Antagonistas de los receptores de la angiotensina II e insuficiencia cardiaca.
Volumen 6, Número Supl.C, Junio 2006
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Características farmacológicas de los ARA-II. ¿Son todos iguales?
Juan Tamargoa; Ricardo Caballeroa; Ricardo Gómeza; Lucía Núñeza; Miguel Vaqueroa; Eva Delpóna
a Departamento de Farmacología. Facultad de Medicina. Universidad Complutense. Madrid. España.
Rev Esp Cardiol. 2006;6(Supl C):10-24.
Los antagonistas de los receptores AT1 de la angiotensina II (ARA-II) son un grupo de fármacos que antagonizan las acciones que la angiotensina II (A-II) ejerce por mediación de éstos, independientemente de cuál sea su vía de síntesis. En presencia de un ARA-II, la A-II estimula los receptores AT2, produciendo diversas acciones que contrarrestan aquellas mediadas por los receptores AT1. Los ARA-II han demostrado ser fármacos antihipertensivos efectivos y seguros y, además, ejercen efectos beneficiosos independientes de su acción antihipertensiva en pacientes con insuficiencia cardiaca, diabetes mellitus tipo 2 y nefropatías. Sin embargo, existen diferencias en la estructura química, la afinidad receptiva y las propiedades farmacodinámicas y farmacocinéticas de estos fármacos. De hecho,
recientemente se ha demostrado que los ARA-II ejercen acciones no relacionadas con el bloqueo de los receptores AT1 y que, por tanto, son características de cada uno de estos fármacos. En este artículo comparamos el mecanismo de acción, las acciones, las características farmacocinéticas y las reacciones adversas de los 7 ARA-II comercializados (candesartán, eprosartán, irbesartán, losartán, olmesartán, telmisartán y valsartán). Existen diferencias farmacológicas entre los ARA-II que sugieren que no podemos hablar de un efecto de clase. Sin embargo, aún no disponemos de ensayos clínicos adecuadamente diseñados que comparen sus efectos a largo plazo.
Palabras clave: Receptor AT1. Antagonistas de los receptores AT1. Hipertensión. Insuficiencia cardiaca. Diabetes mellitus. Farmacocinética.
INTRODUCCIÓN
En condiciones
fisiológicas, el sistema renina-angiotensina-aldosterona
(SRAA) desempeña un importante papel en la regulación
de la presión arterial y de la homeostasis hidrosalina. En
condiciones patológicas, la activación del SRAA y el
aumento de los valores tisulares de angiotensina II1-8
(A-II) participan en la génesis de numerosos procesos
cardiovasculares que aumentan la morbimortalidad del paciente,
tales como la hipertensión arterial (HTA), la hipertrofia
cardiaca, el remodelado cardiovascular, la nefropatía
diabética, la cardiopatía isquémica o la
insuficiencia cardiaca y renal1-6. Las acciones
fisiopatológicas de la A-II son consecuencia de su
interacción con receptores específicos localizados en
la superficie de la membrana de las células diana. Hoy
sabemos que existen, al menos, 2 tipos de receptores, denominados
AT1 y AT2. Los receptores AT1 se
distribuyen por todos los tejidos del adulto, en particular, en el
corazón, los vasos, el riñón, el endotelio y
el sistema nervioso central. Los AT2, que predominan en
los tejidos fetales, disminuyen tras el nacimiento y en el adulto
sano se encuentran en pequeñas cantidades en el
riñón, las adrenales, el corazón, el cerebro,
el útero y el testículo7. También
se ha descrito la existencia de receptores AT3,
activados por la angiotensina III2-8, y receptores
AT4, activados por la angiotensina IV3-8 en
células endoteliales y musculares lisas vasculares,
adrenales, el sistema nervioso central, el corazón y el
riñón2,7. Aunque la función de los
receptores AT4 no es bien conocida, participan en la
regulación del flujo cerebral y en procesos de
aprendizaje2,7.
El hallazgo de
que las principales acciones fisiopatológicas de la A-II
están mediadas mediante la estimulación de los
receptores AT1 (tabla 1) fue la base para el desarrollo
de fármacos capaces de bloquear específicamente estos
receptores (antagonistas de los receptores de la angiotensina II
[ARA-II])1-4. En los últimos años, ensayos
clínicos controlados han demostrado que los ARA-II son los
fármacos de elección en el tratamiento de la HTA, la
insuficiencia cardiaca y la nefropatía de los pacientes con
diabetes mellitus tipo 2 (DM2). Sin embargo, ante el número
progresivamente creciente de ARA-II ya comercializados (fig. 1) o
en fase de desarrollo clínico cabe preguntarse si existen
diferencias entre ellos que permitan su selección ante un
paciente determinado. Son muchas las familas de fármacos (p.
ej., los bloqueadores betaadrenérgicos) en las que sus
diferentes componentes presentan propiedades bien distintas. En
este artículo, revisaremos las posibles diferencias en la
potencia, el tipo de bloqueo producido, las acciones
farmacológicas, las propiedades farmacocinéticas y el
perfil de seguridad de los ARA-II actualmente
comercializados.
Fig. 1. Estructura química de diversos antagonistas de
los receptores de la angiotensina II.
BPT: bifeniltetrazol.
MECANISMO DE
ACCIÓN
Los ARA-II
producen un bloqueo competitivo y selectivo de los receptores
AT1, inhibiendo las acciones de la A-II mediadas por
éstos, independientemente de cuál sea su vía
de síntesis. Su afinidad por los receptores AT1
es 10.000-30.000 veces mayor que por los AT2, por lo que
a concentraciones fisiológicas no bloquean a los
AT23,4,8-15. Sin embargo, no inhiben la
actividad de la adenilil ciclasa o de la guanilil ciclasa, ni
bloquean la entrada de Ca a través de los canales tipo-L o
los receptores alfa y betaadrenérgicos,
dopaminérgicos, adenosínicos, serotonérgicos,
muscarínicos, histaminérgicos, opiáceos o
gabaérgicos1,3. Tampoco modifican la
vasoconstricción producida por la vasopresina (que se inhibe
por los inhibidores de la enzima de conversión de la
angiotensina [IECA]), ni la vasodilatación producida por la
bradicinina (se potencia por los IECA).
En presencia de
un ARA-II, la A-II sintetizada puede estimular los receptores
AT2, que no se encuentran bloqueados y cuya
expresión, además, puede haberse incrementado tras el
bloqueo de los receptores AT1 (fig. 2). La
estimulación de los receptores AT2 es importante
ya que:
Fig. 2. Mecanismo de acción de los antagonistas de los
receptores de la angiotensina II (ARA-II).
gK: conductancia al potasio; NO:
óxido nítrico; PG: prostaglandinas; rAT1/rAT2:
receptores AT1 y AT2 de la angiotensina II;
SNS: sistema nervioso simpático.
1.
Aumenta la liberación de óxido nítrico (NO),
bradicinina y prostanglandinas (PGE2, PGI2),
que presentan propiedades vasodilatadoras y
antiproliferativas1,2,7,16-18. De hecho, la respuesta
presora de la A-II aumenta tras el bloqueo de los receptores
AT2 y la respuesta vasodilatadora de los ARA-II se
asocia a un aumento en los valores renales de NO, bradicinina y
guanosín monofosfato cíclico (GMPc); esta respuesta
vasodilatadora desaparece tras el bloqueo de los receptores
AT2 con PD123319, de los receptores B2 de la
bradicinina o de la NO sintasa18. Igualmente, los
efectos vasodilatadores producidos tras la estimulación de
los receptores AT2 localizados en las células
endoteliales de las arterias coronarias de resistencia
(160-500
µ
m de
diámetro) humanas, se suprimen tras el bloqueo de la NO
sintasa y de los receptores B219. Es decir,
que la estimulación de los receptores AT2 produce
una respuesta vasodilatadora que se opone a la
vasoconstricción mediada por la estimulación de los
receptores AT1.
2. Inhibe
el crecimiento y la proliferación de células
musculares cardiacas20 y lisas vasculares21 y
endoteliales22, induce la apoptosis de los
fibroblastos23 y activa diversas colagenasas. Estos
efectos antiproliferativos, que están asociados a la
inhibición de la vía de las cinasas activadas por
mitógenos21, disminuyen la fibrosis
cardiovascular y el remodelado cardiaco24,25, así
como la formación de neoíntima en respuesta a la
lesión vascular26; por el contrario, el bloqueo
selectivo de los receptores AT2 aumenta los efectos
mitogénicos de la A-II sobre los miocitos
cardiacos.
3. En el
riñón produce vasodilatación de la arteriola
aferente y participa en la reabsorción tubular proximal de
Na por un mecanismo directo, mediado por el propio receptor, y a
través de la activación de la vía NO-GMPc y de
la conversión de la PGE2 en
PGF2α
27. Por tanto, cuando se administra un ARA-II se
produce una vasodilatación de la arteriola aferente
(AT2) y de la eferente (AT1) que explica por
qué, a diferencia de los IECA, los ARA-II no modifican la
tasa de filtración glomerular.
4. Regula
la activación del SRAA a través de la
inhibición de la síntesis de renina28.
Otras acciones mediadas por los receptores AT2 se
muestran en la tabla 1.
El papel de la
estimulación de los receptores AT2 se ha
demostrado en ratones transgénicos en los que se suprime
(AT2-/-) y se sobreexpresan estos
receptores7. Los ratones
AT2-/- presentan una presión
arterial superior a la normal29, una disminución
en los valores vasculares de bradicina (BK), NO y GMPc y un aumento
de las respuestas presoras a la A-II18,28,30. Por el
contrario, los que sobreexpresan los receptores AT2 son
normotensos, presentan una menor fibrosis perivascular y las
respuestas vasoconstrictoras, presoras y cronotrópicas
positivas de la A-II están
inhibidas7,21,24,25,31; en modelos postinfarto de
miocardio se preserva la función ventricular32 y
disminuye la fibrosis intersticial, pero no se afecta la
hipertrofia cardiaca30,33. En cultivos celulares, la
sobreexpresión de los receptores AT2 inhibe la
proliferación celular y la activación de las cinasas
activadas por mitógenos producida por la
A-II7,18,21,25,31,34.
DIFERENCIAS ENTRE
LOS DISTINTOS ARA-II
Desde un punto
de vista farmacológico, las diferencias existentes entre los
distintos ARA-II podrían ser: a)
farmacodinámicas, que incluyen diferencias en su estructura,
potencia, tipo de bloqueo, mecanismo de acción y efectividad
clínica, y b) farmacocinéticas.
1.
Diferencias estructurales. Los ARA-II pertenecen a 2 grupos
químicos (fig. 1): a) bifeniltetrazoles, entre los
que se incluyen losartán, valsartán,
irbesartán y candesartán, y b) no
bifeniltetrazoles, que incluyen eprosartán y
telmisartán. Candesartán cilexetil y
olmesartán medoxomilo son profármacos que se
convierten durante el proceso de absorción en
candesartán y olmesartán, respectivamente, mientras
que losartán es un fármaco activo que se convierte en
un metabólito activo, el E-3174, que en cultivos de
células musculares lisas vasculares es 13 veces más
potente que el losartán para bloquear los receptores
AT1 y para inhibir el crecimiento celular y el aumento
de la concentración intracelular de Ca ([Ca]i)
producidos por la A-II8,35; además, produce un
tipo de bloqueo de los receptores AT1 distinto del
producido por el losartán (fig. 3) y presenta un menor
volumen de distribución y una semivida más prolongada
que la del losartán, y es causante de los efectos de
éste.
Fig. 3. Distintos tipos de curvas dosis-respuesta de la
angiotensina II de los antagonistas de los receptores de la
angiotensina II.
2.
Diferencias en potencia y de selectividad. Estudios de
fijación realizados en membranas de distintos tejidos
(hepatocitos de rata, aorta de conejo, pulmón de rata)
permiten analizar la potencia de los ARA-II para desplazar a la
[125I]A-II de su lugar de unión a los receptores
AT1 (Ki) y para inhibir en un 50% la amplitud de la
respuesta vasoconstrictora en preparaciones vasculares aisladas
(CI50). Como muestra la tabla 2, existen importantes
variaciones en la potencia de los ARA-II, que explican las marcadas
diferencias en las dosis efectivas de estos
fármacos3,8-15. En cualquier caso, su afinidad
por el receptor AT1 se encuentra en el rango nanomolar,
lo que confirma la gran potencia de los ARA-II para bloquear la
unión de la A-II a sus receptores AT1.
3.
Diferencias en el tipo de bloqueo. En arterias aisladas, la
adición de concentraciones crecientes de A-II al medio de
incubación estimula los receptores AT1 y produce
una respuesta vasoconstrictora que nos permite construir una curva
dosis-respuesta (CDR) característica. Si tras incubar las
arterias con un ARA-II repetimos la CDR, podemos ver que las curvas
adoptan 3 morfologías bien distintas3,8-15,35
(fig. 3). En presencia de dosis crecientes de losartán,
eprosartán y telmisartán se produce un desplazamiento
progresivo de la CDR de la A-II hacia la derecha, pero no se
modifica la pendiente de las CDR y la A-II sigue produciendo una
respuesta vasoconstrictora máxima. Estas
características indican que estos fármacos se
comportan como antagonistas competitivos y reversibles que
presentan una rápida velocidad de disociación del
receptor AT1 (tabla 2), ya que si eliminamos el
fármaco del medio de incubación la A-II vuelve a
producir su respuesta máxima al cabo de unos 15 min. En
presencia de candesartán u olmesartán se observa
cómo a medida que aumenta su concentración en el
medio de incubación se produce una progresiva
reducción del efecto máximo de la A-II y un
desplazamiento de las CDR hacia abajo y hacia la derecha, de tal
forma que la respuesta vasoconstrictora de la A-II se bloquea por
completo. Si ahora eliminamos el fármaco y adicionamos A-II
al medio de incubación, es necesario que transcurran varias
horas para que la respuesta vasoconstrictora de la A-II vuelva a
alcanzar su máximo. Ello indica que el candesartán se
une con una alta afinidad por el receptor AT1, pero se
disocia del mismo muy lentamente. Los restantes ARA-II, incluido el
metabólito E-3174, producen un desplazamiento progresivo de
la CDR de la A-II hacia la derecha sin modificar su pendiente, pero
a la respuesta máxima de la A-II disminuye en un
30-50%3,8-15. Estas distintas morfologías se
deben a la diferencias en la velocidad con la que cada ARA-II se
disocia del receptor. Como se muestra en la tabla 2, la velocidad
de disociación del losartán de los receptores
AT1 es de 2,5 min, por lo que al añadir
concentraciones crecientes de A-II se establece rápidamente
un nuevo estado de equilibrio y se alcanza la respuesta
máxima. En el otro extremo está candesartán,
que se disocia muy lentamente (> 2 h), mientras que otros
fármacos (valsartán e irbesartán) ocupan una
situación intermedia. Teóricamente, un ARA-II que se
libere muy lentamente del receptor AT1 tendría
más posibilidades de controlar la presión a lo largo
de las 24 h y tras la supresión del tratamiento
permitiría que la presión arterial se recupere
más lentamente que los ARA-II que se disocian muy
rápidamente, aspectos que se han demostrado en modelos
experimentales36.
DIFERENCIAS EN SU
EFECTIVIDAD CLÍNICA
Efectos
antihipertensivos
En pacientes
hipertensos, los ARA-II disminuyen las resistencias vasculares
periféricas y la presión arterial4,6,8-15.
Su efecto antihipertensivo depende de los valores tensionales
previos al tratamiento; es tanto más marcado cuanto mayores
sean éstos y en pacientes con hiponatremia, secundaria a
restricción dietética de sodio o a la
administración de altas dosis de diuréticos
tiacídicos o del asa8-15,37,38, pero no guarda
relación con la edad y el sexo del paciente. La
disminución de la presión arterial alcanza su efecto
máximo al cabo de unas 2-4 h y valores estables al cabo de
4-6 semanas, y se observa que todos los ARA-II presentan un
índice pico/valle (T/P) > 0,53 (tabla 2), lo
que indica que controlan la presión arterial a lo largo de
24 h tras la administración de una dosis diaria. Su efecto
antihipertensivo no se acompaña de taquicardia refleja o de
cambios en el volumen por minuto, no aparece tolerancia en
tratamientos crónicos y no producen HTA de rebote tras
suspender bruscamente el tratamiento.
En pacientes con
HTA leve-moderada, los ARA-II revierten la hipertrofia
ventricular39 y el remodelado vascular40.
Así, el tratamiento durante 1 a&n tilde;o con
losartán mejora la función endotelial y revierte el
remodelado arteriolar (aumenta los diámetros interno y
externo vascular y disminuye el cociente media/luz y la rigidez
vascular), algo que no sucede en los pacientes tratados con
atenolol41,42; más aún, si a los pacientes
tratados con atenolol se les adiciona irbesartán se observa
una mejoría en la estructura vascular y la función
endotelial40,41. En pacientes con cardiopatía
coronaria, los ARA-II mejoran la disfunción endotelial y la
dilatación coronaria inducida por el aumento del flujo
sanguíneo, lo que se ha atribuido al aumento de la
disponibilidad de NO4,6,40-44.
Los ARA-II no
modifican el perfil lipídico, los valores plasmáticos
de glucosa, insulina, potasio o creatinina y no producen
retención hidrosalina, depresión, alteraciones del
sueño o impotencia. Aumentan los valores plasmáticos
y tisulares de renina, A-I y A-II, y disminuyen los de vasopresina,
pero apenas si modifican los valores plasmáticos de
aldosterona, lo que confirma que su secreción está
modulada por rutas independientes de la A-II8-15.
También normalizan el tono noradrenérgico, efecto que
puede acompañarse de una disminución en los valores
de catecolaminas circulantes.
Tratamiento
de la hipertensión arterial. Los ARA-II son eficaces en
el tratamiento de la HTA leve-moderada, particularmente en
pacientes con asma o broncopatía obstructiva crónica,
diabetes mellitus tipo 2, depresión, hiperuricemia,
vasculopatías per iféricas, cardiopatía
isquémica o insuficiencia
cardiaca4-6,8-15,37,38,45. Su asociación con
tiacidas o diuréticos del asa, que activan el SRAA, aumenta
la potencia antihipertensiva de cada fármaco por separado y,
además, permite contrarrestar la hipopotasemia producida por
estos diuréticos. En estudios comparativos su efectividad es
similar a la de los IECA (captopril, enalapril, lisinopril),
bloqueadores beta (atenolol), antagonistas del calcio (amlodipino,
felodipino, nifedipino Oros) y tiacidas
(hidroclorotiacida)8-15. Diversos ensayos
clínicos han demostrado que candesartán,
irbesartán, olmesartán y telmisartán son
más efectivos que el losartán para reducir la
presión arterial8-15. Dos metaanálisis han
analizado las posibles diferencias en la actividad antihipertensiva
de los ARA-II con resultados contradictorios. Mientras que un
metaanálisis de 43 estudios concluía que todos los
ARA-II presentan una similar eficacia
antihipertensiva46, otro metaanálisis de los
estudios aleatorizados, doble ciego y controlados con placebo
realizados con losartán, valsartán, irbesartán
y candesartán concluía que existen diferencias en la
reducción de la presión arterial diastólica al
final del intervalo interdosis (al cabo de 24 h), que era de 5,6
(3,6-7,5) mmHg para el losartán, 5,8 (5,0-6,6) mmHg para el
valsartán, 6,9 (5,9-7,9) mmHg para el irbesartán y
7,5 (6,1-8,9) mmHg para el candesartán (p = 0,014,
candesartán frente a valsartán)47. Es
decir, que en este metaanálisis sí se observaban
diferencias entre los distintos ARA-II. Otro estudio que analizaba
estudios comparativos entre ARA-II concluía que
candesartán e irbesartán eran hipertensivos
más efectivos que losartán48;
además, mientras que los efectos del candesartán
persistían claramente más allá de 24 h, los
del losartán disminuían rápidamente. Otros
hallazgos que avalan la posible existencia de diferencias en el
efecto antihipertensivo de los ARA-II son que no todos ellos
muestran un efecto antihipertensivo dependiente de la dosis y la
existencia de diferencias en el valor del índice T/P (tabla
2).
Estudios en
pacientes con insuficiencia cardiaca
Diversos
estudios han comparado los efectos de losartán,
valsartán o candesartán con los de captopril y
enalapril en pacientes con insuficiencia cardiaca (IC) o
disfunción ventricular izquierda posinfarto de miocardio
(IM), con resultados muy dispares (tabla 3). El estudio ELITE I
(Evaluation of losartan in the elderly) comparaba los efectos de
captopril (50 mg, 3 veces al día) y losartán (50
mg/día) en 722 pacientes mayores de 65 años, en clase
funcional II-IV (fracción de eyección [FE] < 40%),
tratados con digoxina y diuréticos y que no habían
recibido un IECA49. Tras 44 semanas de seguimiento se
comprobó que ambos fármacos producían cambios
similares en la función renal (objetivo primario), pero el
losartán disminuía (32%) la
muerte/hospitalización por IC más que el captopril
(el 9,4 frente al 13,2%; p = 0,075). La disminución del
riesgo se debía a la disminución de la mortalidad
total (el 4,8 frente al 8,7%; p = 0,035), aunque también
disminuían las hospitalizaciones por cualquier causa en el
grupo de losartán (el 22,2 frente al 29,7%). Sin embargo, en
un estudio posterior (ELITE II) no se observaron diferencias en
mortalidad total, muerte súbita/resucitación tras
parada cardiaca u hospitalización por IC entre ambos
tratamientos50. El estudio RESOLVD (Randomized
Evaluation of Strategies for Left Ventricular Dysfunction trial)
comparaba los efectos de candesartán (4, 8 y 16
mg/día), enalapril (10 mg/12 h) o la combinación de
candesartán (4 y 8 mg/día) y enalapril51.
Tras 43 semanas de tratamiento no se observaron diferencias en la
tolerancia al ejercicio (objetivo primario). El estudio Val-HeFT
(Valsartan in Heart Failure Trial) comparó en pacientes en
clase funcional II-IV y diámetro diastólico del
ventrículo izquierdo > 2,9 cm/m², los efectos de
valsartán o placebo52. Tras 3 años de
seguimiento, la mortalidad total era similar en ambos grupos, si
bien el tratado con valsartán presentaba una
reducción (el 28,8 frente al 32,1%, p = 0,009) en la
morbimortalidad, definida como parada cardiaca,
hospitalización por IC y necesidad de administración
por vía intravenosa (i.v.) de inotrópicos y
vasodilatadores. Además, la incidencia de reacciones
adversas y los abandonos eran menores en el grupo tratado con
valsartán. Sin embargo, en los estudios Val-HeFT y ELITE II
los efectos beneficiosos de los ARA-II desaparecían en los
pacientes tratados con IECA y bloqueadores beta.
Otros 2 estudios
evaluaron los ARA-II en pacientes con disfunción ventricular
post-IM. El estudio OPTIMAAL (Optimal Trial in Myocardial
Infarction With the Angiotensin II Antagonist Losartan)
comparó los efectos de losartán y captopril, pero
tras un seguimiento de 2,7 años no se observaron diferencias
en la mortalidad total u hospitalización entre ambos
fármacos, aunque el losartán era mejor tolerado (el
17 frente al 23% de abandonos en el grupo de
captopril)53. El estudio VALIANT (Valsartan in Acute
Myocardial Infarction) comparó los efectos de
valsartán, captopril y su combinación54.
Tras 24,7 meses de seguimiento tampoco se encontraron diferencias
en la mortalidad total entre los 3 grupos, aunque la
combinación presentaba una mayor incidencia de reacciones
adversas. Así pues, todos estos estudios demostraban que
losartán y valsartán producen una mejoría
clínica y hemodinámica similar a la de los IECA, pero
no superan la reducción de la morbimortalidad producida por
éstos.
El estudio CHARM
(Candesartan Cilexitil in Heart Failure Reduction in Mortality and
Morbidity), analizó los efectos de candesartán en 3
subestudios55: a) 2.548 pacientes con IC y
FE ≤
40%
tratados con IECA, bloqueadores beta (55%), espironolactona (17%) e
hipolipemiantes (41%) (CHARM Añadido)56;
b) 2.028 pacientes con FE ≤
40% e intolerancia a los IECA
(CHARM Alternativo)57, y c) 3.025 con FE > 40%
no tratados con IECA (CHARM Preservado)58. Tras 37,7
meses de seguimiento, candesartán reducía la
mortalidad cardiovascular (p = 0,006) y las hospitalizaciones por
IC (p < 0,0001), manteniéndose este beneficio en
pacientes tratados con IECA y bloqueadores beta. En los estudios
CHARM Añadido y CHARM Alternativo, el candesartán
reducía la morbimortalidad cardiovascular y en el CHARM
Preservado, aunque no modificaba la mortalidad, sí
reducía las hospitalizaciones por IC y la incidencia de
diabetes de reciente comienzo.
Antes de sacar
conclusiones, debemos señalar que existen importantes
diferencias entre estos estudios:
1.
Algunos carecían del tamaño muestral necesario para
documentar diferencias entre grupos.
2. Unos
comparaban un ARA-II con un IECA, otros analizaban los efectos de
un ARA-II en pacientes que no toleraban el IECA y en otros, el
ARA-II se añadiría a pacientes tratados con un IECA o
con un IECA y un bloqueador beta.
3. Se
incluía a pacientes con distinta FE, clase funcional o
antecedentes de cardiopatía isquémica; en Val-HeFT y
ELITE-II predominaban pacientes en clase II y un 60% presentaba CI,
mientras que en VALIANT y OPTIMAAL un 30% estaba en Killip I y
todos tenían un IM previo.
4.
Había diferencias importantes en la reducción de la
presión arterial (una reducción mantenida de 2 mmHg
reduce en un 7% la mortalidad por cardiopatía
isquémica)52.
5. Se
comparaban dosis de captopril y enalapril que habían
demostrado en ensayos previos que disminuían la
morbimortalidad del paciente con IC, con dosis de algunos ARA-II
que, en ocasiones, es difícil saber sobre qué base se
habían seleccionado. De hecho, en la actualidad el estudio
HEAAL (Angiotensin II Antagonist Losartan) compara 50 frente a 150
mg de losartán en pacientes con intolerancia a los
IECA.
De todo lo
anterior podemos concluir que: a) no es posible extrapolar
los resultados de un determinado estudio a la población
general o a los restantes ARA-II; b) hasta la fecha
sólo el candesartán ha demostrado que reduce la
mortalidad en pacientes con IC sistólica tratados con IECA y
bloqueadores beta; c) en pacientes con disfunción
diastólica el candesartán disminuye la morbilidad,
pero desconocemos el efecto de los restantes ARA-II, y d)
los ARA-II son fármacos de elección en pacientes que
no toleran los IECA o que permanecen sintomáticos a pesar
del tratamiento estándar. Sin embargo, aún
desconocemos los efectos de diversos ARA-II en pacientes con IC, la
seguridad y la eficacia de los ARA-II en pacientes tratados con
IECA, bloqueadores beta y espironolactona/eplerenona, o en
pacientes con disfunción ventricular asintomática, y
no disponemos de estudios comparativos entre los distintos
ARA-II.
Estudios en
pacientes con nefropatías
Los ARA-II
disminuyen la proteinuria y la glomeruloesclerosis en modelos
animales de insuficiencia renal, asociada o no a diabetes; este
efecto se asocia a una disminución de la fibrosis
intersticial y en la expresión glomerular del ARNm del
factor de crecimiento transformador beta 1 (TGF-
b
1), colágeno (tipos I,
III y IV) y fibronectina1,4,8-16. En pacientes
hipertensos no diabéticos y en pacientes con síndrome
nefrótico, los ARA-II disminuyen la proteinuria y la
fracción de filtración y mantienen la tasa de
filtración glomerular59-62. Dos estudios han
demostrado que en pacientes con DM2, normo o hipertensos,
irbesartán (IRMA 2 [IRbesartan MicroAlbuminuria Type 2
Diabetes Mellitus in Hypertensive Patients])63 y
valsartán (MARVAL [Microalbuminuric Reduction With
Valsartan])64 reducen la progresión y/o
normalizan la microalbuminuria; el beneficio del irbesartán
era superior al del amlodipino, a pesar de que ambos
fármacos producían una reducción similar de la
presión arterial63. Otros 2 estudios demostraron
que irbesartán (IDNT [Irbesartan Diabetic Nephropathy
Trial])65 y losartán (RENAAL [Reduction of
Endpoint in Non-Insulin Dependent Diabetes Mellitus With the
Angiotensin II Antagonist Losartan])66 retrasaban la
progresión de la nefropatía en pacientes con DM2;
este efecto es independiente de la reducción de la
presión arterial. Además, en pacientes con
síndrome nefrótico, losartán era tan efectivo
como enalapril para reducir (35-55%) la proteinuria67.
Así pues, los 3 ARA-II hasta ahora ensayados ejercen un
efecto nefroprotector, pero no disponemos de estudios comparativos
que nos permitan conocer si aobre el resto.
Acciones
cerebrales
La A-II
sintetizada en distintas áreas cerebrales (área
postrema, órgano subfornical, eminencia media, órgano
vasculorum de la lámina terminalis,
núcleo paraventricular) participa en el control de la
presión arterial, tanto por una acción directa o a
través de un aumento del tono simpático, de la
liberación de la vasopresina y del aumento de la ingesta de
agua y sal. De hecho, la inyección de A-II en el
órgano subfornical produce una mayor respuesta hipertensora
que cuando se administra por vía i.v.
En ratas
espontáneamente hipertensas que desarrollan un ictus
(SHRSP), los ARA-II no modifican el flujo cerebral basal, pero
desplazan su curva de autorregulación hacia valores
inferiores de presión arterial68. En este modelo,
el candesartán disminuía los signos de isquemia
cerebral (p. ej., sacudidas, parálisis, convulsiones,
pérdida de reflejos) y prolongaba la supervivencia de los
animales69. En ratas normotensas en las que se
ocluía la arteria cerebral media, el candesartán
aumentaba el flujo cerebral en la zona de penumbra
isquémica, posiblemente por aumentar la circulación
colateral y reducía el tamaño del infarto cerebral y
el edema del hemisferio ipsolateral70. La
administración intracerebroventricular de irbesartán,
a dosis a las que no modificaba la respuesta presora de la A-II
administrada por vía i.v., mejoraba la recuperación
de la actividad cognitiva e inhibía el aumento de la
expresión de proteínas c-fos/c-jun en la corteza y el
hipocampo ipsolateral, que regulan la expresión de la
proteína Blc-2 y contribuyen a la apoptosis neuronal en las
áreas cerebrales isquémicas71. En un
modelo de isquemia cerebral global en ratas normotensas, el
candesartán aumentaba la supervivencia de las neuronas CA1
del hipocampo (el 30 frente al 2% en el grupo placebo) y
disminuía la producción de radical superóxido
en estas neuronas72.
En estos
modelos, se ha demostrado que existen importantes diferencias en la
facilidad con que los distintos ARA-II atraviesan la barrera
hematoencefálica. Así, la administración por
vía subcutánea de candesartán disminuía
la fijación de A-II en áreas cerebrales protegidas
(núcleos paraventricular hipotalámico y del tracto
solitario) o no (órgano subfornical, área postrema)
por la barrera hematoencefálica69; además,
la administración i.v. de candesartán o
telmisartán inhibía durante 24 h los efectos de la
A-II administrada directamente por vía
intracerebroventricular o en el núcleo paraventricular, lo
que confirma que ambos fármacos atraviesan con facilidad la
barrera hematoencefálica73-75. Sin embargo, la
administración oral de losartán apenas si
inhibía, mientras que el irbesartán bloqueaba
parcialmente, los efectos de la administración
intracerebroventricular de A-II.
En el estudio
LIFE76, que incluía a 9.000 pacientes hipertensos
(presión arterial sistólica/diastólica
[PAS/PAD] = 160-200/95-115 mmHg), el losartán reducía
la incidencia de ictus en un 25%, un hallazgo que fue corroborado
en el subestudio en el que se incluyó a pacientes con HTA
sistólica aislada. Sin embargo, este efecto beneficioso no
se observaba en los casi 500 pacientes de raza negra de este
estudio. En el estudio SCOPE (Study on Cognition and Prognosis in
the Elderly), que comparaba los efectos del candesartán con
el tratamiento estándar en 4.964 hipertensos ancianos (70-89
años, PAS/PAD = 160-179/90-99 mmHg), el candesartán
reducía más la PAS/PAD (21,7/10,8 frente a 18,5/9,2
mmHg) y aunque no modificaba la incidencia de IM, la mortalidad
cardiovascular o el deterioro de la función cognitiva, el
grupo del ARA-II presentaba una menor incidencia de ictus no fatal
(el 27,8%; p = 0.04)77. Recientemente, se ha demostrado
que en 754 pacientes con HTA sistólica aislada, el
candesartán reducía la incidencia de ictus, fatal o
no, en un 42% (p = 0,049) a pesar de la pequeña diferencia
observada en la reducción de la PAS/PAD entre ambos grupos
de tratamiento (22/6 frente a 20/5 mmHg en el grupo
control)78. Estos resultados sugieren que los ARA-II
podrían tener un lugar en la prevención del ictus en
pacientes hipertensos ancianos. Por ello es necesario disponer en
un futuro inmediato de ensayos clínicos que permitan conocer
si los ARA-II pueden tener un papel en la patología
cerebrovascular y si existen diferencias entre ellos.
Efectos
independientes del bloqueo de los receptores
AT1
En los
últimos años se ha descrito que los ARA-II producen
efectos que son independientes del bloqueo de los receptores
AT1, por lo que no es de extrañar que sólo
los presenten determinados ARA-II. Aunque desconocemos la
importancia clínica de estas acciones, podrían ser en
un futuro la base para la selección de un determinado
ARA-II. El conocimiento de estas acciones se inició al
observarse que el losartán producía un efecto
uricosúrico, que no producía su metabólito
activo (E-3174) u otros ARA-II. A continuación, analizaremos
algunas de las acciones de los ARA-II independientes del bloqueo de
los receptores AT1.
1. Efectos
antiagregantes y fibrinolíticos. Los receptores TP
median las potentes acciones agregantes plaquetarias,
vasoconstrictoras y broncoconstrictoras del tromboxano
A2 (TXA2). El losartán inhibe la
vasoconstricción coronaria y pulmonar, así como la
agregación plaquetaria inducidas por el el U46619, un
análogo del TXA279-81. Estas acciones,
que también presenta el irbesartán81,82,
persistían en arterias sin endotelio y en presencia de
indometacina. Sin embargo, la inhibición de la
agregación plaquetaria sólo se observaba a altas
concentraciones (50
µ
M) de valsartán o EXP3174; el telmisartán exhibe
una potencia intermedia entre losartán y valsartán y
el candesartán es inefectivo81. Estos resultados
sugieren que existen ciertos requerimientos estructurales para
bloquear los receptores TP vasculares y
plaquetarios81.
La A-II estimula
la expresión de factor tisular (FT) y del inhibidor tipo 1
del activador del plasminógeno (PAI-1) (tabla 1). En
células musculares lisas arteriales, el candesartán
inhibía la expresión de PAI-1, pero el
losartán sólo lo hacía
parcialmente83. En pacientes hipertensos tratados, el
tratamiento durante 6 meses con eprosartán reducía la
PAS y los valores plasmáticos del FT, la trombomodulina,
fibrinógeno y PAI-1, a la vez que aumentaba los del
activador tisular del plasminógeno (t-PA) más que el
losartán84. En otro estudio también
realizado en hipertensos, losartán, irbesartán y
candesartán reducían los valores de FT; el
candesartán es el más potente; además,
candesartán e irbesartán, pero no losartán,
reducían los valores de PAI-185.
2. Acciones
antiinflamatorias e inmunomoduladoras. La A-II exhibe
propiedades proinflamatorias y estimula la producción de
diversos marcadores de activación innunológica, tanto
en pacientes hipertensos como con IC (tabla 1). En pacientes
hipertensos86, el enalapril, pero no el losartán,
disminuía los valores de las moléculas de
adhesión intercelular (ICAM-1) y vascular (VCAM-1),
selectina E y proteína q uimiotáctica de
macrófagos (MCP-1). En otro estudio realizado en pacientes
hipertensos, el candesartán disminuía los valores
plasmáticos de malonilaldehído, mejoraba la respuesta
vasodilatadora al aumento de flujo sanguíneo (un
índice de disfunción endotelial) y reducía los
valores plasmáticos de MCP-1, factor de necrosis tumotal
alfa (TNF-α
) e inhibidor del PAI-1; estos cambios son independientes
de la reducción de la PAS/PAD85. Estos resultados
indican que, en pacientes hipertensos, el candesartán mejora
la disfunción endotelial, la fibrinólisis y reduce el
estrés oxidativo y diversos marcadores
proinflamatorios.
En pacientes con
CI87, el losartán aumentaba la expresión
de L-selectina en leucocitos, pero no modificaba los valores
plasmáticos o de expresión leucocitaria de diversas
moléculas de adhesión (ICAM-1 y 2, VCAM-1,
moléculas de adhesión de plaquetas-células
endoteliales o PECAM-1 y leucocito-endotelial tipo 1 o ELAM-1). Por
el contrario, el tratamiento durante 3,5 meses con
candesartán reducía los valores plasmáticos de
TNF-α
,
interleucina-6 (IL-6), ICAM-1, VCAM-1 y péptido
natriurético ventricular (BNP) en pacientes con
IC88. Estas diferencias sugieren que existen variaciones
en las propiedades proinflamatorias de los distintos ARA-II tanto
en pacientes hipertensos como con IC. El olmesartán
también inhibe los valores de IL-6, TNF-α
, MCP-1 y proteína
C reactiva en pacientes hipertensos89. La A-II induce la
expresión del ARNm de la ciclooxigenasa 2 (COX-2) y la
síntesis de TXA2 y PGF2α
, efectos que son inhibidos
por losartán y E-317489. Recientemente, se ha
descrito que losartán inhibe la COX-2 y que, a altas
concentraciones, inhibe las fosfodiesterasas 3 (cardiaca) y 4
(pulmonar)90. Sin embargo, dada la controversia sobre
las repercusiones cardiacas de la inhibición de la COX-2 y/o
de la fosfodiesterasa 3, la importancia de estas propiedades
deberá analizarse en detalle.
3. Efectos en
los receptores PPAR. Recientes estudios han demostrado que
algunos ARA-II lipofílicos (telmisartán)
actúan como agonistas parciales (producen un 25-30% de la
activación máxima) de la isoforma gamma del receptor
activador de la proliferación de peroxisomas
(PPARγ)91. Esta acción, que se
acompaña de una mejoría del metabolismo
hidrocarbonato y lipídico, podría explicar los
efectos beneficiosos en pacientes con DM2 y la menor incidencia de
diabetes de reciente comienzo observada con los ARA-II.
4. Efectos
cardiacos. Los ARA-II no modifican la contractilidad, la
frecuencia o la velocidad de conducción intracardiaca o los
intervalos PR, QRS y QT del ECG8-15,92. Sin embargo, en
2 estudios realizados en hipertensos, con o sin hipertrofia
cardiaca, el irbesartán reducía la dispersión
del intervalo QT superior a la producida por atenolol93
y amlodipino94, a pesar de que los 3 fármacos
producen una reducción similar de la presión
arterial. La reducción de la dispersión del intervalo
QTc no se relacionaba con cambios en la presión arterial, la
frecuencia cardiaca o en el grado de regresión de la
hipertrofia ventricular.
En ratas
sometidas a ligadura coronaria, el candesartán
prevenía el remodelado ventricular post-IM, la
activación del factor de transcripción AP-1 y del
factor nuclear NF-κ
B, y reducía los ARNm
de los péptidos natriuréticos auriculares y
colágenos tipo I y III95. Igualmente, en un
modelo de IC, candesartán normalizaba la actividad de la
ATPasa Ca-dependiente del retículo sarcoplásmico
(SERCA2) y del fosfolambano, efectos que se asociaban a un aumento
de la función ventricular izquierda96. En
pacientes con IC y FE preservada (> 40%), el candesartán
inhibe la actividad nerviosa simpática y mejora la
función ventricular, disminuyendo las concentraciones
plasmáticas de noradrenalina y el volumen
telediastólico ventricular izquierdo97. Todas
estas acciones del candesartán podrían explicar sus
efectos beneficiosos en los pacientes del estudio CHARM.
-- Acciones
antiarrítmicas. En un modelo de fibrilación
auricular (FA) inducido en perros sometidos a estimulación
auricular rápida, la A-II producía un acortamiento
del período refractario auricular y la pérdida de la
acomodación de la refractariedad a la frecuencia cardiaca;
estos efectos se inhiben con candesartán y
captopril98. Además, el candesartán
disminuía la fibrosis auricular, mejoraba la velocidad de
conducción intraauricular y acortaba la duración de
los episodios de FA, lo que sugería que podría
prevenir el remodelado estructural auricular99. En un
estudio pionero, Madrid et al100 demostraron que el
irbesartán reducía las recurrencias en pacientes con
FA persistente tratados con amiodarona y resultados similares se
han obtenido en pacientes hipertensos tratados con
losartán101 y en pacientes con IC tratados con
candesartán102 o valsartán103.
Sin embargo, los resultados de estos 3 últimos estudios
fueron analizados a posteriori, por lo que necesitamos disponer de
resultados en estudios diseñados específicamente para
analizar el efecto de los ARA-II en pacientes con FA.
Con el fin de
conocer si los ARA-II eran capaces de modificar el remodelado
eléctrico cardiaco, nuestro grupo ha estudiado los efectos
de diversos ARA-II en las corrientes de salida de K:
transitoria-Ito, componentes ultrarrápido
(IKur), rápido (IKr) y lento
(IKs) de la corriente rectificadora
tardía100,104-106. Los resultados obtenidos (fig.
4A) indican que cada ARA-II presenta un perfil de bloqueo distinto
de las corrientes de potasio repolarizantes humanas y que sus
efectos no pueden atribuirse al bloqueo de los receptores
AT1. Esta última afirmación se basa en 3
hechos: no había A-II en el medio, no se observaba una
relación entre la potencia para bloquear los receptores
AT1 y la necesaria para bloquear las corrientes de K y
algunos ARA-II ejercían acciones opuestas en algunas
corrientes iónicas (losartán y E-3174 sobre la
IKr). Sorprendentemente, el irbesartán bloqueaba
selectivamente las 2 corrientes, Ito e IKur,
que determinan la repolarización auricular, mientras que no
modificaba las corrientes IKr e IKs; este
perfil permitiría explicar sus efectos en la FA
crónica100 y predecir que su riesgo
proarrítmico ventricular debería ser mínimo.
También comprobamos que estos cambios tenían su
traducción in vivo y que, de nuevo, los ARA-II se
comportaban de forma bien distinta. Así, candesartán
y telmisartán prolongaban la duración de los
potenciales de acción ventriculares a frecuencias lentas;
pero al aumentar la frecuencia de estimulación el efecto del
candesartán persistía, mientras que el del
telmisartán desaparecía (reverse
use-dependence) (fig. 4B). Estos efectos
electrofisiológicos, unidos a sus propiedades
vasodilatadoras, antiagregantes y profibrinolíticas, avalan
la posible utilización de los ARA-II en pacientes con
FA.
Fig. 4. A: efectos de diversos antagonistas de los receptores
de la angiotensina II en las corrientes de salida de potasio que
determinan la repolarización cardiaca. Corriente
transitoria-Ito, componentes ultrarrápido
(IKur), rápido (IKr) y lento
(IKs) de la corriente rectificadora tardía. B:
efectos del candesartán y el eprosartán en los
potenciales de acción registrados en músculos
papilares ventriculares estimulados a 2 frecuencias de
estimulación, 1 y 4 Hz.
DIFERENCIAS EN SUS
PROPIEDADES FARMACOCINÉTICAS
Las principales
características farmacocinéticas de los ARA-II se
resumen en la tabla 43,4,8-15,107.
El
candesartán cilexetil es un profármaco que se
hidroliza rápidamente en la pared intestinal y en el
hígado ya es un metabólito activo
(candesartán). La absorción es rápida y
alcanza concentraciones plasmáticas máximas
(Cmáx) a las 3-4 h de su administración.
Se une a proteínas plasmáticas en un 99%, presenta
una semivida de 9 h y se elimina sin biotransformar por vía
renal (56%) y fecal (26%); el resto (17%) se biotransforma en el
hígado por el citocromo P450 CYP2C9 en metabólitos
inactivos. En ancianos aumentan (50-80%) las Cmáx
y el área bajo la curva de los valores plasmáticos
(AUC), aunque ello no parece tener repercusión
clínica. En pacientes con insuficiencia renal (aclaramiento
de creatinina [Clcr] < 30 ml/min) o con insuficiencia
hepática leve o moderada, aumentan las
Cmáx, por lo que se recomienda reducir la dosis
inicial de candesartán a 2 mg/día.
El
eprosartán se absorbe de forma incompleta por vía
oral (biodisponibilidad 15%), alcanzando su Cmáx
al cabo de 1-2 h. Se une en un 98% a proteínas
plasmáticas y presenta una semivida de 5-7 h. El
fármaco no se biotransforma por el sistema citocromo P450,
por lo que un 90% de la dosis administrada se elimina sin modificar
por heces y un 10% por vía renal. Sus Cmáx
aumentan en pacientes con insuficiencia renal grave
(Clcr < 30 ml/min) y con insuficiencia
hepática.
El
irbesartán se absorbe de forma rápida y completa por
vía oral y su biodisponibilidad (60-80%) no se modifica por
alimentos, antiácidos o cimetidina, alcanzando su
Cmáx al cabo de 1,5-2 h. Se une en un 95% a
proteínas plasmáticas y se biotransforma en el
hígado, donde sufre procesos de oxidación (citocromo
P450 CYP2C9) y glucuronización. Presenta una semivida
de 15-17 h y se elimina en forma de metabólitos inactivos
por la bilis (80%) y la orina (20%). No es necesario reajustar la
dosis en pacientes con insuficiencia renal o hepática
moderada, aunque se recomienda reducir la dosis inicial en
pacientes ancianos.
El
losartán se absorbe bien por vía oral, pero sufre un
importante efecto de primer paso hepático, por lo que su
biodisponibilidad es sólo del 33%, y alcanza su
Cmáx al cabo de 1 h. Se une en un 99% a
proteínas plasmáticas y se biotransforma
rápidamente en el hígado por el citocromo P450 (CYP
3A4 y CYP 2C9); el 14% de la dosis administrada se convierte en un
metabólito activo, el E-3174. Éste alcanza su
Cmáx al cabo de 2-4 horas y presenta un
aclaramiento renal más lento (0,4 frente a 1,1 ml/s) y una
semivida más prolongada (9 h) que el losartán, por lo
que es la causa de muchas de las acciones de éste. El
losartán se elimina por vía biliar (~65% en
heces) y por secreción tubular renal (35%), aunque menos del
5% se encuentra de forma inalterada en orina. En pacientes con
cirrosis hepática, las concentraciones de losartán y
E-3174 son, respectivamente, 5 y 1,7 veces mayores que en sujetos
sanos, por lo que se recomienda reducir la dosis de losartán
a la mitad; sin embargo, no es necesario reajustar la dosis en
pacientes con la insuficiencia renal.
El
olmesartán medoxomil es un profármaco que en la pared
intestinal sufre una rápida desesterificación y se
convierte en su metabólito activo, el olmesartán.
Presenta una biodisponibilidad oral del 25%, y alcanza por esta
vía su Cmáx al cabo de 2 h. Se une en un
99% a proteínas plasmáticas, se excreta sin
biotransformar por vía biliar (50-65%) y renal (35-50%) y
presenta una semivida de unas 14 h.
El
telmisartán se absorbe rápidamente por vía
oral (biodisponibilidad = 43%), alcanza su Cmáx
al cabo de 0,5-1 h. Se une en un 99% a proteínas
plasmáticas y se biotransforma en el hígado en
metabólitos inactivos; el 98% de la dosis administrada se
elimina por vía fecal, por lo que no es preciso reajustar la
dosis en pacientes con insuficiencia renal moderada; su semivida es
de 24 h. En pacientes con insuficiencia hepática u
obstrucción biliar, la biodisponibilidad del
telmisartán alcanza el 100% y las concentraciones
plasmáticas aumentan marcadamente, por lo que la dosis debe
reducirse por debajo de 40 mg/día o incluso puede ser
necesario cambiar de ARA-II.
El
valsartán se absorbe bien, pero de forma muy variable, por
vía oral (biodisponibilidad ~23%); alcanza su
Cmáx al cabo de 1-2 h. Se une en un 95% a
proteínas plasmáticas y se elimina por heces (85%) y
orina (15%); su semivida es de 6-9 h. No es necesario reajustar la
dosis de valsartán en pacientes con Clcr > 20
ml/min, pero en pacientes con insuficiencia hepática leve o
moderada, la dosis diaria no deberá superar los 80
mg.
En
conclusión, existen importantes diferencias en las
propiedades farmacocinéticas de los ARA-II, aunque hasta la
fecha estas diferencias no se han traducido en cambios de
importancia clínica.
REACCIONES
ADVERSAS
En ensayos
clínicos controlados, los ARA-II presentan una excelente
tolerancia clínica; la incidencia de reacciones adversas y
de abandonos es similar a la del grupo
placebo3-5,8-15,108. No hay diferencias en la incidencia
de reacciones adversas en función de la edad, el sexo o la
dosis de fármaco y, a diferencia de los IECA, no producen
tos. Esta excelente tolerancia convierte a los ARA-II en una
importante alternativa terapéutica en pacientes hipertensos,
con DM2 o IC y explica por qué hasta la fecha no se han
descrito diferencias en la incidencia de reacciones adversas entre
los distintos ARA-II. Sin embargo, todos los ARA-II disminuyen el
tono de la AT2, la presión capilar glomerular y
el filtrado glomerular, y pueden producir un aumento en las
concentraciones plasmáticas de urea y creatinina en
pacientes con estenosis renal bilateral o con estenosis de la
arteria renal con riñón único. También
se han descrito casos aislados de edema de los labios,
periorbitario y de la lengua, aunque un reciente
metaanálisis sugiere que la incidencia real de esta
reacción puede ser muy superior a la que se
pensaba4,109. En pacientes con función renal
normal no se han encontrado diferencias en la incidencia de
hiperpotasemia entre dosis equipotentes para reducir la
presión arterial de lisinopril y valsartán, pero en
pacientes con función renal deprimida (tasa de
filtración glomerular ≤
60 ml/min/1,73 m²), la
incidencia de hiperpotasemia era mayor con el IECA110.
No se ha establecido la seguridad y eficacia de los ARA-II en
pacientes pediátricos, aunque en un estudio realizado en
niños y adolescentes hipertensos (6-16 años), las
características farmacocinéticas del
irbesartán son similares a las observadas en
adultos111.
INTERACCIONES
MEDICAMENTOSAS
Los alimentos no
modifican las concentraciones plasmáticas de
candesartán, irbesartán u olmesartán, pero
retrasan la absorción y disminuyen las
Cmáx de losartán (5-10%) y
telmisartán (10-20%); también disminuyen la
biodisponibilidad, las Cmáx y el AUC (3,5%) del
valsartán, aunque al cabo de 8 h se alcanzan concentraciones
plasmáticas similares a las obtenidas en ausencia de
alimentos. Por el contrario, los alimentos grasos aumentan las
Cmáx y el AUC de eprosartán en el 80 y el
55%, respectivamente. La incidencia de hiperpotasemia aumenta si
los ARA-II se asocian a IECA, diuréticos ahorradores de K
(espironolactona, triamtereno, amilorida), suplementos de K o
fármacos que liberan este catión (heparina). Existe
evidencia de que los antiinflamatorios no esteroideos pueden
inhibir las acciones vasodilatadoras y natriuréticas de los
ARA-II, pero éste es un aspecto poco estudiado. El efecto
antihipertensivo de los ARA-II aumenta cuando se asocian con otros
agentes antihipertensivos, y cuando se combinan con tiacidas o
diuréticos del asa contrarrestan la hipopotasemia que estos
diuréticos producen.
Candesartán, eprosartán, olmesartán y
telmisartán no se biotransforman a través del sistema
citocromo P45010,12,13,15, por lo que no presentan
interacciones clínicas con fármacos que se
metabolizan por esta vía. Las vías metabólicas
del varsartán son mal conocidas, aunque tampoco implican el
citrocromo P450. Por el contrario, losartán8 e
irbesartán9 se biotransforman a través del
CYP2C9 (y de CYP3A4 el losartán). El fluconazol inhibe este
citocromo y aumenta las concentraciones plasmáticas de
losartán y disminuye la síntesis de su
metabólito E-31748,107. La cimetidina aumenta
(18%) las concentraciones plasmáticas del losartán,
pero no las del E-3174 y no altera la semivida de ambos
fármacos, por lo que se piensa que esta interacción
carece de importancia clínica y no obliga a modificar la
pauta de tratamiento8,107. El irbesartán aumenta
(63%) el AUC del fluconazol, pero se desconoce la relevancia
clínica de esta interacción9. El
telmisartán aumenta la digoxinemia (20-49%), que debe
monitorizarse en pacientes que reciban esta combinación,
mientras que puede disminuir las concentraciones plasmáticas
de warfarina12. En un futuro próximo
deberían analizarse con mayor detalle las posibles
diferencias en las interacciones de los distintos
ARA-II.
PERSPECTIVAS
FUTURAS
Los ARA-II
inhiben los efectos fisiopatológicos de la A-II mediados a
través de los receptores AT1, independientemente
de cuál sea su vía de síntesis. Además
estimulan los receptores AT2 y exhiben propiedades
independientes del bloqueo de los receptores AT1. A lo
largo de este capítulo hemos visto que existen diferencias:
a) en la afinidad, la potencia y el tipo de bloqueo
producidos; b) en sus propiedades farmacológicas,
alguna de las cuales parece no estar relacionada con el bloqueo de
los receptores AT1, y c) en sus propiedades
farmacocinéticas. No parece, por tanto, que podamos hablar
de un efecto de clase y que posiblemente estamos ante
fármacos con propiedades distintas. Sin embargo, no
disponemos de ensayos clínicos controlados a largo plazo en
los que se haya comparado la eficacia y seguridad de los ARA-II,
por lo que desconocemos si las diferencias observadas en modelos
experimentales podrían en un futuro decidir la
selección de un determinado ARA-II en un paciente con una
afección dada. Ése es el reto futuro, realizar
estudios comparativos entre los distintos ARA-II a fin de conocer
el valor clínico de las diferencias observadas en modelos
experimentales.
Correspondencia: Dr. J.
Tamargo.
Departamento de Farmacología. Facultad de Medicina.
Universidad Complutense.
Avda. Complutense, s/n.
28040 Madrid. España.
Correo electrónico:
jtamargo@med.ucm.es
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