Puesta al día: Avances en el tratamiento de la insuficiencia cardíaca (I).
Volumen 57, Número 02, Febrero 2004
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Epidemiología de la insuficiencia cardíaca
Fernando Rodríguez-Artalejoa; José R Banegas Banegasa; Pilar Guallar-Castillóna
a Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública. Facultad de Medicina. Universidad Autónoma de Madrid. Madrid. España.
Rev Esp Cardiol. 2004;57:163-70.
Cerca del 1% de la población mayor de 40 años presenta insuficiencia cardíaca. La prevalencia de esta enfermedad se dobla con cada década de edad y se sitúa alrededor del 10% en los mayores de 70 años. En España se producen cerca de 80.000 ingresos hospitalarios por insuficiencia cardíaca cada año. Al igual que en otros países desarrollados, la insuficiencia cardíaca es la primera causa de hospitalización en mayores de 65 años y da cuenta, aproximadamente, del 5% de todas las hospitalizaciones. Se trata de una afección que aumenta con la edad y alcanza el 1% al año en los sujetos mayores de 65 años. La insuficiencia cardíaca es un trastorno progresivo y letal, aun con tratamiento adecuado. La supervivencia es de alrededor del 50% a los 5 años del diagnóstico, por lo que no es mejor que la de muchos cánceres. La insuficiencia cardíaca es la tercera causa de muerte cardiovascular en España, por detrás de la cardiopatía isquémica y la
enfermedad cerebrovascular. En el año 2000, entre los varones, la insuficiencia cardíaca fue responsable del 4% de todas las defunciones y del 10% de todas las muertes por enfermedades cardiovasculares; entre las mujeres, los porcentajes correspondientes fueron del 8 y del 18%. En las últimas décadas, la prevalencia y las hospitalizaciones por insuficiencia cardíaca han aumentado de manera considerable en los países desarrollados. Se espera que su frecuencia siga creciendo en los próximos años, dado que no se han producido descensos apreciables en su incidencia; sin embargo, su supervivencia está mejorando gracias a la disponibilidad de mejores tratamientos. El control de los factores de riesgo, como la hipertensión y la cardiopatía isquémica, las principales causas de insuficiencia cardíaca en España, es el único medio para controlar el previsible aumento de esta enfermedad en el futuro.
Palabras clave: Epidemiología. Insuficiencia cardíaca. España.
INTRODUCCIÓN
En este
artículo se describen los aspectos más destacables de
la frecuencia y distribución de la insuficiencia
cardíaca, así como sus determinantes, en los
países desarrollados, con mención especial a la
situación en España.
El conocimiento
de la epidemiología de una enfermedad está
condicionado por unos buenos criterios
diagnósticos1,2. La insuficiencia cardíaca
es un síndrome clínico (por tanto,
sintomático) que con frecuencia se acompaña de
disfunción del ventrículo izquierdo (que puede ser
sintomática o asintomática). En los primeros estudios
sobre la magnitud de la insuficiencia cardíaca sólo
se utilizaron criterios clínicos relativamente
inespecíficos, en particular signos y síntomas, como
la disnea, la fatiga y los edemas. Por ello, suelen subestimar el
problema de la disfunción ventricular, que se pone de
manifiesto mediante una ecografía cardíaca, pero
también pueden incluir a sujetos con síntomas de
insuficiencia cardíaca debidos a otros procesos
patológicos3.
Es interesante
conocer por separado la frecuencia y el pronóstico de la
insuficiencia cardíaca sistólica y diastólica,
así como de la disfunción ventricular
asintomática. Por desgracia, los estudios sobre la
insuficiencia cardíaca diastólica han sido
relativamente escasos debido a la falta de unos criterios
diagnósticos claros. Hace poco se han propuesto criterios
diagnósticos para esta entidad4,5, pero
aún no se han utilizado suficientemente en estudios
epidemiológicos. Por si fuera poco, la aparición de
estos criterios se ha seguido de una atrevida propuesta de
abandonar la clasificación de la insuficiencia
cardíaca basada en la fracción de eyección
como indicador de función ventricular
sistólica6.
La carencia de
buenos criterios diagnósticos y la ausencia hasta hace
relativamente poco de tratamientos eficaces para la insuficiencia
cardíaca han hecho que el conocimiento de la
epidemiología de esta enfermedad haya sido menor que el de
otras enfermedades cardiovasculares, como la enfermedad coronaria o
la cerebrovascular. En España sólo se dispone de
datos de prevalencia, hospitalizaciones y mortalidad por
insuficiencia cardíaca, por lo que hemos extrapolado el
resto de los datos de interés epidemiológico desde la
bibliografía internacional, principalmente
anglosajona.
PREVALENCIA DE LA INSUFICIENCIA CARDIACA
La frecuencia de
una enfermedad suele caracterizarse mediante su prevalencia e
incidencia. La prevalencia mide el número de casos de
enfermedad que hay en un período concreto en la
población e informa, por tanto, del número de casos
que requieren atención sanitaria. La prevalencia suele
obtenerse mediante estudios transversales de la población. A
menudo se realizan en la población consultante en los
centros sanitarios porque son más eficientes. La prevalencia
así obtenida suele subestimar la prevalencia en la
población general porque no todos los enfermos acuden al
médico, y habitualmente se diagnostican los casos más
graves o en los estadios más avanzados. Los estudios de
prevalencia de base poblacional exigen muchos recursos
económicos (tantos más cuanto mayor es la dificultad
de acceso a la población y más caras las pruebas
diagnósticas) y habitualmente no se realizan en
países enteros, excepto cuando la información se
obtiene sólo mediante cuestionario. Suelen circunscribirse a
regiones relativamente pequeñas y los resultados de dicha
región se extrapolan al conjunto del país de
interés. Hay que tener cuidado en la comparación de
los resultados de los estudios de prevalencia de diversas regiones,
pues los instrumentos de diagnóstico de insuficiencia
cardíaca pueden variar de unos a otros. También
suelen variar los grupos de edad en los que se hace el estudio y,
ya que la prevalencia de la insuficiencia cardíaca aumenta
con la edad, es posible que los resultados no sean directamente
comparables7.
Hasta donde
conocemos, en España sólo se ha realizado un estudio
de prevalencia de insuficiencia cardíaca8. Sus
resultados son comparables con los de la bibliografía
internacional. En la población general mayor de 40
años, aproximadamente el 1% presenta insuficiencia
cardíaca y otro 2% tiene clínica compatible con
insuficiencia cardíaca, aunque ésta pueda descartarse
después de un examen clínico riguroso y se pueda
atribuir el cuadro clínico a un proceso no cardíaco,
como respiratorio o renal9. La prevalencia de
insuficiencia cardíaca se dobla con cada década de
edad y se sitúa alrededor del 10% en sujetos mayores de 70
años8,9. De hecho, la mayoría de los
pacientes atendidos en la consulta por presentar insuficiencia
cardíaca son ancianos. Esta situación es esperable no
sólo por la mayor frecuencia del problema, sino porque, en
edades avanzadas, la enfermedad es más sintomática
que entre los jóvenes.
La prevalencia
de insuficiencia cardíaca está aumentando en las
últimas décadas en los países
desarrollados7. Esto se debe, probablemente, a varias
razones. En primer lugar, por el aumento del número de
personas ancianas, en las que la enfermedad es más
frecuente. En segundo lugar, por la mayor supervivencia de los
enfermos con infarto agudo de miocardio y de los hipertensos (las
dos principales causas de insuficiencia cardíaca) debido a
la mejora de los tratamientos y de los cuidados generales que
reciben estos enfermos. Esta mayor supervivencia permite que los
pacientes acaben desarrollando insuficiencia cardíaca (una
vía final común de muchas enfermedades del
corazón) y, por tanto, aumente su frecuencia. En cierto
modo, la insuficiencia cardíaca sería el resultado de
la cronificación de los infartos agudos de miocardio y de
las complicaciones de la enfermedad cardíaca hipertensiva,
gracias a los avances (no curativos) de la medicina. En tercer
lugar, empezamos a tener algunas evidencias de que los mejores
tratamientos de la insuficiencia cardíaca, fundamentalmente
gracias a los inhibidores de la enzima de conversión de la
angiotensina (IECA) y los bloqueadores beta, están teniendo
algún impacto en la población, al mejorar la
supervivencia de los pacientes con insuficiencia
cardíaca10. Cuanto mayor es la supervivencia de
la insuficiencia cardíaca, mayor es su
prevalencia.
HOSPITALIZACIONES POR INSUFICIENCIA CARDIACA
Una medida
complementaria de la prevalencia, para hacerse una idea de la carga
asistencial de este problema de salud, son las hospitalizaciones
por insuficiencia cardíaca. Es una medida interesante por
varios motivos. Primero, porque la mayoría de los
países disponen de manera sistemática, dentro de sus
sistemas de información sanitaria, de datos sobre las
hospitalizaciones, tanto en centros públicos como privados,
con una cobertura que suele ser nacional. Por tanto, es una forma
relativamente económica de monitorizar el problema. En
segundo lugar, porque la mayoría de los costes asistenciales
en la insuficiencia cardíaca se produce con motivo de las
hospitalizaciones. En tercer lugar, porque la insuficiencia
cardíaca conduce, en los estadios avanzados, a numerosos
reingresos hospitalarios. Sin embargo, es necesario tener en cuenta
que las hospitalizaciones informan adecuadamente de la carga
asistencial, pero no de la frecuencia de insuficiencia
cardíaca. Esto se debe a que la mayoría de los
sistemas de información sanitaria no proporcionan datos
sobre el número de pacientes, sino sobre el ingreso
administrativo, sin distinguir si es el primero o
readmisión. Además, el número de ingresos no
sólo depende de la frecuencia de la insuficiencia
cardíaca, sino también de la existencia de recursos
hospitalarios, así como de las políticas de
admisión en cada hospital o sistema sanitario. De hecho, la
variabilidad geográfica en las hospitalizaciones por
insuficiencia cardíaca en España se explica en parte
por las diferencias en los recursos hospitalarios entre
provincias11.
En España
se producen cerca de 80.000 ingresos hospitalarios por
insuficiencia cardíaca cada año (fig. 1). Al igual
que en otros países desarrollados, la insuficiencia
cardíaca es la primera causa de hospitalización en
mayores de 65 años, por delante de la enfermedad coronaria y
del ictus, y da cuenta de aproximadamente el 5% de todas las
hospitalizaciones12,13. Los ingresos por insuficiencia
cardíaca muestran un claro patrón estacional y son
mucho más frecuentes en invierno que en verano14.
Además, el número de ingresos hospitalarios ha
aumentado mucho en los últimos años en España
(fig. 1A) y en la mayoría de los países
desarrollados, y es previsible que siga haciéndolo en el
futuro inmediato debido al envejecimiento de la
población7,12. En nuestro país, la
insuficiencia cardíaca es una causa de
hospitalización más frecuente entre las mujeres que
entre los varones (fig. 1A). Además, la importancia de esta
enfermedad como causa de ingreso hospitalario ha aumentado
progresivamente dentro del conjunto de las enfermedades
cardiovasculares (fig. 1B).

Fig. 1.
A: número de
altas hospitalarias por insuficiencia cardíaca. B:
porcentaje de altas hospitalarias por insuficiencia cardíaca
sobre el total de altas hospitalarias en España (1989-1999).
Rúbrica 228 de la CIE-9 para todo el período de
estudio.
INCIDENCIA DE LA INSUFICIENCIA CARDIACA
La incidencia
mide el número de casos nuevos (incidentes) de una
enfermedad durante un determinado tiempo e informa del grado de
actividad de los factores de riesgo causales de la insuficiencia
cardíaca en la población. Para medir la incidencia
hay que realizar estudios de seguimiento de personas libres de la
enfermedad durante un período y contabilizar la
aparición de nuevos casos. Dichos estudios son más
informativos si tienen base poblacional y recogen casos
intrahospitalarios y extrahospitalarios. Los datos más
detallados de la incidencia de la insuficiencia cardíaca
disponibles en el mundo proceden del estudio de Framingham. La
incidencia de la insuficiencia cardíaca aumenta con la edad
y alcanza el 1% al año en los sujetos mayores de 65
años. La incidencia es 2 veces mayor en los sujetos
hipertensos que en los normotensos, y 5 veces mayor en los sujetos
que han tenido un infarto de miocardio que en los que no lo han
tenido15.
Hay muy pocos
estudios que informen sobre los cambios en la incidencia de la
insuficiencia cardíaca, sobre todo porque deben tener un
instrumento estandarizado de medición de la insuficiencia
cardíaca que se use de forma consistente durante un
período. El estudio de Framingham también es el que
mejores datos proporciona. La incidencia de insuficiencia
cardíaca se encuentra estabilizada en los varones desde los
años cincuenta del siglo pasado hasta la actualidad; en las
mujeres ha disminuido, aunque el principal descenso se produjo en
los años setenta16. En otros 2 estudios
realizados en el sur del estado de Michigan17 y en las
proximidades de Rochester (Minnesota)18, en Estados
Unidos, la incidencia de insuficiencia cardíaca se encuentra
estable en ambos sexos desde 1980. Estos resultados son
sorprendentes si se tiene en cuenta que el control de la
hipertensión arterial, una de las principales causas de la
insuficiencia cardíaca, ha mejorado por la
generalización del tratamiento antihipertensivo. Sin
embargo, también se puede argumentar que el mejor
tratamiento de la presión arterial evita muertes coronarias
y cerebrovasculares, lo que aumenta el número de personas
que se mantienen vivas pero están expuestas a desarrollar
una insuficiencia cardíaca. Por otro lado, la
reducción de la incidencia de cardiopatía
isquémica observada en algunos lugares contribuye a
disminuir la incidencia de insuficiencia cardíaca. Sin
embargo, esto puede balancearse con la mejora observada
habitualmente en la supervivencia de la cardiopatía
isquémica, lo que incrementa el tiempo de vida con un
miocardio dañado y, por tanto, el riesgo de insuficiencia
cardíaca. Por último, en los países
desarrollados se está produciendo una epidemia de obesidad y
diabetes tipo 2, potentes factores de riesgo de la insuficiencia
cardíaca que contribuyen a aumentar su
incidencia.
SUPERVIVENCIA DE LA INSUFICIENCIA CARDIACA
La insuficiencia
cardíaca es un trastorno progresivo y letal, aun con un
tratamiento adecuado. La supervivencia se conoce mediante estudios
de seguimiento de sujetos con la enfermedad realizados a partir de
los grupos de control de ensayos clínicos, de registros
hospitalarios o de estudios de cohortes en la población
general. Habitualmente, la supervivencia de los sujetos incluidos
en los ensayos clínicos es mejor que la de los estudios de
base poblacional, porque en los ensayos clínicos se suele
incluir a pacientes más jóvenes y con menos
enfermedades acompañantes que muchos de los enfermos
atendidos por los médicos en la comunidad. Entre los
estudios sobre la supervivencia de la insuficiencia
cardíaca, también el de Framingham proporciona
algunos de los mejores datos. La supervivencia es de alrededor del
50% a los 5 años del diagnóstico19,20. Por
ello, la supervivencia de la insuficiencia cardíaca no es
mejor que la de muchos cánceres y es menor en los pacientes
más ancianos, en los estadios avanzados de la enfermedad y
en los sujetos que tienen enfermedades graves
acompañantes.
Hay
relativamente pocos trabajos sobre los cambios en la supervivencia
de la insuficiencia cardíaca en las últimas
décadas. A pesar de ello, se dispone de evidencias,
procedentes de estudios realizados en centros
clínicos21,22 y de base comunitaria16,
de que la supervivencia ha mejorado, en especial durante la
última década. Las mejoras coinciden con un aumento
del uso de terapias que, como los IECA y los bloqueadores beta, han
demostrado en ensayos clínicos que reducen la mortalidad por
insuficiencia cardíaca. Sin embargo, de forma
paradójica, esta deseable mejora de la supervivencia se
traduce en un incremento del número de personas con
insuficiencia cardíaca en la comunidad y, por ello, aumenta
su carga social.
La mejora del
pronóstico de los casos de insuficiencia cardíaca en
la comunidad es, sin embargo, inferior a la deseable. Esto puede
deberse a varias razones. En primer lugar, la insuficiencia
cardíaca es un síndrome de origen multicausal. Una
parte importante de los pacientes tiene la función
sistólica preservada y sólo presenta problemas de
llenado ventricular o problemas valvulares. En estos pacientes no
se ha demostrado la eficacia de los IECA y los bloqueadores beta.
En segundo lugar, muchos de los pacientes con insuficiencia
cardíaca son mujeres, ancianos y enfermos con una importante
comorbilidad, lo cuales no han sido incluidos habitualmente en los
ensayos clínicos. En tercer lugar, el tratamiento
clínico de los pacientes con insuficiencia cardíaca y
fracción de eyección baja es subóptimo, aunque
recientemente parece haber mejorado23-28.
MORTALIDAD POR INSUFICIENCIA CARDIACA
La mortalidad
por insuficiencia cardíaca se calcula a partir de los datos
de los certificados de defunción según son
trasladados a las estadísticas vitales. Es, junto con las
hospitalizaciones, el único indicador para el que se dispone
de datos de ámbito nacional. La mortalidad por insuficiencia
cardíaca informa del impacto demográfico de este
problema de salud, pero se suele subestimar su magnitud porque las
normas de codificación de la mortalidad priorizan la
asignación de la causa de muerte a la cardiopatía
isquémica, por delante de la insuficiencia
cardíaca.
La insuficiencia
cardíaca es la tercera causa de muerte cardiovascular en
España, detrás de la cardiopatía
isquémica y la enfermedad cerebrovascular29. En
el año 2000, entre los varones, la insuficiencia
cardíaca fue responsable del 4% de todas las defunciones y
del 10% de todas las muertes por enfermedades cardiovasculares;
entre las mujeres, los porcentajes correspondientes fueron del 8 y
del 18%. La mortalidad por insuficiencia cardíaca aumenta
desde el norte de España hasta el sur y las regiones
mediterráneas, y muestra un patrón similar al de la
mortalidad por cardiopatía isquémica y enfermedad
cerebrovascular y al de la prevalencia de angina de
pecho11,29. La mortalidad por insuficiencia
cardíaca ha descendido progresivamente, en ambos sexos,
desde 1977 hasta la actualidad, aunque se encuentra estabilizada en
las personas de 85 años o más29. A pesar
del descenso de las tasas de mortalidad, el número total de
defunciones por insuficiencia cardíaca ha aumentado entre
las mujeres en el período 1980-2000 (fig. 2A) debido al
incremento del tamaño de la población y a su
envejecimiento progresivo. También entre las mujeres, la
insuficiencia cardíaca ha aumentado su importancia como
causa de muerte en el conjunto de las enfermedades cardiovasculares
(fig. 2B). Al igual que ocurría con las hospitalizaciones,
el número de fallecimientos por insuficiencia
cardíaca es mayor en las mujeres que en los
varones.

Fig. 2.
A: número de
fallecimientos por insuficiencia cardíaca. B: porcentaje de
fallecimientos por insuficiencia cardíaca sobre el total de
defunciones cardiovasculares en España (1980-2000).
Rúbrica 228 de la CIE-9 para el período 1980-1998 y
rúbrica I50 de la CIE-10 para los años
1999-2000.
Las tendencias
decrecientes en la mortalidad por insuficiencia cardíaca
observadas en España son consistentes con las halladas en
Canadá, Estados Unidos29 y en países
latinoamericanos, como Argentina30. Es probable que esta
tendencia sea una manifestación más del descenso de
la mortalidad por el conjunto de las enfermedades cardiovasculares,
pero probablemente también de la priorización de
otras causas de muerte cardiovascular por delante de la
insuficiencia cardíaca en los certificados médicos de
defunción.
DIFERENCIAS ENTRE LA INSUFICIENCIA CARDÍACA SISTOLICA
Y DIASTOLICA
Prácticamente todos los datos anteriores corresponden a
insuficiencia cardíaca total, sin especificar si la
función sistólica del ventrículo izquierdo
estaba preservada según los resultados
ecocardiográficos. Aunque no se ha establecido de forma
definitiva el punto de corte de la fracción de
eyección ventricular que define la disfunción
sistólica (se sitúa entre el 30 y el 50%,
según los trabajos), tanto estudios de base
clínica26,31 como de base
poblacional8,32 sugieren que aproximadamente el 50% de
los casos de insuficiencia cardíaca tiene una función
sistólica normal o sólo ligeramente alterada. Cabe
destacar que, por factores de selección, los estudios de
base clínica muestran que la insuficiencia cardíaca
con una función sistólica reducida es más
frecuente en los servicios de cardiología que en los de
medicina interna o geriatría23,24.
La
epidemiología y la historia natural de la insuficiencia
cardíaca con disfunción diastólica se conocen
poco debido a la dificultad para poner de manifiesto dicha
disfunción con los procedimientos utilizables en estudios
epidemiológicos. Por ello, estos pacientes tampoco han sido
incluidos, hasta el momento, en la mayoría de los ensayos
clínicos, por lo que sus pautas de tratamiento cuentan con
menores evidencias científicas que las de la insuficiencia
cardíaca con fracción de eyección reducida.
Hasta hace poco se creía que la insuficiencia
cardíaca diastólica tenía mejor
pronóstico que la sistólica24,32, en
especial en ancianos33, pero recientemente se han
obtenido evidencias de que el pronóstico a largo plazo es
similar25,34,35. Además, las tasas de
hospitalización recurrente y los costes de la asistencia son
también similares36. La insuficiencia
cardíaca diastólica es, en comparación con la
sistólica, más frecuente en las mujeres y en las
personas de mayor edad, y suele tener como antecedente una
hipertensión arterial durante muchos
años34,35.
DISFUNCION SISTOLICA ASINTOMATICA
La
disfunción sistólica del ventrículo izquierdo
(DSVI) que cursa de forma asintomática tiene una prevalencia
aproximada del 3 al 6%, y es al menos tan frecuente en la comunidad
como la insuficiencia cardíaca. Sin embargo, diversos
trabajos han ampliado el rango de su prevalencia hasta el
0,9-12,9%, dependiendo del diseño del estudio, las
características de los sujetos estudiados y la
definición utilizada, tanto de DSVI como de
«asintomático»36. La importancia de
la DSVI asintomática es doble. Primero, porque es un
importante factor de riesgo de insuficiencia cardíaca.
Segundo, porque suele pasar inadvertida y a menudo no se trata, a
pesar de que hay evidencias de que su tratamiento reduce la
incidencia y las hospitalizaciones por insuficiencia
cardíaca, así como la
mortalidad37,38.
DIFERENCIAS ENTRE SEXOS
La prevalencia,
la incidencia y la mortalidad por insuficiencia cardíaca son
algo superiores en los varones que en las mujeres. Sin embargo,
dado que los tres indicadores aumentan mucho con la edad, y que en
las edades muy avanzadas hay más mujeres que varones, el
número total de casos y de defunciones por insuficiencia
cardíaca es mayor en las mujeres.
La supervivencia
de las mujeres con insuficiencia cardíaca es superior que la
de los varones, después de ajustarla por la
edad20. Las razones no están claras. Si bien es
posible que la realidad sea así, también lo es que la
insuficiencia cardíaca con una función
sistólica conservada es más frecuente en las mujeres
y que, por tanto, en los estudios puede haber habido un mayor
porcentaje de falsos positivos entre ellas, calificándose
como insuficiencia cardíaca cuadros clínicos debidos
a otras causas3. Además, las diferencias en la
supervivencia entre sexos tienden a atenuarse cuando se ajustan por
la fracción de eyección y el valor de presión
arterial39.
En
comparación con los varones, las mujeres con insuficiencia
cardíaca suelen presentar más síntomas con
fracciones de eyección similares40, son de mayor
edad, con más frecuencia presentan hipertensión y
diabetes mellitus y con menor frecuencia, cardiopatía
isquémica24,31,34,35. Hay evidencias recientes de
que la respuesta de las mujeres a algunos tratamientos
clásicos de la insuficiencia cardíaca puede ser
diferente de la de los varones. Así, parece que la terapia
con digoxina aumenta la mortalidad en las mujeres con insuficiencia
cardíaca y DSVI, pero no en los varones41. Sin
embargo, cabe destacar que las mujeres han participado en los
ensayos clínicos con terapias de insuficiencia
cardíaca con mucha menos frecuencia que los
varones.
Todo lo anterior
sugiere que la historia natural de la insuficiencia cardíaca
puede ser distinta en mujeres y varones.
DETERMINANTES DE LA INSUFICIENCIA CARDÍACA
Como se ha
comentado, los principales precursores causales de la insuficiencia
cardíaca son la enfermedad coronaria y la
hipertensión arterial, que a menudo se presentan juntas,
seguidas por las miocardiopatías y las disfunciones
valvulares. La insuficiencia cardíaca debida al infarto
agudo de miocardio se acompaña de disfunción
ventricular sistólica con más frecuencia que la
debida a la hipertensión arterial. En los países
anglosajones, en las últimas décadas, la enfermedad
coronaria ha aumentado en importancia como causa de la
insuficiencia cardíaca en detrimento relativo de la
hipertensión. Los principales factores de riesgo de la
insuficiencia cardíaca son también los de sus
precursores causales: la diabetes, el tabaquismo, la dislipemia, la
obesidad y el sedentarismo15,42. Más
recientemente se han obtenido evidencias de que la mayor
homocisteinemia43, la presión del
pulso44 y algunos marcadores inflamatorios
plasmáticos (interleucina 6, proteína C reactiva,
factor alfa de necrosis tumoral)45 se asocian a un mayor
riesgo de insuficiencia cardíaca, mientras que el consumo
moderado de alcohol se asocia a un menor
riesgo46.
CRIBADO COMUNITARIO DE DISFUNCION VENTRICULAR
ASINTOMATICA
Debido a que la
prevalencia de insuficiencia cardíaca es muy elevada en las
personas de edad avanzada, a la existencia de tratamientos eficaces
para mejorar la calidad de vida, reducir las hospitalizaciones y la
mortalidad y al hecho de que el pronóstico es mejor cuanto
antes se inicia el tratamiento, se ha planteado el cribado
oportunista de la insuficiencia cardíaca y disfunción
ventricular en cualquier contacto de los ancianos con el sistema
sanitario, de forma similar a como se hace con algunos tumores.
Dicho cribado sería más eficiente (se
detectarían más casos de insuficiencia
cardíaca por cada 100 pacientes examinados) si se dirigiera
a los sujetos con mayor riesgo de presentar la enfermedad, como los
hipertensos, los diabéticos y las personas con antecedentes
de cardiopatía isquémica u otras enfermedades del
corazón. Para mejorar la eficiencia, los sujetos
también podrían seleccionarse según los
resultados de ecuaciones de riesgo de insuficiencia
cardíaca, como las desarrolladas en el estudio Framingham,
que estiman el riesgo de tener la enfermedad en función de
la edad, la hipertrofia ventricular izquierda, la frecuencia
cardíaca, la presión arterial sistólica, la
existencia de diabetes mellitus y la evidencia de infarto de
miocardio, enfermedad valvular o hipertensión previos. Las
estimaciones se pueden precisar mejor si, además, se
incorpora a la ecuación la capacidad vital y la presencia de
cardiomegalia mediante radiografía de
tórax47. Los sujetos en los que el riesgo es
mayor presentan más probabilidades de tener una
disfunción ventricular izquierda y, en ellos, el rendimiento
de la ecografía cardíaca será
mayor.
Sin embargo, las
evidencias para realizar cribado comunitario de DSVI son
todavía insuficientes, por varias razones36.
Primero, no se dispone de una estrategia óptima de
detección de DSVI. La ecografía es muy cara e
impracticable a gran escala, y la validez diagnóstica de los
péptidos natriuréticos resulta menor que la deseable.
Segundo, la detección de DSVI dejaría sin detectar a
una proporción muy importante de pacientes que
desarrollarán insuficiencia cardíaca y
mantendrán una función sistólica normal.
Tercero, la mayoría de las evidencias del riesgo de
desarrollar insuficiencia cardíaca en presencia de DSVI
procede de ensayos clínicos en los que no están
representadas muchas de las tipologías de sujetos en riesgo
más frecuentes en la comunidad.
EVOLUCION DE LA EPIDEMIA DE INSUFICIENCIA CARDIACA
El aumento de la
prevalencia y de las hospitalizaciones por insuficiencia
cardíaca en los países desarrollados en las
últimas décadas hace de este síndrome una de
las epidemias cardiovasculares del siglo xxi. Las proyecciones
demográficas sugieren que, en España, seguirá
aumentando el número de personas de 65 años o
más en los próximos años. Dada la alta
frecuencia de insuficiencia cardíaca en las personas de
dicha edad, sólo una reducción muy importante de la
incidencia de enfermedad o la no deseable disminución de su
supervivencia podrán impedir que el número de
personas con insuficiencia cardíaca siga creciendo. De
hecho, las evidencias de la bibliografía internacional
sugieren que la supervivencia de la insuficiencia cardíaca
está mejorando y que la incidencia, sin embargo, no
desciende de forma apreciable. La prevención decidida de los
factores de riesgo de la hipertensión y de la
cardiopatía isquémica, las principales causas de
insuficiencia cardíaca en España, es el único
medio para controlar el previsible aumento de la enfermedad en los
años futuros48.
Sección
patrocinada por el Laboratorio Dr. Esteve
Correspondencia: Dr. F. Rodríguez-Artalejo.
Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública.
Facultad de Medicina. Universidad Autónoma de Madrid.
Avda. Arzobispo Morcillo, s/n. 28029 Madrid. España.
Correo electrónico: fernando.artalejo@uam.es
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