Durante los últimos años hemos
asistido a un crecimiento espectacular del papel de los
biomarcadores en los síndromes coronarios agudos (SCA).
Entre ellos y, sin ninguna duda, el más destacado ha sido la
troponina. Su utilidad para el diagnóstico, la toma de
decisiones y la estratificación pronóstica ha sido
totalmente validada, lo que ha provocado que su
incorporación a la práctica diaria sea
mayoritaria1. Un hecho destacado es que desde el
principio se analizó detenidamente la cinética de
liberación de la troponina en los distintos tipos de SCA;
este conocimiento permitió establecer unas bases
sólidas, lo que sin duda favoreció el protagonismo
actual de este marcador.
Sin embargo, pronto se apreció que no
todos los pacientes con SCA y elevación de la troponina
tenían un muy mal pronóstico2-6, y que los
casos con dolor torácico y troponina normal no tenían
siempre un pronóstico excelente7,8. En este
sentido, se hizo evidente que, junto con la información
precisa de la troponina y el electrocardiograma, eran necesarios
otros elementos. Así, la completa evaluación
clínica de los pacientes mediante escalas de
riesgo7, la realización de tests de estrés
precoz8 y la integración de toda la
información en unidades de dolor torácico8
han sido aportaciones decisivas. Junto a ellos, la
incorporación a la práctica diaria de nuevos
biomarcadores ha surgido como otra herramienta de interés en
este escenario1,2. En la actualidad es posible obtener
información bioquímica de la práctica
totalidad de procesos fisiopatológicos que intervienen en
los SCA1,2,5 pero, sin duda, el marcador que junto con
la troponina ha merecido más atención en la
última década es la proteína C reactiva
(PCR)2-6.
El reconocimiento de la importancia de la
inflamación en el desarrollo de la enfermedad
arteriosclerótica en general y de los SCA en particular ha
sido paralelo al interés por la PCR1,2. Tras
años de investigación, en la actualidad ya conocemos
con bastante exactitud el papel de este biomarcador en el SCA sin
elevación del segmento ST. A diferencia de la troponina, su
utilidad es básicamente pronóstica, con poca
aportación en lo que respecta al diagnóstico e
información no suficientemente contrastada en cuanto a la
toma de decisiones terapéuticas. Sin embargo, este hecho no
ha de restar valor a lo que este biomarcador nos ofrece: conviene
reconocer que nuestra misión no es sólo aplicar
tratamientos, sino también asesorar al paciente y a su
entorno sobre el futuro. En este sentido, la PCR es un predictor de
mortalidad a medio-largo plazo: una vez ajustada por las variables
clásicas, multiplica por 2 el riesgo de muerte en los meses
siguientes3-6. La obtención de esta
información «cuantificable» a partir de una
simple analítica es, probablemente, la mayor
aportación de este biomarcador.
Por otra parte, el análisis conjunto de la
troponina y la PCR ha demostrado el carácter independiente y
aditivo de estos marcadores. El incremento simultáneo de
ambos se relaciona con un riesgo muy alto, el de sólo uno de
ellos indica riesgo intermedio y la negatividad de ambos se asocia
con un buen pronóstico3-6. La
incorporación de nuevos marcadores junto a la troponina y la
PCR está derivando en lo que se ha denominado
«estrategia multimarcador» en la evaluación de
los pacientes con SCA sin elevación del ST2,5.
Otro punto en el que la PCR ha sido útil es la
predicción de riesgo de los pacientes con SCA en los que se
realiza revascularización percutánea: a mayor
elevación más eventos en los meses
siguientes9.
Si bien las mayores evidencias se han centrado en
los casos sin elevación del segmento ST, también se
ha demostrado que una mayor elevación de la PCR se relaciona
con más complicaciones en los casos con elevación del
segmento ST, aunque en estos pacientes parece claro que la mayor
elevación de la PCR depende de una mayor necrosis y el
análisis de la función sistólica puede
englobar la información aportada por este
marcador10.
También es necesario reseñar los
aspectos en los que la PCR no aporta información relevante.
Este marcador, a diferencia de la troponina, no predice el
reinfarto3-6,9. Tampoco puede considerarse un marcador
fiable para objetivar isquemia o confirmar el diagnóstico de
SCA en urgencias; para esta finalidad, la evaluación
clínica, el electrocardiograma, la troponina o el test de
estrés precoz parecen mucho más
útiles1,7,8. Respecto a la estratificación
de riesgo en pacientes sin evidencia de isquemia (troponina y
electrocardiograma negativos), otros marcadores, como los
péptidos natriuréticos, parecen aportar más
información1,2. Aunque la elevación de la
PCR se ha relacionado con un mayor riesgo a corto
plazo11, su papel parece más consistente en la
predicción de riesgo a medio-largo plazo. Finalmente, no hay
datos concluyentes sobre su importancia en cuanto a la toma de
decisiones terapéuticas. Si bien parece claro que reducir la
PCR mediante estatinas se asocia con mayores efectos beneficiosos
que los que cabe esperar al reducir el colesterol9, su
papel respecto a la indicación de otros tratamientos, como
el invasivo, no ha sido contrastado.
Por todo ello, parece que el papel
diagnóstico y la orientación terapéutica han
quedado para otros marcadores, especialmente la
troponina12, mientras que la «importante»
utilidad de la PCR es en la predicción de eventos,
fundamentalmente la mortalidad, tras un SCA.
A pesar del gran esfuerzo de investigación
efectuado en los últimos años respecto a la PCR en el
SCA, es llamativo que preguntas como: ¿en qué momento
obtener la muestra?, ¿qué punto de corte utilizar? o,
más importante aún, ¿por qué se eleva
en los SCA? sigan sin una respuesta definitiva9. En el
presente número de Revista Española de
Cardiología, Sánchez et al13 presentan
datos que nos pueden ayudar a aclarar estas dudas.
Los autores analizan prospectivamente a un grupo
de 110 pacientes consecutivos ingresados por SCA. De manera muy
acertada evalúan la cinética de la PCR separadamente
en 3 grupos en función de la clasificación actual:
infarto con elevación del ST, sin elevación del ST y
angina inestable. Mediante análisis seriado durante el
ingreso se observa que los 3 grupos parten de unos valores
similares de PCR, se inicia el ascenso en torno a las 6 h y se
llega al valor máximo alrededor de las 36-48 h. Los valores
alcanzados son mucho más altos en los infartos con
elevación del segmento ST, intermedios en los infartos sin
elevación del ST y bajos en la angina inestable. La
dinámica de ascenso de la PCR es paralela a la de la
troponina, con unas horas de retraso, y los valores máximos
de ambos marcadores muestran una correlación
directa.
Este trabajo es un buen ejemplo de cómo, a
partir del planteamiento de un asunto no totalmente resuelto por
estudios previos (para lo que se requiere un conocimiento profundo
del tema) y mediante la aplicación de una metodología
simple pero adecuada, sin necesidad de amplios grupos de estudio ni
artefactos estadísticos, se puede llegar a contestar
preguntas relevantes y seguir avanzando en la
investigación.
A partir de los datos aportados por
Sánchez et al13 no podemos saber cuándo
debemos obtener la muestra para determinar la PCR en los pacientes
ingresados por SCA sin elevación del segmento ST ni
qué punto de corte utilizar, pero los autores nos dan
algunas claves importantes. Aunque la determinación seriada
sería lo ideal, esta opción no es, por
logística y relación coste-efectividad, apropiada en
la práctica diaria.
De las 2 posibilidades obtener la muestra
cuando el paciente llega a urgencias o bien una vez ya ingresado,
en torno a las 24-48 h del inicio del cuadro, una
determinación precoz puede aportar información sobre
el riesgo basal del paciente independiente del episodio actual y
quizá también información respecto al estado
inflamatorio provocado por la rotura de una placa inestable. Los
valores de corte en esta determinación precoz han de ser
bajos (< 5 mg/l)9. Sin embargo, esta
determinación precoz no aportará información
respecto al estado inflamatorio desencadenado por la necrosis, si
ésta se ha producido. Por otra parte, es difícil
determinar el momento exacto de inicio del episodio actual si lo
que pretendemos es evitar la influencia de la necrosis en nuestra
determinación. Por último, el valor precoz de la PCR
tampoco va a variar sustancialmente el tratamiento del paciente,
que dependerá más del estado clínico, el
electrocardiograma o la troponina.
La mayor aportación pronóstica de
la PCR se centra en la predicción de mortalidad a
medio-largo plazo3-6,9, algo que no es necesario
realizar en las primeras horas en urgencias. Esto se basa
fundamentalmente en estudios en los que la muestra se obtuvo al
menos 24 h tras el ingreso9. Si, además, tenemos
en cuenta la cinética de la PCR, y con vistas a mejorar el
balance coste-efectividad, probablemente una única
determinación de la PCR en la analítica ordinaria
realizada el día siguiente al ingreso, cercano al momento
del pico máximo, sea suficiente para la
estratificación de riesgo. En nuestra
experiencia4,5 y la de otros autores6,9, unos
valores de PCR > 10 mg/l tras 24-48 h del inicio del SCA sin
elevación del segmento ST se relacionan con una mayor
probabilidad de eventos, especialmente muerte, en los meses
siguientes.
De todo lo expuesto es importante resaltar que la
interpretación del valor de PCR depende del momento de su
obtención y que el punto de corte aplicado con finalidades
pronósticas será diferente si la determinación
es precoz (más bajo) o tardía (más alto).
Respecto a los SCA con elevación del segmento ST, el punto
de corte ha de ser aún mayor10.
Sánchez et al13 también
nos ayudan a interpretar los mecanismos que provocan el ascenso de
la PCR en los SCA. En resumen, parece que los mecanismos implicados
son 3:
1.
La
rotura de la placa inestable, o bien la presencia de varias placas
inestables, en los pacientes con SCA podría provocar una
respuesta inflamatoria y, como consecuencia, la liberación
de PCR como reactante de fase aguda14. Incluso se ha
sugerido que la PCR podría tener efectos directos sobre la
pared arterial y desencadenar la
inestabilización9. Este mecanismo puede
contribuir a la elevación de la PCR en las primeras horas
del episodio, pero ¿puede explicar la rotura de una placa de
unos pocos milímetros una elevación de entre 100 y
1.000 veces los valores normales de PCR? o ¿por qué
si las características de la placa inestable en los SCA con
y sin elevación del segmento ST no son muy diferentes, la
elevación de PCR es mucho mayor en los primeros?
2.
A
partir de los datos de Sánchez et al13 y de
observaciones previas15 parece claro que el mecanismo
central que provoca la elevación de la PCR en los SCA es la
necrosis. Los valores son mucho menores en los infartos sin
elevación del segmento ST, en los que el daño
miocárdico es menor. En los casos con angina inestable, los
valores son aún más bajos, aunque en función
de los datos del presente trabajo también se detecta cierta
elevación de PCR, quizá, aquí sí, por
la influencia del tipo de placa. Sin embargo, ésta no es una
teoría totalmente aceptada y no puede descartarse que las
mínimas elevaciones de PCR en los casos catalogados como
angina inestable sean también consecuencia de una
pequeña necrosis no detectada.
La correlación entre mayor necrosis y
mayor elevación de PCR permite comprender la débil
asociación entre este marcador y el reinfarto: los casos con
mayor elevación han tenido también una necrosis
más extensa y, por lo tanto, la posibilidad de un nuevo
infarto es menor9. Sin embargo, la correlación
entre la PCR y la extensión del infarto, aunque es
significativa, queda lejos de ser perfecta6,15; por
desgracia, los autores no aportan datos de ninguna prueba de imagen
en los que se pueda cuantificar mejor la asociación entre el
tamaño de la necrosis y la elevación de la PCR. Por
otra parte, si la elevación de este marcador se debiera
exclusivamente al tamaño del infarto, una vez ajustado por
los marcadores de necrosis o por variables de función
sistólica su poder predictivo desaparecería. Esto no
es así probablemente por el tercer mecanismo implicado en la
elevación de la PCR en los SCA.
3
.
Hay una gran variabilidad interindividual en la respuesta
inflamatoria. Como han sugerido recientemente De Servi et
al9, la elevación de PCR durante un SCA se
encuentra determinada en parte por los valores basales de PCR y,
por lo tanto, por el estado inflamatorio basal: cuanto más
elevados sean los valores de PCR previos al SCA, mayor será
el incremento durante el episodio agudo. Así pues, un mayor
incremento de este marcador durante un SCA también
indicaría que el sistema arterial está más
inflamado, con un mayor número de placas inestables y, en
definitiva, un mayor riesgo cardiovascular basal.
Desde el principio, gran parte de la
investigación respecto a la PCR se centró en la
utilidad clínica del marcador, con muy poca reflexión
respecto a su cinética o a los mecanismos que provocaban su
elevación. Probablemente nunca es tarde, y éste es un
buen momento para asimilar toda la información
clínica, echar una mirada atrás e interpretar mejor
lo que ya sabemos. En este sentido, debemos congratularnos por la
publicación en Revista Española de Cardiología
de la información proporcionada por Sánchez et
al13 respecto a la cinética de este marcador en
las distintas manifestaciones clínicas del SCA. La
información que aportan no es totalmente nueva, el grupo de
estudio no es muy amplio, pero pocas veces se había
planteado la cuestión con una metodología tan
elegante y clara. Esta mirada hacia las bases nos ayudará,
sin duda, a aclarar dudas y seguir avanzando.
Véase
artículo en págs. 441-7
Correspondencia: Dr. V. Bodí.
Servicio de Cardiología. Hospital Clínico y
Universitario.
Avda. Blasco Ibáñez, 17. 46010 Valencia.
España.
Correo electrónico:
vicentbodi@hotmail.com
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