INTRODUCCIÓN
El
control de la hipertensión arterial (HTA) constituye uno de
los pilares de la prevención de las enfermedades
cardiovasculares; sin embargo, su situación dista de lo que
podríamos considerar adecuado tanto en el ámbito de
la prevención primaria como secundaria, como se demuestra en
los resultados del estudio CARDIOTENS, de donde se extrae que menos
del 20% de los hipertensos con enfermedad cardíaca asociada
cumple los objetivos de control de los valores de presión
arterial1.
En
esta actualización se incorporan las novedades más
relevantes para la práctica clínica en pacientes con
HTA y enfermedad cardiovascular asociada, teniendo en cuenta las
evidencias acumuladas desde la publicación de las
guías previas en enero del año 2000 en Revista
Española de Cardiología2. En algunos
apartados se ha añadido texto, por lo que se indica la
página en que aparecieron publicados, y se han incorporado
otros apartados con aspectos que no se contemplaron entonces.
Aunque no se ha eliminado ningún párrafo del texto
anterior, en ocasiones se sobrentiende que el nuevo texto sustituye
al antiguo. Por último, se han modificado las tablas 5 y 7;
esta última incluye también la tabla 14 de las
guías previas, que se ha eliminado, y se ha añadido
una tabla (2b) y una figura (1b).
DEFINICIÓN Y CLASIFICACIÓN DE LA
HIPERTENSIÓN ARTERIAL
Diagnóstico de hipertensión
arterial (pág. 67) (texto nuevo)
Debe tenerse en cuenta que una importante proporción de
individuos a los que se les determina la presión arterial
presentan una elevación transitoria conocida como
reacción de alerta o fenómeno de «bata
blanca». Este fenómeno se produce con menor frecuencia
cuando las mediciones de la presión arterial las realiza el
personal de enfermería, y tiende a atenuarse en mediciones
sucesivas3. Se estima que entre un 20 y un 25% de
sujetos muestran una reacción de alerta que determina
hipertensión aislada en la consulta. Este hecho puede tener
importantes implicaciones clínicas y terapéuticas,
por lo que es necesario minimizar esta proporción mediante
una correcta metodología para determinar los valores de
presión arterial4.
Recientemente se ha propuesto una presión arterial
domiciliaria de 125/80 mmHg, que se corresponde con una
presión arterial en la consulta de 130/85 mmHg
(límite superior de la normalidad) y de 115/75 mmHg,
correspondiente a 120/80 mmHg en la consulta (valor de
presión arterial óptima)5. En la
última Conferencia Internacional de Consenso sobre MAPA se
propone un valor inferior al normal para el período diurno
(< 130/80 mmHg)6.
Pruebas complementarias (pág. 68)
(texto nuevo)
Analíticas
En
la medida de lo posible, a todo hipertenso se le debería
realizar una determinación de microalbuminuria, obligada en
hipertensos con diabetes mellitus.
El
electrocardiograma (ECG) debe incluirse en la estrategia de
evaluación clínica del hipertenso, ya que ofrece una
importante información tanto en el seguimiento
clínico como en la estratificación del riesgo:
presencia de criterios de hipertrofia ventricular izquierda,
trastornos del ritmo (fibrilación auricular) y de la
conducción (bloqueo auriculoventricular, bloqueo de rama
izquierda) y signos sugestivos de cardiopatía
isquémica (alteraciones del segmento ST-T). Los hipertensos
que durante el seguimiento experimentan una reducción del
voltaje del QRS, o en los que desaparecen o no se presentan los
signos basales de HVI, tienen un mejor
pronóstico7,8. En la tabla 2b se recogen los
criterios electrocardiográficos de HVI más empleados
en la práctica clínica.

La
consideración de todos estos factores determinará el
pronóstico individual de cada paciente, la
estratificación del riesgo y la actitud terapéutica,
como se especifica en la tabla 5 (modificada).

TRATAMIENTO FARMACOLÓGICO DE LA
HIPERTENSIÓN ARTERIAL
Elección del tratamiento inicial
(pág. 67) (texto nuevo)
Diversos estudios han puesto de manifiesto el beneficio, en
términos de reducción de la morbimortalidad
cardiovascular y renal, del tratamiento de la HTA, aunque en los
últimos años disponemos de nuevas evidencias que nos
obligan a modificar la estrategia terapéutica en algunos
casos. Un metaanálisis de 17 estudios de tratamiento
antihipertensivo que incluyó a un total de 47.653
hipertensos ilustra el beneficio que se puede obtener con la
reducción de los valores de presión arterial. Se
comprobó que una reducción media de la presión
arterial sistólica (PAS) de 10-12 mmHg y de la
presión arterial diastólica (PAD) de 5-6 mmHg, en
comparación con grupos control, se acompañó de
una reducción del 38% en accidentes cerebrovasculares, del
16% en infarto de miocardio y del 21% de la mortalidad
cardiovascular. Mientras que la reducción en el riesgo de
ictus se observó tras pocos años de tratamiento, para
la reducción del riesgo de coronariopatía es
necesario un tratamiento más prolongado9. Merece
destacarse que el beneficio fue independiente del valor inicial de
presión arterial, así como del tipo de fármaco
empleado. Además, el beneficio real del tratamiento
podría haberse infraestimado por el corto período de
seguimiento que en ninguno de los estudios superó los 5
años.
Otro metaanálisis muy reciente de 61 estudios
observacionales prospectivos, que incluyó a un millón
de sujetos sin enfermedad cardiovascular previa basalmente ha
confirmado que en los sujetos de más de 40 años los
valores de presión arterial, tanto sistólica como
diastólica, están directamente relacionados con la
mortalidad vascular y total, sin evidencias de que exista un
límite inferior, al menos hasta valores de 115/75 mmHg. Esto
indica que las elevaciones de la presión arterial, incluso
aunque estén dentro del rango de la normalidad, pueden
aumentar el riesgo de muerte cardiovascular en pacientes de edad
media y avanzada, sin que existan evidencias de un umbral de
seguridad, al menos hasta valores muy bajos de presión
arterial10.
El
beneficio del tratamiento antihipertensivo se observa tanto en
jóvenes como en pacientes de edad avanzada. En este sentido,
el estudio STOP demostró que una estrategia
terapéutica basada en diuréticos y bloqueadores beta
durante 25 meses en pacientes de entre 70 y 84 años se
acompañó de una reducción del 38% en el riesgo
de ictus fatal y no fatal e infarto de miocardio y, en concreto,
del 45% en la morbimortalidad por ictus. La reducción de la
mortalidad fue del 43%, lo que resalta la importancia de un
adecuado control de los valores de presión en hipertensos de
edad avanzada. En términos absolutos, el tratamiento de
hipertensos ancianos previene más complicaciones
cardiovasculares que un tratamiento similar en pacientes más
jóvenes11.
¿EJERCEN LOS NUEVOS ANTIHIPERTENSIVOS UNA
PROTECCIÓN CARDIOVASCULAR SUPERIOR A LOS
CLÁSICOS? (apartado nuevo)
El
JNC-VI indica que en la HTA no complicada la medicación de
elección inicial son los diuréticos o los
bloqueadores beta, debido al gran número de estudios que
demuestran que con estos compuestos se logra una reducción
de la morbimortalidad cardiovascular12 (fig. 1b). Sin
embargo, el Informe OMS-SIH no establece preferencias en este
sentido, e indica que las combinaciones a dosis fijas son
más apropiadas que excesivos incrementos de la dosis de uno
de los compuestos13.

Fig.
1b. Esquema del tratamiento de la hipertensión arterial
basado en las directrices del VI Informe del JNC.
HTA: hipertensión
arterial; IECA: inhibidores de la enzima de conversión de la
angiotensina; ARA II: bloqueadores de los receptores de la
angiotensina; ISA: actividad simpaticomimética
intrínseca.
En
este caso es de gran trascendencia clínica saber si los
nuevos fármacos (antagonistas del calcio, inhibidores de la
enzima de conversión de la angiotensina [IECA] y
bloqueadores de los receptores de la angiotensina [ARA II]) son
capaces de mejorar el pronóstico de los hipertensos en mayor
medida que los diuréticos y los bloqueadores beta.
Podríamos preguntarnos si los nuevos antihipertensivos
ejercen una protección más allá de la derivada
de su efecto hipotensor. Diversos estudios han comparado en los
últimos años el efecto del tratamiento
antihipertensivo con diuréticos y/o bloqueadores beta frente
a una estrategia basada en antagonistas del calcio e IECA. Los
estudios CAPPP (IECA frente a bloqueador
beta/diurético)14, INSIGHT (nifedipino GITS
frente a hidroclorotiazida más amilorida)15,
NORDIL (diltiazem frente a bloqueador
beta/diurético)16 y STOP-2 (IECA frente a
antagonista del calcio dihidropiridínico frente a bloqueador
beta/diurético)17 son los principales que han
analizado la influencia pronóstica de estas distintas
intervenciones terapéuticas. En general no se observaron
diferencias significativas en los objetivos principales de los
estudios (mortalidad y complicaciones cardiovasculares mayores) y
se sugiere que en la HTA lo importante es que disminuya la
presión arterial y no tanto el antihipertensivo empleado.
Por otro lado, teniendo en cuenta que en todos los estudios una
proporción significativa de los hipertensos tratados
mantenía, durante el seguimiento, valores de presión
arterial en el rango de la HTA, podría sugerirse
también que cuando la presión está elevada lo
más importante es reducirla, y se especula que con valores
de presión arterial cercanos a la normotensión o en
hipertensos de alto riesgo (diabéticos o con lesión
de órgano diana) algún grupo terapéutico
podría ejercer una mayor protección cardiovascular,
en particular los grupos farmacológicos que bloquean el
sistema renina-angiotensina, como sugieren los resultados de los
estudios HOPE18, MICRO-HOPE18,
IDNT19, IRMA II20, RENAL21 y
LIFE22 que, aunque no todos son estudios de HTA, ofrecen
una sólida base para la recomendación en la
práctica clínica.
La
posible capacidad de los antihipertensivos de ofrecer una
protección cardiovascular más allá de su
efecto hipotensor ha sido analizada en diversos
metaanálisis9,23. De forma global, no se observan
diferencias significativas entre los antihipertensivos más
nuevos (IECA y antagonistas del calcio) frente a los más
clásicos (diuréticos y bloqueadores beta) y destaca
la importancia de llevar a cabo un control adecuado de los valores
de presión arterial; el mayor grado de reducción de
las complicaciones cardiovasculares se asoció a una
más intensiva reducción de la presión. En uno
de ellos se analizan los resultados de diferentes estudios
aleatorizados que incluyeron a 62.605 hipertensos, donde se observa
que todos los fármacos ofrecen una protección
cardiovascular similar, e indican que respecto a los
diuréticos y los bloqueadores beta los antagonistas del
calcio se acompañan de una mayor reducción del riesgo
de ictus (13,5%; IC del 95%, 1,3-24,2; p = 0,03) y una menor
reducción del riesgo de infarto de miocardio (19,2%; IC del
95%, 3,5-37,3, p = 0,01), lo que ofrece un beneficio cardiovascular
global similar24. Las diferencias en el control de la
PAS (2-3 mmHg) podría contribuir a justificar el alto riesgo
de complicaciones cardiovasculares (en especial insuficiencia
cardíaca) en un estudio con doxazosina25 y el
alto riesgo de ictus en pacientes tratados con captopril en otro
estudio17.
Por
lo tanto, en la práctica clínica la
normalización de los valores de presión arterial debe
presidir la estrategia terapéutica en la HTA sin demasiada
influencia del fármaco empleado en primer lugar. De todos
modos, éste es un tema de importancia relativa si tenemos en
cuenta que en la gran mayoría de hipertensos es necesaria la
combinación de fármacos.
Se
modifica la tabla 7 sobre las indicaciones de tratamiento
específico.

DIURÉTICOS (pág. 76) (texto
nuevo)
Indicaciones
El
informe del JNC-VI, en ausencia de indicación electiva para
la utilización de otros agentes, recomienda el empleo de
diuréticos como fármacos de primera elección
en el tratamiento de la HTA, ya que han demostrado ampliamente su
eficacia en la prevención de complicaciones
cardiovasculares.
La
eficacia antihipertensiva en el control de la hipertensión
sistólica del anciano es superior a la de los demás
agentes (junto con los antagonistas del calcio) si bien
probablemente no controlen más de un 25-35% de los casos,
debiendo recurrir a tratamiento combinado en el resto.
Los
diuréticos son la mejor opción para utilizar en
segundo lugar en asociación con IECA, ARA II y bloqueadores
beta y alfa. Cuando el propio diurético es la base del
tratamiento en monoterapia, las asociaciones preferidas son
bloqueadores beta, IECA y ARA II.
Los
resultados del estudio ALLHAT revitalizan el papel de los
diuréticos como uno de los compuestos básicos del
tratamiento de la HTA, tanto en monoterapia como en tratamiento
combinado.
Datos recientes del estudio ARIC no atribuyen a los
diuréticos un incremento significativo del riesgo de
diabetes de nueva aparición (RR = 0,95; p = ns) a diferencia
de los bloqueadores beta (RR = 1,26; p <
0,05)26.
BLOQUEADORES ALFA (pág. 78) (texto
nuevo)
En
la actualidad, los más utilizados son la terazosina y, sobre
todo, la doxazosina.
Hasta el estudio ALLHAT (Antihypertensive and Lipid-Lowering
Treatment to Prevent Heart Attack trial) asumíamos que la
doxazosina era un fármaco válido para uso en
monoterapia. Su efecto hipotensor es comparable al del resto de
agentes hipotensores. Sin embargo, el empleo de bloqueadores alfa
como tratamiento antihipertensivo de primera elección es en
la actualidad controvertido tras la parada prematura del grupo de
pacientes tratados con doxazosina en el estudio ALLHAT, por un
mayor riesgo de presentar insuficiencia cardíaca que la
observada en el grupo control tratado con
clortalidona25.
A
pesar de estos interrogantes sigue siendo un fármaco
utilizado en asociaciones múltiples, y a que, como se ha
dicho, lo importante es reducir la presión arterial a
valores normales y para ello con frecuencia se precisa la
asociación de 3, 4 o más fármacos.
BLOQUEADORES BETA (pág. 78) (texto
nuevo)
En
hipertensos con cardiopatía isquémica (angina e
infarto de miocardio), insuficiencia cardíaca,
taquiarritmias, taquicardia en reposo y excesiva taquicardia en
situaciones de estrés físico o emocional, existe
máxima evidencia para el empleo de bloqueadores
beta.
La
asociación de bloqueadores beta con IECA ha demostrado
mejorar la calidad y cantidad de vida de pacientes con
disfunción ventricular izquierda sintomática
(CAPRICORN27), en diferentes formas de
presentación clínica de la insuficiencia
cardíaca (MERIT-HF28, CIBIS II29 y
COPERNICUS30) y en pacientes con cardiopatía
isquémica (en especial en pacientes postinfarto de miocardio
con insuficiencia cardíaca, disfunción ventricular
asintomática o localización anterior de la necrosis.
Los resultados del estudio HOPE18 sugieren que esta
asociación debería extenderse al conjunto de los
pacientes con cardiopatía isquémica. Los resultados
de los estudio ELITE II y Val-Heft indican que pacientes con
insuficiencia cardíaca intolerantes a IECA deberían
ser tratados con un ARA II y, probablemente, los hipertensos con
insuficiencia cardíaca que no puedan recibir tratamiento con
bloqueadores beta se les debería administrar una
combinación de un IECA y un ARA II31,32. Los
resultados del estudio OPTIMAAL33, de reciente
publicación, en pacientes con disfunción ventricular
postinfarto, infarto de miocardio de localización anterior o
reinfarto, indican que el tratamiento con losartán (50
mg/día) no es superior a captopril (150 mg/día),
aunque es posible la combinación de ambos con bloqueadores
beta sin que se aprecie una interacción negativa con ninguno
de ellos.
Cuando iniciamos un tratamiento a largo plazo con un bloqueador
beta hemos de sopesar un posible incremento del 25% en el riesgo de
aparición de diabetes, efecto que no se observa con los
diuréticos, antagonistas del calcio o
IECA26.
ANTAGONISTAS DEL CALCIO (pág. 80)
(texto nuevo)
Hay
que destacar la eficacia de estos compuestos en pacientes de edad
avanzada con HTA sistólica aislada o asociada a diabetes.
Los resultados de diversos metaanálisis han cuestionado la
seguridad de los antagonistas del calcio dihidropiridínicos
en el tratamiento de pacientes con enfermedades cardiovasculares;
sin embargo, una importante proporción de los estudios
incluidos tenían defectos metodológicos (la
mayoría de ellos eran estudios caso-control), se empleaban
antagonistas del calcio de corta acción, incluían
grupos de pacientes muy heterogéneos, etc. Estudios de
reciente publicación llevados a cabo en hipertensos han
demostrado que los antagonistas del calcio
dihidropiridínicos de liberación sostenida
(nifedipino en el estudio INSIGHT) y no dihidropiridínicos
(diltiazem en el estudio NORDIL) muestran una eficacia similar a
los diuréticos y los bloqueadores beta en la
prevención de las complicaciones cardiovasculares de los
hipertensos15,16. Datos recientes del estudio ALLHAT, en
el que se comparó la eficacia de una estrategia
terapéutica basada en amlodipino con otras basadas en
clortalidona y lisinopril, muestran de nuevo la trascendencia
clínica de lograr una adecuada reducción de
presión arterial en la HTA de alto riesgo. Este estudio
sugiere algunas ventajas importantes del tratamiento clásico
con diuréticos (clortalidona) frente a los IECA o los
antagonistas del calcio dihidropiridínicos en cuanto a la
prevención de la insuficiencia cardíaca congestiva
(ICC) o reducción de ictus34.
En
los últimos años han aparecido nuevas
dihidropiridinas que han aportado ventajas notables en el
tratamiento de la HTA, ya que presentan una eficacia similar al
resto de los antihipertensivos, pero con un perfil de tolerancia
mucho mejor, y evitan, por lo tanto, la limitación
fundamental para el uso de antagonistas del calcio, que es la
aparición de efectos adversos35.
BLOQUEO DEL SISTEMA
RENINA-ANGIOTENSINA-ALDOSTERONA (pág. 81) (texto
nuevo)
Los
resultados de diferentes estudios indican que los IECA ejercen una
protección cardiovascular en el hipertenso al menos de la
misma magnitud que los diuréticos, los bloqueadores beta y
los antagonistas del calcio. Además, deben incluirse, salvo
contraindicaciones formales, en la estrategia terapéutica de
hipertensos con insuficiencia cardíaca y cardiopatía
isquémica (en especial, en postinfarto de miocardio asociado
a insuficiencia cardíaca, disfunción ventricular y
localización anterior de la necrosis). En hipertensos
diabéticos representan, con los ARA II, la primera
alternativa terapéutica. En este sentido, los resultados del
estudio MICRO-HOPE18 han aportado una importante
evidencia para el empleo de estos compuestos en hipertensos con
diabetes tipo 2.
En
pacientes con disfunción ventricular asintomática y
en las diferentes formas de severidad de la insuficiencia
cardíaca la asociación con bloqueadores beta ha
demostrado reducir el riesgo de complicaciones y prolongar su vida,
por lo que deberían incluirse, salvo contraindicaciones, en
la estrategia terapéutica de estos pacientes.
ANTAGONISTAS DE LOS RECEPTORES
AT1 (pág. 82) (texto nuevo)
El
primero de este grupo en introducirse en la práctica
clínica fue el losartán, al que han seguido el
valsartán, irbersartán, candesartán,
telmisartán y recientemente el eprosartán.
Teniendo en cuenta los resultados de estudios recientes, los ARA II
han ido ganando terreno en el algoritmo de utilización de la
medicación antihipertensiva. Además de la
utilización casi automática de un ARA II en casos de
intolerancia a los IECA van apareciendo otras nuevas indicaciones.
Han demostrado su eficacia en la nefroprotección de
pacientes con diabetes tipo 2. En cuanto a estos datos, la ADA
(American Diabetes Association) ha incluido a estos compuestos como
primera alternativa terapéutica en diabéticos tipo 2
con proteinuria o microalbuminuria19-21.
La
publicación reciente del estudio LIFE ha demostrado que en
hipertensos con hipertrofia ventricular izquierda una estrategia
terapéutica basada en un ARA II (losartán) se
acompañó de una protección cardiovascular
mayor que la lograda por el tratamiento con un bloqueador beta
(atenolol). La reducción del riesgo de ictus fue el
principal determinante del mejor pronóstico del grupo de
pacientes tratados con el ARA II22. Este estudio tiene
una especial relevancia clínica porque es, hasta este
momento, el único ensayo clínico aleatorizado que ha
demostrado la superioridad de un fármaco (losartán)
representante de la familia de ARA II sobre el tratamiento
clásico antihipertensivo (bloqueador beta o
diurético) en la reducción de la morbimortalidad
cardiovascular en HTA, algo que no se había observado
previamente con otros fármacos como los antagonistas del
calcio o los IECA hasta la reciente publicación del estudio
ALLHAT34. No obstante, para confirmar los beneficios de
los ARA II en HTA habrá que esperar a conocer los resultados
de otros estudios con ARA II aún en marcha, como el VALUE,
que compara el valsartán con el amlodipino en HTA de alto
riesgo, o de estudios ya finalizados pero pendientes de la
publicación definitiva, como el SCOPE, que comparó el
candesartán con placebo en ancianos con HTA leve o
moderada16,36.
Los
datos disponibles en pacientes con insuficiencia cardíaca
indican una eficacia similar a los IECA y los resultados del
estudio Val-HeFT (Valsartan Heart Failure Trial) sugieren que la
asociación de un IECA y un ARA II podría ser de
utilidad al menos en pacientes no tratados con bloqueadores
beta32. El análisis de subgrupos de pacientes en
los estudios ELITE II y Val-HeFT había sugerido una posible
interacción negativa entre ARA II y bloqueadores beta; sin
embargo, los resultados del estudio OPTIMAAL indican que la
asociación de ambos compuestos en pacientes postinfarto de
miocardio se acompaña de un beneficio similar al obtenido
con el empleo de IECA y bloqueadores
beta31,33.
OTROS FÁRMACOS ANTIHIPERTENSIVOS
(apartado nuevo)
Los
inhibidores de la vasopeptidasa constituyen una nueva familia de
fármacos, aún no comercializada, cuyo primer
representante es el omapatrilato. La inhibición de la
vasopeptidasa es un nuevo concepto en la terapia cardiovascular,
implica la inhibición simultánea de dos vías
enzimáticas que participan en la regulación de la
función cardiovascular, la endopeptidasa neutra (NEP) y la
enzima conversora de la angiotensina (ECA). Esta acción
mixta de inhibición de NEP y ECA conlleva un aumento en la
producción de péptidos natriuréticos y
vasodilatadores, como el péptido natriurético
auricular, el péptido natriurético cerebral de origen
cardíaco y el péptido natriurético tipo C de
origen endotelial, así como un aumento en la vida media de
otros péptidos vasodilatadores, como la bradiquinina y la
adrenomedulina. El omapatrilato, si bien ha demostrado tener una
eficacia antihipertensiva superior a la de otros fármacos,
incluidos los IECA, presenta una incidencia de efectos adversos,
principalmente angioedema, que parece ser superior al de los IECA,
según se ha demostrado recientemente en el estudio OCTAVE,
lo que puede limitar notablemente su utilización
generalizada en HTA37.
OTROS TRATAMIENTOS FARMACOLÓGICOS
(apartado nuevo)
El
descenso de los valores de presión arterial en el hipertenso
debe incluirse en la estrategia de reducción de su riesgo
cardiovascular global. Para esto es necesario un abordaje conjunto
de diferentes factores de riesgo a través de modificaciones
del estilo de vida, antiagregantes plaquetarios, hipolipemiantes e
hipoglucemiantes.
Tratamiento hipolipemiante
El
empleo de hipolipemiantes, en especial estatinas, en hipertensos se
ajustará a su riesgo cardiovascular. La asociación de
HTA y dislipemia incrementa el riesgo, por lo que el tratamiento
farmacológico hipolipemiante deberá ajustarse al
riesgo. En hipertensos con diabetes tipo 2 y enfermedad
cardiovascular previa (en especial cardiopatía
isquémica) se debería alcanzar un valor de colesterol
LDL inferior a 100 mg/dl, en hipertensos sin otros factores de
riesgo asociados se deberá conseguir un valor de colesterol
LDL inferior a 160 mg/dl, y en presencia de otros factores de
riesgo asociados el objetivo terapéutico es lograr un valor
de colesterol LDL inferior a 130 mg/dl.
Antiagregantes plaquetarios
Estos compuestos, en especial la aspirina a dosis bajas, han
demostrado su beneficio en la prevención secundaria de
pacientes con cardiopatía isquémica y enfermedad
cerebrovascular. Los hipertensos con diabetes tipo 2
deberían recibir, salvo contraindicaciones o intolerancia,
una dosis baja (75-100 mg/día) de aspirina. Probablemente
también deberían recibirla los hipertensos con riesgo
cardiovascular alto o muy alto siempre que su HTA esté bien
controlada35,38,39.
HIPERTENSIÓN ARTERIAL Y ENFERMEDAD
CARDIOVASCULAR COEXISTENTE (pág. 83) (texto nuevo)
Pacientes con enfermedad cerebrovascular
Los
resultados de los estudios HOPE y PROGRESS sugieren que los IECA
deberían incluirse en la estrategia terapéutica de
pacientes que han presentado un ictus18,40. En el
estudio HOPE se incluyó a un grupo de pacientes con ictus y,
aunque el diseño del estudio no permite obtener conclusiones
definitivas en este grupo de pacientes, sus resultados sugieren que
el ramipril podría ser de utilidad en este grupo de
pacientes. Los resultados del estudio PROGRESS indican que la
combinación de un IECA (perindopril) y un diurético
(indapamida) reduce el riesgo de complicaciones cardiovasculares en
pacientes con ictus. Este beneficio parece muy dependiente del
efecto antihipertensivo de la combinación.
Pacientes con enfermedad coronaria
Según los resultados del estudio HOPE, los hipertensos con
cardiopatía isquémica tratados con bloqueadores beta
que continúan con valores elevados de presión
arterial deberían recibir un IECA; este tipo de compuestos
probablemente beneficie al conjunto de pacientes con enfermedad
coronaria. Por lo tanto, salvo contraindicaciones, un bloqueador
beta y un IECA deberían constituir la base del tratamiento
antihipertensivo de pacientes con cardiopatía
isquémica (en especial postinfarto de miocardio). No
obstante, datos publicados muy recientemente extraídos de la
base de datos del estudio GISSI-3 respecto al uso de lisinopril en
el infarto agudo de miocardio (IAM) sugieren que los IECA deben
utilizarse con precaución en la fase aguda del infarto en
sujetos con historia de HTA pero con una PAD baja durante la
presentación del IAM41.
Pacientes con hipertrofia ventricular
izquierda
La
posible mayor capacidad de los IECA para regresar la hipertrofia
ventricular izquierda en la HTA se basa en resultados de diversos
metaanálisis, aunque estudios comparativos recientes indican
que los antagonistas del calcio dihidropiridínicos e incluso
los diuréticos logran una regresión de la hipertrofia
de igual magnitud que los IECA42. Como ya hemos
comentado, los resultados del estudio LIFE (Losartan For Endpoint
reduction) indican que en hipertensos con hipertrofia ventricular
izquierda una estrategia terapéutica basada en
losartán se acompaña de una mayor protección
cardiovascular que en el grupo de pacientes con un tratamiento
basado en el atenolol, sin diferencias en el control de los valores
de presión arterial. La reducción del riesgo de ictus
fue el principal determinante del beneficio en el objetivo
primario, y en los subgrupos de pacientes diabéticos y con
hipertensión sistólica se observó un especial
beneficio del tratamiento con el ARA
II22,43,44.
Pacientes con insuficiencia
cardíaca
Los
IECA deben incluirse, salvo contraindicaciones formales, en la
estrategia terapéutica de aquellos pacientes con
disfunción ventricular izquierda y con los diferentes grados
de severidad de la insuficiencia cardíaca. Según los
resultados de los estudios ELITE II y Val-HeFT, los pacientes con
contraindicaciones o efectos adversos a los IECA (en especial tos
seca) deben ser tratados con un ARA II; la combinación de
hidralazina y dinitrato de isosorbide debe reservarse para el grupo
de pacientes que no pueda recibir ni un IECA ni un ARA
II31,32. Los resultados de los estudios CAPRICORN, CIBIS
II, MERIT-HF y COPERNICUS indican que los bloqueadores beta deben
asociarse a IECA en pacientes con disfunción ventricular
izquierda e insuficiencia
cardíaca27-30.
Los
resultados del estudio Val-HeFT sugieren que los pacientes tratados
con IECA en los que no es posible asociar un bloqueador beta
deberían recibir un ARA II32. Por otro lado, los
resultados del estudio RALES indican que los pacientes con
insuficiencia cardíaca grave tratados con IECA deben recibir
una dosis baja de espironolactona (25-50
mg/día)45.
En
los pacientes en los que el tratamiento con IECA y bloqueador beta
no logra un adecuado control de los valores de presión
arterial (< 130/85 mmHg) podría asociarse amlodipino o
felodipino, ya que han demostrado un efecto neutro sobre la
mortalidad.
Los
hipertensos con insuficiencia cardíaca y función
sistólica conservada representan una importante
proporción de pacientes con insuficiencia cardíaca.
Aunque hasta la a ctualidad no disponemos de estudios
pronósticos que nos indiquen cómo tratarlos,
optimizar el tratamiento diurético evitando la
sobrediuresis, llevar a cabo un adecuado control de los valores de
presión arterial (< 130/85 mmHg), mantener el ritmo
sinusal, «bradicardizar» al paciente con bloqueadores
beta o antagonistas del calcio «bradicardizantes»
(verapamilo o diltiazem) y lograr la regresión de la
hipertrofia-fibrosis miocárdica con IECA o ARA II
constituyen las bases de su tratamiento. Estudios actualmente en
curso aportarán una importante información para
indicar el correcto tratamiento de estos
pacientes46-49.
Pacientes con enfermedad arterial
periférica
El
empleo de antagonistas del calcio, IECA y bloqueadores alfa
podría ser una buena alternativa para el control de los
valores de presión arterial de este grupo de pacientes.
Ciertos cambios en el estilo de vida, como el abandono del tabaco
en los fumadores y la realización de ejercicio físico
regular, constituyen elementos básicos del tratamiento de
estos pacientes.
Pacientes con fibrilación
auricular
La
fibrilación auricular representa una cardiopatía con
un continuo incremento en su incidencia y prevalencia muy ligada a
la HTA. Datos de reciente publicación en España
(estudio CARDIOTENS) indican que cerca del 70% de los pacientes con
fibrilación auricular presentan historia de
HTA1.
Intentar restaurar el ritmo sinusal y controlar la respuesta
ventricular en los pacientes con fibrilación auricular
crónica son los principales elementos del tratamiento de
estos pacientes. Bloqueadores beta o antagonistas del calcio
«bradicardizantes» constituyen la mejor opción
para limitar la respuesta ventricular en pacientes con taquicardia.
La asociación de dosis bajas de diuréticos, IECA o
ARA II son buenas alternativas de asociación para el control
de los valores de presión arterial. Son interesantes los
resultados de un estudio reciente con ARA II (irbesartán),
en el que se demuestra que este fármaco es útil para
preservar el ritmo sinusal en pacientes con fibrilación
auricular que se habían sometido a
cardioversión50.
La
anticoagulación crónica debe plantearse en todo
paciente hipertenso con fibrilación auricular. Sería
deseable un buen control de los valores de presión arterial
antes de iniciar el tratamiento anticoagulante.
HIPERTENSIÓN CON AFECCIÓN
RENAL (pág. 84) (texto nuevo)
Los
resultados del estudio MICRO-HOPE con ramipril y los estudios con
ARA II (RENAAL, IDNT e IRMA II) ofrecen una extraordinaria
evidencia para incluir un IECA o ARA II en la estrategia
terapéutica de pacientes diabéticos con
afección renal (microalbuminuria y
proteinuria)18-21. Existen datos que demuestran la
utilidad de la combinación IECA-ARA II en la
protección renal51,52. La eficacia de la
combinación de ambos fármacos en la reducción
de la morbimortalidad cardiovascular en diferentes situaciones
clínicas se está analizando actualmente en diversos
estudios, algunos aún en curso, como el ONTARGET, y otros
recientemente finalizados, como el VALIANT. Se puede considerar que
los diuréticos, los antagonistas del calcio e incluso los
bloqueadores beta constituyen buenas alternativas de
asociación53.
HIPERTENSIÓN ARTERIAL Y DIABETES
(pág. 85) (texto nuevo)
Los
resultados del estudio INSIGHT indican que el tratamiento con un
antagonista del calcio dihidropiridínico de
liberación sostenida (nifedipino GITS) se
acompañó de una menor proporción de casos
nuevos de diabetes que el tratamiento
diurético15. También los IECA (estudio
HOPE)54 y los ARA II (estudio LIFE)54 han
demostrado su capacidad de prevenir la aparición de diabetes
de nuevo diagnóstico.
El
reciente informe de la ADA ha reducido el objetivo de
presión arterial en la diabetes, y lo ha establecido en <
130/80 mmHg para la población general de pacientes con
diabetes.
Como ya hemos comentado, los resultados del estudio MICRO-HOPE con
ramipril y los estudios con ARA II (RENAAL con losartán en
diabéticos con nefropatía e IDNT e IRMA II con
irbesartán en diabéticos con nefropatía y
microalbuminuria, respectivamente) nos han aportado un conjunto de
datos que sugieren que el tratamiento con uno de estos compuestos
debería presidir la estrategia terapéutica de
diabéticos en general y con HTA en
particular18-21. Los estudios con ARA II han demostrado
de forma concluyente que estos compuestos retrasan la
evolución del deterioro renal de forma independiente a su
efecto antihipertensivo. En este sentido, las recientes
recomendaciones de la ADA establecen que los ARA II deberían
considerarse la primera alternativa terapéutica para los
hipertensos diabéticos tipo 2 con enfermedad renal
(microalbuminuria y proteinuria). Este tratamiento debe englobarse
dentro de un enfoque multifactorial del tratamiento del
diabético, en el que el control glucémico y de los
lípidos plasmáticos representan otros principales
elementos terapéuticos.
HIPERTENSIÓN ARTERIAL EN EL ANCIANO
(pág. 86) (texto nuevo)
La
publicación reciente de una extensión del seguimiento
del estudio SYST-EUR indica que el tratamiento con antagonistas del
calcio en ancianos con hipertensión sistólica se
acompaña de una reducción muy significativa del
deterioro cognoscitivo y del riesgo de
demencia55.
HIPERTENSIÓN ARTERIAL EN LA MUJER
(pág. 87) (texto nuevo)
Terapia hormonal sustitutiva
La
menopausia se asocia con un incremento del riesgo cardiovascular
debido a la edad y a la acumulación de factores de riesgo
asociados a ambos procesos. Aumenta la prevalencia de HTA,
dislipemia, diabetes y obesidad, además del desarrollo de la
disfunción endotelial y hemostática, que incrementan
el riesgo de complicaciones cardiovasculares. Aunque la moderna
terapia hormonal sustitutiva en mujeres con menopausia no se asocia
a un significativo incremento de los valores de presión
arterial y ejerce un papel favorable sobre alguno de los
componentes del riesgo cardiovascular, la información de que
disponemos actualmente, en particular los resultados del estudio
HERS, contraindican su empleo rutinario para la reducción
del riesgo cardiovascular en este grupo de
población56,57.
Correspondencia: J.R. González-Juanatey
Servicio de Cardiología. Hospital Clínico
Universitario.
Travesía A Choupana, s/n. 15706 Santiago de Compostela.
España.
Correo electrónico:
jose.ramon.gonzalez.juanatey@sergas.es
Bibliografía
1. González-Juanatey JR, Alegría Ezquerra E, Lozano Vidal JV, Llisterri Caro JL, García Acuña JM, González Maqueda I. Impacto de la hipertensión en las cardiopatías en España. Estudio Cardiotens 1999. Rev Esp Cardiol 2001;54:139-49.[Medline][Artículo]
2. Lombera Romero F, Barrios Alonso V, Soria Arcos F, Placer Peralta L, Cruz Fernández JM, Tomás Abadal L, et al. Guías de práctica clínica de la Sociedad Española de Cardiología en hipertensión arterial. Rev Esp Cardiol 2000;53:66-90.[Medline][Artículo]
3. Mancia G, Parati G, Pomidossi G, Grassi G, Casadei R, Zanchetti A. Alerting reaction and rise in blood pressure during measurement by physician and nurse. Hypertension 1987;9:209-15.[Medline]
4. Pickering TG, James GD, Boddie C, Harshfield GA, Blank S, Laragh JH. How common is white coat hypertension? JAMA 1988; 259:225-8.[Medline]
5. Weisser B, Mengden T, Dusing R, Vetter H, Vetter W. Normal values of blood pressure self-measurement in view of the 1999 World Health Organization-International Society of Hypertension guidelines. Am J Hypertens 2000;13:940-3.[Medline]
6. Schettini C, Bianchi M, Nieto F, Sandoya E, Senra H. Ambulatory blood pressure: normality and comparison with other measurements. Hypertension Working Group. Hypertension 1999;34: 818-25.[Medline]
7. Levy D, Salomon M, D'Agostino RB, Belanger AJ, Kannel WB. Prognostic implications of baseline electrocardiographic features and their serial changes in subjects with left ventricular hypertrophy. Circulation 1994;90:1786-93.[Medline]
8. Lip GY. Regression of left ventricular hypertrophy and improved prognosis: some hope now or hype? Circulation 2001;104: 1582-4.[Medline]
9. MacMahon S, Rodgers A. Blood pressure, antihypertensive treatment and stroke risk. J Hypertens Suppl 1994;12:S5-14.[Medline]
10. Lewington S, Clarke R, Qizilbash N, Peto R, Collins R. Age-specific relevance of usual blood pressure to vascular mortality: a meta-analysis of individual data for one million adults in 61 prospective studies. Lancet 2002;360:1903-13.[Medline]
11. Dahlof B, Lindholm LH, Hansson L, Schersten B, Ekbom T, Wester PO. Morbidity and mortality in the Swedish Trial in Old Patients with Hypertension (STOP-Hypertension). Lancet 1991; 338:1281-5.[Medline]
12. The sixth report of the Joint National Committee on prevention, detection, evaluation, and treatment of high blood pressure. Arch Intern Med 1997;157:2413-46.[Medline]
13. 1999 World Health Organization-International Society of Hypertension Guidelines for the Management of Hypertension. Guidelines Subcommittee. J Hypertens 1999;17:151-83.[Medline]
14. Hansson L, Lindholm LH, Ekbom T, Dahlof B, Lanke J, Schersten B, et al. Randomised trial of old and new antihypertensive drugs in elderly patients: cardiovascular mortality and morbidity the Swedish Trial in Old Patients with Hypertension-2 study. Lancet 1999;354:1751-6.[Medline]
15. Brown MJ, Palmer CR, Castaigne A, de Leeuw PW, Mancia G, Rosenthal T, et al. Morbidity and mortality in patients randomised to double-blind treatment with a long-acting calcium-channel blocker or diuretic in the international nifedipine GITS study: intervention as a goal in hypertension treatment (INSIGHT). Lancet 2000;356:366-72.[Medline]
16. Hansson L, Hedner T, Lund-Johansen P, Kjeldsen SE, Lindholm LH, Syvertsen JO, et al. Randomised trial of effects of calcium antagonists compared with diuretics and beta-blockers on cardiovascular morbidity and mortality in hypertension: the Nordic Diltiazem (NORDIL) study. Lancet 2000;356:359-65.[Medline]
17. Hansson L, Lindholm LH, Niskanen L, Lanke J, Hedner T, Niklason A, et al. Effect of angiotensin-converting-enzyme inhibition compared with conventional therapy on cardiovascular morbidity and mortality in hypertension: the Captopril Prevention Project (CAPPP) randomised trial. Lancet 1999;353:611-6.[Medline]
18. Effects of ramipril on cardiovascular and microvascular outcomes in people with diabetes mellitus: results of the HOPE study and MICRO-HOPE substudy. Heart Outcomes Prevention Evaluation Study Investigators. Lancet 2000;355:253-9.[Medline]
19. Lewis EJ, Hunsicker LG, Clarke WR, Berl T, Pohl MA, Lewis JB, et al. Renoprotective effect of the angiotensin-receptor antagonist irbesartan in patients with nephropathy due to type 2 diabetes. N Engl J Med 2001;345:851-60.[Medline]
20. Parving HH, Lehnert H, Brochner-Mortensen J, Gomis R, Andersen S, Arner P. The effect of irbesartan on the development of diabetic nephropathy in patients with type 2 diabetes. N Engl J Med 2001;345:870-8.[Medline]
21. Brenner BM, Cooper ME, de Zeeuw D, Keane WF, Mitch WE, Parving HH, et al. Effects of losartan on renal and cardiovascular outcomes in patients with type 2 diabetes and nephropathy. N Engl J Med 2001;345:861-9.[Medline]
22. Dahlof B, Devereux RB, Kjeldsen SE, Julius S, Beevers G, Faire U, et al. Cardiovascular morbidity and mortality in the Losartan Intervention For Endpoint reduction in hypertension study (LIFE): a randomised trial against atenolol. Lancet 2002;359:995-1003.[Medline]
23. Neal B, MacMahon S, Chapman N. Effects of ACE inhibitors, calcium antagonists, and other blood-pressure-lowering drugs: results of prospectively designed overviews of randomised trials. Blood Pressure Lowering Treatment Trialists' Collaboration. Lancet 2000;356:1955-64.[Medline]
24. Staessen JA, Wang JG, Thijs L. Cardiovascular protection and blood pressure reduction: a meta-analysis. Lancet 2001;358: 1305-15.[Medline]
25. Major cardiovascular events in hypertensive patients randomized to doxazosin vs chlorthalidone: the antihypertensive and lipid-lowering treatment to prevent heart attack trial (ALLHAT). ALLHAT Collaborative Research Group. JAMA 2000;283:1967-75.[Medline]
26. Gress TW, Nieto FJ, Shahar E, Wofford MR, Brancati FL. Hypertension and antihypertensive therapy as risk factors for type 2 diabetes mellitus. Atherosclerosis Risk in Communities Study. N Engl J Med 2000;342:905-12.[Medline]
27. Dargie HJ. Effect of carvedilol on outcome after myocardial infarction in patients with left-ventricular dysfunction: the CAPRICORN randomised trial. Lancet 2001;357:1385-90.[Medline]
28. Effect of metoprolol CR/XL in chronic heart failure: metoprolol CR/XL randomised intervention trial in congestive heart failure (MERIT-HF). Lancet 1999;353:2001-7.[Medline]
29. The cardiac insufficiency bisoprolol study II (CIBIS-II): a randomised trial. Lancet 1999;353:9-13.[Medline]
30. Packer M, Coats AJ, Fowler MB, Katus HA, Krum H, Mohacsi P, et al. Effect of carvedilol on survival in severe chronic heart failure. N Engl J Med 2001;344:1651-8.[Medline]
31. Pitt B, Poole-Wilson PA, Segal R, Martínez FA, Dickstein K, Camm AJ, et al. Effect of losartan compared with captopril on mortality in patients with symptomatic heart failure: randomised trial -the Losartan Heart Failure Survival Study ELITE II. Lancet 2000;355:1582-7.[Medline]
32. Cohn JN, Tognoni G. A randomized trial of the angiotensin-receptor blocker valsartan in chronic heart failure. N Engl J Med 2001;345:1667-75.[Medline]
33. Dickstein K, Kjekshus J. Effects of losartan and captopril on mortality and morbidity in high-risk patients after acute myocardial infarction: the OPTIMAAL randomised trial. Optimal trial in myocardial infarction with angiotensin II antagonist losartan. Lancet 2002;360:752-60.[Medline]
34. Major outcomes in high-risk hypertensive patients randomized to angiotensin-converting enzyme inhibitor or calcium channel blocker vs diuretic: The antihypertensive and lipid-lowering treatment to prevent heart attack trial (ALLHAT). JAMA 2002;288:2981-97.[Medline]
35. Barrios V, Navarro A, Esteras A, Luque M, Romero J, Tamargo J, et al. Antihypertensive efficacy and tolerability of lercanidipine in daily clinical practice. The ELYPSE Study. Eficacia de lercanidipino y su perfil de seguridad. Blood Press 2002;11:95-100.[Medline]
36. Mann J, Julius S. The Valsartan Antihypertensive Long-term Use Evaluation (VALUE) trial of cardiovascular events in hypertension. Rationale and design. Blood Press 1998;7:176-83.[Medline]
37. Burnett JC Jr. Vasopeptidase inhibition: a new concept in blood pressure management. J Hypertens Suppl 1999;17:S37-43.[Medline]
38. Meade TW, Brennan PJ. Determination of who may derive most benefit from aspirin in primary prevention: subgroup results from a randomised controlled trial. BMJ 2000;321:13-7.[Medline]
39. Lauer MS. Clinical practice. Aspirin for primary prevention of coronary events. N Engl J Med 2002;346:1468-74.[Medline]
40. Lip GY, Beevers DG. ACE inhibitors in vascular disease: some PROGRESS, more HOPE. J Hum Hypertens 2001;15:833-5.[Medline]
41. Avanzini F, Ferrario G, Santoro L, Peci P, Giani P, Santoro E, et al. Risks and benefits of early treatment of acute myocardial infarction with an angiotensin-converting enzyme inhibitor in patients with a history of arterial hypertension: analysis of the GISSI-3 database. Am Heart J 2002;144:1018-25.[Medline]
42. Schmieder RE, Messerli FH. Hypertension and the heart. J Hum Hypertens 2000;14:597-604.[Medline]
43. Lindholm LH, Ibsen H, Dahlof B, Devereux RB, Beevers G, de Faire U, et al. Cardiovascular morbidity and mortality in patients with diabetes in the Losartan Intervention For Endpoint reduction in hypertension study (LIFE): a randomised trial against atenolol. Lancet 2002;359:1004-10.[Medline]
44. Kjeldsen SE, Dahlof B, Devereux RB, Julius S, Aurup P, Edelman J, et al. Effects of losartan on cardiovascular morbidity and mortality in patients with isolated systolic hypertension and left ventricular hypertrophy: a Losartan Intervention for Endpoint Reduction (LIFE) substudy. JAMA 2002;288:1491-8.[Medline]
45. Pitt B, Zannad F, Remme WJ, Cody R, Castaigne A, Pérez A, et al. The effect of spironolactone on morbidity and mortality in patients with severe heart failure. Randomized Aldactone Evaluation Study Investigators. N Engl J Med 1999;341:709-17.[Medline]
46. Banerjee P, Banerjee T, Khand A, Clark AL, Cleland JG. Diastolic heart failure: neglected or misdiagnosed? J Am Coll Cardiol 2002;39:138-41.[Medline]
47. Sanderson JE. The PEP-CHF Study. Eur J Heart Fail 2000;2:117.[Medline]
48. Skali H, Pfeffer MA. Prospects for ARB in the next five years. J Renin Angiotensin Aldosterone Syst 2001;2:215-8.[Medline]
49. Swedberg K, Pfeffer M, Granger C, Held P, McMurray J, Ohlin G, et al. Candesartan in heart failure -assessment of reduction in mortality and morbidity (CHARM): rationale and design. Charm-Programme Investigators. J Card Fail 1999;5:276-82.[Medline]
50. Madrid AH, Bueno MG, Rebollo JM, Marín I, Pena G, Bernal E, et al. Use of irbesartan to maintain sinus rhythm in patients with long-lasting persistent atrial fibrillation: a prospective and randomized study. Circulation 2002;106:331-6.[Medline]
51. Mogensen CE, Neldam S, Tikkanen I, Oren S, Viskoper R, Watts RW, et al. Randomised controlled trial of dual blockade of renin-angiotensin system in patients with hypertension, microalbuminuria, and non-insulin dependent diabetes: the candesartan and lisinopril microalbuminuria (CALM) study. BMJ 2000; 321:1440-4.[Medline]
52. McCormack J, Levine M. Dual blockade of renin-angiotensin system. Data do not support claimed benefit of combination over single treatment. BMJ 2001;322:1183.
53. Yusuf S. From the HOPE to the ONTARGET and the TRASCEND studies: challenges in improving prognosis. Am J Cardiol 2002;89:18A-26A.[Medline]
54. Yusuf S, Sleight P, Pogue J, Bosch J, Davies R, Dagenais G. Effects of an angiotensin-converting-enzyme inhibitor, ramipril, on cardiovascular events in high-risk patients. The Heart Outcomes Prevention Evaluation Study Investigators. N Engl J Med 2000; 342:145-53.[Medline]
55. Forette F, Seux ML, Staessen JA, Thijs L, Babarskiene MR, Babeanu S, et al. The prevention of dementia with antihypertensive treatment: new evidence from the Systolic Hypertension in Europe (Syst-Eur) study. Arch Intern Med 2002;162:2046-52.[Medline]
56. Hulley S, Grady D, Bush T, Furberg C, Herrington D, Riggs B, et al. Randomized trial of estrogen plus progestin for secondary prevention of coronary heart disease in postmenopausal women. Heart and Estrogen/progestin Replacement Study (HERS) Research Group. JAMA 1998;280:605-13.[Medline]
57. Gambacciani M, Rosano GM, Monteleone P, Fini M, Genazzani AR. Clinical relevance of the HERS trial. Lancet 2002; 360:641.
58. Schillaci G, Verdecchia P, Borgioni C, Ciucci A, Guerrieri M, Zampi I, et al. Improved electrocardiographic diagnosis of left ventricular hypertrophy. Am J Cardiol 1994;74:714-9.[Medline]