INTRODUCCIÓN
En este
año ha continuado el interés por obtener
mejores
scores
de riesgo cardiovascular (CV), así como por
desarrollar nuevas técnicas de diagnóstico precoz de
la enfermedad aterosclerótica, en cualquier territorio
vascular. La idea de poder desarrollar un buen cribado de la
enfermedad, en individuos asintomáticos, es enormemente
atractiva; sin embargo, en la mayoría de los casos, no
disponemos aún de evidencias científicas que avalen
sus beneficios, sus riesgos e incluso sus indicaciones.
Respecto
a las nuevas técnicas de detección precoz de
enfermedad subclínica, varias sociedades científicas
relacionadas con el uso de la tomografía computarizada (TC),
han revisado y publicado sus propias recomendaciones, a la vista de
la información científica disponible en estos
momentos.
Es
también cada vez mayor el conocimiento de los factores de
riesgo (FR) metabólicos, y su negativo efecto en el
desarrollo de enfermedad CV. En estos últimos años
son numerosas las publicaciones sobre su fisiopatología y su
tratamiento, en la búsqueda de soluciones preventivas a un
problema de salud en aumento. En España disponemos
además, del Registro MESYAS (MEtabolic SYndrome in Active
Subjects), avalado por la Sección de Cardiología
Preventiva y Rehabilitación Cardíaca (SCPyR). Este
registro se inició con la finalidad de obtener
información sobre la prevalencia de síndrome
metabólico (SM) en la población trabajadora de
nuestro país. Sin embargo, tras los interesantes datos
obtenidos, el estudio se ha ampliado a otros campos, como conocer
la morbimortalidad de la población laboral con
SM.
Se ha
publicado también una serie de recomendaciones en
relación con el ejercicio físico, tanto para
promocionar la salud como en su aspecto terapéutico, que
revisa la prescripción de ejercicio que los individuos sanos
y los pacientes cardiópatas deben realizar, incluyendo las
indicaciones y los beneficios del entrenamiento de resistencia
(ER).
Otra
interesante novedad es el resultado de la encuesta sobre la
implantación de unidades y programas de
rehabilitación cardiaca (PRC) en los diferentes
países europeos. Esta encuesta fue realizada en 2007 por la
European Association for Cardiovascular Prevention and
Rehabilitation (EACPR), a través de la SCPyR de la Sociedad
Española de Cardiología (SEC). Los resultados y las
conclusiones fueron presentados en mayo pasado, durante la
reunión anual de la asociación europea, y su
publicación está pendiente. Los datos referentes a
España son bastante desalentadores, pues es el país
del que se dispone de datos en que menos pacientes realizan PRC de
Europa.
ESTRATIFICACIÓN DE RIESGO FRENTE A DETECCIÓN DE
ENFERMEDAD VASCULAR SUBCLÍNICA
En la
última década, la percepción de que un gran
porcentaje de eventos clínicos CV ocurren en pacientes
etiquetados como en bajo riesgo, según los criterios
tradicionales de FR, y el conocimiento de que la aterosclerosis
precede en años a las manifestaciones clínicas
están impulsando la búsqueda de métodos no
invasivos para la detección de enfermedad
subclínica.
Recientemente Cohn et al1 han desarrollado un nuevo
modelo general de valoración de la salud vascular y
cardiaca, y de identificación de enfermedad precoz,
denominado Score de Rasmussen. Consiste en un total de diez pruebas
diagnósticas (siete de función vascular y tres de
función cardiaca) que pueden realizarse en aproximadamente 1
h por un técnico. Las siete pruebas de función
vascular son: la valoración de la elasticidad de grandes y
pequeñas arterias, la toma de la presión arterial
(PA) en reposo, la respuesta de la PA durante el ejercicio
moderado, imagen de fondo de ojo, la medida de grosor
íntimamedia carotídeo (GIMC) y la
determinación de microalbuminuia. Los tres estudios de
función cardiaca incluirían: electrocardiograma,
ecocardiograma para medida de volumen y grosor del
ventrículo izquierdo y determinación de la
fracción N-terminal del propéptido
natriurético tipo B (NT-proBNP). Cada prueba se
puntúa como: normal, 0, limítrofe, 1, o anormal, 2,
según se detalla en la tabla 1, con lo que la
puntación total oscila entre 0 y 20.
Cohn et
al1 han publicado la evaluación de 1.500
pacientes mediante dicho
score,
de los que un tercio presentaban bajo riesgo (
score
0-3), en otro tercio
el riesgo era intermedio (3-5) y en un último tercio el
riesgo era alto (≥ 6). Sus datos preliminares nos muestran que
este
score
puede ser superior a
la estratificación de Framingham de riesgo a 10 años,
aunque reconocen la necesidad de más ensayos clínicos
que documenten su coste-eficacia.
Sin
embargo, continúa sin haber un acuerdo unánime entre
los especialistas implicados sobre la necesidad de incorporar estas
estrategias diagnósticas a la práctica clínica
habitual, cuando no se ha demostrado su repercusión
clínica. Además, hay dificultades relacionadas con la
aplicación generalizada de estas pruebas, que incluyen
múltiples aspectos técnicos y dudas sobre con
qué frecuencia deben realizarse y repetirse. Hasta que no se
disponga de más evidencia, algunos autores insisten en que
se mantenga la estratificación de riesgo cardiovascular
basada en
scores
avalados científicamente2.
TOMOGRAFÍA COMPUTARIZADA EN DETECCIÓN DE ENFERMEDAD
CORONARIA SUBCLÍNICA. DETERMINACIÓN DE CALCIO
CORONARIO (CAC) Y CORONARIOGRAFÍA NO INVASIVA
(CARDIO-TC)
Desde la
publicación de las Guías Europeas de
Prevención CV3, hace aproximadamente un
año, en las que no se recomendaba la utilización
sistemática de la TC como técnica de cribado en
individuos asintomáticos, han sido bastantes las sociedades
científicas que han publicado sus propias recomendaciones
ante la generalización de la técnica y su
implementación en la práctica clínica, en
parte debido a la presión comercial y de los medios de
comunicación, y a pesar de la falta de evidencia
científica disponible.
Uno de
los documentos más amplios es el Consenso de la Sociedad de
Tomografía Computarizada Cardiovascular (SCCT) y de la
Sociedad Norte-americana de Imagen Cardiaca (NASCI)4,
que se puede considerar el seguimiento de las recomendaciones de la
American Heart Association (AHA) del año 2006. Revisa varios
aspectos fundamentales; desde un punto de vista exclusivamente
clínico y respecto a los sujetos asintomáticos,
establece:
1.
Papel de la medida de calcio arterial coronario (CAC) en
pacientes asintomaticos.
- CAC es
útil en la detección de aterosclerosis
subclínica en todos los grupos étnicos.
- CAC es
más útil para estratificación de riesgo en
pacientes con un riesgo de Framingham intermedio de futuros eventos
cardiovasculares (un 10-20% a 10 años). En los que tienen
un
score
de alto riesgo puede
aconsejar un tratamiento médico más
agresivo.
- Como
fue avanzado por la Screening for Heart Attack Prevention and
Education (SHAPE) Task Force5, el cribado de CAC se
recomienda en los varones de 45 a 75 años y mujeres de 55 a
75 años, asintomáticos, que no tengan
características de muy bajo riesgo (ausencia de factores de
riesgo tradicionales) o historia documentada de enfermedad
cardiovascular.
- En
general, en este momento no se puede recomendar la medida de CAC
como criba en individuos no seleccionados o espontáneos, y
es de limitado valor clínico en pacientes con bajo riesgo de
eventos (< 10% al año), y tampoco permite excluir a
pacientes de alto riesgo de recibir tratamiento, aunque su
score
CAC sea cero.
- En la
actualidad, no se puede recomendar la monitorización
sistemática de la progresión de CAC mediante TC
seriadas.
2.
Papel de la cardio-TC en pacientes
asintomáticos
- La
cardio-TC ofrece más información que la
determinación del calcio en lo que se refiere a la
aterosclerosis coronaria.
- No
disponemos de datos sobre cómo y hasta cuánto tratar
a los pacientes con placas no calcificadas; en los pacientes en
general y, sobre todo, en los que el
score
CAC es cero.
-
Igualmente, no hay datos que respalden no tratar a pacientes en
alto riesgo que tengan una cardio-TC sin alteraciones.
- Aunque
la cardio-TC puede contribuir a redefinir la estratificación
de riesgo en algunos sectores de la población, actualmente
no hay datos clínicos que respalden su utilización
basada en recomendaciones terapéuticas. Por lo tanto, en la
actualidad no se recomienda como técnica de
criba.
- En un
pequeño grupo de pacientes, con historia familiar importante
de enfermedad coronaria prematura, por ejemplo, muerte
súbita por enfermedad cardiaca y múltiples FR, la
cardio-TC podría desempeñar un papel en la
detección precoz y la prevención de enfermedad
coronaria. De cualquier forma, no hay datos que lo
apoyen.
- La
utilización de cardio-TC para caracterización de la
placa parece factible en pacientes seleccionados, pero
impracticable en la población general, debido al alto grado
de variación en la calidad de la imagen y porque, en
consecuencia, cualquier criterio desarrollado sobre la base de
estudios de alta calidad no pueden ser aplicados.
- El
volumen de placa puede determinarse por cardio-TC y puede ser
proporcional al riesgo coronario. Se cree que la rotura de placa
puede estar en relación con un mayor volumen. El grado de
remodelado positivo también se asocia con un mayor riesgo de
eventos clínicos. La afección de segmentos proximales
probablemente se relacione con mayor riesgo que la de segmentos
distales.
-
Sería útil desarrollar un sistema de
cuantificación de las placas no calcificadas.
La
Sociedad Europea de Cardiología, en sus recomendaciones de
este mismo año sobre la utilización de la TC insiste
en que la medición de CAC puede ser útil en los
pacientes que, basándonos en factores de riesgo
clásicos, tengan un riesgo intermedio, para tomar decisiones
terapéuticas preventivas. Respecto a la cardio-TC, aunque
reconoce su capacidad para la detección y la
caracterización de las placas no calcificadas, los datos
clínicos disponibles respecto a su precisión,
así como a su significado pronóstico, son
insuficientes, por lo que no se puede recomendar su
aplicación para estratificación de
riesgo6.
Con
posterioridad se han publicado otros documentos como el de la
Sociedad Europea de Radiología Cardiaca y la Sociedad
Norteamericana de Imagen Cardiovascular respecto al cribado de
CAC7, en el que se ratifican las indicaciones
establecidas y se plantean cuestiones como si el tratamiento
médico podría frenar la progresión de las
calcificación coronaria, y si esto tendría
consecuencias clínicas, o si la ausencia de CAC en pacientes
con factores de riesgo identificaría un grupo que no
precisara tratamiento. También la AHA ha publicado
recientemente un informe sobre arteriografía coronaria no
invasiva y no recomienda la utilización de TC para cribado
de enfermedad coronaria en pacientes asintomáticos
(recomendación clase III, evidencia
C)8.
Actualmente están en marcha ensayos clínicos como el
estudio SCOUT (Subclinical COronary Atherosclerosis Updated with
coronary CT angiography), que se propone evaluar en 3.000
individuos la prevalencia y las características de la
aterosclerosis coronaria subclínica, mediante cardio-TC y el
impacto de su tratamiento en población asintomática,
aplicando un protocolo terapéutico establecido según
la severidad de las lesiones encontradas, con un seguimiento de 5
años (finalizará en 2011). Se ha publicado
también un análisis retrospectivo de 1.000 sujetos
asintomáticos (estudiados mediante cardio-TC como parte de
una revisión sistemática)9. En el 22% se
identificaron placas ateroscleróticas; el 4% de los
individuos tenían únicamente placas no calcificadas;
el 5% presentaba estenosis > 50%, que eran > 75% en el 2% del
total. El 25% de los pacientes con estenosis significativas
presentaban un riesgo CV bajo según estratificación
basada en FR. Tras año y medio de seguimiento, se
habían producido 15 eventos sólo en pacientes con
enfermedad coronaria demostrada: 1 caso de angina inestable que
precisó ingreso hospitalario y 14 procedimientos de
revascularización, indicados por los hallazgos
angiográficos.
Los
autores concluyen que la prevalencia de enfermedad coronaria en
individuos asintomáticos no es despreciable, aunque su
pronóstico a medio plazo es bueno. Esta técnica
permite identificar a individuos en quienes se subestima su riesgo
por métodos convencionales de estratificación, pero
aún está por demostrar su riesgo-beneficio y su
coste-eficacia en esta población. En el editorial que
acompaña la publicación de ese estudio, con el
subtítulo:
«A
bridge too far?»,
se hace referencia a
la necesidad de que ese trabajo sea el primero de una serie de
grandes estudios que establezcan el uso de esta técnica en
la población asintomática pero, de acuerdo con
algunos autores, se considera que estamos muy lejos de su
recomendación como técnica de criba de enfermedad
coronaria subclínica10.
EL RIESGO
CARDIOMETABÓLICO (RCM): NUEVAS EVIDENCIAS
Fisiopatología
Es
ampliamente conocido que la asociación de los FR
«clásicos» aumenta la incidencia de enfermedad
CV. Estamos viviendo actualmente el incremento de FR con marcado
matiz metabólico que aumentarán la incidencia de
enfermedad CV en los próximos años. Estos factores se
agrupan en torno a la obesidad/sobrepeso, la diabetes mellitus
(DM), el SM y otras enfermedades relacionadas, como la
hipertensión arterial, la insuficiencia renal y la
dislipemia11,12. El RCM afecta a ambos sexos y a todas
las edades, pero se inicia en la infancia/adolescencia y se
manifiesta en la tercera o la cuarta década de la vida. El
aumento de su prevalencia obliga a tomar medidas preventivas muy
precoces13.
Los
mecanismos por los que estos FR se involucran en el aumento de la
enfermedad CV son variados. Tienen como inicio común la
resistencia a la insulina y procesos derivados de la
inflamación. La edad, la ingesta calórica, el
sedentarismo, el tabaquismo y el estrés, así como
diversos factores genéticos, étnicos y hormonales,
son algunos de los determinantes etiológicos que conducen a
la llamada «obesidad visceral», el epicentro en la
fisiopatología del síndrome
cardiometabólico14 (fig. 1).
Fig.
1.
Fisiopatología del síndrome
cardiometabólico. Modificado de Brunzell et
al14.
Aparecen
por mecanismos genéticos que determinan alteraciones en el
metabolismo del tejido adiposo, por disfunción mitocondrial
y endocrina15 que condiciona, a su vez, defectos en las
vías de la función de la insulina. Unos malos
hábitos higiénicodietéticos y la
alteración de ciertos receptores (endocannabinoides)
determinan el desarrollo de obesidad visceral y la
activación de fenómenos inflamatorios (tabla
2).
Se puede
considerar al tejido adiposo como un órgano endocrino
complejo y activo, que secreta una gran variedad de productos, como
las adipocinas. En condiciones normales esta secreción es
equilibrada y regulada por la masa grasa y la dieta. En el obeso,
se produce una desregulación que conduce a
diferenciación incompleta de los preadipocitos con
reducción de la producción de adiponectina, y del
depósito de lípidos y su acumulación
ectópico16.
La
adiponectina es la llamada «citocina protectora», su
déficit se ha identificado como FR independiente de DM tipo
2, enfermedad CV e hipertensión
arterial17.
Aunque
los macrófagos son el origen de la mayor parte de la
secreción del factor de necrosis tumoral alfa
(TNF
α
), se ha demostrado que también intervienen el
músculo, liso y estriado, y el tejido adiposo. Inducen
resistencia a insulina18,19 y son inhibidores de la
secreción de la adiponectina. Por otra parte, el tejido
adiposo visceral estimula la liberación de diversas
citocinas proinflamatorias como las interleucinas (IL): IL-6, IL-8
e IL-1020, y la leptina cuyos valores se correlacionan
con la cantidad de adiposidad. Recientemente se ha definido una
nueva adipocina, el factor de crecimiento de fibroblastos 21 (FGF
21), que se correlaciona positivamente con la adiposidad, las
concentraciones de insulina y triglicéridos y negativamente
con las de colesterol de las lipoproteínas de alta densidad
(cHDL), y aumentan el RCM de forma
independiente21.
El
estado proinflamatorio se acompaña de un aumento
significativo del estado protrombótico por la
secreción adipocitaria del inhibidor del factor activador
del plasminógeno 1 (PAI-1) que, junto con el aumento del
fibrinógeno, el factor VIIa, la reactividad plaquetaria y la
fibrinolisis deficiente, supone una situación de diatesis
trombótica que activa y complica la placa de
ateroma22.
Aspectos prácticos
La
historia clínica ha de incluir los antecedentes familiares
de DM, dislipemia e hipertensión arterial. La dieta y la
actividad física son importantes, ya que son las claves a la
hora de plantear cualquier actitud preventiva y/o
terapéutica.
La
exploración física ha de ser completa. Hay que
insistir en el cálculo del índice de masa corporal
(IMC) que ha de estar por debajo de 24 de superficie corporal.
Parece que hay una mayor correlación de RCM con el
diámetro de la cintura (obesidad central) que ha de ser
menos de 102 cm en los varones y de 88 cm en las mujeres. Es
necesario conocer con precisión el estado de la
«salud» cardiovascular con una exploración
cuidadosa que incluya el registro de la presión
arterial.
Test de
laboratorio: análisis de sangre y orina recién
emitida que debe incluir el colesterol total y sus fracciones,
triglicéridos, glucemia en ayunas y glucohemoglobina
(HbA1c). En orina es preciso determinar la glucosa y las
proteínas. La microalbuminuria se ha constituido en factor
de riesgo cardiovascular independiente en la valoración
general de RCM23. Las cifras que se considera normales
se expresan el la tabla 324.

El ECG
podría ser una exploración de fácil
realización y bajo coste que proporciona datos que valorar.
En algunos casos concretos podría estar indicada la prueba
de esfuerzo.
En casos
de enfermedad CV prematura o especialmente «agresiva»,
sería conveniente determinar otros factores como la
proteína C reactiva de alta sensibilidad,
lipoproteína (a), fibrinógeno y otras.
Tratamiento: viejos fármacos, nuevas
indicaciones
La
pérdida de un 5-10% del peso corporal se asocia con
disminución de citocinas circulantes, mejoría de la
glucemia y concentraciones de insulina, así como de la
función endotelial, disminución de las cifras de PA y
lípidos25. Por ello, ésta sigue siendo la
primera diana del tratamiento, que en una fase inicial se ha de
intentar conseguir con dieta y ejercicio.
El
componente diabético del RCM debe considerase prioritario,
hasta conseguir que la HbA1c sea < 7%. El
fármaco de primera elección continúa siendo la
metformina, que en un estudio reciente se ha demostrado que reduce
el GIMC26, lo que supone un retardo valorable en la
progresión de la aterosclerosis. La combinación de
metformina y fibratos se ha mostrado útil en el SM para
normalizar la HbA1c, pues eleva las cifras de cHDL y
disminuye las de triglicéridos27. Las glitazonas
actúan de diversas maneras, aumentan la adiponectina y
también podrían disminuir el
GIMC28.
La
dislipemia de los pacientes diabéticos necesita con
frecuencia combinaciones de fármacos, como las estatinas y
los fibratos para disminuir las cifras de triglicéridos y
elevar en lo posible las cifras de cHDL29. El
ácido nicotínico parece ser el fármaco
más potente para conseguir un aumento valorable de cHDL
(hasta el 26%). Además disminuye el colesterol de las
lipoproteínas de baja densidad (cLDL) y altera su
composición hacia moléculas más grandes. Como
consecuencia, se retarda la progresión de la aterosclerosis
en pacientes con enfermedad arterial conocida30. Se
están ensayando nuevos derivados con menos efectos
secundarios.
Los
inhibidores de los receptores endocannabinodes como el rimonobant
han abierto nuevos horizontes en el tratamiento de la obesidad
abdominal y el SM. Los diferentes estudios RIO (Rimonobant In
Obesity) demuestran su efectividad en controlar el RCM, aunque sus
efectos secundarios limitan su
prescripción31.
EL ESTUDIO
MESYAS: RESUMEN DE LOS RESULTADOS MÁS
SIGNIFICATIVOS
El
Registro MESYAS comenzó en 2003 bajo el patrocinio de la
SEC, a través de su Sección de CPyR. Está
coordinado por el Dr. J.A. Casasnovas y colaboran más de 20
investigadores de diferentes disciplinas: médicos (medicina
del trabajo, cardiólogos, internistas, médicos de
familia, residentes de cardiología), bioquímicos y
estadísticos, y cuenta con la participación de
distintos equipos médicos y de prevención de
diferentes empresas.
El
objetivo inicial fue obtener datos epidemiológicos sobre la
prevalencia de SM en trabajadores de España. Posteriormente
estos objetivos se han ido ampliando para responder a los nuevos
interrogantes que se iban planteando. Uno de los más
importantes es conocer mediante un estudio longitudinal prospectivo
la morbimortalidad cardiovascular generada por el SM. Este nuevo
estudio fue iniciado en 2005; se ha incluido a 10.000 trabajadores,
actualmente en seguimiento.
El
registro MESYAS desde su inicio, ha aportado datos muy interesantes
sobre la prevalencia del SM en trabajadores de España (un
10,2%, mayor en varones que en mujeres; el 8,7 frente al 3%), y se
observa un gradiente social inverso: los trabajadores manuales
tienen un mayor riesgo de SM independientemente de la edad y el
sexo (
odds ratio
[OR] = 1,3) que el de
los trabajadores de oficina o directivos32.
La
resistencia a la insulina y la disfunción renal se han
implicado en el desarrollo de hipertensión y enfermedad CV.
Al igual que en otros estudios, en el registro hemos encontrado que
el incremento de la PA (PAS ≥ 130/85 mmHg) es, de los cinco
criterios necesarios para el diagnóstico de SM según
el National Colesterol Education Program (ATP-III), el más
prevalente. Además, hemos encontrado una asociación
entre la prehipertensión y los marcadores de resistencia a
insulina, evaluada por la presencia de SM y el cociente
triglicéridos/cHDL que, sin embargo, no hallamos con la
disfunción renal inicial33.
El SM se
relaciona de forma independiente con la presencia de
disfunción renal subclínica valorada por el
cálculo del filtrado glomerular, al igual que ocurre con la
hipertensión arterial, la DM y otros factores
clásicos de riesgo34.
El
creciente interés por el SM es una consecuencia
lógica de su relación con la enfermedad
isquémica. Aunque no hay unanimidad para explicar su
fisiopatología, la insulinorresistencia es un factor
implicado35. Su medición no está al
alcance de los laboratorios habituales, por ello se han propuesto
diferentes marcadores. En el estudio MESYAS hemos podido comprobar
cómo el cociente de los triglicéridos y el cHDL se
relaciona directamente con el SM. Está duplicado en los
trabajadores con SM (5,1 frente a 2; p < 0,001), y aumenta al
añadir criterios diagnósticos. Los análisis
realizados con curvas ROC
(receiver
operating characteristic)
mostraron que un valor
de este cociente igual a 2,75 en varones y 1,65 en mujeres
confieren una sensibilidad y una especificidad del 80% para el
diagnóstico de SM. Por lo tanto, esta medida sencilla y al
alcance de cualquier laboratorio sería útil para
clasificar a los pacientes en mayor riesgo cardiovascular
sanos36.
Además, en resultados aún no publicados (Laclaustra M
et al: «Coronary heart disease linked with the metabolic
syndrome components fits a multiplicative model with exception of
overweight», comunicación personal, artículo
enviado para publicación), encontramos que la
hipertrigliceridemia es un factor de riesgo muy importante de
cardiopatía isquémica. Entre los criterios
diagnósticos de SM, el que mayor riesgo de
cardiopatía isquémica presenta es la
hipertrigliceridemia (OR = 4,13; intervalo de confianza [IC] del
95%, 3,09-5,53; p < 0,001), seguido de la hiperglucemia (OR =
3,00; IC del 95%, 2,25-4,02; p < 0,001), el cHDL disminuido (OR
= 2,55; IC del 95%, 1,78-3,66; p < 0,001), la
hipertensión arterial (OR = 1,75; IC del 95%, 1,30-2,35; p
< 0,001) y, por último, la obesidad (IMC ≥ 28,8) (OR =
1,46; IC del 95%, 1,09-1,95; p = 0,013). Observamos que no todas
las asociaciones de los distintos componentes de SM conllevan el
mismo riesgo. En general, aquellas agrupaciones que incluyen la
hipertrigliceridemia como criterio asociado suponen un mayor riesgo
de enfermedad cardiovascular37.
REHABILITACIÓN CARDIACA
Ejercicio físico
En los
últimos 12 meses se han publicado importantes
artículos referidos al ejercicio físico y la salud
cardiovascular. Uno de ellos es la actualización de las
recomendaciones sobre actividad física y salud
pública38 que hace el Colegio Americano de
Medicina del Deporte y la Asociación Americana del
Corazón (AHA). Marcando diferencia con las anteriores,
publicadas en 1995, se clarifica la recomendación de
actividad física de intensidad moderada. El ejercicio
físico vigoroso se incorpora explícitamente a las
recomendaciones. También se especifica que las actividades
de moderadas a intensas son complementarias para producir
beneficios en la salud. La combinación de actividades
está basada en la cantidad de actividad realizada
(intensidad por duración) durante la semana y se usa el
concepto de equivalentes metabólicos (MET) para asignar un
valor específico a cada actividad.
Subrayan
un hecho importante, que la actividad física más
allá de los mínimos recomendados tiene mayores
beneficios para la salud. Clarifican también el concepto de
acumulación de episodios de actividad física: para
alcanzar el objetivo de 30 min, han de ser de un mínimo de
10 min.
Se
incorporan las actividades físicas dinámicas con un
componente isométrico propias para la
musculación
(muscle-strengthening).
Estas recomendaciones
se sustentan en la evidencia actual disponible.
Respecto
a la dosis de actividad, se propone que puede ser interpretada de
diferentes formas, teniendo en cuenta la intensidad, la
duración o la frecuencia de la actividad, y la cantidad
total de actividad física está en función de
ello. Basándose en datos recientes, establecen que las
actividades físicas intensas pueden tener un mayor beneficio
en reducir la morbimortalidad cardiovascular que las de grado
moderado, efecto que es independiente del consumo de
energía.
Se
establece en las recomendaciones que, para promover y mantener la
salud, todos los adultos sanos con edad entre 18 y 65 años
necesitan actividad física aeróbica
(endurance)
de intensidad
moderada, un mínimo de 30 min 5 días a la semana o de
intensidad vigorosa un mínimo de 20 min 3 días a la
semana (indicación de clase I A) Combinaciones de
intensidad, actividadas moderadas e intensas, se pueden realizar
para cumplir esta recomendación (indicación de clase
IIa B). Por ejemplo, una persona puede cumplir con la
recomendación de caminar durante 30 min 2 días a la
semana y correr durante 20 min otros 2 días. La actividad
aeróbica de intensidad moderada, que generalmente equivale a
una caminata y acelera notablemente el ritmo cardiaco, se puede
sumar para un mínimo de 30 min por la acumulación de
episodios de 10 o más minutos de duración
(indicación de clase I B). La actividad de intensidad
vigorosa, ejemplificada por correr
(jogging),
produce
respiración rápida y un aumento sustancial de la
frecuencia cardiaca.
Además, cada adulto debe realizar actividades que mantengan
o aumenten la fuerza muscular y resistencia, un mínimo de 2
días a la semana (indicación de clase IIa
A).
Debido a
la relación dosis-respuesta entre la actividad física
y la salud, las personas que deseen mejorar su aptitud personal,
reducir su riesgo de enfermedades crónicas y discapacidad o
prevenir el aumento de peso pueden beneficiarse de exceder el
mínimo de las cantidades recomendadas de actividad
física (indicación de clase I A).
Es bueno
recordar también que la AHA publicó, hace
aproximadamente un año, una actualización de las
recomendaciones del entrenamiento físico de resistencia
(ER), para individuos con y sin enfermedad CV39. En
ellas establece que el ER prescrito y supervisado aumenta la fuerza
muscular y la resistencia física, la capacidad funcional y
la independencia y la calidad de vida, mientras que reduce la
discapacidad en personas con y sin enfermedad CV. Estos beneficios
han hecho que el ER tenga aceptación como componente de
programas para la salud y el entrenamiento
físico.
Esta
actualización, respecto a la publicada en 2000, proporciona
nueva información con respecto a los beneficios para la
salud del ER, el impacto del ER en la estructura y función
del sistema cardiovascular, la función del ER en la
modificación de factores de riesgo cardiovascular, los
beneficios en determinadas poblaciones, la seguridad de su
utilización, la evaluación médica para la
participación en el ER y los métodos de
prescripción. De esta forma se proporciona a los
médicos las recomendaciones necesarias para utilizar este
tipo de entrenamiento, que con frecuencia se infrautiliza. Mientras
que el ejercicio de resistencia convencional consiste en levantar
pesos importantes con periodos largos de descanso (componente
anaeróbico predominante), los circuitos de entrenamiento
recomendados consisten en levantar pesos ligeros, con periodos
cortos entre ejercicios, introduciendo un mayor componente
aeróbico en el entrenamiento. El documento afirma que el ER
puede ser introducido en los PRC en cualquier paciente, incluidos
aquellos con insuficiencia cardiaca, de forma segura. Hace unas
recomendaciones para iniciar el ER, como evitar la maniobra de
Valsalva.
En
el
European Journal of Cardiovascular Prevention and
Rehabilitation
se han publicado
recientemente dos metaanálisis sobre ejercicio
físico40,41. En el primero se evaluó la
mortalidad CV y la mortalidad por cualquier causa en
relación con la actividad física realizada por los
individuos. Se incluyeron un total de 33 estudios con 883.372
participantes. El seguimiento osciló entre 4 y más de
20 años. En la mayoría de los estudios se
demostró una reducción de riesgo significativa para
los participantes físicamente activos. En cuanto a la
mortalidad CV, la actividad física se asoció con una
reducción del riesgo del 35% (IC del 95%, 30-40). La
mortalidad por todas las causas se redujo en un 33% (IC del 95%,
28-37). Los autores concluyen que la actividad física se
asocia con una marcada disminución en la mortalidad CV y por
cualquier causa, tanto en varones como en mujeres, incluso
después de ajustar otros FR.
Otro
aspecto interesante de este metaanálisis es la
observación de que los estudios que utilizan cuestionarios
para evaluar la actividad física informan de menor
reducción de riesgo que los estudios que utilizan medidas
más objetivas del ejercicio físico. Esto plantea una
interesante cuestión a la hora de planificar cualquier
estudio en el que se pretenda medir la actividad
física.
El
segundo metaanálisis publicado, relacionaba la actividad
física realizada durante el tiempo libre y la
prevención primaria de enfermedad coronaria41.
Ese estudio describe una protección significativa frente a
la aparición de las enfermedades CV, como consecuencia de
niveles de actividad física de moderados a altos. Estos
resultados refuerzan las recomendaciones de realizar ejercicio y
confirman su efecto protector contra las enfermedades CV, con
grados de actividad física que son alcanzables por la mayor
parte de la población.
De estos
estudios y otros menos recientes se puede concluir que con respecto
al ejercicio físico, es más importante la intensidad
que la cantidad y que el entrenamiento físico es más
importante que la actividad física para conseguir un efecto
positivo sobre las enfermedades CV.
Unidades de rehabilitación cardiaca
Durante
la reunión anual de la EACPR, celebrada en París en
mayo pasado, la Dra. Bjarnason-Wehrens presentó los datos
preliminares del European Cardiac Rehabilitation Inventory Survey
(ECRIS), sobre las unidades de rehabilitación cardiaca en
los distintos países europeos. Esta encuesta fue enviada a
las distintas sociedades de cardiología, y la SCPyR fue la
encargada de responderla en España.
Los
datos han puesto en evidencia que continuamos siendo uno de los
países de Europa con menor número de centros de
rehabilitación cardiaca y, por lo tanto, donde menos
pacientes realizan estos programas preventivos. Las cifras
estimadas se muestran en la tabla 4. En España se
rehabilitan menos del 3% de los pacientes con indicación,
frente a cifras que alcanzan el 90% en otros países
europeos.
Desde
esta SCPyR, consideramos imprescindible conseguir de forma
preferente un incremento significativo de estos PRC en
España como forma de mejorar la prevención CV que
ofrecemos a nuestros pacientes.
AGRADECIMIENTOS
Queremos
agradecer su colaboración al Dr. Alfonso del Río
Ligorit, al Dr. José Antonio Casasnovas Lenguas y a la Dra.
Carmen de Pablo y Zarzosa.
Declaración de conflicto de intereses
Los
autores han declarado no tener ningún conflicto de
intereses.
ABREVIATURAS
CAC: calcificación de arterias coronarias.
CV: cardiovascular.
DM: diabetes mellitus.
EACPR: European Association for Cardiovascular Prevention and
Rehabilitation.
ER: entrenamiento de resistencia.
FR: factores de riesgo.
GIMC: grosor intimomedial carotídeo.
IMC: índice de masa corporal.
PA: presión arterial.
PRC: programas rehabilitación cardiaca.
RCM: riesgo cardiometabólico.
SCPyR: Sección de Cardiología Preventiva y
Rehabilitación.
SM: síndrome metabólico.
TC: tomografía computarizada.
Correspondencia: Dra. M. León Latre.
Unidad de Investigación Cardiovascular. Instituto
Aragonés de Ciencias de la Salud.
Avda. Gómez Laguna, 25, planta 11. 50009 Zaragoza.
España.
Correo electrónico:
mleon@unizar.es
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