INTRODUCCIÓN
La incidencia de
disfunción eréctil en la población sana y en
diversas enfermedades está perfectamente documentada. La
etiología es variada, y en ocasiones concurren diversas
situaciones: edad avanzada, anomalías en las relaciones de
pareja, enfermedades orgánicas y psicológicas,
tratamientos médicos, falta de información, miedo a
posibles complicaciones, etc.
Se ha descrito en
porcentajes variables (38-78%) en los pacientes cardiópatas,
fundamentalmente tras infarto agudo del miocardio
(IAM)1.
Diversos productos
farmacéuticos orales aparecidos en los últimos
años, como los inhibidores de la fosfodiesterasa (PDE-5),
han demostrado tener un efecto muy positivo en el tratamiento de
este trastorno. Sin embargo, llama la atención el bajo
porcentaje de enfermos que aceptan tomar estos
medicamentos.
Se han emitido
diversas explicaciones para esta actitud negativa, entre las que
predomina el temor a posibles complicaciones, manifestación
que parece incrementada en los cardiópatas como resultado de
noticias sensacionalistas publicadas en la prensa
diaria.
Por otro lado, los
cardiólogos y los enfermos que han sufrido un episodio agudo
coronario no suelen hablar sobre cuestiones de índole
sexual. En el estudio de Bedell et al2, el 97% de los
varones y el 82% de las mujeres no creyeron adecuada la
información recibida a este respecto.
Los programas de
rehabilitación cardiaca (PRC) pueden ser efectivos en el
tratamiento de la disfunción eréctil. Se
obtendría por la mejoría en el deterioro
psicológico (frecuente en estos pacientes), los efectos de
la práctica habitual de ejercicio y por una mayor
relación, e información, médico-enfermo en las
semanas de asistencia al programa de actuación
multidisciplinaria.
Con base en estas
premisas, hemos considerado interesante conocer la respuesta de los
cardiópatas con disfunción eréctil a las
propuestas de tratamiento realizadas por el grupo de profesionales
de nuestro PRC, que los trata a diario durante un período
medio de 2-3 meses.
MÉTODOS
Se estudia
prospectivamente a 420 pacientes varones incluidos de forma
consecutiva en un programa de rehabilitación cardiaca.
Predominó la cardiopatía isquémica (infarto de
miocardio o tras cirugía coronaria), que tenían 410
pacientes; otros 9 habían sido diagnosticados de
miocardiopatía dilatada (5 idiopáticas y 4 de
etiología coronaria) y 1, de miocardiopatía
hipertrófica no obstructiva (tabla 1).
En el
período de inclusión (del 1 de octubre de 2004 al 30
de abril de 2006), además, se rehabilitaron 62 mujeres (58
con cardiopatía isquémica y 4 tras cirugía
valvular); 2 solicitaron consulta en la unidad de disfunción
sexual y ambas consideraron que el trastorno era secundario a
problemas de pareja.
Se analizó
el manejo diagnóstico y terapéutico de la actividad
sexual en los varones, si se consideró necesario.
Todos los
pacientes firmaron la hoja de consentimiento de inclusión en
el PRC, habitual de la unidad, y el estudio fue aprobado por el
comité ético del hospital.
El PRC, descrito
previamente3, se inicia a los 10-15 días del alta
hospitalaria de pacientes con síndrome coronario agudo, y a
las 6 semanas en quienes han sido sometidos a cirugía de
revascularización.
El programa
multidisciplinario, con una duración media de 2-3 meses,
incluye:
a)
entrenamiento físico supervisado e individualizado;
b)
actuación
psicológica con técnicas de modificación de
conducta, terapia de grupo y sesiones de relajación;
c)
programa educativo
sobre modificación del estilo de vida y control de factores
de riesgo, y
d)
consejo sociolaboral.
El entrenamiento
físico, predominantemente aeróbico, se realiza 5
días a la semana. La frecuencia cardiaca a la que se
efectúa el entrenamiento (FCE) se calcula de manera
individual según los resultados de las pruebas de esfuerzo,
máximas o limitadas por síntomas realizadas al inicio
y fin del programa.
El programa
psicológico consiste en una evaluación inicial con
estudio del perfil psicológico mediante entrevista y el pase
de cuestionarios de valoración de ansiedad
(STAI)4 y depresión (Beck)5, e
intervención mediante técnicas de relajación y
terapia de grupo.
El programa
educativo se efectúa con charlas-coloquio semanales,
dirigidas al paciente y los familiares más cercanos, en las
que se informa y aconseja sobre la enfermedad y la necesidad de
modificar los factores de riesgo y los estilos de vida
perjudiciales.
Un porcentaje
variable de pacientes, en función de trastornos no
controlados, son incluidos en subunidades específicas del
PRC: tabaquismo, lípidos y de disfunción sexual.
Ésta está formada por un cardiólogo, un
psiquiatra, un urólogo (andrólogo) y una
enfermera.
Se aconseja a los
varones rellenar un cuestionario de estudio de disfunción
eréctil (SHIM)6 a las 4 semanas de iniciado el
PRC. El período de espera se basa en la experiencia de que
el enfermo se ha estabilizado física y
psicológicamente transcurrido ese tiempo.
El SHIM (Sexual
Health Inventory for Men) analiza la capacidad sexual para lograr y
mantener una erección y completar el coito. Consta de 5
preguntas y en cada una de ellas el paciente se autoevalúa
de 0 a 5 puntos. Se considera que hay disfunción
eréctil cuando no se sobrepasan los 20 puntos.
Los que no
alcanzan dichos valores son revisados en una consulta
específica dirigida por un cardiólogo. El profesional
interroga sobre la sensación subjetiva de disfunción.
Si la respuesta confirma la disfunción eréctil y el
enfermo acepta la posibilidad de tratamiento, se inician los
estudios.
El análisis
incluye datos de la cardiopatía, enfermedades
añadidas, los resultados de la prueba de esfuerzo y de los
cuestionarios psicológicos, así como el tratamiento a
que están sometidos.
Si hay datos
clínicos de depresión significativa, se prioriza el
manejo especializado del trastorno. Es muy poco probable que estos
enfermos no estén ya en tratamiento tras los previos
estudios psicológicos y psiquiátricos.
Si la capacidad
física, medida en la prueba de esfuerzo de inicio del
programa, es superior a 6 MET y no hay isquemia por debajo de esos
valores, se puede plantear la posibilidad de tratamiento, ya que
parece demostrado que los gastos energéticos en el coito con
la pareja habitual se sitúan entre 3 y 5 MET7 y
la incidencia de arritmias es similar a las que se presentan
durante las actividades diarias8.
Iniciamos la
terapia con dosis media de inhibidores de la fosfodiesterasa 5
(PDE-5) si no hay contraindicación medicamentosa
(tratamiento con nitratos).
Si no fuera
posible, se consideran otros tipos de actuaciones (apomorfina oral,
sistemas de vacío, inyecciones intracavernosas,
prótesis), con la condición de que no haya evidencia
de isquemia miocárdica intratable a bajos valores de carga.
En estos casos son revisados por el andrólogo.
A pesar de la alta
incidencia de disfunción eréctil en la
población (más de 152 millones en el mundo en el
año 19959), el porcentaje de sujetos que reciben
tratamiento es extremadamente bajo.
Con base en esto,
hemos considerado interesante conocer la respuesta de los
cardiópatas con disfunción eréctil a las
propuestas de estudio y tratamiento realizadas por el grupo de
profesionales que los trata a diario durante varias semanas, y con
el que suelen tener excelentes relaciones.
En enfermos
cardiópatas incluidos en un PRC hemos analizado, como
objetivos fundamentales, la incidencia de disfunción
eréctil, las razones de los pacientes a la hora de aceptar o
no las diferentes terapias aconsejadas y los resultados obtenidos
con la utilización de inhibidores de las PDE-5.
De forma
secundaria, la existencia y el valor de los factores de riesgo
coronario, los trastornos psicológicos y la
medicación como posibles desencadenantes de la
disfunción.
Desde el punto de
vista estadístico, las variables continuas se expresan como
media ± desviación estándar y las discretas,
como frecuencia absoluta y frecuencia relativa.
El análisis
univariable de los datos se llevó a cabo mediante pruebas de
la
c
2
para las variables categóricas y la de la t de Student para
las continuas (previa comprobación de la presunción
de normalidad con la prueba Kolmogorov-Smirnov).
Para el
análisis multivariable se realizó un modelo de
regresión logística. El modelo máximo se
compone de las variables que resultaron estadísticamente
significativas en el análisis univariable y las consideradas
clásicamente factor de riesgo. La estrategia fue por pasos
hacia atrás.
Para evaluar la
capacidad predictiva del modelo, se calculó el área
bajo la curva ROC.
Los contrastes
fueron bilaterales con un nivel de significación p <
0,05.
Todo el
análisis se realizó mediante SPSS 12.0.1.
RESULTADOS
La incidencia de
factores de riesgo o enfermedades de etiología aterosclerosa
en los pacientes del estudio fue: diabetes, el 16,19%; tabaquismo,
el 87,64%; dislipemia conocida antes del ingreso, el 17,91%;
hipertensión arterial, el 39,19%, e insuficiencia arterial
en los miembros inferiores, el 4,98%.
El porcentaje de
pacientes tratados con distintos fármacos se muestra en la
tabla 2.

La media de edad
de los pacientes con disfunción eréctil (60,61
± 8,7 años) fue significativamente mayor que los del
grupo sin disfunción (52,78 ± 9,4 años; p <
0,001).
Encontramos una
clara relación entre la incidencia de disfunción
eréctil y tener diabetes o hipertensión arterial y
tratamiento con inhibidores de la convertasa angiotensínica
(IECA) y diuréticos. No la hubo cuando se analizó la
insuficiencia arterial periférica o el tratamiento con
bloqueadores beta, antagonistas del calcio, estatinas y
antiagregantes (tablas 3 y 4).
El grupo de
pacientes que estaba diagnosticado de dislipemia antes de su
llegada al hospital era muy bajo (17,91%), y la gran mayoría
de ellos desconocía los valores de colesterol y
triglicéridos. No se encontró a esto una
relación directa con la disfunción eréctil; 21
enfermos la padecían y 22 no.
Los trastornos
psicológicos influyeron de forma significativa en la esfera
sexual. Los cuestionarios que analizan ansiedad rasgo y estado
(STAI) y depresión (Beck) así lo demuestran (tabla
5). Se consideran como valores anormales las puntuaciones > 80
en el STAI rasgo y estado y > 16 en el Beck.
En el
análisis multivariable, el modelo máximo
incluyó las variables diabetes mellitus, hipertensión
arterial, enfermedad vascular periférica, tabaquismo,
bloqueadores beta, IECA, diuréticos, Beck, STAI (rasgo),
STAI (estado) y edad.
El modelo final
incluyó las variables diabetes mellitus, tabaquismo,
diuréticos, STAI (estado) y edad (tabla 6). La R2
de Nagelkerke fue 0,288. La capacidad predictiva del modelo se
analizó con el área bajo la curva ROC, que
resultó ser 0,77.
El análisis
del cuestionario de SHIM muestra que 216 (52,6%) pacientes
puntuaron por debajo de 20, límite para considerar la
posibilidad de disfunción eréctil. El 17,9%
tenía 15-19 puntos; el 14,9%, 10-14 y el resto (18,7%),
0-9.
Seis enfermos con
puntuaciones superiores a 20 puntos solicitaron consulta en la
unidad de disfunción eréctil; 4 presentaban
eyaculación precoz y los otros 2 mostraban falta de deseo
pero no disfunción. No consideraron tener disfunción
eréctil 16 pacientes con puntuaciones inferiores a
20.
Había
contraindicación para el tratamiento con inhibidores de la
PDE-5 en 41 cardiópatas coronarios, por isquemia a bajos
valores de carga en 16 y necesidad de tomar nitratos en los 41, al
presentar pruebas de esfuerzo clínica y/o
eléctricamente positiva. Tras la consulta, sólo 3
aceptaron ser revisados por el urólogo.
No interesó
el tratamiento a 55. Los motivos aducidos fueron uno o varios de
los siguientes: falta de deseo, edad avanzada (alguno con 60
años) y de forma fundamental (52 de ellos) las malas
relaciones de pareja.
Los demás
pacientes (104) fueron entrevistados en la consulta. A pesar de los
consejos, sólo 4 acudieron acompañados por su
compañera. Tras la entrevista, 6 dijeron que
pensarían la posibilidad de recibir tratamiento y 98
aceptaron tomar un inhibidor de la PDE-5.
En la siguiente
consulta, de resultados, 39 no habían tomado el producto por
diversas razones, pero era común el miedo a tomarla, pese a
las explicaciones, y que la pareja no lo aceptaba en 35 de ellos.
En 3 casos no lo hicieron tras la consulta con su médico de
familia o cardiólogo. Hubo un efecto positivo del producto
en 45 (76,27%) de los 59 pacientes que habían tomado la
medicación; 3 de los enfermos que no consideraban haber
obtenido buenos resultados habían sido sometidos a una
cirugía radical de cáncer de próstata; 4
acudieron a la consulta de andrología.
DISCUSIÓN
Los trastornos
sexuales en los pacientes cardiópatas afectan muy
negativamente a su calidad de vida. Se ha descrito en porcentajes
superiores al 50% en los varones y, aunque hay menor
información sobre la sexualidad en las mujeres, la
incidencia parece presentarse en una mayor
proporción10-12.
La razón
subjetiva de la disfunción sexual aducida por las dos
mujeres de nuestro programa es el deterioro en la relación
de pareja, similar a lo descrito por Abramov11 hace
muchos años y por Yildizh et al12 en el
año 2000.
Tener pareja
estable ocasiona mayor actividad sexual, el 73% en varones y el 57%
en mujeres, descendiendo al 30 y el 5%, respectivamente, en
ausencia de ella13. Por otro lado, si la relación
afectiva previamente estaba deteriorada, la enfermedad puede ser la
justificación para no reanudarla.
Creemos que los
trastornos en la relación de pareja han influido de forma
determinante en el manejo de la disfunción sexual en
nuestros pacientes. Quizá resulte anecdótico que en 3
pacientes fue fundamental que su médico (2
cardiólogos y 1 de familia) les aconsejara que no tomaran el
inhibidor de la PDE-5 recetado en la unidad, aun admitiendo que no
había contraindicación de ningún
tipo.
Los trastornos
sexuales, hasta épocas muy recientes, eran considerados como
de etiología preferentemente psicológica, y se ha
descrito hasta un 80% en síndromes depresivos severos. Sin
embargo, con el paso de los años los trastornos
orgánicos aumentan su frecuencia etiológica, de forma
que en varones de más de 70 años comprenden el 80%,
en oposición al 20% de los de origen
psicológico14.
Algunos autores
han considerado que la disfunción eréctil y la
cardiopatía isquémica tienen como sustrato
común la disfunción endotelial, lo que explica la
alta incidencia de trastornos sexuales en el paciente
coronario15. La evidencia de mayor porcentaje de
disfunción eréctil en nuestros pacientes con
hipertensión arterial y tabaquismo, factores de riesgo de
aterosclerosis, respaldan esa teoría. Creemos que los datos
de dislipemia en nuestros enfermos no tienen fiabilidad, dado el
desconocimiento previo de las cifras al no realizarse controles. El
corto número de pacientes con trastornos vasculares
periféricos es la causa de que no haya diferencias
estadísticamente significativas a pesar del alto porcentaje
de enfermos con disfunción eréctil (el 71,4% con
trastornos sexuales y el 28,6% sin ellos).
La gran
mayoría de los medicamentos utilizados (bloqueadores beta,
hipotensores, diuréticos, hipolipemiantes, etc.) en los
pacientes cardiópatas pueden aumentar la incidencia de
disfunción eréctil pero, paradójicamente, al
mismo tiempo pueden influir de forma positiva si controlan la
angina, la insuficiencia cardiaca, etc. En nuestros enfermos, hemos
encontrado mayor incidencia de disfunción eréctil en
los tratados con IECA y diuréticos, no así con el
resto de los productos analizados.
Quizá llame
la atención que no la tengan los 331 pacientes que reciben
bloqueadores beta. La explicación podría estar en que
se ha descrito el atenolol como el menos negativo de esta familia
terapéutica y al hecho, recientemente descrito, de que
conocer el producto y sus posibles efectos negativos en la
sexualidad influyen de forma significativa en la
presentación de los trastornos16.
La ausencia de
actividad sexual en la pareja tras un infarto de miocardio, en unas
relaciones personales normales, suele ser consecuencia del miedo a
las complicaciones que puedan presentarse. La información
médica puede incidir positivamente al respecto o, por el
contrario, de forma muy negativa como ocurrió en 3 de
nuestros pacientes.
Existe suficiente
evidencia de que las complicaciones severas, muerte y riesgo de
infarto, durante el coito son extremadamente bajas. Muller et
al17, con 858 pacientes sexualmente activos antes del
IAM, consideran que el acto sexual incrementa el riesgo absoluto en
un porcentaje tan insignificante como una posibilidad entre un
millón.
Los gastos
energéticos son de alrededor de 5 MET durante el orgasmo, y
de 3,7 en las fases preorgásmica y
postorgásmica7. La frecuencia cardiaca y las
arritmias durante la actividad sexual se han descrito en
porcentajes similares a las de las actividades diarias, aunque es
necesario tener en cuenta que existen amplias variaciones, en
función de múltiples factores: características
físicas del paciente, de la pareja, de la situación
anímica, de una abundante ingestión previa, de
relaciones extraconyugales, etc.1.
Nuestro estudio,
tras al análisis univariable y multivariable, parece
demostrar que la disfunción sexual en los cardiópatas
es un fenómeno complejo y relacionado con diversas variables
como edad, factores de riesgo de cardiopatía aterosclerosa,
medicación y trastornos psicológicos. Todos estos
factores deben de ser tomados en cuenta a la hora de manejar esta
anomalía.
La
información tiene una importancia primordial. Con el fin de
eliminar el miedo a la muerte coital, es necesario el
diálogo con la pareja antes del alta hospitalaria o en los
momentos en que se ha realizado el diagnóstico.
Los PRC tienen
efectos positivos a este respecto, como consecuencia de las
actuaciones ya apuntadas. En 180 pacientes postinfartados,
divididos de forma aleatoria en dos grupos, encontramos un menor
porcentaje de impotencia a corto y largo plazo (p < 0,02) en el
grupo rehabilitado, en un tiempo en que no contábamos con
sustancias orales para su tratamiento18.
El manejo de la
disfunción eréctil ha mejorado de forma importante
desde la aparición en el mercado de los inhibidores de la
PDE-5 (sildenafilo, vardenafilo, tadalafilo).
Se han mostrado
muy efectivos y con resultados óptimos en porcentajes
cercanos al 80%; en nuestros pacientes fue del 75,27% y no hubo
complicaciones de ningún tipo. Una perfecta
planificación de su utilización minimiza los
riesgos.
Su
administración está absolutamente contraindicada en
pacientes tratados con nitratos o donadores de óxido
nítrico (NO) en cualquiera de sus formas. Estos pacientes
presentan elevadas concentraciones de NO en la circulación,
y estos fármacos pueden potenciar el efecto vasodilatador
del NO exógeno al inhibir la enzima fosfodiesterasa presente
en las células del músculo liso vascular, lo que da
lugar a una significativa reducción de la presión
sanguínea.
Los inhibidores de
la PDE-5 y cualquier otra actuación a nivel sexual (sistemas
de vacío, inyecciones intracavernosas, etc.) deben ser
consideradas con cuidado a la hora de aconsejar la actividad sexual
en pacientes con angina de medianos a pequeños esfuerzos o
enfermedades no controladas como arritmias, insuficiencia cardiaca
o hipertensión arterial.
Creemos que del
presente estudio podemos sacar importantes conclusiones para el
manejo de la disfunción eréctil en los
cardiópatas. La incidencia supera el 50%; la
etiología está en función de la existencia de
factores de riesgo de aterosclerosis, del tratamiento seguido y de
alteraciones psicológicas. Es probable que una buena
relación de pareja podría actuar de forma positiva en
la solución del problema. Es fundamental que los
profesionales médicos den información suficiente y
buena. En ausencia de contraindicaciones, la utilización de
inhibidores de la PDE-5 produce excelentes resultados.
AGRADECIMIENTOS
A otros
componentes de la Unidad de Rehabilitación Cardiaca: Rosario
Artigao (cardióloga), Margarita Álvarez
(cardióloga), Rafael Torres (médico rehabilitador),
Carmen
Carcedo
(psicóloga), Adela Alonso (psicóloga), Paloma
Marugán (enfermera), Fernando Cabrero (fisioterapeuta),
Margarita Palacios (asistente social) y José Antonio Benito
(administrativo).
ABREVIATURAS
DE: disfunción eréctil.
PDE: fosfodiesterasa.
PRC: programas de rehabilitación cardiaca.
VÉASE
EDITORIAL EN PÁGS. 907-10
Full
English text available from: www.revespcardiol.org
Correspondencia: Dr. J.M. Maroto-Montero.
Unidad de Rehabilitación Cardiaca. Servicio de
Cardiología. Hospital Ramón y Cajal.
Ctra. de Colmenar, Km 9,100. 28034 Madrid. España.
Correo electrónico:
jmmmcp@yahoo.es
Recibido el
9 de enero de 2007.
Aceptado para su publicación el 13 de marzo de
2008.
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