El contenido de las Guías de Práctica Clínica
de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC) ha sido
publicado para uso exclusivamente personal y educativo. No
está autorizado su uso comercial. No se permite la
traducción o reproducción en ningun formato de las
Guías de la ESC ni de ninguna de sus partes sin un permiso
escrito de la ESC. El permiso puede obtenerse enviando una
solicitud escrita a Oxford Univesity Press, la empresa editorial de
European Heart Journal y parte autorizada para proporcionar estos
permisos en representación de la ESC.
Responsabilidad. Las Guías de Práctica
Clínica de la ESC representan los puntos de vista de la ESC
y se han elaborado tras una consideración cuidadosa de las
pruebas científicas disponibles en el momento en el que
fueron escritas. Se anima a los profesionales de la sanidad a que
las tengan en plena consideración cuando ejerzan su juicio
clínico. No obstante, las Guías de Práctica
Clínica no deben invalidar la responsabilidad individual de
los profesionales de la salud a la hora de tomar decisiones
adecuadas a las circunstancias individuales de cada paciente,
consultando con el propio paciente y, cuando sea necesario y
pertinente, con la persona responsable del paciente o que lo tenga
a su cuidado. También es responsabilidad del profesional de
la salud verificar las normas y reglamentos que se aplican a los
fármacos o dispositivos en el momento de la
prescripción.
© La Sociedad Europea de Cardiología 2007. Reservados
todos los derechos. Para la socicitud de autorozaciones contactar
con: journals. permissions@ox fordjournals.org
Los comentarios-anotaciones (
*
) incluidos en esta
traducción de las Guías han sido realizados por la
Dra. Pilar Tornos (Barcelona, España).
ÍNDICE DE
CONTENIDOS
Preámbulo 2
Introducción 3
¿Por
qué necesitamos Guías de Práctica
Clínica sobre valvulopatías? 3
Contenido de estas
Guías 4
Cómo usar
estas Guías 4
Método de
revisión 4
DeÞnición de las clases de
recomendaciones 5
Comentarios
generales 5
Evaluación
del paciente 5
Evaluación
clínica 5
Ecocardiografía 5
Fluoroscopia 7
Angiografía
con radionúclidos 7
Pruebas de
esfuerzo 7
Otras
técnicas de imagen no invasivas 7
Biomarcadores 7
Coronariografía 7
Cateterización cardiaca 8
Evaluación
de comorbilidades 8
Profilaxis de la
endocarditis 8
Estratificación del riesgo 8
Insuficiencia
aórtica 8
Introducción 8
Evaluación 8
Historia
natural 10
Resultados de la
cirugía 10
Indicaciones para
la cirugía 11
Tratamiento
médico 12
Controles
seriados 12
Poblaciones
especiales de pacientes 12
Estenosis
aórtica 13
Introducción 13
Evaluación 13
Historia
natural 14
Resultados de la
intervención 14
Indicaciones para
cirugía 15
Indicaciones de la
valvuloplastia con balón 16
Tratamiento
médico 16
Controles
seriados 17
Poblaciones
especiales de pacientes 17
Insuficiencia
mitral 18
Insuficiencia
mitral orgánica 18
Evaluación 18
Historia
natural 18
Resultados de la cirugía 19
Indicaciones para
la intervención 19
Tratamiento
médico 21
Controles
seriados 21
Insuficiencia
mitral isquémica 21
Evaluación 21
Historia
natural 22
Resultados de la
cirugía 22
Indicaciones para
cirugía 22
Insuficiencia
mitral funcional 23
Estenosis
mitral 23
Introducción 23
Evaluación 24
Historia natural
25
Resultados de la
intervención 25
Comisurotomía percutánea con
balón 25
Cirugía 25
Indicaciones para
la intervención 25
Tratamiento
médico 27
Controles
seriados 27
Poblaciones
especiales de pacientes 27
Enfermedad
tricuspídea 28
Estenosis
tricuspídea 28
Evaluación 28
Cirugía 28
Intervención
percutánea 28
Indicaciones para
la intervención 28
Tratamiento
médico 28
Insuficiencia
tricuspídea 29
Evaluación 29
Historia
natural 29
Resultados de la
cirugía 29
Indicaciones para
la cirugía 30
Tratamiento
médico 30
Valvulopatías múltiples y
combinadas 30
Válvulas
protésicas 31
Elección de
la válvula protésica 31
Tratamiento
después del recambio valvular 32
Evaluación
basal y modalidades de seguimiento 33
Tratamiento
antitrombótico 33
Tratamiento de la
trombosis valvular 35
Tratamiento del
tromboembolismo 36
Tratamiento de la
hemolisis y de la fuga paravalvular 37
Tratamiento de la
insuficiencia bioprotésica 38
Insuficiencia
cardiaca 38
Tratamiento durante
la cirugía no cardiaca 38
Predictores
clínicos del aumento de riesgo cardiovascular
perioperatorio 38
Evaluación
clínica preoperatoria 38
Lesiones valvulares
específicas 39
Estenosis
aórtica 39
Estenosis
mitral 40
Insuficiencia
aórtica e insuficiencia mitral 40
Válvulas
protésicas 40
Profilaxis de la
endocarditis 40
Control
perioperatorio 40
Tratamiento durante
la gestación 41
Riesgo cardiaco de
la gestación 41
Evaluación
de la paciente gestante con valvulopatía 41
Riesgos
específicos relacionados con la
gestación 41
Valvulopatía
nativa 41
Pacientes con
válvulas protésicas 42
Tratamiento 42
Objetivos 42
Métodos 42
Estrategia de
tratamiento 43
Parto 43
Bibliografía 44
PREÁMBULO
Las
Guías de Práctica Clínica y los Documentos de
Consenso de Expertos tienen como objetivo presentar todas las
pruebas científicas relevantes sobre un tema particular para
ayudar a los médicos a escoger la mejor estrategia posible
para el tratamiento de un paciente individual con una enfermedad
concreta, teniendo en cuenta el impacto que va a tener sobre el
resultado clínico y también la relación entre
los riesgos y los beneficios de un diagnóstico particular o
de un procedimiento terapéutico. Numerosos estudios han
demostrado que el resultado clínico de los pacientes mejora
cuando se aplican en la práctica clínica las
recomendaciones de las Guías, apoyadas en la
evaluación rigurosa de la investigación basada en la
evidencia.
En
los últimos años, diferentes organizaciones han
elaborado un gran número de Guías de Práctica
Clínica y Documentos de Consenso de Expertos, como la
Sociedad Europea de Cardiología (ESC) y otras sociedades
relacionadas. Esta gran profusión puede poner en riesgo la
autoridad y validez de las Guías, sobre todo si hay
discrepancias entre los diferentes documentos, lo que puede causar
confusión a los médicos. Ésta es una de las
razones por las que la ESC y otras sociedades han hecho
pública una serie de recomendaciones para abordar y formular
las Guías de Práctica Clínica y los Documentos
de Consenso de Expertos. Las recomendaciones para la
elaboración de las Guías de Práctica
Clínica pueden consultarse en la página web de la
ESC1. Escapa de los objetivos de este preámbulo
la enumeración de todas estas normas, y sólo se
presenta un resumen de las más básicas.
De
forma resumida, la ESC designa una serie de expertos en un tema
para que realicen una revisión completa de la literatura
científica, con el fin de hacer una evaluación
crítica del uso de los procedimientos diagnósticos y
terapéuticos, y para evaluar la relación entre el
riesgo y el beneficio de los tratamientos recomendados para el
tratamiento y/o la prevención de una determinada enfermedad.
Cuando hay datos disponibles, se incluyen también
estimaciones de los resultados esperados sobre la salud. La fuerza
de las pruebas científicas a favor o en contra de un
procedimiento o tratamiento determinados se sopesa de acuerdo con
escalas predefinidas de recomendaciones y niveles de evidencia, tal
como se esquematiza a continuación.
Los
miembros del Grupo de Trabajo de los Comités de
Redacción, así como los revisores del documento,
deben declarar cualquier relación que puedan tener y que
pueda ser considerada como un conflicto de interés real o
potencial. Estas declaraciones escritas se conservan en los
archivos de la Casa Europea del Corazón, la oficina central
de la ESC, y pueden solicitarse por petición escrita al
Presidente de la ESC. Si durante el período de
redacción se produce una modificación en la
relación que pueda ser considerada como un conflicto de
interés, debe ser notificada a la ESC.
Las
Guías de Práctica Clínica y las
recomendaciones se presentan en formatos fáciles de
interpretar. Su función es asistir a los profesionales de la
salud a la hora de tomar decisiones clínicas en la
práctica diaria, al describir un número de
aproximaciones generalmente aceptadas para el diagnóstico y
el tratamiento. No obstante, el juicio último sobre el
cuidado de un paciente particular tiene que ser tomado por el
profesional de la salud que esté a su cargo.
El
Comité para la Práctica de las Guías de
Actuación Clínica (CPG) de la ESC supervisa y
coordina la preparación de nuevas Guías de
Práctica Clínica y Documentos de Consenso de Expertos
elaborados por los grupos de trabajo, grupos de expertos o paneles
de consenso. El Comité es responsable también de la
aprobación de estas Guías de Práctica
Clínica y Documentos de Consenso de Expertos o de sus
comunicados.
Una
vez que se ha finalizado el documento y ha sido aprobado por todos
los expertos que forman parte del Grupo de Trabajo, se envía
a especialistas externos para su revisión. En algunos casos,
el documento puede presentarse a un panel específico de
líderes de opinión de Europa, especialistas en la
enfermedad concreta en cuestión, para su discusión y
revisión crítica. Si es necesario, el documento puede
ser revisado una vez más y, por último, aprobado por
el CPG y algunos miembros seleccionados del Comité Ejecutivo
de la ESC y, posteriormente, publicado.
Después de su publicación, es primordial que se
produzca una difusión del mensaje. Para ello, puede ser de
ayuda la publicación de resúmenes ejecutivos y la
producción de versiones de bolsillo o que puedan ser
descargables en PDA. Sin embargo, los sondeos han demostrado que
los usuarios a los que van dirigidas estas Guías a menudo no
conocen su existencia o simplemente no las ponen en
práctica. Por lo tanto, se requieren programas de
implementación, que forman una parte importante de la
diseminación del conocimiento. La ESC organiza reuniones
dirigidas a sus sociedades nacionales y a los líderes de
opinión europeos. También pueden llevarse a cabo
reuniones para la implementación de estas recomendaciones en
el ámbito nacional, una vez las Guías han sido
aprobadas por las sociedades miembros de la ESC y traducidas a la
lengua local, cuando sea necesario.
En
conjunto, la función de las Guías de Práctica
Clínica o los Documentos de Consenso de Expertos incluye no
solamente la integración de la investigación
más reciente, sino también la creación de
instrumentos educacionales y programas de implementación
para las recomendaciones. El círculo entre la
investigación clínica, la redacción de las
Guías y su implementación en la práctica
clínica sólo puede completarse si se organizan
sondeos y registros para verificar que la práctica
clínica actual se hace de acuerdo con las recomendaciones de
las Guías. Este tipo de sondeos y registros también
posibilita la evaluación del impacto de la
implementación estricta de sus recomendaciones en el
resultado clínico de los pacientes.
INTRODUCCIÓN
¿Por qué necesitamos Guías de
Práctica Clínica sobre
valvulopatías?
Aunque las valvulopatías son menos comunes en los
países industrializados que la enfermedad coronaria, la
insuficiencia cardiaca o la hipertensión, las Guías
son interesantes en este campo por diversas razones, que se exponen
a continuación:
Las valvulopatías son habituales y a menudo requieren
intervención.
Se han conseguido avances sustanciales en la
comprensión de su fisiopatología.
En los últimos años, la población de
pacientes ha cambiado. El declive continuo de la fiebre
reumática aguda debido a una mejor profilaxis de las
infecciones por
Streptococcus
explica la menor incidencia de valvulopatía
reumática, mientras que el aumento de la esperanza de vida
se relaciona en parte con el incremento de la incidencia de las
enfermedades valvulares degenerativas en los países
industrializados. La incidencia de endocarditis permanece estable,
mientras que es excepcional que las valvulopatías se deban a
otras causas2,3. Debido a la predominancia de las
valvulopatías degenerativas, las dos enfermedades valvulares
más frecuentes son en la actualidad la estenosis
aórtica calcificada y la insuficiencia mitral, mientras que
ha disminuido la incidencia de la insuficiencia aórtica y la
estenosis mitral3. La edad avanzada se asocia con una
frecuencia mayor de comorbilidades, que contribuyen al aumento del
riesgo operatorio y hacen que la toma de decisiones para la
intervención sea más compleja. Otro aspecto
importante relacionado con la incidencia actual de
valvulopatías es la proporción creciente de pacientes
previamente operados que se presentan con problemas
adicionales3. Por el contrario, la valvulopatía
reumática sigue siendo un problema mayor de salud
pública en los países en desarrollo, donde afecta
predominantemente a los adultos jóvenes4. Sin
embargo, la cardiopatía reumática sigue estando
presente en los países industrializados debido a la
inmigración y a las secuelas de la fiebre reumática
en los pacientes más mayores.
En la actualidad, la prueba diagnóstica principal es
la ecocardiografía, que se ha convertido en la prueba
estándar para evaluar la estructura y la función
valvulares.
El tratamiento no sólo se ha desarrollado por el
continuo progreso de la tecnología valvular
protésica, sino que también se ha reorientado hacia
el desarrollo de intervenciones quirúrgicas conservadoras y
la introducción de técnicas de intervención
percutánea.
En
comparación con otras enfermedades del corazón, hay
pocos ensayos clínicos en el campo de las
valvulopatías, y los ensayos aleatorizados son
particularmente escasos.
Lo
mismo se aplica a las Guías de Práctica
Clínica: sólo una serie de Guías en el campo
de las valvulopatías en los Estados Unidos5 y
cuatro Guías Nacionales en Europa6-9.
Además, las Guías publicadas no siempre son
coherentes debido a la ausencia de estudios clínicos
aleatorizados, así como a la evolución constante de
la práctica clínica. Por último, los datos del
reciente estudio Euro-Heart Survey sobre valvulopatías
indican que hay un auténtico desfase entre las Guías
disponibles y su aplicación efectiva3.
Por
esta razón, la ESC ha redactado estas Guías, que
constituyen las primeras Guías europeas sobre este
tema
(
*
)
.
(
*
) Las guías sobre el
tratamiento de las enfermedades valvulares son oportunas, ya que en
los últimos años ha habido cambios importantes en la
epidemiología de las enfermedades valvulares1, se
ha ampliado el conocimiento de la historia natural de las
valvulopatías y ha habido avances en las técnicas
diagnósticas y quirúrgicas. En España hay unas
guías sobre el tema2, pero éstas son las
primeras guías europeas sobre esta enfermedad.
En el campo de las enfermedades valvulares, los ensayos
clínicos son muy escasos, por lo que las recomendaciones se
basan en la opinión consensuada de los expertos, así
como en estudios pequeños y registros. Por ello, el grado de
evidencia científica en casi todos los apartados es el C.
Cabe destacar el énfasis que se hace en todos los casos en
la valoración clínica integrada y en la necesidad de
evaluar críticamente los resultados de las técnicas
diagnósticas.
1. Iung B, Gohlke-Barwolf CH, Tornos P. A prospective survey of
patients with valvular heart disease in Europe: The Euro-Heart
Survey on Valvular Heart Disease. Eur Heart J. 2003;
24:1231-43.
2. Azpitarte J, Alonso AM, García Gallego F, González
Santos JM, Pare C, Tello A. Guías de práctica
clínica de la Sociedad Española de Cardiología
en valvulopatías. Rev Esp Cardiol
2000;53:1209-78.
Contenido de estas Guías
Las
Guías se centran en las valvulopatías en adultos y
adolescentes, se orientan hacia el tratamiento y no hacen
referencia a la endocarditis y las enfermedades valvulares
congénitas en adultos y adolescentes, ya que la ESC ha
redactado recientemente unas Guías sobre estos
temas10,11. En estas Guías no se incluye
información detallada, ya que se puede encontrar las
Guías de la ESC sobre otros temas, en los Documentos de
Consenso de Expertos de la ESC, en las recomendaciones de los
Grupos de Trabajo sobre valvulopatías y en las secciones
específicas de los libros de texto sobre cardiología
de la ESC12-15.
Cómo usar estas Guías
El
comité hace hincapié en el hecho de que son muchos
factores los que determinan, en último término, el
tratamiento más adecuado de los pacientes individuales en
una comunidad determinada. Estos factores incluyen la
disponibilidad de equipos diagnósticos, la experiencia de
los cardiólogos intervencionistas y de los cirujanos, sobre
todo en el campo de las técnicas conservadoras y,
especialmente, el deseo de los pacientes bien informados.
Además, debido a la escasez de datos basados en la evidencia
en el área de las valvulopatías, la mayor parte de
las recomendaciones son el resultado de la opinión obtenida
a partir del consenso de expertos. Por lo tanto, en algunas
circunstancias clínicas puede ser adecuado desviarse de las
recomendaciones de las Guías.
Método de revisión
Se
ha realizado una revisión de la literatura científica
en la que se ha utilizado la base de datos Medline (PubMed) para
obtener artículos en los que ha habido una revisión
por pares, centrada en los estudios publicados en los
últimos 10 años. Se ha evitado la utilización
de los resúmenes.
Definición de las clases de
recomendaciones
El
Grupo de Trabajo ha clasificado y ordenado la utilidad o la
eficacia de los procedimientos y/o tratamientos recomendados y los
niveles de evidencia, tal como se indica en la tabla 1. Las clases
de recomendaciones han sido ordenadas de acuerdo con las
recomendaciones de la ESC1. A diferencia de las clases
de recomendaciones de American College of Cardiology/American Heart
Association (ACC/AHA), la clase III («condiciones para las
que hay evidencia y/o acuerdo general de que un procedimiento no es
útil/efectivo y en algunos casos puede ser
perjudicial») no se usa habitualmente en las Guías de
la ESC.
COMENTARIOS
GENERALES
Los
objetivos de la evaluación de pacientes con
valvulopatía son diagnosticar, cuantificar y evaluar los
mecanismos de esta enfermedad, así como sus consecuencias.
La consistencia entre los resultados de las investigaciones y los
hallazgos clínicos deben comprobarse en cada etapa. Las
indicaciones para una intervención se deben basar
fundamentalmente en la evaluación comparativa del
pronóstico espontáneo y los resultados de la
intervención de acuerdo con las características de la
valvulopatía y las comorbilidades.
Evaluación del paciente
El
diagnóstico y la evaluación de la severidad de la
valvulopatía deben basarse en el análisis combinado
de los hallazgos clínicos y los resultados de las
investigaciones.
Evaluación clínica
El
objetivo de analizar la historia clínica de cada caso es
evaluar los síntomas presentes y pasados, y buscar
comorbilidades asociadas. El paciente es interrogado sobre su
estilo de vida para detectar cambios progresivos en su actividad
diaria y así poder limitar la subjetividad en el
análisis de los síntomas, sobre todo en pacientes
ancianos13. Interrogar al paciente también es
importante para comprobar la calidad del seguimiento y la eficacia
de la profilaxis de la endocarditis y, cuando corresponda, de la
fiebre reumática. En pacientes que están recibiendo
un tratamiento anticoagulante crónico es necesario evaluar
la estabilidad de la anticoagulación y comprobar la
presencia de tromboembolismo o hemorragia.
La
exploración clínica desempeña un papel muy
importante en la detección de valvulopatías en
pacientes asintomáticos. Es la primera etapa en su
diagnóstico y en la evaluación de su severidad. En
pacientes con prótesis valvular es necesario vigilar la
aparición de cualquier cambio en el soplo o de ruidos
protésicos.
Se
suele realizar un electrocardiograma (ECG) y una radiografía
de tórax junto con la exploración clínica.
Además del aumento del tamaño cardiaco, para
interpretar la disnea o los signos clínicos de insuficiencia
cardiaca puede ser útil el análisis de la
vascularización pulmonar al realizar la radiografía
de tórax16.
Ecocardiografía
(
*
)
Además de los hallazgos clínicos, la
ecocardiografía es la técnica clave para confirmar el
diagnóstico de una valvulopatía, así como para
evaluar su severidad y su pronóstico. Está indicada
en cualquier paciente que tenga un soplo cuando se sospeche
enfermedad valvular, con la única posible excepción
de los pacientes jóvenes que presenten únicamente un
soplo mesosistólico trivial (grado 1/6).
La
evaluación de la severidad de la valvulopatía
estenótica debe combinar la determinación del
área valvular y los índices dependientes de flujo,
como el gradiente medio y/o la velocidad máxima de
flujo17. Los índices dependientes de flujo, como
el gradiente medio o la velocidad máxima de flujo,
añaden información y tienen valor
pronóstico18.
En
la evaluación de la insuficiencia valvular se deben combinar
diferentes índices obtenidos con ecocardiografía
Doppler cuantitativa, como el área del orificio regurgitante
efectivo, que es menos dependiente de las condiciones de flujo que
el tamaño del chorro en Doppler color19. No
obstante, todas las evaluaciones cuantitativas, como la
ecuación de continuidad o la convergencia de flujo, tienen
limitaciones. En concreto, combinan diversas mediciones y son muy
sensibles a errores de medida; por lo tanto, su utilización
requiere experiencia.
Así pues, cuando se evalúa la severidad de una
valvulopatía es necesario comprobar que hay consistencia
entre los distintos parámetros ecocardiográficos y
con la anatomía y los mecanismos de la enfermedad.
También es necesario comprobar la consistencia con la
evaluación clínica. En la tabla 2 se ilustra este
concepto en lo que se refiere a la cuantificación de la
insuficiencia severa.
La
ecocardiografía debe incluir una evaluación
exhaustiva de todas las válvulas, en la búsqueda de
cualquier enfermedad valvular asociada o de la aorta
ascendente.
Los
índices de dilatación y función ventricular
izquierda son factores pronósticos importantes en la
insuficiencia aórtica y mitral, y pueden tener una gran
repercusión a la hora de tomar una decisión
clínica. También es importante calcular las
dimensiones del ventrículo izquierdo en relación con
el área de superficie corporal para tener en cuenta el
tamaño corporal del paciente. Sin embargo, no está
clara la validez de estos valores indexados cuando se trata de
tamaños corporales extremos.
Debe considerarse la ecocardiografía transesofágica
cuando el examen transtorácico es de calidad
subóptima o cuando se sospeche la presencia de trombosis,
disfunción protésica o endocarditis. Debe realizarse
de forma intraoperatoria para controlar los resultados de la
reparación valvular o de procedimientos
complejos.
La
ecocardiografía tridimensional es una técnica
útil para la evaluación de la anatomía
valvular. Sin embargo, su utilidad incremental a la hora de tomar
decisiones todavía no ha sido validada.
(
*
) La técnica
fundamental en el tratamiento de los pacientes valvulares es la
ecocardiografía. En las Guías se recomienda efectuar
un enfoque integrado para definir la severidad de las lesiones
regurgitantes, de manera que no se defina la severidad de una
regurgitación mediante un único parámetro. En
las lesiones estenóticas también se defiende el papel
tanto de la medición del área valvular como de los
índices que dependen del flujo, como la velocidad
máxima del flujo o los gradientes. Se insiste en la
necesidad de realizar una valoración extremadamente
crítica de los ecocardiogramas, sobre todo cuando se
está ante un paciente asintomático con eventual
indicación de cirugía. Se ha considerado que
todavía es prematuro incorporar los resultados de la
ecocardiografía de estrés y los resultados de la
ecografía tridimensional1, y por el momento se
considera que la resonancia magnética tiene
únicamente un papel como técnica alternativa cuando
hay problemas en la obtención del ecocardiograma.
1. Paré-Bardera JC, Aguilar-Torres R, Gallego García
de Vinuesa P, Velasco del Castillo S. Actualización en
técnicas de imagen cardiaca. Ecocardiografía,
resonancia magnética en cardiología y
tomografía computarizada con multidetectores. Rev Esp
Cardiol. 2007;60:41-57.
Fluoroscopia
La
fluoroscopia puede utilizarse para comprobar la presencia de
calcificación anular o valvular, ya que permite distinguir
la calcificación de la fibrosis con una especificidad mayor
que la ecocardiografía. La fluoroscopia también es
útil para la evaluación de la cinética de la
parte móvil de una prótesis
mecánica.
Angiografía con radionúclidos
La
angiografía con radionúclidos proporciona una
evaluación reproducible de la fracción de
eyección ventricular izquierda en pacientes que se
encuentran en ritmo sinusal. Esto ayuda a tomar decisiones en
pacientes asintomáticos con insuficiencia valvular cuando la
calidad de la exploración ecocardiográfica es
subóptima20.
Pruebas
de esfuerzo
Electrocardiograma de esfuerzo
El
objetivo principal de las pruebas de esfuerzo es desenmascarar la
aparición de síntomas objetivos en pacientes que se
consideran asintomáticos. En pacientes verdaderamente
asintomáticos tienen un valor adicional para la
estratificación del riesgo en la estenosis
aórtica21,22. Las pruebas de esfuerzo sirven
también para determinar el grado de actividad física
autorizado, incluida la participación en
deportes23.
Ecocardiografía de esfuerzo
Algunos prometedores estudios recientes indican que la
estimación del pronóstico de las valvulopatías
y las indicaciones para la intervención puede refinarse
midiendo los cambios en los gradientes o el grado de insuficiencia
durante el ejercicio24,25. La ecocardiografía
realizada inmediatamente después del ejercicio ha demostrado
ser útil para evaluar el pronóstico de la
insuficiencia mitral degenerativa26. Sin embargo, estas
observaciones preliminares necesitan ser confirmadas antes de que
puedan ser recomendadas en la práctica.
Otras pruebas
de estrés
La
ecocardiografía de estrés con dobutamina en dosis
bajas es útil en la estenosis aórtica que cursa con
disfunción ventricular izquierda27. El uso de
pruebas de estrés para detectar enfermedad arterial
coronaria asociada a una valvulopatía severa no está
recomendado debido a su escaso valor diagnóstico.
Otras
técnicas de imagen no invasivas
Tomografía computarizada
Resultados preliminares demuestran que el estudio con
tomografía computarizada (TC) permite cuantificar con
precisión la calcificación valvular con una buena
reproducibilidad. La calcificación valvular está
ligada a la severidad de la valvulopatía y proporciona
información pronóstica adicional28. En los
centros con experiencia, la TC multicorte puede ser útil
para excluir una enfermedad arterial coronaria en pacientes con un
bajo riesgo de ateroesclerosis.
Imagen por
resonancia magnética
En
la actualidad, la resonancia magnética (RM) no está
indicada en el estudio de las valvulopatías en la
práctica clínica diaria; sin embargo, muchas
determinaciones que se realizan normalmente por
ecocardiografía Doppler pueden realizarse con RM, que puede
ser utilizada como una técnica alternativa cuando la
ecocardiografía no se puede realizar. En concreto, la
cuantificación de la función cardiaca, las
dimensiones y el volumen regurgitante es muy precisa con
RM29.
Biomarcadores
Se
ha demostrado que la concentración sérica de
péptido natriurético y, en particular, del tipo B,
está relacionada con la clase funcional y el
pronóstico, especialmente en la estenosis aórtica y
la insuficiencia mitral30,31. Sin embargo, los datos que
demuestran su valor incremental en la estratificación del
riesgo siguen siendo limitados.
Coronariografía
La
coronariografía está ampliamente indicada para
detectar enfermedad arterial coronaria asociada cuando se programa
una intervención quirúrgica (tabla 3). El
conocimiento de la anatomía coronaria mejora la
estratificación del riesgo y determina si la
revascularización coronaria está indicada en
asociación con la cirugía valvular.
La
coronariografía puede omitirse en pacientes jóvenes
que no tengan factores de riesgo y en circunstancias particulares
cuando su riesgo sea mayor que el beneficio, por ejemplo, en la
disección aórtica aguda, cuando hay una
vegetación aórtica grande delante del ostium
coronario, o cuando hay trombosis protésica oclusiva que
conduce a una situación hemodinámica
inestable.
Cateterización cardiaca
La
determinación de las presiones y el gasto cardiaco, o la
realización de una ventriculografía, deben
restringirse a situaciones en las que la evaluación no
invasiva no es concluyente o es discordante con los hallazgos
clínicos. Debido a sus riesgos potenciales, el cateterismo
cardiaco no debe asociarse de forma sistemática a la
coronariografía para la evaluación del estado
hemodinámico, aunque sigue haciéndose habitualmente
en la práctica diaria3,32.
Evaluación de comorbilidades
La
elección de un examen determinado para evaluar las
comorbilidades se decide mediante la evaluación
clínica. Las que se encuentran con más frecuencia son
la aterosclerosis periférica, la insuficiencia renal y la
enfermedad pulmonar obstructiva
crónica3.
Profilaxis de la endocarditis
La
profilaxis de la endocarditis debe considerarse en cualquier
paciente con valvulopatía y adaptarse al riesgo individual
de cada paciente10.
Estratificación del riesgo
El
Euro-Heart Survey ha demostrado que en la práctica diaria
hay un acuerdo general entre la decisión de operar y las
Guías de Práctica Clínica en los pacientes
asintomáticos. Sin embargo, en pacientes con síntomas
severas, la intervención quirúrgica está
infrautilizada por razones que a menudo no están
justificadas3,33. Esta discrepancia recalca la
importancia de realizar una estratificación precisa del
riesgo de forma generalizada.
En
ausencia de pruebas científicas obtenidas a partir ensayos
clínicos aleatorizados, la decisión de intervenir a
un paciente con una valvulopatía se basa en un
análisis individual del riesgo-beneficio que indique que la
mejoría del pronóstico, comparada con la historia
natural de la enfermedad, compensa los riesgos de la
intervención y sus potenciales consecuencias a largo plazo,
en particular, las complicaciones relacionadas con las
prótesis.
La
evaluación del pronóstico de una valvulopatía
depende del tipo de valvulopatía y se deriva de estudios
sobre su historia natural, que a menudo son antiguos y no siempre
aplicables a las presentaciones actuales de las
valvulopatías. Sólo unos pocos estudios
contemporáneos permiten evaluar el pronóstico natural
de acuerdo con las características del
paciente34.
Se
han identificado factores predictivos de la mortalidad operatoria a
partir de grandes series de pacientes en los que se ha realizado
cirugía cardiaca o, más específicamente,
cirugía valvular35-39. Estos factores
están relacionados con la enfermedad cardiaca, la edad del
paciente, las comorbilidades y el tipo de cirugía. La forma
más fácil de integrar el peso relativo de los
diferentes factores predictores es combinarlos en escalas
multivariables, para poder estimar la mortalidad operatoria. El
EuroSCORE (tabla 4) se utiliza ampliamente en este contexto. Aunque
fue elaborado para la cirugía cardiaca en general, ha sido
validado para la cirugía valvular35,39. Un
análisis reciente de una base de datos del Reino Unido ha
dado lugar a un sistema de puntuación simple, que se ha
elaborado y validado específicamente en pacientes operados
por valvulopatía37. Sin embargo, no hay ninguna
escala que permita evaluar la evolución natural.

A
pesar de sus limitaciones y de que requieren una validación
posterior, el uso de estas escalas reduce la subjetividad de la
evaluación del riesgo operatorio y, por lo tanto, del
cociente riesgo-beneficio. Por supuesto, éste es sólo
uno más de los elementos a la hora de tomar decisiones, en
las que se deben tener en cuenta también la esperanza de
vida del paciente, la calidad de vida, los deseos, así como
los recursos locales, en particular, la disponibilidad de medios
para realizar una reparación valvular y el resultado
quirúrgico en el centro específico. Finalmente, es
muy importante que en la decisión de intervenir se considere
la decisión del paciente y sus familiares después de
que hayan sido plenamente informados acerca de los riesgos y los
beneficios de las diferentes posibilidades
terapéuticas.
INSUFICIENCIA
AÓRTICA
Introducción
La
insuficiencia aórtica puede ser consecuencia de diversas
etiologías, cuya distribución ha cambiado a lo largo
de los años. Las causas más frecuentes de
insuficiencia aórtica están relacionadas en la
actualidad con enfermedades de la raíz aórtica y con
la válvula bicúspide. La consecuencia inherente es la
implicación frecuente de la aorta ascendente2,3,
que puede requerir tratamiento quirúrgico.
Evaluación
La
exploración inicial debe incluir una evaluación
clínica detallada. La insuficiencia aórtica se
diagnostica por la presencia de un soplo diastólico. La
amplitud exagerada del pulso arterial y la baja presión
diastólica representan los primeros y más importantes
signos clínicos para cuantificar la insuficiencia
aórtica15. Los signos periféricos
están atenuados en la insuficiencia aórtica aguda, lo
que contrasta con la escasa tolerancia funcional.
Los
principios generales para el uso de investigaciones invasivas y no
invasivas se basan en las recomendaciones expuestas en la
sección Comentarios generales.
A
continuación se exponen los aspectos específicos de
la insuficiencia aórtica.
La
ecocardiografía constituye el examen clave, con los
siguientes objetivos:
Diagnosticar y cuantificar la severidad de la insuficiencia
aórtica mediante la utilización de Doppler color
(superficie o, mejor, anchura del jet o chorro de
regurgitación) y Doppler de onda continua (tasa de
reducción del flujo aórtico regurgitante y
reversibilidad del flujo holodiastólico en la aorta
descendente). Todos estos índices están influidos por
las condiciones de carga y la distensibilidad de la aorta
ascendente y el ventrículo izquierdo. La
ecocardiografía Doppler cuantitativa, mediante la
ecuación de continuidad o el análisis del área
de superficie de isovelocidad proximal, es menos sensible a las
condiciones de carga. Los criterios para definir la insuficiencia
aórtica severa se describen en la tabla 219. La
evaluación de la severidad mediante determinaciones
cuantitativas está peor establecida que en la insuficiencia
mitral y, en consecuencia, los resultados de las determinaciones
cuantitativas deben integrarse con otros datos para alcanzar una
conclusión final en cuanto a la severidad.
Evaluar los mecanismos de la insuficiencia, describir la
anatomía valvular y determinar la viabilidad de la
reparación valvular.
Obtener una imagen de la aorta en 4 zonas diferentes: anillo,
senos de Valsalva, unión senotubular y aorta
ascendente40. La indexación del área de
superficie corporal puede estar recomendada, especialmente en
pacientes con un tamaño corporal pequeño y en
mujeres41.
Evaluar la función ventricular izquierda. Las
dimensiones del ventrículo izquierdo también deben
indexarse, tal como se ha descrito con
anterioridad42.
La
ecocardiografía transtorácica puede realizarse para
definir mejor la anatomía de la válvula y la aorta
ascendente, especialmente cuando se considera una
intervención de cirugía valvular
reparadora.
En
el momento actual, las decisiones clínicas no deben basarse
en los cambios de la fracción de eyección durante el
ejercicio ni en los datos de la ecocardiografía de
estrés, ya que estos índices, aunque son
potencialmente interesantes, no han sido validados de forma
adecuada.
La
imagen por RM puede utilizarse cuando esté disponible para
evaluar la severidad de la insuficiencia y la función
ventricular izquierda, especialmente cuando las imágenes
ecocardiográficas sean de baja calidad.
Se
recomienda obtener imágenes por RM o TC, de acuerdo con la
disponibilidad y la experiencia, para la evaluación de la
aorta en pacientes en los que ésta aparezca aumentada en la
ecocardiografía, sobre todo en casos de válvulas
bicúspides o síndrome de Marfan.
Historia natural
Los
pacientes con insuficiencia aórtica tienen un mal
pronóstico si no hay intervención, debido al aumento
significativo de la presión diastólica del
ventrículo izquierdo, que conduce a una escasa tolerancia
hemodinámica. Hay poca información en la literatura
científica acerca del progreso desde la forma leve hacia la
forma grave. Los pacientes con insuficiencia aórtica severa
y sintomatología tienen un mal
pronóstico43.
En
los pacientes asintomáticos con insuficiencia aórtica
severa y función ventricular izquierda normal, el
número de episodios durante el seguimiento es bajo:
desarrollo de disfunción ventricular izquierda
asintomática < 1,3% por año; muerte súbita
< 0,2% por año; y síntomas, empeoramiento de la
función ventricular izquierda o muerte, 4,3% por año.
La edad, el diámetro telesistólico o el volumen, y la
fracción de eyección en el reposo son predictores del
pronóstico clí-nico. Según el análisis
multivariable, la edad y el diámetro telesistólico,
cuando es > 50 mm, predicen una mala evolución
clínica43-46. Resultados recientes indican que
puede ser más adecuado utilizar valores umbral relacionados
con el área de superficie corporal, y el valor propuesto es
un diámetro telesistólico de > 25 mm/m2
de área de superficie corporal42.
La
historial natural del aneurisma de la raíz aórtica se
ha estudiado sobre todo en pacientes con el síndrome de
Marfan. Los predictores más potentes de complicación
son el diámetro de la raíz aórtica en los
senos de Valsalva y una historia familiar de episodios
cardiovasculares (disección aórtica, muerte cardiaca
súbita)40,47-49. Cuando la aorta alcanza 6 cm de
tamaño, las tasas anuales de rotura, disección y
muerte son del 3,6, el 3,7 y el 10,8%, respectivamente. Hay una
incidencia creciente de disección o rotura con el aumento
del tamaño del aneurisma47-49. Resultados
recientes obtenidos a partir de valores indexados muestran un
aumento del riesgo de complicaciones del 4, el 8 y > 20%,
respectivamente41, cuando las medidas son de 2,75;
2,75-4,24 y > 4,25 cm/m2. Los pacientes con
válvulas bicúspides pueden presentar también
una tasa de progresión rápida50. La
información disponible es menor para otras
etiologías, como la ectasia anuloaórtica.
Resultados de la cirugía
El
tratamiento quirúrgico de la insuficiencia aórtica es
el recambio valvular cuando no hay aneurisma aórtico
asociado. Cuando hay un aneurisma de la raíz aórtica
asociado, la cirugía también debe comprender el
recambio de la aorta ascendente con reimplantación de las
arterias coronarias, combinado con recambio valvular o
técnicas de cirugía valvular reparadora. En la
práctica diaria, el recambio valvular sigue siendo el
procedimiento estándar y el resto de procedimientos se
realiza solamente en un porcentaje pequeño de pacientes. El
recambio supracoronario de la aorta ascendente puede realizarse
cuando los senos de Valsalva están preservados.
La
mortalidad operatoria es baja (1-3%) en pacientes
asintomáticos en los que se realiza una cirugía
valvular aórtica aislada3,43,51,52 (tabla 5). En
pacientes sintomáticos, con cirugía combinada
valvular y de la raíz, y con cirugía de
derivación aortocoronaria concomitante, la mortalidad
operatoria oscila entre el 3 y el 7%. Los predictores
preoperatorios más potentes de insuficiencia cardiaca o
muerte después de la cirugía son la edad, la clase
funcional preoperatoria, una fracción de eyección en
reposo < 50% o una fracción de acortamiento < 25%,
así como un diámetro telesistólico ventricular
izquierdo > 55 mm43-45,53-56.
Los
resultados inmediatos y tardíos del recambio de la aorta
ascendente, mediante injerto compuesto, son excelentes en el
síndrome de Marfan cuando la técnica la realiza un
equipo experimentado de forma electiva40,57. Los
resultados de la cirugía conservadora son más
limitados y proceden de centros experimentados. En este tipo de
centros, en series recientes se ha descrito una mortalidad
operatoria de 1,6%, una supervivencia a los 10 años del 88%,
y una supervivencia libre de recambio valvular aórtico del
99% y libre de insuficiencia aórtica por lo menos moderada
del 83%58,59.
Indicaciones para la cirugía
En
pacientes con insuficiencia aórtica aguda sintomática
está indicada una intervención urgente. En los casos
de insuficiencia aórtica crónica, los objetivos de la
intervención son mejorar el pronóstico, disminuir los
síntomas, prevenir el desarrollo de insuficiencia cardiaca
postoperatoria y muerte cardiaca, y evitar las complicaciones
aórticas en pacientes que presentan aneurisma
aórtico46,60.
A
continuación se exponen las indicaciones quirúrgicas
recomendadas según los datos obtenidos a partir de pruebas
científicas observacionales robustas (tabla 6 y fig.
1).
Fig. 1.
Tratamiento de la insuficiencia
aórtica.
ASC: área de superficie corporal; DTD: diámetro
telediastólico; DTS: diámetro telesistólico;
FE: fracción de eyección; IA: insuficiencia
aórtica; VI: ventrículo izquierdo.
aPara definiciones,
véase la tabla 6.
bTambién se ha de considerar la
cirugía si se producen cambios significativos durante el
seguimiento.
El
inicio de los síntomas es una indicación de
cirugía. La cirugía no debe ser denegada a pacientes
sintomáticos con disfunción ventricular izquierda o
dilatación ventricular izquierda marcada después de
la exclusión cuidadosa de otras posibles causas. Aunque en
estos pacientes el resultado clínico postoperatorio es peor
que en los pacientes operados en estadios más tempranos, se
puede obtener una mortalidad operatoria aceptable, una
mejoría de los síntomas clínicos y una
supervivencia a largo plazo aceptable53,56.
La
cirugía también debe ser considerada en pacientes
asintomáticos con insuficiencia aórtica severa y una
función ventricular izquierda afectada en reposo
(fracción de eyección en reposo
#
50% y/o diámetro
telediastólico ventricular izquierdo > 70 mm y/o
diámetro telesistólico > 50 mm [o >25
mm/m2 de área de superficie corporal]), ya que la
probabilidad de desarrollar síntomas de forma precoz es
alta, la mortalidad perioperatoria es baja y los resultados
postoperatorios son excelentes. Otra de las razones para considerar
la cirugía es un rápido incremento de los
parámetros ventriculares en los controles sucesivos.
Está muy recomendado realizar ecocardiogramas de buena
calidad y confirmar los resultados con determinaciones repetidas
antes de la cirugía en pacientes
asintomáticos.
La
base para intervención agresiva de los pacientes con
insuficiencia aórtica leve y dilatación
aórtica está mejor definida en los pacientes con
síndrome de Marfan que en los pacientes con válvulas
bicúspides, y aún más en los casos de ectasia
anuloaórtica. En los casos límite, la decisión
de hacer un recambio de la aorta ascendente también se basa
en los hallazgos quirúrgicos perioperatorios, como el grosor
de la pared aórtica y el estado del resto de la
aorta.
La
dilatación de la raíz aórtica ≥
55 mm debe ser una
indicación quirúrgica, independientemente del grado
de insuficiencia aórtica. En los casos de síndrome de
Marfan o válvulas aórticas bicúspides se han
propuesto grados incluso menores de dilatación de la
raíz (≥
45 y ≥
50 mm, respectivamente) como indicaciones de
cirugía, en especial cuando hay un aumento rápido del
diámetro aórtico entre determinaciones seriadas (5 mm
por año) o historia familiar de disección
aórtica48,49.
En
pacientes que tienen una indicación de cirugía de la
válvula aórtica se pueden utilizar umbrales menores
en los casos de cirugía combinada de la aorta ascendente.
También pueden considerarse umbrales menores de
diámetro aórtico para la indicación de
cirugía si la reparación valvular puede ser realizada
por cirujanos experimentados.
La
elección de la técnica quirúrgica se debe
adaptar de acuerdo con los siguientes factores: aneurisma asociado
de la raíz, características de las valvas, enfermedad
subyacente, esperanza de vida y estado de anticoagulación
deseado.
Tratamiento médico
Antes de la cirugía pueden utilizarse nitroprusiato y
agentes inotrópicos (dopamina o dobutamina) en pacientes con
insuficiencia aórtica aguda mal tolerada, para estabilizar
su estado clínico. En pacientes con insuficiencia
aórtica severa crónica e insuficiencia cardiaca, los
inhibidores de la enzima de conversión de la angiotensina
(IECA) son el tratamiento de elección cuando la
cirugía está contraindicada o en casos de
disfunción ventricular izquierda postoperatoria
persistente.
En
pacientes asintomáticos con presión arterial elevada
se debe administrar tratamiento antihipertensivo con
vasodilatadores, como los IECA, o fármacos bloqueadores de
los canales de calcio, como la dihidropiridina.
No
está probado el papel de los vasodilatadores para retrasar
la cirugía en pacientes asintomáticos sin
hipertensión arterial61,62.
En
pacientes con síndrome de Marfan, los fármacos
bloqueadores beta retrasan la progresión de la
dilatación aórtica63 y deben administrarse
también después de la cirugía. En pacientes
con insuficiencia aórtica severa se debe ser cuidadoso con
el uso de fármacos bloqueadores beta, ya que la
prolongación de la diástole aumenta el volumen
regurgitante. Sin embargo, pueden utilizarse en pacientes con
disfunción ventricular izquierda grave. Recientemente, el
enalapril se ha usado también para retrasar la
dilatación aórtica64 en pacientes con
síndrome de Marfan. No se sabe si se obtiene el mismo efecto
beneficioso en pacientes con válvulas aórticas
bicúspides.
Los
pacientes con insuficiencia aórtica deben recibir
información sobre la prevención de la endocarditis y
la profilaxis antibiótica10.
En
pacientes con síndrome de Marfan o en pacientes
jóvenes con aneurisma de la raíz aórtica se
debe realizar un estudio a los miembros de la familia para detectar
casos asintomáticos.
Controles seriados
Los
pacientes con insuficiencia aórtica de leve a moderada
pueden ser evaluados anualmente y realizarse una
ecocardiografía cada 2 años.
Todos los pacientes con insuficiencia aórtica severa y
función ventricular izquierda normal deben volver a ser
visitados a los 6 meses tras el examen inicial. Si el
diámetro ventricular izquierdo y/o la fracción de
eyección muestran cambios significativos, o se acercan a los
valores umbral para una intervención, el seguimiento debe
continuar con una periodicidad de 6 meses. Si los parámetros
son estables, el seguimiento puede realizarse
anualmente.
En
pacientes con dilatación de la raíz aórtica, y
en especial en pacientes con síndrome de Marfan o
válvulas aórticas bicúspides, la
evaluación de la aorta debe realizarse cada año, pero
los intervalos deben ser más cortos si se detecta una
dilatación aórtica.
Poblaciones especiales de pacientes
En
los pacientes con insuficiencia aórtica moderada en los que
se va a realizar una cirugía de derivación
aortocoronaria o una cirugía de la válvula mitral, la
decisión de indicar un recambio valvular aórtico debe
tomarse de forma individualizada de acuerdo con la etiología
de la insuficiencia aórtica, la edad, la progresión
de la enfermedad y la posibilidad de reparar la válvula. El
recambio valvular aórtico concomitante se considera con
más frecuencia cuando la cirugía mitral consiste en
un recambio valvular protésico que cuando se trata de una
reparación de la válvula mitral.
Si
la insuficiencia aórtica que precisa cirugía se
asocia con insuficiencia mitral severa, entonces se deben
intervenir quirúrgicamente las dos. En general, la
válvula aórtica requiere recambio valvular, mientras
que la cirugía de la válvula mitral depende de las
posibilidades de éxito de la reparación.
Naturalmente, si las posibilidades son bajas y el paciente tiene
una probabilidad alta de necesitar anticoagulación por la
cirugía aórtica, entonces el recambio de la
válvula mitral es preferible. Si la insuficiencia mitral
asociada no precisa cirugía inmediata, la decisión es
más difícil y debe ser tomada de forma
individualizada, pero si la insuficiencia es orgánica y la
reparación probable, la cirugía concurrente de la
válvula mitral es una opción atractiva. No obstante,
habrá casos en los que el estado clínico del paciente
determine el procedimiento más rápido y
simple.
ESTENOSIS
AÓRTICA
Introducción
La
estenosis aórtica se ha convertido en el tipo más
frecuente de valvulopatía en Europa y Norteamérica.
Se presenta principalmente como estenosis aórtica
calcificada en adultos de edad avanzada (el 2-7% de la
población > 65 años)2,3,65,66. La
segunda etiología más frecuente, que domina en el
grupo de edad más joven, es la congénita, mientras
que la estenosis aórtica reumática es muy infrecuente
en la actualidad.
Evaluación
Siguen siendo esenciales la historia del paciente y la
exploración física. Es crítico realizar una
exploración cuidadosa para evaluar la presencia de
síntomas (disnea de esfuerzo, angina, mareo o
síncope), teniendo en cuenta que algunos pacientes pueden
negar la presencia de síntomas porque éstos reducen
significativamente sus actividades.
La
existencia del característico soplo sistólico llama
la atención y dirige el diagnóstico en la
dirección correcta. Sin embargo, en ocasiones el soplo puede
ser tenue y la presentación principal puede ser una
insuficiencia cardiaca de causa desconocida. La desaparición
del segundo ruido aórtico es una característica
específica de la estenosis aórtica, aunque es un
signo poco sensible15.
Los
principios generales para el uso de estudios invasivos y no
invasivos siguen las recomendaciones que se presentan en la
sección Comentarios generales.
A
continuación se exponen los aspectos específicos que
deben ser considerados en la estenosis aórtica.
La
ecocardiografía se ha convertido en la herramienta
diagnóstica clave. Sirve para confirmar la presencia de
estenosis aórtica, evaluar el grado de calcificación
valvular, la función ventricular izquierda y el grosor de la
pared, detectar la presencia de otras valvulopatías
asociadas y proporcionar información
pronóstica.
La
ecocardiografía Doppler es la técnica preferida para
la evaluación de la severidad17. Los gradientes
de presión transvalvular son dependientes de flujo y las
mediciones del área valvular representan, desde un punto de
vista teórico, la forma ideal de cuantificar la estenosis
aórtica.
Sin
embargo, conviene remarcar que las mediciones del área
valvular presentan también imprecisiones potenciales y son
menos robustas que las estimaciones de gradiente de la
práctica clínica. Por lo tanto, la
determinación del área valvular con puntos de corte
absolutos no debe bastar por sí sola para la toma de
decisiones clínicas y debe realizarse en combinación
con el flujo, el gradiente de presión y la función
ventricular, así como el estado funcional. La estenosis
aórtica con un área valvular < 1,0 cm2
se considera severa; sin embargo, la indexación de acuerdo
con el área de superficie corporal, con un valor de corte de
0,6 cm2/m2 de área de superficie
corporal es de ayuda, en especial en pacientes con áreas de
superficie corporal excepcionalmente bajas o altas.
La
estenosis aórtica es poco probable cuando el gasto cardiaco
es normal y hay un gradiente de presión medio < 50 mmHg.
En presencia de bajo flujo, normalmente debido a una función
ventricular izquierda deprimida, se pueden encontrar gradientes de
presión bajos en pacientes con estenosis aórtica
severa. En cuanto el gradiente medio de presión es < 40
mmHg, incluso un área valvular pequeña no sirve para
confirmar de manera definitiva la presencia de estenosis
aórtica severa, ya que las válvulas afectadas de
forma leve a moderada pueden no abrirse por completo, lo que da
lugar a un «área valvular funcionalmente
pequeña» (estenosis aórtica
seudosevera)67.
La
ecocardiografía de estrés con dosis bajas de
dobutamina puede servir de ayuda para distinguir una estenosis
aórtica verdaderamente severa de los casos raros de
estenosis aórtica seudosevera27. La estenosis
aórtica verdaderamente severa presenta sólo
pequeños cambios en el área valvular (aumento de <
0,2 cm2) al aumentar la tasa de flujo, pero incrementos
significativos en los gradientes (valores máximos de
gradiente medio de > 50 mmHg), mientras que la estenosis
aórtica seudosevera muestra aumentos marcados en el
área valvular pero sólo cambios pequeños en
los gradientes27,68. Además, esta prueba puede
detectar la presencia de una reserva contráctil (aumento
> 20% del volumen de eyección durante la prueba de
dobutamina en dosis bajas), que tiene implicaciones
pronósticas27,68.
Se
ha propuesto la ecocardiografía de esfuerzo para la
estratificación del riesgo en pacientes con estenosis
aórtica severa asintomática25, aunque se
necesitan más datos para determinar su papel.
La
evaluación ecocardiográfica sirve para identificar
lesiones valvulares coexistentes, como la calcificación
anular mitral en la valvulopatía degenerativa y en la
estenosis mitral reumática, así como la
obstrucción subvalvular dinámica asimétrica,
sobre todo en mujeres ancianas.
La
ecocardiografía transesofágica se necesita de manera
muy excepcional; no obstante, puede proporcionar imágenes
que son suficientemente buenas para realizar una planimetría
valvular, lo que puede ser útil cuando la
visualización transtorácica es escasa y las valvas
están sólo moderadamente calcificadas. La
ecocardiografía transesofágica puede aportar
información adicional sobre otras anomalías de la
válvula mitral.
Las
pruebas de esfuerzo están contraindicadas en pacientes
sintomáticos con estenosis aórtica, pero pueden ser
útiles para desenmascarar síntomas y para la
estratificación del riesgo de los pacientes
asintomáticos con estenosis aórtica
severa21,22. En estos casos es seguro, siempre que se
realice bajo la supervisión de un médico con
experiencia, con un seguimiento preciso de los síntomas, los
cambios en la presión arterial y el ECG. En la
práctica diaria, las pruebas de esfuerzo están
infrautilizadas en pacientes con estenosis aórtica
asintomática3.
La
TC y la RM pueden mejorar la evaluación de la aorta
ascendente, cuando sea necesario. Los datos preliminares indican
que la TC multicorte puede ser útil para cuantificar la
calcificación valvular, un dato que puede ser de ayuda a la
hora de establecer el pronóstico28, así
como para determinar el área valvular69. Sin
embargo, se necesitan más datos para establecer plenamente
el papel de la TC multidetector.
Estudios preliminares han demostrado que los péptidos
natriuréticos pueden predecir la supervivencia libre de
síntomas en la estenosis aórtica30. No
obstante, se requieren más datos antes de recomendar su
determinación de forma seriada para establecer el momento
óptimo de la cirugía.
Raramente se requiere una cateterización ventricular
izquierda retrógrada para evaluar la severidad de la
estenosis aórtica, que debe utilizarse con
precaución, ya que comporta cierto
riesgo32.
Historia natural
La
estenosis aórtica calcificada es una enfermedad
crónica progresiva. Durante un período largo de
latencia, los pacientes permanecen
asintomáticos70-72. Sin embargo, conviene tener
presente que la duración de la fase asintomática
varía ampliamente entre los distintos sujetos. La muerte
cardiaca súbita es una causa frecuente de muerte en
pacientes sintomáticos, pero parece ser rara en los
pacientes asintomáticos (
#
1% por
año)70-72. La supervivencia media libre de
síntomas a los 2 años se ha descrito que varía
de 20 a más del 50%21,22,70-72. Los
números más bajos deben considerarse con
precaución, ya que algunos pacientes de estos estudios
fueron intervenidos quirúrgicamente sin presentar
síntomas. Por último, se ha especulado que la
fibrosis miocárdica y la hipertrofia ventricular izquierda
grave, que pueden no ser reversibles después de una
cirugía tardía, pueden impedir un resultado
postoperatorio óptimo a largo plazo. No obstante, por el
momento no hay datos que confirmen esta
hipótesis.
Recientemente se han identificado los predictores de la
progresión de la estenosis aórtica y, por lo tanto,
de una mala evolución clínica en pacientes
asintomáticos. Son los siguientes:
Clínicos: edad avanzada, presencia de factores de
riesgo de aterosclerosis65,66.
Ecocardiográficos: calcificación valvular, pico
de velocidad del chorro aórtico, fracción de
eyección del ventrículo izquierdo71,72,
progresión hemodinámica71 y aumento del
gradiente con el ejercicio25. La combinación de
una válvula severamente calcificada con un aumento
rápido de la velocidad ≥
0,3 m/s en un año sirve
para identificar a un grupo de pacientes de alto riesgo
(aproximadamente un 80% de muertes o requerimiento de
cirugía en el plazo de 2
años)71.
Pruebas de esfuerzo: el desarrollo de síntomas durante
las pruebas de esfuerzo en pacientes físicamente activos, en
particular entre los que tienen < 70 años, predice una
probabilidad muy alta de desarrollo de síntomas en un plazo
de 12 meses. Datos recientes muestran un menor valor predictivo
positivo de una respuesta de presión arterial anormal, y
aún más de la depresión del segmento ST, que
de los síntomas a la hora de establecer un mal
pronóstico clínico22.
Tan
pronto como aparecen los síntomas, el pronóstico es
pésimo y la mortalidad ha demostrado ser muy importante,
incluso en un plazo de meses desde el inicio de
éstos73. A menudo los pacientes no informan sobre
la aparición de los síntomas.
Resultados de la intervención
El
recambio valvular aórtico es el tratamiento definitivo de la
estenosis aórtica grave. En las series actuales, la
mortalidad operatoria del recambio valvular aórtico aislado
es del 3-5% en pacientes < 70 años y del 5-15% en los
edad más avanzada3,51,52 (tabla 5). Los
siguientes factores aumentan el riesgo de mortalidad operatoria:
edad avanzada, comorbilidades asociadas, sexo femenino, clase
funcional más alta, cirugía de emergencia,
disfunción ventricular izquierda, hipertensión
pulmonar, coexistencia de enfermedad coronaria y cirugía de
derivación o cirugía valvular previas. Después
de un recambio valvular con éxito, las tasas de
supervivencia a largo plazo son cercanas a las de la
población de control, los síntomas se atenúan
y la calidad de vida mejora sensiblemente74. Los
factores de riesgo para la mortalidad tardía incluyen la
edad, las comorbilidades, la presencia de un estado funcional
avanzado, la disfunción ventricular izquierda, las arritmias
ventriculares y la coexistencia de enfermedad arterial coronaria no
tratada. Además, un mal resultado postoperatorio puede
deberse a complicaciones relacionadas con la prótesis y a un
estado hemodinámico subóptimo derivado del
comportamiento de la válvula
protésica75.
La
valvuloplastia con balón desempeña un papel
importante en la población pediátrica, pero su papel
es muy limitado en los adultos debido a que su eficacia es baja, la
tasa de complicaciones es alta (> 10%), y la reestenosis y el
deterioro clínico ocurren en 6-12 meses en la mayoría
de pacientes, lo que da lugar a un resultado clínico a medio
y largo plazo similar al de la historia natural76. Los
estudios preliminares demuestran que el recambio valvular
percutáneo es viable pero que, debido a que se trata de un
procedimiento que se encuentra en sus primeras fases, se necesitan
más estudios para evaluar su papel
potencial77.
Indicaciones para la cirugía
Se
exponen a continuación las indicaciones quirúrgicas
(tabla 7 y fig. 2).
Fig. 2.
Tratamiento de la estenosis
aórtica severa.
ASC: área de superficie corporal; EA: estenosis
aórtica; FE: fracción de eyección; VI:
ventrículo izquierdo.
*Para deficiniones véase la
tabla 7.
Nota: el
tratamiento de pacientes con bajo gradiente y baja fracción
de eyección se detalla en el texto.
El
recambio valvular precoz está muy recomendado en todos los
pacientes sintomáticos con estenosis aórtica severa
que cumplan los requisitos para la cirugía. Mientras el
gradiente medio se mantenga en cifras > 40 mmHg, no hay un
límite inferior de fracción de eyección para
la cirugía.
En
cambio, el tratamiento de los pacientes con estenosis
aórtica de bajo gradiente (fracción de
eyección gravemente reducida y gradiente medio < 40 mmHg)
y bajo flujo es más controvertido. En muchos de estos
pacientes, la fracción de eyección deprimida se debe
principalmente a una poscarga excesiva (desequilibrio de la
poscarga), y en general la función ventricular izquierda
mejora después de la cirugía78,79. Por el
contrario, no es seguro que se produzca una mejoría
secundaria en la función ventricular izquierda si la causa
principal de la disfunción es un infarto de miocardio
extenso. En pacientes con gradiente bajo y con evidencia de reserva
contráctil, la cirugía está recomendada debido
a que representa un riesgo aceptable y una mejora el resultado
clínico a largo plazo en la mayoría de los casos. En
cambio, en los pacientes sin reserva contráctil el resultado
clínico se encuentra comprometido por una alta mortalidad
operatoria, a pesar de que hay una tendencia hacia una mejor
supervivencia tras la cirugía27. No obstante, en
estos pacientes puede realizarse la intervención
quirúrgica, pero en la toma de decisiones se deben tener en
cuenta el estado clínico (en particular la presencia de
comorbilidades), el grado de calcificación valvular, la
extensión de la enfermedad coronaria y la viabilidad de la
revascularización.
El
tratamiento de los pacientes asintomáticos con estenosis
aórtica severasigue siendo un tema
controvertido5,13,80. En la decisión de operar a
los pacientes asintomáticos es preciso sopesar
cuidadosamente los beneficios y los riesgos. La cirugía
precoz electiva, en la fase asintomática, sólo puede
recomendarse en pacientes seleccionados con un riesgo operatorio
bajo. Éste puede ser el caso de:
Los excepcionales pacientes asintomáticos con
función ventricular izquierda deprimida que no se debe a
otra causa.
Los pacientes con predictores ecocardiográficos de mal
pronóstico, indicados por la combinación de
calcificación valvular importante con un aumento
rápido en el pico de velocidad aórtica ≥
0,3 m/s por
año.
La presencia de una prueba de esfuerzo anormal, sobre todo si
produce la aparición de síntomas, ya que es una
indicación importante de cirugía en pacientes
físicamente activos.
Sin embargo, la dificultad respiratoria durante el ejercicio
puede ser difícil de interpretar en pacientes que mantienen
una actividad física baja, sobre todo en los ancianos, lo
que dificulta la toma de decisiones. No hay un límite de
edad estricto para realizar la prueba de esfuerzo y puede ser
razonable proponerla en pacientes de 70 años que se
mantienen activos.
Indicaciones de la valvuloplastia con
balón
Esta intervención puede considerarse como un puente hacia la
cirugía en pacientes hemodinámicamente inestables que
tienen alto riesgo quirúrgico (recomendación de clase
IIb, nivel de evidencia C) o en pacientes con estenosis
aórtica severas intomática que precisan
cirugía mayor urgente no cardiaca (recomendación de
clase IIb, nivel de evidencia C). Ocasionalmente, la valvuloplastia
con balón puede considerarse una medida paliativa en casos
individuales cuando la cirugía está contraindicada
debido la severidad de las comorbilidades presentes.
Tratamiento médico
La
progresión de la estenosis aórtica degenerativa es un
proceso activo que comparte muchas similitudes con la
aterosclerosis81. Por lo tanto, la modificación
de los factores de riesgo de la aterosclerosis está muy
recomendada de acuerdo con las Guías de prevención
secundaria en aterosclerosis.
Aunque diversos estudios retrospectivos han demostrado el efecto
beneficioso de las estatinas82,83 y los
IECA84, los datos siguen siendo contradictorios y el
único estudio aleatorizado que ha probado el efecto del
tratamiento con estatinas ha resultado negativo85. Por
lo tanto, todavía es demasiado pronto para recomendar este
tratamiento.
Los
pacientes sintomáticos requieren cirugía precoz, ya
que no hay ningún tratamiento médico capaz de
retrasar la opción inevitable de la cirugía en la
estenosis aórtica. Sin embargo, los pacientes que no son
aptos para la cirugía pueden ser tratados con
digitálicos, diuréticos, IECA o antagonistas de los
receptores de la angiotensina II (ARA-II) si presentan
insuficiencia cardiaca. Los fármacos bloqueadores beta deben
evitarse en estas circunstancias. Bajo control hemodinámico
se puede utilizar nitroprusiato en pacientes seleccionados con
edema pulmonar.
La
coexistencia de hipertensión debe ser tratada; sin embargo,
el tratamiento debe titularse con precisión para evitar la
hipotensión y los pacientes tienen que ser examinados con
más frecuencia.
Es
particularmente importante mantener el ritmo sinusal. La profilaxis
de la endocarditis está indicada en todos los pacientes con
estenosis aórtica10.
Controles seriados
La
gran variabilidad en la tasa de progresión de la estenosis
aórtica subraya la necesidad de que los pacientes reciban
una educación adecuada sobre la importancia del seguimiento
y la necesidad de informar de la presencia de los síntomas
en cuanto aparezcan. En el paciente asintomático, las
pruebas de estrés deben determinar el grado de
recomendación de la actividad física. Las visitas de
seguimiento deben incluir una evaluación
ecocardiográfica, ya que la tasa de progresión
hemodinámica es importante para las decisiones sobre el
tratamiento. El tipo y el intervalo del seguimiento deben
determinarse de acuerdo con el examen inicial.
En
los casos de calcificación valvular entre moderada y severay
un pico de velocidad del chorro aórtico de 0,4 m/s en la
evaluación inicial, los pacientes tienen que ser reevaluados
cada 6 meses para comprobar la aparición de síntomas
y cambios en la tolerancia al ejercicio o en los parámetros
ecocardiográficos. Si el pico de velocidad del chorro
aórtico ha aumentado desde la última visita (> 0,3
m/s por año) o si hay alguna otra evidencia de
progresión hemodinámica, se debe considerar la
posibilidad de operar. Si no se han producido cambios y el paciente
permanece asintomático, se recomienda una periodicidad de
reevaluación clínica de 6 meses, y de 6 a 12 meses de
reevaluación clínica y
ecocardiográfica.
En
pacientes que no cumplen estos criterios se precisa un seguimiento
clínico anual, con un seguimiento más estrecho en
pacientes limítrofes. La frecuencia de los exámenes
ecocardiográficos debe adaptarse a los hallazgos
clínicos.
Poblaciones especiales de pacientes
En
pacientes con estenosis aórtica y enfermedad coronaria
severas, la cirugía concomitante de derivación
aortocoronaria da lugar a una tasa de mortalidad menor que la que
se observa en pacientes que reciben una cirugía de
derivación combinada. Sin embargo, la cirugía
combinada presenta un riesgo mayor que el recambio valvular aislado
en pacientes que no tienen enfermedad coronaria. Por lo tanto, la
cirugía de derivación aortocoronaria debería
combinarse, siempre que sea posible, con la cirugía
valvular. En cambio, el recambio valvular aórtico no es
necesario durante la cirugía de derivación
aortocoronaria en pacientes con estenosis aórtica
leve.
Por
último, aunque no hay estudios aleatorizados prospectivos,
los datos obtenidos a partir de los análisis retrospectivos
indican que los pacientes con estenosis aórtica moderada
(gradiente medio en presencia de flujo normal de 30-50 mmHg,
área valvular 1-1,5 cm2) pueden, en general,
beneficiarse del recambio valvular en el momento de la
cirugía coronaria86. Sin embargo, se recomienda
realizar un juicio individualizado que tenga en cuenta el
área de superficie corporal, los datos hemodinámicos,
la esperanza de vida, la tasa de progresión esperada de la
estenosis aórtica, el resultado clínico esperado de
las enfermedades asociadas (especialmente de las comorbilidades), y
el riesgo individual del recambio valvular o de una posible
reoperación.
No
debe denegarse la posibilidad de un recambio valvular
aórtico a los pacientes con estenosis aórtica
sintomática severa y enfermedad arterial coronaria difusa
que no puedan ser revascularizados, incluso tratándose de un
grupo de alto riesgo.
Estudios recientes han señalado el uso potencial de la
revascularización coronaria percutánea en lugar de la
cirugía de derivación aortocoronaria en pacientes con
estenosis aórtica87. No obstante, no hay
todavía datos suficientes para recomendar esta
aproximación, excepto en pacientes seleccionados de alto
riesgo con síndrome coronario agudo o en pacientes con
estenosis aórtica no severa.
La
estenosis aórtica se observa cada vez más en
pacientes octogenarios e incluso nonagenarios, que presentan tasas
de morbilidad y mortalidad más altas durante el recambio
valvular aórtico. Sin embargo, la cirugía puede
prolongar y mejorar la calidad de vida88. A pesar de que
el recambio valvular es el procedimiento de elección en esta
población, por desgracia hay un gran porcentaje de
candidatos apropiados que sigue sin ser remitido para
cirugía3,33. La edad por sí misma no debe
considerarse una contraindicación para la cirugía.
Las decisiones deben tomarse de forma individualizada, teniendo en
cuenta los deseos del paciente y factores cardiacos y no cardiacos
(véase también la sección Comentarios
generales). En esta población debe evitarse tanto la
necesidad de una intervención de urgencia como, en el otro
extremo del espectro clínico, una intervención precoz
en la fase asintomática.
Cuando la insuficiencia mitral se asocia con estenosis
aórtica, el tamaño del jet o chorro en el Doppler
color y otros hallazgos del Doppler pueden encontrarse aumentados
por las altas presiones ventriculares. Mientras no haya
anomalías morfológicas (rotura o prolapso, cambios
posreumáticos o signos de endocarditis infecciosa),
dilatación anular mitral, o anomalías marcadas de la
geometría del ventrículo izquierdo, la
intervención quirúrgica de la válvula mitral
no es, en general, necesaria, y la insuficiencia mitral funcional
se resuelve a menudo después del recambio de la
válvula aórtica.
Las
válvulas bicúspides son frecuentes en la estenosis
aórtica y hay una clara relación entre la presencia
de válvulas bicúspides y las anomalías de la
raíz aórtica, incluso en ausencia de estenosis
aórtica severa. Por lo tanto, se recomienda el tratamiento
concomitante de la dilatación aórtica según el
mismo umbral que en la insuficiencia
aórtica89.
INSUFICIENCIA
MITRAL
La
insuficiencia mitral es actualmente la segunda causa más
frecuente de enfermedad valvular, después de la estenosis
aórtica. Se ha reorientado el tratamiento como consecuencia
de los buenos resultados obtenidos con la reparación
valvular. Esta sección trata de la insuficiencia mitral
orgánica, isquémica y funcional.
Insuficiencia mitral orgánica
La
insuficiencia mitral orgánica incluye todas las
etiologías en las que las anomalías de las valvas son
la causa principal de enfermedad, al contrario de lo que ocurre en
la insuficiencia mitral isquémica y funcional, en la que la
insuficiencia valvular es consecuencia de enfermedad del
ventrículo izquierdo.
La
reducción de la prevalencia de la fiebre reumática y
el aumento de la esperanza de vida en los países
industrializados han cambiado progresivamente la
distribución etiológica. La insuficiencia mitral
degenerativa es la etiología más común en
Europa, mientras que la insuficiencia mitral isquémica y la
funcional tienen una frecuencia creciente3. La
endocarditis se trata en unas Guías específicas de la
ESC.
Evaluación
La
exploración clínica normalmente proporciona las
primeras pistas de la presencia de insuficiencia mitral y de que
puede ser significativa, según indican la intensidad y la
duración del soplo sistólico y la presencia de tercer
ruido15. Los principios generales para usar pruebas
invasivas y no invasivas siguen las recomendaciones de la
sección Comentarios generales.
A
continuación se exponen los aspectos específicos de
la insuficiencia mitral.
La
ecocardiografía es el examen principal y debe incluir una
evaluación de la severidad, los mecanismos, las
posibilidades de reparación y, finalmente, las
consecuencias.
Se
pueden usar varios métodos para determinar la severidad de
la insuficiencia mitral. El mapeo del jet o chorro de
regurgitación por Doppler color es el método
más fácil, pero su precisión es limitada. El
ancho de la vena contracta la parte más estrecha del
jet o chorro se correlaciona con las determinaciones
cuantitativas de la insuficiencia mitral. Los dos métodos
cuantitativos para evaluar el volumen regurgitante y calcular el
orificio regurgitante efectivo pueden ser útiles cuando se
tiene experiencia90,91. Los criterios para definir la
insuficiencia mitral orgánica severa se describen en la
tabla 2.
Es
necesario hacer hincapié una vez más en que la
evaluación de la severidad no debe basarse con un
único parámetro, sino que requiere un enfoque que
integre los datos de flujo sanguíneo obtenidos por Doppler
con la información morfológica, y una
comprobación cuidadosa de la validez de estos datos en
relación con las consecuencias sobre las presiones
pulmonares y del ventrículo izquierdo19 (tabla
2).
En
caso de insuficiencia mitral aguda severa, la exploración
física y la auscultación pueden inducir a error, en
particular cuando hay un soplo de baja intensidad, y el estudio del
Doppler color puede infravalorar la severidad de la lesión.
La presencia de una función hiperdinámica en la
insuficiencia cardiaca aguda indica la presencia de una
insuficiencia mitral severa.
La
ecocardiografía transtorácica proporciona una
definición anatómica precisa de las diferentes
lesiones, que debe estar relacionada con la anatomía
segmentaria y funcional de acuerdo con la clasificación de
Carpentier92 para poder evaluar subsecuentemente la
viabilidad de la reparación.
La
ecocardiografía transesofágica se realiza con
frecuencia antes de la cirugía con este
propósito93, aunque la ecocardiografía
transtorácica, cuando es realizada por personas
experimentadas y con técnicas de imagen recientes, puede ser
suficiente si las imágenes son de alta calidad94.
Los resultados de la reparación de la válvula mitral
deben evaluarse intraoperatoriamente por ecocardiografía
transesofágica para permitir la corrección
quirúrgica, si es necesario.
Las
consecuencias de la insuficiencia mitral se evalúan midiendo
el diámetro auricular izquierdo, el diámetro
ventricular izquierdo y la fracción de eyección, y la
presión arterial pulmonar sistólica.
La
evaluación de la reserva contráctil puede realizarse
mediante ecocardiografía de esfuerzo, pero la utilidad de
este método en la toma de decisiones debe ser
validada26.
Las
series preliminares también han indicado el valor de la
elevación de la concentración de péptido
natriurético cerebral como predictor del resultado
clínico a largo plazo, aunque esto tampoco está
plenamente validado31.
Historia
natural
La
insuficiencia mitral aguda es muy mal tolerada y comporta un mal
pronóstico si no se realiza una
intervención.
Nuestro conocimiento sobre la historia natural de la insuficiencia
mitral crónica ha mejorado sensiblemente gracias a los
estudios observacionales
recientes34,91,95,96.
En
la insuficiencia mitral asintomática, las tasas estimadas
± error estándar de muerte por cualquier causa,
muerte por causas cardiacas y acontecimientos cardiacos (muerte por
causas cardiacas, insuficiencia cardiaca o aparición de
fibrilación auricular) a los 5 años, con tratamiento
médico, fueron del 22 ± 3, 14 ± 3 y 33
± 3%, respectivamente91.
Además de los síntomas, la edad, la
fibrilación auricular, el grado de insuficiencia mitral (en
especial el orificio regurgitante efectivo), la dilatación
auricular izquierda, la dilatación ventricular izquierda y
una fracción de eyección ventricular izquierda baja,
son predictores de mal pronóstico.
En
pacientes con rotura de cuerdas, el estado clínico puede
estabilizarse después de un período
sintomático inicial. No obstante, conlleva un mal
pronóstico espontáneo debido al desarrollo
subsiguiente de hipertensión pulmonar.
Resultados de la cirugía
A
pesar de que no hay comparaciones aleatorizadas entre los
resultados del recambio valvular y la reparación, con los
posibles sesgos inherentes resultantes, se acepta ampliamente que
la reparación valvular, cuando es factible, es el
tratamiento quirúrgico óptimo en pacientes con
insuficiencia mitral severa. Cuando se compara con el recambio
valvular, la reparación tiene una menor mortalidad
perioperatoria (tabla 5), una mejor supervivencia, una mejor
preservación de la función ventricular izquierda
postoperatoria y una menor morbilidad a largo
plazo97-101.
Además de los síntomas, los predictores más
importantes del resultado postoperatorio de la insuficiencia mitral
son la edad, la fibrilación auricular, la función
ventricular izquierda preoperatoria y la reparabilidad de la
válvula.
Los
mejores resultados de la cirugía se observan en pacientes
con una fracción de eyección ventricular izquierda
preoperatoria > 60%. La presencia de un diámetro
telediastólico preoperatorio < 45 mm (no hay valores
indexados validados en la insuficiencia mitral) también se
correlaciona de manera estrecha con un buen pronóstico
postoperatorio93,95-98. Sin embargo, no se ha demostrado
que haya un valor a partir del cual no ocurra disfunción
ventricular izquierda postoperatoria, lo que dificulta enormemente
la predicción de la disfunción postoperatoria en un
paciente individual. Además de las determinaciones
iniciales, también deben tenerse en cuenta los cambios
temporales de la función ventricular izquierda a la hora de
tomar decisiones sobre la cirugía. El desarrollo progresivo
de hipertensión pulmonar es un marcador de mal
pronóstico.
La
probabilidad de realizar una reparación valvular duradera es
de vital importancia102,103. La insuficiencia mitral
degenerativa debida a prolapso valvular segmentario normalmente
puede repararse con un riesgo bajo de reintervención. La
posibilidad de reparar el prolapso extenso, las lesiones
reumáticas y, aún más, la insuficiencia mitral
con calcificación de las valvas o calcificación
anular extensa no es tan consistente, incluso aunque la realicen
cirujanos experimentados.
Los
resultados de la reparación valvular también son muy
dependientes de la experiencia del cirujano; esto es incluso
más notorio cuando las lesiones se vuelven más
complejas.
En
la práctica diaria, la experiencia quirúrgica en la
reparación de la válvula mitral está
aumentando y se está generalizando, ya que se realiza en
casi el 50% de los pacientes de los registros europeos3
y americanos, y hasta un 90% se lleva a cabo en centros
experimentados103.
Cuando la reparación no es factible, se prefiere un recambio
valvular mitral con preservación de las cuerdas.
Recientemente se han propuesto procedimientos antiarrítmicos
adicionales derivados de la intervención
maze
de Cox en pacientes con
fibrilación auricular preoperatoria para recuperar y
mantener el ritmo sinusal. Los datos disponibles son todavía
limitados y sigue sin determinarse el papel definitivo de estos
procedimientos104.
Las
primeras reparaciones de la válvula mitral por vía
percutánea en pacientes humanos se han realizado con la
introducción de implantes en el seno coronario o con puntos
de sutura que simulan la operación de Alfieri (método
borde con borde) introducidos transeptalmente105,106. Se
requiere una evaluación más detallada antes de
definir el papel potencial de este tipo de
intervenciones.
Indicaciones para la intervención
A
continuación se exponen las indicaciones para la
cirugía en la insuficiencia mitral severa orgánica
crónica (tabla 8; fig. 3).
Fig. 3.
Tratamiento de la insuficiencia
mitral orgánica crónica devera.
IM: insuficiencia mitral; VI:
ventrículo izquierdo; FE: fracción de
eyección; PAPs: presión arterial pulmonar
sistólica; DTS: diámetro telesistólico del
ventrículo izquierdo.
aLa reparación
valvular se considera cuando hay una alta probabilidad de que sea
duradera y con bajo riesgo.
bEl recambio valvular se puede considerar en
pacientes seleccionados con baja comorbilidad.
La
cirugía urgente está indicada en pacientes
sintomáticos con insuficiencia mitral aguda.
La
cirugía está indicada en pacientes que tienen
síntomas debidos a insuficiencia mitral crónica, pero
sin contraindicaciones para la cirugía. Además de la
anatomía valvular, la decisión entre el recambio o la
reparación depende en gran medida de la experiencia
quirúrgica del centro. Cuando la fracción de
eyección del ventrículo izquierdo es < 30%, una
reparación quirúrgica perdurable puede mejorar los
síntomas, aunque se desconoce su efecto sobre la
supervivencia. En este caso, la decisión sobre la
conveniencia de operar deberá tener en cuenta la respuesta
al tratamiento médico, las comorbilidades y las
probabilidades de reparar la válvula.
El
tratamiento de los pacientes asintomáticos es un tema
controvertido, ya que no hay estudios clínicos aleatorizados
que justifiquen un tipo particular de intervención. Por otra
parte, los buenos resultados de la reparación valvular y los
riesgos potenciales de la disfunción ventricular izquierda
postoperatoria son incentivos para una cirugía precoz. Pero
incluso en los casos en los que el riesgo es bajo, hay un riesgo
pequeño pero definitivo de mortalidad quirúrgica. Las
indicaciones para la cirugía dependen de la
estratificación del riesgo, la posibilidad de reparar la
válvula y las preferencias del paciente, que debe estar bien
informado.
Se
puede recomendar la cirugía en pacientes
asintomáticos seleccionados con insuficiencia mitral
severa:
Pacientes con signos de disfunción ventricular
izquierda (fracción de eyección ventricular izquierda
< 60% y/o dimensión telediastólica > 0,45 mm).
Debe considerarse la cirugía en este grupo, incluso en
pacientes con una elevada probabilidad de recambio valvular. En
pacientes de estatura baja pueden considerarse valores inferiores
de dimensión telediastólica.
Pacientes con fibrilación auricular y función
ventricular izquierda preservada.
Pacientes con función sistólica ventricular
izquierda preservada e hipertensión pulmonar.
En
los pacientes en los que se ha realizado un seguimiento cuidadoso y
se han aplicado los criterios citados previamente, hay pruebas
adicionales obtenidas a partir de datos recientes que muestran que
el uso de esta estrategia permite que la cirugía tenga un
bajo riesgo y un buen resultado clínico a largo
plazo107.
La
conveniencia de la intervención es un tema debatido en
pacientes asintomáticos con insuficiencia mitral severa que
no tienen signos de disfunción ventricular izquierda,
fibrilación auricular o hipertensión pulmonar. Se
puede considerar cuando hay una probabilidad alta de poder reparar
la válvula y un riesgo quirúrgico bajo, según
la lesión valvular y la experiencia del cirujano.
Está muy recomendado realizar un seguimiento clínico
cuidadoso en pacientes que tienen un riesgo operatorio
relativamente alto (p. ej., los ancianos) o cuando hay dudas sobre
la viabilidad de la reparación valvular. En este
último grupo de pacientes, el riesgo operatorio y/o las
complicaciones derivadas de la válvula protésica
probablemente sobrepasan las ventajas de corregir la insuficiencia
mitral. Estos pacientes deben ser examinados cuidadosamente y se
les debe indicar cirugía cuando aparezcan síntomas o
signos objetivos de disfunción ventricular
izquierda.
Por
último, conviene mencionar que no disponemos todavía
de datos sólidos sobre el valor de la cirugía en
pacientes con prolapso valvular mitral y función ventricular
izquierda preservada con arritmias ventriculares recurrentes a
pesar del tratamiento médico.
Tratamiento médico
En
la insuficiencia mitral aguda se puede obtener una reducción
de las presiones de llenado con nitratos y diuréticos. El
nitroprusiato reduce la poscarga y la fracción regurgitante.
Los agentes inotrópicos deben utilizarse en casos de
hipotensión.
Se
debe administrar tratamiento anticoagulante en pacientes con
insuficiencia mitral y fibrilación auricular permanente o
paroxística, o cuando haya historia de embolismo
sistémico o evidencia de trombo auricular izquierdo, y
también durante los primeros 3 meses después de la
reparación valvular mitral, con el objetivo de alcanzar un
cociente internacional normalizado (INR) entre 2 y
3108.
En
la insuficiencia mitral severa, el mantenimiento del ritmo sinusal
después de la cardioversión es poco probable a menos
que la insuficiencia mitral se trate de forma quirúrgica. Si
aparece fibrilación auricular, se debe controlar la
frecuencia cardiaca.
No
hay pruebas científicas que apoyen el uso de
vasodilatadores, incluidos los IECA, en la insuficiencia mitral
crónica sin insuficiencia cardiaca y, por lo tanto, no
están recomendados en este grupo de
pacientes109.
Por
otra parte, cuando se ha desarrollado insuficiencia cardiaca, los
IECA son beneficiosos y pueden utilizarse en pacientes con
insuficiencia mitral avanzada y síntomas severas que no son
candidatos a cirugía, o cuando todavía hay
síntomas residuales después de la cirugía,
normalmente como resultado de una función ventricular
izquierda deprimida. Los fármacos bloqueadores beta y la
espironolactona también pueden ser apropiados.
También se requiere una profilaxis de la
endocarditis10.
Controles
seriados
A
los pacientes asintomáticos con insuficiencia mitral
moderada y función ventricular izquierda preservada se les
puede hacer un seguimiento clínico anual y con
ecocardiografía cada 2 años.
Los
pacientes asintomáticos con insuficiencia mitral severa y
función ventricular izquierda preservada deben ser visitados
cada 6 meses y se les debe realizar una ecocardiografía cada
año, con un seguimiento aún más estrecho si no
se dispone de ninguna evaluación previa, en los casos en los
que los valores estén próximos al límite, o
cuando se hayan producido cambios significativos desde la
última visita. Estos pacientes deben recibir instrucciones
para que informen de manera inmediata sobre cualquier cambio que se
produzca en el estado funcional.
Después de la reparación valvular, tal y como se hace
con el recambio valvular, es bueno establecer unos valores basales
para el ECG, la radiografía de tórax y la
ecocardiografía, para que puedan estar disponibles en
comparaciones futuras, especialmente si ocurren cambios
clínicos.
Insuficiencia mitral isquémica
La
insuficiencia mitral isquémica es una entidad frecuente que,
sin embargo, a menudo pasa inadvertida en la enfermedad coronaria
crónica o aguda110,111. La insuficiencia mitral
isquémica crónica es la consecuencia de una
restricción de la motilidad de las válvulas, debido a
que su movimiento se encuentra limitado por el aparato subvalvular
en pacientes con dilatación ventricular izquierda y/o
disfunción, en especial de la pared
posterolateral.
Evaluación
En
pacientes que presentan shock durante un infarto agudo de miocardio
se debe prever la posibilidad de que se desarrolle insuficiencia
mitral aguda por rotura del músculo papilar. El soplo puede
incluso ser inaudible, lo que subraya la importancia de realizar
una ecocardiografía de urgencia en este contexto. En la
insuficiencia mitral isquémica crónica, el soplo es
de baja intensidad, lo que no debe conducir a la conclusión
de que la insuficiencia mitral es trivial.
Es
importante recordar que la insuficiencia mitral isquémica es
una condición dinámica y que su severidad puede
variar de un momento a otro dependiendo de las arritmias, la
isquemia, la hipertensión o el ejercicio. Se puede producir
edema pulmonar agudo por un aumento importante de la insuficiencia
mitral isquémica inducido por el
ejercicio112.
El
examen ecocardiográfico es útil para establecer el
diagnóstico y para diferenciar la insuficiencia mitral
isquémica verdadera, en la que las válvulas son
normales, de la insuficiencia mitral orgánica, en pacientes
con enfermedad coronaria.
Después de un infarto de miocardio se debe buscar de forma
sistemática la presencia de insuficiencia mitral
isquémica, y se debe realizar una evaluación por
Doppler. El mapa de flujo de color del jet o chorro regurgitante
sobreestima la severidad de la insuficiencia mitral
isquémica. El uso de métodos cuantitativos
añade una información importante. En la insuficiencia
mitral isquémica se han propuesto valores umbral de
severidad más bajos, cuando se han utilizado métodos
cuantitativos (20 mm2 para el orificio regurgitante
efectivo y 30 ml para el volumen
regurgitante)24,110.
La
insuficiencia mitral isquémica es una enfermedad
dinámica, lo que hace que sea lógico pensar que
probablemente las pruebas de estrés desempeñen un
papel importante en su evaluación. Los estudios preliminares
han demostrado que la cuantificación de la insuficiencia
mitral durante el ejercicio es factible, proporciona una buena
apreciación de las características dinámicas y
tiene importancia pronóstica24,112-114. Sin
embargo, es necesario evaluar cuál es el valor
pronóstico de las pruebas de esfuerzo para predecir los
resultados de la cirugía.
No
debe usarse la ecocardiografía transesofágica en la
sala de operaciones para decidir el tratamiento de la insuficiencia
mitral, porque en algunos pacientes la reducción de la
poscarga durante la intervención quirúrgica disminuye
el grado de insuficiencia mitral.
En
un número reducido de estudios se ha explorado, mediante
dosis bajas de dobutamina o tomografía por emisión de
positrones, la viabilidad miocárdica preoperatoria como
predictor de la evolución
clínica115.
El
estudio del estado coronario tiene especial importancia, ya que
completa el diagnóstico y permite evaluar las opciones de
revascularización.
Historia
natural
La
insuficiencia mitral aguda secundaria a una rotura del
músculo papilar tiene un pronóstico pésimo a
corto plazo y requiere cirugía de urgencia.
Los
pacientes con insuficiencia mitral isquémica crónica
tienen un mal pronóstico110. Aunque la enfermedad
arterial coronaria y la disfunción ventricular izquierda
tienen importancia pronóstica, la presencia de insuficiencia
mitral y su severidad están asociadas de forma independiente
con el aumento de la mortalidad.
Resultados de la cirugía
Los
datos disponibles son mucho más limitados y
heterogéneos en la insuficiencia mitral isquémica que
en la insuficiencia mitral orgánica. Globalmente, la
cirugía de la insuficiencia mitral isquémica sigue
siendo un reto. La mortalidad operatoria es más alta que en
la insuficiencia mitral orgánica, y el pronóstico a
largo plazo es menos satisfactorio con una tasa mayor de
recurrencia de insuficiencia mitral tras la reparación
valvular116. Estos resultados menos favorables son
debidos en parte a la presencia de comorbilidades más
severas en los pacientes con insuficiencia mitral
isquémica116-119. Sigue siendo controvertido el
procedimiento quirúrgico más adecuado en los casos en
los que la intervención está indicada. Hay una
tendencia a favor de la reparación valvular, a pesar de que
conlleva un riesgo de mortalidad y de recurrencia de insuficiencia
mitral más alto que en las otras etiologías. La
mayoría de pacientes con insuficiencia mitral
isquémica parece beneficiarse de la reparación
valvular con anuloplastia con anillo protésico rígido
de tamaño reducido120,121, excepto en los casos
más complejos y de mayor riesgo en los que la supervivencia
es similar después de la reparación o del
recambio122. Por último, la presencia de
viabilidad miocárdica significativa es un predictor de buen
resultado clínico después de la reparación
combinada con cirugía de derivación.
La
mayoría de estudios muestra que la insuficiencia mitral
isquémica severa normalmente no mejora por la
revacularización sola123,124. Hay estudios que
indican que la supervivencia es mejor tras la cirugía
valvular en pacientes con insuficiencia mitral isquémica
moderada; sin embargo, este aspecto sigue suscitando debate, ya que
estos estudios no están controlados y tienen un
tamaño limitado125.
Indicaciones para la cirugía
La
rotura del músculo papilar requiere tratamiento
quirúrgico urgente, después de la
estabilización del estado hemodinámico, con un
balón intraaórtico de contrapulsación y
vasodilatadores. Además de la cirugía de
derivación aortocoronaria, en la mayoría de los casos
la cirugía consiste en un recambio
valvular126.
Debido a que hay pocos datos sobre la insuficiencia mitral
isquémica, el tratamiento de estos pacientes está
menos basado en evidencia (tabla 9).
La
insuficiencia mitral severa debe corregirse en el momento de la
cirugía de derivación. No obstante, sigue habiendo
debate acerca del tratamiento de la insuficiencia mitral
isquémica moderada. En estos casos se prefiere la
reparación valvular y la decisión debe tomarse de
forma preoperatoria, ya que la evaluación
ecocardiográfica intraoperatoria infraestima la severidad de
la insuficiencia mitral isquémica. Si hay viabilidad
miocárdica y si el grado de comorbilidad es bajo, es
más probable que se considere la cirugía en pacientes
con fracción de eyección baja.
No
hay datos que respalden la corrección quirúrgica de
la insuficiencia mitral leve debido a la isquemia cuando el
paciente está asintomático y, sobre todo, cuando la
revascularización se puede efectuar por vía
percutánea. Sin embargo, en estos pacientes debe realizarse
un seguimiento riguroso para detectar cualquier cambio posterior en
el grado de la insuficiencia mitral isquémica y sus
consecuencias.
Insuficiencia mitral funcional
En
este grupo, las válvulas mitrales también son
estructuralmente normales y la insuficiencia mitral es secundaria a
los cambios en la geometría ventricular izquierda debidos a
una alteración de la función del ventrículo
izquierdo. En este grupo se incluye la insuficiencia mitral
observada en la miocardiopatía y en la cardiopatía
isquémica con disfunción ventricular izquierda
severa. La evaluación es la misma que en la insuficiencia
mitral isquémica.
Los
datos disponibles sobre la historia natural de la insuficiencia
mitral funcional y los resultados de la cirugía son incluso
más limitados que los que hay sobre insuficiencia mitral
isquémica. Es difícil realizar un análisis
preciso debido al escaso número de series, que incluyen a
pocos pacientes y que mezclan a pacientes con y sin
revascularización.
Diversos estudios observacionales han demostrado la alta
prevalencia de insuficiencia mitral significativa en la
insuficiencia cardiaca crónica, así como su
asociación independiente con un mal
pronóstico127. Sin embargo, sigue sin conocerse
cuál es su verdadera prevalencia y su contribución
patogénica al pronóstico.
La
principal técnica quirúrgica es la anuloplastia
restrictiva120,121,128,129. Se puede combinar con otras
técnicas dirigidas al remodelado ventricular izquierdo, que
están siendo evaluadas.
El
tratamiento quirúrgico de la insuficiencia mitral en estos
pacientes se evitó previamente por el alto riesgo operatorio
y por el potencial efecto deletéreo de aumentar la poscarga.
Las opiniones han cambiado como resultado de las series de casos
procedentes de centros con una gran experiencia en las que se han
obtenido buenos resultados120,121,128,129. Según
el grado de urgencia, la mortalidad operatoria obtenida
varía entre el 5 y el 18%. En pacientes con una
fracción de eyección del 30% se ha descrito una tasa
de supervivencia a los 2 años del 70% y a los 5 años
del 61%, con buenos resultados funcionales120,121. Estos
resultados indican que la cirugía valvular con anuloplastia
restrictiva, combinada con la cirugía del ventrículo
izquierdo, puede mejorar los síntomas con un riesgo
aceptable. Sin embargo, no está claro si la cirugía
mejora el pronóstico, ya que estudios más recientes
han demostrado que la cirugía valvular no mejora la
supervivencia130,131. Esto puede deberse al hecho de que
no influye sobre el remodelado ventricular izquierdo, especialmente
en pacientes con dilatación severadel ventrículo
izquierdo. Además, hay poca información sobre la
durabilidad de la reparación valvular en este
contexto.
Los
pocos datos disponibles indican que la cirugía valvular
mitral aislada, en combinación con las técnicas de
reconstrucción del ventrículo izquierdo, puede
considerarse en pacientes seleccionados con insuficiencia mitral
funcional severa y función ventricular izquierda severamente
deprimida. Se incluiría a los pacientes con enfermedad
coronaria, cuando la cirugía de derivación coronaria
no está indicada, que se mantienen sintomáticos a
pesar de un tratamiento médico óptimo, y cuando el
grado de comorbilidad es bajo, todo ello con el objetivo de evitar
o posponer el trasplante132,133. Se espera que los
estudios clínicos que están en marcha ayuden a
definir mejor las estrategias más apropiadas. En los otros
pacientes, la mejor opción es probablemente el tratamiento
médico, seguido del trasplante cuando éste falla. No
obstante, no debe considerarse la opción de la
cirugía en la válvula mitral regurgitante en
pacientes in extremis con bajo gasto cardiaco, insuficiencia
ventricular derecha severay alta comorbilidad.
El
tratamiento médico es el de elección antes de
considerar la corrección quirúrgica de la
válvula regurgitante funcional. Está indicado el uso
de IECA y bloqueadores beta, que pueden reducir la insuficiencia
mitral al invertir progresivamente el desarrollo del remodelado
ventricular izquierdo. Los nitratos y los diuréticos son
útiles para tratar la disnea aguda secundaria a cualquier
componente dinámico.
La
dilatación del ventrículo izquierdo, la
distorsión y la desincronía se unen a la
insuficiencia mitral funcional de los pacientes con insuficiencia
cardiaca y disfunción ventricular izquierda. Así
pues, en pacientes con una duración prolongada del intervalo
QRS y asincronía intraventricular, la terapia de
resincronización cardiaca puede reducir la severidad de la
insuficiencia mitral y mejorar la función ventricular
izquierda134. El uso de desfibriladores debe realizarse
de acuerdo con las recomendaciones apropiadas.
ESTENOSIS
MITRAL
Introducción
Aunque la prevalencia de la fiebre reumática ha disminuido
de forma importante en los países industrializados, la
estenosis mitral sigue teniendo una morbilidad y una mortalidad
significativa en el ámbito mundial2,3. Desde que
se desarrolló hace 20 años, la comisurotomía
mitral percutánea (CMP) ha tenido un gran impacto en el
tratamiento de la estenosis mitral135.
Evaluación
Puede ser difícil evaluar de forma precisa el problema
funcional en estos pacientes que, a menudo, presentan una
disminución gradual de la actividad y pueden sentirse
asintomáticos durante años. La exploración
clínica, la radiografía de tórax y el ECG
sirven para establecer el diagnóstico en la mayoría
de los casos y permiten la evaluación inicial de algunas
consecuencias, como la fibrilación auricular y la
hipertensión pulmonar15.
Los
principios generales para el uso de investigaciones invasivas y no
invasivas siguen las recomendaciones de la sección
Comentarios generales.
A
continuación se exponen los aspectos específicos de
la estenosis mitral.
La
ecocardiografía es el método principal para evaluar
la severidad y las consecuencias de la estenosis mitral, así
como la extensión de las lesiones anatómicas. La
severidad de la estenosis mitral debe cuantificarse mediante
planimetría bidimensional y el método de
hemipresión, que son enfoques complementarios para medir el
área valvular. La planimetría, cuando es factible, es
el método de elección, sobre todo inmediatamente
después de la CMP. Las determinaciones del gradiente
transvalvular medio calculado mediante las velocidades Doppler son
muy dependientes de la frecuencia cardiaca y el flujo, pero pueden
ser útiles para probar la consistencia en la
evaluación de la severidad, en especial en pacientes en
ritmo sinusal136. Normalmente, la estenosis mitral no
tiene consecuencias clínicas en reposo cuando el área
valvular es > 1,5 cm2, excepto en pacientes con un
tamaño corporal particularmente grande.
La
evaluación de la morfología valvular es importante
para la selección de candidatos para CMP. Se han
desarrollado sistemas de puntuación para evaluar la
idoneidad de esta técnica en los que se tienen en cuenta el
grosor valvular, la movilidad, la calcificación, la
deformidad subvalvular y las comisuras135,137,138
(tablas 10 y 11).
La
ecocardiografía también evalúa las presiones
arteriales pulmonares, la presencia de insuficiencia mitral
asociada y enfermedad valvular concomitante, y el tamaño
auricular izquierdo.
La
aproximación transtorácica suele proporcionar
información suficiente para el tratamiento
sistemático. Sin embargo, también debe realizarse un
examen transesofágico para excluir trombosis auricular
izquierda antes de la CMP o después de un episodio
embólico, o si la ecocardiografía
transtorácica proporciona una información
subóptima sobre la anatomía o la insuficiencia mitral
asociada.
En
pacientes sin síntomas o con sintomatología dudosa,
las pruebas de estrés ayudan en la toma de decisiones al
desenmascarar los síntomas. La ecocardiografía de
esfuerzo proporciona otro tipo de información al permitir la
evaluación de la evolución del gradiente mitral y las
presiones pulmonares139. Se debe definir su valor
adicional para la toma de decisiones.
La
ecocardiografía también desempeña un papel
importante en el control de los resultados de la CMP durante el
procedimiento, y en la evaluación de los resultados finales
al menos 24 h después de su finalización.
Historia natural
Los
estudios sobre historia natural son antiguos y no controlados. En
pacientes asintomáticos, la supervivencia era buena hasta
los 10 años, con una progresión muy variable y
deterioro súbito, precipitado por las complicaciones, como
la fibrilación auricular o el embolismo, en la mitad de los
pacientes140,141. Los pacientes sintomáticos
tienen un mal pronóstico.
Resultados de la intervención
Comisurotomía percutánea con balón
Normalmente, la CMP proporciona por lo menos un 100% de aumento del
área valvular. Los buenos resultados iniciales se suelen
definir por un área valvular > 1,5 cm2 sin
insuficiencia mitral mayor que leve. El éxito técnico
y las complicaciones están relacionados con el estado del
paciente y la experiencia del equipo142-145. Las tasas
de fracaso varían del 1 al 15%. Las tasas de complicaciones
mayores son las siguientes: mortalidad durante el procedimiento,
0,5-4%; hemopericardio, 0,5-10%; embolismo, 0,5-5% e insuficiencia
severa, 2-10%. Raramente se requiere cirugía de urgencia
(< 1%).
Los
datos de seguimiento clínico confirman la eficacia
tardía de la CMP, ya que la supervivencia libre de eventos
es del 35-70% después de 10-15 años, dependiendo de
las características del paciente135,144,145.
Cuando los resultados inmediatos son insatisfactorios, normalmente
se requiere cirugía en los meses siguientes. En cambio,
después de una CMP exitosa, los resultados a largo plazo son
buenos en la mayoría de los casos. Cuando ocurre un
deterioro funcional, suele ser tardío y relacionado con
restenosis. La CMP con éxito también ha demostrado
reducir el riesgo embólico. La predicción de los
resultados a largo plazo está relacionada con las
características anatómicas y clínicas
preoperatorias y con la calidad de los resultados
inmediatos135,145. La identificación de las
variables que están ligadas al resultado clínico ha
permitido el desarrollo de modelos predictivos con una alta
sensibilidad; sin embargo, su especificidad es baja, lo que indica
una predicción insuficiente de los malos resultados
inmediatos.
Cirugía
Cirugía
conservadora
En
los países industrializados, la comisurotomía cerrada
de la válvula mitral ha sido sustituida por la
comisurotomía mitral a corazón abierto mediante
cirugía con circulación extracorpórea, que no
sólo corrige la fusión comisural, sino que
también actúa sobre la deformidad subvalvular. En
series seleccionadas procedentes de centros con experiencia, la
mayoría de las cuales se incluye a pacientes jóvenes,
los resultados a largo plazo son buenos: a los 15 años la
supervivencia fue del 96%, y el número de pacientes libre de
complicaciones valvulares fue del 92%146. Según
el reciente Euro-Heart Survey, en la práctica diaria, la
comisurotomía a corazón abierto se realiza de manera
muy excepcional3.
Recambio
valvular
La
mortalidad operatoria varía entre el 3 y el 10% y se
correlaciona con la edad, la clase funcional, la
hipertensión pulmonar y la presencia de enfermedad arterial
coronaria. La supervivencia a largo plazo está relacionada
con la edad, la clase funcional, la fibrilación auricular,
la hipertensión pulmonar, la función ventricular
izquierda preoperatoria y las complicaciones de la válvula
protésica, especialmente el tromboembolismo y la hemorragia
o el deterioro estructural147.
Indicaciones para la intervención
El
tipo de tratamiento y el momento en el que debe iniciarse se deben
decidir en función de las características
clínicas (incluidos el estado funcional, los predictores de
riesgo operatorio y de los resultados de la CMP), la
anatomía valvular, la experiencia del centro y su
disponibilidad en el campo de la CMP y la
cirugía.
A
continuación se exponen las indicaciones para la
cirugía (tabla 12; fig. 4).
Fig. 4.
Tratamiento de la estenosis mitral
severa. Los pacientes con riesgo elevado de embolismo o
descompensación hemodinámica se definen por un
historial previo de embolismo, contraste denso espontáneo en
la aurícula izquierda, fibrilación auricular reciente
o paroxística, presión pulmonar sistólica en
reposo de > 50 mmHg, requerimiento de cirugía mayor no
cardiaca o deseo de embarazo.
CI: contraindicación; CMP:
comisurotomía mitral percutánea; EM: estenosis
mitral.
*Para
definiciones véase la tabla 12.
La
intervención sólo debe realizarse en pacientes con
estenosis mitral clínicamente significativa (área
valvular < 1,5 cm2 o < 1,7-1,8 cm2 en
casos de pacientes inusualmente obesos)5,13.
La
intervención debe realizarse en pacientes
sintomáticos. En la era de la CMP, esta intervención
se realiza en la mayor parte de los pacientes con una
anatomía valvular favorable. Sin embargo, cirujanos expertos
pueden realizar una comisurotomía abierta en pacientes
jóvenes sin calcificación o con calcifiación
leve y con insuficiencia mitral leve-moderada. La CMP es el
procedimiento de elección cuando la cirugía
está contraindicada, en casos de alto riesgo o en pacientes
con características favorables. Las indicaciones en el caso
de pacientes con una anatomía desfavorable siguen suscitando
debate. La toma de decisiones en este grupo de pacientes tan
heterogéneo debe tener en cuenta la naturaleza
multifactorial de la predicción de los resultados de la CMP
y la experiencia relativa del centro en CMP y
cirugía135,144,145. En la práctica diaria
en Europa, la cirugía para la estenosis mitral consiste
básicamente en el recambio valvular3. La CMP se
puede ofrecer como tratamiento inicial en pacientes seleccionados
con calcificación leve-moderada o afectación del
aparato subvalvular, en casos en los que haya
características clínicas favorables, en especial en
pacientes jóvenes en los que la posibilidad de posponer el
recambio valvular es particularmente atractiva. En los otros
pacientes es preferible la cirugía.
Debido al riesgo pequeño pero definitivo inherente a la CMP,
los pacientes verdaderamente asintomáticos no suelen ser
candidatos para este procedimiento, excepto en los casos en los que
hay un riesgo elevado de tromboembolismo o descompensación
hemodinámica, como en la hipertensión pulmonar grave,
o intención de embarazo. En estos pacientes, la CMP
sólo debe realizarse si las características son
favorables y debe ser efectuada por cardiólogos
experimentados.
En
pacientes asintomáticos con estenosis mitral, debido a los
riesgos inherentes, la cirugía se considera de manera
excepcional y se limita a los escasos pacientes que tienen un
riesgo elevado de complicaciones y que presentan contraindicaciones
para la CMP.
La
cirugía es la única alternativa cuando la CMP
está contraindicada (tabla 13). La contraindicación
más importante es la trombosis auricular izquierda. Esta
contraindicación es evidente cuando el trombo se localiza en
la cavidad. Cuando el trombo está localizado en el
apéndice auricular izquierdo, las indicaciones para CMP se
limitan a pacientes con contraindicaciones para la cirugía o
sin una necesidad urgente de intervención cuando la
anticoagulación oral puede administrarse un mínimo de
2 meses y un máximo de 6 meses, siempre que el examen por
ecocardiografía transesofágica muestre la
desaparición del trombo148. Si el trombo
persiste, es preferible la cirugía.
La
corrección intraoperatoria de la fibrilación
auricular puede combinarse con la cirugía valvular en casos
seleccionados; sin embargo, es necesario validar el beneficio de
este enfoque.
Tratamiento médico
Los
diuréticos o los nitratos de acción prolongada
mejoran transitoriamente la disnea. Los bloqueadores beta o los
bloqueadores de los canales de calcio que regulan la frecuencia
cardiaca son útiles para reducirla y pueden mejorar de forma
importante la tolerancia al ejercicio al prolongar la
diástole y, por lo tanto, el tiempo de llenado ventricular
izquiedo a través de la válvula estenosada. En
pacientes con fibrilación auricular permanente o
paroxística está indicado el tratamiento
anticoagulante con un INR en la mitad superior108 del
rango 2-3. La anticoagulación es obligatoria en pacientes
que se encuentran en ritmo sinusal cuando ha habido embolismo
previo o hay un trombo en la aurícula izquierda
(recomendación de clase I, nivel de evidencia C), y
está recomendada cuando la ecocardiografía
transesofágica muestra contraste denso espontáneo o
en pacientes que tienen la aurícula izquierda aumentada
(diámetro > 50 mm) (recomendación de clase IIa,
nivel de evidencia C)12,13.
La
cardioversión no está indicada antes de la
intervención en pacientes con estenosis mitral severa, ya
que normalmente no restablece el ritmo sinusal a medio o a largo
plazo. Si la fibrilación auricular ha comenzado de manera
reciente y la aurícula izquierda sólo está
moderadamente aumentada de tamaño, la cardioversión
debe realizarse pronto después de una intervención
con éxito. El ritmo sinusal se puede mantener con
fármacos antiarrítmicos de clase IC o III.
La
profilaxis de la endocarditis infecciosa está
indicada10. En países con una alta prevalencia de
enfermedad reumática, la profilaxis de la fiebre
reumática debe realizarse en pacientes jóvenes y
continuarse después de una intervención conservadora
hasta la edad adulta.
Controles seriados
Los
pacientes asintomáticos con estenosis mitral
clínicamente significativa que no han sido intervenidos
quirúrgicamente deben ser seguidos cada año mediante
exámenes clínicos y ecocardiográficos, y con
intervalos más largos cuando la estenosis sea de menor
grado.
El
tratamiento de los pacientes después de una CMP con
éxito es similar al de los pacientes asintomáticos.
Cuando la CMP no se ha realizado con éxito y los
síntomas persisten, la cirugía debe considerarse de
forma precoz, a menos que haya contraindicaciones
definitivas.
Poblaciones especiales de pacientes
Cuando ocurre una restenosis con síntomas después de
una comisurotomía quirúrgica, la
reintervención en la mayoría de los casos requiere
recambio valvular. Se puede considerar la CMP en estos pacientes si
tienen características favorables y no presentan
contraindicaciones, y si el mecanismo predominante de la restenosis
es la refusión comisural149.
De
igual manera, se puede proponer repetir la CMP en pacientes
seleccionados con las mismas características que se han
mencionado con anterioridad si la restenosis tiene lugar varios
años después de una CMP inicial realizada con
éxito. En pacientes que tienen una anatomía valvular
no idónea para CMP pero que no son candidatos para
cirugía, repetir la CMP puede tener un papel
paliativo.
Para la información sobre estenosis mitral durante la
gestación, véase la sección Tratamiento
durante la gestación.
En
los ancianos, cuando la cirugía presenta alto riesgo o
está contraindicada, la CMP puede ser una opción
útil, aunque sólo sea paliativa. En pacientes con
características anatómicas favorables, la CMP se
puede intentar como primera opción, y recurrir a la
cirugía si los resultados son insatisfactorios. En los otros
pacientes se prefiere la cirugía si no hay
contraindicaciones150,151.
En
pacientes con estenosis mitral combinada con valvulopatía
aórtica severa, normalmente se prefiere la cirugía.
En casos en los que coexista la estenosis mitral con una
valvulopatía aórtica moderada, la CMP se puede
realizar con el objetivo de posponer el tratamiento
quirúrgico de las dos válvulas. La CMP se puede
intentar en pacientes con estenosis mitral severa e insuficiencia
tricúspide funcional severa. Cuando haya enfermedad
orgánica severade la válvula tricúspide, se
prefiere la cirugía de las dos válvulas.
ENFERMEDAD
TRICUSPÍDEA
Estenosis tricuspídea
La
estenosis de la válvula tricúspide, que es de origen
casi exclusivamente reumático, se observa muy raramente en
los países desarrollados, aunque es más habitual en
países en vías de desarrollo2,4. La
detección precisa una evaluación cuidadosa, ya que
casi siempre se asocia con lesiones de las válvulas
izquierdas que dominan en la presentación
clínica.
Evaluación
A
menudo, los signos clínicos están enmascarados por
los relacionados con las lesiones valvulares asociadas,
especialmente la estenosis mitral15. La
ecocardiografía es la técnica que aporta una
información más valiosa. A menudo, la estenosis
tricuspídea se pasa por alto, por lo que requiere una
evaluación cuidadosa. Nunca se ha validado el método
de hemipresión para la válvula tricúspide y la
ecuación de continuidad raramente es aplicable debido a la
frecuencia con la que la insuficiencia tricuspídea se
encuentra asociada. Normalmente es imposible realizar una
planimetría del área valvular a menos que se utilice
ecocardiografía tridimensional. No hay una
clasificación universalmente aceptada de la severidad de la
estenosis tricuspídea. Un gradiente medio > 5 mmHg se
considera indicativo de estenosis tricuspídea
clínicamente significativa17. En la
ecocardiografía también se deben examinar la
presencia de fusión comisural, la anatomía valvular y
la de su aparato subvalvular, que son los determinantes más
importantes de la reparabilidad, y el grado de insuficiencia
concomitante.
Cirugía
La
ausencia de tejido flexible en las válvulas es la principal
limitación para las técnicas
conservadoras.
Para el recambio valvular, a pesar de que todavía hay cierta
controversia, las prótesis biológicas se prefieren a
las mecánicas debido al mayor riesgo de trombosis asociado a
estas últimas y a los buenos resultados en términos
de durabilidad de las primeras en la posición
tricuspídea152-154.
Intervención percutánea
La
dilatación percutánea tricuspídea con
balón se ha realizado en un número limitado de casos,
ya sea de forma aislada o junto con la CMP, pero a menudo induce
una insuficiencia significativa. No hay datos sobre los resultados
a largo plazo155,156.
Indicaciones para la intervención
La
intervención de la válvula tricúspide se suele
realizar en el momento de la intervención de las otras
válvulas en pacientes que están sintomáticos a
pesar del tratamiento médico. Se prefieren la cirugía
conservadora o el recambio valvular, según la
anatomía y la experiencia quirúrgica en la
reparación valvular, a la comisurotomía con
balón, que puede considerarse como una primera
aproximación en los casos excepcionales de estenosis
tricuspídea aislada76 (tabla 14).
Tratamiento médico
En
presencia de insuficiencia cardiaca, los diuréticos son
útiles, pero tienen una eficacia limitada. La profilaxis de
la endocarditis debe realizarse de forma
apropiada10.
Insuficiencia tricuspídea
En
sujetos normales es frecuente detectar, mediante
ecocardiografía, una insuficiencia tricuspídea
trivial. La insuficiencia tricuspídea patológica
suele ser funcional, más que debida a una lesión
valvular primaria. La insuficiencia tricuspídea funcional se
debe a una dilatación anular y es secundaria a la sobrecarga
de volumen y/o presión en el ventrículo derecho. La
sobrecarga de presión suele estar causada por
hipertensión pulmonar debida a enfermedad del corazón
izquierdo o, de manera más excepcional, a cor pulmonale,
hipertensión arterial pulmonar idiopática y
sobrecarga de volumen ventricular derecho, posiblemente relacionada
con defectos septales de la aurícula o enfermedad
intrínseca del ventrículo
derecho157,158.
Evaluación
Los
síntomas predominantes son los correspondientes a las
enfermedades asociadas, e incluso una insuficiencia
tricuspídea severa puede ser bien tolerada durante un
período prolongado. Aunque son dependientes de la carga, los
signos clínicos de insuficiencia cardiaca derecha pueden ser
útiles a la hora de evaluar la severidad de la insuficiencia
tricuspídea15.
La
ecocardiografía es la técnica ideal para evaluar la
insuficiencia tricuspídea. Proporciona la siguiente
información:
Anomalías estructurales de la válvula, en las
que se distingue entre las formas funcionales y las primarias. En
estas últimas normalmente se puede identificar la
etiología a partir de anomalías específicas,
como las vegetaciones en la endocarditis159, la
retracción de las valvas en la enfermedad reumática y
carcinoide, y la eversión de la válvula en la
enfermedad mixomatosa o postraumática. También debe
medirse el grado de dilatación del anillo.
La evaluación semicuantitativa de la severidad de la
insuficiencia tricuspídea se debe basar en la zona de
convergencia proximal, la anchura proximal del jet o chorro, la
dilatación de la vena cava inferior y la reducción o
reversibilidad del flujo sanguíneo sistólico en las
venas hepáticas19,160 (tabla 2). Es importante
que esta evaluación integre los datos cuantitativos y los
parámetros que evalúan las consecuencias de la
insuficiencia tricuspídea, teniendo en cuenta la
sensibilidad de los diferentes índices a las condiciones de
carga19. Los criterios para definir la insuficiencia
tricuspídea severa se describen en la tabla 2.
Evaluación del ventrículo derecho, a pesar de
que hay limitaciones para cualquier medición de la
función ventricular derecha.
Medición del pico de presión sistólica
ventricular derecha como una estimación de la presión
pulmonar mediante la medición del pico de velocidad
regurgitante de la válvula tricúspide.
Evaluación del grado de lesiones combinadas, con
observación detallada del ventrículo izquierdo y las
lesiones valvulares asociadas, especialmente en el lado izquierdo,
y la función ventricular izquierda.
La
valoración por RM, si está disponible, puede
proporcionar información adicional útil sobre el
tamaño y la función del ventrículo derecho,
que es difícil de evaluar con otras técnicas de
imagen.
Historia
natural
Los
pocos datos disponibles sobre la historia natural de la
insuficiencia tricuspídea primaria indican que la
insuficiencia tricuspídea severa tiene un mal
pronóstico, aunque pueda ser bien tolerada funcionalmente
durante años.
La
insuficiencia tricuspídea funcional puede disminuir o
desaparecer a medida que la insuficiencia ventricular derecha
mejora como respuesta a un tratamiento específico. No
obstante, la insuficiencia tricuspídea puede persistir
incluso después de una corrección exitosa de las
lesiones izquierdas. Sigue siendo muy difícil predecir la
evolución de la insuficiencia tricuspídea funcional
después del tratamiento quirúrgico de la
válvula mitral157. La hipertensión
pulmonar, el aumento de la presión y de la dimensión
del ventrículo derecho, y la reducción de la
función ventricular derecha y del diámetro del anillo
tricuspídeo son factores de riesgo importantes para la
persistencia o el empeoramiento tardío de la insuficiencia
tricuspídea161,162. Sin embargo, la insuficiencia
tricuspídea puede persistir incluso después de una
corrección con éxito de las lesiones
izquierdas.
Resultados de la cirugía
La
anuloplastia es clave en la cirugía conservadora. Se
observan mejores resultados a largo plazo con anillos
protésicos que con la técnica de los puntos. La
incidencia de insuficiencia tricuspídea residual a los 5
años es del 10 y el 20-35%,
respectivamente158,161,163. El recambio valvular
conlleva un riesgo de mortalidad operatoria que oscila entre el 7 y
el 40%. La supervivencia a los 10 años varía entre un
30 y un 50%, y los predictores son la clase funcional
preoperatoria, las funciones ventriculares izquierda y derecha, y
las complicaciones protésicas152-154. La
experiencia actual favorece el uso de grandes bioprótesis
por delante de las válvulas mecánicas.
La
reintervención de la válvula tricúspide en
casos de insuficiencia tricuspídea persistente
después de la cirugía de la válvula mitral
conlleva un alto riesgo, debido principalmente a la
situación clínica del paciente (incluidas la edad y
el número de intervenciones cardiacas previas), y es
probable que tenga unos malos resultados a largo plazo relacionados
con la presencia de disfunción ventricular derecha
irreversible previa a la reoperación.
Indicaciones para la cirugía
Sigue siendo un tema controvertido decidir el mejor momento para la
intervención quirúrgica y la técnica
más apropiada, debido a los pocos datos disponibles y a su
naturaleza heterogénea (tabla 14).
Como principio general se puede afirmar que la cirugía
conservadora, cuando sea técnicamente posible, es preferible
al recambio valvular, y que la cirugía debe realizarse con
la suficiente prontitud para evitar una disfunción
ventricular derecha irreversible.
La
posible necesidad de corrección de la insuficiencia
tricuspídea se suele considerar en el momento de la
corrección quirúrgica de las lesiones valvulares
izquierdas. En estas circunstancias, la relativa sencillez de la
reparación de la válvula tricúspide y el alto
riesgo de la corrección quirúrgica secundaria son
incentivos para indicar de forma precoz la reparación de la
válvula tricúspide. En estas circunstancias, la
insuficiencia tricuspídea severa tiene que ser corregida. En
los casos en los que hay un grado menor de insuficiencia
tricuspídea, la corrección quirúrgica puede
recomendarse cuando hay hipertensión pulmonar o
dilatación severa del anillo161,162
(diámetro > 40 mm o > 21 mm/m2 de
área de superficie corporal) e, incluso, si la insuficiencia
tricuspídea es de origen orgánico. Por último,
la insuficiencia tricuspídea leve no precisa
intervención.
Se
puede requerir una cirugía aislada de la válvula
tricúspide en pacientes con insuficiencia tricuspídea
primaria severa como resultado de una endocarditis o un
traumatismo, que siguen sintomáticos, o en los que no tienen
síntomas o que los tienen de forma leve pero que presentan
signos objetivos de alteración significativa de la
función ventricular derecha.
En
la circunstancia particular de insuficiencia tricuspídea
severa recurrente o persistente a pesar del tratamiento
médico después de la cirugía de la
válvula mitral, se puede considerar la posibilidad de operar
de forma aislada la válvula tricúspide cuando no haya
disfunción ventricular derecha grave, disfunción
miocárdica o disfunción de las válvulas
izquierdas.
Tratamiento médico
Los
diuréticos mejoran los signos de congestión. Se
precisa un tratamiento específico de la enfermedad
subyacente.
VALVULOPATÍAS
MÚLTIPLES Y COMBINADAS
(
*
)
No
hay datos sobre valvulopatías múltiples y combinadas,
lo que no permite hacer recomendaciones basadas en pruebas
científicas. Además, el gran número de
combinaciones posibles conlleva la necesidad individualizar las
decisiones en este apartado.
Se
puede encontrar estenosis e insuficiencia significativas en la
misma válvula. Estos tipos de valvulopatías
combinadas se dan en la valvulopatía reumática y, con
menos frecuencia, en la valvulopatía degenerativa. Cuando la
estenosis o la insuficiencia son predominantes, el tratamiento debe
seguir las recomendaciones que se refieren a la valvulopatía
predominante. Cuando la severidad de la estenosis y la
insuficiencia están equilibradas, las indicaciones para una
intervención deben basarse en la tolerancia del paciente
hacia la valvulopatía combinada más que en los
índices de severidad de la estenosis o la insuficiencia. La
intervención se puede considerar cuando una estenosis no
severa se combina con una insuficiencia no severa en pacientes con
síntomas, o cuando está claro que la lesión
combinada conduce a una afectación del ventrículo
izquierdo. En este contexto, la intervención casi siempre
consiste en el recambio valvular protésico.
La
enfermedad de múltiples válvulas se puede encontrar
en distintos procesos patológicos, pero sobre todo en la
cardiopatía reumática. Además de la
evaluación separada de cada una de las lesiones valvulares,
es necesario tener en cuenta también la interacción
entre las distintas lesiones valvulares. Como ilustración,
la estenosis mitral asociada puede conducir a la
infravaloración de la severidad de la estenosis
aórtica, ya que el volumen/latido reducido debido a la
estenosis mitral reduce también el flujo a través de
la válvula aórtica y, por lo tanto, el gradiente
aórtico. Este mecanismo subraya la necesidad de combinar
diferentes determinaciones, incluida la evaluación de las
áreas valvulares, utilizando si es posible métodos
que son menos dependientes de las condiciones de carga, como la
planimetría. La insuficiencia mitral asociada a la
insuficiencia aórtica se puede encontrar especialmente en el
síndrome de Marfan. En estos pacientes, además de la
severidad, es importante realizar un examen de la anatomía
valvular para evaluar la posibilidad de una cirugía
conservadora en cada válvula.
Las
indicaciones para la intervención se basan en la
evaluación global de los efectos de las diferentes lesiones
valvulares, como los síntomas o las consecuencias sobre la
función y las dimensiones del ventrículo izquierdo.
Además, en la decisión de intervenir sobre
múltiples válvulas debe tenerse en cuenta el riesgo
quirúrgico extra de los procedimientos combinados. En la
elección de la técnica quirúrgica debe tenerse
en cuenta la presencia de las otras valvulopatías. Por
ejemplo, el deseo de reparar una válvula puede disminuir si
se requiere un recambio valvular protésico en otra
válvula. El tratamiento de otras asociaciones
específicas de las valvulopatías se detalla en las
secciones individuales.
(
*
) En las recomendaciones
que atañen a la insuficiencia aórtica, las
principales novedades hacen referencia a la importancia del
estudio, el seguimiento y la indicación quirúrgica de
la dilatación aórtica. En la estenosis aórtica
se considera la intervención en determinados pacientes
asintomáticos, se analiza el papel de la prueba de esfuerzo
y se define la función del test de dobutamina en los casos
de bajo gradiente. La valvuloplastia aórtica
percutánea queda prácticamente abandonada. Cabe
remarcar que, en la insuficiencia mitral degenerativa
asintomática, la indicación de cirugía es algo
más conservadora que en las recientes guías
americanas1. Destacan los comentarios clínicos en
situaciones especiales, como la edad avanzada o la coexistencia de
varias lesiones valvulares en el mismo paciente.
1. ACC/AHA 2006 guidelines for the management of patients with
valvular heart disease: a report of the American College of
Cardiology/American Heart Association Task Force on Practice
Guidelines (writing committee to revise the 1998 Guidelines for the
Management of Patients With Valvular Heart Disease) Circulation.
2006;114:e84-e231.
VÁLVULAS
PROTÉSICAS
Los
pacientes en los que se ha realizado una cirugía valvular
previa representan una proporción importante de los
pacientes con valvulopatías, aproximadamente el 28% de todos
los pacientes con valvulopatía del Euro-Heart
Survey3. El grado de las complicaciones relacionadas con
la prótesis en el resultado clínico de los pacientes
después de la cirugía sirve para enfatizar la
importancia de optimizar la elección del tipo de sustituto
valvular, así como del tratamiento subsecuente de los
pacientes con válvulas protésicas.
Elección de la válvula
protésica
No
hay un sustituto valvular perfecto. Todos incluyen algún
compromiso y todos introducen nuevos procesos patológicos,
tanto si son de tipo mecánico como biológico. Las
válvulas biológicas incluyen los xenoinjertos, los
homoinjertos y los autoinjertos. Los autoinjertos y los
homoinjertos en la posición aórtica son los que
proporcionan las mejores áreas de orificios efectivos. Las
bioprótesis soportadas aportan mejores áreas de
orificios efectivos que las bioprótesis sin soporte, que son
relativamente estenóticas en los tamaños
pequeños (tamaño del anillo
#
21 mm). Las válvulas
mecánicas modernas proporcionan un mejor rendimiento
hemodinámico que las bioprótesis
soportadas.
Todas las válvulas mecánicas requieren
anticoagulación a largo plazo. Las válvulas
biológicas son menos trombogénicas y no requieren
anticoagulación a largo plazo, a menos que haya otras
indicaciones como, por ejemplo, una fibrilación auricular
persistente. Sin embargo, con el tiempo, todas están sujetas
a un deterioro valvular estructural.
En
2 estudios clínicos aleatorizados que se iniciaron en los
años setenta y en los que se comparaban modelos de
válvulas mecánicas y bioprotésicas que en la
actualidad están obsoletos no se encontraron diferencias
significativas en las tasas de trombosis valvular y
tromboembolismo, de acuerdo con las numerosas series valvulares
individuales de la literatura científica. La supervivencia a
largo plazo también fue muy similar147,164. En un
metaanálisis reciente de las series valvulares
mecánicas y bioprotésicas no se han encontrado
diferencias en la supervivencia cuando se tuvieron en cuenta la
edad y los factores de riesgo165.
Aparte de las consideraciones hemodinámicas, la
elección entre una válvula mecánica y una
bioprótesis en adultos está determinada,
principalmente, por el riesgo de hemorragias asociadas al
tratamiento anticoagulante de la válvula mecánica,
frente al riesgo de deterioro valvular estructural de la
bioprótesis166,167. El riesgo de hemorragias
está determinado principalmente por el INR elegido, la
calidad del control de la anticoagulación, el uso
concomitante de aspirina y los propios factores de riesgo del
paciente para la hemorragia168. El riesgo de deterioro
valvular estructural debe tener en cuenta el deterioro gradual en
el rendimiento a medida que aumenta el deterioro estructural, el
riesgo de reintervención y el período de
recuperación después de la cirugía
subsiguiente.
Los
homoinjertos y los autoinjertos pulmonares se utilizan
principalmente en la posición aórtica, aunque incluso
aquí causan menos de un 0,5% de los recambios valvulares
aórticos en la mayor parte de las grandes bases de datos.
Tal como ocurre con las bioprótesis, los homoinjertos
están sujetos a deterioro valvular
estructural169. Aparte de las consideraciones
técnicas, la disponibilidad limitada y la gran complejidad
de la reoperación contribuyen a restringir el uso de
homoinjertos a las endocarditis valvulares aórticas
complicadas.
Aunque el autoinjerto pulmonar en la posición aórtica
(operación de Ross) proporciona un estado
hemodinámico excelente, precisa una habilidad técnica
específica y tiene varias desventajas: el riesgo de
deterioro valvular estructural del homoinjerto en la
posición pulmonar, el riesgo de insuficiencia aórtica
moderada debido a la dilatación de la raíz
aórtica y el riesgo de implicación reumática.
Aparte de las ventajas a corto plazo en adultos jóvenes
seleccionados, como los atletas profesionales, la principal ventaja
del autoinjerto la tienen los niños durante el crecimiento,
ya que la válvula y el nuevo anillo aórtico parecen
crecer con el niño170. Sin embargo, esto no es
así con el recambio valvular pulmonar con homoinjerto y, por
lo tanto, normalmente debe ser reemplazado cuando el niño
crece.
En
la práctica, en la mayoría de los pacientes, la
elección debe hacerse entre una prótesis
mecánica y una bioprótesis. Más que establecer
límites de edad arbitrarios, la elección de la
prótesis debe hacerse de forma individualizada167
y después de discutirla detalladamente con el paciente,
teniendo en cuenta los siguientes factores (tablas 15 y
16):
1. Se debe calcular la esperanza de vida en función del
país y la edad del paciente, teniendo en cuenta las
morbilidades asociadas.
2. Se debe recomendar una válvula mecánica si se
implanta una válvula mecánica en otra posición
y también debe considerarse su uso si el paciente ya
está tomando anticoagulantes por otra
razón.
3. Si hay contraindicaciones definitivas para la
anticoagulación o el estilo de vida del paciente le expone a
heridas frecuentes, se debe recomendar un sustituto
biológico171,172.
4. El deterioro valvular estructural ocurre más
rápidamente en pacientes jóvenes y en casos de
hiperparatiroidismo, incluida la insuficiencia renal173.
Cuando sea posible, se debe evitar el uso de bioprótesis
antes de los 40 años de edad. El deterioro valvular
estructural progresa más lentamente en los pacientes
ancianos, aunque esta conclusión se basa en los informes de
tasas de reintervención más bajas que, a menudo, no
tienen en cuenta a los pacientes con deterioro valvular estructural
que están en una situación demasiado frágil
para ser reintervenidos. Se debe recomendar el uso de
bioprótesis a los pacientes cuya expectativa de vida es
más baja que la presunta durabilidad de la
bioprótesis, especialmente cuando se prevea que las
comorbilidades precisarán otras intervenciones
quirúrgicas en el futuro, y a los que tienen un riesgo
elevado de hemorragias. Aunque el deterioro valvular estructural
está acelerado en la insuficiencia renal crónica, la
baja supervivencia a largo plazo con cualquier tipo de
prótesis y el riesgo aumentado de complicaciones con las
válvulas mecánicas pueden favorecer la
elección de una bioprótesis en esta
situación174.
5. En mujeres en edad fértil que desean quedarse
embarazadas, la elección entre válvulas
bioprotésicas o mecánicas depende del balance de
riesgos, tanto para la madre como para el feto. El uso de warfarina
en dosis de 5 mg/día o menos durante la gestación
hasta la semana 36 minimiza el riesgo de malformaciones fetales y
de trombosis valvular materna175. Por otra parte, aunque
el deterioro valvular estructural ocurre de forma rápida en
este grupo de edad, el riesgo de reoperación es
relativamente bajo (cuando no se requiere cirugía de
urgencia durante la gestación) y la comparación es
favorable respecto al riesgo que conlleva la gestación con
tratamiento anticoagulante.
6. También se deben tener en cuenta aspectos
relacionados con la calidad de vida. Los inconvenientes de la
anticoagulación oral pueden minimizarse mediante el
seguimiento domiciliario y el tratamiento de la
anticoagulación por el propio paciente176. Aunque
los receptores de una bioprótesis pueden evitar la
anticoagulación a largo plazo, se exponen a la posibilidad
de un deterioro del estado funcional debido al desgaste valvular
estructural, y también a la perspectiva de una
reintervención si viven los años
suficientes.
Tratamiento después del recambio valvular
El
tromboembolismo y las hemorragias debidas a la
anticoagulación representan juntos aproximadamente el 75% de
las complicaciones que experimentan los receptores de
válvulas protésicas y, por lo tanto, se dedica un
amplio espacio a este tema. La profilaxis de la endocarditis y el
tratamiento de la endocarditis valvular protésica se
detallan en unas Guías independientes de la ESC dedicadas a
la endocarditis10. Está disponible una
revisión más completa del tratamiento después
de la cirugía valvular en un artículo previo especial
de la ESC14.
Evaluación basal y modalidades de seguimiento
De
forma ideal se debe realizar una evaluación basal completa a
las 6-12 semanas después de la cirugía. Si por
razones prácticas esta evaluación ambulatoria no se
puede llevar a cabo, debe realizarse al final de la estancia
postoperatoria. La evaluación debe incluir una
valoración clínica, una radiografía de
tórax, un ECG, una ecocardiografía
transtorácica y una análisis de sangre. Esta
evaluación de referencia es de la máxima importancia
para poder interpretar adecuadamente los cambios subsecuentes en el
soplo y los ruidos protésicos, así como en la
función ventricular y en los gradientes
transprotésicos evaluados por ecocardiografía
Doppler. Esta visita postoperatoria también es útil
para mejorar la educación del paciente sobre la profilaxis
de la endocarditis y, cuando sea necesario, sobre el tratamiento
anticoagulante, y también para enfatizar la importancia que
tiene informar sobre la aparición de síntomas nuevos
en cuanto se produzcan.
Todos los pacientes que hayan recibido cirugía valvular
necesitan un seguimiento cardiológico de por vida para poder
detectar el deterioro precoz de las funciones protésica o
ventricular, o la progresión de la enfermedad en otra
válvula cardiaca. La evaluación clínica debe
realizarse anualmente o lo antes posible si aparecen nuevos
síntomas cardiacos. Se debe realizar una
ecocardiografía transtorácica si aparecen nuevos
síntomas tras el recambio valvular o si se sospechan
complicaciones. En pacientes con bioprótesis se recomienda
realizar un examen ecocardiográfico anual después del
quinto año. Los gradientes transprotésicos durante el
seguimiento se interpretan mejor si se comparan con los valores
basales en el mismo paciente, más que si se comparan con los
valores teóricos de una determinada prótesis, que
carecen de fiabilidad. Se debe considerar la ecocardiografía
transesofágica cuando la ecocardiografía
transtorácica es de baja calidad y en todos los casos de
sospecha de disfunción protésica o endocarditis. La
cinefluoroscopia puede proporcionar información adicional
útil si se sospecha la presencia de un trombo o un
paño valvular14.
Tratamiento antitrombótico
Tratamiento
general
El
tratamiento antitrombótico debe englobar el tratamiento
efectivo de los factores de riesgo para el tromboembolismo y la
prescripción de fármacos
antitrombóticos177,178.
La
anticoagulación oral está recomendada en las
siguientes situaciones:
Durante toda la vida en todos los pacientes con
válvulas mecánicas5,14,178.
Durante toda la vida en los pacientes con bioprótesis
que tienen otras indicaciones para la anticoagulación como,
por ejemplo, fibrilación auricular, o con un grado menor de
evidencia como, por ejemplo, en la insuficiencia cardiaca o cuando
la función ventricular izquierda está afectada
(fracción de eyección < 30%).
Durante los primeros 3 meses después de la
inserción en todos los pacientes con bioprótesis con
un INR de 2,5. Sin embargo, está extendido el uso de
aspirina (dosis bajas, de 75-100 mg) como alternativa a la
anticoagulación en los primeros 3 meses, aunque no hay
estudios aleatorizados que apoyen la seguridad de esta
estrategia179.
Aunque no hay consenso acerca de si debe iniciarse el tratamiento
anticoagulante inmediatamente después del recambio valvular,
debe empezarse a administrar anticoagulación oral durante
los primeros días del postoperatorio. La heparina
intravenosa permite obtener una anticoagulación efectiva
antes de que aumente el INR.
El
primer mes del postoperatorio es un período de particular
riesgo para la aparición de tromboembolismo, y se debe
evitar que durante éste la anticoagulación sea menor
que la deseada180. Además, durante este
período la anticoagulación debe controlarse con
más frecuencia.
INR
objetivo
En
la elección del INR óptimo deben tenerse en cuenta
los factores de riesgo del paciente y la trombogenicidad de la
prótesis, tal como se está determinado por las tasas
de trombosis valvular publicadas para dicha prótesis en
relación con los valores específicos de INR (tabla
17). Las tasas publicadas de tromboembolismo no proporcionan
suficiente información acerca de la trombogenicidad de la
prótesis individual, ya que están muy influidas por
muchos otros factores relacionados con los pacientes y por los
métodos que se han usado para recoger los datos. Por
desgracia, los estudios clínicos aleatorizados disponibles
en la actualidad en los que se comparan los diferentes INR ofrecen
una orientación general escasa debido a limitaciones
impuestas por sus criterios de selección, y porque son
series pequeñas de pacientes con seguimientos cortos y
metodologías diversas, lo que hace que sean inadecuadas para
los metaanálisis181,182.
Deben tenerse en cuenta las siguientes advertencias a la hora de
seleccionar el INR óptimo:
Las prótesis no pueden clasificarse de forma adecuada
por su diseño básico (como ser bivalvas, tener un
disco oscilante, etc.) o por la fecha de su introducción
para determinar su trombogenicidad.
Para muchas de las prótesis disponibles en la
actualidad, sobre todo las que se han introducido recientemente, no
hay datos suficientes sobre las tasas de trombosis valvular para
los diferentes valores de INR que permitan su clasificación.
Hasta que no dispongamos de más resultados, deben incluirse
en la categoría de «trombogenicidad
media».
Las recomendaciones de INR en los pacientes individuales
pueden necesitar una revisión a la baja si aparecen
hemorragias recurrentes por una causa que no pueda corregirse con
el tratamiento, o revisarse al alza en caso de
tromboembolismo.
Nos
decantamos por recomendar un valor de INR mediano, más que
un rango de valores, para evitar considerar valores extremos como
valores de INR válidos, ya que los valores de los extremos
de un rango no son igualmente aceptables o efectivos.
El
riesgo de hemorragias mayores aumenta considerablemente cuando el
INR excede de 4,5, y se incrementa de forma exponencial cuando el
INR está por encima de 6,0. Por tanto, un INR ≥
6,0 requiere
revertir la anticoagulación. Sin embargo, en pacientes con
válvulas protésicas que no tienen hemorragias no debe
utilizarse vitamina K intravenosa debido al riesgo de trombosis
valvular si el INR disminuye de forma rápida. El paciente
debe ser ingresado en el hospital, debe interrumpirse la
anticoagulación oral y permitir que el INR disminuya de
forma gradual. El descenso espontáneo del INR después
de la interrupción de la anticoagulación ocurre de
forma más lenta en los pacientes ancianos y cuando hay
insuficiencia cardiaca183. Está permitido el uso
de vitamina K oral, administrado con incrementos de 1 mg, en
pacientes que están siendo tratados con bloqueadores de
vitamina K de semivida larga, como el fenprocoumon. Si el INR es
> 10,0, debe considerarse la posibilidad de utilizar plasma
fresco congelado. Si hay una hemorragia activa que no puede
corregirse con control local, debe revertirse la
anticoagulación de forma más agresiva, utilizando
plasma fresco congelado y dosis adaptadas de vitamina K
intravenosa184. Las hemorragias cuando el INR es
terapéutico están relacionadas a menudo con una causa
patológica subyacente, por lo que es importante
identificarla y tratarla.
La
alta variabilidad del INR es el predictor independiente más
potente de la baja supervivencia después de un recambio
valvular168. El tratamiento de la anticoagulación
por el propio paciente ha demostrado reducir la variabilidad del
INR y, por lo tanto, debe recomendarse que todos los pacientes,
tras una educación y entrenamiento adecuados, puedan
controlar su propia
anticoagulación176.
Fármacos antiplaquetarios
Es
importante distinguir entre los posibles beneficios para la
enfermedad vascular y los que son específicos para las
válvulas protésicas a la hora de determinar si un
fármaco antiplaquetario debe añadirse a la
anticoagulación en pacientes con válvulas
protésicas. Los estudios clínicos que muestran un
beneficio clínico de los fármacos antiplaquetarios en
la enfermedad vascular185 y en pacientes con
válvulas protésicas y enfermedad
vascular186 no deben tomarse como una evidencia de que
los pacientes con válvulas protésicas y sin
enfermedad vascular también pueden beneficiarse. Cuando se
añaden al tratamiento anticoagulante, los agentes
antiplaquetarios aumentan el riesgo de hemorragias
mayores185-191. Por lo tanto, no deben prescribirse a
todos los pacientes con válvulas protésicas, sino que
deben reservarse para indicaciones específicas, de acuerdo
con el análisis de los beneficios y el mayor riesgo de
hemorragias mayores.
Las
indicaciones para añadir un fármaco antiplaquetario a
la anticoagulación incluyen la presencia de enfermedad
arterial concomitante, en particular, enfermedad coronaria y otras
enfermedades ateroescleróticas significativas. Los
fármacos antiplaquetarios también pueden
administrarse después de episodios embólicos
recurrentes o de un único episodio embólico
definitivo con un INR adecuado. La adición de
fármacos antiplaquetarios debe asociarse con una
investigación y un tratamiento completos de los factores de
riesgo identificados, y con la optimización del tratamiento
anticoagulante (recomendación de clase IIa, nivel de
evidencia C).
Es
necesario añadir aspirina y clopidogrel después de
implantar un
stent
intracoronario, aunque aumentan el riesgo de
hemorragia192,193. El uso de
stents
liberadores de fármacos
debe restringirse en el caso de pacientes con prótesis
mecánicas para reducir todo lo que sea posible el uso de
tratamiento antitrombótico triple. Durante este
período, se recomienda realizar un control semanal del INR y
evitar la sobrecoagulación.
Por
último, conviene señalar que no hay pruebas
científicas que apoyen el uso de fármacos
antiplaquetarios a largo plazo en pacientes con bioprótesis
que no tienen más indicación que la presencia de la
prótesis misma.
Interrupción del tratamiento anticoagulante
(
*
)
Aunque en la mayor parte de los casos de interrupción de la
anticoagulación a corto plazo no se producen tromboembolismo
o trombosis valvular, también es verdad que en la
mayoría de los casos en los que hay trombosis valvular
ésta ocurre después de transcurrido un período
desde la interrupción de la anticoagulación, por
hemorragias o por otro procedimiento
quirúrgico194. El tratamiento de la
anticoagulación durante la cirugía no cardiaca
subsiguiente requiere, por lo tanto, una atención muy
cuidadosa basada en la evaluación del
riesgo177,195,196. Además de los factores
protrombóticos relacionados con las prótesis o con
los pacientes (tabla 17), la cirugía de una enfermedad
maligna o de un proceso infeccioso conlleva un riesgo particular,
debido a la hipercoagulabilidad asociada con estas condiciones. En
los pacientes de muy alto riesgo se debe evitar la
interrupción de la anticoagulación siempre que sea
posible. Muchos de los procedimientos quirúrgicos menores
(incluida la extracción dental) y aquellos en los que la
hemorragia se puede controlar fácilmente, no requieren
interrupción de la anticoagulación. El INR debe
reducirse a un valor de 2,0197,198 (recomendación
de clase I, nivel de evidencia B).
Los
pacientes que van a recibir una intervención
quirúrgica mayor, en la que la interrupción de la
anticoagulación se considera esencial (INR < 1,5), deben
ser hospitalizados con tiempo y su tratamiento debe cambiarse a
heparina no fraccionada intravenosa (recomendación de clase
IIa, nivel de evidencia C). La heparina debe interrumpirse 6 h
antes de la cirugía y restablecerse 6-12 h después.
Como alternativa se puede administrar heparina de bajo peso
molecular por vía subcutánea como preparación
preoperatoria (recomendación de clase IIb, bivel de
evidencia C). Sin embargo, a pesar de su uso generalizado y de los
resultados positivos de los estudios
observacionales199-201, la seguridad de la heparina de
bajo peso molecular en esta situación no se ha establecido
de manera definitiva y su eficacia no ha sido probada por estudios
controlados, sobre todo en los pacientes que tienen alto riesgo de
trombosis valvular. Cuando se usa heparina de bajo peso molecular,
debe administrarse dos veces al día, en dosis
terapéuticas más que profiláxicas, adaptadas
al peso corporal y, si es posible, de acuerdo con el control de la
actividad anti-Xa. Las heparinas de bajo peso molecular
están contraindicadas en los casos de insuficiencia
renal.
A
pesar del bajo nivel de evidencia para las dos estrategias, el
comité recomienda el uso de heparina intravenosa no
fraccionada.
La
anticoagulación efectiva debe restablecerse lo antes posible
después de un procedimiento quirúrgico, y mantenerse
hasta que el INR se encuentre otra vez en el intervalo
terapéutico.
Cuando sea necesario, después de una evaluación
cuidadosa de la relación riesgo-beneficio debe interrumpirse
el tratamiento combinado con aspirina, una semana antes de un
procedimiento no cardiaco.
La
anticoagulación oral puede continuarse en dosis modificadas
en la mayoría de los pacientes en los que se realiza una
cateterización cardiaca. La punción arterial
percutánea es segura con un INR > 2,0. Si se requiere un
INR más alto, puede recomendarse la aproximación
radial, siempre que se tenga experiencia. En los casos raros de
pacientes que precisan cateterización transeptal,
punción directa del ventrículo izquierdo o
pericardiocentesis, el INR debe ser < 1,2 y se necesita una
anticoagulación que sirva de puente, tal como se ha descrito
previamente14.
(
*
) En relación con
las prótesis valvulares, se insiste en el seguimiento de los
pacientes y en el cuidado de la anticoagulación. Se empieza
a considerar, aunque con muchas reservas, la utilización de
enoxaparina en los casos de intervenciones quirúrgicas o
durante el embarazo, aunque se sigue recomendando
específicamente la heparina sódica en estas
circunstancias. En nuestro país, sin embargo, la
utilización de enoxaparina en estos contextos es una
práctica habitual1. Se recomienda también
que no se utilicen
stents
farmacoactivos en los pacientes portadores de prótesis
mecánicas que han de ser revascularizados.
1. Ferreira I, Dos L, Tornos P, Nicolau I, Permanyer-Miralda G,
Soler-Soler J, et al. Experience with enoxaparin in patients with
mechanical valves who must withhold acenocumarol. Heart.
2003;89:527.
Tratamiento de la trombosis valvular
Se
debe sospechar inmediatamente la presencia de una trombosis
valvular obstructiva en cualquier paciente con cualquier tipo de
válvula protésica que se presenta con una disnea
reciente o un evento embólico. La sospecha debe ser mayor si
recientemente ha habido una anticoagulación inadecuada o una
razón para un aumento de la coagulabilidad (como
deshidratación, infección, etc.). El
diagnóstico debe confirmarse por ecocardiografía
transtorácica y/o ecocardiografía
transesofágica o
cinefluoroscopia202,203.
El
tratamiento de la trombosis protésica es siempre de alto
riesgo, sea cual sea la opción que se tome. La
cirugía es de alto riesgo porque a menudo se realiza en
condiciones de urgencia y es una reintervención. Por otra
parte, la fibrinolisis conlleva riesgos de hemorragia, embolismo
sistémico y trombosis recurrente.
El
análisis de los riesgos y beneficios de la fibrinolisis se
debe adaptar a las características del paciente y a los
recursos locales.
Las
indicaciones para la cirugía o el tratamiento
antitrombótico son las siguientes (fig. 5): el recambio
valvular de urgencia es el tratamiento de elección de la
trombosis obstructiva en pacientes críticamente enfermos que
no tienen comorbilidades severas (recomendación de clase I,
nivel de evidencia C). Si la trombogenicidad de la prótesis
es un factor importante, se debe reemplazar por una prótesis
menos trombogénica.
Fig. 5.
Tratamiento de la trombosis
protésica obstructiva del lado izquierdo.
ETT: ecocardiografía
transtorácica; ETE: ecocardiografía
transesofágica.
*Los riesgos y los beneficios de ambos tratamientos se han
de valorar individualmente. La presencia de una prótesis de
primera generación es un incentivo para la
cirugía.
La
fibrinolisis se debe considerar en los siguientes casos:
Pacientes críticamente enfermos que tienen pocas
probabilidades de sobrevivir a la cirugía, debido a las
comorbilidades o a una función cardiaca gravemente afectada
con anterioridad al desarrollo de la trombosis valvular.
Situaciones en las que la cirugía no está
disponible de forma inmediata y el paciente no puede ser
trasladado.
Trombosis de los recambios de las válvulas
tricúspide o pulmonar, debido a una tasa de éxitos
más alta y a la baja incidencia de embolismo.
La
fibrinolisis tiene menos probabilidad de éxito en la
prótesis mitral, en la trombosis crónica o cuando hay
un pannus, que puede ser difícil de distinguir de un
trombo204-206.
El
tratamiento de la trombosis protésica no obstructiva
izquierda es el siguiente (fig. 6): la trombosis protésica
no obstructiva se diagnostica con ecocardiografía
transesofágica realizada después del evento
embólico, o de forma sistemática después del
recambio valvular mitral con una prótesis mecánica.
El tratamiento depende principalmente de la aparición de un
evento tromboembólico y del tamaño del trombo. Es
imprescindible realizar un control estricto con
ecocardiografía y/o cinefluoroscopia. El pronóstico
es favorable con tratamiento médico en la mayoría de
los casos en los que el trombo es pequeño (< 10 mm). Una
buena respuesta con una resolución gradual del trombo obvia
la necesidad de cirugía o fibrinolisis. En cambio, la
cirugía está recomendada en trombos protésicos
no obstructivos grandes (> 10 mm) complicados con embolismo
(recomendación de clase IIa, nivel de evidencia C) o que
persisten después de una anticoagulación
óptima207,208. La fibrinolisis se puede
considerar como alternativa si la cirugía tiene un riesgo
elevado. Sin embargo, la fibrinolisis en los casos de trombosis
protésica no obstructiva presenta serios problemas en cuanto
al riesgo de hemorragia y tromboembolismo y debe, por lo tanto, ser
utilizada de forma muy limitada.
Fig. 6.
Tratamiento de la trombosis
protésica no obstructiva del lado izquierdo.
eco: ecocardiograma; ETT:
ecocardiografía transtorácica; ETE:
ecocardiografía transesofágica; TE:
tromboembolismo.
Tratamiento del tromboembolismo
El
tromboembolismo después de la cirugía valvular es
multifactorial, tanto en su etiología como en su
origen209. Aunque muchos eventos tromboembólicos
se originan a partir de un trombo o una vegetación sobre la
prótesis o como resultado de condiciones anormales de flujo
creadas por la prótesis, muchos otros proceden de otras
fuentes, como resultado de otros mecanismos patogénicos, y
forman parte de la incidencia habitual de fondo de accidentes
cerebrovasculares y accidentes isquémicos transitorios de la
población general.
Por
lo tanto, es esencial que durante la investigación de cada
episodio tromboembólico (incluidas técnicas de imagen
cardiacas y no cardiacas cuando sea adecuado) se realice un
tratamiento apropiado (fig. 6), que no debe ser únicamente
aumentar el INR deseado o añadir un fármaco
antiplaquetario.
La
prevención de eventos tromboembólicos futuros
incluye:
El tratamiento o la reversión de los factores de
riesgo que pueden remediarse, como la fibrilación auricular,
la hipertensión, la hipercolesterolemia, la diabetes, el
tabaquismo, la infección crónica y las
anomalías protrombóticas
sanguíneas.
La optimización del control de anticoagulación,
por el propio paciente cuando sea posible, sobre la base de que un
mejor control es más efectivo que aumentar simplemente el
INR. Este aspecto debe discutirse con el neurólogo en caso
de que haya habido un accidente cerebrovascular
reciente.
Si no se había prescrito antes, debe añadirse
aspirina, después de un análisis detallado del
cociente riesgo-beneficio. La aspirina debe prescribirse en una
formulación de dosis bajas (
#
100 mg diarios) y se debe
evitar cualquier sobreanticoagulación.
Tratamiento de la hemolisis y de la fuga paravalvular
Los
análisis sanguíneos para hemolisis deben formar parte
del seguimiento sistemático. La determinación de
haptoglobina es demasiado sensible, mientras que la de lactato
deshidrogenasa, aunque no es específica, se relaciona mejor
con la severidad de la hemolisis. El diagnóstico de anemia
hemolítica precisa una ecocardiografía
transesofágica para detectar la fuga paravalvular. Hay muy
pocos datos disponibles sobre las opciones terapéuticas.
Existe consenso para recomendar la reoperación si la fuga
paravalvular se debe a endocarditis, causa una hemolisis que
requiere transfusiones sanguíneas repetidas o produce
síntomas severas (recomendación de clase I, nivel de
evidencia C). En pacientes con anemia hemolítica y fuga
paravalvular en los que la cirugía está
contraindicada, o en los que no desean ser reintervenidos, el
tratamiento médico incluye suplementos de hierro,
fármacos bloqueadores beta y eritropoyetina si la hemolisis
es grave210,211. El cierre percutáneo de la fuga
paravalvular sólo se ha descrito en casos aislados y no
puede considerarse por el momento como una alternativa
válida a la cirugía.
Tratamiento de la insuficiencia bioprotésica
El
deterioro valvular estructural ocurre en todas las
bioprótesis y homoinjertos si permanecen in situ el tiempo
suficiente. Después de los primeros 5 años tras el
implante es necesario realizar una ecocardiografía anual
para detectar signos precoces de deterioro valvular estructural:
endurecimiento de las valvas, calcificación,
reducción en el área del orificio efectivo y/o
regurgitación. Los hallazgos ecocardiográficos y
auscultatorios deben compararse de manera cuidadosa con los
exámenes previos en el mismo paciente. Se debe aconsejar la
reoperación en pacientes sintomáticos con
disfunción protésica significativa (aumento
significativo del gradiente transprotésico o
regurgitación grave) (recomendación de clase I, nivel
de evidencia C), y en pacientes asintomáticos con cualquier
tipo de disfunción protésica significativa, si tienen
bajo riesgo para una reintervención (recomendación de
clase IIa, nivel de evidencia C). Se puede considerar la
posibilidad de realizar un recambio profiláctico de una
bioprótesis implantada más de 10 años
atrás, sin que tenga deterioro estructural, durante una
intervención sobre otra válvula o arteria
coronaria.
En
la decisión de reoperar se debe tener en cuenta el riesgo de
la reoperación, que aumenta con la edad avanzada, la clase
funcional, la disfunción ventricular izquierda, las
comorbilidades y, por encima de todo, la situación de
emergencia. Por todo ello, es importante hacer un seguimiento
cuidadoso que permita realizar una reintervención en una
fase precoz, sobre todo en pacientes que tienen riesgo bajo para la
reoperación212,213.
Las
intervenciones percutáneas con balón en el
tratamiento de las bioprótesis estenóticas izquierdas
deben ser evitadas. En las válvulas protésicas
derechas, las intervenciones percutáneas con balón
tienen una limitada eficacia a corto plazo.
Insuficiencia cardiaca
La
insuficiencia cardiaca después de una cirugía
valvular debe conducir a la búsqueda de complicaciones
relacionadas con las prótesis: deterioro de la
reparación, disfunción ventricular izquierda (sobre
todo después de la corrección de la
regurgitación) o progresión de otra
valvulopatía. También deben considerarse las causas
no relacionadas con las válvulas, como la enfermedad
coronaria, la hipertensión o las arritmias
sostenidas.
El
tratamiento de los pacientes con disfunción sistólica
ventricular izquierda persistente debe seguir las recomendaciones
de las Guías sobre el tratamiento de la insuficiencia
cardiaca crónica16.
TRATAMIENTO DURANTE LA
CIRUGÍA NO CARDIACA
Hay
un riesgo significativo de morbimortalidad cardiovascular en
pacientes con valvulopatías que reciben una cirugía
no cardiaca, sobre todo en pacientes con estenosis aórtica,
que es el tipo de valvulopatía más habitual en
Europa3 y es particularmente común entre los
ancianos.
El
problema de los pacientes valvulares que reciben una cirugía
no cardiaca se ha abordado sólo de forma parcial en la
literatura científica. Las Guías disponibles sobre
evaluación cardiovascular perioperatoria para cirugía
no cardiaca214 están dirigidas principalmente al
campo de la cardiopatía isquémica.
Las
recomendaciones presentes proceden de la extrapolación de
estudios sobre riesgo cardiovascular en otras situaciones, la
experiencia personal y el juicio clínico.
Predictores clínicos del aumento del riesgo
cardiovascular perioperatorio
Los
predictores principales de riesgo cardiovascular durante la
cirugía no cardiaca son el síndrome coronario
inestable, la insuficiencia cardiaca descompensada, las arritmias
significativas (incluidos el bloqueo auriculoventricular de alto
grado, las arritmias ventriculares o las arritmias
supraventriculares con frecuencia ventricular no controlada) y las
valvulopatías severas214.
Entre los pacientes con valvulopatías, la evaluación
del riesgo debe incluir el estado sintomático, la presencia
de arritmias, la severidad de la lesión valvular, la
función ventricular izquierda, el grado de presión
pulmonar y las comorbilidades, incluida la cardiopatía
isquémica.
El
riesgo cardiovascular también se puede estratificar de
acuerdo con los diferentes procedimientos quirúrgicos no
cardiacos214.
Evaluación clínica preoperatoria
Antes de la cirugía no cardiaca debe identificarse la
presencia de valvulopatía y evaluarse cuidadosamente el
estado clínico del paciente.
Se
debe valorar la presencia de síntomas, como disnea, angina,
síncope o insuficiencia cardiaca, así como de
arritmias, como fibrilación auricular. La exploración
física y el ECG se deben centrar en la identificación
de la valvulopatía. En pacientes con soplo se debe realizar
un estudio ecocardiográfico para descartar el
diagnóstico de una valvulopatía significativa. Esto
es especialmente importante en los pacientes de edad avanzada, ya
que un soplo sistólico leve puede ser el único signo
exploratorio de la presencia de una estenosis aórtica
significativa.
Antes de la cirugía se debe evaluar de forma cuidadosa por
ecocardiografía la severidad de la lesión valvular,
la función ventricular y la presión
pulmonar.
Cada caso debe individualizarse y se debe alcanzar un acuerdo
después de discutirlo en detalle con los cardiólogos,
los anestesistas (idealmente, aquellos con experiencia en
cardiología) y los cirujanos.
Lesiones valvulares específicas
Estenosis
aórtica
Varios estudios215-219 han demostrado de forma clara que
la estenosis aórtica severa (área valvular < 1
cm2 o 0,6 cm2/m2 de área de
superficie corporal) aumenta el riesgo de la cirugía no
cardiaca, y entre los pacientes con valvulopatía que reciben
una cirugía no cardiaca, los que tienen una estenosis
aórtica significativa son los que presentan un riesgo
más alto.
Las
recomendaciones para su tratamiento son las siguientes: en
pacientes con estenosis aórtica significativa que precisan
cirugía urgente no cardiaca, los procedimientos
quirúrgicos deben realizarse bajo control
hemodinámico estricto.
Cuando se necesita realizar una cirugía no cardiaca de forma
electiva en un paciente con estenosis aórtica, el riesgo de
complicaciones cardiacas durante la cirugía se debe
contrapesar con los riesgos y los beneficios del reemplazo valvular
antes de la cirugía no cardiaca. Deben tenerse en cuenta la
severidad de la lesión valvular y la presencia de
síntomas clínicos, así como el riesgo y la
urgencia de la cirugía no cardiaca. También es
importante reevaluar si la cirugía no cardiaca es
imprescindible. Se propone un algoritmo de decisión para
pacientes con estenosis aórtica significativa que tienen que
enfrentarse a una cirugía no cardiaca electiva (fig.
7).
Fig. 7.
Tratamiento de la estenosis
aórtica severa y cirugía no cardiaca electiva.
*Evaluación del riesgo de complicaciones cardiacas derivadas
de una cirugía no cardiacac. Riesgo elevado (>
5%): cirugía mayor de urgencia, particularmente en los
ancianos, cirugía aórtica o vascular mayor,
cirugía vascular periférica, procedimientos
quirúrgicos previstos que conlleven importantes cambios de
fluidos y/o pérdida sanguínea. Riesgo intermedio (1 a
5%): endarterectomía carotídea, cirugía de
cabeza y cuello, cirugía intraperitoneal e
intratorácica, cirugía ortopédica,
cirugía de la próstata. Riesgo bajo (< 1%):
procedimientos endoscópicos; procedimientos superficiales;
cirugía de cataratas; cirugía de mama. EA: estenosis
aórtica; RVA: recambio valvular aórtico; VAP:
valvuloplastia aórtica percutánea.
aVer pie de
figura.
bCirugía no cardiaca realizada sólo si es
estrictamente necesario.
cEagle et al214.
En
pacientes asintomáticos con estenosis aórtica severa
se puede realizar de forma segura un procedimiento no cardiaco de
riesgo entre bajo y moderado. Si se necesita realizar una
cirugía no cardiaca de alto riesgo, el paciente debe ser
cuidadosamente evaluado para un recambio valvular aórtico
antes de la cirugía no cardiaca, incluida la
coronariografía para descartar enfermedad arterial coronaria
coexistente. Los factores que influyen en la preferencia del
recambio valvular antes de la cirugía no cardiaca son la
severidad de la estenosis aórtica, la probabilidad de
desarrollar síntomas precoces (calcificación valvular
de alto grado o prueba de esfuerzo anormal) y el estado general del
paciente (baja comorbilidad y buena esperanza de vida). En estos
pacientes, la bioprótesis es el sustituto valvular preferido
para evitar problemas de anticoagulación durante la
cirugía no cardiaca posterior.
En
el caso de pacientes asintomáticos que no son buenos
candidatos para recambio valvular por la presencia de
comorbilidades severas según el Euroscore39, o
que tienen una esperanza de vida limitada, se debe discutir de
forma cuidadosa la conveniencia de realizar una cirugía no
cardiaca y, si realmente es necesaria, se debe llevar a cabo bajo
estricto control hemodinámico.
En
pacientes sintomáticos con estenosis aórtica severa
que tienen que hacer frente a una cirugía no cardiaca, el
recambio valvular debe considerarse siempre incluso antes de la
cirugía no cardiaca con un riesgo bajo-moderado. Si el
recambio valvular está contraindicado, la cirugía no
cardiaca debe realizarse sólo si es absolutamente necesaria.
Aunque no se ha evaluado de forma rigurosa, se puede realizar una
valvuloplastia aórtica percutánea para conseguir una
ventana de tiempo con un riesgo cardiaco reducido durante la cual
la cirugía no cardiaca podría llevarse a
cabo76. Esta estrategia puede tener un papel más
o menos importante según la experiencia del
centro.
Estenosis
mitral
Cuando la estenosis mitral no es severa (área valvular >
1,5 cm2), los procedimientos quirúrgicos no
cardiacos tienen un riesgo bajo.
En
pacientes asintomáticos con estenosis mitral significativa y
presión arterial pulmonar sistólica < 50 mmHg, la
cirugía no cardiaca también puede realizarse con un
riesgo bajo, aunque hay que tener presente que la caída en
fibrilación auricular puede producir un deterioro
abrupto.
En
pacientes sintomáticos o en pacientes con presión
arterial pulmonar sistólica > 50 mmHg se debe intentar la
corrección de la estenosis mitral por comisurotomía
mitral percutánea, siempre que sea posible, antes de la
cirugía no cardiaca.
Esta recomendación es más fuerte antes de los
procedimientos no cardiacos de alto riesgo. Cuando se precisa
cirugía y, en particular, recambio valvular, la
decisión de actuar antes de la cirugía no cardiaca se
debe tomar con precaución y en función de
consideraciones individuales estrictas.
Insuficiencia aórtica e insuficiencia mitral
En
la insuficiencia aórtica o insuficiencia mitral no
significativas, los procedimientos no cardiacos tienen un riesgo
bajo.
En
pacientes asintomáticos con función ventricular
izquierda preservada e insuficiencia mitral o insuficiencia
aórtica severas, la cirugía no cardiaca tiene un
riesgo bajo.
En
pacientes sintomáticos o en pacientes con función
ventricular izquierda deprimida (fracción de eyección
< 30%), la cirugía no cardiaca debe realizarse
únicamente cuando sea estrictamente necesario. Antes de la
cirugía se debe optimizar el tratamiento médico de la
insuficiencia cardiaca, teniendo en cuenta que los vasodilatadores
son particularmente útiles en este
contexto220.
Válvulas protésicas
En
pacientes con prótesis valvulares, la valvulopatía ya
se ha corregido y la cirugía no cardiaca puede realizarse de
forma segura desde el punto de vista hemodinámico, siempre
que no haya síntomas o signos de disfunción
protésica y que una evaluación
ecocardiográfica reciente haya sido satisfactoria. Sin
embargo, hay un riesgo elevado, principalmente relacionado con los
cambios en el régimen de anticoagulación, en los
pacientes con válvulas mecánicas. Por lo tanto, la
utilización de la anticoagulación es de la
máxima importancia en estas circunstancias (véase la
sección sobre interrupción del tratamiento
anticoagulante).
Profilaxis de la endocarditis
En
los pacientes con valvulopatías, todos los procedimientos
quirúrgicos, incluso los menores, requieren una asepsia
rigurosa y se debe evitar la formación de hematomas en las
heridas.
Se
debe prescribir profilaxis antibiótica a los pacientes que
reciben un procedimiento no cardiaco y tienen un alto riesgo
bacteriémico10.
Control perioperatorio
Los
pacientes valvulares en los que se han realizado procedimientos no
quirúrgicos de riesgo moderado o alto necesitan recibir un
cuidado perioperatorio particular, para asegurar que no se produza
hipotensión sistémica, o depleción o
sobrecarga de volumen. En el caso de los pacientes con estenosis
aórtica, se debe prestar una atención especial para
evitar la hipotensión.
En
los pacientes con insuficiencia aórtica o insuficiencia
mitral moderadas o severas se pueden utilizar bloqueadores beta o
amiodarona de forma profiláctica para mantener el ritmo
sinusal en el periodo postoperatorio221. No se conoce si
el papel beneficioso de los bloqueadores beta antes de la
cirugía vascular mayor sobre la mortalidad
cardiovascular222 se produce también en los
pacientes valvulares.
Es
prudente ingresar de forma electiva a estos pacientes en la unidad
de cuidados intensivos después de la cirugía, incluso
cuando la evolución parece satisfactoria.
TRATAMIENTO DURANTE LA
GESTACIÓN
Los
cambios hemodinámicos que ocurren normalmente durante la
gestación pueden empeorar la tolerancia de la
cardiopatía subyacente. La valvulopatía nativa es la
cardiopatía adquirida que se encuentra con más
frecuencia durante la gestación, incluso en los
países desarrollados. Algunos tipos de valvulopatías
nativas tienen un mal pronóstico para la madre y el feto. En
pacientes con prótesis valvulares, las modalidades del
tratamiento de anticoagulación son
problemáticas.
Riesgo cardiaco de la gestación
Los
principales cambios cardiovasculares son el aumento del volumen
sanguíneo, la reducción de la resistencia vascular
sistémica y el aumento de la frecuencia cardiaca. El gasto
cardiaco aumenta desde un 30 hasta un 50% después del quinto
mes, se incrementa todavía más durante el parto y se
normaliza durante los 3 días posteriores al
parto223. La gestación también induce
cambios en la hemostasia, que contribuyen a aumentar la
coagulabilidad y el riesgo
tromboembólico224.
El
riesgo de complicaciones cardiacas maternas es alto en casos de
valvulopatía estenótica severa, en especial en la
estenosis mitral con hipertensión pulmonar, la insuficiencia
severa complicada con disfunción ventricular izquierda, y el
síndrome de Marfan con aneurisma de la aorta
ascendente223-227. El riesgo está aumentado en
mujeres con historia de episodios cardiacos, arritmias o que
están en clase funcional III o IV de la New York Heart
Association225. Por lo tanto, estas pacientes deben ser
intervenidas quirúrgicamente para corregir su lesión
valvular y, cuando estén presentes, los problemas
aórticos, antes de considerar la posibilidad de embarazo.
Sin embargo, muchas veces estas pacientes se presentan a la
consulta cuando ya están embarazadas.
Evaluación de la paciente gestante con
valvulopatía
Idealmente, la valvulopatía debe evaluarse antes de la
gestación y ser tratada cuando sea necesario. Aunque la
disnea puede ser difícil de interpretar en las mujeres
embarazadas, su aparición después del tercer
trimestre debe conducir a la sospecha de una cardiopatía
subyacente. En mujeres con válvulas protésicas
mecánicas es necesario evaluar la adhesión efectiva
al tratamiento anticoagulante y comprobar la presencia de
complicaciones previas. Durante el embarazo es imprescindible
realizar una auscultación cardiaca para detectar una
valvulopatía nativa o una disfunción
protésica.
El
examen ecocardiográfico debe realizarse en cualquier
paciente gestante que se presenta con un soplo cardiaco más
que trivial, disnea o que tenga una válvula
protésica. La estenosis valvular debe cuantificarse mediante
la determinación del área valvular. Los gradientes se
encuentran modificados debido al aumento en el gasto cardiaco y no
son marcadores fiables de la severidad de la estenosis; sin
embargo, tienen valor pronóstico. La cuantificación
de la regurgitación debe combinar distintas determinaciones
y tener en cuenta las condiciones de carga. Según el tipo de
valvulopatía, el examen ecocardiográfico debe incluir
una evaluación de la anatomía valvular mitral o del
tamaño de la aorta ascendente. La evaluación de las
dimensiones del ventrículo izquierdo y de la fracción
de eyección, así como de la presión
sistólica arterial pulmonar, indica el grado de tolerancia
de la enfermedad valvular.
Se
debe limitar el uso de radiografía de tórax y, cuando
sea absolutamente imprescindible, se debe acompañar de una
protección adecuada del abdomen. La TC está
contraindicada por la dosis de radiación, pero durante la
gestación se puede realizar una RM. El uso de
cateterización cardiaca debe restringirse a las
intervenciones y, en este caso también, se debe proteger
adecuadamente el abdomen.
Riesgos específicos relacionados con la
gestación
Valvulopatía nativa
La
estenosis mitral, que es la valvulopatía más
frecuente que se encuentra durante la gestación, a menudo es
mal tolerada cuando el área valvular es < 1,5
cm2, incluso en pacientes previamente
asintomáticas226. La disnea empeora entre el
tercer y quinto mes, que es el período que corresponde al
aumento del gasto cardiaco. La persistencia de la disnea o la
hipertensión pulmonar se asocian con un elevado riesgo de
complicaciones durante el parto, lo que supone una amenaza para la
vida de la madre y el feto223.
La
estenosis aórtica severa es menos frecuente durante la
gestación. Las complicaciones ocurren principalmente en
pacientes que estaban sintomáticas antes de la
gestación225. El riesgo de insuficiencia cardiaca
durante la gestación o el parto es bajo cuando el gradiente
aórtico medio es < 50 mmHg224.
El
pronóstico fetal también empeora en los casos de
valvulopatía estenótica debido a retraso en el
crecimiento, parto prematuro y bajo peso al
nacer226,227.
Por
todas estas razones, las pacientes con estenosis mitral o estenosis
aórtica severa deben recibir tratamiento antes de la
gestación cuando sea posible, incluso en los casos de
pacientes asintomáticas.
La
insuficiencia aórtica y la insuficiencia mitral
crónicas son bien toleradas durante el embarazo, incluso
cuando son severas, siempre que la función sistólica
ventricular izquierda esté preservada224. No
obstante, el riesgo de complicaciones es alto cuando la
fracción de eyección ventricular izquierda es <
40%, con un pronóstico parecido al de la
miocardiopatía. A diferencia de la insuficiencia
crónica, la insuficiencia aguda se tolera mal.
En
pacientes con síndrome de Marfan, el riesgo de
complicaciones relacionadas con la aorta durante la
gestación, incluida la disección, aumenta
marcadamente cuando la insuficiencia aórtica es más
que leve o cuando el diámetro aórtico máximo
es > 40 mm228. En estos casos, el embarazo debe estar
precedido por un recambio de la aorta ascendente, sobre todo cuando
la válvula aórtica nativa puede ser preservada. Las
complicaciones aórticas deben considerarse en cualquier
paciente que se presenta con dolor en el pecho o dolor
torácico posterior.
Pacientes
con válvulas protésicas
La
mortalidad materna estimada varía entre el 1 y el 4% y se
debe principalmente a tromboembolismo229,230.
El
riesgo es particularmente alto en pacientes con prótesis
valvular mitral. Por lo tanto, estas pacientes deben ser informadas
de los riesgos y se les debe realizar una evaluación
cuidadosa del perfil de riesgo, así como un seguimiento
estrecho del tratamiento anticoagulante en caso de quedarse
embarazadas.
Los
antagonistas de la vitamina K aumentan el riesgo de aborto, partos
prematuros y malformaciones fetales (esto último en un 5% de
los casos, aproximadamente), sobre todo cuando se usan entre la
sexta y la decimosegunda semanas de gestación. El riesgo es
menor cuando la dosis de warfarina es
#
5 mg/día224.
Los antagonistas de la vitamina K están contraindicados
durante el parto debido al riesgo de hemorragias cerebrales en el
feto. El tratamiento con heparina no fraccionada es seguro para el
feto, pero se asocia con un aumento considerable del riesgo
tromboembólico para la madre, incluida la trombosis
protésica oclusiva. La experiencia con heparina de bajo peso
molecular sigue siendo limitada y controvertida, con incertidumbres
sobre la dosis229.
Tratamiento
Todas las estrategias (tabla 18) deben discutirse y aprobarse entre
los obstetras, los cardiólogos, la paciente y su
familia.
Objetivos
El
tratamiento debe aliviar los síntomas y evitar las
complicaciones maternas hasta el final de la gestación y
durante el parto, sin comprometer el pronóstico del feto y
su crecimiento. Las estrategias cuyo único propósito
es mejorar el pronóstico de la madre a largo plazo pueden
posponerse hasta después del parto.
Métodos
El
uso de tratamiento médico debe tener siempre en cuenta los
peligros para el feto. Los bloqueadores beta son seguros, pero
pueden inducir bradicardia neonatal y un posible retraso en el
crecimiento. Los diuréticos pueden utilizarse en la dosis
más baja posible para evitar una mala perfusión
fetal. Si se usan vasodilatadores se deben tener en cuenta las
contraindicaciones de los IECA y los ARA-II.
La
cirugía valvular con circulación extracorpórea
se asocia con una mortalidad fetal del
20-30%231.
La
dilatación valvular percutánea se puede realizar
durante el embarazo después de la semana veinte. Se debe
llevar a cabo en centros experimentados, tomando precauciones
específicas para acortar el procedimiento y reducir el
peligro de radiación, en especial, con una protección
abdominal232. La guía con ecocardiografía
transesofágica puede ser útil como complemento, pero
no en lugar de la fluoroscopia.
Estrategia de tratamiento
Cuando la primera visita tiene lugar durante el embarazo, se debe
considerar la posibilidad de una interrupción precoz en los
siguientes casos:
Disfunción ventricular izquierda
severa(fracción de eyección < 40%).
Síndrome de Marfan con aneurisma de la aorta
ascendente > 40 mm.
Valvulopatía estenótica sintomática
grave, que no puede tratarse con procedimientos
percutáneos.
El
Grupo de Trabajo no ha alcanzado un acuerdo pleno sobre la
elección del tipo de prótesis. Sin embargo, la
mayoría está a favor del uso de bioprótesis
cuando es necesario realizar un recambio valvular durante la
gestación.
Durante la gestación se debe realizar un seguimiento
clínico y ecocardiográfico cada 3-5 meses, y
posteriormente cada mes cuando se trata de pacientes con estenosis
valvular grave. La estenosis mitral sintomática debe
tratarse con reposo en la cama, bloqueadores beta, preferiblemente
atenolol o metoprolol, posiblemente asociados con
diuréticos. Las dosis deben adaptarse a los síntomas
y la presión arterial pulmonar. Los fármacos
agonistas betaadrenérgicos están contraindicados. En
caso de disnea persistente o hipertensión arterial pulmonar
a pesar del tratamiento médico, se debe considerar la
posibilidad de realizar una comisurotomía mitral
percutánea, en especial cuando las condiciones
anatómicas son favorables o en caso de duda sobre el
seguimiento.
En
las pacientes con estenosis severa que permanecen
sintomáticas a pesar de los diuréticos, se puede
considerar la posibilidad de realizar una valvuloplastia
aórtica con balón durante la gestación. No
obstante, la experiencia con este procedimiento realizado durante
la gestación es mucho más limitada que la de la
comisurotomía mitral percutánea.
Las
pacientes con insuficiencia mitral o insuficiencia aórtica
que desarrollan sintomatología durante la gestación
deben recibir tratamiento médico con diuréticos y
vasodilatadores. En la mayoría de los casos, la
cirugía puede posponerse hasta el período
postoperatorio.
Los
bloqueadores beta deben utilizarse durante todo el embarazo en
pacientes con síndrome de Marfan para evitar la
disección aórtica.
En
las pacientes con prótesis mecánicas se debe
favorecer el uso de antagonistas de la vitamina K durante el
segundo y tercer trimestre, hasta la semana 36, momento en el que
deben reemplazarse por heparina no fraccionada. Durante el primer
trimestre, en la elección se debe tener en cuenta el deseo
de la paciente después de haber sido informada, la
adhesión al tratamiento y la posibilidad de utilizar
warfarina en dosis bajas; el uso de warfarina es el régimen
más seguro para la madre224,229. La
utilización de la warfarina a lo largo de la
gestación está recomendada hasta la semana 36 cuando
la dosis es
#
5 mg/día
durante el primer trimestre14. El INR diana es el mismo
que antes de la gestación. No hay datos disponibles sobre el
uso de otros tratamientos anticoagulantes. Si se utiliza heparina
no fraccionada, está muy recomendado hacer controles
frecuentes del tiempo de tromboplastina parcial activado, que debe
estar entre 2 y 314. No se puede recomendar el uso de
heparina de bajo peso molecular sobre la base de la
información disponible actualmente.
Parto
(
*
)
Cuando el estado hemodinámico es estable al final de la
gestación, se recomienda, siempre que sea posible, un parto
vaginal. El control hemodinámico está recomendado en
mujeres con estenosis mitral severa o disfunción ventricular
izquierda. Se recomienda el uso de analgesia epidural y
procedimientos obstétricos para acortar el tiempo de
extracción y la reducción de la duración total
del parto, lo que disminuye las consecuencias hemodinámicas.
La cesárea tiene la ventaja de que reduce las consecuencias
hemodinámicas, pero tiene otras consecuencias asociadas con
la anestesia, cambios en el volumen sanguíneo y
ventilación asistida, que también pueden ser
perjudiciales desde el punto de vista hemodinámico. La
cesárea precisa un control hemodinámico estricta y,
de forma ideal, debería realizarse en centros
especializados. Se debe considerar fundamentalmente en pacientes
con síndrome de Marfan, con un diámetro
aórtico > 40 mm, en pacientes en las que el estado
hemodinámico es inestable, en especial cuando hay estenosis
aórtica, o en casos de parto prematuro bajo tratamiento
anticoagulante oral. Se puede administrar tratamiento
antibiótico profiláctico desde el inicio del parto en
pacientes de alto riesgo, por ejemplo, en las que tenían
endocarditis previa o prótesis valvular.
Cuando se precisa realizar una cirugía valvular durante la
gestación debe realizarse una cesárea como primera
opción si el feto es viable. En los otros casos, el tipo de
parto debe discutirse y planificarse entre los cardiólogos,
los obstetras, los anestesistas y la propia paciente antes del
parto, especialmente en el caso de pacientes con necesitan
interrumpir la anticoagulación oral.
(
*
) Las recomendaciones
durante el embarazo son similares a las recientemente publicadas en
nuestra Revista1 y hay un apartado interesante que
aborda el problema de los pacientes que han de recibir otros
procedimientos quirúrgicos de riesgo.
1. Pijuan Domènech A, Gatzoulis MA. Embarazo y
cardiopatía
.
Rev
Esp Cardiol. 2006;59:971-84.
Full
English text available from: www.revespcardiol.org
*Correspondencia: Alec Vahanian.
Service de Cardiologie. Hôpital Bichat AP-HP.
46 rue Henri Huchard. 75018 Paris. Francia.
Correo
electrónico:
alec.vahanian@bch.aphp.fr
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