INTRODUCCIÓN
El
tratamiento intravascular con stents de las estenosis ha
sido una técnica que ha evolucionado en los últimos
años, aunque ha tenido una aplicación muy restringida
en las cardiopatías congénitas del recién
nacido.
Tras el nacimiento, tanto en la atresia pulmonar con septo
interventricular intacto (AP/SVI) como en la estenosis pulmonar
crítica (EPC), la circulación pulmonar depende del
conducto arterioso, por lo que es necesario el uso de la
prostaglandina E1 (PGE1) por vía intravenosa para
mantener su permeabilidad. En ambas enfermedades se realiza la
valvuloplastia pulmonar con balón, pero en la AP/SVI es
necesario perforar la válvula durante el cateterismo
cardíaco, ya sea mecánicamente1,2 o con
técnicas que implican el uso de
radiofrecuencia3,4 o láser5. Una vez
liberada la obstrucción del ventrículo derecho, no
siempre se logra una fisiología biventricular de forma
inmediata, por lo que se requiere continuar tratamiento con PGE1 y,
en algunos casos, es necesario crear una fístula
Blalock-Taussig (FBT). Esta última opción se ha
asociado con complicaciones, como parálisis del nervio
frénico y/o vago, quilotórax, distorsión del
crecimiento de arterias pulmonares, estenosis de rama pulmonar y
adherencias quirúrgicas. Por estas razones, es necesario
disponer de una opción no quirúrgica para la
FBT6. La implantación de un stent para
mantener la permeabilidad del conducto arterioso7,8 es
una técnica que se ha empleado tanto en enfermedades con
circulación sistémica ductal dependiente como en
enfermedades con circulación pulmonar ductal dependiente, y
los resultados son mucho mejores en esta última
indicación. Aún más, en las enfermedades donde
el conducto arterioso es corto y menos tortuoso, como en la AP/SVI
y la EPC, se obtienen los mejores resultados6,9. En este
artículo comunicamos nuestra experiencia con la
implantación de un stent para mantener la patencia
del conducto arterioso y, así, evitar la cirugía
paliativa.
PACIENTES Y
MÉTODOS
Pacientes
En
la tabla 1 se muestran las características generales de los
3 pacientes. Todos fueron estudiados con ecocardiografía
antes del cateterismo y se consideró que tenían un
ventrículo derecho tripartito. En los pacientes 1 y 2 se
hizo durante el cateterismo una ventriculografía derecha y
se consideró que las fístulas coronarioventriculares
no eran significativas.

Técnica
Todos los casos se hicieron después de obtener el
consentimiento informado. La implantación del stent
se hizo por vía anterógrada, para lo cual fue
necesario ubicar inicialmente una guía 0,014 inch desde la
vena femoral hasta la arteria femoral que atravesaba la
aurícula derecha, la arteria pulmonar, el conducto arterioso
y la aorta descendente, y se exteriorizaba la guía por la
arteria femoral con el fin de establecer una guía
venoarterial. Todos los stents estaban premontados sobre un
balón (Stent BX Sonic® de 4
x
18 mm, Cordis/Johnson &
Johnson) y se avanzaron coaxialmente sobre la guía de 0,014
inch. La implantación del stent se hizo bajo
visión radioscópica. Se hizo un aortograma en
proyección lateral para comprobar la posición del
stent. La perfusión de PGE1 se suspendió, en
todos los casos, antes de iniciar la implantación del
stent, con el fin de conseguir visualizar por
angiografía la zona de máxima constricción
ductal, la cual se tomó como referencia para ajustar la
óptima posición del stent en su
expansión. Durante el mismo cateterismo se realizó
una ecocardiografía de control para asegurarse de correcta
posición del stent en el conducto. Todos los
niños recibieron cefazolina intravenosa durante el
procedimiento. Todos recibieron aspirina 5 mg/kg/día y
dipiridamol 3 mg/kg/día durante 3 meses.
RESULTADOS
Caso 1
Neonato con AP/SVI que tras el procedimiento de apertura de la
válvula pulmonar dependía de la PGE1 para mantener
una SatO2 del 85-90%; ante la imposibilidad de
suspenderla se decidió implantar un stent ductal 17
días después. Durante la implantación del
stent ductal se suspendió la perfusión de PGE1;
la SatO2 al finalizar el procedimiento fue del
92%
Caso 2
Neonato con AP/SVI que tras la apertura valvular con
radiofrecuencia y valvuloplastia con balón muestra, en la
ecocardiografía practicada en la sala de
hemodinámica, escaso flujo anterógrado a
través de la válvula pulmonar y constricción
ductal a pesar de la infusión de PGE1, por lo que se decide
implantar inmediatamente un stent ductal y suspender la
perfusión de PGE1. La SatO2 en el momento del
alta fue del 88%.
Caso 3
Niño con EPC que requería perfusión de PGE1
tras la valvuloplastia, con lo que mantenía una
SatO2 > 9O%; 2 días después presenta
una clínica de cierre ductal (fig. 1A) y, a pesar de dosis
altas de PGE1, la SatO2 se mantiene alrededor del
68-70%, por lo que se decide implantar el stent ductal de
forma urgente. La SatO2 en el momento del alta fue del
90-93%.
Fig.
1. Paciente con estenosis pulmonar crítica. A)
Aortografía, véase otro catéter (flecha) en la
arteria pulmonar que muestra la constricción ductal. B y C)
Stent montado en balón (flecha) antes del inflado,
visión lateral y anteroposterior. D) Aortografía una
vez implantado el stent. E) Radiografía de
tórax en la que se observa el stent
(flecha).
Seguimiento
En
ningún niño hubo necesidad de reiniciar la
perfusión de PGE1 o de realizar una FBT de urgencia en el
período agudo. En la tabla 2 se muestra el período de
seguimiento; en todos ellos, el conducto arterioso
permanecía abierto, sin que se observara un cuadro
clínico de hiperaflujo pulmonar o necesidad de
diuréticos. La presión pulmonar era normal en todos
ellos. Ocurrió lo mismo con la presión del
ventrículo derecho, a excepción del paciente con EPC,
que había quedado con una estenosis pulmonar residual por
ecocardiografía.

DISCUSIÓN
En
2 series representativas10,11 de pacientes con AP/SVI
con perforación valvular con radiofrecuencia se ha
comunicado que el 52% (14/27 y 17/33) necesitó una FBT entre
los días 2 y 24 después del cateterismo
terapéutico. En la EPC se ha observado que tras la
valvuloplastia pulmonar, en el 7% de los pacientes fue necesaria
una FBT12.
En
el momento actual no se conocen con exactitud los factores que
puedan predecir qué pacientes vayan a necesitar una FBT tras
la liberación de la obstrucción del tracto de salida
del ventrículo derecho13. Identificar estos
factores nos permitiría estratificar a los pacientes y crear
en ellos una FBT sin esperar demasiado tiempo o hacerlo
electivamente. La efectividad del stent en determinadas
lesiones con circulación pulmonar dependiente ha sido puesta
en duda por Gibbs et al8, pero todos los pacientes de
esa serie tenían un diagnóstico de atresia pulmonar
con comunicación interventricular (CIV) y en esta enfermedad
el conducto arterioso es generalmente largo y tortuoso6.
Por el contrario, Schneider et al9 comunican que en 8
pacientes con AP/SVI o EPC, la implantación de un
stent se realizó con éxito en todos ellos, sin
mortalidad ni necesidad de reiniciar la administración de
prostaglandinas. Esto se explicaría porque el conducto
arterioso en la EPC y AP/SVI es corto y recto.
Se
ha observado que el stent ductal está completamente
endotelizado a los 30 días8. La permeabilidad del
stent disminuye con el tiempo9; en 4 de 6
pacientes se ocluyó completamente entre los 4,5 y 17 meses
(media, 10 meses), pero esta evolución es deseable en estos
pacientes, puesto que ya el ventrículo derecho se ha
adaptado a la fisiología biventricular.
Nuestra breve experiencia refleja 3 situaciones diferentes. En el
caso 1 fue necesario implantar el stent electivamente 17
días después porque no se podía suspender la
perfusión de PGE1. El caso 2 requirió la
implantación inmediata del stent porque la
ecocardiografía en la sala de cateterismo mostró que,
a pesar de haberse abierto completamente la válvula
pulmonar, casi no había flujo anterógrado pulmonar y
había restricción ductal a pesar de la
infusión de PGE1. En el tercer caso, el cierre súbito
del conducto nos obligó a la implantación urgente del
stent 2 días después.
COMENTARIOS
Aunque nuestra experiencia inicial es pequeña, podemos
plantear las ventajas que ofrece implantar un stent en este
grupo de pacientes: a) evitar la creación
quirúrgica de la FBT; b) implantación
relativamente sencilla, mejor aún cuando, tras finalizar la
apertura del tracto de salida, tenemos aún canalizados los
vasos femorales; c) implantación temporal: tanto el
stent en el conducto arterioso como la FBT son soluciones
temporales, puesto que esperamos la viabilidad biventricular en
estos pacientes. En los que no sea posible esta evolución,
el siguiente paso tras algunos meses sería la fístula
de Glenn como paso inicial a la reparación univentricular o
la cirugía de 1 y 1/2 ventricular; d) posibilidad de
redilatación del stent implantado en el conducto
arterioso en los casos en los que éste se haga restrictivo;
e) facilidad del cierre del conducto arterioso cuando ya no
es necesario utilizando las técnicas de cierre
percutáneo ductal; e) evitar la conocida
distorsión de las arterias pulmonares tras la
creación de la FBT, y f) evitar la terapia prolongada
con PGE1.
Un
problema que nos planteamos en este artículo y que
será necesario estudiar en el futuro es la forma de
identificar al grupo de pacientes (aproximadamente el 50 y el 7% en
la AP/SVI y EPC, respectivamente) que tras la apertura del
ventrículo derecho necesitarán soporte prolongado con
PGE1, FBT o un stent ductal.
Correspondencia: Dr. C. Mortera Pérez.
Servei de
Cardiologia. Hospital Sant Joan de Déu.
Passeig de Sant Joan de Déu, 2. 08950 Barcelona.
España.
Correo
electrónico:
cmortera@hsjdbcn.org
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