«Si un constructor construye una casa y no lo hace con buena
resistencia y la casa se derrumba y mata a los ocupantes, el
constructor debe ser ejecutado.»
Regla 229 del Código de Hammurabi, 1750 a.C.
INTRODUCCION
La calidad es un
concepto primitivo que está presente en la historia de la
humanidad desde que el hombre decide construir sus primeros
utensilios, observar sus características e intentar
mejorarlos. Ejemplos de esto los observamos a lo largo de la
historia reflejados en documentos tan antiguos como el
Código de Hammurabi, Papiros Egipcios o en el tratado La Ley
de Hipócrates. Pero además, es un término que
posee más de un significado y que representa diferentes
acepciones, que dependen tanto del tiempo en el que se utilice como
en función de quien lo use, y lleva implícito un
juicio de valor individual y colectivo, lo cual le imprime un
carácter siempre relativo.
Definir
qué es la calidad en el entorno de la actividad asistencial
en cardiología (CAC) puede llegar a ser un ejercicio de
difícil realización ya que, además de estar
directamente imbricado en el concepto de salud y por tanto de las
diferentes estructuras de los sistemas sanitarios (avances
rápidos en tecnologías, recursos limitados,
complejidad de los servicios, presión social, etc.), depende
de la influencia de tres actores principales, cada uno con sus
intereses y motivaciones particulares, como son los profesionales,
los pacientes y la administración sanitaria, pero
además se ve condicionada por la interacción de tres
aspectos fundamentales: el científico-técnico, el
económico y las relaciones personales.
La calidad
asistencial (CA) está presente de forma continua en nuestra
práctica clínica diaria y como clínicos
tenemos la tendencia a relacionarla con la técnica (hacer
bien lo que es adecuado para nuestros pacientes), concepto que
no ha perdido vigencia en la actualidad y que, además, se ha
visto complementado y enriquecido con diversas transformaciones a
lo largo de los años y que deben ser tenidas en cuenta. En
este sentido, y cronológicamente, la clásica
definición propuesta por Donabedian (el logro de los
mayores beneficios posibles de la atención médica,
con los menores riesgos para el paciente), en la que de alguna
manera se establece que los mayores beneficios posibles
están en función de lo alcanzable en concordancia con
los recursos que se cuentan para prestar la asistencia, y de las
características socioculturales, contempla las dos
dimensiones más importantes a la hora de interpretar la CAC:
la científico-técnica (componente más valorado
por los profesionales, denominada por otros autores como
intrínseca), donde los cardiólogos aplican los
conocimientos basados en pruebas científicas y las
técnicas para solucionar el problema al paciente, y la
interpersonal (componente de mayor apreciación por los
pacientes y familiares, llamada también extrínseca),
es decir, la relación cardiólogo/paciente, o dicho de
otra forma, la relación entre el proveedor del servicio y su
receptor1.
Otras
definiciones relacionan y comparan el efecto conseguido al aplicar
los procesos asistenciales en la práctica real del
día a día con el que se conseguiría si
éstos se realizan en condiciones ideales (efectividad frente
a eficacia); o bien poniendo en una parte de la balanza la
probabilidad de obtener los resultados desea-dos en salud para el
individuo y la población, y en la otra parte, su
relación con los conocimientos profesionales en el mismo
momento. Una de las definiciones que probablemente contenga los
términos más utilizados en la actualidad
(accesibilidad, equidad y ética) sea la contemplada en el
Programa IBERICO, que define la CA como «...la
provisión de servicios accesibles y equitativos, con un
nivel profesional óptimo, que tiene en cuanta los recursos
disponibles y logra la adhesión y satisfacción del
usuario». A estos conceptos en la actualidad se están
sumando otros procedentes del entorno industrial, como la
gestión de calidad total, la garantía de calidad, los
modelos de mejora continuada, los círculos de calidad, los
benchmarking o las técnicas de reingeniería,
entre otras2-6.
Sin embargo,
todas estas formas de enfocar la CA tienen un nexo común,
que es la importancia que tiene poder evaluar los resultados de
cualquier tipo de intervención, decisión o
aplicación de tecnología médica y, así,
poder medir su calidad, y pueden ser expresados de 3 maneras:
eficacia (resultado en la salud al evaluar la intervención
en condiciones ideales), efectividad (resultado obtenido en la
práctica habitual) y utilidad (calidad de vida que se gana y
tiempo en que se mantendrá dicha calidad de vida al aplicar
un determinado proceso). Una cuarta posible forma de medir los
resultados sobre la base de costes económicos denominada
beneficio está más en relación con conceptos
como «enmarcar la asistencia sanitaria dentro de unos costes
aceptables para la administración sanitaria», o
«puede que tenga efectos negativos sobre el nivel de
calidad», o bien «si es posible aumentar la calidad y
disminuir los costes, o bien si es o no aceptable por los pacientes
recibir diferentes tipos de calidades para un mismo»,
términos que deberían ser aplicados sólo
cuando estén muy bien definidas por todos los agentes
implicados, las características y los niveles de CA que se
pretenda dar en cada situación.
Hay diferentes
modelos e iniciativas encargadas de evaluar y acreditar la CA de
los servicios sanitarios, tanto de ámbito internacional
(European Foundation for Quality Management, Normas ISO, JCAHO,
Maryland Quality Indicador Project) como nacional (Plan de
Garantía de Calidad Total), e incluso en algunas de nuestras
comunidades autónomas (Agencia de Calidad Sanitaria
Andaluza), pero todos tienen como objetivos analizar las
herramientas y las expectativas de quien utiliza y tiene
responsabilidad sobre dichas herramientas en su práctica
diaria, y dar reconocimiento o acreditación de los servicios
sanitarios.
Nuestro sistema
sanitario presenta actualmente una alta variabilidad en la
práctica clínica diaria, junto con una
utilización inadecuada de procedimientos diagnósticos
y terapéuticos, que condicionan diferencias importantes en
los resultados, situación derivada en gran parte de la
escasa motivación con la que los responsables sanitarios han
sido capaces de implicar a los profesionales, lo cual nos puede
hacer pensar que no estamos tomando decisiones óptimas a la
hora de dar una CAC adecuada. Como contrapunto a esta
situación, los cardiólogos debemos tomar la
iniciativa y participar de forma activa en el desarrollo y la
implantación de sistemas de medición de calidad de
nuestra práctica clínica, midiendo y registrando los
actos médicos para poder llevar a cabo una evaluación
continua donde se pueda comparar con los estándares
óptimos de calidad según las pruebas
científicas y, así, establecer modelos de mejora
continua.
¿COMO EVALUAMOS LA CALIDAD ASISTENCIAL EN
CARDIOLOGIA? DESDE LA TEORIA
De forma
general, evaluar la CAC lleva consigo comparar la práctica
clínica habitual que los cardiólogos realizamos con
los conocimientos explícitos que se encuentran determinados
por las pruebas disponibles sobre la mejor práctica
científica, emanadas de instrumentos como la medicina basada
en la evidencia, la evaluación de tecnologías
sanitarias y las guías de práctica clínica
(GPC).
Las sociedades
científicas de cardiología están llevando a
cabo dos directrices complementarias y paralelas, como son una
continua puesta al día de los conocimientos de las nuevas
pruebas científicas plasmados en las GPC y su amplia
divulgación, con el objeto de mejorar la CAC y disminuir la
variabilidad en el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares
(ECV), o al menos enmarcarla dentro de un marco razonable en el
sentido de permitir que esta variabilidad sea aceptada sólo
cuando haya incertidumbres en las ventajas de una técnica
sobre otra, cuando haya diferencias en las características
y/o en los recursos del centro, cuando las características
de los pacientes o sus preferencias sean diferentes, cuando los
valores individuales sean distintos o cuando haya diferentes
entornos sociales con valores distintos.
No obstante,
estas iniciativas están teniendo un impacto más bajo
del esperado en la práctica cardiológica diaria
debido a la presencia de numerosas barreras entre las pruebas
científicas y el día a día del
cardiólogo, fundamentalmente englobadas en dos factores
clave: la motivación del cardiólogo y la
compensación o actitud de la administración
sanitaria7,8.
Para evaluar
algo tan complejo e intrínsecamente cualitativo como la CAC
y no caer en la subjetividad de los juicios de valor, es necesario
establecer medidas cuantitativas o herramientas que puedan
objetivar lo subjetivo, lo cual supone elaborar criterios de CAC
que puedan expresarse en forma de porcentajes (indicadores de CAC)
y se les pueda atribuir un grado de cumplimiento (estándares
de CAC)9-16.
Criterios
de calidad asistencia en cardiología
Son las
condiciones deseables o indeseables que deben cumplir determinados
aspectos relevantes y esenciales de la asistencia sanitaria
prestada, para ser consideradas de calidad. Un buen criterio debe
tener especificadas todas las aclaraciones necesarias para no crear
dudas en el entorno de lo que se pretende analizar, es decir, que
mida lo que realmente pretende medir (claro, específico,
explícito, comprensible, fácilmente cuantificable,
flexible para adaptarse a cambios, elaborado de forma
participativa, consensuado y basado en la evidencia
científica), contar con los recursos necesarios, que sea
deseable («acercar la práctica clínica real a
la deseable»), así contemplar todas las excepciones
que se consideren oportunas. Por ejemplo: a los pacientes con
insuficiencia cardiaca congestiva (ICC) con disfunción
sistólica en grado funcional II-IV de la New York Heart
Association se les prescribirá tratamiento con inhibidores
de la enzima de conversión de la angiotensina (IECA), salvo
contraindicaciones e intolerancia. El análisis más
cartesiano en el que se contempla la medición de la CA se lo
debemos a Donabedian, en el que se distinguen tres fases
metodológicas que contemplan al mismo tiempo todos los
elementos que lo constituyen: análisis de las estructuras
(recursos arquitectónicos, humanos, organizativos,
así como materiales y soportes físicos donde se
presta la asistencia), de los procesos (aspectos dinámicos
de cómo se presta la asistencia en los procesos desde el
inicio al alta) y de los resultados (efectividad de la
atención, es decir, grado en que la asistencia dada produjo
el efecto deseado)1.
Indicadores de calidad asistencial
cardiológica
Son medidas
cuantitativas o cualitativas de la presencia o ausencia de un
criterio determinado, que se usa como guía para controlar y
valorar la calidad de las diferentes actividades, expresado
numéricamente en forma de porcentaje. Su utilidad
fundamental es controlar o vigilar la calidad de un proceso
asistencial, y deben estar bien definidos, ser fiables, basados en
pruebas científicas, de amplio consenso, enumerados con
objetividad y controlados durante un determinado tiempo para
observar si cumple la función para lo cual fue seleccionado.
Por ejemplo: pacientes diagnosticados de ICC con disfunción
sistólica en grado funcional II-IV a los que se les
prescribe IECA/pacientes diagnosticados de ICC en grado funcional
II-IV.
Estándares de calidad asistencial en
cardiología
Son los grados
de cumplimiento exigibles a un criterio de calidad. Expresado en
otros términos, define los grados mínimos y
máximos (rango) en los que resulta aceptable la calidad de
un determinado indicador de un proceso. El estándar debe
adaptarse a la realidad en que se desarrolla el criterio, fijarse
antes de iniciar la evaluación, debe ser controlado y
evaluado periódicamente sobre la base de las nuevas pruebas
científicas y se expresa como un porcentaje. Por ejemplo
(siguiendo la indicación de IECA en la ICC en el grado
funcional II-IV), el porcentaje sería del 100%.
Las enfermedades
cardiovasculares representan en la actualidad la principal causa de
mortalidad, al igual que en el futuro, al cabalgar de la mano del
envejecimiento progresivo de la población, y además,
las posibilidades de nuevos abordajes tanto en los métodos
diagnósticos como terapéuticos dentro de la
cardiología continúan experimentando un desarrollo
progresivo muy importante desde hace años. Estas
circunstancias condicionan varios aspectos fundamentales (profusa
información de difícil abordaje individual,
recomendaciones a veces discordantes con la práctica
habitual, falta de determinados recursos, incremento de la demanda
asistencial, etc.), que como cardiólogos tenemos la
obligación de analizar para poder participar de forma activa
en las implantaciones de calidad y mejora en los procesos
asistenciales de los que somos responsables, anticipándonos
y asesorando a los administradores sanitarios consensuando y
definiendo criterios, indicadores y estándares de calidad
para el tratamiento óptimo de las ECV, enfocándolos
sobre todo desde un punto de vista racional, ético, no
economicista y, sobre todo, en relación con una mejora
continuada de la CAC como un verdadero reto profesional.
DE LAS APLICACIONES PRACTICAS
Aunque existe el
convencimiento de que mejorar la calidad de la asistencia
clínica es posible sólo mediante la
realización de lo que ya se ha demostrado como eficaz y se
ha recogido en las guías de práctica clínica,
esta translación es difícil por muchas razones. Sin
embargo, este objetivo es alcanzable y múltiples
herramientas y estrategias han emergido en los últimos
años desde diferentes posicionamientos17. Algunas
de estas herramientas ya se han comentado, como las guías de
práctica clínica, los indicadores de calidad y
cumplimiento, los estándares clínicos, etc. Es
interesante conocer qué programas han puesto en marcha estos
instrumentos, su aplicación práctica y sus
resultados. Algunos de estos proyectos se describen a
continuación.
Cardiopatía isquémica
Proyecto CHAMP
(Cardiac Hospitalization Atherosclerosis Management
Program)
Este estudio se
inició en 1994 y se centró en implementar las
recomendaciones sobre el uso de aspirina, hipolipidemiantes,
bloqueadores beta e IECA en conjunto con las recomendaciones sobre
dieta y ejercicio en pacientes que iban a ser dados de alta tras un
síndrome coronario agudo. La implantación de este
programa incluía el uso de guías clínicas,
órdenes de admisión estandarizadas, charlas
informativas y seguimiento del cumplimiento de las medidas
recomendadas. Comparando los dos años precedentes a la
realización del programa, CHAMP mejoró la
adhesión a las guías de tratamiento de los pacientes
con síndrome coronario agudo, y aún más
importante, estas mejoras fueron mantenidas tras un año de
seguimiento. Estas mejoras, a su vez, se correlacionaron con una
reducción de eventos y de mortalidad18. Sin
embargo, estos hallazgos prometedores deben ser analizados con
prudencia, pues se refieren a un único centro y sin grupo
control.
Proyecto GAP
(Guidelines Applied in Practice)
El proyecto GAP
del American College of Cardiology (ACC) se inició en el
año 2000 y conceptualmente intentaba incorporar las
guías de práctica clínica en el proceso de
cuidado de las principales enfermedades cardiovasculares,
focalizándose sobre los proveedores de cuidados
(médicos y enfermeras) y el propio paciente. Para ello, en
parte se crearon herramientas y sistemas que reforzaron la
adhesión a las actuaciones diagnósticas o
terapéuticas consideradas como clave en la asistencia de
este proceso. Inicialmente, este proyecto se planteó como la
aplicación de un equipo de 7 herramientas en hospitales de
Michigan. Este equipo incluye, entre otros, órdenes
médicas estandarizadas, guías clínicas de
bolsillo, vías clínicas, material informativo para
pacientes, recordatorios en la historia, ejemplos de cómo
realizar informes clínicos y feedback de resultados.
Sus primeros resultados publicados en 2002 en pacientes con infarto
agudo de miocardio (IAM) analizaron sus resultados en
relación con un grupo control de hospitales voluntarios que
no participaron en el programa GAP y, asimismo, con un grupo de
hospitales que se incluyeron en el programa pero no aplicaron de
manera sistemática las herramientas recomendadas. GAP
mejoró el porcentaje de uso de aspirina (el 81 frente al
87%; p = 0,02) y bloqueadores beta (el 65 frente al 74%; p = 0,04)
durante el ingreso, así como la indicación de
aspirina (el 84 frente al 92%; p = 0,002) y el abandono del
hábito tabáquico (el 53 frente al 65%; p = 0,02) en
el momento del alta hospitalaria. La adhesión a otros
indicadores de calidad mejoró, pero sin significación
estadística. Estos datos hacen referencia a los
índices de cumplimiento antes y después de la
intervención en los hospitales que usaron las herramientas
GAP. Cuando se compararon los resultados según los
hospitales GAP y los hospitales de control sólo se
apreció una mejoría de forma significativa en el uso
de aspirina en el momento del alta (el 78,6 frente al 91,7%; p <
0,001), aunque esta mejoría fue aplicable a la
mayoría de los indicadores de calidad cuando se compararon
hospitales control frente a hospitales GAP que realmente
habían utilizado las herramientas propuestas19.
En este sentido, un estudio posterior sobre 5 hospitales con esta
misma metodología, pero en el que se analizó
especialmente el uso del equipo de herramientas propuestas por GAP,
demostró que el uso de estas herramientas por sí solo
se asoció con unos mejores indicadores de calidad como
prescripción en el momento del alta de aspirina, IECA,
etc.20.
Sin embargo, lo
relevante de los estudios GAP es la repercusión en la
mortalidad de su aplicación práctica. En un
análisis publicado en 2005, la mortalidad (el 10,4 frente al
13,6%; p < 0,017) a 30 días (el 16,7 frente al 21,6%; p
< 0,001) y a un año (el 33,2 frente al 38,3%; p <
0,04) fue significativamente menor en los pacientes con
intervención GAP. Tras un ajuste por características
clínicas, test diagnósticos y tratamientos
utilizados, los pacientes con estrategia GAP tuvieron menos
probabilidad de muerte al mes o al año, con una tendencia
hacia una mayor supervivencia intrahospitalaria21 (fig.
1).
Fig. 1.
La aplicación del programa
GAP en pacientes con cardiopatía isquémica se
asoció con una reducción de mortalidad del 21 al 26%,
respectivamente, al mes y al año de seguimiento. Adaptada de
Eagle K et al21.
Proyecto GWTG (Get
With the Guidelines)
Al mismo tiempo
que el ACC, la American Heart Association (AHA) inició el
proyecto Get With the Guidelines. Este programa se dirige a planear
el alta de pacientes con IAM e incluye un sistema de
recolección de datos en hospitales individuales con el fin
de controlar su progreso. En este caso se utiliza una herramienta
de tratamiento de pacientes en entorno Web. El centro de este
programa es una Web de una sola página disponible on
line que incluye una lista de medicaciones recomendadas por las
guías de prevención secundaria de la AHA/ACC. Esto
permite recordar al médico que va a realizar un alta
aspectos relacionados con la dieta, el cese del hábito
tabáquico y las recomendaciones de ejercicio. El
médico responsable incluye las medicaciones prescritas.
Además, la página presenta «pop-up» en
cada recomendación terapéutica o
higiénico-dietética con información sobre sus
pruebas científicas en las guías de práctica
clínica. Con la entrada de datos de los hospitales
participantes, es posible obtener información on line
de los indicadores de calidad y su cumplimiento en cada centro, lo
que permite realizar la comparación con lo efectuado en el
global de los centros participantes. Además, para reforzar
la continuidad del cuidado, se generan automáticamente un
informe para la historia clínica y otro que es enviado por
fax a su médico de atención primaria. Los resultados
del estudio piloto fueron favorables, con mejorías
significativas en la implementación de aquellas medidas de
prevención secundaria identificadas como
infrautilizadas22. El proyecto está activo en la
actualidad en más de 200 centros de Estados
Unidos.
Estudio AFFECT
(Administrative Data Feedback for Effective Cardiac
Treatment)
Este estudio,
con un diseño riguroso, es importante precisamente por ser
un estudio no positivo pero del que pueden extraerse conclusiones
positivas en cuanto a la metodología que se debe seguir en
las intervenciones de mejora de la calidad. En él se
valoró cómo el feedback de forma única
de la actividades realizadas en el tratamiento de pacientes
hospitalizados por IAM puede motivar una mejoría en el uso
de tratamientos de probada eficacia en esta población. En
concreto, no se apreciaron diferencias entre un grupo de
feedback inmediato y un grupo de feedback tardío
(14 meses) de los indicadores de calidad analizados, en
términos de mortalidad, estancias medias o reingresos. Sin
embargo, como se pone de manifiesto en el editorial de este
estudio, es relevante por el uso de una metodología estricta
y un excelente diseño, entre lo que destaca el uso de un
grupo control y la evaluación no sólo de los
indicadores de calidad en el momento del alta, sino a los 30
días de ésta23.
Iniciativas en España
La eficacia de
este tipo de programas se ha mostrado eficaz, tanto en el
ámbito local como multicéntrico, en nuestro
país en diferentes iniciativas en cardiopatía
isquémica. En concreto, tenemos experiencias iniciales
fundamentalmente en cardiopatía isquémica, tanto en
centros aislados como en estudios nacionales con aceptables
resultados24-27. El estudio PRESENTE es de lo primeros
en incluir un programa de intervención de mejora en la
prevención secundaria postinfarto. Se incluyó, en el
momento del alta hospitalaria, a un total de 4.174 pacientes
postinfarto de 110 hospitales, a los que se determinó un
perfil lipídico en las primeras 24 h del ingreso y una
entrevista informativa, acompañados de sus familiares, con
entrega de material educativo; posteriormente fueron revisados a
los 6 meses. Se observó una mejoría de la
presión arterial, el peso y el índice de masa
corporal medios de la muestra, así como de los estilos de
vida. El dato más llamativo fue el incremento en la
prescripción de estatinas, que pasó del 30 al 88%,
con también un incremento de antiagregantes del 5% y de
bloqueadores beta del 14%. Además, lo interesante de este
estudio es que el efecto positivo de la intervención se
mantuvo a los 6 meses26.
En
España, el estudio CAM evaluó la eficacia de una
intervención fundamentalmente educativa y de
feed-back de resultados en prevención secundaria en la
cardiopatía isquémica en 39 centros. La
intervención realizada consistió en el desarrollo
consensuado de acuerdos de mínimos y la elaboración y
difusión de materiales educativos. Entre las medidas de
interés cabe destacar la proporción de pacientes en
la que se evaluó la fracción de eyección, la
isquemia residual y los tratamientos y recomendaciones
higiénico-dietéticas en el momento del alta (tabaco,
dieta, ejercicio, etc.) del total de pacientes en los que se
debían determinar según el acuerdo de mínimos
(«pacientes ideales»). Asimismo, se valoraron los
cambios en 4 cortes transversales, en los que se incluyeron 1.157,
1.162, 1.149 y 1.158 pacientes, respectivamente. En general, se
aprecia una mejoría entre el primer y el último corte
en todas las variables analizadas. Mejoró especialmente la
proporción de pacientes en los que se determinaron el peso y
la talla (del 33,5 al 53,39%; p < 0,0001). También se
observó una mejoría en la medición precoz del
colesterol (del 42,6 al 53,7%; p = 0,006) y una reducción
del porcentaje de pacientes en los que no se realizó un test
de isquemia pese a estar indicado (del 18,2 al 10,8%; p = 0,013);
asimismo, aumentó la proporción de pacientes con un
tratamiento adecuado con estatinas en el momento del alta (del 68,6
al 81,4%; p < 0,0001) y el número de recomendaciones
sobre tabaquismo (del 60,1 al 72,2%; p < 0,0001) y ejercicio
(del 58,3 al 67,4%; p = 0,003) (fig. 2).
Fig. 2.
Indicadores de
estratificación de riesgo en el estudio CAM.
Valoración de perfil lipídico en las primeras 24 h y
valoración de fracción de eyección. Adaptado
de Muñiz García J et al27.
Este programa
demostró una mejoría de indicadores de calidad en el
paciente con síndrome coronario agudo, sobre todo en los
indicadores referentes a las medidas
higiénico-dietéticas, y no tanto en la
prescripción de fármacos recomendados por las
guías27. Esta mejoría, aunque en menor
medida, también se producía en un grupo de hospitales
utilizados como control en los que no se realizó
intervención, lo cual reafirma la necesidad de controlar
este tipo de intervenciones (datos no publicados). Actualmente, se
está en proceso de recogida de datos del estudio CAM 2, que
pretende evaluar estos indicadores a los 6 meses en un estudio
aleatorizado para recibir intervención o no.
En el estudio
CAMBIE se evaluó la mejora en las indicaciones de
coronariografía, pruebas de estrés y
valoración de fracción de eyección en
pacientes con angina inestable, con resultado de una mejoría
absoluta de la indicación de las dos primeras en un 11% tras
un programa de formación. Una de las potencias de este
estudio es que contaba con un grupo
control25.
Insuficiencia cardiaca
En la
insuficiencia cardiaca se dispone de experiencia sobre el uso de
programas para mejorar la calidad de la asistencia en
aproximaciones locales, pero no multicéntricas. Así,
se ha comunicado el uso de programas multidisciplinarios locales,
los denominados disease management programmes (DMP). Esta
aproximación al tratamiento de la insuficiencia cardiaca ha
sido objeto de un riguroso metaanálisis en pacientes
ancianos realizado por Gonseth, en el que se apreció que los
DMP reducen la frecuencia de readmisión en un 30% y que se
trata de una estrategia coste-efectiva, sobre todo cuando se
incluía el uso de visitas domiciliarias por parte del
personal de enfermería. Además, se apreciaba una
tendencia hacia la reducción de la mortalidad en los
pacientes atendidos en estos programas que era homogénea
entre diferentes sistemas de salud28.
En el
ámbito multicéntrico hay pocos datos; inicialmente se
publicó el estudio italiano BRING-UP, que afectó a
197 centros, cuyo objetivo era conocer datos epidemiológicos
sobre el uso de bloqueadores beta en insuficiencia cardiaca con el
objetivo de mejorar su adopción en esta población. El
estudio incluía un servicio de ayuda con información
para mejorar la titulación inicial del fármaco. El
estudio consiguió doblar el uso de bloqueadores beta en un
año, de un 25 a un 50%29. El estudio TEN-HMS es
un interesante estudio que compara el uso de un programa
único de DMP en 12 centros en Europa. Se compara una
estrategia de contacto telefónico mensual y
transmisión diaria de peso, presión arterial y
frecuencia cardiaca a través de la línea
telefónica frente a un grupo de cuidado habitual y otro con
enfermería sin uso de telemonitorización. El estudio
se finalizó prematuramente por el aumento de la mortalidad
en el grupo convencional. De forma relevante, este beneficio se
mantuvo durante una mediana de 484 días de
seguimiento30.
En nuestro
país, el estudio ATIICA, en el que se utilizaron indicadores
de calidad y medidas de cumplimiento derivadas de éstos,
encontró unos porcentajes de cumplimiento en la
prescripción farmacológica superiores a lo descritos
en los registros convencionales (uso de IECA del 90,9%, de
bloqueadores beta del 85,3%, de espironolactona del 87,6%),
probablemente porque se analiza el porcentaje de cumplimiento sobre
la población sin contraindicación o falta de
justificación para su no utilización (porcentaje
cumplimiento en pacientes ideales). Sin embargo, demuestra un
escaso cumplimiento en medidas como la recomendación del
ejercicio (55,8%), la autodosificación de diuréticos
(31,2%) o la recomendación de peso ideal (29,8%).Tras una
intervención con retroalimentación de estos datos y
el uso de una técnica de benchmarking con el resto de
centros se consiguió una mejoría, sobre todo de las
recomendaciones educativas, como el ejercicio (77,2%), la
autodosificación de diuréticos (58,9%) o la
recomendación de peso ideal (64,3%) (fig. 3).
Fig. 3.
Resultados estudio ATIICA. Mejora de
las recomendaciones higiénico-dietéticas tras el
programa de intervención. La mejora fue significativamente
más llamativa que en la prescripción de
fármacos.
En
conclusión, hay un soporte teórico y todo un
movimiento en la práctica de la medicina actual hacia la
mejora de la calidad de la asistencia clínica general y en
especial en el ámbito de la cardiología, con el
desarrollo de herramientas y metodología específica
para su aplicabilidad práctica, con resultados prometedores
en gran parte de los proyectos desarrollados.
ABREVIATURAS
CA: calidad
asistencial.
CAC: actividad
asistencial en cardiología.
ICC:
insuficiencia cadiaca congestiva.
IECA:
inhibidores de la enzima de conversión de la
angiotensina.
GAP: proyecto
GAP (Guidelines Applied in Practice).
Correspondencia: Dr. M.A. Ulecia Martínez.
Avda. de Andalucía, 34, casa 27. 18014 Granada.
España.
Correo electrónico:
muleciam@hotmail.com
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