg CD, Psaty BM, Manolio TA, Gardin JM, Smith VE, Rautaharju PM, for the CHS Collaborative Research Group. Prevalence of atrial fibrillation in elderly subjects (The Cardiovascular Health Study). Am J Cardiol 1994; 74: 236-241.[Medline]
177. Krahn AD, Manfreda J, Tate RB, Mathewson FAL, Cuddy TE. The natural history of atrial fibrillation: incidence, risk factors, and prognosis in the Manitoba follow-up study. Am J Med 1995; 98: 476-484.[Medline]
178. Moe GK, Abildskov JA. Atrial fibrillation as a self-sustaining arrthytmia independent of focal discharge. Am Heart J 1959 58: 59-70.
179. Jais P, Haisaguerre M, Shah DC, Chouairi S, Gencel L, Hocini M et al. A focal source of atrial fibrillation treated by discrete radiofrecuency ablation. Circulation 1997; 95: 572-6.[Medline]
180. Coumel P. Neural aspects of paroxysmal atrial fibrillation. En Falk RH, Podrid PJ, editores. Atrial fibrillation: mechanisms and management. Nueva York: Raven Press, 1992; 109-125.
181. Coumel P. Autonomic arrhythmogenic factors in paroxysmal atrial fibrillation. En: Olsson SB, Allesise MA, Campbell RWF, editores. Atrial fibrillation. Mechanisms and therapeutic strategies. Armonk, NY: Futura Pub. Co. Inc., 1994; 171-185.
182. Attuel P, Leclerq JF, Coumel P. Atrial electrophysiological substrate remodelling after tachycardia in patients with and without atrial fibrillation. PACE 1995; 18: 804.
183. Bharati S, Lev M. Histology of the normal and diseased atrium. En: Falk FH, Podrid PJ, editores. Atrial fibrillation: mechanism and management. Nueva York: Raven Press, 1992; 15-39.
184. Zipes DP. Management of cardiac arrhytmias: pharmacological, electrical, and surgical techniques. En: Braunwald E, editor. Heart disease. A texbook of cardiovascular medicine (5.a ed.). Filadelfia: WB Saunders Company, 1997; 619.
185. Van Gelder IC, Crijns HJ, Van Gilst WH, Verwer R, Lie KI. Prediction of uneventful cardioversion and maintenance of sinus rhythm from direct-current electrical cardioversion of chronic atrial fibrillation and flutter. Am J Cardiol 1991; 68: 41-46.[Medline]
186. Eway GA. Effectiveness of direct current of defibrillation. Role of paddle electrode size. Am Heart J 1977; 29: 469-489.
187. Van Gelder IC, Crijns HJ, Hillege H, Lie KI. Value and limitations of DC electrical cardioversion of chronic atrial fibrillation. Pacing Clin Electrophysiol 1995; 18: 798.
188. Capucci A, Tiziano L, Boriani G. Effectiveness of loading oral flecainide for converting recent-onset atrial fibrillation to sinus rhythm in patients without organic heart disease or with only systemic hypertension. Am J Cardiol 1992; 70: 69-72.[Medline]
189. Falk RH, Knowlton AA, Bernard SA, Gotlieb NE, Battinelli NJ. Digoxin for converting recent-onset atrial fibrillation to sinus rhythm. A randomized double-blinded trial. Ann Int Med 1987; 106: 503-506.
190. The Digitalis in Acute Atrial Fibrillation trial group. Intra-venous digoxin in acute atrial fibrillation. Results of a randomized, placebo-controlled multicentre trial in 239 patients. Eur Heart J 1997; 18: 649-654.[Medline]
191. Jordaens L, Trouerbach J, Calle P, Tarvenier R, Derycke E, Vertongen P et al. Conversion of atrial fibrillation to sinus rhythm and rate control by digoxin in comparison to placebo. Eur Heart J 1997; 18: 643-648.[Medline]
192. Fresco C, Proclemer A, on behalf of the PAFIT-2 Investigators. Management of recent onset atrial fibrillation. Eur Heart J 1996; 17: C41-C47.
193. Noc M, Stajer D, Horvat M. Intravenous amiodarone versus verapamil for acute conversion of paroxysmal atrial fibrillation to sinus rhythm. Am J Cardiol 1990; 65: 679-680.[Medline]
194. Abrams J, Allen J, Allin D, Anderson J, Anderson S, Blanski L et al. Efficacy and safety of esmolol versus propranolol in the treatment of supraventricular tachyarrhytmias: a multicenter double-blind clinical trial. Am Heart J 1985; 129: 739-748.
195. Hohnloser SH, Van de Loo A, Baedecker F. Efficacy and proarrhymic hazards of pharmacologic cardioversion of atrial fibrillation: prospective comparison of sotalol versus quinidine. J Am Coll Cardiol 1995; 26: 852-858.[Medline]
196. Halinen MO, Huttunen M, Paakkinen S, Tarssanen L. Comparison of sotalol with digoxin-quinidine for conversion of acute atrial fibrillation to sinus rhythm. Am J Cardiol 1995; 76: 495-498.[Medline]
197. Selzer A, Wray HW. Quinidine syncope. Paroxysmal ventricular fibrillation during treatment of chronic atrial arrhythmias. Circulation 1964; 30: 17-28.
198. Jackman WM, Friday KJ, Anderson JL, Aliot EM, Clark M, Lazzara R. The long QT syndromes: a critical review, new clinical observations and a unifying hypothesis. Prog Cardiovasc Dis 1988; 31: 115-172.[Medline]
199. Fenster PE, Comess KA, Marsh R, Katzenberg C, Hager WD. Conversion of atrial fibrillation to sinus rhythm by acute intravenous procainamide infusion. Am Heart J 1983; 106: 501-504.[Medline]
200. Halpner SW, Ellrodt G, Singh BN, Mandel WJ. Efficacy of intravenous procainamide infusion in converting atrial fibrillation to sinus rhythm: relation to left atrial size. Br Heart J 1980; 44: 589-595.[Medline]
201. Crijns HJGM, Van Vijk M, Van Gilst WH, Kingma JH, Van Gelder JC, Lie KI. Acute conversion of atrial fibrillation to sinus rhythm: clinical efficacy of flecainide acetate. Comparison of two regimens. Eur Heart J 1988; 9: 634-639.[Medline]
202. Suttorp MJ, Kingma HJ, Jessurum ER, Lie-A-Huen L, Van Hemel NM, Lie KI. The value of class IC antiarrhythmic drugs for acute conversion of paroxysmal atrial fibrillation or flutter to sinus rhythm: J Am Coll Cardiol 1990; 16: 1722-1727.[Medline]
203. Lacombe P, Cointe R, Metge M, Bru P, Gerard R, Levy S. Intravenous flecainide in the management of acute supraventricular tachyarrhytmias. J Electrophysiol 1988; 2: 19-21.
204. Madrid AH, Moro C, Marín-Huerta E, Mestre JL, Novo L, Costa A. Comparison of flecainide and procainamide in cardioversion of atrial fibrillation. Eur Heart J 1993; 14: 1127-1131.[Medline]
205. Boriani G, Biffi M, Capucci A, Botto GL, Broffoni T, Rubino J et al. Oral propafenone to convert recent-onset atrial fibrillation in patients with and without underlying heart disease. A randomized controlled trial. Ann Intern Med 1997; 126: 621-624.[Medline]
206. Capucci A, Lenzi T, Boriani G, Trisolino G, Binetti N, Cavazza M et al. Effectiveness of loading oral flecainide for converting recent onset atrial fibrillation to sinus rhythm in patients without organic heart disease or with only sistemic hypertension. Am J Cardiol 1992; 70: 69-72.[Medline]
207. Capucci A, Boriani G, Botto GL, Lenzi T, Rubino I, Falcone C et al. Conversion of recent-onset atrial fibrillation to sinus rhythm by a single oral loading dose of propafenone or flecainide. Am J Cardiol 1994; 74: 503-505.[Medline]
208. Falk RH. Flecainide induced ventricular tachycardia and fibrillation in patients treated for atrial fibrillation. Ann Int Med 1989; 111: 107-111.
209. Sung RJ, Tan HL, Karagounis L, Hanyok JJ, Falk R, Platia E et al. Intravenous sotalol for the termination of supraventricular tachycardia and atrial fibrillation/flutter: a multicenter, randomized, double-blind, placebo-controlled study. Sotalol Multicenter Study Group. Am Heart J 1995; 129: 739-748.[Medline]
210. Donovan KD, Power BM, Hockings BEF, Dobb GJ, Lee KY. Intravenous flecainide versus amiodarone for recent-onset atrial fibrillation. Am J Cardiol 1995; 75: 693-697.[Medline]
211. Galve E, Rius T, Ballester R, Artaza MA, Arnau JM, García-Dorado D et al. Intravenous amiodarone in the treatment of recent-onset atrial fibrillation. Results of a randomized, controlled trial. J Am Coll Cardiol 1996; 28: 130-136.[Medline]
212. Mitchell LB, Wyse G, Gillis AM, Duff HJ. Electropharmacology of amiodarone therapy initiation. Time courses of onset of electrophysiologic and antiarrhythmic effects. Circulation 1989; 80: 34-42.[Medline]
213. Lee KS. Ibutilide, a new compound with potent class III antiarrhythmic activity, activates a slow inward Na current in guinea pig ventricular cells. J Pharmacol Exp Ther 1992; 262: 99-108.[Medline]
214. Lee KS, Gibson JK. Unique ionic mechanism of action of ibutilide on freshly isolated heart cells. Circulation 1995; 234: 43-53.
215. Murray KT. Ibutilide. Circulation 1998; 97: 493-497.[Medline]
216. Ellenbogen KA, Stambler BS, Wood MA, Sager PT, Wesley RC Jr, Meissner MC et al. Efficacy of intravenous ibutilide for rapid termination of atrial fibrillation and atrial flutter: a dose-response study. J Am Coll Cardiol 1996; 28: 130-136.[Medline]
217. Stambler BS, Wood MA, Ellenbogen KA, Perry KT, Wakefield LK, Vander Lugt JT, and the Ibutilide Repeat Dose Study Investigators. Efficacy and safety of repeated intravenous doses of ibutilide for rapid conversion of atrial flutter or fibrillation. Circulation 1996; 94: 1996-2012.[Medline]
218. Colastsky TJ, Argentieri TM. Potassium channel blockers as antiarrhytmic drugs. Drug Dev Res 1994; 33: 235-249.
219. Colatsky TJ, Follmer CH, Starner CF. Channel specificity in antiarrhythmic drug action: mechanism of potassium channel block and its role in suppressing and aggraveting cardiac arrhythmias. Circulation 1990; 82: 2235-2242.[Medline]
220. Falk RH, Pollak A, Singh SN, Tilman F. Intravenous dofetilide, a class III antiarrhythmic agent, for the termination of sustained atrial fibrillation or flutter. J Am Coll Cardiol 1997; 29: 385-390.[Medline]
221. Schwartz PJ, Priori SG. Sympathetic nervous system and cardiac arrhythmias. En: Zipes DP, Jalife J, editores. Cardiac electrophysiology. From cell to bedside. Filadelfia, PA: WB Saunders, 1990; 330-343.
222. The Planning and Steering Committees of the AFFIRM Study for the NHLBI AFFIRM Investigators. Atrial Fibrillation follow-up investigation of rhythm management. The AFFIRM Study design. Am J Cardiol 1997; 79: 1198-1202.[Medline]
223. Anderson JL, Gilbert EM, Alpert BL, Henthorn RW, Waldo AL, Bhandari AK et al. Prevention of symptomatic recurrences of paroxysmal atrial fibrillation in patients initially tolerating antiarrhythmic therapy. Circulation 1989; 80: 1557-1570.[Medline]
224. Anderson JL, Platt ML, Guarnieri T, and the flecainide supraventricular tachycardia study group. Flecainide acetate for paroxysmal supraventricular arrhythmias. Am J Cardiol 1994; 74: 578-584.[Medline]
225. Pietersen AH, Hellemann H. Usefulness of flecainide for prevention of paroxysmal atrial fibrillation and flutter. Flecainide Multicenter Study Group. Am J Cardiol 1991; 67: 713-717.[Medline]
226. Clementy J, Dulhoste M, Laiter C, Denjoy I, Dos Santos P. Flecainide acetate in the prevention of paroxysmal trial fibrillation: a nine-month follow-up of more than 500 patients. Am J Cardiol 1992; 70: 44A-49A.[Medline]
227. Pritchet ELC, McCarthy EA, Wilkinson WE. Propafenona treatment of symptomatic paroxysmal supraventricular arrhythmias: a randomized, placebo-controlled, crossover trial in patients tolerating oral therapy. Ann Intern Med 1991; 114: 539-544.[Medline]
228. UK Propafenone PSVT Group. A randomized placebo-controlled trial of propafenone in the prophylaxis of paroxysmal supraventricular tachycardia and atrial fibrillation. Circulation 1995; 92: 2550-2557.[Medline]
229. Van Gelder IC, Crijns HJGM, Lie KI. Prediction of uneventful cardioversion and maintenance of sinus rhythm from direct-current electrical cardioversion of chronic atrial fibrillation or flutter. Am J Cardiol 1991; 68: 41-46.[Medline]
230. Crijns HJGM, Van Gelder IC, Van Gilst WH, Hillege H, Gosselink AM, Lie KI. Serial antiarrhythmic drug treatment to maintain sinus rhythm after electrical cardioversion for chronic atrial fibrillation or flutter. Am J Cardiol 1991; 68: 335-341.[Medline]
231. Rawles JM. What is meant by a controlled ventricular rate in atrial fibrillation? Br Heart J 1990; 63: 157-161.[Medline]
232. Resneckov L, McDonald L. Electroversion of lone atrial fibrillation and flutter including hemodynamic studies at rest and on exercise. Br Heart J 1971; 33: 339-350.[Medline]
233. Toivonen L, Kadish A, Kou W. Determinants of the ventricular rate during atrial fibrillation. J Am Coll Cardiol 1990; 16: 1194-1200.[Medline]
234. Jung F, DiMarco JP. Treatment strategies for atrial fibrillation. Am J Med 1998; 104: 272-286.[Medline]
235. Ahuja RC, Sinha N, Saran RK, Jain AH, Hasan M. Digoxin or verapamil or metoprolol for heart rate control in patients with mitral stenosis: a randomized cross-over study. Int J Cardiol 1989; 25: 325-331.[Medline]
236. Brignole M, Gianfranchi L, Menozzi C, Menozzi C, Bottoni N, Bollini R et al. Influence of atrioventricular junction radiofrecuency ablation in patients with chronic atrial fibrillation and flutter on quality of life and cardiac performance. Am J Cardiol 1994; 72: 242-246.
237. Roberts SA, Díaz C, Nolan PE, Salerno DM, Stapezynski S, Zbrozek AS et al. Effectiveness and cost of digoxin treatment for atrial fibrillation and flutter. Am J Cardiol 1993; 72: 567-573.[Medline]
238. Redford A. Digoxin dosage and ventricular rate at rest and exercise in patients with atrial fibrillation. Acta Med Scand 1971; 190: 321-333.[Medline]
239. Beasley R, Smith DA, McHaffie DJ. Exercise heart rates at different serum digoxin concentrations in patients with atrial fibrillation. Br Med J 1985; 290: 9-11.
240. David G, Di Segni ED, Klein HO, Kaplinsky E. Inefficacy of digitalis in the control of heart rate in patients with chronic atrial fibrillation: beneficial effect of an added beta-adrenergic blocking agent. Am J Cardiol 1979; 44: 1378-1382.[Medline]
241. Brodsky M, Saini R, Bellinger R, Zoble R, Weiss R, Powers L. Comparative effects of the combination of digoxin and dl-sotalol therapy versus digoxin monotherapy for control of ventricular response in chronic atrial fibrillation. Dl-sotalol Atrial Fibrillation Study. Am Heart J 1994; 127: 572-577.[Medline]
242. Lewis RV, Laing E, Moreland TA, Service E, McDevitt DG. A comparison of digoxin, diltiazem and their combination in the treatment of atrial fibrillation. Eur Heart J 1988; 9: 279-283.[Medline]
243. Steinberg JS, Katz RJ, Bren GBN, Buff LA, Varghese PJ. Efficacy of oral diltiazem to control ventricular response in chronic atrial fibrillation at rest and eduring exercise. J Am Coll Cardiol 1987; 9: 405-411.[Medline]
244. Lundstrom T, Fyden L. Ventricular rate control and exercise performance in chronic atrial fibrillation: effects of diltiazem ande verapamil. J Am Coll Cardiol 1990; 16: 86-90.[Medline]
245. Roth A, Harrison E, Mitani G, Cohen J, Rahimtoola S, Elkayam U. Efficacy and safety of medium and high-dose diltiazem alone and in combination with digoxin for control of heart rate at rest and during exercise in patients with chronic atrial fibrillation. Circulation 1986; 73: 316-324.[Medline]
246. Lewis RV, McMurray J, McDevitt DG. Effects of atenolol, verapamil and xamoterol on heart rate and exercise tolerance in digitalised patients with chronic atrial fibrillation. J Cardiovasc Pharmacol 1989; 13: 1-6.[Medline]
247. James MA, Channer KS, Papouchado M, Rees JR. Improved control of atrial fibrillation with combined pindolol and digoxin therapy. Eur Heart J 1989; 10: 83-90.[Medline]
248. Atwood JE, Sullivan M, Forbes S. Effects of beta-adrenergic blockade on exercise performance in patients with chronic atrial fibrillation. J Am Coll Cardiol 1987; 10: 14-20.
249. Mason JW. Amiodarone. N Engl J Med 1987; 316: 455-466.[Medline]
250. McGovern B, Garan H, Ruskin JN. Precipitation of cardiac arrest by verapamil in patients with Wolff-Parkinson-White syndrome. Ann Intern Med 1986; 104: 791-794.[Medline]
251. Gulamhusein S, Ko P, Klein GJ. Ventricular fibrillation following verapamil in the Wolff-Parkinson-White syndrome. Am Heart J 1983; 106: 145-147.[Medline]
252. Crozier I. Flecainide in the Wolff-Parkinson-White syndrome. Am J Cardiol 1992; 70: 26A-32A.[Medline]
253. Lauer MS, Eagle KA, Buckley MJ, DeSanctis RW. Atrial fibrillation following coronary artery bypass surgery. Prog Cardiovasc Dis 1989; 31: 367-378.[Medline]
254. Groves PH, Hall RJ. Atrial tachyarrhythmias after cardiac surgery. Eur Heart J 1991; 12: 458-463.[Medline]
255. Kowey PR, Taylor JE, Rials SJ, Marinchak RA. Meta-analysis of the effectiveness of prophylactic drug therapy in preventing supraventricular arrhythmia early after coronary artery bypass grafting. Am J Cardiol 1992; 69: 963-965.[Medline]
256. Andrews TC, Reimold SC, Berlin JA, Antman EM. Prevention of supraventricular arrhythmias after coronary artery bypass surgery. A meta-analysis of randomized trial. Circulation 1991; 84 (Supl 3): 236-244.
257. Wolf PA, Abbott RD, Kamel WB. Atrial fibrillation as an independent risk factor for stroke: the Framingham Study. Stroke 1991; 22: 983-988.[Medline]
258. Gershlick AH. Treating the non-electrical risks of atrial fibrillation. Eur Heart J 1997; 18 (Supl C): 19-26.
259. Flegel KM, Shipley MJ, Rose G. Risk of stroke in nonrheumatic atrial fibrillation. Lancet 1987; l: 526-529.
260. Sherman OG, Harr RG, Easton JD. The secondary prevention of stroke in patientes with atrial fibrillation. Arch Neurol 1986; 43: 68-70.[Medline]
261. Petersen P, Madsen EB, Pedersen F, Gyldensyted C, Boysen G. Silent cerebral infarction in atrial fibrillation. Stroke 1987; 18: 1098-1100.[Medline]
262. Kempster PA, Gerraty RP, Gates PC. Asymptomatic cerebral infarction in patients with chronic atrial fibrillation. Stroke 1988; 19: 955-957.[Medline]
263. Petersen P, Boysen G, Godtfresen J, Andersen DE, Andersen B. Placebo-controlled, randomised trial of warfarin and aspirin for prevention of tromboembolic complications in chronic atrial fibrillation. The Copenhagen AFASAK Study. Lancet 1989; l: 175-179.
264. The Boston Area Anticoagulation Trial for Atrial Fibrillation Investigators. The effect of low-dose warfarin on the risk of stroke in patients with non-rheumatic atrial fibrillation. N Engl J Med 1990; 323: 1505-1511.[Medline]
265. Stroke Prevention in Atrial Fibrillation Investigators. Stroke prevention in atrial fibrillation study. Circulation 1991; 84: 527-539.[Medline]
266. Connolly SJ, Laupacis A, Gent M, Roberts RS, Cairns JA, Joyner C. Canadian Atrial Fibrillation Anticoagulation (CAFA) Study. J Am Coll Cardiol 1991; 18: 349-355.[Medline]
267. Ezekowitz MD, Bridgers SL, James KE. Warfarin in the prevention of stroke associated with nonrheumatic atrial fibrillation. N Engl J Med 1992; 327: 1451-1453.[Medline]
268. Atrial Fibrillation Investigators. Risk factors for stroke and efficiency of antithrombotic therapy in atrial fibrillation, analysis of pooled later from five randomized controlled trials. Arch Intern Med 1994; 154: 1449-1457.[Medline]
269. Stoddard MF, Dawkins PR, Prince CR, Ammash NM. Left atrial appendage thrombus is not uncommon in patients with acute atrial fibrillation and a recent embolic event: a transesophageal echocardiographic study. J Am Coll Cardiol 1995; 25: 452-459.[Medline]
270. Mügge A, Kuhn H, Nikutta P. Assessment of left atrial appendage function by biplane transesophageal echocardiography in patients with non-rheumatic atrial fibrillation: identification of a subgroup of patients at increased embolic risk. J Am Coll Cardiol 1994; 23: 599-607.[Medline]
271. Shively BK, Gelgand EA, Crawford MH. Regional left atrial stasis during atrial fibrillation and flutter. Determinants and relation to stroke. J Am Coll Cardiol 1996; 27: 1722-1727.[Medline]
272. Kopecky SL, Gersh BJ, McGoon MD. The natural history of lone atrial fibrillation: a population-based study over three decades. N Engl J Med 1987; 317: 669-674.[Medline]
273. The Stroke Prevention in Atrial Fibrillation Investigators. Prevention of tromboembolism in atrial fibrillation: I y II: clinical y echocardiographics features of patients at risk. Ann Intern Med 1992; 116: 1-5.[Medline]
274. EAFT (European Atrial Fibrillation Trial) Study Group. Secondary prevention in non-rheumatic atrial fibrillation after transient ischemic attack or minor stroke. Lancet 1993; 342: 1255-1262.[Medline]
275. Cerebral Embolism Study Group. Cardioembolic stroke, early anticoagulation, and brain hemorrhage. Arch Intern Med 1987; 147: 636-640.[Medline]
276. Cairns JA, Connolly SJ. Nonrheumatic atrial fibrillation: risk of stroke and role of antithrombotic therapy. Circulation 1991; 84: 469-481.[Medline]
277. Atrial Fibrillation Investigators. The efficiency of aspirin in patients with atrial fibrillation: analysis of pooled data from three randomized trials. Arch Intern Med 1997; 157: 1237-1240.[Medline]
278. Stroke Prevention in Atrial Fibrillation Investigators. Warfarin versus aspirin for prevention of thromboembolism in atrial fibrillation. Stroke Prevention in Atrial Fibrillation II Study. Lancet 1994; 343: 687-691.[Medline]
279. Albers GW. Atrial fibrillation and stroke. Three new studies, three remaining questions. Arch Intern Med 1994; 154: 1443-1448.[Medline]
280. Stroke Prevention in Atrial Fibrillation Investigators. Adjusted-dose warfarin versus low-intensity, fixed-dose warfarine plus aspirin for high-risk patients with atrial fibrillation: the Stroke Prevention in Atrial Fibrillation III randomized clinical trial. Lancet 1996; 348: 633-638.[Medline]
281. Gullov AL, Koefoed BG, Petersen P, Pedersen TS, Andersen ED, Godtfredsen J et al. Fixed minidose warfarin and aspirin alone and in combination vs adjusted-dose warfarin for stroke prevention in atrial fibrillation: Second Copenhagen Atrial Fibrillation, Aspirin, and Anticoagulation Study. Arch Intern Med 1998; 158: 1513-1521.[Medline]
282. Hylek EM, Singer DE. Risk factors for intracranial hemorrhage in patients taking warfarin. Ann Intern Med 1994; 120: 897-902.[Medline]
283. Fihn SD, Callahan CM, Martin DC, McDonell MB, Henikoff JG, White RH. The risk for and severity of bleeding complications in elderly patients treated with warfarin. Ann Intern Med 1996; 124: 970-979.[Medline]
284. Laupacis A, Albers G, Dalen J, Dunn M, Feinberg W, Jacobsen A. Antithrombotic therapy in atrial fibrillation. 4 th ACCP Consensus Conference on Antithrombotic Therapy. Chest 1995; 108: 3528-3595.
285. Selzer A, Kelly JJ. Immediate and long term results of electrical cardioversion of arrhythmias. Prog Cardiovasc Dis 1966; 9: 90-104.
286. Morris JJ, Peter RH. Electrical cardioversion of atrial fibrillation. Immediate and long-term results and selection of patients. Ann Intern Med 1966; 65: 216-231.
287. Resnekov L, McDonald L. Complications in 220 patients with cardiac dysrhythmias treated by phased direct current shock and indications for electrocardioversion. Br Heart J 1967; 29: 926-936.[Medline]
288. Bjerkelund CJ, Orning OM. The efficacy of anticoagulant therapy in preventing embolism related to DC electrical conversion of atrial fibrillation. Am J Cardiol 1969; 23: 208-216.[Medline]
289. Weinberg DM, Mancini GBJ. Anticoagulation for cardioversion of atrial fibrillation. Am J Cardiol 1989; 63: 745-746.[Medline]
290. Arnold AZ, Mick MJ, Mazurek RP, Loop FD, Trohman RG. Role of prophylactic anticoagulation for direct current cardioversion in patients with atrial fibrillation or flutter. J Am Coll Cardiol 1992; 19: 851-855.[Medline]
291. Grimm RA, Stewart WJ, Maloney JD, Cohen GI, Pearce GL, Salcedo EE et al. Impact of electrical cardioversion for atrial fibrillation on left atrial appendage function and spontaneus echo contrast: characterization by simultaneous transesophageal echocardiography. J Am Coll Cardiol 1993; 22: 1359-1366.[Medline]
292. Manning WJ, Leeman DE, Gotch PJ, Come PC. Pulsed Doppler evaluation of atrial mechanical function after electrical cardioversion of atrial fibrillation. J Am Coll Cardiol 1989; 13: 617-623.[Medline]
293. Padraig GO, Puleo RR. Return of atrial mechanical function following electrical cardioversion of atrial dysrhythmias. Am Heart J 1990; 120: 353-359.[Medline]
294. Mayet J, More RS, Sutton GC. Anticoagulation for cardioversion of atrial arrhythmias. Eur Heart J 1988; 19: 548-552.
295. Silverman DI, Manning WJ. Role of echocardiography in patients undergoing elective cardioversion of atrial fibrillation. Circulation 1998; 98: 479-486.[Medline]
296. Daniel WG, Erbel R, Kasper W, Visser CA, Engberding R, Sutherland GR et al. Safety of transesophageal echocardiography: a multicenter survey of 10419 examinations. Circulation 1991; 83: 817-821.[Medline]
297. Khandheria BK, Seward JB, Tajik AJ. Transeophageal echocardiography. Mayo Clin Proc 1994; 69: 856-863.[Medline]
298. Stoddard MF, Dawkins P, Prince CR, Longaker RA. Transesophageal echocardiography guidance of cardioversion in patients with atrial fibrillation. Am Heart J 1995; 129: 1204-1215.[Medline]
299. Manning WJ, Silverman DI, Keighley CS, Oettgen P, Douglas PS. Transesophageal echocardiographically facilitated early cardioversion from atrial fibrillation using short term anticoagulation: final results of a prospective 4.5 year study. J Am Coll Cardiol 1995; 25: 1354-1361.[Medline]
300. Klein AL, Grimm RA, Black IW, Leung DY, Chung MK, Vaughn SE et al, for the ACUTE Investigators. Cardioversion guided by transesophageal echocardiography: the ACUTE Pilot Study: a randomized, controlled trial. Ann Intern Med 1997; 126: 200-209.[Medline]
301. The Steering and Publications Committees of the ACUTE Study, for the ACUTE investigators. Design of a clinical trial for the assesment of cardioversion using transesophageal echocardiography. The ACUTE Multicenter Study. Am J Cardiol 1998; 81: 877-883.[Medline]
302. Lozano IF, Alonso A, Serrano S, España E, Jiménez E, Fernández JM et al. Tratamiento de la fibrilación auricular no reumática. Monocardio 1996; 42: 55-64.
303. Lown B. Electrical reversion of cardiac arrhytmias. Br Heart J 1962; 29: 469-489.
304. Edward LC, Pritchett MD. Management of atrial fibrillation. N Engl J Med 1992; 326: 1264-1271.[Medline]
305. Van Gelder IC, Crijns HJGM, Van Gilst WH, Verwer R, Lie KI. Prediction of uneventful cardioversion and maintenance of sinus rhythm from direct-current electrical cardioversion of chronic atrial fibrillation and flutter. Am J Cardiol 1991; 68: 41-46.[Medline]
306. Ricard Ph, Levy S, Trigano J, Paganelli F, Daoud E, Man KC et al. Prospective assessment of the minimum energy needed for external electrical cardioversion of atrial fibrillation. Am J Cardiol 1997; 79: 815-816.[Medline]
307. Alt E, Schmitt C, Ammer R, Coenen M, Fotuhi P, Karch M et al. Initial experience with intracardiac atrial defibrillation in patients with chronic atrial fibrillation. PACE 1994; 17: 1067-1078.[Medline]
308. Murgatroyd F, Slade AKB, Sopher SM, Rowland E, Ward DE, Camm AJ. Efficacy and tolerability of transvenous low energy cardioversion of paroxysmal atrial fibrillation in humans. J Am Coll Cardiol 1995; 25: 1347-1353.[Medline]
309. Levy S, Ricard Ph, Lau CP, Lok NS, Camm AJ, Murgatroyd F et al. Multicenter low-energy transvenous atrial defibrillation trial. Results in different subjects of atrial fibrillation. J Am Coll Cardiol 1997; 29: 750-755.[Medline]
310. Levy S, Ricard Ph, Gueunoun M, Yapo F, Trigano J, Mansouri C et al. Low-energy cardioversion of spontaneous atrial fibrillation. Circulation 1997; 96: 253-259.[Medline]
311. Schmitt C, Alt E, Plewan A, Ammer R, Leibig M, Karch M et al. Low-energy intracardiac cardioversion after failed conventional external cardioversion of atrial fibrillation. J Am Coll Cardiol 1996; 28: 994-999.[Medline]
312. Markevitz A, Schad N, Hemmer W, Berheim C, Ciavolollela M, Weinhold C. What is the most approppriate stimulation mode in patients with node dysfunction? PACE 1986; 9: 1115-1120.[Medline]
313. Zanini R, Facchinetti A, Gallo G, Cazzamalli L, Bonandi L, Cas LD. Morbidity and mortality in patients with sinus node disease: comparative effects of atrial and ventricular pacing. PACE 1990; 13: 2076-2079.[Medline]
314. Rosenqvist M, Brandt J, Schuller H. Long-term pacing in sinus node disease: the effects of estimulation mode on cardiovascular morbidity and mortality. Am Heart J 1988; 116: 16-22.[Medline]
315. Hesselson AB, Parsonnet V, Bernstein AD, Bonavita GJ. Deleterious effects of long-term single-chamber ventricular pacing in patients with sick sinus syndrome: the hidden benefits of dual-chamber pacing. J Am Coll Cardiol 1992; 19: 1542-1549.[Medline]
316. Dreifus LS, Fisch C, Griffin JC, Gillette PC, Mason JW, Parsonnet V. Guidelines for implantation of cardiac pecemakers and antiarrhythmia devices. A report of the ACC/AMA task force on assesment of diagnostic and therapeutic cardiovascular procedures. J Am Coll Cardiol 1991; 18: 1-13.[Medline]
317. Daubert C, Mabo P, Berder V, Bederq L. Atrial tachyarrhythmias associated with high degree interatrial conduction block: prevention by permanent atrial resynchronization. Eur J Cardiac Pacing Electrophysiol 1994; 4: 35-44.
318. Saksena S, Prakash A, Hill M, Krol RB, Munsif AN, Mathew PP et al. Prevention of recurrent atrial fibrillation with chronic dual-site right atrial pacing. J Am Coll Cardiol 1996; 28: 687-694.[Medline]
319. Belham M, Bostock J, Bucknall C, Holt P, Gill J. Biatrial pacing for atrial fibrillation: where is the optimal site of left atrial pacing [resumen]. PACE 1987; 20: 1074.
320. Josephson ME. New approaches to the management of atrial fibrillation. The role of Atrial Defibrillator. Circulation 1998; 98: 1594-1596.[Medline]
321. Ayers GM, Alferness CA, Ilina M, Wagner DO, Sirokman WA, Adams JM et al. Ventricular proarrhythmic effects of ventricular cycle length and shock strength in a sheep model of transvenous atrial defibrillation. Circulation 1994; 89: 413-422.[Medline]
322. Wellens HJ, Lau CP, Luderitz B, Akhtar M, Waldo AL, Camm AJ et al, for the METRIX Investigators. Atrioverter: an implantable device for the treatment of atrial fibrillation. Circulation 1998; 98: 1651-1656.[Medline]
323. Lok NS, Lau CP, Ayers GM. Can transvenous atrial defibrillation be performed without sedation? [resumen]. Eur J Cardiac Pacing Electrophysiol 1996; 6: 55.
324. Jung W, Luderitz B. Implantacion of an arrhythmia management system for ventricular and supraventricular tachyarrthmias. Lancet 1997; 349: 853-855.
325. Klein GJ, Sealy WC, Pritchett EL, Harrison L, Hackel DB, Davis D et al. Cryosurgical ablation of the atrioventricular node-His bundle: long-term follow-up and properties of the junctional pacemaker. Circulation 1980; 61: 8-15.[Medline]
326. Leitch JW, Klein G, Yee R, Guiraudon G. Sinus node-atrioventricular node isolation: long-term results with the «corridor» operation for atrial fibrillation. J Am Coll Cardiol 1991; 17: 970-975.[Medline]
327. Williams JM, Ungerleider RM, Lofland GK, Cox JL. Left atrial isolation; a new technique for te treatment of supraventricular arrhythmias. J Thorac Cardiovasc Surg 1980; 80: 373-380.[Medline]
328. Graffigna A, Pagani F, Minzioni G, Salerno J, Vigano M. Left atrial isolation associated with mitral valve operations. Ann Thorac Surg 1992; 54: 1093-1098.[Medline]
329. Cox JL, Jaquiss RDB, Schuessler RB, Boineau JP. Modification of the Maze procedure for atrial flutter and atrial fibrillation. II Surgical technique of the Maze III procedure. J Thorac Cardiovasc Surg 1995; 110: 485-495.[Medline]
330. Kosakai Y, Kawaguchi AT, Isobe F, Sasako Y, Nakano K, Eishi K et al. Modified maze procedure for patients with atrial fibrillation undergoing simultaneous open heart surgery. Circulation 1995; 92: 359-364.
331. Scheinman MM, Morady F, Hess DS, Gonzales R. Catheter induced ablation of the atrioventricular junction to control refractory supraventricular arrhythmias. JAMA 1982; 248: 851-855.[Medline]
332. Gallagher JJ, Svenson RH, Kasell JH, German LD, Bardy GH, Broughton A et al. Catheter technique for closed-chest ablation of the atrioventricular conduction system. A therapeutic alternative for the treatment of refractory supraventricular tachycardias. N Engl J Med 1982; 306: 194-200.[Medline]
333. Yeung-Lai-Wah JA, Alison JF, Lonergan L. High sucess rate of atrioventricular node ablation with radiofrecuency energy. J Am Coll Cardiol 1991; 18: 1753-1758.[Medline]
334. Jackman WM, Wang X, Friday KJ, Fitzgerald DM, Roman C, Moulton K et al. Catheter ablation of atrioventricular junction using radiofrecuency current in 17 patients. Comparison of standard and large-tip catheter electrodes. Circulation 1991; 83: 1562-15676.[Medline]
335. Morady F, Calkins H, Langberg JJ, Armstrong WF, De Buitleir M, El Atassi R et al. A prospective randomized comparison of direct current and radiofrecuency ablation of the atrioventricular junction. J Am Coll Cardiol 1993; 21: 102-109.[Medline]
336. Kay GN, Ellenbogen KA, Giudici M, Redfield MM, Jenkins LS, Mianulli M et al. The Ablate and Pace Trial: a prospective study of catheter ablation of the AV conduction system and permanent pacemaker implantation for treatment of atrial fibrillation. APT investigators. J Interv Card Electrophysiol 1998; 2: 121-135.[Medline]
337. Rubien RS, Knotts-Dolson SM, Plumb VJ, Kay GN. Effect of radiofrecuency catheter ablation on health-related quality of life and activities of daily living in patients with recurrent arrhythmias. Circulation 1996; 94: 1585-1591.[Medline]
338. Brignole M, Gianfranchi L, Menozzi C, Alboni P, Musso G, Bongiorni MG et al. Assessment of atrioventricular junction ablation and DDDR mode-switching pacemaker versus pharmacological treatment in patients with severely symptomatic paroxysmal atrial fibrillation. A randomized controlled study. Circulation 1997; 96: 2617-2624.[Medline]
339. Brignole M, Menozzi C, Gianfranchi L, Musso G, Mureddu R, Bottoni N et al. Assessment of atrioventricular junction ablation and VVIR pacemaker versus pharmacological treatment in patients with heart failure and chronic atrial fibrillation. Circulation 1998; 98: 953-960.[Medline]
340. Feld GK, Fleck RP, Fujimura O, Prothro DL, Bahnson TD, Ibarra M. Control of rapid ventricular response by radiofrecuency catheter modification of the atrioventricular node in patients with medically refractory atrial fibrillation. Circulation 1994; 90: 2299-2307.[Medline]
341. Williamson BD, Man KC, Dauod E, Niebauer M, Strickberger SA, Morady F. Radiofrecuency catheter modification of atrioventricular conduction to control the ventricular rate during atrial fibrillation. N Engl J Med 1994; 331: 910-917.[Medline]
342. Della Bella P, Carcbucicchio C, Tondo C, Riva S. Modulation of atrioventricular conduction by ablation of the slow atrioventricular node pathway in patients with drug-refractory atrial fibrillation or flutter. J Am Coll Cardiol 1995; 25: 39-46.[Medline]
343. Tebbenjohans J, Pfeiffer D, Schumacher B, Jung W, Manz M, Luderitz B. Slowing of the ventricular rate during atrial fibrillation by ablation of the slow pathway of AV nodal reentrant tachycardia. J Cardiovasc Electrophysiol 1995; 6: 711-715.[Medline]
344. Haissaguerre M, Gencel L, Fischer B, LeMetayer P, Poquet F, Marcus FI et al. Successful catheter ablation of atrial fibrillation. J Cardiovasc Electrophysiol 1994; 5: 1045-1052.[Medline]
345. Haisaguerre M, Jais P, Shah DC, Chouairi S, Gencel L, Pradeau V et al. Right and left atrial radiofrecuency catheter therapy of paroxysmal atrial fibrillation. J Cardiovasc Electrophysiol 1996; 7: 1132-1144.[Medline]
346. Swartz JF, Pellersels G, Silvers J. A catheter-based curative approach to AF in humans [resumen]. Circulation 1994; 90: 335.
347. Rubin AM, Morganroth J, Kowey P. Ventricular premature depolarizations. En: Podrid PJ, Kowey PR, editores. Cardiac arrhythmia: mechanisms, diagnosis and management. Baraltimore: Williams & Wilkins, 1995; 891-906.
348. Sodowick BC, Buxton AE. Clinical significance of nonsustained ventricular tachycardia. En: Podrid PJ, Kowey PR, editores. Cardiac Arrhythmia: mechanisms, diagnosis and management. Baltimore: Willians & Wilkins, 1995; 907-918.
349. Marinchak RA, Rials SJ, Filart RA, Kowey PR. The top ten fallacies of nonsustained ventricular tachycardia. PACE 1997; 20: 2825-2847.[Medline]
350. Kinder C, Tamburro P, Kopp D, Kall J, Olshansky B, Wilber D. The clinical significance of nonsustained ventricular tachycardia: current perspectives. PACE 1994; 17: 637-664.[Medline]
351. Anderson KP, De Camilla J, Moss AJ. Clinical significance of VT (3 beats or longer) detected during ambulatory monitoring after myocardial infarction. Circulation 1978; 57: 890-897.[Medline]
352. Bigger JT, Weld FM, Rolnitzky LM. Prevalence, characteristics and significance of ventricular tachycardia (three or more complexes) detected with ambulatory electrocardiographic recording in the late hospital phase of acute myocardial infarction. Am J Cardiol 1981; 48: 815-823.[Medline]
353. Huang SK, Messer JV, Denes P. Significance of ventricular tachycardia in idiopathic dilated cardiomyopathy: Observations in 35 patients. Am J Cardiol 1983; 51: 507-512.[Medline]
354. Wilson JR, Schwartz JS, St. John Sutton M, Ferraro N, Horowitz LN, Reichek N et al. Prognosis in severe heart failure: relation to hemodynamic measurements and ventricular ectopic activity. J Am Coll Cardiol 1983; 2: 403-410.[Medline]
355. Meinertz T, Hofmann T, Kasper W, Treese N, Bechtold H, Stienen U et al. Significance of ventricular arrhythmias in idiopathic dilated cardiomyopathy. Am J Cardiol 1984; 53: 902-907.[Medline]
356. Von Olshausen K, Stienen U, Schwartz F, Kubler W, Meyer J. Long-term prognostic significance of ventricular arrhythmias in idiopathic dilated cardiomyopathy. Am J Cardiol 1988; 61: 146-151.[Medline]
357. Buxton AE, Marchlinski FE, Doherty JU, Cassidy DM, Vassallo JA, Flores BT et al. Repetitive, monomorphic ventricular tachycardia: clinical and electrophysiologic characteristics in patients with and patients without organic heart disease. Am J Cardiol 1984; 54: 997-1002.[Medline]
358. Kennedy HL, Whitlock JA, Sprague MK, Kennedy LJ, Buckingham TA, Goldberg RJ. Long-term follow-up of asymptomatic healthy subjects with frequent and complex ventricular ectopy. N Engl J Med 1985; 312: 193-197.[Medline]
359. Fleg JL, Kennedy HL. Long-term prognostic significance of ambulatory electrocardiographic findings in apparently healthy subjects greater than or equal to 60 years of age. Am J Cardiol 1992; 70: 748-753.[Medline]
360. Varma N, Josephson ME. Therapy of «idiopathic» ventricular tachycardia. J Cardiovasc Electrophysiol 1997; 8: 104-116.[Medline]
361. Zhu DW, Maloney JD, Simmons TW, Nitta J, Fitzgerald DM, Trohman RG et al. Radiofrequency catheter ablation for management of symptomatic ventricular ectopic activity. J Am Coll Cardiol 1995; 26: 843-849.[Medline]
362. Klein LS, Shih HT, Hackett FK, Zipes DP, Miles WM. Radiofrequency catheter ablation of ventricular tachycardia in patients without structural heart disease. Circulation 1992; 85: 1666-1674.[Medline]
363. Wilber DJ, Baerman J, Olshansky B, Kall J, Kopp D. Adenosine-sensitive ventricular tachycardia. Clinical characteristics and response to catheter ablation. Circulation 1993; 87: 126-134.[Medline]
364. Aizawa Y, Chinushi M, Naitoh N, Kusano Y, Kitazawa H, Takahashi K et al. Catheter ablation with radiofrequency current of ventricular tachycardia originating from the right ventricle. Am Heart J 1993; 125: 1269-1275.[Medline]
365. Calkins H, Kalbfleisch SJ, El-Atassi R, Langberg JJ, Morady F. Relation between efficacy of radiofrequency catheter ablation and site of origin of idiopathic ventricular tachycardia. Am J Cardiol 1993; 71: 827-833.[Medline]
366. Coggins DL, Lee RJ, Sweeney J, Chein WW, Van Hare G, Epstein L et al. Radiofrequency catheter ablation as a cure for idiopathic tachycardia of both left and right ventricular origin. J Am Coll Cardiol 1994; 23: 1333-1341.[Medline]
367. Peinado R, Arenal A, Almendral J, Villacastín J, Merino JL, Martínez-Alday JD et al. Ablación con catéter mediante radiofrecuencia de taquicardias ventriculares en pacientes sin cardiopatía estructural aparente. Rev Esp Cardiol 1994; 47: 803-810.[Medline]
368. O'Connor BK, Case CL, Sokoloski MC, Brair H, Cooper K, Gillete PC. Radiofrequency catheter ablation of right ventricular outflow tachycardia in children and adolescents. J Am Coll Cardiol 1996; 27: 869-874.[Medline]
369. Eldar M, Sievner Z, Goldbourt U, Reicher-Reiss H, Kaplinsky E, Behar S. Primary ventricular tachycardia in acute myocardial infarction: clinical characteristics and mortality. Ann Intern Med 1992; 117: 31-36.[Medline]
370. Cheema AN, Sheu K, Parker M, Kadish AH, Goldberger JJ. Nonsustained ventricular tachycardia in the setting of acute myocardial infarction. Tachycardia characteristics and their prognostic implications. Circulation 1998; 98: 2030-2036.[Medline]
371. Bigger T, Fleiss J, Kleiger R, Miller J, Rolnitzky L, and the Multicenter Post-Infarction Research Group. The relationships among ventricular arrhythmias, left ventricular dysfunction, and mortality in the 2 years after myocardial infarction. Circulation 1984; 69: 250-258.[Medline]
372. Myerburg RJ, Kessler KM, Castellanos A. Sudden cardiac death: epidemiology, transient risk, and intervention assessment. Ann Intern Med 1993; 119: 1187-1197.[Medline]
373. The Multicenter Postinfarction Research Group. Risk stratification and survival after myocardial infarction. N Engl J Med 1983; 309: 331-336.[Medline]
374. Denes P, Gillis AM, Pawitan I, Kammerling JM, Wilhelmsen L, Salerno DM. Prevalence, characteristics and significance of ventricular premature complexes and ventricular tachycardia detected by 24-hour continuous electrocardiographic recording in the Cardiac Arrhythmia Suppression Trial. Am J Cardiol 1991; 68: 887-896.[Medline]
375. Hallstrom AP, Bigger JT, Roden D, Friedman L, Akiyama T, Richardson DW et al. Prognostic significance of ventricular premature depolarizations measured one yeart after myocardial infarction in patients with early postinfarction asymptomatic ventricular arrhythmia. J Am Coll Cardiol 1992; 20: 259-264.[Medline]
376. Wilson AC, Kostis JB. The prognostic significance of very low frequency ventricular ectopic activity in survivors of acute myocardial infarction. The BHAT Study Group. Chest 1992; 102: 732-736.[Medline]
377. Odemuyiwa O, Farrel TG, Malik M, Bashir Y, Millane T, Cripps T et al. Influence of age on the relation between heart rate variability, left ventricular ejection fractions, frequency of ventricular extrasystoles, and sudden death after myocardial infarction. Br Heart J 1992; 67: 387-392.[Medline]
378. Maggioni A, Zuanetti G, Franzosi G, Rovelli F, Santoro E, Staszewsky L et al, on behalf of the GISSI-2 Investigators. Prevalence and prognostic significance of ventricular arrhythmias after myocardial infarction in the fibrinolytic era. Circulation 1993; 87: 312-322.[Medline]
379. Rouleau J, Talajic M, Sussex B, Potvin L, Warnica W, Davica RF et al. Myocardial infarction patients in the 1990's -their risk factors, stratification and survival in Canada: the Canadian Assessment of Myocardial Infarction (CAMI) Study. J Am Coll Cardiol 1996; 27: 1119-1127.[Medline]
380. Kowey PR, Waxman HL, Greenspon A, Greenberg R, Poll D, Kutalek S et al. Value of electrophysiologic testing in patients with previous myocardial infarction and nonsustained ventricular tachycardia. Am J Cardiol 1990; 65: 594-598.[Medline]
381. Buxton AE, Lee KL, DiCarlo L, Echt DS, Fisher JD, Greer GS et al Nonsustained ventricular tachycardia in coronary artery disease: relation to inducible sustained ventricular tachycardia. Ann Intern Med 1996; 125: 35-39.[Medline]
382. Buxton AE, Marchlinski FE, Waxman HL, Flores BT, Cassidy DM, Josephson ME. Prognostic factors in nonsustained ventricular tachycardia. Am J Cardiol 1984; 53: 1275-1279.[Medline]
383. Buxton AE, Waxman HL, Marchlinski FE, Josephson ME. Electrophysiologic studies in nonsustained ventricular tachycardia: relation to underlying heart disease. Am J Cardiol 1983; 52: 985-991.[Medline]
384. El Sherif N, Denes P, Katz R, Capone R, Mitchell LB, Carlson M et al. Definition of the best prediction criteria of the time domain signal-averaged electrocardiogram for serious arrhythmic events in the postinfarction period. J Am Coll Cardiol 1995; 25: 908-914.[Medline]
385. Gomes JA, Winters SL, Stewart D, Horowitz S, Milber M, Barreca P. A new noninvasive index to predict sustained ventricular tachycardia and sudden death in the first year after myocardial infarction: based on signal-averaged electrocardiogram, radionuclide ejection fraction and Holter monitoring. J Am Coll Cardiol 1987; 10: 349-357.[Medline]
386. Hammill SC, Trusty JM, Wood DL, Bailey KR, Vattenott PJ, Osborn MJ et al. Influence of ventricular function or absence of coronary artery disease on results of electrohysiologic testing for asymptomatic nonsustained ventricular tachycardia. Am J Cardiol 1990; 65: 722-728.[Medline]
387. Buxton AE, Marchlinski FE, Flores BT, Miller JM, Doherty JU, Josephson ME. Nonsustained ventricular tachycardia in patients with coronary artery disease: role of electrophysiologic study. Circulation 1987; 75: 1178-1185.[Medline]
388. Wilber DJ, Olshansky B, Moran JF, Scanlon PJ. Electrophysiological testing and nonsustained ventricular tachycardia. Use and limitations in patients with coronary artery disease and impaired ventricular function. Circulation 1990; 82: 350-358.[Medline]
389. Klein RC, Machell C. Use of electrophysiologic testing in patients with nonsustained ventricular tachycardia: prognostic and therapeutic implications. J Am Coll Cardiol 1989; 14: 155-161.[Medline]
390. Turitto G, El-Sherif N. The signal-averaged electrocardiogram and programmed stimulation in patients with complex ventricular arrhythmias. PACE 1990; 13: 2156-2159.[Medline]
391. Hernández M, Taylor J, Marinchack R, Rials S, Tubin A, Kowey P. Outcome of patients with nonsustained ventricular tachycardia and severely impaired ventricular function who have negative electrophysiologic studies. Am Heart J 1995; 129: 492-496.[Medline]
392. Echt DS, Liebson PR, Mitchell LB, Peters RW, Obias-Manno D, Barker AH, and the CAST investigators. Mortality and morbidity in patients receiving encainide, flecainide, or placebo. The Cardiac Arrhythmia Suppression Trial. N Engl J Med 1991; 324: 781-788.[Medline]
393. The Cardiac Arrhythmia Suppression Trial II Investigators. Effect of the antiarrhythmic agent moricizine on survival after myocardial infarction. N Engl J Med 1992; 327: 227-233.[Medline]
394. Burkart F, Pfisterer M, Kiowski W, Follath F, Burckhardt D. Effect of antiarrhythmic therapy on mortality in survivors of myocardial infarction with asymptomatic complex ventricular arrhythmias: Basel Antiarrhythmic Study of Infarct Survival (BASIS). J Am Coll Cardiol 1990; 16: 1711-1718.[Medline]
395. Pfisterer ME, Kiowski W, Brunner H, Burkhardt DB. Long-term benefit of 1-year amiodarone treatment for persistent complex ventricular arrhythmias after myocardial infarction. Circulation 1993; 87: 309-311.[Medline]
396. Pfisterer M, Kiowski W, Burkhardt D, Follath F, Burkart F. Beneficial effect of amiodarone on cardiac mortality in patients with asymptomatic complex ventricular arrhythmias aftert acute myocardial infarction and preserved but not impaired left ventricular function. Am J Cardiol 1992; 69: 1399-1402.[Medline]
397. Cairns JA, Connolly SJ, Roberts R, Gent M, for the Canadian Amiodarone Myocardial Infarction Arrhythmia Trial Investigators. Randomised trial of outcome after myocardial infarction in patients with frequent or repetitive ventricular premature depolarisations: CAMIAT. Lancet 1997; 349: 675-682.[Medline]
398. Moss AJ, Hall J, Cannom DS, Daubert JP, Higgins SL, Klein H et al, for the Multicenter Automatic Defibrillator Implantation Trial Investigators. Improved survival with an implanted defibrillator in patients with coronary disease at high risk for ventricular arrhythmia. N Engl J Med 1996; 335: 1933-1940.[Medline]
399. Friedman PL, Stevenson WG. Unsustained ventricular tachycardia. To treat or not to treat. N Engl J Med 1996; 335: 1984-1985.[Medline]
400. Buxton AE, Lee KL, Fisher JD, Josephson ME, Prystowsky EN, Hafley G. A randomized study of the prevention of sudden death in patients with coronary artery disease. N Engl J Med 1999; 341: 1882-1890.[Medline]
401. Gregoratos G, Cheitlin MD, Conill A, Epstein AE, Fellows C, Ferguson TB Jr et al. ACC/AHA guidelines for implantation of cardiac pacemakers and antiarrhythmia devices: a report of the American College of Cardiology/American Heart Association Task Force on Practice Guidelines (Committee on Pacemaker Implantation). J Am Coll Cardiol 1998; 31: 1175-1209.[Medline]
402. Villacastín J, Hernández Madrid A, Moya A, Peinado R. Indicaciones actuales del desfibrilador automático implantable. Rev Esp Cardiol 1998; 51: 259-273.[Medline][Artículo]
403. Poll DS, Marchlinski FE, Falcone RA, Josephson ME, Simson MB. Abnormal signal-averaged electrocardiograms in patients with nonischenmic congestive cardiomyopathy: relationship to sustained ventricular tachyarrhythmias. Circulation 1985; 71: 1308-1313.
404. Mancini DM, Wong KL, Simson MB. Prognostic value of an abnormal signal-averaged electrocardiogram in patients with nonischemic congestive cardiomyopathy. Circulation 1993; 87: 1083-1092.[Medline]
405. Keeling PJ, Kulakowski P, Yi G, Slade A, Bent SE, Mackenna J. Usefulness of signal averaged electrocardiogram in idiopathic dilated cardiomyopathy for identifying patients with ventricular arrhythmias. Am J Cardiol 1993; 72: 78-84.[Medline]
406. Das SK, Morady F, DiCarlo L, Baerman J, Krol R, De Buitleir M et al. Prognostic usefulness of programmed ventricular stimulation in idiopathic dilated cardiomyopathy without symptomatic ventricular arrhythmias. Am J Cardiol 1986; 58: 998-1000.[Medline]
407. Poll DS, Marchlinski FE, Buxton AD, Josephson ME. Usefulness of programmed stimulation in idiopathic dilated cardiomyopathy. Am J Cardiol 1986; 58: 992-997.[Medline]
408. Meinertz T, Treese N, Kasper W, Geibel A, Holfmann T, Zehender M et al. Determinants of prognosis in idiopathic dilated cardiomyopathy as determined by programmed electrical stimulation. Am J Cardiol 1985; 56: 337-341.[Medline]
409. Stamato NJ, O'Connell JB, Murdock DK, Moran JF, Loeb MS, Scanlon PJ. The response of patients with complex ventricular arrhythmias secondary to dilated cardiomyopathy to programmed electrical stimulation. Am Heart J 1986; 112: 505-508.[Medline]
410. Doval HC, Nul DR, Grancelli HO, Varini SD, Soifer S, Corrado G, for the GESICA-GEMA Investigators. Randomized trial of low-dose amiodarone in severe congestive heart failure. Lancet 1994; 344: 493-498.[Medline]
411. Chakko CS, Gheorghiade M. Ventricular arrhythmias in severe heart failure: incidence, significance and effectiveness of antiarrhythmic therapy. Am Heart J 1985; 109; 497-504.[Medline]
412. Doval HC, Nul DR, Grancelli HO, Varini SD, Soifer S, Corrado G, for the GESICA-GEMA Investigators. Nonsustained ventricular tachycardia in severe heart failure. Circulation 1996; 94: 3198-3203.[Medline]
413. Singh SN, Fisher SG, Carson PE, Fletcher RD, and the department of Veterans Affairs CHF STAT Investigators. Prevalence and significance of nonsustained ventricular tachycardia in patients with premature ventricular contractions and heart failure treated with vasodilator therapy. J Am Coll Cardiol 1998; 32: 942-947.[Medline]
414. Nicklas JM, McKenna WJ, Stewart RA, Mickelson JK, Das SK, Schork A et al. Prospective, double-blind, placebo-controlled trial of low dose amiodarone in patients with severe heart failure and asymptomatic frequent ventricular ectopy. Am Heart J 1991; 22: 1016-1021.
415. Garguichevich JJ, Ramos JL, Gambarte A, Gentile A, Hauad S, Scapin O et al. Effect of amiodarone therapy on mortality in patients with left ventricular dysfunction and asymptomatic complex ventricular arrhythmias: Argentine pilot study of sudden death and amiodarone (EPAMSA). Am Heart J 1995; 30: 494-500.
416. Singh SN, Fletcher RD, Fisher SG, Singh BN, Lewis HD, Deedwania PC et al. Amiodarone in patients with congestive heart failure and asymptomatic ventricular arrhythmia. N Engl J Med 1995; 333: 77-82.[Medline]
417. Mckenna WJ, England D, Doi YL, Deanfield JE, Oakley CM, Goodwin JF. Arrhythmia in hypertrophic cardiomyopathy. I. Influence on prognosis. Br Heart J 1981; 46: 168-172.[Medline]
418. Maron BJ, Savage DD, Wolfson JK, Epstein SE. Prognostic significance of 24 hour ambulatory electrocardiographic monitoring in patients with hypertrophic cardiomyopathy: a prospective study. Am J Cardiol 1981; 48: 252-257.[Medline]
419. McKenna WJ, Oakely CM, Krikler DM, Goodwin JF. Improved survival with amiodarone in patients with hypertrophic cardiomyopathy and ventricular tachycardia. Br Heart J 1985; 53: 412-416.[Medline]
420. Fananapazir L, Leon MB, Bonow RO, Tracy CM, Cannon RO III, Epstein SE. Sudden death durig empiric amiodarone therapy in symptomatic hypertrophic cardiomyopathy. Am J Cardiol 1991; 67: 169-174.[Medline]
421. Spirito P, Rapezzi C, Autore C, Bruzzi P, Bellone P, Ortolani P et al. Prognosis of asymptomatic patients with hypertrophic cardiomyopathy and nonsustained ventricular tachycardia. Circulation 1994; 90: 2743-2747.[Medline]
422. Fananapazir L, Chang AC, Epstein SE, McAreavey D. Prognostic determinants in hypertrophic cardiomyopathy. Prospective evaluation of a therapeutic strategy based on clinical, Holter, hemodynamic, and electrophysiologic findings. Circulation 1992; 86: 730-740.[Medline]
423. Akthar M. Clinical spectrum of ventricular tachycardia. Circulation 1990; 82: 1561-1573.[Medline]
424. Hurwitz JL, Josephson ME. Ventricular tachycardia in noncoronary disease. En: Josephson ME, Wellens HJJ, editores. Mount Kisco, NY: Futura Publishing Co Inc., 1993; 237-256.
425. Trappe HJ, Brugada P, Talajic M, Della Bella P, Lezaun R, Mulleneers R et al. Prognosis of patients with ventricular tachycardia and ventricular fibrillation: role of the underlying etiology. J Am Coll Cardiol 1988; 12: 166-174.[Medline]
426. Brugada P, Talajic M, Smeets J, Mulleneers R, Wellens HJJ. The value of the clinical history to assess prognosis of patients with ventricular tachycardia or ventricular fibrillation after myocardial infarction. Eur Heart J 1989; 10: 747-752.[Medline]
427. Sarter BH, Finkle JK, Gerszten RE, Buxton AE. What is the risk of sudden cardiac death in patients presenting with hemodynamically stable sustained ventricular tachycardia after myocardial infarction? J Am Coll Cardiol 1996; 28: 122-129.[Medline]
428. Gorgels AP, Van den Dool A, Hofs A, Mulleneers R, Smeets JL, Vos MA et al. Comparison of procainamide and lidocaine in terminating sustained monomorphic ventricular tachycardia. Am J Cardiol 1996; 78: 43-46.[Medline]
429. Rankin AC, Rae AP, Cobbe SM. Misuse of intravenous verapamil in patients with ventricular tachycardia. Lancet 1987; 29: 472-474.
430. Echt DS, Liebson PR, Mitchell B, Peters RW, Obias-Manno D, Barker AH et al, and the CAST investigators. Mortality and morbidity in patients receiving encainide, flecainide, or placebo. The cardiac arrhythmia suppression trial. N Engl J Med 1991; 324: 781-788.[Medline]
431. Horowitz LN, Josephson ME, Farshidi A, Spielman SR, Michelson EL, Greenspan AM. Recurrent sustained ventricular tachycardia. 3. Role of the electrophysiologic study in selection of antiarrhythmic regimens. Circulation 1978; 58: 986-997.[Medline]
432. Mason JW, Winkle RA. Accuracy of the ventricular tachycardia induction study for predicting long-term efficacy and inefficacy of antiarrhythmic drugs. N Engl J Med 1980; 303: 1073-1077.[Medline]
433. Spielman SR, Schwartz JS, McCarthy DM, Horowitz LN, Greenspan AM, Sadowski LM et al. Predictors of the success or failure of medical therapy in patients with chronic recurrent sustained ventricular tachycardia: a discriminant analysis. J Am Coll Cardiol 1983; 1: 401-408.[Medline]
434. Swerdlow CD, Winkle RA, Mason JW. Determinants of survival in patients with ventricular tachyarrhythmias. N Engl J Med 1983; 308: 1436-1442.[Medline]
435. Mason J. A comparison of seven antiarrhythmic drugs in patients with ventricular tachyarrhythmias. Electrophysiologic Study versus Electrocardiographic Monitoring Investigators. N Engl J Med 1993; 329: 452-458.[Medline]
436. Steinbeck G, Andresen D, Bach P, Haberl R, Oeff M, Hoffmann E et al. A comparison of electrophysiologically guided antiarrhythmic drug therapy with beta-blocker therapy in patients with symptomatic, sustained ventricular tachyarrhythmias. N Engl J Med 1992; 327: 987-992.[Medline]
437. Kovoor P, Eipper V, Byth K, Cooper MJ, Uther JB, Ross DL. Comparison of sotalol with amiodarone for long-term treatment of spontaneous sustained ventricular tachyarrhythmia based on coronary artery disease. Eur Heart J 1999; 20: 364-374.[Medline]
438. Kelly P, Ruskin JN, Vlahakkes GJ, Buckley MJ, Freeman CS, Garan H. Surgical coronary revascularization in survivors of prehospital cardiac arrest: its effect on inducible ventricular arrhythmias and long-term survival. J Am Coll Cardiol 1990; 15: 267-273.[Medline]
439. Josephson ME, Harken AH, Horowitz LN. Endocardial excision: a new surgical technique for treatment of recurrent ventricular tachycardia. Circulation 1979; 60: 1430-1439.[Medline]
440. Cox JL. Patient selection criteria and results of surgery for refractory ventricular tachycardia. Circulation 1989; 79 (Supl 1): 163-177.
441. Nath S, Haines DE, Kron IL, Barber MJ, Di Marco JP. Regional wall motion analysis predicts survival and functional outcome after subendocardial resection in patients with prior anterior myocardial infarction. Circulation 1993; 88: 70-76.[Medline]
442. Bueno H, Almendral J, Albertos J, Arenal A, Villacastín J, Pastor A et al. Tratamiento quirúrgico de las taquicardias ventriculares sostenidas. Resultados a corto y medio plazo en la «era» del desfibrilador implantable y del trasplante cardíaco. Rev Esp Cardiol 1994; 47: 227-238.[Medline]
443. Hargrove WC, Miller JM. Risk stratification and management of patients with recurrent ventricular tachycardia and other malignant ventricular arrhythmias. Circulation 1989; 79 (Supl 1): 178-181.
444. Hindricks G. Complications of radiofrequency catheter ablation of arrhythmias. Eur Heart J 1993; 14: 1644-1653.[Medline]
445. Cáceres J, Jazayeri M, McKinnie J, Avitall B, Denker ST, Tchou P et al. Sustained bundle branch reentry as a mechanism of clinical tachycardia. Circulation 1989; 79: 256-270.[Medline]
446. Tchou P, Jazayeri M, Denker S, Dongas J, Caceres J, Akhtar M. Transcatheter electrical ablation of right bundle branch. A method of treating macroreentrant ventricular tachycardia attributed to bundle branch reentry. Circulation 1988; 78: 246-257.[Medline]
447. Moss AJ, Hall J, Cannom DS, Daubert JP, Higgins SL, Klein H et al for the Multicenter Automatic Defibrillator Implantation Trial Investigators. Improved survival with an implanted defibrillator in patients with coronary disease at high risk for ventricular arrhythmia. N Engl J Med 1996; 335: 1933-1940.[Medline]
448. The Antiarrhythmic Versus Implantable Defibrillators (AVID) investigators. A comparison of antiarrhythmic-drug therapy with implantable defibrillators in patients resucitated from near-fatal ventricular arrhythmias. N Engl J Med 1997; 337: 1576-1583.[Medline]
449. Cao K, Gonska BD. Catheter ablation of incessant ventricular tachycardia: acute and long-term results. Eur Heart J 1996; 17: 756-763.[Medline]
450. Lemery R, Brugada P, Della Bella P, Dugernier T, Van Del Dool A, Wellens HJJ. Nonischemic ventricular tachycardia. Clinical course and long-term follow-up in patients without clinically overt heart disease. Circulation 1989; 79: 990-999.[Medline]
451. Rahilly GM, Prystowsky EN, Zipes DP, Naccarelli GV, Jackman WM, Heger JJ. Clinical and electrophysiologic findings in patients with repetitive monomorphic ventricular tachycardia and otherwise normal electrocardiogram. Am J Cardiol 1982; 50: 459-468.[Medline]
452. Buxton AE, Marchlinski FE, Doherty JU, Cassidy DM, Vassallo JA, Flores BT et al. Repetitive, monomorphic ventricular tachycardia: clinical and electrophysiologic characteristics in patients with and patients without organic heart disease. Am J Cardiol 1984; 54: 997-1002.[Medline]
453. Gill JS, Mehta D, Ward DE, Camm AJ. Efficacy of flecainide, sotalol, and verapamil in the treatment of right ventricular tachycardia in patients without overt cardiac abnormality. Br Heart J 1992; 68: 392-397.[Medline]
454. Klein LS, Shih UT, Hakett FK, Zipes DP, Miles WM. Radiofrequency catheter ablation of ventricular tachycardia in patients without structural heart disease. Circulation 1992; 85: 1666-1674.[Medline]
455. Calkins H, Kalbfleisch SJ, El-Atassi, Langberg JL, Morady F. Relation between efficacy of radiofrequency catheter ablation and site of origin of idiopathic ventricular tachycardias. Am J Cardiol 1993; 71: 827-833.[Medline]
456. Peinado R, Arenal A, Almendral J, Villacastín J, Merino JL, Martínez-Alday J et al. Ablación con catéter mediante radiofrecuencia de taquicardias ventriculares en pacientes sin cardiopatía estructural aparente. Rev Esp Cardiol 1994; 47: 803-810.[Medline]
457. Rodríguez LM, Smeets JL, Timmermans C, Wellens HJJ. Predictors for successful ablation of right and left sided idiopathic ventricular tachycardia. Am J Cardiol 1997; 79: 309-314.[Medline]
458. Coggins DL, Lee RJ, Sweeney J, Chein WW, Van Hare G, Epstein L et al. Radiofrequency catheter ablation as a cure for idiopathic tachycardia of both left and right ventricular origin. J Am Coll Cardiol 1994; 23: 1333-1341.[Medline]
459. Belhassen B, Rotmensch HH, Lainado S. Response of recurrent sustained ventricular tachycardia to verapamil. Br Heart J 1981; 46: 679-682.[Medline]
460. Wellens HJJ, Rodríguez LM, Smeets JL. Ventricular tachycardia in structurally normal hearts. En: Zipes DP, Jalife J, editores. Cardiac electrophysiology. From cell to bedside. Filadelfia: W.B. Saunders Company, 1995; 780-788.461. Nakagawa H, Beckman KJ, Mc Clelland J, Wang X, Arruda M, Santoro I et al. Radiofrequency catheter ablation of idiophatic left ventricular tachycardia guided by a Purkinje potential. Circulation 1993; 88: 2607-2617.[Medline]
462. Wichter T, Borggrefe M, Haverkamp W, Chen X, Breithard G. Efficacy of antiarrhythmic drugs in patients with arrhythmogenic right ventricular disease: results in patients with inducible and noninducible ventricular tachycardia. Circulation 1992; 86: 29-37.[Medline]
463. Thiene G, Nava A, Corrado D, Rossi L, Pennelli N. Right ventricular cardiomyopathy and sudden death in young people. N Engl J Med 1988; 318: 129-133.[Medline]
464. Link MS, Wang PJ, Haugh CJ, Homoud MK, Foote CB, Costeas XB et al. Arrhythmogenic right ventricular dysplasia: clinical results with implantable cardioverter defibrillators. J Interv Card Electrophysiol 1997; 1: 41-48.[Medline]
465. Chen X, Shenasa M, Borggrefe M, Block M, Hindricks G, Martínez-Rubio A et al. Role of programmed ventricular stimulation in patients with idiopathic dilated cardiomyopathy and documented sustained ventricular tachyarrhythmias: inducibility and prognostic value in 102 patiens. Eur Heart J 1994; 15: 76-82.[Medline]
466. Liem LB, Swerdlow CD. Value of electropharmacologic testing in idiopathic dilated cardiomyopathy and sustained ventricular arrhythmias. Am J Cardiol 1988; 62: 611-616.[Medline]
467. Kottkamp H, Hindricks G, Chen X, Brunn J, Willems S, Haverkamp W et al. Radiofrequency catheter ablation of sustained ventricular tachycardia in idiopathic dilated cardiomyopathy. Circulation 1995; 92: 1159-1168.[Medline]
468. Morady F, Harvey M, Kalbfleisch SJ, El-Atassi R, Calkins H, Langberg JJ. Radiofrequency catheter ablation of ventricular tachycardias in patients with coronary artery disease. Circulation 1993; 87: 363-372.[Medline]
469. Stevenson WGKhan H, Sager Ph, Saxon LA, Middlekauff HR, Natterson PD et al. Identification of reentry circuit sites during catheter mapping and radiofrequency ablation of ventricular tachycardia late after myocardial infarction. Circulation 1993; 88: 1647-1670.[Medline]
470. Gonska BD, Cao K, Schaumann A, Dorszewski A, Von zur Muhlen F, Kreuzer H. Catheter ablation of ventricular tachycardia in 136 patients with coronary artery disease: results and long-term follow-up. J Am Coll Cardiol 1994; 24: 1506-1514.[Medline]
471. Kim YH, Sosa-Suárez G, Trouton TG, O'Nunain SS, Osswald S, McGovern BA et al. Treatment of ventricular tachycardia by transcatheter radiofrequency ablation in patients with ischemic heart disease. Circulation 1994; 89: 1094-1102.[Medline]
472. Rothman SA, Hsia HH, Cossu SF, Chmielewski IL, Buxton AE, Miller JM. Radiofrequency catheter ablation of postinfarction ventricular tachycardia: long-term success and the significance of inducible nonclinical arrhythmias. Circulation 1997; 96: 3499-3508.[Medline]
473. Stevenson WG, Friedman PL, Ganz LI. Radiofrequency catheter ablation of ventricular tachycardia late after myocardial infarction. J Cardiovasc Electrophysiol 1997; 8: 1309-1319.[Medline]
474. Callans DJ, Zado E, Sarter BH, Schwartzman D, Gottlieb CD, Marchlinski FE. Efficacy of radiofrequency catheter ablation for ventricular tachycardia in healed myocardial infarction. Am J Cardiol 1998; 82: 429-432.[Medline]
475. Young GD, Kerr CR, Mohama R, Boone J, Yeung-Lai-Wah JA. Efficacy of sotalol guided by programmed electrical stimulation for sustained ventricular arrhythmias secondary to coronary artery disease. Am J Cardiol 1994; 73: 677-682.[Medline]
476. Bayés de Luna A, Coumel Ph, Leclercq JF. Ambulatory sudden death: mechanisms of production of fatal arrhythmia on the basis of data from 157 cases. Am Heart J 1989; 117: 151-159.[Medline]
477. Théroux P, Waters DD, Halphen C, Debaisieux JC, Mizgala HF. Prognostic value of exercise testing soon after myocardial infarction. N Engl J Med 1979; 301: 341-345.[Medline]
478. Bayés de Luna A, Guindo J, Viñolas X. Do silent myocardial ischemia and ventricular arrhythmias interacts to result in sudden death? Cardiol Clin 1992; 10: 449-459.[Medline]
479. Kannel WB, Cupples LA, D'Agostino RB. Sudden death risk in over coronary heart disease: The Framingham Study. Am Heart J 1987; 113: 799-804.[Medline]
480. Kannel WB. Silent myocardial ischemia and infarction: insights from the Framingham Study. Cardiol Clin 1986; 4: 583-592.[Medline]
481. Hauser AM, Gangadharan V, Ramos RG, Gordon S, Timmis GC. Sequence of mechanical, electrocardiographic and clinical effects of repeated coronary artery occlusion in human beings: echocardiographic observations during coronary angioplasty. J Am Coll Cardiol 1985; 5: 193-197.[Medline]
482. Tzivoni D, Keren A, Granot H, Gottlieb S, Benhorin J, Stern S. Ventricular fibrillation caused by myocardial reperfusion in Prinzmetal's angina. Am Heart J 1983; 105: 323-325.[Medline]
483. Bayés de Luna A, Carreras F, Cladellas M, Oca F, Sagués F, García Moll M. Holter ECG study of the electrocardiographic phenomena in Prinzmetal angina attacks with emphasis on the Study of ventricular arrhythmias. J Electrocardiol 1985; 18: 267-276.[Medline]
484. Meinertz T, Aeheder M, Hohnloser S, Just H. Prevalence of ventricular arrhythmias during silent myocardial ischemia. Cardiovasc Rev & Rep 1988; (Supl A): 34-38.
485. Camacho AM, Guindo J, Bayés de Luna A. Usefulness of silent subendocardial ischemia detected by ST-segment depression in postmyocardial infarction patients as a predictor of ventricular arrhythmias. Am J Cardiol 1992; 69: 1243-1244.[Medline]
486. Holmes DR Jr, Davis KB, Mock MB, Fisher LD, Gersh BJ, Killip T et al. The effect of medical and surgical treatment on subsequent sudden cardiac death in partients with coronary artery disease: a report from the CASS. Circulation 1986; 73: 1254-1263.[Medline]
487. Ee JH, Folsom DL, Biblo LA, Carlson MD, Johnson NJ, Waldo AL et al. Combined internal cardioverter-defibrillator implantation and myocardial revascularization for ischemic ventricular arrhythmias: optimal cost-effective strategy. Cardiovasc Surg 1995; 3: 393-397.[Medline]
488. Kuck KH, Siebels J, Schneider MA. Therapeutic consequences of newer studies addressing the problem of myocardial ischemia and ventricular arrhythmias. Herz 1995; 20: 213-218.[Medline]
489. Daoud EG, Niebauer M, Kou WH, Man KC, Horwood L, Morady F et al. Incidence of implantable defibrillator discharges after coronary revascularization in survivors of ischemic sudden cardiac death. Am Heart J 1995; 130: 277-280.[Medline]
490. Berntsen RF, Gunnes P, Lie M, Rasmussen K. Surgical revascularization in the treatment of ventricular tachycardia and fibrillation exposed by exercise-induced ischaemia. Eur Heart J 1993; 14: 1297-1303.[Medline]
491. Autschbach R, Falk V, Gonska BD, Dalichau H. The effect of coronary bypass graft surgery for the prevention of sudden cardiac death: recurrent episodes after ICD implantation and review of literature. PACE 1994; 17: 552-558.[Medline]
492. Frielingsdorf J, Gerber AE, Laske A, Bertel O. Influence of coronary artery bypass grafting on ventricular late potentials as a predictive factor for ventricular arrhythmias during short and long term follow up. Eur Heart J 1995; 16: 660-666.[Medline]
493. Manolis AS, Rastegar H, Estes NA. Effects of coronary artery bypass grafting on ventricular arrhythmias: results with electrophysiological testing and long-term follow up. Pacing Clin Electrophysiol 1993; 16: 984-991.[Medline]
494. Swerdlow CD, Gong G, Echt DS, Winkle RA, Griffin JC, Ross DL et al. Clinical factors predicting successful electrophysiologic-pharmacologic study in patients with ventricular tachycardia. J Am Coll Cardiol 1983; 1: 409-416.[Medline]
495. Waller TJ, Kay HR, Spielman SR, Kutalek SP, Greenspan AM, Horowitz LN. Reduction in sudden death and total mortality by antiarrhythmic therapy evaluated by electrophysiologic drug testing: criteria of efficacy in patients with sustained ventricular tachyarrhythmia. J Am Coll Cardiol 1987; 10: 83-89.[Medline]
496. Rae AP, Greenspan AM, Spielman SR, Sokoloff NM, Webb CR, Kay HR et al. Antiarrhythmic drug efficacy for ventricular tachyarrhythmias associated with coronary artery disease as assessed by electrophysiologic studies. Am J Cardiol 1985; 55: 1494-1499.[Medline]
497. Mason JW. A comparison of electrophysiologic testing with Holter monitoring to predict antiarrhythmic-drug efficacy for ventricular tachyarrhythmias. Electrophysiologic Study versus Electrocardiographic Monitoring Investigators. N Engl J Med 1993; 329: 445-451.[Medline]
498. Herre JM, Sauve MJ, Malone P, Griffin JC, Helmy I, Langberg JJ et al. Long-term results of amiodarone therapy in patients with recurrent sustained ventricular tachycardia or ventricular fibrillation. J Am Coll Cardiol 1989; 13: 442-449.[Medline]
499. Saksena S, Poczobutt-Johanos M, Castle LW, Fogoros RN, Alpert BL, Kron J et al. Long-term multicenter experience with a second-generation implantable pacemaker-defibrillator in patients with malignant ventricular tachyarrhythmias. The Guardian Multicenter Investigators Group. J Am Coll Cardiol 1992; 19: 490-499.[Medline]
500. Bardy GH, Troutman C, Poole JE, Kudenchuk PJ, Dolack GL, Johnson G et al. Clinical experience with a tiered-therapy, multiprogrammable antiarrhythmia device. Circulation 1992; 85: 1689-1698.[Medline]
501. Mirowski M, Reid PR, Mower MM, Watkins L, Gott VL, Schauble JF et al. Termination of malignant ventricular arrhythmias with an implanted automatic defibrillator in human beings. N Engl J Med 1980; 303: 322-324.[Medline]
502. Lehman MH, Steinman RT, Schuger CD, Jackson K. The automatic implantable cardioverter defibrillator as antiarrhythmic treatment modality of choice for survivors of cardiac arrest unrelated to acute myocardial infarction. Am J Cardiol 1988; 62: 803-805.[Medline]
503. Saksena S, Breithardt G, Dorian P, Greene HL, Madan N, Block M. Nonpharmacological therapy for malignant ventricular arrhythmias implantable defibrillator trials. Prog Cardiovasc Dis 1996; 38: 429-444.[Medline]
504. Tchou PL, Kadri N, Anderson J, Cáceres JA, Jazayeri M, Akhtar M. Automatic implantable cardioverter defibrillators and survival of patients with left ventricular dysfunction and malignant ventricular arrhythmias. Ann Intern Med 1988; 109: 529-534.[Medline]
505. Winkle RA, Mead RH, Ruder MA, Gaudiani VA, Smith NA, Buch WS et al. Long-term outcome with the automatic implantable cardioverter-defibrillator. J Am Coll Cardiol 1989; 13: 1353-1361.[Medline]
506. Fogoros RN, Fiedler SB, Elson JJ. The automatic implantable cardioverter defibrillator in drug-refractory ventricular tachyarrhythmias. Ann Intern Med 1987; 107: 635-641.[Medline]
507. Powell AC, Fuchs T, Finkelstein DM, Garan H, Cannom DS, McGovern BA et al. Influence of implantable cardioverter defibrillators on the long-term prognosis of survivors of out-of-hospital cardiac arrest. Circulation 1993; 88: 1083-1092.[Medline]
508. Crandall BG, Morris CD, Cutler JE, Kudenchuk PJ, Peterson JL, Liem LB et al. Implantable cardioverter defibrillator therapy in survivors of out-of-hospital sudden cardiac death without inducible arrhythmias. J Am Coll Cardiol 1993; 21: 1186-1192.[Medline]
509. Mehta D, Saksena S, Krol RB, John T, Saxena A, Raju R et al. Device use patterns and clinical outcome of implantable cardioverter defibrillator patients with moderate and severe impairment of left ventricular function. Pacing Clin Electrophysiol 1993; 16: 179-185.[Medline]
510. Nisam S, Kaye SA, Mower MM, Hull M. AICI automatic cardioverter defibrillator clinical update: 14 years experience in over 34,000 patients. Pacing Clin Electrophysiol 1995; 18: 142-147.[Medline]
511. Porterfield JG, Porterfield LM, Smith BA, Bray L. Experience with three different third-generation cardioverter defibrillators in patients with coronary artery disease or cardiomyopathy. Am J Cardiol 1993; 72: 301-304.[Medline]
512. Axiell K, Tchou P, Akhtar M. Survival in patients with depressed left ventricular function treated by implantable cardioverter defibrillator. Pacing Clin Electrophysiol 1991; 4: 291-296.
513. Newman D, Sauve MJ, Herre J, Langberg JJ, Lee MA, Titus C et al. Survival after implantation of the cardioverter defibrillator. Am J Cardiol 1992; 69: 899-903.[Medline]
514. Fogoros RN, Elson JJ, Bonnet CA, Fiedler SB, Burkholder JA. Efficacy of the automatic implantable cardioverter defibrillator in prolonging survival in patients with severe underlying cardiac disease. J Am Coll Cardiol 1990; 16: 381-386.[Medline]
515. Winkle RA, Mead RH, Ruder MA, Gaudiani VA, Smith NA, Buch WS et al. Long-term outcome with the automatic implantable cardioverter defibrillator J Am Coll Cardiol 1989; 13: 1353-1361.
516. Fogoros RN, Elson JJ, Bonnet CA. Actuarial incidence and pattern of occurrence of shocks following implantation of the automatic implantable cardioverter defibrillator. Pacing Clin Electrophysiol 1989; 12: 1465-1473.[Medline]
517. Bocker D, Block M, Isbruch F, Wietholt D, Hammel D, Borggrefe M et al. Do patients with an implantable defibrillator live longer? J Am Coll Cardiol 1993; 21: 1638-1644.[Medline]
518. The CASCADE investigators. Randomized antiarrhythmic drug therapy survivors of cardiac arrest (the CASCADE study). Am J Cardiol 1993; 72: 280-287.[Medline]
519. Wever EF, Hauer RN, Van Capelle FL, Tijssen JG, Crijns HJ, Algra A et al. Randomized study of implantable defibrillators as first-choice therapy versus conventional strategy in postinfarct sudden death survivors. Circulation 1995; 91: 2195-2203.[Medline]
520. Siebels J, Kuck KH, and the CASH investigators. Implantable cardioverter defibrillator compared with antiarrhythmic drug treatment in cardiac arrest survivors (the Cardiac Arrest Study Hamburg). Am Heart J 1994; 127: 1139-1144.[Medline]
521. Mont L, Seixas T, Brugada P, Brugada J, Simonis F, Kriek E et al. The electrocardiographic, clinical and electrophysiologic spectrum of idiopathic monomorphic ventricular tachycardia. Am Heart J 1992; 124: 746-753.[Medline]
522. Wang YS, Scheinman MM, Chien WW, Cohen TJ, Lesh MD, Griffin JC. Patients with supraventricular tachycardia presenting with aborted sudden death: incidence, mechanism and long-term follow-up. J Am Coll Cardiol 1991; 18: 1711-1719.[Medline]
523. Fogoros RN, Elson JJ, Bonnet CA, Fiedler SB, Chenarides JG. Long-term outcome of survivors of cardiac arrest whose therapy is guided by electrophysiologic testing. J Am Coll Cardiol 1992; 19: 780-788.[Medline]
524. Roy D, Waxman HL, Kienzle MG, Buxton AE, Marchlinski FE, Josephson ME. Clinical characteristics and long-term follow-up in 119 survivors of cardiac arrest: relation to inducibility at electrophysiologic testing. Am J Cardiol 1983; 52: 969-974.[Medline]
525. Wilber DJ, Garan H, Finkelstein D, Kelly E, Newell J, McGovern B et al. Out-of-hospital cardiac arrest. Use of electrophysiologic testing in the prediction of long-term outcome. N Engl J Med 1988; 318: 19-24.[Medline]
526. Luu M, Stevenson WG, Stevenson LW, Baron K, Walden J. Diverse mechanisms of unexpected cardiac arrest in advanced heart failure. Circulation 1989; 80: 1675-1680.[Medline]
527. Sweeney MO, Ruskin JN, Garan H, McGovern BA, Guy ML, Torchiana DF et al. Influence of the implantable cardioverter-defibrillator on sudden death and total mortality in patients evaluated for cardiac transplantation. Circulation 1995; 92: 3273-3281.[Medline]
528. Maron BJ, Epstein SE, Roberts WC. Causes of sudden death in competitive athletes. J Am Coll Cardiol 1986; 7: 204-214.[Medline]
529. Maron BJ, Spirito P. Impact of patient selection biases on the perception of hypertrophic cardiomyopathy and its natural history. Am J Cardiol 1993; 72: 970-972.[Medline]
530. Kofflard MJ, Waldstein DJ, Vos J, Ten Cate FJ. Prognosis in hypertrophic cardiomyopathy: a retrospective study. Am J Cardiol 1993; 72: 939-943.[Medline]
531. Watkins H, McKenna WJ, Thierfelder L, Suk HJ, Anan R, O'Doneghue A et al. The role of cardiac troponin T and alfa tropomyosin mutations in hypertrophic cardiomyopathy. N Engl J Med 1995; 332: 1058-1064.[Medline]
532. Watkins H, Rosenzweig A, Huang DS, Levi T, McKenna WJ, Seidman CE et al. Characteristics and prognostic implications of myosin missense mutations in familial hypertrophic cardiomyopathy. N Engl J Med 1992; 326: 1108-1114.[Medline]
533. Maron BJ, Lipson LC, Roberts WC, Savage DD, Epstein SE. Malignant hypertrophic cardiomyopathy: identification of a subgroup of families with unusually frequent premature death. Am J Cardiol 1978; 41: 1133-1140.[Medline]
534. Spirito P, Seidman CE, McKenna WJ, Maron BJ. Management of hypertrophic cardiomyopathy. N Engl J Med 1997; 30: 775-785.
535. McKenna WJ, Deanfield JE, Faroqui A, England D, Oakley C, Goodwin JF. Prognosis in hypertrophic cardiomyopathy: role of age and clinical electrocardiographic and hemodynamic features. Am J Cardiol 1981; 47: 532-538.[Medline]
536. Maron BJ, Savage DD, Wolfson JK, Epstein SE. Prognostic significance of 24-hour ambulatory monitoring in patients with hypertrophic cardiomyopathy: a prospective study. Am J Cardiol 1981; 48: 252-257.[Medline]
537. Fananapazir L, Tracy CM, Leon MB, Winkler JV, Cannon RO, Bonow RO et al. Electrophysiologic abnormalities in patients with hypertrophic cardiomyopathy. A consecutive analysis in 155 patients. Circulation 1989; 80: 1259-1268.[Medline]
538. McKenna W, Oakley CM, Krikler DM, Goodwin JF. Improved survival with amiodarone in patients with hypertophic cardio-myopathy and venticular tachycardia. Br Heart J 1985; 53: 412-417.[Medline]
539. Gilligan DM, Missouris CG, Boyd MJ, Oakley CM. Sudden death due to ventricular tachycardia during amiodarone therapy in familial hypertrophic cardiomyopathy. Am J Cardiol 1991; 69: 971-973.
540. Fananapazir L, Leon MB, Bonow RO, Tracy CM, Cannon RO, Epstein SE. Sudden death during empiric amiodarone therapy in symptomatic hypertrophic cardiomyopathy. Am J Cardiol 1991; 67: 169-174.[Medline]
541. Poll DS, Marchlinski FE, Buxton AE, Doherty JU, Waxman HL, Josephson ME. Sustained ventricular tachycardia in patients with idiopathic dilated cardiomyopathy: electrophysiological testing and lack of response to antiarrhythmic drug therapy. Circulation 1984; 70: 451-456.[Medline]
542. Martínez-Rubio A, Schwammenthal Y, Schwammenthal E, Block M, Reinhardt L, García-Alberola A et al. Patients with valvular heart disease presenting with sustained ventricular tachyarrhythmias or syncope: results of programmed ventricular stimulation and long-term follow-up. Circulation 1997; 96: 500-508.[Medline]
543. Myerburg RJ, Castellanos A. Cardiac arrest and sudden cardiac death. En: Braunwald E, editor. Heart disease. A text-book on cardiovascular medicine (5.a ed.). Filadelfia: WB Saunders Co., 1997; 742-779.
544. Myerburg RJ, Conde CA, Sung Rj, Mayorga-Cortes A, Mallon SM, Sheps DS et al. Clinical electrophysiologic and hemodynamic profile of patients resucitated from pre-hospital cardiac arrest. Am J Med 1980; 68: 568-576.[Medline]
545. Priori SG, Borggrefe M, Canun AJ, Hauer RNW, Klein K, Kuck KH et al. Role of programmed electrical stimulation in the identification of the effective pharmacologic therapy in patients with idiopathic ventricular fibrillation [resumen]. Circulation 1995; 92: 97.
546. Consensus Statement of the Joint Steering Committees of the Unexplained Cardiac Arrest Registry of Europe and of the Idiopathic Ventricular Fibrillation Registry of the United States. Survivors of out of hospital cardiac arrest with apparently normal heart. Circulation 1997; 95: 265-272.[Medline]
547. MIDAS investigators. Multicenter Implantable Defibrillator And Survival (MIDAS) Study: survival and incidence of appropriate shock in patients with no structural heart disease (resumen). Circulation 1992; 86 (Supl 1): 656.
548. Priori SG, Borggrefe M, Camm AJ, Hauer RNW, Klein K, Kuck KH et al, on behalf of UCARE. Role of the implantable defibrillator in patients with idiopathic ventricular fibrillation: data from the UCARE international registry [resumen]. Pacing Clin Electrophysiol 1995; 18: 799.
549. Belhassen B, Viskin S. Idiopathic ventricular tachycardia and fibrillation. J Cardiovasc Electrophysiol 1993; 4: 356-368.[Medline]
550. Wever EF, Hauer RN, Oomen A, Peters R, Bakker PF, Robles de Medina EO. Unfavorable outcome in patients with primary electrical disease who survived an episode of ventricular fibrillation. Circulation 1993; 88: 1021-1029.[Medline]
551. Brugada J, Brugada R, Brugada P. Right bundle branch block and ST segment elevation in leads V1 to V3. A marker for sudden death in patients without structural heart disease. Circulation 1998; 97: 457-460.[Medline]
552. Brugada J, Brugada P. Further charactherization of the syndrome of right bundle branch block, ST segment elevation and sudden cardiac death. J Cardiovasc Electrophysiol 1997; 8: 325-331.[Medline]
553. Brugada J, Brugada R, Brugada P. Ajmaline unmasks right bundle branch block-like and ST segment elevation in V1-V3 in patients with idiopathic ventricular fibrillation [resumen]. PACE 1996; 19: 599.
554. Brugada R. Bases genéticas de las arritmias. Rev Esp Cardiol 1998; 51: 274-285.[Medline][Artículo]
555. Brugada J, Brugada R, Brugada P. Right bundle-branch block and ST-segment elevation in leads V1 through V3: a marker for sudden death in patients without demonstrable structural heart disease. Circulation 1998; 97: 457-460.[Medline]
556. Roy N, Kahlem P, Dausse E, Bennaceur M, Faure S, Weissenbach J et al. Exclusion of HRAS from the long QT locus. Nat Genet 1994; 8: 113-114.[Medline]
557. Jiang C, Atkinson D, Towbin JA, Splawski I, Lehman MH, Li H et al. Two long QT syndrome loci map to chromosome 3 and 7 with evidence for fur-ther genetic heterogeneity. Nat Gen 1994; 8: 141-147.
558. Schott JJ, Charpentier F, Peltier S, Foley P, Drouin E, Bouhour JB et al. Mapping of a gene for long QT syndrome to chromosome 4q25-27. Am J Hum Genet 1995; 57: 1114-1122.[Medline]
559. Moss AJ, Schwartz PJ, Crampton RS, Tzivoni D, Locati EH, MacCluer J et al. The long QT syndrome: prospective longitudinal study of 328 families. Circulation 1991; 84: 1136-1144.[Medline]
560. Schwartz PJ, Locati EH, Moss AJ, Crampton RS, Trazzi R, Ruberti U. Left cardiac sympathetic denervation in the therapy of the congenital long QT syndrome: a worldwide report. Circulation 1991; 84: 503-511.[Medline]
561. Garson A, Dick M, Fournier A, Gillette PC, Hamilton R, Kugler JD et al. The long QT syndrome in children. An international study of 287 patients. Circulation 1993; 87: 1866-1872.[Medline]
562. Moss AJ, Liu JE, Gottlieb S, Locati EH, Schwartz PJ, Robinson JL. Efficacy of permanent pacing in the management of high-risk patients with long QT syndrome. Circulation 1991; 84: 1524-1529.[Medline]
563. Groh WJ, Silka MJ, Oliver RP, Halperin BI, McAnulty M, Kron J. Use of implantable cardioverter defibrillators in the congenital long QT syndrome. Am J Cardiol 1996; 78: 703-706.[Medline]