Artículos especiales.
Volumen 57, Número 11, Noviembre 2004
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Guía de Práctica Clínica para el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades del pericardio. Versión resumida
Bernhard Maischa; Petar M. Seferovicb; Arsen D. Risticb; Raimund Erbelc; Reiner Rienmüllerd; Yehuda Adlere; Witold Z. Tomkowskif; Gaetano Thieneg; Magdi H. Yacoubh
a Coordinador (Alemania) b (Serbia y Montenegro) c (Alemania) d (Austria) e (Israel) f (Polonia) g (Italia) h (Reino Unido)
Rev Esp Cardiol. 2004;57:1090-114.
Comité
de la Sociedad Europea de Cardiología para la
elaboración de Guías de Práctica
Clínica: Silvia G. Priori (Presidente, Italia), María
Ángeles Alonso García (España), Jean-Jacques
Blanc (Francia), Andrzej Budaj (Polonia), Martin Cowie (Reino
Unido), Veronica Dean (Francia), Jaap Deckers (Países
Bajos), Enrique Fernández Burgos (España), John
Lekakis (Grecia), Bertil Lindahl (Suecia), Gianfranco Mazzotta
(Italia), João Morais (Portugal), Ali Oto (Turquía) y
Otto A. Smiseth (Noruega).
Revisores del
documento: Gianfranco Mazzotta (Coordinador de revisión de
las Guías de Práctica Clínica, Italia), Jean
Acar (Francia), Eloisa Arbustini (Italia), Anton E. Becker
(Países Bajos), Giacomo Chiaranda (Italia), Yonathan Hasin
(Israel), Rolf Jenni (Suiza), Werner Klein (Austria), Irene Lang
(Austria), Thomas F. Lüscher (Suiza), Fausto J. Pinto
(Portugal), Ralph Shabetai (Estados Unidos), Maarten L. Simoons
(Países Bajos), Jordi Soler Soler (España) y David H.
Spodick (Estados Unidos).
Con permiso
de The European Society of Cardiology (ESC).
ÍNDICE DE
CONTENIDOS
Preámbulo
1090
Introducción 1092
Etiología y clasificación de las enfermedades del
pericardio 1092
Síndromes pericárdicos:
Defectos congénitos del pericardio 1093
Pericarditis aguda 1094
Pericarditis crónica 1094
Pericarditis recurrente 1094
Derrame pericárdico y taponamiento cardíaco 1095
Pericarditis constrictiva 1098
Quistes pericárdicos 1100
Formas específicas de pericarditis:
Pericarditis viral 1100
Pericarditis bacteriana 1101
Pericarditis tuberculosa 1101
Pericarditis en la insuficiencia renal 1103
Pericarditis autorreactiva y afección pericárdica en
las enfermedades autoinmunes sistémicas 1104
Síndrome posterior a daño miocárdico:
síndrome pospericardiotomía 1104
Pericarditis postinfarto 1104
Derrame pericárdico traumático y hemopericardio en
la disección aórtica 1105
Pericarditis neoplásica 1105
Formas raras de enfermedades del pericardio: 1107
Pericarditis fúngica 1107
Pericarditis por radiación 1107
Quilopericardio 1108
Pericarditis por fármacos y toxinas 1109
Derrame pericárdico en las enfermedades del tiroides
1109
Derrame pericárdico en el embarazo 1109
Referencias no citadas en el texto 1109
Agradecimientos 1109
Bibliografía 1109
PREÁMBULO
Las Guías
de Práctica Clínica y los Documentos de Consenso de
Expertos tienen como objetivo presentar todas las evidencias
relevantes sobre un tema particular para ayudar a los
médicos a sopesar los riesgos y los beneficios de un
procedimiento diagnóstico o terapéutico concreto.
Deberían ser útiles para la toma diaria de decisiones
clínicas.
En los
últimos años, diferentes organizaciones han elaborado
un gran número de Guías de Práctica
Clínica y Documentos de Consenso de Expertos, como la
Sociedad Europea de Cardiología (ESC) y otras sociedades
relacionadas. Varios centenares de Guías de Práctica
Clínica se encuentran disponibles a través de enlaces
a páginas web de las Sociedades Nacionales. Esta gran
profusión puede poner en riesgo la autoridad y validez de
las Guías, que sólo pueden estar garantizadas si se
han desarrollado mediante un proceso incuestionable de toma de
decisiones. Ésta es una de las razones por las que la ESC y
otras sociedades han hecho pública una serie de
recomendaciones para abordar y formular las Guías de
Práctica Clínica y los Documentos de Consenso de
Expertos.
A pesar de que
los estándares para elaborar las Guías de
Práctica Clínica y los Documentos de Consenso de
Expertos de calidad están bien definidos, algunas revisiones
recientes de las publicadas en revistas evaluadas por pares entre
1995 y 1998 han mostrado faltas en el cumplimiento de los
estándares metodológicos en la mayoría de los
casos. Por lo tanto, es de la máxima importancia que las
Guías y recomendaciones se presenten en formatos que puedan
ser fácilmente interpretados. En consecuencia, sus programas
de implementación también deben ser correctamente
realizados. En este sentido, se han llevado a cabo algunos intentos
para determinar si las Guías mejoran la calidad de la
práctica clínica y la utilización de los
recursos sanitarios.
El Comité
para las Guías de Práctica Clínica de la ESC
supervisa y coordina la preparación de nuevas Guías
de Práctica Clínica y Documentos de Consenso de
Expertos elaborados por los Grupos de Trabajo, grupos de expertos o
paneles de consenso. El Comité también es responsable
de la aprobación de estas Guías de Práctica
Clínica y Documentos de Consenso de Expertos o de sus
comunicados.
INTRODUCCIÓN
La fuerza de la
evidencia relacionada con un diagnóstico u opción
terapéutica particular depende de los datos disponibles:
1) nivel de evidencia A: cuando hay múltiples ensayos
clínicos aleatorizados o metaanálisis; 2)
nivel de evidencia B: cuando hay un único ensayo
clínico aleatorizado o estudios no aleatorizados, y
3) nivel de evidencia C: cuando hay consenso en la
opinión de los expertos. Las indicaciones para la
realización de pruebas y procedimientos se han clasificado
en 3 categorías:
-
Clase I: situaciones en las que hay evidencia y/o acuerdo general
respecto a la eficacia y utilidad de un procedimiento o tratamiento
particular.
-
Clase II: situaciones en las que la utilidad y la eficacia del
procedimiento o tratamiento tiene evidencias contradictorias o
suscita opiniones divergentes.
- Clase
IIa: la evidencia y la opinión son favorables a la utilidad
y eficacia de un tratamiento o procedimiento.
-
Clase IIb: la utilidad y la eficacia están menos
establecidas por la evidencia y la opinión.
-
Clase III: situaciones en las que hay evidencia y/o acuerdo general
respecto a que el procedimiento o tratamiento no es útil o
eficaz y que incluso puede ser perjudicial en algunos
casos.
ETIOLOGÍA Y
CLASIFICACIÓN DE LAS ENFERMEDADES DEL PERICARDIO
El espectro de
las enfermedades del pericardio engloba alteraciones
congénitas, pericarditis (seca, efusiva, efusivoconstrictiva
y constrictiva), neoplasias y quistes. La clasificación
etiológica comprende: pericarditis infecciosas, pericarditis
en el contexto de las enfermedades autoinmunes, procesos
autoinmunes (autoinmunidad tipo 2), síndrome postinfarto de
miocardio y pericarditis autorreactivas (crónicas) (tabla
1)1-3.


SÍNDROMES
PERICÁRDICOS
Defectos
congénitos del pericardio
Entre los
defectos congénitos del pericardio (1/10.000 autopsias) se
incluyen la ausencia de pericardio izquierdo (70%) o derecho (17%),
o la más infrecuente ausencia total del pericardio. En el
30% de los casos se observan alteraciones congénitas
adicionales4. La mayoría de los pacientes con
ausencia total de pericardio están asintomáticos. El
desplazamiento homolateral del corazón hacia la zona del
defecto y el aumento de la movilidad hacia esa zona incrementan el
riesgo de una disección de aorta
traumática5. El defecto parcial del pericardio
del lado izquierdo se puede complicar con la presencia de
herniación y extrangulación del corazón a
través del defecto (dolor torácico, sensación
de falta de aire, síncope o muerte súbita). La
pericardioplastia quirúrgica (pericardio bovino,
Dacrón o Gore-tex) está indicada ante la posibilidad
de un estrangulamiento inminente6.
Pericarditis
aguda
La pericarditis
aguda puede ser seca, fibrinosa o efusiva, independientemente de su
etiología. El algoritmo de diagnóstico se puede
deducir de lo expuesto en la tabla 28-18.
Pródromos con fiebre, mal estado general y mialgia son
comunes, pero en los pacientes ancianos puede no aparecer la
fiebre. Los síntomas principales son la presencia de dolor
retroesternal o localizado en el hemitórax izquierdo en la
zona precordial (con irradiación hacia el borde del
trapecio; puede ser de características pleuríticas o
simular una isquemia y variar con la postura) y la sensación
de falta de aire. El roce pericárdico puede ser
transitorio, monofásico, bifásico o trifásico.
Puede haber derrame pleural. En general, la frecuencia
cardíaca es rápida y regular. La alternancia
eléctrica y el bajo voltaje son reversibles tras el drenaje
del derrame pericárdico19. La
ecocardiografía aporta datos esenciales para la
detección del derrame y la afección concomitante del
corazón o los órganos
paracardíacos11,12. La perimiocarditis se refleja
por la presencia de una afección global o segmentaria
cardíaca, elevación de las troponinas T e I y de la
isoenzima MB de la creatincinasa (CK-MB), la mioglobina y el factor
de necrosis tumoral. La auscultación de un nuevo R3, una
elevación convexa del segmento ST, la fijación de
anticuerpos antimiosina marcados con 111In y los cambios
estructurales visibles en la resonancia magnética (RM) son
datos de sospecha, pero sólo la biopsia
endomiocárdica o epimiocárdica es
diagnóstica7,8.

TABLA 2.
Pruebas
diagnósticas y secuencia de realización en la
pericarditis aguda (nivel de evidencia B para todos los
procedimientos)
La
hospitalización está justificada para realizar un
diagnóstico etiológico, descartar la presencia o la
evolución hacia taponamiento y para valorar el efecto del
tratamiento. Los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) son el
pilar del tratamiento (nivel de evidencia B, clase I). La
indometacina se debe evitar en los pacientes ancianos, ya que
produce reducción del flujo coronario. El ibuprofeno se
prefiere, porque tiene menos efectos secundarios, por su efecto
favorable sobre las arterias coronarias y por el mayor rango de
dosis7. Inicialmente se pueden utilizar dosis de 300-800
mg cada 6-8 h, según la severidad de la afección y la
respuesta del paciente, y se pueden mantener durante días o
semanas o, idealmente, hasta que haya desaparecido el derrame. Se
debe utilizar protección gástrica. La colchicina (0,5
mg/12 h), bien como monoterapia o asociada a los AINE, es eficaz
para la terminación del ataque agudo y la prevención
de recidivas (nivel de evidencia B, indicación clase
IIa)20. Es bien tolerada y tiene menos efectos
secundarios que los AINE. Los corticoides deben restringirse a las
enfermedades del tejido conectivo y a las pericarditis
urémicas o autorreactivas. La aplicación
intrapericárdica es muy efectiva y evita los efectos
secundarios sistémicos (nivel de evidencia B,
indicación clase IIa)2. Para hacer posible la
reducción escalonada de los corticoides, el ibuprofeno y la
colchicina deben iniciarse precozmente20. Las
indicaciones para la pericardiocentesis aparecen en el
cuadro 17,21-30. Se debe realizar el seguimiento de los
pacientes que se han recuperado, ya que hay riesgo de recurrencias
o de aparición de constricción.
CUADRO 1. Pericardiocentesis
La pericardiocentesis es un procedimiento que salva
vidas en el caso de que nos encontremos en el contexto de un
taponamiento cardíaco (nivel de evidencia B,
indicación clase I) y está indicado en presencia de
derrames > 20 mm en el ecocardiograma (medidos en la
diástole)23, pero también en derrames
más pequeños en los que se requiera un
diagnóstico etiológico (análisis del
líquido y del tejido pericárdico, pericardioscopia y
biopsia pericárdica y epicárdica) (nivel de evidencia
B, indicación clase IIa)2,8,15,16. La
disección de la aorta es una contraindicación
absoluta22. Entre las contraindicaciones relativas se
incluyen la presencia de coagulopatía no corregida,
anticoagulación, trombocitopenia < 50.000/μl, derrames
pequeños, loculados o de localización posterior. En
el hemopericardio traumático y en la pericarditis purulenta
es preferible realizar un drenaje
quirúrgico7.
La pericardiocentesis guiada por fluoroscopia se
realiza en el laboratorio de hemodinámica con
monitorización electrocardiográfica. La
monitorización electrocardiográfica directa con aguja
no ofrece una protección adecuada. La monitorización
hemodinámica mediante cateterismo derecho se puede realizar
simultáneamente, lo cual permite descartar la presencia de
constricción. Es prudente realizar evacuaciones en
fracciones < 1 l para evitar la dilatación del
ventrículo derecho24. El abordaje subxifoideo ha
sido el utilizado con más frecuencia, con una aguja larga
con una funda (Tuohy o de pared fina del calibre 18), dirigida
hacia el hombro izquierdo con un ángulo de 30° con la
piel. Esta vía es extrapleural y evita las arterias
coronarias, pericárdicas y mamarias internas. Se debe
realizar intentos de aspiración intermitentes del derrame e
inyectar pequeñas cantidades de contraste. Si se aspira
líquido hemorrágico de forma libre se deben inyectar
unos pocos mililitros de contraste con guía
fluoroscópica (el depósito lento en la zona inferior
es indicativo de que la aguja está bien localizada).
Posteriormente se introduce una guía blanda en
«J», que es intercambiada, previa dilatación,
por un catéter pigtail multiperforado. Es fundamental
comprobar la posición de la guía en al menos 2
proyecciones angiográficas antes de proceder con el
dilatador y la inserción del catéter de
drenaje.
La guía ecocardiográfica para la
pericardiocentesis es más sencilla técnicamente y
puede ser realizado a la cabecera del paciente13. Se
debe identificar la vía de acceso intercostal más
corta (normalmente en el sexto o el séptimo espacio
intercostal en la línea axilar anterior). Se debe mantener
el drenaje hasta que la aspiración pericárdica
intermitente (cada 4-6 h) sea menor de 25
ml/día25. La probabilidad de que el abordaje sea
realizado con éxito es de un 93% cuando el derrame es
anterior y de 10 mm, mientras que se reduce al 58% si el derrame es
pequeño y su localización, posterior. La
monitorización con hemodinámica y fluoroscopia eleva
esta tasa (93,1 frente al 73,3%) en comparación con el
drenaje urgente sin control de imagen26. El abordaje
tangencial mediante la apariencia del halo pericárdico en la
proyección lateral27 incrementó
significativamente el éxito en pacientes con derrames
pequeños (200-300 ml) (92,6 frente a 84,9%) y en los
derrames muy pequeños (< 200 ml) (89,3 frente a 76,7%) de
localización posterior. La pericardiocentesis con
guía ecocardiográfica se pudo realizar en el 96% de
los casos con derrames pericárdicos loculados28.
La pericardiocentesis de rescate guiada por ecocardiografía
mejoró la situación de taponamiento secundaria a
perforación cardíaca en el 99% de 88 pacientes y fue
el tratamiento definitivo en el 82% de
ellos29.
La complicación más grave de la
pericardiocentesis es la laceración o perforación del
miocardio o de las arterias coronarias. Además, los
pacientes pueden presentar embolia gaseosa, neumotórax,
arritmias (generalmente bradicardia vasovagal) y punción de
la cavidad peritoneal o de las vísceras
abdominales26. Las fístulas de la arteria mamaria
interna, el edema agudo de pulmón y las pericarditis
purulentas son muy infrecuentes. La seguridad es mayor con el apoyo
de la fluoroscopia o de ecocardiografía. En amplias series
ecocardiográficas recientes se han comunicado unas
incidencias de complicaciones mayores del
1,3-1,6%13,25,28,29. En la pericardiocentesis guiada por
fluoroscopia30 se produjo perforación
cardíaca en el 0,9% de los casos, arritmias graves en el
0,6%, sangrado arterial en el 1,1%, neumotórax en el 0,6%,
infección en el 0,3% y reacciones vagales graves en el 0,3%.
La incidencia de complicaciones importantes se redujo con la
utilización del fenómeno del halo pericárdico
con guía fluoroscópica27.
Pericarditis
crónica
La pericarditis
crónica (> 3 meses) incluye las formas efusivas
(inflamatorias o hidropericardio en la insuficiencia
cardíaca), adhesiva y constrictiva7. Los
síntomas son generalmente leves (dolor torácico,
palpitaciones, fatiga) y están relacionados con el grado de
compresión cardíaca y de inflamación del
pericardio. El algoritmo de diagnóstico es similar al de la
pericarditis aguda (tabla 2). La detección de causas
curables (p. ej., tuberculosis, toxoplasmosis, mixedema,
enfermedades autoinmunes y sistémicas) permite realizar con
éxito un tratamiento específico. El tratamiento
sintomático y las indicaciones de pericardiocentesis son los
mismos que los comentados en el caso de la pericarditis aguda. Para
las recurrencias frecuentes y sintomáticas se debe
considerar la posibilidad de una pericardiotomía con
balón o una pericardiectomía (nivel de evidencia B,
indicación clase IIb)23,31.
Pericarditis
recurrente
El
término pericarditis recurrente engloba: a) la forma
intermitente (en la que hay períodos sin síntomas en
ausencia de tratamiento), y b) la forma incesante (en la que
el cese de la terapia se sigue de una recaída segura). El
derrame pericárdico masivo, el taponamiento franco o la
constricción son raras. La evidencia de un proceso
autoinmune incluye: a) un período de latencia
prolongado, de meses; b) la presencia de anticuerpos
anticardíacos, y c) la rápida respuesta a los
corticoides y la similitud con la pericarditis recurrente que
acompaña a otras enfermedades autoinmunes (lupus, enfermedad
del suero, poliserositis, síndrome
pospericardiotomía/postinfarto, enfermedad celíaca,
dermatitis herpetiforme, artralgias frecuentes, eosinofilia,
reacción alérgica a fármacos e historia de
alergia). También se ha descrito posibles alteraciones
genéticas subyacentes, como la herencia autosómica
dominante con penetrancia incompleta32 y la herencia
ligada al sexo (pericarditis recurrente asociada a
hipertensión ocular)33.
El tratamiento
sintomático se basa en la restricción de ejercicio y
el uso de las pautas que se han descrito para la pericarditis
aguda. La colchicina ha mostrado su eficacia cuando los AINE y los
corticoides no previenen las recidivas20,34,35. Durante
1.004 meses de tratamiento con colchicina sólo se observaron
recurrencias en el 13,7% de los pacientes20. Durante
2.333 meses de seguimiento, el 60,7% de los pacientes se
mantuvieron sin recaídas. La dosis recomendada es de 2
mg/día durante 2 días seguida de 1 mg/día
(nivel de evidencia B, indicación clase I). Los
corticoides deben ser usados en pacientes con mal estado
general o crisis frecuentes7 (nivel de evidencia C,
indicación clase IIa). Un error común es usar dosis
demasiado bajas o reducirlas con excesiva rapidez. La pauta
recomendada es la siguiente: prednisona 1-1,5 mg/día durante
al menos 1 mes. Si los pacientes no responden adecuadamente, se
debe añadir azatioprina (75-100 mg/día) o
ciclofosfamida36. Los corticoides se deben reducir
progresivamente en un período de 3 meses. Si los
síntomas recurren, se debe volver a la dosis mínima
con la que se controlaron, mantenerla durante 2-3 semanas y
comenzar de nuevo con el descenso gradual. Se recomienda iniciar el
tratamiento con colchicina o AINE cuando la reducción
gradual de los corticoides esté cercana a su fin. El nuevo
tratamiento debe continuarse al menos durante 3 meses. La
pericardiectomía se indica sólo si las recurrencias
son frecuentes, muy sintomáticas y resistentes al
tratamiento médico (nivel de evidencia B, indicación
clase IIa)37. Antes de la pericardiectomía, el
paciente debe mantenerse sin corticoides durante varias semanas.
Puede haber recurrencias posteriores a la pericardiectomía,
posiblemente debidas a una resección incompleta del
pericardio.
Derrame
pericárdico y taponamiento cardíaco
El derrame
pericárdico puede aparecer como un trasudado
(hidropericardio), un exudado, un piopericardio o un
hemopericardio. Los derrames severos son frecuentes en las
pericarditis neoplásicas, tuberculosas, por colesterol,
urémicas, en el mixedema y en las
parasitosis38.
Los derrames que
se producen con lentitud pueden ser llamativamente
asintomáticos, mientras que los que se desarrollan con
rapidez pueden producir taponamiento con cantidades
pequeñas. Los derrames loculados son más
comunes cuando hay una cicatriz (posquirúrgica, traumatismo
o pericarditis purulenta). El derrame pericárdico masivo
crónico es poco frecuente (2-3% de todos los derrames
severos)39. El taponamiento cardíaco es la
fase de descompensación de la compresión
cardíaca producida por la acumulación de
líquido en el pericardio y el consiguiente aumento de la
presión intrapericárdica. En el taponamiento
«quirúrgico», el incremento de presión se
instaura de forma rápida en minutos u horas (p. ej., en la
hemorragia), mientras que en el caso de los taponamientos
«médicos» se desarrolla un proceso inflamatorio
de baja intensidad durante días o semanas antes de que se
produzca el cuadro. Los ruidos cardíacos se oyen distantes.
Los pacientes pueden presentar ortopnea, tos y disfagia,
ocasionalmente con episodios de pérdida de conciencia. El
taponamiento de instauración lenta puede presentarse con
signos de sus complicaciones (insuficiencia renal, plétora
abdominal, fallo hepático o isquemia mesentérica). En
el 60% de los casos, la causa del derrame pericárdico es una
afección médica conocida40. El
taponamiento que no se presenta con 2 o más signos
inflamatorios (dolor típico, roce, fiebre, elevación
difusa del segmento ST) se asocia generalmente con un derrame
maligno (odds ratio [OR] = 2,9). El electrocardiograma (ECG)
puede mostrar un bajo voltaje de los complejos QRS y de las ondas
T, un descenso del segmento PR, alteraciones del segmento ST-T,
bloqueo de rama y alternancia eléctrica (muy rara en
ausencia de taponamiento)7. En la radiografía de
tórax, los derrames severos producen imágenes de
cardiomegalia globular con bordes nítidos (silueta en forma
de botella de agua)12. En las radiografías de
tórax en proyección lateral bien penetradas o en las
secuencias de cine, el derrame es sugerido por la presencia de
líneas transparentes dentro de la silueta
cardiopericárdica (halo
epicárdico)12,41,42. Éste es un signo
útil para la pericardiocentesis guiada por
fluoroscopia27. La separación de las hojas del
pericardio se puede detectar con ecocardiografía cuando el
líquido supera los 15-35 ml (fig.
1)43.
El tamaño
del derrame puede ser clasificado como: a) pequeño
(espacio libre de ecos en diástole < 10 mm); b)
moderado (10-20 mm); c) severo (≥ 20 mm), o d) muy
severo (≥ 20 mm y compresión cardíaca). En el eje
paraesternal largo, el derrame pericárdico se refleja en el
surco auriculoventricular posterior, mientras que el derrame
pleural continúa por debajo de la aurícula izquierda,
posterior a la aorta ascendente. En los derrames
pericárdicos severos, el corazón puede moverse
libremente dentro de la cavidad pericárdica (swinging
heart) e inducir un seudoprolapso y un seudomovimiento anterior
sistólico de la válvula mitral, un movimiento
paradójico del septo interventricular y un cierre en
mesosístole de la válvula
aórtica44. Los derrames pericárdicos
importantes generalmente se asocian con enfermedades más
severas7. En pacientes en los que se ha realizado
radioterapia se pueden encontrar bandas intrapericárdicas
junto con engrosamiento del pericardio visceral o
parietal45.
Es menos
habitual encontrar masas, a veces en forma de coliflor, en las
cercanías o dentro de la cavidad
pericárdica46, y pueden incluso simular
taponamiento47. Otras situaciones de especial dificultad
en el diagnóstico son: derrames pericárdicos
pequeños loculados48,49, hematomas, quistes,
hernia de Morgagni, hernia de hiato, lipodistrofia con grasa
paracardial, vena pulmonar inferior izquierda, derrame pleural
izquierdo, calcificación del anillo mitral, aurícula
izquierda gigante, grasa epicárdica (se diferencia mejor en
la tomografía computarizada [TC]) y seudoaneurisma
ventricular izquierdo46. Cuando se produce un sangrado
en el pericardio y evoluciona a trombosis, las típicas
áreas ecolucentes desaparecen, por lo que el taponamiento
puede pasar desapercibido. La ecocardiografía
transesofágica es particularmente útil en esta
situación58, así como en el
diagnóstico de las metástasis y el engrosamiento
pericárdico59. La TC, las modalidades de cine-RM
y spin-eco-RM pueden ser utilizadas para comprobar el
tamaño y la extensión de los derrames simples o
complejos51. Los derrames medidos por TC o RM tienden a
ser mayores que en la medición
ecocardiográfica24,60. Hasta un tercio de los
pacientes con derrames pericárdicos severos
asintomáticos desarrollan taponamiento cardíaco de
forma inesperada23. Los desencadenantes del taponamiento
incluyen la hipovolemia, las taquiarritmias y los episodios de
pericarditis intercurrente. Los criterios de diagnóstico se
resumen en la tabla 352-60 y en el cuadro 261,
62.

Fig. 1.
Clasificación de
Horowitz para los derrames pericárdicos43. Tipo
A: sin derrame. Tipo B: separación del pericardio y del
epicardio (3-16 ml). Tipo C1: Separación de
pericardio y de epicardio sistólico y diastólico
(derrames pequeños > 16 ml). Tipo C2:
separación diastólica y sistólica con
disminución de la movilidad del pericardio. Tipo D:
separación pronunciada del epicardio y del pericardio con
espacio grande libre de ecos. Tipo E: engrosamiento del pericardio
(> 4 mm). ©American Heart
Association.

CUADRO 2. Determinación del pulso
paradójico
El pulso paradójico se define como el
descenso de la presión arterial sistólica (PAS) >
10 mmHg durante la inspiración, mientras que la
presión arterial diastólica (PAD) permanece sin
cambios. Es fácilmente detectable con la palpación
del pulso61,62. Durante la inspiración, el pulso
puede desaparecer o su volumen disminuir de forma significativa.
Clínicamente, el pulso paradójico se aprecia cuando
el paciente está respirando con normalidad. Cuando
está presente sólo con la inspiración profunda
debe ser interpretado con precaución. Si el pulso
paradójico está presente, el primer ruido de
Korotkoff se oye sólo durante la expiración. El
manguito se infla entonces por encima de esa PAS; durante el
deshinchado, el primer ruido se oye de forma intermitente. La
correlación con el ciclo respiratorio del paciente
identifica un punto en el que el ruido es sólo audible en la
expiración, pero desaparece durante la inspiración. A
medida que vamos desinflando, se alcanza otro punto en el que el
primer ruido se oye en todo el ciclo. La diferencia medida entre
estos 2 puntos es el pulso paradójico.
La
pericardiocentesis no es necesaria cuando el diagnóstico
puede realizarse de otra manera, el derrame es pequeño o se
resuelve con tratamiento antiinflamatorio. El compromiso
hemodinámico y el taponamiento cardíaco son
indicaciones absolutas para el drenaje (cuadro 1). Los pacientes
deshidratados y con hipovolemia pueden mejorar temporalmión
de líquidos intravenosos. Siempre que sea posible, el
tratamiento debe dirigirse hacia la etiología subyacente.
Incluso en los derrames idiopáticos, el drenaje
pericárdico prolongado (3 ± 2 días; rango,
1-13 días) con catéter se asoció con una menor
tasa de recurrencias (6 frente a 23%) que en aquellos en los que no
se realizó este procedimiento durante un seguimiento m
años25. Los procesos neoplásicos
resistentes requieren tratamiento
intrapericárdico63, pericardiotomía
percutánea con balón31 o, raras veces,
pericardiectomía. El abordaje quirúrgico se
recomienda sólo en los pacientes con derrames
crónicos muy severos en los que las pericardiocentesis
repetidas y/o los tratamientos intrapericárdicos no sean
exitosos64.
Pericarditis
constrictiva
La pericarditis
constrictiva es una entidad rara pero severamente incapacitante que
se produce como consecuencia de la inflamación
crónica del pericardio, lo que ocasiona una
alteración del llenado de los ventrículos y una
reducción de su función. Hasta hace poco tiempo, el
engrosamiento del pericardio se había considerado un aspecto
esencial para el diagnóstico. Sin embargo, en las amplias
series quirúrgicas de la Clínica Mayo, la
constricción se produjo en presencia de pericardios no
engrosados en el 18% de los pacientes65. La
tuberculosis, la radioterapia del mediastino y la cirugía
cardíaca previa son causas frecuentes de esta enfermedad,
que puede presentarse con diversas manifestaciones
anatomopatológicas66 (fig. 2). La pericarditis
constrictiva puede desarrollarse, aunque infrecuentemente, en la
capa epicárdica de forma aislada en pacientes en los que con
anterioridad se ha realizado una pericardiectomía del
pericardio parietal67. La pericarditis constrictiva
transitoria es una entidad poco frecuente pero importante, ya que
la pericardiectomía no está indicada68.
Los pacientes se quejan de fatiga, edema periférico, disnea
y tensión abdominal, que puede ser agravada por la presencia
de una enteropatía pierde-proteínas. Es
característico que los síntomas se inicien con un
gran retraso tras la inflamación pericárdica inicial.
En los pacientes descompensados puede haber congestión
venosa, hepatomegalia, derrame pleural y ascitis. La
afección hemodinámica se puede ver agravada por el
desarrollo de disfunción sistólica por atrofia o
fibrosis del miocardio. Los parámetros clínicos,
ecocardiográficos y hemodinámicos se recogen en la
tabla 450,65,66,69-71. El diagnóstico diferencial
incluye la dilatación aguda del corazón, la
tromboembolia pulmonar, el infarto de ventrículo derecho, el
derrame pleural, las enfermedades obstructivas crónicas
pulmonares72 y la miocardiopatía restrictiva. La
mejor manera de distinguir la pericarditis constrictiva de la
miocardiopatía restrictiva es el análisis de las
variaciones respiratorias, con o sin cambios de la precarga,
estudiados con Doppler o Doppler tisular73, pero la
exploración física, el ECG, la radiografía de
tórax, la TC y la RM, la hemodinámica y la biopsia
endomiocárdica también pueden aportar datos
importantes7.

Fig. 2. Formas anatomopatológicas de la
pericarditis constrictiva frente a la miocardiopatía
restrictiva. (a) Forma anular de pericarditis constrictiva con
constricción bilateral a lo largo de los surcos
auriculo-ventriculares con configuración normal de los
ventrículos y agrandamiento de las aurículas. (b)
Forma izquierda de pericarditis constrictiva con engrosamiento del
pericardio a lo largo del ventrículo izquierdo e
inclinación hacia la derecha del septo interventricular con
configuración en forma de tubo del ventrículo
izquierdo y dilatación de ambas aurículas
(está indicada la esternotomía lateral y la
pericardiectomía parcial). (c) Forma derecha de pericarditis
constrictiva con engrosamiento del pericardio a lo largo del
ventrículo derecho con el septo inclinado hacia la izquierda
con configuración en forma de tubo del ventrículo
derecho y dilatación de ambas aurículas (está
indicada la esternotomía media con pericardiectomia
parcial). (d) Atrofia miocárdica y forma de pericarditis
constrictiva global con engrosamiento del pericardio de ambos
ventrículos separados de la pared miocárdica del
ventrículo derecho por una fina capa de grasa
subepicárdica. Conformación en forma de tubo de ambos
ventrículos y dilatación de ambas aurículas.
Sin embargo, el adelgazamiento de la pared lateral y posterior del
ventrículo izquierdo y del septo, por debajo de 1 cm,
sugiere una atrofia miocárdica (la pericardiectomía
está contraindicada). (e) Fibrosis perimiocárdica y
forma global de pericarditis constrictiva con engrosamiento del
pericardio a lo largo de ambos ventrículos; sin embargo, el
pericardio engrosado del ventrículo derecho no se puede
separar de la pared miocárdica, lo que sugiere fibrosis
perimiocárdica (la pericardiectomía está
contraindicada). (f) Forma global de pericarditis constrictiva con
engrosamiento del pericardio a lo largo de ambos ventrículos
separados de la pared del ventrículo derecho por una fina
capa de grasa pericárdica. Conformación en tubo de
ambos ventrículos con dilatación de ambas
aurículas (está indicada la esternotomía media
con pericardiectomía). (g) Miocardiopatía restrictiva
con pericardio normal a lo largo de ambos ventrículos y
dilatación de las aurículas.

La
pericardiectomía es el único tratamiento para la
constricción permanente. Las indicaciones se basan en la
sintomatología, los hallazgos en el ecocardiograma, la TC/RM
y el cateterismo cardíaco. Hay 2 técnicas habituales
y ambas intentan resecar al máximo posible el pericardio
enfermo74-77: a) la toracotomía
anterolateral (en el quinto espacio intercostal), y b)
la esternotomía media (con un rápido acceso a
la aorta y la aurícula derecha para la circulación
extracorpórea). No se recomienda el uso inicial de
bypass cardiopulmonar (sangrado difuso en relación con
el uso de heparina sistémica). Si hay adherencias
calcificadas entre el pericardio y el epicardio o una
afección global del epicardio (corazón de porcelana),
la cirugía conlleva un mayor riesgo de éxito parcial
o daño miocárdico severo. Una alternativa en estos
casos es hacer un «afeitado con láser» mediante
láser excimer75. Las áreas más
calcificadas o adheridas pueden ser respetadas y quedar como
islotes con la intención de evitar un sangrado importante.
La pericardiectomía para la pericarditis constrictiva tiene
una mortalidad del 6-12%75,77. La normalización
completa de la hemodinámica se describe sólo en el
60% de los casos74,76. El tiempo de deceleración
(TD) puede permanecer prolongado78 y las variaciones
respiratorias del flujo mitral y tricuspídeo se mantienen en
el 9-25% de los pacientes76,79. La fracción de
eyección del ventrículo izquierdo puede incrementarse
debido a un mejor llenado diastólico76,78. Las
complicaciones mayores de la cirugía incluyen la
insuficiencia cardíaca aguda perioperatoria y la rotura de
la pared del ventrículo80. La mortalidad
cardíaca y la morbilidad en la pericardiectomía
están relacionadas sobre todo con la presencia de fibrosis o
atrofia miocárdica inadvertida prequirúrgicamente
(fig. 2)66. La exclusión de los pacientes que
presentan fibrosis y/o atrofia difusa reduce la mortalidad de la
pericardiectomía a un 5%80. La situación
de bajo gasto cardíaco postoperatorio debe tratarse con
aporte de líquidos y catecolaminas, dosis altas de digital y
balón intraaórtico de contrapulsación en los
casos más graves. Si se hace una indicación precoz de
pericardiectomía, la supervivencia de los pacientes es igual
a la de la población general75,76. Sin embargo,
si los síntomas graves estuvieron presentes durante un
tiempo prolongado antes de la cirugía, incluso una
pericardiectomía completa puede no conseguir una
restitución total.
Quistes
pericárdicos
Los quistes
congénitos de pericardio son poco frecuentes; pueden ser
uniloculares o multiloculares, con un diámetro de 1-5
cm81. Entre los quistes inflamatorios se
encuentran los seudoquistes y los derrames encapsulados y
loculados, producidos por pericarditis reumática,
infecciones bacterianas, particularmente en la tuberculosis,
traumatismo y cirugía cardíaca. Los quistes
equinocócicos se originan normalmente por la rotura de
quistes hidatídicos hepáticos y pulmonares. La
mayoría de los pacientes están asintomáticos y
el diagnóstico se realiza accidentalmente en una
radiografía de tórax, en la que aparecen como una
lesión oval, homogénea y radiopaca, en general en el
ángulo cardiofrénico derecho82.
Sin embargo, el
paciente también puede presentar dolor torácico,
disnea, tos o palpitaciones debido a la compresión del
corazón. La ecocardiografía es útil, pero con
frecuencia es necesario realizar otras pruebas de imagen, como la
TC (lecturas de densidad) o la RM83. El tratamiento para
los quistes congénitos o inflamatorios es la
aspiración percutánea y la esclerosis con
etanol84,85. Si no es posible, puede ser necesaria la
toracotomía con videoscopia o la resección
quirúrgica. No se recomienda la escisión
quirúrgica de los quistes equinocócicos. La
aspiración percutánea, la instilación de
etanol y el nitrato de plata después de tratamiento con
albendazol (800 mg/día durante 4 semanas) son seguros y
efectivos85.
FORMAS ESPECÍFICAS
DE PERICARDITIS
Pericarditis
viral
La pericarditis
viral es la infección más frecuente del pericardio.
Las alteraciones inflamatorias se producen por la agresión
directa del virus, por la respuesta inmunológica o por
ambas3,86. La replicación temprana del virus en
el pericardio y en el tejido epimiocárdico genera una
respuesta inmunitaria humoral y celular contra el virus y/o el
tejido cardíaco. Los fragmentos del genoma viral no tienen
por qué replicarse, sino que pueden constituir una fuente de
antígenos que estimulan la respuesta inflamatoria. Se pueden
encontrar depósitos de IgM, IgG y ocasionalmente IgA durante
muchos años86. Varios virus pueden producir
pericarditis (Enterovirus, Echovirus, Adenovirus, Citomegalovirus,
virus de Epstein-Barr, virus del herpes simple, virus de la
influenza, parvovirus B19, virus de la hepatitis C, virus de la
inmunodeficiencia humana [VIH], etc.). Las infecciones
epidémicas estacionales de Coxsackie A + B y Echovirus se
siguen de ataques de pericarditis por enterovirus87. La
pericarditis por citomegalovirus se produce con más
frecuencia en pacientes inmunodeprimidos y en infectados por el
VIH88. La mononucleosis puede presentarse también
como pericarditis. El diagnóstico de pericarditis viral no
es posible sin el análisis del tejido o del líquido
pericárdico, preferiblemente por reacción en cadena
de la polimerasa (PCR) o hibridación in situ (nivel
de evidencia B, indicación clase IIa) (cuadros 3 y 4). Un
incremento de 4 veces en la cifra de anticuerpos sugiere, aunque no
diagnostica, una pericarditis viral (nivel de evidencia B,
indicación clase IIb).
El tratamiento
de la pericarditis viral se dirige a aliviar los síntomas
(véase el apartado Pericarditis aguda), prevenir las
complicaciones y erradicar los virus. En los pacientes con derrame
pericárdico sintomático crónico o recurrente y
confirmación de infección viral, se puede intentar
uno de los siguientes tratamientos específicos actualmente
en investigación: a) pericarditis por
citomegalovirus: hiperinmunoglobulina 4 ml/kg 1 vez al día
durante los días 0, 4 y 8, y 2 ml/kg en los días 12 y
16; b) pericarditis por Coxsackie B: interferón (IFN)
alfa o beta, 2,5 Mio. de UI/m² de superficie corporal 3 veces
por semana, y c) miopericarditis por adenovirus y parvovirus
B19: tratamiento con inmunoglobulina con 10 g intravenosos en los
días 1 y 3 infundidos en 6-8 h113.
La
manifestación pericárdica de la infección
por el VIH puede originarse mediante mecanismos infecciosos, no
infecciosos y neoplásicos (sarcoma de Kaposi y/o linfoma).
La (mio)pericarditis infecciosa se produce por afección por
el propio VIH, otros virus (citomegalovirus, herpes simple),
bacterias (Staphylococcus aureus, Klebsiella pneumoniae,
Mycobacterium avium y Mycobacterium tuberculosis) e
infecciones fúngicas concomitantes (Cryptococcus
neoformans)114. Se puede detectar hasta un
40%115 de derrames pericárdicos mediante
ecocardiografía a medida que avanza la enfermedad. El
taponamiento cardíaco es infrecuente. Durante el tratamiento
con compuestos antirretrovirales se puede desarrollar lipodistrofia
(que se demuestra mejor con RM) con un intenso depósito
paracardíaco de grasa que produce fallo cardíaco. El
tratamiento es sintomático, mientras que se requiere una
pericardiocentesis en caso de taponamiento cardíaco o
derrames severos. Se contraindica el uso de corticoides salvo en el
caso de la pericarditis tuberculosa, donde se administran como
tratamiento coadyuvante al tuberculostático (nivel de
evidencia A, indicación de clase
I)117.
Pericarditis
bacteriana
La pericarditis
purulenta es infrecuente en adultos (tabla 5), pero siempre mortal
si no se trata118-121. La mortalidad en los pacientes
tratados es del 40% debido en su mayor parte a taponamiento
cardíaco, toxicidad y constricción. Generalmente es
una complicación de una infección de otra
localización que se extiende desde los tejidos contiguos o
por diseminación hematógena131. Los
factores predisponentes son el derrame pericárdico, la
inmunodepresión, la enfermedades crónicas (consumo
excesivo de alcohol, artritis reumatoide, etc.), la cirugía
cardíaca y los traumatismos torácicos. El cuadro se
presenta como una infección aguda y fulminante de corta
duración. La pericardiocentesis debe realizarse con
prontitud. El líquido así obtenido debe ser analizado
de forma urgente, realizándose tinciones de Gram,
ácido-alcohol resistente y para hongos, seguido de cultivos
del líquido pericárdico y de otros fluidos corporales
(nivel de evidencia B, indicación de clase I). Es
obligatorio hacer lavados de la cavidad pericárdica e
iniciar antibioterapia de amplio espectro
(antiestafilocócicos y aminoglucósidos seguidos de
terapia guiada por los resultados obtenidos en los cultivos del
derrame pericárdico y la sangre)119. La
instilación intrapericárdica de antibióticos
(p. ej., gentamicina) es útil pero no suficiente. Las
irrigaciones frecuentes de la cavidad pericárdica con
estreptocinasa y urocinasa mediante catéteres grandes pueden
licuar el exudado purulento120,121, pero se prefiere el
abordaje quirúrgico abierto a través de una
pericardiotomía por abordaje subxifoideo118. Se
requiere una pericardiectomía en los pacientes con
adherencias densas, derrame purulento encapsulado, recurrencia del
taponamiento, infección persistente y progresión
hacia la constricción119. La mortalidad
quirúrgica es del 8%.

Pericarditis tuberculosa
En la pasada
década, la pericarditis tuberculosa en los países
desarrollados se ha observado sobre todo en los pacientes
inmunodeprimidos (sida)123. La mortalidad en los
pacientes no tratados con pericarditis efusiva tuberculosa aguda se
aproxima al 85%. La constricción pericárdica aparece
en el 30-50% de los casos122,125. La presentación
clínica es variable: pericarditis aguda con o sin derrame,
taponamiento cardíaco silente, a menudo derrames
pericárdicos severos con un curso reincidente,
síntomas tóxicos con fiebre persistente, pericarditis
aguda constrictiva, constricción subaguda,
efusivo-constrictiva, pericarditis constrictiva crónica y
calcificaciones pericárdicas3,89. El
diagnóstico se realiza sobre la base de la
identificación de M. tuberculosis en el
líquido o el tejido pericárdico, y/o la presencia de
granulomas caseosos en el pericardio3,123. Hay que
destacar que mediante la técnica de PCR se puede establecer
el diagnóstico con rapidez mediante la identificación
del ADN de M. tuberculosis con sólo 1
μ
l de
líquido pericárdico127,128. Los niveles
altos de actividad de la adenosinadeaminasa y del IFN-γ en el
pericardio son también diagnósticos y tienen una alta
sensibilidad y especificad (cuadro 3). La pericardioscopia y la
biopsia pericárdica aumentan la precisión
diagnóstica. La biopsia pericárdica hace posible un
diagnóstico rápido con una mejor sensibilidad que la
pericardiocentesis (100 frente a 33%).
La pericarditis
en un paciente en el que se ha demostrado una infección
tuberculosa extracardíaca es altamente sugestiva de que este
mismo germen es el causante de la infección
pericárdica (se deben tomar varios cultivos de
esputos)3,126. La prueba de la tuberculina
cutánea puede ser falsamente negativa en el
25-33%122 de los casos y falsamente positiva en el
30-40% de los pacientes123. Es más preciso el
método de análisis inmunoenzimático (ELISPOT),
que detecta las células T específicas para
antígenos de M. tuberculosis132. La
miopericarditis tuberculosa se asocia a una elevación severa
de los niveles de anticuerpos antisarcolema y
antimiosina133. El rendimiento diagnóstico de la
pericardiocentesis en el caso de la pericarditis por tuberculosis
se encuentra en un rango del 30-76% según los métodos
de análisis aplicados para el análisis del derrame
pericárdico122,127. El líquido
pericárdico tiene una alta densidad, elevados valores de
proteínas y alto recuento de glóbulos blancos (desde
0,7 a 54 x 109/l)123. Se han utilizado varias
combinaciones de fármacos en pautas de diferente
duración (6, 9 y 12 meses)94,122,123,126. Sin
embargo, sólo se debería tratar a los pacientes con
pericarditis por tuberculosis muy probable o demostrada. El
tratamiento ex iuvantibus para prevenir la
constricción en los casos de derrames pericárdicos
crónicos de etiología indeterminada no ha resultado
útil134. El uso de corticoides sigue estando en
discusión126,130,135-137. Un metaanálisis
de pacientes con pericarditis tuberculosa efusiva y constrictiva
sugirió que el tratamiento tuberculostático asociado
a corticoides producía una reducción de las muertes y
una menor necesidad de pericardiocentesis o de
pericardiectomía (nivel de evidencia A, indicación de
clase IIb)126,129. Cuando se decide indicarla, la
prednisona se debe administrar en dosis relativamente altas (1-2
mg/kg/día), ya que la rifampicina induce su metabolismo
hepático7. Esta dosis se debe mantener durante
5-7 días y reducirse de forma paulatina en el transcurso de
6-8 semanas. La pericardiectomía es el tratamiento de
elección si, a pesar del tratamiento, se desarrolla
constricción (nivel de evidencia B, indicación de
clase I).
Pericarditis en la
insuficiencia renal
La insuficiencia
renal es una causa común de pericarditis y produce derrames
severos en hasta el 20% de los pacientes138. Se han
descrito 2 formas:
1.
Pericarditis urémica en el 6-10% de los pacientes con
insuficiencia renal avanzada (aguda o crónica) antes de que
la diálisis se haya iniciado o poco después de
iniciarla139. Es el resultado de la inflamación
del pericardio parietal y visceral y se correlaciona con los
valores de azotemia (BUN > 60 mg/dl).
2.
Pericarditis asociada a diálisis: hasta en el 13% de los
pacientes en hemodiálisis crónica140 y, en
ocasiones, en los que reciben diálisis peritoneal
crónica debido a una diálisis inadecuada o a
sobrecarga de volumen141.
El examen
anatomopatológico muestra zonas de adherencia entre las
membranas engrosadas del pericardio (imagen en «pan y
mantequilla»). Los síntomas pueden incluir la fiebre y
dolor torácico de características pleuríticas,
pero muchos de los pacientes permanecen asintomáticos. El
roce pericárdico puede presentarse de forma transitoria o
hacerse persistente incluso en los pacientes con derrames severos.
Debido a las alteraciones autonómicas presentes en los
pacientes con insuficiencia renal, se pueden encontrar frecuencias
cardíacas relativamente bajas (60-80 lat/min) en presencia
de taponamiento, incluso con fiebre e hipotensión. La anemia
provocada por la resistencia a la eritropoyetina142
puede agravar el cuadro clínico. El ECG no muestra las
típicas elevaciones difusas del segmento ST-T presentes en
otras pericarditis agudas, ya que en este caso hay ausencia de
inflamación miocárdica143. Si aparecen las
alteraciones típicas del segmento ST-T, se debe sospechar
una infección intercurrente.
La
mayoría de los pacientes con pericarditis urémica
responden rápidamente a la diálisis peritoneal o a la
hemodiálisis, con desaparición del dolor
torácico y del derrame pericárdico. Para evitar el
hemopericardio se debe realizar hemodiálisis sin heparina.
La hipopotasemia y la hipofosfatemia se previenen con la
utilización de suplementos en el líquido de
diálisis cuando sea necesario144. Mediante una
diálisis intensificada se puede resolver el cuadro en un
intervalo de 1-2 semanas145. La diálisis
peritoneal, que no requiere heparinización, puede ser
terapéutica en los casos de pericarditis resistente a la
hemodiálisis o si esta última no puede ser realizada
sin heparinización. Los AINE y los corticoides
sistémicos tienen un éxito limitado cuando la
diálisis es ineficaz146. El taponamiento y los
derrames crónicos severos resistentes a la diálisis
deben ser tratados mediante pericardiocentesis (nivel de evidencia
B, indicación de clase IIb). Los derrames severos
sintomáticos que no se resuelven deben ser tratados con la
instilación intrapericárdica de corticoides tras
pericardiocentesis o pericardiotomía subxifoidea
(triamcinolona hexacetónido 50 mg cada 6 h durante 2-3
días)140,147. La pericardiectomía se
indica sólo en casos refractarios en pacientes severamente
sintomáticos, dada su potencial morbimortalidad.
Después del trasplante renal, la pericarditis aparece en el
2,4% de los pacientes en el transcurso de 2 meses148.
Las causas pueden ser la uremia o la infección
(citomegalovirus).
Pericarditis
autorreactiva y afección pericárdica en las
enfermedades autoinmunes sistémicas
El
diagnóstico de pericarditis autorreactiva se establece con
el uso de los siguientes criterios2: a)
incremento del número de linfocitos y células
mononucleares > 5.000/μ
l (autorreactiva
linfocítica) o la presencia de autoanticuerpos frente al
músculo cardíaco (antisarcolema) en el líquido
pericárdico (autorreactiva mediada por anticuerpos);
b) inflamación visualizada en las biopsias
epicárdicas o endomiocárdicas con al menos 14
células/mm2; c) exclusión de una
enfermedad viral activa en al líquido pericárdico y
en las biopsias epicárdicas o endomiocárdicas (no se
aíslan virus, ausencia de IgM antivirus
cardiotrópicos en el líquido pericárdico y
resultado negativo de la PCR para los principales virus
cardiotrópicos); d) exclusión, mediante
técnicas de PCR y/o cultivos, de infección bacteriana
por M. tuberculosis, Chlamydia pneumoniae, Borrelia
burgdorferi y otros gérmenes; e) ausencia de
infiltración neoplásica en las biopsias y el
líquido pericárdico, y f) exclusión de
una afección metabólica sistémica y de uremia.
El tratamiento intrapericárdico mediante inyección de
triamcinolona es muy eficaz y los efectos adversos son muy
infrecuentes2.
La pericarditis
ocurre en enfermedades sistémicas autoinmunes: artritis
reumatoide, lupus eritematoso sistémico, esclerosis
sistémica progresiva, dermatomiositis/polimiositis,
enfermedad mixta del tejido conectivo, espondiloartropatías
seronegativas, vasculitis por hipersensibilidad y
sistémicas, enfermedad de Behçet, granulomatosis de
Wegener y sarcoidosis7. En estos casos está
indicado intensificar el tratamiento de la enfermedad de base
(nivel de evidencia B, indicación de clase I).
Síndrome posterior
a daño miocárdico: síndrome
pospericardiotomía
El
síndrome posterior a daño miocárdico se
desarrolla en un período que va desde días a meses
tras la lesión pericárdica, cardíaca o
ambas7,149. Se asemeja al síndrome postinfarto de
miocardio y parece que ambos se deben a un proceso común de
patogenia autoinmune. A diferencia del síndrome postinfarto
de miocardio, el síndrome posterior a daño
cardíaco se caracteriza por una elevación brusca y
mayor de los niveles de autoanticuerpos antisarcolema y
antifibrillas, probablemente en relación con una mayor
descarga de material antigénico149,150. El
derrame pericárdico también ocurre después del
trasplante ortotópico de corazón (21%). Es más
frecuente en los pacientes que reciben ácido aminocaproico
durante la intervención151. El taponamiento
cardíaco tras la cirugía cardíaca abierta es
más frecuente en la cirugía valvular que en la de
derivación coronaria aislada y puede estar relacionado con
el uso de anticoagulación previa a la
cirugía152. La pericarditis constrictiva puede
ocurrir también después de la cirugía. La
administración de warfarina en pacientes con derrame
pericárdico precoz tras la cirugía conlleva el mayor
riesgo, sobre todo en los casos en los que no se realiza un drenaje
pericárdico mediante pericardiocentesis153. El
tratamiento sintomático es el mismo que el de una
pericarditis aguda (AINE o colchicina durante varias semanas o
meses incluso después de la desaparición del derrame
pericárdico)154. El tratamiento a largo plazo con
corticoides orales (3-6 meses) o, preferiblemente, la
instilación intrapericárdica de triamcinolona (300
mg/m2) son opciones terapéuticas para las formas
refractarias. Las reoperaciones y la pericardiectomía son
muy infrecuentes. La posibilidad de realizar prevención
primaria del síndrome pospericardiotomía con
tratamiento esteroideo preoperatorio a corto plazo o colchicina
está siendo investigada155.
Pericarditis
postinfarto
Se pueden
distinguir 2 formas de pericarditis postinfarto: una forma temprana
(pericarditis epistenocárdica) y una forma tardía
(síndrome de Dressler)156. La pericarditis
epistenocárdica, producida por la exudación
directa, ocurre en el 5-20% de los infartos transmurales pero con
frecuencia pasa clínicamente desapercibida. El
síndrome de Dressler aparece entre 1 semana y varios
meses después del infarto, con una clínica similar a
la del síndrome posdaño cardíaco. No requiere
un infarto transmural157 y puede aparecer también
como una extensión de la pericarditis
epistenocárdica. Su incidencia es del 0,5-5% 158
y es todavía más baja en los pacientes tratados con
trombólisis (< 0,5%)159, pero es más
frecuente en los casos roduce sangrado al pericardio tras el
tratamiento antitrombótico156,160. Hay que
resaltar que los cambios en el ECG están con frecuencia
ensombrecidos por los secundarios al infarto agudo de miocardio. El
estadio I de los cambios del ECG es infrecuente y en el caso de que
ocurra, es sugestivo de un síndrome posdaño
miocárdico de inicio temprano, mientras que la ausencia de
evolución de los datos típicos del ECG en el IAM o la
«resurrección» de las ondas T previamente
invertidas sugieren con fuerza la presencia deis
postinfarto161,162.
El derrame
pericárdico > 10 mm en el contexto de una pericarditis
postinfarto se produce con más frecuencia asociado a
hemopericardio, y dos tercios de esos pacientes pueden desarrollar
taponamiento cardíaco o rotura de la pared
libre163. El tratamiento quirúrgico urgente puede
salvarles la vida. Sin embargo, si la cirugía inmediata no
está disponible o está contraindicada, la
instilación de pegamento de fibrina puede ser una
alternativa en el taponamiento
subagudo163,164.
Se requiere que
el paciente permanezca hospitalizado para mantenerlo en
observación ante la posibilidad de desarrollo de
taponamiento, para realizar un diagnóstico diferencial y
para ajustar el tratamiento. El ibuprofeno, que aumenta el flujo
coronario, es el tratamiento de elección165. La
aspirina a dosis de hasta 650 mg/4 h durante 2-5 días
también se ha utilizado con éxito. Otros agentes no
esteroideos conllevan el riesgo de producir un adelgazamiento de la
pared infartada164,166. Los corticoides pueden ser
utilizados sólo para los síntomas refractarios, pero
pueden retrasar la cicatrización de la zona infartada (nivel
de evidencia B, indicación de clase
IIa)7.
Derrame
pericárdico traumático y hemopericardio en la
disección aórtica
El daño
pericárdico directo se puede producir por accidentes o
heridas iatrogénicas7,167-170. La pérdida
de sangre, la vasoconstricción y el hemotórax, que
conducen a hipotensión severa, pueden enmascarar el pulso
paradójico170. Se debe realizar
toracotomía y reparación quirúrgica. El
taponamiento cardíaco iatrogénico sucede con
frecuencia en la valvuloplastia mitral, durante o
después de la punción transeptal, sobre todo si no
está disponible un laboratorio de cateterismo con
posibilidad de obtener imágenes biplanares y el paciente
tiene una aurícula pequeña. Mientras que la
punción transeptal es indolora, el paso de la pared libre
produce dolor torácico de inmediato. Si una estructura con
alta presión se perfora, se produce un deterioro
rápido. Sin embargo, si sólo se atraviesa la pared de
la aurícula, el inicio de los síntomas y el
taponamiento se puede retrasar hasta 4-6 h. La pericarditis de
rescate es eficaz en el 95-100% de los casos, con una mortalidad
< 1%29 (tabla 6).

La
transección de las arterias coronarias y la
producción de un taponamiento agudo o subagudo pueden
ocurrir durante la realización de intervenciones
coronarias percutáneas172,173. Un adelanto
para el tratamiento de las perforaciones coronarias es el
stent recubierto por material tipo membrana que se aplica sobre
la pared perforada177,178. La perforación
coronaria por las guías no es infrecuente y muy rara vez
produce un sangrado pericárdico significativo.
Durante la
realización de biopsias endomiocárdicas desde
el ventrículo derecho, debido a la escasa rigidez del
miocardio, el biotomo puede atravesar la pared, sobre todo cuando
no se ha abierto su pinza antes de contactar con el borde
endocárdico. La tasa de perforación que se ha
descrito oscila entre el 0,3 y el 5% y se produce taponamiento
cardíaco en menos de la mitad de los
casos180,181,194. La incidencia de derrame
pericárdico hemorrágico en la biopsia de
ventrículo izquierdo es menor (01-3,3%). Las perforaciones
francas pueden acompañarse de bradicardia e
hipotensión súbitas180. Sólo se
describieron complicaciones severas que produjeron mortalidad
relacionada con el procedimiento en un 0,05% de los casos en un
registro mundial con más de 6.000 casos181 y en
ningún paciente en un registro con 2.537 casos de un
hospital de referencia con experiencia194.
Las
perforaciones de la sonda de marcapasos del
ventrículo derecho y los electrodos epicárdicos
pueden producir pericarditis con taponamiento, adhesión o
constricción190-193. La aparición de un
bloqueo de rama derecha en vez del habitual bloqueo de rama
izquierda es una pista útil.
El
traumatismo torácico cerrado es el riesgo más
importante de un accidente de tráfico. La fuerza de
desaceleración puede conducir a una contusión del
miocardio con hemorragia intrapericárdica, rotura
cardíaca, rotura del pericardio o herniación. Se debe
realizar de forma urgente una ecocardiografía
transesofágica en la sala de urgencias o una TC lo antes
posible183. La laceración y la herniación
parcial del corazón hacia el mediastino y el espacio pleural
pueden ocurrir después de un traumatismo
torácico168.
En la
disección de la aorta ascendente se puede encontrar
derrame pericárdico en el 17-45% de los pacientes y en el
48% de los casos con autopsia (tabla 6)184. En una serie
clínica de disección de aorta se encontró
derrame pericárdico mediante TC185,
RM186 o ecocardiografía187 en el
17-33% de los pacientes con disección de tipo I, en el
18-45% de las de tipo II y en el 6% de las de tipo
III185. La pericardiocentesis está contraindicada
debido al riesgo de intensificar el sangrado y de extender la
disección188,195. La cirugía debe ser
realizada de forma inmediata (nivel de evidencia B,
indicación de tipo I).
Pericarditis
neoplásica
Los tumores
primarios del pericardio son 40 veces menos frecuentes que las
metástasis7. El mesotelioma, que es el tumor
primario más habitual, es prácticamente incurable.
Los tumores secundarios malignos más frecuentes son el de
pulmón, el de mama, el melanoma maligno, los linfomas y las
leucemias. Los derrames pueden ser pequeños o grandes, con
taponamiento inminente (frecuentes recidivas) o
constricción. Puede incluso constituir el primer signo de la
enfermedad maligna196. Los derrames malignos
pequeños son en su mayoría asintomáticos. El
inicio de la disnea, la tos, el dolor procordial, la taquicardia y
la ingurgitación yugular se observan cuando el derrame
supera los 500 ml. El pulso paradójico, la
hipotensión y el shock cardiogénico y el movimiento
paradójico del pulso venoso son signos importantes de
taponamiento. El diagnóstico se basa en la
confirmación de infiltración neoplásica en el
pericardio. Hay que resaltar que en casi dos tercios de los
pacientes con enfermedades malignas, el derrame pericárdico
es producido por entidades no malignas, como por ejemplo la
radiación o las enfermedades oportunistas102,103.
La radiografía de tórax, la TC y la RM pueden revelar
la presencia de un ensanchamiento del mediastino, masas hiliares y
derrame pleural. El análisis del líquido
pericárdico y las biopsias del pericardio o del epicardio
son fundamentales para llegar a la confirmación de la
enfermedad maligna del pericardio (nivel de evidencia B,
indicación de clase I) (cuadros 3 y 4).
CUADRO 3. Análisis del derrame
pericárdico
El análisis del líquido
pericárdico puede establecer el diagnóstico de
pericarditis viral, bacteriana, tuberculosa, fúngica, por
colesterol y maligna7. Se debe solicitar de acuerdo con
la presentación clínica. La citología y los
marcadores tumorales (antígeno carcinoembrionario [CEA],
alfafetoproteína [AFP], antígenos de hidratos de
carbono CA-125, CA-72-4, CA-15-3, CA-19-9, CD-30, CD-25, etc.) se
deben valorar si hay sospecha de enfermedad maligna. Ante la
sospecha de tuberculosis se debe realizar una tinción
ácido-alcohol resistente, un cultivo de Mycobacterium o el
método radiométrico de detección de
crecimiento (BACTEC-460), así como la determinación
de adenosindeaminasa (ADA), interferón (IFN) gamma, lisozima
pericárdica y análisis con técnica de PCR
(nivel de evidencia B, indicación clase
I)11,89-100. La diferenciación entre el derrame
tuberculoso y el neoplásico es virtualmente absoluta en
presencia de niveles bajos de ADA y altos de CEA94.
Además, los valores muy altos de ADA tienen valor
pronóstico para aparición de constricción
pericárdica95. Sin embargo, se debe poner de
manifiesto que la sensibilidad de la PCR es similar (75 frente a
83%), pero la especificidad es mayor (100 frente a 78%) que la
determinación de ADA para el diagnóstico de
pericarditis tuberculosa99. En la sospecha de
infección bacteriana se debe realizar al menos 3 cultivos
del líquido pericárdico para anaerobios y aerobios,
así como cultivos de sangre (nivel de evidencia B,
indicación clase I)2. El análisis de PCR
de los virus cardiotrópicos discrimina la pericarditis viral
de las formas autorreactivas (nivel de evidencia B,
indicación clase IIa). El análisis de la densidad del
líquido pericárdico (> 1.015), los niveles de
proteínas (> 3,0 g/dl; proporción derrame/suero
> 0,5, lipoproteínas de alta densidad [LDH] (> 200
mg/dl; derrame/suero > 0,6) y glucosa (exudados frente a
trasudados, 77,9 ± 41,9 frente a 96,1 ± 50,7 mg/dl)
pueden separar los exudados de los trasudados, pero no se obtiene
un diagnóstico etiológico directo (clase
IIb)14. Sin embargo, los derrames purulentos con
cultivos positivos tienen niveles de glucosa (47,3 ± 25,3
frente a 102,5 ± 35,6 mg/dl) y proporciones derrame/suero
(0,28 ± 0,14 frente a 0,84 ± 0,23 mg/dl)
significativamente menores que los no infecciosos11. El
recuento de leucocitos es máximo en las enfermedades
inflamatorias, en particular en las que tienen un origen
reumático o bacteriano. En el mixedema se obtiene un
recuento de leucocitos muy bajo. El recuento de monocitos es
máximo en los derrames malignos y en el hipotiroidismo (79
± 27 y 74 ± 26%), mientras que en el caso de los
derrames reumáticos y bacterianos, la proporción de
neutrófilos es máxima (78 ± 20 y 69 ±
23%). En comparación con los controles, tanto los derrames
bacterianos como los malignos tienen niveles más altos de
colesterol (49 ± 18% frente a 121 ± 20 y 117 ±
33 mg/dl)11.
La tinción de Gram del líquido
pericárdico tiene una sensibilidad del 99%, pero una
especificidad de sólo un 38% para la exclusión de
infección en comparación con la realización de
cultivos14. La combinación de antígeno
epitelial de membrana, CEA y tinción
inmunohistoquímica para la vimentina puede ser útil
para distinguir las células reactivas mesoteliales del
adenocarcinoma101.
CUADRO 4. Pericardioscopia y biopsia
pericárdica/epicárdica
La introducción de la pericardioscopia y la
anatomía patológica, así como la
virología y biología molecular contemporáneas,
ha mejorado el valor diagnóstico de las biopsias de
pericardio y epicardio2,8,15,16,102-108. La
pericardioscopia hace posible la inspección del aspecto del
pericardio durante la biopsia, la selección del lugar
idóneo para su realización y la toma de numerosas
muestras de forma segura16. La biopsia
pericárdica dirigida con pericardioscopia ha sido de
particular utilidad para el diagnóstico de las pericarditis
neoplásicas15,16,102-104. No se han descrito
complicaciones importantes en ningún estudio con
pericardioscopio flexible. La mortalidad comunicada en los estudios
con pericardioscopio rígido es del 2,1%15, y del
3,5%103 debido a la inducción anestésica
en pacientes con derrames pericárdicos muy grandes.
La histología de la biopsia de pericardio
y epicardio puede establecer el diagnóstico de los pacientes
con pericarditis neoplásica y
tuberculosa16,63,102,103. El diagnóstico de
pericarditis viral se puede establecer con técnicas de PCR
con mucha más sensibilidad y especificidad que con el
aislamiento del virus en el líquido y el
tejido107-111. La inmunohistoquímica,
especialmente IgG, IgM e IgA, y la fijación del complemento
pueden contribuir de forma significativa al valor
diagnóstico de la biopsia epicárdica2. La
especificidad de la fijación de inmunoglobulinas en las
pericarditis autorreactivas es del 100%. La fijación del
complemento se encontró primariamente en los pacientes con
formas autorreactivas y raras veces en pacientes con pericarditis
neoplásica8. Los mesoteliomas malignos pueden
distinguirse de los adenocarcinomas por tinciones de
inmunohistoquímica para CEA, apoproteína surfactante,
cuerpos de Lewis a y antígeno Tn112.
El tratamiento
del taponamiento cardíaco es una indicación de clase
I para la pericardiocentesis. Se recomiendan los siguientes pasos
ante la presencia de un derrame pericárdico de
etiología maligna que se presenta sin taponamiento:
a) tratamiento antineoplásico sistémico, que
puede evitar las recurrencias hasta en el 67% de los
casos196 (nivel de evidencia B, indicación de
clase I); b) pericardiocentesis para aliviar los
síntomas y establecer un diagnóstico (nivel de
evidencia B, indicación clase de IIa), y c)
instilación intrapericárdica de agentes
citostáticos-esclerosantes (nivel de evidencia B,
indicación de clase IIa). El drenaje está indicado en
la totalidad de los pacientes con derrames severos, debida a la
alta tasa de recurrencias (40-70%) (nivel de evidencia B,
indicación de clase I)197-203. La
prevención de las recurrencias se puede lograr mediante la
instilación intrapericárdica de agentes
esclerosantes, citotóxicos o inmunomoduladores. El
tratamiento intrapericárdico guiado por el tipo de tumor
indica que el cisplatino es el más eficaz en el tratamiento
del tumor de pulmón secundario y la instilación de
tiotepa es más eficaz en el caso de que se trate de
metástasis pericárdicas secundarias a un
cáncer de mama204-206. Ningún paciente
mostró datos de constricción con el uso de cualquiera
de estos 2 agentes (nivel de evidencia B, indicación clase
de IIa). Las tetraciclinas como agentes esclerosantes controlan el
derrame pericárdico en alrededor del 85% de los casos, pero
los efectos secundarios y las complicaciones son bastante
frecuentes: fiebre (19%), dolor torácico (20%) y arritmias
auriculares (10%) (nivel de evidencia B, indicación de clase
IIb)196,202,203. Aunque la escleroterapia clásica
después de la instilación de tetraciclina,
doxiciclina, minociclina o bleomicina es un procedimiento efectivo,
la pericarditis constrictiva secundaria a la fibrosis del
pericardio es un problema importante en los supervivientes a largo
plazo203.
La
administración intrapericárdica de
radionúclidos ha proporcionado buenos resultados, pero
actualmente no es un procedimiento aceptado por la mayoría
debido a los problemas logísticos relacionados con la
radiactividad207 (nivel de evidencia B,
indicación de clase IIa). La radiación es muy eficaz
(93%) para el control de los derrames malignos (nivel de evidencia
B, indicación de clase IIa) en los pacientes con tumores
radiosensibles, como los linfomas y las leucemias. Sin embargo, la
radioterapia miocárdica puede producir miocarditis y
pericarditis por sí misma196. La
pericardiotomía subxifoidea está indicada cuando la
pericardiocentesis no puede ser realizada (nivel de evidencia B,
indicación de clase IIb)208. El procedimiento
puede ser realizado bajo anestesia local, pero las complicaciones
incluyen laceración miocárdica, neumotórax y
muerte196,209-213. La pleuropericardiotomía
permite el drenaje del líquido pericárdico en la
cavidad pleural (nivel de evidencia C, indicación de clase
IIb). Se asocia con una mayor tasa de complicaciones y no ofrece
ventajas sobre la pericardiocentesis o la pericardiotomía
subxifoidea. La pericardiectomía se indica de forma
infrecuente, principalmente ante constricción
pericárdica o complicaciones de procedimientos
previos196.
La
pericardiotomía percutánea con balón crea una
comunicación directa entre el pericardio y la cavidad
pleural, lo cual permite un drenaje dentro del espacio pleural
(nivel de evidencia B, indicación de clase IIa). En los
derrames severos malignos con taponamiento recurrente parece ser un
procedimiento eficaz (95-97%) y seguro31,214.
Formas raras de
enfermedades del pericardio
Pericarditis fúngica
La pericarditis
fúngica ocurre fundamentalmente en pacientes
inmunocomprometidos o en el curso de infecciones fúngicas
adquiridas endémicas215. El cuadro clínico
engloba todo el espectro de las enfermedades del pericardio,
incluida la miocarditis fúngica3. Ésta se
produce sobre todo por hongos endémicos (Histoplasma,
Coccidiodes) o no endémicos-oportunistas (Candida,
Aspergillus, Blastomyces) o semihongos (Nocardia,
Actinomyces)216-218. El diagnóstico se
realiza mediante las tinciones y cultivo del líquido o
tejido pericárdicos. Los anticuerpos antifúngicos en
el suero son también de utilidad en el diagnóstico de
una infección fúngica3. Está
indicado el tratamiento antifúngico con fluconazol,
ketoconazol, itraconazol, anfotericina B, anfotericina liposomal o
complejos lipídicos de anfotericina B (nivel de evidencia B,
indicación de clase I). Los corticoides y AINE pueden apoyar
el tratamiento junto con los antifúngicos (nivel de
evidencia B, indicación de clase IIa). Los pacientes con
pericarditis en el curso de una histoplasmosis no necesitan
tratamiento con antifúngicos, pero responden al tratamiento
con corticoides o AINE administrados durante 2-12 semanas. Las
sulfonamidas son el tratamiento de elección en el caso de
que se produzca una infección por Nocardia. La
combinación de 3 antibióticos, incluidas las
penicilinas, se debe administrar en caso de actinomicosis (nivel de
evidencia C, indicación de clase I). La pericardiocentesis o
el tratamiento quirúrgico está indicado cuando hay
afección hemodinámica. La pericardiectomía
está indicada cuando se produce una pericarditis
constrictiva fúngica (nivel de evidencia C,
indicación de clase I).
Pericarditis por radiación
La probabilidad
de desarrollar una pericarditis por radiación está
influida por la fuente, la dosis, el fraccionamiento, la
duración, el volumen radiado, la forma del campo de
radiación y la edad de los pacientes219. La
pericarditis por radiación se puede producir durante la
terapia o incluso años más tarde (con una latencia de
hasta 15-20 años). El derrame puede ser seroso o
hemorrágico, con el desarrollo posterior de adherencias de
fibrina o constricción, típicamente sin tejido
calcificado. Los síntomas pueden estar enmascarados por la
enfermedad de base o por la quimioterapia. El estudio de imagen
debe comenzar con la ecocardiografía y seguir con la TC o la
RM si es necesario. La pericarditis sin taponamiento puede ser
tratada de forma conservadora o por pericardiocentesis con fines de
diagnóstico o si hay compromiso hemodinámico o
evoluciona hacia taponamiento. La constricción
pericárdica puede producirse hasta en el 20% de los
pacientes y debe tratarse con pericardiectomía. La
mortalidad operatoria es alta (21%) y la tasa de supervivencia
postoperatoria es muy baja a los 5 años (1%)220,
sobre todo por el desarrollo de fibrosis
miocárdica.
Quilopericardio
El
término quilopericardio se refiere a la comunicación
entre el saco pericárdico y el conducto torácico como
resultado de una afección congénita, un traumatismo o
la complicación de una intervención quirúrgica
a corazón abierto221, linfangiomas
mediastínicos, hamartomas linfangiomatosos, linfangiectasias
y obstrucción o anomalías del conducto
torácico222. La infección, el taponamiento
o la constricción pueden agravar el
pronóstico223. El líquido
pericárdico es estéril, inodoro y opalescente, con
apariencia de líquido lechoso y con el hallazgo
microscópico de gotitas de grasa. La naturaleza quilosa del
líquido se confirma con su reacción alcalina con una
densidad específica entre 1.010 y 1.021224,225,
la tinción de Sudán III para la grasa y las altas
concentraciones de triglicéridos (5-50 g/l) y
proteínas (22-60 g/l). La TC, sola o asociada a
linfografía, puede identificar no sólo la
localización del conducto torácico, sino
también su conexión linfática con el
pericardio227. El tratamiento depende de la
etiología y la cantidad de acumulación228
de líquido quiloso. El quilopericardio después de una
cirugía torácica o cardíaca se trata
preferiblemente con pericardiocentesis y dieta
(triglicéridos de cadena media)229,230. Si se
sigue produciendo líquido quiloso, es imprescindible
realizar tratamiento quirúrgico (nivel de evidencia B,
indicación de clase I). Cuando el tratamiento conservador y
la pericardiocentesis fallan, se puede considerar una ventana
pericardio-peritoneal como opción
razonable231,232. Como alternativa, si se ha localizado
adecuadamente el conducto torácico, se puede optar por su
transección y ligadura por debajo del diafragma, que es el
tratamiento más eficaz233. En el caso del
quilopericardio secundario a otra entidad, se realizará el
tratamiento de la enfermedad primaria.
Pericarditis por fármacos y toxinas
Las reacciones
pericárdicas por fármacos son raras. Sin embargo,
varios fármacos y sustancias tóxicas pueden inducir
pericarditis, taponamiento, adherencias, fibrosis y
constricción7,234 (tabla 7). Los mecanismos
incluyen las reacciones tipo lupus por fármacos,
idiosincrasia, enfermedad del suero, reacción a cuerpo
extraño e inmunopatía. El tratamiento se basa en la
retirada del agente causal y tratamiento
sintomático.

Derrame pericárdico en las enfermedades del
tiroides
El derrame
pericárdico ocurre en el 5-30% de los pacientes con
hipotiroidismo7. El líquido se acumula de forma
lenta y raras veces se produce taponamiento. En algunos casos se
puede observar una pericarditis por colesterol. El
diagnóstico de hipotiroidismo se basa en la medición
de los valores séricos de tiroxina y de la hormona
estimulante del tiroides. Pueden observarse bradicardia, bajos
voltajes del complejo QRS e inversión o aplanamiento de la
onda T en el ECG, cardiomegalia en la radiografía de
tórax y derrame pericárdico en el ecocardiograma,
así como historia de disfunción del tiroides inducida
por radiación235, miopatía, ascitis,
derrame pleural y edema de la úvea235-239. El
tratamiento con hormona tiroidea disminuye el derrame
pericárdico (nivel de evidencia B, indicación de
clase I).
Derrame pericárdico en el embarazo
No hay evidencia
de que el embarazo afecte a la susceptibilidad para las afecciones
del pericardio. Sin embargo, muchas embarazadas desarrollan un
derrame pericárdico silente, de mínimo a moderado,
durante el tercer trimestre. La compresión cardíaca
es infrecuente240. Los cambios agudos de la pericarditis
en el embarazo se deben distinguir de la ligera depresión
del segmento ST y de los cambios de las ondas T que se puede
observar en el contexto de un embarazo
normal240,241.
La
constricción oculta se hace manifiesta en el embarazo debido
al incremento del volumen de sangre circulante241. La
mayoría de las afecciones pericárdicas se manejan de
la misma manera que en las mujeres no
embarazadas242,243. Se requiere precaución con
las dosis altas de aspirina, ya que pueden cerrar de forma
prematura el conducto arterioso. La colchicina está
contraindicada en el embarazo. La pericardiectomía y
pericardiotomía se pueden realizar de forma segura si son
necesarias y su realización no implica mayor riesgo en otros
embarazos243,244. El líquido pericárdico
fetal pude ser detectado por ecocardiografía después
de la semana 20 de gestación y normalmente es < 2 mm.
Más cantidad debe despertar la sospecha de una posible
hidropesía fetal, incompatibilidad de Rh, hipoalbuminemia,
enfermedad inmunitaria o infección por Mycoplasma
transmitida por la madre u otras infecciones y
neoplasias245.
AGRADECIMIENTOS
Los miembros del
Grupo de Trabajo tienen el placer de agradecer la
participación del Prof. Analiza Angelini (Padua, Italia) y
del Dr. Steffen Lamparter (Marburg, Alemania) en la
preparación de las secciones de recomendaciones en el
análisis del líquido pericárdico y de la
anatomía patológica, así como la amable
asistencia técnica de Ms. Veronica Dean (European Heart
House). Un agradecimiento especial merece, la profesora Eloïsa
Arbustini (Pavía, Italia) por su significativa
contribución en el proceso de revisión de estas
guías.
*Correspondencia: Bernhard Maisch, MD, FESC, FACC.
Dean of the Faculty of Medicine.
Director of the Department of Internal Medicine-Cardiology.
Philipps University, Marburg.
Baldingerstrasse 1. D-35033 Marburg. Alemania.
Tel.: +49-6421-286-6462; Fax: +49-5731-972194.
Correo electrónico:
bermaisch@aol.com (B. Maisch)
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