En la era de la
información, el incremento de las publicaciones
biomédicas ha pasado de ser una excelente noticia a una
terrible pesadilla. Así, cada año, solamente la base
de datos MEDLINE incluye 560.000 nuevos artículos y el
registro central de la Cochrane Collaboration incorpora cada
año 20.000 ensayos. Según la estimación de
Glasziou y Haynes1, para mantenernos
«actualizados» deberíamos leer diariamente 1.500
artículos originales y 55 ensayos clínicos
aleatorizados.
Ésta es,
probablemente, una de las múltiples razones para explicar la
existencia de un hiato entre la investigación y la
práctica clínica; pero en el fondo el problema es que
buscar, valorar y aplicar el conocimiento (la evidencia) en la
práctica clínica es una tarea que requiere el
desarrollo de habilidades, en cierto modo nuevas, para enfrentarse
a problemas nuevos y que precisa de instrumentos adecuados que
hagan más fácil esa tarea. En 2001 el Instituto
Americano de Medicina2 ya recomendaba establecer y
mantener un programa global orientado a hacer la evidencia
científica más útil y accesible para
clínicos y pacientes.
Por ello, y
desde esta perspectiva clínica en la que a partir de este
momento nos instalamos, saludamos con interés la propuesta
contenida en este número de Revista Española de
Cardiología por Valderas et al3 sobre la
construcción y validación de un filtro
geográfico para la búsqueda y selección en
PubMed (MEDLINE) de los estudios realizados en España,
instrumento que, en opinión de sus autores, «permite
hallar las referencias con mayor validez externa para la
práctica clínica en España y que, empleado de
forma sistemática, puede ser de gran utilidad en la
elaboración de guías de práctica
clínica y en la definición de trayectorias
clínicas...».
La propuesta
contiene elementos de innovación en la medida en que aborda
el problema del filtrado y las búsquedas con una
lógica diferente de las propuestas clásicas;
asimismo, el estudio ensaya algunos procesos de validación
poco usuales y, finalmente, indica una posible utilidad del
instrumento en la práctica clínica que merece
reflexión. A continuación tratamos de modo sucesivo
esos 3 aspectos.
La
lógica de las búsquedas y de los
filtros
Clásicamente, la medicina basada en la evidencia (MBE) ha
desarrollado instrumentos y estrategias para hacer más
factible la aplicación del conocimiento al cuidado de los
pacientes. Éste ha sido un asunto importante presente de
modo invariable en la agenda de la MBE y hay algunos avances que
cabe destacar.
Con los estudios
originales, el avance más relevante (descontada la
decisión de hacer libre y gratuito el acceso a MEDLINE) ha
sido el desarrollo de los filtros metodológicos para la
búsqueda de la información en las bases de datos.
Filtros de esa naturaleza se han implementado para MEDLINE (PubMed)
y también otras bases de datos como EMBASE, CINAHL,
PsyclINFO, etc.
La
reflexión implícita en los filtros
metodológicos es que, una vez formulada una pregunta
clínica en los términos correctos
(clásicamente en formato PICO: Población,
Intervención, Comparación y desenlaces u
«Outcomes»), hay una correspondencia entre las
preguntas clínicas y los diseños o arquitecturas de
estudio óptimas para contestar a ese tipo de pregunta (de
aquí el uso indiferenciado en PubMed de filtros
metodológicos o búsquedas clínicas que en esa
interfaz son llamados clinical queries). Así, por
ejemplo, para preguntas de tratamiento buscaremos preferentemente
ensayos aleatorizados, para preguntas de pronóstico,
estudios de cohortes o estudios de reglas de predicción
clínica, para preguntas de diagnóstico, estudios de
exactitud diagnóstica, etc.
Para mitigar el
exceso de estudios originales que mencionábamos al comienzo
del documento se ha desarrollado la investigación de
síntesis. De modo característico, las síntesis
se realizan sobre múltiples artículos originales
(revisiones sistemáticas), en cuyo caso ofrecen una
visión de perspectiva pero, sobre todo, consiguen mejorar
simultáneamente la validez y la potencia de los estudios; de
este modo se realizan estas revisiones sistemáticas, tanto
para ensayos aleatorizados como para estudios observacionales
(cohortes) o para estudios de pruebas diagnósticas, etc.
Estas revisiones se encuentran en bases de datos específicas
como las contenidas en la Cochrane Library y también pueden
ser obtenidas en el apartado de clinical queries de
PubMed.
Aún
así, en la vorágine de la acción
clínica frecuentemente es necesario disponer de la evidencia
con más facilidad y rapidez. En realidad muchos
clínicos consideran que pueden funcionar4 (y de
hecho funcionan) con los resúmenes elaborados por otros. Por
ello se han desarrollado las sinopsis que, en esencia, son
documentos hechos con métodos explícitos para resumir
estudios o revisiones sistemáticas y proporcionan
información breve y eficaz para el uso clínico
(ejemplos de estas sinopsis serían la colección
Evidence Based, que incluye Evidence-Based Cardiovascular Medicine,
ACP Journal Club o DARE).
Finalmente,
están en desarrollo sistemas de apoyo a la toma de
decisión basados en la evidencia, total o parcialmente
automatizados, con definición explícita de los
procesos de evaluación de la evidencia y con capacidad
(más futura que presente) de integrar informaciones diversas
procedentes de los pacientes concretos o de registros de pacientes.
Las versiones más recientes del libro electrónico
UptoDate (http://www.uptodate.com) o de Clinical Evidence
(http://www.evidence.org) caminan en esa
dirección.
Esta
descripción gradual corresponde a la pirámide
propuesta por Haynes5 y denominada «Estrategia
4S» (Systems, Synopses, Syntheses, Studies), quien asimismo
sugiere que se revise nuestro procedimiento de búsqueda
tradicional en la clínica (enfocado a artículos
originales) para asumir otro más eficiente basado en el uso
ordenado del sistema 4S.
Procede
señalar que las guías de práctica
clínica, si bien intentan recopilar o sintetizar
información pertinente para una asistencia de calidad, no
son consideradas en sí mismas, dentro de la estrategia 4S,
como síntesis del conocimiento científico. Su
capacidad de síntesis la toman prestada de las revisiones
sistemáticas realizadas por otros autores o,
excepcionalmente, por los propios redactores de la guía. Sin
embargo, suponen un compendio inestimable de recomendaciones para
el tratamiento de determinadas enfermedades. Su interés
desde el punto de vista de la calidad asistencial y del control de
la variabilidad de la práctica es obvio. También
Revista Española de Cardiología ha recopilado y
ofrece guías de práctica clínica de la SEC y
de otras sociedades6.
La
filosofía implícita en los filtros
metodológicos es seleccionar la evidencia considerando como
criterios principales la validez, tanto la interna (o grado en que
el diseño, la conducción y el análisis
permiten obtener resultados no sesgados) como la externa (entendida
como coherencia del resultado con otros estudios y otros
conocimientos disponibles). Análoga filosofía, basada
en la validez, impregna todo el proceso de la pirámide 4S.
En suma, el lema de esta aproximación (que hemos denominado
clásica) sería «selecciona, sintetiza y resume
lo válido» (proceda de donde proceda) y después
lo aplicas, adaptándolo con el mejor sentido a las
condiciones individuales de tu paciente o a las condiciones de tu
medio (en el caso de grupos de pacientes). Sería una
versión adaptada del «piensa global, actúa
local».
La lógica
en un filtro geográfico es distinta; la propuesta es en
esencia: busquemos los resultados o la evidencia en nuestra
población o en población con razonable similitud y
ello hará más fácil su aplicación. Es
decir, pongamos el acento en la validez externa entendida, de un
modo distinto del citado con anterioridad, como capacidad de
generalizar el resultado a nuestra población o a nuestro
paciente. Por supuesto, no hay contradicción formal en las
propuestas; idealmente la reflexión sobre la validez externa
es una consideración no sustitutiva de la valoración
de la validez interna; sin embargo, se plantean 2
problemas.
Por una parte,
en caso de conflictos de validez, ¿cómo proceder al
elegir las evidencias para aplicar? Por ejemplo, ¿si el
estudio es muy válido «externamente» pero
cuestionable «internamente» lo preferiremos a uno menos
válido «externamente» pero más
válido «internamente»? En su caso,
¿cómo resolveremos estos dilemas? Y
¿cómo incorporaremos a la estructura 4S de
sistemática clínica este nuevo abordaje de las
búsquedas?
Por otra parte,
como programa de investigación, es decir, como propuesta
sistemática de construcción de conocimiento para la
clínica, imaginar que se dispone de investigación
válida (por proximidad o similaridad) para cada lugar y
condición es simplemente una propuesta inviable. Por el
contrario, la viabilidad de la MBE como programa para generar y
utilizar las evidencias al cuidado de los pacientes depende
críticamente de la asunción de que el conocimiento
válido está o estará mundializado o
globalizado, aunque haya que adaptarlo de manera juiciosa y
ética.
Validación del filtro
En cuanto al
proceso de valoración de los filtros, los autores
señalan la analogía con los estudios para valorar la
exactitud de las pruebas diagnósticas7,
afirmación con la que estamos absolutamente de acuerdo.
Abundando en esa dirección, una cierta analogía entre
esos estudios se mantiene para leer críticamente los
estudios de diagnóstico y los de la evaluación de los
filtros8,9. Veamos algunos de los elementos clave de esa
lectura.
En los estudios
clásicos para validar los filtros metodológicos se
usa un bloque de revistas seleccionadas de entre un grupo de
revistas clínicas durante un intervalo temporal definido.
Desde ese punto de vista, hay una clara definición del
espectro de situaciones en que va a probarse el filtro y, por
tanto, de las situaciones en que podrá aplicarse
(equivaldría al espectro de pacientes en los estudios de
pruebas diagnósticas).
En el estudio
que comentamos, la muestra para validación se construye con
una búsqueda planteada como término «Myocardial
Infarction» (MeSH) con algunas restricciones y con la
opción «explode». Es difícil saber en
qué circunstancias y para qué otros términos
podrá aplicarse el filtro y sería interesante conocer
si, al repetir el estudio con otros términos MeSH, la
sensibilidad es invariable.
Adicionalmente,
el considerado patrón de referencia en el estudio que
presentan (es decir: la búsqueda manual realizada por 2
observadores), aunque está perfectamente definido, es
susceptible de mejora en su calibración.
Sin duda, estas
cuestiones metodológicas (especialmente la selección
de la muestra), aunque suponen originalidad, no es obvio que sean
un avance respecto de los diseños clásicos para
evaluar los filtros. Creemos que hay sombras en el diseño
sobre las que convenía discutir aunque, sin duda, es un tema
para explorar en futuros estudios.
En cuanto
a la utilidad para la práctica clínica
El proceso de
construcción de conocimiento y el proceso de
aplicación del conocimiento en clínica son
esencialmente distintos. El primero es un procedimiento
científico que trata de construir conocimiento a partir de
grupos de pacientes mediante una epistemología definida; por
tanto, pueden hacerse juicios de valor sobre la corrección o
la validez de ese conocimiento (eso forma parte de las habilidades
de lectura crítica). El segundo es un procedimiento
«prudencial» en el que hay que decidir mediante buen
sentido si el conocimiento generado en grupos de individuos puede
aplicarse o no a un individuo concreto, adicionalmente, hay que
combinar esos resultados con otras informaciones pertinentes (para
adaptar la evidencia) y con los valores del paciente y de la
sociedad.
Probablemente es
más fácil estar de acuerdo en los juicios sobre
validez de un estudio que en los juicios sobre aplicabilidad, que
siempre suponen un «juicio arriesgado» porque las
situaciones son frecuentemente complejas. Por ello, la
afirmación de los autores de que el filtro «abre la
puerta a su aplicación sistemática a la
práctica clínica» es quizás algo
optimista.
Por citar
ejemplos, algunos señalados por los autores, si tratamos de
aplicar la ecuación de riesgo cardiovascular, adaptada en
grupos de pacientes de Gerona, a un paciente pongamos de Huelva, en
realidad estamos haciendo una traslación basada en la
supuesta similitud de ambas poblaciones pero basada en sentido
común y no en pruebas.
Otra
situación hipotética sería: ¿qué
hacemos con un megaestudio multicéntrico en el que hay una
exigua participación de población española o
de algún grupo español? ¿Es este estudio
más válido «externamente» que si no
participaran los grupos españoles? ¿Es más
aplicable en España? Obviamente, la respuesta es
«depende» porque habría que juzgar conociendo
otros elementos y de modo prudencial.
Por continuar
revisando situaciones, imaginemos una revisión
sistemática en la que uno o dos estudios hayan sido
realizados en población española. Caben algunas
preguntas. La primera es: ¿encontrará nuestro filtro
esa revisión? En caso positivo, ¿cómo
utilizaremos los resultados del estudio? ¿Hacemos un
subgrupo de análisis para los estudios locales? En su caso,
¿qué estimador intentaríamos aplicar, el
estimador global de la revisión sistemática o el
estimador parcial del subgrupo de estudios españoles? Estas
últimas preguntas constituyen un caso particular de la
conocida disputa entre lumpers y spliters que se
resolvería, en nuestra opinión, aplicando el
estimador general y no el de la población española,
basándonos en la llamada paradoja de
Stein10.
Sin duda, hay
una lista de preguntas para sumar a las anteriores sobre el uso del
filtro en la clínica pero conviene, tras reiterar la
bienvenida al instrumento, concluir: es probable que el filtro sea
útil para estimaciones de la producción
científica o para otros fines bibliométricos, de
donde en cierto modo procede y donde, según se señala
en el artículo, ha sido probado con éxito. En algunos
de los ejemplos que indican, como en la elaboración de
guías o asignación de recursos, etc., es claro que la
utilidad del filtro es realmente prometedora y debe ser explorada.
En cuanto a la práctica clínica, no hay duda de que
señala un área de reflexión, pero es dudoso
que aporte ventajas prácticas.
Sin duda, el
filtro geográfico no es una tecnología de
sustitución, sino de complemento a lo existente y, en todo
caso, su uso clínico parece un tema pendiente de desarrollar
conceptual y pragmáticamente.
Realizado con
ayuda del proyecto EU «European Union Evidence-Based Medicine
Unity» (www.ebm-unity.org). Leonardo da
Vinci (Community Vocational Training Action Programme).
Véase artículo
en págs. 1244-51
Correspondencia:
Dr. J.B.
Cabello López.
Joaquín Orozco, 6, 1.o F. 03006 Alicante.
España.
Correo
electrónico:
jbcabello@redcaspe.org
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