Puesta al día: Enfermedades cardiovasculares en la mujer (VIII).
Volumen 59, Número 10, Octubre 2006
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Tratamiento hormonal sustitutivo y enfermedades cardiovasculares
Nanette K Wengera
a Emory University School of Medicine. Chief of Cardiology. Grady Memorial Hospital. Consultant. Emory Heart and Vascular Center. Atlanta. Georgia. Estados Unidos.
Rev Esp Cardiol. 2006;59:1058-69.
A pesar de los mecanismos verosímiles desde un punto de vista biológico de la protección cardiaca y de las pruebas convincentes procedentes de los estudios observacionales realizados, que sugieren que el tratamiento hormonal posmenopáusico confiere un beneficio cardiovascular, los resultados de ensayos clínicos aleatorizados, bien diseñados y desarrollados, que han incluido a mujeres sanas y a otras con coronariopatía establecida, revelan que el tratamiento no previno los episodios cardiovasculares clínicos y se asoció con acontecimientos adversos. Los resultados del ensayo clínico efectuado con raloxifeno, modulador selectivo del receptor de estrógenos, tampoco han demostrado una disminución del número de episodios coronarios adversos. Se desconoce si el inicio más precoz de estos tratamientos,
es decir, en el momento de la menopausia, se traduciría en un resultado favorable, o si diferentes preparados hormonales, dosis más bajas o vías alternativas de administración proporcionarían algún beneficio. En la actualidad, las estrategias terapéuticas demostradas de reducción del riesgo coronario son un requisito esencial --aunque infrautilizado-- para mujeres menopáusicas; dichas estrategias incluyen intervenciones en el estilo de vida y tratamientos farmacológicos coronarios. Las características basales de las mujeres menopáusicas con coronariopatía que participaron en ensayos sobre variables cardiovasculares y tratamiento hormonal menopáusico o con raloxifeno fueron muy similares; en conjunto, los factores de riesgo cardiovascular no se controlaron de forma óptima en el momento de la inclusión de las mujeres en estos ensayos, lo que sugiere que sería apropiado aplicar intervenciones más agresivas dirigidas a
reducir el riesgo cardiovascular, con el objetivo de obtener resultados óptimos para mujeres menopáusicas con coronariopatía documentada1.
Palabras clave: Hormonas. Enfermedad cardiovascular. Coronariopatía. Mujeres.
INTRODUCCION
A pesar de los
datos procedentes de estudios observacionales que indican que el
tratamiento hormonal sustitutivo confiere un beneficio
cardiovascular sustancial y de la mejora los diversos mecanismos
(plausibles desde un punto de vista biológico) de
protección coronaria conferida por los estrógenos,
los resultados de los ensayos clínicos aleatorizados, bien
diseñados y realizados sobre prevención primaria y
secundaria con tratamiento hormonal han demostrado más
riesgo que efecto protector cardiovascular. El tratamiento hormonal
sustitutivo no previno los acontecimientos cardiovasculares
clínicos en mujeres sanas con enfermedad coronaria
establecida2-4 sino que, por el contrario, produjo un
exceso de acontecimientos adversos.
NUEVOS ENSAYOS CLINICOS FUNDAMENTALES
En el estudio
Heart and Estrogen/progestin Replacement (HERS)2, los
investigadores asignaron aleatoriamente a 2.763 mujeres
menopáusicas con una edad media de 67 años y
enfermedad coronaria establecida a un tratamiento con un
comprimido/día de estrógenos equinos conjugados
más acetato de medroxiprogesterona o a placebo, y realizaron
un seguimiento de más de 4 años. A pesar de los
cambios anticipados en la concentración sérica de
lípidos, no se detectaron diferencias significativas en las
principales variables analizadas del ensayo, los acontecimientos
coronarios totales y las 2 variables secundarias: infarto de
miocardio no mortal y muerte coronaria. Dentro de este resultado
nulo, un análisis post hoc generó preocupación
al demostrar una tendencia temporal significativa que
sugería un exceso de acontecimientos coronarios en las
mujeres que recibieron el tratamiento hormonal durante el primer
año del estudio (cociente de riesgo, 1,52), con una
tendencia hacia un menor número de acontecimientos
observados a los 3-5 años de seguimiento. Para determinar si
en los últimos años del estudio HERS esta tendencia
hacia una reducción del riesgo coronario persistiría
y se traduciría en un beneficio global del tratamiento
hormonal sobre el riesgo de acontecimientos coronarios, se
realizó un seguimiento adicional. Así, se
siguió al 93% de las mujeres supervivientes durante 2,7
años adicionales en un estudio abierto de vigilancia de
acontecimientos, el HERS II3. Se alentó a las
mujeres a continuar con el tratamiento originalmente asignado, que
finalmente siguió cerca de la mitad de mujeres. Tiene una
especial importancia el hecho de que pocas mujeres asignadas
inicialmente a placebo empezaron el tratamiento activo durante la
fase abierta de seguimiento. Al término del estudio, con un
período observacional medio de 6,8 años, incluso
después de un ajuste para posibles factores de
confusión y otros factores (utilización de aspirina,
estatinas, tabaquismo, etc.), esta pauta hormonal no redujo el
riesgo de acontecimientos coronarios en mujeres con enfermedad
coronaria establecida, con un cociente de riesgo global de 0,99.
Los resultados fueron similares entre las mujeres que cumplieron y
las que no cumplieron la asignación original del tratamiento
aleatorizado. A pesar de la ausencia de beneficios sobre los
acontecimientos coronarios o cardiovasculares secundarios, se pudo
identificar potenciales e importantes acontecimientos adversos, que
incluyeron un aumento del doble en el riesgo de tromboembolismo
venoso, sobre todo en los años iniciales del tratamiento
hormonal, y un aumento de casi el 50% en la tasa de
colecistopatía que requirió cirugía. Por lo
tanto, esta pauta de estrógenos/progestágenos no
sólo no confirió beneficios cardiovasculares, sino
que dio lugar a acontecimientos adversos significativos. El estudio
HERS puso en duda la opinión aceptada hasta entonces, ya que
los resultados no validaron los hallazgos descritos en estudios
observacionales. La asignación aleatoria al tratamiento
hormonal comparado con placebo constituyó la mayor fortaleza
del ensayo. Una observación fascinante de este estudio, que
justifica una investigación en ensayos clínicos
ulteriores, es la disminución de la incidencia de diabetes
en mujeres con enfermedad coronaria establecida asignadas
aleatoriamente al tratamiento con
estrógenos/progestágenos5.
Los datos sobre
prevención primaria derivan de un ensayo aleatorizado de
tratamiento hormonal, controlado con placebo, Women's Health
Initiative (WHI), que incluyó predominantemente a mujeres
sanas de 50 a 79 años de edad, un tercio de las cuales se
encontraba en los 50. Se asignó aleatoriamente a unas 17.000
mujeres no histerectomizadas a recibir un comprimido/día de
estrógenos equinos conjugados más acetato de
medroxiprogesterona o a placebo, y alrededor de 10.000 mujeres con
histerectomía fueron asignadas a un comprimido/día de
estrógenos equinos conjugados o placebo. En 2002,
después de un seguimiento medio de 5,2 años, se
interrumpió prematuramente el ensayo en el grupo tratado con
estrógenos/progestágenos debido al aumento inesperado
de riesgo de cáncer de mama invasivo, que superó los
límites preestablecidos. Esto se asoció con una
ausencia de beneficio sobre el riesgo global, de nuevo basado en
una puntuación preestablecida de riesgo global4,
que demostró un aumento desproporcionado del riesgo
comparado con el beneficio en mujeres que recibieron tratamiento
hormonal. Los riesgos para la salud de esta pauta hormonal
incluyeron un aumento del 26% del riesgo de cáncer de mama
invasivo, un incremento del 29% del riesgo de acontecimientos
coronarios (que fueron principalmente infartos de miocardio no
mortales), un ascenso del 41% en el riesgo de ictus y un aumento
del doble del riesgo de tromboembolismo venoso. Los beneficios
incluyeron una disminución del 37% del riesgo de
cáncer colorrectal, del 33% del riesgo de fractura de cadera
y del 24% del riesgo de fractura global, sin efectos sobre la
mortalidad total. Hay que destacar que los acontecimientos
coronarios, ictus, embolismo pulmonar y cáncer de mama
invasivo contribuyeron por igual a los acontecimientos adversos. El
mayor riesgo de infarto de miocardio se observó en el primer
año de tratamiento y el de ictus, en los primeros 2
años.
Es importante
resaltar que la mayor parte de las mujeres incluidas en el estudio
WHI no experimentaron acontecimientos adversos, es decir, se
identificó un bajo exceso de riesgo absoluto para cada
mujer. No obstante, partiendo de los datos de este ensayo puede
anticiparse que se producirá un acontecimiento adverso por
cada 100 mujeres tratadas con
estrógenos/progestágenos durante 5
años.
Las limitaciones
de este estudio incluyen tasas significativas de falta de
cumplimiento y/o abandonos; por ejemplo, tasas de abandono del 42%
en el grupo tratado con estrógenos/progestágenos y
del 38% en el grupo que recibió placebo.
En un estudio
posterior del ensayo WHI sobre calidad de vida relacionada con la
salud6 no se demostraron efectos clínicamente
significativos del tratamiento hormonal sobre las variables de
salud general, vitalidad, salud mental, síntomas depresivos
o satisfacción sexual. Sólo entre las mujeres
más jóvenes, las de 50-54 años de edad que
refirieron síntomas vasomotores basales moderados o graves,
se identificó una mejora de dichos síntomas y de las
alteraciones del sueño, pero ninguna mejora en las otras
variables de la calidad de vida relacionada con la salud. Este
parámetro de calidad de vida se evaluó en todas las
mujeres del WHI en el período basal y al cabo de un
año, y en un subgrupo a los 3 años. El estudio
Women's Health Initiative Memory (WHIMS), un ensayo complementario
del WHI efectuado en la cohorte tratada con
estrógenos/progestágenos, incluyó a 4.532
mujeres > 65 años sin demencia en el período
basal7,8. Aunque el riesgo absoluto de desarrollar
demencia era reducido, entre las mujeres que recibieron tratamiento
hormonal se identificó una probabilidad del doble de
presentarla: del 66 frente al 34%. Asimismo, en un reducido
porcentaje del grupo de mujeres que recibieron tratamiento hormonal
se identificaron declives clínicamente importantes de la
cognición. Además, en mujeres receptoras de
tratamiento hormonal se observaron disminuciones
estadísticamente significativas y clínicamente
importantes en las puntuaciones obtenidas en el Mini Mental State
Examination (MMSE) modificado. En febrero de 2004, en
función de los datos obtenidos a partir del WHI Memory
Study, la Food and Drug Administration (FDA) exigió que en
la ficha técnica se incluyera una advertencia sobre el mayor
riesgo de probable demencia en mujeres > 65 años tratadas
con estrógenos equinos conjugados más acetato de
medroxiprogesterona9. Posteriormente, la FDA,
basándose de nuevo en los datos del WHI, determinó
que el tratamiento con un preparado a base de estrógenos
más un progestágeno podría aumentar el riesgo
de un resultado anómalo de la mamografía, lo que
propició una evaluación adicional. También se
exigió al fabricante que especificara la dosis eficaz
más baja de la hormona o que mencionara que no se
había determinado dicha dosis. Partiendo de esta
información, un grupo de trabajo de los servicios
preventivos de Estados Unidos recomendó que el tratamiento
hormonal no se usara sistemáticamente para prevenir
enfermedades crónicas en mujeres menopáusicas porque
era probable que los efectos adversos del tratamiento superaran los
beneficios para la mayor parte de mujeres. De nuevo se
prestó atención a las intervenciones de eficacia
demostrada para reducir el riesgo coronario en mujeres
menopáusicas, como el abandono del tabaquismo, una dieta
cardiosaludable, la actividad física, el control del peso y
el control farmacológico de la hipertensión y la
hipercolesterolemia10,11. El informe de 2003 de la FDA
destacaba que los preparados con estrógenos y
estrógenos/progesterona no estaban aprobados como
prevención cardiovascular y entrañaban un mayor
riesgo de enfermedad cardiaca total, infarto de miocardio, ictus y
cáncer de mama. Las recomendaciones de la FDA para la
indicación aprobada del tratamiento hormonal (los
síntomas menopáusicos moderados o graves) eran que
debía prescribirse en la dosis eficaz más baja
durante el período más breve posible. La FDA
recalcaba la necesidad de nuevos estudios de investigación
para aclarar muchas preguntas sin respuesta, específicamente
para los efectos de los estrógenos o progestágenos en
dosis bajas, otros tipos de estrógenos o
progestágenos y otros métodos de
administración hormonal (p. ej., parches
transdérmicos). En el Reino Unido y Europa se realizaron
recomendaciones similares de los organismos
reguladores12,13.
¿Cuáles son los conocimientos adquiridos desde
2002?
Después
de la publicación del estudio WHI, un número
considerable de mujeres estadounidenses interrumpió el
tratamiento hormonal sustitutivo, tanto consultando como sin
consultar con sus médicos. Esto también
sucedió en países europeos en los que el uso de
hormonas era menos prevalente que en Estados Unidos. Las mujeres
que utilizaban estos tratamientos para mejorar la salud tuvieron
más probabilidades de interrumpirlos que las que los
utilizaban para el alivio de los síntomas
menopáusicos14.
El grupo del
ensayo WHI tratado con estrógenos equinos
conjugados15 se interrumpió en 2004
después de un seguimiento medio de casi 7 años,
debido a la ausencia de mejora en la puntuación
preestablecida de riesgo global. Durante el tratamiento con
estrógenos aislados se identificó un aumento del
riesgo de ictus similar al demostrado en el grupo tratado con
estrógenos/progestágenos, detectándose 12
ictus más cada año por cada 10.000 mujeres tratadas
con 0,625 mg/día de estrógenos equinos conjugados. No
se observaron efectos sobre el riesgo de cardiopatía. Se
apreció una disminución del riesgo de fractura de
cadera, una disminución no significativa del riesgo de
cáncer de mama y ninguna disminución del riesgo de
cáncer de colon. Un subanálisis reciente del grupo
tratado sólo con estrógenos mostró una mayor
tendencia hacia una disminución de los eventos coronarios en
las 2.300 mujeres más jóvenes, cuyas edades al
comienzo estaban entre los 20 y los 59 años. La incidencia
combinada del infarto de miocardio o la muerte coronaria
disminuyó en un 37%, lo que no era estadísticamente
significativo, aunque la incidencia combinada de infarto de
miocardio, muerte coronaria y necesidad de revascularización
disminuyó un 34%, una diferencia estadísticamente
significativa. Los investigadores sugieren que estos datos
deberían reafirmar a las mujeres que necesitan terapia
hormonal para tratar los síntomas de la
menopausia.
En el ensayo
Women's Angiographic Vitamin and Estrogen (WAVE), mujeres
menopáusicas con evidencia angiográfica de enfermedad
coronaria fueron asignadas aleatoriamente en un diseño
factorial de 2 x 2 a un grupo de tratamiento con un
comprimido/día de estrógenos equinos conjugados
únicamente o a estrógenos equinos conjugados
más acetato de medroxiprogesterona (en función del
estado de la histerectomía) comparado con placebo, y
también a un suplemento de vitaminas antioxidantes comparado
con placebo. Después de un seguimiento medio de 2,8
años, el tratamiento hormonal y los suplementos de vitaminas
antioxidantes no proporcionaron beneficios cardiovasculares
angiográficos o clínicos y, además, se
indicó la presencia de potenciales acontecimientos adversos
para cada modalidad de tratamiento16. Las mujeres con
tratamiento hormonal tuvieron un mayor riesgo de mortalidad e
infarto de miocardio no mortal. Un subestudio del ensayo WAVE
examinó la función vasodilatadora dependiente del
endotelio en las mujeres con enfermedad coronaria establecida. El
tratamiento hormonal no mejoró el deterioro basal de la
vasodilatación mediada por el flujo de la arteria
braquial17. En el estudio WAVE, el tratamiento hormonal
sustitutivo se asoció con una agravación de la
aterosclerosis coronaria y una exacerbación del perfil de
los marcadores inflamatorios (proteína C reactiva y
fibrinógeno) en mujeres con resultados anómalos de la
prueba de tolerancia a la glucosa18.
En el estudio
Estrogen and the Prevention of Reinfarction Trial (ESPRIT),
efectuado en el Reino Unido, 1.070 mujeres que sobrevivieron a un
primer infarto de miocardio fueron asignadas aleatoriamente para
recibir estradiol o placebo. A los 24 meses no se observó
una disminución del riesgo global de acontecimientos
cardiacos adicionales ni diferencias en la frecuencia de nuevo
infarto o muerte cardiaca. No obstante, debido al escaso
cumplimiento con el tratamiento (50%) en el grupo de
intervención y a la sustancial asignación al
tratamiento hormonal en la población de control (37%), es
difícil extrapolar los resultados de este ensayo a otras
poblaciones19.
En el ensayo
Women's Estrogen-Progestin Lipid Lowering Hormone Atherosclerosis
Regression Trial (WELLHART), que incluyó a 226 mujeres
menopáusicas con enfermedad coronaria documentada (un 50%
diabéticas y un 70% de minorías raciales o
étnicas), se compararon los datos angiográficos
basales y del seguimiento al cabo de una media de 3,3
años20. Las pacientes fueron asignadas
aleatoriamente a un grupo tratado con 17-betaestradiol, estradiol
más acetato de medroxiprogesterona secuencial o placebo. En
el estudio se añadió también un tratamiento
hipolipidemiante. No se identificó un efecto significativo
del tratamiento hormonal sobre la progresión
angiográfica de la aterosclerosis coronaria. La
concentración de colesterol unido a lipoproteínas de
baja densidad (cLDL) disminuyó hasta < 130 mg/dl con una
combinación de dieta y tratamiento con estatinas. Durante el
primer año no se identificó un aumento de los
acontecimientos coronarios adversos, aunque la potencia
estadística del ensayo fue limitada.
Las directrices
de la American Heart Association para la prevención de las
enfermedades cardiovasculares en mujeres21 designaron el
tratamiento hormonal menopáusico como intervención de
clase III, es decir, sin beneficios y con potenciales efectos
adversos. Las directrices indicaban que en mujeres
menopáusicas no debía iniciarse o continuarse un
tratamiento combinado a base de estrógenos más
progestágenos como prevención de las enfermedades
cardiovasculares. En el momento de la publicación del
informe, también recomendó que, hasta que no se
dispusiera de los resultados de los ensayos en curso, no se
iniciaran o continuaran otras formas de tratamiento hormonal
sustitutivo, como los estrógenos sin oposición, para
prevenir enfermedades cardiovasculares en mujeres
menopáusicas. Unas semanas más tarde se publicaron
los resultados para el grupo del ensayo WHI tratado sólo con
estrógenos, lo que elevó esta recomendación de
clase III a un nivel A (basado en los datos de ensayos
clínicos aleatorizados y controlados) desde su nivel C
original (es decir, basado en la opinión de los
expertos).
Puesto que los
estudios citados con anterioridad habían sido realizados
principalmente en Estados Unidos, surgieron preguntas acerca de la
generalizabilidad de estos datos a otras poblaciones. No obstante,
la Cochrane Data Base of Systematic Reviews, que abordó el
tratamiento hormonal sustitutivo como prevención de las
enfermedades cardiovasculares en mujeres
posmenopáusicas22, no identificó efectos
protectores sobre las variables cardiovasculares evaluadas:
mortalidad por cualquier causa, muerte cardiovascular, infarto no
mortal, tromboembolismo venoso o ictus. En mujeres asignadas
aleatoriamente al tratamiento hormonal se identificó una
mayor incidencia de tromboembolismo venoso, embolismo pulmonar e
ictus en comparación con placebo, lo que se tradujo en la
recomendación de que no debería iniciarse tratamiento
hormonal como prevención de los acontecimientos
cardiovasculares en mujeres menopáusicas con y sin
enfermedad cardiovascular establecida.
DATOS ADICIONALES DE LOS ESTUDIOS CLINICOS
Fisiopatología
Momento de
inicio del tratamiento hormonal
Se ha hecho un
hincapié considerable en la importancia del momento de
iniciar el tratamiento hormonal en relación con la
menopausia. En una comparación de mujeres asignadas
aleatoriamente a tratamiento hormonal o placebo según el
tiempo transcurrido desde la menopausia se comprobó que las
mujeres que iniciaron el tratamiento menos de 5 años
después de la menopausia mostraban una disminución de
los valores de presión arterial tanto sistólica como
diastólica, probablemente relacionada con una
reducción de la concentración circulante de
noradrenalina y de las resistencias vasculares
sistémicas23. El tiempo transcurrido desde la
menopausia puede representar un estadio diferente de la
aterosclerosis y el consiguiente efecto diferencial de los
estrógenos, lo que proporcionaría «una ventana
de oportunidad» para el tratamiento con estrógenos.
Además, las características basales, tanto las
reconocidas como las no determinadas, parecen desempeñar un
importante papel. En un estudio basado en la población de
mujeres suecas se demostró que un nivel más bajo de
factores de riesgo de enfermedad cardiovascular y la mayor
educación recibida se asociaban con la utilización de
hormonas, incluso después de un ajuste mediante un
análisis de regresión logística
múltiple24.
Una
revisión reciente destaca la importancia de los cambios
dependientes de la edad en la enfermedad vascular y la
farmacología de los diferentes estrógenos, en un
esfuerzo para examinar la importancia del momento y el tipo de
estrógenos con respecto a la disminución del riesgo
cardiovascular. En un intento de reconciliar las discrepancias
entre los datos observacionales y los resultados de los ensayos
aleatorizados, controlados, se ha postulado que el momento del
inicio del tratamiento hormonal después de la menopausia
puede influir en la eficacia terapéutica, con una mejora de
la salud cardiovascular al iniciar el tratamiento que
potencialmente contribuye a la cardioprotección.
Además, se ha señalado que el estradiol
transdérmico podría ser más eficaz que los
estrógenos equinos conjugados por vía oral.
También se destacan las diferencias
genéticas25.
Un
análisis combinado de 2 grandes ensayos que incluyeron a
mujeres menopáusicas jóvenes, el estudio HOPE y el
Menopause Study Group, con una cohorte combinada de 4.065 mujeres,
indicó una baja incidencia de acontecimientos coronarios y
otros acontecimientos vasculares durante el primer año de
tratamiento hormonal entre las mujeres sanas más
jóvenes. Sin embargo, la tasa de embolismo pulmonar
aumentó ligeramente. El autor sugirió que los
acontecimientos coronarios adversos tenían una menor
probabilidad de aparición en las mujeres
asintomáticas sanas más jóvenes.
Es probable que
el aumento precoz de acontecimientos cardiovasculares
después del inicio del tratamiento hormonal en mujeres
menopáusicas mayores se relacione con los efectos
proinflamatorios y/u hormonales trombogénicos. No obstante,
los datos son contradictorios. A pesar de que el inicio del
tratamiento hormonal después de un infarto de miocardio
aumentó significativamente el riesgo de angina inestable, la
mortalidad y el nuevo infarto, el tratamiento hormonal
crónico se asoció con una mejora de la supervivencia
en mujeres que recibieron una cirugía mediante bypass
coronario. También se ha señalado una mejora del
resultado con angioplastia electiva o la implantación de un
stent en mujeres tratadas con hormonas. No está claro
si estos últimos hallazgos podrían reflejar otras
características de estas pacientes. En un estudio
prospectivo realizado en mujeres con tratamiento hormonal
sustitutivo antes de cirugía mediante bypass de la
arteria coronaria no se encontró un mayor riesgo de
resultados adversos27.
Una
revisión reciente plantea algunas preguntas que suponen
verdaderos retos terapéuticos. Si aceptamos que los
resultados de los ensayos aleatorizados no han respaldado los datos
observacionales que señalan un beneficio cardiovascular del
tratamiento hormonal en mujeres menopáusicas mayores,
¿cuál es el cociente riesgo:beneficio en mujeres
más jóvenes que utilizan tratamiento hormonal para
los síntomas menopáusicos? ¿Compensan los
beneficios cardiovasculares conferidos por las hormonas en los
años perimenopáusicos sus riesgos en estas
mujeres?28.
Efectos
vasculares
Para evaluar la
vasodilatación mediada por el flujo dependiente del
endotelio se diseñó un ensayo aleatorizado que
comparaba los estrógenos equinos conjugados más
acetato de medroxiprogesterona frente al modulador selectivo del
receptor estrogénico raloxifeno en mujeres
menopáusicas. El tratamiento hormonal aumentó la
vasodilatación mediada por el flujo un 67%, sin que se
observaran cambios con respecto al período basal en el grupo
tratado con raloxifeno (p < 0,01). A pesar de que la
concentración sérica de endotelina 1 disminuyó
desde el período basal con ambos tratamientos, la diferencia
sólo fue estadísticamente significativa en el grupo
con tratamiento hormonal29. En comparación, un
ensayo en el que se asignó aleatoriamente a las mujeres a un
tratamiento con estradiol transdérmico más
noretisterona o a raloxifeno oral demostró que ambos
tratamientos disminuyeron los valores de presión arterial y
la velocidad del pulso carotídeo-femoral. Además, el
efecto de raloxifeno sobre la distensibilidad vascular fue
independiente del efecto sobre la presión
arterial30.
Efecto
sobre la concentración sérica de
lípidos-lipoproteínas
En
Taiwán, un estudio aleatorizado sobre tratamiento con
estrógenos equinos conjugados con 2 progestágenos
diferentes (dihidrogesterona comparado con acetato de
medroxiprogesterona) examinó el efecto sobre los perfiles de
lipoproteínas. Ambas pautas disminuyeron la
concentración sérica de colesterol total y del cLDL,
y aumentaron por igual las concentraciones séricas de
triglicéridos, pero en el grupo tratado con
estrógenos equinos conjugados más dihidrogesterona se
identificó un efecto más favorable sobre la
concentración de colesterol unido a lipoproteínas de
alta densidad (cHDL)31.
El aumento de la
concentración sérica del cHDL (protector) mediante el
tratamiento con estrógenos y la reducción del efecto
con la adición de los progestágenos se explican
porque los estrógenos posmenopáusicos aumentan la
tasa de producción y la concentración sérica.
Sin embargo, hay una disminución de la producción de
apo A-1 cuando se añade el
progestágeno32.
Efectos
sobre la presión arterial
Los valores de
presión arterial se estudiaron en mujeres
menopáusicas hipertensas que recibieron tratamiento hormonal
para atenuar el efecto de los síntomas menopáusicos.
Este tratamiento no se asoció con un cambio de la
presión arterial sistólica, mientras que la
presión arterial diastólica disminuyó
ligeramente. No obstante, el tratamiento se asoció con un
aumento de la necesidad de administrar fármacos
antihipertensivos durante todo el período de
seguimiento33.
Además,
el tratamiento hormonal alteró las respuestas
cardiovasculares a los factores relacionados con el estrés
determinados en el laboratorio. Así, los estrógenos
más progestágenos disminuyeron las respuestas de la
presión arterial sistólica y diastólica
durante la situación estresante de hablar en público.
Por el contrario, esto no se observó con otras pautas del
tratamiento hormonal34.
Otros
hallazgos de laboratorio
En el estudio
observacional WHI, la utilización autoevaluada de hormonas
se asoció con una concentración sérica menos
favorable de proteína C reactiva y triglicéridos,
mientras que mostró efectos favorables sobre el
antígeno polipeptídico tisular (APT), la
concentración de homocisteína y la de
cHDL35.
Enfermedad
coronaria angiográfica
Un examen
retrospectivo de los datos del cateterismo cardiaco inicial
demostró que las usuarias tanto de estrógenos como de
estrógenos/progestágenos tenían una menor
probabilidad de presentar enfermedad coronaria angiográfica
que las no usuarias. Después de un ajuste para los factores
demográficos, de riesgo coronario y las comorbilidades no se
identificó un efecto protector aparente del tratamiento
hormonal de combinación. Sin embargo, la asociación
con los estrógenos sin oposición persistió
incluso después de un ajuste para las características
de las pacientes, lo que indica que el tratamiento con
estrógenos sin oposición puede conferir efectos
protectores36.
Ictus
A pesar de que
las mujeres premenopáusicas presentan un menor riesgo de
ictus que los varones de edad similar, la incidencia de esta
complicación en mujeres aumenta considerablemente
después de la menopausia. El ictus es la tercera causa de
muerte en mujeres. Un metaanálisis de 28 ensayos
clínicos, que incluyó un total de 39.769 mujeres,
examinó la asociación entre el tratamiento hormonal
sustitutivo y el ictus posterior. El tratamiento hormonal
sustitutivo se asoció significativamente con ictus total,
ictus no mortal, ictus mortal o con discapacidad e ictus
isquémico, con una tendencia hacia un mayor número de
ictus mortales. No se identificó una asociación con
el ictus hemorrágico ni con los episodios isquémicos
transitorios. La asociación con el ictus isquémico
fue especialmente destacada y, entre las mujeres que lo
presentaron, las usuarias actuales de tratamiento hormonal tuvieron
un peor desenlace. No se detectaron diferencias entre los ensayos
sobre tratamiento con estrógenos sin oposición y las
combinaciones de
estrógenos/progestágenos37.
El
análisis de una base de datos informatizada de farmacia
señaló un mayor riesgo de ictus isquémico
asociado con el tratamiento con estrógenos equinos
conjugados que con estrógenos esterificados de forma
aislada, lo que indica que los efectos de este último
tratamiento sobre el riesgo de las variables cardiovasculares deben
seguir siendo estudiados.
El estradiol
aumentó el riesgo de ictus en el WEST (Women's Estrogen for
Stroke Trial), pero en un ensayo aleatorizado y a doble ciego, el
tratamiento con estradiol no afectó significativamente a las
variables cognitivas después de una media de 3,5
años. Entre las mujeres con resultados normales del MMSE en
el período basal, el estradiol puede reducir el riesgo de
declive cognitivo38.
La
utilización de estatinas se asoció con una
disminución de las variables relacionadas con la enfermedad
coronaria, la mortalidad por cualquier causa y la trombosis venosa
en mujeres asignadas al tratamiento hormonal de la cohorte del
HERS. Sin embargo, la utilización de estatinas no
alteró el riesgo de todos los ictus mortales, los ictus
isquémicos mortales o los ictus hemorrágicos
mortales39.
No se conocen
los mecanismos por los que el tratamiento hormonal aumenta el
riesgo de ictus40,41. Los factores potencialmente
implicados incluyen: las variables favorecedoras de las respuestas
inflamatorias, la activación del sistema de la
coagulación, los posibles efectos adversos sobre la
función endotelial en el contexto de una edad avanzada, la
hipertensión y la diabetes. Sin embargo, esto contrasta con
la mejoría producida por los estrógenos en los
perfiles de lípidos, el aumento del flujo sanguíneo
endotelial y la posibilidad de atenuar los mecanismos secundarios
de la lesión cerebral después de un ictus. Con
independencia de las hormonas, las diferencias de sexo observadas
en el cerebro también explicarían la razón de
que varones y mujeres respondan de manera diferente al tratamiento
con aspirina para la prevención del ictus.
Tromboembolismo venoso
Tanto el
tratamiento hormonal sustitutivo como los moduladores selectivos
del receptor de estrógenos (MSRE) se asocian con un aumento
de 2-3 veces del riesgo de tromboembolismo venoso. En una
revisión sistemática y un metaanálisis llevado
a cabo por el grupo de trabajo de los servicios preventivos de
Estados Unidos 42 se llegó a la conclusión
de que el riesgo de tromboembolismo venoso es mayor en el primer
año de utilización. La asociación del
tratamiento con estrógenos y progestágenos con el
tromboembolismo venoso se examinó con detalle en la Women's
Health Initiative y se investigó la relación con las
variantes genéticas basales. Comparado con placebo, el
tratamiento con estrógenos más progestágenos
duplicó el riesgo de trombosis venosa, que fue mayor en las
mujeres con sobrepeso y obesas. El factor V de Leiden
aumentó 6,69 veces el riesgo de trombosis asociado al
tratamiento hormonal, pero otras variantes genéticas no
modificaron esta asociación43. En
comparación con el tratamiento con estrógenos por
vía oral, la formulación de estrógenos en
parche transdérmico no confirió un riesgo adicional
en mujeres en las que se detectó una mutación
protrombótica, lo que sugiere todavía más la
necesidad de evaluar la tolerabilidad de los estrógenos
transdérmicos en ensayos clínicos
aleatorizados44.
La utilidad del
tratamiento hormonal en mujeres menopáusicas con una
sospecha de trombosis venosa profunda se investigó en un
estudio prospectivo de casos-controles después de un ajuste
para otros factores que podrían influir en los resultados.
El aumento del riesgo del tratamiento con estrógenos sin
oposición no fue estadísticamente significativo, pero
el tratamiento con estrógenos/progestágenos se
asoció con un riesgo doble de trombosis venosa
profunda45. Los datos de una organización de
mantenimiento de la salud de gran tamaño indicaron que los
estrógenos equinos conjugados, pero no los esterificados, se
asociaban con un mayor riesgo de trombosis
venosa46.
Una
revisión del riesgo de tromboembolismo venoso con
tratamiento hormonal menopáusico47 ha ofrecido
indicaciones para el tratamiento clínico. El riesgo de
tromboembolismo venoso es menos probable en mujeres tratadas con
estrógenos solos que en las tratadas con
estrógenos/progestágenos, sin un riesgo evidente de
tromboembolismo venoso con la utilización de la vía
transdérmica. Además, en mujeres que también
recibieron una cirugía electiva no se encontraron pruebas
convincentes de que se requiriera la suspensión del
tratamiento hormonal en el período
perioperatorio.
Síndromes coronarios agudos
El efecto del
uso de hormonas femeninas en mujeres con síndromes
coronarios agudos se investigó en los ensayos SYMPHONY y
SYMPHONY II. La utilización de hormonas fue reducida y el
tratamiento predominante consistió en estrógenos
solos. No se identificó una asociación con una mejora
de los resultados a medio plazo (90 días y un año).
En concreto, las tasas de mortalidad, ictus, infarto de miocardio y
las variables combinadas no difirieron entre usuarias de hormonas y
no usuarias48.
Arteriopatía periférica
Un detallado
análisis del ensayo clínico aleatorizado WHI, en el
que se administró tratamiento con
estrógenos/progestágenos frente a placebo,
demostró que los acontecimientos relacionados con
arteriopatía periférica clínica no difirieron
entre los grupos de tratamiento. En este estudio, para poder
clasificar un acontecimiento como relacionado con la
arteriopatía periférica se requería que el
paciente hubiera estado hospitalizado durante toda la
noche49.
En la cohorte de
mujeres menopáusicas con enfermedad coronaria documentada
del estudio HERS, la insuficiencia renal se asoció
independientemente con acontecimientos relacionados con
arteriopatía periférica. La insuficiencia renal es un
equivalente de riesgo coronario que predice la enfermedad coronaria
y el ictus, pero todavía necesitaríamos confirmar que
esta asociación es «independiente» de otros
factores y predice los acontecimientos futuros relacionados con la
arteriopatía periférica50.
Salud
psicológica
En el estudio
Women's Ischemia Syndrome Evaluation (WISE), patrocinado por el
National Heart, Lung, and Blood Institute (NHLBI), el tratamiento
hormonal se asoció sistemáticamente con una mejor
salud psicológica en mujeres de raza blanca, en las que se
observó un menor número de síntomas de
depresión y menores puntuaciones de agresividad y cinismo.
En mujeres de raza negra también se detectaron menores
puntuaciones de agresividad y cinismo. En mujeres tanto negras como
blancas con síntomas menopáusicos se observó
una mejor salud psicológica con el tratamiento
hormonal51.
Rendimiento físico
En un
pequeño estudio aleatorizado efectuado con tratamiento con
estradiol y progesterona micronizada no se identificaron ventajas
del tratamiento hormonal en el rendimiento del ejercicio
máximo después de 3 meses de
tratamiento52.
En un
subanálisis preespecificado de dicho estudio se
evaluó el efecto del tratamiento hormonal sobre el
rendimiento físico en mujeres de edad avanzada que
vivían en esa comunidad. No se identificó un efecto
estadísticamente significativo sobre la cognición o
el equilibrio, ni se observó una prevención del
declive relacionado con la edad de las variables físicas,
como la movilidad, la capacidad para levantarse de una silla, las
actividades autoevaluadas de la vida diaria y las puntuaciones de
actividad física o de caídas53.
Hallazgos
diversos
Presencia
de calcio en las arterias coronarias
En el grupo de
mujeres menopáusicas con tratamiento hormonal sustitutivo de
la cohorte del estudio de Rancho Bernardo se observó una
disminución destacada de la puntuación de calcio en
las arterias coronarias evaluada mediante tomografía
computarizada con haz de electrones (TCHE). Estos datos
sugerían un efecto antiaterogénico de este
tratamiento. Los resultados no difirieron entre usuarias de
estrógenos y estrógenos/progestágenos, y se
asociaron fuertemente con la duración del
tratamiento54. En las usuarias actuales se
identificó una disminución del 60% de la probabilidad
de calcificación severa de la arteria coronaria, y en las
que lo habían tomado, una disminución no
significativa del 30%, con una reducción del riesgo
independiente de los factores de riesgo de enfermedad coronaria. En
otras publicaciones que han analizado la relación del
tratamiento hormonal con la presencia de calcio en las arterias
coronarias se han obtenido resultados poco concluyentes. El ensayo
Healthy Women's Study (HWS) puso de relieve que la
distribución del calcio en las arterias coronarias no
difirió significativamente entre 443 mujeres tratadas o no
con hormonas que habían iniciado la menopausia 8 años
atrás. El calcio coronario se determinó mediante
TCHE. Las mujeres tratadas con hormonas presentaron concentraciones
más bajas de cLDL, pero también mostraron
concentraciones más altas de lipoproteínas de muy
baja densidad (VLDL) de gran tamaño55.
Variabilidad de la frecuencia cardiaca e intervalo
QT
El estradiol
solo y el estradiol más noretisterona no afectaron a la
variabilidad de la frecuencia cardiaca durante 24 h. Los autores
consideraron que estos hallazgos coincidían con la ausencia
de efecto cardiovascular protector del tratamiento hormonal
según lo descrito en los ensayos clínicos
aleatorizados y controlados56. En un pequeño
ensayo sobre suspensión del tratamiento con
estrógenos/progestágenos no se identificaron efectos
adversos sobre la integridad del control autónomo de la
variabilidad de la frecuencia cardiaca, lo que indica que este
tratamiento hormonal desempeña un papel limitado en la
modulación autónoma de la variabilidad de la
frecuencia cardiaca y también que las mujeres
menopáusicas asintomáticas pueden interrumpir el
tratamiento sin riesgos57.
Los datos del
estudio sobre intervención dietética de la Women's
Health Initiative (34.378 mujeres) compararon el intervalo QT del
ECG partiendo del uso actual de estrógenos sin
oposición o un tratamiento combinado a base de
estrógenos/progestágenos. El tratamiento con
estrógenos sin oposición prolongó ligeramente
la repolarización miocárdica (determinada mediante el
intervalo QT), invirtiéndose el efecto con los
progestágenos. Se desconoce el significado clínico de
estos hallazgos58.
MODULADORES SELECTIVOS DEL RECEPTOR
ESTROGÉNICO
Los moduladores
selectivos del receptor estrogénico (MSRE) son
fármacos no esteroides que se unen con una afinidad elevada
a los receptores de los estrógenos y favorecen sus efectos
específicos en diferentes tejidos. El MSRE raloxifeno, un
derivado no esteroide del benzotiofeno, ejerce efectos similares a
un agonista estrogénico sobre los huesos y sobre los
factores de riesgo cardiovascular, mientras que muestra efectos
antagonistas de los estrógenos sobre la mama y el
útero. En el ensayo clínico Raloxifene Use for the
Heart (RUTH), se estudió este fármaco para determinar
sus efectos cardioprotectores y sus efectos sobre la
prevención del cáncer de mama invasivo. En este
ensayo efectuado en 10.101 mujeres menopáusicas > 55
años con enfermedad coronaria documentada o con un riesgo
elevado de acontecimientos coronarios mayores se asignaron
aleatoriamente al grupo raloxifeno o a placebo con un seguimiento
estimado de 5-7 años59. Los moduladores
selectivos del receptor estrogénico no son apropiados para
tratar los síntomas menopáusicos, pero son eficaces
en el tratamiento y la prevención del cáncer de
mama.
El raloxifeno no
produjo efectos sobre los acontecimientos coronarios (muerte por
enfermedad coronaria, infarto de miocardio u hospitalización
por síndrome coronario agudo), pero redujo
significativamente el riesgo de cáncer de mama invasivo en
un 44%. Se identificó una disminución del riesgo de
fracturas vertebrales clínicas y un aumento del riesgo de
tromboembolismo venoso. No se detectaron diferencias en los ictus
en conjunto o en la mortalidad total, pero se observó un
aumento del riesgo de ictus mortal en el grupo tratado con
raloxifeno. Por lo tanto, el fármaco no produjo efectos
cardioprotectores en mujeres menopáusicas con un mayor
riesgo de acontecimientos coronarios60.
OTROS PREPARADOS, PAUTAS Y SISTEMAS DE DISTRIBUCION DEL
TRATAMIENTO HORMONAL
Probablemente,
el tipo de preparado hormonal administrado es importante. De hecho,
hay dudas respecto a los motivos y los mecanismos por los que
algunos preparados de progestágenos contrarrestan los
beneficios vasculares de los estrógenos. Las diferencias en
los resultados también pueden guardar relación con la
vía de administración: oral frente a
transdérmica.
Como ejemplo, un
estudio aleatorizado con un número reducido de pacientes
sobre dosis bajas comparadas con dosis convencionales de
tratamiento hormonal demostró efectos comparables sobre la
concentración de lipoproteínas, vasodilatación
mediada por el flujo y concentraciones de antígeno PAI-I.
Además, el tratamiento en dosis bajas no aumentó la
concentración de PCR o del fragmento 1 + 2 de
protrombina61. Entre otros, este estudio proporciona una
base para emprender un ensayo clínico aleatorizado con el
objetivo de investigar si el tratamiento hormonal en dosis bajas es
cardioprotector.
Otro
pequeño ensayo aleatorizado sobre tratamiento con estradiol
transdérmico y noretisterona comparado con placebo
demostró efectos beneficiosos sobre la función
vascular y los marcadores de riesgo
coronario62.
La
genisteína, un fitoestrógeno con propiedades
moduladoras selectivas del receptor estrogénico, fue
comparado con placebo en 60 mujeres menopáusicas y se
analizó su efecto sobre los marcadores de riesgo
cardiovascular. El preparado disminuyó significativamente la
concentración sérica de glucosa en ayunas, insulina
en ayunas y fibrinógeno, al igual que la
concentración de globulina aglutinante de la hormona sexual
y de osteoprotegerina63. En una revisión de los
estrógenos vegetales (conocidos como fitoestrógenos),
administrados en forma de suplementos o a través de la dieta
para reemplazar las formas tradicionales de tratamiento
estrogénico, se llegó a la conclusión de que
no se dispone de pruebas suficientes para recomendar su uso en
lugar del tratamiento tradicional con estrógenos o para
hacer recomendaciones a las mujeres acerca del uso de
fitoestrógenos específicos64.
En otro estudio
aleatorizado a pequeña escala que comparó el
tratamiento hormonal en dosis bajas (progesterona micronizada
más estrógenos equinos conjugados) con tibolona,
ambos tratamientos mejoraron de manera similar la respuesta mediada
por el flujo sin un aumento significativo de la
concentración de proteína C reactiva de alta
sensibilidad. La tibolona es un esteroide sintético con
propiedades estrogénicas, androgénicas y
progestagénicas utilizado para el alivio de los
síntomas menopáusicos y la prevención de la
pérdida ósea
menopáusica65.
PREGUNTAS SIN RESPUESTAS
No se ha
aclarado si la exposición a estrógenos
endógenos desempeña un papel significativo en las
manifestaciones retardadas de la aterosclerosis coronaria en
mujeres o si proporciona una explicación para las
diferencias en las tasas de enfermedad coronaria entre varones y
mujeres. Se ha postulado que el tratamiento hormonal exógeno
en general o las hormonas exógenas específicas no
conferirían dicho beneficio debido a los efectos
inflamatorios o protrombóticos. El potencial de los efectos
cardioprotectores de los estrógenos endógenos es la
base de las estrategias hormonales profilácticas
administradas durante los años de la menopausia.
Aunque en la
mayoría de los estudios observacionales el tratamiento
hormonal se inició para los síntomas
menopáusicos en el momento de la aparición de la
menopausia, curiosamente en los ensayos aleatorizados controlados
sobre tratamiento hormonal se ha iniciado el tratamiento 10-20
años después de la menopausia. El papel que
desempeña dicho intervalo sigue sin estar claro. Los
estudios básicos publicados señalan que el tiempo
transcurrido desde la menopausia y el grado de aterosclerosis
pueden influir en las acciones cardiovasculares de los
estrógenos, lo que requiere nuevos y rigurosos
análisis. Mientras tanto, necesitamos investigar con mayor
detalle el potencial cardioprotector y evaluar la
tolerabilidad/riesgos cardiovasculares de las mujeres con
tratamiento hormonal para los síntomas de la menopausia.
Entre las preguntas fundamentales que se plantean destaca si el
tratamiento hormonal iniciado más precozmente en la
transición de la menopausia (el momento habitual en el que
su utilización alivia los síntomas
menopáusicos) conferiría cardioprotección o
reduciría el riesgo cardiovascular. Una búsqueda en
bases de datos de estudios aleatorizados y controlados de terapia
hormonal con resultados cardiovasculares66 sugiere que
la terapia hormonal reduce el riesgo de eventos coronarios en las
mujeres más jóvenes (odds ratio:0,68), pero no
en mujeres mayores (odds ratio: 1,03). En mujeres
posmenopáusicas mayores, la terapia hormonal aumentó
el riesgo de eventos durante el primer año y redujo los
eventos después de dos años. Estas conclusiones se
basan en 23 ensayos que incluían 39.049
participantes.
Además,
estas investigaciones deben abordar las diferentes dosis,
formulaciones y mecanismos de distribución del tratamiento
hormonal menopáusico.
Debido a la
discrepancia entre los estudios observacionales y los ensayos
clínicos de la WHI, se analizaron los datos correspondientes
de 53.054 mujeres incluidas en el estudio observacional, un tercio
de las cuales usaba estrógenos/progestágenos en el
período basal. En este estudio, las estimaciones del
cociente de riesgo de enfermedad coronaria, ictus y tromboembolismo
venoso para los estrógenos/progestágenos fueron un
39-48% más bajas que en el ensayo clínico, incluso
tras un ajuste para la edad. Los cocientes de riesgo del
tratamiento con estrógenos/progestágenos tendieron a
disminuir con el tiempo, de modo que las estimaciones del cociente
de riesgo de dicho estudio observacional reflejan predominantemente
el uso más a largo plazo, mientras que las estimaciones del
cociente de riesgo del ensayo clínico reflejan el uso a
más corto plazo. Se ha señalado que el ajuste para el
tiempo desde el inicio del tratamiento hormonal y los factores de
confusión hace coincidir el cociente de riesgo obtenido en
los estudios observacionales para el tratamiento con
estrógenos/progestágenos con el descrito en los
ensayos clínicos. Este análisis refuerza la
observación de un aumento precoz del riesgo cardiovascular
del tratamiento con estrógenos/progestágenos en el
ensayo de la WHI, en consonancia con lo observado en el estudio
HERS. Esto, y las diferencias en la distribución del tiempo
desde el inicio del tratamiento con
estrógenos/progestágenos, podría explicar
algunas de las discrepancias, pero no proporciona una
explicación completa de las diferencias entre los cocientes
de riesgo de ictus67.
Los datos
procedentes del Nurse's Health Study, un ensayo observacional
autoevaluado68, revelaron que las mujeres que iniciaron
el tratamiento hormonal cerca de la menopausia tuvieron un riesgo
de enfermedad coronaria significativamente menor, de 0,66, para el
tratamiento con estrógenos sin oposición y de 0,72
para el tratamiento con estrógenos/progestágenos. En
comparación, en mujeres que iniciaron el tratamiento como
mínimo 10 años después de la menopausia, el
riesgo relativo fue de 0,87 para los estrógenos sin
oposición y de 0,90 para el tratamiento con
estrógenos/progestágenos. Aunque estos datos sugieren
que el momento de iniciar el tratamiento hormonal en
relación con la menopausia y/o la edad puede influir en el
riesgo coronario, se ha señalado que la mayor parte de las
mujeres con menopausia reciente son candidatas apropiadas al
tratamiento hormonal debido a los síntomas vasomotores. El
riesgo de ictus, embolismo pulmonar y posible cáncer de
mama, tanto a partir de los datos de los ensayos clínicos
aleatorizados como de los estudios observacionales, modera la
indicación general del uso a largo plazo para la
prevención de enfermedades crónicas.
En el Kronos
Early Estrogen Prevention Study (KEEPS)69, mujeres de
40-55 años de edad serán asignadas aleatoriamente a
un tratamiento oral con estrógenos equinos conjugados,
estrógenos transdérmicos o placebo para examinar los
efectos de estas terapias en la población
perimenopáusica más joven.
El papel d e las
variantes genéticas no se conoce por completo y, sin lugar a
dudas, puede representar un área de fructífera
investigación.
AGRADECIMIENTOS
Deseamos
expresar nuestro agradecimiento a Julia C. Wright y C. Jeanette
Zahler por su ayuda experta en la preparación del manuscrito
y a Carl (Woody) Woodworth por sus comentarios de utilidad en la
revisión de los estudios publicados.
Sección patrocinada por el Laboratorio Dr.
Esteve
Correspondencia: Dra. N.K. Wenger.
Emory University School of Medicine.
49 Jesse Jill Jr Drive, Atlanta, GA 30303. Estados Unidos.
Correo electrónico:
nwenger@emory.edu.
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