INTRODUCCIÓN
La
cardiopatía isquémica continúa siendo la
primera causa de muerte en la edad adulta de la vida en los
países desarrollados. En España constituye la primera
causa de mortalidad en varones y la segunda en mujeres1.
En 1998 se produjeron en nuestro país 22.352 defunciones
debidas a cadiopatía isquémica en varones y 17.090 en
mujeres, lo que corresponde, respectivamente, al 37,09 y 23,42% de
la mortalidad cardiovascular, y al 11,86 y 10,08% de la mortalidad
por todas las causas.
En
España existen algunos importantes registros poblacionales
de infarto agudo de miocardio, como el MONICA en
Cataluña2 o el IBERICA3. A partir de
este último se ha publicado recientemente una
estimación de la incidencia de infarto agudo de miocardio
para la población española de 25 a 74 años,
que alcanzaría los 194 casos por cada 100.000 habitantes y
año en varones y los 38 casos por cada 100.000 habitantes y
año en mujeres4.
Los
datos anteriores muestran la importancia de la vigilancia de la
salud pública y del control de sus factores de riesgo. Las
enfermedades no transmisibles, especialmente las enfermedades
cardiovasculares, el cáncer y la diabetes, consideradas la
nueva pandemia del siglo xxi, afectan tanto a países
desarrollados como a países en desarrollo, hecho que ha
suscitado que la Organización Mundial de la Salud promueva
su vigilancia como parte de una estrategia global para prevenir y
controlar estas enfermedades y sus principales factores de
riesgo.
La
monitorización de tendencias temporales y la
distribución geográfica de las enfermedades son
herramientas importantes para detectar cambios que alerten sobre
situaciones de riesgo para la población. La mortalidad, si
bien es el indicador de una consecuencia final de la enfermedad,
constituye una buena fuente de información por tener
cobertura universal y estar muy estandarizada; de ahí su
amplia utilización como indicador, ya que permite hacer
comparaciones y evaluar tendencias.
La
mortalidad en España por esta causa es una de las más
bajas del mundo, y en los últimos 25 años la
tendencia ha sido decreciente1. Sin embargo, no se
conoce si este patrón general se reproduce en cada una de
las áreas geográficas del Estado, ni si se ha
mantenido en los últimos años en cada una de las
provincias. En este contexto, el presente trabajo tiene como
objetivo analizar el comportamiento de la mortalidad por
cardiopatía isquémica en las distintas provincias
españolas en la población de 35 a 64 años, con
el fin de identificar las provincias donde las desviaciones
significativas del patrón general aconsejen efectuar
intervenciones prioritarias.
PACIENTES Y MÉTODO
Las
defunciones se han obtenido de los registros individuales
facilitados por el Instituto Nacional de Estadística. Los
códigos seleccionados han sido 410-414, correspondientes a
la cardiopatía isquémica en la novena revisión
de la Clasificación Internacional de
Enfermedades.
Análisis estadístico
Se
realizó una comparación de las tasas de mortalidad
provincial por cardiopatía isquémica para 2
períodos de 4 años: 1988-1991 y 1994-1997 para la
población de 35 a 64 años. En los cálculos se
consideraron 3 estratos de edad, 35-44, 45-54 y 55-64 años.
Como denominadores se han utilizado las poblaciones de 1989 para el
primer período y de 1995 para el segundo (para los mismos
grupos de edad), elaboradas por métodos de
interpolación a partir de las estadísticas habituales
de población. La comparación de las tasas se
realizó mediante modelos de regresión
logarítmica lineales, asumiendo que el número de
muertes en cada grupo de edad y período se distribuye
según una variable Poisson5. En la
formulación del modelo, la población se introduce
como offset o constante; la variable dependiente son las
defunciones, y varían en función de la edad y el
período, que son las variables explicativas. Se ajustaron
modelos independientes para cada provincia y para cada sexo, y las
variables edad y período se introdujeron como factores. El
modelo proporciona la razón de tasas ajustada por edad y sus
intervalos de confianza (IC) del 95%, y compara los 2
períodos para cada provincia.
Se
calcularon las tasas ajustadas de mortalidad en cada provincia para
1998 por el método directo, utilizando la población
estándar europea y 18 grupos de edad para ambos sexos. Se
presentan tasas ajustadas de mortalidad por 100.000
personas-año para cada una de las provincias
españolas en 1998. Se analizó también la
evolución de las tasas de mortalidad en el conjunto de
España para 1980-1998. La significación
estadística de la tendencia se obtiene mediante el ajuste de
una regresión lineal simple con el programa S-Plus. El
porcentaje de cambio entre 1980 y 1998 se calculó mediante
la fórmula (T80 T98)/T80 x 100, y el porcentaje de
cambio anual mediante la fórmula recomendada por
López Abente et al6: (exp [(ln (T80) ln
(T98)]/10) 1) x 100.
Finalmente, se comparan los datos de España con los
proporcionados para Europa por la Organización Mundial de la
Salud 7, que presentan tasas de mortalidad
estandarizadas por la nueva población estándar
mundial para ambos sexos en todos los grupos de edad y por 100.000
personas-año.
RESULTADOS
En
la tabla 1 se presenta la comparación de la mortalidad
provincial por cardiopatía isquémica para la
población española de 35 a 64 años utilizando
las razones de tasas de mortalidad para los 2 cuatrienios 1994-1997
y 1988-1991 en ambos sexos. En general, tanto en varones como en
mujeres, las tasas en el período 1988-1991 fueron de mayor
magnitud que en el período 1994-1997, lo que se aprecia por
ser la mayoría de las razones de tasas menores de 1. La
mortalidad disminuyó de forma estadísticamente
significativa entre los varones de 27 provincias y entre las
mujeres de otras 12 (fig. 1). En varones, únicamente en 5
provincias se produce un aumento en las tasas entre los 2
cuatrienios estudiados, incrementos que no alcanzan la
significación estadística. Las mayores razones de
tasas aparecen en Navarra, Ourense, Guadalajara y Toledo. Durante
el segundo cuatrienio (1994-1997), la población de 35-64
años de estas provincias presentó un exceso de riesgo
de defunción por cardiopatía isquémica en
relación con la población de la misma edad y
provincia en el período anterior (1988-1991), de un 17% en
Navarra, un 12% en Ourense y un 10% en Guadalajara y Toledo. Las
provincias con mayores descensos en la mortalidad observada en los
2 cuatrienios estudiados fueron Burgos, Cantabria y León, lo
que representa una reducción en el riesgo en el segundo
período de aproximadamente un 35% frente al primer
período estudiado en estas poblaciones. En mujeres, en 10
provincias se produjo un aumento en el riesgo de defunción
por cardiopatía isquémica en el segundo cuatrienio en
comparación con el primero, aunque el aumento
únicamente alcanza la significación
estadística en Ávila. Sin embargo, se debe precisar
que, en números absolutos, la magnitud de las defunciones en
Ávila es pequeña, al ser una provincia poco poblada.
Por ello, hay que interpretar este resultado con cautela, debido a
la posible inestabilidad de las tasas. Otras provincias en las que
se observa un aumento en la razón de tasas son, por orden de
magnitud, Segovia, Guadalajara y Huelva, con aumentos en el riesgo
estimado de defunción por cardiopatía
isquémica del 55, 31 y 25%, respectivamente.


Fig. 1.
Mortalidad
provincial por cardiopatía isquémica en España
en 1994-1997/1988-1991. Razón de tasas en la
población de 35 a 64 años.
La
tabla 2 muestra la mortalidad provincial por cardiopatía
isquémica en España en 1998, presentando las tasas
ajustadas por la población estándar europea por
100.000 personas-año para todos los grupos de edad y ambos
sexos. La tasa global para España fue de 101,11 en varones y
de 44,89 en mujeres, y las comunidades autónomas que
presentaron tasas más elevadas fueron Andalucía,
Asturias, Baleares, Canarias, Extremadura, Murcia y la Comunidad
Valenciana. En varones, las mayores tasas aparecen en las Islas
Canarias, seguidas en magnitud por Sevilla, Alicante y
Cádiz. Las menores tasas las encontramos en Soria, Segovia,
Guadalajara y Cuenca. Al igual que en los varones, en las mujeres,
las tasas más altas se encuentran en las Islas Canarias y en
Sevilla, mientras que las tasas más bajas se presentan en
Álava, Guadalajara, Zamora, Burgos y Huesca. Llama la
atención la enorme diferencia en la magnitud de las tasas
entre las distintas provincias, con una razón de tasas entre
el valor máximo y mínimo de 2,42 en varones y 3,04 en
mujeres, así como la diferencia entre sexos.

En
la tabla 3 y en la figura 2 se muestran las tasas de mortalidad por
cardiopatía isquémica ajustadas por la
población estándar europea por 100.000
personas-año en España desde 1980 a 1998 para todos
los grupos de edad y ambos sexos. La evolución de las tasas
en estos 19 años ha sido de lenta disminución. En
1980, la mortalidad en varones fue de 115,07 y en mujeres de 50,54;
si comparamos estas cifras con las obtenidas 18 años
después, encontramos una mortalidad de 101,11 en varores y
de 44,89 en mujeres. El porcentaje de cambio en todo el
período ha sido de un 12% en varones y un 11% en mujeres, y
el porcentaje de cambio anual es del 1,30% en varones y del 1,19%
en mujeres. El descenso es algo más acusado en varones que
en mujeres, aunque sus tasas son el doble. En varones, la tendencia
que estima el modelo de regresión lineal se corresponde con
un coeficiente beta de -0,99 (p < 0,01), y en mujeres el
coeficiente beta es de -0,41 (p < 0,01).


Fig.
2.
Mortalidad por
cardiopatía isquémica en España en 1980-1998.
Tasas ajustadas por la población estándar europea,
por 100.000 personas-año. CI: cardiopatía
isquémica.
Finalmente, en la tabla 4 se presenta la mortalidad por
cardiopatía isquémica en los países de la
Unión Europea, para la que se han utilizado las tasas
ajustadas por la población estándar mundial por
100.000 personas-año para todos los grupos de edad y ambos
sexos. Tanto en varones como en mujeres, la mortalidad en
España es de las más bajas de Europa;
únicamente Francia presenta tasas más bajas que
España.

DISCUSIÓN
Los
resultados del estudio muestran un descenso significativo de la
mortalidad por cardiopatía isquémica en la
población española. De forma global, para todos los
grupos de edad y el conjunto del país, la tendencia en los
últimos 19 años es ligera pero significativamente
descendente. Específicamente, en el grupo de
población objeto de este trabajo de 35-64 años de
edad, los resultados muestran un descenso significativo de la
mortalidad por cardiopatía isquémica en 27 provincias
en varones y en 12 en mujeres. Ninguna provincia presenta aumentos
en las tasas de mortalidad que alcancen la significación
estadística, a excepción de Ávila, resultado
que debe ser tomado con precaución debido a la posible
inestabilidad de las tasas.
Sin
embargo, la mortalidad masculina por cardiopatía
isquémica no desciende significativamente en 23 provincias
y, en el caso de las mujeres, la mayoría de las provincias
(n = 38) muestran tasas que en 1994-1997 no eran significativamente
menores que las observadas 6 años antes. En algunos casos,
la variación de las tasas en el período estudiado es
mínima, resultado que alerta sobre una posible
estabilización. En un pequeño número de
provincias se detecta incluso un incremento que no alcanza la
significación, pero que sería necesario confirmar en
el tiempo. En cualquier caso, estos resultados implican que el
patrón de descenso continuado en la mortalidad no es general
y que existen amplias áreas geográficas donde la
mortalidad no desciende.
Nuestro estudio se ha realizado según los datos de
estadísticas oficiales. El estudio MONICA detectó que
las estadísticas oficiales tendían a exagerar la
tendencia decreciente de la mortalidad respecto a los datos
obtenidos a partir de las historias clínicas de todos los
pacientes de la población. Así, según las
estadísticas oficiales, la tendencia en la mortalidad en las
poblaciones MONICA fue decreciente en un 4% anual, mientras que los
datos MONICA de las mismas poblaciones resultaban en un descenso
menor, de un 2,7% en varones y de un 2,1% en mujeres2.
Si este sesgo se diese en nuestro estudio, el resultado
sería una estabilización incluso más llamativa
que la encontrada.
En
relación con la distribución geográfica de la
mortalidad, nuestros datos muestran que las ya conocidas
diferencias norte-sur se mantienen inalteradas, con tasas de
mortalidad más elevadas en el sur que en el norte, con
importantes diferencias regionales y con tasas más elevadas
en varones que en mujeres. Se mantiene una baja mortalidad en
relación con el resto de los países desarrollados. En
líneas generales, estos resultados son consistentes con los
resultados de otros estudios publicados relativos a períodos
anteriores8, los realizados con agregación por
comunidades autónomas9 o municipios10,
o para comunidades específicas como
Cataluña11, Andalucía12,
Comunidad Valenciana13, Murcia14 o
Canarias15.
Las
causas que pueden contribuir a explicar la tendencia y
distribución geográfica de las enfermedades
cardiovasculares son las diferencias geográficas y la
evolución en la prevalencia de los factores de riesgo
cardiovascular16-18, en el nivel socioeconómico y
en la calidad y accesibilidad a la asistencia sanitaria. Otros
factores, como los ambientales o el turismo, también se han
relacionado con las diferencias en la mortalidad cardiovascular.
Numerosos estudios muestran estas asociaciones en nuestro medio;
así, y en relación con la dieta, el bajo consumo de
pescado y vino podría explicar la aparente
contradicción de una alta mortalidad cardiovascular y una
baja ingesta de grasas saturadas en las regiones
mediterráneas19. Los resultados recientemente
publicados del Estudio Cuatro Provincias20 muestran que
los niños de las ciudades con una alta mortalidad por
cardiopatía isquémica presentan un mayor
índice de masa corporal y una ingesta más elevada de
energía, colesterol y sodio. La diabetes también
muestra un patrón norte-sur10, y las mayores
tasas de mortalidad aparecen en Extremadura, Andalucía,
Levante y Canarias. Por último, datos recientes del estudio
IBERICA3 también muestran una prevalencia de
diabetes superior al 25% en las zonas mediterráneas
estudiadas, sobre todo en Valencia y Murcia, regiones que tienen
una alta mortalidad vascular.
Sin
embargo, los resultados del estudio MONICA21 muestran
que la contribución de los factores de riesgo
clásicos a la mortalidad cardiovascular de la
población supone solamente un 15% en mujeres y un 40% en
varones. Los aspectos socioeconómicos y las desigualdades
sociales, así como su impacto en la mortalidad por
cardiopatía isquémica, que pueden explicar este
hecho, ya fueron puestos de manifiesto en nuestro país en el
Estudio Ocho Provincias22, y en el Atlas de Mortalidad
en áreas pequeñas se encuentra que la mortalidad
cardiovascular coincide notablemente con la distribución de
analfabetismo, desempleo y hacinamiento10.
También se sabe que el nivel socioeconómico es la
variable que mejor explica las variaciones geográficas en la
prevalencia de sobrepeso y obesidad en
España23.
Estos factores no son directamente modificables desde el sistema
sanitario, pero sí lo son los recursos que se asignan a la
asistencia sanitaria. Las desigualdades en el acceso a una
asistencia sanitaria de calidad existen, y se ha demostrado que
influyen en la mortalidad por cardiopatía isquémica.
Así, los resultados del estudio MONICA2
demostraron que la disminución en la mortalidad
cardiovascular está fuertemente asociada con la mejora en el
tratamiento de la enfermedad coronaria. El estudio
IBERICA3 ha puesto de manifiesto que en nuestro
país existen diferencias geográficas en el manejo
hospitalario de los pacientes coronarios, en la utilización
de recursos diagnósticos y terapéuticos, así
como en la mortalidad. Diversos estudios orientados a conocer el
tratamiento intrahospitalario del infarto agudo de miocardio, como
los estudios PRIAMHO24 ARIAM25 y PREVESE
II26, muestran que hay diferencias en la accesibilidad a
los servicios asistenciales y que algunos aspectos, como la tasa de
retraso entre el inicio de los síntomas de infarto agudo de
miocardio y la asistencia sanitaria o la prevención
secundaria, son mejorables.
Este trabajo tiene las limitaciones conocidas derivadas de la
naturaleza de los datos empleados procedentes de certificados de
defunción, aunque en el caso de la cardiopatía
isquémica, la calidad de los certificados de
defunción en España ha sido validada con buenos
resultados27. Como ya se ha comentado, los sesgos
puestos de manifiesto en el estudio MONICA son pequeños y no
significativos cuando se refieren a un período concreto, y
tienden a magnificar el descenso cuando se analizan tendencias. Por
último, parte de las diferencias geográficas halladas
pueden deberse a errores en la clasificación del lugar de
residencia, error que afecta especialmente a las zonas
turísticas, donde la tasa de mortalidad puede estar
sobrestimada, al contabilizarse las defunciones de turistas no
residentes. Este fenómeno ha sido descrito en municipios
turísticos de las Islas Canarias15. Estas
limitaciones deben ser tenidas en cuenta al interpretar los
resultados.
En
conclusión, los resultados de este estudio ponen de
manifiesto que el descenso de las tasas de mortalidad que se
observa de forma global en nuestro país no es
homogéneo en todo el territorio. Las altas cifras en la
prevalencia de factores de riesgo cardiovascular, junto con las
mencionadas diferencias existentes en los recursos asistenciales,
ofrecen un gran margen de actuación e importantes
oportunidades de mejora. Nuestros resultados pueden ayudar a
priorizar las zonas geográficas donde focalizar
preferentemente estas intervenciones sanitarias.
AGRADECIMIENTO
Al
Dr. Gonzalo López-Abente por su asesoramiento en la
realización de este trabajo.
Véase
Editorial
Correspondencia: Dra. R. Boix Martínez.
Centro Nacional de Epidemiología. Instituto de Salud Carlos
III.
Sinesio Delgado, 6. 28029 Madrid. España.
Correo electrónico:
rboix@isciii.es
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