Puesta al día: Diabetes y enfermedades cardiovasculares (VIII).
Volumen 55, Número 12, Diciembre 2002
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Cirugía de revascularización coronaria en el paciente diabético
José M González Santosa; Mario Castaño Ruiza
a Unidad de Cirugía Cardíaca. Hospital Universitario de Salamanca. Salamanca.
Rev Esp Cardiol. 2002;55:1311-22.
Los diabéticos que precisan una derivación aortocoronaria son un grupo de pacientes cada vez más frecuente, hasta el 30% de los que se someten a este tipo de cirugía en la actualidad, y con unas características clínicas y anatómicas que los diferencian del resto de la población. En particular, suelen tener una enfermedad coronaria más extensa y difusa, con mayor número de vasos enfermos y de lesiones, y precisan más anastomosis distales para conseguir una revascularización adecuada. A pesar de que la cirugía comporta hoy día un riesgo similar al del paciente no diabético, los diabéticos desarrollan más complicaciones inmediatas, en especial, insuficiencia renal, accidentes neurológicos y problemas con la esternotomía. En estudios clásicos, en los que la cirugía se basaba fundamentalmente en los injertos venosos, la supervivencia a largo plazo y el alivio de la angina eran menores que en la población general. Sin embargo, el uso
rutinario de la arteria mamaria interna ha permitido obtener unos resultados prácticamente comparables a los del paciente no diabético, por lo que en la actualidad se considera idónea la técnica de revascularización en el diabético con enfermedad multivaso. La cirugía sin circulación extracorpórea y una revascularización más extensa con injertos arteriales se están consolidando como soluciones prometedoras para disminuir el riesgo de la cirugía y mejorar los resultados a largo plazo. No se debe, sin embargo, subestimar la importancia que tienen en los resultados clínicos a largo plazo las medidas de prevención secundaria, en especial el control estricto de la glucemia y la disminución agresiva de los lípidos plasmáticos.
Palabras clave: Diabetes mellitus. Cirugía coronaria.
INTRODUCCIÓN
La
DM es una enfermedad estrechamente relacionada con la CI. Este
trastorno metabólico facilita el desarrollo de la
aterosclerosis coronaria, que suele ser más frecuente y
grave cuanto más grave es la DM. Debido a esta
relación, los accidentes coronarios son la principal causa
de muerte entre los pacientes diabéticos y las
manifestaciones clínicas más graves de la CI, como el
síndrome coronario agudo y el IAM, son hasta 3 veces
más frecuentes en los diabéticos que en los que no lo
son y, además, conllevan mayor mortalidad1,2. En
los pacientes con DM tipo I la mortalidad de causa coronaria es
entre 3 y 10 veces superior a la de la población normal y
entre 2 y 4 veces en aquellos con DM tipo
II3-6.
También la DM se asocia a mayor morbimortalidad y peores
resultados a medio y largo plazo tras la revascularización
coronaria, ya sea quirúrgica o se realice mediante
técnicas percutáneas. Sin embargo, diferentes
estudios prospectivos han demostrado que, cuando está
indicada, la revascularización quirúrgica proporciona
mejores resultados clínicos, tanto en lo que se refiere a
supervivencia como a calidad de vida, que el tratamiento
médico o los procedimientos de revascularización
percutánea7-10, incluso cuando en este
último tipo de procedimientos se utilizan stents
intracoronarios11. La cirugía tiene
también mejores resultados que otras estrategias de
revascularización en el contexto de la reestenosis que
aparece después del intervencionismo
coronario12.
En
este artículo pretendemos revisar la problemática
especial que el paciente diabético plantea al cirujano
cardíaco, así como analizar los resultados inmediatos
y a largo plazo de la DAC en este a menudo difícil grupo de
pacientes. De forma deliberada, no haremos en esta revisión
una comparación de los resultados de la cirugía y la
ACTP, aspecto que ya ha sido objeto de otro de los capítulos
de esta monografía.
PREVALENCIA DE LA DM ENTRE LOS CANDIDATOS A
CIRUGÍA CORONARIA
La
prevalencia de la DM entre los pacientes que se someten a una DAC
es bastante variable, dependiendo de las características
étnicas o demográficas. En general, la mayoría
de los estudios sobre población occidental que incluyen a
todo tipo de enfermos sometidos a una DAC electiva cifran la
proporción de diabéticos entre el 12 y el 30%,
porcentajes que habitualmente se refieren a los diabéticos
que precisan algún tipo de tratamiento8,13-19. En
nuestra población, que no debería ser diferente de la
del resto del país, más de una tercera parte (34,9%)
de los 304 pacientes sometidos a DAC aislada en los dos
últimos años eran diabéticos. La
mayoría de ellos (18,4%) eran insulinodependientes, mientras
que el 9,5% tomaba antidiabéticos orales y el otro 6,9% se
controlaba con dieta.
Merece la pena destacar el hecho de que la mayoría de los
estudios que analizan las modificaciones cronológicas en la
prevalencia de diferentes comorbilidades entre los pacientes que se
someten a una DAC coinciden en que el porcentaje de pacientes con
DM de cualquier tipo es cada día mayor. En una de las
publicaciones más recientes, Abramov et al encontraron que
el porcentaje de diabéticos había aumentado del 18 al
26% entre los pacientes intervenidos a lo largo de la década
de los noventa20.
CARACTERÍSTICAS CLÍNICAS Y
ANATÓMICAS DEL PACIENTE DIABÉTICO
QUIRÚRGICO
Características clínicas
Los
pacientes diabéticos que se someten a una DAC tienen unas
características demográficas, clínicas y
anatómicas más desfavorables para la cirugía
que los no diabéticos. Suelen ser de más edad,
habitualmente mujeres, y presentan con mayor frecuencia
hipertensión y antecedentes de IAM13,21. Los
diabéticos se encuentran normalmente en una situación
funcional más avanzada, grado III o IV de la CCS o la NYHA,
en el momento de la intervención y presentan con mayor
frecuencia manifestaciones de ICC13.
Características anatómicas
La
DM se asocia con frecuencia a una enfermedad coronaria más
grave, con mayor número de vasos enfermos y mayor
número de lesiones. Además, el enfermo
diabético suele tener una función ventricular
más deprimida. En un estudio publicado recientemente,
Wendler et al17 encontraron que los pacientes con DM que
eran revascularizados quirúrgicamente tenían una
prevalencia significativamente superior de enfermedad de tres
vasos, 93 frente a 83%, y una fracción de eyección
media 5 puntos inferior a la de los pacientes no diabéticos.
En nuestra población se aprecian diferencias similares; los
diabéticos tienen un número significativamente mayor
de estenosis coronarias significativas, 3,6 frente a 3,1, y una
fracción de eyección significativamente más
reducida, 0,49 frente a 0,54, que los que no lo son. Las
diferencias en la extensión de la aterosclerosis coronaria
se difuminan, sin embargo, cuando se compara exclusivamente a
pacientes con enfermedad multivaso. Kurbaan et al18,
tras analizar las coronariografías de los pacientes
incluidos en el estudio CABRI, que comparaba los resultados de la
ACTP y la cirugía en pacientes con enfermedad coronaria
multivaso, cuantificaron la extensión de la enfermedad
coronaria mediante diferentes escalas. Aunque los pacientes con DM
tenían una puntuación más elevada antes de la
revascularización, indicativa de un mayor número de
segmentos enfermos, la diferencia no llegó a ser
significativa. Por tanto, aunque parece claro que los
diabéticos tienen más enfermedad multivaso, la
extensión de la enfermedad coronaria cuando se considera
exclusivamente a los pacientes con esta característica
podría no diferir en exceso. Este hallazgo contrasta, no
obstante, con la evidencia clínica de que en los
diabéticos hay que realizar un mayor número de
anastomosis distales para conseguir una revascularización
completa22-24.
Por
otra parte, el diabético, sobre todo si es mujer, suele
tener unos lechos distales de menor calibre. Se ha visto que los
diabéticos tienen, antes incluso de desarrollar la
enfermedad coronaria evidente, unas arterias coronarias de un
diámetro inferior al de las de la población
general25. La causa podría ser un aumento del
tono vascular, una aterosclerosis difusa incipiente o ambas.
Utilizando técnicas de cuantificación
angiográfica en un grupo de pacientes sometidos a
revascularización percutánea, Schofer et
al26 también encontraron que el calibre medio de
las arterias coronarias de los pacientes insulinodependientes era
inferior al de los no diabéticos. Observaciones similares
han sido también realizadas utilizando ecografía
intracoronaria27. Pero, además, con frecuencia
los lechos distales de estos pacientes están difusamente
enfermos y tienen zonas más extensas de
calcificación. Estas circunstancias, aunque difíciles
de cuantificar y registrar, dificultan o pueden incluso llegar a
impedir una cirugía convencional y comprometen la
permeabilidad a medio y largo plazo de los injertos coronarios.
Estas alteraciones anatómicas desfavorables son más
importantes en pacientes mayores, cuando la diabetes es de larga
evolución y cuando se asocian otras complicaciones
vasculares28.
Comorbilidad
Como consecuencia de las alteraciones macro y microvasculares que
produce, la DM se asocia con mayor frecuencia a una serie de
anomalías estructurales y funcionales en órganos
distintos al corazón que influyen en el propio acto
quirúrgico y en el tratamiento perioperatorio de los
enfermos. Tienen especial interés el deterioro de la
función renal consecuencia de la nefropatía
diabética y la enfermedad vascular periférica,
especialmente en las extremidades inferiores y en los troncos
supraaórticos. Sobre estos aspectos se comenta más
adelante, al hablar de la valoración
preoperatoria.
INDICACIONES DE LA CIRUGÍA EN EL
DIABÉTICO
En
general, las indicaciones para la revascularización
quirúrgica en el diabético son las mismas que en la
población general. No obstante, tal y como se recoge en las
guías del American College of Cardiology y la American Heart
Association para el tratamiento de los pacientes con angina estable
crónica29, cuando la situación
clínica del paciente constituya una indicación de
revascularización y exista una enfermedad multivaso, debe
elegirse la cirugía con independencia de la anatomía
coronaria, dadas las evidentes ventajas a largo plazo de la DAC
sobre la ACTP.
Una
situación que requiere una valoración especial es la
de los pacientes con nefropatía diabética. En
pacientes insulinodependientes con insuficiencia renal
crónica y estenosis significativa en al menos uno de los
tres vasos principales, se ha demostrado que la
revascularización quirúrgica reduce de manera
significativa la incidencia de episodios isquémicos y mejora
la supervivencia en comparación con el tratamiento
médico30. Especial interés plantean los
pacientes con nefropatía diabética que precisan un
trasplante renal. Hasta un tercio de ellos puede presentar una CI
grave, incluso en ausencia de síntomas o de otros marcadores
clínicos de CI30,31. En este grupo de pacientes
está justificado un conocimiento preciso de la
anatomía coronaria y la revascularización
quirúrgica en presencia de una enfermedad
multivaso.
VALORACIÓN PREOPERATORIA
Como ya se ha comentado, los pacientes con DM tienen con mayor
frecuencia patologías extracardíacas asociadas que
influyen de manera significativa en la aparición de
complicaciones postoperatorias. De todas ellas, la
vasculopatía periférica, especialmente a nivel
carotídeo, y la disfunción renal son las más
frecuentes y deben ser cuidadosamente investigadas antes de la
cirugía.
Una
anamnesis rigurosa debe investigar si el paciente tiene
claudicación intermitente u otras manifestaciones de
compromiso arterial en otros territorios, especialmente el cerebral
e intestinal. En la exploración física se debe buscar
la existencia de soplos carotídeos, abdominales o femorales,
la abolición de pulsos en las extremidades, o la presencia
de tumoraciones pulsátiles, hallazgos sugerentes de
estenosis u oclusiones arteriales o de aneurismas de la aorta
abdominal o de otros territorios arteriales. La correcta
valoración de una vasculopatía periférica
asociada es de gran utilidad a la hora de elegir la extremidad
más adecuada para la extracción de la vena safena, y
nos alerta de la posibilidad de la existencia de obstrucciones de
las arterias subclavias que contraindiquen el uso de la AMI de
manera pediculada, es decir, respetando su origen en la arteria
subclavia. Además, nos permite elegir el lugar idóneo
de inserción de un balón de contrapulsación en
caso de necesidad o, en circunstancias extremas, puede
contraindicar su utilización.
La
ausencia de soplo carotídeo o de síntomas
neurológicos previos no excluye la presencia de enfermedad
cerebrovascular significativa, por lo que se recomienda realizar
eco-Doppler de los troncos supraaórticos para descartarla en
aquellos pacientes con un perfil de alto riesgo de enfermedad
carotídea. Dado que la DM ha sido identificada como un
factor determinante de enfermedad carotídea
significativa32, se recomienda realizar esta prueba en
los diabéticos de más de 65 años siempre que
coexistan otros factores de riesgo como son el sexo femenino, el
antecedente de tabaquismo o de un accidente isquémico
cerebral, así como en los que tienen enfermedad del tronco
común de la coronaria izquierda, dada su estrecha
relación con la enfermedad cerebrovascular33,34.
La actitud a seguir en caso de que la prueba sea positiva sobrepasa
los objetivos de esta monografía.
También debe evaluarse cuidadosamente la función
renal de los pacientes con DM antes de la cirugía mediante
la analítica rutinaria y, en caso necesario, la
determinación del aclaramiento de creatinina. El hallazgo de
una función renal alterada obliga a una adecuada
hidratación preoperatoria del paciente, así como una
precaución especial en el uso y dosificación de
fármacos nefrotóxicos. En general, se aconseja
suspender los antiinflamatorios no esteroideos y los inhibidores de
la enzima conversiva de la angiotensina a todos los
diabéticos clínicamente estables 48 h antes de la
cirugía, con independencia de su función
renal35.
Otro aspecto importante y específico de estos pacientes es
el control de la glucemia antes y después de la
intervención. Los pacientes que llegan bien controlados a la
cirugía deben recibir las mismas dosis de insulina o
antidiabéticos orales que venían
administrándose hasta la mañana de la
intervención quirúrgica. No obstante, las insulinas
de acción lenta se deben sustituir por otras de
acción intermedia uno o dos días antes de la
cirugía36. En la mañana de la
operación se iniciará en todos los pacientes la
administración continua intravenosa de insulina, que se
mantendrá hasta el tercer día del postoperatorio,
siguiendo un protocolo que pretende mantener la glucemia entre 150
y 200 mg/dl durante todo este período37. Los
pacientes que no están bien controlados en el momento del
ingreso deben ser valorados por los especialistas de
endocrinología para conseguir mantener la glucemia en este
rango óptimo.
Los
pacientes insulinodependientes que se administran preparados con
protamina tienen más riesgo de presentar reacciones adversas
a este fármaco en el momento de revertir la heparina tras la
circulación extracorpórea38. Dado que la
exposición transdérmica tiene un valor limitado en la
identificación de la alergia a la protamina, es prudente
administrar una dosis de prueba previa para vigilar la
aparición de cambios hemodinámicos sugestivos de
reacción adversa, como hipotensión sistémica
con elevación del gasto cardíaco e
hipertensión pulmonar grave con posibilidad de
disfunción ventricular derecha
secundaria39.
ASPECTOS QUIRÚRGICOS
Existen algunos aspectos diferenciales en la estrategia de la DAC
en los pacientes diabéticos que merecen ser comentados con
más detalle, especialmente en lo referente a la
elección y tratamiento de los injertos
coronarios.
Elección de los injertos
La
DM se ha relacionado con una progresión acelerada de la
aterosclerosis, tanto en las arterias coronarias nativas, hayan
sido o no revascularizadas, como en los injertos coronarios,
especialmente los de vena safena18,40-42. Aunque el
primer aspecto no se puede modificar con la cirugía,
sí se pueden utilizar conductos más duraderos con el
fin de mejorar los resultados clínicos a largo plazo de la
revascularización quirúrgica. Las
características histológicas e histoquímicas
de la AMI la proporcionan una resistencia natural a la
aterosclerosis43, lo que la convierte en el conducto de
elección en los pacientes diabéticos. Desde el punto
de vista clínico está ampliamente demostrado que la
revascularización de la arteria descendente anterior con la
AMI mejora significativamente tanto la mortalidad como la
incidencia tardía de episodios desfavorables (recidiva de la
angina, nuevos IAM y nuevos procedimientos de
revascularización)44,45. Esta ventaja cobra mayor
importancia en los enfermos diabéticos, en los que la
cirugía mejora en más de 20 puntos la supervivencia a
7 años, fundamentalmente a expensas del grupo de pacientes
en los que se utilizó la AMI, como se ha demostrado
contundentemente en el estudio BARI8. Además, la
utilización de ambas AMI mediante injertos compuestos en
1;T» o en «Y» permite revascularizar con
conductos arteriales todas las ramas de la coronaria izquierda y,
en ocasiones, las ramas distales de la coronaria
derecha46.
Sin
embargo, la utilización de este conducto en los
diabéticos, especialmente de las dos AMI, se ha asociado a
un incremento significativo de las complicaciones esternales. Se ha
demostrado que la disección de la AMI según la
técnica clásica, es decir, en forma de un
pedículo musculoaponeurótico que incluye la arteria y
sus dos venas satélites, reduce de manera importante la
vascularización esternal, muy especialmente en el caso de la
disección bilateral47,48. Aunque este
fenómeno se ha revertido por completo en aproximadamente un
mes, compromete inevitablemente la cicatrización del
esternón y puede condicionar la aparición de
dehiscencia e infección de la herida quirúrgica.
Aunque algunos investigadores han encontrado que incluso la
disección de una sola AMI pediculada es un factor
independiente de mediastinitis37, otros estudios
más exhaustivos no han ratificado este
hallazgo49,50. No sucede lo mismo con el uso de ambas
AMI. Diversos estudios con gran número de pacientes han
ratificado que esta técnica aumenta entre 5 y 15 veces el
riesgo de mediastinitis en los pacientes
diabéticos49,51,52. Este hallazgo ha motivado que
la mayoría de los equipos consideren que la
utilización de las dos AMI esté contraindicada en el
paciente diabético.
Este inconveniente puede obviarse preparando la AMI de manera
«esqueletizada», es decir, disecando el vaso totalmente
aislado y respetando el tejido musculoaponeurótico que la
rodea. Se ha demostrado, tanto experimental53 como
clínicamente54, que la reducción de la
vascularización esternal es mucho menor con esta
técnica, al preservarse ramas colaterales que, a
través de las arterias intercostales, quedan perfundidas
desde la aorta torácica55. Este hecho favorece la
cicatrización de la herida esternal y reduce la incidencia
de dehiscencia y mediastinitis. En un reciente trabajo
retrospectivo, Matsa et al56 describen una incidencia de
mediastinitis de tan sólo el 2,6% utilizando ambas AMI
esqueletizadas en pacientes diabéticos, no
significativamente superior al 1,7% en los no diabéticos.
Sin embargo, la incidencia de mediastinitis fue del 15% en las
mujeres diabéticas que eran obesas, por lo que los autores
recomiendan evitar esta técnica en este subgrupo. En otro
trabajo retrospectivo de Calafiore et al57, la
incidencia de mediastinitis entre los diabéticos en los que
se disecaron ambas AMI esqueletizadas fue del 2%, similar a la de
los no diabéticos y significativamente menor al 10% que
presentaron los pacientes con DM en los que las AMI se disecaron de
manera convencional. Por su parte Pevni et al58 han
utilizado esta técnica en 206 pacientes diabéticos
con una incidencia de infección profunda de la herida de
sólo el 1,9%, casi idéntica al 1,7% encontrada en no
diabéticos. Finalmente, Bical et al59 han
intervenido a 63 pacientes diabéticos mediante esta
técnica sin complicaciones esternales. Por tanto, y aunque
hasta la fecha no existen estudios prospectivos y aleatorizados que
avalen de manera concluyente estos resultados, parece que la baja
incidencia de complicaciones de la herida, unido al beneficio a
largo plazo que parece obtenerse utilizando ambas AMI, aconsejan la
utilización de esta técnica en la mayoría de
los pacientes diabéticos.
La
esqueletización ofrece, además, una ventaja adicional
para estos enfermos que, como se ha mencionado, suelen tener
más vasos enfermos y más lesiones distales que los
pacientes no diabéticos. Esta técnica libera al vaso
de puentes musculoaponeuróticos que limitan su
dilatación y estiramiento longitudinal, lo que permite
conseguir un injerto de mayor longitud que cuando se diseca en
forma de pedículo60. De esta manera se puede
alcanzar segmentos más distales de las coronarias lo que,
asociado a la mayor facilidad para realizar anastomosis
laterolaterales, favorece la consecución de una
revascularización arterial completa57.
En
aquellos pacientes en los que esta técnica no es posible o
que presentan otras circunstancias que desaconsejan la
utilización de la AMI, se puede recurrir a conductos
alternativos, como las arterias radiales y, más raramente,
las arterias gastroepiploica derecha o epigástrica
inferior.
A
lo largo de los últimos años ha aumentado la
frecuencia con la que se utiliza la AR como segundo conducto
arterial. Este vaso se utiliza como injerto coronario hace casi dos
décadas, aunque fue inicialmente desechado por la escasa
tasa de permeabilidad precoz debida a una mayor tendencia al
espasmo61. Sin embargo, un mejor tratamiento
farmacológico perioperatorio y una mejor selección de
los pacientes han permitido alcanzar unos resultados de
permeabilidad a corto y medio plazo superiores a los de la vena
safena, alrededor del 80% a los 5 años62. Estos
resultados han justificado la creciente utilización de la AR
que, cuando se utiliza junto a una AMI, permite conseguir una
revascularización arterial completa, al menos en el
territorio de la coronaria izquierda. De esta manera se puede
evitar la controvertida utilización de las dos AMI en el
paciente diabético. A pesar de que las arterias del
diabético tienen una función endotelial alterada, que
condiciona a una vasorreactividad exagerada, la AR utilizada como
conducto aortocoronario se comporta ante estímulos
vasoconstrictores y vasodilatadores, tanto dependientes como no
dependientes del endotelio, de manera similar a como lo hace la
AMI62.
Existen, sin embargo, algunas limitaciones a la utilización
de la AR en los diabéticos. Una es que la frecuencia de
calcificación de la capa media es significativamente mayor
que en los pacientes no diabéticos, lo que impide en
ocasiones la utilización de injertos ya
disecados61. La otra es que la gruesa capa muscular de
la AR hace que, en presencia de flujo competitivo por una
obstrucción coronaria más grave o de un lecho distal
enfermo, con escaso runoff, el injerto puede espasmodizarse
y ocluirse precozmente. Por ello, la coronaria seleccionada debe
tener una estenosis grave y un lecho distal de buen calibre y sin
lesiones distales, requisitos frecuentemente vulnerados por la
difusa enfermedad distal del paciente diabético.
Finalmente, puede recurrirse a la arteria gastroepiploica derecha
para revascularizar la cara inferior del corazón,
aprovechando que la permeabilidad a largo plazo de este injerto es
también superior a la de la vena safena63,64. Al
igual que en el caso de la AR, y debido a su desarrollada capa
muscular, sólo se debe utilizar cuando la arteria coronaria
a la que se destina tiene una obstrucción proximal
grave65. No existen estudios específicos sobre
los resultados clínicos y angiográficos de la
utilización de este conducto en diabéticos, por lo
que es difícil hacer recomendaciones acerca de su uso en
estos pacientes. Sin embargo, la ausencia de lesiones
ateroscleróticas en los injertos que siguen permeables a los
5 años permite recomendar su utilización en los
pacientes jóvenes, que pueden obtener mayor beneficio de una
revascularización completa con injertos
arteriales.
RESULTADOS INMEDIATOS
Mortalidad precoz
La
DM se ha relacionado tradicionalmente con una mayor mortalidad
precoz en los pacientes intervenidos bajo CEC66,67, lo
que también resulta cierto en el contexto de la DAC. Herlitz
et al68 encontraron en un estudio prospectivo que la
mortalidad hospitalaria en los pacientes diabéticos (6,7%)
era significativamente mayor que el 3,0% en los no
diabéticos. Los autores relacionaron este hecho con la mayor
prevalencia de determinadas circunstancias que se daban en los
primeros, como el IAM previo, la HTA, la obesidad, los
síntomas de ICC y la coexistencia de vasculopatía
periférica, todos los cuales se asocian con un mayor riesgo
en la cirugía coronaria. Cuando se eliminó la
influencia de estos factores mediante análisis
multivariante, la diabetes resultó ser tan sólo un
débil o incluso nulo predictor de mortalidad precoz en otros
dos grandes estudios
multicéntricos22,69.
Con
independencia de que resulten o no fatales, determinadas
complicaciones postoperatorias son más frecuentes en los
pacientes diabéticos.
Complicaciones neurológicas
En
líneas generales, la incidencia de ACVA perioperatorio en el
contexto de la cirugía coronaria oscila entre el 1 y el 5%.
Los mecanismos etiopatogénicos referidos con mayor
frecuencia son la embolización de partículas
procedentes de la pared aórtica o bien del propio circuito
de CEC70 y la coexistencia de enfermedad
carotídea significativa. Aunque el grado de ateromatosis y
manipulación aórtica es difícil de
cuantificar, la presencia de lesiones carotídeas iguales o
mayores al 75% aumenta hasta casi 10 veces el riesgo de sufrir
alguna complicación neurológica, aun en pacientes
asintomáticos34. También la diabetes
está claramente asociada, aunque más
débilmente, a un aumento de los ACVA tras cirugía
coronaria. En dos estudios que analizaron la influencia de la DM en
la aparición de complicaciones neurológicas
después de la DAC, la diabetes aumentó el riesgo de
sufrir un ACVA entre 1,5 y 3 veces70,71. Los pacientes
con DM tienen con frecuencia una aterosclerosis difusa de los vasos
cerebrales y alteraciones en la regulación vasomotriz del
sistema nervioso central, circunstancias que condicionan un flujo
cerebral marginal aún en condiciones basales y favorecen la
aparición de lesiones isquémicas34. La
realización sistemática de ecocardiografía
epiaórtica intraoperatoria puede ayudar a detectar placas de
ateroma susceptibles de fragmentación y guiar la
colocación de la cánula y clamp
aórticos o incluso obligar a modificar la estrategia de
revascularización, de forma que se evite por completo la
manipulación de la aorta72.
Complicaciones renales
La
IRA postoperatoria constituye una seria complicación tras la
cirugía coronaria ya que incrementa de manera importante la
mortalidad, especialmente cuando es necesario recurrir a
procedimientos de depuración extrarrenal73. La
ausencia de un flujo pulsátil durante la CEC, asociado a la
redistribución del flujo esplácnico y renal que se
produce durante la misma, la liberación de moléculas
inflamatorias y catecolaminas, los microembolismos procedentes del
circuito de CEC o de la aorta, y la liberación de
hemoglobina desde los eritrocitos traumatizados se han involucrado
en la etiopatogenia del fracaso renal después de la
cirugía coronaria73. También la DM
constituye un factor independiente de riesgo para el desarrollo de
IRA postoperatoria. En un importante estudio multicéntrico
que ha analizado este problema en cirugía
coronaria74, la presencia de diabetes tipo I
duplicó el riesgo de padecer IRA postoperatoria. Otros
factores de riesgo que se asociaron de manera independiente con la
aparición de IRA postoperatoria en la población
general fueron una creatinina plasmática > 1,4 mg/dl, una
clase funcional III o IV de la NYHA y la cirugía coronaria
previa. Cuando la diabetes tipo I coincide con cualquiera de estos
factores, se triplica el riesgo de fracaso renal establecido para
cualquiera de las categorías de edad. Pero, además,
en el grupo de edad entre 70 y 80 años, el riesgo de IRA fue
4 veces mayor en los pacientes con DM y 6 veces mayor en los
enfermos de más de 80 años.
En
los pacientes diabéticos es fundamental mantener una buena
presión de perfusión y un flujo elevado durante la
CEC para minimizar el daño renal75. No obstante,
incluso en pacientes anéfricos, la utilización
agresiva de hemofiltros durante y después de la
intervención permite llevar a cabo las intervenciones bajo
CEC con una mortalidad y una incidencia de complicaciones
comparable a la realizada en pacientes con función renal
conservada. En definitiva, y dado que la DM supone un riesgo para
el desarrollo de IRA post-operatoria, estos pacientes requieren una
valoración juiciosa de la utilización y
dosificación de fármacos o contrastes
nefrotóxicos, una adecuada hidratación antes y
después de la cirugía y un control estricto de la
hemodinámica perioperatoria, manteniendo presiones de
perfusión elevadas, tiempos de CEC reducidos y recurriendo a
la depuración extrarrenal durante la intervención en
casos seleccionados. Además, cuando la anatomía de la
enfermedad coronaria lo permita, debe valorarse la posibilidad de
llevar a cabo la revascularización sin CEC, para evitar la
morbilidad renal asociada a la misma.
Complicaciones esternales
La
complicación más devastadora de la herida
quirúrgica es la mediastinitis. Aunque su incidencia puede
ser circunstancialmente más elevada, habitualmente la
padecen del 1 al 2% de los pacientes intervenidos por
esternotomía media49,76,77. La trascendencia de
esta complicación se deriva de la elevada mortalidad que
conlleva, que puede llegar hasta un 47%78. Como en el
caso de las complicaciones anteriores, también la DM se ha
identificado como un factor determinante de mediastinitis
posquirúrgica después de la DAC79. En
apartados anteriores se ha comentado detalladamente la incidencia
de esta complicación en los diabéticos y su
relación con el tipo de conducto utilizado. Cuando esta
complicación aparece en enfermos con DM, la mortalidad
precoz se incrementa entre 2 y 3 veces80. Por todo esto,
en los diabéticos que van a ser sometidos a cirugía
coronaria se debe tener en cuenta aspectos de gran trascendencia en
la prevención de esta complicación, como los
adecuados selección y manejo de los conductos, en especial
de la AMI, y el estricto control de la glucemia durante el
postoperatorio inmediato ya comentados.
Descompensación diabética
La
hiperglucemia reduce la resistencia del organismo a la
infección. Se ha demostrado que los períodos de
hiperglucemia se asocian a glucosilación acelerada e
inactivación de inmunoglobulinas y del componente C3 del
complemento81,82. Del mismo modo, la hiperglucemia
produce glucosilación del colágeno de nueva
síntesis, activación de la colagenasa y un descenso
de la proporción de colágeno en la herida
quirúrgica83. Por otra parte, los leucocitos
sufren una alteración de la adherencia, fagocitosis,
quimiotaxis y disminución de la capacidad
bactericida37.
Diferentes estudios han demostrado que cuando la glucemia se
mantiene elevada durante los primeros días del
postoperatorio aumenta el riesgo de complicaciones infecciosas y,
en especial, de mediastinitis37. El inicio de un
protocolo de perfusión continua intravenosa de insulina,
conocido como Protocolo Portland, para mantener la glucemia
por debajo de 200 mg/dl redujo de manera significativa la
incidencia de mediastinitis del 2,4 al 1,5%. Este descenso
suponía una reducción del riesgo relativo del 66%, y
esto a pesar de que el grupo así tratado incluía un
número significativamente mayor de pacientes obesos y de
enfermos revascularizados con la AMI. Aunque, por razones obvias,
no existen estudios aleatorizados realizados con posterioridad que
puedan confirmar estos hallazgos, sí lo han hecho estudios
prospectivos sobre poblaciones de riesgo similar, en alguno de los
cuales se ha llegado a eliminar completamente la incidencia de
mediastinitis84. Por ello creemos que el control de la
glucemia en el paciente diabético sometido a cualquier tipo
de cirugía cardíaca debe hacerse según este
sistema.
RESULTADOS A LARGO PLAZO
Supervivencia
Es
evidente que la DM se relaciona claramente con menor supervivencia
después de la cirugía coronaria. Esta tendencia ya
quedó demostrada en uno de los primeros estudios
prospectivos a gran escala sobre el resultado clínico de la
DAC, el CASS, en el que se incluyó a más de 8.000
pacientes. Según resulta del análisis de este
registro, la DM es un factor determinante independiente de la
mortalidad tardía, con una clara divergencia de las curvas
de riesgo desde el primer año de seguimiento85.
No obstante, dado el tiempo transcurrido desde la
realización de este estudio, esta tendencia podría
ser diferente en nuestros días. Sin embargo, en una revis
ión reciente de uno de los grupos que más han
investigado la influencia de la DM en los resultados de la
cirugía coronaria, el del Hospital Universitario de
Gotemburgo, Herlitz et al15 han encontrado que el
porcentaje de pacientes que habían fallecido a los 5
años de la intervención es 6 veces superior entre los
diabéticos que entre los que no lo son (12,1 frente a 2,1%,
respectivamente). En este y otros estudios
similares13,16 la DM aparece como un factor que influye
de manera independiente en la supervivencia a largo plazo. Sin
embargo, otros investigadores han concluido que sólo la
diabetes tipo I se asocia con una peor supervivencia86.
En general, la mayoría de los estudios que analizan los
resultados a largo plazo de la DAC encuentra cifras de
supervivencia actuarial a los 5 años significativamente
inferiores, entre 15 y 20 puntos, en los
diabéticos13,16.
Curiosamente, algunas investigaciones centradas en subgrupos de
pacientes de mayor riesgo, como es el de los que tienen mala
función ventricular, no han encontrado un efecto
desfavorable de la DM en la mortalidad a medio plazo. Analizando
los resultados del CABRI, un ensayo clínico destinado a
demostrar los beneficios del desfibrilador implantable en los
pacientes con función ventricular severamente deprimida,
Whang et al87 no encontraron diferencias significativas
en la pobre supervivencia a los 2 años (26% en
diabéticos y 24% en no diabéticos), si bien los
diabéticos necesitaron ser hospitalizados con mayor
frecuencia por causas cardíacas. En otro de los grupos de
riesgo elevado, el de los diabéticos con nefropatía
que precisan hemodiálisis permanente, también la
supervivencia tras la cirugía es especialmente pobre. Aunque
la cirugía coronaria puede llevarse a cabo en enfermos de
estas características con escasa morbimortalidad, como han
demostrado recientemente Hosoda et al88, la
supervivencia a 5 años es pobre, escasamente superior al
20%, aunque mejor que la de los que no son revascularizados. Esta
cifra contrasta con el 89% que tuvieron los pacientes en
hemodiálisis por causas distintas a la diabetes.
Algunos autores han identificado ciertos factores que se asocian de
manera independiente con la mortalidad tardía. Entre
éstos, la insuficiencia renal y una función
ventricular izquierda deprimida son constantes en la mayoría
de los trabajos15,16,86. Otros factores relacionados
más desigualmente con una menor supervivencia son la edad
avanzada, el sexo femenino, la HTA y el
tabaquismo15,16,87. Esta influencia de determinados
factores aterogénicos podría relacionarse con una
progresión más rápida de la enfermedad
coronaria después de la revascularización, tal y como
han señalado algunos
investigadores18,89.
Las
causas de muerte tardía también tienen una
prevalencia diferente entre los diabéticos sometidos a una
DAC y el resto de los pacientes. Los primeros fallecen con mayor
frecuencia de causa cardíaca, especialmente de muerte
súbita16 o de insuficiencia cardíaca
refractaria, generalmente relacionada con nuevos
IAM15.
Alivio de los síntomas
El
beneficio sintomático tras la DAC es menor y menos duradero
en los diabéticos que en los que no lo son. En una
población de más de 2.000 pacientes sometidos a DAC
en Suecia, Herlitz at al90 encontraron que el 35% de los
diabéticos y el 29% de los que no lo eran tenían
angina a los 2 años de la intervención, aunque
sólo limitaba la actividad física en el 19 y el 17%
de los pacientes, respectivamente. También la persistencia o
reaparición de las manifestaciones de ICC después de
la cirugía de revascularización es más
frecuente entre los pacientes con DM. En este mismo estudio,
sólo el 31% de los diabéticos se encontraba sin
disnea al cabo de 2 años, síntoma del que estaba
libre el 57% de los no diabéticos. En la experiencia de
estos investigadores, la disnea es la principal responsable de la
limitación de la actividad de los diabéticos
sometidos a cirugía coronaria.
Necesidad de nuevos procedimientos de
revascularización
El
alivio menos consistente de los síntomas de la CI
después de la DAC en el diabético permite predecir
una mayor necesidad de realizar nuevos procedimientos de
revascularización. Así, en un grupo muy numeroso de
pacientes intervenidos en la Universidad de Emory la posibilidad de
necesitar una ACTP al cabo de 5 y 10 años fue
significativamente superior entre los
diabéticos13. En este mismo estudio no se
encontró que se realizaran nuevas DAC con mayor frecuencia
en los pacientes que ya hubieran sido intervenidos, hecho que
podría reflejar una actitud más conservadora ante la
recidiva de la angina en estos pacientes, teniendo en cuenta la
mayor posibilidad de complicaciones precoces y los peores
resultados clínicos a largo plazo.
Calidad de vida
Como se puede deducir de los aspectos ya comentados, la DM
condiciona que la calidad de vida sea peor después de una
DAC. Investigadores de la Universidad de Gotemburgo91,
utilizando tres escalas diferentes para valorar el bienestar
psicofísico, encontraron que la DM era, junto a la
enfermedad pulmonar obstructiva crónica, la única
condición extracardíaca que determinaba de manera
independiente la calidad de vida a los 5 años de la
intervención. Sin embargo, estos resultados están en
parte influidos por la peor situación de los
diabéticos antes de la intervención. De hecho, la
propia calidad de vida antes de la cirugía es un
determinante fundamental de la que se tiene años
después de la intervención. En otra
publicación del mismo grupo92 en la que utilizan
las mismas escalas, sólo el Physical Activity Score
mostró un incremento más modesto,
estadísticamente no significativo, en los diabéticos
que en los que no lo eran.
Permeabilidad de los injertos
Estudios clásicos sobre la permeabilidad a largo plazo de
los injertos de vena safena identificaron a la DM como uno de los
factores que se relacionan con el desarrollo acelerado de
aterosclerosis en los injertos venosos y, en consecuencia, con su
permeabilidad a medio y largo plazo41. Sin embargo, y a
pesar de que la mayor carga aterogénica y
trombogénica de los diabéticos permitiría
presuponer un peor porvenir para los injertos aortocoronarios, este
hecho no ha sido demostrado concluyentemente, al menos cuando se
utilizan fármacos antiagregantes plaquetarios e
hipolipemiantes después de la cirugía. En un estudio
que analiza, entre otros objetivos, la influencia de estos
fármacos en la permeabilidad a largo plazo de los injertos
venosos, el Post Coronary Artery Bypass Graft Trial, Hoogwerf et
al93 no encontraron diferencias en el porcentaje de
injertos ocluidos por paciente a los 4 años entre
diabéticos (15,0%) y no diabéticos (13,2%), ni
tampoco en el porcentaje de injertos por paciente con cambios
angiográficos significativos (34,5 frente a 33,3%,
respectivamente). Por lo que respecta a los injertos de AMI,
más resistentes a la aterosclerosis, tampoco se han
documentado diferencias en la permeabilidad entre diabéticos
y no diabéticos. Markwitch et al94 han
investigado recientemente la permeabilidad a medio plazo de los
injertos de AMI, utilizados como injerto compuesto en
«T» con el fin de conseguir una
revascularización completa con injertos arteriales. En su
experiencia, la permeabilidad de la AMI fue excelente, superior al
98%, tanto para pacientes con DM tipo I como de tipo II. No se
dispone por el momento de datos sobre la permeabilidad a medio y
largo plazo de otro tipo de injertos arteriales, como la AR, en el
diabético, aunque las experiencias iniciales parecen
prometedoras.
ESTRATEGIAS PARA MEJORAR LOS RESULTADOS DE LA
CIRUGÍA EN EL DIABÉTICO
Utilización de injertos
arteriales
Las
ventajas clínicas que comporta la utilización de la
AMI para revascularizar la arteria descendente anterior son
innegables44,45. Más discutidas, aunque evidentes
en determinadas situaciones anatómicas o grupos de edad, son
las ventajas que proporciona la revascularización completa
con injertos arteriales, especialmente en el territorio de la
arteria coronaria izquierda46. Uno de los grupos que
más parece beneficiarse de la utilización extensiva
de conductos arteriales son precisamente los pacientes
diabéticos. Por desgracia, hasta ahora se ha hecho una
utilización restrictiva de los conductos arteriales en los
enfermos con DM, especialmente de las dos AMI, por el temor a las
complicaciones esternales.
Es
un hecho generalmente aceptado que el uso de la AMI mejora la
supervivencia a largo plazo de los enfermos diabéticos. En
un estudio retrospectivo con un largo seguimiento, Yamamoto et
al95 encontraron que los diabéticos
revascularizados con al menos una AMI tenían una
supervivencia a 13 años del 82%, casi idéntica a la
de los que no lo eran, en los que también se utilizó
la AMI. Las ventajas de la utilización de la AMI en los
diabéticos han quedado claramente demostradas en estudios
prospectivos como el BARI9, ensayo en el que se
demostró que la mortalidad tardía de causa
cardíaca de los diabéticos revascularizados mediante
cirugía es bastante similar a la de los no diabéticos
(76,4 frente a 86,4%) siempre y cuando se utilice al menos una AMI.
La diferencia en la supervivencia es más evidente y precoz
en los pacientes con una DM más grave, es decir, en aquellos
tratados con insulina. El beneficio en la supervivencia que
proporciona la DAC parece derivarse de la mayor capacidad para
sobrevivir a un nuevo IAM que proporciona el hecho de tener
asegurada la perfusión de la cara anterior del
corazón con un injerto de AMI permeable. Otros
investigadores han encontrado resultados similares, no sólo
en la supervivencia, sino también en el alivio
sintomático14.
Revascularización sin CEC
La
DAC sin CEC es una técnica que, en general, conlleva una
menor incidencia de complicaciones hematológicas,
neurológicas y renales96, por lo que
podría resultar especialmente ventajosa en el
diabético. Sin embargo, como ya hemos comentado, las
características menos favorables de las arterias coronarias
en los pacientes con DM, con aterosclerosis más difusa y
calcificaciones más frecuentes, unido a la presencia
habitual de hipertrofia ventricular izquierda, hacen de estos
enfermos unos malos candidatos para esta estrategia. Debido
probablemente a este motivo, la reducción en la mortalidad
operatoria que se aprecia con la DAC sin CEC en la población
general no se ha demostrado, o al menos de manera consistente, en
el diabético97. Aunque la cirugía
coronaria sin CEC reduce la manipulación de la aorta y
elimina el circuito de derivación cardiopulmonar, tampoco se
ha demostrado claramente que esta estrategia reduzca la incidencia
de complicaciones neurológicas en el paciente
diabéti-
co97.
A
pesar de estas limitaciones, parece que la eliminación de la
CEC reduce la incidencia de determinados tipos de complicaciones en
el paciente con DM, especialmente la necesidad de administrar
hemoderivados, de ventilación mecánica prolongada, de
fibrilación auricular y de fracaso renal, de especial
interés en el caso del diabético. En una serie
publicada recientemente por Magee et al97, los pacientes
diabéticos intervenidos sin CEC tuvieron que ser dializados
con menor frecuencia que los sometidos a derivación
cardiopulmonar, a pesar de presentar una mayor incidencia de IRA
preoperatoria. Similares hallazgos se han confirmado en otros
estudios96 que, sin embargo, demuestran que la
disminución de la morbilidad renal se limita,
fundamentalmente, a los pacientes de alto riesgo de
disfunción renal postoperatoria. Estos resultados concuerdan
con los de otras investigaciones en las que se realizaron
mediciones exhaustivas de la función renal, como el registro
de la tasa de filtrado glomerular, el flujo plasmático renal
efectivo, las resistencias vasculares renales y sistémicas y
el aclaramiento de creatinina antes, durante y después de la
CEC, revelando que ésta induce escasos cambios en estos
parámetros en pacientes sin IRA
previa98.
Sin
embargo, el número de anastomosis distales que se realizan
en la DAC sin CEC es uniformemente menor96,97 ya que con
el corazón latiendo es más difícil realizar
una revascularización extensa de la cara inferior y lateral.
Dado que en la práctica clínica el diabético
precisa un mayor número de anastomosis distales para
conseguir una revascularización completa22-24, es
predecible que sólo un grupo seleccionado de estos enfermos
se pueda beneficiar de la cirugía sin CEC, si se pretende
conseguir este objetivo.
Mejor tratamiento médico
El
control estricto de la glucemia es importante, no sólo en el
postoperatorio inmediato, sino también a largo plazo. El UK
Prospective Diabetes Study99 demostró que el
control más estricto de la glucemia, manteniendo unos
valores de glucosa plasmática inferiores a 6 mmol/l, reduce
las complicaciones microvasculares y los accidentes
cardíacos agudos. Basándonos en este resultado, puede
aventurarse que el mantenimiento de la glucemia dentro de unos
rangos normales también debe reducir la incidencia de
accidentes coronarios tardíos después de la
cirugía. Además, otras medidas de prevención
secundaria, a menudo infrautilizadas, han demostrado tener tanto o
más eficacia en los diabéticos que en los que no lo
son. Así, en el contexto específico de los
diabéticos sometidos a DAC, en el Post Coronary Artery
Bypass Graft Trial93 se demostró que una
reducción agresiva de los lípidos plasmáticos,
manteniendo un cLDL por debajo de 85 mg/dl, reduce
significativamente la aparición de complicaciones
isquémicas y mejora la permeabilidad de los injertos
aortocoronarios. Otros investigadores han encontrado ventajas
similares con esta estrategia100.
Correspondencia: Dr. J.M. González Santos.
Unidad de Cirugía Cardíaca. Hospital Universitario de
Salamanca.
Paseo de San Vicente, s/n. 37007 Salamanca.
Correo electrónico:
jmgs@usal.es
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