Editoriales.
Volumen 62, Número 06, Junio 2009
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La carrera para alcanzar el «patrón oro» en imagen coronaria
Giulio Guagliumia; Renu Virmanib
a Departamento Cardiovascular Hospitales Reunidos de Bérgamo. Bérgamo. Italia. b Patología CV. Registro Internacional de Patologías. Gaithersburg. Maryland. Estados Unidos.
Rev Esp Cardiol. 2009;62:599-602.
La
precisión de las medidas obtenidas mediante ecografía
intravascular (EIV) y tomografía de coherencia óptica
(TCO) resulta fundamental para el diagnóstico y tratamiento
de la enfermedad coronaria. Actualmente se considera la EIV como el
"patrón oro" para el análisis de la pared
vascular
in
vivo,
tras consolidarse su valor en estudios de muestras de
autopsias de arterias coronarias humanas hace casi veinte
años1,2. Gracias a su capacidad para obtener
imágenes a través de la sangre y penetrar
profundamente en la pared vascular, la EIV proporciona medidas
cuantitativas muy consistentes de las dimensiones vasculares,
necesarias para establecer la severidad de la enfermedad y los
cambios producidos con las intervenciones coronarias
percutáneas (ICP)3,4. Sin embargo, el
diámetro, el área y el volumen de la luz, así
como el porcentaje de obstrucción, se basan en la
evaluación de la interfase entre la luz y la pared del vaso.
Una distinción clara entre la pared vascular y la luz
facilita la determinación de los volúmenes y las
áreas luminales y permite obtener su contorno automatizado
de una forma más precisa (es decir, con un menor porcentaje
de error), lo que constituye una característica importante
para conseguir un análisis rápido de la imagen
durante el procedimiento. La TCO es una nueva modalidad de imagen
de alta resolución que explora el vaso utilizando ondas
luminosas, en vez de sonoras, y proporciona una perspectiva
tomográfica de la geometría luminal5. La
frecuencia de las ondas luminosas de la TCO es 10 millones de veces
más rápida que la de la EIV, lo que permite una
delimitación del borde luminal mucho más clara. De
hecho, la valoración correcta de procesos importantes en la
enfermedad coronaria (fibroateroma de cápsula fina,
acumulación de macrófagos, aposición
del
stent
y grado de cobertura
tras la implantación de un
stent
liberador de fármacos) requiere detalles de alta
resolución de la luz vascular y un trazado preciso de su
contorno. En la actualidad hay pocos datos comparativos entre TCO y
EIV en cuanto a la caracterización de la luz6.
Gracias a su increíble resolución axial (10 veces la
de la EIV), la TCO podría convertirse en el nuevo
«patrón oro» para la medición de la luz
en cardiología intervencionista. Sin embargo, la mayor
limitación de la TCO reside en la necesidad de desplazar la
sangre de la luz coronaria para poder visualizar la pared.
Así, se pueden utilizar dos métodos diferentes para
ver la arteria coronaria con TCO: bien mediante la oclusión
vascular con un pequeño catéter-balón asociada
a una inyección selectiva y continua de una pequeña
cantidad de suero salino o ringer lactato, o bien sin
oclusión, lo cual requiere inyectar una cantidad
relativamente grande de contraste isosmolar a través
del
ostium
coronario7.
Tanto la TCO como la EIV pueden emplearse con resultados
satisfactorios en casi todas las arterias coronarias durante los
procedimientos diagnósticos e intervencionistas8,
con una excelente reproducibilidad para las medidas cuantitativas
de la luz en ambos casos. Sin embargo, el fracaso más
frecuente de las mediciones con EIV ocurre principalmente por la
dificultad que conlleva atravesar con el catéter estenosis
severas, mientras que con la TCO, la mala visualización del
borde luminal, debida habitualmente a una incompleta
eliminación de la sangre, tiene como resultado una calidad
de imagen subóptima. No obstante, antes de confirmar la TCO
como el patrón oro para la valoración de las
dimensiones de la luz coronaria, hay que tener en cuenta que las
medidas pueden variar significativamente según las
diferentes modalidades de imagen empleadas.
En este
número de
REVISTA
ESPAÑOLA DE CARDIOLOGÍA
, Gonzalo et
al9 estudian las dimensiones luminales obtenidas con TCO
e EIV comparándolas con la histología
in
vitro
y, además, realizan una comparación
in vivo
de las dos técnicas (sin histología). Los
hallazgos más importantes observados en este estudio
fueron:
a)
tanto la EIV como la TCO miden áreas luminales mayores
que la histología;
b)
las medidas de la luz derivadas de la TCO son
sistemáticamente más pequeñas que las
obtenidas con la EIV;
c)
la diferencia se reduce utilizando una técnica de TCO no
oclusiva, y
d)
deberían desarrollarse puntos de corte para poder
definir la severidad de la lesión con TCO, ya que no
está claro si la TCO, con o sin oclusión, sobrestima
el porcentaje de estenosis o si la EIV lo subestima.
En una
serie más amplia de arterias coronarias de cadáveres,
Kume et al10 ya habían advertido anteriormente
una buena correlación del área luminal entre el
examen histológico y la TCO y la EIV (r = 0,97; p <
0,001; y r = 0,96; p < 0,001, respectivamente). La TCO y la EIV
se realizaron poco después de la muerte, con presión
fisiológica para distender la luz y obtener una imagen de
sección circular antes de la deshidratación y
fijación. En el presente estudio, las medidas con TCO y EIV
se realizaron sobre muestras de autopsia fijadas por
perfusión para que las medidas luminales fueran aún
más exactas, pero antes de procesarlas para obtener
secciones histológicas. Mediante un complejo procedimiento
de ajuste
(matching),
que incluía el
análisis de la morfología de la luz, se eligieron
para valoración los mismos sitios con ambas técnicas.
No es sorprendente el hallazgo de Gonzalo et al9 de que
las dimensiones luminales obtenidas por EIV y TCO sean mayores que
las obtenidas por histología en arterias coronarias humanas
fijadas, ya que las comparaciones entre las medidas de luz no
fijada y las medidas de luz fijada mostraron un incremento del
porcentaje de estenosis del área luminal entre un 21
± 10 y un 29 ± 10%11. El proceso de
deshidratación, inclusión en parafina, sección
y tinción conlleva una reducción suplementaria de la
circunferencia de un 19 ± 5% y una reducción del
grosor de la pared vascular de un 18 ± 2%12.
Seigel et al11 mostraron que la reducción del
área total del ateroma (placa + media) era del orden de un
11%, y observaron que la reducción era máxima en
arterias ricas en colágeno y lípidos, mientras que el
retroceso era mínimo en vasos muy calcificados.
La
comparación de las imágenes obtenidas en las muestras
patológicas fijadas presenta otras limitaciones adicionales
que es conveniente aclarar. Es posible que la
retrodispersión de las señales originadas en los
puentes de colágeno tras la fijación aumente
significativamente la delineación entre la luz y la pared
vascular que alteren las medidas luminales reales. Además,
también es posible que incluso pequeñas diferencias
en la alineación de las imágenes influya en los
resultados, ya que tan sólo se analizaron 35 imágenes
equivalentes de TCO, EIV y secciones histológicas. Por otro
lado, las lesiones evaluadas por Gonzalo et al9 no
tenían estenosis muy severas (59 ± 18%) ni altos
grados de calcificación (como se ilustra en la vista
longitudinal representativa de TCO que presentan), lo que
también favorece la posibilidad de mayores cambios en la luz
tras la fijación. Finalmente, una luz media y un área
vascular de sólo 2,5 y 7,6 mm2 en los segmentos
ostiales y proximales de la arteria coronaria descendente anterior
(el único vaso examinado
ex
vivo
en este estudio) indica la posibilidad de una
retracción arterial sustancial. Por lo tanto, hay que tener
precaución al extrapolar el mensaje de que las modalidades
de imagen de EIV y TCO sobrestiman significativamente las
verdaderas dimensiones luminales en comparación con los
datos patológicos. Creemos que las técnicas de imagen
de alta resolución probablemente ofrezcan una mejor
estimación de las dimensiones luminales en la clínica
que las medidas obtenidas únicamente con histología,
ya que éstas no son medidas directamente análogas a
las realizadas en vivo y, además, están sujetas a una
preparación técnica variable y artefactos durante la
obtención de las secciones histológicas.
El
segundo mensaje importante que se desprende del trabajo de Gonzalo
et al9 es que la TCO subestima las dimensiones de la luz
comparada con la EIV. Esta diferencia se ha observado
constantemente en estudios anteriores8. Así, las
medidas del diámetro luminal mínimo y del área
luminal mínima con TCO en pacientes se correlacionan de
forma muy significativa con las medidas tomadas mediante EIV (r =
0,91; p < 0,0001 y r = 0,95; p < 0,0001 respectivamente),
aunque generalmente las medidas con TCO son ligeramente inferiores
(7%). Esta diferencia puede ser consecuencia de diversos factores:
en primer lugar, hay limitaciones considerables en la
precisión de las medidas con EIV en el campo cercano,
principalmente por una resolución espacial inadecuada (>
100
µ
m). Por otra parte, la utilización adicional de un medio
de contraste ecogénico puede mejorar significativamente la
precisión de las medidas hechas con
EIV13.
Además, las distorsiones producidas por imágenes de
EIV no coaxiales o con falta de ecos
(dropout)
también pueden limitar una definición clara
del borde luminal. En realidad, podría ser simplemente que
realmente las medidas de EIV produzcan una sobrestimación
debida a una resolución axial inferior, mientras que con TCO
se obtiene una definición óptima del borde luz-placa.
Sin embargo, la TCO no es una técnica inmune a los
artefactos, algunos de ellos característicos del propio
diseño del catéter y de las propiedades de la luz, lo
cual también podría influir en las medidas. Pese a
una fabricación precisa, las fibras ópticas usadas
comercialmente tienen algunas diferencias en la longitud del
trayecto óptico, por lo que se requiere una
calibración muy precisa para poder aprovechar completamente
la alta resolución espacial de la TCO. Además, la
posición excéntrica de la fibra en la luz vascular
también puede generar artefactos y distorsionar el borde de
la imagen. Asimismo, la sangre residual atenúa la
penetración de la luz y puede crear una imagen de la
delineación del borde luminal que no sea óptima. En
el estudio de Gonzalo et al9, sólo se incluyeron
imágenes con delineación del contorno en los
360°. Los artefactos de movimiento durante el ciclo cardiaco
impidieron la visualización de la circunferencia completa
del vaso en un 10-20% de las muestras. En otro artículo
anterior de este mismo grupo de investigadores, centrado en la
reproducibilidad de la TCO, se excluyeron del análisis 399
imágenes (22%) de un total de 1.800 debido a la incompleta
visualización del borde o a la presencia de una rama
lateral, que hacían potencialmente incorrectos los contornos
de la luz14. En este sentido, el nivel de aplicabilidad
en vivo de las nuevas técnicas intravasculares de alta
resolución que aspiran a convertirse en el
«patrón oro» puede constituir un verdadero
problema. Finalmente, la amplia diferencia en las dimensiones
luminales observada por Gonzalo et al entre EIV y TCO en segmentos
coronarios sin
stents
no se ha observado en segmentos arteriales tratados
con
stents
metálicos15, una estrategia de tratamiento muy
frecuente en cardiología intervencionista. Por lo tanto, la
estrecha gama de medidas luminales presentadas en este trabajo no
se puede extrapolar fácilmente a la práctica real, en
la que es necesario estudiar amplias variaciones en el
tamaño del vaso y en la severidad de la lesión. Pasar
por vasos tortuosos también puede incrementar los errores y
artefactos. Por el contrario, esa variabilidad parece afectar en
menor medida a los
stents.
El presente trabajo tiene un mensaje importante y con
implicaciones clínicas: los criterios y puntos de corte de
la EIV no se pueden trasladar directamente a la TCO. Por
consiguiente, son necesarios nuevos estudios, en grupos más
amplios de pacientes, antes de aceptar la TCO como el nuevo
patrón oro de medición intracoronaria.
Es
posible que la razón por la que se observan dimensiones
mayores con TCO con la técnica no oclusiva con respecto a la
estrategia de la oclusión sea el mantenimiento de un flujo
sanguíneo continuo y una presión hacia el exterior
que permite obtener luces mayores. En cerdos sanos la medida media
de la presión intracoronaria durante la oclusión con
una infusión de salino de 0,5-0,7 ml/s era sólo de
30-50 mmHg. De forma alternativa, la infusión de
líquido con la técnica no oclusiva puede producir un
aumento excesivo de la presión intraluminal y ampliar
artificialmente el diámetro de la luz. La longitud de la
región analizada con TCO tanto en vasos estudiados con
oclusión como sin oclusión se limitaba a segmentos
cortos (11,3 mm de media), mucho más cortos de lo que nos
gustaría tener para una aplicación clínica
más amplia. De hecho, en los sistemas de TCO actualmente
disponibles, la técnica no oclusiva debería limitarse
a pequeños segmentos coronarios para evitar una
prolongación excesiva del QTc. La nueva generación de
TCO con dominio de frecuencias (OFDI), permite obtener
imágenes de la arteria completa en unos pocos segundos (<
5 s; fig. 1), lo que mejorará en gran medida los
métodos no oclusivos, que actualmente precisan la
infusión de un gran volumen de contraste, y evitará
el riesgo de arritmias graves16.
Fig.
1.
Imagen tomográfica completa de la arteria coronaria
circunfleja izquierda, obtenida con el nuevo sistema de dominio de
frecuencia de tomografía de coherencia óptica (C7xR,
LightLab, Watford, Estados Unidos), en < 3 s, con
flushing
no
oclusivo. A: vista longitudinal de 54 mm de la arteria con
velocidad de retirada de 20 mm/s. B, C y D: múltiples
imágenes transversales obtenidas selectivamente a diferentes
niveles del vaso. *Primera rama marginal. **Segunda rama marginal.
(G. Guagliumi, datos personales.)
La EIV
tuvo el enorme mérito de iniciar una nueva era en las
mediciones intraluminales precisas, que anteriormente se realizaban
por medio de angiografía coronaria. Sin embargo, aún
está limitada a trabajos de investigación
clínica y a algunas indicaciones precisas, sobre todo en
pacientes o lesiones complejas. Aún no está claro si
la TCO reemplazará a la EIV para el uso clínico
habitual, pues para que esta técnica sea aceptada por la
comunidad médica se requerirá que sea fácil de
usar e interpretar, incluso por operadores con menos experiencia.
En la carrera por alcanzar el «patrón oro», la
luz (más rápida que el sonido) tiene el potencial de
estar situada por delante en la parrilla de salida. Los nuevos
sistemas de OFDI están aprovechando una velocidad en el
ritmo de retirada muy alta (hasta 20 mm/s), con una
adquisición de datos extremadamente rápida para
obtener una exploración tomográfica de una arteria
coronaria completa en pocos segundos tras una infusión no
oclusiva. Con base en esas propiedades, los OFDI probablemente
deberían permitir un análisis completo de los tres
vasos antes y después de las intervenciones coronarias con
una pequeña infusión de contraste que evite la
sobrecarga (lo cual es relevante en pacientes con insuficiencia
renal y del ventrículo izquierdo). Por último, las
imágenes de OFDI pueden combinarse con técnicas
auxiliares, incluido el Doppler y la EIV, y obtener una ventaja
enorme con la miniaturización. De este modo, la carrera por
ser el «patrón oro» para la valoración
precisa de la luz coronaria en pacientes queda inaugurada. No
obstante, la obtención de medidas luminales precisas es
sólo una de las múltiples variables requeridas para
un adecuado proceso de toma de decisiones.
Declaración de conflicto de intereses: el Dr.
Guagliumi declara percibir honorarios por asesoramiento o ser
miembro del consejo asesor de Boston Scientific, Abbott Vascular y
Volcano y recibir apoyo financiero de Medtronic Vascular, Light
Lab, Boston Scientific Corporation y Labcoat.
Véase artículo en págs.
615-24
Full English text available from:
www.revespcardiol.org
Correspondencia: Dr. Giulio Guagliumi.
Cardiovascular Department. Ospedali Riuniti di Bergamo. Largo
Barozzi 1, ingresso 14. 24100 Bergamo. Italia.
Correo electrónico:
guagliumig@gmail.com
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