INTRODUCCIÓN
La
aterosclerosis, y en concreto la cardiopatía
isquémica (CI), es la principal causa de muerte en pacientes
con diabetes tipo 2 (DM2). El riesgo de muerte cardiovascular (CV)
en la DM2 es de 2 a 4 veces más elevado y la mortalidad
atribuible a la CI, 4,3 veces más alta1.
Numerosos factores pueden contribuir a la asociación de DM y
CI, como el perfil lipídico, la hipertensión arterial
(HTA), las alteraciones de la coagulación, la obesidad, la
nefropatía, etc., pero incluso con la normalización
de los factores de riesgo convencionales, la presencia de DM per se
constituye un factor de riesgo independiente, de forma que el
riesgo absoluto de presentar un infarto de miocardio (IM) o morir
por causa cardiovascular de los diabéticos al cabo de 10
años es muy elevado; en algunos pacientes, por ejemplo, con
sobrepeso o edad avanzada, supera el 20%2,3.
DIABETES Y ENFERMEDAD
CARDIOVASCULAR. LA POLÉMICA
La
DM2 conlleva un alto riesgo de episodios coronarios con peor
evolución, tanto los tratados de forma conservadora como los
que reciben terapia de revascularización, bien
percutánea (PIC), bien mediante cirugía coronaria
(CC)4,5, a pesar de los importantes avances tanto en el
tratamiento farmacológico de los síndromes coronarios
agudos (SCA) como en las técnicas de
revascularización, como en el caso del stent
coronario o el doble injerto arterial de mamaria. El tratamiento
óptimo del paciente diabético continúa siendo
un desafío para la cardiología actual. El control
metabólico aislado, imprescindible, aporta escaso beneficio
pronóstico3-5.
En
1998, Haffner et al6 comprobaron que, al cabo de 7
años, el riesgo cardiovascular de un diabético es
similar al de un no diabético que ha experimentado un
infarto de miocardio, lo que dio lugar al concepto de enfermedad
vascular de la DM y que el diabético es sujeto de
«prevención secundaria», para evitar la
aparición de enfermedad cardiovascular (ECV). Estos datos no
fueron confirmados en Escocia 2 años después. Se
realizaron 2 estudios, uno cruzado similar al de Haffner et al y
otro de cohortes con diabéticos de reciente
diagnóstico. A los 8 años, la mortalidad en el grupo
de infarto de miocardio fue del 32,5% y en el de DM, del 24,6%. En
la cohorte diabética, la mortalidad fue del 35,1% y la del
infarto de miocardio, del 48,8%7, lo que dio lugar al
inicio de una larga polémica.
En
el estudio OASIS8, llevado a cabo en 95 hospitales de 6
países, el diagnóstico previo de DM se asoció
con un peor pronóstico a los 2 años del ingreso por
SCA, con una tasa de eventos en diabéticos sin ECV previa
similar a la de no diabéticos con antecedentes de ECV. Hay
también diferencias de sexo. En el Rancho Bernardo
Study9 se siguió durante 14 años a 334
diabéticos y 2.137 no diabéticos. Tras realizar los
ajustes se comprobó un mayor riesgo de mortalidad por CI en
diabéticos, casi el doble en varones y de más del
triple en mujeres. En el estudio DECODE10, con pacientes
con diabetes de reciente diagnóstico y seguimiento de 8,3
años, se comprobó que el riesgo de mortalidad total y
cardiovascular fue mayor en mujeres que en varones cuando se
comparaba con el de la población no diabética, pero
era más elevada en varones que en mujeres en la
población diabética. En el US Male Physicians
Study11, el riesgo de mortalidad total y coronaria en
varones diabéticos sin ECV fue de 2,3 y 3,3,
respectivamente; en no diabéticos con ECV de 2,2 y 5,6, y en
diabéticos con ECV de 4,7 y 12. Paralelamente, en el Nurses'
Health Study12, el riesgo de mortalidad coronaria en
diabéticas sin ECV fue de 8,7; en cardiópatas sin
diabetes de 10,6, y en diabéticas cardiópatas de
25,8. Dos amplios metaanálisis confirman el peor
pronóstico de las mujeres, aunque no sólo en cuanto a
la mortalidad, sino en relación con la morbilidad de todo
tipo de procedimientos13,14.
La
duración de la DM tambien desempeña su papel.
Según el Framingham Heart Study, por cada década de
duración de DM el riesgo de muerte por CI a 10 años
se incrementa un 86%. La duración de la DM no se
relacionó con la morbilidad de la CI ni con la
morbimortalidad cardiovascular, lo que indica un mecanismo
específico de muerte por CI15. Sin embargo, un
año despues de su inclusión en el estudio
VALIANT16, los pacientes con DM conocida tuvieron el
mismo riesgo de mortalidad y la misma tasa de episodios
cardiovasculares que los diabéticos de reciente
diagnóstico, a pesar que estos últimos eran
más jovenes y tenían menos comorbilidad. La glucosa
anormal en ayunas también tiene significado
pronóstico17, así como la intolerancia a
la glucosa18, la glucosa posprandial19 y, por
todo ello, la hemoglobina glucosilada.
FISIOPATOLOGÍA DE
LA ENFERMEDAD CORONARIA EN LA DIABETES
Diversos mecanismos fisiopatológicos convergen en la pared
vascular del diabético para promover el proceso
ateroesclerótico (fig. 1). La hiperglucemia y el incremento
plasmático de acidos grasos libres (AGL) son el resultado
inmediato de su menor utilización por el músculo
esquelético, resistente a la insulina (RI). El
páncreas intenta corregir la hiperglucemia mediante
hiperinsulinemia, factor de riesgo per se. La grasa abdominal
estimula la liberación de AGL en la circulación
portal, con sobreproducción de partículas
lipoproteínicas ricas en triglicéricos (TG),
incluidas las de muy baja densidad (VLDL). Los adipocitos liberan
citocinas proinflamatorias, como el factor de necrosis tumoral alfa
(TNF-α
) con efecto directo sobre la pared vascular, y promueven la
formación de reactantes de fase aguda por el hígado,
como la proteína C reactiva (PCR), el fibrinógeno, y
el inhibidor principal del activador del plasminógeno
(PAI-1). La formación de productos de glucación
avanzada (PGA) y macromoléculas glucosiladas pueden
estimular receptores específicos, que son una nueva fuente
de estímulos proinflamatorios de la pared
arterial20.
Fig. 1.
Las múltiples vías de
progresión de arterioesclerosis y peor evolución
posrevascularización en la diabetes mellitus tipo 2. FT:
factor tisular; FvWF: factor de von Willebrand; GP:
glicoproteína; IL-6: interleucina 6; PAI-1: inhibidor del
activador del plasminógeno; PCR: proteína C reactiva;
PIC: procedimiento intracoronario; PPAR-γ
: receptor proliferador activado de
peroxisoma; RAGE: receptor de productos de glicación
avanzada (PGA); sCD40L: ligando soluble CD40;
TNF-α
:
factor de necrosis tumoral alfa; TSP-1: trombospondina-1; V-CAM e
I-CAM1: moléculas de adhesión.
Hiperglucemia, disfunción endotelial y estrés
oxidativo
La
fisiopatología de la enfermedad vascular en la DM involucra
anormalidades de la función endotelial, células
musculares lisas (CML) y función plaquetaria. La
hiperglucemia, el exceso de AGL y la situación de RI
favorecen un complejo tráfico de señales moleculares
que alteran la función e incluso la estructura de la pared
vascular, a través de 3 mecanismos principales: el
estrés oxidativo, la activación de la proteincinasa C
(PKC) y la estimulación de los receptores de los PGA (RAGE).
Este complejo proceso converge hacia la vasoconstricción por
menor disponibilidad de óxido nítrico (NO),
liberación de agentes vasoactivos como endotelina (ET) y
angiotensina II (AII), mediadores inflamatorios por la
activación del factor nuclear kappa beta
(NF-κ
B) y un ambiente protrombótico por aumento de
liberación de factor tisular (FT) y PAI.
Vasoconstricción, inflamación y trombosis son los
ingredientes básicos para el desarrollo de la enfermedad
aterotrombótica21 (fig. 2).
Fig. 2.
La hiperglucemia, los ácidos
grasos libres (AGL) y la resistencia a la insulina (RI) provocan
mecanismos moleculares que alteran la estructura y la
función de la pared de los vasos (enfermedad vascular de la
diabetes mellitus). El estrés oxidativo, la
activación de la proteincinasa C (PKC) y de los receptores
de los productos de glucación avanzada (RAGE), inducen menor
disponibilidad de óxido nítrico (ON), incremento de
endotelina (ET), activación del factor nuclear kappa beta
(NF-κ
B);
factor tisular (FT) e inhibidor del activador del
plasminógeno (PAI); CAM: moléculas de
adhesión; AII: angiotensina II.
Todo ello predispone a la
vasoconstricción, inflamación y trombosis.
La
disfunción endotelial, protagonista clave de todo este
proceso, precede a las complicaciones macrovasculares y
microvasculares de la DM. La vasodilatación endotelio
dependiente está significativamente alterada en
diabéticos22 en relación directa con la
menor disponibilidad de NO. La hiperglucemia es el primer mediador
de la disfunción endotelial diabética (fig. 3) al
estimular la excesiva producción de especies reactivas de
oxígeno, como el anión superóxido (ASox), ya
que inhibe el efecto vasodilatador fisiológico de la
insulina. Posibilita la glicacion no enzimática de la
glucosa y, tras varios pasos bien conocidos, la formación de
los PGA, como caramelo a partir de azúcar. Estas reacciones
ocurren tanto en el interior como en el exterior de las
células y alteran la estructura química y,
potencialmente, la función no sólo de las
proteínas, sino tambien de los lípidos y los acidos
nucleicos. Hay una clara relación entre la
modificación proteínica inducida por los PGA y el
comportamiento anómalo de las células implicadas en
la enfermedad arterioesclerótica. El grado de
glucación no enzimática y la consiguiente
formación de PGA, con sus efectos aterogénicos,
dependen de la concentración de glucosa y el tiempo de
exposición a ésta. No obstante, el estricto control
glucémico, si bien previene las complicaciones
microvasculares como la nefropatía, la neuropatía y
la retinopatía, tiene escaso beneficio en la
afectación macrovascular. Es la denominada paradoja de la
glucosa, con persistencia del desarrollo lesional incluso tras su
corrección, por el efecto memoria21.
Fig. 3.
Mecanismos de disfunción
endotelial promovidos por la hiperglucemia. PGA: productos
glicación avanzada; PKC: proteincinasa C.
La
glucooxidación aumentada a valor mitocondrial por la
hiperglucemia, da lugar a estrés oxidativo que activa
diferentes vías metabólicas: poliol, formación
de PGA, activación de la PKC, la vía de la hexosamina
y la estimulación del NF-κ
B23,24.
El
desarrollo de la vía poliol incrementa la actividad
aldosa-reductasa en diferentes localizaciones, como el endotelio,
la retina y el cristalino. La formación de PGA conlleva la
unión de la glucosa y otros compuestos, como
3-desoxiglucosona, el metilglioxal y el glioxal, a proteínas
y ácidos nucleicos. Estos PGA producen daños
estructurales de la matriz extracelular de la pared vascular,
mediante cross-linking y otros cambios, alterando su
permeabilidad, grosor y distensibilidad vascular. Los PGA
circulantes se unen a receptores específicos, sitos en
macrófagos y células endoteliales, donde estimulan la
formación de citocinas proinflamatorias, la expresión
de moléculas de adhesión y los factores
procoagulantes, así como el factor de crecimiento derivado
del endotelio vascular (VEGF) que incrementa la permeabilidad
endotelial (fig. 4).
Fig. 4
. Consecuencias de la excesiva
producción de productos de glicación avanzada
(PGA).
NO:
óxido nítrico.
La
hiperglucemia intracelular incrementa la producción del
segundo mensajero diacil glicerol que activa la PKC. Esta
activación inhibe la vía del fosfatidil inositol
cinasa 3 (FIK 3) y limita la activación de la Akt cinasa y
la fosforilización de la sintasa endotelial del NO (eNOs),
que disminuye la producción de NO, favorece la
vasoconstricción y la reducción del flujo tisular y
hace perder a la insulina su capacidad vasodilatadora por este
mecanismo. La mayor actividad de la PKC favorece la permeabilidad
vascular a traves del VEGF y la síntesis de membrana basal y
de PAI-125,26. El ASox tambien activa la PKC, que por un
lado contribuye a mayor generación de ASox, y por otro,
regula la activación de la nicotinamida adenina
dinucleótido fosfato (NADPH) oxidasa, causante del
estrés oxidativo, y cierra así un nocivo
círculo vicioso que perpetúa el exceso oxidativo del
diabético. El aumento de glucosamina, vía hexosamina,
induce glucación de factores de transcripción
genética, como el del PAI-1 o el del factor de crecimiento
de transformación beta (TGF-β
1). La activación de
todas estas rutas metabólicas enumeradas, iniciada por el
estrés oxidativo, provoca más disfunción
endotelial que, a su vez, acentúa el estrés oxidativo
y cierra un ominoso círculo vicioso que acelera el proceso
aterogénico de forma irreversible21.
El
estrés oxidativo es el resultado de la producción
exagerada de peroxinitrito y peróxido de hidrógeno,
que causan daño oxidativo y actúan de segundo
mensajero controlando cascadas de señales intercelulares
(fig. 5). Los radicales libres reducen la disponibilidad de NO por
distintas vías (fig. 6). La principal es la
inactivación directa por el ASox, que da lugar a
peroxinitrito. También, la degradación oxidativa del
cofactor necesario para la activación de la eNOs, la
tetrahidrobiopterina (H4B), que origina un desacoplamiento que
favorece la producción de ASox en detrimento de la de NO. La
actividad de la eNOs tambien se reduce por los valores aumentados
de su inhibidor endógeno, que es la dimetilarginina
asimétrica (ADMA), favorecido por la inhibición
redox-sensible de una enzima, la dimetilarginina
dimetilaminohidrolasa (DDAH). Las principales fuentes de ASox
vascular son la NADPH y la xantina oxidasa que, además,
sobre todo la NADPH, oxidan la H4B y alteran la actividad de la
eNOs. Se crea un círculo vicioso con una cada vez mayor
producción de radicales libres y una menor disponibilidad de
NO. La enzima causante de la degradación del ASox es la
superóxido dismutasa (SOD), cuya actividad está
deprimida debido a que su expresión depende del NO derivado
de la eNOs, que también está disminuida. En
definitiva, el ambiente prooxidativo se acentúa al formarse
cada vez más la degradación del ASox, que a su vez se
degrada menos, con gran trascendencia por la mayor
disfunción endotelial, la oxidación de las
partículas LDL, la expresión de sus receptores
(LOX-1) y las señales proinflamatorias, como el
NF-κ
B21.
Fig. 5.
Mecanismos prooxidaticos de la
hipeglucemia e hiperinsulinemia.
Fig. 6.
La principal enzima responsable de
la producción radicales libres es la nicotinamida adenina
dinucleotido fosfato oxidasa NAD(P)H, estimulada por la
angiotensina II (AII), trombina, el factor de crecimiento derivado
de plaquetas (PDGF) y el factor de necrosis tumoral (TNF)
alfa.
Los
radicales libres reducen la disponibilidad de NO por tres
vías: 1ª.- Inactivación directa por anión
superóxido (O2-). 2º.- Por reducción de la NO
sintasa endotelial bien debido a un aumento del inhibidor
endógeno, la dimetilarginina asimétrica (ADMA),
favorecido por la inhibición redox-sensible de una enzima,
la dimetilarginina dimetilaminohidrolasa (DDAH). 3º.- O bien,
la degradación oxidativa de un cofactor necesario para la NO
sintasa endotelial, la tetrahidrobiopterina (H4B).
Interrelación inflamación-trombosis
Las
lesiones ateromatosas del diabético muestran gran actividad
inflamatoria que se inicia fundamentalmente a través del
NF-κ
B,
implicado en la expresión de genes que codifican diversos
mediadores proinflamatorios en las células de la pared
vascular y en los leucocitos infiltrantes. La estimulación
del NF-κ
B conlleva la expresión de la proteína
quimiotáctica de los monocitos (MCP-1) que los atrae y de
moléculas de adhesión, VCAM-1, que los adhiere. El
trascendente proceso inflamatorio del diabético tiene al
menos 4 protagonistas destacados: la PCR, el sistema CD40/CD40L, la
IL-18 y el tejido adiposo abdominal, con circuitos de
actuación y efectos muy interrelacionados. Además, la
hiperglucemia favorece la inflamación mediada por la
ciclooxigenasa 2.
La
PCR reduce la disponibilidad de NO por disminución de la
actividad de la eNOS. Estimula la liberación de endotelina e
IL-6, sobrerregula la expresión de moléculas de
adhesión, estimula la MCP-1 y facilita la captación
de lipoproteínas de baja densidad (LDL) por los
macrófagos. Además, facilita la apoptosis de las
células endoteliales e inhibe la angiogénesis, y
también sobrerregula la expresión del
NF-κ
B
y del receptor de la angiotensina II en las CML, y estimula
así la proliferación y la migración de
éstas y la formación de radicales de
oxígeno21,27,28.
La
interacción entre el complejo CD40 y su ligando, promovida
por citocinas proinflamatorias, metaloproteinasas y FT acelera la
aterogénesis, lo que inestabiliza las placas y promueve la
oclusión trombótica arterial. Los diabéticos
presentan valores elevados de CD40 en relación con los
controles29, siempre en estrecha correlación con
los valores de IL-6 y FT, lo que confirma el nexo del sistema CD40
y su ligando con la inflamación y la trombosis, y pone de
manifiesto la trascendencia para el desarrollo del proceso
arterioesclerótico del diabético. El sistema CD40
estimula la producción de radicales libres por el endotelio
disfuncionante, que lo agrava y lo perpetúa. Tanto en el
endotelio como en las CML, promueve la expresión de
selectina E, VCAM1 e ICAM1, favorece el reclutamiento de los
monocitos, posteriormente incrementado por la MCP1, IL-1, IL-6,
así como el TNF-α
, también inducido por
el sistema CD40 en las células de la placa. Por otra parte,
el sistema CD40 favorece la expresión de FT, tanto en el
endotelio como en las CML, e inhibe la migración de las
células endoteliales y evita el proceso de
reendotelización de cualquier
erosión30.
El
tejido adiposo puede inducir estímulos inflamatorios que
promueven ecos proinflamatorios en la pared arterial. Así,
el TNF-α
y otras citocinas proinflamatorias producidas por los
adipocitos puede incrementar la producción de
fibrinógeno y PAI-1, y desviar el equilibrio
hemostático en la pared del vaso hacia la trombosis que, a
su vez, induce más respuesta inflamatoria. Las citocinas
estimulan la producción de PCR por parte de los adipocitos.
Tambien las lipoproteínas ricas en triglicéridos,
como las VLDL beta, pueden promover inflamación a traves del
NF-κ
B,
el gran orquestador de la expresión de genes
proinflamatorios relacionados con la
aterogénesis21 (fig. 7).
Fig. 7.
El tejido adiposo es un importante
órgano secretor que pone en circulación un
significativo número de sustancias bioactivas (adipocinas)
con funciones contrapuestas como la leptina (induce
liberación de ET-1), la adiponectina (mejora la
función endotelial, y la sensibilidad a la insulina), el
TNF-α
, PAI-1
y la resistina que promueve la activación de células
endoteliales a traves de la liberación de entotelina y
PAI-1. Regula al alza las VCAM-1 y la MCP-1 (citocina que atrae los
monocitos) y regula a la baja el factor de necrosis tumoral
asociado al factor 3 (TRAF3), un inhibidor del CD40,
moléculas de adhesión vasculocelular (VCAM-1) (induce
resistencia a la insulina). Los adipocitos son capaces de elaborar
todas los componentes del sistema renina angiotensina (SRA). La AII
local es un factor trófico de primer orden en el tejido
adiposo.
Las
placas de los diabéticos muestran sobreexpresión de
los RAGE, que se relaciona con la exagerada respuesta
proinflamatoria, la infiltración celular y, en definitiva,
la progresión arterioesclerótica, ya que su bloqueo
limita la aparición de nuevas lesiones y previene la
progresión de las existentes, en ratones diabéticos
sin apolipoproteína31,32. También en
pacientes diabéticos se ha confirmado la estrecha
relación entre los PGA, la densidad de sus receptores y la
infiltración inflamatoria de las placas33. Una
vez activado el proceso inflamatorio se repiten los diferentes
mecanismos, con un efecto multiplicador, como un dominó, que
conduce al crecimiento rápido y a la inestabilización
de la placa21.
La
DM altera tanto la función plaquetaria como los sistemas de
coagulación y fibrinolítico, y favorece, en
definitiva, el proceso trombótico. Como la insulina inhibe
la agregación plaquetaria por bloqueo de la vía
P2Y12, la menor eficacia de la insulina condiciona la
regulación al alza de la vía P2Y12, con un aumento de
la adhesividad y la agregabilidad, y una reducida respuesta a los
antiagregantes34. Pero la alteración de la
función plaquetaria del diabético es compleja. Se ha
demostrado un aumento de la expresión, tanto de la
glucoproteína 1B como 2B/3A, así como del factor
plaquetario de Von Willebrand y de la interacción
plaqueta-fibrina35. La mayor concentración
intracelular de glucosa en las plaquetas, reflejo del ambiente
extracelular, se asocia con una mayor producción de
anión superóxido y de actividad de PKC, así
como una reducción del NO derivado de las
plaquetas36. La hiperglucemia, además, inhibe la
función plaquetaria al modificar la homeostasis del calcio,
lo que altera su activación, agregación, incluso la
deformación y la liberación de sus
gránulos35. El aumento de los factores
procoagulantes, como el factor VII, Von Willebrand, trombina, FT,
PAI-1 y fibrinógeno, junto con la disminución de los
anticoagulantes, como la trombomodulina, definen el panorama
protrombótico del diabético. También la
relación bidireccional entre la inflamación y la
trombosis está exarcerbada en diabéticos. La mayor
expresión de P-selectina en la membrana plaquetaria no
sólo media la adhesión de las plaquetas a los
leucocitos y las células endoteliales, sino que
también aumenta la expresión de FT en los monocitos,
por la activación del NF-κ
B inducido por la unión
de las plaquetas activadas a los neutrófilos y
células mononucleares37.
Afectación coronaria del diabético
La
aterosclerosis es la causa del 80% de la mortalidad y del 75% de
los ingresos hospitalarios en la DM. Su mortalidad atribuible a la
CI es 4,3 veces más elevada. En las CML, la hiperglucemia
tiene los mismos efectos que en el endotelio por la
activación de la CK, el NF-κ
B y el estrés
oxidativo. Aumenta, además, su migración al interior
de las lesiones incipientes, donde se replican y originan matriz
extracelular, pero también su apoptosis, que reduce su
proporción y facilita la rotura de la placa21
(fig. 8). Este riesgo se acentúa por la menor
síntesis de colágeno, y la mayor liberación de
citocinas inflamatorias y metaloproteinasas que digieren la corteza
fibrosa. Datos de autopsias demuestran que la aterosclerosis
coronaria del diabético es más severa, con
afectación de un mayor número de vasos, una
distribución más difusa y con un mayor número
de placas complicadas, ulceradas y con trombo que en la
población no diabética21. Los estudios
coronariográficos confirman lesiones más severas y
difusas, tanto proximales como distales, con menor desarrollo de
circulación colateral y una mayor presencia de placas de
riesgo. Los diabéticos muestran un más rápido
crecimiento de las lesiones cuando se comparan estudios repetidos
en un mismo paciente. Los nuevos procedimientos de
exploración intracoronaria (IVUS) confirman la presencia de
un mayor número de placas calientes y mayor tasa de
complicaciones. La respuesta de los vasos coronarios a los PIC es
menos favorable (fig. 9).
Fig. 8.
La inflamación inducida por
la interacción de la angiotensina II (AII) y la
proteincinasa (PKC) conduce a la progresión e
inestabilización de la placa diabética.
Fig. 9.
Los diabéticos presentan
lesiones más severas y difusas, tanto a nivel proximal como
distal, con menor desarrollo de circulación colateral y
mayor presencia de placas de riesgo.
Los
subgrupos con un mayor riesgo de experimentar un episodo coronario
son los hipertensos y los que ya tienen afectación
microvascular o macrovascular. La prevalencia de HTA en la DM es 3
veces la de los sujetos sin DM, probablemente en relación
con el sobrepeso y la disfunción renal. La HTA aumenta la
incidencia de ictus, infarto de miocardio y lesión de
órgano diana en la DM. La retinopatía
diabética se asocia con una mayor prevalencia de defectos de
perfusión miocárdica y la microalbuminuria,
así como el índice tobillo-brazo, tienen un
significado pronóstico38-40 (fig. 10).
Fig. 10.
Marcadores que identifican a los
diabéticos asintomáticos con riesgo cardiovascular
elevado. ACV: accidente cerebrovascular; DM: diabetes mellitus;
EAP: enfermedad arterial periférica; FRCV: factores de
riesgo cardiovascular; IR: insuficiencia renal; MA:
microalbuminuria.
TRATAMIENTO
MÉDICO DE LA CARDIOPATÍA ISQUÉMICA EN LA
DIABETES MELLITUS TIPO 2
El
necesario llevar a cabo control metabólico de estos
pacientes, ya que una HbA1c < 6,5% previene y retrasa
la afectación microvascular, aunque no evita el desarrollo
de complicaciones macrovasculares41. La mejor
prevención de la CI exige un tratamiento multifactorial,
antihipertensivo e hipolipemiante agresivos, además de las
modificaciones higienodietéticas y el abandono del tabaco.
En el estudio STENO242, el tratamiento multifactorial
agresivo redujo las complicaciones cardiovasculares en un
50%.
Tratamiento hipolipemiante
El
incremento de VLDL, ricas en TG, y la reducción de HDL
constituyen los elementos esenciales de la «dislipemia
diabética». Las concentraciones de LDL pueden no estar
elevadas, pero presentan anormalidades cualitativas muy
trascendentes, con predominio de particulas pequeñas,
densas, con mayor susceptibilidad para la oxidación y la
glucación, y con mayor capacidad de promover respuestas
inflamatorias. Los AGL circulantes están aumentados por un
exceso de su liberación desde el tejido adiposo y su menor
recaptación por el músculo esquelético. Este
patrón lipoproteínico aterogénico suele estar
presente años antes del desarrollo de la DM. Su base
fisiopatologíca es el resultado de una compleja
relación entre la hiperglucemia y el estado de
RI21 (fig. 11).
Fig. 11.
Características de la
dislipemia diabética especialmente
aterogénica.
AGL: ácidos grasos libres; apo B: apolipoproteína
B; HDL: lipoproteínas de alta densidad; LDL:
lipoproteínas de baja densidad; LH: lipasa hepática;
LPL: lipoprotein lipasa; TG: trigliceridos; VLDL:
lipoproteínas de muy baja densidad.
El
colesterol no HDL es el mejor predictor de episodios coronarios en
DM43, de ahí el éxito de los ensayos de
intervención. El gemfibrocilo disminuye la incidencia de
eventos coronarios, y tanto la simvastatina como la pravastatina
reducen las concentraciones de LDL de forma similar a las de los no
diabéticos, pero con un mayor beneficio sobre la mortalidad
y las recidivas isquémicas postinfarto de
miocardio44, y lo mismo ocurre en prevención
primaria45. Dosis de 10 mg/día de atorvastatina
reducen el riesgo de un primer episodio cardiovascular, incluido el
ictus, aun sin elevación de las LDL. Esto abre el debate de
si todos los diabéticos deberían recibir estatinas
aunque tengan un perfil lipídico normal46. El
objetivo en la DM es conseguir un colesterol total < 175 mg/dl y
un colesterol unido a lipoproteínas de alta densidad (cHDL)
> 40 mg/dl en varones y > 46 mg/dl en mujeres.
Control de la presión arterial
El
objetivo de la presión arterial en la DM debe ser de 130/80
mmHg sobre la base de los datos de los estudios UKPDS41
y HOT47, que demostraron que una agresiva
reducción de la PA se asociaba con una disminución
significativa de episodios cardiovasculares, con una
relación lineal entre el valor de presión y las
complicaciones cardiovasculares. Una reducción < 130/80
mmHg, de manera ideal < 120/75 mmHg, es clinicamente relevante
en presencia de proteinuria o clara insuficiencia
renal48,49. Los diabéticos parecen tener una
mayor resistencia al fenómeno de curva en «J»,
es decir, al aumento de morbilidad al reducir excesivamente la
presión arterial50.
El
bloqueo del sistema renina-angiotensina (SRA) parece tener
beneficios que superan los esperados por reducción de la
presión, y debe ser la primera opción en la DM,
aunque en la mayoría de los casos será precisa la
combinación de fármacos. Es más importante
reducir la PA a los límites aconsejados que discutir acerca
del mejor agente40,50-56.
Control de la glucemia
El
correcto control glucémico no normaliza el pronóstico
del diabético. Tanto los pacientes tratados con
antidiabéticos orales (ADO) como con insulina muestran una
mayor mortalidad total, cardiovascular y por CI que los no DM, sin
influencias de la edad, pero sí del sexo. Las mujeres
tratadas con ADO tuvieron una mortalidad similar a los varones,
pero las tratadas con insulina, un riesgo más
elevado57.
En
los SCA sin elevación del segmento ST (SCASEST), la glucemia
es un importante e independiente predictor de mortalidad, con una
peor evolución, tanto con CC como con PIC o tratamiento
conservador, pero no está claro si el tratamiento agresivo
con insulina mejora el
pronóstico58,59.
El
objetivo que se debe conseguir en un paciente diabético debe
ser una glucemia basal < 108 mg/dl y una hemoglobina glucosilada
del 6,5% o incluso menor.
Tratamiento antiisquémico
Como en los no diabéticos, el tratamiento
antiisquémico se ajusta a la forma de presentación
clínica y a los agentes, y tanto los de efecto
hemódinámico, bloqueadores beta (BB),
calcioantagonistas (CA) y nitratos, como los de efecto
metabólico, trimetazidina, mantienen sus
indicaciones.
Gottlieb et al60 observaron una reducción de la
mortalidad postinfarto de miocardio del 36% en pacientes de bajo
riesgo. Sin embargo, McDonald et al61, en un estudio no
diseñado al efecto, no confirma que los BB postinfarto de
miocardio mejoren la supervivencia, la recurrencia isquémica
las rehospitalizaciones, aunque sí que fueron seguros en los
diabéticos.
En
cuanto a los CA, el verapamilo más trandolaprilo
resultó tan eficaz como el atenolol más un
diurético en la CI estable, sin insuficiencia
cardiaca50, y diltiazem redujo de riesgo de ictus en
comparación con un BB y un diurético, pero con
tendencia, no significativa, hacia una mayor incidencia de infarto
de miocardio, muerte cardiovascular y episodios de IC62.
El enalapril mostró un mayor beneficio y seguridad que
nisoldipino en hipertensos
diabéticos63.
Tratamiento antitrombótico
El
beneficio de la aspirina (AAS) en la DM2 es similar al de los no
diabéticos, sin exceso de hemorragias. La American Heart
Association la recomienda en dosis de 80-325 mg/día en
prevención primaria en diabéticos de riesgo y,
lógicamente, en prevención secundaria. Se especula
con un mayor beneficio con la administración de dosis
más altas en diabéticos, pues hay indicios de
pérdida progresiva del efecto antiagregante, así como
una mayor incidencia de resistencia al AAS. Lo cierto es que la
protrombosis secundaria a los PGA no se previene con AAS,
clopidogrel y heparina.
REVASCULARIZACIÓN
DEL PACIENTE DIABÉTICO
La
evolución precoz y a 30 días tras un PIC es similar
en diabéticos y no diabéticos; los primeros presentan
un mayor mortalidad a largo plazo y necesidad de nuevas
revascularizaciones, en relación con la disfunción
endotelial, la protrombosis, la reestenosis y el remodelado
vascular negativo. La reestenosis del diabético se debe a la
mayor respuesta proliferativa y de matriz vascular por la
interacción de los PGA y su ligando, activación de
los PPAR-γ
y la tromboespondina 164. Los predictores de
reestenosis en los diabéticos son la disfunción
sistólica del ventrículo izquierdo, la PIC en los
injertos de vena safena, las lesiones en bifurcación, el mal
flujo preprocedimiento y la estenosis residual65. La
utilización de stents reduce la tasa de reestenosis
angiográfica en comparación con la angioplastia
convencional, con supervivencias similares a la de no
diabéticos al año, aunque con mayor necesidad de
revascularizaciones, sobre todo en los que precisan insulina. La
enfermedad multivaso tratada con stent muestra una menor
supervivencia, del 63,4%, y una mayor necesidad de
revascularizaciones repetidas que en los no diabéticos
(76,2%) (p = 0,04)66. Los stents liberadores de
sustancias han reducido aún más la reestenosis del
diabético, igualando a la de los no diabéticos,
aunque el diámetro del vaso condiciona la evolución;
el sirolimus ha demostrado una mayor eficacia que el paclitaxel. El
beneficio de la estrategia agresiva precoz se asocia con una
reducción del 22% en la incidencia de muerte o infarto de
miocardio a 6 meses. Por su mayor riesgo, los diabéticos
obtuvieron un beneficio superior absoluto (6,2%) frente a los no
diabéticos (2,3%). Al año, la reducción de la
mortalidad de los diabéticos revascularizados precozmente
fue del 38% (el 7,7 frente al 12,5%), aunque sin
significación estadística por el tamaño de la
muestra (n = 299)67.
Los
inhibidores de la glucoproteína IIb/IIIa (GP-IIb/IIIa) han
demostrado un mayor beneficio en los diabéticos, sobre todo
con PIC y liberación de stent, en todos los estudios
realizados, con cualquiera de los agentes (tirofibam, eptifibatida
o abciximab)68,69. En el subestudio de diabéticos
del EPISTENT70 se sugirió que abciximab
podría tener un efecto adicional en la reducción de
la reestenosis en pacientes diabéticos tratados con
stent (índice de pérdida tardía de 0,40 mm
en el grupo stent-abciximab frente a 0,60 mm en el grupo
stent-placebo; p = 0,061). Este importante hallazgo
también fue señalado en el estudio
ERASER71, en el cual el tratamiento con abciximab
disminuyó la proliferación neointimal sólo en
el grupo de pacientes diabéticos a los que se
implantó un stent, pero no en la población
total del estudio.
Cirugía de revascularización
coronaria
Los
beneficios de la CC y los PIC son comparables en la DM2 y la forma
de revascularización debe elegirse individualmente
según la anatomía coronaria, la función
ventricular, la edad y las comorbilidades. El estudio
BARI72 demostró la superioridad de la CC sobre la
angioplastia con balón en diabéticos con enfermedad
multivaso. Pero el beneficio de la CC se limitó a los que
recibieron al menos un puente de mamaria interna y no en los de
injertos venosos, post-IM y tratados con insulina.
Dos
importantes estudios promovidos por el National Heart, Lung, and
Blood Institute están en marcha: el BARI 2 aclarará
el potencial beneficio del estricto control metabólico
(objetivo de HbA1c < 7,0%) mediante la
comparación de glitazonas, sulfonilureas e insulina, en
combinación con distintas estrategias revascularizadoras,
incluida la implantación de stent y los injertos de
mamaria, y el Future Revascularization Evaluation in Patients with
Diabetes Mellitus: Optimal Management of Multivessel Disease
(FREEDOM), que comaparará la eficacia de los stents
liberadores de sustancias junto con abciximab, con la CC, en 1.500
diabéticos con enfermedad multivaso.
En
definitiva, el procedimiento de revascularización del
diabético debe ser individualizado y en muchos casos mixto,
es decir, PIC y CC; asimismo, es muy probable que exiga varios a lo
largo de su vida y, por supuesto, complementado con los
fármacos de eficacia demostrada.
ABREVIATURAS
AAS: ácido acetilsalicílico.
ADMA:
dimetilarginina asimétrica.
ADO: antidiabéticos orales.
AII: angiotensina
II.
AGL: ácidos grasos libres.
ASox: anión
superóxido
BB: bloqueadores beta.
CA:
calcioantagonistas.
CAM:
moléculas de adhesión.
CC: cirugía coronaria.
CI:
cardiopatía isquémica.
CML: células musculares lisas.
CV:
cardiovascular.
DDAH:
dimetilarginina dimetilaminohidrolasa.
DM: diabetes mellitus.
ECV: enfermedad cardiovascular.
eONs: óxido
nítrico sintasa endotelial.
ET: endotelina.
FIK 3: fosfatidil inositol cinasa 3.
FT: factor tisular.
FvWF: factor von Willebrand.
GP:
glucoproteína.
GP IIb/IIIa: inhibidores de la glucoproteína
IIb/IIIa.
HDL:
lipoproteínas de alta densidad.
HTA:
hipertensión arterial.
H4B:
tetrahidrobiopterina.
IL-6: interleucina 6.
IM: infarto de
miocardio.
LDL: lipoproteínas de baja densidad.
LH: lipasa
hepática.
LOX-1: receptor LDL oxidadas.
LPL:
lipoproteinlipasa.
MCP-1:
proteína quimiotáctica de los monocitos.
NAD(P)H:
nicotinamida adenina dinucleótido fosfato oxidasa.
NF-κ
B: factor nuclear kappa beta.
NO: óxido nítrico.
PAI-1: inhibidor del activador del plasminógeno.
PCR:
proteína C reactiva.
PDGF: factor de
crecimiento derivado de plaquetas.
PGA: productos de glucación avanzada.
PIC: procedimiento
revascularización coronaria percutáneo.
PKC: proteincinasa C.
PPAR: receptor proliferador activado de peroxisoma.
RAGE: receptor de productos de glucación avanzada.
RI: resistencia a la insulina.
SCA:
síndrome coronario agudo.
SCASEST:
síndrome coronario agudo sin elevación del segmento
ST.
SOD: superóxido dismutasa.
SRA: sistema
renina-angiotensina.
TG:
triglicéridos.
TGF-β
1: factor de crecimiento transformador beta.
TNF-α
: factor de necrosis tumoral alfa.
TRAF3: factor de
necrosis tumoral asociado al factor 3.
VEGF: factor de
crecimiento derivado del endotelio vascular.
Correspondencia: Dr. I. González-Maqueda.
Servicio de Cardiología. Hospital General Universitario La
Paz.
P.o de la Castellana, 261. 28046 Madrid.
España.
Correo electrónico:
igonzalez.hulp@salud.madrid.org
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