Artículos especiales.
Volumen 58, Número 06, Junio 2005
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Guías de Práctica Clínica sobre intervencionismo coronario percutáneo
Sigmund Silbera; Per Albertssonb; Francisco F Avilésc; Paolo G Camicid; Antonio Colomboe; Christian Hamma; Erik Jørgensenf; Jean Marcog; Jan-Erik Nordrehaugh; Witold Ruzylloi; Philip Urbanj; Gregg W Stonek; William Wijnsl
a Alemania b Suecia c España d Reino Unido e Italia f Dinamarca g Francia h Noruega i Polonia j Suiza k Estados Unidos l Bélgica
Rev Esp Cardiol. 2005;58:679-728.
Comité de la ESC para la elaboración de Guías
de Práctica Clínica (GPC): Silvia G. Priori
(Presidente) (Italia), María Ángeles Alonso
García (España), Jean-Jacques Blanc (Francia),
Andrzej Budaj (Polonia), Martin Cowie (Reino Unido), Veronica Dean
(Francia), Jaap Deckers (Países Bajos), Enrique
Fernández Burgos (España), John Lekakis (Grecia),
Bertil Lindahl (Suecia), Gianfranco Mazzotta (Italia), Keith
McGregor (Francia), João Morais (Portugal), Ali Oto
(Turquía), Otto A. Smiseth (Noruega)
Revisores del documento: Jaap Deckers (Coordinador de
revisión de las GPC) (Países Bajos), Jean-Pierre
Bassand (Francia), Alexander Battler (Israel), Michel Bertrand
(Francia), Amadeo Betriu Gibert (España), Dennis Cokkinos
(Grecia), Nicolas Danchin (Francia), Carlo Di Mario (Italia), Pim
de Feyter (Países Bajos), Kim Fox (Reino Unido), Ciro
Indolfi (Italia), Karl Karsch (Reino Unido), Manfred Niederberger
(Austria), Philippe Gabriel Steg (Francia), Michal Tendera
(Polonia), Frans Van de Werf (Bélgica), Freek W.A. Verheugt
(Países Bajos), Petr Widimski (República
Checa)
Con permiso de The European Society of Cardiology
(ESC).
ÍNDICE DE CONTENIDOS
Presentación 679
Preámbulo
680
1.
Introducción y definiciones 681
1.1. Método
de revisión 681
1.2.
Definición de los grados de recomendación
682
2.
Indicación de ICP 682
2.1.
Indicación de ICP en la cardiopatía isquémica
estable 682
2.2.
Indicación de ICP en el síndrome coronario agudo sin
elevación del segmento ST 685
2.3.
Indicación de ICP en el SCA con elevación del
segmento ST 687
3.
Medicación coadyuvante a la ICP 697
3.1. Ácido
acetilsalicílico (AAS) 697
3.2. Ticlopidina y
clopidogrel 698
3.3. Heparina no
fraccionada 700
3.4. Heparinas de
bajo peso molecular 700
3.5. Inhibidores de
la glucoproteína IIb/IIIa 702
3.6. Inhibidores
directos de la trombina 705
4. Técnicas
y dispositivos complementarios en la ICP 708
4.1. Braquiterapia
intracoronaria en la reestenosis intra-stent 708
4.2. Balón
de corte 709
4.3.
Aterectomía rotacional 709
4.4.
Aterectomía coronaria direccional 709
4.5. Dispositivos
de protección embólica 710
4.6.
Tecnología diagnóstica complementaria 711
5. Stents
liberadores de fármacos 712
5.1. Tamaño
del vaso, lesiones largas, diabetes 713
5.2. Trombosis en
stents liberadores de fármacos 714
5.3. Indicaciones
para la implantación de SLF 715
Bibliografía
716
PRESENTACIÓN
La
intervención coronaria percutánea (ICP) puede ser
considerada como una valiosa herramienta para la
revascularización inicial de los pacientes con
cardiopatía isquémica estable, de todos los pacientes
con isquemia importante documentada y en presencia de
prácticamente todo tipo de lesiones, con una única
excepción: las oclusiones totales crónicas que no
pueden ser cruzadas. En los primeros estudios sobre este tema, se
observó una ligera ventaja de la supervivencia tras la
cirugía de bypass aortocoronario frente a la ICP sin
implantación de stents. La incorporación del
stent y de nueva medicación coadyuvante mejoró
los resultados de la ICP. La decisión de recomendar ICP o
cirugía cardíaca debe estar dictada por las
innovaciones tecnológicas, tanto en el campo de la
cardiología como de la cirugía, por la experiencia
del centro y por las preferencias del paciente. En cualquier caso,
y mientras no se demuestre lo contrario, la ICP se utilizará
con reservas en los pacientes diabéticos con enfermedad
coronaria multivaso y en pacientes con estenosis del tronco
común izquierdo no protegida. La utilización de
stents liberadores de fármacos podría cambiar
esta situación.
Los
pacientes que presentan síndrome coronario agudo sin
elevación del segmento ST (SCASEST) (angina inestable [AI] o
infarto agudo de miocardio sin elevación del segmento ST
[IAMSEST]) deben ser, en primer lugar, estratificados por el riesgo
de complicaciones trombóticas agudas. Sólo en los
grupos de alto riesgo se ha demostrado un claro beneficio de la
angiografía temprana (< 48 h) y, cuando es preciso, ICP o
cirugía de bypass aortocoronario. El aplazamiento de
la intervención no mejora los resultados. Se recomienda la
implantación de stents de forma rutinaria en base a
la previsibilidad del resultado y a la seguridad inmediata de esta
técnica.
En
los pacientes que presentan infarto agudo de miocardio con
elevación del segmento ST (IAMEST), la ICP primaria
será el tratamiento de elección siempre que el
hospital disponga de servicio de cardiología
intervencionista y de personal experimentado. Los pacientes en los
que la trombólisis esté contraindicada deben ser
transferidos inmediatamente a ICP primaria, ya que ésta
podría ser la única manera de abrir
rápidamente la arteria coronaria obstruida. En presencia de
shock cardiogénico, la revascularización completa
mediante ICP urgente puede salvar la vida del paciente y, por
tanto, debe ser considerada de forma precoz. En estudios
aleatorizados se observaron mejores resultados clínicos en
los pacientes transferidos a un «centro cardiovascular»
para la realización de ICP primaria frente a los pacientes
tratados con trombólisis, a pesar del retraso producido por
el traslado del paciente y, por tanto, una mayor espera entre el
momento de la aleatorización y el inicio del tratamiento. La
superioridad de la ICP primaria frente a la trombólisis
presenta mayor relevancia clínica durante el intervalo de 3
a 12 h desde la presentación de dolor torácico u
otros síntomas debido a que la ICP permite una mayor
protección del miocardio. Además, a mayor intervalo
desde la presentación de los síntomas, se ha
observado un aumento de la tasa de eventos cardíacos
adversos graves tras la trombólisis, mientras que, tras la
ICP primaria, esta tasa parece que se mantiene estable. Durante las
3 primeras horas tras la presentación de dolor
torácico u otros síntomas, ambas estrategias de
reperfusión parecen igualmente efectivas en la
reducción del tamaño del infarto y de la mortalidad.
Por ello, la trombólisis sigue siendo una alternativa viable
a la ICP primaria, siempre que se pueda administrar dentro de las 3
primeras horas del comienzo de los síntomas. La ICP
primaria, comparada con la trombólisis, reduce
significativamente los accidentes cerebrovasculares (ACV). En
general, se prefiere la ICP primaria frente a la trombólisis
durante las 3 primeras horas de presentación de dolor
torácico para prevenir los ACV, y en pacientes con una
evolución de los síntomas de 3-12 h para salvar
miocardio además de prevenir los ACV. Por el momento, no
existe evidencia que permita recomendar la ICP facilitada. Se
recomienda la ICP de rescate siempre que fracase la
trombólisis durante los 45-60 min tras el inicio de la
administración.
En
el caso de una trombólisis eficaz, se recomienda la
realización de una angiografía coronaria de rutina e
ICP, si está indicado, durante las primeras 24 h, incluso en
pacientes asintomáticos, sin isquemia demostrable, para
mejorar su evolución. Si no se dispone de un centro de
cardiología intervencionista en 24 h, los pacientes que han
respondido positivamente al tratamiento trombolítico, con
evidencia de isquemia espontánea o inducible antes del alta
hospitalaria, deben ser referidos para la realización de
angiografía coronaria y, si fuera preciso,
revascularización, independientemente de que reciban terapia
farmacológica «máxima».
PREÁMBULO
Las
Guías de Práctica Clínica (GPC) y los
Documentos de Consenso de Expertos tienen como objetivo presentar
todas las evidencias relevantes sobre un tema específico
para ayudar a los médicos a sopesar los riesgos y los
beneficios de un diagnóstico particular o de un
procedimiento terapéutico. Deberían ser útiles
para la toma diaria de decisiones clínicas.
En
los últimos años, la Sociedad Europea de
Cardiología (en sus siglas inglesas, ESC) y otras
organizaciones y sociedades relacionadas han elaborado un gran
número de GPC y Documentos de Consenso de Expertos. Esta
gran profusión puede poner en riesgo la autoridad y validez
de las guías, que sólo pueden estar garantizadas si
se han desarrollado mediante un proceso incuestionable de toma de
decisiones. Ésta es una de las razones por las que la ESC y
otras sociedades han hecho pública una serie de
recomendaciones para abordar y formular las GPC y los Documentos de
Consenso de Expertos.
A
pesar de que los estándares para elaborar las GPC y los
Documentos de Consenso de Expertos de calidad están bien
definidos, algunas evaluaciones recientes de las GPC y los
Documentos de Consenso de Expertos publicadas en revistas con
evaluación por pares entre 1995 y 1998 han mostrado faltas
en el cumplimiento de los estándares metodológicos en
la mayoría de los casos. Por lo tanto, es de la
máxima importancia que las guías y recomendaciones se
presenten en formatos que puedan ser fácilmente
interpretados. En consecuencia, sus programas de
implementación también deben ser correctamente
realizados. En este sentido, se han llevado a cabo algunos intentos
para determinar si las guías mejoran la calidad de la
práctica clínica y la utilización de los
recursos sanitarios.
El
Comité para las GPC de la ESC supervisa y coordina la
preparación de nuevas GPC y Documentos de Consenso de
Expertos elaborados por los grupos de trabajo, grupos de expertos o
paneles de consenso. Se solicita a los expertos seleccionados para
estos paneles que faciliten una declaración sobre todas sus
posibles relaciones que puedan ser consideradas como causa de un
conflicto de interés real o potencial. Estos formularios se
guardan en forma de ficheros en la Casa Europea del Corazón,
la oficina central de la ESC. El Comité es responsable
también de la aprobación de estas GPC y Documentos de
Consenso de Expertos o de sus comunicados.
El
Grupo de Trabajo ha clasificado la utilidad o eficacia del
procedimiento y/o tratamiento recomendados y el nivel de evidencia
tal como se indica en la siguiente tabla:
GRADOS DE
RECOMENDACIÓN
(
*
)
Clase I Evidencia y/o acuerdo general de que un determinado
procedimiento diagnóstico/ tratamiento es beneficioso,
útil y efectivo;
Clase II Evidencia conflictiva y/o divergencia de opinión
acerca de la utilidad/eficacia del tratamiento;
Clase IIa El peso de la evidencia/opinión está a
favor de la utilidad/eficacia;
Clase IIb La utilidad/eficacia está menos establecida por la
evidencia/opinión.
NIVELES DE
EVIDENCIA
Nivel de evidencia A Datos procedentes de múltiples ensayos
clínicos aleatorizados o metaanálisis
Nivel de evidencia B Datos procedentes de un único ensayo
clínico aleatorizado o de grandes estudios no
aleatorizados
Nivel de evidencia C Consenso de opinión de expertos y/o
pequeños estudios, estudios retrospectivos,
registros
(
*
) La eliminación de
la Clase III de los Grados de Recomendación es una
importante novedad de estas guías que contrasta con los 4
niveles de recomendación utilizados clásicamente por
otras sociedades científicas (I, IIa, IIb y III), en las que
la clase III «recomienda no recomendar» un determinado
procedimiento para una determinada circunstancia por considerarlo
en ese contexto «inútil/ineficaz y potencialmente
peligroso». El Comité para la elaboración de
las Guías de Práctica Clínica de la Sociedad
Europa de Cardiología considera que este grado de
recomendación resulta confuso en la práctica
clínica. Por tanto, desaconseja la utilización de la
clase III, y considera que las contraindicaciones que pueda tener
un determinado procedimiento diagnóstico o
terapéutico en una determinada situación deben
expresarse de forma explícita como tales.
1.
INTRODUCCION Y DEFINICIONES
A
partir del espectacular aumento del número de publicaciones
científicas, las GPC se hacen cada vez más
necesarias, ya que permiten hacer llegar al médico la
información más relevante y, al mismo tiempo,
permiten mejorar el cuidado de los pacientes en la
evidencia1,2. Además, estas guías son
utilizadas de forma creciente por responsables de la asistencia
sanitaria y políticos para evaluar «el uso apropiado
de los recursos» y desarrollar programas o protocolos de
actuación para el manejo de las enfermedades. Desde 1992, la
ESC ha publicado anualmente informes y análisis sobre
cardiología intervencionista3, no obstante,
aún no se habían establecido las GPC para la ICP. El
propósito de estas guías es ofrecer recomendaciones
de orientación práctica sobre cuándo realizar
una ICP partiendo de los datos disponibles en la actualidad
procedentes de ensayos clínicos aleatorizados o no
(
*
).
(
*
) Éstas son la
primeras guías de actuación de la Sociedad Europea de
Cardiología sobre intervención coronaria
percutáneo. Aparecen 5 años después de que la
Sociedad Española de Cardiología publicase sus
Guías de Práctica Clínica sobre
«angioplastia coronaria y otras
técnicas»1. Aunque las guías
europeas están exclusivamente enfocadas a las intervenciones
coronarias terapéuticas, la estructura de ambos documentos
es muy s imilar; el contenido del texto presente es una
actualización de las recomendaciones realizadas por la
Sociedad Española de Cardiología en el año
2000.
1. Esplugas E, Alfonso F, Alonso JJ, Asín E, Elízaga
J, Iñiguez A, et al. Guías de Práctica
Clínica de la Sociedad Española de Cardiología
en cardiología intervencionista: angioplastia coronaria y
otras técnicas. Rev Esp Cardiol. 2000;53:218-40.
1.1.
Método de revisión
Se
ha llevado a cabo una revisión exhaustiva de la
bibliografía aparecida en publicaciones especializadas a
partir de Medline (PubMed). Para la elaboración de las GPC
se desaconseja la utilización de abstracts. De
acuerdo con las recomendaciones de la ESC para la creación
de grupos de trabajo y emisión de informes, se
incluyó los ensayos clínicos presentados en las
reuniones científicas más importantes para la toma de
decisiones, con la condición de que los autores
proporcionaran un borrador del documento final enviado para su
publicación4.
1.2.
Definición de los grados de recomendación
Los
grados de recomendaciones fueron elaborados siguiendo las
recomendaciones de la ESC4. A diferencia de los grados
de recomendación propuestos por la ACC/AHA5, la
ESC desaconseja el uso de la clase III («evidencia o acuerdo
general de que el tratamiento no es útil/efectivo y que en
algunos casos puede ser perjudicial»)4
(véase la tabla sobre los grados de recomendación).
En todas las recomendaciones se alcanzó el consenso en base
a la evidencia (véase la tabla sobre niveles de evidencia).
Para verificar la aplicabilidad de las recomendaciones en un campo
específico, el panel de expertos otorgó especial
importancia al objetivo primario de los ensayos clínicos
aleatorizados, dando alta prioridad a la demostración de
mejoría significativa en la evolución de los
pacientes como objetivo primario en estudios con una muestra con
poder estadístico adecuado.
2.
INDICACION DE ICP
2.1.
Indicación de ICP en la cardiopatía isquémica
estable
2.1.1.
Indicación general de ICP en la cardiopatía
isquémica estable
2.1.1.1. ICP frente a tratamiento farmacológico. En 3
ensayos clínicos aleatorizados se comparó la IC P con
el tratamiento farmacológico. El estudio ACME6,7
fue diseñado para evaluar si la ICP es superior a la terapia
farmacológica óptima en el tratamiento de la angina
en pacientes con afectación de 1 o 2 vasos. La ICP
ofreció un alivio más completo y más temprano
de la angina que la terapia farmacológica y estuvo asociado
a una mejor tolerancia al ejercicio y/o menos isquemia durante la
prueba de esfuerzo6. Algunos de los beneficios
inmediatos de la ICP en pacientes con cardiopatía en un solo
vaso se mantienen y por ello resulta una opción
terapéutica atractiva para estos pacientes7. El
ensayo ACIP8 se orientó a pacientes con isquemia
severa en la vida cotidiana. Los pacientes presentaban tanto
isquemia inducida por estrés como, al menos, un episodio de
isquemia silente durante 48 h de monitorización por Holter
(tabla 1). Dos años después de la
aleatorización, la mortalidad total se redujo
significativamente del 6,6% en el grupo guiado por la presencia de
angina al 4,4% en el grupo guiado por la presencia de isquemia y al
1,1% en el grupo con estrategia de
revascularización9. (Recomendación de
ICP para tratar isquemia importante documentada: I,
A.)
Sin
embargo, en los pacientes con síntomas leves o
asintomáticos la situación es diferente y es poco
probable que se mejore mediante la ICP, como se demostró en
el estudio AVERT10,11. A los 18 meses, el 13% de los
pacientes que recibieron tratamiento hipolipemiante agresivo
presentaron eventos isquémicos, frente al 21% de los
pacientes que fueron sometidos a una ICP, como se había
programado. Esta diferencia fue, en principio,
estadísticamente significativa, pero perdió su
relevancia tras el ajuste estadístico realizado para el
análisis provisional. El estudio AVERT presenta 2
limitaciones importantes: a) no proponía una
comparación objetiva entre la terapia farmacológica y
la ICP debido a que se utilizó un tratamiento hipolipemiante
más agresivo en el grupo asignado a terapia
farmacológica; la implantación de stents
sólo se realizó en el 30% de los pacientes y la
reestenosis es más probable en el grupo asignado a ICP que
en el grupo de tratamiento conservador, y b) el estudio
AVERT no demostró el efecto antiisquémico de las
estatinas, pero sí se observó que las estatinas
pueden prevenir eventos coronarios agudos. El estudio RITA-2 fue un
ensayo clínico aleatorizado en el que se compararon los
efectos a largo plazo de la ICP frente a la terapia conservadora
(farmacológica) en pacientes con cardiopatía
isquémica considerados candidatos para ambas opciones de
tratamiento12. Después de un seguimiento medio de
2,7 años, la muerte o el infarto de miocardio documentado
ocurrió en el 6,3% de los pacientes tratados con ICP y en el
3,3% de los tratados con tratamiento convencional (p = 0,02). Por
otra parte, la ICP se asoció a una mejor evolución de
los síntomas, especialmente en los pacientes con angina
más severa. De cualquier modo, las conclusiones del estudio
RITA-2 no son aplicables a la ICP moderna; sólo el 7,6% de
los pacientes fueron sometidos a la implantación de
stents y no se tuvo en consideración la ticlopidina, el
clopidogrel ni los inhibidores de la glucoproteína IIb/IIIa
(GP IIb/IIIa).
En
un metaanálisis de ensayos clínicos aleatorizados y
controlados se observó que la ICP puede conducir a una mayor
reducción de la angina, comparada con el tratamiento
farmacológico; sin embargo, estos estudios no incluyeron un
número suficiente de pacientes como para permitir realizar
cálculos informativos del efecto de la ICP en el infarto de
miocardio, la muerte o las resvascularizaciones
subsiguientes13. En el estudio TIME14 la
supervivencia a largo plazo fue similar en los pacientes de 75
años de edad o mayores, con angina clase II o mayor
según la clasificación de la CCS, que recibían
2 fármacos antianginosos, independientemente de su
asignación a terapia invasiva o farmacológica. Los
beneficios de ambos tratamientos en el alivio de la angina y la
mejora de la calidad de vida se mantuvieron, pero en los pacientes
asignados a terapia farmacológica se observó una
mayor frecuencia de eventos no fatales. Las tasas de supervivencia
fueron mejores en los pacientes que fueron revascularizados durante
el primer año, independientemente de que el cateterismo se
realizara de forma inmediata o sólo después del
fracaso de la terapia farmacológica14. Los costes
no deben suponer una objeción al manejo invasivo del
paciente mayor con angina crónica15.
2.1.1.2. PCI frente a cirugía de bypass
aortocoronario. Los datos utilizados en el análisis
comparativo de la ICP frente a la cirugía de bypass
aortocoronario (CABG) proceden de 13 estudios que incluyen 7.964
pacientes y fueron realizados entre 1987 y 1999. Durante un
período de seguimiento de 8 años, no se
observó ninguna diferencia estadísticamente
significativa en el riesgo de muerte entre las 2 estrategias de
revascularización a 1 año, 3 y 8 años (excepto
a los 5 años)16. El uso de stents
desempeña un papel importante: en los primeros estudios,
realizados sin stents, había una tendencia a favor de
la CABG frente a la ICP en el seguimiento a los 3 años que,
sin embargo, no se observó en los estudios más
recientes, en los que se incorpora el uso de
stents16. La tendencia a favor de la cirugía
de bypass desapareció a pesar de una reducción
de la mortalidad en el grupo asignado a CABG del 5,2%, en los
estudios sin stents, al 3,5% en los estudios más
recientes con stents16. El stent redujo a
la mitad la diferencia de riesgo de una nueva
revascularización16. Tanto la ICP como la CABG
son eficaces en el control de los síntomas.
2.1.2.
Indicación de ICP en subgrupos especiales de pacientes
estables
2.1.2.1. Oclusión total crónica. La
oclusión total crónica (OTC) todavía
representa el subgrupo anatómico asociado con las tasas
más bajas de éxito en la ICP. En los casos en los que
se puede cruzar la oclusión con una guía hasta la luz
distal, la implantación de stents ofrece resultados
satisfactorios, tal y como ha sido demostrado en varios ensayos
clínicos cuyos objetivos primarios eran fundamentalmente
angiográficos (GISSOC17, PRISON18,
SARECCO19, SICCO20, SPACTO21,
STOP22 y TOSCA23), a pesar de un alto
porcentaje de reestenosis, que oscila entre el 32 y el 55%. En la
actualidad se está evaluando la eficiencia de los
stents liberadores de fármacos en relación con
este tema. En el estudio PACTO, el tratamiento de la OTC con la
implantación del stent Taxus redujo considerablemente
los eventos cardíacos adversos mayores (MACE) y la
reestenosis, eliminando prácticamente la incidencia de
reoclusión, todas ellas secuelas frecuentes de los
stents no recubiertos24. Los primeros resultados del
registro realizado con el stent Cypher fueron
alentadores25. Antes de intentar recanalizar una OCT, es
preciso considerar el posible aumento del riesgo de oclusión
de una rama lateral o de perforación.
(Recomendación de ICP en pacientes con oclusión
total crónica: IIa, C.)
2.1.2.2. ICP en pacientes de alto riesgo quirúrgico. En
el estudio AWESOME26 se comprobó la
hipótesis de que la ICP es una alternativa segura y efectiva
a la CABG para los pacientes con isquemia refractaria y alto riesgo
de resultados adversos. En un análisis de pacientes que
habían sido tratados previamente con CABG, las tasas de
supervivencia libre de cirugía repetida y de ICP a los 3
años fueron del 73 y el 76%, respectivamente27.
Los pacientes con la función ventricular izquierda
severamente afectada parecen beneficiarse de la
revascularización mediante ICP, especialmente cuando hay
evidencia sugestiva de viabilidad residual en el miocardio
disfuncionante. Un «registro de las preferencias de los
pacientes» reveló que la mayoría de los
pacientes tratados previamente con CABG prefieren la ICP a la
CABG27. Las conclusiones del ensayo aleatorizado y
registro AWESOME son aplicables al subgrupo de pacientes que
presentaban una baja fracción de eyección ventricular
izquierda (FEVI)28. (Recomendación de ICP en
pacientes con alto riesgo quirúrgico: IIa,
B.)
2.1.2.3. ICP en pacientes con enfermedad multivaso y/o diabetes
mellitus. En pacientes con enfermedad coronaria multivaso y
otros factores de alto riesgo, la CABG se asoció a mayor
supervivencia que la ICP tras el ajuste del perfil de
riesgo29. Sin embargo, las diferencias iniciales en
costes y calidad de vida entre la CABG y la ICP no fueron
significativas en el seguimiento a los 10-12 años en los
pacientes con enfermedad multivaso30. La decisión
de realizar una revascularización completa o restringida al
vaso causante puede ser tomada de forma individual, dependiendo de
cada paciente31.
A
pesar de que por el momento no disponemos de un estudio formal que
evalúe la ICP frente a la CABG en el paciente
diabético, todos los análisis de subgrupos o
análisis post-hoc muestran invariablemente que el
resultado de los pacientes diabéticos fue peor tras la ICP
comparado con la CABG. En el estudio ARTS32,33, en el
que se comparó la ICP con la cirugía de bypass
en pacientes con enfermedad multivaso, el resultado de los
pacientes diabéticos fue malo en ambos grupos de
tratamiento, pero incluso peor tras la ICP. Después de 3
años, la mortalidad en el grupo de ICP fue del 7,1% y en el
grupo de CABG del 4,2% y, además, se observó una
diferencia significativa en la supervivencia libre de eventos, que
en el grupo de ICP fue del 52,7% y en el grupo asignado a CABG fue
del 81,3%33. En los pacientes con enfermedad multivaso,
la ICP en los pacientes con 1 o 2 lesiones hemodinámicamente
significativas identificadas por una reserva fraccional del flujo
(RFF) < 0,75 (véase apartado 4.6.2) ofreció un
resultado favorable, similar a la CABG en pacientes con 3 o
más vasos causantes, a pesar de que la extensión de
la enfermedad era angiográficamente similar34.
(Recomendación de ICP en pacientes con enfermedad
multivaso y/o diabetes mellitus: IIb, C.) Los datos que
aparecerán próximamente sobre el uso de los
stents liberadores de fármacos en los pacientes con
enfermedad multivaso y/o diabetes mellitus podrían cambiar
esta situación.
2.1.2.4. ICP en la enfermedad del tronco común izquierdo no
protegida. La presencia de una estenosis en el tronco
común izquierdo identifica a un subgrupo anatómico
que todavía precisa de la cirugía de bypass
aortocoronario para su revascularización. En la enfermedad
de tronco común izquierdo protegida (protegida parcialmente
por un bypass) se puede realizar ICP, aunque la tasa de MACE
del 25% al año sigue siendo muy alta y puede reflejar un
aumento de la mortalidad en pacientes con cardiopatía
isquémica severa que hayan sido tratados previamente con
cirugía de bypass aortocoronario35,36. Una
tasa de mortalidad periprocedimiento del 2% y una tasa de
supervivencia al año del 95% tras la implantación de
stents en la enfermedad del tronco común izquierdo
protegida son comparables a los resultados de la cirugía
CABG repetida, pero con la primera se evita la morbilidad potencial
asociada a la repetición de la intervención
quirúrgica36.
La
implantación de stents en la enfermedad de tronco
común izquierdo no protegida sólo debe ser
considerada cuando no existan otras opciones de
revascularización36. En este subgrupo de
pacientes se recomienda ICP siempre que la cirugía de
bypass presente un riesgo perioperatorio muy alto (EuroSCORE
> 10%). Los datos iniciales sobre el uso de stents
liberadores de fármacos en la enfermedad de tronco
común izquierdo no protegida son muy
prometedores37,38. (Recomendación de ICP en
pacientes con estenosis en el tronco común izquierdo no
protegida, en ausencia de otras opciones de
revascularización: IIb, C.) (
*
)
(
*
) Las recomendaciones de
estas guías sobre la realización de una ICP en el
tronco común izquierdo no protegido reflejan la doble
intención de conjugar la evidencia científica con la
realidad clínica cotidiana. A pesar de los indudables
avances técnico-instrumentales, la recomendación
clase IIb-C es concordante con la metodología empleada e
inevitable1. Por otra parte, teniendo en cuenta la
práctica cotidiana en nuestro medio, debe destacarse de
estas guías la consideración del alto riesgo
quirúrgico en la toma de decisiones, la desaparición
de la clase III y la ausencia de una alusión
explícita a la contraindicación de la técnica
en este escenario. También es relevante el comentario final
acerca de la importancia de tener en cuenta la experiencia local y
las preferencias del paciente2.
1. Soriano Triguero J. Intervencionismo percutáneo en la
enfermedad del tronco común izquierdo: ¿es hora de
cambiar las guías de actuación? Rev Esp Cardiol.
2004;57:1009-13.
2. López-Palop R, Pinar E, Saura D, Pérez-Lorente F,
Lozano I, Teruel F, et al. Resultados a corto y medio plazo del
intervencionismo coronario percutáneo sobre el tronco
coronario común izquierdo no protegido en pacientes malos
candidatos para revascularización quirúrgica. Rev Esp
Cardiol. 2004;57:1035-44.
2.1.3.
¿Implantación provisional o electiva de stents
en la cardiopatía isquémica estable?
Los stents son, sin lugar a dudas, una herramienta muy
valiosa en el tratamiento de disecciones que suponen una amenaza de
oclusión del vaso y cuando los resultados de la angioplastia
con balón no son satisfactorios. Por lo general, la
implantación de stents se considera superior a la
angioplastia con balón (BENESTENT-I39,
STRESS40, REST41 y otros
estudios42-45) en base a las siguientes
razones:
*
La fractura de la placa y la
disección provocadas por la angioplastia con balón
resultan a menudo en un procedimiento seudoexitoso en el que se
obtiene un aumento limitado de la luz del vaso.
*
Mientras que la
oclusión aguda durante las primeras 48 h tras la
angioplastia con balón es relativamente frecuente (hasta el
15% en presencia de una disección residual severa), tras la
implantación de stents la lesión tratada
muestra una mayor estabilidad aguda y subaguda.
*
Los resultados
angiográficos que se pueden obtener tras la
implantación de stents son predecibles,
independientemente de la complejidad de la estenosis.
*
A medio y a largo plazo, la
implantación de stents resulta en un número
menor de oclusiones o reoclusiones y en tasas más bajas de
reestenosis clínica.
En
un metaanálisis de 29 ensayos clínicos que
incluían a 9.918 pacientes, la implantación de
stents coronarios, comparada con la angioplastia con
balón, redujo la tasa de reestenosis y la necesidad de
repetición de la ICP en aproximadamente el 50%46.
En otro metaanálisis47 realizado recientemente,
se observó que la implantación de stents
está asociada a una mayor reducción de la mortalidad
que la angioplastia con balón y que los pacientes tratados
con stents presentaban un riesgo de MACE significativamente
menor cuando la revascularización de la lesión
tratada estaba incluida en los objetivos del estudio48.
Los beneficios de la implantación rutinaria de stents
son incluso más evidentes cuando se trata de arterias
coronarias pequeñas49. Se ha observado beneficios
similares en los injertos de vena safena (SAVED50,
VENESTENT51). Tras la implantación de
stents convencionales, los resultados clínicos a los 5
años muestran una progresión de la enfermedad hacia
segmentos diferentes del de la lesión tratada, permaneciendo
ésta relativamente estable52,53.
(Recomendación de la implantación rutinaria de
stents en lesiones de novo en arterias coronarias nativas
o en injertos de vena safena en pacientes con cardiopatía
isquémica estable: I, A.)
2.1.4.
Elevación de los valores de troponina tras ICP en la
cardiopatía isquémica estable
La
liberación de troponina es relativamente frecuente tras ICP
en la cardiopatía isquémica estable y está
asociada a complicaciones del procedimiento, como la
oclusión de ramas laterales, la formación de trombos,
intervención en injerto de vena safena, utilización
de varios stents y utilización de inhibidores de la
GP IIb/IIIa54,55. En los pacientes que no presentan
infarto agudo de miocardio, la elevación de la troponina I
tras ICP no es un predictor de mortalidad56 y la
elevación superior a 3 veces el límite normal no
representa un incremento del riesgo de resultados clínicos
adversos a los 8 meses57. Un metaanálisis en el
que se incluye a 2.605 pacientes sugiere que, tras la ICP, las
concentraciones que se utilizan como valor de corte en el
límite bajo no se correlacionan con un aumento de la
incidencia de eventos adversos (muerte cardíaca, infarto de
miocardio, cirugía de bypass o repetición de
la ICP en el vaso tratado) y que, por lo tanto, sería
más apropiado utilizar algún múltiplo de tal
valor de corte para la predicción de eventos
adversos58. En un estudio reciente, se observó
que la elevación de los niveles de troponina I a 5 veces por
encima del límite superior de la normalidad no fue un
predictor de eventos tras el alta hospitalaria59.
Consecuentemente y en referencia a la elevación
periprocedimiento de los marcad ores cardíacos, hay cada vez
más evidencia de que solo la elevación de la
fracción MB de la creatincinasa (CK-MB) a más de 5
veces del límite normal (y no cualquier elevación del
valor de troponina I) está asociada a una mayor mortalidad
durante el seguimiento, mientras que una elevación moderada
de la CK-MB (de 1 a 5 veces del límite normal) se considera,
de forma creciente, como un evento común relacionado con el
procedimiento y con una relevancia pronóstica muy
limitada56.
En resumen, las ICP pueden ser consideradas como una valiosa
herramienta para la revascularización inicial de los
pacientes con cardiopatía isquémica estable,
pacientes con isquemia importante documentada y en presencia de
casi cualquier tipo de lesiones, con una única
excepción: las oclusiones totales crónicas que no
pueden ser cruzadas. En los primeros estudios sobre este tema, se
observó una ligera ventaja de la supervivencia tras la
cirugía de bypass aortocoronario frente a la ICP sin
implantación de stents. La incorporación
del stent y de nueva medicación coadyuvante
mejoró los resultados de la ICP. La decisión de
recomendar ICP o cirugía cardíaca debe estar dictada
por las innovaciones tecnológicas, tanto en el campo de la
cardiología como de la cirugía, por la experiencia
del centro y por las preferencias del paciente. En cualquier caso,
y mientras no se demuestre lo contrario, la ICP sólo se
utilizará con reservas en los pacientes diabéticos
con enfermedad coronaria multivaso y en pacientes con estenosis del
tronco común izquierdo no protegida. La utilización
de stents liberadores de fármacos podría
cambiar esta situación.
2.2.
Indicación de ICP en el síndrome coronario agudo sin
elevación del segmento ST
La
ESC publicó recientemente una guía para el manejo
general de los síndromes coronarios agudos (SCA) en
pacientes que no presentan una elevación persistente del
segmento ST (SCASEST)60. Esta guía se centra en
la utilización de la ICP para optimizar el manejo del
paciente con SCASEST. Los pacientes que presentan una
elevación demostrada de los marcadores séricos
(troponina [Tn]-I, Tn-T o CK-MB) se considerarán pacientes
con infarto de miocardio sin elevación del segmento ST
(IAMSEST).
2.2.1.
Estratificación del riesgo en los síndromes
coronarios agudos sin elevación del segmento ST
La
importancia de la clasificación de los pacientes con AI o
IAMSEST en grupos de alto riesgo y grupos de bajo riesgo radica en
que sólo se ha informado de beneficios claros de la
angiografía precoz y, en caso necesario, ICP en los grupos
de alto riesgo61-65.
De
acuerdo con la guía de la ESC sobre el manejo del
SCASEST60, las características de los pacientes
con alto riesgo de evolución rápida a infarto de
miocardio o muerte, y que deben ser sometidos a una
angiografía coronaria durante las primeras 48 h, se pueden
consultar en la tabla 266-76.
Por
otra parte, los siguientes marcadores de enfermedad subyacente
severa, es decir, con alto riesgo a largo plazo, pueden ser
útiles a la hora de valorar el riesgo en el
SCASEST63-73,77-80:
*
Edad > 65-70
años.
*
Historia de cardiopatía
isquémica conocida, IAM previo, ICP o CABG
previas.
*
Insuficiencia cardíaca
congestiva, edema pulmonar, nuevo soplo de regurgitación
mitral.
*
Marcadores inflamatorios
elevados (como PCR, fibrinógeno, interleucina [IL]
6).
*
BNP o NT-proBNP en cuartiles
superiores.
*
Insuficiencia
renal.
Un
análisis a posteriori del estudio TACTICS-TIMI 18
sugirió que la estrategia invasiva de rutina mejoraba
significativamente los resultados de la isquemia en pacientes
mayores con SCASEST81.
2.2.2.
¿Estrategia conservadora, estrategia invasiva inmediata o
invasiva temprana?
Algunos estudios publicados recientemente revelan que menos del 50%
de los pacientes con SCASEST son tratados con procedimientos
invasivos (GRACE82 y CRUSADE83). Los
defensores de la estrategia conservadora en el manejo de la AI y
del IAMSEST basan su opinión en los resultados de los
estudios TIMI IIIB84, MATE85 y
VANQWISH86. Sin embargo, en los estudios mencionados se
observa una serie de problemas metodológicos (altas tasas de
crossover, uso mínimo o nulo de stents,
ausencia de inhibidores de la GP IIb/IIIa), que sugieren que sus
conclusiones no son aplicables en el momento actual. En el estudio
GUSTO IV-ACS, la revascularización durante los 30 primeros
días se asoció a un mejor
pronóstico87. La tasa relativamente alta de
mortalidad en los pacientes asignados a tratamiento
farmacológico podría estar relacionada, parcialmente,
a la selección de los pacientes.
Además de 2 estudios europeos pequeños
(TRUCS88 y VINO89), la elección de
terapia invasiva precoz frente a una estrategia conservadora
inicial se basa en los resultados de 6.487 pacientes incluidos en 3
estudios: FRISC II90, TACTICS-TIMI 1891 y
RITA-392 (tablas 3 y 4, fig. 1).
(Recomendación de ICP temprana en pacientes con SCASEST de
alto riesto: I, A.)
Fig.
1.
Planificación de la angiografía coronaria e
intervención coronaria percutánea (ICP) (si fuera
necesaria), de acuerdo con la estratificación del riesgo en
pacientes con SCASEST (angina inestable o IAMSEST). Si por
algún motivo la demora entre el cateterismo
diagnóstico y la ICP programada llega a 24 h, se puede
administrar también abciximab. En caso de no ser aplicable
la estrategia invasiva, la enoxaparina puede sustituir a la
heparina no fraccionada (HNF) en pacientes de alto riesgo con
SCASEST. (Las clases de recomendación se detallan en las
tablas 4, 8 y 13.)
AAS: ácido acetilsalicílico; IGP: inhibidor de la
glucoproteína IIb/IIIa; SCASEST: síndrome coronario
agudo con elevación del segmento ST.
Aunque es preciso interpretar los datos con prudencia, parece que
existen diferencias entre los 2 sexos93. En la
actualidad se están desarrollando otros estudios (como el
estudio ICTUS) que incluyen un régimen antiplaquetario
más agresivo y que podrían modificar las
recomendaciones relativas al uso de la estrategia invasiva. En el
estudio ISAR-COOL94 se comparó el tratamiento
farmacológico («de enfriamiento») frente a ICP
inmediata en pacientes de alto riesgo con depresión del
segmento ST (65%) o de elevación de los valores de troponina
T (67%). El intervalo para la realización del cateterismo
fue de 86 h (mediana) en el grupo con estrategia de
«enfriamiento» y de 2,4 h en el grupo de
intervencionismo inmediato. En sólo el 5,8% de los pacientes
del primer grupo fue preciso adelantar el cateterismo. El objetivo
primario, definido como muerte por cualquier causa e IAM extenso
pero no mortal a los 30 días, ocurrió en el 11,6% de
los pacientes asignados a terapia «de enfriamiento»
(«pretratamiento antitrombótico prolongado»)
frente al 5,9% en los pacientes asignados a estrategia invasiva
inmediata (p = 0,04). Este resultado se podría atribuir a
eventos ocurridos antes del cateterismo. Los investigadores
concluyeron que, en los pacientes de alto riesgo con SCASEST, el
retraso de la intervención no mejoraba los resultados y que
el pretratamiento antitrombótico debía ser reducido
al tiempo mínimo requerido para organizar el cateterismo y
la revascularización cardíaca.
(Recomendación de ICP inmediata, aprox. 2,5 h, en pacientes
con SCASEST de alto riesgo: IIa, B.)
En
la mayoría de los estudios en los que se evaluó el
uso de ICP en la AI o en el IAMSEST, la implantación de
stents fue el tratamiento final más frecuente.
(Recomendación de la implantación rutinaria de
stents en lesiones de novo en pacientes con SCASEST de
alto riesgo: I, C.)
En resumen, los pacientes que presentan SCASEST (AI o IAMSEST)
deben ser inicialmente estratificados según el riesgo de
complicaciones trombóticas agudas. Sólo se ha
demostrado un beneficio claro de la angiografía temprana
(< 48 h) y, en caso necesario, de ICP o cirugía CABG en
los grupos de alto riesgo. El retraso de la intervención no
mejora los resultados. Se recomienda la implantación
rutinaria de stents sobre la base de la previsibilidad del
resultado y de su seguridad inmediata (
*
)
.
(
*
) En este punto las
presentes guías de actuación presentan algunas
diferencias remarcables en comparación con las
recomendaciones previas de la Sociedad Española de
Cardiología1,2. La más relevante es la
consideración de 2 únicos niveles de riesgo en la
estratificación inicial. Ello se debe a la ausencia de datos
que apoyen la superioridad del manejo invasivo precoz frente al
conservador en individuos de «no alto riesgo», y tiene
fuertes implicaciones desde el punto de vista logístico y
organizativo. El esquema derivado de este hecho sienta las bases
para el desarrollo de sistemas locales de estratificación de
este proceso que permitan seleccionar sobre bases sencillas a
aquellos individuos.
1. Esplugas E, Alfonso F, Alonso JJ, Asín E, Elízaga
J, Iñiguez A, et al. Guías de Práctica
Clínica de la Sociedad Española de Cardiología
en cardiología intervencionista: angioplastia coronaria y
otras técnicas. Rev Esp Cardiol. 2000;53:218-40.
2. López Bescós L, A rós Borau F, Lidón
Corbi RM, Cequier Fillat A, Bueno H, Alonso JJ, et al.
Actualización (2002) de las Guías de Práctica
Clínica de la Sociedad Española de Cardiología
en angina inestable/infarto sin elevación del segmento ST.
Rev Esp Cardiol. 2002;55:631-42.
2.3.
Indicación de ICP en el SCA con elevación del
segmento ST (SCAEST)
La
ESC ha publicado recientemente una guía sobre el manejo
general de los pacientes con infarto de miocardio con
elevación del segmento ST (IAMEST), es decir, pacientes que
refieren dolor torácico/malestar asociado a una
elevación persistente del segmento ST o (sospecha) un nuevo
bloqueo de rama95. La presente guía se centra
más específicamente en el uso de la ICP en esta
enfermedad (fig. 2).
Fig.
2.
Durante las
primeras 3 horas de aparición de dolor torácico u
otros síntomas, la trombólisis es una alternativa
viable a la intervención coronaria percutánea (ICP)
primaria.
*Si la
trombólisis está contraindicada o el paciente
presenta alto riesgo, se recomienda el traslado inmediato del
paciente para la realización de una ICP primaria. La
razón fundamental para la elección de ICP primaria
frente a la trombólisis durante las primeras 3 horas de
evolución de los síntomas es la prevención del
accidente cerebrovascular (ACV). Las razones fundamentales para la
elección de ICP primaria frente a la trombólisis
durante las primeras 3-12 h es salvar el miocardio y prevenir los
ACV. Si se prefiere la trombólisis, ésta no debe ser
considerada el tratamiento final. Incluso tras la
trombólisis efectiva, se debe considerar la
realización de una angiografía coronaria durante las
primeras 24 h e ICP si fuera preciso. El shock cardiogénico
se discute en el apartado 2.3.4. Las clases de recomendación
se presentan en la tabla 7.
IAMEST: infarto agudo de miocardio con elevación
del segmento ST.
La
realización de ICP en el tratamiento del IAMEST requiere de
un grupo experimentado de cardiólogos intervencionistas que
cuenten con personal de apoyo bien formado. Esto implica que
sólo los hospitales con un servicio de cardiología
intervencionista bien establecido deben usar ICP en el IAMEST en
lugar de trombólisis intravenosa. La mayoría de los
estudios diseñados para comparar la trombólisis
frente a la ICP primaria se realizaron en centros con un alto
volumen de casos, con cardiólogos intervencionistas
experimentados y una pronta respuesta de actuación. Es por
ello que los resultados de estos estudios no se pueden extrapolar a
otro tipo de circunstancias. Se han documentado grandes variaciones
entre distintas instituciones96-104. Por lo general,
para realizar ICP primaria se requiere un nivel más alto de
experiencia y mayor volumen de pacientes que para la ICP en los
pacientes con cardiopatía isquémica
estable104. En los pacientes con enfermedad multivaso,
la ICP primaria debe estar dirigida solamente a la arteria
relacionada con el infarto (vaso causante); la decisión de
tratar con ICP las lesiones no causantes debe estar basada en
evidencia objetiva de isquemia residual en el seguimiento
posterior105.
Afortunadamente, se ha demostrado que la implementación de
las GPC en pacientes con IAM agudo ha mejorado la calidad de los
cuidados médicos106. En un estudio se
observó que los pacientes tratados fuera de los horarios
normales de servicio tuvieron una mayor incidencia de angioplastias
fallidas y, por tanto, peores resultados clínicos en
comparación con los pacientes tratados durante el horario
normal107. En otro estudio, los pacientes tratados
mediante ICP primaria fuera del horario laboral normal alcanzaron
tasas de flujo TIMI grado 3, una mortalidad a los 30 días y
1 año, una mejora de la fracción de eyección y
contractilidad regional miocárdica similares a los pacientes
tratados durante el horario normal de
servicio108.
2.3.1.
ICP primaria
La
ICP primaria se define como una intervención del vaso
causante durante las primeras 12 h de la presentación del
dolor torácico u otros síntomas, sin terapia
trombolítica previa (completa o concomitante) u otro
tratamiento para la disolución de trombos. La ICP primaria
se realizó por primera vez en 1979109, es decir,
sólo 2 años después de la introducción
de esta técnica110. Desde entonces, numerosos
ensayos clínicos aleatorizados han demostrado la
superioridad de la ICP primaria frente a la trombólisis
intravenosa en el tratamiento inmediato del IAMEST
(restauración más efectiva de la permeabilidad
coronaria, menos isqu emia miocárdica recurrente, menos
reoclusión coronaria, menos IAM recurrente, mejora de la
función ventricular izquierda residual y mejores resultados
clínicos, incluidos los ACV). También se cree que las
mujeres111 y los pacientes mayores112 se
benefician especialmente de la ICP primaria frente al tratamiento
trombolítico.
Un
metaanálisis de 23 ensayos clínicos
aleatorizados113, que incluían a un total de
7.739 pacientes con IAMEST, candidatos para tratamiento
trombolítico y asignados a ICP primaria o bien a
medicación trombolítica, reveló los siguientes
hallazgos: la ICP primaria fue mejor que la terapia
trombolítica en la reducción de la mortalidad total a
corto plazo (definida como mortalidad a las 4-6 semanas) (el 9,3
frente al 7,0%, p = 0,0002), reinfarto no fatal (el 6,8 frente al
2,5%, p < 0,0001), desarrollo de ACV (el 2,0 frente al 1,0%, p =
0,0004) y el objetivo combinado de muerte, reinfarto no fatal y ACV
(el 14,5 frente al 8,2%, p < 0,0001). En el seguimiento a largo
plazo (6-18 meses), los resultados de la ICP primaria
seguían siendo mejores que los observados en la terapia
trombolítica: el 12,8 frente al 9,6% para la mortalidad, el
10,0 frente al 4,8% para el IAM no fatal y el 19 frente al 12% para
el objetivo combinado de muerte, reinfarto no fatal y
ACV113-116.
La
diferencia más llamativa entre la trombólisis y la
ICP primaria fue la significativa reducción de la isquemia
recurrrente, del 21% con terapia trombolítica al 6% tras la
ICP primaria en el seguimiento a corto plazo (p < 0,0001) y
también a largo plazo (el 39 frente al 22%, p <
0,0001)113. (Recomendación de ICP primaria en
el IAMEST: I, A.)
Los
estudios más importantes que apoyan el grado de evidencia A
para la ICP fueron los estudios PAMI117,
GUSTO-IIb118, C-PORT119,
PRAGUE-1120, PRAGUE-2121 y
DANAMI-2122 (tabla 7).
2.3.1.1. Traslado de pacientes para la realización de ICP
primaria. No hay duda de que los pacientes que se presentan
durante las primeras 12 h de la aparición de dolor
torácico u otros síntomas en hospitales que no
disponen de servicio de cardiología intervencionista y que
tienen contraindicación para la trombólisis deben ser
trasladados de inmediato a otro hospital para la realización
de una angiografía coronaria y, cuando sea posible, ICP
primaria, ya que ésta podría ser la única
posibilidad de abrir rápidamente la arteria coronaria
obstruida. Los siguientes cuadros clínicos son una
contraindicación total para la trombólisis: la
disección aórtica, el período post-ACV
hemorrágico, cirugía/ trauma severo reciente,
sangrado gastrointestinal durante el último mes o un
problema conocido de sangrado95. Los pacientes con
contraindicación para la trombólisis tienen una
morbilidad y mortalidad más alta que los pacientes elegibles
para este tratamiento123. La ICP primaria no se ha
evaluado formalmente en ningún ensayo clínico
aleatorizado con este subgrupo de pacientes, pero se ha observado
que, en la mayoría de los casos, es viable y
segura124. (Recomendación de ICP primaria en
pacientes con contraindicación a la trombólisis: I,
C.)
La
decisión de transferir a un paciente a un centro de
cardiología intervencionista depende también de la
evaluación del riesgo clínico individual en cada
caso. La elección entre ICP o trombólisis está
normalmente condicionada por las dificultades logísticas y
los retrasos en el traslado125. Los estudios en los que
se ha investigado la posible superioridad de la ICP primaria a
pesar del traslado del paciente a otro hospital con servicio de
cardiología intervencionista son los estudios Limburg
(LIMI)126, PRAGUE-1120,
PRAGUE-2121, Air-PAMI127 y
DANAMI-2122. Los detalles sobre estos estudios se pueden
consultar en la tabla 5.
El
estudio DANAMI-2122 fue el primero en demostrar una
reducción significativa en el objetivo primario de muerte,
reinfarto y ACV a los 30 días post-ICP, a pesar de los
retrasos producidos por el traslado del paciente (tabla 5). El
estudio PRAGUE-2121 se interrumpió prematuramente
debido a que en el grupo asignado a trombólisis la
mortalidad registrada excedía en 2,5 veces en los pacientes
tratados después de > 3 h de la aparición de los
síntomas. En los pacientes aleatorizados > 3 h
después de la presentación de los síntomas, la
mortalidad en el grupo de trombólisis alcanzó el
15,3% comparado con el 6% en el grupo asignado a ICP (p < 0,02).
En los pacientes reclutados durante < 3 h de la aparición
de los síntomas no hubo diferencias en la mortalidad entre
el grupo tratado con trombólisis (7,4%) y el grupo
transferido a ICP primaria (7,3%). Aproximadamente 2 tercios de los
pacientes fueron aleatorizados después de > 3 h tras la
aparición del dolor torácico, por lo que el PRAGUE-2
no pudo alcanzar el objetivo primario.
Durante las primeras 3 h de la aparición de dolor
torácico, la trombólisis constituye una alternativa
viable, como se demostró en los estudios PRAGUE-
2121, STOPAMI-1 y 2128, MITRA y
MIR129 así como en el CAPTIM130, en el
que se utilizó trombólisis
prehospitalaria131 (fig. 2). Podemos afirmar, por tanto,
que durante las primeras 3 horas tras la presentación de
dolor torácico, ambas estrategias de reperfusión
parecen igualmente efectivas en la reducción del
tamaño del infarto y de la mortalidad. Las dudas acerca de
la superioridad de la ICP primaria respecto de la
trombólisis durante las primeras 3 horas se podrían
resolver mediante el análisis combinado de los estudios
STOPAMI-1 y 2128. Sin embargo, el «índice
de miocardio salvado» no fue estadísticamente
diferente entre la trombólisis y la ICP primaria durante los
primeros 165 min (0,45 frente a 0,56), pero mostró una
superioridad altamente significativa en la ICP primaria pasados
165-280 min (0,29 frente a 0,57, p = 0,003) y después de 280
min (0,20 frente a 0,57). Esta superioridad de la ICP primaria, que
depende del intervalo transcurrido desde la presentación de
los síntomas, comparada con la trombólisis (es decir,
al aumentar el tiempo desde la presentación de los
síntomas, las tasas de MACE aumentan tras la
trombólisis pero parece que permanecen relativamente
estables tras la ICP) había sido observada previamente en el
metaanálisis PCAT que incluía a 2.635
pacientes132 y en pacientes con un retraso
prehospitalario > 3 h (registros MITRA y MIR129). Por
lo tanto, «llegar tarde no implica llegar demasiado
tarde»133.
La
razón más importante para la elección de una
ICP primaria frente a trombólisis, incluso durante las
primeras 3 horas tras la presentación de los
síntomas, es la prevención de ACV. Un
metaanálisis de 23 ensayos clínicos
aleatorizados113 mostró que la ICP primaria,
comparada con la trombólisis, reduce significativamente el
total de ACV (el 2,0 frente al 1,0%). Según el
metaanálisis PCAT132, la ventaja de la
reducción del ACV por la ICP primaria frente a la
trombólisis es del 0,7% en pacientes que se presentan
durante las primeras 2 horas, del 1,2% durante las primeras 2-4
horas y del 0,7% durante las 4-12 horas entre la aparición
del dolor torácico y el ingreso en el hospital. Estos datos
son consistentes con los resultados del estudio CAPTIM, en el que
se observó un 1% (4/419) de ACV en el grupo de
trombólisis y un 0% (0/421) en el grupo de ICP
primaria130. Un metaanálisis realizado sobre
ensayos clínicos con «traslado de pacientes»
reveló una reducción significativa del 1,2% en la
aparición de ACV, del 1,88 (trombólisis) al 0,64%
(ICP primaria)134. Por lo tanto, la razón
más importante para la elección de la ICP primaria
frente a la trombólisis en los pacientes que se presentan
entre 3 y 12 h tras la aparición del dolor torácico
no es solamente salvar el miocardio, sino también prevenir
los ACV. (Recomendación de ICP primaria en pacientes que
se presentan entre 3 y 12 horas tras la aparición del dolor
torácico: I, C.)
Los
estudios PRAGUE-2 y DANAMI-2 tienen especial importancia porque han
demostrado que la ICP primaria en el IAMEST se puede aplicar en
grandes zonas parcialmente urbanizadas de Europa con buenos
resultados135. La ICP primaria en pacientes de alto
riesgo con IAMEST en hospitales que no disponen de servicio de
cirugía cardíaca parece ser segura y
eficaz136,137.
2.3.1.2. Implantación rutinaria de stents en el
IAMEST. Los resultados de un ensayo clínico sugieren que
la implantación directa de stents (sin
dilatación previa de balón) se asocia a una
resolución más completa del segmento
ST138. Tres estudios han documentado la utilidad de la
implantación de stents en pacientes con IAMEST:
Zwolle139, Stent-PAMI140 y
CADILLAC141. (Recomendación de
implantación rutinaria de stents en el IAMEST: I,
A.)
2.3.2.
ICP facilitada
La
ICP facilitada se define como la intervención coronaria
programada en las primeras 12 h tras la presentación de
dolor torácico u otros síntomas y poco tiempo
después de la administración de medicación
capaz de disolver el trombo, que se utiliza para salvar el tiempo
transcurrido entre el primer contacto médico y la
realización de la ICP primaria. Sin embargo, el
término «ICP facilitada» no se utiliza de forma
uniforme: debe referirse a la ICP planeada inicialmente, que se
realiza poco tiempo después del inicio de la
administración de trombolíticos y/o inhibidores de la
GP IIb/IIIa. Por lo tanto, en los estudios aleatorizados que
evalúan el concepto de ICP facilitada, todos los pacientes
(con/sin pretratamiento) deben ser tratados con ICP primaria
programada.
2.3.2.1. ICP primaria facilitada con trombólisis. La ICP
facilitada fue evaluada en pequeños subgrupos de los
estudios PRAGUE-1120 y SPEED (GUSTO-4
Pilot142). Los nuevos conceptos sobre la
administración de media dosis de t-PA antes de la ICP
primaria sistemática se asociaron a una mejora de las tasas
del flujo TIMI-3 a la llegada del paciente al laboratorio de
hemodinámica, pero esta mejora no se tradujo en beneficios
clínicos relev antes (estudio PACT143). En el
estudio BRAVE144, se asignó a los pacientes al
grupo de pretratamiento con media dosis de reteplasa más
abciximab o abciximab solo antes de ser transferidos a la ICP
planeada con implantación de stents; la
administración temprana de reteplasa más abciximab no
llevó a una reducción del tamaño del infarto
comparado con el abciximab solo. Aunque el concepto de
«trombólisis a dosis bajas»145
combinada con clopidogrel e inhibidores de la GP IIb/IIIa poco
tiempo antes de la implantación de stents en el
IAMEST resulta muy interesante, los estudios dedicados a evaluar la
ICP facilitada sugieren que no se obtienen beneficios e incluso se
podría incurrir en daños potenciales116.
Se esperan los datos de los estudios ASSENT-4 (asignación a
ICP primaria facilitada con TNK frente a ICP primaria con
inhibidores de la GP IIb/IIIa cuando se consideren indicados) y
FINESSE146 (asignación a ICP primaria facilitada
con reteplasa o abciximab o ICP primaria no facilitada). Por el
momento, no hay evidencia que apoye la recomendación de ICP
facilitada con trombólisis.
2.3.2.2. ICP primaria facilitada con inhibidores de la GP
IIb/IIIa. En el estudio ADMIRAL147, el
análisis del subgrupo predefinido de pacientes que
recibieron abciximab en el servicio de urgencias o en la ambulancia
mostró mejores resultados que el grupo de pacientes al que
se administró el fármaco más tarde, lo que
sugiere ciertas ventajas de la ICP facilitada. En el estudio
ON-TIME148, los pacientes fueron aleatorizados de forma
prospectiva a iniciación prehospitalaria (precoz) de
tirofibán o a iniciación en el laboratorio de
hemodinámica (tardía). En la angiografía
basal, se documentó un flujo TIMI 3 en el 19% del grupo de
iniciación precoz y en el 15% del grupo de iniciación
tardía (no significativo). No se observaron efectos
beneficiosos en la angiografía post-ICP ni en los resultados
clínicos. No obstante, el estudio piloto
TIGER-PA149 y el estudio BRIDGING150 sugieren
que la administración precoz de tirofibán o abciximab
mejora los resultados angiográficos de los pacientes
tratados con ICP primaria. Aunque en un metaanálisis
realizado sobre 6 ensayos clínicos
aleatorizados151 la administración temprana de
inhibidores de la GP IIb/IIIa en el IAMEST parece que mejora la
permeabilidad coronaria y muestra una tendencia favorable para los
resultados clínicos, por el momento no se puede elaborar una
recomendación basada en la evidencia para la
utilización de la ICP primaria facilitada con inhibidores de
la GP IIb/IIIa a efectos de mejorar los resultados de los
pacientes.
2.3.3.
ICP de rescate tras fracaso de la trombólisis
La
ICP de rescate se define como una ICP en una arteria coronaria que
permanece ocluida a pesar de la terapia trombolítica.
Generalmente, se sospecha del fracaso de la trombólisis
cuando el dolor torácico persistente y la falta de
resolución de la elevación del segmento ST son
evidentes a los 45-60 min del inicio de la administración.
Entonces, se confirma angiográficamente (estenosis coronaria
epicárdica significativa y afectación del flujo, TIMI
< 3). Un estudio de la Cleveland Clinic investigó la
utilidad de la ICP de rescate tras el fracaso de la
trombólisis152. Los pacientes fueron asignados a
aspirina, heparina y vasodilatadores coronarios (terapia
conservadora) o a la misma terapia farmacológica
además de ICP. La incidencia del objetivo primario (muerte o
insuficiencia cardíaca severa) se redujo significativamente
en el grupo de ICP de rescate (del 17 al 6%). El
metaanálisis de los estudios RESCUE I, RESCUE II y de otros
ensayos clínicos sugiere un beneficio probable de la ICP de
rescate153. Por otra parte, en el estudio
MERLIN154, la ICP de rescate no mejoró la
supervivencia a los 30 días, pero mejoró la
supervivencia libre de eventos, debido casi por completo a una
reducción de nuevas revascularizaciones. Sin embargo, la
limitación más importante del estudio MERLIN fue su
escaso poder estadístico155. El estudio
REACT156, que ha sido recientemente finalizado (con
pacientes que en el ECG realizado a los 90 min no presentan una
resolución de > 50% de los cambios del segmento ST),
indica que la ICP de rescate es superior a la repetición de
la trombólisis o al tratamiento conservador en los pacientes
que no alcanzan una buena reperfusión tras la
trombólisis. La incidencia de cualquier tipo de eventos a
los 6 meses se redujo aproximadamente a la mitad en el grupo de ICP
de rescate, comparado con los grupos de repetición de la
trombólisis o terapia conservadora (muerte: el 18 frente al
9%). Comparado con el estudio MERLIN, en este estudio el uso de los
inhibidores de la GP IIb/IIIa y de stents fue mayor y el
tiempo de espera para la realización de la ICP de rescate
fue menor. Al igual que en la ICP primaria, en la ICP de rescate la
implantación de stents fue superior a la angioplastia
con balón157. (Recomendación de ICP de
rescate tras el fracaso de la trombólisis: I,
B.)
2.3.4.
ICP de urgencia en el shock cardiogénico
El
shock cardiogénico se define como un estado clínico
de hipoperfusión caracterizado por una presión
sistólica < 90 mmHg y una presión de enclavamiento
capilar > 20 mmHg o un índice cardíaco < 1,8
l/min/m2 (GPC de la ESC sobre el IAMEST95).
La ICP o cirugía de urgencia deben ser consideradas en una
fase temprana ya que pueden salvar la vida del
paciente95. En caso de no poder realizarse una ICP o
cirugía de urgencia, se administrará terapia
trombolítica95. Las mujeres presentan una
mortalidad más elevada que los hombres, independientemente
del tratamiento recibido.
En
2 estudios aleatorizados y controlados (SHOCK158,159 y
SMASH160) se ha evaluado la revascularización
temprana (ICP o cirugía CABG) en pacientes con shock
cardiogénico provocado por disfunción ventricular
izquierda tras un IAMEST. La ICP en este tipo de pacientes se
diferencia de la ICP en pacientes con IAMEST «normal»
en que: el intervalo de tiempo de espera recomendado de 12 h tras
la aparición de los síntomas es más
amplio161 y la ICP multivaso debe ser seriamente
considerada. En todos los estudios sobre ICP primaria se ha
analizado la estrategia de limitar el procedimiento de
revascularización aguda al vaso causante. Sólo en
caso de shock cardiogénico hay consenso sobre la
recomendación de intentar una ICP multivaso en pacientes
seleccionados que presentan estenosis críticas
múltiples. Siempre debe plantearse el uso de balón de
contrapulsación intraaórtico (BCPIA). Si la
enfermedad multivaso no responde a una revascularización
percutánea relativamente completa, en estos pacientes se
considerará la cirugía161. En el estudio
Benchmark Counterpulsation Outcomes Registry (25.136 pacientes), la
mortalidad intrahospitalaria fue más elevada en los
pacientes tratados solamente con terapia farmacológica
(32,5%) que en los pacientes referidos a intervenciones
percutáneas (18,8%) y quirúrgicas
(19,2%)162. Conviene recordar que los pacientes con
shock cardiogénico e IAMSEST presentan una mortalidad
intrahospitalaria similar a los pacientes con shock e
IAMEST163. La mortalidad intrahospitalaria de los
pacientes con IAM complicado con shock cardiogénico sigue
siendo alta, incluso cuando se ha practicado una ICP
temprana164. Entre los pacientes mayores de 75
años con IAM y shock cardiogénico, los resultados
pueden ser mejores de los que se creía anteriormente cuando
son revascularizados de forma precoz. En este grupo, el 56% de los
pacientes sobrevivió hasta el alta hospitalaria y, de ellos,
la supervivencia al año fue del 75%165. En los
últimos años se ha observado un aumento en el
número de revascularizaciones re alizadas en pacientes con
IAM y shock cardiogénico, posiblemente debido a un
número mayor de ingresos de este tipo de pacientes en
hospitales que disponen de cardiología
intervencionista166. (Recomendación de ICP de
urgencia en pacientes con shock cardiogénico: I,
C.)
2.3.5.
Angiografía de rutina tras la trombólisis
En
el estudio ALKK167, 300 pacientes (inicialmente
diseñado para 800) fueron aleatorizados a ICP o a
tratamiento farmacológico. Antes de la asignación de
tratamiento, se administró trombólisis al 63% del
grupo de ICP y al 57% del grupo de terapia farmacológica. La
ICP se realizó en un intervalo medio de 24 días tras
el IAMEST. La supervivencia libre de eventos al año
mostró una tendencia favorable a la ICP (el 90 frente al
82%). Esta tendencia está asociada fundamentalmente a la
diferencia en la necesidad de (re)intervención (el 5,4
frente al 13,2%, p = 0,03). Un análisis multinivel de los
pacientes incluidos en el estudio ASSENT-2 demostró una
mortalidad más baja en los países con las tasas
más altas de ICP tras tratamiento
trombolítico168. Un metaanálisis de los
estudios TIMI 4, 9 y 10B e InTIME-II (20.101 pacientes)
reveló que la ICP realizada durante la
hospitalización del paciente está asociada a una tasa
más baja de IAM recurrente intrahospitalario (el 4,5 frente
a 1,6%, p < 0,001) y a una menor incidencia de la mortalidad a
los 2 años (el 11,6 frente al 5,6%, p <
0,001)169. Los resultados de un estudio prospectivo de
la cohorte de pacientes del Registro Nacional Sueco de Causas de
Muerte (Swedish National Cause of Death Registry)170
apoyan el uso de una estrategia invasiva precoz tras el IAM. En el
estudio GUSTO-I, las tasas de cateterismos cardíacos y
revascularizaciones durante el ingreso en pacientes de Estados
Unidos fueron 2 veces mayores a las tasas de los pacientes
canadienses171. La tasa de mortalidad a los 5
años fue del 19,6% entre los pacientes de Estados Unidos y
del 21,4% entre los pacientes canadienses (p = 0,02). Por lo tanto,
la estrategia conservadora comparada con la
revascularización precoz tuvo un efecto negativo en la
supervivencia a largo plazo171.
Los
resultados de 4 estudios aleatorizados han contribuido a la
recomendación de la angiografía coronaria de rutina e
ICP (cuando es preciso) poco tiempo después del tratamiento
trombolítico. Los datos sobre estos estudios (SIAM
III172, GRACIA-1173,
CAPITAL-AMI174 y Leipzig Prehospital Lysis
Study-[LPLS]175) se pueden consultar en la tabla
6.
Los
estudios SIAM III, GRACIA-1, CAPITAL-AMI, LPLS, ALKK, el
análisis del ASSENT-2, el metaanálisis del TIMI 4, 9
y 10B y del InTIME-II, así como el estudio GUSTO-I, han
contribuido a la solución de un viejo pero importante
problema: la incidencia del reinfarto, el «talón de
Aquiles» de la trombólisis. La trombólisis,
pues, aun en el caso de que sea eficaz no debe considerarse como el
tratamiento final: «trombólisis primero, stent
después»176. (Recomendación de
angiografía coronaria de rutina e ICP, si es preciso, tras
la trombólisis efectiva: I, A.)
2.3.6.
ICP por evidencia de isquemia tras la trombólisis
El
estudio DANAMI-1177 fue el primer ensayo clínico,
y el único prospectivo y aleatorizado, en el que se
comparó una estrategia invasiva (ICP/CABG) con una
estrategia conservadora en pacientes que presentaban una isquemia
miocárdica inducible antes del alta hospitalaria y
después de haber recibido tratamiento trombolítico
debido a un primer IAMEST. La incidencia del objetivo primario
(muerte, reinfarto e ingreso por angina inestable) se redujo
significativamente del 29,5 al 15,4% al año, del 36,6 al
23,5% a los 2 años y del 44,0 al 31,7% a los 4 años.
Con estos datos, los pacientes tratados con trombolíticos
por un primer IAMEST e isquemia inducible antes del alta deben ser
referidos a angiografía coronaria y revascularización
(si fuera preciso) independientemente de que reciban
tratamiento farmacológico «máximo».
(Recomendación de ICP por evidencia de isquemia tras
trombólisis efectiva: I, B.)
2.3.7.
ICP en pacientes que no han sido reperfundidos en las primeras 12
h
Muy
frecuentemente los pacientes acuden al médico demasiado
tarde y o no son tratados con una terapia de reperfusión o
esta terapia fracasa en la recanalización de la arteria. La
terapia de reperfusión tardía se define como la
trombólisis o la ICP que se inicia > 12 h después
de la aparición de los síntomas (para la ICP
tardía en el shock cardiogénico véase el
apartado 2.3.4). La terapia trombolítica en el tratamiento
tardío de los pacientes que refieren IAMEST no reduce el
tamaño del infarto ni conserva la función ventricular
izquierda, posiblemente debido a que no puede reestablecer la
permeabilidad coronaria178.
Si
se interpretan con prudencia los resultados de los estudios
PCAT132, PRAGUE-2121 y CAPTIM130,
se podría observar un posible efecto beneficioso de la ICP
tardía. Sin embargo, esta consideración no es
consistente con los resultados del estudio TOAT179
(más pequeño que los anteriores), en el que se
observó un efecto adverso de la ICP tardía sobre el
remodelado ventricular izquierdo. En el estudio
DECOPI180, 212 pacientes con un primer IAM con onda Q y
un vaso infartado y ocluido fueron asignados a ICP (realizada entre
2 y 15 días tras la presentación de los
síntomas) o a terapia farmacológica. El objetivo
primario fue el combinado de muerte cardíaca, IAM sin muerte
o taquiarritmia ventricular. A pesar de que a los 6 meses la FEVI
fue significativamente superior (5%) en el grupo de terapia
invasiva frente al grupo de terapia farmacológica y que un
número significativamente mayor de pacientes
mantenían la permeabilidad de la arteria (el 82,8 frente al
34,2%), en el seguimiento medio a los 34 meses, la incidencia del
objetivo primario fue similar en el grupo de terapia
farmacológica y en el de terapia invasiva (el 8,7 frente al
7,3%, respectivamente). En cualquier caso, este estudio carece de
poder estadístico adecuado, debido a que el número de
pacientes reclutados y las tasas de eventos fueron inferiores a lo
que se había planeado inicialmente. Es por ello que, a pesar
de que la «hipótesis de la arteria abierta a largo
plazo» resulta muy atractiva181, debemos esperar
todavía los resultados del estudio OAT. Hoy día, no
hay acuerdo sobre las recomendaciones de tratamiento para este
grupo de pacientes.
2.3.8.
Reducción máxima de los tiempos de demora
Existe un acuerdo unánime de que se deben realizar todos los
esfuerzos necesarios para minimizar el tiempo transcurrido entre la
presentación del dolor torácico/otros síntomas
y el inicio de una estrategia de reperfusión segura y eficaz
en los pacientes con IAMEST182,183 (consultar la tabla
7, Recomendaciones para la ICP en el SCAEST [IAMEST]). La
reducción del tiempo total de isquemia es fundamental, no
solamente para la terapia trombolítica, sino también
para la realización de la ICP primaria184 (fig.
3). La reducción de la demora entre la presentación
de los síntomas y el tratamiento mejora significativamente
los resultados clínicos, mientras que el aumento de este
intervalo está asociado a una perfusión
miocárdica afectada, independientemente del flujo
epicárdico185. Los esfuerzos deben comenzar con
la educación del paciente e incluyen también mejoras
en la organización del servicio de ambulancias y la
optimización de los procedimientos interhospitalarios,
públicos y privados (fig. 3). En cuanto a la ICP primaria,
los esfuerzos deben dirigirse a mantener un intervalo medio entre
el primer contacto médico y la ICP inferior a 90 min
(incluido el intervalo «puerta-balón»). Si se
prescinde del servicio de urgencias y se transfiere directamente al
paciente con IAMEST al laboratorio de hemodinámica, podemos
reducir adicionalmente este intervalo. No obstante, los pacientes
que presentan una evolución de los síntomas > 3 h
deben ser tratados igualmente con ICP primaria. Sólo cuando
se prevé un retraso importante (> 2-3 h) en la
realización de la ICP primaria, se debe considerar la
administración de una terapia de reperfusión con
agentes fibrinolíticos de segunda o tercera
generación186.
Fig.
3.
Posibles causas
de demora desde la aparición de los síntomas hasta el
comienzo de la terapia de reperfusión en pacientes con
infarto agudo de miocardio con elevación del segmento ST.
Las soluciones para reducir al mínimo la suma de estas
demoras («tiempo total de isquemia») incluyen la
optimización de la organización de los servicios de
ambulancias y de la organización interhospitalaria
pública o privada. Una de las medidas más importantes
es la educación de los pacientes para minimizar el retraso
entre la presentación de los síntomas y la llamada al
servicio de urgencias.
En resumen, la ICP primaria debe ser el tratamiento de
elección para los pacientes que refieren IAMEST en los
hospitales que disponen de un servicio de cardiología
intervencionista y un equipo médico experimentado. En caso
de contraindicación a la trombólisis, el paciente
debe ser transferido inmediatamente para ICP primaria, ya que
ésta podría ser la única posibilidad de abrir
rápidamente la arteria obstruida. En presencia de shock
cardiogénico, la revascularización completa mediante
ICP urgente puede salvar la vida del paciente y, por tanto, debe
ser tomada en consideración de forma temprana. En varios
estudios aleatorizados se observaron mejores resultados
clínicos en los pacientes transferidos a un «centro
cardiovascular» para la realización de ICP primaria
frente a los pacientes tratados con trombólisis, a pesar del
retraso producido por el traslado del paciente y, por tanto, una
mayor espera entre el momento de la aleatorización y el
inicio del tratamiento. La superioridad de la ICP primaria
frente a la trombólisis presenta mayor relevancia
clínica durante el intervalo de 3 a 12 h desde la
presentación de dolor torácico u otros
síntomas, debido a que la ICP permite una mayor
protección del miocardio. Además, a mayor intervalo
desde la presentación de los síntomas, se ha
observado un aumento de la tasa de eventos cardíacos
adversos graves tras la trombólisis, mientras que tras la
ICP primaria parece que se mantiene estable.
Durante las primeras 3 horas tras la presentación de dolor
torácico u otros síntomas, ambas estrategias de
reperfusión parecen igualmente efectivas en la
reducción del tamaño del infarto y de la mortalidad.
Por ello, la trombólisis sigue siendo una alternativa viable
a la ICP primaria, siempre que se pueda administrar dentro de las
primeras 3 horas del comienzo de los síntomas. La ICP
primaria, comparada con la trombólisis, reduce
significativamente el índice de ACV. En general, se prefiere
la ICP primaria frente a la trombólisis durante las primeras
3 horas de presentación de dolor torácico para
prevenir el infarto y, en pacientes con una evolución de los
síntomas de 3-12 h, para salvar el miocardio y
también prevenir los ACV. Por el momento, no existe
evidencia que permita recomendar la ICP facilitada.
Se recomienda la ICP de rescate siempre que fracase la
trombólisis durante los 45-60 min tras el inicio de la
administración. En caso de eficacia de la
trombólisis, se recomienda la realización de una
angiografía coronaria de rutina durante las primeras 24 h e
ICP, si está indicado, incluso en pacientes
asintomáticos, sin isquemia demostrable, para mejorar su
evolución. Si no se dispone de un centro de
cardiología intervencionista en 24 h, los pacientes que han
respondido positivamente al tratamiento trombolítico, con
evidencia de isquemia espontánea o inducible antes del alta
hospitalaria, deben ser referidos a angiografía coronaria y,
si fuera preciso, revascularización, independientemente de
recibir terapia farmacológica
«máxima» (
*
).
(
*
) Las recomendaciones de la
ESC sobre el papel de la angioplastia en el IAMEST incluyen
novedades importantes. Quizá las más relevantes son
el reconocimiento de la equivalencia entre angioplastia primaria y
trombólisis en pacientes con retraso inferior a 3 h desde el
comienzo de los síntomas, y la recomendación
explícita de estrategias farmacomecánicas de
reperfusión como una alternativa razonable a la angioplastia
primaria cuando ésta no es posible o exige un retraso
superior al recomendado.
Efectivamente, la demostración de que la trombólisis
muy temprana (en las primeras 3 h) puede abortar el infarto y tiene
un efecto dramático sobre la mortalidad1 choca
con las dificultades reconocidas para realizar la angioplastia
primaria dentro del límite temporal útil para
recuperar miocardio e influir sobre el
pronóstico2. Ello está consolidando el
concepto de que en materia de reperfusión miocárdica
«todo tratamiento retrasado es un tratamiento
denegado»3 y cuestiona la conveniencia de denegar
el tratamiento trombolítico a pacientes que contactan con el
sistema sanitario muy pronto (atención móvil u
hospitalaria en las primeras 3 h), pero que por motivos
logísticos o de infraestructura no pueden ser sometidos
inmediatamente a angioplastia primaria.
En relación con lo anterior, es evidente por datos
procedentes del mundo real y de estudios observacionales y
aleatorizados que, en la era actual, la combinación de
trombólisis y angioplastia complementaria rutinaria con
stent es segura y beneficiosa4-6. Todo ello dibuja
un nuevo panorama en el que la angioplastia primaria y la
trombólisis dejan de verse como mutuamente excluyentes y
parecen tener un efecto sinérgico que puede beneficiar a una
alta proporción de pacientes con IAMEST independientemente
de las barreras logísticas7.
1. Taher T, Fu Y, Wagner GS, Goodman SG, Fresco C, Granger CB, et
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elevation. J Am Coll Cardiol. 2004;44:38-43.
2. Nallamothu BK, Bates ER, Herrin J, Wang Y, Bradley EH, Krumholz
HM, NRMI Investigators. Times to treatment in transfer patients
undergoing primary percutaneous coronary intervention in the United
States: National Registry of Myocardial Infarction (NRMI)-3/4
analysis. Circulation. 2005;111:761-7.
3. Williams DO. Treatment delayed is treatment denied. Circulation.
2004;109:1223-5.
4. Fernández-Avilés F, Alonso JJ, Castro-Beiras A,
Vázquez N, Blanco J, Alonso-Briales J, et al. GRACIA Group
(Grupo de Análisis de la Cardiopatía Isquémica
Aguda). Routine invasive strategy within 24 hours of thrombolysis
versus ischaemia-guided conservative approach for acute myocardial
infarction with ST-segment elevation (GRACIA-1): a randomised
controlled trial. Lancet. 2004;3:1045-53.
5. Gibson CM, Karha J, Murphy SA, James D, Morrow DA, Cannon CP, et
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reinfarction following fribrinolytic administration in the TIMI
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7. Sánchez PL, Fernández-Avilés F.
Angioplastia facilitada: ni blanco ni negro. Rev Esp Cardiol.
2005;58:111-8.
3.
MEDICACION COADYUVANTE A LA ICP
Se
recomienda el pretratamiento de rutina con bolo intracoronario de
nitroglicerina (NTG) a efectos de descartar el vasospasmo, valorar
el tamaño verdadero del vaso y reducir el riesgo de
reacciones vasospásticas durante el procedimiento
(Recomendación para el uso de NTG: I C). Dependiendo de
la presión sanguínea, el bolo se puede repetir
durante y después del procedimiento. En el caso poco
frecuente de un espasmo resistente a la NTG, el verapamilo es una
buena alternativa.
En
relación a la presencia de «no reflujo» o
«flujo lento» (véase el apartado 4.5), existen
numerosas investigaciones sobre la aplicación intracoronaria
de verapamilo y adenosina en diferentes dosis187. El
nitroprusiato, un donante directo de óxido nítrico,
también puede ser un tratamiento efectivo y seguro en caso
de reducción del flujo sanguíneo o fenómeno de
«no reflujo» asociado a la ICP188,189. A
demás el balón de contrapulsación
intraaórtica también podría ser útil.
La combinación de adenosina y nitroprusiato se tradujo en
una mejora del flujo coronario, superior a la obtenida con
adenosina intracoronaria sola190.
(Recomendación de uso de adenosina, verapamilo y
nitroprusiato en el fenómeno de no reflujo o flujo lento:
IIa, C.)
3.1.
Ácido acetilsalicílico (AAS)
Desde los comienzos de la cardiología intervencionista, los
fármacos antiplaquetarios han sido la piedra angular de la
medicación coadyuvante debido a la activación
plaquetaria producida por el trauma inducido por la ICP en el
endotelio y en otras capas más profundas de la pared
arterial. En un documento de consenso191 elaborado
recientemente por la ESC se detallan las aplicaciones
farmacológicas básicas y las aplicaciones
clínicas generales de los agentes antiplaquetarios en
pacientes con enfermedad cardiovascular aterosclerótica. La
presente guía trata de forma más específica la
utilización de estos agentes en la ICP.
3.1.1.
Ácido aceltilsalicílico en la cardiopatía
isquémica estable
En
el metaanálisis Antithrombotic Trialists Collaboration, se
observó una reducción del 22% de la muerte por causas
vasculares, IAM o ACV en los pacientes con alto riesgo de eventos
vasculares asignados a tratamiento con ácido
aceltilsalicílico (AAS), comparados con el grupo
placebo192. El estudio M-HEART II193 fue el
único ensayo clínico en ICP que comparó un
grupo control a placebo con el tratamiento con AAS, demostrando la
superioridad de este tratamiento en comparación con el
placebo en la evolución clínica (el 30 frente al
41%). La tasa de IAM se redujo de forma significativa con el
tratamiento con aspirina, del 5,7 al 1,2%. En la actualidad, el AAS
continúa desempeñando un papel importante en la
reducción de las complicaciones isquémicas de la ICP.
En caso de que los pacientes no se encuentren en tratamiento
crónico con AAS o si existen dudas sobre el seguimiento de
este tratamiento, se administrará una dosis oral de carga de
500 mg, 3 h antes de la intervención o un mínimo de
300 mg por vía intravenosa inmediatamente antes del
procedimiento. Este tratamiento sólo se omitirá en
aquellos pacientes con alergia conocida al AAS. Como se ha
señalado en el documento de consenso de la ESC, en el
tratamiento crónico no se requieren dosis superiores a los
100 mg diarios191. (Recomendación de
administración de AAS en la ICP para la cardiopatía
isquémica estable: I, B.)
3.1.2.
Ácido acetilsalicílico en el SCASEST
El
metaanálisis citado en el apartado anterior reveló
también una reducción del 46% en la muerte por causas
vasculares, IAM o ACV (del 13,3 al 8,0%)192. A pesar de
que los estudios fueron realizados antes del uso extendido del ICP,
sus conclusiones llevaron a la recomendación universal de la
administración de AAS como terapia estándar en el
SCASEST, con o sin ICP. (Recomendación para la
administración de AAS en la ICP para el SCASEST: I,
C.)
3.1.3.
Ácido acetilsalicílico en el SCAEST
(IAMEST)
En
el ensayo ISIS-2 se comprobó la eficacia del AAS comparado
con placebo, demostrándose que el AAS era casi tan efectivo
como la estreptoquinasa194. La administración de
ambos fármacos fue aditiva. A pesar de las limitaciones y de
los efectos secundarios del AAS, debe ser administrado a todos los
pacientes con IAMEST (si se justifica clínicamente) tan
pronto como sea posible tras el establecimiento del
diagnóstico95. (Recomendación para la
administración de AAS en la ICP para el IAMEST: I,
B.)
Recientemente se ha planteado el problema de la «resistencia
a la aspirina»195. Sin embargo, son necesarios
más estudios que permitan relacionar tal falta de respuesta
a la aspirina con el desarrollo de eventos clínicos
adversos.
3.2.
Ticlopidina y clopidogrel
3.2.1.
Tienopiridinas (ticlopidina/clopidogrel) en la cardiopatía
isquémica estable
La
ticlopidina y el clopidogrel son 2 compuestos con un alto poder
antiplaquetario. Existe evidencia convincente de que, para la
reducción de la trombosis aguda y subaguda del stent
tras ICP con implantación de stents, la terapia
combinada a base de una tienopiridina más AAS es superior al
AAS aislado o al AAS más un anticoagulante oral
(Milán/Tokio196, ISAR197,
STARS198, FANTASTIC199 y
MATTIS200). Según los resultados de 3 estudios
aleatorizados y controlados (CLASSICS201,
TOPPS202, Bad Krozingen203) y de acuerdo con
una serie de registros y metaanálisis204-209, el
clopidogrel parece ser, como mínimo, tan eficaz como la
ticlopidina. Comparado a la ticlopidina, el clopidogrel tiene menos
efectos secundarios y se tolera mejor. (Recomendación
para la administración de ticlopidina o clopidogrel durante
3-4 semanas además de AAS tras la implantación de
stents convencionales en la cardiopatía isquémica
estable: I, A.)
En
la actualidad, la gran mayoría de los procedimientos de ICP
concluyen con la implantación de stents, por ello, se
debe considerar el pretratamiento con clopidogrel en todos los
pacientes programados para ICP, se haya previsto o no la
implantación210. Sin embargo, el tratamiento
previo con 300 mg, 2,5 h antes del procedimiento, podría ser
insuficiente211. Para asegurar una actividad
antiplaquetaria completa, se debe iniciar la administración
de clopidogrel con una dosis de carga de 300 mg al menos 6 h antes
del procedimiento y, si fuera posible, el día anterior a la
ICP programada (estudio CREDO212 y análisis
TARGET213). De lo contrario, se administrará una
dosis de carga de 600 mg al menos 2 h antes de la ICP; hay datos
procedentes de estudios aleatorizados que apoyan esta
indicación, aunque no han sido publicados en su totalidad
(estudio ARMYDA-2)94,214-216. En caso de que la
angiografía diagnóstica sea negativa o si no se
realiza la implantación de stents o cuando
esté indicada la cirugía cardíaca, se puede
interrumpir la administración del clopidogrel. Los pacientes
que no hayan sido pretratados con clopidogrel, pueden recibir una
dosis de carga (posiblemente más alta) inmediatamente
después del procedimiento. (Recomendación para el
pretratamiento con 300 mg de clopidogrel al menos 6 h antes de la
ICP: I, C.)
Tras la implantación de stents, no es necesario
prolongar el tratamiento (> 4 semanas) en pacientes con angina
estable, a excepción de los pacientes tratados con
braquiterapia o stents recubiertos (tabla 8; véase
también el capítulo 5). (Recomendación para
la administración de clopidogrel tras la braquiterapia
durante 12 meses o tras la implantación de stents
recubiertos durante 6-12 meses: I, C.)
3.2.2.
Clopidogrel en el SCASEST
El
momento óptimo para el inicio de la terapia con clopidogrel
en los pacientes con SCASEST es motivo de discusión. Por una
parte, en el estudio CURE217 se observó que la
frecuencia de eventos adversos se redujo significativamente con la
administración de clopidogrel durante las primeras horas
tras la entrada en el estudio218. Por otra parte, en los
pacientes tratados con clopidogrel y referidos a cirugía
cardíaca, la pérdida de sangre perioperatoria durante
la cirugía constituye un motivo de preocupación. En
el estudio CURE no se observó un exceso significativo de
episodios importantes de hemorragias tras la cirugía de
bypass aortocoronario (el 1,3 frente al 1,1%). En los pacientes
que no interrumpieron la medicación del estudio hasta 5
días antes de la cirugía, la tasa de sangrados
importantes fue mayor en el grupo de clopidogrel (el 9,6 frente al
6,3%)217. En suma, los beneficios obtenidos por la
iniciación del tratamiento con clopidogrel al ingreso del
paciente parecen ser superiores a los riesgos, incluso en los
pacientes referidos a cirugía de bypass durante el
mismo ingreso hospitalario219. En varios casos fue
necesario administrar concentrados plaquetarios. Se observó
un incremento del riesgo de sangrado con el aumento de la dosis de
AAS de 100 a 100-200 mg o ≥
200 mg en pacientes tratados
con AAS solo (el 1,9, el 2,8, el 3,7% de sangrados importantes) y
con AAS más clopidogrel (el 3,0, el 3,4, el
4,9%)220. Los datos disponibles sugieren que, en los
pacientes con SCASEST, una dosis diaria de AAS en el rango de
75-100 mg puede ser considerada
óptima220.
Según las guías de práctica clínica de
la ACC/AHA para el manejo de los pacientes con
SCASEST221, en muchos hospitales en los que los
pacientes con AI o IAMSEST son sometidos a un cateterismo
diagnóstico durante las primeras 24-36 h del ingreso, no se
administra clopidogrel hasta que se decida si el paciente va a ser
referido a cirugía de bypass en los días
siguientes. El amplio seguimiento actual de la estrategia invasiva
precoz, combinada con la implantación de stents y el
uso de los inhibidores de la GP IIb/IIIa, reduce la posibilidad de
la cirugía cardíaca de urgencia en la mayoría
de los pacientes de riesgo. En base a los efectos positivos del
clopidogrel218, recomendamos el inicio de la
administración de este fármaco lo antes posible,
siempre que esté clínicamente justificado.
(Recomendación para la administración inmediata de
clopidogrel en el SCASEST: I, B.)
Tras la fase aguda del SCASEST, la administración de AAS y
clopidogrel durante 9-12 meses es beneficiosa (CURE217,
PCI-CURE222). (Recomendación para la
administración de clopidogrel durante 9-12 meses tras el
SCASEST: I, B.)
3.2.3.
Clopidogrel en el SCAEST (IAMEST)
Aunque no pueden ser considerados estudios sobre ICP, los estudios
CLARITY (dosis de carga de 300 mg) y COMMIT CCS-2 (sin dosis de
carga) mostraron que el AAS más clopidogrel fue más
efectivo en el IAMEST que el AAS solo. En referencia a la ICP
primaria y a la implantación de stents en el IAMEST,
se administrará adicionalmente clopidogrel a estos
pacientes, preferiblemente con una dosis de carga de 600 mg. En
relación con la duración del tratamiento con
clopidogrel, se podrían extrapolar los resultados obtenidos
en el SCASEST pero este extremo debe ser científicamente
comprobado.
Ciertos hallazgos de laboratorio previenen sobre la
combinación del clopidogrel con estatinas de
metabolización hepática, especialmente la
atorvastatina223, aunque estos hallazgos no parecen
tener importancia clínica224. La cuestión
suscitada sobre una posible resistencia al clopidogrel requiere ser
estudiada con más profundidad225,226.
En resumen, la «doble» terapia antiplaquetaria a base
de AAS y clopidogrel constituye un estándar para el
pretratamiento de los pacientes con cardiopatía
isquémica estable que van a ser sometidos a una ICP, con o
sin implantación de stents programada. Tras la
implantación de stents no recubiertos, se
continuará el tratamiento con clopidogrel durante 3-4
semanas y el de AAS debe ser indefinido. En los pacientes que
ingresan con SCASEST, el tratamiento con AAS y
administración inmediata de clopidogrel, si está
justificado clínicamente, se considera el régimen
antiplaquetario estándar básico. Tras la fase aguda,
el tratamiento con AAS (100 mg/día) más clopidogrel
(75 mg/día) durante 9-12 meses es beneficioso. Se
administrará AAS por vía intravenosa a todos los
pacientes con IAMEST lo antes posible, cuando se haya establecido
el diagnóstico y si está clínicamente
justificado. En base al concepto de ICP primaria e
implantación primaria de stents en el IAMEST, se
administrará adicionalmente clopidogrel a estos pacientes.
Tras la braquiterapia se administrará clopidogrel,
además de AAS, durante 12 meses y tras la
implantación de stents recubiertos con
fármacos durante 6-12 meses para evitar la trombosis
tardía del vaso.
3.3.
Heparina no fraccionada
3.3.1.
Heparina no fraccionada para la ICP en la cardiopatía
isquémica estable
Desde los inicios de la ICP, se ha utilizado la heparina no
fraccionada (HNF) para prevenir el desarrollo de trombosis sobre el
instrumental y minimizar la formación de trombos sobre el
daño vascular y la rotura de placa iatrogénicos. Por
razones obvias, no existen estudios con grupo placebo sobre la ICP,
ya que la omisión de la anticoagulación no es posible
en este tipo de intervenciones. La HNF se administra en bolo
intravenoso y la dosis se calcula en base al tiempo de
coagulación activado (TCA del rango de 250-350 s o 200-250
s, cuando se administra un inhibidor de la GP IIb/IIIa) o ajustada
al peso (normalmente 100 U/kg o ~50-60 U/kg, cuando se administra
un inhibidor de la GP IIb/IIIa). Debido a la marcada variabilidad
de la biodisponibilidad de la HNF, se recomienda el cálculo
de la dosis en base al TCA, especialmente en procedimientos largos
en los que probablemente serán necesarios bolos adicionales.
Por lo general, la respuesta terapéutica a la HNF es
difícil de predecir. Existe evidencia de que su efecto
beneficioso está asociado a una dosis efectiva, aunque se
han utilizado dosis bajas (5.000 U o menos) en procedimientos de
rutina227. Tras la finalización del
procedimiento, no se recomienda la administración de
heparina, especialmente antes o después de la retirada del
introductor.
3.3.2.
HNF para la ICP en el SCASEST
Normalmente, se recomienda la adición de HNF al
régimen estándar en base a los resultados de un
metaanálisis realizado sobre 6 ensayos clínicos
aleatorizados, en el que se observó una tasa del 7,9% de
muerte/IAM en pacientes con angina inestable tratados con AAS
más heparina, comparada a una tasa del 10,3% en pacientes
tratados sólo con AAS228. La interrupción
de la HNF en los pacientes con AI está asociada al riesgo
inherente de un efecto rebote229.
3.3.3.
HNF para la ICP en el SCAEST (IAMEST)
La
HNF forma parte de la terapia estándar de los pacientes con
IAMEST, especialmente de los pacientes que van a ser sometidos a
una ICP primaria. La HNF se ha utilizado como tratamiento del grupo
control en numerosos ensayos clínicos en los que se
investigó el efecto de las heparinas de bajo peso molecular
(HBPM; véase apartado 3.4.3) o de la bivalirudina.
(Recomendación para la administración de heparina en
todos los procedimienos de ICP: I, C.)
3.4.
Heparinas de bajo peso molecular (HBPM)
Tanto la HNF como la HBPM actúan uniéndose a la
antitrombina III (AT-III) y, por tanto, acelerando el efecto de
este agente inhibidor de la trombina. Sin embargo, la HNF presenta
algunas limitaciones: debido a su fuerte unión a las
proteínas plasmáticas, los efectos
antitrombóticos de la HNF son variables y las
concentraciones de heparina libre son impredecibles. La HNF inhibe
en la misma medida los factores Xa y la trombina, mientras que la
HBPM inhibe predominante y más extensamente el factor Xa. En
base a que sus valores en plasma son más consistentes, la
HBPM se considera un anticoagulante más predecible, que no
requiere monitorización de laboratorio.
3.4.1.
HBPM para la ICP en la cardiopatía isquémica
estable
Los
datos sobre la utilización de la HBPM como único
anticoagulante durante la ICP en pacientes con cardiopatía
isquémica estable son escasos. Se recomienda actuar con
precaución y administrar adicionalmente HNF a los pacientes
que ingresan pretratados con HBPM; la dosis dependerá del
intervalo transcurrido desde la última dosis de
HBPM.
3.4.2.
HBPM para la ICP en el SCASEST
El
resultado clínico, valorado como objetivo primario, del uso
de HBPM comparado con el de la HNF fue investigado en 4 ensayos
clínicos importantes que incluían a un total de
12.048 pacientes con SCASEST. Estos estudios han sido ampliamente
revisados en la guía sobre el SCASEST de la ESC60
y en otros documentos230. No obstante, es preciso
señalar que estos estudios no son aplicables a la ICP, ya
que la ICP fue excluida (dalteparina, FRIC231), no
recomendada en las primeras 24 h (enoxaparina,
TIMI-11B232,233), o realizada a discreción del
especialista (enoxaparina-ESSENCE233,234 y
nadroparina-FRAXIS235).
La
dalteparina fue superior a la HNF en los pacientes inestables
(FRISC-II236). Sin embargo, esta superioridad
sólo fue demostrada en el brazo no invasivo; en los
pacientes revascularizados de forma temprana, la dalteparina no fue
superior90. En los estudios ESSENCE234 y TIMI
11 B232 se observó una superioridad de la
enoxaparina sobre la HNF en la estrategia predominantemente
conservadora en pacientes de alto riesgo con SCASEST, a coste de un
incremento significativo de hemorragias menores64. En el
estudio SYNERGY237, 9.978 pacientes con SCASEST fueron
aleatorizados a tratamiento con HNF o a enoxaparina (más
AAS) con una estrategia invasiva precoz. Los criterios de
inclusión (alto riesgo) fueron los síntomas
isquémicos mantenidos durante al menos 10 min y aparecidos
durante las 24 h previas al reclu tamiento del paciente y
además 2 de los siguientes factores: ≥
60 años de edad,
elevación de los valores de troponina o creatincinasa sobre
el límite superior de la normalidad o cambios del segmento
ST en el ECG. El objetivo combinado de muerte e IAM después
de 30 días fue del 14,5 frente al 14,0%. La incidencia de
sangrados importantes (según criterios TIMI) aumentó
significativamente en el grupo de enoxaparina (el 7,6 frente al
9,1%). Estos resultados son consistentes con los resultados del
estudio A-to-Z238, en el que no se observaron beneficios
clínicos de la enoxaparina, comparada con la HNF, en
pacientes con SCASEST tratados con una estrategia invasiva precoz y
AAS más tirofibán, pero la tasa de sangrados fue
significativamente mayor en los grupos de ICP con enoxaparina (el
4,4 frente al 2,8%).
Por
lo general, se debe evitar el cambio de tratamiento de HNF a HBPM o
viceversa239. Cuando se haya administrado HBPM antes de
la ICP, la administración de una terapia anticoagulante
adicional depende del intervalo transcurrido desde la última
dosis de HBPM240.
De
acuerdo con el análisis combinado de los resultados de los
estudios ESSENCE, TIMI 11B, SYNERGY y A-to-Z, se recomienda la
elección de HNF en los pacientes de alto riesgo con SCASEST
que van a ser tratados mediante una estrategia invasiva programada
(fig. 1). Además, y a pesar de que se puede administrar
enoxaparina antes de la ICP en pacientes con SCASEST241,
el Grupo de Trabajo de la ESC recomienda la utilización de
HNF ya que su efecto es reversible mediante la
administración de protamina. No existe evidencia concluyente
sobre la seguridad de la utilización de enoxaparina en el
laboratorio de hemodinámica, pero esta posibilidad
está siendo investigada en la actualidad.
Si
la estrategia invasiva, por alguna razón, no está
indicada en los pacientes de alto riesgo con SCASEST, se recomienda
la administración de enoxaparina para reducir el riesgo de
complicaciones isquémicas242.
(Recomendación para la administración de HBPM en
sustitución de la HNF en pacientes de alto riesgo con
SCASEST, cuando no está indicada una estrategia invasiva: I,
C.)
3.4.3.
HBPM para la ICP en el SCAEST (IAMEST)
El
uso de la HBPM en el IAMEST fue investigado en varios estudios
angiográficos. En el estudio HART II243 se
observó una tendencia hacia la mayor eficacia del uso
inmediato de la enoxaparina con un activador del
plasminógeno tisular (t-PA), comparado con la HNF, en la
obtención de la permeabilidad de la arteria causante del
infarto (flujo TIMI 2 y 3), 90 min después del inicio del
tratamiento. Los pacientes del grupo de enoxaparina presentaron una
tasa de reoclusión a los 5-7 días significativamente
inferior, sin aumento de hemorragias importantes. En los pacientes
tratados con una dosis completa de tenecteplasa (TNK) o media dosis
de TNK más abciximab, la enoxaparina se asoció a una
tasa de flujo TIMI-3 similar a la HNF (estudio
ENTIRE-TIMI-23244). El estudio PENTALYSE245
evaluó la eficacia y seguridad del uso de fondaparinux en
pacientes con IAMEST en evolución. Los pacientes estudiados
mediante angiografía coronaria a los 90 min y a los 5-7
días mostraron tasas similares de flujo TIMI 3 a los 90 min.
No hay, pues, evidencia que recomiende el uso de la HBPM respecto
de la HNF para la ICP en pacientes con IAMEST, mientras no se
conozcan más datos de investigaciones
importantes.
En resumen, la HNF se administra en un bolo intravenoso,
dependiendo la dosis del TCA. Con sus ventajas
farmacológicas, la HBPM se considera un anticoagulante
más predecible, que no requiere monitorización
analítica. Sin embargo, no se dispone de datos suficientes
sobre el uso de la HBPM como único anticoagulante para la
ICP en los pacientes con cardiopatía isquémica
estable. Es preferible el uso de la HNF en pacientes de alto riesgo
con SCASEST que van a ser tratados con una estrategia invasiva y en
pacientes de bajo riesgo tratados con una estrategia conservadora.
Cuando la estrategia invasiva, por alguna razón, no
esté indicada en los pacientes de alto riesgo con SCASEST,
se recomienda la administración de enoxaparina, considerando
el aumento de sangrados menores. La HNF es el tratamiento
estándar para los pacientes con IAMEST que van a ser
sometidos a una ICP primaria.
3.5.
Inhibidores de la glucoproteína IIb/IIIa
Los
inhibidores de la glucoproteína IIb/IIIa (GP IIb/IIIa) son
los compuestos farmacológicos antiplaquetarios más
potentes que actúan bloqueando los receptores del
fibrinógeno.
3.5.1.
Inhibidores de la GP IIb/IIIa para el ICP en la cardiopatía
isquémica estable
En
el estudio ISAR-REACT215 se asignó de forma
aleatoria tratamiento con abciximab o placebo a pacientes de bajo
riesgo con cardiopatía isquémica, excluyendo los SCA,
la diabetes dependiente de insulina y los trombos visibles (tabla
10). El abciximab no alcanzó el objetivo primario en estos
pacientes de bajo riesgo programados para la implantación
electiva de stents.
A
pesar de que el análisis retrospectivo del subgrupo de
pacientes diabéticos del EPISTENT246, que
incluía una población mixta con cardiopatía
isquémica estable e inestable (tabla 10), sugiere un
beneficio pronóstico del abciximab en el grupo de
stents, los resultados del estudio prospectivo ISAR-SWEET, en
pacientes con cardiopatía isquémica estable
(excluidos los SCA y el trombo visible), no permiten corroborar
este extremo247. En base al bajo riesgo de la ICP en los
pacientes con cardiopatía isquémica estable, al
riesgo potencial de los inhibidores de la GP IIb/IIIa de
incrementar las complicaciones de hemorragia y a su alto coste,
estos fármacos no están incluidos en la
medicación estándar periprocedimiento. A pesar de que
los resultados de un importante metaanálisis (20.186
pacientes) sugieren la administración rutinaria de
inhibidores de la GP IIb/IIIa en la ICP248, y de los
resultados de otro metaanálisis reciente (8.004 pacientes)
que sugieren una reducción de la mortalidad mediante el uso
de inhibidores de la GP IIb/IIIa en los pacientes tratados con
stents y enfermedad coronaria no aguda (cardiopatía
isquémica no aguda)47, la administración
de inhibidores de la GP IIb/IIIa en la ICP de pacientes con angina
estable debe ser estudiada caso por caso. Siempre que haya un
riesgo elevado (superior a la media) de complicaciones en los
pacientes con cardiopatía isquémica estable, los
inhibidores de la GP IIb/IIIa son una herramienta útil en
las lesiones inestables, como medicación de rescate en caso
de oclusión del vaso (posible/confirmada), en presencia de
trombo visible o del fenómeno de «no reflujo/flujo
lento». Los inhibidores de la GP IIb/IIIa resultan
útiles también en las intervenciones
complejas249. (Recomendación para la
administración de inhibidores de la GP IIb/IIIa para la ICP
en la cardiopatía isquémica estable con lesiones
complejas, oclusión posible/confirmada del vaso, trombo
visible, fenómeno de «no reflujo/flujo lento»:
IIa, C.)
3.5.2. Inhibidores de la GP
IIb/IIIa para la ICP en el SCASEST
En
la guía sobre los SCASEST de la ESC60 se han
revisado de forma pormenorizada todos los estudios sobre el uso de
inhibidores de la GP IIb/IIIa en pacientes con SCASEST.
En
relación con la ICP, los estudios que investigan la utilidad
de los inhibidores de la GP IIb/IIIa en el SCASEST se pueden
dividir en 2 grupos: los que incluyen la ICP programada por
protocolo y los que desaconsejan una terapia invasiva. La ICP no
estaba programada o incluso estaba desaconsejada en los estudios
GUSTO-IV-ACS (abciximab)250, PRISM251 y
PRISM-PLUS252 (tirofibán) y
PARAGON-A253 (lamifibán). La ICP se
realizó a discreción del especialista en los estudios
PURSUIT254 (eptifibatida) y PARAGON-B255
(lamifibán). Por tanto, las tasas de ICP en estos estudios
son bajas y varían entre el 1,6 y el 30,5% (tabla
9).
Los
estudios sobre la utilidad de los inhibidores de la GP IIb/IIIa con
ICP programada aparecen detallados en la tabla 10. En general, se
recomienda el uso de cualquiera de los 3 inhibidores de la GP
IIb/IIIa en pacientes con SCASEST que van a ser sometidos a una ICP
y presentan alto riesgo de complicaciones trombóticas
agudas60 (fig. 1). El abciximab administrado antes de la
intervención es superior al placebo en la reducción
del riesgo de complicaciones isquémicas agudas
(CAPTURE256, EPIC257, EPILOG258,
EPISTENT259). Aunque se pueden considerar estudios sobre
la ICP, conviene recordar que la implantación programada de
stents fue un criterio de exclusión en el estudio
EPILOG, el porcentaje de stents fue muy bajo (7,6%) en el
CAPTURE e inferior al 2% en el EPIC, en el que se
desaconsejó su uso (tabla 10). En el estudio EPISTENT, el
43% de los pacientes tenía angina estable y en el
ERASER260, con implantación de stent
programada, los pacientes con trombo intracoronario evidente fueron
excluidos (tabla 10).
Se
observan resultados similares en el análisis retrospectivo
de subgrupos en estudios realizados con eptifibatida
(ESPRIT261, IMPACT-II262), mientras que la
evidencia relativa al tirofibán es menos concluyente
(RESTORE263). La eptifibatida ofrece una eficacia
antiplaquetaria superior al AAS y al clopidogrel en los pacientes
con IAMSEST (estudio PEACE)264. Sin embargo, la
administración rutinaria y precoz de eptifibatida en el
servicio de urgencias, con un porcentaje bajo de ICP, no
modificó las medidas serológicas del tamaño
del infarto en pacientes con SCASEST (estudio
EARLY)265.
En
el estudio TARGET266,267, la comparación directa
del abciximab con tirofibán en pacientes tratados con ICP
reveló una eficacia menor del tirofibán en el
subgrupo de pacientes de alto riesgo. El objetivo primario
combinado de muerte, IAM no fatal o revascularización
urgente del vaso tratado a los 30 días tuvo una incidencia
significativamente mayor en el grupo de pacientes tratados con
tirofibán, comparado con el grupo de abciximab (el 7,6
frente al 6,0%). Sin embargo, a los 6 meses no se observaron
diferencias estadísticas entre los 2 grupos. Se ha
cuestionado si estos resultados se deben a una dosis insuficiente
de tirofibán y si los resultados mejorarían con un
incremento de la dosis de 2 o de 2,5 veces268-270. El
estudio TENACITY ha sido diseñado para la comparación
directa de una dosis más elevada de tirofibán que la
utilizada en TARGET con el abciximab.
En
las condiciones actuales de la ICP, un estudio que pretenda
comparar la utilidad del uso de un inhibidor de la GP IIb/IIIa
administrado de forma rutinaria (antes de la angiografía
coronaria) o en el laboratorio de cateterismos (antes de la ICP),
debería cumplir los siguientes requisitos: inclusión
únicamente de pacientes de alto riesgo con SCASEST, ICP
programada para todos los pacientes e implantación de
stents programada para todos los pacientes. Debido a que no
disponemos de dicho estudio (tablas 9 y 10), las siguientes
recomendaciones se han elaborado partiendo de estudios más
antiguos: para el manejo general del paciente (inicio de la terapia
al ingreso del paciente, antes del cateterismo diagnóstico),
el tirofibán y la eptifibatida muestran un claro
beneficio271,272. En una población tratada
mayoritariamnete sin uso de stents, el abcimad fue efectivo cuando
se administró dentro de las 24 h desde el cateterismo
diagnóstico y la ICP programada. En una población no
seleccionada con AI/IAMSEST y cuando la ICP no estaba programada,
el abciximab no ofreció ningún
beneficio250. De hecho, el abciximab es innecesario en
los pacientes tratados con una estrategia no
invasiva221,273. En los pacientes de alto riesgo con
SCASEST y cuando no se prevea la realización del cateterismo
cardíaco en las siguientes 2,5 h, se iniciará el
tratamiento con tirofibán o eptifibatida274-276
(fig. 1). En caso contrario (si se prevé el cateterismo en
menos de 2,5 h), se puede iniciar el tratamiento con inhibidores de
la GP IIb/IIIa (abciximab o eptifibatida) en el laboratorio de
hemodinámica274,275,277 (fig. 1). Generalmente,
el abciximab se administra durante 12 h y la eptifibatida durante
16 h tras la ICP278. (Recomendación para la
administración de inhibidores de la GP IIb/IIIa en los
pacientes de alto riesgo con SCASEST e ICP programada o realizada:
I, C.)
3.5.3.
Inhibidores de la GP IIb/IIIa para la ICP en el SCAEST
(IAMEST)
El
efecto del tirofibán y de la eptifibatida en los pacientes
con IAMEST ha sido menos estudiado que en pacientes con SCASEST. El
abciximab ha sido evaluado en 5 ensayos clínicos
aleatorizados y controlados (RAPPORT279,
ISAR-2280, CADILLAC141, ADMIRAL147
y ACE281) en asociación a la ICP primaria (tabla
11). Un reciente metaanálisis282, que
incluía también un pequeño estudio con ICP de
rescate283, concluyó que el abciximab, como
medicación coadyuvante a la ICP, reduce la mortalidad, la
revascularización del vaso diana (RVD) y los MACE a los 6
meses tras el IAMEST. Los beneficios a largo plazo del abciximab
administrado durante la implantación de stents
coronarios requieren más investigación284.
(Recomendación para la administración de abciximab
en la ICP primaria: IIa, A.)
3.6.
Inhibidores directos de la trombina
3.6.1.
Inhibidores directos de la trombina para la ICP en la
cardiopatía isquémica estable
A
diferencia de los análogos de la hirudina (desirudina y
lepirudina), la inhibición de la trombina por medio de la
bivalirudina es reversible, y sus efectos duran ~25 min. Los
estudios sobre la hirudina han mostrado repetidas veces un aumento
del riesgo de hemorragias, mientras que los resultados de la
bivalirudina en la ICP son bastante esperanzadores287.
El estudio CACHET288 fue el primer ensayo clínico
aleatorizado en el que se sugirió que, en pacientes
estables, el tratamiento provisional con abciximab y bivalirudina,
como agente antitrombótico de base, puede ser, como
mínimo, equivalente al tratamiento con abciximab y heparina
para todos los pacientes sometidos a una ICP. Hoy día, se
sugiere la sustitución de la HNF por la
bivalirudina289 en base a la reducción de
sangrados, comparada con la HNF sola (estudio BAT290).
Además, el grupo asignado a bivalirudina del estudio
REPLACE-2 fue comparado, indirectamente pero de forma y
prospectiva, con un grupo control imputado
(heparina)291. Respecto de la heparina sola, la
razón de riesgo fue de 0,62, cumpliendo los criterios
estadísticos de superioridad de la bivalirudina respecto de
la heparina291. En los pacientes tratados con
bivalirudina, el TCA se normalizó en un intervalo
significativamente menor, a pesar de que la media de los TCA era
significativamente mayor, y se observó un número
significativamente menor de TCA
subterapéuticos292. (Recomendación para
la sustitución de la HNF o de la HBPM por bivalirudina para
reducir las complicaciones de sangrado: IIa, C.)
Actualmente, se recomienda unánimemente la
sustitución de la HNF (y HBPM) por la bivalirudina en
pacientes con trombocitopenia inducida por la heparina (TIH). En el
estudio ATBAT, 52 pacientes con TIH fueron sometidos a una ICP con
bivalirudina: ningún paciente presentó
trombocitopenia significativa (recuento plaquetario <
150.000/100 ml). La bivalirudina parece segura y proporciona una
anticoagulación efectiva durante la ICP en este subgrupo
especial de pacientes293. (Recomendación para
la sustitución de la HNF o de la HBPM por bivalirudina en
pacientes con TIH: I, C.)
3.6.2.
Inhibidores directos de la trombina para la ICP en el
SCASEST
Existen 2 ensayos clínicos aleatorizados, considerados
estudios «puros» sobre ICP, en los que se
comparó un inhibidor directo de la trombina con la HNF
(tabla 12 ). En el estudio HELVETICA, no se alcanzó el
objetivo primario (reducción de la supervivencia libre de
eventos a los 7 meses) con la hirudina, comparada con la
HNF294. Los resultados del estudio BAT290
(angioplastia con bivalirudina) fueron inicialmente publicados para
el análisis por protocolo. Según este
análisis, no se alcanzó el objetivo primario (muerte
en el hospital, IAM, oclusión abrupta del vaso o
rápido deterioro clínico por causas
cardíacas). La bivalirudina redujo significativamente las
complicaciones de sangrado del 9,8 al 3,8%. El informe final fue
publicado con el análisis «por intención de
tratar» de la base de datos completa, utilizando objetivos
adjudicados295. El objetivo combinado de muerte, IAM o
repetición de la revascularización (definido a los 7,
90 y 180 días) se alcanzó a los 7 y 90 días.
Por lo tanto, el informe final apoya la hipótesis de que la
bivalirudina reduce las complicaciones isquémicas y la
hemorragia tras la ICP, comparada a la HNF a dosis altas (tabla
13).
El
estudio REPLACE-1296 comparó la eficacia de la
bivalirudina y de la heparina en pacientes aleatorizados a
revascularización urgente o electiva. En cuanto a la
eficacia, el objetivo combinado de muerte, IAM o repetición
de la revascularización antes del alta hospitalaria o
durante las primeras 48 h ocurrió en el 6,9% y en el 5,6% de
los pacientes en los grupos de heparina y bivalirudina,
respectivamente (no significativo). El estudio
REPLACE-2291 determinó la eficacia y seguridad
del tratamiento con bivalirudina sola comparada con la heparina y
un inhibidor de la GP IIb/IIIa, en relación con la
protección ante complicaciones hemorrágicas e
isquémicas perioperatorias, en pacientes sometidos a una
ICP. A los 30 días, el objetivo primario combinado (muerte,
IAM, repetición urgente de la revascularización o
sangrado intrahospitalario importante) había ocurrido en el
9,2% de los pacientes del grupo de bivalirudina frente al 10,0% de
los pacientes del grupo de heparina más un inhibidor de la
GP IIb/IIIa (no significativo). A pesar de una tendencia inicial
hacia una frecuencia más elevada del IAM (por
determinación enzimática) en el grupo de
bivalirudina, después de un año se observó una
tendencia a una mortalidad más baja en este grupo (1,89%),
comparada con el grupo de heparina más un inhibidor de la GP
IIb/IIIa (2,46%, p = 0,16)297. Por lo tanto, los
resultados clínicos a largo plazo de la bivalirudina y el
uso provisional de los inhibidores GP IIb/IIIa son comparables con
los del tratamiento con heparina más inhibición
programada de la GP IIb/IIIa en las ICP modernas297.
Para la elaboración de las recomendaciones finales sobre la
utilización de la bivalirudina en el SCASEST, se esperan los
resultados del estudio ACUITY, actualmente en fase de
desarrollo.
3.6.3.
Inhibidores directos de la trombina para la ICP en el SCAEST
(IAMEST)
En
la actualidad, incluso tras el análisis específico de
los subgrupos de ICP, no hay evidencia que recomiende el uso de los
inhibidores directos de la trombina para la ICP en el
IAMEST298,299.
En resumen, dado el bajo riesgo de la ICP en los pacientes con
cardiopatía isquémica estable y sobre el riesgo
potencial de los inhibidores de la GP IIb/IIIa de incrementar las
complicaciones de hemorragia y a su alto coste, estos
fármacos no están incluidos en la terapia
periprocedimiento estándar. La administración de
inhibidores de la GP IIb/IIIa en la ICP de pacientes con angina
inestable debe ser estudiada de forma electiva: siempre que exista
un riesgo superior a la media de complicaciones en los pacientes
con cardiopatía isquémica estable (intervenciones
complejas, lesiones inestables, como tratamiento de rescate ante la
amenaza/presencia de oclusión vascular, trombo visible o
fenómeno de «no reflujo/flujo lento»), los
inhibidores de la GP IIb/IIIa pueden ser muy
útiles.
En el SCASEST, sólo se administrarán inhibidores de
la GP IIb/IIIa a los pacientes de alto riesgo para los que se haya
programado una estrategia invasiva. Para el manejo
«general» del paciente (cuando se inicia la terapia al
ingreso del paciente, antes del cateterismo diagnóstico o
cuando no se prevé su realización en las siguientes
2,5 h), el tirofibán y la eptifibatida muestran un claro
beneficio. Cuando se prevé la realización del
cateterismo cardíaco en las próximas 2,5 h, los
inhibidores de la GP IIb/IIIa se pueden posponer y el tratamiento
con abciximab o eptifibatida se iniciará en el laboratorio
de hemodinámica. Si por alguna razón la demora entre
el cateterismo diagnóstico y la ICP programada llega hasta
24 h, tambi& eacute;n se puede administrar
abciximab.
El efecto del tirofibán y de la eptifibatida en los
pacientes con IAMEST ha sido menos estudiado. En el IAMEST, la
implantación de stents y el uso de abciximab parece
una estrategia de reperfusión apoyada por más
evidencia. La bivalirudina se propone hoy día como
tratamieno sustitutivo de la HNF (o HBPM), en una posible
reducción significativa de las hemorragias, comparada con la
HNF sola o con la HNF más inhibidores de la GP IIb/IIIa. En
la actualidad, se recomienda unánimemente la
sustitución de la HNF (y HBPM) por la bivalirudina en
pacientes con TIH.
4.
TÉCNICAS Y DISPOSITIVOS COMPLEMENTARIOS EN LA ICP
4.1.
Braquiterapia intracoronaria en la reestenosis
intra-stent
La
reestenosis intra-stent se debe a la hiperplasia de la
íntima dentro del stent e incluso en sus bordes. A
pesar de que la angioplastia de balón se considera segura
para el tratamiento de la reestenosis intra-stent,
está asociada a elevadas tasas de recurrencia (hasta el
80%)300,301. Los factores de riesgo para la reestenosis
intra-stent están bien perfilados y,
fundamentalmente, son los siguientes: una estenosis larga (> 30
mm), un stent largo, diámetro del vaso pequeño
(< 2,5 mm), diámetro luminal final pequeño,
oclusiones totales crónicas, localización en el ostio
o en segmentos en bifurcación y la presencia de diabetes
mellitus302-304.
En
una serie de estudios aleatorizados y controlados con placebo, la
braquiterapia intracoronaria mostró una mejora significativa
de los resultados clínicos y angiográficos en
arterias coronarias nativas (GAMMA-I305,
WRIST306, LONG-WRIST307, START308,
INHIBIT309) y en injertos de vena safena
(SVG-WRIST310). Estos resultados reflejaban la
situación del «mundo real», como se
confirmó en el registro europeo RENO311. La
reestenosis en los bordes del stent fue una de las mayores
preocupaciones al comienzo de la era de la braquiterapia. El riesgo
del «fenómeno del borde» se minimiza con la
utilización de fuentes largas (o secuenciales, como en el
caso de la técnica de pull-back) que permiten la
radiación efectiva de todo el segmento a tratar. Los
resultados clínicos a largo plazo, con una reducción
significativa y mantenida de MACE, observados en el estudio
START312 con radiación beta fueron comparables a
los obtenidos con radiación gamma en los estudios
SCRIPPS-I313, GAMMA-1314 y
WRIST315 (tabla 14).
Se
han comunicado buenos resultados a largo plazo, en el seguimiento a
3 y 5 años, mediante la utilización de
radiación gamma316,317. Para prevenir la
oclusión tardía del vaso, generalmente se recomienda
la administración de clopidogrel durante 1 año tras
la terapia de radiación318,319.
(Recomendación de braquiterapia en la reestenosis
intra-stent en arterias coronarias nativas: I, A;
recomendación de braquiterapia para el tratamiento de la
reestenosis intra-stent en injertos de vena safena: I,
B.)
4.2.
Balón de corte
El
balón de corte (BC) incorpora 3 o 4 cuchillas
metálicas que permiten la realización de incisiones
longitudinales en la placa en el momento de la dilatación.
Teóricamente, estas incisiones permiten una
redistribución favorable de la placa a una presión de
dilatación inferior a la utilizada en la angioplastia de
balón.
En
el «estudio global del balón de corte» se
probó el concepto de «dilatación
controlada» en una población de 1.238 pacientes con
estenosis de novo320. El objetivo primario (la
tasa binaria de reestenosis angiográfica a los 6 meses) fue
del 31,4% para el BC y del 30,4% para la angioplastia con
balón; por lo que el mecanismo propuesto de
dilatación controlada no redujo la tasa de reestenosis
angiográfica en el grupo de BC comparado con la angioplastia
de balón convencional. En base a una serie de estudios
retrospectivos y a varios estudios aleatorizados pequeños,
se ha propuesto la utilización del BC para el tratamiento de
la reestenosis intra-stent. Sin embargo, los datos del
estudio aleatorizado RESCUT321 no justifican el uso del
BC en estos casos. El BC podría ser útil en el
tratamiento de la reestenosis intra-stent porque evita el
desplazamiento involuntario del balón, reduciendo el trauma
infligido al vaso. Combinado con la braquiterapia, el balón
de corte es una elección razonable a efectos de reducir la
posibilidad de «pérdida geográfica»
mediante la reducción de los desplazamientos involuntarios
de los dispositivos. (Recomendación de uso de
balón de corte para la reducción del trauma vascular
ocasionado por el desplazamiento involuntario durante la ICP de la
reestenosis intra-stent: IIa, C.)
4.3.
Aterectomía rotacional
La
aterectomía rotacional (AR) utiliza una fresa recubierta de
polvo de diamante que, al girar a alta velocidad (140.000-180.000
rpm), pulveriza la placa de ateroma. Debido a la mayor incidencia
de espasmos y del fenómeno de «no reflujo/flujo
lento», es preciso estar preparado para resolver estas
complicaciones (estudio CARAFE322), en especial, las
asociadas directamente con esta tecnología. El estudio
COBRA323 fue diseñado para probar la eficacia de
la AR en lesiones de novo complejas, comparada con la
angioplastia de balón. Los resultados no demostraron
ningún beneficio a largo plazo. El estudio
STRATAS324 no demostró ninguna ventaja de la
utilización de una AR más agresiva y el estudio
CARAT325 demostró que la AR más agresiva,
utilizando fresas de mayor tamaño, se tradujo en una tasa de
complicaciones más alta y en peores resultados
clínicos que la AR menos agresiva. También se ha
propuesto la AR para el tratamiento de la reestenosis
intra-stent, basándose en que la ablación de
la placa podría ser más efectiva que la
compresión o extrusión mediante angioplastia
convencional. Sin embargo, esta estrategia continúa siendo
un motivo de controversia. El estudio ARTIST326 obtuvo
resultados significativamente peores con la utilización de
la AR que con la angioplastia con balón. Por otra parte, en
el estudio ROSTER327 la tasa de MACE al año fue
significativamente mejor en el grupo de AR. En este estudio, se
utilizó el ultrasonido intravascular (IVUS) en todos los
pacientes para excluir a aquéllos en los que la
expansión del stent no se consideró adecuada.
En términos generales, no recomendamos el uso de la AR para
el tratamiento de la reestenosis intra-stent.
Con
el aumento del uso de los stents recubiertos, que requieren
la liberación homogénea del fármaco basada en
la aposición óptima de los filamentos del
stent en las estenosis calcificadas, la AR podría volver
a tener un papel más relevante. En términos
prácticos, sabemos que las estenosis que han sido cruzadas
con la guía de angioplastia, pero que no se pueden dilatar
de forma adecuada y homogénea incluso con balones no
distensibles, podrían ser tratadas, en algunos casos,
mediante AR328. (Recomendación para el uso de
la AR en lesiones fibróticas o severamente calcificadas, que
no se pueden cruzar o dilatar adecuadamente con balón, antes
de la implantación programada de stents: I,
C.)
4.4.
Aterectomía coronaria direccional
La
posibilidad de eliminar la placa ateromatosa obstructiva para
obtener una luz mayor del vaso (en lugar de comprimir la placa)
mediante aterectomía coronaria direccional (ACD) resulta muy
interesante. Sin embargo, el estudio CAVEAT-I329 dio
como resultado una tasa más elevada de complicaciones
tempranas, a un mayor coste y sin beneficios clínicos. El
estudio CAVEAT-II330 comparó la ACD y la
angioplastia con balón en injertos de vena safena (IVS), sin
obtener diferencias en las tasas de reestenosis a los 6 meses. En
los estudios BOAT331, CCAT332 y
OARS333, la ACD no tuvo ningún impacto en los
resultados clínicos en un período de 18 meses. En el
estudio AMIGO334, algunos de los resultados negativos
podrían tener su explicación en la existencia de
marcadas diferencias entre los centros participantes. En el campo
de la investigación histológica, la
aterectomía es la única técnica
percutánea que permite obtener tejido de las placas
ateromatosas obstructivas o de lesiones reestenóticas de
forma segura. (Recomendación de ACD para el tratamiento
de lesiones de novo localizadas en el ostio coronario o en
bifurcación, realizada por un equipo experto: IIb,
C.)
4.5.
Dispositivos de protección embólica
La
mayoría de los pacientes tratados con una ICP están
potencialmente expuestos a una embolización coronaria
distal335, especialmente en los casos de
intervención en IVS336. La ICP de las estenosis
de novo en IVS debe ser considerada intervención de
alto riesgo337,338. El análisis conjunto de 5
ensayos clínicos aleatorizados reveló que la
utilización de inhibidores de la GP IIb/IIIa no mejora los
resultados tras ICP en IVS339. El uso de stents
recubiertos de una membrana de politetrafluoroetileno (PTFE) no
redujo la tasa de eventos clínicos producidos por la
embolización distal (STING340,
RECOVERS341 y SYMBIOT-III).
El
fenómeno de «no reflujo» se caracteriza por un
flujo insuficiente a nivel tisular, a pesar de la
dilatación/abertura completa de una arteria coronaria
epicárdica. Estas zonas miocárdicas de «no
reflujo» pueden estar causadas por alteraciones
microvasculares, disfunción endotelial, edema
miocárdico o por la embolización de residuos
trombóticos o ateromatosos, y pueden resultar en un
deterioro hemodinámico crítico342. Por
esta razón, se están estudiando diferentes
métodos para prevenir la embolización distal,
utilizando dispositivos de filtros343 o de
aspiración344 de las partículas
embólicas.
4.5.1.
Dispositivos de protección distal (filtro,
bloqueo)
La
utilización de un sistema de protección consistente
en un balón de obstrucción distal y un catéter
de aspiración (Guard-Wire) mejora significativamente el
grado de perfusión miocárdica en la ICP del
IVS345. Este tema fue investigado en el estudio SAFER en
pacientes tratados con una ICP en el IVS346. El objetivo
primario (muerte, IAM, bypass de urgencia o
revascularización de la lesión diana [RLD] a los 30
días) se redujo significativamente, del 16,5 al 9,6%. Esta
reducción relativa del 42% en los MACE se debe especialmente
a la reducción de la incidencia del IAM (el 14,7 frente al
8,6%) y del fenómeno de «no reflujo» (el 9
frente al 3%)346. A diferencia del balón de
oclusión, la protección distal con filtros
incorporados a un catéter ofrece la ventaja inherente de
permitir la perfusión anterógrada. El estudio FIRE
fue un ensayo clínico aleatorizado, controlado, de «no
inferioridad», en el que se compararon 2 dispositivos de
protección distal diferentes en lesiones localizadas en el
IVS347. La incidencia del objetivo combinado de muerte,
IAM o RVD a los 30 días, ocurrió en el 9,9% de los
pacientes tratados con el dispositivo FilterWire EX y en el 11,6%
del grupo GuardWire. En el estudio CAPTIVE, el CardioShield no fue
capaz de demostrar «no inferioridad» comparado con el
GuardWire, en la reducción de los émbolos durante la
ICP en el IVS. El TriActiv es otro sistema de protección
distal que incorpora un mecanismo de succión y que, en el
estudio PRIDE, no fue inferior al GuardWire y al FilterWire. Sin
embargo, un número considerable de pacientes con estensosis
en IVS presentan unas características anatómicas que
no pueden ser abordadas con la tecnología de
protección distal actual348 y, por tanto, son
necesarios nuevos avances. (Recomendación para el uso de
sistemas de protección distal en la ICP realizada en el IVS:
I, A.)
Por
otra parte, los resultados positivos obtenidos en los IVS no se
corroboraron en la ICP primaria realizada en vasos nativos en
pacientes con IAMEST. En el estudio EMERALD, el tamaño del
infarto se redujo en el 17% del grupo de protección distal y
en el 16% del grupo control349.
4.5.2.
Dispositivos de protección proximal (succión,
trombectomía)
Una
de las limitaciones de la protección distal mediante un
balón de oclusión o de filtro es la necesidad de
cruzar la lesión sin lacerarla y buscar una «zona de
despliegue» adecuada para el balón o el filtro.
Posiblemente, sería más conveniente la
utilización de dispositivos alternativos de succión
instantánea y/o balones de oclusión proximal. La
técnica más sencilla sería utilizar como
«dispositivo de succión» el propio
catéter guía. En un ensayo clínico
aleatorizado, el dispositivo de succión AngioJet se
comparó con una infusión de uroquinasa, en pacientes
con trombo en el IVS documentado por angiografía (estudio
VeGAS-2350); no se observaron diferencias en la
incidencia del objetivo primario combinado de MACE. El AngioJet
también fracasó en la reducción del
tamaño del infarto en pacientes con IAMEST (estudio AiMI).
El X-SIZER es otro dispositivo de succión que podría
resultar útil en pacientes con infarto agudo de
miocardio351,352</
SUP>. En el estudio aleatorizado X-TRACT, pacientes con IVS o
arterias coronarias nativas con contenido trombótico fueron
asignados a implantación de stents solamente o a
implantación de stents con trombectomía previa
mediante el dispositivo X-SIZER353. El IAM a los 30
días ocurrió en el 15,8% de los pacientes asignados
al grupo de trombectomía (X-SIZER) frente al 16,6% del grupo
control (no significativo). Un análisis de subgrupo
indicó que la trombectomía mediante el X-SIZER puede
reducir la extensión, pero no la incidencia de la necrosis
miocárdica. No se observó una mejora de la
supervivencia libre de eventos a corto y largo plazo mediante el
uso rutinario de trombectomía con este dispositivo. La
protección distal con un dispositivo de filtrado
podría ser útil en las lesiones con alto potencial
embólico354. (Recomendación para el uso
de sistemas de protección distal y proximal en la ICP de
lesiones con alta carga trombótica: IIb, C.)
Para el manejo urgente de las perforaciones coronarias, se
recomienda el uso de stents recubiertos de PTFE
(«stents graft») sobre la base del consenso de
expertos (clase de recomendación: I, C) (tabla
15)355.
En resumen, se ha demostrado que la braquiterapia intracoronaria es
el único tratamiento no quirúrgico basado en la
evidencia para la reestenosis intra-stent. Para prevenir la
oclusión tardía del vaso, se recomienda la
administración de clopidogrel durante un año tras la
terapia de radiación.
Se recomienda el uso de la AR en lesiones fibróticas o
severamente calcificadas, que no se pueden cruzar o dilatar
adecuadamente mediante balón convencional, antes de la
implantación programada de stents. Es preciso estar
preparado para el manejo de las complicaciones inherentes a la
AR.
La ICP en el IVS o la ICP primaria en el SCA con una alta carga
trombótica presentan un riesgo elevado de
embolización coronaria. Dos dispositivos de
protección distal (GuardWire y FilterWire EX) han demostrado
ser seguros y eficaces como mecanismos complementarios de la ICP en
lesiones localizadas en el IV S.
El hecho de que los sistemas de balón de oclusión y
aspiración o los catéteres de filtrado sean
aplicables en otros contextos clínicos, como por ejemplo la
ICP primaria en el IAMEST, precisará de más estudios
aleatorizados con un objetivo primario clínico. Por el
momento, no se pueden establecer recomendaciones definitivas en
relación con el uso de dispositivos de protección
embólica en los casos de IAMEST.
4.6.
Tecnología diagnóstica complementaria
4.6.1.
Ecografía intravascular
Mientras que la angiografía representa el perfil
bidimensional de la luz vascular, el IVUS permite una
valoración tomográfica del área vascular, del
tamaño de la placa y de su distribución y
composición. El IVUS es un valioso complemento de la
angiografía, ampliando las posibilidades diagnósticas
y terapéuticas, entre las que se incluye la
implantación de stents en la enfermedad
coronaria356-359. Aunque la cardiología ha
realizado importantes progresos gracias al IVUS, ha resultado
difícil documentar una traducción de su uso en
términos de una reducción de los eventos
clínicos adversos mayores durante el seguimiento. La
realización sistemática de IVUS durante la
implantación de stents no mejora los resultados
clínicos a los 9 meses360.
4.6.2.
Reserva fraccional de flujo
Aunque las técnicas de imagen de estrés no invasivas
(con una sensibilidad del 76-88% y una especificidad del 80-88%)
deben representar el método de referencia antes del
cateterismo cardíaco, en la práctica diaria muchos
pacientes llegan al laboratorio de hemodinámica sin pruebas
funcionales previas. Siempre que sea posible, se deben realizar
pruebas funcionales adecuadas antes del procedimiento. En caso de
contraindicación a las pruebas de imagen de estrés no
invasivas o cuando no se pueda excluir una isquemia inducida por el
ejercicio en el territorio de perfusión de una arteria
coronaria con estenosis intermedia, la reserva fraccional de flujo
(RFF) puede ser de utilidad. Además, los cardiólogos
intervencionistas normalmente prefieren no tratar las estenosis que
no parecen hemodinámicamente significativas. Sin embargo,
los estudios patológicos y el IVUS han demostrado que las
estenosis coronarias difusas son complejas, especialmente tras la
rotura de la placa, con formas distorsionadas que son
difíciles de valorar mediante angiografía. Resulta
muy difícil, incluso para cardiólogos
intervencionistas experimentados, determinar con precisión
la relevancia de la mayoría de las estenosis intermedias
mediante una valoración visual o por medio de la
angiografía coronaria cuantitativa361.
Una
RFF < 0,75 es un parámetro muy específico y
siempre representa una isquemia inducible (fig. 4). Una RFF >
0,80 excluye la isquemia en un 90%362. Dentro de esta
ventana, pueden aparecer «falsos positivos» y
«falsos negativos» (fig. 4). La RFF parece, pues, el
método ideal para valorar las estenosis coronarias
intermedias, siempre que no se disponga de pruebas anteriores o se
hayan documentado signos de isquemia miocárdica. Los
análisis retrospectivos sugieren que el aplazamiento de la
angioplastia en pacientes con una RFF > 0,75 es seguro y ofrece
resultados clínicos excelentes363,364. En el
estudio DEFER365, se señaló la importancia
de demostrar que una estenosis determinada «que va a ser
dilatada» impide realmente el flujo máximo del
miocardio: si la RFF era < 0,75, la ICP se realizó como
estaba programado (grupo de referencia); si la RFF era
≥
0,75, la ICP se
aplazaba o se realizaba, de forma aleatorizada. La supervivencia
libre de eventos fue similar en los 2 grupos, tanto en el grupo de
ICP aplazadas como en el grupo de ICP realizadas (el 92 frente al
89% a los 12 meses y el 89 frente al 83% a los 24 meses). Por lo
tanto, la medición de la RFF es una herramienta valiosa para
identificar a los pacientes con estenosis limítrofes, para
los que la ICP es un tratamiento adecuado, incluidos los pacientes
con una reestenosis angiográfica intra-stent del
40-70%366.
Fig.
4.
Toma de
decisiones en el manejo de las estenosis coronarias de severidad
intermedia (angiográfica) sin isquemia miocárdica
documentada (ausencia de información que permita localizar
la estenosis causante, como cambios en el electrocardiograma en
reposo, nuevas alteraciones de la contractilidad miocárdica
o pruebas de estrés previas). Los valores de la reserva
fraccional de flujo (RFF) comprendidos entre 0,75 y 0,80 confirman
la existencia de una «zona gris».
El
concepto de «sellado de la placa»367,368 es
decir, la implantación de stents en estenosis leves,
también llamadas «no significativas», no se
puede recomendar debido a que las tasas de MACE superan a los
hipotéticos beneficios a largo plazo, al menos con
stents no recubiertos369-371. Los primeros
resultados del tratamiento con stents recubiertos de
sirolimus en pacientes con estenosis de novo leves (definida
como una estenosis de diámetro < 50%) indican que no ha
sido necesario revascularizar ninguna de las lesiones tratadas en
un seguimiento medio de 400 días372.
5.
STENTS LIBERADORES DE FARMACOS
Los
stents liberadores de fármacos (SLF) han sido el
centro de atención de la cardiología intervencionista
desde la presentación del estudio RAVEL en el congreso de la
Sociedad Europea de Cardiología en septiembre de
2001373. Se han investigado diferentes fármacos
que se liberan desde distintos modelos de stents, con o sin
un polímero portador. En numerosos estudios se han evaluado
los efectos de varias sustancias antiproliferativas y
antiinflamatorias: sirolimus, paclitaxel y tacrolimus, everolimus,
ABT-578, biolimus y QP2, dexametasona, estradiol 17-
ß
, batimastat, actinomicina-D,
metotrexato, angiopeptina, inhibidores de la tirosincinasa,
vincristina, mitomicina, ciclosporina y también Resten-NG y
AVI-4126. También se han propuesto las estatinas, el
carvedilol, el abciximab y el trapidil. La aplicación
intracoronaria por medio de SLF de muchas de estas sustancias fue
abandonada a pesar de que los primeros resultados experimentales y
clínicos parecían esperanzadores, pero algunos
efectos clínicos fueron perjudiciales (QP2 en el estudio
SCORE374,375, actinomicina-D en el estudio
ACTION376) o demasiado débiles (dexametasona en
el estudio STRIDE377; incluso los stents cargados
de una dosis alta de dexametasona no consiguieron reducir
significativamente la proliferación de la
neoíntima378). Los resultados de estos estudios
indican que no todos los fármacos antiproliferativos
muestran un efecto de clase uniforme en la prevención de la
reestenosis.
Los
objetivos primarios de los estudios aleatorizados sobre los SLF
fueron angiográficos (como la pérdida luminal
tardía [PLT]) o clínicos (como la RVD). Para los
pacientes, la evolución clínica es más
importante que los parámetros angiográficos. Como el
poder estadístico de un estudio aleatorizado sólo es
válido para su objetivo primario, nos limitaremos a los
ensayos clínicos aleatorizados sobre los SLF con un objetivo
primario clínico379. Hasta el momento,
sólo se han publicado 4 estudios aleatorizados con un
objetivo primario clínico con un intervalo de tiempo
adecuado (tabla 16). El paclitaxel, sin un polímero
portador, no alcanzó el objetivo primario a pesar de los
resultados angiográficos positivos en el estudio
DELIVER-I380. Por el contrario, en los estudios
TAXUS-IV381 y TAXUS-VI382, el paclitaxel
liberado por un polímero portador mejoró
significativamente los resultados clínicos (tabla 16). Por
lo tanto, no todos los stents liberadores de paclitaxel son
iguales383,384. El sirolimus sólo ha sido probado
clínicamente liberado por un polímero portador, como
en el estudio SIRIUS385 (tabla 16). Aunque la
materialización del sueño de la «reestenosis
del 0%»386 está más allá de
lo posible, los SLF reducen a números de una sola cifra las
tasas de reestenosis angiográfica y clínica a los 9
meses (tabla 16). En pacientes del «mundo real»
(registro RESEARCH387), el riesgo de RVD al año
por necesidad clínica con el stent recubierto de
sirolimus fue del 3,7%. En un registro sueco, la supervivencia
libre de MACE a los 6-9 meses fue del 95,6%388. En las
lesiones de la arteria descendente anterior, las tasas de
revascularización del stent recubierto de sirolimus
son comparables a las tasas históricas de
revascularización de la cirugía de bypass de
un solo vaso al año389. Los primeros resultados
de la comparación prospectiva y aleatorizada de los
stents Cypher y Taxus (estudio TAXi390) confirmaron
que las altas tasas de éxito obtenidas con ambos
stents en los grandes estudios aleatorizados se pueden repetir
en la práctica clínica de rutina. En este
pequeño estudio (202 pacientes) no se pudo demostrar ninguna
ventaja de un stent sobre otro.
5.1.
Tamaño del vaso, lesiones largas, diabetes
En
la tabla 17 aparecen los efectos del stent Cypher en el
estudio SIRIUS y del Taxus en el estudio TAXUS-IV, tras el
análisis de subgrupos en el que se clasifica el
tamaño del vaso en 3 categorías
(terciles).
En
el estudio TAXUS-VI, la RLD se redujo significativamente en los
vasos pequeños (< 2,5 mm), del 29,7 al
5,0%382. Un análisis de un subgrupo del registro
RESEARCH sobre 112 lesiones en 91 pacientes tratados con
stents Cypher de 2,25-mm (diámetro de referencia = 1,88
± 0,34 mm) informó de una pérdida
tardía de 0,07 ± 0,48 mm y de una tasa de reestenosis
del 10,7%391.
La
diabetes mellitus es otro factor de riesgo conocido para la
reestenosis tras la implantación de
stents392. En el análisis de todos los
pacientes con diabetes mellitus, la repetición de la
revascularización y la RLD pudieron reducirse
significativamente en los estudios SIRIUS y TAXUS-IV (tabla
18).
Aunque los resultados del análisis de subgrupos del estudio
SIRIUS son prometedores, se mantiene una tendencia de mayor
frecuencia de necesidad de repetición de la
intervención en los pacientes diabéticos comparados
con los no diabéticos, especialmente en los dependientes de
insulina393. En los pacientes diabéticos con
estenosis largas incluidos en el estudio TAXUS-VI, la RLD se redujo
significativamente, del 22,0 al 2,6%382.
5.2.
Trombosis en stents liberadores de
fármacos
No
se ha detectado la trombosis del stent como un problema
relevante en los estudios aleatorizados cuando se ha administrado
clopidogrel además de AAS durante intervalos diferentes:
durante 2 meses en el estudio E-SIRIUS394, durante 3
meses en el SIRIUS y durante 6 meses en la serie TAXUS. La tasa de
trombosis en el stent del estudio DELIVER-I después
de 1 año fue del 0,4% en ambos grupos; en el SIRIUS,
después de 9 meses, fue del 0,4% en el grupo de SLF y de
0,8% en el grupo control. En el estudio E-SIRIUS, los 2 casos de
trombosis subaguda del stent (1,1%), con subsiguiente IAM,
ocurrieron en el grupo de sirolimus, mientras que en el grupo
control no hubo ninguna incidencia de trombosis subaguda o
tardía. En el TAXUS-IV, la trombosis del stent a los
9 meses ocurrió en el 0,6% del grupo de SLF y en el 0,8% del
grupo control. En el estudio TAXUS-VI (más del 50% de
lesiones complejas), la trombosis del stent a los 300
días ocurrió en el 1,3% del grupo control y en el
0,5% del grupo de SLF382. Entre los días 31 y 300
no hubo ninguna incidencia de trombosis del stent en ninguno
de los 2 grupos382.
Por
otra parte, conviene recordar que para la cicatrización
completa del SLF pueden ser necesarios hasta 2 años. Los
registros son importantes porque permiten comprobar si los
resultados de los estudios aleatorizados son aplicables a la
práctica diaria. La interrupción prematura de las
tienopiridinas estuvo claramente asociada al desarrollo de la
trombosis del stent395. (Recomendación
para la administración de clopidogrel durante 6-12 meses
tras la implantación de un SLF: I, C.)
En
los pacientes en los que se prevean dificultades para la
administración prolongada de clopidogrel (p. ej., pacientes
programados para cirugía extracardíaca
mayor396), se debe considerar con atención la
implantación de SLF. En estos casos, los stents
convencionales pueden ser una opción más
segura.
5.3.
Indicaciones para la implantación de stents
liberadores de fármacos (SLF)
Los
temores frente a las repercusiones médico-legales del
tratamiento con SLF (indicación/no indicación de SLF)
no tienen fundamento y es poco probable que se
materialicen397; en ningún caso se
indicará el tratamiento con SLF para evitar posibles
litigios397.
Existen dos planteamientos diferentes para establecer
recomendaciones en cuanto al uso de SLF: uno se basa en
cálculos de coste-efectividad398 y el otro, en
los criterios de inclusión/exclusión de los ensayos
clínicos aleatorizados más importantes.
De
acuerdo con los niveles de evidencia, sólo los stents
Cypher y Taxus pueden ser recomendados en el grado I B, en base a
los criterios de inclusión/exclusión de los estudios
SIRIUS, TAXUS-IV y TAXUS-VI (tabla 19).
El
Instituto NICE del Reino Unido (UK NHS NICE
Institute)399 recomienda el uso de SLF Cypher
(sirolimus) o Taxus (paclitaxel) para la ICP en pacientes con
cardiopatía isquémica sintomática cuando el
calibre de la arteria a tratar sea < 3 mm (diámetro
interno) o la longitud de la estenosis sea > 15 mm. Esta
recomendación no es aplicable a los pacientes que hayan
sufrido un IAM en las 24 h precedentes o en los que existe
evidencia angiográfica de trombos en la arteria a
tratar399. No obstante, los SLF se han utilizado en la
angina inestable y en el IAM400.
Las
siguientes aplicaciones, especialmente cuando existe un mayor
riesgo de reestenosis401-403, requieren la
realización de futuras evaluaciones basadas en la evidencia
(recomendación actual: IIa, C):
*
Vasos peque&ntild
e;os.
*
Oclusiones crónicas
totales.
*
Estenosis en el ostio
coronario/en bifurcación.
*
Estenosis del
bypass.
*
Diabetes mellitus
insulinodependiente.
*
Enfermedad
multivaso.
*
Estenosis de tronco
común izquierdo no protegida.
*
Reestenosis
intra-stent.
Aunque por el momento no se han realizado ensayos aleatorizados, la
implantación directa (sin predilatación) parece
segura y eficaz con los stents Cypher y
Taxus404.
Se
podría lograr una reducción importante de los costes
de los cuidados médicos si se demuestra que los SLF reducen
significativamente la necesidad de cirugía de bypass
aortocoronario, especialmente en los pacientes con enfermedad
multivaso y/o diabetes mellitus.
En resumen, sólo 2 SLF han demostrado efectos positivos
significativos en estudios prospectivos y aleatorizados, con
objetivos primarios clínicos y con un intervalo adecuado:
el stent Cypher (sirolimus) y el stent Taxus
(paclitaxel). Las recomendaciones basadas en la evidencia para el
uso de SLF se deben elaborar de acuerdo con los criterios de
inclusión/exclusión de los estudios SIRIUS, TAXUS-IV
y TAXUS-VI. En estos estudios, las tasas de RVD se mantuvieron por
debajo del 10%. Los resultados de los análisis de subgrupo,
relativos a vasos pequeños y a pacientes con diabetes, son
esperanzadores. Aunque los datos de los registros sobre la
reestenosis intra-stent y también de lesiones con
alto riesgo de reestenosis intra-stent (estenosis en ostio
coronario/bifurcación, oclusiones crónicas totales,
enfermedad multivaso, estenosis del bypass y estenosis del
tronco común izquierdo no protegida son prometedores), hacen
falta más estudios aleatorizados que ofrezcan un grado mayor
de evidencia en estos subgrupos de pacientes. En la actualidad,
consideramos impresicindible el tratamiento prolongado con
clopidogrel (al menos 6 meses, además de AAS) para evitar la
trombosis tardía del stent. Por ello, no se
recomienda la implantación de SLF en pacientes en los que se
prevea una cirugía extracardíaca mayor, programada o
urgente. Para estos pacientes, los stents convencionales
son, posiblemente, una opción más segura. Tanto los
médicos como los pacientes deben recordar que el clopidogrel
no debe ser interrumpido de forma prematura, ni tan siquiera para
intervenciones menores, como prodecimientos
dentales.
Los comentarios-anotaciones (
*
) incluidos en esta
traducción de las Guías han sido realizados por el
Dr. Francisco Fernández-Avilés (Valladolid,
España).
*Correspondencia. Coordinador: Prof. Sigmund Silber, MD, FACC,
FESC, Kardiologische Praxis und Praxisklinik, Am Isarkanal 36,
81379 München, Alemania. Tel.: +49 89 742 15130; fax: +49 89
742 151 31.
Correo electrónico:
sigmund@silber.com
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