INTRODUCCIÓN
A
pesar de los avances en el tratamiento del infarto agudo de
miocardio (IAM), éste continúa siendo una de las
principales causas de mortalidad en los países
industrializados1. El pronóstico depende de
numerosos factores, como la edad, la historia de enfermedad
coronaria, las enfermedades concomitantes o la localización
del infarto. Sin embargo, las variables pronósticas
más importantes son las relacionadas con la extensión
del daño miocárdico, como la liberación
enzimática, los signos clínicos de insuficiencia
cardíaca (IC), el tamaño cardíaco y la
fracción de eyección2-5.
La
insuficiencia cardíaca (IC) es un factor importante que
influye en la morbimortalidad a corto y largo plazo6-9.
En estudios previos se ha mostrado una incidencia variable de IC,
desde el 3-22% en pacientes con un primer infarto10
hasta el 33% en pacientes con infarto previo11,12. En la
era pretrombolítica, la mortalidad hospitalaria se
incrementaba más de 3 veces en este grupo de
pacientes1. Posteriormente, con el advenimiento de la
trombólisis, se sitúa entre el 15 y el 40%, y la
anual entre el 25 y el 55%7,12-16. El reconocimiento
precoz de esta entidad y su prevención podrían
reducir su morbimortalidad9.
Se
dispone de datos acerca de las diferencias raciales entre
poblaciones hispánicas y no hispánicas respecto de
las características clínicas, la evolución y
el pronóstico a largo plazo de los pacientes con
IAM17-19. Sin embargo, hay muy pocos trabajos dirigidos
al desarrollo de IC durante un IAM en América Latina y, si
consideramos que esta población presenta una mezcla de
culturas diferentes, los resultados obtenidos en hispánicos
no deben interpretarse como aplicables. La hipótesis del
presente trabajo fue que el desarrollo de IC durante un IAM en una
cohorte no seleccionada de individuos latinoamericanos tiene peor
evolución hospitalaria y tardía, y que la
determinación de predictores de mortalidad permitiría
identificar precozmente a los pacientes de riesgo.
Este estudio tuvo como objetivo evaluar las características
clínico-evolutivas y la importancia pronóstica a
largo plazo del desarrollo de IC en pacientes hospitalizados por un
IAM.
PACIENTES Y
MÉTODO
Población
Se
trata de un estudio de diseño observacional, prospectivo, en
el que se incluyó a 836 pacientes consecutivos admitidos en
la unidad de cuidados intensivos coronarios del Instituto de
Cardiología de Corrientes con el diagnóstico de IAM
entre el 1 de mayo de 1990 y el 1 de marzo de 2000, dentro de las
24 h del inicio de los síntomas y que cumplieron los
siguientes criterios de inclusión y
exclusión.
Criterios de inclusión
Diagnóstico de IAM en presencia de 2 de los 3 criterios
siguientes: a) dolor precordial típico prolongado de
más de 20 min de duración; b) cambios
electrocardiográficos, nuevos o presumiblemente nuevos,
consistentes en supradesnivel del segmento ST de 0,2 mV en 2 o
más derivaciones contiguas o ≥
0,1 mV en derivaciones de los
miembros, infradesnivel persistente del segmento ST ≥
0,1 mV en 2 o
más derivaciones contiguas o derivaciones de los miembros,
nuevo bloqueo de rama izquierda o inversión persistente
(
>
24 h) de la onda T, y
c) elevación de la creatincinasa (CK) total ≥
2 veces el valor
normal, o isoenzima MB de la creatincinasa (CK-MB)
>
10% del valor normal de
referencia. Este último era un requerimiento necesario para
confirmar el diagnóstico.
Criterios de exclusión
Shock cardiogénico en el momento del ingreso definido por
hipotensión sostenida con presión arterial
sistólica < 90 mmHg durante más de 30 min con
signos de hipoperfusión periférica (los pacientes que
desarrollaron shock después de 60 min del ingreso fueron
incluidos), sospecha de miocarditis, tromboembolia pulmonar,
enfermedades congénitas, miocardiopatía dilatada,
cardiopatía hipertrófica, enfermedad valvular o
pericárdica y dificultad para completar el
seguimiento.
Protocolo de
estudio
El
protocolo de estudio fue aprobado por el Comité de
Investigación y Docencia de nuestra institución. Los
pacientes fueron informados sobre su inclusión en el
proyecto y firmaron el consentimiento.
Todos los pacientes fueron hospitalizados en una unidad de cuidados
intensivos cardiológicos y se les efectuó una
historia clínica completa, un examen físico, un
electrocardiograma (ECG) de 12 derivaciones en el momento del
ingreso y a las 2 h de la estrategia de reperfusión, una
radiografía de tórax en el momento del ingreso y a
las 24 h de éste, una determinación de las enzimas
cardíacas (CK, CK-MB) en el momento del ingreso y a las 2 h
de éste, o de una estrategia de reperfusión, a las 6,
12 y 24 h, y posteriormente cada 24 h hasta su
normalización. El ecocardiograma bidimensional se
realizó dentro de las 24 h del ingreso por un
ecocardiografista experimentado que utilizó un equipo
Siemens Sonoline SI 1200 (Siemens Ultrasound Incorporated, San
Ramon, California, Estados Unidos). La fracción de
eyección (FE) se calculó en 745 pacientes mediante el
método de Simpson.
Definiciones
La
IC se definió por la presencia de síntomas
típicos, estertores en la auscultación, tercer ruido
con galope y evidencia de congestión pulmonar en la
radiografía de tórax (redistribución de flujo,
edema intersticial y/o edema alveolar). Se requirió,
además, la necesidad de iniciar tratamiento por vía
intravenosa con diuréticos, vasodilatadores y/o
fármacos inotrópicos.
El
infarto con onda Q fue definido después de 24 h según
la presencia de nuevas ondas Q en las derivaciones V1-V3 o el
desarrollo de ondas Q ≥
0,03 s en las derivaciones I,
II, aVL, aVF, V4, V5 y V6. En ausencia de este criterio se
estableció el diagnóstico de infarto sin onda
Q.
Seguimiento
y parámetro de valoración final
El
seguimiento de la población se efectuó durante 2
meses tras la inclusión del último paciente. Para
ello se utilizaron los registros médicos de nuestra
institución y se evaluó a los pacientes en la
consulta de cardiopatía isquémica (53%) o por su
cardiólogo de cabecera (34%); en el 13% restante se
estableció contacto por vía telefónica o con
su médico personal en otro centro. El seguimiento promedio
fue de 43 ± 33 meses (rango, 0,3-130), con una mediana de 37
meses (rango intercuartil 25-75, 14-65). El parámetro de
valoración final fue mortalidad por todas las causas durante
el seguimiento.
Análisis estadístico
Las
variables categóricas en pacientes con y sin IC se expresan
como porcentajes y se compararon con la prueba de la
χ
² de
Pearson. Las variables cuantitativas se expresan como media
± desviación estándar (DE) y se analizaron,
respectivamente, mediante las pruebas de la t de Student o de la U
de Mann-Whitney según presentaran o no una
distribución normal. Las curvas de supervivencia se
construyeron con el método de Kaplan-Meier y se compararon
con el test de rangos logarítmicos. Se consideraron como
significativas las diferencias con una probabilidad de error <
5%. Para identificar los predictores independientes de mortalidad
se efectuó un análisis proporcional de Cox en el que
se incluyeron las siguientes variables: edad, sexo, FE,
presión arterial en el momento del ingreso, recuento de
leucocitos, glucemia en el momento del ingreso e IC. Para el
análisis se utilizó el programa SPSS 10.0 para
Windows (SPSS Inc., Chicago, Illinois, Estados Unidos).
RESULTADOS
Características de los pacientes
De
un total de 836 pacientes se produjo IC en 263 (31,5%). Entre las
características demográficas en el momento del
ingreso se observó una diferencia significativa de la edad
en el grupo con IC, con mayor proporción de
diabéticos e IC previa, así como de uso previo de
inhibidores de la enzima de conversión de la angiotensina
(IECA) y diuréticos (tabla 1).
El
grupo 1 presentó mayor frecuencia cardíaca y menor
proporción de dolor en el momento del ingreso. La
localización anterior fue más frecuente en el grupo
1, con una proporción similar de infartos con onda Q (tabla
2).
Tratamiento
En
pacientes con infarto con onda Q, la estrategia de
reperfusión con trombolíticos fue más
utilizada en los que no tenían IC, mientras que la
angioplastia primaria fue similar en ambos grupos. Los pacientes
con IC requirieron con mayor frecuencia la utilización de
nitroglicerina, furosemida, IECA, heparina, y se observó una
menor prescripción de bloqueadores beta orales (tabla
3).
Hallazgos de
laboratorio y ecocardiograma
No
hubo diferencias entre ambos grupos respecto a los valores de
hematocrito. En cambio, se observaron diferencias
estadísticamente significativas en los valores de CK
máxima, así como en el recuento de leucocitos y
glucemia en el momento del ingreso. La FE fue menor en el grupo de
pacientes con IC (tabla 4).
Evolución intrahospitalaria y supervivencia a largo
plazo
La
mortalidad hospitalaria en el grupo con IC fue 6 veces mayor (el
15,6 frente al 2,3% para los grupos 1 y 2, respectivamente). Las
complicaciones fueron más frecuentes en los pacientes del
grupo 1; así, se observó mayor prevalencia de angina
postinfarto (el 26,8 frente al 19,6%; p = 0,02), pericarditis (el
17,5 frente al 6,3%; p < 0,001), arritmias complejas (el 37,3
frente al 27,3%; p = 0,01); fibrilación auricular (el 12
frente al 5%; p < 0,01), bloqueo completo de rama derecha (el
13,6 frente al 3,6%; p < 0,01) y hemibloqueo anterior izquierdo
(el 6,6 frente al 2%; p = 0,02).
La
supervivencia a los 120 meses en los grupos con y sin IC fue del 10
frente al 30% (p < 0,001) (fig. 1). Durante los primeros 6 meses
se observó una amplia separación entre las curvas.
Esta diferencia se mantuvo con posterioridad.
Fig. 1.
Supervivencia a los 10 años en los grupos con y sin
insuficiencia cardíaca (IC).
Predictores
pronósticos
El
modelo proporcional de Cox, que incluyó las siguientes
variables: edad, sexo, FE, presión arterial en el momento
del ingreso, recuento de leucocitos, glucemia en el momento del
ingreso e IC, mostró que las variables asociadas de forma
independiente con la mortalidad en el seguimiento fueron la edad
(harzard ratio [HR] = 1,022), la glucemia (incremento de 1,0
g/l; HR = 1,748), el recuento de leucocitos en el momento del
ingreso (aumento de 1.000 células/μ
l; HR = 1,035) y el desarrollo
de IC (HR = 1,308) (tabla 5).
DISCUSIÓN
Este estudio muestra que la IC ocurre con frecuencia durante la
fase aguda del infarto e influye de manera adversa en el
pronóstico hospitalario y a largo plazo. Variables como la
presencia de IC durante la hospitalización, la edad, el
grado de glucemia en el momento del ingreso y el recuento de
leucocitos fueron predictores independientes de mortalidad durante
el seguimiento tardío.
Proporción de pacientes con insuficiencia
cardíaca
Antes de la era trombolítica, en la bibliografía se
observaba una proporción de pacientes con IC del 10-19% en
la fase temprana y del 30% durante el seguimiento de 1
año2,7,16. La incidencia probablemente se
relaciona con el tiempo de demora entre el inicio de los
síntomas y la consulta, la localización del infarto,
la ventana de tiempo en el momento de la inclusión y si se
trata de ensayos aleatorizados o registros. La proporción en
los ensayos clínicos, con criterios rígidos de
inclusión, fue algo menor, desde el 11,5% en la fase
temprana y el 12,5% en la fase tardía en el estudio
GISSI6 hasta el 19% en un subanálisis del
TAMI11. Sin embargo, un tercio de los pacientes
incluidos en 4 ensayos aleatorizados con terapia
trombolítica presentaban esta complicación (el 32,5%
en Estados Unidos y el 26,9% en los restantes
países)20. La incidencia del 31,5% en el presente
trabajo es superior a la de las series previas debido a la
inclusión de pacientes no seleccionados, admitidos dentro de
las 24 h del comienzo de los síntomas.
Terapias
adjuntas
El
tratamiento antineuroendocrino con bloqueadores beta e IECA se
asocia con una reducción significativa de la morbimortalidad
en el IAM21. Un metaánalisis del empleo de los
IECA mostró un 28% en la reducción de muerte, infarto
e ingreso hospitalario por IC en pacientes con disfunción
ventricular después de un IAM22. En el presente
trabajo se observó una mayor utilización de IECA en
el grupo de pacientes con IC; sin embargo, su uso estuvo
restringido a sólo 1 de 4 enfermos sin esta
complicación, lo cual no coincide con las recomendaciones de
las guías actuales23. Aun así, es posible
que fuera debido al período en que se llevó a cabo el
presente trabajo.
El
uso de bloqueadores beta tiene un mayor beneficio en pacientes con
IC24,25, particularmente el
carvedilol26.
A
la luz de los trabajos actuales, en el presente trabajo hubo
también una infrautilización de estos fármacos
en el grupo que desarrolló IC23.
Las
estrategias de reperfusión en pacientes con infarto con onda
Q fueron relativamente bajas en ambos grupos. Esto podría
explicarse por el ingreso tardío de los pacientes derivados
desde otros centros y por el período de inclusión de
este registro, considerando que la angioplastia primaria
comenzó a utilizarse con mayor frecuencia desde el
año 1997.
Mortalidad
hospitalaria y a largo plazo
Las
tasas de complicaciones durante la estancia hospitalaria fueron
mayores en el grupo de pacientes que desarrolló IC.
Éstos reflejaron un curso hospitalario más grave,
como se observa en la mayoría de series
previas16-27,28. La mortalidad hospitalaria en el
presente trabajo fue 6 veces mayor en el grupo con IC, con una
supervivencia de sólo del 10% a 10 años, en
comparación con el 30% en el grupo sin IC. En ensayos
aleatorizados previos con un seguimiento de 10 años se
obtuvo una mortalidad del 46%, mucho menor que la de la presente
serie, probablemente por diferencias en las características
y la selección de los pacientes
incluidos29.
Predictores
de mortalidad tardía
En
trabajos previos se registraron diferentes variables
pronósticas durante el seguimiento a largo plazo de los
pacientes con IAM12. En el presente trabajo, la
presencia de IC fue una variable independiente asociada a la
mortalidad durante el seguimiento. Los pacientes con una IC
más severa tienen mayor número de comorbilidades y
unas tasas de mortalidad más altas30.
Además, hay diferencias regionales en cuanto al manejo
hospitalario de estos pacientes, lo cual influye en el desarrollo
de esta entidad y, por tanto, en el pronóstico hospitalario
y tardío30. En el estudio PRIAMHO, la presencia
de una clase Killip III-IV tuvo un riesgo 10 veces mayor de
mortalidad a los 28 días del
infarto16.
La
edad es uno de los predictores pronósticos más
importantes a corto y largo plazo11. En el estudio GUSTO
I se observaron cifras en la mortalidad a los 30 días del 3%
en < 65 años, del 9,5% en los que tenían 65-74
años, del 19,6% en los pacientes con 75-84 años y del
30,3% en el grupo ≥
85 años31.
En el estudio PRIAMHO, y de forma similar a los hallazgos del
presente trabajo, la edad también fue un predictor
independiente de mortalidad32. Los motivos que
justifican este riesgo se deberían a una mayor prevalencia
de necrosis previas con lesiones coronarias más difusas,
comorbilidades, trastornos de la microcirculación, aumento
de la resistencia precapilar y disminución de la capacidad
de desarrollo de circulación colateral, así como
demora en la consulta por la presencia de síntomas
atípicos33.
La
hiperglucemia es un hallazgo común en pacientes con IAM y es
un predictor independiente de riesgo cardiovascular34.
En el presente trabajo, por cada incremento de 1,0 g/l en los
valores de glucemia aumentó 1,7 veces el riesgo de
mortalidad durante el seguimiento. Varios mecanismos pueden
explicar estos hallazgos, como un incremento en los valores de
noradrenalina y cortisol en la fase aguda del infarto que
impediría la respuesta a la insulina. Además, puede
inducir efectos tóxicos en la función celular, ya que
induce liberación de radicales libres, los cuales pueden
mediar en la vasoconstricción, la activación de la
coagulación y el incremento en la expresión de
moléculas de adhesión. La hipeglucemia,
además, tiene efectos deletéreos en la
vasodilatación dependiente del endotelio, con un
empeoramiento de la isquemia.
Una
cifra elevada de leucocitos en el momento del ingreso, marcadores
de un proceso inflamatorio, se correlacionó con
evolución adversa a los 30 días35. En el
presente trabajo, el recuento de leucocitos en el momento del
ingreso fue un predictor independiente de mortalidad tardía,
con un incremento del 3% del riesgo por cada aumento de 1.000
células/μ
l.
Limitaciones
La
selección de pacientes en un solo centro probablemente no
refleje la realidad de la comunidad. La inclusión en este
registro de IAM de 24 h de evolución pudo tener
implicaciones en la utilización de las estrategias de
reperfusión. Los resultados observados en esta cohorte,
obtenida en el período 1990-2000, deben analizarse con la
perspectiva temporal de una menor utilización de
angioplastia primaria y tardía comparada con la época
actual pero que, sin embargo, probablemente representa la realidad
de muchos centros en Latinoamérica. Por la misma
razón, se clasificó a los IAM según la
presencia de ondas Q en el ECG en lugar de utilizar la presencia de
elevación del segmento ST.
Implicaciones clínicas
Este trabajo confirma que la IC se presenta en un tercio de los
pacientes hospitalizados por un IAM y representa un problema de
salud importante debido a la elevada mortalidad hospitalaria y a
los 10 años de evolución, con lo que se convierte en
un factor que precede a la IC crónica.
Estos hallazgos destacan la necesidad de realizar un
diagnóstico precoz del infarto, la implementación
rápida de estrategias de reperfusión23 y
la utilización de medidas terapéuticas con eficacia
demostrada, las cuales permitirían reducir la prevalencia de
esta entidad y el riesgo clínico.
CONCLUSIONES
La
IC es una complicación frecuente en el marco del infarto,
con una elevada mortalidad hospitalaria y tardía. Variables
clínicas y analíticas sencillas, como el desarrollo
de IC durante la hospitalización, la edad avanzada, los
grados elevados de glucemia y el recuento de leucocitos en el
momento del ingreso fueron predictores independientes de mortalidad
tardía.
Correspondencia: Dra. S.M. Macín.
Unidad de
Cuidados Intensivos Coronarios. Instituto de Cardiología
Juana F. Cabral.
Bolívar
1334. 3400 Corrientes. Argentina.
Correo electrónico:
macinucic@hotmail.com/smacin@gigared.com.ar
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