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Diabetología para cardiólogos. Volumen 7, Número Supl.H, Octubre 2007   

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Hipertensión arterial y dislipemia asociadas a diabetes mellitus. Papel de los PPAR. Enfoque terapéutico

Vicente Bertomeu-Gonzáleza; Daniel Núñez Pernasa; Vicente Bertomeu Martíneza

a Servicio de Cardiología. Hospital Universitario de San Juan. Alicante. España.

Rev Esp Cardiol. 2007;7(Supl H):20-8.


El descubrimiento del papel de los ácidos grasos libres en el desarrollo de la diabetes y sus complicaciones ha supuesto un cambio en el enfoque terapéutico de la diabetes. El exceso de ácidos grasos libres plasmáticos produce un estado de hiperinsulinismo que está íntimamente relacionado con la aparición de las alteraciones metabólicas y el desarrollo de hipertensión arterial y de complicaciones vasculares en pacientes diabéticos. Los receptores activadores de la proliferación peroxisomal (PPAR), al ser estimulados, favorecen la acción de la insulina al reducir las concentraciones de ácidos grasos libres plasmáticos, reducir la producción hepática de glucosa y aumentar la captación de ésta por parte del músculo esquelético. Las glitazonas, como agonistas de dichos receptores, aportan beneficios importantes en el tratamiento de pacientes con diabetes mellitus tipo 2.

Palabras clave: Diabetes mellitus. Hipertensión. PPAR gamma.




 


INTRODUCCION

En los anales de la historia de la medicina se han encontrado referencias a la existencia de la diabetes ya en el siglo xvi a.C., en el antiguo Egipto. Posteriormente, en Grecia, en el siglo i d.C., se acuñó el término diabetes, cuya traducción del griego es sifón, representativa de los síntomas observados: todo lo que entra por arriba (polidipsia y polifagia) sale por abajo (poliuria). Desde entonces pueden encontrarse numerosas alusiones a esta enfermedad en diferentes culturas y zonas geográficas, pero no fue hasta finales del siglo xix cuando nos encontramos con avances importantes. El doctor italiano Catoni, concienciado de la importancia de los cambios en el estilo de vida a la hora de tratar esta enfermedad, propuso y ejerció el aislamiento de sus pacientes diabéticos encerrándolos bajo llave para facilitar la cumplimentación de la dieta. En la misma época, en la Universidad de Estrasburgo, Minkowski y su discípulo Von Mering, en una aproximación más fisiopatológica y menos pragmática, dieron un enorme paso al establecer la relación entre las alteraciones en el metabolismo de la glucosa y la función pancreática. Al comprobar que la orina de sus perros pancreatectomizados atraía una inusitada cantidad de moscas, la probó y notó su sabor dulce, y concluyó que el páncreas se encargaba de la regulación de las concentraciones de azúcar en el organismo. Desde entonces, la diabetes se ha considerado una enfermedad asociada a la alteración en el metabolismo de la glucosa. Un siglo después, ya en 1992, McGarry se preguntó qué habría pasado si Minkowski hubiera tenido mejor sentido del olfato que del gusto y, guiado por el aliento cetósico de los perros, hubiera orientado los mecanismos causantes de la diabetes hacia las grasas, en lugar de los hidratos de carbono. Hoy día sabemos que las alteraciones en el metabolismo de la glucosa están precedidas por el exceso de ácidos grasos libres (AGL) circulantes y la resistencia insulínica secundaria a dicha elevación. ¿Hubieramos avanzado un siglo en el conocimiento de la diabetes de haber enfocado Minkowski sus hallazgos de manera diferente?1.

RECEPTORES ACTIVADORES DE LA PROLIFERACION PEROXISOMAL

Los receptores activadores de la proliferación peroxisomal (PPAR) son factores de transcripción nucleares ampliamente distribuidos en diferentes órganos y tejidos. Se dividen en 3 isoformas: α , γ y δ . Su diferente distribución tisular explica las diversas funciones de cada uno de ellos.

Los PPAR se engloban dentro de la clase II de receptores nucleares y están compuestos por 6 regiones estructurales (A-F) y 4 dominios funcionales (fig. 1). La activación de estos receptores conlleva una heterodimerización que produce la regulación de la transcripción genética a través de los dominios de unión al ácido desoxirribonucleico2. Hay múltiples ligandos de activación de estos receptores: endógenos como los ácidos grasos y sus metabolitos, y exógenos como las glitazonas, los antiinflamatorios no esteroideos, algunos antagonistas del receptor de angiotensina, etc.

Fig. 1. Estructura y función de PPAR-γ . AF-1: dominio de activación 1; AF-2: dominio de activación 2; DBD: dominio de unión a ADN; PPRE: elemento de respuesta a la activación.

PPAR-α

El PPAR-α fue el primero en identificarse. Se expresa fundamentalmente en lugares donde se realiza un catabolismo activo de los AGL, como el hígado o el tejido adiposo. Ejerce su función moduladora del metabolismo lipídico y de los hidratos de carbono mediante la regulación de la expresión de proteínas involucradas en el transporte y la betaoxidación de los AGL3.

PPAR-γ

Los receptores PPAR-γ se expresan en concentraciones elevadas en el tejido adiposo y constituyen un regulador central de la expresión genética y la diferenciación del adipocito4. La activación de los receptores PPAR-γ se traduce en una «captura» de los AGL por parte del adipocito, de manera que se reduce su disponibilidad sistémica, con la consiguiente reducción en la captación y utilización en el músculo esquelético, lo que favorece el efecto de la insulina5. En el metabolismo de los hidratos de carbono se incrementa la utilización de glucosa en el músculo esquelético y se reduce su producción hepática6, y en el lipídico, al favorecer la lipólisis de triglicéridos en lipoproteínas de muy baja densidad (VLDL)7, se aumentan las concentraciones plasmáticas de lipoproteínas de alta densidad (HDL)8 y se reducen las de triglicéridos9, además de disminuir el número de lipoproteínas de baja densidad (LDL) pequeñas y densas10. Los mecanismos mediante los cuales ejercen estas funciones no son del todo conocidos, aunque se sabe que los ligandos de los receptores PPAR-γ alteran profundamente la expresión genética en el tejido adiposo y modulan la producción de mediadores proinflamatorios y antiinflamatorios, como el incremento en las concentraciones de adiponectina11 o el descenso en las de resistina, leptina, factor de necrosis tumoral alfa, metaloproteinasas de matriz12 o endotelina-113. De hecho, se han identificado mutaciones que resultan en una hipofunción de los receptores PPAR-γ , que causan los síntomas típicos de la resistencia insulínica en ausencia de obesidad: diabetes, hipertensión arterial, dislipemia y acantosis nigricans14 (fig. 2).

Fig. 2. Efecto de las isoformas PPAR (PPAR-α , γ y δ ) en el hígado, el músculo, el tejido adiposo y la pared vascular. Modificado de Blaschke et al5. AGL: ácidos grasos libres; HDL: lipoproteínas de alta densidad; LDL: lipoproteínas de baja densidad.

PPAR-δ

La tercera isoforma identificada de la familia de receptores nucleares PPAR se conoce como PPAR-δ o PPAR-β . Se expresa con ubicuidad en diferentes tejidos, está implicada en la adipogénesis, la inflamación, el metabolismo lipídico y la homeostasis de la glucosa, así como en los mecanismos de reparación de la piel15. A pesar de sus acciones moduladoras del metabolismo lipídico y antiinflamatorio, indican un potencial efecto beneficioso en el tratamiento de pacientes obesos con resistencia insulínica, aunque su papel en la ateroesclerosis está por determinar.

DISLIPEMIA ASOCIADA A DIABETES MELLITUS

El cuerpo humano es capaz de almacenar grandes cantidades de energía en épocas de abundancia, como mecanismo de supervivencia en previsión de posibles épocas de hambruna16. Sin embargo, el organismo expuesto a un continuo aporte de energía en exceso, junto con una reducción de la actividad física, tiende a la obesidad y sus complicaciones.

La elevación prolongada de los AGL en el plasma desempeña un papel fundamental en el desarrollo de la resistencia insulínica y la diabetes. Conforme aumenta la cantidad de grasa del cuerpo, especialmente en depósitos viscerales, se eleva la tasa de lipólisis, lo que provoca un aumento de las concentraciones plasmáticas de AGL. Este incremento de AGL se asocia con un incremento en la producción de glucosa por parte del hígado y una infrautilización de ésta por parte del músculo esquelético. La resistencia a la insulina, definida como el defecto en la función de la insulina de introducir glucosa en su mayor órgano diana, el músculo esquelético, es un factor clave en la patogenia de la diabetes mellitus tipo 2 y un cofactor importante en el desarrollo de hipertensión, dislipemia y aterosclerosis asociadas17,18. La resistencia a la insulina está presente en el 90% de los diabéticos tipo 2 y se sabe que precede en muchos años al desarrollo de la hiperglucemia19. De hecho, las concentraciones de glucosa se mantienen normales mientras el páncreas pueda incrementar la producción de insulina y de esta manera compensar la resistencia periférica, y no se elevan hasta que no aparece un fracaso pancreático concomitante.

Los mecanismos mediante los cuales la obesidad y los AGL provocan una resistencia periférica a la acción de la insulina no son del todo conocidos, aunque en los últimos años se han esclarecido algunos de los mecanismos mediante los cuales los AGL contribuyen a la patogenia de la diabetes y la enfermedad cardiovascular.

Son secretagogos potentes, lo que en fases iniciales de la enfermedad compensa en parte la resistencia insulínica que producen20. Sin embargo, su elevación prolongada puede alterar la respuesta secretora de insulina frente a la elevación de la glucemia, lo que puede facilitar la disfunción de la célula beta o su apoptosis21,22.

Causan resistencia insulínica en el músculo esquelético al inhibir el transporte y la fosforilación de la glucosa mediante la alteración de las vías de señalización de la insulina23,24. También causan resistencia insulínica hepática al inhibir tanto la supresión insulínica de la glucogenólisis como la captación hepática de AGL circulantes25. El tejido adiposo actúa como un órgano endocrino y libera mediadores de inflamación que participan en el daño vascular, como el factor de necrosis tumoral alfa26, la interleucina 627, la resistina28 o la leptina9, ésta última también relacionada con la hipertensión asociada con la obesidad. Por contra, la obesidad se asocia con concentraciones reducidas de adiponectina29, enzima que promueve la captación de glucosa por parte del músculo esquelético y suprime su producción hepática, además de presentar efectos antiinflamatorios30,31.

Por último, la diabetes ya establecida se asocia con un tipo de dislipemia concreto, en el que confluyen la elevación de moléculas LDL pequeñas y densas, la elevación de los triglicéridos y el descenso del HDL. Las moléculas LDL pequeñas y densas se asocian con riesgo elevado de desarrollar enfermedad cardiovascular por su elevada aterogenicidad32,33. La combinación de hipertrigliceridemia y concentraciones bajas de HDL ha demostrado ser un factor de riesgo tan importante como la elevación de los valores de LDL34.

Debido a las pruebas científicas que señalan a la resistencia insulínica como un elemento clave en el desarrollo de la diabetes y sus complicaciones, se ha modificado el enfoque terapéutico de la diabetes, que ha pasado de basarse únicamente en el control de la glucemia a tratar de forma precoz y específica la resistencia insulínica. Este planteamiento se ha visto reforzado por los resultados de ensayos clínicos que han demostrado el retraso en la aparición de la propia diabetes o de sus complicaciones por fármacos del grupo de las glitazonas35, cuyo mecanismo de acción está íntimamente implicado en la sensibilización a la insulina.

Agonistas de los PPAR

Los fibratos son activadores débiles del PPAR-α . Al aumentar la actividad de la lipoproteinlipasa, enzima encargada de la hidrólisis de los triglicéridos, obtienen su conocido efecto reductor de las concentraciones plasmáticas de triglicéridos36,37. Además, han demostrado aumentar las concentraciones de HDL38 y el tamaño de las moléculas de LDL39. Desde el punto de vista clínico, diferentes estudios han puesto de manifiesto la reducción del desarrollo de la lesión y el estrechamiento luminal en las arterias coronarias en pacientes diabéticos tipo 240,41 y la reducción en la incidencia de enfermedad cardiovascular y episodios coronarios42,43. En último término se han demostrado sus efectos antiinflamatorios44, aunque la relevancia clínica de dichos efectos todavía está por determinar.

Los agonistas de los PPAR-γ , llamados glitazonas o tiazolidindionas, han demostrado la reducción de las concentraciones séricas de glucosa, hemoglobina glucosilada, insulina y péptido C45. Pero, además de los efectos puramente hipoglucemiantes de estas moléculas, al actuar sobre la resistencia insulínica y no sólo sobre la producción de insulina, mejoran otros parámetros asociados con el trastorno del metabolismo de los hidratos de carbono, como la dislipemia, la hipertensión o el estado procoagulante46-48. En cuanto al metabolismo lipídico, reduce las concentraciones de triglicéridos y aumenta los valores de HDL y el tamaño de las moléculas LDL49,50.

En diferentes estudios se ha observado un incremento de peso en pacientes en tratamiento con glitazonas, por un aumento de la cantidad de grasa total en el organismo51. Este paradójico efecto de aumento de peso provocado por fármacos recomendados para el tratamiento de las alteraciones metabólicas provocadas por la obesidad se explica por la redistribución de la grasa, de los depósitos viscerales a subcutáneos, menos relacionados con cifras elevadas de AGL circulantes y menos aterogénicos52-55. Otro efecto adverso asociado con el uso de glitazonas es la retención hídrica, con un ligero aumento de la tasa de insuficiencia cardiaca. A este respecto, la American Heart Association y la American Diabetes Association recomiendan el inicio del tratamiento con dosis bajas y el incremento cuidadoso de éstas en pacientes con algún factor de riesgo para desarrollar insuficiencia cardiaca y no utilizarlos en pacientes con signos clínicos de insuficiencia cardiaca56.

Recientemente se han publicado los resultados de 2 metaanálisis y los datos preliminares de un ensayo clínico que han abierto el debate acerca de la seguridad de la rosiglitazona. En el primer metaanálisis, Nissen informa de un incremento en la incidencia de infarto agudo de miocardio y un aumento no significativo de la mortalidad total57. Este estudio se realizó con los resultados globales de diversos ensayos clínicos publicados con rosiglitazona, no con los datos individuales de cada paciente, lo que condiciona la interpretación de sus resultados. El segundo metaanálisis se ha publicado con los datos individuales de más de 14.000 pacientes, aportados por Glaxo-SmithKline. En este estudio se ha observado una mayor incidencia de insuficiencia cardiaca en pacientes en tratamiento con rosiglitazona, pero el incremento de morbimortalidad por infarto se limitaba al grupo de pacientes con antecedentes de enfermedad coronaria que estaban en tratamiento crónico con nitratos58. Ambos metaanálisis, entre otras limitaciones, se realizaron a partir de datos de ensayos clínicos cuyo objetivo principal fue la eficacia en el control metabólico, y no la incidencia de infarto o complicaciones cardiovasculares. Como consecuencia de esto, se han adelantado resultados preliminares del estudio RECORD59, un ensayo clínico aleatorizado con el objetivo primario de valorar la no inferioridad de la rosiglitazona frente a las sulfonilureas, ambas en combinación con metformina, en cuanto a la incidencia de muerte o episodios cardiovasculares adversos. Los resultados no muestran diferencias significativas en la incidencia de infarto o mortalidad global, tan sólo el ya sabido incremento en la incidencia de insuficiencia cardiaca. Actualmente está pendiente la publicación del estudio tras completar la inclusión y el seguimiento. Por otra parte, el estudio PROACTIVE demostró una reducción en la tasa de mortalidad, infarto o ictus en el grupo tratado con pioglitazona60. Dada la disparidad de datos al respecto, los autores de esta revisión consideramos que los datos de estos estudios deben ser interpretados con cautela y que los resultados definitivos del estudio RECORD serán de gran utilidad para esclarecer el futuro de las glitazonas.

HIPERTENSION ASOCIADA A DIABETES MELLITUS

La asociación entre resistencia insulínica e hipertensión arterial se conoce desde hace más de 2 décadas61; sin embargo, no estaban claros los mecanismos fisiopatológicos que explican esta asociación. Actualmente se sabe que en estados que asocian hiperinsulinismo y resistencia insulínica aparece una mayor reabsorción renal de sodio62, un aumento del tono simpático63 y una anormal respuesta vasodilatadora del endotelio vascular64. Asimismo, se ha identificado una mayor concentración intracelular de calcio65 y un aumento de las células musculares lisas vasculares (fig. 3)66.

Fig. 3. Mecanismos de asociación entre resistencia insulínica e hipertensión arterial. Modificado de Sarafidis, et al62.

En la práctica clínica se dispone de varios tratamientos que actúan en los receptores PPAR-γ : agonistas totales como las glitazonas (rosiglitazona y pioglitazona), indicadas en el tratamiento de la diabetes tipo 2, y agonistas parciales, cuya principal indicación es el tratamiento antihipertensivo, como los antagonistas de los receptores de la angiotensina II (ARA-II) telmisartán e irbesartán.

Efectos de las glitazonas en el control de la hipertensión y el riesgo cardiovascular

Las glitazonas (pioglitazona y rosiglitazona) son antidiabéticos orales cuyo mecanismo de acción se explica a través de una mejora en la sensibilidad de diferentes órganos a la acción de la insulina. En relación con este mecanismo de acción, diferentes estudios han puesto de manifiesto el beneficio de estos fármacos en otros factores de riesgo cardiovascular, como la dislipemia, la disminución de la obesidad central y la disminución de marcadores de inflamación, como la proteína C reactiva67,68.

En el estudio PROactive, realizado de forma prospectiva en 5.238 pacientes diabéticos aleatorizados para recibir pioglitazona o placebo, el tratamiento se asoció con un descenso significativo de la presión arterial sistólica (PAS), si bien este estudio no estaba diseñado para demostrar este efecto60.

Estudios realizados en animales y humanos han mostrado este efecto de las glitazonas en la reducción de cifras de presión arterial, estimándolo en 4-5 mmHg en la PAS y 2-4 mmHg en la presión arterial diastólica (PAD). En estos estudios se demostró también la reducción de insulina plasmática, así como una mejoría de la sensibilidad periférica a la insulina, lo que pone de manifiesto la relación entre la resistencia insulínica y la hipertensión arterial.

Los estudios realizados in vitro y en modelos animales explican las bases fisiológicas que justificarían la reducción de la presión arterial al activar los receptores PPAR-γ . Se ha observado una reducción de la concentración intracelular de calcio en relación con el bloqueo de los canales de calcio tipo-L en las células musculares lisas de los vasos69,70, lo que mejora la respuesta vasodilatadora de éstos; asimismo, las glitazonas inhibirían la proliferación de las células musculares lisas vasculares71. Otros mecanismos implicados serían el metabolismo del óxido nítrico y la reducción de la activación del sistema nervioso simpático. En humanos también se han llevado a cabo estudios experimentales en los que se ha demostrado un efecto beneficioso del tratamiento con glitazonas en la resistencia y la elasticidad vascular, medida en el antebrazo72, y en la disminución de la activación simpática.

Más cercanos a la realidad de la práctica clínica, otros estudios, aunque con escaso número de pacientes, han demostrado una reducción de cifras de presión en pacientes tanto diabéticos73 como no diabéticos74, y han correlacionado estos efectos con una mejoría en los parámetros de resistencia insulínica. Dos estudios similares realizados con pioglitazona75 y rosiglitazona76 demostraron una reducción de la presión en la medición ambulatoria de presión arterial (MAPA) de pacientes diabéticos. En relación con la lesión de órgano diana, el tratamiento con los agonistas PPAR-γ podría tener un efecto renal al reducir la excreción de albúmina urinaria, si bien este efecto podría hallarse en relación con una mejoría de la resistencia insulínica o la reducción de cifras de presión arterial77. Además, se debe tener en cuenta que las glitazonas también tienen efectos antiinflamatorios67 y antiateroscleróticos, como la reducción de la progresión del índice íntima-media carotídeo78.

Efectos de los antihipertensivos en el metabolismo de los hidratos de carbono

Como se ha comentado anteriormente, las alteraciones del metabolismo de los hidratos de carbono se asocian en muchas ocasiones con la condición de hipertensión arterial. Aunque los clásicos antihipertensivos, como los bloqueadores beta y los diuréticos, son eficaces en el control de las cifras de presión arterial, tienen un efecto metabólico potencialmente adverso y pueden incrementar el riesgo de aparición de diabetes tipo 279. En sentido contrario, los inhibidores de la enzima de conversión de la angiotensina (IECA) y los antagonistas del receptor AT-1 de la angiotensina o ARA-II han demostrado la reducción de la incidencia de diabetes en pacientes de alto riesgo en comparación con otros antihipertensivos80-85. Ambos grupos farmacológicos llevarían a cabo este efecto mediante el bloqueo del sistema renina-angiotensina y del metabolismo del óxido nítrico y los IECA, además, a través de la activación de bradicininas. Estos fármacos también aportarían un aumento de los transportadores de glucosa 4, y los ARA-II, una activación parcial de los PPAR-γ . Sin embargo, el supuesto efecto de clase de los ARA-II no se cumple, y el telmisartán y, en menor medida el irbesartán, son los únicos ARA-II que han demostrado capacidad para activar los receptores PPAR-γ de forma parcial. Esta característica especial se explicaría por la mayor lipofilidad y capacidad de alcanzar la membrana nuclear en la que se encuentran los receptores, así como por una peculiar configuración molecular que permite la unión con residuos aminoácidos de los PPAR-γ 86. In vitro, ambos fármacos han demostrado el efecto a concentraciones comparables con las conseguidas en el plasma, aunque en el caso de irbesartán los resultados son menos relevantes. Telmisartán ha demostrado en diferentes ensayos, con un número reducido de pacientes, mejorar tanto el metabolismo de los hidratos de carbono, con disminución de la resistencia insulínica, la glucemia basal y la hemoglobina glucosilada87,88, como facilitar la obtención de un perfil lipídico menos aterogénico, con disminución del colesterol total, el colesterol unido a lipoproteínas de baja densidad (cLDL) y los triglicéridos89. Todo ello, y en espera de resultados de estudios como el ONTARGET y el TRANSCEND, hacen de los ARA-II, en especial de telmisartán, un tratamiento atractivo en pacientes hipertensos con alteraciones del metabolismo de los hidratos de carbono en la reducción del proceso ateroesclerótico y la enfermedad cardiovascular.

ENFOQUE TERAPÉUTICO

El tratamiento de la diabetes ha experimentado una auténtica revolución en la última década. Se ha pasado de tratar casi exclusivamente las alteraciones de la glucemia a realizar un abordaje integral, en el que se tienen en cuenta las alteraciones en el metabolismo lipídico, la hipertensión arterial y la hipercoagulabilidad, la propia obesidad y resistencia insulínica, y las complicaciones cardiovasculares asociadas con la diabetes, además de los trastornos del metabolismo de los hidratos de carbono. Estudios como el UKPDS pusieron de relieve la gran importancia del tratamiento conjunto de todos los factores de riesgo que confluyen en la diabetes90, destacando incluso la importancia de otras medidas como la reducción de LDL o el control tensional por encima del control glucémico, cuando éstas se valoraban de forma aislada. De esta manera, a la hora de tratar a un paciente con diabetes tipo 2 debemos considerar siempre el tratamiento de la dislipemia con estatinas, el tratamiento enérgico de la hipertensión arterial, incluido un agente bloqueador del sistema renina-angiotensina aldosterona, y la antiagregación con aspirina91.

No cabe duda de que los cambios en el estilo de vida son la estrategia más eficaz, barata y natural para tratar la diabetes y las alteraciones metabólicas y cardiovasculares asociadas. Dado que la diabetes se considera un problema causado fundamentalmente por el exceso de AGL circulantes que conlleva, la obesidad, el ejercicio físico, la dieta y la pérdida de peso deberían ser los pilares fundamentales del tratamiento de todo diabético92,93. Sin embargo, debido al alto índice de fracasos de estas medidas, en el paciente diabético se debe estar preparado para el inicio del tratamiento farmacológico de forma precoz, siempre acompañado de las medidas no farmacológicas.

Las perspectivas de futuro parecen apuntar hacia un enfoque más centrado en las fases iniciales de la enfermedad, lo que convierte a los agonistas de los PPAR-γ , que ya son uno de los pilares del arsenal terapéutico actual, en una referencia en la investigación de nuevos recursos para el futuro próximo. Cabe destacar la investigación en marcha en el desarrollo de moléculas agonistas duales de los PPAR-α y γ , llamados glizatares, que podría aportar los beneficios de un control glucémico y lipídico sumado a los efectos antiinflamatorios de ambos agentes en combinación94-96.

CONCLUSIONES

La hipertensión arterial, la dislipemia y las alteraciones del metabolismo de los hidratos de carbono son los pilares sobre los cuales se establece el riesgo cardiovascular; además, su asociación es habitual en la práctica clínica.

El tratamiento del paciente diabético hipertenso debe realizarse desde la perspectiva de la reducción del riesgo cardiovascular global, no limitándose a la disminución de cifras de presión arterial. Por ello, debe de considerarse la elección de fármacos o combinaciones que tengan el perfil metabólico más favorable.

Los AGL desempeñan un papel clave en el desarrollo de la diabetes y sus complicaciones. La estrategia de tratamiento antidiabético, asimismo, debe contemplar los trastornos lipídicos y vasculares asociados con las alteraciones del metabolismo de los hidratos de carbono. La sensibilización a la acción de la insulina y la acción sobre los AGL supone el enfoque más adecuado en el tratamiento de un paciente diabético.

ABREVIATURAS
AGL: ácidos grasos libres.
ARA-II: antagonistas de los receptores AT-1 de la angiotensina.
HDL: lipoproteínas de alta densidad.
IECA: inhibidor de la enzima conversiva de la angiotensina.
LDL: lipoproteínas de baja densidad.
PPAR: receptores activadores de la proliferación peroxisomal.
VLDL: lipoproteínas de muy baja densidad.


Correspondencia: Dr. V. Bertomeu Martínez.
Servicio de Cardiología. Hospital Universitario de San Juan.
Ctra. Alicante-Valencia, s/n. 03550 Alicante. España.
Correo electrónico: vbertomeu@secardiologia.es



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