INTRODUCCION
Concepto
La
enfermedad cerebrovascular (ECV) es uno de los motivos más
frecuentes de asistencia neurológica urgente y constituye un
grave problema de salud pública. Datos de la
Organización Mundial de la Salud indican que es la segunda
causa de muerte y la primera causa de discapacidad. En
España es la primera causa de mortalidad específica
en la mujer. Hasta hace 10 años, los profesionales
sanitarios y especialmente los neurólogos han mantenido una
actitud conservadora y no agresiva hacia esta enfermedad
devastadora. Las unidades de ictus y especialmente la posibilidad
de la reperfusión a través del tratamiento
trombolítico han posibilitado un cambio de actitud: el ictus
puede ser una entidad tratable, lo que mejora de manera
significativa el pronóstico de estos pacientes.
Llamamos ECV o ictus al trastorno circulatorio cerebral que
ocasiona una alteración transitoria o definitiva de la
función de una o varias partes del encéfalo. Hay
diferentes tipos de ictus según la naturaleza de la
lesión. El ictus isquémico es debido a una falta de
aporte de sangre a una determinada zona del parénquima
encefálico, mientras que el ictus hemorrágico se debe
a la rotura de un vaso sanguíneo encefálico con
extravasación de sangre fuera del lecho
vascular1. El 85% de los ictus es isquémico,
mientras que el resto es hemorrágico.
Debido a los distintos subtipos de ictus, las diferencias en el
perfil evolutivo, las características de la
topografía, y las diferencias en el mecanismo de
producción y en la etiología, se utilizan numerosos
términos para describir las ECV2. Es muy
importante conocer de manera correcta el mecanismo causante para
realizar el tratamiento más adecuado y aplicar una eficaz
prevención secundaria3.
Según la evolución en las primeras horas,
distinguiremos entre 2 grandes tipos de eventos cerebrovasculares
isquémicos: al ataque isquémico transitorio (AIT),
clásicamente definido como el déficit
neurológico que se recupera antes de las primeras 24 h, y el
infarto cerebral con lesión definitiva del parénquima
cerebral.
En
cuanto al AIT, debe precisarse que, aunque el término
«transitorio» indica una naturaleza benigna, estos
episodios deben considerarse como un importante signo de alarma
para experimentar un infarto cerebral u otras complicaciones
cardiovasculares. Aproximadamente un 15-30% de los infartos
cerebrales está precedido de un AIT4. El 17% de
los pacientes que presentan un infarto cerebral ha experimentado un
AIT en el mismo día, el 9% en el día previo y el 43%
en la semana previa5. Asimismo, los pacientes que han
experimentado un AIT también presentan un pronóstico
desfavorable a largo plazo6. Las nuevas técnicas
de neuroimagen han permitido detectar una lesión
isquémica, un infarto cerebral, en pacientes con
resolución de los síntomas en menos de 24 h. Estos
datos pronósticos y el mejor conocimiento de la
fisiopatología de la isquemia cerebral han motivado una
nueva definición temporal de AIT como el evento
isquémico que ocasiona un déficit neurológico
de menos de una hora de duración y que no se asocia con
infarto cerebral en la neuroimagen7. El AIT debe
considerarse hoy día una urgencia médica.
Según el territorio vascular afectado, el AIT se clasifica
en carotídeo, vertebrobasilar e indeterminado, y en
función de las manifestaciones clínicas puede ser
retiniano (amaurosis fugaz), hemisférico cortical, lacunar o
atípico. Cada uno de estos AIT tiene una
fisiopatología, una clínica y un pronóstico, y
por estos motivos, un tratamiento diferente.
En
resumen, los pacientes con AIT deben considerarse un grupo de alto
riesgo vascular y, una vez diagnosticado, debe identificarse el
mecanismo causante8.
Respecto al infarto cerebral, su causa final es la falta de
irrigación de sangre a cualquier parte del cerebro, lo cual
produce isquemia y, en última instancia, infarto (muerte de
células cerebrales). Cuando el tejido cerebral está
isquémico ya se produce alteración de la
función cerebral y, por lo tanto, las manifestaciones
clínicas típicas de un ictus. La zona de tejido
isquémico pero no infartado se conoce como zona de penumbra
isquémica, y con tratamientos recanalizadores y cuidados
adecuados es potencialmente salvable. Hoy día es posible
visualizar, mediante técnicas de neuroimagen, resonancia
magnética (RM) con difusión/perfusión y
tomografía computarizada (TC) de perfusión, el tejido
de penumbra isquémica o mismatch.
Clasificación etiopatogénica del
ictus
La
categorización etiopatogénica del ictus es
fundamental para su adecuado tratamiento. Aunque no hay unos
criterios unívocos, los más extendidos se basan en
las clasificaciones TOAST (Trial Org-10172 Acute Stroke
Treatment)9 y SSS-TOAST10.
Podemos distinguir 5 subtipos etiopatogénicos que
precisarán distintas pautas en cuanto al tratamiento: el
ictus aterotrombótico por enfermedad de gran vaso, el
cardioembólico, el lacunar por enfermedad de pequeño
vaso, el de causa inhabitual (disección arterial,
vasculitis, vasoespasmo, etc.) y el de etiología
indeterminada o criptogénico después de un estudio
adecuado. Asimismo, distinguimos diferentes mecanismos de
producción del ictus, el más habitual de los cuales
es el embólico e incluye 2 posibles etiologías (la
cardioembólica y la aterotrombótica por una embolia
arterioarterial procedente de una placa ateromatosa), además
de la trombosis por alteración de la pared del vaso, la
lipohialinosis en el infarto lacunar, y el mecanismo
hemodinámico cuando se produce un infarto en territorios
vasculares limítrofes por la hipoperfusión debida a
una estenosis grave del territorio vascular afectado.
Los
criterios SSS-TOAST se especifican a
continuación.
Criterios de infarto aterotrombótico (aterosclerosis de
grandes arterias)
Este diagnóstico exige la realización de
dúplex/ Doppler y/o estudio angiográfico
(angiorresonancia, angio-TC o arteriografía) para detectar
lesiones de la pared arterial (estenosis y oclusión) en los
grandes vasos, tanto extracraneales, supraaórticos, como
intracraneales (arterial cerebral media, anterior, posterior o
tronco basilar). La normalidad, las alteraciones mínimas o
la falta de realización de estos estudios excluyen el
diagnóstico.
Criterios obligatorios
Estenosis significativa (> 50%), oclusión o placa
ulcerada (> 2 mm de profundidad) en la arteria intracraneal o
extracraneal ipsilateral, demostrada mediante dúplex/Doppler
o estudio angiográfico (convencional, angio-RM o
angio-TC).
Ausencia de cardiopatía embolígena u otra
etiología.
Otros criterios que indican este
diagnóstico
1. Clínicos
Presencia de soplo ipsilateral al infarto.
Presencia de AIT previos, ipsilaterales al
infarto.
Historia previa de cardiopatía
isquémica.
Historia previa de claudicación intermitente de las
extremidades inferiores.
2. Imagen
En la TC/RM, presencia de un infarto no hemorrágico,
de tamaño > 1,5 cm, cortical o subcortical, en el
territorio carotídeo o vertebrobasilar.
En la angiografía, estenosis u oclusión del
territorio vascular afectado.
Criterios de ictus isquémico
cardioembólico
Criterios obligatorios
Presencia de una cardiopatía embolígena
(véase el listado de fuentes cardioembólicas en la
tabla 1).

Exclusión de lesiones ateromatosas cerebrovasculares
significativas (véanse los criterios de infarto
aterotrombótico) y otras etiologías
posibles.
En
caso de que haya una enfermedad cardiaca de riesgo bajo
(véase el listado de fuentes cardioembólicas) y de
haber descartado otras causas del ictus, se clasificará como
«posible» ictus cardioembólico.
Otros criterios que indican este
diagnóstico
1. Clínicos
Déficit neurológico máximo instaurado
bruscamente (en segundos o pocos minutos).
Aparición durante la vigilia.
Pérdida de consciencia (transitoria) y/o crisis
comiciales al inicio del cuadro.
Múltiples infartos cerebrales
simultáneos.
Infartos cerebrales o AIT previos en diferentes territorios
vasculares.
Historia o coexistencia de embolismos
sistémicos.
2. Imagen
En la TC, infarto de tamaño > 1,5 cm de
localización generalmente cortical, en ocasiones
hemorrágico, o múltiples infartos en diferentes
territorios vasculares.
En la angiografía: oclusiones angiográficas
evanescentes, oclusión arterial aislada sin evidencia de
lesiones ateroescleróticas o defecto central de relleno en
la porción proximal de una arteria sin cambios
ateroscleróticos.
Enfermedad de pequeño vaso (lacunar)
Infarto de diámetro máximo de 1,5 cm,
localizado en el territorio de las arterias o las arteriolas
perforantes cerebrales (cuyo diámetro generalmente es <
200 µm) debido a lipohialinosis o microateromatosis de dichos
vasos.
Cursa clínicamente en forma de uno de los
síndromes lacunares clásicos (hemiparesia pura,
síndrome sensitivo puro, síndrome sensitivomotriz,
hemiparesia-ataxia o disartria-mano torpe).
La presencia de hipertensión arterial o diabetes
mellitus apoya el diagnóstico.
Por definición, es obligatoria la ausencia de signos o
síntomas corticales.
No debe haber fuentes potenciales de embolismo de origen
cardiaco ni estenosis > 50% en las arterias extracraneales
ipsilaterales.
La presencia de lesiones de estenosis < 50% o placas de
ateroma en arterias de mediano o gran calibre no excluye la
presencia de un infarto lacunar.
Criterios de infarto de causa indeterminada
Infarto de tamaño medio o generalmente grande, cortical o
subcortical, tanto de territorio carotídeo como
vertebrobasilar. Dentro de este tipo de infarto pueden
distinguirse, a su vez, varias situaciones o subtipos:
Evaluación inadecuada o insuficiente.
Ausencia de una etiología determinada pese a un
estudio exhaustivo.
Datos conflictivos por la presencia simultánea de dos
etiologías posibles de infarto cerebral.
Criterios de infarto por otras etiologías o causas
infrecuentes
En
esta categoría se incluye a los pacientes con un infarto
cerebral agudo de causas poco frecuentes, como pueden ser
vasculopatías no ateroscleróticas, (inflamatorias, no
inflamatorias, infecciosas, hereditarias), estados de
hipercoagulabilidad, alteraciones hematológicas,
migraña-infarto, vasoespasmo, y otras enfermedades
hereditarias y metabólicas.
Deben ser excluidas las etiologías mencionadas de infarto
cerebral cardioembólico y la presencia de aterosclerosis de
las arterias extracraneales.
En
la figura 1 se recoge la frecuencia de cada subtipo de ictus en el
Banco de Datos de Ictus de la Sociedad Española de
Neurología (BADISEN).
Fig. 1.
Frecuencia de subtipos de ictus.
Fuente BADISEN. Criterios SSS-TOAST. En el subtipo
cardioembólico se incluyen tanto las fuentes
cardioembólicas mayores como menores.
DIAGNOSTICO
La
identificación rápida del ictus, su
diagnóstico etiopatogénico y su adecuado tratamiento,
con la aplicación de terapias específicas
(fibrinolíticos) en la fase aguda, cuidados generales en
unidades de ictus y tratamiento preventivo específico para
cada subtipo de ictus, es vital para disminuir el daño
cerebral irreversible, evitar recurrencias y, así, conseguir
una mejor recuperación funcional del paciente.
El
proceso diagnóstico incluye los siguientes apartados:
historia clínica, exploración general y
neurológica, y exploraciones complementarias.
En
la historia clínica se debe prestar atención a los
antecedentes vasculares personales y familiares, la
instauración ictal o súbita de la focalidad
neurológica y, especialmente, la hora de inicio para valorar
si el paciente puede ser subsidiario de tratamiento
fibrinolítico urgente.
La
exploración neurológica debe confirmar la sospecha de
una focalidad neurológica y permitirá realizar una
orientación acerca de la topografía del
ictus.
Estos datos, juntamente con la exploración general, los
datos de la analítica, el ECG y la radiografía de
tórax, nos permitirán realizar una
aproximación diagnóstica sobre la posible
etiología del ictus (soplo carotídeo,
fibrilación auricular en el ECG, cardiomegalia en la
radiografía de tórax, etc.).
En
las exploraciones más específicas es esencial la
realización de una TC craneal (TC-C) urgente para descartar
la hemorragia cerebral, otras causas de focalidad
neurológica y confirmar la naturaleza isquémica del
proceso. En las primeras horas de un infarto cerebral, la TC-C
puede ser normal o mostrar signos precoces de infarto que nos
serán de gran ayuda para valorar la extensión del
infarto e instaurar un tratamiento fibrinolítico.
Se
realizará un estudio dúplex/Doppler de troncos
supraaórticos (DTSA) y transcraneal (DTC) en todos los
pacientes que han experimentado un ictus isquémico. El
estudio carotídeo nos permitirá diagnosticar la
etiología aterotrombótica del ictus isquémico
y valorar tratamientos preventivos específicos como la
endarterectomía carotídea. El Doppler/dúplex
transcraneal nos permite diagnosticar estenosis intracraneales,
valorar la circulación colateral, confirmar la
recanalización arterial después de administrar un
tratamiento fibrinolítico (fig. 2) e incluso detectar una
comunicación derecha-izquierda (shunt) por un foramen
oval permeable (FOP) mediante el test de microburbujas. Por otro
lado, aporta un información valiosa en la evaluación
preoperatoria y pronóstica de la estenosis carotídea
(estudio de circulación colateral, estudios de reserva
hemodinámica y detección de microembolias) (tabla 2).
Un error frecuente es limitar el estudio ultrasonográfico en
pacientes con estenosis carotídea al análisis de las
arterias cervicales.
Fig. 2.
Oclusión intracraneal de la
arteria cerebral media. Imagen obtenida mediante angiorresonancia
magnética craneal (ARM), angiotomografía
computarizada craneal (ATC) y dúplex transcraneal (TCCS
1-2).
La
elevada sensibilidad y especificidad del estudio
ultrasonográfico (dúplex color de troncos
supraaórticos más Doppler/dúplex transcraneal)
permite plantear, asociada a alguna otra técnica de imagen
no invasiva como la angio-RM o la angio-TC, la posibilidad de
indicar la endarterectomía sin la utilización de la
angiografía por sustracción digital.
Se
debe valorar la presencia de cardiopatías potencialmente
embolígenas sobre la base de la anamnesis, la
exploración física, la radiografía de
tórax y el ECG, y así poder instaurar un tratamiento
preventivo descoagulante. Se recomienda realizar una
ecocardiografía transtorácica cuando en las
exploraciones previas no se haya detectado una enfermedaa, cuando
se sospecha una etiología cardioembólica y en los
ictus en pacientes jóvenes. En los casos en que se sospeche
ateromatosis aórtica y cuando se detecte un shunt
derecha-izquierda, se recomienda completar el estudio con
ecocardiografía transesofágica.
La
resonancia magnética craneal (RM-C) resulta muy útil
en el tratamiento del ictus, no sólo porque ayuda a
confirmar y localizar topográficamente los infartos, sino
también por su utilidad en su tratamiento agudo. En la
actualidad se dispone de secuencias de difusión (DWI) que
nos muestran el tejido infartado en la fase aguda, y mediante
secuencias de perfusión (PWI) podemos cuantificar la
extensión del tejido hipoperfundido; la diferencia entre
ambas zonas nos identificará el tejido en penumbra o
mismatch y, por lo tanto, potencialmente recuperable con
tratamientos recanalizadores (fig. 3). Se recomienda la RM-C para
localizar y confirmar infartos lacunares y para valorar el ictus de
territorio vertebrobasilar. Se recomienda completar el estudio con
angio-RM o, excepcionalmente, con arteriografía por
sustracción digital (DIVAS), cuando se detecte por Doppler
de los troncos supraaórticos/TC una estenosis en la arteria
carótida interna > 50% o cuando se sospeche una estenosis
intracraneal.
Fig. 3.
Penumbra isquémica o
mismatch. Ictus isquémico en el territorio de la arteria
cerebral media, con oclusión de la arteria en la
angiorresonancia magnética. Imagen en difusión (DWI)
de la lesión de infarto y área de penumbra detectada
mediante imagen de perfusión (PWI) correspondiente al
área isquémica. La diferencia entre ambas zonas
constituye el área de penumbra o mismatch.
Control a las 24 horas
con recanalización arterial y recuperación del
área de penumbra con lesión residual en
DWI.
TRATAMIENTO
El
ictus es una emergencia médica que requiere una
intervención inmediata. El infarto cerebral se establece de
forma progresiva en varias horas, y existe la posibilidad de
minimizar el tamaño del infarto si actuamos en esa ventana
terapéutica.
En
los últimos años se ha producido un cambio sustancial
en el enfoque terapéutico del ictus isquémico. El
concepto de ictus isquémico como un proceso que progresa en
horas ha abierto nuevas perspectivas con fármacos
recanalizadores, neuroprotectores y con un tratamiento
médico más adecuado para prevenir un mayor
daño neuronal. La correcta evaluación de la causa del
ictus, su fisiopatología y la topografía vascular
determinarán el tratamiento idóneo y, en
consecuencia, un mejor pronóstico. La aplicación de
estas medidas diagnósticas y terapéuticas
protocolizadas en las primeras 6 h del inicio de los
síntomas disminuye de manera significativa la incapacidad y
acorta la estancia hospitalaria11.
El
descubrimiento de la terapia trombolítica, juntamente con la
implementación de las unidades de ictus (aumento de la
vigilancia y el control en los primeros días), ha sido el
avance más importante en los últimos años en
el tratamiento de los pacientes que han experimentado un
ictus.
El
tratamiento del ictus se basa en 2 apartados: el tratamiento agudo
y la prevención de recurrencias. El tratamiento agudo del
ictus se puede subclasificar en 2 partes: las medidas generales y
el tratamiento recanalizador.
Medidas generales: unidades de ictus
Los
cuidados generales han demostrado ser eficaces en mejorar el
pronóstico de los pacientes con un ictus. La hipoxia, la
hipertensión arterial grave o la hipotensión, la
hiperglucemia, la hipertermia, la deshidratación y la
desnutrición son factores que influyen negativamente en el
pronóstico funcional del ictus al provocar mayor daño
neuronal12-17. El control de constantes, el tratamiento
y la detección precoz de estas complicaciones, así
como la movilización precoz, son todas medidas incluidas en
todas las guías y recomendaciones de atención al
ictus2.
Las
unidades de ictus están formadas por equipos
multidisciplinares, coordinados por neurólogos con
formación especializada en enfermedades cerebrovasculares,
con atención inmediata, disponibilidad continua de
técnicas diagnósticas como la TC-C, el
Doppler/dúplex de troncos supraaórticos y
transcraneal, y con frecuencia, la RM con protocolos con secuencias
de difusión, perfusión y angio-RM.
Las
unidades de ictus deben estar formadas por 4-8 camas, según
las necesidades, proporcionar cuidados agudos y no intensivos,
donde los pacientes son monitorizados de forma continuada para
detectar y corregir precozmente los factores que puedan agravar el
proceso isquémico agudo y donde puedan recibir tratamiento
específico para el infarto cerebral. En estas unidades se
mantendrá observación continua por el personal de
enfermería. Se seguirá un protocolo estandarizado de
evaluación diagnóstica, tratamiento y
rehabilitación. Debe haber una atención protocolizada
de los tratamientos trombolíticos, la prevención de
complicaciones del ictus (edema cerebral, crisis
epilépticas), de prevención de complicaciones
médicas (control de la glucemia, presión arterial,
temperatura, prevención de la trombosis venosa profunda,
detección de arritmias, infecciones respiratorias,
nutrición, prevención de úlceras por
decúbito) y de rehabilitación precoz.
Esta atención multidisciplinar y especializada es la base
del concepto de unidades de ictus. El desarrollo de estas unidades
ha mostrado una reducción significativa de la mortalidad, la
morbilidad, la estancia hospitalaria y los costes18-22.
En nuestro medio encontramos resultados similares, con un mejor
pronóstico de los pacientes con un ictus grave respecto al
de la hospitalización convencional23. El
metaanálisis del Stroke Unit Trialist
Collaboration24 demostró una reducción del
18% del riesgo relativo en términos de mortalidad,
morbilidad y discapacidad, mientras que el beneficio igual para
todos los tipos de ictus y para todas las edades.
Terapias recanalizadoras: trombolisis
Trombolisis intravenosa
El
objetivo del tratamiento trombolítico es lograr la
restitución precoz de la perfusión arterial y
preservar el tejido neuronal dañado de manera reversible en
la zona de penumbra, mediante un agente relativamente seguro para
mejorar la evolución del paciente. El menor daño
neuronal se traduce en menor discapacidad funcional.
En
junio de 1998, la Food and Drug Association (FDA) en Estados Unidos
y en 1999 en Canadá aprobaba el uso del activador tisular
del plasminógeno recombintante (r-TPA) como el primer
tratamiento para el ictus isquémico agudo. Desde marzo de
2003, la utilización de r-TPA está aprobada por la
Agencia Europea del Medicamento en las primeras 3 h del ictus,
aunque condicionada a la realización del estudio en fase IV
SITS-MOST, que ha finalizado y ha sido publicado
recientemente25.
El
beneficio se basa en los resultados del estudio NINDS26,
que demostró que el uso de r-TPA en menos de 3 h produjo un
aumento absoluto del 11-13% de los pacientes con evolución
excelente. En comparación con los que recibieron placebo,
los pacientes tratados con r-TPA tenían un 30% más de
posibilidades de quedar asintomáticos o tener una
mínima discapacidad a los 3 meses de experimentar el ictus.
Este beneficio no comportaba un aumento en la mortalidad, pero
sí un incremento del 6,4% de presentar una hemorragia
cerebral sintomática.
Este resultado destaca el hecho de que el tratamiento deber ser
administrado por profesionales que conozcan bien su uso. La Agencia
Europea del Medicamento recomienda su administración por
personal experto en el tratamiento del ictus agudo. Varios estudios
prospectivos en fase IV en los que se utilizan los criterios de
tratamiento del NINDS27 y la práctica
clínica diaria de los hospitales españoles (registro
español) han mostrado resultados favorables
similares28 (fig. 4).
Fig. 4.
Resultados de los estudios NINDS,
ECASS II (< 3 h), registro español y
SITS-MOST.
Recientemente se han publicado los resultados del estudio
SITS-MOST, de fase IV, realizado por exigencia de la Agencia
Europea del Medicamento, en el que se han implicado 14
países, 285 centros y se ha incluido a 6.483 pacientes. En
él se ha demostrado de forma definitiva la eficacia del
tratamiento trombolítico endovenoso con r-TPA aplicado en
las primeras 3 h desde el inicio del ictus, ya que consigue que un
54,8% de los pacientes tratados sea independiente a los 3 meses,
con una incidencia de hemorragias sintomáticas del 7,3%,
incluso inferior al resultado global detectado en los ensayos
clínicos (8,6%)25.
Dos
estudios europeos, ECASS I y ECASS II29, no mostraron
beneficio al ampliar la ventana a 6 h, aunque hay pruebas
científicas de su eficacia hasta las 4 horas y media,
actualmente en ensayo clínico ECASS III (presentado en la
International Stroke Conference de 2003).
Todos los estudios con estreptocinasa mostraron un riesgo
inaceptable de hemorragia30.
Trombolisis intraarterial
El
tratamiento intraarterial con prourocinasa en la oclusión de
la arteria cerebral media ha demostrado su seguridad y eficacia
cuando es administrado en las primeras 6 h desde el inicio de los
síntomas (estudio PROACT II)31. La FDA no ha
aprobado el uso de prourocinasa porque nunca se ha realizado un
estudio confirmatorio, aunque es práctica clínica
habitual el tratamiento intraarterial de la oclusión de la
arteria basilar con prourocinasa.
La
limitación más importante del tratamiento
trombolítico intraarterial es la necesidad de realizar una
angiografía superselectiva de urgencia, que requiere un
neurólogo/neurorradiólogo intervencionista y un
equipo especial de cuidados de ictus. Entre los nuevos abordajes se
podrían incluir la terapia combinada, con tratamiento
inicial con r-TPA intravenoso en el hospital local, seguido de una
derivación rápida al centro de tratamiento de ictus
para realizar una angiografía y valorar si se podría
beneficiar de fibrinolisis intraarterial si no se ha producido la
recanalización32.
Antiagregación y anticoagulación en fase
aguda
La
administración de aspirina tras las primeras 48 h del
establecimiento del ictus reduce la mortalidad y la recurrencia,
según 2 grandes estudios no
ciegos33,34.
No
hay pruebas científicas a favor de la anticoagulación
precoz en la fase aguda del ictus35, aunque es
práctica clínica habitual en distintas situaciones,
como los AIT de repetición, la disección arterial, la
trombosis basilar y la sospecha de ictus isquémico de causa
cardioembólica con alto riesgo de reembolización
(válvulas artificiales, fibrilación auricular,
infarto agudo de miocardio con trombo mural).
Se
recomienda siempre la profilaxis de la trombosis venosa con
heparinas de bajo peso molecular.
Nuevas terapias
Inhibidores de la glucoproteína IIb/IIIa
Los
inhibidores de la glucoproteína IIb/IIIa bloquean la
vía final común de la agregación plaquetaria y
también disminuyen la liberación de factor tisular
que activa la formación de trombina36. Ya han
mostrado ser eficaces en la prevención de la
formación de trombos en el síndrome coronario agudo y
en intervenciones percutáneas. Un estudio de fase
IIB37 señalaba la eficacia de dicho tratamiento
en pacientes con ictus isquémico de menos de 6 h de
evolución. Hay estudios en marcha para valorar la
asociación de antiplaquetarios de acción
rápida para evitar la reoclusión tras el tratamiento
con r-TPA (www.stroke-center.org/trials).
Prolongación de la ventana terapéutica con nuevos
trombolíticos: desmoteplase
La
mayoría de pacientes con ictus no puede acceder a
tratamiento fibrinolítico con r-TPA por sobrepasar el
límite de 3 h. La aplicación de tratamientos con
mayor especificidad por la fibrina y una mejor selección de
pacientes con tejido de penumbra mediante RM-DWI/PWI pueden alargar
la ventana terapéutica sin mayor riesgo de hemorragia
cerebral y, así, acceder a un mayor número de
pacientes. El desmoteplase es una molécula procedente de
saliva de murciélago Desmodus rotundus, activador de
plasmina pero con mayor afinidad para la fibrina, y en
consecuencia, con menor riesgo de hemorragias lejanas al trombo. Se
ha realizado un estudio de fase II con pacientes con ictus
isquémico de 3-9 h con una área de mismatch en
la RM-C inicial38 y con resultados de
recanalización muy favorables, del 71,4% (p = 0,0012),
frente al 19,2% del grupo placebo. Asimismo, el pronóstico
funcional fue favorable a los 90 días y la tasa de
hemorragia cerebral fue baja, del 2,2%, con dosis de 125
µg/kg. Estos excelentes resultados se intentarán
confirmar en el estudio DIAS-II, cuyos resultados se
publicarán en 2007.
Lisis mecánica
Los
tratamientos mecánicos podrían obviar o complementar
la necesidad de agentes trombolíticos que aumentan el riesgo
de hemorragia y, por lo tanto, resultan muy interesantes. La
trombectomía mecánica endovascular ha mostrado ser
factible y segura, y los resultados son favorables39. La
combinación de la trombectomía mecánica con
trombolisis intraarterial puede ser un tratamiento
prometedor40, incluso con resultados favorables en el
subgrupo de pacientes con oclusión de la arteria
carótida interna41, que tienen peor
pronóstico y mala respuesta al tratamiento
fibrinolítico endovenoso. Los resultados del estudio
Mechanical Embolus Removal in Cerebral Ischemia (MERCI) han
motivado la aprobación del dispositivo MERCI Retriever
System, aunque esta terapia no está aprobada para el
tratamiento del ictus.
Ultrasonidos
Estudios experimentales, tanto in vitro como en modelos animales,
han mostrado el efecto trombolítico de los ultrasonidos. La
aplicación de ultrasonidos sobre la arteria ocluida en
pacientes con infarto cerebral es una práctica habitual para
el tratamiento diagnóstico mediante Doppler transcraneal. El
estudio CLOTBUST42 ha demostrado que la
aplicación de ultrasonidos, mediante la técnica de
Doppler transcraneal utilizada de manera sistemática para el
estudio diagnóstico, sobre la arteria ocluida
simultáneamente a la administración de r-TPA mejora
la tasa de recanalización y la evolución de los
pacientes.
Neuroprotección
El
objetivo de la neuroprotección es bloquear las alteraciones
bioquímicas, «cascada isquémica» que se
producen en el área de penumbra y que conducen a la muerte
celular.
En
los últimos 10 años se han investigado numerosos
fármacos neuroprotectores con resultados prometedores en el
ámbito experimental, pero sin resultados convincentes en los
ensayos clínicos. Un metaanálisis de citicolina en
pacientes con ictus isquémico de 24 h de evolución ha
mostrado que los pacientes que recibieron 2.000 mg de citicolina al
día tuvieron una recuperación un 38% superior que el
grupo placebo43. Actualmente está en marcha un
ensayo clínico multicéntrico doble ciego de
citicolina oral para confirmar estos resultados.
Hipotermia
La
hipotermia constituye el neuroprotector ideal, pues actúa en
todos los ámbitos de la cascada isquémica. Varios
estudios han demostrado que una leve hipotermia disminuye el
daño por isquemia porque se produce una disminución
de los requerimientos energéticos y se inhibe la
producción de radicales libres y aminoácidos
neuroexcitadores44. En algún estudio realizado en
pacientes se ha demostrado que la hipotermia moderada en la fase
aguda del ictus es factible y que puede ser
beneficiosa45,46.
Tratamiento preventivo
Las
estrategias para prevenir recurrencias de ictus se pueden
subdividir en dos grandes grupos: las particulares según el
subtipo de ictus y el mecanismo subyacente, y las generales sobre
los factores de riesgo vascular.
Varios factores de riesgo aumentan la posibilidad de recurrencias.
En la tabla 3 se presentan los factores más frecuentes y
aceptados, su prevalencia y el riesgo relativo.
El
tratamiento óptimo de estos factores reducirá
notablemente el riesgo de recurrencias ictales y también de
otras complicaciones vasculares.
Las
principales estrategias para la prevención de recurrencias
son:
1. Antiagregantes plaquetarios para el ictus isquémico
de causa no cardioembólica (aterotrombótico, lacunar
e indeterminado).
2. Anticoagulación en los ictus isquémicos
cardioembólicos.
3. Cirugía de la estenosis carotídea
sintomática.
4. Control de la hipertensión.
5. Control de la hiperlipemia.
6. Control de la diabetes mellitus.
7. Modificación de los hábitos (tabaquismo,
consumo de alcohol, ejercicio físico y control de la
obesidad).
8. Tratamiento de enfermedades sistémicas
hematológicas, causantes de ictus en los factores de causa
inhabitual.
Agentes antiplaquetarios
Los
antiagregantes plaquetarios son los fármacos más
utilizados para la prevención secundaria del ictus
isquémico, excepto el de causa cardioembólica y
algunos subtipos poco frecuentes, como la disección arterial
y otras enfermedades sistémicas.
El
ácido acetilsalicílico (AAS) ha demostrado ser eficaz
en la prevención de ictus/AIT, el IAM o la muerte de causa
vascular, con una reducción del riesgo relativo del 25%
respecto a placebo48. En pacientes con antecedentes de
ictus, la reducción es del 23%.
No
se han encontrado diferencias en la efectividad a distintas dosis,
pero sí mayor riesgo de complicaciones hemorrágicas
con dosis más altas49-51.
Actualmente constituye el tratamiento de primera elección en
dosis de 100-300 mg/día2,52,53.
Clopidogrel
El
clopidogrel está indicado en pacientes con elevado riesgo
vascular o intolerancia al AAS. Ha demostrado una reducción
del riesgo relativo de ictus, IAM y muerte vascular del 8,7% frente
al AAS, con menos hemorragias digestivas, y el beneficio absoluto
frente a AAS es mucho mayor al analizar el subgrupo de pacientes
con historia previa de enfermedad vascular (ictus o
IAM)54,55.
Hay
otros antiagregantes, como la ticlopidina, el triflusal o el
dipiridamol, mucho menos usados y con indicaciones más
restringidas.
Combinación de clopidogrel y ácido
acetilsalicílico
Los
estudios MATCHL y CHARISMA no han mostrado beneficio en la
prevención de recurrencias cerebrovasculares y sí un
riesgo excesivo de hemorragias. Actualmente no se recomienda la
asociación en pacientes con ictus56.
Anticoagulantes
La
anticoagulación con anticoagulantes orales es el tratamiento
de elección para la prevención del ictus de causa
cardioembólica. El European Atrial Fibrillation Trial y el
Stroke Prevention in Atrial Fibrillation han demostrado la
superioridad de la warfarina con INR 2-3 frente a AAS, con una
reducción del riesgo relativo del 8 y el 48% frente a AAS en
la prevención de ictus recurrente en la fibrilación
auricular57,58.
Mención aparte merece el tratamiento del ictus por una
comunicación derecha-izquierda (shunt DI) secundaria
a un FOP. No disponemos de estudios específicos
diseñados para evaluar las distintas posibilidades
terapéuticas. En la prevención secundaria del ictus
asociado con un FOP con aneurisma del septo interauricular asociado
o no, se han utilizado la antiagregación, la
anticoagulación y el cierre endovascular. Actualmente se
desconoce el riesgo de recidiva de estos pacientes. Datos
preliminares del estudio cooperativo español CODICIA
muestran una tasa de recurrencias baja y con ictus de buen
pronóstico (European Stroke Conference 2006). Los resultados
del subestudio PICSS del WARSS59 tampoco han mostrado
que la anticoagulación sea superior al tratamiento
antiagregante, y no se dispone de otros estudios que hayan
comparado la eficacia de la antiagregación frente a la
anticoagulación o el cierre percutáneo del
FOP60. En varios trabajos se indica que el cierre
endovascular constituiría la mejor opción
terapéutica, aunque la implantación de estos sistemas
no está exenta de riesgos, los estudios son retrospectivos y
no hay estudios a largo plazo ni ensayos clínicos que
demuestren su superioridad frente al tratamiento
médico61. Las recomendaciones actuales aceptan el
uso de anticoagulantes o el cierre percutáneo en casos
recidivantes en los que el tratamiento antiagregante haya
fracasado2,52,53. Dados los efectos secundarios del
tratamiento anticoagulante, su efecto acumulativo y la falta de
pruebas científicas acerca de su superioridad en
relación con el tratamiento antiagregante, su
utilización debería evitarse y plantear el cierre
percutáneo en pacientes jóvenes seleccionados con
recurrencia de ictus y coexistencia de FOP y aneurisma del septo
interauricular (ASA).
Hipertensión arterial
La
HTA es el factor de riesgo de ictus más importante. No debe
reducirse la presión arterial de manera brusca en las
primeras 48 h del ictus, excepto si hay insuficiencia cardiaca o
renal, pues un descenso agudo en las primeras horas puede empeorar
el ictus.
El
factor más importante asociado con la disminución del
riesgo de recurrencias de ictus es el control de la presión
arterial. La relación dosis-respuesta entre HTA y riesgo de
ictus es continua62,63. El valor deseable es de 130/80
mmHg, aunque con valores inferiores se logrará una mayor
prevención.
El
tratamiento adecuado de la presión arterial parece ser mucho
más determinante que la elección del fármaco,
aunque estudios recientes parecen demostrar la eficacia de los
inhibidores del enzima de conversión de la angiotensina
(IECA) asociados o no con diuréticos, así como de los
antagonistas de los receptores de la angiotensina II (ARA-II).
Estos fármacos mostrarían efectos beneficiosos
más allá del debido al control tensional,
posiblemente por sus efectos endoteliales. En el estudio HOPE, con
ramipril 10 mg/día64, se demostró un
reducción mayor de los eventos cerebrovasculares, tanto en
prevención primaria como secundaria, en pacientes de elevado
riesgo vascular. El estudio PROGRESS muestra resultados favorables,
tanto en pacientes hipertensos como normotensos en
prevención secundaria con la asociación perindopril 4
mg e indapamida 2,5 mg/día frente a perindopril solo y
placebo65. Los ARA-II también parecen
desempeñar un papel importante en la prevención
más allá del control tensional, como muestra el
estudio LIFE, con losartán frente a atenolol en pacientes
hipertensos con hipertrofia del ventrículo izquierdo con
resultados favorables en la prevención primaria de eventos
cerebrovasculares66, y el estudio MOSES, con resultados
favorables de eprosartán 600 mg frente a nitrendipino 10 mg
en pacientes hipertensos con antecedentes de episodios
cerebrovasculares67.
Hipercolesterolemia
Aunque la hipercolesterolemia es un factor de riesgo demostrado de
cardiopatía isquémica, su asociación con el
ictus isquémico ha sido controvertida y confusa. Sin
embargo, en estudios recientes se indica la asociación entre
las concentraciones elevadas de colesterol y el ictus
isquémico, por lo que se aconseja seguir las recomendaciones
del National Colesterol Education Program III
(NCEPIII)68 en las que, según el grado de riesgo
vascular de los pacientes (determinado en función de la
presencia de los siguientes factores: hábito
tabáquico, HTA, colesterol unido a lipoproteínas de
alta densidad [cHDL] < 40 mg/dl, historia familiar de
cardiopatía isquémica prematura, y edad de los
varones >= 45 años y de las mujeres é 55
años), se establece el valor de colesterol unido a
lipoproteínas de baja densidad (cLDL) que se debe tratar. El
tratamiento se realizará con estatinas. Las pruebas
científicas procedentes de ensayos clínicos con
estatinas en pacientes con cardiopatía isquémica,
así como el metaanálisis de éstos, muestran
una reducción significativa del riesgo de
ictus69,70. Estos resultados han llevado a la FDA
americana a aprobar la utilización de pravastatina y
simvastatina en la prevención de ictus en pacientes con
cardiopatía isquémica coexistente71.
Globalmente, la utilización de estos fármacos no
incrementa el riesgo de hemorragia cerebral.
Siguiendo recomendaciones recientes, el objetivo en pacientes con
enfermedad coronaria o equivalente será mantener cifras de
cLDL ¾ 100 mg/dl; la presencia de una estenosis
carotídea ateromatosa sintomática es uno de estos
equivalentes.
El
estudio SPARCL (Stroke Prevention by Aggressive Reduction in
Cholesterol Levels)72 ha sido diseñado para
evaluar, en pacientes con ictus previo sin cardiopatía
isquémica, la capacidad de atorvastatina en
prevención secundaria de recurrencias de ictus, y es el
único ensayo clínico realizado de manera
específica en prevención secundaria de ictus. Los
resultados recientemente publicados del SPARCL muestran una
reducción del riesgo de ictus del 16% (odds ratio
[OR] = 0,84; intervalo de confianza [IC] del 95%, 0,71-0,99; p =
0,03), del riesgo de ictus isquémico del 23% (OR = 0,78; IC
del 95%; 0,66-0,94; p = 0,007) y de la enfermedad coronaria del 43%
(OR = 0,57; IC del 95%, 0,35-0,95; p = 0,003) frente a placebo, con
atorvastatina en dosis de 80 mg/día.
Tratamiento de la estenosis carotídea
aterotrombótica
Los
resultados finales de los estudios ECST73 y
NASCET74 han demostrado la eficacia de la
endarterectomía carotídea, en determinadas
condiciones, en la prevención de recurrencias en pacientes
con estenosis carotídea sintomática > 70% que han
experimentado un AIT o un ictus menor (grado de
recomendación A, basado en evidencias de tipo I).
Siguiendo los resultados finales del estudio NASCET, está
indicado el tratamiento quirúrgico de la estenosis
carotídea sintomática cuando ésta es del 70% o
superior y probablemente de la estenosis del 60% o superior si
consideramos los resultados del estudio europeo ECST. En la figura
5 se muestra la equivalencia entre ambos estudios.
Fig. 5.
Cuantificación del grado de
estenosis carotídea. Correlación entre los
métodos NASCET y ECST. ACC: arteria carótida
común.
Angioplastia o endarterectomía en la estenosis
carotídea: situación actual
Los
estudios NASCET y ECST, en los que se basa la indicación de
endarterectomía carotídea, han sido criticados y
cuestionados en cuanto a la capacidad de reproducir sus resultados
en la práctica clínica diaria. Los centros y los
cirujanos fueron seleccionados de forma escrupulosa, lo que
cuestiona la generalización de los resultados a otros
centros y cirujanos con una experiencia y estándares de
calidad probablemente inferiores. La angioplastia transluminal
percutánea surge como alternativa a la
endarterectomía carotídea, considerando que la
morbimortalidad quirúrgica no es despreciable (5,8%) y el
margen riesgo/beneficio respecto al tratamiento médico es
muy estrecho. El estudio CAVATAS75 (Carotid and
Vertebral Artery Transluminal Angioplasty Study) mostró que
la morbimortalidad de la endarterectomía carotídea y
la angioplastia transluminal percutánea es similar y que el
beneficio obtenido a los 3 años no difiere
significativamente del conseguido en los estudios NASCET y ECST.
Por tanto, la angioplastia carotídea no ha mostrado un mayor
beneficio en sus resultados finales respecto a la
endarterectomía y, aunque debería reservarse para
casos en los que la endarterectomía esté
contraindicada, sería una opción excelente en equipos
con experiencia y baja morbimortalidad. Los estudios en marcha
muestran una cada vez menor tasa de complicaciones, por lo que es
muy posible que en un futuro próximo su espectro de
aplicación se amplíe. Este descenso en la
morbimortalidad se debe, por un lado, a la curva de aprendizaje,
pero especialmente a la introducción de modificaciones de la
técnica, como la colocación de una
endoprótesis metálica (stent). El stent
tiene una configuración de malla que evita la
disección de la íntima, lo que disminuye la tasa de
reestenosis y los embolismos distales tras dilatación del
balón de angioplastia. Otro elemento que ha permitido un
descenso de las complicaciones embólicas distales ha sido la
colocación de «paraguas de protección»
que, situados distalmente durante la dilatación,
actúan como filtro de posibles fragmentos desprendidos de la
placa.
En
la tabla 4 se recogen las indicaciones actuales de la angioplastia
carotídea. A día de hoy, la angioplastia debe
considerarse una técnica experimental y su
utilización debería hacerse en el contexto de
estudios o ensayos clínicos. Pese a todo, debemos considerar
su utilización en pacientes rechazados para la
cirugía por motivos anatómicos, por coexistencia de
múltiples factores de riesgo que hagan prever un incremento
de morbimortalidad en la endarterectomía (factores de riesgo
vascular acumulados, estenosis/oclusión contralateral,
estenosis distales) o que no pueden recibir anestesia
general.
Por
otro lado, la angioplastia puede estar contraindicada igualmente
por factores anatómicos (estenosis muy calcificadas o vasos
muy tortuosos) o por elementos que incrementen el riesgo de ictus,
como es el caso de estenosis preoclusivas/seudooclusiones o las
estenosis críticas con trombos no organizados, en donde el
catéter que debe pasar por la estenosis puede desprenderlos
y provocar embolismos distales.
Indicación quirúrgica en estenosis
asintomáticas: prevención primaria
Uno
de los capítulos más controvertidos es la
realización de endarterectomía carotídea en
pacientes con una estenosis carotídea asintomática.
El estudio ACAS77, y recientemente los resultados del
estudio ACST78, demuestran la superioridad de la
endarterectomía frente a tratamiento médico en
pacientes con estenosis carotídea asintomática >
70% (criterios NASCET). Sin embargo, pese a la significación
estadística obtenida, la diferencia absoluta respecto a los
eventos primarios en 5 años fue de un 5,8%, lo que requiere
la realización de cerca de 85 endarterectomías para
prevenir un ictus en 2 años, siempre que la morbimortalidad
del equipo quirúrgico sea < 3%. Estas cifras, con la
morbimortalidad exigida, en un ensayo realizado por equipos
quirúrgicos seleccionados con criterios muy estrictos en los
que se exigía una experiencia y eficiencia elevadas,
dificultan enormemente la generalización de estos resultados
en la clínica diaria, motivo por el que se debe ser muy
estricto en la indicación de endarterectomía en la
estenosis carotídea asintomática. Este aspecto es
más evidente si consideramos que, en pacientes
sintomáticos, el número que es necesario tratar (NNT)
es de 7-8 endarterectomías para evitar un ictus (tabla
5).
Uno
de los aspectos actualmente en desarrollo es la aplicación
técnicas que permitan la identificación de los
pacientes de mayor riesgo. Esto posibilitaría en un futuro
próximo la identificación y la clasificación
de pacientes con estenosis carotídea en 2 grupos: de bajo
riesgo (tratamiento médico) y de alto riesgo
(endarterectomía/angioplastia).
ICTUS
HEMORRAGICO
El
ictus hemorrágico constituye el 15-20% del total, con un
tasa de mortalidad a los 30 días del 35-52% y con la mitad
de las muertes producidas en los 2 primeros
días80,81. El diagnóstico temprano, el
tratamiento adecuado y la prevención determinarán su
pronóstico evolutivo.
El
ictus hemorrágico comprende la hemorragia intracerebral
(HIC), colección de sangre dentro del parénquima
cerebral producida por una rotura vascular espontánea no
traumática, y la hemorragia subaracnoidea (HSA), definida
como una sangrado en el espacio subaracnoideo.
El
ictus hemorrágico es el ictus más frecuente en
pacientes menores de 40 años de edad, y es 2-3 veces
más habitual en la raza negra y también en la
asiática82.
La
HTA es la causa más frecuente de HIC no traumática
(60%)83. La HIC puede ser secundaria a una
coagulopatía, a tratamientos trombolíticos y a
anticoagulantes en un 6-10%. La antiagregación plaquetaria
se ha asociado con una mayor tendencia no estadísticamente
significativa de HIC. La angiopatía cerebral amiloidea es
causa de un 5-10% de las HIC, y es más frecuente en
pacientes ancianos y con deterioro cognitivo. El diagnóstico
es neuropatológico y se sospecha ante hemorragias
recidivantes en pacientes ancianos con deterioro cognitivo. Las
malformaciones arteriovenosas y los aneurismas también
pueden ser causa de HIC. Los tumores cerebrales más
vascularizados, como las metástasis de melanoma, el
hipernefroma y el coriocarcinoma, pueden ser causa de
HIC.
En
el 90% de los casos, la HSA es secundaria a la rotura de una
aneurisma cerebral.
Otras causas menos frecuentes incluyen vasculitis, infartos venosos
secundarios a trombosis de los senos venosos cerebrales,
infecciones del sistema nervioso central (SNC) y consumo de
cocaína y anfetaminas.
El
50% de las HIC son de localización profunda a los
hemisferios cerebrales, en los ganglios de la base (putamen,
cápsula interna, caudado y tálamo). La HTA es el
factor implicado en la mayoría de ellas.
El
40% de las HIC son de localización lobar, la mayoría
en los lóbulos parietal y occipital. En la HIC de
localización lobar, aparte de la HTA, deben tenerse en
cuenta otras etiologías, como malformaciones vasculares en
pacientes jóvenes, metástasis, y la angiopatía
amiloidea en pacientes ancianos (fig. 6).
Fig. 6.
Hemorragia intracerebral. A la
izquierda: hemorragia intracerebral profunda
(cápsulo-talámica) hipertensiva. A la derecha:
hemorragia intracerebral lobar.
El
10% restante es infratentorial, cerebeloso y
protuberancial.
Para el diagnóstico del ictus hemorrágico es esencial
la práctica de la neuroimagen. Se sospecha ante la
clínica de focalidad neurológica aguda, y la TC-C o
la RM detectarán el sangrado. Secuencias específicas
de RM de gradiente eco que detectan el efecto paramagnético
de la desoxihemoglobina y la metahemoglobina permiten detectar
sangrados crónicos parenquimatosos (microbleeds)
(fig. 7).
Fig. 7.
Microsangrados. Imagen por
resonancia magnética con secuencias de eco-gradiente que
muestra microsangrados (microbleeds) corticales compatibles
con angiopatía amiloide cerebral.
La
arteriografía cerebral está indicada en la HSA y ante
la sospecha de malformaciones vasculares.
En
los últimos años se han realizado avances
importantes, con un mejor conocimiento de la fisiopatología
y los factores implicados en el crecimiento de la HIC y el
deterioro neurológico84-87, tratamientos
médicos para limitar el crecimiento del
hematoma88 y técnicas quirúrgicas nuevas
que aportan expectativas esperanzadoras para el futuro de esta
enfermedad.
El
ictus hemorrágico debe considerarse una emergencia
médica y requiere un traslado urgente a un centro
hospitalario con los recursos adecuados para el tratamiento de esta
enfermedad89.
El
control de las constantes (como en el ictus isquémico), la
estabilización de la respiración, la hipoxia, el
control de la presión arterial, la glucemia y la
temperatura, la prevención y el tratamiento de
complicaciones, la prevención secundaria y la
rehabilitación precoz son fundamentales para evitar mayor
daño neurológico. Se recomienda el seguimiento
neurológico en la fase aguda en unidades
especializadas89.
El
aumento de la HIC puede contribuir a un deterioro
neurológico precoz, por lo que debe corregirse
rápidamente cualquier trastorno de la coagulación. En
los pacientes sin trastorno de la coagulación, un
tratamiento hemostático precoz contribuiría a
minimizar el aumento de volumen del hematoma y mejorar el
pronóstico90. El Factor VII recombinante activado
administrado en las primeras 4 h del inicio de la clínica es
el único tratamiento que ha demostrado seguridad y eficacia.
En un estudio prospectivo, aleatorizado con placebo, con 400
pacientes, se ha demostrado la limitación del crecimiento
del hematoma, una disminución de la mortalidad y un mejor
pronóstico funcional respecto a
placebo88.
El
tratamiento quirúrgico aún está por definir y
solamente está aceptado en determinados
casos8,89. En la hemorragia cerebelosa > 3 cm con
compresión del tronco e hidrocefalia se recomienda realizar
un drenaje quirúrgico precoz. Se recomienda la
colocación de un drenaje ventricular en los casos de HIC con
hidrocefalia secundaria. En la HSA, la colocación de
coils para reparar el aneurisma roto se recomienda de manera
temprana.
En
la HIC espontánea, los resultados de la cirugía en
hemorragias profundas de los ganglios basales no son concluyentes.
En la hemorragia lobar, según la localización, el
estado del paciente y el tamaño de la hemorragia, puede ser
una opción que cabe considerar, aunque no hay suficientes
pruebas científicas. En el estudio STICH91 se
comparó una intervención quirúrgica temprana
con el tratamiento inicial conservador, sin que se encontraran
diferencias considerables. Los pacientes jóvenes con
hemorragia lobar que presentan deterioro neurológico por
crecimiento de la hemorragia pueden ser considerados para un
drenaje quirúrgico8,89.
Las
técnicas quirúrgicas están avanzando y nuevos
procedimientos, como pequeñas craniectomías guiadas
por sistemas de neuronavegación, técnicas
microquirúrgicas o evacuaciones endoscópicas, pueden
aportar resultados prometedores89.
Full English text available from:
www.revespcardiol.org
Sección patrocinada por el Laboratorio Dr.
Esteve
Correspondencia: Dr. J. Serena Leal.
Hospital
Universitari Dr. Josep Trueta. Servicio de
Neurología.
Avda.
França, s/n. 17007 Girona. España.
Correo
electrónico:
nrl.jserena@htrueta.scs.es
Bibliografía
1. Arboix A, Álvarez-Sabín J, Soler L, en nombre del en nombre del Comité de redacción ad hoc del Grupo de estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la SEN. Ictus. Tipos etiológicos y criterios diagnósticos. Neurología. 1998;13 Suppl 3:4-10.
2. Arboix A, Díaz J, Pérez-Sempere A, Álvarez-Sabín J, en nombre del Comité de redacción ad hoc del Grupo de estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la SEN. Ictus. Tipos etiológicos y criterios diagnósticos. Neurología. 2002;17 Suppl 3:3-12.
3. Álvarez-Sabín J. Etiopatogenia de la isquemia cerebral focal. En: Castillo J, Martínez-Vila E, editores. Trombosis, fármacos antitrombóticos y enfermedad cerebrovascular. Barcelona: Uriach & Cia., 1995. p. 381-409.
4. Hankey GJ, Warlow CP. Treatment and secondary prevention of stroke: evidence, costs, and effects on individuals and populations. Lancet. 1999;354:1457-63.[Medline]
5. Rothwell PM, Warlow CP. Timing of TIAs preceding stroke: time window for prevention is very short. Neurology. 2005;64:817-20.[Medline]
6. Johnston SC, Gress DR, Browner WS, Sidney S. Short term prognosis after emergency department diagnosis of TIA. JAMA. 2000;284:2901-6.[Medline]
7. Albers GW, Caplan LR, Easton JD, Fayad PB, Mohr JP, Saver JL, et al for the TIA working group. Transient ischemic attack-proposal for a new definition. N Eng J Med. 2002;347:1713-6.
8. Comité ad hoc del Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares. Guía para el diagnóstico y tratamiento del ictus. Guías oficiales de la Sociedad Española de Neurología No 3. Barcelona: Prous Science, S.A.; 2006.
9. Adams HP Jr, Bendixen BH, Kappelle LJ, Biller J, Love BB, Gordon DL, et al. Classification of subtype of acute ischemic stroke: definitions for use in a multicenter clinical trial: TOAST: Trial of Org 10172 in Acute Stroke Treatment. Stroke. 1993;24:35-41.[Medline]
10. Ay H, Furie KL, Singhal A, Smith WS, Sorensen AG, Koroshetz WJ. An evidence-based causative classification system for acute ischemic stroke. Ann Neurol. 2005;58:688-97.[Medline]
11. Dávalos A, Castillo J, Martínez-Vila E, for the Cerebrovascular Disease Study Group of the Spanish Society of Neurology. Delay in neurological attention and stroke outcome. Stroke. 1995; 26:2233-7.[Medline]
12. Powers WJ. Acute hypertension after stroke: the scientific basis for treatment decisions. Neurology. 1993;43:461-7.[Medline]
13. Castillo J, Leira R, García MM, Serena J, Blanco M, Dávalos A. Blood pressure decrease during the acute phase of ischemic stroke is associated with brain injury and poor stroke outcome. Stroke. 2004;35:520-7.[Medline]
14. Reith J, Jorgensen HS, Pedersen PM, Nakayama H, Raaschou HO, Jeppesen LL, et al. Body temperature in acute stroke: relation to stroke severity, infarct size, mortality, and outcome. Lancet. 1996;347:422-5.[Medline]
15. Castillo J, Dávalos A, Marrugat J, Noya M. Timing for fever related brain damage in acute ischemic stroke. Stroke. 1998;29:2455-60.[Medline]
16. Baird TA, Parsons MW, Phanh T, Butcher KS, Desmond PM, Tress BM, et al. Persistent poststroke hyperglycemia is independently asociated with infarct expansion and worse clinical outcome. Stroke. 2003;34:2208-14.[Medline]
17. Davalos A, Ricart W, González-Huix F, Soler S, Marrugat J, Molins A, et al. Effect of malnutrition after acute stroke on clinical outcome. Stroke. 1996;27:1028-32.[Medline]
18. Strand T, Asplund K, Eriksson S, Hagg E, Lithner F, Wester PO, et al. A non intensive stroke unit reduces funtional disability and the need for long term hospitalization. Stroke. 1985;16:29-34.[Medline]
19. Strand T, Asplund K, Eriksson S, Haag E, Lithner F, Wester PO, et al. Stroke unit care. Who benefits? Comparisons with general medical care in relation to prognostic indicators on admission. Stroke. 1986;17:377-81.[Medline]
20. Indredavik B, Bakke F, Solberg R, Rokseth R, Haaheim LL, Holme I. Benefit of stroke unit: a randomized controlled trial. Stroke. 1991;22:1026-31.[Medline]
21. Hommel M, Memin B, Besson G, Perret J. Hospital admission and acute stroke unit. Cerebrovasc Dis. 1991;1 Suppl 1:50-3.
22. Langhorne P, Willians BO, Gilchrist W, Howie K. Do stroke units save lives? Lancet. 1993;342:395-8.
23. Silva Y, Puigdemont M, Castellanos M, Serena J, Suñer RM, García MM, et al. A semi-intensive monitoring in acute stroke and long-term outcome. Cerebrovasc Dis. 2005;19:23-30.[Medline]
24. Stroke Unit Triallists' Collaboration. Organised inpatient (stroke unit) care for stroke. Cochrane Database Syst Rev. 2002; (1):CD000197.[Medline]
25. Wahlgren N, Ahmed N, Dávalos A, Ford GA, Grond M, Hacke W, et al. Thrombolysis with alteplase for acute ischaemic stroke in the Safe Implementation of Thrombolysis in Stroke-Monitoring Study (SITS-MOST): an observational study. Lancet. 2007;369:275-82.[Medline]
26. The National Institute of Neurological Disorders and Stroke rtPA Study Group (NINDS). Tissue plasminogen activator for acute ischemic stroke. N Eng J Med. 1995;333:1581-7.
27. Albers GW, Bates VE, Clark WM, Bell R, Verro P, Hamilton SA. Intravenous tissue-type plasminogen activator for treatment of acute stroke: The Standard Treatment with Alteplase to Reverse Stroke (STARS) study. JAMA. 2000;283:1145-50.[Medline]
28. Dávalos A, Álvarez-Sabín J, Martí-Vilalta JL, Castillo J, por el Registro de Trombólisis del Grupo de Estudio de las Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología. Proyecto ICTUS. Tratamiento intravenoso con activador del plasminógeno tisular en la isquemia cerebral aguda. Med Clin (Barc). 2003;120:1-5.[Medline][Artículo]
29. Hacke W, Kaste M, Fieschi C, Toni D, Lesaffre E, Von Kummer R, et al. Intravenous thrombolysis with recombinant tissue plasminogen activator for acute hemispheric stroke. The European Cooperative Acute Stroke Study (ECASS). JAMA. 1995;274:1017-25.[Medline]
30. The Multicenter Acute Stroke Trial-Europe Study Group. Thrombolytic therapy with streptokinase in acute ischemic stroke. N Engl J Med. 1996;335:145-50.[Medline]
31. Furlan A, Higashida R, Wechsler L, Gent M, Rowley H, Kase C, et al. Intra-arterial prourokinase for acute ischemic stroke. The PROACT II study: a randomized controlled trial. Prolyse in Acute Cerebral Thromboembolism. JAMA. 1999;282:2003-11.[Medline]
32. Lewandowski CA, Frankel M, Tomsick TA, Broderick J, Frey J, Clark W, et al. Combined intravenous and intra-arterial r-TPA versus intra-arterial therapy of acute ischemic stroke: Emergency Management of Stroke (EMS) Bridging Trial. Stroke. 1999;30:2598-605.[Medline]
33. International Stroke Trial Collaborative Group. The International Stroke Trial (IST): a randomised trial of aspirin, subcutaneous heparin, both, or neither among 19,435 patients with acute ischaemic stroke. Lancet. 1997;349:1569-81.[Medline]
34. Chinese Acute Stroke Trial (CAST). randomised placebo-controlled trial of early aspirin use in 20,000 patients with acute ischaemic stroke. Lancet. 1999;349:1641-9.
35. Mohr JP, Thompson JL, Lazar RM, Levin B, Sacco RL, Furie KL, et al. A comparison of warfarin and aspirin for the prevention of recurrent ischemic stroke. N Engl J Med. 2001;345:1444-51.[Medline]
36. Butenas S, Cawthern KM, Van't Veer C. Antiplatelet agents in tissue factor-induced blood coagulation. Blood. 2001;97:2314-22.[Medline]
37. Abciximab Emergent Stroke Treatment Trial (AbESTT) Investigators. Emergency administration of abciximab for treatment of patients with acute ischemic stroke: results of a randomized phase 2 trial. Stroke. 2005;36:880-90.[Medline]
38. Hacke W, Albers G, Al-Rawi Y, Bogousslavsky J, Davalos A, Eliasziw M, et al; DIAS Study Group. The Desmoteplase in Acute Ischemic Stroke Trial (DIAS): a phase II MRI-based 9-hour window acute stroke thrombolysis trial with intravenous desmoteplase. Stroke. 2005;36:66-73.[Medline]
39. Smith WS, Sung S, Starkman S, Saber JL, Kidwell CS, Gobin YP, et al. Safety and efficacy of mechanical embolectomy in acute ischemic stroke: results of the MERCI Trial. Stroke. 2005;36:1432-8.[Medline]
40. Smith WS. Safety of mechanical thrombectomy and intravenous tissue plasminogen activator in acute ischemic stroke. Results of the Multi Mechanical Embolus Removal in Cerebral Ischemia (MERCI) trial, part I. Am J Neuroradiol. 2006;27:1177-82.[Medline]
41. Flint AC, Duckwiler GR, Budzik RF, Liebeskind DS, Smith WS, for the MERCI and Multi Merci writing committee. Mechanical Thromectomy of Intracranial carotid occlusion. Pooled results of the MERCI and multiMERCI Part I trials. Stroke. 2007. En prensa.
42. Alexandrov AV, Molina CA, Grotta JC, Garami Z, Ford SR, Álvarez-Sabin J, et al. For the CLOTBUST investigators. Ultrasound.enhanced systemic thrombolysis for acute ischemic stroke. N Engl J Med. 2004;351:2170-8.[Medline]
43. Dávalos A, Castillo J, Álvarez-Sabin J, Secades JJ, Mercader J, López S, et al. Oral citicoline in acute ischemic stroke: an individual patient data pooling analysis of clinical trials. Stroke. 2002;33:2850-7.[Medline]
44. The Hypothermia After Cardiac Arrest Study Group. Mild therapeutic hypotermia to improve neurological outcome after cardiac arrest. N Engl J Med. 2002;346:549-56.[Medline]
45. Krieger D, De Georgia M, Abou-Chebl A. Cooling for acute ischemic brain damage (COOLAID). Stroke. 2001;32:1847-54.[Medline]
46. Giorgadis D, Schwarz S, Kollmar R, Schwab S. Endovascular cooling for moderate hypothermia in patients with acute stroke: firts results of a novel aproach. Stroke. 2001;32:2550-3.[Medline]
47. Feinberg WM. Primary and secodary stroke prevention. Curr Opin Neurol. 1996;9:46-52.[Medline]
48. Antithrombotic Trialists' Collaboration. Collaborative meta-analysis of randomised trials of antiplatelet therapy for prevention of death, myocardial infarction, and stroke at high risk patients. BMJ. 2002;324:71-86.[Medline]
49. Algra A, Van Gijn J. Cumulative meta-analysis of aspirin efficacy after cerebral ischemia of arterial origin. J Neurol Neurosurg Psychiatry. 1999;66:255.
50. The Dutch TIA study group: a comparison of tw doses of aspirin (30mg vs 283mg a day) in patients after transient ischaemic attack or minor stroke. N Engl J Med. 1991;54:1044-54.
51. UK-TIA Study Group. United Kingdom transient ischaemic attack (UK-TIA) aspirin trial: final results. J Neurol Neurosurg Psyquiatry. 1991;54:1044-54.
52. Sacco RL, Adams R, Albers G, Alberts MJ, Benavente O, Furie K, et al. Guidelines for Prevention of Stroke in Patients with ischaemic stroke or transeint ischaemic attack: A statement for healthcare professionals from the American Heart Association/ American Stroke Association Council on Stroke. Stroke. 2006; 37:577-617.[Medline]
53. Hacke W, Kaste M, Bogousslavsky J, Brainin M, Chamorro A, Lees K, et al; European Stroke Initiative Executive Committee and the EUSI Writing Committee. European Stroke Initiative Recommendations for stroke management-update 2003. Cerebrovasc Dis. 2003;16:311-37.[Medline]
54. CAPRIE Steering Committee. A randomised blinded trial of clopidogrel versus aspirin in patients at risk of ischaemic events. (CAPRIE). Lancet. 1996;348:1329-39.[Medline]
55. Ringleb PA, Bhatt DL, Hirsch AT, Topol EJ, Hacke W, for the CAPRIE investigators. Benefit of clopidogrel over aspirin is amplified in patients with a history of ischemic events. Stroke. 2004;35:528-32.[Medline]
56. Diener HC, Bogousslavsky J, Brass LM, Cimminiello C, Csiba L, Kaste M, et al; MATCH investigators. Aspirin and clopidogrel compared with clopidogrel alone after recent ischaemic stroke or transient ischaemic attack in high-risk patients (MATCH): randomized, double-blind, placebo-controlled trial. Lancet. 2004; 364:331-7.[Medline]
57. Secondary prevention in non-rheumatic atrial fibrillation after trasnient ischaemic attack or minor stroke: EAFT (European Atrial Fibrillation Trial) Study Group. Lancet. 1993;342:1255-62.[Medline]
58. Adjusted-dose warfarin versus low-intensity, fixed dose warfarin plus aspirin for high risk patients with atrial fibrillation: Stroke Prevention in Atrial Fibrillation III randomised clinical trial. Lancet. 1996;348:633-8.[Medline]
59. Homma S, Sacco RL, Di Tullio MR, Sciacca RR, Mohr JP, PFO in Cryptogenic Stroke Study (PICSS) Investigators. Effect of medical treatment in stroke patients with patent foramen ovale: patent foramen ovale in Cryptogenic Stroke Study. Circulation. 2002;105:2625-31.[Medline]
60. Serena J. Patent foramen ovale. What is it and what does' it indicate? Neurologia. 2006;21:689-94.
61. Khairy P, O'Donnell CP, Landzberg MJ. Transcatheter closure versus medical therapy of patent foramen ovale and presumed paradoxical thromboembolia: a systematic review. Ann Intern Med. 2003;139:753-60.[Medline]
62. Rashid P, Leonardi-Bee J, Bath P. Blood pressure reduction and secondary prevention of stroke and other vascular events: a systematic review. Stroke. 2003;34:2741-9.[Medline]
63. Lawes CM, Bennet DA, Feigin VL, Rodgers A. Blood pressure and stroke: an overview of published reviews. Stroke. 2004; 35:776-85.[Medline]
64. The Heart Outcomes Prevention Evaluation Study Investigators. Effects of an angiotensin-convertin-enzyme inhibitor, ramipril, on cardiovascular events in high-risk patients. N Engl J Med. 2000;342:144-53.
65. PROGRESS Collaborative Group. Randomised trial of perindopril-based blood pressure lowering regimen among 6,105 patients with previous stroke or transient ischaemic attack. Lancet. 2001;358:1033-41.[Medline]
66. Dahlöf B, Devereux R, Kjeldsen SE, Julius S, Beevers G, De Faire U, et al; LIFE Study Group. Cardiovascular morbidity and mortality in the Losartan Intervention For Endpoint reduction in hypertension study (LIFE): a ranomised trial against atenolol. Lancet. 2002;359:995-1003.[Medline]
67. Schrader J, Luders S, Kulschewski A, Hammersen F, Plate K, Berger J, et al. for the MOSES Study Group. Morbidity and Mortality After Stroke, Eprosartan compared with nitrendipine for Secondary prevention (MOSES). Stroke. 2005;36:1218-26.[Medline]
68. Expert Panel on Detection, Evaluation, and Treatment of High Blood Cholesterol in Adults: Executive Summary of the Third Report of the National Cholesterol Education Program (NCEP) Expert Panel on Detection, Evaluation, and Treatment of High Blood Cholesterol in Adults (Adult Treatment Panel III). JAMA. 2001;285:2486-97.[Medline]
69. Crouse JR III, Byington RP, Furberg CD. HMG-CoA reductase inhibitor therapy and stroke risk reduction: an analysis of clinical trial data. Atherosclerosis. 1998;138:11-24.[Medline]
70. Ross SD, Allen IE, Connelly JE, Korenblatt BM, Smith ME, Bishop D, et al. Clinical outcomes in statin treatment trials: a meta-analysis. Arch Intern Med. 1999;159:1793-802.[Medline]
71. Gorelick PB, Sacco RL, Smith DB, Alberts M, Mustone-Alexander L, Rader D, et al. Prevention of a first stroke: a review of guidelines and a multidisciplinary consensus statement from the National Stroke Association. JAMA. 1999;281:1112-20.[Medline]
72. The Stroke Prevention by Aggressive Reduction in Cholesterol Levels (SPARCL) Investigators. High-Dose Atorvastatin after Stroke or Transient Ischemic Attack. N Engl J Med. 2006; 355:549-59.[Medline]
73. European Carotid Surgery Trialists' Collaborative Group. Randomised trial of endarterectomy for recently symptomatic carotid stenosis: final results of the MRC European Carotid Surgery Trial (ECST). Lancet. 1998;351:1379-87.[Medline]
74. North American Symptomatic Carotid Endarterectomy Trialists' Collaborative Group. The final results of the NASCET trial. N Engl J Med. 1998;339:1415-25.[Medline]
75. CAVATAS investigators. Endovascular versus surgical treatment in patients with carotid stenosis in the Carotid and Vertebral Artery Transluminal Angioplasty Study (CAVATAS): a randomised trial. Lancet. 2001;357:1729-37.[Medline]
76. Gil-Peralta A. Utilidad de la endarterectomía carotídea y de la angioplastia transluminal percutánea en el tratamiento de las estenosis arteriales. Neurología. 2001;16 Supl 3:119-23.
77. Executive Committee for the Asymptomatic Carotid Atherosclerosis Study. Endarterectomy for asymptomatic carotid artery stenosis. JAMA. 1995;273:1421-8.[Medline]
78. Halliday A, Mansfield A, Marro J, Peto C, Peto R, Potter J, et al, for the MRC Asymptomatic Carotid Surgery Trial (ACST) Collaborative Group. Prevention of disabling and fatal strokes by successful carotid endarterectomy in patients without recent neurological symptoms: randomised controlled trial. Lancet. 2004;363:1491-502.[Medline]
79. Gorelick PB. Stroke prevention therapy beyond antithrombotics: unifying mechanisms in ischemic stroke pathogenesis and implications for therapy. An invited review. Stroke. 2002;33:862-75.[Medline]
80. Anderson CS, Chakera TM, Stewart-Wynne EG, Jamrozik KD. Spectrum of primary intracerebral haemorrhage in Perth, Western Australia, 1989-90: incidence and outcome. J Neurol Neurosurg Psychiatry. 1994;57:936-40.[Medline]
81. Counsell C, Boonyakarnkul S, Dennis M, Sandercock P, Bamford J, Burn J, et al. Primary intracerebral haemorrhage in the Oxfordshire Community Stroke Project, 2: prognosis. Cerebrovasc Dis. 1995;5:26-34.
82. Foulkes MA, Wolf PA, Price TR, Mohr JP, Hier DB. The stroke data bank: design, methods and baseline characteristics. Stroke. 1988;19:547-54.[Medline]
83. Brott N, Thalinger K, Hertzberg V. Hypertension as a risk factor for spontaneous intracerebral hemorrhage. Stroke. 1986;17:1078-83.[Medline]
84. Kazui S, Naritomi H, Yamamoto H, Sawada T, Yamaguchi T. Enlargement of spontaneous intracerebral hemorrhage: incidence and time course. Stroke. 1996;27:1783-7.[Medline]
85. Brott T, Broderick J, Kothari R, Barsan W, Tomsick T, Sauerbeck L, et al. Early hemorrhage growth in patients wuth intracerebral hemorrhage. Stroke. 1997;28:1-5.[Medline]
86. Castillo J, Davalos A, Álvarez-Sabin J, Pumar JM, Leira R, Silva Y, et al. Molecular signatures of brain injury after cerebral hemorrhage. Neurology. 2002;58:624-9.[Medline]
87. Leira R, Davalos A, Silva Y, Gil-Peralta A, Tejada J, García M, et al; Stroke Project, Cerebrovascular Diseases Group of the Spanish Neurological Society. Early neurological deterioration in intracreberal hemorrhage: predictors and asociated factors. Neurology. 2004;63:461-7.[Medline]
88. Mayer S, Brun N, Broderick J, Davis S, Diringer M, Skolnick B, et al. Europe/Australasian NovoSeven ICH Trial Investigators: recombinant activated factor VII for acute intracerebral hemorrhage. N Engl J Med. 2005;352:777-85.[Medline]
89. Broderick J, Connolly S, Feldmann E, Hanley D, Kase C, Krieger D, et al. Guidelines for the Management of Spontaneous Intracerebral Hemorrhage in Adults. 2007 Update. A Guideline From the American Heart Association, American Stroke Association Stroke Council, High Blood Pressure Research Council, and the Quality of Care and Outcomes in Research Interdisciplinary Working Group. Stroke. 2007. En prensa.
90. Mayer SA. Ultra-early hemostatic therapy for intracerebral hemorrhage. Stroke. 2003;34:224-9.[Medline]
91. Mendelow AD, Gregson BA, Fernandes HM, Murray GD, Teasdale GM, Hope DT, et al. Early surgery versus initial conservative treatment in patients with spontaneous supratentorial intracerebral haematomas in the International Surgical Trial in Intracerebral Haemorrhage (STITCH): a randomised trial. Lancet. 2005;365:387-97.[Medline]