INTRODUCCION
La
rotura o disección de la raíz de aorta constituye la
causa más frecuente de mortalidad en pacientes con
síndrome de Marfan y es causa de la reducida esperanza de
vida (< 30 años) que tienen estos pacientes en su
evolución natural.
Desde que en 1968, Bentall et al1 describieron el
reemplazo de la válvula aórtica y aorta ascendente
por un conducto que contenía una prótesis, este
procedimiento ha sido el enfoque tradicional para resolver los
aneurismas que afectan a la raíz de aorta y ha demostrado,
en general, unos resultados excelentes. Esta intervención
siempre requiere sustituir la válvula aórtica por una
prótesis, aunque la válvula sea
morfológicamente normal, y asociar con posterioridad
tratamiento anticoagulante de por vida si, como es lo más
frecuente, se utiliza una prótesis mecánica. Para
evitar las complicaciones de las prótesis y la
anticoagulación, en los años noventa surgieron nuevas
técnicas quirúrgicas que trataban de conservar la
válvula aórtica del paciente. Entre ellas, la que ha
demostrado mejores resultados es la técnica de
David2, que consiste en un reimplante de la
válvula aórtica del propio paciente dentro de un
conducto artificial que sustituye toda la aorta enferma.
En
los últimos 2 años hemos realizado la técnica
de David con neoformación de senos de Valsalva en 40
pacientes. Dieciocho de ellos tenían síndrome de
Marfan. Describimos nuestra experiencia en este grupo de pacientes,
que consideramos ideal para este tipo de intervención,
debido a la edad y a otras peculiaridades.
MÉTODOS
Desde abril de 2004 hasta abril de 2006 se ha realizado la
preservación de la válvula aórtica
según la técnica de David en 40 pacientes con
anulectasia aórtica o aneurisma de senos de Valsalva (fig.
1). Dieciocho tenían síndrome de Marfan diagnosticado
según los criterios de Gante3, con una mediana de
edad de 29 años (13-55 años). Se realizó un
estudio ecocardiográfico transtorácico a todos los
pacientes previamente a la cirugía. Si la ventana
acústica era subóptima se realizaba un estudio
transesofágico. Bidimensionalmente se determinó en
diástole el diámetro en el anillo, los senos de
Valsalva (máximo diámetro de la raíz entre el
anillo y la unión sinotubular), la unión sinotubular,
la aorta ascendente proximal y la aorta ascendente distal. Mediante
Doppler-color se clasificó el grado de insuficiencia
aórtica de I a IV. La mediana del diámetro de los
senos de Valsalva fue de 53 mm (46-59 mm). El 24% de los pacientes
tenía insuficiencia aórtica de grado III, el 12% de
grado II y el 64% de grado 0/I.
Fig. 1.
Fotografía del campo
quirúrgico. Aneurisma de los senos de Valsalva de 5 cm en un
paciente de 22 años de edad con síndrome de
Marfan.
El
resto de la aorta torácica se estudió mediante
resonancia magnética y/o tomografía computarizada,
sin que se observara dilatación en otras localizaciones,
salvo un paciente previamente operado de una disección tipo
B que presentaba una aorta abdominal
aneurismática.
Técnica quirúrgica
Se
estableció la indicación quirúrgica cuando el
diámetro aórtico en los senos de Valsalva era > 45
mm o cuando se documentó un crecimiento progresivo > 2 mm
por año, y la anatomía de los velos aórticos y
del resto de la raíz de aorta era favorable (velos de
aspecto normal, sin prolapso y simétricos).
A
todos los pacientes se les realizó un reimplante de la
válvula aórtica según la técnica
descrita por David2. Tras el establecimiento de
circulación extracorpórea y pinzamiento
aórtico se realiza una aortotomía y se inspeccionan
cuidadosamente los velos aórticos y el resto de la
raíz de aorta. Si se considera que la válvula
aórtica es conservable, se reseca toda la aorta enferma
dejando unos bordes de 2-3 mm de pared de aorta junto con los velos
valvulares (fig. 2). Para reconstruir los senos de Valsalva, en 7
pacientes utilizamos el injerto de Valsalva Gelweave descrito por
De Paulis et al4 que está fabricado en Dacron
pero, a diferencia del resto de los injertos disponibles, incorpora
los senos de Valsalva preformados (en 6 pacientes se utilizó
un injerto de 30 mm y en uno de 28 mm) y en 10 pacientes realizamos
la modificación de Stanford5 utilizando 2
injertos de Dacron Hemashield (en 7 pacientes se utilizó un
injerto proximal de 34 mm y en 3 pacientes, de 32 mm. El injerto
distal fue de 28 mm). Tras elegir el tamaño del injerto
según el método empleado por David2, se
pasan entre 9 y 12 puntos en «U» (Ethibond 4/0) por
debajo de los velos de forma horizontal en la porción
fibrosa del anillo aórtico y justo en la inserción
del velo al anillo en la porción muscular. Se anuda el
injerto para estabilizar el anillo y se reimplantan los velos,
resuspendiendo las comisuras y suturando los restos de pared de
aorta con prolene 4/0 de forma continua (fig. 3). El procedimiento
se completa con el reimplante de los botones coronarios con prolene
5/0 según técnica de Bentall y Bono, y con la
realización de la anastomosis distal en la aorta
ascendente.
Fig. 2.
Fotografía del campo
quirúrgico. Aspecto de los velos de la válvula
aórtica con un remanente de 2-3 mm de pared de aorta que se
utilizará para reimplantar la válvula en el conducto
de Dacron. Se observan varios puntos en «U» que se
pasan por debajo de la inserción de los velos valvulares en
la unión aortoventricular.
Fig. 3.
Aspecto de los velos aórticos
reimplantados en el injerto de Valsalva Gelweave.
Seguimiento
La
mediana de seguimiento es de 8 meses (1-24 meses). En todos los
pacientes se realizó una ETE en el quirófano tras la
reimplantación, un ecocardiograma previo al alta y una
revisión clínica y ecocardiográfica al primer
mes. En el protocolo de seguimiento se incluye
ecocardiografía al sexto mes y posteriormente anual si no
hay incidencias. Todos los pacientes se mantuvieron con
anticoagulación oral durante los primeros 2 meses tras la
cirugía, que posteriormente se sustituyó por
ácido acetilsalicílico (100
mg/día).
RESULTADOS
En
17 pacientes, la válvula aórtica pudo ser preservada,
mostrándose en la ETE intraoperatoria una correcta
función de la válvula y una anatomía normal de
la raíz de aorta. Un paciente mostró insuficiencia
aórtica moderada en el quirófano tras la
reparación, por lo que se decidió implantar una
prótesis mecánica en el injerto, sin que fuera
necesario rehacer las anastomosis coronarias. Un paciente asociaba
insuficiencia mitral severa, gran aneurisma del tabique
interauricular e insuficiencia tricúspide severa,
realizándose reparación mitral con resección
cuadrangular de velo posterior y anuloplastia con anillo, cierre
del tabique interauricular con parche de pericardio bovino y
anuloplastia tricúspide con anillo. En el ecocardiograma
intraoperatorio las tres válvulas fueron
normofuncionantes.
No
hubo mortalidad operatoria ni hospitalaria. La mediana de los
tiempos de circulación extracorpórea y de pinzamiento
fue de 159 min (intervalo, 111-280 min) y de 140 min (intervalo,
104-265 min). Un paciente fue reoperado en las primeras horas por
sangrado y no hubo ninguna otra complicación postoperatoria
reseñable. La mediana de estancia en la unidad de cuidados
postoperatorios y hospitalaria fue de 2 (intervalo, 1-4),
días, y 8 (intervalo 6-12) días,
respectivamente.
A
todos los pacientes se les realizó control
ecocardiográfico previo al alta hospitalaria; 8 pacientes
mantenían una insuficiencia aórtica de grado I, un
paciente una insuficiencia aórtica de grado II y el resto de
los pacientes no tenía insuficiencia
aórtica.
No
hubo complicaciones hemorrágicas ni tromboembólicas
durante el seguimiento.
Un
paciente de 55 años murió a los 9 meses de la
intervención por rotura de un aneurisma abdominal. El resto
de los pacientes mantiene una clase funcional I de la New York
Heart Association y en los estudios de control un paciente presenta
insuficiencia aórtica de grado II, 8 presentan insuficiencia
aórtica de grado I y 8 están sin insuficiencia
aórtica.
DISCUSION
Aunque el reemplazo de la raíz de aorta siguiendo la
técnica descrita por Bentall y Bono con diversas
modificaciones6 ha demostrado unos resultados excelentes
y es considerada por muchos cirujanos el modelo con el que comparar
cualquier otra técnica, las complicaciones tardías
debidas a las prótesis mecánicas y a la
anticoagulación crónica son frecuentes.
Hagl7 presentó una serie de 142 pacientes, de
ellos 10 con síndrome de Marfan, operados según la
técnica de Bentall. Hubo una muerte hospitalaria y 2
pacientes presentaron un accidente cerebrovascular agudo. Con un
seguimiento medio de 3,5 años, la mortalidad fue del 4,2%. A
pesar de estos buenos resultados, en 8 años de seguimiento
un 22% de los pacientes presentó eventos relacionados con la
prótesis y un 7% tuvo alguna complicación
hemorrágica significativa.
Gott et al8,9 comunican su experiencia durante 24
años en 271 pacientes con síndrome de Marfan y
reemplazo de la raíz de aorta. En 232 pacientes realizaron
la técnica de Bentall. La mortalidad hospitalaria fue de 2
pacientes. La supervivencia a los 24 años es del 83%, con 14
pacientes (6%) que han presentado eventos embólicos (13
embolias cerebrales y una periférica) y 11 pacientes (5%),
endocarditis protésica.
Kvidal et al10 realizan un seguimiento a largo plazo en
424 pacientes a los que se les implantó una prótesis
mecánica en posición aórtica, resultando una
incidencia anual de eventos tromboembólicos del 4,4% y de
hemorragia asociada con anticoagulación del 8,5%.
De
hecho, las complicaciones debidas a la anticoagulación
contribuyen al 75% de las complicaciones relacionadas con las
prótesis mecánicas y en la literatura
científica se ha comunicado una incidencia anual de
complicaciones trombóticas o hemorrágicas que oscila
entre el 2 y el 4%11-13.
En
los pacientes con síndrome de Marfan, si la
indicación de cirugía es precoz, los velos valvulares
no suelen estar afectados. Incluso en los casos en que hay
insuficiencia aórtica, los velos generalmente mantienen una
morfología normal y el mecanismo fisiopatológico
causante de la insuficiencia es la anulectasia o la
dilatación de los senos de Valsalva14. Conservar
unos velos con un colágeno defectuoso podría ser un
argumento en contra de emplear la técnica en estos
pacientes, pero los excelentes resultados de David et
al15 y Leyh et al16, con más de 8
años de seguimiento, demuestran que el principal problema en
el síndrome de Marfan es la anulectasia de la raíz,
más que la degeneración estructural de los velos.
Además, la estructura tisular de los velos aórticos
no es básicamente diferente de la de los velos mitrales, y
las reparaciones mitrales han demostrado permanecer estables
durante un seguimiento prolongado8.
Intervenir a estos pacientes de forma precoz es el mejor modo de
evitar el deterioro de la válvula aórtica, ya que con
diámetros de senos de Valsalva > 5,5 cm los velos
aparecen muy finos y elongados, y el resultado de la
reparación es más dudoso.
Tanto en la serie de David et al15 como en la de Leyh et
al16, los resultados del reimplante valvular
aórtico con un seguimiento de 8 años muestran que
más del 90% de los pacientes está libre de
insuficiencia aórtica superior al grado II, y más del
95% está libres de reoperación, sin que se registre
ningún evento tromboembólico ni sangrado.
En
un estudio retrospectivo, Kallenbach et al17 compararon
78 reimplantes de la válvula aórtica con 269
pacientes a los que realizaron la técnica de Bentall,
observando unos resultados similares salvo los eventos
tromboembólicos y el sangrado, que ocurrieron en un 12% de
pacientes del grupo en que se implantó un conducto
valvulado.
La
mayor experiencia reportada en nuestro país es de
Nistal18, que ha intervenido a 33 pacientes entre 1994 y
2003, en los que se ha realizado el reimplante valvular
según la técnica de David. Tres de ellos presentaban
síndrome de Marfan. Con un seguimiento de 9 años, la
probabilidad de permanecer libres de insuficiencia aórtica
de grado 3 o superior es del 81 ± 9%, y el 90 ± 7%
está libre de sustitución valvular.
Animados por estos datos, en abril de 2004 iniciamos nuestra
experiencia con esta técnica y hasta el momento hemos
intervenido a 40 pacientes, 18 de ellos con síndrome de
Marfan. Con un seguimiento medio de 7 meses, 16 pacientes
están libres de insuficiencia aórtica mayor de grado
I y un paciente permanece con insuficiencia de grado II.
Aunque los resultados publicados por David o Haverich son
excelentes con la utilización de un injerto de Dacron,
nosotros reconstruimos los senos de Valsalva porque intuimos que
puede contribuir a una mayor durabilidad de los velos.
La
preservación de la válvula aórtica nativa
parece especialmente indicada en el síndrome de Marfan, si
tenemos en cuenta que la cirugía se plantea a una edad
temprana y que muchos pacientes requerirán otras
intervenciones derivadas de sus anomalías en el
colágeno (oculares, musculoesqueléticas, etc.). En
estos pacientes, estar libres de anticoagulación
crónica supone la liberación de un riesgo serio a
largo plazo.
Las
posibles desventajas de emplear esta técnica serían
el desconocimiento actual de cuál será la durabilidad
de la válvula aórtica a largo plazo, y una mayor
complejidad que con la técnica de Bentall, con una curva de
aprendizaje más exigente. Requiere, además, un tiempo
de pinzamiento más prolongado, aunque con los métodos
de preservación miocárdica actuales no se traduce en
una mayor incidencia de bajo gasto o de infarto perio
peratorio.
CONCLUSIONES
La
preservación de la válvula aórtica mediante el
reimplante valvular es técnicamente factible y ha demostrado
unos resultados excelentes a medio plazo, ya que evita las
complicaciones de las prótesis mecánicas y la
anticoagulación crónica. Si la válvula
aórtica reimplantada mantiene una funcionalidad adecuada a
largo plazo, se convertirá en la técnica de
elección en la cirugía de los aneurismas de aorta
ascendente en el síndrome de Marfan.
Mientras tanto, es conveniente que el cirujano conozca ambas
técnicas, pero ante la duda o la falta de entrenamiento, es
preferible utilizar la operación de Bentall y Bono, que es
menos exigente técnicamente y se ha mostrado eficaz,
reproducible y con una menor curva de aprendizaje.
Véase
editorial en págs. 461-3
Correspondencia: Dr. A. Forteza.
Servicio de Cirugía Cardiaca. Hospital Universitario 12 de
Octubre.
Agastia, 45, 3.o C. 28027 Madrid. España.
Correo electrónico:
aforteza.hdoc@salud.madrid.org
Recibido el 16 de diciembre de 2005.
Aceptado para su publicación el 23 de noviembre de
2006.
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