Artículo de revisión.
Volumen 59, Número 10, Octubre 2006
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Alteraciones del metabolismo del colágeno fibrilar en la cardiopatía hipertensiva. Situación actual y perspectivas
Begoña López Salazara; Susana Ravassa Albéniza; Teresa Arias Guedóna; Arantxa González Miqueoa; Ramón Querejetab; Javier Díez Martínezc
a Área de Ciencias Cardiovasculares. Centro para la Investigación Médica Aplicada. Universidad de Navarra. Pamplona. Navarra. España. b Servicio de Cardiología. Hospital Universitario Donostia. San Sebastián. Guipúzcoa. España. c Área de Ciencias Cardiovasculares. Centro para la Investigación Médica Aplicada. Universidad de Navarra. Pamplona. Navarra. España. Departamento de Cardiología y Cirugía Cardiovascular. Clínica Universitaria. Universidad de Navarra. Pamplona. Navarra. España.
Rev Esp Cardiol. 2006;59:1047-57.
La hipertensión arterial causa una serie de cambios en la composición del tejido cardiaco que dan lugar al remodelado estructural del miocardio. Dicho remodelado es la consecuencia de diversos procesos patológicos mediados por factores mecánicos, factores neurohormonales y citocinas que afectan al compartimento cardiomiocitario y no cardiomiocitario del miocardio. Uno de esos procesos está relacionado con la disrupción del equilibrio entre la síntesis y la degradación de las moléculas de colágeno tipo I y tipo III, que da lugar a una excesiva acumulación de fibras de colágeno tipo I y tipo III en el espacio intersticial y perivascular del miocardio. La relevancia clínica de la fibrosis miocárdica radica en que contribuye al desarrollo de complicaciones cardiacas en los pacientes hipertensos. Esta breve revisión está centrada en los mecanismos de la fibrosis
miocárdica, así como en sus consecuencias clínicas. Además, se considerarán los métodos para su diagnóstico y las principales estrategias terapéuticas que facilitan su reducción.
Palabras clave: Colágeno. Fibrosis. Hipertensión arterial sistémica. Péptidos.
INTRODUCCION
La
elevación sostenida de la presión arterial (PA) se
asocia con un incremento significativo de la morbimortalidad
cardiovascular en los pacientes hipertensos. Ello es debido a que
la hipertensión arterial (HTA) puede dañar la
estructura y alterar la función de las arterias, el
corazón, el cerebro y el riñón. Concretamente,
los pacientes con HTA están expuestos a desarrollar una
serie de alteraciones estructurales y funcionales del
corazón que constituyen la llamada cardiopatía
hipertensiva (CH). La hipertrofia ventricular izquierda (HVI)
constituye la lesión macroscópica propia de la CH,
pero en esta lesión subyacen una serie de cambios
microscópicos que configuran un cuadro denominado remodelado
miocárdico. La hipertrofia y la apoptosis de los
cardiomiocitos, la fibrosis del miocardio y la hipertrofia de la
pared de las arterias y las arteriolas intramiocárdicas
constituyen los elementos estructurales definitorios del remodelado
miocárdico presente en la CH.
BASES MOLECULARES Y CELULARES
Como otros
órganos, el corazón está compuesto por
células parenquimatosas altamente diferenciadas, los
cardiomiocitos, y por estroma constitutido por la matriz
extracelular, el fluido tisular y células mesenquimales
indiferenciadas pluripotenciales. La matriz extracelular cardiaca
está integrada principalmente por colágeno fibrilar y
no fibrilar, así como por fibras de laminina y elastina,
proteoglicanos e integrinas. Las moléculas de
colágeno fibrilar de tipo I y de tipo III son las más
abundantes en el corazón adulto y exhiben su típica
conformación de triple hélice merced a la
disposición espacial de sus 3 cadenas
polipeptídicas α
. El colágeno fibrilar
sirve de andamiaje estructural para los cardiomiocitos y la
vasculatura intramiocárdica, a la par que confiere al tejido
miocárdico la rigidez que lo hace resistente a la
deformación durante el ciclo cardiaco. Además, el
colágeno fibrilar conecta los elementos contráctiles
de los cardiomiocitos adyacentes, actuando así como un
transductor de la contracción del músculo cardiaco
hacia la cámara ventricular. Aunque en determinadas
situaciones patológicas del corazón hay un
déficit de colágeno fibrilar, la mayoría de
las cardiopatías crónicas se caracterizan por la
acumulación exagerada focal (cicatriz) o difusa (fibrosis)
de éste1.
Estudios
realizados en corazones humanos post mortem2 y en
biopsias endomiocárdicas3 muestran que la
fracción de volumen de colágeno miocárdica
(FVC, una medida de la cantidad de fibras de colágeno que
están depositadas en el miocardio) es significativamente
mayor en pacientes con CH que en sujetos normotensos de control.
Desde el punto de vista histológico, la fibrosis
miocárdica hipertensiva presenta las siguientes
características definitorias4-6: está
constituida por el depósito exagerado de fibras de
colágeno de tipo III inicialmente, y de tipo I a medida que
el proceso progresa; las fibras se disponen como haces que surcan
el intersticio y en torno a los vasos intramiocárdicos; la
acumulación de fibras no se limita al ventrículo
izquierdo y también está presente en las otras
cámaras cardiacas; y la cuantía del depósito
de fibras se relaciona inversamente con el número de
cardiomiocitos y directamente con el grado de hipertrofia de
éstos.
La prevalencia
de la fibrosis miocárdica en la CH está poco
estudiada. En un estudio en el que se establecían grados de
fibrosis a partir de la comparación de los valores de la FVC
entre sujetos normotensos sin HVI y pacientes hipertensos con HVI
se comprobó que el 11% de los pacientes presentaba una
fibrosis nula-mínima, el 58% presentaba una fibrosis
ligera-moderada y el 31% presentaba fibrosis severa (fig.
1)3. Por lo tanto, la fibrosis es una lesión
prácticamente constante en el miocardio de los pacientes con
CH.
Fig. 1.
Contenido de colágeno presente en el corazón de un
sujeto normotenso y de 3 pacientes con cardiopatía
hipertensiva. Los pacientes están clasificados según
el grado de fibrosis miocárdica: mínima (izquierda),
moderada (centro) y severa (derecha). Las secciones están
teñidas con rojo picrosirio y las fibras de colágeno
aparecen teñidas de color rojo.
MECANISMOS CAUSALES
El exceso de
fibras de colágeno miocárdico presente en la CH es el
resultado de la combinación de un incremento en la
síntesis de colágeno, por los fibroblastos y los
miofibroblastos, y una disminución o ausencia de cambio en
la degradación de éste, por las metaloproteinasas de
matriz7. Esta hipótesis se apoya en hallazgos
experimentales que muestran una sobreexpresión de los
genes8 del procolágeno de tipo I (precursor del
colágeno de tipo I)8 y una disminución de
la actividad de la colagenasa (enzima encargada de la
degradación del colágeno de tipo I)9 en el
ventrículo izquierdo hipertrofiado de las ratas
espontáneamente hipertensas (SHR). La combinación de
distintos factores (hemodinámicos, humorales,
genéticos y ambientales) puede inducir el citado
desequilibrio.
Factores
hemodinámicos
Experimentos in
vivo han demostrado que la sobrecarga crónica de
presión estimula tanto la expresión de genes como la
síntesis de proteínas de colágeno en el
miocardio, lo que favorece un exagerado depósito de fibras
de colágeno y la consiguiente fibrosis10.
Además, estudios in vitro han demostrado que la
síntesis de procolágeno de tipo I está
estimulada en los fibroblastos cardiacos con una sobrecarga
mecánica cíclica10, como la que se produce
en condiciones de HTA. Por tanto, la sobrecarga hemodinámica
del ventrículo izquierdo debida a HTA puede favorecer la
fibrosis miocárdica.
Varias
observaciones clínicas sustentan esta posibilidad. Tanaka et
al11 objetivaron que la FVC aumentaba desde el exterior
hasta el interior de la pared libre del ventrículo izquierdo
en corazones humanos hipertensos, lo que probablemente refleja el
gradiente transmural del estrés parietal. Rossi2
describió que cuando los corazones de pacientes hipertensos
se agrupaban según el peso del corazón, la FVC
aumentaba progresivamente con el peso cardiaco. Además,
había una asociación entre la severidad de la
fibrosis intersticial y la de la HVI. Por último, nuestro
grupo ha descrito que la PA sistólica y la presión de
pulso eran superiores en los pacientes con fibrosis severa que en
los pacientes con fibrosis mínima y
moderada3.
Factores
no hemodinámicos
Dos tipos de
hallazgos indican que, además de los factores
hemodinámicos, los factores no hemodinámicos
también pueden contribuir al desarrollo de la fibrosis
miocárdica en la HTA. El primero hace referencia, tal como
se ha mencionado anteriormente, a la presencia de fibrosis
miocárdica no sólo en el ventrículo izquierdo,
sino también en el ventrículo derecho4,12,
en el septo interventricular13 y en la aurícula
izquierda14, como se ha descrito en estudios post mortem
de corazones de pacientes con CH. En segundo lugar, estudios
recientes han demostrado que la capacidad del tratamiento
antihipertensivo para revertir la fibrosis miocárdica en los
pacientes hipertensos es independiente de su eficacia
antihipertensiva15,16. Por tanto, la visión
actual es que el desarrollo de la fibrosis miocárdica puede
ser consecuencia también del predominio de los factores
humorales que estimulan sobre los factores humorales que inhiben el
metabolismo del colágeno fibrilar (tabla 1)7.
Entre aquellos destacan los agonistas del sistema
renina-angiotensina-aldosterona (SRAA).
En efecto, en
estudios clínicos en los que se inhibía la enzima de
conversión de la angiotensina (ECA)15,17 o se
bloqueaba el receptor de la angiotensina II (ANG II) de tipo 1
(r-AT1)16,18 se ha puesto de manifiesto la
importancia de la ANG II en el desarrollo de la fibrosis
miocárdica en los pacientes con CH. De hecho, abundantes
estudios experimentales demuestran que la interacción de
este péptido con el r-AT1 ejerce múltiples
efectos profibróticos en el corazón, incluidas la
inducción de hiperplasia de los fibroblastos y la
diferenciación de los cardiomiocitos a miofibroblastos, la
activación de la síntesis de colágeno fibrilar
y la inhibición de la degradación de las fibras de
colágeno19. Por otro lado, diversos hallazgos
indican que las interacciones entre factores producidos por los
cardiomiocitos (p. ej., osteoponina), los macrófagos (p.
ej., inhibidor del activador del plasminógeno 1) y los
fibroblastos (p. ej., factor de crecimiento transformante beta)
mediarían los efectos profibróticos de la ANG
II20. Además, la fibrosis podría formar
parte de una respuesta reparadora ante la inflamación y el
estrés oxidativo inducidos por la ANG II a través de
la interacción con el r-AT1 localizado en las
células de la microvasculatura
cardiaca21.
Otro factor
humoral que puede ser importante en el desarrollo de fibrosis
miocárdica es la aldosterona. La infusión
crónica de aldosterona a ratas uninefrectomizadas y
alimentadas con una dieta rica en sodio se asocia con una marcada
acumulación de fibras de colágeno en ambos
ventrículos cardiacos22. La fibrosis cardiaca en
este modelo se previene con espironolactona, un bloqueador del
receptor mineralocorticoide23, por lo que el mecanismo
fibrótico de la aldosterona comportaría su
interacción con dicho receptor presente en los fibroblastos
cardiacos y en los miofibroblastos24. Además, la
activación del receptor mineralocorticoide puede facilitar
las acciones profibróticas de la ANG II a través de
la regulación al alza de la expresión de los
r-AT125. Es interesante señalar que
las acciones profibróticas de la aldosterona parecen ser
independientes de la PA, puesto que el bloqueo del receptor
mineralocorticoide con eplerenona reduce la fibrosis
miocárdica que se produce en ratones con una sobrecarga
crónica de presión en ausencia de cambios
significativos de la PA sistémica26.
Factores
genéticos y ambientales
Algunos
hallazgos señalan que los factores genéticos tienen
un papel en la modulación de la fibrosis miocárdica
hipertensiva. Se ha identificado un marcador microsatélite
para el gen de la ECA en la rata, que permite diferenciar los
alelos de dicho gen y su asociación con diferentes grados de
actividad de la enzima en el plasma27. En las ratas que
portan el alelo B se han observado grados más altos de
actividad del ECA en el ventrículo izquierdo y un
desarrollo de fibrosis ventricular más extenso en respuesta
al isoproterenol que en las ratas que portan el alelo L tratadas
con el mismo compuesto28. Por otro lado, en un estudio
reciente29, nuestro grupo analizó la influencia
del polimorfismo A1166C del gen del r-AT1 sobre la
capacidad del losartán para inhibir la síntesis del
colágeno de tipo I y para revertir la fibrosis
miocárdica en pacientes con CH. Los pacientes fueron
genotipificados para este polimorfismo y divididos en 2 subgrupos:
AA y AC/CC. La síntesis de colágeno era
significativamente mayor y disminuía más con el
tratamiento con losartán en los pacientes AA que en los
pacientes AC/CC. Aunque las bases moleculares de esta
asociación no están muy claras, es posible que
estén relacionadas con cambios en la actividad cardiaca del
SRAA.
Del mismo modo
que se sabe que la ingesta exagerada de sodio facilita el
desarrollo de la HVI en los animales y los humanos con HTA,
independientemente de sus efectos sobre la PA, hallazgos
experimentales recientes indican que ello podría ser
aplicable también a la fibrosis miocárdica. En
efecto, en un estudio reciente se observó que el incremento
en la ingesta de sodio se acompañaba del desarrollo de
fibrosis miocárdica biventricular en las ratas SHR, pero no
en las ratas normotensas Wistar-Kyoto; además, no
había asociación entre la elevación de la PA y
el aumento de la FVC en las ratas SHR30. Estas
observaciones ponen de manifiesto el potencial fibrótico
miocárdico de la interacción entre el sustrato
genético hipertensivo y los factores exógenos
comúnmente ligados a la HTA.
CONSECUENCIAS CLINICAS
Como se muestra
en la figura 2, la fibrosis miocárdica puede contribuir a la
disfunción ventricular, a la disminución de la
reserva coronaria y a las arritmias ventriculares que afectan
adversamente al pronóstico cardiovascular de los pacientes
con CH31.
Fig. 2.
Mecanismos por los que la
fibrosis miocárdica contribuye a las complicaciones de la
cardiopatía hipertensiva.
Disfunción ventricular
El contenido de
colágeno del miocardio le confiere una resistencia al
estiramiento (rigidez) durante la diástole32.
Asimismo, la elastancia del miocardio durante la contracción
depende inversamente del contenido de colágeno32.
Diversos estudios clínicos y experimentales han demostrado
que la fibrosis incrementa la rigidez y reduce la elastancia del
tejido miocárdico33. En concreto, se admite que
un incremento del doble o del triple en la FVC influye de manera
adversa en la rigidez diastólica (favoreciendo la
disfunción diastólica), mientras que un aumento de 4
veces o más de la FVC se asocia con un aumento adicional de
la rigidez diastólica y una disminución de la
elastancia sistólica (favoreciendo la disfunción
sistólica).
Varios hallazgos
clínicos apoyan este planteamiento. Recientemente, nuestro
grupo ha demostrado que hay una asociación directa entre el
contenido de colágeno miocárdico y la rigidez de la
cámara ventricular izquierda en pacientes con CH (fig. 3A),
y que la regresión de la fibrosis severa inducida por el
losartán en estos pacientes se acompaña de la
disminución de la rigidez miocárdica18.
Sugihara et al34 hallaron que la FVC era el factor que
más significativamente se relacionaba con la
disfunción diastólica en los pacientes hipertensos, y
Brilla et al15 observaron que la disminución de
la FVC tras el tratamiento crónico con el inhibidor de la
ECA lisinopril se acompañada de la mejoría en la
función diastólica ventricular izquierda en pacientes
con HTA. Tanto nuestro grupo35 (fig. 3B) como el de
McLenachan y Dargie36 han descrito una asociación
inversa entre la FVC y la fracción de eyección (FE)
en los pacientes con CH. Finalmente, en estudios efectuados en
pacientes con insuficiencia cardiaca atribuible a la CH se ha
observado que hay una asociación entre la reducción
de la fibrosis miocárdica y la mejoría de la
función cardiaca de los pacientes37.
Fig. 3.
A.
Correlación directa de la fracción de volumen de
colágeno (FVC) con la rigidez de la cámara
ventricular izquierda (KVI), en los pacientes con
cardiopatía hipertensiva. B. Correlación inversa de
la fracción de volumen de colágeno (FVC) con la
fracción de eyección (FE) en los pacientes con
cardiopatía hipertensiva. Panel A tomado de Díez et
al18. Panel B tomado de Querejeta et
al35.
Disminución de la reserva coronaria
Los pacientes
con CH pueden presentar síntomas y signos de isquemia
miocárdica, aunque angiográficamente las arterias
coronarias sean normales38. La reducción de la
reserva coronaria es, probablemente, la causa de la isquemia
miocárdica en esos casos39.
En la CH se han
descrito alteraciones funcionales y estructurales de la
microcirculación coronaria que pueden estar relacionadas con
la disminución de la reserva coronaria, incluidas la
disfunción endotelial, el engrosamiento de la capa media con
reducción de la luz y la acumulación de fibras de
colágeno en la región periarteriolar40. Se
ha publicado que el tratamiento crónico con el inhibidor de
la ECA perindopril induce en los pacientes hipertensos un
incremento de la reserva coronaria que se asocia con una
regresión significativa de la fibrosis periarteriolar y con
una ligera, aunque no significativa, reducción de la
hipertrofia de la capa media arteriolar18.
La importancia
del colágeno periarteriolar en el compromiso de la reserva
coronaria queda demostrado por los estudios experimentales de
Isoyama et al41, en los que se observó que la
normalización de la PA después de desclampar la aorta
indujo la regresión de la hipertrofia de la capa media
arteriolar, pero la normalización de la reserva coronaria
sólo se consiguió tras la inhibición de la
acumulación de colágeno en la adventicia con
β
-aminopropinitrilo. Por tanto, se puede asumir que la fibrosis
perivascular es un factor limitante de la distensibilidad de los
vasos intramiocárdicos en los pacientes con CH.
Arritmias
ventriculares
Estudios
epidemiológicos, como el de Framingham42, han
puesto de manifiesto una alta incidencia de arritmias ventriculares
en los pacientes con CH. Las arritmias se asocian con una mayor
mortalidad en estos pacientes, incluida la muerte
súbita.
McLenachan y
Dargie36 analizaron las posibles correlaciones de las
arritmias ventriculares en pacientes con CH y encontraron que los
pacientes con arritmias tenían valores superiores de masa
ventricular izquierda y FVC que los pacientes sin arritmias. La FE
y el número de vasos coronarios con estenosis significativa
(> 50%) eran similares en los 2 grupos de pacientes. Por tanto,
la alta incidencia de arritmias en pacientes con CH no puede
atribuirse excluyentemente a la coexistencia de enfermedad arterial
coronaria, o a la disfunción ventricular, y puede estar
relacionada con la fibrosis y con los cambios fenotípicos
adaptativos de los cardiomiocitos asociados con la HVI.
La fibrosis
podría causar arritmias tanto a través de un
desacoplamiento anatómico debido a la heterogeneidad
miocárdica como a través de un mecanismo de reentrada
generado por la propagación en zigzag de la onda
transversa43.
ENFOQUE DIAGNOSTICO
Debido a los
efectos adversos cardiacos que la fibrosis miocárdica puede
tener para los pacientes con CH, su evalución puede ser de
ayuda en el diagnóstico del remodelado miocárdico de
estos pacientes, así como en el establecimiento de su
pronóstico. Además, poder evaluar la fibrosis puede
ser útil al valorar los efectos del tratamiento
antihipertensivo sobre el remodelado.
Diagnóstico histológico
Dado que la
fibrosis miocárdica es una lesión
histopatológica, el método diagnóstico
más fiable sería la biopsia endomiocárdica. En
términos generales, el procedimiento de la biopsia
endomiocárdica no presenta complejidad técnica y es
clínicamente seguro para el paciente44. Esta
afirmación es especialmente relevante si tenemos en cuenta
que se ha demostrado que la fibrosis existente en el tabique
interventricular es representativa de la que hay en la pared libre
del ventrículo izquierdo13, por lo que biopsiar
el tabique desde el ventrículo derecho tras acceder a
él por vía venosa disminuye aún más el
riesgo de complicaciones. No obstante, hay que reconocer que la
biopsia endomiocárdica es una metodología invasiva
que, por sus exigencias técnicas, presenta limitaciones
obvias para su aplicación a gran escala.
Diagnóstico por métodos de imagen
La
caracterización ultrasónica del tejido
miocárdico permite la identificación y la
caracterización del estado físico de éste a
través del análisis de las interacciones entre los
ultrasonidos y el propio tejido. Esta técnica está
basada en el principio de que la interacción de las ondas de
ultrasonido con el tejido normal da lugar al reflejo de unas
señales ultrasónicas que presentan unas determinadas
características que se pueden cuantificar (p. ej., mediante
el tissue-integrated backscatter), lo que permite definir la
estructura y las cualidades funcionales del miocardio. Estas
características difieren de las que se observan cuando los
ultrasonidos interactúan con tejido anormal, como el
fibroso45. En este contexto, recientemente se ha
mostrado una asociación entre las alteraciones en la
ecorreflectividad, en forma de disminución de la
variación cíclica de la señal de
backscatter, y el incremento de la FVC en el corazón de
los pacientes con CH46,47. Sin embargo, la
reproducibilidad de la información proporcionada por esos
métodos es cuestionable. Además, debido a su alto
coste, su uso en la práctica clínica habitual
estaría restringido a los centros en los que dichos
métodos estuvieran disponibles.
La resonancia
magnética (RM) es otra técnica prometedora para la
caracterización de la composición del miocardio,
especialmente la caracterización obtenida con gadolinio, que
se ha validado y parece ser útil para la
cuantificación de la fibrosis no isquémica. En un
estudio realizado en pacientes con miocardiopatía
arritmogénica ventricular derecha se ha observado una
correlación entre los parámetros medidos con esta
técnica y la fibrosis miocárdica, determinada
histológicamente48. También se ha
demostrado la utilidad de la RM para detectar la fibrosis presente
en la enfermedad endomiocárdica49.
Diagnóstico bioquímico
En los
últimos años se han desarrollado métodos
alternativos a los anteriores basados en la determinación
inmunoquímica de los péptidos derivados del
metabolismo del colágeno de tipo I y de tipo III presentes
en la sangre (tabla 2). De todos los péptidos estudiados,
sólo uno, el propéptido carboxiterminal del
procolágeno de tipo I (PICP), reúne los requisitos
para considerarlo tanto un índice circulante de la
síntesis cardiaca de colágeno de tipo I como un
biomarcador de la fibrosis
miocárdica50.
El fundamento de
este método es el siguiente (fig. 4): los fibroblastos y los
miofibroblastos cardiacos secretan al espacio intersticial la
molécula precursora procolágeno de tipo I. Dicho
precursor es convertido en la molécula final formadora de
fibra, colágeno de tipo I, merced a la acción de
proteinasas específicas que hidrolizan los péptidos
terminales del precursor. En concreto, una carboxipeptidasa
específica hidroliza el PICP que, a través del
sistema venoso y el sistema linfático cardíacos, es
vertido a la circulación sistémica. Por cada
molécula de procolágeno de tipo I que se transforma
en una molécula de colágeno de tipo I aparece una
molécula de PICP en la sangre, donde se puede detectar
mediante un RIA o un ELISA específicos.
Fig. 4.
Formación y paso a la sangre del propéptido
carboxiterminal del procolágeno tipo I (PICP) liberado
durante la conversión del procolágeno de tipo I en
colágeno de tipo I. Tomada de López et
al50.
PICP: propéptido carboxiterminal del procolágeno tipo
I.
En estudios piloto realizados por nuestro grupo se ha demostrado
que la concentración sérica de PICP se encuentra
anormalmente incrementada en pacientes con CH3 y en las
ratas SHR51, y que en ambos casos la
concentración sérica de dicho péptido se
correlaciona directamente con la FVC (fig. 5A). Recientemente hemos
demostrado que la concentración de PICP aumenta de manera
progresiva con la evolución de la CH, alcanzándose la
concentración más elevada en los pacientes con IC y
existiendo una correlación directa con el contenido
miocárdico de colágeno de tipo I35.
Además, en este mismo estudio hemos probado el origen
cardiaco del PICP, dado que en los pacientes hipertensos hay un
gradiente entre los valores de PICP medidos en sangre coronaria y
los determinados en sangre periférica (fig. 5B), así
como una correlación directa y altamente significativa entre
ambos. Finalmente, en otros estudios hemos descrito que los valores
de PICP y la cuantía de la fibrosis miocárdica se
modifican paralelamente con el tratamiento antihipertensivo, tanto
en ratas SHR7 como en pacientes con CH y función
cardiaca normal16,18, y en pacientes con CH e
IC37. Aunque preliminares, estos datos indican que el
PICP presente en la sangre periférica de los pacientes con
CH es esencialmente de origen cardiaco y que se trata de un
índice fiable de la cuantía de fibras de
colágeno de tipo I presentes en el miocardio, así
como de los cambios inducidos por el tratamiento en la
cuantía de la fibrosis.
Fig. 5.
A.
Correlación directa de la fracción de volumen de
colágeno (FVC) con la concentración sérica del
propéptido carboxiterminal del procolágeno de tipo I
(PICP) medido en sangre periférica. B. Correlación
directa de la concentración sérica del PICP medido en
seno coronario y en sangre periférica. Panel A tomado de
Querejeta et al3. Panel B tomado de Querejeta et
al35.
Del mismo modo que los péptidos natriuréticos
cerebral y atrial se consideran biomarcadores de disfunción
sistólica en los pacientes con insuficiencia cardiaca,
sería interesante explorar si el PICP puede tener valor como
biomarcador de daño estructural miocárdico en esos
mismos pacientes. Así se infiere de la observación de
que la concentración sérica de PICP es
significativamente superior en los pacientes con CH e insuficiencia
cardiaca y FE deprimida que en los pacientes con FE
preservada52. Sin embargo, dicha diferenciación
no sería válida para pacientes con insuficiencia
cardiaca de otras etiologías, principalmente
cardiopatía isquémica53.
ASPECTOS TERAPEUTICOS
Es posible que haya llegado el momento de proponer que el
tratamiento dentes hipertensos no se centre exclusivamente en la
normalización de la PA, si no que tenga también como
objetivo prevenir o corregir las alteraciones estructurales y
funcionales de los órganos diana de la HTA. En
relación con la CH, la Sociedad Europea de
Hipertensión y la Sociedad Europea de Cardiología
establecen en sus guías para el tratamiento de la
hipertensión que «los estudios futuros deberían
investigar los efectos inducidos por tratamiento sobre el contenido
de colágeno y la fibrosis en la pared del ventrículo
izquierdo, en lugar de centrarse sólo en la
masa»54. Desde esta perspectiva, los
fármacos con capacidad para reparar la fibrosis
miocárdica serán, fundamentalmente, los que
restablezcan el equilibrio entre los factores que estimulan y los
factores que inhiben el metabolismo de las moléculas de
colágeno de tipo I y de tipo III55.
Hallazgos con fármacos antihipertensivos
Este concepto cardiorreparativo se ha probado
clínicamente en varios estudios prospectivos de
tamaño limitado en los que se han utilizado biopsias para
cuantificar la fibrosis miocárdica. Brilla et
al15 demostraron que el tratamiento de pacientes con CH
con lisinopril reduce la fibrosis miocárdica
independientemente del control de la PA y la regresión de la
HVI, mientras que el tratamiento con hidroclorotiacida no tiene tal
efecto. La disminución de la fibrosis se asocia con la
mejoría de la función diastólica del
ventrículo izquierdo. Nuestro grupo ha demostrado que un
año de tratamiento con losartán se asocia con la
disminución de la concentración sérica de PICP
y con la reducción de la FVC en los pacientes con
CH18. Sin embargo, los pacientes tratados con amlodipino
no muestran cambios significativos en ninguno de los 2
parámetros, a pesar de una eficacia antihipertensiva
similar16. En un estudio posterior hemos observado que
la capacidad del losartán para inducir la regresión
de la fibrosis severa en los pacientes con CH es independiente de
su capacidad para reducir la PA o la masa ventricular izquierda, y
se asocia con la disminución de la rigidez de la
cámara ventricular18. En conjunto, estos datos
confirman lo observado en las ratas SHR, en las cuales se ha
comprobado que la interferencia farmacológica de las
acciones y la producción de ANG II es efectiva en la
regresión de la fibrosis cardiaca, con independencia de su
efecto antihipertensivo8,56.
Recientemente, hemos descrito que los pacientes con CH e IC
tratados de manera crónica con torasemida presentan una
disminución mayor de la concentración sérica
de PICP y de la FVC, y una mejoría mayor de la clase
funcional que los pacientes tratados con furosemida (fig.
6)37. Es interesante señalar que, a diferencia de
la furosemida, la torasemida posee la capacidad de inhibir la
secreción adrenal de aldosterona57 y su
unión al receptor mineralocorticoide58,
así como de disminuir la extracción cardiaca de
aldosterona en los pacientes con insuficiencia
cardiaca59. A partir ello podría hipotetizarse
que sus efectos sobre la fibrosis cardiaca se ejercen a
través de una cierta inhibición de las acciones
profibróticas de la aldosterona.
Fig. 6.
Efectos del tratamiento crónico con torasemida o con
furosemida sobre la fracción de volumen de colágeno
(FVC), la concentración sérica del propéptido
carboxiterminal del procolágeno de tipo I (PICP), y la clase
funcional (según la clasificación de la New York
Heart Association) en pacientes con insuficiencia cardiaca. Los
datos se presentan como media ± error estándar de la
media. Las columnas oscuras y las claras representan los valores
antes y después del tratamiento, respectivamente. Adaptada
de López et al37.
Hallazgos
con otros compuestos
En diversos trabajos experimentales se han examinado estrategias
terapéuticas alternativas para reducir la fibrosis
miocárdica. Así, se ha demostrado que el tranilast
(ácido N-[3,4-dimetiltoxicinamoil]
antranílico)60 y el Ac-SDKP
(N-acetil-seril-aspartil-lisil-prolina)61 reducen
la inflamación y la fibrosis cardiacas en ratas con
hipertensión experimental, a través de mecanismos
probablemente relacionados con la inhibición del TGF-β.
También se ha observado que los fenofibratos, activadores
del PPAR-α, reducen la fibrosis miocárdica en ratas
con hipertensión inducida por mineralocorticoides,
probablemente a través de la inhibición de la
liberación de mediadores inflamatorios asociados con la
vía de señalización del
NF-κB62. Finalmente, se ha demostrado que el
MG132, un inhibidor del proteasoma, suprime la expresión de
moléculas de colágeno en fibroblastos aislados y
reduce la fibrosis miocárdica en ratas SHR63.
Aunque el conjunto de estos hallazgos abre nuevas perspectivas para
el tratamiento de la fibrosis miocárdica, hacen falta
estudios adicionales para proponer su uso terapéutico en la
CH.
Hallazgos con otros procedimientos
Recientemente, se ha descrito que la resincronización
cardiaca reduce la FVC en pacientes con IC de etiología
diversa64. En otro estudio recién publicado se
describe que los efectos beneficiosos de la resincronización
sobre la morfología, la función y el rendimiento
cardiacos se asocian con la disminución de la
concentración sérica de PICP en los pacientes con
IC65. Quedan por aclarar los mecanismos precisos por los
que la resincronización reduce la síntesis y el
depósito de colágeno de tipo I en el miocardio de
estos pacientes.
Por otra parte, en estudios experimentales se ha demostrado que
la inyección intracardiaca de células madre
mesenquimales humanas reduce la fibrosis en animales con infarto de
miocardio66, probablemente a través de la
liberación de factores que inhiben el metabolismo del
colágeno fibrilar67.
CONCLUSIONES
La fibrosis del miocardio forma parte del sustrato
histomorfológico de la CH. Los datos disponibles indican que
el SRAA interviene de forma determinante en el desarrollo de la
fibrosis miocárdica en la CH. La fibrosis puede contribuir a
la transición de la HVI a la insuficiencia cardiaca en los
pacientes hipertensos, así como al desarrollo de otras
complicaciones propias de la CH. Desde esta perspectiva, en el
tratamiento clínico de dichos pacientes debe plantearse algo
más que el diagnóstico y la normalización de
la HTA y la HVI. Una aproximación más completa
sería la de plantear medidas dirigidas también a
detectar y tratar la fibrosis miocárdica. Algunas evidencias
preliminares indican que la medida del PICP sérico puede ser
útil para diagnosticar la fibrosis miocárdica en los
pacientes con CH. Por otra parte, ya hay evidencias que demuestran
que el objetivo de reducir la fibrosis miocárdica es
alcanzable en los pacientes con CH, principalmente mediante el uso
de fármacos que interfieren con el SRAA. En conjunto, toda
esta información sienta las bases para la realización
de ensayos clínicos amplios y de larga duración
dirigidos a aclarar si el diagnóstico y la regresión
de la fibrosis miocárdica contribuyen a mejorar el
pronóstico y la evolución de los pacientes con
CH.
Correspondencia: Dr. J. Díez Martínez.
Área de Ciencias Cardiovasculares. Edificio CIMA. Facultad
de Medicina.
Pío XII, 55. 31008 Pamplona. Navarra. España.
Correo electrónico:
jadimar@unav.es
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