INTRODUCCION
La
cirugía cardiaca es una especialidad en la que con relativa
frecuencia se requiere el uso de hemoderivados. Por este motivo, la
realización de cirugía cardiaca en pacientes que
rechazan el uso de hemoderivados, como es el caso de los testigos
de Jehová (TJ), supone todo un reto para el personal
sanitario. El rechazo de estos pacientes a las transfusiones
sanguíneas surge de una interpretación estricta de
ciertos pasajes bíblicos («...sólo carne con su
alma --su sangre-- no deben comer»; Génesis 9:3-4).
Esta negativa enfrenta dos bienes fundamentales como son el
principio de autonomía del paciente y el deber del
médico de preservar la vida del paciente (derecho a la
vida).
En
la actualidad hay numerosas estrategias, tanto médicas como
quirúrgicas, para reducir las necesidades transfusionales
poscirugía1. Recientemente se ha publicado la
experiencia sobre un reducido número de pacientes TJ
intervenidos de cirugía cardiaca2 en nuestro
país. Nuestro hospital es centro de referencia de
cirugía sin sangre en muchas especialidades, incluida la
cirugía cardiaca. Desde el año 1982 se ha intervenido
de cirugía cardiaca en nuestro centro a más de un
centenar de TJ, los cuales se han ido incorporando a nuestra base
de datos a partir de 1998. Aprovechando esta base de datos, hemos
diseñado un estudio de cohortes emparejadas para comparar a
los pacientes TJ intervenidos de cirugía cardiaca con el
resto de pacientes.
Los
objetivos del estudio son: a) comprobar si las
características de los pacientes TJ intervenidos de
cirugía cardiaca son similares a las del grupo control, y
b) comparar los resultados quirúrgicos de ambos
grupos.
MÉTODOS
Entre enero de 1998 y septiembre del 2006 se seleccionó a
todos los pacientes intervenidos de cirugía cardiaca que
rechazaron de forma absoluta el empleo de hemoderivados al ser TJ
(n = 59). Esto supone aproximadamente un 1,5% del total de
pacientes operados en nuestro servicio en dicho
período.
Todos los pacientes TJ firmaron un consentimiento escrito
específico donde declaraban su voluntad para ser
intervenidos sin productos sanguíneos. A todos los pacientes
se les realizó una analítica completa previa a la
cirugía, y en función de los valores del hemograma,
se empleó hierro o eritropoyetina según nuestro
protocolo (eritropoyetina 300-500 U/kg cada 24 h durante 7
días si el hematocrito < 36% y 3 días tras la
cirugía junto con tratamiento férrico oral o
intravenoso). En el quirófano se empleó aprotinina o
ácido tranexámico en todos los pacientes. Asimismo,
durante el acto quirúrgico se emplearon los sistemas de
recuperación de sangre o sistemas «cell-saber»
en todos los pacientes TJ.
Para formar el grupo de emparejamiento (grupo estándar) se
buscó en la base de datos del nuestro servicio el mismo
número de pacientes según la técnica de
emparejamiento 1:1 (n = 59). Las variables a partir de las cuales
se diseñó el grupo estándar fueron: sexo, edad
± 5 años, año de cirugía, tipo de
cirugía y presencia de reintervención. Los tipos de
cirugía que se realizaron en los TJ y que sirvieron para
emparejar los casos fueron: coronarios (8 casos), valvulares (43
casos), cirugías mixtas (4 casos), cirugía de aorta
(2 casos) y cardiopatías congénitas del adulto (2
casos).
Análisis estadístico
Para el estudio descriptivo, las variables cuantitativas se
expresaron con la media ± desviación estándar
y las cualitativas con porcentajes. El estudio analítico se
realizó según las técnicas de emparejamiento
1:1. Las variables cuantitativas se analizaron con el test de la t
de Student para datos emparejados. Las variables cualitativas se
analizaron con la prueba de Fischer. Se consideraron
estadísticamente significativos los valores de p < 0,05.
Se empleó el programa SPSS (versión 12.0, SPSS Inc.,
Chicago).
RESULTADOS
Entre enero de 1998 y septiembre de 2006 se intervino a un total de
59 pacientes sin el uso de hemoderivados (casos). La edad media fue
de 62,5 ± 11,1 años, con un 57,6% (n = 34) de
mujeres. El 30,5% (n = 18) de los pacientes ya había sido
intervenido previamente de cirugía cardiaca (13 pacientes
una vez, 2 pacientes 2 veces, 2 pacientes 3 veces y un paciente 4
veces).
En
la tabla 1 se presenta el análisis estadístico para
las variables categóricas, mientras que en la tabla 2 se
analiza el resultado de las variables cuantitativas.
La
mortalidad en el grupo de los TJ fue del 6,8% (n = 4) y en el grupo
estándar fue del 8,5% (n = 5). Las causas de mortalidad
fueron rotura del surco auriculoventricular por
calcificación masiva del anillo mitral en 2 casos y fallo
primario cardiaco en otros 2. Las complicaciones fueron similares
en ambos grupos, tal y como se refleja en la tabla 3. Se
realizó un estudio de regresión logística que
descartó que la mayor proporción de diabéticos
y fumadores pudiese influir de manera significativa en la
incidencia de complicaciones del grupo estándar (p =
NS).
Se
analizó la pérdida de hematocrito y hemoglobina tras
la cirugía, sin que se encontrasen diferencias entre los TJ
y el grupo estándar (pérdida de hematocrito: el 7,2
± 6,7 frente al 8,8 ± 5,9%; p = 0,32; pérdida
de hemoglobina: 2,9 ± 2 frente a 3 ± 2 g/dl; p =
0,92).
DISCUSION
En
nuestros pacientes se ha demostrado que los TJ que precisan
cirugía cardiaca presentan unas características
clínicas similares a las del grupo de cohortes emparejado.
Hemos comprobado que los valores de hemoglobina y hematocrito son
mejores antes y después de la cirugía en el grupo de
los TJ. Los pacientes TJ presentan un menor número de horas
de intubación, menor cantidad de sangrado a las 24 horas y
una menor estancia en la unidad de vigilancia intensiva (UVI) y
hospitalaria. Por lo demás, las complicaciones y la
mortalidad fueron similares en ambos grupos.
Como ya comentó el grupo de Bernal et al2, se
calcula que alrededor de 50 pacientes TJ precisarán ser
intervenidos quirúrgicamente del corazón cada
año. Este grupo describe su serie compuesta por 10 casos
tratados con éxito, aunque no especifica si eran casos de
bajo o alto riesgo. Nuestra serie abarca prácticamente todos
los tipos de cirugía que se pueden encontrar en nuestra
especialidad; cabe destacar el alto número de
reintervenciones (un 30,5%), algunos pacientes con más de
una, lo cual aumenta la complejidad y el riesgo
quirúrgico3.
Nuestra estrategia para el control del sangrado se basa en una
marcada prevención. Todos los pacientes TJ son tratados de
forma muy agresiva con hierro y eritropoyetina recombinante hasta
alcanzar concentraciones claramente óptimas (hematocrito
> 36%). Esto justifica que la hemoglobina y el hematocrito en
estos pacientes sean mayores que en el grupo de los no TJ. Forma
parte de nuestro protocolo en los TJ el uso de
antifibrinolíticos, entre los cuales la aprotinina es el de
primera elección. A pesar de que recientemente se ha
cuestionado el posible beneficio de ésta4,
creemos que en pacientes en los cuales no se pueden usar productos
hemoderivados sus beneficios superan ampliamente los problemas que
pueda ocasionar. El uso de estos productos explica la menor
cantidad de sangrado en estos pacientes en comparación con
el grupo estándar. En nuestro servicio, como en la
mayoría de los centros, el uso de antifibrinolíticos
en cirugía cardiaca no está generalizado,
reservándose para los pacientes que se consideran de alto
riesgo para sangrado, como los que presentan reintervenciones,
cirugías largas y cirugía de aorta.
La
incidencia de complicaciones fue similar en ambos grupos, pero el
grupo de los TJ presentó una clara tendencia hacia un menor
número de horas de intubación, lo cual podría
explicar el menor número de días en la UVI y, en
consecuencia, una menor estancia hospitalaria. Esto podría
justificarse por el uso de hemoderivados en el grupo
estándar, pues es conocido que el empleo de transfusiones se
asocia con una mayor necesidad de horas de ventilación
mecánica y una mayor estancia en
UVI5,6.
La
prevalencia de reintervenciones por sangrado fue similar en los dos
grupos. Cabe resaltar que para evitar una anemización
importante y difícil de solucionar sin recurrir a
ningún tipo de hemoderivado es necesario a veces revisar en
el quirófano a los pacientes con unos valores de sangrado
por debajo de lo habitual. En este aspecto, nuestra política
de reintervención por sangrado en los pacientes TJ es muy
agresiva: consideramos que los pacientes que sangran cerca de 200
ml/h en una hora deben ser revisados. La retirada de
coágulos del mediastino facilita que el sangrado difuso que
pueda haber se reduzca de manera significativa. Un fármaco
que en la actualidad se tiene muy en cuenta es el Factor VII
recombinante, el cual, al ser sintético, sí puede ser
utilizado en los TJ y ha demostrado su eficacia en la
cirugía cardiaca7.
El
trabajo de Stamou et al8 enfrenta a 49 pacientes TJ
frente un grupo control de 196 pacientes de similares
características. Este grupo no utiliza la aprotinina de
forma sistemática y concluye que sus resultados en los
pacientes TJ son comparables a los del grupo control, al igual que
en nuestro estudio. Sin embargo, hay algunas diferencias en
relación con nuestros resultados. Ninguno de sus 49
pacientes TJ había sido intervenido previamente (un 30,5% en
nuestra serie) y nosotros sí hemos encontrado una tendencia
en los pacientes TJ a presentar un menor número de horas de
intubación y estancia en la UVI. Mientras que el grupo de
Sotiris selecciona a 49 pacientes TJ en un período de 14
años, nuestra serie presenta a 59 pacientes en un
período de 8 años.
La
negativa de los pacientes TJ a recibir transfusiones puede crear un
conflicto médico-legal en el que se enfrentan la
obligación del médico de preservar la vida del
paciente y el principio de autonomía del paciente de tomar
sus propias decisiones. Para poder intervenir a estos pacientes se
requiere que todo un conjunto de especialistas se pongan de acuerdo
en respetar la voluntad del paciente. Si alguna de las
especialidades no está conforme, no es posible proceder a la
intervención quirúrgica. Nosotros tenemos muy
presente que es la voluntad del paciente la que debe primar, y
respetar su deseo es básico mientras no se ponga en peligro
la salud pública. Nunca cuestionamos las decisiones de los
pacientes, sino que tan sólo les explicamos los potenciales
riesgos que pueda conllevar su decisión. En la actualidad,
tanto los cirujanos como los anestesistas y los intensivistas
disponemos de un arsenal terapéutico lo suficientemente
amplio como para poder ofrecer ciertas garantías a los
pacientes que requieren cirugía cardiaca1. El
desarrollo de técnicas mínimamente invasivas y la
posibilidad de realizar cirugía coronaria sin
circulación extracorpórea, sorteando la obligada
hemodilución que ésta produce al paciente, permiten
ofrecer a este tipo de pacientes más recursos para evitar el
empleo de hemoderivados9.
Todas las estrategias disponibles en la actualidad deben hacer
frente a la cirugía cardiaca urgente o emergente que pueda
presentarse en los pacientes que rechacen el uso de hemoderivados.
La intervención urgente en la cirugía cardiaca supone
un riesgo importante para el paciente, el cual puede verse
incrementado al no disponer de tiempo suficiente para optimizar el
hematocrito previo a la intervención. La cirugía
coronaria urgente se debe intentar diferir mediante tratamiento
médico en aquellos pacientes en tratamiento con clopidogrel.
A pesar de ello, muchas veces no hay ningún tratamiento
alternativo, y si el paciente realmente rechaza el uso de
hemoderivados y es consciente de su situación, mantenemos en
nuestro centro la política de ofrecerle la posibilidad de
ser intervenido. Cuando el paciente se encuentra inconsciente, la
decisión debe ser tomada por los familiares, o por un juez
en caso de que no haya la posibilidad de hablar con un familiar
directo o éste sea menor de edad1.
Nuestro grupo defiende la eventualidad de ofrecer al paciente la
posibilidad de ser intervenido sin el uso de hemoderivados, sea
cual sea la enfermedad por la que haya sido remitido. Creemos que
es importante que los cardiólogos conozcan que es posible
intervenir a sus enfermos cardiacos con los mismos resultados que
en el resto de pacientes de similares características. Aun
así, es lógico pensar que, en ciertas condiciones,
como las disecciones de aorta o pacientes con alteraciones
hepáticas, la necesidad de hemoderivados en este tipo de
intervenciones es tan frecuente que el facultativo debe de
esforzarse para hacer entender al paciente el riesgo que esto puede
suponer.
Nuestra mortalidad es similar a la del resto de los pacientes, con
el mismo número de complicaciones, por lo que a los
pacientes TJ en nuestro centro se les proporcionan los mismos
resultados que al resto de los pacientes. Curiosamente, el
índice de Parsonnet, un predictor de la mortalidad
quirúrgica, valora con 10 puntos el hecho de ser TJ, lo
mismo que la disección de aorta o la endocarditis
activa3,10,11. El sistema del EuroScore, sin embargo, no
da ninguna puntuación al hecho de ser
TJ3.
CONCLUSIONES
En
conclusión, hemos demostrado que las características
de los pacientes TJ que requieren cirugía cardiaca son
similares a las del grupo control. La incidencia de complicaciones
en estos pacientes es similar, con un menor número de horas
de intubación, menor sangrado a las 24 h y una menor
estancia hospitalaria. La mortalidad en ambos grupos fue similar.
Actualmente podemos ofrecer a los pacientes que demandan ser
intervenidos de cirugía cardiaca sin el uso de hemoderivados
los mismos resultados que a los pacientes con similares
características y que no rechacen el uso de
hemoderivados.
Full English text available from:
www.revespcardiol.org
ABREVIATURAS
TJ: testigos de
Jehová.
Correspondencia: Dr. G. Reyes Copa.
Hospital
Universitario de La Princesa.
Diego de León, 62. 28006 Madrid. España.
Correo
electrónico:
guillermo_reyes_copa@yahoo.es
Recibido el 13 de noviembre de 2006.
Aceptado para su
publicación el 15 de marzo de 2007.
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