Puesta al día. Diabetes y enfermedades cardiovasculares (II).
Volumen 55, Número 06, Junio 2002
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Epidemiología de la diabetes y sus complicaciones no coronarias
Alberto Godaya
a Servicio de Endocrinología. Hospital Universitario del Mar. Barcelona.
Rev Esp Cardiol. 2002;55:657-70.
La diabetes mellitus (DM) es una de las enfermedades con mayor impacto sociosanitario, no sólo por su alta prevalencia, sino también por las complicaciones crónicas que produce y por su elevada tasa de mortalidad. La forma más exacta de estimar la prevalencia de la DM es la práctica de un test de tolerancia oral a la glucosa. En España, la prevalencia de la DM se estima en un 6,2% para los grupos de edad 30-65 años, y del 10% para 30-89 años. La proporción de DM conocida frente a la ignorada oscila entre 1:3 y 2:3 del total. Los factores de riesgo de las DM más importantes son la edad, la obesidad y la historia familiar de DM. La incidencia de la DM tipo 2 se estima en 8/1.000 habitantes año, y la de DM tipo 1 en 11-12 casos por 100.000 habitantes y año. La prevalencia de las distintas complicaciones crónicas varía en función del tipo de DM, tiempo de evolución y grado de control metabólico, estimándose globalmente en la siguiente:
neuropatía, un 25%; retinopatía, un 32%, y nefropatía, un 23%. La DM es una de las principales causas de mortalidad en España, ocupando el tercer lugar en mujeres y el séptimo en varones.
Palabras clave: Diabetes mellitus. Incidencia. Prevalencia. España.
INTRODUCCION
La
diabetes mellitus (DM) es una de las enfermedades con mayor
prevalencia y repercusión sociosanitaria, no sólo por
su elevada frecuencia, sino también por el impacto de las
complicaciones crónicas de la enfermedad o el papel que
desempeña como factor de riesgo de la patología
cardiovascular. A menudo, cuando se citan las cifras relacionadas
con determinadas patologías, se hace de acuerdo con los
valores descritos en EE.UU. o en países anglosajones. En
muchas ocasiones esta referencia se hace de forma obligada por
carecer de datos de nuestro país; en otras, por considerar
que las cifras anglosajonas serán más fiables o
sólidas que las españolas. Obviamente, si deseamos
conocer la magnitud de una enfermedad en nuestro medio, lo ideal
sería disponer de datos epidemiológicos de nuestra
población.
En
los últimos años se han desarrollado en España
algunos estudios epidemiológicos que nos permiten disponer
de datos fiables sobre los aspectos más relevantes de la
epidemiología de la diabetes en nuestro
país.
MÉTODOS PARA ESTIMAR LA PREVALENCIA DE LA
DIABETES MELLITUS
La
prevalencia de la diabetes se puede estimar por varios
métodos: los registros médicos, la estimación
del consumo de fármacos, la entrevista aleatoria en una
muestra de población y la realización de pruebas
analíticas, ya sea una glucemia en ayunas o al azar, o bien
la práctica de un test de tolerancia oral a la glucosa
(TTOG)1. La interpretación de los resultados de
este test también varía en función de los
criterios utilizados2,3. Los diferentes métodos
proporcionan información distinta. Así, la encuesta a
la población informa sobre DM diagnosticada y declarada; la
encuesta a médicos, de la DM diagnosticada y controlada; el
muestreo de historias clínicas da cuenta de la DM
diagnosticada y registrada en población asistida; el consumo
de fármacos, de la DM diagnosticada y farmacotratada; la
glucemia al azar, de la DM diagnosticada e ignorada (no
totalmente), y finalmente el TTOG informa de la DM conocida e
ignorada, además de situaciones de riesgo para
DM.
Durante muchos años los únicos datos conocidos de
prevalencia de la DM en España eran los referidos a diabetes
declarada por la población encuestada o por los
médicos4,5, estimaciones de prevalencia de
diabetes tratada con fármacos utilizando el método de
la dosis diaria definida6 (consiste en la dosis media
establecida por estudios previos estandarizados a escala
internacional) o el de la dosis diaria prescrita, que se basa en
calcular la dosis media utilizada en el área en
cuestión a partir de un muestreo sobre médicos
prescriptores7,8. Todos estos estudios han tenido
indudable interés, sobre todo en ausencia de los realizados
sobre población general mediante TTOG. No obstante,
infraestiman la prevalencia de la DM dado que no incluyen la
tratada únicamente con dieta, la ignorada o la no
registrada. Por todo ello nos referiremos con más
extensión y específicamente a estudios de prevalencia
de DM realizados en población general mediante
TTOG.
PREVALENCIA DE LA DIABETES TIPO 2 CONOCIDA E
IGNORADA EN ESPAÑA
En
la tabla 1 se resumen los datos publicados en
España9-17. Recientemente se han realizado
excelentes estudios sobre prevalencia total de diabetes en nuestro
país que nos ofrecen datos sobre población general de
DM conocida, ignorada, y también tolerancia alterada a la
glucosa (TAG). El de la provincia de León (530.983
habitantes) consiste en un estudio transversal en la
población adulta (mayores de 18 años) de la provincia
de León, efectuado mediante un muestreo aleatorio
polietápico de 572 individuos a los que se administró
un cuestionario sobre toma de fármacos hipoglucemiantes,
glucemia basal capilar y TTOG9. Los criterios utilizados
para la valoración fueron los postulados por la
Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1985. La
prevalencia total de diabetes fue del 5,6% (intervalo de confianza
[IC] del 95%, 3,7-7,5%), siendo la de diabetes conocida del 3,9%
(IC del 95%, 2,3-5,5%) y la de diabetes no conocida del 1,7% (IC
del 95%, 0,7-2,9%), con una relación diabetes
conocida:ignorada de 2,2:1. Los factores de riesgo asociados a
diabetes fueron la edad, la historia familiar de diabetes y la
obesidad9.

Entre 1984 y 1985 se realizó en Lejona (Vizcaya) un estudio
transversal para conocer la prevalencia de la diabetes mellitus
tipo 2 (DM2) a partir de una muestra de 862 habitantes mayores de
30 años seleccionados aleatoriamente de una población
censada de 11.515 habitantes10. La prevalencia observada
de DM fue de un 6,4%, de la que el 3,6% correspondía a DM no
conocida y un 2,8% a DM conocida. La prevalencia de TAG,
también denominada intolerancia a la glucosa o intolerancia
hidrocarbonada, fue de un 10,4%. Al estudiar los factores de riesgo
asociados a la prevalencia de DM2, los más importantes
fueron la edad, el índice de masa corporal (IMC) y la
presión arterial sistólica
(PAS)11,12.
La
prevalencia de la DM2 en Cataluña13 se
investigó mediante un muestreo bietápico por
poblaciones y por grupos de edad y sexo, proporcional a la
población general de Cataluña. La muestra fue de
3.839 individuos de 30 a 89 años de edad. Se practicó
una TTOG a fin de detectar DM conocida, ignorada y TAG, utilizando
los criterios diagnósticos establecidos por la OMS en 1985.
La prevalencia total de diabetes para el grupo de 30-89 años
fue de un 10,3% (IC del 95%, 9,1-11,6%), con unas tasas de DM
conocida, ignorada y TAG del 6,4, el 3,9 y el 11,9% en varones, y
del 6,9, el 3,4 y el 11,9% en mujeres, respectivamente. La
prevalencia ajustada para el grupo de edad 30-64 años fue
del 6,1% (7,1% en varones y 5,2% en mujeres). Los factores
asociados a DM fueron la edad, obesidad, hipertensión
arterial e historia familiar de diabetes. En relación con la
edad, la prevalencia es mínima en el grupo de edad de 30 a
49 años, con una tasa del 2,5% (IC del 95%, 1,4-3,6%) y
máxima en el grupo de 70 a 89 años, con una tasa del
24% (IC del 95%, 19,7-28,3%). En este sentido, es importante
destacar que cuando se cita una tasa de prevalencia es fundamental
especificar el grupo de edad a que se refiere.
El
estudio Guía se realizó en el municipio de Nuestra
Señora de Guía, que está situado en el
Noroeste de la isla de Gran Canaria16. Tiene la
particularidad de que la mayoría de la población es
canaria es decir, que tres de los 4 abuelos han nacido en
Canarias y hay muy poca población foránea. El
municipio tiene 12.383 habitantes. A partir del Padrón
Municipal actualizado se efectuó un muestreo aleatorio
estratificado por sexo y grupos quinquenales de edad a partir de
los 30 años, agrupando conjuntamente a las personas de 85
años cumplidos y mayores. Se calculó (redondeando por
exceso) el número de personas a muestrear en cada estrato
quinquenal considerando su respectiva población como finita,
estimando una prevalencia del 10% y un margen de error en
más o en menos inferior al 6% con un IC del 95%, mediante el
programa SAMPLE. Participaron en el estudio 691 habitantes, lo que
representó una tasa media de respuesta del 76,3%. La tasa de
respuesta fue similar en todos los grupos por edad y sexo. La
prevalencia de DM fue del 15,9% (criterios 1997-ADA)3 y
del 18,7% (criterios 1985-WHO)2; la prevalencia de
glucosa basal alterada fue del 8,8% y la de TAG del 17,1%. La
prevalencia de DM ajustada a la población mundial de Segi
fue del 12,4% (1985-OMS). Esto representa la prevalencia más
elevada de toda Europa16.
El
estudio de prevalencia más reciente es el realizado en
Asturias17. Con el objetivo de conocer la prevalencia de
DM2 y TAG en la población adulta de Asturias, se
diseñó un estudio poblacional transversal sobre 1.034
personas (54,1% mujeres) de entre 30 y 75 años seleccionadas
aleatoriamente. Se realizaron cuestionario, exploración y
sobrecarga oral de glucosa con extracción venosa basal y a
las 2 h. Se utilizaron los criterios diagnósticos
establecidos por la OMS en 1985. La prevalencia de DM2 global fue
del 9,9% (IC del 95%, 8,2-11,7%); DM conocida, del 4% (IC del 95%,
2,8-5,1%); DM ignorada, del 5,9% (IC del 95%, 4,5-7,4%), con una
ratio diabetes ignorada:conocida de 1,5:1. La prevalencia de TAG
fue del 13,3% (IC del 95%,11,3-15,2%). La prevalencia de DM2 para
la población de Segi (30 y 64 años) fue del 8,2% en
varones y del 5,2% en mujeres. Los factores asociados a DM de
manera independiente son la edad, la hipertensión arterial,
tener antecedentes familiares de diabetes, la obesidad y la
hipertrigliceridemia. De acuerdo con estos resultados, la
prevalencia de DM2 en la población adulta de Asturias (9,9%)
es moderadamente elevada y similar a la observada previamente en
nuestro país9-15 y en otras poblaciones blancas
en el mundo.
En
los estudios de base poblacional sobre prevalencia total de DM2
mediante TTOG se puede detectar la tasa de prevalencia de la DM
conocida, así como de la ignorada hasta la
realización del estudio. Clásicamente se ha dicho que
la proporción de DM conocida:ignorada es de 1:1. En los
estudios de Aragón14, Lejona10,
León9, Cataluña13 y
Asturias17 las prevalencias de DM conocida:ignorada son
de 3,1:3,0; 2,8:3,6; 3,9:1,7; 6,7:3,6 y 4:5,9, respectivamente. En
todo caso, una gran proporción de personas que presentan DM
en España actualmente desconocen padecer esta enfermedad,
por lo que podría ser útil plantear estrategias de
diagnóstico precoz en los grupos de población de alto
riesgo.
Existen otros estudios de prevalencia de DM2 practicados en
muestras de población más pequeñas o sin
utilizar la TTOG que, aunque presentan datos más locales,
tienen indudable interés18-24.
PREVALENCIA DE LA DIABETES TIPO 2 EN EL
MUNDO
La
prevalencia de la DM varía ampliamente en el mundo (tabla
2)25-27. En muchas zonas del mundo la DM2 aparece en
proporciones epidémicas. Los grupos conocidos con mayor
prevalencia son los indios Pima, residentes en una reserva del
estado de Arizona, y la población de Nauru, en
Oceanía, donde la enfermedad afecta a más del 20% de
sus habitantes (tasas ajustadas a la población
mundial)25. No obstante, otras poblaciones
también tienen elevadas tasas de la enfermedad. En general,
las poblaciones más afectadas son aquellas en las que el
estilo de vida tradicional ha dejado paso al occidental, o bien se
han industrializado rápidamente en un período de
tiempo relativamente corto26,27. Esto es especialmente
evidente en determinados países del sudeste asiático,
en algunos de Oceanía o en reservas indias de
Norteamérica. A partir de lo anterior, se considera que la
DM2 será una de las epidemias del siglo XXI.

Existen muchas posibles razones que explican la variabilidad
encontrada en la prevalencia de la DM. Algunas son las siguientes:
longevidad, historia familiar, raza, urbanización,
migración, obesidad, dieta, actividad física y
nutrición fetal/neonatal28. La incidencia de DM2
alcanza un máximo en los grupos de edad más avanzada.
Por ello, en poblaciones con corta esperanza de vida la prevalencia
puede parecer falsamente baja. Existe una predisposición
racial a la DM2, con algunas etnias relativamente protegidas como
las melanesias. Ello se constata cuando se comparan diferentes
razas del mismo país29. Existe también una
determinación genética en todos los grupos raciales.
En consecuencia, tener un familiar de primer grado con DM2 confiere
hasta un 40% de riesgo, mientras que en gemelos idénticos la
concordancia para la DM2 es casi del 100%, mucho mayor que para la
DM1. La urbanización dobla el riesgo de padecer DM2 en la
mayoría de los estudios30. La obesidad es
probablemente el factor de riesgo más estudiado desde el
estudio pionero de West et al31, aunque supone un factor
precipitante más que una causa fundamental de la
diabetes.
INCIDENCIA DE DIABETES TIPO 2
Dado que la DM2 es una enfermedad de curso silente, sin un inicio
brusco ni una fecha exacta en que un individuo pasa a padecerla, es
difícil plantear estudios de incidencia de la enfermedad.
Éstos deben hacerse, a fin de detectar diabetes
asintomática, mediante pruebas específicas, glucemia
y/o TTOG repetidas anualmente o tras un lapso de tiempo en la
población general. Sobre la muestra de población del
estudio de prevalencia de DM de Lejona (Vizcaya)10, se
practicó 10 años después un segundo test de
TTOG con lo que se pudo determinar la incidencia acumulada de DM en
10 años, cifrada en 8 casos por 1.000 habitantes y 10
años12. En conjunto, la incidencia anual de DM2
en estudios europeos publicados varía entre 1,2 y 4,1
casos/1.000 personas32-45. Este estudio, por su
metodología y resultados, merece ser comentado en
profundidad. La incidencia de Lejona, aunque coincide con estos
estudios al situarse por debajo del 1% anual, podría ser
algo más elevada que en otros países al estimarse
globalmente en 8,2 casos/1.000 personas/año a expensas,
sobre todo, del grupo de varones. En sujetos con TAG la
estimación obtenida del 2% anual resultó
próxima al 2,9 y al 1,5% anual de los estudios
británicos de Whitehall32 y Bedford45,
respectivamente. Aunque algún estudio de seguimiento
encontró una incidencia anual superior al 10%46,
mayoritariamente los estudios prospectivos más largos
indican que, en general, la incidencia anual en sujetos con TAG
oscila entre el 2 y el 5%47. La incidencia anual de TAG
ajustada por edad en la cohorte de sujetos con tolerancia normal a
la glucosa (TNG) fue del 2%, observándose una mayor
incidencia en el grupo de varones con respecto al de mujeres. Sin
embargo, un 49,2% de la cohorte de sujetos con TAG al comienzo del
estudio revirtió al cabo de los 10 años a TNG,
reversión similar a la estimada por Warram et al de un 37%
tras 8 años de seguimiento48. Como era de
esperar, la edad se confirma también en el estudio de Lejona
como un factor muy importante, mostrando un mayor incremento de
riesgo pasados los 60 años de edad. Por tanto, si la
expectativa de vida continúa aumentando, también lo
hará la incidencia de DM2 en los próximos
años. El sexo es un factor cuyo papel en la
progresión a DM2 permance todavía en controversia,
con evidencias tanto a favor44 como en contra de su
posible implicación49. El estudio de Lejona
demuestra un riesgo 3 veces mayor en varones que en mujeres, algo
superior al exceso de riesgo estimado en varones por Haffner et al
(odds ratio [OR] = 1,56; IC del 95%,0,91-2,68%) muy
próximo a la significación estadística tras
ajustar por diversas variables, incluyendo el origen étnico
de los participantes50. La glucemia basal fue un
predictor importante en sujetos con TNG, especialmente para
glucemias superiores a 82 mg/dl en las que el riesgo se
cuadruplicó, coincidiendo con los resultados del estudio
Finnmark tanto en varones como en mujeres46. Cuando se
realizó el análisis incluyendo la cohorte de sujetos
con TAG, el diagnóstico basal de TAG resultó
altamente predictivo de la subsecuente progresión a DM,
anulando la importancia de la glucemia basal y pasando a ocupar su
lugar. Por tanto, en esta población el riesgo resultó
4 veces mayor en los sujetos con TAG, estimación algo
superior a la obtenida por Haffner et al (OR = 3,0; IC del 95%,
1,85-4,88%) e inferior a la obtenida en el estudio de París
(OR = 9,6; IC del 95%, 5,5-16,8%)51. El
diagnóstico de TAG es generalmente reconocido como un factor
de riesgo en el desarrollo de DM. Sin embargo, no está claro
hasta qué punto la condición de TAG debería
ser considerada un factor de riesgo desencadenante de DM o un
estadio detectable en el proceso etiopatogénico de la DM. De
cualquier forma, este elevado riesgo de progresión a DM en
sujetos diagnosticados de TAG podría convertir a este
colectivo en objetivo de programas de intervención y/o
prevención. En cuanto a la presencia de antecedentes
familiares, el estudio demostró que, aunque en el
límite de la significación estadística debido
probablemente al tamaño muestral, la presencia de
antecedentes familiares constituye un factor de riesgo. Este
resultado corrobora la importancia del componente hereditario en la
etiopatogenia de este proceso apuntada por anteriores
estudios52. La obesidad ha sido uno de los factores que
más consistentemente han aparecido asociado al riesgo de DM
en estudios de prevalencia53 y también en algunos
de incidencia54. Si bien el análisis de la
variación porcentual media del IMC indica cierta
asociación estadística entre el incremento de
éste y la progresión a DM, el IMC basal no aparece,
en el estudio de Lejona, como un factor de riesgo independiente en
la progresión a DM. Tampoco aparece en el análisis
combinado49 de 6 estudios prospectivos, en los que el
efecto estimado del IMC basal resultó prácticamente
nulo (OR = 1,03) para incrementos de 1 kg/m2. En
conclusión, los resultados de los estudios de
Lejona10-12 no hacen sospechar que esta población
deba ser considerada de más riesgo que otras de su entorno.
Los factores de riesgo para progresión a DM resultaron
similares a los de otras poblaciones, incluso a los de poblaciones
con un mayor riesgo que la estudiada, lo que apunta a que, al
margen de una mayor o menor predisposición genética,
el mecanismo etiopatogénico es común en
general.
INCIDENCIA DE DIABETES TIPO 1
Hasta hace pocos años no existía en España, al
igual que en la mayoría de los países a
excepción de algunos estudios escandinavos,
británicos y norteamericanos, datos referentes a la
incidencia de la diabetes mellitus tipo 1 (DM1). En la pasada
década se celebraron diversas reuniones de consenso con el
fin de poner en marcha investigaciones epidemiológicas con
metodología estandarizada y validada para disponer de
resultados comparables en el ámbito
internacional55.
Los
primeros datos publicados siguiendo la metodología citada
han sido los obtenidos sobre incidencia de DM1 en
Cataluña56 y en la Comunidad Autónoma de
Madrid57. El registro catalán de DM1 es un
estudio prospectivo sobre la población de toda la comunidad
autónoma durante el período 1987-1990, incluyendo
todos los nuevos casos de DM1 de 0 a 14 años, así
como el grupo de edad de 15 a 29 años (población de
riesgo 0-29 años de 2.690.394 habitantes). La exhaustividad,
calculada por el método de la captura-recaptura, fue de
90,1%. La incidencia observada por Goday et al56 para el
grupo de 0-14 años fue de 11,3/100.000 habitantes año
(IC del 95%, 10,3-12,4%), siendo para el grupo de 15-29 años
de 9,9/100.000 habitantes/año (IC del 95%, 9,8-10,8%). La
incidencia es mínima entre 0 y 5 años, y
máxima a los 13-14 años. En el grupo de 0 a 14
años no existen diferencias en la incidencia por sexos,
mientras que entre 15 y 30 años se observa un claro
predominio de varones. Como en otros países, la incidencia
de DM1 sigue un patrón estacional, con picos de incidencia
en los meses fríos del año. El estudio de la
Comunidad Autónoma de Madrid57 incluyó
todos los casos de edad inferior a 15 años sobre una
población de riesgo (menores de 15 años) de 1.105.243
habitantes, de forma retrospectiva sobre el período
1985-1988. La veracidad o exhaustividad del estudio, aplicando el
método de la captura-recaptura, fue del 90%, y la incidencia
estimada de 11,3/100.000 habitantes año (IC del 95%,
10,3-12,4%).
Recientemente otros estudios realizados en
Málaga58,59, Navarra60,
Extremadura61 y Canarias62, incluyendo los
grupos de edad 0-14 años y el citado método de la
captura-recaptura, han obtenido resultados muy similares a los
anteriormente expuestos63,64 (tabla 3). La
comparación de los estudios realizados ha permitido estimar
la incidencia absoluta para toda España, por provincias y
comunidades autónomas63. De estos estudios cabe
destacar cuatro aspectos. En primer lugar, estos datos son los
primeros adecuadamente validados que se han obtenido en la zona
mediterránea. En segundo lugar, es interesante la gran
similitud de las incidencias halladas entre ellos en el grupo de 0
a 14 años, sobre todo teniendo en cuenta la extraordinaria
heterogeneidad mundial en la incidencia de la enfermedad. En tercer
lugar, la alta incidencia observada en España, muy superior
a la estimada en otros países europeos, desmoronó la
hipótesis del gradiente norte-sur de incidencia de diabetes,
postulado la pasada década. Por último, pese a que no
se ha demostrado la existencia de un claro gradiente norte-sur, las
causas de la gran heterogeneidad que ofrece la incidencia de
diabetes, con diferencias de 10 hasta 40 veces (Finlandia en
relación con Francia o Japón), constituyen uno de los
grandes retos de la investigación actual.

Existen evidencias que indican que la incidencia de DM1 está
aumentando65. Dado que la DM1 es una de las causas de
exención del servicio militar, algunos autores han utilizado
esta información para investigar posibles aumentos de
incidencia de DM1. En realidad, la exención de la
prestación militar por diabetes no identifica exactamente la
incidencia (nuevos casos) de DM1, sino la incidencia acumulada a la
edad en que se realiza dicha prestación (de 17 a 20
años), o estudio de cohortes por año de nacimiento,
obviamente sólo en varones. La estrategia de estudio tiene
ciertas limitaciones y sesgos, pero indudable interés, en
ausencia de otras fuentes más exactas. Esta
metodología se utilizó en nuestro país
evaluando las cohortes de los varones nacidos entre 1964 y 1974 en
todo el Estado, y se demostró un aumento progresivo y
prácticamente lineal de la incidencia acumulada de diabetes
a los 17 años, que pasaba de 0,918 en los nacidos en 1964 a
1,825 en los nacidos en 197466. En 10 años, la
incidencia acumulada prácticamente se ha doblado, con una
tasa absoluta que pasa de 315 casos en la cohorte de 1964 a 671
casos en la de 1974. Los autores no detectaron diferencias
geográficas interterritoriales durante el período
analizado66.
Por
otra parte, algunos estudios de incidencia que han agrupado una
fase de recogida de casos retrospectiva con otra prospectiva,
estudiando en conjunto extensos períodos de tiempo, han
apuntado un progresivo aumento en la incidencia de DM1. Así,
los datos más recientes del registro de DM1 de Málaga
demuestran un evidente aumento en la incidencia de la enfermedad,
de forma que si en las publicaciones iniciales de los autores la
tasa inicial durante el período 1982-1988 se fijaba en 11
casos por 100.000 habitantes y año58, la
investigación de períodos más recientes
sitúa esta tasa en valores muy superiores, próximos a
18 casos por 100.000 habitantes y año59. Una
situación similar se ha observado en Navarra60.
Por el contrario, el registro catalán de DM1, desarrollado
de forma prospectiva desde 1987, sobre una base poblacional de dos
millones y medio de personas menores de 30 años, ha
demostrado una tasa de incidencia relativamente constante, sin
ningún indicio indicativo de brotes epidémicos, y
tampoco de aumento de incidencia o de tendencia a la
atenuación del impacto numérico de la
enfermedad56. Tampoco se han podido detectar cambios
importantes en la incidencia de la enfermedad en Badajoz durante el
período 1992-199661.
Cuando se considera la información sobre
epidemiología de la DM1 cabe puntualizar que, aun
tratándose de una enfermedad relativamente frecuente, las
tasas de incidencia son bajas. Esto condiciona que para investigar
con cierta precisión su incidencia, brotes
epidémicos, cambios seculares de incidencia o diferencias
geográficas, es necesario analizar bases poblacionales
amplias durante períodos prolongados de tiempo, lo que es
especialmente difícil en una enfermedad que no es de
declaración obligatoria. La detección de los casos se
realiza, por tanto, a partir de la declaración por parte de
los médicos dedicados a la atención
diabetológica. Por consiguiente, para mantener vivo un
registro es fundamental, aunque también difícil,
conseguir esta colaboración y cooperación durante
largos períodos de tiempo. Además, los estudios de
carácter prospectivo tienen un valor intrínseco
superior a los de tipo retrospectivo. Por todas estas razones, los
estudios epidemiológicos prospectivos sobre DM1 que incluyen
una base poblacional extensa y un período de tiempo
prolongado son especialmente interesantes, por cuanto permiten
detectar datos no evidentes en estudios más pequeños.
Un ejemplo de esta situación es el estudio colaborativo
europeo en el marco del programa Biomed llamado EURODIAB TIGER, que
durante 10 años ha analizado la evolución de la
incidencia de DM1 en una extensa muestra de la población
europea67. En una reciente publicación, la
investigación ha demostrado que en conjunto la incidencia de
DM1 en Europa está aumentando, si bien de forma desigual,
por edades y países68. Así, el cambio
más evidente se ha observado en la población menor de
5 años, caracterizada hasta ahora por la menor incidencia de
la enfermedad, cuando se compara con los grupos de edad de 5 a 9
años, de 10 a 14 años, o incluso de 15 a 29
años. En el segmento de menor edad (0-4 años), la
tasa de incidencia aumentó un 6,3% entre 1989 y 1994,
mientras que en los grupos de edad 5-9 lo hizo un 3,1% y en los de
10 a 14 un 2,4%. Por otra parte, en cuanto a países, el
cambio más espectacular se ha observado en el este y centro
de Europa, con tasas iniciales bajas, curiosamente en países
que en los últimos años han sufrido importantes
cambios socioeconómicos. Por el contrario, uno de los
centros participantes con las tasas de incidencia más
constantes durante los 6 años del período analizado
(1989-1994) fue España (Cataluña), con un riesgo
relativo anual exactamente de 1,00 (IC del 95%, 0,96-1,04%),
mientras que en la mayoría de los países este factor
es superior a la unidad.
PREVALENCIA DE DIABETES MELLITUS TIPO 1
Los
resultados de la Encuesta Nacional de Salud de 1987 elaborada por
el Ministerio de Sanidad y Consumo evidencian una prevalencia de
diabetes declarada en personas de 1 a 15 años del 0,3% (del
0,5% de 1 a 4 años; del 0,2% de 5 a 14 años; del 0,3%
en varones, y del 0,2% en mujeres). Aunque no se especifica el tipo
de diabetes, el margen de edad restringe los casos
prácticamente sólo a la DM169.
EPIDEMIOLOGÍA DE LAS COMPLICACIONES
CRÓNICAS DE LA DIABETES MELLITUS
Existen escasos estudios epidemiológicos en España
sobre complicaciones crónicas. Los problemas fundamentales
de este tipo de estudios son básicamente dos. En primer
lugar, la dificultad para establecer con exactitud la
definición de caso, dada las diferentes sensibilidad,
especificidad y complejidad de los métodos
diagnósticos. En segundo lugar, el problema radica en que la
mayoría de los estudios no se realizan sobre una base
poblacional bien definida geográficamente, un registro de
diabéticos o a partir de una cohorte, sino en función
de los pacientes que reciben asistencia en el centro que lleva a
cabo el estudio, lo que introduce sesgos y variables de
confusión difíciles de corregir o
controlar.
Retinopatía diabética
La
retinopatía diabética afecta al 15-50% de los
pacientes con DM2, presentando alrededor del 10%
retinopatías proliferativas. El 20-30% de las cegueras
registradas es consecuencia de la retinopatía
diabética70. Entre los afiliados a la
Organización Nacional de Ciegos de España (ONCE), la
DM es la tercera patología causante de deficiencia visual.
La DM presenta un riesgo relativo de pérdida de
visión 20 veces superior al de la población no
diabética. Las cataratas son 1,6 veces más frecuentes
en la población diabética. El glaucoma de
ángulo abierto es 1,4 veces más frecuente en los
diabéticos71. Después de 20 años
del diagnóstico de diabetes, prácticamente el 100% de
los pacientes con DM1 y el 60% de los pacientes con DM2 presentan
retinopatía diabética72.
Nefropatía diabética
La
nefropatía está presente entre el 3 y el 35% de los
pacientes con DM2. El riesgo relativo de padecer insuficiencia
renal es 25 veces superior entre los sujetos que padecen DM. Del 30
al 50% de estas personas, con una evolución de la enfermedad
de 10 a 20 años, presenta algún grado de
afección renal. Actualmente la DM supone la primera causa de
inclusión en programas de hemodiálisis en
España73. Se han realizado varios estudios sobre
la prevalencia de las distintas fases de la nefropatía
diabética, tanto en el ámbito autonómico de
Cataluña74,75, Canarias76 o
Extremadura77 como en el de toda
España78,79. En las muestras estudiadas, la
prevalencia de microalbuminuria es del 13% para la DM1 y del 23%
para la DM2; la de macroproteinuria es del 4,6 al 5%, y la de
insuficiencia renal del 4,8 al 8,4%74-79.
Neuropatía diabética
Es
la complicación más frecuente de la DM2, y se estima
que alrededor del 40% de los diabéticos presentan
algún tipo de alteración neuropática en el
momento del diagnóstico. La prevalencia varía mucho
de unos estudios a otros, dependiendo de los criterios
diagnósticos empleados y de la sensibilidad de las pruebas
utilizadas. Su prevalencia aumenta con el tiempo de
evolución de la diabetes y con la edad del
paciente80. El riesgo relativo de neuropatía
entre los diabéticos es 7 veces superior al de la
población general. Así, la polineuropatía
diabética afectaría a más del 40% de la
población de pacientes con DM con más de 10
años de evolución de su
enfermedad80.
Un
estudio colaborativo de Figuerola et al nos ofrece una
aproximación global a la prevalencia de complicaciones
crónicas de la diabetes en España81. Sobre
una muestra de 1.430 pacientes diabéticos, procedentes de 4
niveles diferentes de asistencia sanitaria (ambulatorios de
endocrinología, hospitales comarcales, hospitales
universitarios y unidades diabetológicas privadas), se
observó, en los pacientes afectados de DM
insulinodependiente, una prevalencia de retinopatía del 32%
(no proliferativa, 21%; proliferativa, 9%; amaurosis, 2%), del 14%
de neuropatía, del 14% de nefropatía y del 2% de pie
diabético. En el grupo de DM no insulinodependiente, la
prevalencia de retinopatía fue del 42% (no proliferativa,
31%; proliferativa, 9%; amaurosis, 2%), del 30% de
neuropatía; del 18% de nefropatía, y del 14% de pie
diabético. Como los autores precisan en la
publicación, este estudio contiene algunos sesgos: se
excluyeron los médicos de familia y servicios de medicina
interna, los centros participantes no fueron escogidos al azar y,
por último, los criterios para definir las complicaciones
crónicas fueron eminentemente clínicos, no
estrictamente estandarizados para todos los centros. Aun
así, creemos que el tamaño muestral, la globalidad de
los datos obtenidos de cada paciente, así como la lamentable
ausencia de estudios españoles de base poblacional sobre
registros de diabetes, validan el interés actual de esta
información. Un estudio elaborado en el área
sanitaria de Vizcaya ofrece resultados
similares82.
En
todo caso, la elevada prevalencia de las complicaciones
crónicas de la DM condicionan que esta enfermedad tenga un
fuerte impacto sobre los costes sanitarios
generales83,84 y sobre los de
hospitalización85.
No
desarrollaremos los datos referentes a epidemiología de las
complicaciones macroangiopáticas de la DM, porque
serán objeto de otro manuscrito en esta
sección.
MORTALIDAD POR DIABETES
La
hiperglucemia en sí misma se asocia a un incremento de la
mortalidad, que se ha descrito mayor cuanto mayor es el nivel de
glucemia basal<
SUP>86. A su vez, la edad, la hipertensión y la
presencia de proteinuria también están
independientemente asociadas al incremento de mortalidad por
cualquier causa en la DM287.
En
EE.UU. se estima que los fallecimientos de personas con DM2 suponen
el 15-20% de todas las muertes en la población mayor de 25
años. La tasa de mortalidad es de 2 a 3 veces superior en
pacientes cuyo diagnóstico de la enfermedad se realiza
después de los 40 años88,89. En la
mayoría de los países desarrollados, la diabetes
ocupa del cuarto al octavo lugar entre las causas de
defunción. En los países europeos la tasa de
mortalidad oscila entre el 8 y el 33 por 100.000 habitantes, siendo
en España actualmente del orden del 23 por
100.00090. En la mayor parte de los estudios, las tasas
de mortalidad son superiores para las mujeres que para los varones
(en España, 29 frente a 16 por 100.000).
La
estimación de la mortalidad en nuestro país ha sido
realizada por la Subdirección General de Medicina Preventiva
del Ministerio de Sanidad y Seguridad Social en el período
1951-1974, publicada en su Boletín Epidemiológico
Semanal91. Estos datos se obtuvieron a través
de los certificados de defunción. Se ha cuestionado la
fiabilidad del método ya que, en general, en un gran
porcentaje de los certificados no se registra la diabetes como
causa de muerte. En todo caso la información disponible
posee un indudable interés, máxime considerando que
determinados estudios españoles afirman la validez de los
datos que se registran en los certificados de defunción. La
mortalidad (por 100.000 habitantes) aumenta para cualquier sexo a
lo largo del período de observación, de modo que de
ser 6,76 en 1951-1956 asciende a 16,09 en el período
1969-1974. En 1978 la mortalidad se estimó ya en
18,4/100.000 habitantes. Este incremento se observa más
acentuado en la población femenina, y en ambos sexos aumenta
por encima de los 65 años.
Regidor et al han publicado la evolución de las principales
causas de mortalidad en España entre 1975 y
198892. La tasa de mortalidad por diabetes pasó
en el citado período de 14,8 a 13,8 en varones, y de 19,2 a
17,2 en mujeres (tasa por 100.000 habitantes ajustada por edad en
función de la población estándar de 1970). La
diabetes aparece en España como la tercera causa de muerte
en mujeres (después de las enfermedades cardiovasculares y
la enfermedad isquémica del corazón) y la
séptima en varones92. Es evidente que este rango
se debería corregir en función del papel que
desempeña la diabetes como causa que predispone a enfermedad
cardiovascular o coronaria. Por provincias, el exceso de mortalidad
por DM en España presenta una agregación
geográfica en el sur, sudeste y provincias
insulares93.
FACTORES DE RIESGO PARA LA APARICIÓN DE
DIABETES
Los
marcadores de riesgo para la DM2 incluyen la edad
avanzada94, la obesidad9-14, la historia
familiar de diabetes95,96, la etnia97-99, el
nivel socioeconómico100,101 y el estilo de vida
occidental (se refiriere principalmente a la obesidad, dieta e
inactividad física). Cada uno de ellos es probablemente un
reflejo de los factores causales subyacentes. En la historia
natural de la DM2 se describe un estado previo de intolerancia a la
glucosa y de glucemia basal alterada102-105, estados que
confirman que el riesgo a desarrollar DM2 aumenta cuanto mayor es
el nivel de glucemia. La diabetes gestacional también puede
ser un marcador de un estado prediabético.
Muchos estudios apoyan el papel de los factores fisiológicos
y de estilo de vida en la etiología de la DM2. Entre tales
factores se incluye, en primer lugar, la obesidad9-14,
que se acompaña de resistencia a la insulina. La
duración prolongada de la obesidad106,107 y la
presencia de obesidad central108 también se han
asociado a una mayor incidencia de DM2. Más polémica
es la cuestión de si la dieta en sí misma precipita
la diabetes independientemente de la obesidad. Estudios recientes
indican que cambios importantes en la tolerancia a la glucosa
ocurren con el cambio de la dieta tradicional a la occidental, y
viceversa109-111. Otros estudios describen los efectos
protectores de una dieta rica en fibra, cereales integrales y
magnesio112, aunque en un estudio sólo se
observó mayor protección a mayores niveles
séricos de magnesio, pero no con su mayor
ingesta113, en frutas y verduras114, o
incluso, y aunque parezca paradójico, del efecto protector
del consumo moderado de alcohol115,116, o mayor riesgo
ante bajas concentraciones plasmáticas de vitamina
E117.
La
inactividad física también cumple un importante papel
en el riesgo de presentación de intolerancia a la glucosa y
DM2118-124.
Otros estudios han descrito mayor incidencia de DM2 entre los
consumidores de tabaco116,125, en determinadas
profesiones126 y condiciones laborales127, o
en presencia de síntomas depresivos128 o de
hipertensión129.
Recientes estudios en Europa y EE.UU. han descrito que el bajo peso
al nacer130 y otras alteraciones del crecimiento fetal
en neonatos a término131 estarían
asociadas a mayor prevalencia de intolerancia a la glucosa y
consiguiente DM2. Los mecanismos se desconocen, pero parece ser que
existirían alteraciones del desarrollo neuroendocrino del
feto. Estas alteraciones hormonales contribuirían a la
predisposición a la diabetes y al síndrome
metabólico132. También en esta
línea, el tratamiento de niños y adolescentes con
hormona del crecimiento se ha descrito como acelerador de la
presentación de la DM2 en individuos
predispuestos133.
PREVENCIÓN DE LA DIABETES
Aunque se han identificado muchos marcadores y factores de riesgo
para el desarrollo de la DM2, poco se conoce sobre si las
intervenciones en ellos pueden prevenir o incluso hacer desaparecer
la patología en aquellos casos ya
diagnosticados134. Se han efectuado algunos estudios de
intervención y otros están en curso para comprobar la
hipótesis de que la DM2 (y sus riesgos cardiovasculares) se
puede prevenir mediante fármacos135-137 o cambios
en el estilo de vida. A continuación detallaremos los
estudios más interesantes en este último
campo.
La
incidencia de DM2 está aumentando en todo el mundo,
probablemente debido a los cambios en el estilo de vida,
relacionados con la adquisición de hábitos más
occidentales como el sedentarismo, la obesidad o la dieta poco
equilibrada. Por otra parte, hoy día conocemos que las
personas con obesidad e intolerancia a la glucosa tienen un riesgo
elevado para desarrollar DM2. Basándose en lo anterior,
Toumilehto et al138 plantearon la posibilidad de evitar
la progresión a DM2 de estos sujetos mediante cambios en el
estilo de vida. Con el objetivo de investigar si la DM2 se puede
prevenir con cambios en el estilo de vida en personas con alto
riesgo a desarrollar la enfermedad, se diseñó un
estudio aleatorizado grado realizado en Finlandia en que se
asignaron 522 personas obesas de mediana edad (172 varones y 350
mujeres; edad media: 55 años; IMC: 31) con intolerancia a la
glucosa a un grupo de intervención terapéutica frente
a un grupo control. La intervención consistió en un
consejo individualizado encaminado a reducir peso, reducir la
ingesta total de grasas saturadas, aumentar la ingesta de fibra y
la actividad física. Se realizó un test de tolerancia
oral a la glucosa anualmente. El diagnóstico de DM2 se
confirmó mediante un segundo test. La duración media
del seguimiento fue de 3,2 años. La pérdida de peso
media durante el primer año fue de 4,2 + 5,1 kg en el grupo
de intervención, frente a 0,8 + 3,7 kg en el grupo control.
La pérdida de peso neta al final del segundo año fue
de 3,5 + 5,5 kg en el grupo de intervención, frente a 0,8 +
4,4 kg en el grupo control (diferencias significativas con p <
0,001 en ambas comparaciones entre los dos grupos). La incidencia
acumulada de diabetes a los 4 años fue del 11% en el grupo
de intervención (IC del 95%, 6-15%), frente al 23% en el
grupo control (IC del 95%, 17-29%). Durante el ensayo, el riesgo
para desarrollar DM2 se redujo en un 58% (p < 0,001) en el grupo
de intervención. La reducción en la incidencia de
diabetes estuvo directamente relacionada con cambios en el estilo
de vida. Los resultados que demuestran este excelente estudio son
espectaculares, ya que mediante la pérdida de peso y los
cambios dietéticos (disminución del consumo total de
grasas, de la proporción de grasas saturadas, de la cantidad
de azúcar, aumento del consumo de vegetales) y del ejercicio
disminuye a más de la mitad la incidencia de DM2.
Además, es interesante destacar que estos óptimos
resultados se consiguen con una pérdida de peso moderada,
4,2 kg de media, lo que supone un 4,7% de peso. Paralelamente, en
el grupo de intervención también disminuyó de
manera significativa la glucemia en ayunas y a las 2 h del test de
tolerancia oral a la glucosa, la insulinemia, los
triglicéridos, la PAS y la PAD. Todas estas circunstancias
probablemente están relacionadas con una mejora de la
resistencia a la insulina. Cabe pensar que en la asistencia
médica diaria es muy difícil conseguir
pérdidas de peso y cambios en hábitos
dietéticos. De hecho, en el ensayo sólo
consiguió una pérdida de peso mayor del 5% un 43% de
los pacientes del grupo de intervención (en relación
a un 13% del grupo control). De acuerdo con este ensayo, para
prevenir un caso de DM2 se precisa la intervención en 22
sujetos durante un año, o bien en 5 sujetos durante 5
años138. Por tanto, en personas que tienen un
elevado riesgo para sufrir DM2, el consejo médico encaminado
a obtener una disminución moderada de peso (mucho menor que
la que se necesita para llegar al normopeso) consigue prevenir la
aparición de DM2. La DM2 se puede prevenir con cambios en el
estilo de vida.
En
cuanto al ejercicio físico, diversos estudios
epidemiológicos han relacionado positivamente la
sensibilidad a la insulina y la actividad física, pero la
consistencia de esta asociación en poblaciones con distinto
estado ponderal es incierta. En un estudio epidemiológico
multicéntrico se examinó si la actividad
física está relacionada con las concentraciones de
insulina en dos poblaciones con alto riesgo para diabetes, pero que
difieren en área geográfica, grupo étnico e
IMC139. Las poblaciones estudiadas consistieron en 2.321
indios Pima no diabéticos de 15 a 59 años de edad y
2.716 habitantes no diabéticos de las islas Mauricio. La
sensibilidad a la insulina se estimó mediante la
concentración de insulina basal y posprandial en sangre, y
la actividad física mediante un cuestionario. Como
resultados se demostró que, en la población de indios
Pima, las personas con más actividad física tuvieron
una concentración significativamente menor de insulina que
los menos activos (179 frente a 200 y 237 frente a 268 pmol/l).
Resultados similares se detectaron en isla Mauricio (94 frente a
122 y 127 frente a 148 pmol/l). En ambas poblaciones, la actividad
física se asoció de forma significativa con la
concentración de insulina, controlada para edad, IMC,
índice cintura/cadera y glucemia. De acuerdo con todo lo
anterior, la actividad física se asocia negativamente a las
concentraciones de insulina tanto en los indios Pima, que tienden
al sobrepeso, como en los habitantes de la isla Mauricio, que son
delgados. Estos resultados indican que el beneficio de la actividad
física sobre la sensibilidad a la insulina es independiente
de la influencia de la actividad física sobre la
composición corporal. El desarrollo de DM2 se asocia a
obesidad, distribución androide de la grasa y sedentarismo.
Todos estos factores se asocian a resistencia a la insulina. No
obstante, dado que el sedentarismo es un factor asociado a la
obesidad, y a distribución androide de la grasa,
podría reflejar simplemente esta asociación. Por otra
parte, la relación entre resistencia a la insulina, mayor
IMC y mayor índice cintura/cadera está ampliamente
demostrada en sobrepeso u obesidad, pero no tan claramente en
personas delgadas. El interés de este estudio es que
investiga estas asociaciones tanto en población con
tendencia a la obesidad, de distribución androide, los
indios Pima, con IMC medios entre 28 y 35, índice
cintura/cadera entre 1,5 y 1,9, como en población sin
tendencia a la obesidad, los habitantes de Mauricio, con IMC medios
entre 24 y 25, índice cintura/cadera entre 0,8 y 0,9. Como
era de esperar en la población Pima afectada de obesidad, a
menor actividad física, mayor insulinemia (mayor resistencia
a la insulina). Lo que es interesante es que esta relación
existe prácticamente igual en la población en
normopeso de la isla Mauricio. Por tanto, la actividad
física y la sensibilidad a la insulina están
relacionadas consistentemente en distintas poblaciones. La
correlación se mantiene cuando se controla el posible efecto
del estadio ponderal, el índice cintura/cadera y la etnia.
Por tanto, esta relación no depende del hipotético
hecho de que las personas más activas físicamente
tengan mayor peso, sino del efecto intrínseco del ejercicio
sobre la sensibilidad a la insulina139.
La
obesidad y el aumento de peso son factores de riesgo independientes
para el desarrollo de DM2. Es conocido que la tolerancia a la
glucosa mejora con la disminución de peso y empeora con su
aumento. Sin embargo, la disminución de peso como
terapéutica presenta aún algunos interrogantes sobre
sus efectos en la acción y secreción de insulina a
corto, medio y largo plazo. Muchos estudios indican que la mayor
parte de la mejoría de la tolerancia a la glucosa debida a
la reducción de peso es atribuible a una disminución
de la resistencia a la acción de la insulina. Un estudio
reciente en indios Pima140 aporta información
sobre los efectos a largo plazo de las variaciones de peso sobre la
acción y la secreción de insulina, no sólo en
sujetos normales, sino también en aquellos con TAG. La
mejoría de la sensibilidad a la insulina es proporcional a
la pérdida de peso. A la inversa, con el aumento de peso la
sensibilidad a la insulina empeora en igual cuantía. En la
situación intermedia, si la pérdida de peso se
mantiene, también lo hace la sensibilidad a la insulina. El
aumento de peso podría tener consecuencias en las personas
con ITG, en las cuales la secreción de insulina
también disminuye al ganar peso en lugar de aumentar para
compensar la disminución de su acción
periférica140. Muy recientemente, el
análisis de los resultados tras 16 años de
seguimiento (de 1980 a 1996) de la cohorte de enfermeras
americanas, que incluye a 84.941 mujeres, ha demostrado una vez
más que el predictor más importante de DM2 es la
obesidad y el sobrepeso141. También se asocian al
desarrollo de DM2 el sedentarismo, la dieta, el tabaquismo y de
nuevo sorprendentemente la abstinencia de alcohol. En todo caso,
todos estos factores son modificables con cambios en el estilo de
vida.
CONCLUSIONES
La
revisión sobre la epidemiología de la diabetes en
España pone de manifiesto la importancia sociosanitaria de
esta enfermedad. Obviamente todavía falta información
sobre datos tan elementales como la incidencia y prevalencia de los
distintos tipos de diabetes y sus complicaciones en muchas zonas de
España. Un cálculo aproximado en función de
los valores de incidencia y prevalencia descritos y del censo
poblacional más reciente ofrece los siguientes datos para el
total del Estado español: prevalencia de diabetes conocida
de 1,1 a 1,4 millones de habitantes; prevalencia total de diabetes
(conocida e ignorada) de 2,1 millones de habitantes; prevalencia de
diabetes en edad inferior a 15 años, 29.000 niños;
incidencia de DM1 en edad inferior a 15 años de 1.104 nuevos
casos por año. Obviamente estos datos no son exactos, dado
que se basan en los escasos datos disponibles, asumen
distribución homogénea para todo el Estado, no
incluyen IC, variaciones temporales, envejecimiento progresivo de
la población, etc. En todo caso pueden ser un índice
de la importancia sanitaria de la diabetes, así como de la
prioridad de disponer de información epidemiológica
más exacta.
Correspondencia: Dr. Alberto Goday.
Servicio de Endocrinología. Hospital del Mar.
P.o Marítimo, 25-29. 08003 Barcelona.
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