INTRODUCCIÓN
La
insuficiencia renal (IR) crónica se define como una
disminución de la función renal determinada por un
filtrado glomerular (FG) o por un aclaramiento de creatinina
estimado < 60 ml/ min/1,73 m2 o como la presencia de
daño renal mantenido durante al menos 3 meses1.
Esta definición, además, permite estratificar
diferentes estadios de IR según los niveles de FG. El
método de referencia utilizado es la medida del aclaramiento
de creatinina en orina de 24 h, pero dicha determinación
muchas veces ofrece resultados muy erróneos motivados
habitualmente por errores en la recogida de la orina. Por ello, en
la práctica clínica diaria, la valoración de
la función renal se suele hacer según las cifras de
creatinina sérica, aun sabiendo que hay muchos factores,
sobre todo la edad, el sexo y la masa muscular, que pueden influir
en su concentración2,3, lo que hace que sea una
burda aproximación a la función renal real. No es
poco frecuente encontrar una función renal disminuida en
sujetos con menor masa muscular, con menos peso o edad avanzada a
pesar de cifras de creatinina aparentemente normales. Sin embargo,
en los últimos años se han validado distintos
métodos basados en ecuaciones predictivas que toman en
consideración la creatinina sérica, el sexo, la edad
y el peso del paciente4,5. Estas ecuaciones han
demostrado ser las más fiables para estimar el FG en
numerosos estudios realizados en gran número de pacientes,
entre ellos un gran estudio europeo recientemente
publicado6, y permiten estimar la disfunción
renal en estadios más iniciales aun cuando la creatinina es
normal.
La
enfermedad renal oculta (ERO) es una entidad que define los
estadios más iniciales de IR y no se detecta con los
métodos usados habitualmente (creatinina sérica). Se
trata de pacientes con creatinina dentro de los rangos de la
normalidad pero con una alteración del FG, y probablemente
también con riesgo incrementado.
El
objetivo del siguiente trabajo es determinar cuál es la
prevalencia de ERO en los pacientes hipertensos vistos en consultas
de cardiología y su relación con los distintos
factores de riesgo cardiovascular clásicos y con el
tratamiento pautado, comparando dicha entidad con la función
renal normal o la IR ya conocida.
MÉTODOS
Diseño
Se trata
de un estudio observacional, transversal, retrospectivo y
multicéntrico sin intervención farmacológica
que se llevó a cabo en 1.214 pacientes hipertensos
reclutados de forma consecutiva en consultas de cardiología.
Participaron en total 124 centros en España elegidos
aleatoriamente (hospitalarios y extrahospitalarios) con
representación de todas las comunidades autónomas, en
los que cada investigador (previamente instruido) incluyó a
los últimos 10 pacientes vistos en la consulta con el
diagnóstico de hipertensión arterial, que cumpliesen
los criterios de inclusión y ninguno de los criterios de
exclusión. Los criterios de inclusión fueron: edad
superior a 18 años y diagnóstico confirmado de
hipertensión arterial según las guías actuales
de práctica clínica7; los criterios de
exclusión fueron: pacientes con enfermedad renal con
creatinina sérica > 2 mg/dl, pacientes hospitalizados y
aquellos con una expectativa de vida < 3 meses. El estudio fue
aprobado por el comité ético independiente del
hospital de referencia.
Recogida de datos
Se
recogieron mediante un cuestionario los siguientes datos: edad,
sexo, peso, estatura, diabetes mellitus, dislipemia, tabaquismo
activo (si fuma o ha fumado durante el último año al
menos un cigarrillo), obesidad (índice de masa corporal
[IMC] ≥ 30), sedentarismo (si el paciente no camina o no hace
ejercicio mínimo de 30 min 3 días a la semana),
presencia de enfermedades cardiovasculares o los antecedentes
familiares de enfermedad cardiovascular. Además se tomaron
medidas antropométricas de talla, peso, IMC y
perímetro abdominal.
La
presencia de hipertrofia ventricular izquierda se definió
según los criterios electrocardiográficos de
Sokolow-Lyon (suma de onda R en V5-6 + onda S en V1 > 35 mm).
Los datos bioquímicos se obtuvieron a partir de la
última analítica realizada en los 6 meses previos a
la recogida de datos. En el caso del FG, se realizaron los
análisis estadísticos a partir de los valores
calculados mediante la fórmula MDRD, lo que permitió
el análisis del 87% de los pacientes, frente al 11% de los
pacientes con FG aportado por el investigador. Se definió
disfunción renal cuando el paciente presentaba una
creatinina ≥ 1,3 mg/dl o una determinación de FG por
parte del médico reclutador < 60 ml/min/1,73
m2. Se consideró enfermedad renal oculta (ERO) a
los pacientes que sin diagnóstico de disfunción renal
presentaban una FG < 60 ml/min/1,73 m2 (determinada
después a partir de la creatinina), y se consideró
función renal normal, por lo tanto, cuando el FG era ≥ 60
ml/min/1,73 m2.
Análisis estadístico
Las
variables continuas se expresaron como media ±
desviación estándar y se compararon mediante el test
ANOVA para datos no apareados o el test de Welch si la
homoscedasticidad de las varianzas era significativamente
diferente. La normalidad de la distribución se
comprobó mediante los gráficos de tallo y hojas. Las
variables categóricas se expresaron como porcentajes de la
población a estudio y se compararon mediante el test de
la
χ
2.
En todos
los contrastes de hipótesis se rechazó la
hipótesis nula con un error tipo I o un error alfa <
0,05. Para el análisis se utilizó el paquete
informático SPSS versión 15.
RESULTADOS
De los
1.214 pacientes recogidos, se analizó a 1.190 (98%), ya que
el resto no cumplía alguno de los criterios de
inclusión o exclusión. La media de edad de los
pacientes analizados fue 67 ± 10 años, con un 40% de
mujeres, un 34% de diabéticos y un 59% de
dislipémicos. El 15,7% tenía antecedentes de
tabaquismo; el 56,1%, de sedentarismo; el 65% de los varones y el
21% de las mujeres presentaban obesidad abdominal, y el 20,8%, de
enfermedad cardiovascular establecida (insuficiencia cardiaca el
18,5%, fibrilación auricular el 25,3%, hipertrofia
ventricular izquierda por ECG el 32,6%, cardiopatía
isquémica el 44,5%, accidente cerebrovascular el 6,8% y
arteriopatía periférica el 12,6%). El 19,7% de los
pacientes con hipertensión se trataba con un fármaco,
el 33,4% con dos, el 29,2% con tres y el 17,7% con más de
tres.
Determinación del FG
El FG
fue calculado por el cardiólogo responsable en el 11% de los
pacientes (el 55,7% con la fórmula de Cocroft-Gault, el
32,8% con MDRD y el 11,5% con otro método). Con el
cálculo del FG mediante MDRD a posteriori, se obtuvieron los
siguientes resultados: el 70,5% de los pacientes presentaban
función renal normal; el 9,5%, ERO y el 20%,
disfunción renal ya conocida (fig. 1).

Fig.
1.
Distribución de la población según la
alteración de la función renal.
Tal y
como se aprecia en la tabla 1, los pacientes con ERO tenían
más probabilidad de ser mujeres, más edad, más
antecedentes de dislipemia, diabetes, sedentarismo y
fibrilación auricular y más años de
evolución de la HTA que los pacientes con función
renal normal, y menos antecedentes de dislipemia, diabetes y
sedentarismo que aquellos con disfunción renal.

En
cuanto al manejo terapéutico, son escasas las diferencias en
cuanto al uso de tiacidas, antagonistas de los canales del calcio,
antagonistas de la angiotensina, bloqueadores alfa e inhibidores de
la enzima de conversión de angiotensina en relación
con el grado de disfunción renal; sin embargo, en cuanto a
la utilización de diuréticos de asa,
antialdosterónicos y bloqueadores beta, se observa un
incremento creciente de su uso conforme empeora el grado de
función renal (tabla 2).

Como se
puede ver en la figura 2, a medida que aumenta la edad aumenta la
rentabilidad de la ecuación MDRD abreviada para detectar
ERO. Por debajo de 50 años, el 2,9% (2 de 68) presenta ERO;
entre 50 y 60 años, el 3,3% (7 de 210); entre 60 y 70, el
9,3% (37 de 398) y, por encima de 70 años, un 13,5% (70 de
518).

Fig.
2.
Prevalencia de la enfermedad renal oculta según la
edad de la población estudiada.
DISCUSIÓN
En este
estudio observamos que en aproximadamente un 10% de los pacientes
hipertensos seguidos por cardiología están
infradiagnosticados en cuanto a la disfunción renal moderada
se refiere (FGE < 60 ml/min/1,73 m2). Dicha
detección de disfunción renal desde estadios
más precoces (incluso cuando las cifras de creatinina son
normales) es muy importante, ya que no sólo obliga a un
ajuste preciso en la dosificación de numerosos
fármacos (digoxina, bloqueadores beta, anticoagulantes,
etc.) y vigilancia de la posible aparición de efectos
tóxicos, sino que
per
se
constituye un factor de riesgo de morbimortalidad
cardiovascular en población general, en los pacientes con
factores de riesgo cardiovascular (hipertensos, diabéticos)
y en pacientes con enfermedad cardiovascular ya
establecida7,8, demostrándose una clara
relación inversa entre la función renal inicial y los
riesgos posteriores de muerte y
complicaciones9,10.
En un
estudio de prevalencia en pacientes de atención primaria,
Otero et al11 detectaron un 13% de ERO utilizando la
ecuación MDRD en 1.059 personas mayores de 18 años;
también Duncan et al12 detectaron una IR oculta
en un 15,2% de 2.781 pacientes canadienses ambulatorios, utilizando
la fórmula de Cockcroft-Gault y un umbral de FG de 50
ml/min. En nuestro estudio estas cifras son menores ya que, a
diferencia de los estudios previos, hemos considerado estrictamente
a los pacientes a los que el cardiólogo no determinó
la función renal mediante ningún método y en
el análisis posterior presentaban disfunción renal
moderada (FGE < 60 ml/min/1,73 m2), es decir,
pacientes con enfermedad renal cláramente inadvertida para
el cardiólogo (escondida), mientras que en el resto de los
estudios la alteración de la función renal detectada
por el médico responsable (en pacientes con creatinina
normal y antes del análisis conjunto posterior) no fue tenida en
cuenta.
La
«puesta en evidencia» de dichos pacientes es muy
importante en la práctica diaria, puesto que se trata de
individuos que presentan más factores de riesgo que los que
tienen función renal normal y menos que aquellos con
nefropatía conocida de disfunción renal (tabla 1).
Por ello las guías de la Sociedad Española de
Nefrología y Cardiología recomiendan determinar
sistemáticamente el FG a partir de fórmulas que
contengan la creatinina y otros parámetros (edad y sexo
fundamentalmente), e incluso, si es posible, implementar estos
datos en los laboratorios para que los suministren de forma
automática junto con la creatinina13, no
sólo para así detectar a estos pacientes con riesgo
cardiovascular intermedio, sino porque las alteraciones moderadas o
severas de la función renal (FGE < 60 ml/min/1,73
m2) constituyen por sí solas un factor de riesgo
cardiovascular independiente14, y así realizar un
tratamiento adecuado, evitar un deterioro aún mayor de dicha
disfunción renal y estratificar correctamente al paciente.
En nuestro caso, los pacientes con ERO fueron tratados, desde el
punto de vista farmacológico (con excepción de
diuréticos de asa y espironolactona), de una forma similar a
los que no presentaban dicha alteración, y esto puede
deberse a este desconocimiento por parte del cardiólogo
responsable. En cuanto al uso de antialdosterónicos, se ha
observado un incremento conforme empeora la función renal, y
esto ha de tenerse muy en cuenta, ya que pueden deteriorar
más la función renal y producir efectos indeseables
muy graves, por lo que se recomienda determinar el FG antes de
iniciar dichas terapias.
El uso
de dichas fórmulas resulta más útil en las
mujeres y cuanto mayor sea el paciente (fig. 2). Esto se debe
fundamentalmente a que presentan una masa muscular reducida, y se
observan cifras de creatinina que, aun siendo
«normales» para los valores de referencia del
laboratorio, ocultan una verdadera IR12,15.
Las
limitaciones de este estudio son las inherentes a cualquier estudio
observacional y transversal que no permite una
estratificación ni un seguimiento para establecer
conclusiones en cuanto al riesgo. Por otro lado, los datos
recogidos en el CRD que de alguna manera pueden influir en la
presencia de ERO están limitados (no se puede establecer el
grado de HTA que tenían los distintos grupos de pacientes ni
el grado de
repercusión cardiovascular de la HTA ni la relación
con el tipo de tratamiento), y los datos analíticos pueden
no reflejar fielmente la función renal actual del paciente
(recogidos en los últimos 6 meses).
CONCLUSIONES
Aproximadamente un 10% de los pacientes hipertensos controlados por
cardiólogos están infradiagnosticados en cuanto a
disfunción renal moderada se refiere, con lo que no se
detecta a una población que presenta más factores de
riesgo cardiovascular y en la que el manejo farmacológico no
se realiza adecuadamente. Por ello es muy recomendable detectar
dicha disfunción renal de manera precoz mediante
fórmulas basadas en creatinina, sexo y edad y que tienen una
alta rentabilidad, sobre todo en mujeres y pacientes de edad
avanzada.
AGRADECIMIENTOS
A todos
los investigadores del Registro RICAR y a Claudia Filozof, Miguel
Ángel Sánchez Zamorano y Natividad Gil en
representación de BMS.
ABREVIATURAS
ERO: enfermedad renal oculta.
FG: filtrado glomerular.
IR: insuficiencia renal.
Full English text available from:
www.revespcardiol.org
Este estudio ha sido realizado a través de la
Sección de Hipertensión de la SEC y financiado
mediante una beca irrestricta de Bristol-Myers-Squibb.
Correspondencia:
Dr. L. Fácila Rubio.
Servicio de Cardiología. Hospital Provincial de
Castellón. Avda. Dr. Clara, 19. 12002 Castellón de la
Plana. España.
Correo electrónico:
lfacila@gmail.com
Recibido el 28 de abril de 2008.
Aceptado para su publicación el 6 de noviembre de
2008.
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