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Sra. Editora:
El aneurisma de la aorta abdominal (AAA)
afecta al 1,5-2% de la población adulta general y al
6-7% de los mayores de 60 años, y su incidencia va
en aumento1 debido al envejecimiento de la población y a la aterosclerosis (relacionada con el 75% de
los casos); hasta el 91% de los AAA afectan a la
aorta infrarrenal. Sus factores de riesgo son la edad
superior a los 60 años, el sexo masculino, el tabaquismo, la hipertensión arterial, la historia familiar
de AAA y la aterosclerosis (coronaria, periférica o
cerebrovascular)2. Además hay predisposición genética, que afecta hasta al 30% de los familiares de
primer grado.
Aunque el 75% de los AAA son asintomáticos y
de hallazgo casual en una prueba de imagen, sus
complicaciones pueden ser fatales, especialmente su
rotura, cuya mortalidad prehospitalaria es del 60%
y la hospitalaria del 50% de los que llegan a la cirugía urgente (mortalidad total, 85%)1-3.
Por ello, el diagnóstico precoz del AAA tiene importantes implicaciones pronóstico-terapéuticas por permitir una cirugía reparadora electiva o planificar
sus controles, lo que reduce su morbimortalidad. A
pesar de que la ecografía abdominal es la técnica de
elección para el diagnóstico, el seguimiento y el cribado del AAA1-3, en diversos estudios en distintas
poblaciones en riesgo se ha constatado que durante
la ecocardiografía transtorácica convencional
(ETT) es posible estudiar toda la aorta abdominal2,3: la suprarrenal por acceso subcostal y la infrarrenal
con su bifurcación colocando el transductor a nivel
paraumbilical izquierdo (con el paciente en decúbito supino) o paraumbilical derecho (con el paciente en semidecúbito lateral izquierdo, con la que
es menor la interposición del gas intestinal). La
aorta abdominal se visualiza en más del 95% de los
casos, y se estima que se detectará un AAA hasta
en un 3-5,7% de las ETT realizadas por cualquier
causa1,2.
Mediante dicho estudio, deberán determinarse
los diámetros máximos y la longitud de la aorta patológica y la aparición de complicaciones, lo cual
no requiere un equipamiento adicional e incrementa
en menos de 5 min el tiempo exploratorio total1-3.
A modo de ejemplo, se describe el caso de 2 pacientes que ingresaron por infarto agudo de miocardio:
- Mujer de 72 años con factores de riesgo cardiovascular y cardiopatía isquémica. Al estudiar durante la ETT la aorta abdominal (por acceso subcostal y paraumbilical), se evidenció un gran
aneurisma de toda la aorta abdominal de 6,5 x 5,5
cm calcificado, con trombosis mural circunferencial
severa y una luz efectiva < 2,6 cm de diámetro (fig. 1). La tomografía computarizada confirmó los hallazgos.

Fig. 1. A: ecocardiografía; aneurisma de
la aorta abdominal infrarrenal calcificado y trombosado (flecha). B: tomografía
computarizada con contraste; cortes
transversales. C: cortes coronales. D: cortes sagitales.
- Varón de 68 años, fumador, dislipémico y con
cardiopatía isquémica severa. Al realizar durante la
ETT el estudio aórtico final (por acceso subcostal y
paraumbilical), se objetivó un AAA infrarrenal de
5,8 x 5,1 cm con trombosis mural excéntrica severa
y calcificada y trombo fresco móvil adherido que
dejaban una luz aórtica efectiva < 2,7 cm (fig. 2).

Fig. 2. Aneurisma de la aorta abdominal
infrarrenal, calcificado y trombosado.
En diversos trabajos se ha demostrado que el cribado del AAA en la población general no resulta
coste-efectivo, por lo que se ha aconsejado estudiar
sólo los grupos de pacientes en que la incidencia del
AAA es mayor. En síntesis, podemos definir dos
poblaciones que se debería cribar1,2: a) varones mayores de 50 años y mujeres mayores de 65 años, y b) aquellos con factores de riesgo relacionados con
el AAA.
La Asociación Europea de Ecocardiografía, en recientes recomendaciones sobre la ETT, cita documentos previos en los que apenas se incluye la valoración de la aorta, y es por acceso subcostal4. Y es que, a pesar de la facilidad, el bajo coste, la rapidez,
y la utilidad del estudio de toda la aorta abdominal,
actualmente no existe ninguna recomendación explícita sobre la valoración de la aorta infrarrenal (vía acceso paraumbilical) durante la ETT. Por ello, y tomando como ejemplo los casos clínicos descritos,
desde aquí se propone el cribado del AAA en pacientes que, siendo estudiados mediante una ETT por cualquier causa, pertenecen a alguna de las dos
poblaciones en riesgo; dicho estudio aórtico debe
realizarse por los dos accesos ecográficos descritos.
El estudio de la aorta abdominal nos permite una
valoración más integral de la afección cardiovascular de nuestros pacientes, ganar «autonomía»
diagnóstica y conocer más de la enfermedad aterosclerosa y aórtica. La valoración del AAA puede
completarse con otras técnicas radiológicas como la
ecografía abdominal.
Bibliografía
1. Jauddi A, Fontana P, Mueller XM. Imaging of the abdominal aorta during examination of patients referres for transtoracic echocardiography. Schweiz Med Wochenschr. 1999;129:71-6.
2. Schwartz KV, Rashkow AM, Akella MS. Detection of abdominal aortic aneuriysm during routine echocardiography. Echocardiography. 1996;13:71-3.
3. Eisenberg MJ, Geraci SJ, Schiller NB. Screening for abdominal aortic aneuriysms durin transtoracic echocardiography. Am Heart J. 1995;130:109-15.
4. Evangelista A, Flachskampf F, Lancellotti P, Badano L, Aguilar R, Monaghan, et al. European association of echocardiography recommendations for standardization of perfomance, digital storage and reporting of echocardiographic studies. Eur J Echocardiogr. 2008;9:438-48.