Artículos especiales.
Volumen 58, Número 01, Enero 2005
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Documento de Consenso de Expertos sobre bloqueadores de los receptores β-adrenérgicos
José López-Sendóna; Karl Swedbergb; John McMurrayc; Juan Tamargod; Aldo P. Maggionie; Henry Dargiec; Michal Tenderaf; Finn Waagsteinb; Jan Kjekshusg; Philippe Lechath; Christian Torp-Pederseni
a Coordinador* (España) b (Suecia) c (Reino Unido) d (España) e (Italia) f (Polonia) g (Noruega) h (Francia) i (Dinamarca)
Rev Esp Cardiol. 2005;58:65-90.
Comité de la ESC para la elaboración de las
Guías de Práctica Clínica (GPC): Sivia G.
Priori (Presidente, Italia), María Ángeles Alonso
García (España), Jean-Jacques Blanc (Francia),
Andrzej Budaj (Polonia), Martin Cowie (Reino Unido), Veronica Dean
(Francia), Jaap Deckers (Países Bajos), Enrique
Fernández Burgos (España), John Lekakis (Grecia),
Bertil Lindahl (Suecia), Gianfranco Mazzota (Italia), Keith
McGregor (Francia), João Morais (Portugal), Ali Oto
(Turquía), Otto A. Smiseth (Noruega).
Revisores del documento: María Ángeles Alonso
García (Coordinadora de revisión de las GPC,
España), Diego Ardissino (Italia), Cristina Avendaño
(España), Carina Blomström-Lundqvist (Suecia), Denis
Clément (Bélgica), Helmut Drexler (Alemania), Roberto
Ferrari (Italia), Keith A. Fox (Reino Unido), Desmond Julian (Reino
Unido), Peter Kearney (Irlanda), Werner Klein (Austria), Lars
Köber (Dinamarca), Giuseppe Mancia (Italia), Markku Nieminen
(Finlandia), Witold Ruzyllo (Polonia), Maarten Simoons
(Países Bajos), Kristian Thygesen (Dinamarca), Gianni
Tognoni (Italia), Isabella Tritto (Italia), Lars Wallentin
(Suecia).
Con permiso de The European Society of Cardiology
(ESC).
ÍNDICE DE CONTENIDOS
Preámbulo
66
Clases de
recomendaciones 66
Grados de evidencia
66
Introducción
66
Farmacología
67
Definición
67
Clasificación de los bloqueadores beta 67
Propiedades
farmacocinéticas 68
Fármacos
lipofílicos 68
Fármacos
hidrofílicos 68
Fármacos de
eliminación equilibrada 68
Mecanismo de
acción 69
Efectos adversos
69
Cardiovasculares
69
Metabólicos
69
Pulmonares
70
Sobre el sistema
nervioso central 70
Disfunción
sexual 70
Contraindicaciones
70
Interacciones
medicamentosas 70
Dosificación
de los bloqueadores beta 70
Eficacia y uso
clínico 70
Infarto agudo de
miocardio (IAM) 71
Prevención
secundaria tras el infarto de miocardio 72
Síndrome
coronario agudo sin elevación del segmento ST 73
Cardiopatía
isquémica crónica y estable 74
Insuficiencia
cardíaca 74
Insuficiencia
cardíaca con función sistólica conservada
78
Insuficiencia
cardíaca aguda 78
Arritmias
78
Taquicardia
sinusal 78
Taquicardias
supraventriculares 78
Taquicardias en el
síndrome de Wolff-Parkinson-White (WPW) 79
Aleteo auricular
79
Fibrilación
auricular 79
Arritmias
ventriculares 80
Prevención
de muerte cardíaca súbita 80
Infarto agudo de
miocardio 80
Insuficiencia
cardíaca 81
Miocardiopatía dilatada 81
Miocardiopatía hipertrófica 81
Prolapso de
válvula mitral 81
Puentes
miocárdicos 82
Síndrome
del QT largo (SQTL) 82
Taquicardia
ventricular polimórfica y catecolaminérgica
82
MCS en el
corazón normal 82
Otras situaciones
82
Hipertensión
82
Disección
aórtica 83
Miocardiopatía hipertrófica 84
Uso
profiláctico en cirugía no cardíaca
84
Síncope
vasovagal 84
Bloqueadores beta
durante el embarazo 85
Bibliografía
85
PREÁMBULO
Las
Guías de Práctica Clínica y los Documentos de
Consenso de Expertos tienen como objetivo presentar todas las
evidencias relevantes sobre un tema particular para ayudar a los
médicos a sopesar los riesgos y los beneficios de un
diagnóstico o un procedimiento terapéutico.
Deberían ser útiles para la toma diaria de decisiones
clínicas.
En
los últimos años, la Sociedad Europea de
Cardiología (ESC) y otras organizaciones y sociedades
relacionadas han elaborado un gran número de Guías de
Práctica Clínica y Documentos de Consenso de
Expertos. Esta gran profusión puede poner en riesgo la
autoridad y validez de las guías, que sólo pueden
estar garantizadas si se han desarrollado mediante un proceso
incuestionable de toma de decisiones. Ésta es una de las
razones por las que la ESC y otras sociedades han hecho
públicas una serie de recomendaciones para abordar y
formular las Guías de Práctica Clínica y los
Documentos de Consenso de Expertos.
A
pesar de que los estándares para elaborar las Guías
de Práctica Clínica y los Documentos de Consenso de
Expertos de calidad están bien definidos, algunas
evaluaciones recientes publicadas en revistas con evaluación
por pares entre 1985 y 1998 han revelado deficiencias en el
cumplimiento de los estándares metodológicos en la
mayoría de los casos. Por tanto, es de la máxima
importancia que las guías y recomendaciones se presenten en
formatos que puedan ser fácilmente interpretados. Con
posterioridad, sus programas de implementación
también deben ser correctamente realizados.
El
Comité para las Guías de Práctica
Clínica de la ESC supervisa y coordina la preparación
de nuevas guías de práctica clínica y
documentos de consenso de expertos elaborados por los grupos de
trabajo, grupos de expertos o paneles de consenso. Se solicita a
los expertos seleccionados para estos paneles que faciliten una
declaración sobre todas sus posibles relaciones que puedan
ser consideradas como causa de un conflicto de interés real
o potencial. Estos formularios se guardan en forma de ficheros en
la Casa Europea del Corazón, la oficina central de la ESC.
El Comité es responsable también de la
aprobación de estas Guías de Práctica
Clínica y Documentos de Consenso de Expertos o de sus
comunicados.
El
Grupo de Trabajo ha clasificado y ordenado la utilidad o eficacia
del procedimiento y/o tratamiento recomendados y el grado de
evidencia, tal como se indica en las siguientes tablas:
CLASES DE
RECOMENDACIONES
Clase I: Evidencia y/o acuerdo general de que un determinado
procedimiento/tratamiento es beneficioso, útil y
efectivo.
Clase II: Evidencia conflictiva y/o divergencia de opinión
acerca de la utilidad/eficacia del
procedimiento/tratamiento.
Clase IIa: El peso de la evidencia/opinión está a
favor de la utilidad/eficacia.
Clase IIb: La utilidad/eficacia está menos establecida por
la evidencia/opinión.
Clase III*: Evidencia o acuerdo general de que el tratamiento no es
útil/efectivo y en algunos casos puede ser
perjudicial.
*La
ESC desaconseja el uso de la clase III.
GRADOS DE
EVIDENCIA
Grado A de evidencia: Datos procedentes de múltiples ensayos
clínicos aleatorizados o metaanálisis.
Grado B de evidencia: Datos procedentes de un único ensayo
clínico aleatorizado o de estudios no
aleatorizados.
Grado C de evidencia: Consenso de opinión de expertos y/o
pequeños estudios.
INTRODUCCIÓN
La
terapia con bloqueadores beta tiene un papel importante en el
tratamiento de las enfermedades cardiovasculares. Durante muchos
años se han utilizado estos fármacos por sus
propiedades antiisquémicas, antiarrítmicas y
antihipertensivas. Más recientemente, se han establecido los
beneficios del bloqueo de los receptores adrenérgicos en
pacientes con insuficiencia cardíaca. El objetivo de este
documento es revisar las justificaciones y la evidencia
clínica para el uso de bloqueadores
ß
-adrenérgicos en
pacientes con enfermedad cardiovascular.
Los
miembros del Grupo de Trabajo sobre Bloqueadores Beta en la
Enfermedad Cardiovascular fueron nombrados por el Comité
para las Guías de Práctica Clínica (CGPC) de
la Sociedad Europea de Cardiología (ESC). Se llevó a
cabo una búsqueda específica de artículos
originales aparecidos en publicaciones con revisión por
pares incluidos en Medline. Además, se revisaron
cuidadosamente las guías de la ESC y de la American Heart
Association/American College of Cardiology con referencia al uso de
los bloqueadores beta. La mayoría de las recomendaciones
hechas con anterioridad se mantiene, algunas se han actualizado y
unas pocas son nuevas, de acuerdo con la evidencia aparecida
recientemente en la bibliografía.
La
utilización de recomendaciones clasificadas en grados
constituye un método sencillo de orientación. Los
niveles de recomendación se derivan de estudios
clínicos desarrollados con grupos de pacientes seleccionados
que pueden no ser representativos de poblaciones más
amplias; de hecho, los pacientes con contraindicaciones
están excluidos de los estudios clínicos.
Además, un mismo grado de evidencia puede expresar distintos
beneficios clínicos, tanto en relación con la
mortalidad, la morbilidad, los síntomas clínicos o
los criterios de evaluación combinados como con unos
beneficios importantes (o no tan importantes pero
estadísticamente significativos) u otros cuya presencia o
desaparición sólo puede verificarse tras varios
años de tratamiento. Por último, en casos
individuales, el tratamiento recomendado puede ser solamente una
opción y puede haber otras alternativas igualmente
aceptables o incluso más apropiadas. Se ha realizado un
esfuerzo para incluir toda esta información en un documento
relativamente corto.
El
documento preparado por el Grupo de Trabajo fue enviado a un grupo
de revisores designado por la ESC y aprobado por el CGPC. El
documento final fue remitido para su revisión por
especialistas al European Heart Journal.
Este documento de consenso recoge la opinión de la ESC y ha
sido elaborado tras un cuidadoso estudio de la evidencia
disponible. Se espera que los profesionales de la salud lo tomen en
consideración a la hora de ejercer su juicio clínico.
No obstante, este documento de consenso no anula la responsabilidad
individual de los profesionales sanitarios en la toma de decisiones
en las circunstancias individuales de un paciente, tras consultar a
dicho paciente y, cuando sea apropiado o preciso, a su tutor o
representante.
FARMACOLOGÍA
Definición
Los
antagonistas β
-adrenérgicos (bloqueadores beta) se unen
selectivamente a los β
-adrenoceptores, lo que
produce un antagonismo competitivo y reversible de los efectos de
la estimulación β
-adrenérgica en
distintos órganos (tabla 1). Sus efectos
farmacológicos se pueden explicar por las respuestas
provocadas por estos receptores en los distintos tejidos bajo la
actividad del tono simpático1,2. Los bloqueadores
beta ejercen un efecto relativamente leve sobre la frecuencia y la
contractilidad cardíacas de un individuo en reposo, pero
disminuyen el ritmo cardíaco y deprimen la contractilidad
cardíaca cuando se activa el sistema nervioso
simpático, es decir, durante el ejercicio y el
estrés.

Clasificación de los bloqueadores beta
Los
bloqueadores beta se pueden clasificar de forma general en:
a) no selectivos, que son los que producen un bloqueo
competitivo de los receptores adrenérgicos
β
1
y β
2, y b) los que son más afines a los
receptores β
1 que a los β
2, llamados
normalmente β
1-selectivos (tabla 2)1-4. Sin
embargo, la selectividad depende de la dosis y disminuye o
desaparece cuando se utilizan dosis mayores.
Paradójicamente, algunos bloqueadores beta pueden ejercer
una débil respuesta agonista (actividad
simpaticomimética intrínseca [ASI]) y estimular y
bloquear el β
-adrenoceptor. Algunos bloqueadores beta tienen actividad
vasodilatadora periférica mediada por el bloqueo del
adrenoceptor α
1 (carvedilol, labetalol), por agonismo al
receptor β
2-adrenérgico (celiprolol) o mediante
mecanismos independientes del bloqueo del adrenoceptor (bucindolol,
nebivolol). Además, los bloqueadores beta se pueden
clasificar en lipofílicos o hidrofílicos.

Propiedades
farmacocinéticas
Hay
importantes diferencias farmacocinéticas entre los
bloqueadores beta1-4 (tabla 1).
Fármacos lipofílicos
Los
fármacos lipofílicos (metoprolol, propranolol,
timolol) se absorben por completo y con rapidez en el tracto
gastrointestinal, pero son metabolizados extensivamente en la pared
intestinal y en el hígado (efecto de primer paso), por lo
que su biodisponibilidad oral es baja (10-30%). Estos
fármacos se pueden acumular en pacientes con flujo
sanguíneo hepático reducido (p. ej., de edad
avanzada, con insuficiencia cardíaca congestiva o cirrosis
hepática). Los fármacos lipofílicos presentan
una vida media de eliminación corta (1-5 h) y pueden
penetrar con facilidad en el sistema nervioso central (SNC), por lo
que pueden asociarse con una mayor incidencia de efectos
secundarios centrales.
Fármacos hidrofílicos
Los
fármacos hidrofílicos (atenolol, esmolol) se
absorben de forma incompleta desde el tracto gastrointestinal y son
eliminados por el riñón sin modificación o
como metabolitos activos. Presentan una vida media más larga
(6-24 h) y no interactúan con otros fármacos
metabolizados por el hígado. Raramente cruzan la barrera
hematoencefálica. La vida media de eliminación
aumenta cuando el índice de filtración glomerular
está disminuido (p. ej., en pacientes de edad avanzada o con
insuficiencia renal).
Fármacos de eliminación equilibrada
El
bisoprolol presenta un metabolismo de primer paso bajo,
penetra en el SNC y se elimina a partes iguales por las vías
hepática y renal. El carvedilol tiene una baja
biodisponibilidad oral como resultado de un intenso efecto de
primer paso. Se liga a las proteínas plasmáticas y se
elimina por el metabolismo hepático4. El
esmolol es un fármaco de acción ultracorta. Se
administra por vía intravenosa y es rápidamente
hidrolizado por las esterasas eritrocitarias (vida media de 9
min)5.
Mecanismo de
acción
Los
mecanismos de acción son diversos, sus causas todavía
no se conocen en profundidad y se observan diferencias importantes
entre agentes. La prevención de los efectos
cardiotóxicos de las catecolaminas tiene un papel muy
importante6-8. También se tienen en
consideración los siguientes mecanismos:
1. Acción antihipertensiva relacionada con la
reducción del gasto cardíaco, la inhibición de
la producción de renina y la producción de
angiotensina II, el bloqueo de los
*
-adrenoceptores presinápticos que aumentan la
producción de noradrenalina de las terminaciones nerviosas
simpáticas y reducen la actividad vasomotora
central1-9.
2. La acción antiisquémica de los bloqueadores
beta disminuye la demanda de oxígeno del miocardio al
reducir el ritmo cardíaco, la contractilidad cardíaca
y la presión arterial sistólica10.
Además, la prolongación de la diástole
asociada a la reducción de la frecuencia cardíaca
podría incrementar la perfusión
miocárdica.
3. Reducción de la producción de renina y
angiotensina II y producción de aldosterona por el bloqueo
de los adrenoceptores β
1 en las
células yuxtaglomerulares renales.
4. Mejoría de la estructura y función del
ventrículo izquierdo, al reducir el tamaño del
ventrículo y aumentar la fracción de
eyección6-8. Los bloqueadores beta pueden mejorar
la función cardíaca debido a que: a)
disminuyen la frecuencia cardíaca, prolongan el
período de llenado diastólico y la duración de
la perfusión coronaria diastólica; b) reducen
la demanda de oxígeno miocárdica; c) mejoran
la utilización energética del miocardio al inhibir la
producción de ácidos grasos inducida por la
catecolamina de los tejidos adiposos; d) regulan al alza los
receptores
ß
-adrenérgicos, y
e) reducen el estrés oxidativo del
miocardio1,11,12.
5. El efecto antiarrítmico, resultado directo de sus
efectos electrofisiológicos (disminución de la
frecuencia cardíaca y de la activación
espontánea de los marcapasos ectópicos,
enlentecimiento de la conducción y aumento del
período refractario del nodo auriculoventricular [AV]),
reduce el tono simpático y la isquemia miocárdica,
mejora la función barorrefleja y previene la hipocaliemia
inducida por las catecolaminas13.
Entre otros mecanismos se incluyen: la inhibición de la
apoptosis cardíaca mediada por la activación de la
vía β
-adrenérgica14, la inhibición de
la agregación plaquetaria1, la reducción
del estrés mecánico impuesto a la placa que previene
su rotura, la resensibilización de la vía
β
-adrenérgica y cambios en la expresión de genes
miocárdicos, como el aumento de la adenosintrifosfatasa
(ATPasa) cálcica del retículo sarcoplasmático,
el ARNm y ARNm de la cadena pesada de la α
-miosina y la reducción
de los valores de ARNm de la cadena pesada de la β
-miosina15.
Por último, algunos bloqueadores beta presentan propiedades
antioxidantes e inhiben la proliferación de la célula
muscular lisa vascular4.
Efectos
adversos
Por
lo general, los inhibidores β
-adrenérgicos son bien
tolerados, pero pueden aparecer efectos secundarios serios,
especialmente cuando se utilizan a dosis
altas1,2.
Cardiovasculares
Los
bloqueadores beta reducen la frecuencia cardíaca, disminuyen
el índice de activación automática de los
marcapasos ectópicos cardíacos y enlentecen la
conducción y aumentan el período refractario del nodo
AV. Como consecuencia, pueden ser causa de bradicardia extrema y
bloqueo AV. Estos efectos se observan principalmente en pacientes
con disminución de la función del nodo sinusal y de
la conducción del nodo AV, y rara vez al administrar
bloqueadores beta por vía intravenosa a pacientes con
infarto agudo de miocardio16 o por vía oral a
pacientes con insuficiencia cardíaca
crónica17. Los bloqueadores beta disminuyen el
flujo sanguíneo tisular debido al bloqueo de los
receptores β
2 vasculares y a la estimulación sin
oposición de los α
-adrenoceptores vasculares.
Por consiguiente, pueden producir frialdad en las extremidades,
propiciar el fenómeno de Raynaud y empeorar los
síntomas en pacientes con enfermedad periférica
vascular severa4. No obstante, los beneficios
clínicos de los antagonistas β
-adrenérgicos en
pacientes con enfermedad vascular periférica y enfermedad de
las arterias coronarias pueden ser muy importantes18,19.
Estos efectos secundarios son menos pronunciados con
fármacos que presentan efectos vasodilatadores y con
agentes β
1 selectivos. Los bloqueadores beta pueden aumentar
el tono vasomotor, en parte debido a la
vasoconstricción α
-adrenérgica no
contrarrestada.
Metabólicos
En
pacientes con diabetes mellitus tipo 1, los bloqueadores beta no
selectivos pueden enmascarar algunos síntomas que alertan de
la hipoglucemia (temblor, taquicardia); el resto de los
síntomas de la hipoglucemia (como la sudación) se
mantienen. Por tanto, es preferible la administración de
bloqueadores beta selectivos, al menos en pacientes dependientes de
la insulina. En cualquier caso, los beneficios clínicos del
tratamiento con bloqueadores beta superan los riesgos, sobre todo
tras un infarto de miocardio20,21. En un estudio, el
carvedilol disminuyó la diabetes de nueva
presentación en pacientes con insuficiencia
cardíaca22.
Pulmonares
Los
bloqueadores beta pueden poner en riesgo la vida por el aumento de
la resistencia de las vías aéreas y están
contraindicados en pacientes con asma o enfermedad pulmonar
obstructiva crónica (EPOC) y broncoespasmo. En algunos
pacientes afectados por esta enfermedad, el beneficio potencial de
los bloqueadores beta puede superar el riesgo de empeoramiento de
la función pulmonar. Sin embargo, aunque los antexcepto
cuando haya un componente reactivo significativo de las vías
aéreas23.
Efectos
sobre el sistema nervioso central
Los
efectos sobre el SNC (fatiga, dolor de cabeza, alteración
del sueño, insomnio y sueños intensos,
depresión) son menos habituales con los fármacos
hidrofílicos24. En algunos pacientes, la fatiga
puede estar relacionada con la reducción de flujo
sanguíneo a los músculos esqueléticos; en
otros casos puede ser secundaria a un efecto sobre el
SNC.
Disfunción sexual
En
algunos pacientes, los bloqueadores beta pueden causar o agravar la
impotencia o producir pérdida de la libido. La
interrupción repentina de los bloqueadores beta tras un
tratamiento crónico puede provocar síntomas de
rebote (p. ej., hipertensión, arritmias, agravamiento de
la angina)25,26. Este aumento del riesgo está
relacionado con la regulación al alza de los
β
-adrenoceptores durante el tratamiento
crónico.
Contraindicaciones
Entre las contraindicaciones para iniciar el tratamiento con
bloqueadores beta se encuentran el asma, la hipotensión
sintomática o la bradicardia y la insuficiencia
cardíaca descompensada severa (ver más adelante). Las
contraindicaciones son relativas en pacientes en los que los
beneficios de la terapia pueden sobrepasar los riesgos de los
efectos adversos. La EPOC sin actividad broncoespástica y la
enfermedad vascular periférica no están consideradas
contraindicaciones absolutas y los pacientes de alto riesgo pueden
beneficiarse significativamente de esta terapia27,28.
Los pacientes con insuficiencia cardíaca y bradicardia
secundaria a enfermedad del seno o a bloqueo AV de segundo o tercer
grado podrían beneficiarse de la implantación previa
de un marcapasos que les permita tolerar los bloqueadores beta,
aunque esta estrategia no ha sido probada formalmente. La diabetes
o la claudicación intermitente de las extremidades
inferiores no son contraindicaciones absolutas para el uso de
bloqueadores beta21,29-31.
Interacciones medicamentosas
Los
bloqueadores beta pueden mostrar interacciones
farmacocinéticas y farmacodinámicas con otros
fármacos32. Las sales de aluminio, la
colestiramina y el colestipol pueden disminuir su absorción.
El alcohol, la fenitoína, la rifampicina y el fenobarbital,
así como el tabaco, inducen enzimas hepáticas de
biotransformación y disminuyen las concentraciones
plasmáticas y la vida media de eliminación de los
bloqueadores beta lipofílicos. La cimetidina y la
hidralazina pueden aumentar la biodisponibilidad del propranolol y
del metoprolol al reducir el flujo sanguíneo
hepático. Se deben tomar precauciones en los pacientes que
están tomando verapamilo, diltiazem o distintos agentes
antiarrítmicos que pueden deprimir la función del
nodo sinusal o la conducción AV. Con frecuencia se han
observado efectos aditivos sobre la presión arterial entre
antagonistas de los bloqueadores beta y otros agentes
antihipertensivos. La indometacina y otros antiinflamatorios no
esteroideos (AINE) antagonizan los efectos antihipertensivos de los
bloqueadores beta.
La dosificación adecuada
de los bloqueadores beta varía según las
características clínicas del paciente y el
fármaco elegido. En la tabla 2 se pueden consultar las dosis
orales diarias medias en pacientes con hipertensión y
angina. En la tabla 3 se indica la dosis media recomendada para la
administración intravenosa.

EFICACIA Y
USO CLÍNICO
Los
beneficios e indicaciones clínicas de los bloqueadores beta
están claramente definidos en numerosas enfermedades
cardiovasculares y su utilidad potencial también ha sido
establecida con claridad en numerosas situaciones clínicas.
El uso de bloqueadores beta es seguro cuando se han descartado las
contraindicaciones y se administra un régimen adecuado. Se
debe evitar la interrupción repentina para prevenir los
efectos de rebote. En caso de duda, se recomienda consultar con un
especialista.
Los
beneficios del tratamiento con bloqueadores beta están
ampliamente documentados en las siguientes enfermedades:
Infarto
agudo de miocardio (IAM)
Durante la fase aguda del infarto de miocardio, los bloqueadores
beta orales están indicados en todos los pacientes sin
contraindicaciones (clase I, grado de evidencia A). Se debe
considerar la administración intravenosa en pacientes con
dolor isquémico resistente a los opiáceos, con
isquemia recurrente y en el control de la hipertensión, la
taquicardia y las arritmias (tabla 4)33-35.

Los
bloqueadores beta limitan el tamaño del infarto, reducen las
arritmias potencialmente mortales, alivian el dolor y reducen la
mortalidad, incluida la muerte cardíaca súbita
(MCS)36-43. En 2 amplios estudios clínicos se
demuestra la utilidad de los bloqueadores beta durante las primeras
horas del IAM. En el estudio ISIS-1 (First International Study of
Infarct Survival)40, los pacientes con 12 h de
evolución fueron aleatorizados a tratamiento con atenolol
intravenoso seguido de administración oral durante 7
días o a tratamiento convencional, y reveló una
reducción significativa de la mortalidad a los 7 días
(3,7 frente a 4,6%; equivalente a 6 vidas salvadas por 1.000
pacientes tratados). La mejoría se debió
principalmente a la disminución del número de casos
de rotura cardíaca, que se hizo evidente al final del primer
día y se mantuvo al mes y al cabo de 1 año. En otro
estudio importante, el MIAMI (Metoprolol in Myocardial
Infarction)41, la administración intravenosa de
metoprolol seguida de su uso oral no redujo significativamente la
mortalidad a los 15 días comparada con la del grupo placebo
(4,3-4,9%; p = NS). En un metaanálisis de 28 estudios
clín icos anteriores sobre el uso de bloqueadores beta
intravenosos43 se observó una reducción
absoluta de la mortalidad a corto plazo, del 4,3 al 3,7% (7 vidas
salvadas/1.000 pacientes tratados). Esta mejoría,
pequeña pero significativa, fue demostrada antes de la era
de la reperfusión. En un metaanálisis más
reciente basado en 52 estudios, en la mayoría de los cuales
se incluía un número reducido de pacientes, se
obtuvieron los mismos hallazgos44.
Tras la generalización de la terapia de reperfusión
se llevaron a cabo 2 estudios aleatorizados sobre el uso de
bloqueadores beta de administración intravenosa en el
IAM45,46, pero el número de complicaciones era
demasiado reducido para alcanzar conclusiones claras. En el segundo
estudio TIMI-II (Thrombolysis in Myocardial Infarction
II)45 se aleatorizó a los pacientes tratados con
trombólisis para recibir tratamiento con metoprolol
intravenoso en fase temprana y metoprolol oral, frente a
tratamiento con metoprolol oral después de 6 días. Se
observó una frecuencia menor de reinfarto y de isquemia
recurrente en el primer grupo y, cuando el tratamiento se
inició durante las primeras 2 h de la aparición de
los síntomas, se observó una reducción del
criterio de valoración combinado de muerte o reinfarto. Los
datos del Registro Nacional de Estados Unidos sobre Infarto de
Miocardio 2 (US National Registry of Myocardial Infarction
2)47 mostraron que la administración inmediata de
bloqueadores beta en pacientes con IAM tratados con activador
tisular del plasminógeno (t-PA) reduce la incidencia de
hemorragia intracraneal, aunque la mejoría fue
pequeña (0,7 y 1,0%; 3 pacientes/1.000 tratados). Sin
embargo, el análisis post hoc del estudio GUSTO-I
(Global utilization of streptokinase and t-PA for occluded coronary
arteries) y el análisis sistemático de todas las
experiencias disponibles no apoyan la utilización
sistemática y temprana de bloqueadores beta de
administración intravenosa33,44,48, al
menos cuando se administra tratamiento antitrombolítico o se
realiza una intervención percutánea primaria. Los
nuevos datos de los estudios PAMI (Primary Angioplasty in AMI),
Stent-PAMI, Air-PAMI y CADILLAC (Controlled Abciximab and Device
Investigation to Lower Late Angioplasty Complications) apuntan
hacia una reducción de la mortalidad cuando se utilizan
bloqueadores beta antes de la angioplastia
primaria49-51.
Prevención secundaria tras el infarto de
miocardio
Los
bloqueadores beta por vía oral están recomendados en
el tratamiento a largo plazo (de forma indefinida) en todos los
pacientes que se recuperen del IAM y no presenten
contraindicaciones (clase I, grado de evidencia A) (tabla
5)33-35,52-58. Esta indicación de los
bloqueadores beta es infrautilizada59,60.

En
diversos estudios clínicos amplios, con seguimiento a largo
plazo, en los que se incluye a un total de más de 35.000
supervivientes del infarto de miocardio, se ha demostrado que el
uso de bloqueadores beta en pacientes en fase de
recuperación de un episodio de IAM mejora la supervivencia
un 20-25% por medio de la reducción de la mortalidad
cardíaca, la MCS y el reinfarto43,44,49,61-66.
Los resultados positivos se obtuvieron en estudios en los que se
comparaba el uso de propranolol, metoprolol, timolol, acebutolol y
carvedilol con placebo; por el contrario, no se demostraron
beneficios en los estudios realizados con alprenolol, atenolol,
oxprenolol o xamoterol44. En un metaanálisis de
82 estudios aleatorizados (31 de ellos con seguimiento a largo
plazo) se han obtenido pruebas convincentes de que el uso a largo
plazo de bloqueadores beta reduce la morbilidad y la mortalidad
tras el IAM, incluso si se administra a la vez aspirina,
fibrinolíticos o inhibidores de la enzima de
conversión de la angiotensina (IECA)44. Se
observó una reducción anual de 1,2 muertes por cada
100 pacientes tratados con bloqueadores beta tras el infarto de
miocardio, lo que significa que será preciso tratar
alrededor de 84 pacientes durante 1 año para evitar 1
muerte44. De igual manera, la reducción anual de
reinfarto fue de 0,9 episodios por cada 100 pacientes tratados, lo
que quiere decir que es necesario tratar a 107 pacientes durante 1
año para evitar 1 reinfarto no mortal. En el análisis
retrospectivo del Proyecto de Cooperación Cardiovascular
(Cooperative Cardiovascular Project), en el que se incluyó a
más de 200.000 pacientes con infarto de miocardio, el uso de
bloqueadores beta se asoció con una reducción de la
mortalidad con independencia de la edad, la raza, la presencia de
enfermedad pulmonar, la diabetes, la presión arterial, la
fracción de eyección, la frecuencia cardíaca,
la función renal y el tratamiento recibido durante la
hospitalización, incluida la revascularización
miocárdica21.
En
el estudio BHAT (Beta-blocker Heart Attack Trial)61, los
pacientes fueron aleatorizados después de 5-21 días
de haber sufrido un IAM a tratamiento con propranolol o placebo. La
mortalidad tras un período medio de seguimiento de 2
años se redujo un 25% (7 frente a 9,5%) (25 vidas
salvadas/1.000 pacientes tratados). En un estudio
noruego62, los pacientes fueron asignados a tratamiento
con timolol o al grupo placebo tras 7-28 días de haber
presentado un IAM. La mortalidad se redujo del 9,8 al 7,2% (26
vidas salvadas/1.000 pacientes tratados) en un período de
seguimiento de 25 meses. También se redujeron
significativamente la muerte súbita cardíaca y el
reinfarto. Cabe destacar que la acción beneficiosa del
timolol sobre la supervivencia se mantuvo durante al menos 6
años63. En el estudio de Hjalmarson et
al64, la administración de metoprolol, primero
por vía intravenosa y después por vía oral,
redujo la mortalidad en un 26% a los 90 días. En el estudio
de Boissel et al (Acebutolol et Prévention Secondarie de
l'Infartus, APSI)65, en que se incluía a
pacientes de alto riesgo tras 2-22 días del IAM, se
observó también una reducción significativa de
la mortalidad del 48% asociada al tratamiento con el bloqueador
beta. En el estudio CAPRICORN (Carvedilol Post Infarct Survival
Control in Left Ventricular Dysfunction), en el que se
incluía a pacientes tras 2-21 días del IAM, con
fracción de eyección del ventrículo izquierdo
reducida y tratamiento con IECA, la mortalidad por todas las causas
fue inferior en el grupo de carvedilol que en el grupo placebo (el
12 frente al 15%)66. La reducción significativa
de la mortalidad por insuficiencia cardíaca observada con la
administración de bloqueadores beta y el resultado del
estudio CAPRICORN apoyan el uso de estos agentes en pacientes de
alto riesgo, con función ventricular afectada o
insuficiencia cardíaca tras el infarto, y demuestran que el
beneficio de los bloqueadores beta se observa también en
pacientes que reciben tratamientos acordes con la práctica
actual, incluida la terapia de reperfusión y los
IECA.
Si
bien el beneficio de los bloqueadores beta se observa en una amplia
población tras el infarto21,30,67, el beneficio
de la terapia a largo plazo es mayor en los pacientes de alto
riesgo (p. ej., pacientes con evidencia de un infarto importante o
anterior), y continúa abierto el debate sobre si los
individuos de bajo riesgo (jóvenes, pacientes
revascularizados sin infarto previo, con isquemia residual o
arritmias ventriculares y función ventricular normal)
deberían ser tratados con bloqueadores beta, ya que el
pronóstico a largo plazo es favorable. Los pacientes con
cardiopatía isquémica crónica estable y los
pacientes con aterosclerosis (placas carotídeas) se
podrían beneficiar del tratamiento combinado de estatinas y
bloqueadores beta68. El tratamiento con bloqueadores
beta en pacientes diabéticos parece más efectivo que
en los no diabéticos y el riesgo de complicaciones es
insignificante69. Otros subgrupos de alto riesgo, entre
los que se incluyen las arritmias ventriculares tardías y la
isquemia postinfarto, infartos con y sin ondas Q y pacientes de
edad avanzada, también se benefician de la terapia con
bloqueadores beta21,67. Aunque hace algún tiempo
se consideró la posibilidad de descartar el uso de
bloqueadores beta en ciertos subgrupos de pacientes debido a
algunas de sus contraindicaciones, nuevas pruebas apuntan a que los
beneficios de los bloqueadores beta en la reducción del
reinfarto y de la mortalidad pueden, de hecho, sobrepasar los
riesgos, incluso en pacientes con: a) diabetes mellitus tipo
1; b) EPOC; c) enfermedad vascular periférica
severa; d) intervalo PR de hasta 0,24 s, y e) fracaso
ventricular izquierdo moderado21. En cualquier caso, es
preciso resaltar que el uso de bloqueadores beta en dichos
pacientes requiere un seguimiento riguroso para controlar la
aparición de efectos adversos34.
Síndrome coronario agudo sin elevación del segmento
ST
Los
pacientes con síndrome coronario agudo (SCA) sin
elevación del segmento ST deben ser tratados con
bloqueadores beta tan pronto como sea posible, para controlar la
isquemia y prevenir el IAM/reinfarto (clase I, grado de evidencia
B)65-67. Tras la fase aguda, todos los pacientes deben
ser tratados con bloqueadores beta durante un período largo
para la prevención secundaria (clase I, grado de evidencia
A) (tabla 6)70,71.

Hay
pocos estudios aleatorizados sobre el uso de bloqueadores beta en
pacientes con angina inestable e infarto de miocardio sin ondas
Q73-75, y la nueva terminología de SCA sin
elevación del segmento ST hace aún más
difícil el análisis de los posibles efectos. Por
ello, las recomendaciones se basan en estudios reducidos de angina
inestable, en la evidencia sobre el IAM con elevación del
segmento ST y en pacientes estables con isquemia e infarto de
miocardio previo. De hecho, hay pocos estudios en pacientes con
angina inestable que comparen los bloqueadores beta con el placebo.
Un metaanálisis sugiere que el tratamiento con bloqueadores
beta está asociado a una reducción relativa del 13%
del riesgo de progresión a IAM76. Aunque en estos
estudios reducidos no se ha demostrado un efecto significativo
sobre la mortalidad en la angina inestable, en estudios más
amplios sobre el uso de bloqueadores beta en pacientes con infarto
de miocardio agudo o reciente se ha mostrado un efecto
significativo sobre la mortalidad43,44. Además,
un análisis retrospectivo del Proyecto de Cooperación
Cardiovascular21 indica que el riesgo relativo de muerte
es inferior en pacientes con infarto de miocardio sin ondas Q
tratados con bloqueadores beta. Los datos procedentes de 2.894
pacientes con SCA incluidos en 5 estudios comparativos
aelatorizados sobre el uso de abciximab durante el intervencionismo
coronario mostraron una reducción de la mortalidad a los 30
y 60 días de seguimiento asociada al uso de bloqueadores
beta77. No hay pruebas de que un agente bloqueador beta
específico sea más efectivo y produzca más
efectos beneficiosos en la angina inestable. El tratamiento oral
debe pretender alcanzar una frecuencia cardíaca de 50-60
lat/min. En pacientes de alto riesgo, estos fármacos se
deben administrar por vía intravenosa (clase II, grado de
evidencia B)70,71. Los bloqueadores beta pueden aumentar
el tono de las arterias coronarias y están contraindicados
en la angina vasoespástica sin lesiones
obstructivas78.
Cardiopatía isquémica crónica y
estable
Todos los pacientes con cardiopatía isquémica
crónica estable deben ser tratados con bloqueadores beta a
largo plazo para controlar la isquemia, prevenir el infarto y
mejorar la supervivencia. Ésta se considera una
recomendación de clase I con grado de evidencia A en
pacientes con infarto de miocardio previo. Es una
recomendación de clase I con niveles de evidencia A, B y C
(para controlar la isquemia, prevenir el infarto y mejorar la
supervivencia, respectivamente) en ausencia de historia previa de
infarto (tabla 7)33,34,52,53,57,72,79. Se deben
considerar los bloqueadores beta como tratamiento de primera
elección en pacientes con angina o isquemia crónicas
e hipertensión, infarto previo o función ventricular
deprimida53,57,58,79, ya que parece que son
infrautilizados en estas indicaciones80.

Los
bloqueadores beta son muy efectivos para controlar la angina
inducida por el ejercicio, mejorar la capacidad de
ejercicio81-87 y reducir o suprimir los episodios
isquémicos, sintomáticos y
asintomáticos85,88-91. No se han observado
diferencias clínicas claras entre distintos bloqueadores
beta y tampoco se han encontrado diferencias relevantes al comparar
los bloqueadores beta con los bloqueadores de los canales del
calcio para el control de la isquemia92-95. La terapia
combinada de nitratos y bloqueadores beta puede ser más
efectiva que los nitratos o bloqueadores beta por sí
solos96. También se pueden combinar los
bloqueadores beta con hidropiridinas97-101, pero la
combinación con verapamilo y diltiazem aumenta el riesgo de
bradicardia y bloqueo AV.
Siempre que sea posible, cuando se programe una ergometría
para el diagnóstico y la estratificación de riesgo de
pacientes en los que se sospecha una enfermedad coronaria,
deberían retirarse los bloqueadores beta (y otros
fármacos antiisquémicos) con un período de
antelación equivalente a 4 vidas medias (normalmente,
alrededor de 48 h)102.
Los
bloqueadores beta deben ser retirados de manera gradual para evitar
efectos de rebote26,103. La influencia sobre el
pronóstico de los pacientes con angina estable no ha sido
estudiada de forma específica en grandes ensayos y la mayor
parte de la información procede de estudios realizados en la
era pretrombolítica, en un momento en el que la
revascularización miocárdica se realizaba de manera
más restringida. En cualquier caso, un tercio de los
pacientes incluidos en los estudios sobre postinfarto y
bloqueadores beta tenían una historia de angina previa. En
el
ß
-blockers Pooling
Project67 se comunicó una reducción
altamente significativa de la mortalidad en este subgrupo, y parece
razonable asumir que los bloqueadores beta pueden potencialmente
prevenir la muerte, en especial la muerte súbita
cardíaca, así como el infarto de miocardio incluso en
casos en los que no ha habido infarto
previo53,57,79.
Los
efectos de los bloqueadores beta en pacientes con angina inestable
sin IAM previo o hipertensión han sido investigados en
algunos estudios aleatorizados controlados. En el estudio TIBET
(Total Ischaemic Burden European Trial)104 no se
encontraron diferencias entre el atenolol y el nifedipino, y en el
APSIS (Angina Prognosis Study in Stockholm)105, el
resultado clínico fue similar en los grupos tratados con
metoprolol y verapamilo. En el estudio ASIST (Atenolol Silent
Ischaemia Study)91, en el que se incluyó a
pacientes con angina leve, el atenolol redujo los episodios
isquémicos a las 6 semanas comparado con el grupo placebo y
al año se observó una mejora en los resultados
cardiovasculares combinados. En el TIBBS (Total Ischaemic Burden
Bisoprolol Study)106, el bisoprolol fue más
efectivo que el nifedipino en la reducción del número
y la duración de los episodios isquémicos en
pacientes con angina estable. En el estudio IMAGE (International
Multicenter Angina Exercise)107, el metoprolol fue
más efectivo que el nifedipino en el control de la isquemia
inducida por ejercicio.
Insuficiencia cardíaca
Todos los pacientes con insuficiencia cardíaca
crónica estable, leve, moderada o severa producida por
miocardiopatías isquémicas o no isquémicas y
con fracción de eyección del ventrículo
izquierdo reducida (clase II-IV de la New York Heart Association
[NYHA]) deben ser tratados con bloqueadores beta, excepto cuando
haya alguna contraindicación (clase I, grado de evidencia
A)55,108. En pacientes con disfunción
sistólica del ventrículo izquierdo, con o sin
insuficiencia cardíaca sintomática tras un IAM, se
recomienda el t ratamiento a largo plazo con bloqueadores beta
además de IECA para reducir la mortalidad (clase I, grado de
evidencia A)55,108. Por último, se recomiendan
los bloqueadores beta en pacientes con insuficiencia
cardíaca crónica y función ventricular
izquierda conservada (clase IIa, grado de evidencia
C)108 (tabla 8). Los bloqueadores beta están
infrautilizados en los pacientes con insuficiencia
cardíaca109.

Los
beneficios clínicos de los bloqueadores beta en pacientes
con insuficiencia cardíaca crónica y
disfunción sistólica del ventrículo izquierdo
fueron demostrados en una serie de pequeños ensayos y en
varios ensayos clínicos amplios (prospectivos, aleatorizados
y controlados con grupo placebo) en los que se incluyó a un
total de 15.000 pacientes110-125. En los estudios sobre
la mortalidad controlados con grupo placebo, el tratamiento con
carvedilol66,116,119,124,125, bisoprolol121 y
metoprolol122,123 se asoció con una
reducción a largo plazo de la mortalidad total, la
mortalidad cardiovascular, la MCS y la muerte debida a la
progresión de la insuficiencia cardíaca en pacientes
con clase funcional II-IV. En estos estudios, el uso de
bloqueadores beta también se asoció con una
reducción de las hospitalizaciones (de todo tipo, por
insuficiencia cardíaca u otras etiologías
cardiovasculares) y una mejora de la clase funcional, y
evitó el empeoramiento de la insuficiencia cardíaca.
Estos efectos beneficiosos se han observado de forma consistente en
subgrupos de distintas edades, sexo, clase funcional,
fracción de eyección del ventrículo izquierdo
y etiología isquémica/no isquémica, en
diabéticos y no diabéticos. Los pacientes de raza
negra pueden constituir una excepción, ya que en el estudio
BEST no se observaron beneficios de la terapia con bloqueadores
beta en la insuficiencia cardíaca en este grupo
étnico126. En pequeños estudios
controlados se demostró que los bloqueadores beta mejoraban
la función ventricular115-127. También
pueden mejorar la capacidad de ejercicio114, los
síntomas y la calidad de vida17, pero estos
efectos son, normalmente, marginales y no han sido demostrados de
forma consistente en todos los estudios en los que se comparaba el
tratamiento con bloqueadores beta frente a
placebo128.
En
el estudio CIBIS-2 (Cardiac Insufficiency Bisoprolol
Study-2)121, pacientes sintomáticos de clase III
o IV de la NYHA, con una fracción de eyección del
ventrículo izquierdo ≤
35%, tratados con terapia
convencional a base de diuréticos e IECA, fueron asignados
al azar a tratamiento con bisoprolol o al grupo placebo durante una
media de 1,3 años. El estudio fue interrumpido
prematuramente debido a que el bisoprolol mostró un
beneficio significativo en la mortalidad (11,8 frente a 17,3%) (55
vidas salvadas/1.000 pacientes tratados; el número necesario
de pacientes tratados [NNT] durante 1,3 años para salvar 1
vida fue de 18). Además, hubo una incidencia
significativamente menor de MCS entre los pacientes tratados con
bisoprolol comparada con el grupo placebo (3,6 frentendientes de la
severidad o la etiología de la insuficiencia
cardíaca.
En
el estudio MERIT-HF (Metoprolol Randomised Intervention
Trial)122 se incluyó a pacientes con
insuficiencia cardíaca crónica en clase funcional
II-IV de la NYHA y una fracción de eyección
≤
40%,
estabilizados con una terapia óptima convencional, que
fueron asignados al azar a tratamiento con metoprolol CR/XL o
placebo. Este estudio también fue interrumpido de forma
prematura por recomendación del comité independiente
de seguridad tras un seguimiento medio de 1 año. La
mortalidad de todo tipo fue menor en el grupo de metoprolol que en
el grupo placebo (7,2%, por paciente-año de seguimiento,
frente a 11,0%) (38 vidas salvadas/1.000 tratados; el NNT durante 1
año para salvar 1 vida fue de 28). También se
observó una reducción en la MCS del 41% y una
disminución de la mortalidad por empeoramiento de la
insuficiencia cardíaca del 49%.
En
el estudio COPERNICUS (Carvedilol Prospective Randomised Cumulative
Survival)124 se incluyó a pacientes que
habían presentado síntomas de insuficiencia
cardíaca en reposo o con mínimo esfuerzo,
clínicamente euvolémicos y con una fracción de
eyección < 25%, que fueron asignados al azar a
tratamiento con carvedilol o a placebo durante un período
medio de 10,4 meses. Este estudio también se dio por
terminado antes de tiempo tras observar una reducción
significativa de la mortalidad: el riesgo acumulativo de muerte al
año fue del 18,5% en el grupo placebo y del 11,4% en el
grupo tratado con carvedilol (71 vidas salvadas/1.000 tratados; el
NNT durante 10,4 meses para salvar 1 vida fue de 18). Al igual que
en estudios previos, se observó una reducción de las
hospitalizaciones y de las muertes cardíacas súbitas.
En un análisis post hoc de los estudios CIBIS II y
MERIT-HF, en los que se incluyó a los pacientes de alto
riesgo con una fracción de eyección < 25% y clase
funcional III y IV de la NYHA, se obtuvieron resultados
similares121,129.
El
estudio CAPRICORN66 se realizó en pacientes con
una fracción de eyección < 40% poco después
de un episodio de IAM que fueron aleatorizados a tratamiento con
carvedilol o placebo. Tras un seguimiento medio de 1,3 años,
la mortalidad de todo tipo considerada de forma aislada fue
inferior en el grupo de bloqueadores beta (12 frente a 15%),
mientras que no se observaron diferencias en el índice de
rehospitalización.
En
el estudio BEST (Beta-blocker Evaluation of Survival
Trial)130, pacientes con insuficiencia cardíaca
crónica y una fracción de eyección del
ventrículo izquierdo reducida fueron asignados a tratamiento
con bucindolol o placebo. El estudio fue interrumpido
prematuramente debido a la ausencia de diferencias en la mortalidad
total tras 2 años de seguimiento (33 frente a 30% en los
grupos placebo y bucindolol, respectivamente; p = 0,16). Sin
embargo, el riesgo del parámetro de valoración
secundario de muerte por causas cardiovasculares fue inferior en el
grupo de bucindolol (HR = 0,86; 0,74-0,99), así como la
rehospitalización secundaria al empeoramiento de la
insuficiencia cardíaca. En un análisis de subgrupos
se observó una supervivencia mayor en pacientes de raza
distinta de la negra.
En
términos generales, el NNT durante aproximadamente 1
año con bloqueadores beta en la insuficiencia
cardíaca (ICC) de clase II/III de la NYHA (leve-moderada) es
de 28 pacientes para prevenir 1 muerte u hospitalización
(datos basados en el estudio MERIT-HF) y en la ICC moderada o
severa (fundamentalmente de clase III/IV) el NNT es de 18 y 13,
respectivamente (datos basados en el estudio
COPERNICUS).
A
pesar de que se ha demostrado una reducción de la mortalidad
y de las hospitalizaciones con varios bloqueadores beta en la
insuficiencia cardíaca crónica, todavía no se
ha demostrado un efecto de clase. No se ha observado una mejora de
la supervivencia con el bucindolol (BEST)130, aunque la
utilización de este fármaco se asoció con una
reducción del infarto de miocardio y de la mortalidad por
causas cardiovasculares131. En el estudio COMET
(Carvedilol Or Metoprolol European Trial)132 se
compararon directamente 2 bloqueadores beta distintos (metoprolol
frente a carvedilol). En el estudio se incluyó a pacientes
con insuficiencia cardíaca crónica y una
fracción de eyección del ventrículo izquierdo
reducida que fueron tratados con carvedilol (dosis a alcanzar: 25
mg, 2 veces al día) o metoprolol tartrato (dosis a alcanzar:
50 mg, 2 veces al día). Tras un seguimiento medio de 58
meses, la mortalidad de todo tipo fue inferior en el grupo de
carvedilol (34 frente a 40%) (HR = 0,83; intervalo de confianza
[IC] del 95%, 0,74-0,93), equivalente a un NNT para salvar una vida
de 59, y este hallazgo fue consistente en todos los grupos
predefinidos. No se observaron diferencias en la
rehospitalización entre los grupos. Los resultados de este
estudio sugieren que el carvedilol es mejor que el metoprolol para
prolongar la vida de los pacientes con insuficiencia
cardíaca. No obstante, en este estudio, la
formulación del metoprolol era diferente de la utilizada en
el estudio MERIT-HF (tartrato frente a succinato de
liberación lenta) y la dosis a alcanzar era inferior (50
mg/12 h frente a 100 mg/12 h, equivalente a 130 mg/día de
tartrato). De cualquier modo, el estudio COMET pone de manifiesto
que la selección de un bloqueador beta y la dosis utilizada
puede tener un impacto significativo en el resultado de los
pacientes con ICC. En consecuencia, sólo se recomiendan el
bisoprolol, el metoprolol con la formulación y
dosificación utilizadas en el estudio MERIT-HF y el
carvedilol para el tratamiento de pacientes con insuficiencia
cardíaca.
Se
necesitan más datos para establecer los efectos de los
agentes bloqueadores beta sobre determinados grupos
demográficos, como individuos de edad avanzada (> 75nos
subgrupos raciales y pacientes con fibrilación auricular. En
el ensayo SENIORS se investiga el efecto de un bloqueador beta
(nevibolol) en los pacientes ancianos con insuficiencia
cardíaca. En otro estudio, el CIBIS-3, se utiliza
inicialmente el bisoprolol seguido de IECA.
Debido a que la acción de los bloqueadores beta puede ser
bifásica, con mejoría a largo plazo pero con un
posible empeoramiento inicial, el tratamiento se debe iniciar bajo
un control minucioso. La dosis de inicio debe ser pequeña,
para aumentarla lenta y progresivamente hasta llegar a la
«dosis a alcanzar» utilizada en los grandes ensayos
clínicos. El aumento de la dosis se debe adaptar a cada caso
individual. Los bloqueadores beta pueden reducir excesivamente la
presión arterial y la frecuencia cardíaca, pueden
provocar una depresión miocárdica temporal y
precipitar una insuficiencia cardíaca. Además, pueden
iniciar o agravar el asma e inducir vasoconstricción
periférica. En la tabla 9 se indica el procedimiento
recomendado para el uso de bloqueadores beta en la práctica
clínica y sus contraindicaciones. En una reciente
revisión puede encontrarse una guía práctica
detallada sobre el uso de bloqueadores beta en la
ICC133.

Insuficiencia cardíaca con función sistólica
conservada
Debido a la escasez de datos sobre los posibles beneficios de los
bloqueadores beta en pacientes con insuficiencia cardíaca
con función sistólica del ventrículo izquierdo
conservada, la recomendación de su uso en estos pacientes es
empírica y está basada sobre todo en el posible
beneficio obtenido al disminuir la frecuencia cardíaca y
mejorar la isquemia miocárdica.
Insuficiencia cardíaca aguda
Hasta el momento no se han desarrollado ensayos clínicos
aleatorizados con bloqueadores beta en la insuficiencia
cardíaca aguda con el objetivo de mejorar la
condición aguda. En el estudio de Goteborg se
administró metoprolol intravenoso o placebo poco tiempo
después del IAM, seguido de su administración oral
durante 3 meses. En el grupo tratado con metoprolol hubo menos
pacientes con nuevos síntomas de insuficiencia
cardíaca y en los pacientes con signos de congestión
pulmonar con crepitantes basales y/o furosemida intravenosa, el
tratamiento con metoprolol redujo la mortalidad y la
morbilidad134. En el estudio COPERNICUS, la terapia con
bloqueadores beta iniciada poco después de la
descompensación aguda de una insuficiencia cardíaca
crónica se asoció con una reducción de la
mortalidad a largo plazo124. En el estudio CAPRICORN
también se observaron los beneficios del tratamiento con
bloqueadores beta en los pacientes con insuficiencia
cardíaca o disfunción ventricular izquierda
aleatorizados poco después de presentar un IAM66.
Como recomienda la ESC en su Guía de Práctica
Clínica sobre la insuficiencia
cardíaca135, en los pacientes con insuficiencia
cardíaca manifiesta que presenten más que crepitantes
basales se utilizarán los bloqueadores beta con
precaución. En estos pacientes, y ante la presencia de
isquemia y taquicardia, se considerará el metoprolol
intravenoso (clase IIb, grado de evidencia C). Sin embargo, en los
que hayan presentado un IAM y estén estabilizados tras la
insuficiencia cardíaca aguda, se iniciará pronto la
terapia con bloqueadores beta (clase IIa, grado de evidencia B). En
pacientes con insuficiencia cardíaca crónica se
administrarán bloqueadores beta cuando se hayan estabilizado
tras el episodio agudo (normalmente, 4 días después)
(clase I, grado de evidencia A). La dosis oral de inicio del
bisoprolol, carvedilol o metoprolol debe ser reducida y se
aumentará de manera lenta y progresiva hasta llegar a la
«dosis a alcanzar» utilizada en los grandes ensayos
clínicos. El incremento de la dosis se adaptará a
cada caso individual. Los pacientes que reciban bloqueadores beta y
se encuentren ingresados por el agravamiento de la insuficiencia
cardíaca deben, en general, continuar con el tratamiento,
excepto si requieren apoyo inotrópico; sin embargo, cabe la
posibilidad de reducir la dosis si hay sospecha de signos de dosis
excesiva (bradicardia e hipotensión).
Arritmias
(tabla 10)

Taquicardia sinusal
La
taquicardia sinusal no se considera una enfermedad primaria y el
tratamiento debe estar dirigido a la causa subyacente. En algunos
individuos se pueden utilizar bloqueadores beta para reducir la
frecuencia cardíaca136,137 (clase I, grado de
evidencia C) (p. ej., si la frecuencia cardíaca
rápida produce síntomas) y están especialmente
indicados en situaciones de ansiedad, tras el infarto de miocardio,
en pacientes con insuficiencia cardíaca, hipertiroidismo y
estado
ß
-adrenérgico
hiperdinámico137,138. En pacientes con
feocromocitoma, los bloqueadores beta también son efectivos
para controlar la taquicardia sinusal, pero si se administran solos
puede presentarse una crisis hipertensiva secundaria a la
constricción mediada por
*
-receptores sin oposición139.
Taquicardias supraventriculares
Los
bloqueadores beta son efectivos para eliminar los latidos
auriculares prematuros, controlar la frecuencia cardíaca y
revertir la taquicardia auricular focal, así como
para prevenir su recurrencia, que en muchos casos es el resultado
del aumento del tono simpático140, como ocurre
tras la cirugía (clase I, grado de evidencia C) (tabla
10)137. Por el contrario, la taquicardia auricular
multifocal con frecuencia está asociada a la enfermedad
pulmonar obstructiva severa, en la que los bloqueadores beta son
inefectivos y están contraindicados. Las taquicardias
recíprocas del nodo AV, la forma más común
de la taquicardia supraventricular paroxística,
también responde favorablemente a la administración
intravenosa de propranolol, metoprolol, atenolol, sotalol o
timolol, con una disminución de la frecuencia
cardíaca, la conversión a ritmo sinusal o facilitando
el éxito de las maniobras vagales137,141-145
(clase I, grado de evidencia C). Los bloqueadores beta
también son útiles para la prevención de
episodios recurrentes. Asimismo, son muy efectivos en la
prevención de las taquicardias paroxísticas
precipitadas por emociones o ejercicio146. Se ha
demostrado que la administración oral de propranolol,
atenolol, nadolol y sotalol es efectiva en el tratamiento
profiláctico a largo plazo de los pacientes con taquicardias
supreventriculares paroxísticas145 (clase I,
grado de evidencia C)137. También se recomienda
el uso de bloqueadores beta para el tratamiento de otras formas de
taquicardias supraventriculares, incluida la taquicardia focal
de la unión y la taquicar dia no paroxística
de la unión137 (tabla 10).
Taquicardias en el síndrome de Wolff-Parkinson-White
(WPW)
Los
bloqueadores beta pueden ser efectivos en algunos pacientes con
arritmias supraventriculares en presencia del síndrome de
WPW en aquellos casos en los que un estudio
electrofisiológico haya demostrado que la vía
accesoria no permite la conducción anterógrada
rápida137,145. Pese a ello, pueden causar
complicaciones muy serias. Los bloqueadores beta, al igual que la
digital y los bloqueadores de los canales de calcio, no bloquean la
vía accesoria y pueden incluso aumentar la
conducción, dando como resultado una rápida respuesta
ventricular que puede desembocar en hipotensión o parada
cardíaca136,147-149. Por ello, los bloqueadores
beta están contraindicados en las arritmias asociadas al
síndrome de WPW. También están contraindicados
en pacientes con enfermedad del seno o síndrome
bradicardia/taquicardia, ya que se puede precipitar una parada
sinusal con síncope145.
Aleteo
auricular
Los
bloqueadores beta no son efectivos en la conversión del
aleteo auricular a ritmo sinusal, pero pueden serlo para controlar
la frecuencia ventricular, por lo que están indicados en
pacientes estables (clase I, grado de evidencia
C)137.
Fibrilación auricular
Los
bloqueadores beta pueden ser efectivos en la prevención de
episodios de fibrilación auricular (FA), para controlar la
frecuencia cardíaca, revertir la fibrilación
auricular a ritmo sinusal y mantenerlo tras su restauración
(tabla 10)136:
Prevención. La incidencia de FA es menor en pacientes en
tratamiento con bloqueadores beta. Este efecto ha sido observado en
estudios aleatorizados en pacientes con insuficiencia
cardíaca, durante la prevención secundaria tras el
IAM, en la hipertensión y tras la cirugía electiva no
cardíaca136.
Control de la frecuencia cardíaca. Se puede administrar
propranolol, atenolol, metoprolol o esmolol por vía
intravenosa para controlar de forma aguda la respuesta ventricular
en la fibrilación auricular en situaciones clínicas
específicas, especialmente en estados de tono
adrenérgico elevado (p. ej., en períodos
postoperatorios), mientras que no se recomienda la
administración intravenosa en la insuficiencia
cardíaca. También se ha probado la efectividad de los
bloqueadores beta en pacientes con FA como complicación de
una tirotoxicosis, un IAM, una cardiopatía isquémica
crónica estable150,151 y durante el
embarazo152. El esmolol por vía intravenosa es el
agente recomendado para el control agudo de la frecuencia
cardíaca136,153.
Para el tratamiento a largo plazo, los bloqueadores beta
constituyen una terapia segura en pacientes con FA: permiten
controlar la frecuencia cardíaca y antagonizar los efectos
del incremento del tono simpático. En 7 de 12 comparaciones
con placebo, los bloqueadores beta fueron efectivos en el control
de la frecuencia cardíaca en reposo. El efecto fue
específico del fármaco utilizado y se observó
que sotalol, nadolol y atenolol eran los más
eficaces150. El atenolol proporcionó un mejor
control de la taquicardia inducida por el ejercicio que la digoxina
sola154. En algunas ocasiones será preciso
combinar varios agentes para alcanzar un control adecuado de la
frecuencia cardíaca y siempre se tomarán precauciones
para evitar un enlentecimiento excesivo. En términos
generales, la combinación de digoxina y bloqueadores beta
parece ser más efectiva que la digoxina o los bloqueadores
beta por sí solos y es mejor que la combinación de
digoxina y bloqueadores de los canales de
calcio155-158.
Conversión a ritmo sinusal. Hay pocos estudios
aleatorizados que exploren la eficacia de los bloqueadores beta
para revertir la FA a ritmo sinusal o para mantenerlo. En un
estudio aleatorizado, abierto y cruzado se demostró que el
atenolol es tan eficaz como el sotalol y mejor que el placebo en la
supresión de episodios de FA, al reducir su duración
y los síntomas asociados150. En la FA posterior a
una cirugía no cardíaca, el esmolol intravenoso
produjo una conversión más rápida a ritmo
sinusal que el diltiazem intravenoso151, pero se
prefiere utilizar otros fármacos antiarrítmicos para
la cardioversión a ritmo sinusal136. Los
bloqueadores beta pueden reducir las recurrencias subagudas tras la
conversión a ritmo sinusal151, y el bisoprolol es
tan eficaz como el sotalol159 y el
carvedilol160 para mantener el ritmo sinusal tras la
FA.
Arritmias
ventriculares
Los
bloqueadores beta son eficaces en el control de las arritmias
ventriculares relacionadas con la activación
simpática, incluidas las arritmias inducidas por el
estrés, el IAM, las perioperatorias y la insuficiencia
cardíaca, así como en la prevención de la MCS
(clase I, grado de evidencia A)33,35,52,56,57 (tabla
10). La mayoría de los bloqueadores beta han mostrado su
eficacia en la reducción del número de latidos
ventriculares prematuros. En la taquicardia ventricular sostenida,
los bloqueadores beta como propranolol, sotalol, metoprolol y
atenolol oral han sido efectivos para revertir la taquicardia, pero
la experiencia disponible es limitada por la escasez de estudios
controlados. La efectividad de los bloqueadores beta en el
tratamiento de la fibrilación ventricular es
anecdótica161. Por el contrario, los bloqueadores
beta son muy eficaces en la prevención de las arritmias
potencialmente desencadenantes de la MCS en diferentes condiciones,
incluidas la isquemia miocárdica aguda y crónica, la
insuficiencia cardíaca y las
miocardiopatías.
Prevención de la muerte cardíaca
súbita
Se
dispone de pruebas determinantes sobre el beneficio derivado del
tratamiento con bloqueadores beta, en parte como consecuencia de la
reducción de la incidencia de la MCS. En consecuencia,
están claramente indicados en la prevención primaria
y secundaria de la MCS en diferentes situaciones clínicas,
recogidas en distintas Guías de Práctica
Clínica33,35,162,163 (tabla 11). Sin embargo, es
preciso resaltar que en la prevención secundaria de la MCS y
particularmente en presencia de disfunción ventricular
izquierda severa, el uso de bloqueadores beta no es óbice
para la identificación y el tratamiento apropiado de la
isquemia y el uso de desfibriladores
implantables35,163.

Infarto
agudo de miocardio
En
esta guía ya hemos mencionado con anterioridad el uso de
bloqueadores beta en el IAM. Para la prevención de la FV,
los bloqueadores beta intravenosos están indicados en
pacientes con arritmias ventriculares33 (clase I, grado
de evidencia A) (tabla 11). La MCS secundaria a la FV es muy
frecuente tras una oclusión coronaria
aguda164-167. Los bloqueadores beta aumentan el umbral
para la FV durante la isquemia aguda y en varios estudios
controlados con placebo se ha demostrado una disminución de
FV con el metoprolol, atenolol y propranolol poco después de
la aparición de los síntomas39,168,169. En
un estudio aleatorizado en el que se incluyó a 735 pacientes
durante las primeras 4 h de la aparición del dolor
torácico, tratados con propranolol intravenoso seguido de su
administración oral, la incidencia de FV fue de 2 casos en
el grupo de bloqueadores beta y de 14 en el grupo de control (p
< 0,06)39. Además, el metoprolol intravenoso
en pacientes con IAM redujo significativamente el número de
episodios de FV39. Sin embargo, en otros estudios
amplios, como el ISIS-2 y el MIAMI40,41, no se
observó una reducción significativa de la incidencia
de FV. Por otra parte, en la era trombolítica hay una
carencia de estudios controlados que valoren el efecto del
tratamiento precoz con bloqueadores beta sobre la incidencia de la
FV y el beneficio de la administración intravenosa precoz
para prevenir la FV sigue siendo cuestionable en pacientes con
terapia de reperfusión33.
Tras el infarto agudo de miocardio, la eficacia de los
bloqueadores beta está relacionada con la reducción
de la mortalidad de todo tipo y de la MCS; su uso está
recomendado en todos los pacientes para la prevención
primaria de la MCS (clase I, grado de evidencia
A)33,35,163 (tabla 11). Un análisis reciente de
31 estudios sobre bloqueadores beta170 reveló que
en 13 se comunicaron datos sobre la reducción de la MCS, con
una disminución del 51 al 43% en pacientes tratados con
bloqueadores beta comparados con el grupo de control. En el estudio
CAPRICORN, realizado en pacientes con disfunción ventricular
izquierda tras un IAM, se observó una tendencia hacia la
reducción de la MCS en el grupo de
carvedilol66.
Insuficiencia cardíaca
Los
pacientes con historia de insuficiencia cardíaca
congestiva67 o función ventricular izquierda
deprimida171 obtienen el mayor beneficio del tratamiento
con bloqueadores beta en la reducción de la mortalidad,
incluida la MCS; los bloqueadores beta están indicados en
todos los pacientes con insuficiencia cardíaca para la
prevención de la MCS (clase I, grado de evidencia
A)35 (tabla 11). Una de las contribuciones más
consistentes de estos fármacos en la mejora de los
resultados es la reducción sustancial de la tasa de MCS
(entre el 40 y el 55%)115,122,172. La reciente
introducción de nuevos tratamientos con
trombolíticos, IECA y bloqueadores de los receptores de la
aldosterona, además de la revascularización
concomitante o la aspirina, no parece limitar el beneficio
independiente de los bloqueadores beta en los resultados
clínicos, como sugiere una reducción probada de
riesgo del 30-50%21.
Miocardiopatía dilatada
No
hay estudios específicos que demuestren el beneficio de los
bloqueadores beta para la prevención de la MCS en la
miocardiopatía dilatada, pero la reducción de la
mortalidad fue similar en pacientes con insuficiencia
cardíaca isquémica o no
isquémica115; en consecuencia, se recomienda el
uso de bloqueadores beta para la prevención de la MCS en
este grupo de población (clase I, grado de evidencia
B)35,163 (tabla 11).
Miocardiopatía hipertrófica
La
MCS secundaria a las arritmias ventriculares es frecuente en los
pacientes con miocardiopatía hipertrófica,
especialmente durante el ejercicio y en presencia de
obstrucción del tracto de salida del ventrículo
izquierdo163. A pesar de que los bloqueadores beta
pueden mejorar los síntomas, por el momento, los datos
disponibles no apoyan su uso sistemático para la
prevención de la MCS en estos
pacientes21,35,173-176.
Prolapso
de válvula mitral
El
prolapso de válvula mitral es una afección
generalmente benigna; aunque se ha intentado establecer una
relación con la MCS, esta relación no ha sido probada
de forma concluyente35. Hasta el momento no se han
desarrollado estudios prospectivos en esta enfermedad con
bloqueadores beta u otros fármacos antiarrítmicos. En
consecuencia, no se dispone de datos para determinar si su
administración profiláctica puede reducir el riesgo
de MCS. Sin embargo, los agentes bloqueadores beta están
considerados generalmente como la terapia de primera
elección en pacientes sintomáticos. Por el momento,
todavía no se recomienda el tratamiento con bloqueadores
beta, sistemático o selectivo, para la prevención de
la MCS en los pacientes con prolapso de válvula
mitral35.
Puentes
miocárdicos
A
pesar de que es considerada como una afectación benigna, los
pacientes con puentes miocárdicos pueden presentar isquemia
y, en algunos casos, arritmias ventriculares y MCS177.
En general, los síntomas mejoran con la
administración de bloqueadores beta178. Esta
información está basada en un número reducido
de pequeños ensayos observacionales (clase IIa, grado de
evidencia C)35.
Síndrome del QT largo (SQTL)
La
prolongación del intervalo QT no secundaria a la isquemia o
a fármacos está asociada a arritmias ventriculares
potencialmente mortales, en ocasiones precipitadas por el ejercicio
o el estrés179,180. Con frecuencia se considera
que los bloqueadores beta están indicados, pero se
precisarían má conclusiones. En el análisis
retrospectivo más importante realizado con los datos de 233
pacientes con SQTL, todos sintomáticos por síncope o
parada cardíaca, la mortalidad a los 15 años del
primer síncope fue del 9% en los pacientes que recibieron
tratamiento antiadrenérgico (bloqueadores beta y/o
denervación simpática del corazón izquierdo) y
cercana al 60% en el grupo de pacientes no tratado o que
recibió diversas terapias181. Estos datos apoyan
los efectos beneficiosos de los bloqueadores beta, aunque
éstos no proporcionan una protección total y, sobre
todo en los pacientes con historia de parada cardíaca, el
riesgo de MCS continúa siendo inaceptablemente alto. El uso
de bloqueadores beta en pacientes sintomáticos se considera
una recomendación de clase I y grado de evidencia B; en
pacientes asintomáticos, se considera una
recomendación de clase IIa y grado de evidencia
C35 (tabla 11).
Taquicardia ventricular polimórfica y
catecolaminérgica
Esta enfermedad se caracteriza por la inducción
adrenérgica de taquicardias ventriculares
polimórficas en ausencia de anormalidades estructurales
cardíacas y antecedentes familiares de síncope, y por
presentar una incidencia de MCS en un tercio de los
casos182,183. Las arritmias son reproducibles durante la
ergometría o una infusión de
isoproterenol183. Por el momento, los bloqueadores beta
parecen ser la única terapia efectiva183. Un
análisis retrospectivo de los pocos casos publicados muestra
una incidencia de MCS del 10,5 y del 48% en pacientes con y sin
tratamiento con bloqueadores beta, respectivamente183. A
pesar de que estos hallazgos no son concluyentes debido a la
ausencia de estudios comparativos, se recomienda el uso de
bloqueadores beta para la prevención primaria y secundaria
de la MCS (clase IIa, grado de evidencia
C)35.
MCS en el
corazón normal
La
FV idiopática ocurre en el 8% de los casos con
MCS184. De acuerdo con el registro europeo UCARE, la
prevención de las recurrencias con agentes
antiarrítmicos y bloqueadores beta ha fallado185.
El síndrome de Brugada186 es una
alteración arritmogénica asociada con un alto riesgo
de MCS, causada por arritmias ventriculares polimórficas
rápidas que se presentan sobre todo en reposo o durante el
sueño en individuos con un corazón estructuralmente
normal. La incidencia de parada cardíaca en el seguimiento a
los 3 años puede ser de hasta un 30%. Esta enfermedad se
caracteriza por el bloqueo transitorio de la rama derecha y la
elevación del segmento ST en las derivaciones V1-V3.
Todavía no se ha estudiado la eficacia de los bloqueadores
beta en este síndrome. Por tanto, por el momento no se
recomienda su uso en esta enfermedad35.
Otras
situaciones
Los
bloqueadores beta están indicados en pacientes con
marcapasos y desfibriladores implantables para la prevención
secundaria (clase IIb y IIa, respectivamente, grado de evidencia
C)35.
Hipertensión
Los
bloqueadores beta están indicados en el tratamiento de la
hipertens ión (clase I, grado de evidencia
A)46,52,53 (tabla 12). Se puede utilizar bloqueadores
beta por vía intravenosa para tratar las crisis
hipertensivas. Las Guías de Práctica Clínica
actuales recomiendan fuertemente el control de la presión
arterial en distintos niveles de acuerdo con el perfil de riesgo
del paciente (cuanto más alto es el riesgo, menor es la
presión arterial óptima)52,56-58,187-189
y, en la mayoría de los casos, para el control adecuado de
la presión arterial se requiere el uso combinado de 2 o
más fármacos antihipertensivos. Aunque el objetivo
primario en los pacientes hipertensos es el control de los valores
de presión arterial, el tratamiento farmacológico
debe reducir también la morbilidad y la mortalidad, y la
selección de un fármaco específico debe estar
basada en el perfil del paciente58. Por tanto, los
bloqueadores beta deben ser considerados como el tratamiento de
primera elección, solos o combinados, en pacientes con
infarto de miocardio previo, cardiopatía isquémica,
arritmias o insuficiencia cardíaca, disfunción
ventricular izquierda asintomática, diabetes o riesgo
elevado de enfermedad coronaria, sobre la base de la eficacia de
estos fármacos en estos grupos de población (clase I,
grado de evidencia A)52,56,57,188.

En
ensayos clínicos anteriores, el tratamiento de la
hipertensión con bloqueadores beta estaba asociado con una
mejoría de los resultados a largo plazo, incluida una
reducción de la mortalidad190-192, los accidentes
cerebrovasculares193-195 y la insuficiencia
cardíaca193. En el estudio STOP-Hypertension
(Swedish Trial in Old Patients with hypertension)190, la
mortalidad de todo tipo y la MCS fueron menores en el grupo de
bloqueadores beta (metoprolol, pindolol o atenolol) que en el grupo
placebo. En el estudio MAPHY192, en el que se comparaba
el metoprolol con las tiacidas, la reducción de la
presión arterial fue similar en ambos grupos, pero la
mortalidad fue inferior en el grupo de metoprolol. En otros ensayos
clínicos no se observó este beneficio de los
bloqueadores beta frente a los diuréticos. En el estudio MRC
(Medical Research Council)191 no se observó una
reducción de las complicaciones cardiovasculares en el grupo
tratado con atenolol comparado con placebo o diuréticos en
pacientes hipertensos sin historia previa de infarto de miocardio,
angina e insuficiencia cardíaca. En el estudio
HAPPHY194, los bloqueadores beta (metoprolol, atenolol o
propranolol) no mejoraron el resultado clínico en
comparación con los diuréticos. En un
metaanálisis193, los bloqueadores beta fueron
efectivos en la prevención de accidentes cerebrovasculares e
insuficiencia cardíaca, comparados con el grupo placebo pero
no con el grupo de diuréticos.
En
ensayos clínicos más recientes, los bloqueadores beta
comparados con los bloqueadores de los canales de
calcio196 y los IECA196-199 fueron igualmente
efectivos para reducir la presión arterial y los riesgos
cardiovasculares. En un metaanálisis en el que se
incluían los estudios UKPDS (UK Prospective Diabetes Study,
atenolol frente a captopril), STOP-Hypertension-2
(diuréticos o bloqueadores beta frente a IECA y frente a
bloqueadores de los canales de calcio tipo dihidropidina), CAPP
(diuréticos o bloqueadores beta frente al captopril) y
NORDIL (tiacida o bloqueadores beta frente a diltiazem), se
observó que los IECA ofrecían la misma
protección cardiovascular que los diuréticos o los
bloqueadores beta, y que los bloqueadores de los canales de calcio
proporcionaban una reducción adicional de un 13% en el
riesgo de accidentes cerebrovasculares, si bien el riesgo de
infarto era un 19% superior que con bloqueadores beta o
diuréticos200.
En
el estudio LIFE (Losartan Intervention For Endpoint reduction in
hypertension) se comparaba el inhibidor de la angiotensina II
losartán con el atenolol en pacientes hipertensos con
hipertrofia ventricular izquierda pero sin infarto de miocardio o
accidente cerebrovascular durante los 6 meses previos, angina con
necesidad de tratamiento con bloqueadores beta, e insuficiencia
cardíaca o una fracción de eyección del
ventrículo izquierdo ¾ 40%. El losartán se
asoció con una mayor reducción de accidentes
cerebrovasculares que el atenolol (el 5 frente al 6,7%) durante un
seguimiento medio de 8,4 años. Las tasas de mortalidad y de
infarto de miocardio fueron similares en ambos
grupos201.
Disección aórtica
Los
bloqueadores beta están indicados en los pacientes con
sospecha o diagnóstico de disección aórtica
para disminuir la presión arterial (clase I, grado de
evidencia C) (tabla 13)202. Los bloqueadores beta
reducen la presión arterial y la presión diferencial
(diferencia de presión sistólica/diastólica),
que refleja la fuerza ejercida sobre la pared aórtica. Por
esta razón, los bloqueadores beta están considerados
los fármacos de elección en pacientes con
disección aórtica, aunque esta estrategia
terapéutica no ha sido probada en ensayos clínicos
aleatorizados. Se dará prncia a la administración
intravenosa de los bloqueadores beta (propranolol, metoprolol,
atenolol, labetalol y esmolol) con el objeto de obtener un
rápido control de la presión arterial, pero bajo un
estricto control de ésta, de la frecuencia cardíaca y
de la perfusión de los órganos terminales. En la
tabla 3 se indican las dosis recomendadas, que se deberán
ajustar de acuerdo con la respuesta obtenida193,194,203.
Mientras que los agentes bloqueadores beta son suficientes para la
mayoría de los pacientes, en los que presentan
hipertensión severa puede ser necesaria su
combinación con nitroprusiato sódico
intravenoso.

Miocardiopatía hipertrófica
La
miocardiopatía hipertrófica es una enfermedad
compleja con un amplio espectro de manifestaciones y un dilatado
perfil de riesgo. A pesar de que los bloqueadores beta (incluidos
el propranolol, atenolol, metoprolol, sotalol o nadolol) han sido
utilizados con éxito para aliviar los síntomas,
mejorar la capacidad física, controlar la frecuencia
cardíaca, tratar las arritmias, tratar la insuficiencia
cardíaca y prevenir la MCS en pacientes con/sin evidencia de
obstrucción en el tracto de salida del ventrículo
izquierdo, su uso no ha sido claramente establecido176.
Además, no se ha probado que el tratamiento
profiláctico con estos fármacos en pacientes
asintomáticos sea efectivo para prevenir o retrasar la
progresión de los síntomas congestivos y mejorar el
pronóstico.
Uso
profiláctico en cirugía no cardíaca
Los
bloqueadores beta están indicados en los pacientes con alto
riesgo cardíaco, con historia actual o previa de isquemia,
arritmias o hipertensión controlada con bloqueadores beta y
en pacientes con isquemia en pruebas perioperatorias antes de una
cirugía electiva no cardíaca (especialmente
cirugía vascular), para prevenir eventos isquémicos y
arritmias (clase I, grado de evidencia A). Además,
están indicados en el tratamiento de la hipertensión
perioperatoria, la isquemia y las arritmias identificadas en el
preoperatorio y sin tratamiento previo (clase IIa, grado de
evidencia B) (tabla 14)54. El tratamiento perioperatorio
con bloqueadores beta en pacientes de alto riesgo está
infrautilizado205.

En
algunos estudios se ha asociado la administración
preoperatoria de bloqueadores beta con un mejor control de la
presión arterial206,207 y con una
reducción de la isquemia
perioperatoria204,206-212 y de las
arritmias213,214. También hay pruebas de que los
pacientes con alto riesgo de enfermedad coronaria obtienen mejores
resultados si son tratados con bloqueadores beta durante la
hospitalización para una intervención
quirúrgica no cardíaca, incluida una reducción
de la mortalidad y de las complicaciones cardiovasculares durante
un período de 2 años tras la
cirugía215,216. En un reducido ensayo
clínico en el que se seleccionó a 112 pacientes con
factores de riesgo por cardiopatía isquémica y
resultados positivos en la ergometría con dobutamina, se
comparó el bisoprolol administrado antes de la
cirugía vascular con placebo216. La mortalidad
cardíaca (3,4 frente a 17%) y el infarto no mortal (0 frente
a 17%) fueron inferiores en el grupo de bisoprolol. Boersma et
al217 volvieron a analizar la cohorte de 1.351 pacientes
consecutivos incluida en este estudio. Los pacientes tratados con
bloqueadores beta presentaron un menor riesgo de complicaciones
cardíacas que los que no recibieron este tratamiento. En
otro estudio215,218, el atenolol administrado antes de
la cirugía general redujo los episodios de isquemia durante
la monitorización electrocardiográfica y
mejoró los resultados en el seguimiento a los 6 meses en
comparación con el grupo placebo. Aunque estos estudios son
reducidos y no ofrecen respuestas definitivas, los resultados
sugieren una mejoría de los resultados, especialmente en
pacientes de alto riesgo.
Síncope vasovagal
Se
ha considerado que, en el síncope vasovagal, los
bloqueadores beta reducían el grado de activación
mecanorreceptora, asociada a un descenso brusco del retorno venoso,
y bloqueaban los efectos de unos niveles altos de adrenalina
circulante. Sin embargo, este efecto no pudo ser demostrado en los
5 amplios estudios clínicos controlados con seguimiento a
largo plazo219-223, y en los estudios controlados
realizados a corto plazo se han comunicado resultados
contradictorios224,225. No hay justificación para
el uso de bloqueadores beta en otras formas de síncopes de
mediación neurológica e incluso su utilización
puede ser perjudicial en síndromes disautonómicos.
Los bloqueadores beta pueden potenciar la bradicardia en el
síndrome del seno carotídeo y en todas las formas
cardioinhibidoras de síncopes de mediación
neurológica. Por tanto, de momento no se dispone de ninguna
evidencia que apoye el uso de bloqueadores beta en el
síncope vasovagal (grado de evidencia
A)226.
Bloqueadores
beta durante el embarazo
Se
han utilizado bloqueadores beta durante el embarazo sin evidencia
de efectos teratogénicos. Aunque la experiencia es muy
limitada, los bloqueadores beta están considerados como la
terapia indicada para las mujeres embarazadas que presenten
hipertensión, estenosis mitral con hipertensión
pulmonar, coartación de la aorta, cardiopatía
isquémica y arritmias ventriculares y supraventriculares; el
tratamiento se puede mantener durante el
parto152,227,228. Los agentes selectivos, sin efectos
sobre la contracción del útero, son los
preferidos.
(
*
)Los documentos de
consenso sobre fármacos cardiovasculares tienen como
objetivo proporcionar una información simple, comprensible y
de interés práctico para los médicos que
pueden utilizar un grupo de fármacos determinado. Por
consiguiente, el objetivo no es revisar de manera detallada y en
profundidad un grupo de fármacos o una enfermedad
concreta.
El documento de la European Society of Cardiology (ESC) sobre
bloqueadores β
-adrenérgicos se basa fundamentalmente en
guías de actuación previas de la ESC, de la American
Heart Association y del American College of Cardiology. Las
diversas recomendaciones se revisaron con detalle y en caso
necesario fueron modificadas de acuerdo con la información
científica actual disponible en la
bibliografía.
No todos los bloqueadores beta son iguales. Hay diferencias muy
importantes en cuanto a su perfil farmacológico que deben
ser consideradas en cada situación clínica. Como
norma general, el bloqueador beta de elección es el que
tiene un beneficio demostrado en una situación
clínica concreta.
Los bloqueadores β
-adrenérgicos
desempeñan un papel crucial en las enfermedades
cardiovasculares, desde la hipertensión a la isquemia, las
arritmias y la insuficiencia cardíaca.
Durante los últimos años se ha acumulado una
importantísima cantidad de información que ha tenido
como resultado la expansión de sus indicaciones y la
restricción de las contraindicaciones. Sin embargo, los
bloqueadores beta se emplean menos de lo esperado, especialmente en
España y otros países del área
mediterránea, en comparación con los países
del norte de Europa, Estados Unidos y Canadá. En
España, el empleo de bloqueadores beta ha aumentado de forma
progresiva en los últimos años, pero todavía
hay una oportunidad para mejorar el tratamiento de los pacientes
con enfermedades cardiovasculares mediante el mayor y más
racional empleo de fármacos bloqueadores beta.
Los comentarios-anotaciones (
*
) incluidos en esta
traducción de las guías han sido realizados por el
Dr. José L. López-Sendón (Madrid,
España).
*Correspondencia: José López-Sendón.
Servicio de Cardiología. Área 1200. Hospital
Universitario Gregorio Marañón.
Dr. Esquerdo, 46. 28007 Madrid. España.
Tel.: +34-91-586-829. Fax: +34-91-586-6672.
Correo
electrónico:
jlsendon@terra.es (J. López-Sendón)
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