Pagina nueva 1
INTRODUCCIÓN
La prevalencia de fibrilación auricular (FA) está
aumentando de manera inexorable en los últimos
años debido al envejecimiento de la población, la
mayor supervivencia de los pacientes con enfermedades cardiacas y, por supuesto, una mayor frecuencia en su diagnóstico, entre otros factores, y se
convierte en un importante problema de salud pública, especialmente por el riesgo asociado de ictus
y mortalidad1.
El riesgo anual de ictus en pacientes con FA depende del número de factores de riesgo asociados.
Dos de estos principales factores son la edad y la
hipertensión arterial (HTA)2, por lo que es fundamental identificar a los pacientes con este binomio
para adoptar las medidas preventivas oportunas y
reducir el evento cardioembólico, en ocasiones asintomático, que puede contribuir a la demencia vascular y el empeoramiento de la función cognitiva en
estos pacientes3.
A pesar de que múltiples trabajos han demostrado que la anticoagulación oral reduce el riesgo
de ictus en un 66%, en la práctica diaria se constata
una infrautilización de este tratamiento, especialmente en mujeres y ancianos, debido al riesgo de
sangrado y la necesidad de monitorización periódica, entre otros factores4,5.
En nuestro país no hay estudios recientes que
hayan analizado el manejo de prevención cardioembólica de esta arritmia en el paciente hipertenso
y añoso, dos de las condiciones más prevalentes
asociadas a la FA y a un mayor riesgo cardioembólico. El objetivo de este trabajo es conocer la
prevalencia de FA en los pacientes hipertensos de
65 o más años de edad asistidos en consultas y
analizar la utilización de fármacos antitrombóticos en esta población.
MÉTODOS
El registro FAPRES es un estudio epidemiológico transversal, observacional y multicéntrico, de
ámbito asistencial, diseñado para conocer la prevalencia de FA en pacientes de edad
≥ 65 años con
diagnóstico clínico de HTA en la Comunidad Valenciana. El estudio se realizó entre junio y diciembre de 2008. En él han participado 69 investigadores de atención primaria y unidades
hospitalarias de HTA de Alicante, Castellón y Valencia, en una proporción en consonancia con el
peso poblacional de cada provincia.
Población de estudio
Durante las 5 semanas que duró el periodo de reclutamiento, cada investigador incluyó de forma
consecutiva a los primeros 3 pacientes que acudieron a la consulta el primer día de visita de la semana, siempre y cuando cumplieran todos los criterios de inclusión y ninguno de los de exclusión.
Los criterios de inclusión fueron: a) pacientes de
edad ≥ 65 años; b) diagnóstico previo de HTA
como mínimo desde 3 meses antes del inicio del estudio (presión arterial en consulta
≥ 140/90 mmHg
en varias ocasiones o con tratamiento antihipertensivo previo), y c) otorgar su consentimiento a participar en el estudio. Los criterios de exclusión fueron
edad < 65 años, circunferencia del brazo > 42 cm,
no otorgar el consentimiento a participar en el estudio o afecciones que incapacitaran para realizar
el estudio (p. ej., falta de colaboración manifiesta,
demencia, etc.).
Se recogió el consentimiento informado por escrito de todos los pacientes y el estudio se realizó siguiendo los principios de la declaración de Helsinki
(Edinburgh amendmend, 2000), tras su aprobación
por un comité ético hospitalario (Comité Ético de
Investigación Clínica del Hospital General Universitario de Castellón).
Evaluación clínica
Los factores de riesgo y la historia cardiovascular
de los pacientes se recogieron siguiendo un cuestionario estandarizado. Se registraron la edad en años,
el sexo, datos antropométricos, antigüedad de la
HTA, antecedentes familiares en primer grado de enfermedad cardiovascular precoz (mujeres < 65 años,
varones < 55 años) y personales de consumo elevado
de alcohol, sedentarismo, tabaquismo, diabetes mellitus, dislipemia, cardiopatía estructural (enfermedad coronaria o insuficiencia cardiaca), ictus
previo, arteriopatía periférica y nefropatía6. Entre los
antecedentes se recogió también si había episodios
previos de FA documentados, con el objetivo de identificar casos de FA paroxística o persistente que
se hubieran revertido a ritmo sinusal.
Se consideró diabético a todo paciente con antecedentes de diabetes mellitus o que ya estuviera recibiendo tratamiento para ella. Se consideró paciente
con hipercolesterolemia el antecedente de elevación
del colesterol de las lipoproteínas de baja densidad
(cLDL) (> 160 mg/dl) o ya estuvieran recibiendo tratamiento con dieta o hipolipemiantes7. Se consideró
fumador a quien decía haber consumido al menos
1 cigarrillo/día el último mes8. Por el contrario, al paciente que hubiera dejado de fumar al menos 1 año
antes se lo consideró ex fumador. Se consideró no sedentario a quien reconocía que andaba activamente
al menos 30 min/día o hacía algún tipo de deporte
3 días/semana9, y consumidor habitual de alcohol, a
quién refería una ingesta diaria ≥ 4 cervezas, 4 vasos
de vino o 2 güisquis o similares10. Se consideró nefropatía cuando había antecedente de microalbuminuria (20-299 mg/24 h), proteinuria (≥ 300 mg/24 h)
o creatinina sérica elevada (> 1,2 mg/dl en mujeres y
> 1,3 mg/dl en varones)11.
Se recogió el tratamiento farmacológico que el paciente estaba recibiendo en el momento de la consulta, específicamente los fármacos antihipertensivos
y el tratamiento preventivo cardioembólico (anticoagulantes o antiagregantes). Asimismo se realizó una
exploración física con recogida de datos antropométricos (peso, talla y perímetro abdominal) y se tomó
la presión arterial en dos ocasiones consecutivas, tomando como valor de referencia la media de ambas
mediciones. Los datos analíticos se recogieron de la
historia clínica si se disponía de ellos en los últimos
6 meses o se solicitaron al laboratorio en ese momento. El filtrado glomerular se determinó mediante
la fórmula del MDRD (estudio Modification of Diet
in Renal Disease). El cuestionario con la historia clínica se enviaba a través de una CRD (misma plataforma utilizada en el proyecto Cardiorisc, disponible
en: www.cardiorisc.com) a un centro para el procesamiento de los datos.
También se realizó a todos los pacientes un electrocardiograma (ECG) que se remitía por correo
ordinario a un centro de referencia, donde dos cardiólogos expertos que desconocían los datos clínicos de los pacientes analizaban el ritmo cardiaco
de manera independiente. En caso de discrepancia
entre ellos, se consultaba con un tercer especialista.
Otros parámetros analizados en el ECG fueron la
frecuencia cardiaca, la presencia de hipertrofia ventricular izquierda (HVI) (mediante criterio de
Sokolov, Cornell o sobrecarga ventricular), trastornos de la conducción interventricular y ondas Q
de necrosis miocárdica. Se realizó aleatoriamente
una auditoría externa de un 10% de los cuestionarios registrados para comprobar la fiabilidad de los
datos incluidos.
Se incluyó en el grupo de pacientes con FA a
todos los que presentaran la citada arritmia en el
ECG (fuera conocida o no) o tuvieran antecedentes
documentados de FA aunque al examen estuvieran
en ritmo sinusal, que probablemente correspondían
a formas paroxísticas o cardiovertidas. En caso de
aleteo auricular, se incluía al paciente en el grupo
de FA, dado que las recomendaciones antitrombóticas son similares. Asimismo, con el objetivo de
analizar el tratamiento antitrombótico (anticoagulación o antiagregación) según el tipo de FA, se dividió a los pacientes con FA en tres grupos: a) pacientes con antecedentes de FA y que presentaban
la arritmia en el ECG (FA permanente y conocida); b) pacientes con antecedentes de FA y en ritmo sinusal al examen (episodio previo de FA), y c) pacientes sin antecedentes de FA y con FA en el ECG
(FA no conocida). Finalmente se determinó la puntuación CHADS2 de los pacientes con FA para valorar el riesgo de ictus (edad > 75 años, HTA, diabetes mellitus, insuficiencia cardiaca o ictus previo)
y la correcta indicación del tratamiento anticoagulante (CHADS2 > 1)12. Las contraindicaciones para
la anticoagulación también se recogieron en el estudio.
Análisis estadístico
Todos los datos recogidos en el estudio se describen en términos de tendencia central, medidas
de dispersión y frecuencias relativas. Se compararon los resultados entre los tres grupos de pacientes analizados. Para la comparación de variables cuantitativas entre los dos grupos (pacientes
con o sin FA) se utilizó el test de la t de Student;
para la comparación de las variables categóricas,
el test de la c2, así como el cálculo de medidas de
efecto (odds ratio [OR] para las variables categóricas y diferencias de medias para las variables
cuantitativas). En el análisis comparativo del tratamiento antitrombótico según el tipo de FA en
los tres grupos, se utilizó el test de ANOVA. Para
determinar las variables relacionadas de forma independiente con la presencia de FA (en el ECG o
con episodio previo), se realizó un análisis multivariable de regresión logística en el que se incluyeron todas las variables que resultaron significativas en el análisis univariable y las de reconocida
relevancia clínica. Se considera significación estadística un valor de p < 0,05. Para el análisis se utilizó el programa estadístico SPSS versión 15.
RESULTADOS
Se ha incluido a un total de 1.028 pacientes hipertensos, con una media de edad de 72,8 años, de los
que el 52,7% eran mujeres. Se reclutó al 82,5% de los pacientes desde consultas de atención primaria
(848 casos) y a los demás desde unidades hospitalarias de HTA.
Al analizar el ECG, se observó que el 6,7% de los
pacientes presentaba FA (67 casos de FA y 2 de
aleteo auricular), cuya arritmia se desconocía en
17 casos (1,7%). Se observó un aumento lineal de la
prevalencia de FA en el ECG en relación con la
edad, pasando del 3,2% en los pacientes de 65-69
años al 11,9% en los de más de 80 años. Además,
37 pacientes en ritmo sinusal tenían antecedentes de
FA (3,6%), que podría corresponder a formas paroxísticas o permanentes revertidas a ritmo sinusal,
por lo que la prevalencia total de FA en nuestra
serie fue del 10,3%. La prevalencia fue significativamente más elevada en los pacientes reclutados desde
las unidades de HTA que en los de atención primaria (el 23,9 frente al 7,4%; p < 0,001).
Los pacientes con FA (episodio previo o FA en
curso) tenían una media de edad mayor, así como
más antecedentes de enfermedad cardiaca asociada
(cardiopatía isquémica o insuficiencia cardiaca) y
mayor tiempo de evolución de la HTA (tabla 1). La
HVI y las alteraciones del complejo QRS también
fueron más frecuentes en esta población. Por el contrario, el filtrado glomerular era menor en los pacientes con FA (tabla 2). Cuando analizamos el
grupo de pacientes en los que la FA no era conocida (17 casos), observamos que éstos eran significativamente más jóvenes que los pacientes con FA
en el ECG conocida (72,5 ± 3,6 frente a 76,7 ±
6,3 años; p < 0,05), realizaban más ejercicio físico y
tenían menos antecedentes de insuficiencia cardiaca; por el contrario, no había diferencias en la
respuesta ventricular en el ECG. Probablemente esta menor repercusión clínica pudiera justificar en
parte el desconocimiento de la arritmia.


Una gran parte de los pacientes recibió fármacos
que bloquean el eje renina-angiotensina para el control de la HTA. En la figura 1 se recogen los fármacos antihipertensivos empleados en nuestra población. No se objetivaron diferencias en los
subgrupos analizados, salvo un uso de bloqueadores beta significativamente mayor en los pacientes con FA (el 31,1 frente al 18,4%; p < 0,01).

Fig. 1.
Tratamientos antihipertensivos utilizados en la población. Comparación por subgrupos. ARA-II: antagonistas de los receptores de la angiotensina II;
BB: bloqueadores beta; FA: fibrilación auricular; IECA: inhibidores de la enzima de conversión de angiotensina.
Si analizamos el tratamiento anticoagulante en
función del tipo de FA, observamos que la anticoagulación en los pacientes con FA conocida
(52 casos) asciende al 71,2%, mientras que 3 de los
17 pacientes con FA no conocida recibían anticoagulación por otros motivos (17,6%) (tabla 3). La
tasa de anticoagulación en el grupo de pacientes
con episodio previo de FA y en ritmo sinusal al
examen era del 37,8% (14 pacientes). De los 106 pacientes con FA, observamos que 73 presentaban
una puntuación CHADS2 > 1 (68,9%), con una
mayor proporción en el grupo de FA persistente
(80,8%) (tabla 3). Si analizamos la adecuación del
tratamiento anticoagulante definido por los pacientes que tienen indicación de anticoagulación
por un CHADS2 > 1 y están recibiendo el tratamiento, observamos que están correctamente tratados el 76,2% del grupo con FA permanente, el
41,7% del grupo con episodio previo y el 14,3% del
grupo con FA no conocida. Únicamente 3 pacientes
con FA tenían contraindicado recibir tratamiento
anticoagulante (2,8%).

En el análisis multivariable, los factores asociados a la presencia de FA (en el ECG o episodio previo) fueron edad, cardiopatía estructural (enfermedad coronaria o insuficiencia cardiaca),
consumo de alcohol y HVI por sobrecarga ventricular (tabla 4). Por el contrario, el ejercicio físico
se asoció con un menor riesgo de FA, cercano a
la significación.

DISCUSIÓN
Nuestro trabajo es uno de los pocos estudios de
nuestro país que analizan la prevalencia y el tratamiento antitrombótico de la FA en una población
específicamente hipertensa y mayor de 65 años, independientemente del tipo de FA (antecedente
previo o FA en curso) y pone de manifiesto una
prevalencia total del 10,3%, con una tasa muy alta
de empleo de fármacos antitrombóticos, especialmente en los pacientes con FA en el ECG conocida.
Además refleja que en 1 de cada 4 pacientes con FA
en el ECG no se conocía dicha arritmia, con las implicaciones terapéuticas y pronósticas que ello conlleva.
El estudio CARDIOTENS 1999, con un diseño
transversal y llevado a cabo en los ámbitos de atención primaria y especializada en nuestro país, mostró una prevalencia general de FA crónica del
4,8%, que alcanzaba el 11,1% en individuos de más
de 80 años13. En este estudio, el diagnóstico de FA
se basó en los antecedentes recogidos en la historia
clínica, sin realizar por protocolo un ECG, y tampoco se registraron los casos de FA paroxística o
aislada, lo cual puede limitar la estimación real de
la prevalencia de la arritmia. La FA se caracteriza
por su patrón temporal, con periodos en ritmo
sinusal, de ahí la necesidad de buscar activa y repetidamente esta arritmia, especialmente en los
pacientes en riesgo, para reducir el riesgo cardioembólico mediante el tratamiento adecuado. Otro de
los estudios epidemiológicos realizados en nuestro
país, el registro PREV-ICTUS, sobre una población de 7.108 sujetos de más de 60 años (el 73% con
HTA), observó FA en el ECG en el 8,5% de los pacientes, prevalencia que aumenta de manera lineal
con la edad, desde el 4,5% en sujetos con edades
entre 60 y 64 años hasta un 16,5% en los de edad
> 85 años14. No se tuvo en cuenta en este análisis a
los pacientes con episodio previo de FA. Llama la
atención que la presencia de FA en el ECG es ligeramente superior a la registrada en nuestro estudio,
a pesar de que nuestra población tenía mayor
riesgo, pues todos eran hipertensos. Evidentemente,
no podemos comparar estos resultados, pues el análisis del ECG en el PREV-ICTUS no fue centralizado y la lectura la llevó a cabo cada uno de los investigadores, con las limitaciones que ello puede
conllevar. Una explicación que puede justificar esa
menor prevalencia de FA en el ECG en nuestra población es la alta tasa de empleo de fármacos que
bloquean el eje renina-angiotensina-aldosterona
para el tratamiento de la HTA. En este sentido, son
múltiples los estudios publicados que han puesto de
manifiesto una reducción en la incidencia de FA
con el empleo de inhibidores de la enzima de conversión de angiotensina (IECA) o antagonistas de
los receptores de la angiotensina II (ARA-II)15,16.
Desde un punto de vista práctico, uno de los
principales avances en el tratamiento de los pacientes con FA en las últimas dos décadas ha sido la demostración de que se reducen los episodios
embólicos con el tratamiento anticoagulante de los
pacientes en alto riesgo. En amplios estudios aleatorizados de prevención del ictus en FA, los principales factores de riesgo asociados fueron la edad
avanzada, el sexo femenino, el ictus o el accidente
isquémico transitorio previo, la HTA y la diabetes
mellitus17. Diversos trabajos reflejan tasas de empleo de anticoagulación en pacientes con FA en
torno al 50%18. Nuestros resultados muestran una
tasa muy alta de empleo de estos fármacos en pacientes con FA en el ECG, especialmente en el
grupo de FA conocida, por encima de otros estudios realizados hace algunos años en nuestro país.
En un subanálisis del estudio CARDIOTENS realizado en 999 pacientes con FA, la tasa de empleo
de antitrombóticos fue del 33%, con cifras menores en el ámbito de la atención primaria, y significativamente menos en los pacientes de mayor
edad19, a pesar de que es en esta población en la
que se produce el mayor beneficio neto20. El miedo
a las caídas y el riesgo de sangrado constituyen los
factores limitantes más poderosos a la hora de no
anticoagular a los pacientes ancianos21. En este
sentido, se ha publicado recientemente un estudio
que refleja que el tratamiento anticoagulante en
pacientes mayores de 80 años es aceptable por su
bajo riesgo si se realiza un adecuado seguimiento
del tratamiento22. Este incremento en el uso de fármacos antitrombóticos en pacientes con FA en la
última década también ha sido corroborado en
otros países.
Un hallazgo llamativo en nuestro estudio es una menor utilización de fármacos
antitrombóticos en pacientes con episodios previos de FA que están en ritmo
sinusal y tienen indicación por un CHADS2 > 1 (41,7%), a pesar de que las últimas guías indican
claramente que el subtipo de FA no debe influir en la
decisión de anticoagulación y que esta decisión debe
basarse en los factores de riesgo y las contraindicaciones23. Este dato puede reflejar la menor concienciación de los médicos sobre el riesgo cardioembólico
en estas situaciones. Datos del Euro Heart Survey on
Atrial Fibrillation corroboran esa menor tasa de anticoagulación oral en los pacientes con FA paroxística (51%) respecto a los pacientes con FA persistente (80%) y FA permanente (76%), a pesar de que
observan que el riesgo de ictus en la FA paroxística
es al menos comparable al de las FA persistente y
permanente24. Estos hallazgos también han sido confirmados por otros trabajos realizados en distintas
poblaciones25,26.
Limitaciones
Una de las principales limitaciones de este tipo de
registros es el número de sujetos reclutados y la representatividad de nuestra muestra con respecto al
universo de pacientes con esta enfermedad, ya que
siempre habrá un sesgo de selección, habida cuenta
de que los pacientes más graves y más motivados
son los que contactan habitualmente con el sistema
sanitario y probablemente se encuentran más representados en estos estudios. Pese a este sesgo de selección, nuestro estudio muestra el manejo real de
prevención cardioembólica de esta arritmia en
nuestro entorno, alejado de los grandes ensayos clínicos. Por otro lado, el carácter transversal del estudio impide una adecuada evaluación de causaefecto y puede dar lugar a asociaciones no
esperadas, como el mejor control de la presión arterial en pacientes con FA. Pese a ello, estas limitaciones no invalidan los resultados de nuestro estudio, que analiza la presencia de FA mediante un
análisis centralizado del ECG en el paciente hipertenso de 65 o más años de edad en una población
mediterránea.
CONCLUSIONES
Nuestro trabajo muestra una prevalencia de FA
en el paciente hipertenso ligeramente por debajo de
la observada en otros estudios realizados en nuestro
país y refleja su fuerte asociación con la edad avanzada, la cardiopatía estructural (incluida HVI por
ECG) y el consumo de alcohol. Además, refleja una
elevada tasa de empleo de fármacos antitrombóticos (especialmente anticoagulantes) en los pacientes con FA en el ECG conocida, lo que traduce
la alta concienciación de los médicos sobre el riesgo
cardioembólico de esta situación. Por el contrario,
menos de la mitad de los pacientes con episodio
previo de FA y en ritmo sinusal reciben este tratamiento, a pesar de tener un riesgo significativo de
ictus (CHADS2 < 1).
AGRADECIMIENTOS
A laboratorios Lácer por su contribución, su ayuda y
su constante dedicación a este proyecto. A todos los investigadores participantes, sin cuyos trabajo y esfuerzo
diario no habría sido posible su realización.
INVESTIGADORES DEL REGISTRO FAPRES
Juan Alberola, Vicente Javier; Maestre Amat, Luis;
Mateo Limiñana, José Manuel; Monleón Gómez, José;
Montagud Moncho, Miguel; Guinot Martínez, Enrique;
Gamón Pastor, José Blas; Salanova Penalba, Alejandro;
Sanchis Domenech, Carlos; Pallares Carratala, Vicente; Palacios Del Cerro, Antonio; Pérez Martínez, Rafael;
Baudet Dejean, Chantal; Pérez Alonso, Manuel; Fácila
Rubio, Lorenzo; Sipan Sarrión, Yolanda; Saro Pérez, Eugenia; Villaro Gumpert, Juan; Cabrera Ferriols, M. Ángeles; Fraile Fraile, Belén; Carbonell Franco, Francisco; Cornejo Mari, Francisco Javier; Barberá Comes, Javier;
Quiles Añon, Fernando; Llisterri Caro, José Luis; Almenar Cubells, Enrique; Casado González, Joaquín; Godoy
Rocati, Diego; Martínez Guerola, Carmen; Bonet García,
Jorge Alejo; Blázquez Encinar, Julio César; Botella Estrada, Carlos; Saen Alcoy, Montepio; Almarcha Pérez, Natividad; Salanova Chilet, Lorena; Torres Ferrando, Miquel; Debon Belda, Manuel; Fluixa Carrascosa, Carlos;
Aznar Baset, Lucía; Vivancos Aparicio, Diego; Pineda
Cuenca, Manuel; Obarrio Moreno, Alicia; Núñez Jorge,
Carlos; Matoses Nacher, Daniel; Baño Aracil, Manuel;
Balanza Garzón, Alicia; García Palomar, Carlos; Peña
Forcada, Enrique; Raga Casasus, José; Martínez Lahuerta, Juan; Mendizábal Núñez, Andrea; Santos Alonso, Eufrosina; Corbí Pascual, Miguel; Lillo Sánchez, Antonio;
Martorell Adsuara, Vicente; Sánchez Ruiz, Tomás; Ortiz
Díaz, Francisco; Llinares Orts, José Francisco; Lahoz
Ferrer, Julio; Morillas Blasco, Pedro; Pertusa Martínez,
Salvador; Manclus Montoya, Carlos; Adriá Mico, José
Manuel; Llaudes Soler, Ricardo; Castillo Castillo, Jesús;
Llopis Martínez, Francisco; Ruiz De La Prada Abarzuza,
Ignacio; Nebot Rico, Lidia.
ABREVIATURAS
ECG: electrocardiograma.
FA: fibrilación auricular.
HTA: hipertensión arterial.
HVI: hipertrofia ventricular izquierda.
El estudio se ha realizado con una beca no condicionada de laboratorios
Lácer.
Full English text available from:
www.revespcardiol.org
Correspondencia: Dr. P.J. Morillas Blasco.
Sección de Cardiología. Hospital Universitario de San Juan.
Ctra. Nacional 332 Alicante-Valencia, s/n. 03550 Sant Joan d'Alacant.
Alicante. España.
Correo electrónico: pedromorillas@teleline.es
Recibido el 7 de noviembre de 2009.
Aceptado para su publicación el 22 de febrero de 2010.
Bibliografía
1. Moro C, Hernández-Madrid A. Fibrilación auricular: ¿estamos ante una epidemia? Rev Esp Cardiol. 2009;62:10-4.
2. Ruiz Ortiz M, Romo E, Mesa D, Delgado M, Anguita M, López Granados A, et al. Predicción de eventos embólicos en pacientes con fibrilación auricular no valvular: evaluación del score CHADS2 en una población mediterránea. Rev Esp Cardiol. 2008;61:29-35.
3. Lip GY, Tse HF. Management of atrial fibrillation. Lancet. 2007;370:604-18.
4. Lewis WR, Fonarow GC, Labresh KA, Cannon CP, Pan W, Super DM, et al. Differential use of warfarin for secondary stroke prevention in patients with various types of atrial fibrillation. Am J Cardiol. 2009;103:227-31.
5. Srivastava A, Hudson M, Hamoud I, Cavalcante J, Pai C, Kaatz S. Examining warfarin underutilization rates in patients with atrial fibrillation: detailed chart review essential to capture contraindications to warfarin therapy. Thromb J. 2008;6:6.
6. Llisterri-Caro JL, Rodríguez-Roca GC, Alonso-Moreno FJ, Banegas-Banegas JR, González-Segura D, Lou-Arnal S, et al. Control de la presión arterial en la población hipertensa española atendida en atención primaria. Estudio PRESCAP 2006. Med Clin (Barc). 2008;130:681-7.
7. Third report of the National Cholesterol Education Program (NCEP) Expert panel on Detection, Evaluation, and Treatment of High Blood Cholesterol in Adults (Adult Treatment Panel III). Circulation. 2002;106:3143-421.
8. Consecuencias del tabaco para la salud. Informe técnico n.o 568. Ginebra: Organización Mundial de la Salud; 1974.
9. Villar F, Maiques A, Brotons C, Torcal J, Lorenzo A, Vilaseca J, et al. Prevención cardiovascular en atención primaria. Aten Primaria. 2001;28 Supl 2:S13-36.
10. Anderson P, Cremona A, Paton A, Turner C, Wallace P. The risk of alcohol. Addiction. 1993;88:1493-508.
11. 2007 Guidelines for the management of arterial hypertension: The Task Force for the Management of Arterial Hypertension of the European Society of Hypertension (ESH) and of the European Society of Cardiology (ESC). Eur Heart J. 2007;28:1462-536.
12. Gage BF, Waterman AD, Shannon W, Boechler M, Rich MW, Radford MJ. Validation of clinical classification schemes for predicting stroke: results from the National Registry of Atrial Fibrillation. JAMA. 2001;285:2864-70.
13. García Acuña JM, González Juanatey JR, Alegría E, González I, Llisterri JL. La fibrilación auricular permanente en las enfermedades cardiovasculares en España. Estudio CARDIOTENS 1999. Rev Esp Cardiol. 2002;55:943-52.
14. Cea-Calvo L, Redón J, Lozano JV, Fernández-Pérez C, Martí-Canales JC, Llisterri JL, et al. Prevalencia de fibrilación auricular en la población española de 60 o más años de edad. Estudio PREV-ICTUS. Rev Esp Cardiol. 2007;60:616-24.
15. Blaauw Y, Crijns HJ. Atrial fibrillation: insights from clinical trials and novel treatment options. J Intern Med. 2007;262:593-614.
16. Wachtell K, Lehto M, Gerdts E, Olsen MH, Hornestam B, Dahlof B, et al. Angiotensin II receptor blockade reduces new-onset atrial fibrillation and subsequent stroke compared to atenolol: the Losartan Intervention For End Point Reduction in Hypertension (LIFE) study. J Am Coll Cardiol. 2005;45:712-9.
17. Nattel S, Opie LH. Controversies in atrial fibrillation. Lancet. 2006;367:262-72.
18. Lip GY, Edwards SJ. Stroke prevention with aspirin, warfarin and ximelagatran in patients with non-valvular atrial fibrillation: a systematic review and meta-analysis. Thromb Res. 2006;118:321-33.
19. Bertomeu V, Morillas P, González-Juanatey JR, Alegría E, García-Acuña JM, Gonzalez-Maqueda I, et al. Empleo de fármacos antitrombóticos en pacientes hipertensos con fibrilación auricular crónica. Estudio CARDIOTENS 99. Med Clin (Barc). 2002;118:327-31.
20. Singer DE, Chang Y, Fang MC, Borowsky LH, Pomernacki NK, Udaltsova N, et al. The net clinical benefit of warfarin anticoagulation in atrial fibrillation. Ann Intern Med. 2009;151:297-305.
21. Niska R, Han B. Anticoagulation for patients with atrial fibrillation in ambulatory care settings. J Am Board Fam Med. 2009;22:299-306.
22. Poli D, Antonucci E, Grifoni E, Abbate R, Gensini GF, Prisco D. Bleeding risk during oral anticoagulation in atrial fibrillation patients older than 80 years. J Am Coll Cardiol. 2009;54:999-1002.
23. Fuster V, Rydén LE, Cannom DS, Crijns HJ, Curtis AB, Ellenbogen KA, et al. ACC/AHA/ESC 2006 guidelines for the management of patients with atrial fibrillation--executive summary: a report of the American College of Cardiology/ American Heart Association Task Force on Practice Guidelines and the European Society of Cardiology Committee for Practice Guidelines (Writing Committee to Revise the 2001 Guidelines for the Management of Patients With Atrial Fibrillation). J Am Coll Cardiol. 2006;48:854-906.
24. Nieuwlaat R, Dinh T, Olsson SB, Camm AJ, Capucci A, Tieleman RG, et al. Should we abandon the common practice of withholding oral anticoagulation in paroxysmal atrial fibrillation? Eur Heart J. 2008;29:915-22.
25. Hohnloser SH, Pajitnev D, Pogue J, Healey JS, Pfeffer MA, Yusuf S, et al. Incidence of stroke in paroxysmal versus sustained atrial fibrillation in patients taking oral anticoagulation or combined antiplatelet therapy. J Am Coll Cardiol. 2007;50:2156-61.
26. Friberg L, Hammar N, Rosenqvist M. Stroke in paroysmal atrial fibrillation: report from the Stockholm Cohort of Atrial Fibrillation. Eur Heart J. 2009 Jan 27 [Epub ahead of print]. doi: 10.1093.