Bloqueo del sistema renina-angiotensina en la enfermedad cardiovascular en el 2008. Del estudio ONTARGET a la práctica clínica.
Volumen 8, Número Supl.E, Noviembre 2008
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Situación de la enfermedad cardiovascular en España. Del riesgo a la enfermedad
Vicente Bertomeua; Jesús Castillo-Castilloa
a Servicio de Cardiología. Hospital Universitario deSant Joan d'Alacant. Sant Joan d'Alacant. Alicante. España.
Rev Esp Cardiol. 2008;8(Supl E):2-9.
La enfermedad cardiovascular es la primera causa de muerte en nuestro país pese a que la mayor parte de los factores de riesgo son conocidos y modificables. La pérdida de los hábitos cardiosaludables ha ralentizado la continua reducción de la mortalidad por cardiopatía isquémica durante los últimos años. Además, el aumento de los factores asociados al desarrollo de enfermedad cardiovascular durante las últimas décadas ya ha puesto en marcha los mecanismos patogénicos precisos que en unos años darán lugar a la aparición de eventos cardiovasculares en un porcentaje muy importante de la población española. El escaso control conseguido de determinados factores de riesgo hace que más de la mitad de la población española con algún factor conocido no cumpla los objetivos terapéuticos. La marcada prevalencia de estos predisponentes en el colectivo anciano, junto con el progresivo envejecimiento de la población, no hace más que acrecentar
estos problemas y auguran un aumento de las enfermedades cardiovasculares cuyos límites todavía no conocemos.
Palabras clave: Enfermedad cardiovascular. Factores de riesgo. Cardiopatía isquémica.
MORTALIDAD POR ENFERMEDAD CARDIOVASCULAR EN
ESPAÑA
Las enfermedades
cardiovasculares (ECV) son la primera causa de muerte en
España1. Según las estadísticas
provisionales de 2006, ocasionaron 120.760 muertes, lo que supone
el 32,5% del total (el 28,6% varones y el 36,8%
mujeres)2. Para las mujeres es la primera causa de
muerte, mientras que para los varones se sitúa en segundo
lugar, después de los tumores. Por grupos específicos
de edad, la mortalidad por causa cardiovascular experimenta un
crecimiento exponencial (fig. 1) y se sitúa como la segunda
causa de muerte (detrás de los tumores) de personas de
mediana edad y como la más frecuente a partir de los 75
años.

Fig.
1.
Tasa de mortalidad cardiovascular en España, por
grupos de edad específicos.
Las dos grandes
entidades que causan un mayor número de muertes de
etiología cardiovascular son la cardiopatía
isquémica (CI) y la enfermedad cerebrovascular. Ambas
constituyen el 57,9% de la mortalidad cardiovascular total; el
30,7% por enfermedad coronaria, mayor en los varones (38,2%) que en
las mujeres (24,3%), y el 27,2% por ictus (mayor en las mujeres
[29,2%] que en los varones [25%]) (fig. 2). Tanto la CI como la
enfermedad cerebrovascular se encuentran entre las primeras causas
de carga de enfermedad. La tercera ECV que más muertes
produce en nuestro país es la insuficiencia cardiaca, que en
2006 ocasionó 18.895 muertes, lo que supone el 15,6% de la
mortalidad cardiovascular total (el 11,8% varones y el 18,9%
mujeres) (fig. 2).

Fig.
2.
Mortalidad proporcional por enfermedades cardiovasculares
en el año 2006.
Sin embargo,
analizar la importancia de las ECV únicamente a raíz
de las tasas de mortalidad no permite cuantificar el verdadero
impacto de este grupo de enfermedades en la población
española. Desde hace años vienen utilizándose
ciertos marcadores sintéticos que evalúan la cantidad
de años perdidos por muerte prematura o por discapacidad. En
este sentido, la CI y la enfermedad cerebrovascular ocupan el
tercer y cuarto lugar en cuanto a años de vida perdidos
ajustados por discapacidad (AVAD), respectivamente, sólo
detrás de la demencia y la depresión1,3.
Entre los varones, la CI es la primera causa de AVAD. Si se tiene
en cuenta los años de vida perdidos por muerte, la CI ocupa
el primer lugar, mientras que la enfermedad cerebrovascular se
convierte en la cuarta entidad que más pérdida de
años por muerte produce.
Diferencias interregionales
Las tasa de
mortalidad por ECV en España sufre importantes variaciones
entre las diferentes regiones4,5 (fig. 3). Las regiones
con mayores tasas de mortalidad cardiovascular, tanto por CI como
por enfermedad cerebrovascular, son Comunidad Valenciana,
Extremadura, Andalucía y Murcia, sólo superadas por
Canarias en lo que respecta a mortalidad por CI. Por otra parte,
Madrid, Navarra, Castilla y León y Aragón son las
comunidades que presentan menores tasas ajustadas de mortalidad
cardiovascular, con menos de 190 casos/100.000 habitantes. A
éstas se añaden País Vasco y Galicia en cuanto
a mortalidad por CI, y el primero en cuanto a mortalidad por
enfermedad cerebrovascular. Las diferencias encontradas en las
diferentes regiones presumiblemente se deben a factores ambientales
modificables, como nivel socioeconómico, actividad
física y factores dietéticos, lo que enfatiza el
potencial de prevención alcanzable6.

Fig.
3.
Tasas en las diferentes comunidades autónomas. A:
mortalidad por enfermedad cardiovascular. B: mortalidad por
cardiopatía isquémica. C: mortalidad por enfermedad
cerebrovascular. Adaptado de Villar et al4.
Tendencia temporal
Las tasas
ajustadas de mortalidad por ECV han experimentado un descenso
continuo desde 19751,5. Este descenso ha permitido que
desde 1999 ya no sea la primera causa de muerte de los varones.
Durante el periodo que va desde 1985 hasta 1995, las tasas de
mortalidad descendieron un 26%, con un decremento medio anual del
2,4%. Este fenómeno se explica por la caída del 3,2%
anual en la mortalidad por enfermedad cerebrovascular5.
Sin embargo, la tasa absoluta de mortalidad por CI tan sólo
experimentó un discreto descenso del 0,6% durante esos
años, e incluso un ligero aumento a partir de 1995. El
aumento de esperanza de vida de los pacientes con ECV puede ser en
parte el origen de este fenómeno. Esto indicaría que
no se trata de un descenso real, ya que la mayoría de los
pacientes diagnosticados de CI, enfermedad cerebrovascular o
hipertensión morirán más tarde de algún
problema cardiovascular, tal y como ha ocurrido en otros
países desarrollados7. Este fenómeno,
junto con el aumento de la esperanza de vida, augura un impacto
creciente de la ECV en los próximos años.
MORBILIDAD Y MORTALIDAD HOSPITALARIAS
Durante el
año 2006 se produjeron en los hospitales españoles
600.949 altas hospitalarias por ECV, lo que supuso el 12,71% del
total de estancias8. Las causas más frecuentes de
estancia fueron la CI y la enfermedad cerebrovascular, con un 24%
cada una. La insuficiencia cardiaca fue la tercera causa más
frecuente de hospitalización, con casi el 15% del total de
hospitalizaciones por ECV. La CI es la más frecuente en
varones, mientras que en mujeres este puesto lo ocupa la enfermedad
cerebrovascular. Aunque desde los años setenta el
número de hospitalizaciones ha experimentado un aumento
paulatino, durante la última década la
hospitalización por ECV en general, CI y enfermedad
cerebrovascular se mantiene constante e incluso con una ligera
tendencia a reducirse (fig. 4).

Fig.
4.
Tasas de hospitalización por enfermedades
cardiovasculares (ECV), cardiopatía isquémica (CI) y
enfermedad cerebrovascular (ECerV) durante la última
década.
Cardiopatía isquémica
La
situación epidemiológica de la CI en nuestro
país se obtiene de datos que proceden fundamentalmente de
dos fuentes. Además de los registros nacionales de
mortalidad y de morbimortalidad hospitalaria, durante los
últimos años se han realizado diversos estudios
poblacionales que complementan la información disponible al
respecto9-13. Según éstos, en
España se producen anualmente unos 70.000 episodios de
infarto agudo de miocardio; de esos pacientes, el 56,5% fallece
durante los primeros 28 días, con diferencias significativas
entre los menores y los mayores de 74 años. La
mayoría de éstos fallecen antes de ser ingresados en
un hospital; sin embargo, la mortalidad intrahospitalaria no es ni
mucho menos despreciable. Entre los pacientes menores de 74
años que ingresan en un hospital, el 15,1% fallece antes de
los 28 días y el 19,1%, al año. Entre los pacientes
mayores de 74 años, las cifras de mortalidad
intrahospitalaria ascienden hasta el 43,3% a los 28 días y
el 55,3% al año. Estas cifras contrastan con las publicadas
en diferentes ensayos clínicos, en los cuales se manejan
mortalidades que varían del 4 al 7%, fenómeno
explicable si se tiene en cuenta sus criterios de inclusión,
que seleccionan a los pacientes de bajo riesgo.
Los estudios
poblacionales PEPA14 y RESCATE15 arrojan
datos acerca de la incidencia, la morbilidad y la mortalidad de la
angina inestable en nuestro país. El número de
ingresos hospitalarios por angina estable es aproximadamente de
34.000 casos anuales, de los cuales el 4,5% fallece durante los
primeros 3 meses y el 20% ingresa durante los 6 meses siguientes.
De los mismos datos se ha estimado que unas 956.000 personas de
entre 45 y 74 años de edad acudirían a un hospital
cada año refiriendo angina.
Insuficiencia cardiaca
Como se ha
comentado anteriormente, la insuficiencia cardiaca causa unas
19.000 muertes anuales según las últimas
estadísticas nacionales2. Sin embargo, estos
datos pueden subestimar seriamente este problema, ya que la
insuficiencia cardiaca es el estadio terminal de otras enfermedades
como la CI o la enfermedad hipertensiva, en cuyo caso se prioriza
la adscripción causal a éstas.
No se conoce con
exactitud la prevalencia real de la insuficiencia cardiaca, pero
hay datos suficientes para asegurar que se sitúa por encima
del 2% de los individuos mayores de 40 años16. El
único estudio español diseñado para conocer la
prevalencia de insuficiencia cardiaca se realizó en
Asturias17. Dicho estudio obtuvo una muestra de 351
pacientes mayores de 40 años a los que se realizó un
estudio ecocardiográfico. La prevalencia de insuficiencia
cardiaca en dicha muestra fue del 5%, y se observó un
aumento progresivo con la edad, de tal modo que en individuos
mayores de 80 años la prevalencia llega al 18%. Desde el
punto de vista clínico, el estudio Cardiotens, realizado en
atención primaria y especializada sobre más de 32.000
pacientes, puso de manifiesto una prevalencia de insuficiencia
cardiaca del 4%18. La extrapolación de estos
datos, junto con otros procedentes de estudios poblacionales
internacionales, indica que más de medio millón de
personas mayores de 60 años padecen insuficiencia cardiaca
en España16,19,20. El reflejo de este
fenómeno se ve cuando se analizan los datos de morbilidad
hospitalaria. En este aspecto, la insuficiencia cardiaca es la
afección que genera más ingresos hospitalarios de
población mayor de 65 años y es la causa del 5% del
total de hospitalizaciones que se producen en nuestro país.
Durante el año 2006 se produjeron en España casi
90.000 estancias hospitalarias, y es la tercera causa de
hospitalización por ECV8.
La mejora en el
tratamiento tanto de la insuficiencia cardiaca como de las
enfermedades que desembocan en ella ha motivado que las tasas de
insuficiencia cardiaca ajustadas por edad estén
experimentando un descenso durante los últimos años.
Sin embargo, en términos absolutos, la mejoría
pronóstica de la insuficiencia cardiaca y el envejecimiento
progresivo de la población auguran un incremento sostenido
en la prevalencia de insuficiencia cardiaca en los próximos
años.
FACTORES DE RIESGO CARDIOVASCULAR
Los principales
factores de riesgo relacionados con el desarrollo de ECV son el
tabaquismo, la diabetes mellitus (DM), la hipertensión
arterial (HTA) y la dislipemia. Si bien la mortalidad
cardiovascular se ha reducido en los últimos años,
los principales factores de riesgo cardiovascular han aumentado. Es
conocido que la confluencia de varios factores multiplica el riesgo
de ECV. En España la prevalencia de individuos que presentan
dos factores de riesgo es del 31% en atención primaria, y en
torno al 6% presenta tres21.
Tabaquismo
La Encuesta
Nacional de Salud del año 2006 confirma el descenso de la
prevalencia de fumadores en la población mayor de 16
años22. Según la encuesta, el 29,5% se
declara fumador, lo que contrasta con las cifras de hace casi dos
décadas: el 55% de la población española
fumaba (fig. 5). Otro apunte positivo es que se ha abortado el
incremento del hábito entre las mujeres iniciado a finales
de los años ochenta. Sin embargo, un estudio poblacional
realizado en el marco de la atención primaria mostró
que más de la mitad de los individuos de 25-44 años
eran fumadores21. A su vez, ese mismo estudio puso de
manifiesto una alta prevalencia de fumadores entre menores de 25
años (fig. 6).

Fig.
5.
Prevalencia de fumadores en la población
española durante los últimos años (datos de
las encuestas nacionales de salud de los años
correspondientes).

Fig.
6.
Prevalencia de fumadores en la población
española por grupos de edad específicos. (Datos del
Ministerio de Sanidad y Consumo22.)
Hipertensión arterial
La HTA es el
factor de riesgo cardiovascular más frecuente en nuestro
país, con una prevalencia superior al 40% en pacientes
mayores de 35 años23. Probablemente, gran parte
de este problema se debe a que el propio paciente hipertenso
desconoce la enfermedad, pero también al escaso control del
médico. En este sentido, un estudio poblacional
mostró que dos tercios pacientes mayores de 60 años
son hipertensos, que el 65% no conoce su estado, que el 45% de los
hipertensos diagnosticados no recibe tratamiento y que el 16% de
los pacientes que reciben tratamiento tiene un buen control
terapéutico24. Los datos de control
terapéutico del estudio PRESCAP (realizado sobre
población mayor de 65 años en el ámbito de la
atención primaria) fueron algo mejores, pero tan sólo
se modificó la conducta terapéutica en un 17% de los
pacientes no controlados25. Pero este problema no
sólo afecta a pacientes de menor riesgo, sino también
a aquellos en alto riesgo de sufrir eventos cardiovasculares. Datos
del registro ACORISC indican que en tan sólo el 13% de los
pacientes con antecedentes de DM o CI se logra un buen control de
las cifras de presión arterial26. A su vez, el
estudio VIIDA, realizado en pacientes con criterios
electrocardiográficos de hipertrofia ventricular izquierda,
obtuvo resultados similares27. Además, tan
sólo el 8% de los pacientes diabéticos incluidos en
este último alcanzó cifras de presión arterial
< 130/80 mmHg.
Diabetes mellitus
La
implicación de la DM en el desarrollo de ECV está
fuera de toda duda. Tanto es así que incluso se la ha
considerado una ECV de origen metabólico. Probablemente, la
DM2 es el factor de riesgo cardiovascular que más
crecimiento ha experimentado durante los últimos
años. Aunque hace dos décadas la prevalencia de DM se
situaba en torno al 6%, recientes estudios diseñados para
estimarla indican claramente un aumento que llega a ser del 18%
(tabla 1)28-34. Además, algunos de éstos
indican que en nuestro país el 8% de la población
tendría un metabolismo glucémico alterado en ayunas y
hasta un 17% serían intolerantes a la glucosa. Al igual que
ocurre con la HTA, el desconocimiento del estado diabético
afecta al 50% de la población5 y el grado de
control de la DM por los médicos de atención primaria
no supera el 30%35.

Sin embargo, la DM
es un trastorno metabólico que evoluciona como un continuo y
sería un error considerarla simplemente un factor
dicotómico. Cifras elevadas de glucemia sin llegar a los
límites diagnósticos de DM se relacionan con mayor
riesgo de eventos coronarios36,37. Se ha demostrado que
los individuos con intolerancia a la glucosa oral tienen un riesgo
de morir por ECV que es 2 veces el de quienes tienen un metabolismo
de la glucosa normal38. Además, los pacientes con
infarto agudo de miocardio que tienen elevadas cifras de glucemia
presentan mayor número de complicaciones intrahospitalarias
y tienen un peor pronóstico a largo plazo39,40.
Esto ha hecho que, en la última década, la
hiperglucemia se haya convertido
per se
en un factor de riesgo
cardiovascular independiente. Aunque en España no hay datos
definitivos sobre la prevalencia de trastornos en el metabolismo de
la glucosa, según datos del EuroHeart Survey on Diabetes and
the Heart y diversos estudios realizados en población
escandinava y asiática, se estima que sólo el 40% de
los individuos con enfermedad coronaria tienen un metabolismo de la
glucosa completamente normal41-44.
Hipercolesterolemia
Se estima que en
España un 20% de los adultos de la población general
tiene hipercolesterolemia45, aunque las cifras pueden
variar dependiendo de los criterios utilizados. Al igual que sucede
con la DM y la HTA, una parte muy importante de los pacientes
dislipémicos no están siendo tratados y
únicamente el 30% de los tratados cumplen los objetivos
terapéuticos prefijados. Este problema no sólo surge
desde el ámbito de la atención primaria. A pesar de
la sólida evidencia existente sobre el beneficio del
tratamiento con estatinas, el estudio PREVESE46,
realizado hace poco más de una década, observó
que tan sólo el 6,7% de los pacientes dados de alta por un
infarto agudo de miocardio recibieron fármacos
hipolipemiantes y no hubo diferencias significativas en el control
lipídico a los 6 meses de seguimiento. El estudio PREVESE
II47, realizado años después,
registró un aumento significativo, aunque insuficiente, de
prescripción de estatinas (30,5%). Actualmente, según
datos del EUROASPIRE II Survey, el 64% de los pacientes con
enfermedad coronaria toman fármacos hipolipemiantes y
alrededor del 53% no tiene un buen control terapéutico,
cifras que sitúan a España en torno a la media
europea48.
Obesidad
La prevalencia de
obesidad ha experimentado un importante incremento, probablemente
como resultado de la pérdida de hábitos que
tradicionalmente nos han protegido. Actualmente, la cifra de
personas obesas en nuestro país es el doble que la de hace
20 años y se sitúa en torno al 15%. Además, un
39% de los adultos tienen sobrepeso49. El panorama en
población infantil es desolador; más del 25% de los
niños y los adolescentes están en sobrepeso o son
obesos y más de la mitad no hacen ejercicio físico o
lo realizan ocasionalmente22.
CONCLUSIONES
La ECV es la
primera causa de muerte en España. Sin embargo, la
evolución de la mortalidad ha experimentado un retroceso
desde la mitad de la década de los setenta. Tanto el
conocimiento de la patogenia de las ECV como la mejora
terapéutica de estos años han propiciado que el
impacto de aquéllas haya sido progresivamente menor.
Además, al igual que todos los países de la cuenca
mediterránea, en nuestro país se dan unas condiciones
que han permitido el desarrollo de un estilo de vida
cardiosaludable, caracterizado por la adopción de una vida
activa desde el punto de vista físico y de una dieta rica en
frutas, hortalizas y verduras.
Sin duda, estos
condicionantes y una posible resistencia genética natural a
la aterosclerosis son parcialmente la causa de este
fenómeno. No obstante, el abandono de parte de estos
hábitos y el aumento de la esperanza de vida de la
población española han originado incremento de HTA,
DM, dislipemia y obesidad. La DM merece especial
consideración por su relación con la ECV y porque
está alcanzando proporciones de auténtica epidemia,
con un crecimiento paralelo al de la obesidad en nuestro
país. Además hay que tener en cuenta que estas cifras
se han obtenido sin la realización de pruebas
específicas de detección de DM, por lo que es
probable que únicamente estemos viendo la punta del iceberg.
Se precisan estudios que aborden de forma integral los factores de
riesgo modificables y la forma en que se está incidiendo en
ellos para que podamos identificar y modificar los problemas que
impiden una actitud integral de prevención y tratamiento de
la enfermedad cardiovascular.
ABREVIATURAS
AVAD: años de vida ajustados por discapacidad.
CI: cardiopatía isquémica.
DM: diabetes mellitus.
ECV: enfermedad cardiovascular.
HTA: hipertensión arterial.
Correspondencia:
Dr. V. Bertomeu.
Servicio de Cardiología. Hospital Universitario de Sant Joan
d'Alacant.
Ctra. Nacional 332 Alicante-Valencia, s/n. 03550 Sant Joan
d'Alacant. Alicante. España.
Correo electrónico:
vbertomeu@secardiologia.es
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