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Uno de los elementos destacados de este número
de REVISTA ESPAÑOLA DE CARDIOLOGÍA es la presentación de la investigación original de Martínez-Gómez et al1, en la que se examinan las asociaciones
del tiempo de sedentarismo evaluado objetivamente
(demasiado tiempo estando sentado, a diferencia de
demasiado poco ejercicio) y de la cantidad de grasa
corporal con los factores de riesgo cardiovascular
en una submuestra de 201 adolescentes participantes en el estudio Madrid AFINOS. Las características científicas clave de su investigación son la
medición objetiva del movimiento ambulatorio (y
de la ausencia de movimiento) con el empleo de
acelerómetros, con los que se obtuvo el tiempo empleado en una conducta sedentaria. En su estudio,
los autores realizaron mediciones antropométricas
cuidadosas para determinar la adiposidad central y
general, y determinaron una serie de biomarcadores
del riesgo cardiovascular. En sus resultados describen asociaciones significativas entre el tiempo
empleado en una conducta sedentaria o la grasa
corporal y los biomarcadores del riesgo cardiovascular en este grupo de individuos jóvenes, de 13 a
16 años de edad.
¿Qué es la conducta sedentaria, a diferencia
de la falta de actividad física?
Las conductas sedentarias son las que requieren
muy poco gasto de energía2. Incluyen conductas que comportan estar sentado o recostado (pero no
de pie) y se dan en ámbitos de trabajo (remunerado
o no), viajes y tiempo de ocio. El tiempo empleado
en esas conductas se considera tiempo sedentario.
En las conductas sedentarias frecuentes, como el
tiempo empleado en ver la televisión (TV), estar
sentado en la escuela o utilizar ordenadores, los valores de equivalentes metabólicos (MET) asociados
son del orden de 1-1,52. En cambio, andar a un
ritmo moderado o rápido comporta un gasto de
energía de alrededor de 3-5 MET; correr o practicar
deportes enérgicos puede comportar un gasto de
energía de 8 MET o más2.
La investigación sobre la actividad física y la
salud se ha centrado especialmente en cuantificar el
tiempo empleado en actividades que comportan
estos niveles superiores de gasto energético
(> 3 MET), considerando que no participar en ellas
es «sedentarismo»3. Sin embargo, esta definición no
tiene en cuenta la contribución sustancial que tienen
las actividades de baja intensidad (1,6-2,9 MET) al
gasto diario total de energía4 ni los posibles efectos
beneficiosos para la salud que pueden derivarse de
la realización de estas actividades de baja intensidad en vez del sedentarismo (que desde nuestra
perspectiva es estar mucho tiempo sentado, a diferencia de no realizar actividad física)5,6. Además,
aunque los individuos puedan mostrarse sedentarios e inactivos, también es posible que coincidan
un largo tiempo de sedentarismo y un largo tiempo
de ejercicio, por ejemplo en los deportistas que se
entrenan y deben pasar un tiempo considerable en
reposo para recuperarse de esfuerzos físicos intensos. Desde un punto de vista fisiológico, se observan efectos diferentes con el tiempo de sedentarismo prolongado y con demasiado poco tiempo de
ejercicio7. Estas observaciones han sido respaldadas
por el estudio epidemiológico de base poblacional,
que indica generalmente que las asociaciones del
tiempo de sedentarismo con las variables de valoración de la salud son independientes del nivel de actividad física (ejercicio). De hecho, se han observado asociaciones nocivas del tiempo dedicado a la televisión con los marcadores cardiometabólicos incluso en los individuos que cumplen lo establecido
en las directrices de salud pública para la actividad
física (a los que, por lo tanto, se consideraría
«activos»)8.
Las conductas sedentarias son cada vez más universales y motivadas por el entorno9. Los contextos
económico, social y físico en los que el ser humano
actual se mueve muy poco y está mucho tiempo
sentado en sus actividades de la vida diaria se han
instaurado rápidamente, sobre todo desde mediados del siglo pasado. Estos cambios en los transportes personales, la comunicación, el lugar de trabajo y las tecnologías de ocio doméstico se han
asociado a una reducción significativa de las demandas de gasto de energía humana, puesto que en
todas estas actividades se requiere largo tiempo de
permanencia en sedestación. Estos cambios ambientales y sociales han sido identificados como la
causa del bajo nivel de actividad física que caracteriza la forma de vida habitual de las personas en los
medios urbanos, suburbanos y rurales.
Los adolescentes como grupo diana clave
En la encuesta National Health and Nutrition
Examination Survey (NHANES) de Estados
Unidos de 2003-2004, los adolescentes mayores
(16-19 años) fueron, en promedio, el segundo grupo
más sedentario, tras los adultos de edad avanzada
(≥ 60 años)10. Cuando los individuos jóvenes empiezan a aproximarse a su talla física de adultos y
pasan a realizar actividades diarias propias del
adulto (incluido un elevado número de horas en la
escuela) y funciones sociales, pasan a ser cada vez
más vulnerables a estas influencias universales que
los llevan a pasar su tiempo en conductas sedentarias: es decir, demasiado tiempo sentados.
El estudio de Martínez-Gómez et al se centra en
este importante grupo sociodemográfico1. Sus resultados plantean una importante preocupación
respecto a la aparición temprana de patrones de
conducta y de unas características de hábito corporal que pueden aumentar de manera significativa
el riesgo de enfermedades crónicas importantes (especialmente la diabetes mellitus tipo 2, la enfermedad cardiovascular y el cáncer de mama y de
colon). Aunque estas enfermedades pueden no manifestarse hasta una fase más avanzada, en la vida
adulta, parece que no sólo la base conductual, sino
también los precursores biológicos de estas enfermedades crónicas, pueden establecerse durante la
adolescencia.
Tal como resaltan Martínez-Gómez et al1, la mayoría de los estudios que han examinado la relación
del tiempo de sedentarismo con la salud cardiometabólica en niños y adolescentes se han realizado en el marco del European Youth Heart Study (EYHS),
un estudio poblacional transversal en el que se investigó sobre los factores personales, ambientales y
de estilo de vida que pueden influir en los factores de
riesgo de enfermedad cardiovascular en los niños
de 9 a 15 años. Los resultados del estudio actual se
suman a los del EYHS, y los amplían mediante el
examen de los riesgos de salud significativos en
adolescentes de 13 a 16 años, así como con los datos
de otros biomarcadores, como la apolipoproteína.
Es importante ampliar ahora estos datos más allá
de los resultados transversales, muy informativos,
que en el estudio se presentan, mediante un seguimiento y una nueva evaluación de estos individuos
jóvenes a su paso por las diversas fases de la adolescencia y en edades posteriores. Además, es importante examinar con mayor detalle la forma en que
las relaciones pueden variar en función del sexo, la
edad y la raza/etnia, así como examinar la manera
en que pueden interaccionar las conductas de salud
relevantes (como la dieta, el ejercicio y el tiempo de
sedentarismo).
Creación de la base de evidencia: extensión
más allá del estudio transversal
La investigación sobre la conducta sedentaria se
encuentra en sus fases iniciales, y va probablemente
20 años por detrás de la investigación sobre la actividad física en lo relativo a la medición válida y
fiable y el conocimiento de los determinantes conductuales y la eficacia y efectividad de las intervenciones. Así pues, es importante construir una base
sólida para este nuevo campo de investigación mediante la obtención de un conjunto de datos epidemiológicos más amplio sobre la forma en que la
conducta sedentaria puede estar relacionada con
toda una gama de resultados de salud, dentro de
grupos de población diferentes en los que los factores genéticos, culturales, sociales y ambientales
diferirán en aspectos científicamente importantes.
Sin embargo, también es imprescindible que este
nuevo campo de investigación avance más rápidamente para ir más allá de las limitaciones lógicas inherentes a los estudios transversales, para pasar a diseños de estudio prospectivos que examinen los
efectos a largo plazo de la conducta sedentaria para
la salud, estudios experimentales que aclaren los mecanismos fisiológicos que pueden subyacer a los resultados, y estudios de intervención que examinen si
es factible modificar las conductas sedentarias, y los
resultados de salud asociados a cualquier cambio.
Dos estudios longitudinales recientes han resaltado la posible importancia de las conductas sedentarias en cuanto a la salud. En un seguimiento de
6,5 años de los participantes en el Australian
Diabetes, Obesity and Lifestyle Study (AusDiab), se observó que el hecho de dedicar mucho tiempo a
ver la televisión se asociaba de manera significativa
a un aumento de la mortalidad por todas las causas
y la mortalidad por enfermedad cardiovascular11.
Las consecuencias adversas de estar sentado mucho
tiempo han sido confirmadas por los resultados del
seguimiento de participantes en las Canada Fitness
Surveys realizadas desde los años ochenta12. Los sujetos que inicialmente indicaron que pasaban la
mayor parte del día sentados presentaron una mortalidad significativamente superior; es importante
señalar que las relaciones entre tiempo de sedestación y mortalidad fueron manifiestas incluso en los
individuos que aparentemente eran físicamente activos y fueron más intensas en los individuos con
sobrepeso u obesidad12.
Tal como argumentan Martínez-Gómez et al, parece probable que exista una fisiología específica del
tiempo de sedentarismo, dentro del cual los procesos biológicos sean diferentes de los que actúan
en la fisiología del ejercicio tal como se entiende
tradicionalmente1. Los estudios de laboratorio fundamentales de Hamilton et al7 aportan una perspectiva importante respecto a los posibles mecanismos
subyacentes a las asociaciones observadas. En su
serie de estudio, se identificó la regulación de la lipoproteinlipasa (LPL) como una vía clave por la
que el tiempo de sedentarismo (que comporta largo
tiempo de descarga postural de los músculos esqueléticos grandes) puede influir en la salud cardiometabólica. Estos estudios observaron también que los
procesos celulares iniciados en el tiempo de sedentarismo tenían unas características propias y eran
cualitativamente diferentes de las respuestas biológicas relacionadas con el ejercicio7. Los estudios
mecanicistas como éstos, al identificar posibles mecanismos subyacentes, son un elemento crucial en el
campo de la investigación sobre la conducta sedentaria y la salud.
Los estudios de intervención con el objetivo específico de reducir el tiempo de sedentarismo se han
limitado básicamente a los niños, y a menudo
abordan conductas sedentarias específicas, como el
tiempo dedicado a ver la televisión y el de uso de
ordenadores y juegos electrónicos (p. ej., la intervención de switch-play [cambio de juego] de Salmon
et al13). El examen de los cambios que son fiables,
las correlaciones de esos cambios y su persistencia
son pasos siguientes importantes en la investigación
de la conducta sedentaria de los adolescentes, así
como en los niños y los adultos.
Importancia de las interrupciones
en el tiempo de sedentarismo
Además de examinar el tiempo de sedentarismo
medio o agregado (durante todo el día o en ámbitos específicos como la escuela o el traslado, o para
conductas específicas como ver televisión, utilizar
ordenadores o estudiar), también es posible ampliar
el ámbito de estudio científico mediante el examen
de cómo se alcanza el tiempo total de sedentarismo.
En un estudio de 169 adultos australianos, hemos
observado que las interrupciones del tiempo de sedentarismo (que deben diferenciarse del total de
tiempo empleado en conductas sedentarias) se asocian a resultados favorables de los biomarcadores
metabólicos14.
Puede considerarse que el periodo de conducta
sedentaria se interrumpe si las medidas obtenidas
con el acelerómetro aumentan a 100 por minuto o
más. La interrupción del tiempo de sedentarismo
puede consistir en actividades como ponerse de pie
cuando se está sentado o andar un poco. La presencia de un mayor número de interrupciones del
tiempo de sedentarismo se asoció a efectos favorables en el perímetro de cintura, el índice de masa
corporal, los triglicéridos y la glucosa plasmática a
las 2 h; estas relaciones eran independientes del
tiempo total de sedentarismo, el tiempo de actividad de intensidad media a alta y la intensidad
media de la actividad física14. Es interesante señalar
que los patrones de acumulación del tiempo de sedentarismo (y, en cambio, no el tiempo total de sedentarismo) diferían en cuatro grupos de adultos
con diversos patrones de actividad (grupos sin ocupación activa; grupo sano con ocupación sedentaria; grupo con dolor de espalda crónico; grupo
con síndrome de fatiga crónica)15.
Estos dos resultados señalan a algunos caminos
interesantes para futuros estudios en adolescentes.
Por ejemplo, el examen (como hemos hecho nosotros en los adultos) de las asociaciones de las interrupciones del tiempo de sedentarismo con los biomarcadores cardiometabólicos en los adolescentes
podría ser una contribución importante, con consecuencias significativas para la salud pública y las
políticas educativas y de transporte urbano.
Basándonos en nuestros resultados en adultos australianos, nosotros prediríamos que, en los adolescentes con menor número de interrupciones del
tiempo de sedentarismo, podrían observarse unos
patrones de riesgo cardiovascular significativamente peores.
Perspectivas futuras: necesidad
de mediciones exactas y fiables
La medición exacta y fiable del tiempo empleado
en conductas sedentarias es otro campo clave para
los futuros avances. Aunque los acelerómetros
aportan información sobre el tiempo, la duración y
la intensidad de los movimientos ambulatorios (que
permite realizar estimaciones del tiempo de sedentarismo), no aportan un detalle suficiente sobre los
cambios posturales. Por consiguiente, no se diferencia el hecho de estar sentado o recostado del de
estar de pie. La introducción de inclinómetros en la
investigación durante la vida cotidiana (como el
ActivPAL) permite un examen más detallado del
tiempo específico durante el que el individuo está sentado o recostado15.
Otro paso importante en la medición de la conducta sedentaria es la integración de múltiples
fuentes de información, como acelerómetros, inclinómetros, tecnología de GPS y registros de conducta, preferiblemente en un formato que comporte
poca carga para el participante y para el análisis.
Además, será necesario el desarrollo de cuestionarios válidos y fiables que midan múltiples dominios
para la monitorización poblacional de esta conducta ubicua.
Conclusiones
Felicitamos a Martínez-Gómez et al1 por su estudio, importante y bien realizado. Aunque se han
diseñado varios estudios para identificar las consecuencias para la salud de la conducta sedentaria de
los adolescentes, son pocos los que han presentado
datos de biomarcadores hemáticos. La combinación del tiempo de sedentarismo determinado objetivamente como variable principal de exposición,
junto con una serie amplia de parámetros biomarcadores, aporta unos datos de gran valor científico.
Ahora, estos resultados deben ser reproducidos y
ampliados, y será necesario aplicar diseños de estudio longitudinales y de ensayos de intervención. A
medida que avance la ciencia en este campo, habrá
un potencial considerablemente mayor de informar
los cambios de la sanidad pública y otras políticas
destinadas a reducir el tiempo de sedentarismo (p.
ej., las interrupciones obligatorias del tiempo que se
pasa sentado en la escuela; recomendaciones de salud
pública más claras respecto a evitar permanecer
mucho tiempo en sedestación; control del tráfico en
los medios urbanos para el fomento de caminar o ir
en bicicleta). En el entorno humano actual de oportunidades múltiples y ubicuas para estar sentado,
hay una necesidad crucial de desarrollar una gama
más amplia de oportunidades para que niños, adolescentes y adultos tengan más actividad física y dispongan de formas prácticas y realistas de dedicar
menos tiempo a estar sentados dentro del contexto
normal de sus actividades diarias16.
VÉASE
ARTÍCULO
EN
PÁGS. 277-85
G.N. Healy cuenta con el apoyo de una beca de posdoctorado del
NHMRC (#569861) / National Heart Foundation of Australia (PH 08B 3905). N. Owen cuenta con el apoyo de una subvención de la
Queensland Health Core Research Infrastructure y con financiación de
una Subvención del Programa del NHMRC (#301200).
Full English text available from:
www.revespcardiol.org
Correspondencia: Dra. G.N. Healy.
Cancer Prevention Research Centre. School of Population Health.
The University of Queensland.
Herson Rd. Herston. QLD Australia 4006.
Correo electrónico: g.healy@uq.edu.au
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