Editoriales.
Volumen 63, Número 02, Febrero 2010
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Implantación percutánea de válvula aórtica. Equilibrio entre entusiasmo y precaución
Rev Esp Cardiol.2010; 63(02) :131-3
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Las primeras comunicaciones sobre la implantación percutánea de válvulas aórticas (IPVA) se recibieron con una mezcla de admiración y escepticismo. Admiración por el hecho de que pudiera
realizarse una sustitución de una válvula funcional
sin necesidad de toracotomía y bypass cardiopulmonar, y escepticismo respecto a que esta experiencia inicial pudiera ser reproducible y pudiera
obtenerse realmente un efecto clínico beneficioso y
significativo. La experiencia inicial se caracterizó
por éxitos extraordinarios, pero también por problemas inesperados. No obstante, la IPVA ha evolucionado rápidamente hasta llegar a ser una técnica reproducible, con convincentes efectos clínicos
beneficiosos1-4. Dados el deseo de los pacientes de
disponer de una opción de tratamiento menos invasiva y el deseo de los médicos y los fabricantes de
dispositivos médicos de proporcionársela, la difusión de esta tecnología ha sido rápida. Hasta la
fecha, se han realizado ya más de 10.000 intervenciones de IPVA, la mayoría de ellas en Europa.
La experiencia inicial de la IPVA en España ha
sido presentada por García et al5 y Moreno et al6 con el empleo del dispositivo Edwards Lifesciences
SAPIEN, y ahora por Avanzas et al7 utilizando el
dispositivo CoreValve. Hay que felicitar a estos
grupos por haber proporcionado una perspectiva útil en cuanto a la experiencia de su uso en la práctica clínica real. Tanto con el dispositivo SAPIEN
(expandible con balón) como con el dispositivo
CoreValve (autoexpandible), se han documentado
unos resultados funcionales excelentes. La válvula
SAPIEN actual precisa de arterias femorales más
grandes que la CoreValve, de perfil más bajo. Sin embargo, ahora acaba de comercializarse un nuevo
sistema SAPIEN XT de perfil bajo, y un abordaje
apical puede aportar otras ventajas. El sistema
CoreValve se asocia a una mayor incidencia de bloqueos cardiacos que requieren la implantación de
marcapasos. Cada sistema tiene múltiples ventajas
e inconvenientes y hay un encendido debate respecto a cuál de ellos es mejor. En cualquier caso,
ambos sistemas están evolucionando y van a aparecer nuevos sistemas de válvulas. Es improbable
que ninguna de las dos tecnologías mantenga el liderazgo durante mucho tiempo.
Avanzas et al7 indican que su mortalidad hospitalaria del 7,4% fue «inferior al resultado obtenido
con la aplicación del algoritmo de la EuroSCORE
(media del 17%)». Aunque esta tasa de mortalidad
es muy alentadora, continúa siendo importante reconocer que los buenos centros quirúrgicos pueden
alcanzar tasas de mortalidad de una tercera parte
de la que predicen las estimaciones logísticas de
EuroSCORE8.
Aunque la modelización de EuroSCORE puede
sobrestimar el riesgo quirúrgico de muchos pacientes, en algunos casos también puede subestimarlo notablemente9. Por ejemplo, en un paciente
de 60 años de edad con estenosis aórtica severa, insuficiencia mitral y tricuspídea severa, irradiación
torácica, una aorta ascendente calcificada y ateromatosa y con una enfermedad maligna y una coagulopatía, es plausible que se calcule un
EuroSCORE logístico del 2,2%, y sin embargo es
muy probable que pudiera ser considerado «inoperable».
Otros algoritmos de estimación del riesgo, como
el de la Society of Thoracic Surgeons (STS), pueden
ser más exactos en la predicción del riesgo, pero
adolecen de limitaciones importantes9. En última
instancia, es frecuente que un cirujano experimentado sea el mejor predictor del riesgo quirúrgico.
Los datos iniciales indican también que estos predictores del riesgo quirúrgico son poco relevantes
por lo que respecta al riesgo asociado a la IPVA10,11.
Serán necesarios nuevos instrumentos para evaluar
el riesgo del tratamiento percutáneo. Además, para
muchos pacientes ancianos la posibilidad de una menor morbilidad con una técnica menos invasiva
puede ser más importante que el riesgo de mortalidad.
Para obtener una mejor perspectiva, cabe citar
que la mortalidad a 30 días se redujo drásticamente
y pasó del 12,3% en la primera mitad de nuestra experiencia inicial transarterial en un solo centro, en
pacientes con estenosis aórtica de alto riesgo, al
3,6% en la segunda mitad de esta experiencia11. Esta
cifra puede compararse con la estimación de mortalidad del 25% obtenida con EuroSCORE logístico y
la del 9% indicada por el algoritmo de la STS, si
estos pacientes hubieran sido intervenidos quirúrgicamente. En el reciente registro SOURCE de postcomercialización en la Unión Europea, se trató con IPVA transarterial a un total de 463 pacientes, con
una mortalidad a 30 días del 6,3% (EuroSCORE logístico 25,7%)12. Se ha descrito resultados similares
en el registro de CoreValve13.
Más allá de las comunicaciones testimoniales y
los registros, serán necesarias comparaciones prospectivas y aleatorizadas para determinar el lugar
que debe ocupar esta nueva tecnología. El
Placement of Aortic Transcatheter Valves
(PARTNER) es un estudio comparativo aleatorizado de la IPVA frente a la alternativa clínicamente
aplicable, sea ésta la cirugía convencional o el tratamiento médico. Se ha completado ya la fase de reclutamiento con más de 1.000 pacientes en alto
riesgo de 24 centros norteamericanos, con una asignación aleatoria. Aunque este estudio tendrá las limitaciones de un dispositivo de primera generación
y una gran pendiente en la curva de aprendizaje, es
probable que influya en la disponibilidad y la financiación de la IPVA durante cierto tiempo. Aun
cuando la variable de valoración principal será la
mortalidad por todas las causas al año de seguimiento, las exigencias de calidad propias de la sustitución quirúrgica de la válvula harán necesario un
seguimiento mucho más prolongado para documentar un efecto beneficioso duradero.
Si bien la demostración de durabilidad continúa
estando pendiente, la opción de «válvula sobre válvula» puede aportar una estrategia tranquilizadora
en caso de que fallen las válvulas implantadas percutáneamente. La experiencia inicial con la implantación valvular percutánea en válvulas quirúrgicas
(y percutáneas) que fallan se ha extendido ahora a
las valvulas aórtica, mitral, pulmonar e incluso tricúspide14. Existen limitaciones derivadas del hecho
de que el diámetro interno de muchas prótesis quirúrgicas puede ser demasiado pequeño para permitir la expansión completa de válvulas cardiacas
percutáneas; además, las válvulas actuales no están
optimizadas para esta aplicación y su función y su
durabilidad se verán afectadas. Sin embargo, en la
medida en que los resultados iniciales son muy alentadores, el atractivo de una intervención percutánea
en vez de una reintervención quirúrgica puede resultar convincente. Tal vez estemos asistiendo ya a
una tendencia a la elección quirúrgica de prótesis de
tejido, en vez de mecánicas, en previsión de futuros
implantes de válvula sobre válvula en caso de que
aparezcan problemas posteriores.
¿Cuál es el futuro de la IPVA? Es probable que el
perfil de los sistemas transarteriales baje de 16 a 14 Fr con mayor rapidez de lo que muchos imaginan. Las intervenciones percutáneas pasarán a ser
la norma habitual. Las mejoras técnicas y de la intervención harán posibles resultados aún mejores.
Los médicos pueden prever que los sistemas de
IPVA facilitarán notablemente la colocación exacta
y, en caso necesario, la recolocación o la retirada.
Con el tiempo, es posible que la IPVA llegue a competir con la cirugía incluso en los pacientes con bajo
riesgo. Un escenario alternativo es el que contempla
una aplicación inadecuada e incorrecta de la IPVA.
Debemos insistir, la IPVA es una estrategia muy
prometedora, pero todavía debemos mostrarnos
muy cautos.
VÉASE
ARTÍCULO
EN
PÁGS. 141-8
Declaración de conflictos de intereses: el Dr. Webb es consultor de Edwards Lifesciences.
Full English text available from:
www.revespcardiol.org
Correspondencia: Dr. J. Webb.
McLeod professor of heart valve intervention. St. Paul's Hospital.
1081 Burrard Street. Vancouver, BC. Canadá V6Z 1Y6.
Correo electrónico: webb@providencehealth.bc.ca
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