Introducción
La
hipertensión arterial (HTA) resistente al tratamiento o
refractaria (HTAR) se define habitualmente cuando la presión
arterial (PA) persiste con valores > 140/90 mmHg (> 130/80
mmHg en el caso de pacientes con diabetes mellitus o
nefropatía clínica establecida), a pesar del uso de
medidas higiénico-dietéticas y de la
administración de al menos tres fármacos, entre los
cuales se incluye un diurético, a las dosis
apropiadas1,2. La prevalencia exacta de la entidad no es
bien conocida y puede variar desde sólo un 5% de los
pacientes no seleccionados, atendidos por un médico general,
hasta alcanzar el 50% en ciertos servicios de
referencia3. No hay directrices claras acerca del tipo
de pruebas diagnósticas y terapéuticas que se deben
emplear en el tratamiento de la HTAR, ya que no hay estudios
prospectivos que indiquen cuál es la mejor secuencia
diagnóstica y terapéutica para administrar o
añadir un tercer, cuarto o quinto fármaco en el
manejo de un paciente con HTA no controlada o HTAR2, y
las opiniones de expertos4-7 no son siempre
coincidentes. No obstante, estudios recientes indican que la
espironolactona (antagonista de la aldosterona) proporciona un
efecto antihipertensivo añadido cuando se utiliza en el
manejo de la HTAR8-11. También es conocido el
efecto añadido antihipertensivo de doxazosina utilizado en
pacientes con hipertensión arterial no controlada con uno o
varios fármacos12-15. El objetivo del presente
estudio es valorar la utilidad de la espironolactona o la
doxazosina añadidas al tratamiento convencional de la HTAR,
comparar las posibles diferencias en la respuesta antihipertensiva
y en determinados parámetros clínicos y
bioquímicos entre ambas opciones terapéuticas e
intentar identificar las características clínicas de
los pacientes que pueden indicar una buena respuesta
terapéutica a uno u otro fármaco.
Métodos
Se
realizó un estudio de observación retrospectivo en
pacientes con HTAR, atendidos en una unidad de hipertensión
y riesgo vascular de un servicio de medicina interna
hospitalario.
Pacientes
Se
incluyó a todos los pacientes hipertensos atendidos de forma
consecutiva desde el 1 de marzo de 2005 al 30 de junio de 2007, que
reunían los siguientes requisitos:
a)
edad > 18 años y haber recibido un tratamiento
estable con medidas higiénico-dietéticas (dieta pobre
en grasas y sal) y/o el mismo tratamiento farmacológico,
durante los 3 meses previos a la evaluación inicial de
inclusión;
b)
estar tratados con al menos tres fármacos a las dosis
clínicas apropiadas (uno de los cuales era un
diurético) y mantener valores de presión arterial
sistólica (PAS) > 140 mmHg y/o presión arterial
diastólica (PAD) > 90 mmHg, en el caso de los pacientes
diabéticos los valores fueron > 130 mmHg para la PAS y/o
> 80 mmHg para la PAD;
c)
creatinina plasmática < 1,6 mg/dl para los varones y
< 1,4 mg/dl para las mujeres, y
d)
completar el periodo de tratamiento previsto con
espironolactona o doxazosina para obtener los datos clínicos
y analíticos establecidos. Los valores de PA clínica
elevados en la consulta se comprobaron en todos los casos mediante
automedida domiciliaria y/o monitorización ambulatoria. En
el caso de la automedida domiciliaria de la PA los criterios de
inclusión fueron: PAS > 135 mmHg y/o PAD > 85 mmHg, y
en el caso de la monitorización ambulatoria de la PA: PAS 24
h > 130 mmHg y/o PAD 24 h > 80 mmHg.
Los
criterios de exclusión del estudio fueron:
a)
estar diagnosticado de HTA secundaria de cualquier tipo;
b)
valores de K sérico al inicio del estudio < 3,5
mmol/l o > 5,5 mmol/l;
b)
tener dudas razonables del cumplimiento terapéutico,
y
c)
presentar una
enfermedad sistémica que pudiera interferir en la
valoración de los cambios evolutivos de la PA. Tras la
valoración inicial, en que se añadió al
tratamiento previo con tres o más fármacos bien
espironolactona o bien doxazosina, se siguió al paciente con
visitas periódicas hasta la estabilización de sus
valores de PA y/o modificación del tratamiento
antihipertensivo. Se consideró la visita final del estudio
cuando:
a)
se modificaba el tratamiento al añadir un fármaco
y/o aumentar las dosis de los que estaba tomando el paciente por
mal control de la PA, o
b)
se consideraba su PA controlada al alcanzar los objetivos
previstos (PAS < 140 mmHg y PAD < 90 mmHg, o PAS < 130
mmHg y PAD < 80 mmHg para los diabéticos) y se
remitía a seguimiento a medio plazo con tratamiento de
mantenimiento que incluía espironolactona o
doxazosina.
Examen clínico y métodos
Además del examen clínico habitual, se pesó
(kg), y se midió la altura (cm) y el perímetro de
cintura (cm) a todos los pacientes. La PA clínica se
midió con un esfigmomanómetro de mercurio con el
paciente sentado tras 5 min de reposo, siguiendo las indicaciones
de la British Hypertension Society16.
Determinaciones analíticas
Se
realizó una determinación analítica a todos
los pacientes, que permitió valorar los principales
parámetros bioquímicos. La excreción urinaria
de albúmina se cuantificó en orina de 24 h con un
método inmunonefelométrico (Behring
Institute).
La tasa
de filtrado glomerular se estimó por una fórmula
derivada de los valores de creatinina sérica17.
Se diagnosticó de síndrome metabólico a los
pacientes que cumplían los criterios del National Colesterol
Educational Program-Adult Treatment Panel III (NCEP-ATP
III)18. El diagnóstico de diabetes se
realizó según los criterios de la American Diabetes
Association19.
Se
recogieron de forma informatizada, respetándose la
confidencialidad marcada por la Ley, los datos
epidemiológicos, clínicos y analíticos, junto
con el tratamiento farmacológico que llevaban los pacientes.
El estudio se realizó de acuerdo con las normas de buena
práctica clínica y el Comité de
Investigación del hospital lo aprobó y
controló. Todos los pacientes dieron su consentimiento al
inicio del estudio.
Análisis estadístico
Las
variables continuas se expresan como media ±
desviación estándar (DE) si siguen una
distribución normal, y como mediana y rango
intercuartílico (RIQ) si no lo hacen. Las variables
categóricas se expresan como porcentajes. La normalidad de
las variables se comprobó mediante la prueba de
Kolmogorov-Smirnov. Para analizar la variación de las
distintas variables tras el tratamiento se utilizó la prueba
de la t de Student para medidas repetidas si la distribución
era normal, y la de Wilcoxon en caso contrario. Para la
comparación entre grupos se utilizó la t de Student
en las variables de distribución normal y el test de la U de
Mann-Whitney en las que no.
La
homogeneidad de varianzas se comprobó mediante la prueba de
Levene. Para la comparación de proporciones se
utilizó la prueba de la
χ
2. La asociación entre variables con el
descenso de la PA se analizó mediante regresión
lineal múltiple. Para estimar el riesgo de obtener una buena
respuesta al tratamiento se calculó la razón de
ventaja
(odds
ratio)
multivariable mediante regresión logística.
Se fijó un valor de significación
α
= 0,05. Los
cálculos se han realizado con el paquete estadístico
SPSS 11.0 para Windows.
Resultados
De un
total de 2.958 pacientes atendidos en la unidad de
hipertensión y riesgo vascular durante el periodo de
estudio, se valoró inicialmente a 687 que estaban recibiendo
tres o más fármacos, con mal control de la PA. De
éstos se descartó a 490; 82 por sospecha de falta de
cumplimiento terapéutico, 125 por sospecha de HTA secundaria
o afección de la función renal, 151 por presentar
valores de automedida de PA o monitorización de la PA en 24
h indicativas de seudohipertensión y 122 por enfermedades
sistémicas concomitantes y/o toma de otros fármacos
diversos que podrían interferir en la valoración
final. Tras la selección inicial de 198 pacientes, se
descartó a 17 por no completar el tratamiento previsto con
espironolactona o doxazosina, o carecer de datos clínicos o
analíticos evolutivos para ser valorados. El análisis
final se realizó en 181 pacientes, 88 tratados con
espironolactona y 93 con doxazosina, cuyas características
principales se muestran en la tabla 1. No hubo diferencias entre
ambos grupos en relación con edad, distribución por
sexo, índice de masa corporal, perímetro de cintura,
datos de valores lipídicos, glucosa ni proporción de
pacientes con síndrome metabólico, diabetes mellitus,
hábito tabáquico, toma de antihipertensivos o
fármacos hipolipemiantes. No hubo diferencias en la PAD,
pero rozaba la significación en la PAS (p = 0,06). Los
pacientes que recibieron espironolactona tenían valores
más bajos de urato (6,1 ± 1,5 frente a 6,7 ±
1,5 mg/dl; p = 0,01), creatinina (0,9 ± 0,2 frente a 1,1
± 0,4 md/dl; p < 0,001), excreción urinaria de
albúmina (13 ± 13 frente a 33 ± 153 mg/24 h; p
< 0,001) y mayor filtrado glomerular (83,9 ± 23,4 frente
a 68,7 ± 20,3 ml/ min/1,73 m2) que los que
recibieron doxazosina.
Del
total, 179 (99%) pacientes cumplían el criterio de PAS
elevada, 96 (53%), el de la PAD elevada, y 94 (52%),
cumplían ambas. En 74 casos, 33 en el grupo de
espironolactona y 41 en el grupo de doxazosina, se confirmó
la HTAR por monitorización ambulatoria de la PA, y en el
resto por automedida domiciliaria.
De los
181 pacientes que formaron parte del estudio, 103 (57%)
recibían tres fármacos antihipertensivos; 65 (36%),
cuatro y 13 (7%), cinco. No hubo ningún protocolo previo de
secuenciación de fármacos, cuya indicación se
realizó según las características
clínicas del paciente, pero la combinación más
extendida fue inhibidores de la enzima de conversión de
angiotensina y antagonistas de los receptores de la angiotensina II
combinados con antagonista del calcio más el
diurético. Respecto al uso de diuréticos hubo una
tendencia a usar más diuréticos tiacídicos y
menos de asa en el grupo de espironolactona comparado con el que
recibió doxazosina (p = 0,06).
Variaciones tras el tratamiento
Tras
añadir espironolactona los valores de PAS y PAD disminuyeron
claramente: la PAS se redujo 28 mmHg (intervalo de confianza [IC]
del 95%, 24-32 mmHg; p < 0,001), y la PAD, 12 mmHg (IC del 95%,
9-14 mmHg; p < 0,001) (fig. 1). Con el tratamiento se
evidenció un leve, aunque significativo, deterioro de los
parámetros de función renal: incremento de urato,
creatinina y K sérico, con disminución del filtrado
glomerular (tabla 2). También se observó una
disminución significativa del Na plasmático. La dosis
mediana de espironolactona utilizada fue de 32 ± 14 mg y la
duración del tratamiento antes de la evaluación final
fue 3 (1-6) meses.
Al
añadir doxazosina también se observó una clara
disminución de los valores de PA. La PAS se redujo 16 mmHg
(IC del 95%, 13-20 mmHg; p < 0,001), y la PAD, 7 mmHg (IC del
95%, 5-9 mmHg; p < 0,001) (fig. 1). Tras el tratamiento con
doxazosina se observó un descenso de la excreción
urinaria de albúmina (tabla 2). No hubo variación en
los valores de urato, creatinina, filtrado glomerular, Na ni K
séricos. La dosis de doxazosina utilizada fue 4 ± 1,3
mg y la duración media del tratamiento antes de la
evaluación final fue 6 (3-12) meses.
Fig.
1.
Descenso de la presión arterial sistólica
(PAS) y la presión arterial diastólica (PAD) tras
añadir al tratamiento espironolactona o
doxazosina.
Al
comparar los dos grupos entre sí, se apreció que el
descenso de la PAS fue mayor en el grupo que recibió
espironolactona frente al tratado con doxazosina (p = 0,001) y lo
mismo sucedió con la PAD (p = 0,003). Los parámetros
de función renal, creatinina, K y filtrado glomerular y la
excreción urinaria de albúmina empeoraron más
en el grupo tratado con espironolactona que en el tratado con
doxazosina (tabla 2). No hubo diferencias entre los grupos en los
datos de urato y Na séricos y sí en los referentes al
índice de masa corporal, con una tendencia a su
disminución en el grupo de pacientes que recibió
espironolactona y a su aumento en el que recibió
doxazosina.
Factores relacionados con el descenso de la Pa
Al
valorar por un análisis de regresión múltiple
qué factores se relacionaban con el descenso de la PA, se
observó que la disminución de la PAS tras el
tratamiento se asoció de forma independiente con los valores
iniciales de la PAS (
β
= 0,6, IC del
95%, 0,4-0,9; p < 0,001), con ser varón (
β
= 12,4, IC del 95%,
1,8-23; p = 0,02), con la edad (
β
= -0,5, IC
del 95%, -0,9 a -0,1; p = 0,02) y con haber sido tratado con
espironolactona (p = 0,02); el descenso medio ajustado por estas
variables y por concentraciones de creatinina, filtrado glomerular,
glucosa y excreción urinaria de albúmina fue 8 mmHg
(IC del 95%, 1-14,6 mmHg) mayor en este grupo que en el tratado con
doxazosina. La disminución de la PAD sólo se
asoció de forma independiente con los valores iniciales de
PAD (
β
= 0,5, IC del 95%,
0,3-0,7; p ≤ 0,001) y el tratamiento con espironolactona (p =
0,04), con un descenso medio ajustado por todas las variables 3,8
mmHg (IC del 95%, 0,2-7,4 mmHg) mayor en el grupo tratado con
espironolactona que en el de doxazosina.
Control de la presión arterial
Al
finalizar el periodo de seguimiento 61 (34%) pacientes alcanzaron
el objetivo de PAS y 135 (75%) el de la PAD; sólo 55 (30%)
tenían ambas controladas. El control fue mayor en el grupo
de espironolactona (39%) que en el grupo de doxazosina (23%) (p =
0,02). Las características iniciales de los pacientes que
alcanzaron un buen control de la PA, comparados con los que no la
alcanzaron, se muestran en la tabla 3. Los pacientes que
controlaron su PA eran mas jóvenes 63 ± 10 frente a
67 ± 10 años (p = 0,04), con valores más bajos
de glucosa (106 ± 24 frente a 138 ± 71) y con una
menor proporción de síndrome metabólico (p =
0,03) y diabetes (p = 0,001). No hubo diferencia entre los valores
iniciales de la PAS ni la PAD entre ambos grupos.
Al
realizar un análisis de regresión logística
para calcular los factores relacionados de forma independiente con
el buen control de la PA, se observó que únicamente
la diabetes mellitus (
odds
ratio
multivariable [ORm] = 0,17; IC del 95%, 0,08-0,38; p <
0,001) fue un factor independiente significativo con influencia
negativa para alcanzar el control (tabla 4). Asimismo, al
categorizar la PAS inicial tomando como punto de corte 165 mmHg, se
observó que los pacientes con PAS inicial < 165 mmHg
conseguían el control de la PA dos veces más (ORm =
2,56; IC del 95%, 1,11-5,90; p = 0,03) que los que presentaban una
PAS inicial ≥165 mmHg, con independencia de edad, sexo,
parámetros de función renal y tratamiento
recibido.
Di
scusión
En el
presente estudio en una población con HTAR, al añadir
al tratamiento antihipertensivo previo espironolactona o
doxazosina, se obtuvo una clara disminución de la PAS y la
PAD con un control eficaz de la PA en el 39% de los pacientes que
recibieron espironolactona y en el 23% de los que recibieron
doxazosina. La magnitud de reducción de la PA se
correlacionó principalmente, y en ambos grupos, con los
valores de la PA al inicio del tratamiento, y se beneficiaron de
una mayor reducción aquellos que parten de cifras más
elevadas de PA. Sin embargo, las probabilidades de conseguir un
control de la PA es casi 2 veces más en los pacientes con
valores iniciales de PAS < 165 mmHg, con independencia de que
los pacientes sean diabéticos, circunstancia que, a su vez,
disminuye la posibilidad de control. El descenso de la PA fue mayor
con el tratamiento con espironolactona que en los pacientes que
recibieron doxazosina. Sin embargo, los pacientes tratados con
doxazosina tuvieron menor deterioro de la función renal y
alteraciones electrolíticas que los tratados con
espironolactona, aunque partían de datos iniciales
diferentes, con peor función renal los que recibieron
doxazosina. Ambas opciones terapéuticas son útiles
bajo el punto de vista clínico y ayudan al disminuir la PA
de los pacientes con HTAR.
Comparación con estudios previos
Nuestros
resultados confirman datos previos del impacto que causa la
espironolactona en la disminución de la PA, en el
tratamiento de la HTAR en algunas series cortas de
pacientes8-10 y en una serie de nuestro propio
grupo11. Recientemente se han publicado los datos de un
amplio subgrupo de pacientes del estudio ASCOT20, en los
que durante la evolución fueron considerados como HTAR
(aunque no todos recibían diuréticos en las
combinaciones de fármacos) y tratados con la adición
de espironolactona al tratamiento previo, se observó una
reducción de 22 mmHg para la PAS y 9,5 mmHg para la PAD,
valores similares a los de la presente serie. Del mismo modo,
nuestros resultados confirman datos previos del efecto que causa la
doxazosina añadida al tratamiento en la disminución
de la PA en otras series de pacientes. Pessina et al14,
en 264 pacientes, observaron que la reducción fue de 15 mmHg
para la PAS y 9 mmHg para la PAD, valores muy similares a los de
nuestra serie, aunque sólo un 15% de sus casos estaban
tratados con más de un fármaco antihipertensivo. En
otra serie13 de 89 pacientes con HTA no controlada el
36% de los pacientes a los que se les añadió
doxazosina controlaron sus cifras tensionales al final del estudio,
aunque tampoco eran pacientes con HTAR, ya que tomaban 2 o
más fármacos antihipertensivos. Los datos de eficacia
de la doxazosina en una población de hipertensos severos,
como los de la presente serie, son muy escasos. La única
serie que conocemos de HTAR de 27 pacientes es la publicada por
Mediavilla et al21, en que se consiguió el
control en el 38% de ellos tras añadir doxazosina. Todas las
series destacan la ausencia de modificaciones en la función
renal o de los datos bioquímicos de los pacientes que la
recibieron, circunstancia que se confirma en nuestro caso. No
conocemos estudios comparativos de la posible eficacia de los dos
fármacos en pacientes con HTAR.
Los
datos de nuestro estudio indican que la adición tanto de
espironolactona como de doxazosina al tratamiento estándar
con diversos fármacos en la HTAR es una medida útil
que ayuda a un mayor control de la PA. Aunque en los resultados
obtenidos, tanto en el descenso de los valores de la PAS y la PAD
como en el grado de control de la PA, se observa la superioridad de
la combinación con espironolactona frente a la
combinación con doxazosina, el diseño del estudio no
permite sacar conclusiones definitivas sobre la superioridad de un
fármaco sobre otro. Las diferencias iniciales entre ambos
grupos en los valores de PAS y en los parámetros de
función renal se han tenido en cuenta en el análisis
multivariable, y aunque no se puede descartar que hayan influido en
la respuesta antihipertensiva de ambos grupos, los datos son
indicativos de una mayor respuesta con la espironolactona. Tampoco
se han podido identificar factores específicos que indiquen
una respuesta favorable a uno u otro fármaco; sólo la
PAS inicial (de forma directa) y la diabetes (inversa) fueron
factores que se relacionaron con una buena respuesta en los dos
grupos. De igual forma, no se encontraron diferencias entre los
datos iniciales clínicos o bioquímicos de los
pacientes que respondieron a uno u otro fármaco, lo que
indica que el uso combinado de los dos podría ser
útil en el manejo de estos pacientes y abre nuevas
vías de investigación, siempre basadas en ensayos
clínicos.
Es
conveniente mencionar que la indicación del uso de
espironolactona o doxazosina como cuarto fármaco en el
tratamiento de la HTA no controlada sólo se contempla como
una posible opción terapéutica, entre otras, en las
directrices de tratamiento de la HTA europea2 y,
especialmente, en la británica22. Otros autores
de gran prestigio ni siquiera la consideran de primera
elección en sus algoritmos terapéuticos6,
lo que resalta la falta de consenso al respecto y la importancia de
aportar nuevos datos de su uso clínico.
Nuestros
datos destacan la mayor dificultad del control de los
diabéticos con HTAR con el uso tanto de espironolactona como
de doxazosina. Dado que los objetivos de PAS y PAD son más
bajos en diabéticos, no es de extrañar esa mayor
dificultad. A pesar de ello el significativo descenso de la PA es
siempre muy beneficioso en cualquier paciente de alto riesgo, como
los diabéticos hipertensos.
Un dato
importante a considerar es la posible prevalencia de
hiperaldosteronismo primario (HAP) oculto en nuestra serie y en
general en la HTAR23,24.
En
nuestros pacientes, y en todas las series de HTAR, la
búsqueda de hipertensión secundaria es necesaria,
pero se basa siempre en datos clínicos indicativos
(hipercorticismo, sospecha de HTA vasculorrenal, etc.) y no se
realiza de forma sistemática3-6, por lo que no se
puede descartar por completo su presencia.
Tanto el
uso de la espironolactona como de la doxazosina no está
exento de efectos secundarios. El presente estudio no fue
diseñado para esta valoración, ya que se
descartó al inicio a los pacientes con insuficiencia renal
significativa, y además sólo se analizó el
descenso de la PA en los que finalizaron el estudio, o hasta que se
modificó el tratamiento con un seguimiento variable, por lo
que no se puede extraer ninguna conclusión al
respecto.
Limitaciones
El
presente estudio tiene claras limitaciones. La principal, que es un
estudio retrospectivo, y la distribución para recibir
espironolactona o doxazosina se realizó de forma no
aleatoria, con un probable sesgo clínico, por lo que no se
puede concluir el mayor beneficio de un fármaco sobre el
otro. Sin embargo, es necesario destacar que en una revisión
reciente de la AHA resalta la ausencia de datos prospectivos de
ensayos similares25 ya que no es necesario resaltar la
tremenda dificultad y la complejidad que tendría un estudio
prospectivo, aleatorizado y a doble ciego de un número de
pacientes similar con HTAR, ensayo aún por realizar, por lo
que la utilidad clínica de series retrospectivas como la
presente es manifiesta. Tampoco las consideraciones éticas
permiten realizar, en pacientes con HTAR, un estudio controlado de
un fármaco determinado frente a placebo, por su alta
morbilidad. Otra posible limitación es que no en todos los
casos se comprobó la existencia de HTAR por MAPA (aunque
ésta se realizó en el 41% de los casos) y en los
restantes se comprobó por la automedida domiciliaria de la
PA, por lo que se han descartado razonablemente los casos con
seudorresistencia. Tampoco se puede descartar una variación
en la adherencia al tratamiento o el efecto placebo al
añadir un nuevo fármaco, circunstancias que
sólo pueden aclararse en un estudio aleatorizado y
prospectivo. Como la selección de los pacientes fue
cuidadosa, los datos iniciales de ambos grupos similares en PA y
los descensos de la PAS y la PAD de ambos grupos se relacionaron
con los mismos factores, parece razonable considerar que sus
conclusiones son relevantes y con gran importancia en la
práctica diaria relacionada con el tratamiento
antihipertensivo de los pacientes con HTA no controlada y HTAR. Es
evidente que su aplicación generalizada sólo puede
plantearse tras ensayos clínicos controlados que es el
futuro camino a seguir, y que deben basar sus premisas previas en
series como ésta.
Conclusiones
Ya que
una gran proporción de hipertensos no se controla con las
medidas higiénico-dietéticas habituales26
ni tras añadir tratamiento
farmacológico27, conocer las
características de la disminución de la PA al
añadir al tratamiento habitual espironolactona o doxazosina
puede ayudar a controlar a un número significativo de
pacientes con hipertensión no controlada o HTAR. Creemos que
los resultados de la presente serie aportan datos clínicos
apreciables que permiten reducir los valores de PA y mejorar el
control de nuestros pacientes. De cualquier forma, es necesario no
olvidar que en el caso de la HTAR cualquier disminución
añadida de la PA es beneficiosa, ya que la PA mantenida a lo
largo del tiempo es el factor más importante en la presencia
de daño orgánico28 y
progresión29 o regresión30 del
daño vascular en la hipertensión y señala las
complicaciones clínicas en la HTAR31.
ABREVIATURAS
HTA: hipertensión arterial.
HTAR: hipertensión arterial refractaria.
PA: presión arterial.
PAD: presión arterial diastólica.
PAS: presión arterial sistólica.
Full English text available from:
www.revespcardiol.org
Correspondencia: Dr. J.M. Pascual.
Correo electrónico:
pascual_jma@gva.es
Recibido el 8 de junio de 2008.
Aceptado para su publicación el 27 de octubre de
2008.
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