Bloqueo del sistema renina-angiotensina en la enfermedad cardiovascular en el 2008. Del estudio ONTARGET a la práctica clínica.
Volumen 8, Número Supl.E, Noviembre 2008
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Enfermedad cardiovascular y función renal. Mecanismos patogénicos
Isidoro González Maquedaa; Carlos Casanova Rodrígueza; Carlos Escobar Cervantesa; Angel Garcia Garciaa; Juan R Peraira Morala; Elsa Prieto Morichea; Cristina Tejero Romeroa
a Hospital General La Paz. Madrid. España.
Rev Esp Cardiol. 2008;8(Supl E):10-21.
Los pacientes con insuficiencia renal crónica tienen más probabilidad de morir por causa cardiovascular que de progresar a insuficiencia renal terminal. La excreción urinaria de albúmina es un marcador de riesgo tanto de enfermedad renal como de enfermedad cardiovascular en diabéticos y no diabéticos. En la insuficiencia renal crónica, la hipertensión, la dislipemia y la diabetes mellitus son los principales factores de riesgo de disfunción endotelial, inflamación, estrés oxidativo y arteriosclerosis acelerada. La inhibición del sistema renina-angiotensina enlentece la progresión de la enfermedad renal en la diabetes mellitus tipos 1 y 2 y en los no diabéticos con nefropatía. El grado de reducción de albuminuria se relaciona con el riesgo cardiovascular en la diabetes mellitus tipo 2 y la nefropatía. La excreción urinaria de albúmina debe ser utilizada como objetivo terapéutico similar a la presión arterial para reducir las
complicaciones renales y cardiovasculares en pacientes con nefropatía.
Palabras clave: Complicaciones cardiovasculares. Insuficiencia renal crónica. Disfunción endotelial. Filtrado glomerular. Inflamación. Macroalbuminuria. Microalbuminuria. Estrés oxidativo. Calcificación vascular.
INTRODUCCIÓN
La enfermedad
cardiovascular (ECV) acelerada es una complicación frecuente
de la enfermedad renal (ER). La insuficiencia renal crónica
(IRC) se asocia con un significativo incremento de riesgo de
morbimortalidad cardiovascular (CV) al margen de la presencia de
factores de riesgo cardiovascular (FRCV) tradicionales, como la
diabetes mellitus (DM), la hipertensión arterial (HTA), la
concentración de lipo-proteínas y el hábito
tabáquico, hasta el punto de que se la considera FRCV
independiente, según la National Kidney Foundation, la
American Heart Association y el Seventh Joint National Committee on
Prevention, Detection, Evaluation, and Treatment of High Blood
Pressure1.
Los pacientes con
IRC muestran mayor prevalencia de insuficiencia cardiaca congestiva
(ICC), cardiopatía isquémica (CI) en cualquiera de
sus formas clínicas, incluida la isquemia silente, arritmias
ventriculares complejas, fibrilación auricular (FA),
hipertrofia ventricular izquierda (HVI), rigidez y
calcificación arterial y calcinosis del anillo mitral y de
la válvula aórtica. La reducción del filtrado
glomerular (FG) predice la incidencia de episodios
isquémicos2, porque refleja más
probabilidad de muerte por proceso CV que por insuficiencia
renal3,4, en parte por no recibir el tratamiento
cardioprotector adecuado al riesgo5. La mitad de los
pacientes con insuficiencia renal avanzada o terminal (IRT) mueren
por causa CV4-7, que es de 15 a 30 veces más
elevada que la de la población general tras los ajustes por
edad4,8, más en jóvenes (25-34
años), en los que la mortalidad CV es 500 veces mayor que la
de los controles3.
Este proceso
progresa a través de varios mecanismos como HVI, rigidez
arterial, inflamación, disfunción endotelial,
estrés oxidativo y formación precoz de placas de
ateroma. El 40% de los pacientes que inician tratamiento de
hemodiálisis (HD) tienen afección coronaria y el 85%,
alteraciones en la estructura y/o la función del
ventrículo izquierdo (VI)7. La prevalencia de HVI
es del 45,2% de los pacientes con aclaramiento de creatinina (aCr)
< 25 ml/min; del 30,8% de los que tienen aCr en 25-49 ml/min y
del 26,7% de los que tienen aCr > 50 ml/min9. Estos
mecanismos están presentes y pueden ser identificados antes
de la aparición de las manifestaciones clínicas y
deberían ser utilizados como marcadores de futuros episodios
clínicos.
ENFERMEDAD RENAL Y AFECCIÓN
CARDIOVASCULAR
La estrecha
relación entre la ER y la afección CV se ha
comprobado en la población general, en hipertensos, en
nefrópatas con enfermedad CV estable preexistente o ICC
establecida o tras infarto de miocardio (IM) y en pacientes con
microalbuminuria (MA)10.
Filtrado glomerular
Los datos del
Framingham Heart Study señalaron por primera vez la
asociación entre la IR y la morbimortalidad CV11,
sobre todo en varones. Más recientemente, Go et
al12 comprobaron una relación no lineal entre el
FG y el riesgo de muerte, episodios CV y hospitalizaciones, sobre
todo a partir de un FG < 60 ml/min (fig. 1). La mortalidad total
asociada a un FG < 30 ml/min, en ausencia de HD, es muy elevada
(un 11,4-14,1% persona/año). La cistatina C, proteína
básica procedente de las células nucleadas propuesta
como el detector más sensible de la disfunción renal
incipiente, puede ser mejor predictor de episodios CV adversos y de
mortalidad total que la Cr sérica13, incluso en
sujetos sin MA ni reducción del FG14. El estudio
CALT ha comprobado una relación directa, tipo
dosisrespuesta, entre los valores plasmáticos de cistatina C
y la mortalidad total, los episodios CV y la incidencia de ICC, en
más de 4.000 pacientes mayores de 65
años15.

Fig.
1.
Eventos cardiovasculares cada 100 personas año al
cabo de 5 años, ajustados por edad según filtrado
glomerular.
Los hipertensos
del Hypertension Detection and Follow-up Program Cooperative
Group16 con Cr basal
≥
1,7 mg/dl sufrieron más
del triple de mortalidad en 8 años, y el RR de
morbimortalidad CV fue 1,65 en los pacientes del HOT con FG < 60
ml/min, calculada utilizando la fórmula de
Cockroft-Gault17, y de 1,58 en los de FG > 60
ml/min18.
En el estudio
HOPE, con pacientes con enfermedad vascular y/o DM, con Cr basal
< 2,3 mg/dl y sin ICC, la incidencia acumulada del objetivo
primario en 5 años fue del 15% de pacientes con Cr
≤
1,4
mg/dl y del 22% en los de Cr > 1,4 mg/dl (p < 0,001),
independientemente de otros FRCV y del grupo de
tratamiento19.
En pacientes con
enfermedad coronaria estable, función sistólica
conservada y Cr basal < 2 mg/dl, se comprobó una
relación inversa entre la tasa de eventos y el
FG20, y que el bloqueo del sistema renina-angiotensina
(SRA) redujo la mortalidad sólo entre los que presentaban un
FG < 60 ml/min/1,73 m2.
El FG fue mejor
predictor de mortalidad que la clase funcional e incluso que la
fracción de eyección (FE) basal en pacientes con ICC
avanzada21, y más potente que todos los
parámetros analizados, incluida la activación
neurohormonal. La IR preexistente ensombrece el pronóstico
post-IAM complicado con disfunción sistólica o
ICC1. El deterioro del FG predice el desarrollo de ICC
tras IM anterior al año22. Los pacientes de alto
riesgo que han sobrevivido a un IAM presentan alta prevalencia
(aproximadamente un tercio) de IR, que a su vez es un poderoso
predictor independiente de nuevos episodios CV, fatales y no
fatales. A partir de un FG de 81,0 ml/min, cada reducción de
10 ml aumenta un 10% el riesgo de muerte o evento no
fatal23.
Albuminuria
La mortalidad,
sobre todo de causa CV, de los pacientes sometidos a HD es superior
al 20% anual12, sin logros evidentes a pesar de los
esfuerzos realizados.
En el estudio
IDNT24, con pacientes hipertensos y diabéticos
con albuminuria, no hubo diferencias entre los grupos de
tratamiento en cuanto al objetivo CV combinado, pero un
análisis posterior25 demostró una
relación directa entre la excreción urinaria de
albúmina (EUA) al inicio y el objetivo CV. El bloqueo del
SRA se asoció a una nefroprotección superior en el
mismo tipo de pacientes del estudio RENAAL26, pero sin
beneficios significativos en cuanto a la evolución CV,
aunque la incidencia de ICC de novo fue menos frecuente en el grupo
tratado con losartán. La albuminuria inicial era predictor
del objetivo CV combinado, así como de la incidencia de ICC
aislada, pero la variación de la EUA en los primeros 6 meses
era el mejor predictor evolutivo. Así pues, una
reducción del 50% se asoció a un 18% de menor
incidencia de episodios CV y a una reducción del riesgo de
ICC de un 27%, lo que hace de la albuminuria no sólo un
FRCV, sino un objetivo terapéutico o un indicador de la
respuesta terapéutica27.
En el estudio de
Gröningen, que encuestó a más de 40.000
personas, la MA fue un potente predictor de episodios CV en la
población general28 a partir de cifras de EUA
previamente definidas como normales (EUA < 30 mg/24 h). En los
participantes del Third Copenhagen City Heart Study29,
una EUA > 9
μ
g/min se asoció a un
riesgo relativo (RR) = 2 para CI y RR = 1,9 para muerte al cabo de
5-7 años. Datos del HOPE confirman que la MA es un factor
continuo de riesgo incluso a partir de valores tan bajos como
4,4
μ
g/min (0,5
mg/mmol)30. Cada incremento de 0,4 mg/mmol supone un
aumento del riesgo de sufrir algún tipo de episodio
cardiovascular del 5,9%. Un posterior análisis de los datos
del estudio LIFE no sólo relacionó con el riesgo CV
la albuminuria basal, sino también el impacto de la
reducción en la EUA en la incidencia de
episodios31. La relación de la MA con el objetivo
combinado del estudio HOPE fue significativo tanto en los
diabéticos (RR = 1,97) como no diabéticos (RR =
1,61)32. La MA fue el más potente predictor de
evolución CV adversa en diabéticos, muy superior al
tabaquismo, la presión diastólica y el
colesterol33.
AFECCIÓN CARDIOVASCULAR Y ENFERMEDAD RENAL:
MECANISMOS FISIOPATOLÓGICOS
Diversos
marcadores de morbimortalidad CV coinciden con los de IRT y son
HVI, espesor íntima-media carotídeo, rigidez
arterial, calcificación aórtica, inflamación y
estado procoagulante, disfunción endotelial y estrés
oxidativo, anemia, alteraciones de la hemostasis
calciofosfórica, albuminuria, proteinuria, homocisteinemia e
hiperuricemia.
El proceso
fisiopatológico que explicaría la asociación
de la IRC con el desarrollo de ECV es complejo10,34.
Cuando el FG cae por debajo de 60 ml/min, se alteran muchas
funciones fisiológicas y reguladoras del
riñón, como la síntesis de eritropoyetina
—con la anemia consiguiente—, y de 1,25-(OH)-vitamina
D, que a su vez altera la homeostasis calciofosfórica,
aumenta la hormona paratiroidea y favorece la calcificación
vascular. La disfunción endotelial y los marcadores
inflamatorios y protrombóticos, como la proteína C
reactiva (PCR), el fibrinógeno, la interleucina (IL) 6 y el
factor VIII, son más prevalentes, así como las
concentraciones anormales de lipoproteína (a) (Lp[a]),
apolipoproteína (Apo) y homocisteína. Que todos estos
factores interactúen entre sí para incrementar el
riesgo evolutivo (y en ese caso, de qué forma) no
está probado (fig. 2).

Fig.
2.
Factores de riesgo cardiovascular y marcadores asociados
con la reducción de la tasa de filtrado glomerular. ADMA:
dimetilarginina asimétrica; IL: interleucina; PCR:
proteína C reactiva.
La
asociación entre IR y afección CV podría
explicarse por la elevada prevalencia de los FRCV clásicos,
su mayor agresividad para causar lesión de órgano
diana y la presencia de anomalías concomitantes que crean un
ambiente propicio para la ECV, como disfunción endotelial
generalizada, desequilibrio coagulación-fibrinolisis,
inflamación y otros FR no tradicionales.
El estudio
ARIC35 confirmó la coincidencia de FRCV
tradicionales, como el sexo masculino, el tabaquismo, la HTA, la DM
y la hipercolesterolemia, con la IRC; pero también otros no
tradicionales, como perímetro de la cintura abdominal,
apo-B, anemia, hipoalbuminemia e hiperfibrinogenemia. Otros
factores como desnutrición, inflamación, anemia,
desequilibrio calciofosfórico, homocisteína y
fibrinogenemia han generado mucha
atención10.
La HTA es un
poderoso FR tanto de enfermedad CV como de afección renal, y
casi siempre se la halla en la IR. La retención de sodio y
la activación del SRA se han considerado máximos
factores de la elevación de la presión del
nefrópata36. La activación
simpática tiene su papel, más complejo desde el
descubrimiento de la renalasa, regulador de la función
cardiaca y la presión arterial producido por el
riñón sano, pero no detectable en pacientes
urémicos. La renalasa metaboliza las catecolaminas y parece
que se relaciona con la actividad simpática, la HTA y la
ER37. La HTA es fundamental en el daño cardiaco
de la IRC a través de la HVI38, que se agrava con
la reducción de la reserva coronaria y la densidad capilar y
que favorece los episodios isquémicos y el deterioro de la
función ventricular39,40.
La MA en los
hipertensos se asocia a un incremento de 2,5 veces el riesgo de
complicaciones CV, como HVI e isquemia miocárdica,
así como mayor grosor de la pared carotídea,
más afección retiniana y más enfermedad
vascular periférica. Los hipertensos con MA muestran
alteración del ritmo circadiano de su perfil de
presión, con predominio de los hipertensos sin descenso
fisiológico nocturno
(non dippers);
además se
comprueba una asociación entre ausencia de la caída
de presión nocturna y prevalencia de retinopatía,
nefropatía y enfermedad macrovascular. Los predictores
más potentes de la presión sistólica nocturna
son la MA (p < 0,001) y la edad (p < 0,01). La prevalencia de
HVI es más elevada en los hipertensos sin caída de
presión nocturna, así como el espesor del anillo
aórtico y el tamaño de la aurícula
izquierda41. Los hipertensos con MA presentan mayor RI,
con una reducción del 35% en la captación
periférica de glucosa y una estrecha correlación
entre la EUA y las cifras de glucosa sérica, por lo que la
presencia de MA es un potente predictor para el futuro desarrollo
de DM42 (figs. 3-5).

Fig.
3.
La microalbuminuria se relaciona con todos los marcadores
de arteriosclerosis subclínica.

Fig.
4.
La microalbuminuria contribuye a la enfermedad
cardiovascular a través de la disfunción endotelial y
la inflamación sistémica, a su vez íntimamente
relacionadas entre sí.

Fig.
5.
La interrelación entre la disfunción
endotelial, la inflamación, la micro-albuminuria y los
factores de riesgo clásicos contribuye a la muerte de causa
cardiovascular.
La síntesis
hepática de la Apo-AI disminuye y se reducen las
concentraciones de lipoproteínas de alta densidad (HDL),
importante antioxidante que protege el endotelio de los efectos
proinflamatorios de las citocinas. El incremento de la Apo-CIII,
inhibidor competitivo de la lipoproteinlipasa, en la IRC enlentece
el catabolismo de las lipoproteínas de baja densidad (LDL) y
da lugar a acumulaciones de partículas ricas en
triglicéridos (TG) en plasma. Las estatinas reducen, aunque
modestamente, la proteinuria y enlentecen la progresiva
pérdida de funcion renal, lo que confirma el protagonismo de
la dislipemia en este proceso43. Los pacientes no
diabéticos con IR progresiva muestran concentraciones
iniciales de Apo-AIV y TG más elevadas, así como
valores de HDL más bajos, que los de función renal
estable44.
La MA y la
hiperlipemia suelen estar asociadas independientemente de la dieta
o el índice de masa corporal (IMC). La albuminuria predice
la gravedad de la arteriosclerosis45,46. Los hipertensos
con MA muestran valores de TG más elevados, de HDL
más bajos y mayor cociente LDL/HDL. Hay correlación
positiva entre la Lp(a) y la MA. La relación entre la MA y
la dislipemia no se explica por la obesidad o el incremento del
IMC, pero puede ser secundaria a la hiperinsulinemia y la RI de los
obesos. La MA se asocia con componentes del síndrome
metabólico (SM). Hay correlación entre la EUA, la
concentración plasmática de insulina en ayunas y la
gravedad de la enfermedad coronaria, así como una
asociación positiva entre EUA y los valores de TG y Apo-B, e
inversa con las de colesterol de las HDL (cHDL). La
hiperinsulinemia podría contribuir a la aparición de
MA a través de la alteración de la función
endotelial. A su vez, la disfunción endotelial podría
ser la causa de la MA y de la RI. La MA se asocia a mayor
extravasación transcapilar de la albúmina e
incremento del factor de Von Willebrand y otros marcadores de
disfunción endotelial10 (fig. 6).

Fig.
6.
La microalbuminuria se relaciona con la resistencia a la
insulina y los componentes del síndrome
metabólico.
El acido
úrico (AU) suele estar elevado en pacientes con riesgo CV,
sobre todo en mujeres posmenopáusicas47. La
reducción del FG disminuye la excreción de AU, por lo
que la hiperuricemia suele estar presente en la IRC. La insulina
también estimula la reabsorción de sodio y uratos en
el túbulo proximal, lo que justifica la hiperuricemia en la
RI. Existe una relación continua entre el AU y la
presión arterial (sobre todo en jóvenes), y en los
animales con daño renal se desarrolla HTA sensible a la sal
en relación directa con la concentración de AU. La
hiperuricemia también se asocia con la función
plaquetaria y la función endotelial. La vida media de las
plaquetas de los pacientes con gota, sin enfermedad vascular ni
antecedentes CV familiares, es de 2,85 días, mientras que la
de los controles sin gota ni enfermedad vascular es de 3,74
días; el recambio plaquetario medio
(células/mm/día) es de 58,75 en sujetos con gota y de
42,37 en los controles. La adhesión plaquetaria y la
actividad tromboplástica se incrementa de forma proporcional
en los gotosos. Todo ello indica aumento de la producción,
pero sobre todo destrucción plaquetaria en la gota primaria.
El alopurinol, al inhibir la xantina oxidasa, bloquea la
formación tanto de AU como de oxidantes, por lo que puede
normalizar la formación de NO endotelial disminuida tanto en
la DM como en la insuficiencia cardiaca47. Pero la
relación del AU con los episodios CV muestra una clara curva
en J. De forma especulativa, podría atribuirse el mayor
riesgo CV con valores más bajos de AU a la menor actividad
antioxidante, mientras que el mayor riesgo con valores más
altos estaría en relación con la capacidad del AU de
inducir HTA y enfermedad vascular47.
Inflamación, estrés oxidativo y disfunción
endotelial
La
inflamación es parte de la fisiopatología de la IR y
se asocia con todos los principales factores de riesgo de
disfunción renal modificables. Los marcadores inflamatorios
permanecen elevados en pacientes con IR. La PCR elevada predice la
mortalidad total y CV en pacientes en HD, el deterioro renal en
sujetos sin nefropatía, así como la HTA, considerada
el más importante factor de riesgo de IR. Además, y
de forma paralela, la PCR es un predictor independiente de ECV y
añade información pronóstica adicional a todos
los niveles de riesgo, así como en el síndrome
metabólico para cualquier nivel de presión arterial.
Del 20 al 65% de los pacientes con IR avanzada muestran altos
valores de PCR, por condiciones dependientes de la uremia o de la
HD, que predispone a liberación de citocinas
proinflamatorias y a otros factores proinflamatorios que generan
disfunción endotelial, así como respuestas
inflamatorias sistémicas a largo plazo. El 60% de las
muertes de pacientes estables en HD son de causa CV, en
relación directa con el proceso inflamatorio. Los pacientes
con valores basales de PCR más elevados tuvieron un RR 2,4
más alto de muerte y 1,7 de muerte CV (p < 0,0001). La
PCR elevada fue el mayor predictor de mortalidad junto con la edad
y la enfermedad CV previa48.
En sujetos sin DM
ni afección renal, los valores de PCR se correlacionan con
la reducción evolutiva del FG, así como la
hiperfiltración compensadora, signo precoz de deterioro
renal. La reducción de la masa de nefronas funcionantes
aumenta la filtración de proteínas plasmáticas
(proteinuria), y su consecuente reabsorción tubular, que
desencadena, por un lado, hipertrofia de las células
tubulares por la producción de factor beta de crecimiento
transformador y posterior evolución a mioblastos y, por
otro, fibrogénesis por expresión de colágeno
tipo IV. La reabsorción excesiva de proteínas activa
la vía del factor nuclear kappa B, que da lugar a la
liberación de sustancias vasoactivas y citocinas
proinflamatorias y factores de crecimiento en el intersticio,
reclutamiento de células inflamatorias, proliferación
de fibroblastos, fibrosis y deterioro progresivo de la
función renal. Incluso en etapas precoces de la
disfunción renal, hay evidencia de respuesta inflamatoria
que parece contribuir al progreso de la enfermedad49. La
inflamación interactúa y activa múltiples
mecanismos proaterogénicos. Así, la grasa visceral
—especialmente— y también —en menor
medida— el IMC se relacionan con los marcadores
inflamatorios, IL-6, PCR y el factor de necrosis tumoral alfa
(TNFα). Bajas cifras de adiponectina, adipocina procedente de
la grasa visceral, se asocian con aumento de marcadores
inflamatorios plasmáticos, IL-6 y PCR. La adiponectina se
relaciona inversamente con la función renal en la DM y se ha
comprobado una estrecha relación entre la MA y la
adiponectina con la PCR en hipertensos45. La
hiperglucemia aguda aumenta la IL-6, el TNFα
y la IL-18, y la
glucohemoglobina, memoria del control glucémico, se
correlaciona estrechamente con los marcadores
inflamatorios48,49. El papel de la inflamación en
la HTA, el mayor determinante para la progresión de la
enfermedad renal, se confirma por su relación tanto con la
disfunción endotelial como con la activación del SRA,
la sobrerregulación de receptores de tipo I de la
angiotensina II (AT1) y, en consecuencia, la
vasoconstricción y la proliferación celular. La PCR
también se correlaciona con la presión arterial en
hipertensos y con el riesgo de HTA para los normotensos, incluso en
pacientes sin otros FRCV50.
La
expresión de las moléculas de adhesión, ICAM y
VCAM, que indica arteriosclerosis precoz, aumenta en pacientes con
IR10. Bro et al51 han demostrado un
incremento precoz y selectivo del ARNm de ICAM en el endotelio de
ratas con aterosclerosis urémica sin cambios en la
expresión de selectina ni de VCAM. El principal
desencadenante de la respuesta inflamatoria en los pacientes
renales es el estrés oxidativo, con la colaboración o
al menos complicidad de la PCR al inicio del proceso o en la
ampliación de su respuesta. El depósito de PCR en las
células endoteliales genera la sobreexpresión de las
moléculas de adhesión, la liberación de la
proteína quimiotáctica de los monocitos (MCP-1), que
atrae los leucocitos para atravesar la barrera endotelial,
así como liberación de endotelina 1, potente
vasoconstrictor y promotor, por sí mismo, de
moléculas de adhesión y de MCP-1 en las
células endoteliales, y que cierra así un ominoso
círculo. La PCR también puede inhibir la
expresión de la sintetasa endotelial de óxido
nítrico (NO) (eNOs) y neutralizar el NO producido por el
endotelio sano. Al menos in vitro, la PCR regula al alza los
receptores AT1, incrementa la proliferación y la
migración dependiente de la angiotensina II de las
células musculares lisas e incrementa la producción
de radicales libres. Se ha comprobado un mayor depósito del
complemento C5b9 y PCR en torno a las placas coronarias de
pacientes urémicos en comparación con los no
urémicos48,49.
La exagerada
producción de radicales libres, especies reactivas de
oxígeno (ROS), acentúa la disfunción
endotelial, la oxidación de las partículas LDL, la
expresión de su receptor, LOX-1, y las señales
proinflamatorias. El anión superóxido inactiva el NO
y da lugar a peroxinitrito. El aumento de las ROS promueve la
degradación oxidativa de un cofactor necesario para la
sintetasa endotelial de la eNOs, la tetrahidrobiopterina (H4B). El
desacoplamiento que se origina da lugar a más
producción de anión superóxido en detrimento
de la de NO. La actividad de la eNOs también se reduce por
aumento de su inhibidor endógeno, que es la dimetilarginina
asimétrica (ADMA), favorecido por la inhibición
sensible a
redox
de una enzima, la dimetilarginina dimetilaminohidrolasa (DDAH). La
xantina oxidasa y, sobre todo, la nicotinamida adenina
dinucleótido fosfato (NADPH) oxidasa constituyen una
importante fuente vascular de anión superóxido y
oxidan la H4B con lo que se altera la actividad de la eNOs. Se
produce así un círculo vicioso, con una
producción cada vez mayor de radicales libres y menor
disponibilidad de NO. A este desequilibrio contribuye la menor
actividad de la superóxido dismutasa (SOD), enzima encargada
de la degradación del anión superóxido. El
estrés oxidativo desencadena el proceso de
lipoperoxidación y formación de las LDL oxidadas,
citotóxicas para las células endoteliales que inhiben
la respuesta vasodilatadora mediada por NO, y favorecen la
agregabilidad plaquetaria. El estrés oxidativo altera el
metabolismo celular de modo directo (roturas de ADN, aumento del
Ca++ libre intracelular, daño en los
transportadores de membrana y alteración de otras
proteínas específicas) o indirecto (activación
de proteasas secundaria al excesivo aumento de Ca++
libre intracelular, alteración de proteincinasas,
síntesis de receptores de membrana, etc.), además de
modificar la expresión genética de varias
moléculas (eNOs, VCAM-1), así como de la
MCP-110,52.
Hay una estrecha
relación entre el estrés oxidativo renal y la
HTA52. Las ROS pueden aumentar el tono arteriolar
aferente, tanto indirectamente (potenciación del
feedback
tubuloglomerular) como directamente (por reducción de la
acción del NO y por vasoconstrictores derivados del
endotelio dependientes de la ciclooxigenasa 2, la activación
de los receptores del tromboxano y el aumento de la
vasorreactividad de las CML). Las consecuencias de la lesión
endotelial se amplifican por la exagerada respuesta
sistémica del complemento, factor D, sistema CD40 y su
ligando, estado protrombótico (factor de Von Willebrand,
dímeros) y otros que contribuyen a mayor daño
vascular10.
La ADMA, inhibidor
selectivo de la eNOs que se asocia a arteriosclerosis avanzada y
episodios coronarios, se encuentra elevada en los pacientes con IR,
incluso en etapas iniciales, aun en no diabéticos no
fumadores, del mismo modo que la homocisteína. El incremento
de ADMA presupone disfunción endotelial, con evidente
reducción de la vasodilatación dependiente del
endotelio. A su vez, la disfunción endotelial favorece el
estrés oxidativo, que incrementa la disfunción
endotelial, y ambas situaciones limitan la degradación
enzimática de la ADMA, lo que cierra un círculo
vicioso muy trascendente. La biodisponibilidad de NO está
disminuida tanto por síntesis reducida como por exceso de
formación de radicales libres (estrés
oxidativo)48,50 (figs. 7-9).

Fig.
7.
La asociación de la microalbuminuria con los
factores de riesgo tradicionales, el daño de órganos
diana y, en definitiva, las complicaciones cardiovasculares pone de
manifiesto el protagonismo del endotelio.

Fig.
8.
Efectos de la insuficiencia renal y la inflamación
en las lipoproteínas y la estructura y la función del
endotelio. A-II: angiotensina II; Apo-A1: apolipoproteína
A1; Apo-CIII: apolipoproteína C-III; AT1: receptor tipo 1 de
la angiotensina II; CLAT: colesterol lecitina aciltransferasa; HDL:
lipoproteínas de alta densidad; HTA: hipertensión
arterial; NAD(P)H: nicotinamida adenina dinucleótido fosfato
oxidasa; PAI-1: inhibidor activador del plasminógeno 1; SRA:
sistema reninaangiotensina; TG: triglicéridos.

Fig.
9.
Insuficiencia renal crónica y su impacto en la
fisiopatología cardiovascular. HDL: lipoproteínas de
alta densidad; LDL: lipoproteínas de baja densidad; Lp(a):
lipoproteína (a); PTH: paratirina; SNS: sistema nervioso
simpático; SRA: sistema renina-angiotensina; TG:
triglicéridos; VI: ventrículo izquierdo.
La
calcificación vascular
La
calcificación vascular precoz, así como de las
válvulas cardiacas, es frecuente en la IRC53-55.
El 40% de los pacientes con IRC con una tasa media de FG de 33
ml/min muestran calcificaciones coronarias, frente al 13% de los
controles56. La calcificación afecta a la capa
media y suele tratarse de pacientes en HD, incluso antes de
iniciarla. Hay una calcificación vascular específica
en relación con la HD llamada calcifilaxis o
arteriopatía urémica calcificada, que se caracteriza
por calcificación difusa de la capa media de las
pequeñas y medianas arterias y arteriolas con
proliferación intimal y trombosis que pueden causar
úlceras, necrosis cutáneas y gangrena de partes
acras. Es el resultado de un elevado producto calcio-fosfato y
hormona paratiroidea, sin proceso osteogénico activo. Las
alteraciones de la homeostasis calcio-fosfato predicen la
mortalidad CV en estos pacientes, aunque su mecanismo
fisiopatológico no está del todo
aclarado57,58, incluso independientemente de la
presencia de otros FRCV y del FG59. La
calcificación se produce por precipitación pasiva de
calcio y fosfatos por excesiva concentración extracelular,
promotores de la transformación osteogénica y la
formación de hidroxiapatita, así como deficiencia de
inhibidores de la calcificación54,55,60. La
rigidez aórtica asociada a calcificación favorece la
HVI y el aumento de la presión central.
La deficiencia de
inhibidores de la calcificación tiene trascendencia
clínica. Los bajos niveles de fetuina A en pacientes con IRC
se asocian a calcificación vascular acelerada60 y
mayor mortalidad61,62; además, el pirofosfato,
que previene la formación de cristales de hidroxiapatita y
la calcificación, también disminuye en los pacientes
en HD63. Por el contrario, la osteoprotegerina aumenta
en la IRT64 y se correlaciona con la
calcificación vascular y la mortalidad, sobre todo en los
que tienen la PCR elevada65. El incremento de leptina,
por déficit de excreción, induce calcificación
heterotópica a través de sus receptores en el
hipotálamo y los receptores betaadrenérgicos
osteoblásticos66.
La
activación del SRA
La
activación del SRA tiene lugar en la IRC a través de
múltiples mecanismos, en parte como adaptación a la
pérdida de masa renal funcionante y los cambios de la
hemodinámica renal. La angiotensina II estimula la NADPH
oxidasa, que da lugar a anión superóxido y
estrés oxidativo, agrava la disfunción endotelial y
promueve mediadores inflamatorios como citocinas y quimiocinas,
así como factores de crecimiento, moléculas de
adhesión, el inhibidor del activador del plasminógeno
1 (PAI 1) y el superóxido barredor de NO. Todo ello
contribuye a más disfunción endotelial, remodelado
vascular y aterosclerosis progresiva67.
Aunque el
riñón produce y secreta renina a la
circulación sistémica, es la sobreactivación
del SRA local lo que sustancialmente contribuye a la HTA
sistémica68. La abundancia de receptores AT1 en
el riñón lo hacen muy susceptible a los efectos de la
angiotensina II, debido a que las concentraciones de ésta en
el espacio intersticial renal y el túbulo proximal son
más elevadas que en plasma68. La angiotensina II
interactúa con el NO en las CML renales, células
mesangiales y la matriz extracelular34.
Los datos
clínicos confirman la trascendencia de la activación
del SRA en la IRC. Los agentes bloqueadores del SRA han conseguido
mayor impacto que otros fármacos en la reducción del
riesgo de muerte, infarto de miocardio, ictus, DM y deterioro
renal69. Han demostrado beneficios en pacientes con
insuficiencia cardiaca, disfunción ventricular, post-IAM,
HTA, nefropatía, enfermedad arterial periférica, DM,
ictus o accidentes isquémicos transitorios, aunque el
beneficio absoluto depende del grado de activación del
SRA70.
Ajustándonos al tema objeto de esta revisión, los
agentes bloqueadores del SRA reducen la EUA y previenen el
desarrollo de MA, marcador de riesgo de enfermedad renal y CV, no
solamente en pacientes de alto riesgo con DM, sino también
en los de bajo riesgo. En el estudio RENAAL71, el
beneficio nefroprotector de losartán puede explicarse casi
completamente por su efecto antiproteinúrico. El grado de
reducción de la albuminuria se relaciona con el riesgo
CV25,72,73, lo que indica que la EUA debe ser utilizada
como un objetivo terapéutico similar a la presión
arterial para mejorar el pronóstico CV de estos
pacientes.
Los resultados del
estudio ONTARGET®, presentados en la 57th Annual
Scientific Session of the American College of Cardiology, han
demostrado que telmisartán es tan efectivo como ramipril en
reducir el riesgo de muerte CV, IM, ictus y hospitalizaciones por
ICC de los pacientes de alto riesgo, pero sin beneficio aditivo de
su combinación.
ABREVIATURAS
ADMA: dimetilarginina asimétrica.
Apo: apolipoproteína.
AT1: receptor tipo 1 de angiotensina II.
AU: ácido úrico. aCr: aclaramiento de creatinina.
CI: cardiopatía isquémica.
CLM: células musculares lisas.
Cr: creatinina.
CV: cardiovascular.
DDAH: dimetilarginina dimetilaminohidrolasa. DM: diabetes
mellitus.
ECV: enfermedad cardiovascular.
eNOs: sintetasa endotelial del NO.
ER: enfermedad renal.
EUA: excreción urinaria de albúmina.
FA: fibrilación auricular.
FG: filtrado glomerular.
FRCV: factores de riesgo cardiovascular.
H4B: tetrahidrobiopterina.
HD: hemodiálisis.
HDL: lipoproteínas de alta densidad.
HTA: hipertensión arterial.
HVI: hipertrofia ventricular izquierda.
IAM: infarto agudo de miocardio.
IMC: índice de masa corporal.
ICAM: moléculas de adhesión intercelulares.
ICC: insuficiencia cardiaca congestiva.
IL: interleucina.
IRC: insuficiencia renal crónica.
IRT: insuficiencia renal terminal.
Lp(a): lipoproteína (a).
LOX-1: receptor de partículas lipoproteínicas de baja
densidad oxidadas.
MA: microalbuminuria.
MCP-1: proteína quimiotáctica de los monocitos.
MDRD:
Modification of Diet in Renal Disease
.
NADPH: nicotinamida adenina dinucleótido fosfato
oxidasa.
PAI-1: inhibidor del activador del plasminógeno 1.
PCR: proteína C reactiva.
PDGF-A: factor A de crecimiento derivado de las plaquetas.
PP: presión de pulso.
RI: resistencia insulínica.
ROS: especies reactivas de oxígeno.
RR: riesgo relativo.
SM: síndrome metabólico.
SOD: superóxido dismutasa.
SRA: sistema renina-angiotensina.
TG: triglicéridos.
TNF
α
: factor de necrosis tumoral
alfa.
VCAM: moléculas de adhesión de células
vasculares.
Correspondencia:
Dr. I. González-Maqueda.
Hospital General La Paz.
P.o de la Castellana, 261. 28046 Madrid. España.
Correo electrónico:
igonzalez.hulp@salud.madrid.org
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