I. INTRODUCCIÓN
La aparición de un síndrome coronario agudo está
producida por la erosión o rotura de una placa aterosclerótica, que determina la
formación de un trombo intracoronario. La cantidad y duración del trombo, junto con
la existencia de circulación colateral y la presencia de vasospasmo en el momento de la
rotura desempeñan un papel fundamental en la presentación clínica de los
diferentes síndromes coronarios agudos. En general, el infarto agudo de miocardio (IAM) se
asociará a una trombosis más extensa y duradera, la angina inestable a un trombo
más lábil, mientras que el IAM sin onda Q puede corresponder a una oclusión
coronaria transitoria 1 . Sin embargo, la sintomatología clínica no
permite una diferenciación con suficiente certeza de los diferentes síndromes, por lo
que resulta imprescindible la realización precoz de un electrocardiograma (ECG) 2
. Los hallazgos de esta exploración permiten agrupar a los pacientes en dos grandes bloques:
con y sin elevación del segmento ST.
Pues bien, en este trabajo nos referiremos a los pacientes con
elevación del segmento ST, que en su mayor parte desarrollan un IAM con onda Q. Nos
centraremos en su manejo clínico pre e intrahospitalario, dejando a un lado otros aspectos
fundamentales como son la fisiopatología y epidemiología del IAM, así como la
prevención secundaria y el manejo de los factores de riesgo coronario.
El documento utiliza la clasificación popularizada por los
consensos del American College of Cardiology/American Heart Association según los cuales las
recomendaciones pueden clasificarse en:
Clase I:
existe evidencia y/o acuerdo general en que el procedimiento o
tratamiento es útil y efectivo.
Clase II:
la evidencia es más discutible y/o existen divergencias en las
opiniones sobre la utilidad/eficacia del procedimiento o tratamiento.
Clase IIa:
el peso de la evidencia/opinión está a favor de la
utilidad/eficacia.
Clase IIb:
la utilidad/eficacia está menos fundamentada por la
evidencia/opinión.
Clase III:
existe evidencia y/o acuerdo general en que el procedimiento o
tratamiento no es útil y efectivo y en algunos casos puede ser peligroso.
II. FASE PREHOSPITALARIA Y DEL AREA DE URGENCIAS HOSPITALARIA
Mientras la mortalidad a 30 días de los pacientes que ingresan
por IAM en los hospitales ha presentado una importante reducción en las últimas
décadas, la mortalidad del total de los pacientes con IAM ha experimentado escasas
modificaciones a expensas de la elevada mortalidad prehospitalaria 3,4 .
La mortalidad acumulativa del IAM es una función exponencial
en relación con el tiempo, de modo que una proporción sustancial de la misma tiene
lugar dentro de la primera hora y el 90%, en las primeras 24 h. La mayoría de los
fallecimientos suceden antes de que el paciente tenga la fortuna de llegar al hospital, de modo que
la reducción de la mortalidad hospitalaria sólo representa una pequeña
fracción de la mortalidad total 5 .
La fibrilación ventricular primaria es el mecanismo de la
mayor parte de los fallecimientos que se producen en las primeras horas del IAM 6,7 . La
posibilidad de identificar y revertir las arritmias letales constituye la herramienta más
eficaz para mejorar la expectativa de supervivencia del paciente. Esto justifica todos los
esfuerzos para situar al paciente en el plazo más breve posible en las proximidades de un
desfibrilador y acompañado de personal capacitado para la identificación y
tratamiento de la fibrilación ventricular 8 , ya que la probabilidad de
sobrevivir disminuye en un 7-10% por cada minuto que pasa antes de la desfibrilación, y
pasados 10-12 min sin desfibrilación se aproxima a 0.
Existe también una relación entre la eficacia
clínica de la terapéutica de reperfusión y el tiempo transcurrido desde la
oclusión coronaria, por lo que la evaluación de indicaciones y contraindicaciones de
la terapéutica revascularizadora, así como la minimización del tiempo hasta la
revascularización constituyen una prioridad en esos pacientes 9-12 .
1. MEDIDAS GENERALES ANTE EL PACIENTE CON ELEVACIÓN DEL
SEGMENTO ST
Definición del ascenso del segmento ST cara a la
terapéutica de revascularización
8
En al menos dos derivaciones contiguas: 0,1 mV en derivaciones del
plano frontal y 0,2 mV en derivaciones precordiales. Generalmente se considera la presencia de
bloqueo de rama izquierda de nueva aparición como equivalente al ascenso del segmento ST
cara a la indicación de fibrinolisis. Cuando la indicación de la fibrinolisis se
realice fuera del entorno de la unidad coronaria (UCIC), este criterio debe utilizarse con
más precaución ante la posibilidad de que concentre falsos positivos 13 .
Valoración inicial y manejo general del paciente
Las medidas recomendadas tanto cuando el paciente se encuentra en un
área de urgencias hospitalaria (AUH) o fuera del hospital, bajo el control de un servicio
médico de emergencias (SME) se resumen en la tabla 1 y van dirigidas a la garantía de
la estabilidad del paciente y la minimización del tiempo hasta una potencial
terapéutica de reperfusión 4,8 .
Estrategias de reperfusión
La mayor parte de los esfuerzos deben concentrarse en minimizar el
retraso en iniciar el tratamiento de reperfusión por medios farmacológicos o
mecánicos. La angioplastia (ACTP) puede considerarse como una excelente alternativa de
reperfusión en la fase aguda del infarto, y cuando se realiza en centros experimentados
proporciona un claro beneficio a corto plazo comparada con la fibrinolisis 12,14 . En el
momento presente no son equivalentes en términos de disponibilidad y costes, y menos desde
la perspectiva prehospitalaria. Por tanto, en los apartados siguientes, nos referiremos
preferentemente al tratamiento trombolítico.
Indicaciones de tratamiento trombolítico (
independientemente del mo en que se vaya a practicar)
A la hora de graduar la fuerza relativa de las recomendaciones para
la práctica de tratamiento trombolítico en diferentes grupos de pacientes deberemos
tener en cuenta dos consideraciones: a) la probabilidad de la obstrucción
trombótica de una arteria coronaria significativa es más alta mientras persisten los
síntomas, y b) la evidencia existente respecto al beneficio clínico de los
fibrinolíticos es muy superior cuando se administran dentro de las primeras 6 h y muy
inferior a partir de las 12 h 11 . Estas consideraciones deben aplicarse a la hora de
sopesar riesgo y beneficio sea cual sea el medio en el que se realice la valoración: medio
prehospitalario, AUH o unidad coronaria.
Recomendaciones
Clase I
Síntomas de más de 30 min de duración, ascenso
del segmento ST y menos de 12 h de evolución de los síntomas, en ausencia de
contraindicaciones absolutas y relativas.
Clase IIa
Pacientes que han presentado (ya no) síntomas de más de
30 min de duración, ascenso del segmento ST y menos de 12 h de evolución de los
síntomas, en ausencia de contraindicaciones absolutas y relativas.
Pacientes con síntomas indicativos de IAM de más de 30
min de duración y ascenso del segmento ST o bloqueo de rama izquierda y menos de 6 h, en
ausencia de contraindicaciones absolutas, pero con alguna contraindicación relativa.
Clase IIb
Pacientes con síntomas indicativos de IAM de más de 30
min de duración y ascenso del segmento ST o bloqueo de rama izquierda y más de 12 h
de evolución de los síntomas y menos de 24 h, en ausencia de contraindicaciones
absolutas o relativas.
Pacientes con síntomas indicativos de IAM de más de 30
min de duración y ascenso del segmento ST o bloqueo de rama izquierda y más de 6 h y
menos de 12 h de evolución de los síntomas, con alguna contraindicación
relativa.
Pacientes que han presentado síntomas indicativos de IAM de
más de 30 min de duración que ya han desaparecido y más de 6 h de
evolución de los síntomas.
Pacientes con varias contraindicaciones relativas y de más de
6 h de evolución.
Clase III
Pacientes con más de 24 h de evolución de los
síntomas.
Pacientes con contraindicaciones absolutas.
A menudo la indicación se llevará a cabo mediante una
valoración individual del balance riesgo/beneficio. La tabla 2 recoge un resumen de las
contraindicaciones absolutas y relativas del tratamiento trombolítico en la fase aguda del IAM.
Trombolisis: dónde y por quién
Ningún tratamiento de los que habitualmente se administran en
la UCIC (antianginosos, antitrombóticos, etc.) tiene por qué estar restringido
necesariamente a ésta. Se administrará donde produzca el máximo beneficio al
paciente con el mínimo riesgo, lo que afecta también al tratamiento
trombolítico.
La consideración del lugar óptimo para la
administración del mismo depende de numerosas circunstancias, diferentes de unos lugares a
otros. El principio fundamental , soslayado casi siempre en la controversia, es que la
definición de las pautas, lugar y personal adecuado para la trombolisis debe ser
consecuencia de una reflexión y análisis de situación (de las circunstancias
locales), realizada conjuntamente por toda la cadena asistencial que trata el
síndrome coronario agudo (SCA) que debe coordinarse y corresponsabilizarse. La
administración del trombolítico en urgencias, y más aún fuera del
hospital, sólo debe plantearse con el acuerdo y en coordinación con el escalón
que va a hacerse cargo del paciente en el momento inmediatamente posterior.
Dado que el beneficio potencial del tratamiento es sustancialmente
dependiente del tiempo pueden plantearse condiciones que aconsejen administrarlo antes de la
llegada a la unidad coronaria e incluso antes de la llegada al hospital 4,15-17 .
Deben tenerse en cuenta las siguientes condiciones para maximizar el
beneficio/riesgo:
Minimización de falsos positivos
Estratificación de los pacientes (selección de los
candidatos a máximo beneficio).
ECG de 12 derivaciones (obligatorio).
Personal médico entrenado en el reconocimiento de las
alteraciones isquémicas en el ECG.
Una ventana de tiempo y una estimación de la ganancia en el
mismo
Dentro de las primeras 2 h debe estimarse una ganancia de tiempo
(incluido el tiempo puerta-aguja) de 30 min.
Dentro del intervalo 2-6 h debe estimarse una ganancia de tiempo
(incluido el tiempo puerta-aguja) de 60 min.
Condiciones de seguridad
En todo momento el paciente estará en las condiciones de
vigilancia y control descritas para el AUH (monitorización, defibrilador, vía venosa
y posibilidad de medidas de soporte vital avanzado).
Coordinación y acuerdo con el escalón receptor
El protocolo organizativo, de logística y de actuación
clínica habrá sido previamente acordado. Se llevará un registro de las
variables clínicas fundamentales y los tiempos. Se recomienda realizar una evaluación
periódica conjunta de los resultados.
En la tabla 3 se enumeran algunas recomendaciones específicas
para la utilización de trombolíticos fuera de la unidad coronaria. Aunque en muchas
situaciones es recomendable su administración antes de la llegada al hospital 4 ,
consideramos tan importantes los diversos condicionantes locales, que evitamos dar en ningún
caso al tratamiento trombolítico prehospitalario (recomendación de clase I).
Tratamiento trombolítico: ¿quién debe
realizarlo?
Siguiendo el mismo planteamiento, el tratamiento trombolítico
debe de ser administrado por aquel personal con la suficiente cualificación para el
diagnóstico y tratamiento del IAM. Por las características de nuestro país,
posiblemente deba ser exclusivo del personal médico, no necesariamente especialistas en
cardiología o intensivistas, sino cualquier médico que pueda tener a su cargo el
tratamiento de pacientes con IAM. Deberá haber recibido un entrenamiento que garantice el
conocimiento de las indicaciones, contraindicaciones de los trombolíticos, el manejo de las
complicaciones derivadas de su uso y una aceptable tasa de falsos positivos en la
interpretación del ECG en los pacientes candidatos al tratamiento.
Tratamiento trombolítico: ¿con qué?
No existen diferencias lo suficientemente relevantes desde el punto
de vista clínico como para afirmar que un fármaco es indiscutiblemente superior a
otro 8 .
En hospitales pequeños, AUH o medio extrahospitalario
constituyen un elemento crucial dos aspectos 4 :
1.
Facilidad de preparación, rapidez y simplicidad de
administración, conservación a temperatura ambiente.
2.
Mantener una pauta uniforme en todos los enfermos, lo que disminuye
el porcentaje de errores y accidentes y facilita la evaluación.
¿Seleccionar a pacientes para angioplastia primaria desde
fuera del hospital?
Un traslado selectivo a un centro con capacidad de realización
de ACTP fuera del área sanitaria que habitualmente trata a los pacientes con IAM actualmente
sólo debe plantearse en:
1.
Pacientes con contraindicaciones absolutas de tratamiento
trombolítico o perfil riesgo/beneficio desfavorable, con IAM con ascenso del segmento ST o
bloqueo de rama izquierda y posibilidad cierta de realizar la ACTP dentro de las 12 h de
evolución de los síntomas.
2.
Para angioplastia de rescate en casos seleccionados.
Shock
: actualmente no parece justificada la selección de un centro
con capacidad de realización de angioplastia primaria las 24 h del día en estos
pacientes. El único grupo en el que esto podría considerarse es en pacientes con
menos de 75 años y menos de 6 h del comienzo del shock.
En estos casos siempre se debe contactar con el centro receptor, ya
que debe disponer de sala de hemodinámica y personal libre para atender al paciente en el
menor tiempo posible.
2. PLANTEAMIENTOS ESTRUCTURALES Y ORGANIZATIVOS. EL PLAN INTEGRAL DE
ATENCIÓN AL SÍNDROME CORONARIO AGUDO
El impacto potencial en términos de mortalidad y morbilidad de
las medidas tomadas en el período inmediatamente posterior a la oclusión coronaria,
tanto fuera del hospital como en la llegada del paciente al mismo, justifican el desarrollo de un
plan integral de atención al síndrome coronario agudo por parte de los SME y de las
AUH coordinadamente con la unidad coronaria.
Las medidas organizativas determinan mejoras en los tiempos de
atención y en lo adecuado de la misma. En pocos escenarios como en éste puede
esperarse tanta repercusión clínica de las mejoras en organización y
logística.
El retraso en recibir el tratamiento adecuado tiene dos componentes:
antes de la llegada al hospital, del que un componente sustancial es el tiempo transcurrido desde
el comienzo de los síntomas a la demanda de asistencia 18 y otro hospitalario con
un intervalo hasta que el paciente ha sido evaluado y otro, habitualmente más prolongado,
hasta que el tratamiento es indicado y administrado 19 .
Medidas para reducir el retraso en la asistencia adecuada
1. Retrasos atribuibles al paciente
Campañas informativas en los medios de comunicación
Aunque las campañas de información sanitaria pueden
contribuir a la reducción de retraso hasta la llegada al hospital 20 tienen
importantes connotaciones negativas:
1.
Sobrecarga excesiva de los servicios de urgencias y emergencias que
determina aumento general de la demora de asistencia a los pacientes.
2.
Mayor impacto sobre los pacientes con dolor torácico no
isquémico.
3.
Eficacia variable e impacto transitorio 21 , lo que
determinaría su periódica repetición y un elevado coste económico.
Alternativas a las campañas masivas de educación
sanitaria
1.
Información sanitaria a pacientes o familiares de pacientes
con enfermedad coronaria demostrada y a otros grupos seleccionados de alto riesgo 22 .
2.
Sensibilizar al colectivo de profesionales sanitarios sobre la
importancia de la información y educación de los pacientes individuales.
3. Sobre todo:
la existencia de un sistema médico de emergencias accesible
telefónicamente, y su conocimiento por la población reduce el tiempo de
decisión para solicitar asistencia 4,23,24 .
4.
Todos los individuos de la comunidad deberían tener
conocimientos elementales sobre las medidas de reanimación cardiopulmonar básica.
Para ello sería deseable la planificación de programas de información y
entrenamiento periódicos dirigidos a escolares y adolescentes 25 .
Recomendaciones
Clase I
Promover la utilización de los SME a través de los
teléfonos sanitarios de marcación reducida (061, 112, etc.) en todos los casos de
dolor torácico.
Clase IIa
Promover la existencia de programas de información y
entrenamiento en medidas de reanimación cardiopulmonar básica dirigidos a escolares y
adolescentes.
Clase III
No puede, por tanto, recomendarse en el momento actual la
generalización de campañas masivas de información sobre la conducta a seguir
ante la sospecha de SCA dirigidas a la población general.
2. Retrasos dependientes del sistema sanitario
Recomendaciones sobre el transporte del paciente al hospital
: idealmente, el paciente debería acudir cuanto antes al
hospital y en el medio de transporte más seguro.
Si el área geográfica dispone de un Sistema de
Emergencias con rápida capacidad de respuesta, éste sería el medio más
adecuado para conducir al paciente al hospital 4 .
En ausencia del mismo el paciente deberá acudir al hospital
por el medio más rápido posible.
Estructura y organización de los distintos escalones del
sistema
Escalón prehospitalario
Los sistemas de emergencias
Centros coordinadores:
Es absolutamente necesario disponer de un médico
coordinador 26 .
Se debe disponer de un protocolo específico para la
atención de los pacientes con dolor torácico y una cuidadosa evaluación
periódica del mismo 27,28 .
Hay que establecer estándares propios de tiempo de
respuesta (la situación de los SME españoles no es comparable con la de los
países anglosajones en términos de dotación de personal y accesibilidad por lo
que casi nunca son aplicables los estándares de la bibliografía).
Dispositivos móviles:
Dotados de personal entrenado y material suficiente para
técnicas de reanimación cardiopulmonar avanzada y las condiciones descritas para el
manejo del SCA (incluyendo ECG de 12 derivaciones) 29,30 .
Todas las ambulancias no medicalizadas deben ir provistas de
desfibrilador automático externo y su personal adecuadamente entrenado 31,32 .
Integración de los SME en otros sistemas asistenciales:
La integración dentro de otros sistemas puede suponer
acortar los tiempos hasta la llegada al punto de tratamiento definitivo 33,34 .
Deberían poseer desfibrilador automático externo y
recibir cursos de entrenamiento los siguientes grupos:
1.
Médicos de atención primaria adscritos a los centros de
salud de las áreas rurales.
2.
Personal médico y paramédico de las ambulancias
31,32 .
3.
Personal seleccionado de servicios públicos que se
responsabilizarían de la primera asistencia a los pacientes con parada cardiorrespiratoria
(PCR). Equipar con desfibrilador automático externo a los familiares de pacientes de alto
riesgo podría ser considerado solamente en casos muy selectivos en función de
factores relacionados con el entorno y el paciente .
Recomendaciones
Clase I
Dotar de la capacidad para realizar e interpretar ECG en todos los
puntos asistenciales donde se realiza atención de urgencias.
Establecer en todos los centros de coordinación de los SME
protocolos específicos para SCA controlados por personal médico.
Disponer de ambulancias medicalizadas dotadas de personal y material
capaces de realizar técnicas de reanimación cardiopulmonar avanzada con buenos
tiempos de respuesta capaces responder a los episodios de PCR.
Establecer procedimientos de manejo específicos del SCA en
todos los SME.
Clase IIa
Disponer de desfibrilador automático externo y del
entrenamiento suficiente del personal en todas las ambulancias de transporte sanitario dedicadas a
la las urgencias.
Disponer de desfibrilador automático externo y del
entrenamiento suficiente del personal en todos los centros de salud, especialmente en el medio
rural.
Clase IIb
Estudiar la ubicación de programas de desfibrilador
automático externo en aquellos lugares donde exista un colectivo de riesgo.
Áreas de urgencias hospitalarias
1. Aspectos estructurales
Dotación de material
Básico
: electrocardiógrafo, desfibrilador-marcapasos externo, equipo
para realización de reanimación cardiopulmonar avanzada y camas del área de
observación con monitorización continua.
Óptimo
: facilidades para comunicación con sistemas sanitarios
prehospitalarios (teléfono/fax, transmisión telefónica del ECG);
electrocardiógrafo con interpretación automática; equipos automáticos
para infusión intravenosa continua, y facilidades de almacenamiento de fármacos
básicos en la propia área de urgencias.
Dotación de personal
Las áreas de urgencias deberán contar con el personal
suficiente para que sin menoscabo de la atención a la demanda por patología
más banal pueda responderse ante el paciente con SCA de la forma descrita en las
recomendaciones clínicas.
Se sugieren como requisitos de cualificación del personal del
AUH:
Médicos
: acreditación de medicina de familia, máster en
emergencias o similar, capacitación en técnicas de reanimación cardiopulmonar
avanzada y entrenamiento actualizado en manejo del síndrome coronario agudo.
Personal de enfermería
: acreditación de entrenamiento en áreas de urgencias,
capacitación en técnicas de reanimación cardiopulmonar básica y
conocimientos básicos de ECG.
2. Organización y coordinación
Minimizar los tiempos puerta-aguja, más aún,
dolor-aguja es optimizar la asistencia al paciente 4 (072). El AUH debe estar coordinado
con todos los sistemas y servicios implicados en la atención del SCA.
La coordinación óptima implica establecer equipos de
mejora , en el ámbito de cada hospital, que integren a los servicios sanitarios extra
(asistencia primaria, centros de salud y equipos de emergencias) e intrahospitalarios (urgencias,
UCIC, servicio de cardiología y hemodinámica).
Las áreas de urgencias estarán dotadas de un protocolo
específico para la atención al SCA consensuado con el resto de estructuras
hospitalarias implicadas en dicha atención.
El tiempo dentro del hospital. Metodología de
evaluación. Programas de mejora
No existe una medida universal para optimar el retraso en la
asistencia del paciente con SCA. Cada hospital debe encontrar su sistema más adecuado en
función de su situación y del tipo de terapéutica de reperfusión. Un
hecho frecuente es que los implicados en el manejo inicial del SCA infravaloren sus propios tiempos
que, medidos, resultan ser más del doble 35 .
Consideramos altamente aconsejable que los hospitales aborden
sistemáticamente esta tarea con una metodología de promoción continua de la
calidad asistencial comparable a la que se utiliza en otros sectores de actividad.
Esta metodología, cuya eficacia ha sido ampliamente puesta a
prueba en nuestro país 36 , consiste básicamente en la
cuantificación sistemática de los retrasos (tabla 4) para actuar en los segmentos de
tiempo con demoras excesivas.
Para facilitar esta tarea es conveniente agrupar previamente a los
pacientes en categorías comparables, ya que no todos los pacientes se encuentran en la misma
situación ante un posible tratamiento de reperfusión: la presencia de inestabilidad
hemodinámica, trastornos de conducción auriculoventricular (AV), hipertensión
arterial o edad avanzada son circunstancias que dificultan el diagnóstico preciso o
contraindicaciones relativas y que pueden justificar razonablemente alguna demora en el inicio del
tratamiento.
Esto hace que sea conveniente la estandarización de los
indicadores para tipos de pacientes homogéneos a la hora de las comparaciones entre
diferentes centros o etapas dirigidas a evaluar la eficacia.
Un método de clasificación de este tipo mediante el uso
de una lista de verificación o checklist de uso desarrollado y validado en nuestro
país en el proceso de garantía de calidad 37 se expone en la tabla 5.
3. Estándares y evaluación
El establecimiento de estándares permite una evaluación
continua de la práctica clínica con la posibilidad consiguiente de introducir medidas
correctoras en el caso de detectar desviaciones indeseadas. Se proponen los siguientes
estándares:
Estándares en los servicios médicos de emergencia
38,39
Tiempo de activación de los sistemas de 1 min (intervalo al
90%).
Tiempo de respuesta 7 min (intervalo al 90%).
Registro de la atención a la PCR de forma normalizada (estilo
Utstein) 39 .
Estándares en las áreas de urgencia hospitalarias
Tasa de nitroglicerina (NTG) sublingual próxima al 100%.
Tasa de ácido acetilsalicílico (AAS). Debe ser
próxima al 100%.
Índice de fibrinolisis (IF) y/o ACTP: 50%.
IF en prioridad I (véase tabla 6): debe superar el 95%.
Retraso puerta-aguja en prioridad I: debe ser menor de 30 min
(mediana).
IF y/o ACTP dentro de las 1-2 primeras h (6-30%).
Intervenciones de mejora
Situación: tiempo puerta-aguja superior a 30 min
. Intervenciones:
Protocolos de traslado rápido desde el AUH hasta la UCIC.
Administración de tratamiento trombolítico en
urgencias: necesita protocolos consensuados. Factible en pacientes de prioridad I.
Situación: tiempo de acceso al hospital prolongado (> 30
min)
. Intervención:
Fibrinólisis prehospitalaria: recomendado para sistemas de
emergencias capacitados en pacientes seleccionados (prioridad I).
III. MANEJO EN LA UNIDAD CORONARIA DEL INFARTO AGUDO DE MIOCARDIO CON
ELEVACIÓN DEL SEGMENTO ST
MEDIDAS GENERALES
Recomendaciones
Clase I
Monitorización electrocardiográfica continua.
Monitorización incruenta de la presión arterial.
Calmar el dolor.
Evitar Valsalva.
Reposo en cama en las primeras 12-24 h en los pacientes
hemodinámicamente estables sin episodios de isquemia recurrente.
Información al paciente.
Vía venosa.
Clase IIa
Aporte de oxígeno durante las primeras 2-3 h o mientras
persista el dolor.
Dieta absoluta en las primeras 12 h, seguida de dieta
cardiosaludable.
Laxantes suaves.
Uso rutinario de ansiolíticos.
Clase IIb
Solución glucosa-insulina-potasio.
Administración rutinaria de oxígeno más
allá de las primeras 2-3 h.
Pulsioxímetro
Clase III
Reposo prolongado en cama (más de 24-36 h) en pacientes
estables.
Empleo rutinario de lidocaína i.v.
Aunque el objetivo fundamental del tratamiento del IAM es el
restablecimiento precoz de la permeabilidad de la arteria obstruida, una serie de medidas generales
en la unidad coronaria tienden a detectar precozmente acontecimientos adversos, prevenirlos y
tratarlos cuando aparecen. Estas medidas están encaminadas también a hacer más
confortable la estancia del paciente en la unidad coronaria
La monitorización electrocardiográfica continua
desempeña un papel esencial, dada la aparición de arritmias graves en las primeras
horas del IAM. El paciente debe ser trasladado hasta la unidad coronaria bajo control
electrocardiográfico y con posibilidades de desfibrilación eléctrica en todo
momento. Otra de las medidas iniciales es calmar el dolor, si no se ha conseguido todavía
este objetivo antes del ingreso en la unidad coronaria. Tras una evaluación clínica
inicial, la monitorización incruenta de la presión arterial es una técnica
cada vez más utilizada que permite obtener frecuentes medidas de este parámetro.
En nuestro medio se trata de establecer una vía venosa central
desde la flexura del codo. No obstante, la obtención de esta vía central no debe
retrasar la administración de la medicación trombolítica, en un momento en el
que el ahorro de tiempo salva vidas. Igualmente, todo paciente debe recibir aspirina si no se le ha
administrado todavía desde el inicio del dolor.
No existen argumentos científicos para la utilización
rutinaria de oxígeno durante toda la estancia del paciente en la unidad coronaria, salvo que
exista una disminución de la saturación arterial de oxígeno por
congestión pulmonar en la insuficiencia cardíaca o por cualquier otra causa. El
fundamento para administrar oxígeno a todos los pacientes se basa en la observación
de que incluso en los casos de IAM no complicado algunos pacientes están ligeramente
hipoxémicos en las primeras horas del IAM, probablemente por alteraciones en la
relación ventilación-perfusión. En cualquier caso, esta administración
de oxígeno no parece necesaria en casos de IAM no complicado más allá de las
primeras horas.
En los momentos iniciales del IAM es especialmente importante
disminuir el consumo de oxígeno miocárdico. Para ello conviene controlar la
situación de hiperactividad simpática de las primeras horas del IAM. La morfina
utilizada para calmar el dolor tiene también un efecto sedante y simpaticolítico. Una
explicación sencilla al paciente de su situación puede conseguir frecuentemente
efectos más favorables que los ansiolíticos, que a veces son mal tolerados por los
ancianos. El paciente debe permanecer en un ambiente tranquilo y silencioso 40 .
Se ha insistido en la necesidad de evitar por parte del paciente
situaciones que conlleven la realización de la maniobra de Valsalva por la posibilidad de
que se desencadenen arritmias ventriculares 41 . En este sentido, se recomienda la
administración de laxantes suaves y la utilización, si es posible, de un servicio
junto a la cama a partir del primer día si el paciente permanece estable.
Actualmente se acepta que la movilización precoz conlleva un
menor riesgo de tromboembolismo venoso y una mejor adaptación del aparato circulatorio, por
lo que se tiende a que el paciente hemodinámicamente estable no permanezca más de
12-24 h en la cama 42 .
Si el dolor ha cedido, el paciente sin complicaciones puede iniciar a
las 12-24 h del inicio de los síntomas una dieta cardiosaludable, precedida en ocasiones de
una dieta líquida durante unas pocas horas 42 .
En cambio, la evidencia de los efectos beneficiosos de la
administración de la solución glucosa-insulina-potasio se considera todavía
insuficiente 43 , mientras que los resultados de los metaanálisis de los ensayos
clínicos con lidocaína profiláctica 44 hacen que no se recomiende
su utilización rutinaria salvo casos muy excepcionales en los que no se dispone de
desfibrilador, siempre que esté presente personal entrenado en iniciar las maniobras de
resucitación en caso de asistolia.
TROMBOLISIS Y TERAPIA ANTITROMBÓTICA COADYUVANTE EN LA UNIDAD
CORONARIA
Los grandes estudios clínicos de las dos últimas
décadas han permitido demostrar que la administración precoz de fármacos
trombolíticos en el IAM disminuye el tamaño del mismo, mejora la función
ventricular residual y reduce la morbimortalidad de los pacientes. Todos estos estudios han
demostrado una relación clara entre los beneficios mencionados y el tiempo de
administración del fármaco, consiguiendo el máximo beneficio dentro de las
primeras 6 h, especialmente en la primera y segunda hora 45-49 . Ésta es la gran
justificación para trasladar la trombolisis fuera de la UCIC cuando los medios humanos y
técnicos lo permiten, y es por ello que las indicaciones y contraindicaciones de la
trombolisis aparecen en este documento en la fase previa a la unidad coronaria y,
lógicamente, se mantienen para ésta.
Ahora bien, el entorno de la UCIC permite realizar algunas
valoraciones específicas que resultan difíciles de llevar a cabo en el transporte de
emergencia y/o área de urgencias:
1.
En los pacientes con clínica típica de infarto de
miocardio y bloqueo de rama izquierda del haz de His (BRIHH), que podría causar artefacto en
el análisis del segmento ST, está indicado el tratamiento trombolítico en la
misma ventana de tiempo que en los pacientes con elevación del segmento ST 46 .
2.
Como ya hemos comentado, el máximo beneficio se obtiene dentro
de las primeras 6 h, especialmente en las 2 primeras. Sin embargo, hay estudios que refieren
también beneficio, aunque más discreto, entre las 6 y las 12 h 11,46,50,51
. Ocasionalmente, vemos a pacientes en los que después de 12 h persiste el dolor
isquémico y la elevación del segmento ST, pudiéndose plantear la
utilización de trombolíticos.
3.
Sin embargo, todos los estudios que analizaron la eficacia del
tratamiento trombolítico entre las 12 y las 24 h 46,50,51 únicamente
pudieron demostrar una cierta tendencia de beneficio, pero sin diferencias significativas con el
placebo en cuanto a mortalidad.
4.
En la actualidad la edad no es una contraindicación para la
administración de trombolíticos y, por el contrario, sabemos que las personas
ancianas podrían ser un subgrupo de máximo beneficio al tener una alta mortalidad
espontánea 46,52 . Lo que se ha de procurar en estos casos es equilibrar bien el
cociente riesgo/beneficio, ya que las contraindicaciones relativas por mayor riesgo
hemorrágico suelen ser más frecuentes.
Tratamiento trombolítico en la unidad coronaria
En el contexto de la unidad coronaria se mantienen las indicaciones
generales del tratamiento trombolítico descritas en la primera parte del documento, si bien
en este caso, en virtud del entorno son menos minuciosas.
Recomendaciones
Clase I
Dolor típico durante más de 30 min, con
elevación del segmento ST superior a 0,1 mV en dos o más derivaciones consecutivas y
dentro de las primeras 12 h de evolución.
Dolor típico con BRIHH y dentro de las primeras 12 h.
Clase IIb
Segmento ST elevado y más de 12 h de evolución.
Clase III
Segmento ST elevado y más de 24 h de evolución.
Dolor típico e infradesnivelación del segmento ST.
En la tabla 6 aparecen señaladas las pautas de
administración más habituales de los fármacos trombolíticos.
Los estudios comparativos iniciales 47,48 no comunicaron
diferencias significativas en cuanto a reducción de la mortalidad entre estreptocinasa,
anistreplasa y activador tisular del plasminógeno (t-PA). Sin embargo, en el estudio GUSTO
49 , que comparaba la pauta rápida de t-PA con la estreptocinasa, se
apreció una diferencia favorable al t-PA, que conseguía 10 muertes menos por cada mil
pacientes tratados.
Pero a la hora de elegir el trombolítico, también hay
que tener en cuenta los estudios comparativos citados 47-49 en los que, aunque sin
diferencias significativas, se aprecia una cierta tendencia hacia un mayor riesgo de ictus con
anistreplasa o alteplasa que con estreptocinasa. Además, el precio de la alteplasa es muy
superior a la estreptocinasa. Tratando de optimar este tipo de cociente coste/beneficio, algunas
guías 8 proponen optar por t-PA en el subgrupo de máximo beneficio
(infartos extensos y tratamiento precoz) con bajo riesgo de ictus, para utilizar estreptocinasa en
infartos de menor beneficio esperado (menos extensos) o con mayor riesgo de ictus (mayores de 70
años).
En caso de necesitar repetir la administración de
trombolítico hay que tener en cuenta que no debe repetirse la administración de
estreptocinasa ni anistre plasa por su capacidad antigénica, al menos en el perío do
comprendido entre los 5 días y los 2 años de la primera administración
56 . La alteplasa, reteplasa o urocinasa es la alternativa en este grupo de pacientes.
Tratamiento antitrombótico coadyuvante
La trombolisis provoca una respuesta procoagulante inmediata con el
consiguiente efecto trombótico paradójico. El detonante parece ser la
exposición de trombina contenida en el trombo parcialmente lisado, que activa las plaquetas
y toda la cascada de la coagulación. Éste parece ser el mecanismo ligado al
fenómeno de reoclusión y reinfarto precoz postrombolisis. Intentando neutralizar este
proceso, se asocian a la medicación fibrinolítica tratamientos antiagregantes
plaquetarios y antitrombínicos.
Recomendaciones
Clase I
Aspirina en todos los pacientes si no hay contraindicación
(alergia o intolerancia).
Clase IIa
Heparina i.v. durante 48 h si el trombolítico utilizado ha
sido alteplasa o reteplasa.
Otros antiagregantes (ticlopidina, clopidogrel o trifusal) si hay
intolerancia a la aspirina.
Clase IIb
Heparina i.v. si el trombolítico utilizado es estreptocinasa o
anisteplasa.
En el estudio ISIS-2 46 la aspirina produjo no sólo
una reducción en la tasa de reinfarto e ictus, sino también una reducción de
mortalidad del 23% en el primer mes. Por otra parte, el beneficio adicional en los pacientes
tratados con trombolíticos quedaba claro, consiguiéndose una reducción de
mortalidad del 42%, es decir, 50 muertes menos por mil pacientes tratados. Por tanto, en ausencia
de alergia o intolerancia, la utilización de aspirina en el IAM no se discute.
La dosis más efectiva sigue en discusión, pero se
aceptan como útiles dosis entre 75 y 325 mg/día. La dosis inicial debe ser tan precoz
como sea posible y la utilización intravenosa puede ser una alternativa en pacientes con
náuseas y vómitos, tan frecuentes en esa fase aguda del IAM.
No está demostrado que otros antiagregantes tengan ventajas
sobre la aspirina asociados a medicación fibrinolítica. En casos de alergia a la
aspirina u otro tipo de intolerancia, se podrían emplear, pero no existen evidencias de su
utilidad avaladas por ensayos clínicos concluyentes como con la aspirina. En la actualidad
se están realizando ensayos con nuevos y más potentes antiagregantes plaquetarios,
que bloquean los receptores de la glucoproteína IIb/IIIa.
Al contrario de lo que sucede con la aspirina, el papel de la
heparina no está tan claro. Mientras que su asociación con estreptocinasa no ha
mostrado ningún beneficio, su utilidad después de administrar alteplasa está
más establecida, ya que sí parece disminuir la incidencia de retrombosis
57 .
Los beneficios de la heparina asociada a t-PA parecen ir ligados a
una anticoagulación efectiva, pero también la utilización de heparina asociada
al trombolítico se acompaña de un ligero incremento en el número de
complicaciones hemorrágicas. Por tanto, se recomienda una buena monitorización de
tiempo de tromboplastina parcial activada (APTT) para mantenerlo entre 2 y 2,5 veces los niveles
control (50-75 s), ya que APTT superiores a 90 s se acompañan de una incidencia de
complicaciones hemorrágicas inaceptables 56 . La pauta inicial recomendada es un
bolo de 5.000 U seguido de infusión continua a 1.000 U/h 8,53 .
Consideraciones sobre el uso de trombolíticos en nuestro medio
A pesar de la amplia evidencia favorable a su utilización, en
España sólo reciben tratamiento trombolítico el 41% de los pacientes con IAM
que ingresan en nuestras unidades coronarias 58 . Las causas más frecuentes para
excluir a los pacientes del tratamiento continúan siendo la edad y el tiempo de retraso
hasta la llegada al hospital.
Disminuir el tiempo de retraso con el que los pacientes reciben
atención en el IAM ha de ser un objetivo prioritario. En España, el retraso medio en
recibir el tratamiento trombolítico de los pacientes con IAM es de unas 3 h, siendo de 40
min el retraso intrahospitalario 59 . Campañas de información a individuos
en riesgo de padecer un IAM, coordinación de los servicios de urgencias, admisión,
cuidados intensivos y unidades coronarias, así como realización de trombolisis en el
área de urgencias o en el ámbito extrahospitalario si se dispone de un servicio
adecuado, son distintos frentes en los que intentar corregir los retrasos citados.
ANGIOPLASTIA PRIMARIA
Justificación
En el IAM, la angioplastia primaria, comparada con la trombolisis, ha
demostrado ser capaz de repermeabilizar la arteria responsable del infarto en un mayor porcentaje
que la trombolisis, consiguiendo un mejor flujo coronario, una menor estenosis residual y con menor
riesgo de accidente cerebrovascular 14,61,62 .
Todas estas ventajas de la angioplastia primaria frente a la
trombolisis se han traducido en unos mejores resultados clínicos cuando estos dos
tratamientos se han comparado de forma aleatoria; aunque las diferencias en mortalidad
únicamente se han demostrado en pacientes de alto riesgo, en infartos de localización
anterior, cuando el trombolítico empleado en la comparación era la estreptocinasa o
cuando se han unido en un metaanálisis todos los estudios aleatorizados conocidos hasta la
fecha 14,61-63 ; debe recordarse que este tipo de estudios han sido realizados en
hospitales de alta cualificación, hecho que puede comprometer la generalización de
estos resultados.
Resulta evidente que en España es imposible el tratamiento con
angioplastia primaria a todos los pacientes con IAM, con los medios actualmente existentes en
nuestro país. Sin embargo, sí sería posible una mejor utilización de
los mismos. En cualquier caso, la universalización de la técnica consumiría
una parte nada despreciable del presupuesto sanitario del país, por lo que en estos momentos
no es una opción estratégica válida ni siquiera a medio plazo.
Recomendaciones de angioplastia primaria
Clase I
Pacientes con IAM con elevación del segmento ST y ¾ 12 h
desde el comienzo de los síntomas que ingresen en un hospital con instalaciones y probada
experiencia en angioplastia, especialmente en infartos extensos, con inestabilidad
hemodinámica o contraindicación para tratamiento trombolítico.
Pacientes en shock cardiogénico de menos de 75 años y
dentro de las primeras 6 h de instauración del shock.
Clase IIa
Pacientes con infartos extensos y contraindicación de
tratamiento trombolítico que ingresen en un hospital sin instalaciones de angioplastia y
cuyo traslado permita la realización de la angioplastia dentro de las primeras 6 h del
inicio de los síntomas.
Pacientes con infartos extensos o con inestabilidad
hemodinámica, sin contraindicación para la trombolisis, ingresados en un hospital sin
instalaciones de angioplastia y cuyo traslado e intervención no suponga un retraso superior
a 120 min. Este retraso no será superior a 60 min dentro de las dos primeras horas del
comienzo de los síntomas.
Clase IIb
Pacientes con infartos no extensos y contraindicación para
tratamiento trombolítico que ingresen en hospitales sin instalaciones de angioplastia.
Clase III
Pacientes con infartos no extensos que ingresen en un hospital sin
instalaciones de angioplastia.
Angioplastia de rescate
El papel de la angioplastia de rescate está todavía por
definir. Por un lado, el diagnóstico clínico de la no reperfusión con el
tratamiento trombolítico no está bien establecido. La sintomatología
clínica, el ECG o los datos enzimáticos no permiten un diagnóstico de certeza
64 . Por otro lado, los estudios clínicos aleatorizados son escasos por su
dificultad, de forma que el nivel de evidencia alcanzado está basado en estudios con un
número reducido de pacientes 65 . Además, es importante mantener el
límite de 12 h desde el inicio de los síntomas para la obtención de beneficios
clínicos con la reperfusión mecánica, como sucede en la angioplastia primaria.
Por todo ello, a nuestro juicio, no existen datos suficientes que
permitan establecer unas recomendaciones sólidas sobre la angioplastia de rescate. Muy
posiblemente los pacientes con infartos extensos y/o con deterioro hemodinámico importante
en los que ha fracasado la trombolisis se beneficien de la ACTP de rescate siempre que el
procedimiento se realice no antes de 90 min del final y no después de 5 h del comienzo del
tratamiento trombolítico.
Tratamiento antitrombótico coadyuvante de la angioplastia
primaria
En este contexto del IAM, las recomendaciones de tratamiento
antitrombótico coadyuvante de la ACTP se basa en la heparina sódica con o sin
bloqueantes de las glicoproteínas IIb/IIIa, aspirina y ticlopidina juntas. Los bloqueantes
de las glicoproteínas IIb/IIIa estarían especialmente indicados si el resultado del
procedimiento no es óptimo, y obligan a reducir la dosificación de la heparina.
Cirugía de revascularización en la fase aguda del
infarto agudo de miocardio
En ausencia de complicaciones severas, la cirugía coronaria
pocas veces está indicada en la fase aguda del IAM, puesto que el tratamiento
trombolítico o la ACTP primaria restablecen la perfusión con mayor rapidez. La
cirugía urgente suele reservarse para pacientes con afectación multivaso que
presentan isquemia persistente o shock cardiogénico tras fracasar la trombolisis o ACTP, o
bien presentan complicaciones mecánicas.
TRATAMIENTO DEL INFARTO AGUDO DE MIOCARDIO NO REVASCULARIZADO
Las causas más frecuentes de no revascularización
suelen ser la existencia de contraindicaciones a la aplicación del tratamiento
trombolítico, el retraso en la llegada al sistema sanitario o la no disponibilidad de
técnicas de ACTP. En ausencia de revascularización, la repermeabilización de
la arteria coronaria depende de la trombolisis endógena y las medidas terapéuticas
pretenden favorecer el flujo coronario, evitar la reclusión y disminuir el consumo de
oxígeno por parte del miocardio.
Los fármacos utilizados y las bases que justifican su
utilización se describen en: «Tratamiento farmacológico del infarto agudo de
miocardio no complicado».
TRATAMIENTO FARMACOLÓGICO DEL INFARTO AGUDO DE MIOCARDIO NO
COMPLICADO
1. Antiagregantes
Recomendaciones
Clase I
Aspirina: con una dosis diaria de 75-325 mg.
Clase IIa
Triflusal. Se pueden utilizar la ticlopidina o el clopidogrel en caso
de intolerancia a la aspirina.
Desde el estudio ISIS-2 46 existe suficiente evidencia
científica para admitir que la administración de aspirina disminuye la mortalidad, el
reinfarto y el accidente vascular cerebral a los 35 días en los pacientes con IAM, incluso
si no reciben trombolíticos, por lo que su utilización en los casos de IAM es
necesaria salvo que existan contraindicaciones. A diferencia de lo que ocurre con los
trombolíticos, no se ha demostrado una relación entre sus efectos y la precocidad de
su administración, a pesar de lo cual se recomienda su administración precoz. Un
estudio español (estudio TIM) 66 ha demostrado que el triflusal puede constituir
una alternativa a la aspirina en el tratamiento del IAM, con una menor frecuencia de accidente
cerebrovasculares que con la aspirina. Aunque la ticlopidina ha demostrado ser útil en la
angina inestable 67 , no existen ensayos clínicos de su utilización en el
IAM. Por ello, su utilización sólo se justifica en caso de alergia o intolerancia
digestiva a la aspirina, al igual que el clopidogrel 68 .
2. Betabloqueantes
Recomendaciones
Clase I
Pacientes con dolor isquémico continuo o recurrente. Pacientes
con hiperadrenergia (taquicardia y/o hipertensión).
Clase II
Pacientes sin contraindicación para los betabloqueantes que
pueden ser tratados en las primeras 12 h del infarto.
Clase III
Pacientes con insuficiencia cardíaca moderada o grave o con
otras contraindicaciones para los betabloqueantes.
En la era pretrombolítica y antes de la utilización de
la aspirina dos grandes ensayos, el ISIS-1 69 y el MIAMI 70 comunicaron una
reducción pequeña aunque significativa de la mortalidad cuando se administraron
betabloqueantes intravenosos precozmente en el IAM, seguidos de administración oral. Es
llamativo el hecho de que la mortalidad del grupo control se encontrara en aquella época en
torno al 4%.
Posteriormente, en la era trombolítica, un subestudio del
TIMI-IIB 71 que utilizó el metoprolol intravenoso seguido de la
administración oral no refirió diferencias significativas en la mortalidad al sexto
día, aunque sí había menos isquemia recurrente y reinfarto en el grupo tratado
con metoprolol, diferencias estas últimas que habían desaparecido a las 6 semanas.
Recientemente, un subanálisis del estudio GUSTO I 72 señala una mayor
mortalidad en el grupo en el que se administró precozmente atenolol por vía
intravenosa y sugiere no administrar inicialmente el betabloqueante por esta vía y
reservarlo en todo caso para los casos con fracción de eyección mayor del 40%.
3. Nitratos (nitroglicerina intravenosa)
Recomendaciones
Clase I
En las primeras 24 h en pacientes con IAM e hipertensión,
insuficiencia cardíaca o isquemia persistente.
Más allá de este tiempo en pacientes con angina
recurrente o insuficiencia ventricular izquierda.
Clase IIa
IAM anterior extenso.
Clase IIb
En las primeras 24-48 h en todos los pacientes con IAM que no tengan
hipotensión, bradicardia o taquicardia.
Más allá de este tiempo en pacientes con IAM extensos.
Clase III
Pacientes con presión arterial sistólica (PAS) < 90
mmHg o frecuencia cardíaca menor de 50 lat/min.
Pacientes con afectación de ventrículo derecho.
En la era pretrombolítica una serie de pequeños ensayos
y un metaanálisis refirieron la utilidad de la nitroglicerina (NTG) intravenosa en la
reducción de la mortalidad en el IAM, especialmente en casos de localización anterior
73 . Posteriormente, en la era trombolítica dos grandes ensayos, el ISIS-4
74 y el GISSI-3 75 en los que se utilizaron nitratos precedidos, en el
GISSI-3, de NTG intravenosa, no demostraron beneficios en la mortalidad. Sin embargo, existe la
experiencia clínica de que la NTG intravenosa es un fármaco muy útil y bien
tolerado en el tratamiento de la isquemia recurrente, la hipertensión y la insuficiencia
cardíaca en el IAM. Sobre la base de experiencias anteriores a la etapa trombolítica
podría ser útil para reducir la mortalidad y el tamaño del IAM en los de
localización anterior extensa sin complicaciones en pacientes a quienes no se administran
trombolíticos.
4. Heparina
Recomendaciones
Clase I
Heparina i.v. en pacientes en fibrilación auricular o con
embolia previa.
Clase IIa
Heparina i.v. en otros casos de alto riesgo de embolismo
sistémico (IAM anterior extenso o trombo intraventricular).
Clase III
Pacientes sin riesgo de embolismo sistémico.
Aunque no está claramente demostrada su eficacia, parece
lógica la utilización de heparina intravenosa a dosis anticoagulante en casos de alto
riesgo de embolismo sistémico.
5. Inhibidores de la ECA
Recomendaciones
Clase I
Pacientes con IAM extenso y/o con fracción de eyección
menor del 40% en ausencia de hipotensión o de contraindicaciones para su uso.
Pacientes con insuficiencia cardíaca clínica en
ausencia de hipotensión o de contraindicaciones para su uso.
Clase IIb
Cualquier paciente dentro de las primeras 24 h del IAM que no tenga
contraindicaciones para el uso de IECA.
Los estudios ISIS-4 74 y el GISSI-3 75
refirieron una reducción significativa aunque pequeña de la mortalidad cuando se
administraron IECA a partir de las primeras 24 h del IAM. El subanálisis por grupos
permitió constatar que el beneficio era mayor en los casos con mayor riesgo (infartos de
localización anterior, infartos extensos, infartos con mala función ventricular o
infartos con insuficiencia cardíaca). El estudio AIRE 76 permitió
constatar una reducción de la mortalidad cuantitativamente mayor mediante la
administración precoz de ramipril en casos de IAM con insuficiencia cardíaca. Esta
mayor reducción de la mortalidad se observó también en el estudio TRACE
77 en el que se administró trandolapril solamente en los casos de IAM con
fracción de eyección del ventrículo izquierdo menor del 35%.
Aunque los beneficios de los IECA en el IAM son generalmente
aceptados, existen actualmente dos tendencias 78 : a) administrarlos a todos los
pacientes de forma precoz y retirarlos posteriormente en los casos que a las 6 semanas presenten
una fracción de eyección mayor del 40%, y b) administrarlos únicamente
en los casos con mayor riesgo.
Aunque ambas posturas son admisibles parece más razonable la
segunda opción dado que esta medicación puede producir efectos secundarios y la
tendencia a mantener la medicación con la que el paciente es dado de alta del hospital.
6. Magnesio
Recomendaciones
Clase I
Ninguna.
Clase IIb
Pacientes de alto riesgo en los que no se puede realizar terapia de
reperfusión.
Un metaanálisis 79 de los estudios publicados entre
1984 y 1991 señalaba un beneficio significativo del magnesio ( odds ratio [OR]: 0,44;
intervalo de confianza [IC] 0,27-0,71) en la reducción de la mortalidad en el IAM, lo que
fue confirmado en el estudio LIMIT-2. Sin embargo, el ISIS-4, que incluyó a 58.050
pacientes, no demostró beneficios en la mortalidad e incluso la posibilidad de efectos
nocivos del magnesio en el IAM. Aunque este último megaestudio ha sido criticado en cuanto a
la relativamente tardía administración del magnesio, en el momento actual y a la
espera de los resultados de otros estudios no se puede recomendar su administración en todos
los casos de IAM.
PREVENCIÓN SECUNDARIA EN LA UNIDAD CORONARIA
Aunque no existen estudios de prevención secundaria que se
inicien en el momento del ingreso del paciente en la unidad coronaria, la interrupción a
veces dramática que el ingreso por un IAM supone en el curso normal de la vida de una
persona puede ser un momento adecuado para iniciar una serie de actuaciones que formarán
parte de las habitualmente incluidas en la prevención secundaria.
El paciente debe ser informado de su situación y de los
cambios que la enfermedad puede introducir en su vida. Debería recibir el mensaje positivo y
tranquilizador de que llevar una vida sana es una buena forma de prevenir la aparición de
nuevos episodios isquémicos.
Los pacientes fumadores, al dejar de fumar durante la
hospitalización, deberían recibir el apoyo necesario para el abandono definitivo del
tabaco y ser informados de los beneficios de esta actitud en la evolución de la
cardiopatía isquémica.
Una serie de estudios han demostrado los efectos beneficiosos de las
estatinas en los pacientes con IAM e hipercolesterolemia. Aunque estos estudios se han iniciado
varios meses después del episodio de IAM, y no se sabe si la administración
más precoz de estos fármacos permitiría obtener resultados más
favorables, parece lógico iniciar lo antes posible el tratamiento de la hipercolesterolemia,
al principio con una dieta cardiosaludable a la que se añadiría eventualmente la
medicación apropiada. En este sentido conviene recordar que más allá de las
primeras 24 h del IAM se pueden obtener valores falsamente normales de colesterolemia por el
descenso que el propio IAM conlleva y que puede persistir varias semanas. Por ello, se recomienda
actualmente que la determinación de lípidos en sangre debe formar parte de la
batería analítica de las primeras horas del IAM.
La aspirina, los betabloqueantes y los IECA, que han demostrado sus
efectos favorables en los estudios de prevención secundaria y en la mayor parte de los casos
tras el inicio de su administración en la unidad coronaria, deberán seguir siendo
administrados a largo plazo.
ESTRATIFICACIÓN DE RIESGO. MARCADORES CLÍNICOS
El proceso de estratificación de riesgo en el paciente con IAM
es un ejercicio que iniciamos con datos obtenidos ya en el momento de su ingreso, continúa
con datos de evolución clínica durante su estancia hospitalaria y se completa con los
que nos ofrecen algunas exploraciones previas al alta. El objetivo de esta estimación
pronóstica es poder diseñar e individualizar la mejor estrategia terapéutica
en los pacientes después de un infarto.
El factor que más condiciona la supervivencia a corto y largo
plazo tras un infarto de miocardio es la función ventricular residual. También es
importante la presencia de otras lesiones en las arterias coronarias que perfunden el restante
miocardio viable. Es decir, la supervivencia se relacionará con la cantidad de miocardio
necrosado y con la cantidad de miocardio en riesgo de futuras necrosis.
En la tabla 7 se recogen los marcadores de mal pronóstico
más importantes tras el IAM. Estas variables, determinantes del pronóstico a corto y
largo plazo, son válidas tanto para pacientes que reciben tratamiento de reperfusión
como para los que no lo reciben.
EXPLORACIONES COMPLEMENTARIAS NO INVASIVAS EN LA UNIDAD CORONARIA
Determinaciones generales de laboratorio
Al ingreso del paciente se realizarán con carácter de
urgencia, si no se hubieran realizado antes, las determinaciones siguientes: estudio completo de
coagulación, hemograma, glucemia, creatinina plasmática e ionograma. Sin disnea ni
datos de insuficiencia cardiorrespiratoria no deben practicarse gasometrías arteriales. En
ausencia de complicaciones, no es necesaria la repetición rutinaria de estas determinaciones
basales durante la fase aguda.
Como ya se ha señalado, tiene interés la
determinación precoz de riesgo metabólico como colesterol total, HDL y LDL
colesterol, triglicéridos y glucemia basal.
Estudio radiológico de tórax
En pacientes con sospecha de infarto de miocardio, interesa disponer
cuanto antes de una radiografía de tórax en proyección frontal. Ahora bien,
debe hacerse sin movilizar al paciente y sin que suponga ningún retraso de ingreso en la
unidad coronaria ni en la aplicación de los tratamientos de reperfusión.
En ausencia de complicaciones, no parece adecuado repetir nuevos
controles radiológicos de tórax.
Electrocardiograma
El ECG en el infarto de miocardio confirma su existencia y permite
establecer su localización topográfica. Además, puede ser útil en la
predicción de la arteria responsable del infarto, nos permite hacer una estimación de
su tamaño y ayuda a valorar cambios que sugieren isquemia miocárdica.
Durante el ingreso en la unidad coronaria se registrará ECG
diario, repitiéndose en caso de complicaciones o después de estudios invasivos.
Marcadores séricos de daño miocárdico
En el IAM, la necrosis celular provoca una alteración en su
membrana citoplasmática con la consiguiente liberación de enzimas y
macromoléculas a la circulación. La medición de la actividad plasmática
de estas sustancias es de gran importancia desde un punto de vista diagnóstico.
También puede ser útil para la estimación del tamaño del infarto y para
valorar la eficacia de tratamientos de reperfusión.
Las determinaciones de uso común para el diagnóstico de
infarto de miocardio son: la creatincinasa (CK) y su isoenzima más específica
miocárdica CK-MB, la transaminasa glutámico-oxalacética (GOT) y la
lactato-deshidrogenasa (LDH). La actividad plamática de CK-MB comienza a las 4-6 horas del
inicio de los síntomas, alcanza su pico en 24 h y desaparece entre las 40 y las 72 h. La
actividad de la LDH comienza a las 12 h, alcanza su valor máximo en el segundo-tercer
día y se mantiene elevada 7-10 días.
Nuevos marcadores bioquímicos buscando precocidad y
especificidad son mioglobina y troponinas I y T. La mioglobina es, quizás, el marcador
más precoz en el infarto de miocardio, pero tiene el inconveniente de ser muy fugaz, de
desaparecer en 24 h y de su falta de especificidad. Las troponinas son también relativamente
precoces, son muy específicas y pueden detectarse en plasma hasta 10-14 días
postinfarto.
Desde una perspectiva de coste/efectividad, no parece razonable
determinar todos los marcadores en estos pacientes. Una muestra para CK, CK-MB al ingreso, seguida
de una determinación cada 8-12 h durante las primeras 24 h, y de una determinación
cada 24 h durante las siguientes 72 h podría ser una pauta suficiente.
Ecocardiografía
El ecocardiograma-Doppler es una exploración incruenta y de
bajo coste, relativamente sencilla y repetible. Su uso rutinario no es imprescindible en la fase
aguda del infarto de miocardio no complicado. Sin embargo, aporta datos valiosos acerca de la
localización y extensión de la zona infartada, tamaño y función
ventricular, presencia de otras cardiopatías asociadas, o existencia de complicaciones
pericárdicas o cardíacas. Estos datos, además de su utilidad evidente desde el
punto de vista pronóstico, pueden facilitar el tratamiento de los pacientes en situaciones
concretas.
Es especialmente útil en las siguientes situaciones
:
Valoración de la función ventricular.
Diagnóstico de complicaciones mecánicas del infarto.
Detección de trombosis intracavitaria.
Diagnóstico y localización del infarto en pacientes con
bloqueo de rama izquierda o portadores de marcapasos.
Diagnóstico de valvulopatías asociadas.
La realización de un ecocardiograma durante la fase aguda del
infarto no excluye la necesidad de repetir dicha exploración, u otra equivalente, destinada
a valorar la función ventricular en la estratificación de riesgo previa al alta. Esto
se debe a la mejoría evolutiva de la función ventricular que presentan algunos
pacientes, especialmente aquellos en quienes se consigue reperfusión.
Cardiología nuclear
La utilidad de las técnicas gammagráficas en la fase
aguda del IAM se limita a las escasas situaciones en las que mediante los criterios
electrocardiográficos o enzimáticos habituales no se puede establecer el
diagnóstico de existencia de infarto, ni éste puede ser claramente identificado
mediante la realización de un ecocardiograma bidimensional a la cabecera del enfermo. En
este sentido, las técnicas más útiles son las que determinan la
captación del isótopo en el área infartada (gammagrafía con pirofosfato
de tecnecio y gammagrafía con anticuerpos antimiosina marcados). La gammagrafía
cardíaca de perfusión en reposo utilizando talio-201 o MIBI puede ser también
útil.
GRUPOS DE RIESGO
Hay un grupo de pacientes que en los primeros días del IAM
presentan datos de insuficiencia cardíaca severa, arritmias graves recurrentes o angina
recidivante postinfarto. Por este motivo se les considera ya directamente como de alto riesgo por
disfunción ventricular y/o isquemia miocárdica severas. En los pacientes de este
grupo se debe realizar coronariografía, que nos proporcionará información
pronóstica adicional y nos servirá de guía para indicar una eventual revascula
rización 56,81,82 .
El resto de los pacientes, salvo casos especiales (p. ej., pacientes
con enfermedad de un vaso a los que se les ha practicado una angioplastia) son subsidiarios de una
nueva evaluación pronóstica una vez que han sido trasladados a la planta de
cardiología 99 , a pesar de que una parte de ellos son considerados de bajo
riesgo: pacientes jóvenes, sin infarto previo, con infartos pequeños y no
complicados.
CRITERIOS DE ALTA DE UNIDAD CORONARIA Y ALTA PRECOZ
Un mejor conocimiento de esta fase de la enfermedad coronaria, unido
al incremento de la presión asistencial y optimación del recurso «cama»,
han ido reduciendo de forma progresiva la estancia, tanto en la unidad coronaria como la
hospitalaria total, de los pacientes con IAM 100,101 .
Los pacientes incluidos en el grupo de bajo riesgo: menores de 70
años, con infartos pequeños sin disfunción ventricular, sin otras
patologías asociadas (diabetes, insuficiencia renal, valvulopatías, etc.), y que no
han presentado complicaciones precoces, podrían ser trasladados a unidades convencionales de
hospitalización a las 24-48 h 82,102 . Conviene comprobar previamente que tienen
una buena tolerancia a la movilización inicial, y admitir que un pequeño porcentaje
podrá tener alguna recurrencia isquémica en los próximos días. Esta
actitud será independiente del hecho de haberles realizado alguna técnica de
reperfusión (trombolisis o angioplastia), ya que no hay evidencia en la bibliografía
para actuar en estos pacientes de forma diferente 103 , si bien resulta evidente que la
angioplastia proporciona una mayor información.
El resto de pacientes con infartos no complicados pero no incluidos
en el grupo de bajo riesgo podrían ser dados de alta de la unidad coronaria a partir del
tercer o cuarto día. Los pacientes con infartos de miocardio complicados prolongarán
su estancia en la unidad coronaria y hospitalaria total según sus necesidades.
Habitualmente, el alta se da 24-48 h después de controlar la complicación.
Como complemento a las unidades coronarias, las unidades de cuidados
intermedios, bien equipadas y monitorizadas, pueden ser útiles en los pacientes con infarto
que sólo precisan monitorización electrocardiográfica. Otra opción,
especialmente útil en hospitales sin unidades de cuidados intermedios, son las camas de
hospitalización convencional con monitorización electrocardiográfica mediante
telemetría.
TRATAMIENTO DE LAS COMPLICACIONES DEL INFARTO AGUDO DE MIOCARDIO
1. INSUFICIENCIA CARDÍACA CONGESTIVA Y SÍNDROMES DE
BAJO GASTO CARDÍACO
En el contexto del IAM es fundamental la correcta y rápida
detección de los signos de afectación hemodinámica.
La clasificación de Killip 104 (tabla 8), basada en
parámetros clínicos obtenidos en la exploración física y en una
radiografía de tórax, permite una rápida valoración del paciente, si
bien es de limitada utilidad para detectar alteraciones debidas a disfunción ventricular
derecha.
Para un reconocimiento más minucioso de la situación
hemodinámica de todo paciente afectado de IAM se debe establecer el estado de la precarga de
ambos ventrículos y del gasto cardíaco. El control analítico de la
función renal o la determinación de la saturación venosa de oxígeno son
parámetros muy sensibles a las variaciones del gasto cardíaco. Sin embargo, en los
enfermos más graves o en aquellos en los que enfermedades intercurrentes (p. ej.,
broncopatías o nefropatías) dificulten su evaluación por medios incruentos,
resulta de gran utilidad un ecocardiograma que permite confirmar el estado de la contractilidad
ventricular y descartar con certeza la presencia de una complicación mecánica
concomitante, sin olvidar una posible monitorización hemodinámica invasiva mediante
cateterismo derecho con catéter de Swan-Ganz.
Independientemente de cuál sea el medio a través del
que haya sido valorado, todo paciente con IAM puede encuadrarse en una de las 4 situaciones
reflejadas en la tabla 9 (clasificación de Forrester) 105 , según sean su
presión de llenado izquierda (presión capilar pulmonar) y su índice
cardíaco. Cada una de las 4 situaciones requiere un tipo de tratamiento médico
diferente y discrimina un distinto pronóstico.
De aquí en adelante nos referiremos principalmente al
tratamiento farmacológico de las diferentes situaciones hemodinámicas del IAM. Sin
embargo, debe recordarse que en estudios observacionales, no aleatorizados, se han comunicado
resultados alentadores en los pacientes con mayores grados de insuficiencia cardíaca
tratados mediante revascularización coronaria (percutánea, o quirúrgica en
ocasiones), por lo que ésta debería considerarse siempre ante situaciones de
compromiso hemodinámico en la fase aguda del IAM 106-110 .
Asimismo, en pacientes con insuficiencia cardíaca con
insuficiencia respiratoria severa, está indicada la asistencia respiratoria mediante
ventilación mecánica, como parte del manejo de la insuficiencia cardíaca.
Situación 1: presión de enclavamiento capilar pulmonar
(PCP) normal o baja/índice cardíaco normal
. Se asocia con la tasa más baja de mortalidad y no precisa
ningún tipo de tratamiento desde el punto de vista hemodinámico.
Situación 2: PCP elevada /índice cardíaco normal
. Existe congestión pulmonar con perfusión
periférica adecuada.
La medida más rápidamente efectiva es reducir la
precarga ventricular izquierda mediante la administración de diuréticos de asa de
acción rápida (furosemida) y vasodilatadores de acción venosa o mixta como
nitroglicerina 111 .
En las situaciones clínicas menos graves (equivalentes al
grado II de la clasificación de Killip), con estas medidas suele ser suficiente para
resolver la congestión pulmonar. En circunstancias más severas con edema de
pulmón franco (grado III de la clasificación de Killip) que no responde
rápidamente a las medidas anteriores, es beneficioso asociar otros vasodilatadores (p. ej.,
nitroprusiato) y/o inotrópicos positivos. En este contexto, en grados Killip II-III han
demostrado también su eficacia los IECA
En los casos más graves, si el tratamiento médico
previo no es suficiente, debe considerarse la implantación de un balón de
contrapulsación intraaórtico. Asimismo, se debe valorar la ventilación
mecánica.
Situación 3. PCP normal o baja/índice cardíaco
bajo
. No existe congestión pulmonar, o incluso hay una cierta
hipovolemia pulmonar, y la perfusión periférica es insuficiente. Esta
situación se corresponde con infartos de ventrículo izquierdo en pacientes
hipovolémicos por administración previa o excesiva de diuréticos o, más
comúnmente, es secundaria a infartos inferiores con afectación del ventrículo derecho.
Infarto de ventrículo derecho
La afectación anatómica del ventrículo derecho
es mucho más frecuente que su manifestación hemodinámica. Esta última
se presenta casi exclusivamente en el infarto de localización inferior y se acompaña
de un incremento importante de la mortalidad 92,112,113 . La caída del gasto del
ventrículo derecho lleva consigo la hipoperfusión pulmonar con el consiguiente
descenso de la precarga del ventrículo izquierdo que se refleja en el descenso del gasto
sistémico.
Tres circunstancias pueden agravar la situación
hemodinámica del paciente con infarto de ventrículo derecho 114,115 :
a) el descenso de la precarga 114 . Muchas veces inducida de forma
iatrogénica por la administración de nitroglicerina intravenosa y/o por la
administración de diuréticos para tratar una oliguria en el mismo tipo de paciente;
b) la pérdida de la sincronía de la contracción mecánica AV por
la presencia de un bloqueo de la conducción 116 , y c) el fallo
ventricular izquierdo por infarto actual extenso o por mala función previa.
En ocasiones no es fácil hacer el diagnóstico de
infarto de ventrículo derecho pero debe «buscarse» en todos los pacientes con
IAM inferior. La elevación del segmento ST > 1 mm en V 4R durante las primeras
horas es altamente sugestiva de infarto ventricular derecho 117 . También
orientan este diagnóstico una presión auricular derecha > 10 mmHg o superior al
80% de la presión capilar pulmonar 118 .
La clave del tratamiento consiste en elevar la precarga ventricular
derecha para aumentar su volumen sistólico y el gasto cardíaco 119 . Para
ello deben administrarse líquidos, bajo estricto control de la respuesta
hemodinámica. En algunos pacientes es necesaria la ayuda de un agente inotrópico. La
concomitancia del fallo ventricular izquierdo puede obligar a la administración de
diuréticos, e incluso puede ser útil la contrapulsación aórtica.
Situación 4. PCP alta/índice cardíaco bajo
. Constituye la situación hemodinámica más
grave. Se manifiesta en forma de hipoperfusión tisular periférica y congestión
pulmonar.
Es obligado descartar la presencia de una complicación
mecánica (insuficiencia mitral aguda o comunicación interventricular) mediante la
práctica de un estudio ecocardiográfico, si bien el manejo más adecuado para
la mayoría de estos pacientes es la práctica de una coronariografía lo antes
posible, sobre todo si podemos actuar en la fase precoz de instauración del cuadro.
El tratamiento médico de estos pacientes es muy
dinámico y variable, al menos durante las primeras horas. Conviene monitorizar de forma
rigurosa al paciente. El tratamiento persigue:
1. Aumentar el inotropismo cardíaco
. Ya que la precarga está elevada, no hay razones para demorar
la administración de fármacos inotrópicos.
La dobutamina es menos taquicardizante y arritmogénica que la
dopamina, mientras que ésta se reserva para los pacientes con hipotensión inferior a
90 mmHg, aunque suele ser útil aprovechar la combinación del efecto inotrópico
de la dobutamina con el efecto vasodilatador sobre la arteria renal y área esplácnica
que posee la dopamina a las dosis más bajas (alrededor de 3
µ
g/kg/min) 8
.
2. Reducir la precarga ventricular izquierda.
Los diuréticos de asa por vía intravenosa y los
vasoilatadores mixtos (NTG) 111 son los fármacos que actúan con mayor
rapidez en este sentido. Sin embargo, la hipotensión arterial sistólica por debajo de
95 mmHg limita el uso de estos últimos.
3. Reducir la poscarga ventricular izquierda
y facilitar la eyección ventricular, especialmente, como suele
ser regla general, en presencia de resistencias sistémicas severamente elevadas. En este
sentido se puede utilizar el nitroprusiato sódico, si bien la hipotensión arterial
con frecuencia limita su empleo.
En estos pacientes es frecuente la necesidad de asistencia
respiratoria y, en ocasiones, es imposible lograr la mejoría hemodinámica si no se
consigue antes una correcta ventilación. La contrapulsación aórtica y la
revascularización coronaria precoces son medidas que merecen ser tenidas siempre en cuenta
en el shock cardiogénico 110,120 . En pacientes seleccionados, con shock
cardiogénico irreversible y pronóstico infausto, puede recurrirse a alguna forma de
asistencia ventricular mecánica como puente a un trasplante cardíaco
121,122 .
Monitorización hemodinámica invasiva pulmonar
El catéter de Swan-Ganz permite registrar las presiones de las
cavidades derechas del corazón, de la arteria pulmonar y su presión de enclavamiento
(presión capilar pulmonar, equivalente a la presión auricular izquierda).
Los datos aportados por el catéter de Swan-Ganz facilitan la
discriminación de los estados de bajo gasto cardíaco resultando prácticamente
imprescindible en el manejo de los enfermos más graves.
Recomendaciones
Clase I
Ante la sospecha de complicación mecánica del IAM.
Shock cardiogénico
Hipotensión con oliguria que no responde a medidas iniciales
de sobrecarga hídrica.
Congestión severa o edema pulmonar importante que no responde
satisfactoriamente al tratamiento médico.
Clase IIb
Situaciones de disociación clínica-radiológica.
Hipotensión sin oliguria ni empeoramiento de la función
renal.
Congestión pulmonar que responde a las medidas iniciales de
tratamiento.
Clase III
IAM sin afectación hemodinámica.
Recomendaciones de monitorización invasiva de la
presión arterial
En los pacientes más graves la monitorización continua
de la presión arterial permite detectar de inmediato cambios en el estado
hemodinámico, así como la respuesta al tratamiento administrado. La canulación
arterial permite extraer muestras de sangre arterial para determinaciones gasométricas sin
tener que pinchar cada vez al enfermo. Este segundo punto es muy útil en los pacientes con
compromiso respiratorio más severo y en los pacientes con ventilación asistida.
Recomendaciones
Clase I
Pacientes con hipotensión severa y/o necesidad de
determinaciones gasométricas frecuentes.
Clase IIa
Pacientes en shock cardiogénico.
Clase IIb
Pacientes en situación de Killip III que reciben
fármacos inotrópicos y/o vasodilatadores por vía intravenosa.
Clase III
Pacientes sin afectación hemodinámica.
Recomendaciones de contrapulsación intraaórtica
La contrapulsación aórtica tiene dos efectos
hemodinámicos fundamentales 123 : a) al inflarse el balón aumenta
la presión diastólica con la posibilidad de incrementar el flujo coronario
124 , y b) el desinflado brusco al inicio de la sístole reduce la poscarga
ventricular. Aunque no existen estudios aleatorizados, la experiencia no controlada inclina a
pensar que ambos efectos justifican la utilización de la contrapulsación
aórtica en los pacientes con infartos complicados con shock cardiogénico o isquemia
coronaria recurrente. Debe recordarse, sin embargo, que casi nunca es un tratamiento definitivo por
sí mismo. Sí es de gran ayuda para mejorar las condiciones de estos pacientes hasta
poder realizar técnicas de revascularización 125 .
Merece especial atención el beneficio que puede aportar la
contrapulsación en las complicaciones mecánicas del IAM 126 .
También está descrita la estabilización de pacientes con arritmias
ventriculares refractarias a otros tratamientos 127 . En cambio, ha perdido
aplicación la contrapulsación aórtica postangioplastia coronaria en el enfermo
con IAM de alto riesgo, ya que si bien se han publicado estudios iniciales que referían
menor tasa de reoclusión de la arteria responsable 128,129 , no han sido
corroborados en otros trabajos más recientes 130 .
Realizada la técnica por personal experimentado, con el
calibre de los catéteres actuales, y evitando el empleo de introductor arterial, las
complicaciones vasculares mayores (que requieran reparación quirúrgica y/o
transfusión sanguínea) rondan el 5%, aunque en otro 5% aproximadamente es precisa la
retirada prematura del catéter 126,131 .
Recomendaciones
Clase I
Shock cardiogénico.
Comunicación interventricular.
Insuficiencia mitral aguda severa en el IAM.
Clase IIa
Angina postinfarto refractaria al tratamiento médico que curse
con alteraciones electrocardiográficas severas, arritmias y/o insuficiencia cardíaca.
Previamente a la revascularización quirúrgica en
paciente inestable y/o con anatomía coronaria de alto riesgo.
Clase IIb
Postintervencionismo coronario percutáneo.
Arritmias ventriculares que cursen con inestabilidad
hemodinámica.
Clase III
Pacientes sin afectación hemodinámica ni angina.
Pacientes sin expectativa de viabilidad.
2. EL DOLOR TORÁCICO RECURRENTE. COMPLICACIONES
ISQUÉMICAS Y PERICARDITIS
La evaluación del dolor torácico postinfarto es, con
frecuencia, complicada. Aparte de dolores de origen funcional y/o osteomusculares, el dolor
torácico en los días posteriores a sufrir un IAM puede ser debido a pericarditis
(precoz o tardía), angina postinfarto, reinfarto o a una complicación
mecánica.
El diagnóstico diferencial se basa en un buen interrogatorio
clínico, la exploración física, el ECG, las enzimas miocárdicas y,
ocasionalmente, la ecocardiografía.
Pericarditis
El dolor pericardítico suele distinguirse del anginoso por su
relación con los movimientos respiratorios. Mejora con la incorporación del enfermo y
en ocasiones se acompaña de roce pericárdico. No responde a la NTG sublingual.
La aparición de pericarditis es propia de necrosis
transmurales que alcanzan la superficie epicárdica e irritan al pericardio. La presencia de
derrame pericárdico, de magnitud variable, es un hallazgo ecocardiográfico más
frecuente que la propia pericarditis. Tanto la pericarditis como el derrame pericárdico
predominan en los infartos más extensos, anteriores, y que cursan con insuficiencia
cardíaca 132-134 .
Su incidencia varía según los criterios
diagnósticos exigidos, oscilando entre el 11 y el 30% 135 . En cualquier caso, el
tratamiento trombolítico reduce su aparición a la mitad respecto a los pacientes
tratados con placebo 45,135 .
Ni el derrame pericárdico aislado ni secundario a pericarditis
epiestenocárdica suele producir problemas de compresión ni compromiso
hemodinámico 132,135 . A pesar de ello, si el paciente mantuviera tratamiento
anticoagulante, éste suele suspenderse 136 .
El tratamiento de la pericarditis epiestenocárdica consiste en
reposo y la administración de aspirina a dosis elevadas (a partir de 1,5-2 g/día),
aumentándola, si es necesario, según la respuesta 137 . Otros
antiinflamatorios no esteroides y, más aún, los corticoides, suelen evitarse por su
posible efecto perjudicial sobre la reparación de la cicatriz y el remodelado ventricular
El síndrome de Dressler
o síndrome postinfarto de miocardio es una forma tardía
de pericarditis que aparece entre la primera y la décima semana post-IAM. La frecuencia de
presentación de este síndrome ha descendido de forma clara durante los últimos
años, tras la generalización de las estrategias de reperfusión 138
. En los pacientes afectados se han encontrado anticuerpos contra el tejido cardíaco, por lo
que se le atribuye una etiología inmunológica 139 . Suele
acompañarse de importante repercusión sistémica, fiebre, leucocitosis,
elevación de la velocidad de sedimentación globular (VSG), y a veces de
afectación pleuropulmonar. El tratamiento de elección es la aspirina a dosis altas.
En los casos más rebeldes hay que recurrir a otros antiinflamatorios o a los corticoides
para controlar los síntomas.
Angina postinfarto
Existen sobradas evidencias de que la angina aparecida entre las 24 h
y los 30 días post-IAM constituye un claro marcador de mal pronóstico,
asociándose a mayor incidencia de re-IAM y de mortalidad 98,140-142 .
El tratamiento trombolítico no ha reducido la incidencia de
angina post-IAM 7,143,144 . En algunos estudios comparativos de trombolíticos
frente a angioplastia (ACTP) primaria, ésta parece conllevar un menor número de
recurrencias tanto de angina como de reinfarto, si bien no se trata de resultados definitivos
61,62 . Cabe esperar que la utilización de stents intracoronarios como
complemento de la ACTP primaria confirme esta tendencia 145,146 .
Según se desprende de un subestudio del ensayo GUSTO I, un 20%
(8.131 pacientes) del total de los pacientes presentaron angina postinfarto 147 . En la
gran mayoría el diagnóstico se basó en la existencia de dolor, o dolor
más alteraciones electrocardiográficas. Sólo 622 enfermos (el 7,6% de los que
presentaron angina) tuvieron también alteraciones hemodinámicas. El riesgo de
reinfarto antes de los 30 días se incrementó, sobre todo, en aquellos pacientes que
presentaron alteraciones del segmento ST acompañando a la angina, pero sólo
aumentó la mortalidad a los 30 días en el subgrupo de enfermos que tenían
alteraciones hemodinámicas.
Los pacientes que presentan angina espontánea o cualquier otra
forma de manifestación de isquemia post-IAM se consideran de alto riesgo 148,149
. La recomendación general es practicar una coronariografía y elegir la
técnica de revascularización más apropiada a la vista de la misma. No hay que
olvidar, sin embargo, que estos pacientes presentan muy diferentes grados de gravedad, por lo que
la necesidad y urgencia del procedimiento debe ser siempre individualizada.
El manejo médico no difiere de otras formas de angina
inestable, siendo importante mantener los niveles apropiados de anticoagulación y la
antiagregación plaquetaria. Posiblemente los inhibidores de la glicoproteína IIb-IIIa
contribuyan a mejorar el pronóstico de estos pacientes 150 . La NTG intravenosa y
los betabloqueantes forman parte fundamental del tratamiento 151 . Se ha comunicado muy
buena experiencia con el empleo del balón de contrapulsación aórtica,
especialmente en los casos que cursan con mayor refractariedad clínica, alteraciones
eléctricas más severas y/o insuficiencia cardíaca 152 .
La isquemia silente, manifestada sólo por alteraciones del
segmento ST en el registro de Holter, se asocia también a una peor evolución
clínica 153 , por lo que, aunque de forma menos unánime, se recomienda el
mismo tipo de actuación 154,155 .
Reinfarto
Dependiendo de los pacientes estudiados y de los criterios
diagnósticos utilizados, la incidencia de reinfarto durante las siguientes semanas al
tratamiento trombolítico oscila entre el 3 y el 12% 49,61,62 . Como ya hemos
comentado, esta cifra parece disminuir con la angioplastia 61,62 , si bien no existen
datos todavía concluyentes.
Hay múltiples evidencias de que la aparición de un
re-IAM ensombrece seriamente el pronóstico precoz y tardío, multiplicando de dos a
cuatro veces el riesgo de mortalidad e insuficiencia cardíaca 156-158 .
El manejo del re-IAM no difiere sustancialmente del de un primer
infarto. Es recomendable tomar con prontitud las medidas encaminadas a restablecer el flujo
coronario, bien mediante nuevo tratamiento trombolítico cuando se observe elevación
del segmento ST en el ECG 159,160 (en cuyo caso no se podrá utilizar la
estreptocinasa si ya se usó en el episodio previo) o bien mediante técnicas de
revascularización percutánea.
Complicaciones mecánicas como causa de dolor torácico
En ocasiones, la primera manifestación de la rotura del
músculo papilar o de la comunicación interventricular puede ser un dolor
torácico similar a la angina. Sin embargo, ambas entidades se caracterizan por unos
hallazgos exploratorios y unas alteraciones hemodinámicas que, en general, hacen
sospecharlas fácilmente.
La rotura cardíaca puede presentarse a veces en forma de
episodios recortados de dolor 161,162 anginoso o pericardítico, antes de cursar
con un episodio definitivo de taponamiento letal. Por tanto, ante un dolor torácico post-IAM
que se acompaña o se sigue de hipotensión arterial, deben buscarse signos
clínicos de taponamiento cardíaco y practicarse un estudio ecocardiográfico
urgente para descartar este diagnóstico, de graves implicaciones pronósticas, pero
con opciones terapéuticas.
Recomendaciones en el dolor torácico recurrente
Clase I
Aspirina a dosis necesarias para controlar los síntomas en la
pericarditis.
Aspirina a dosis antiagregante y heparina en la angina postinfarto.
NTG intravenosa y betabloqueantes en la angina postinfarto.
Coronariografía y revascularización percutánea o
quirúrgica en los pacientes con angina postinfarto que cursen con alteraciones
electrocardiográficas y/o hemodinámicas.
Reperfusión con trombolíticos o ACTP en el reinfarto
con elevación del segmento ST en el ECG.
Clase IIa
Coronariografía y revascularización en los pacientes
con angina postinfarto que cursen sin alteraciones electrocardiográficas ni
hemodinámicas.
Contrapulsación aórtica en los pacientes con angina
postinfarto refractario al tratamiento médico que curse con alteraciones
electrocardiográficas severas, arritmias y/o insuficiencia cardíaca
Clase IIb
Contrapulsación aórtica en los pacientes con angina
post-IAM que curse con alteraciones electrocardiográficas de la onda T, pero no del segmento
ST.
Corticoides y/o antiinflamatorios no esteroides para el tratamiento
de la pericarditis epistenocárdica.
3. ARRITMIAS
Fibrilación auricular
Recomendaciones
Clase I
Cardioversión eléctrica en los pacientes
hemodinámicamente inestables o con isquemia.
Digital y/o amiodarona en los casos de respuesta ventricular
rápida.
Betabloqueantes intravenosos para disminuir la frecuencia
ventricular, aun en pacientes con disfunción ventricular asintomática, sin
contraindicaciones.
Clase IIa
Diltiazem y verapamilo intravenoso para disminuir la frecuencia
ventricular si existen contraindicaciones, o no son efectivos, los betabloqueantes, la digital y/o
la amiodarona.
Heparina i.v. en pacientes con fibrilación auricular
recurrente o persistente.
Clase III
Diltiazem o verapamilo en pacientes con fracción de
eyección (FE) < 40% o insuficiencia cardíaca clínica.
La fibrilación auricular en el IAM acontece entre el 14 y el
16% 163 de los casos en su mayoría en las primeras 24 h, siendo el flutter
auricular y la taquicardia supraventricular mucho menos frecuentes. El tratamiento de las tres
arritmias es similar siempre teniendo en cuenta que las dos últimas pueden revertir con
sobrestimulación auricular. Aunque la fibrilación auricular es más frecuente
en los IAM de alto riesgo (anteriores, con insuficiencia cardíaca) y en IAM complicados con
pericarditis, también puede presentarse en IAM inferiores por afectación de la
arteria sinoatrial. La fibrilación auricular es menos frecuente en pacientes tratados con
trombolisis y se puede asociar a hipopotasemia, hipomagnesemia, hipoxia o enfermedad pulmonar
obstructiva crónica (EPOC) 164 .
El embolismo sistémico es más frecuente en enfermos con
fibrilación auricular paroxística (1,6%), y el 90% de los mismos acontecen alrededor
de cuarto día 163 . La cardioversión eléctrica urgente está
indicada (100, 200, 300, incluso 360 J), cuando existe un compromiso hemodinámico por
ausencia de la contribución auricular al gasto cardíaco o respuesta ventricular
rápida. Si se opta por el manejo farmacológico, los fármacos más
efectivos para disminuir la frecuencia de la respuesta ventricular son betabloqueantes, digital y
la amiodarona.
No existe un acuerdo acerca de la necesidad de utilizar
fármacos antiarrítmicos para prevenir la recaída de la fibrilación
auricular, a pesar de que las recaídas condicionan un peor pronóstico.
La fibrilación auricular paroxística no obliga a la
anticoagulación a largo plazo, pero si se administra conviene mantenerla durante 6 semanas.
Taquicardia ventricular/fibrilación ventricular
Recomendaciones
Clase I
La fibrilación ventricular se debe tratar con un choque
eléctrico asincrónico con una energía inicial de 200 J; si fuera ineficaz se
debe dar otro choque de 200-300 J, y si fuera necesario un nuevo choque de 360 J.
La taquicardia ventricular polimorfa mantenida con afectación
hemodinámica debe tratarse como la fibrilación ventricular.
La taquicardia ventricular monomórfica sostenida que
condiciona angina, edema de pulmón o hipotensión (PAS < 90 mmHg) debe tratarse con
un choque sincrónico con una energía inicial de 100 J, que puede incrementarse si no
fuera eficaz.
La taquicardia ventricular monomórfica sostenida que no
condiciona angina, edema de pulmón o hipotensión (PAS < 90 mmHg) puede tratarse
con: a) lidocaína; b) procainamida; c) amiodarona, o d)
cardioversión eléctrica sincrónica comenzando por 50 J (si es preciso hay que
anestesiar brevemente al paciente).
Nota
: Es preciso conocer la farmacocinética de estos agentes ya
que las dosis varían dependiendo de la edad, peso, y función renal y hepática,
con el fin de optimar su utilización y llegar a las dosis máximas toleradas de cada
fármaco antes de determinar su efectividad.
Clase IIa
Después de un episodio de taquicardia/fibrilación
ventricular se puede mantener la infusión de antiarrítmicos i.v. pero éstos
deben suspenderse después de 6-24 h.
Se deben corregir los trastornos hidroelectrolíticos y del
equilibrio ácido-base para prevenir nuevos episodios.
La taquicardia polimórfica refractaria a los
antiarrítmicos (tormenta arrítmica) puede tratarse con una estrategia agresiva con la
finalidad de reducir la isquemia miocárdica, incluyendo betabloqueantes i.v., amiodarona
i.v., balón de contrapulsación y revascularización
percutánea/cirugía urgente.
Clase III
El tratamiento de extrasistolia ventricular aislada, dobletes, rachas
o el ritmo idioventricular acelerado, y la TV no sostenida.
La administración profiláctica de antiarrítmicos
cuando se han empleado trombolíticos.
Fibrilación ventricular
La fibrilación ventricular primaria debe diferenciarse de la
fibrilación ventricular secundaria a insuficiencia cardíaca o shock
cardiogénico. La fibrilación ventricular tardía es la que acontece a las 48 h
del IAM. La incidencia de fibrilación ventricular primaria es superior en las primeras 4 h
del IAM. Los datos epidemiológicos parecen demostrar que la incidencia de fibrilación
ventricular primaria en el IAM ha disminuido en la época actual probablemente debido al
tratamiento más agresivo para reducir el tamaño de IAM, para disminuir los trastornos
hidroelectrolíticos y por una mayor utilización de los betabloqueantes.
Profilaxis de fibrilación ventricular
Los metaanálisis de los ensayos clínicos con
lidocaína profiláctica, aunque han demostrado una reducción de la incidencia
de fibrilación ventricular de alrededor del 33%, era a expensas de una tendencia a
incrementar la mortalidad global, probablemente por bradicardia y asistolia 44 , por lo
que no se recomienda su utilización rutinaria salvo en casos muy excepcionales en los que no
se dispone de desfibrilador, siempre que esté presente personal entrenado en iniciar las
maniobras de resucitación en caso de asistolia. La experiencia clínica y datos
observacionales han relacionado la hipopotasemia, así como la depleción tisular de
magnesio, como un factor de riego de fibrilación ventricular 165 . Aunque no
existen estudios clínicos aleatorizados que confirmen que la repleción de potasio y
magnesio prevengan la fibrilación ventricular, en la práctica clínica se deben
mantener los niveles plásticos de potasio > 4,0 mEq/l y de magnesio > 2 mEq/l.
Tratamiento
La fibrilación ventricular refractaria que no responde a la
indicación clase I, punto 1, puede emplearse la siguiente estrategia terapéutica
166 : a) adrenalina (1 mg); b) lidocaína (1,5 mg/kg), y c)
bretilio (5-10 mg/kg). También se puede emplear la amiodarona (bolo de 150 mg). No existen
datos definitivos para el tratamiento de la fibrilación ventricular recurrente, pero parece
prudente corregir los trastornos hidroelectrolíticos y del equilibrio ácido-base y
administrar betabloqueantes para inhibir la descarga adrenérgica y prevenir la isquemia. Si
se ha iniciado la infusión de un antiarrítmico (p. ej., lidocaína 2 mg/min),
debe mantenerse durante 6-24 h.
Taquicardia ventricular
La taquicardia ventricular no sostenida dura por definición
menos de 30 s, mientras que la taquicardia ventricular sostenida dura más de 30 s, y/o
causa, precozmente, deterioro hemodinámico que requiere una intervención inmediata.
Bradiarritmias y bloqueo auriculoventricular
Un 30-40% de los enfermos con IAM tiene bradicardia sinusal,
especialmente en las primeras horas de evolución de un IAM inferior y con la
reperfusión de la arteria coronaria derecha (por un incremento del tono vagal). El bloqueo
AV completo, aunque es factor relacionado con una mayor mortalidad intrahospitalaria del IAM, no lo
es con respecto a la mortalidad a largo plazo 167 ; acontece en un 6-14% de los enfermos
con IAM. Un 10-20% de los pacientes pueden presentar trastornos de conducción
intraventricular. El incremento de la mortalidad precoz relacionado con los trastornos de
conducción se deben más al daño miocárdico subyacente que al bloqueo en
sí. El pronóstico del bloqueo AV depende de: a) localización del IAM
(anterior o inferior); b) localización del bloqueo (intranodal o infranodal);
c) naturaleza del ritmo de escape, y d) deterioro hemodinámico que condiciona.
Recomendaciones de administración de atropina
Clase I
Bradicardia sinusal sintomática (generalmente con frecuencia
cardíaca inferior a 50 lat/min asociada a hipotensión, isquemia o ritmo de escape
ventricular).
Bloqueo AV sintomático, intranodal (de segundo gra do tipo I o
de tercer grado con complejo estrecho).
Clase III
Bloqueo AV infranodal (habitualmente asociado a IAM con ritmo de
escape de complejo ancho).
Bradicardia sinusal asintomática.
La atropina revierte el descenso de la frecuencia cardíaca,
las resistencias sistémicas y la presión arterial por su acción
parasimpaticolítica (anticolinérgica). Es más efectiva durante las primeras 6
h del IAM. Debe administrarse con cautela porque bloquea el efecto beneficioso del sistema
parasimpático. Se administra en dosis de 0-5 mg hasta 3 mg (las dosis inferiores a 0,5 mg
pueden condicionar una respuesta paradójica disminuyendo la frecuencia cardíaca).
Recomendaciones de implantación de marcapasos
transcutáneo 167
Los marcapasos transcutáneos se emplean en dos situaciones:
a) en pacientes que requieren estimulación temporal urgente como «puente»
para la implantación del marcapasos intravenoso, y b) de forma profiláctica en
pacientes con bradiarritmias, con alto riesgo de pregresión de las mismas, que no requieran
estimulación temporal, siempre vigilando estrechamente al paciente, con el fin de precisar
la indicación o no de marcapasos intravenoso transitorio.
Hay que tener en cuenta que la activación del marcapasos
transcutáneo se asocia a dolor importante, por tanto, los pacientes que requieran
estimulación temporal son subsidiarios de marcapasos intravenoso; en este caso, se debe
considerar trasladar al paciente si no se dispone de la infraestructura necesaria.
Recomendaciones
Clase I
Bradicardia sinusal (frecuencia cardíaca < 50 lat/min) con
hipotensión (PAS < 80 mmHg) que no responde a tratamiento médico.
Bloqueo AV de segundo grado Mobitz II.
Bloqueo AV de tercer grado.
Bloqueo de rama bilateral (alternante o bifascicular).
Bloqueo de rama izquierda de reciente aparición.
Bloqueo de rama derecha con bloqueo AV de primer grado.
Paros sinusales recurrentes (superiores a 3 s).
Clase IIa
Bradicardia estable (PAS superior a 90 mmHg, sin compromiso
hemodinámico, o con compromiso hemodinámico que responde a tratamiento médico).
Bloqueo de rama derecha de reciente aparición (o de tiempo
indeterminado).
Clase IIb
Bloqueo AV de primer grado de reciente comienzo o tiempo
indeterminado.
Clase III
IAM no complicado sin evidencia de trastorno del sistema de
conducción.
Recomendaciones de implantación de marcapasos intravenoso
transitorio
Clase I
Asistolia.
Bradicardia sintomática (incluyendo bradicardia sinusal con
hipotensión y bloqueo AV de segundo grado tipo I, tipo II o completo, con hipotensión
que no responde a atropina).
Clase IIa
Taquicardia ventricular incesante para sobreestimulación
auricular o ventricular.
Pausas sinusales recurrentes (superiores a 3 s) que no responden a
atropina.
Clase III
Bloqueo AV de primer grado.
Bloqueo AV de segundo grado sin compromiso hemodinámico.
Ritmo idioventricular acelerado.
Bloqueo de rama o bloqueo bifascicular previo al IAM.
La implantación de un marcapasos uni o bicameral depende de la
indicación de la implantación. El modo de estimulación unicameral ventricular
es el más frecuente, debido a que la implantación es mucho más sencilla, pero
determinados casos seleccionados (como el IAM de ventrículo) pueden precisar una
estimulación bicameral, con el fin de mantener la sincronía AV y estabilizar la
situación hemodinámica.
4. COMPLICACIONES MECÁNICAS DEL INFARTO AGUDO DE MIOCARDIO
Aunque poco frecuentes, hay que sospechar la presencia de una
complicación mecánica ante la aparición brusca o rápidamente progresiva
de edema agudo de pulmón o bajo gasto severo. Acontecen en la primera semana del IAM.
Insuficiencia mitral aguda por rotura del aparato valvular
El mecanismo es la rotura de un músculo papilar, siendo
más frecuente la del músculo papilar posteromedial. Puede ocurrir en IAM sin onda Q.
Suele presentarse durante los días 3-5 post-IAM. Un 30% de los pacientes tiene antecedentes
de IAM previo. Existe un soplo de reciente aparición en el 50% de los casos. La
implantación de un catéter de Swan-Ganz es útil, tanto para el
diagnóstico (onda V prominente en el trazado de la presión de enclavamiento), como
para el tratamiento dirigido a estabilizar al paciente. El diagnóstico se realiza con el
ecocardiograma (es preferible realizar un ecocardiograma transesofágico ya que permite la
visualización directa de los músculos papilares). El cateterismo y las
coronariografías estarían indicados: a) si existe duda diagnóstica
después de realizar el ecocardiograma, y b) una vez realizado el diagnóstico,
es recomendable realizar coronariografías antes de la intervención quirúrgica,
si la situación hemodinámica del enfermo lo permite ya que, en caso contrario, debe
procederse urgentemente a la corrección quirúrgica.
Tratamiento
El pronóstico es malo: el 33% fallecen inmediatamente, el 50%
fallecen en las primeras 24 h y más del 80% en la primera semana, por lo que debe
administrarse un tratamiento médico agresivo con la finalidad de disminuir las poscarga y
estabilizar al paciente. Sin embargo, hay que tener en cuenta que este tratamiento médico
agresivo (incluyendo el balón de contrapulsación) es una medida transitoria para
estabilizar al paciente para el procedimiento quirúrgico.
Si bien existe consenso en que el tratamiento de elección es
el quirúrgico, la controversia se centra en el momento de realizarlo. Aunque la mortalidad
quirúrgica es menor en la cirugía que se pospone (entre 3 y 6 meses), la
supervivencia global es superior si la corrección quirúrgica se realiza precozmente
168 , ya que hasta un 50% de los pocos enfermos que sobreviven a la fase aguda fallecen
súbitamente esperando la cirugía. El pronóstico a largo plazo de los pacientes
que han sobrevivido a la cirugía es bueno. La revascularización simultánea,
aunque es un objetivo deseable, debe individualizarse en cada caso, analizando el beneficio
potencial que conlleva, con el riesgo de prolongar la intervención quirúrgica.
Comunicación interventricular
La comunicación interventricular (CIV) se presenta entre el
tercer y el sexto día del IAM en un 1-3% de los IAM, aunque parece ser más precoz y
frecuente en los pacientes a los que se les ha administrado trombolisis.
En un 66% de los casos se asocia a IAM anterior. Un 15% de los
pacientes tienen antecedentes de IAM previo. Suele objetivarse un frémito precordial y en el
90% de los enfermos se ausculta un soplo de reciente aparición. La implantación de un
catéter de Swan-Ganz es útil, tanto para el diagnóstico (se objetiva un salto
oximétrico en el ventrículo derecho), como para el tratamiento dirigido a estabilizar
al paciente. El diagnóstico se realiza mediante el ecocardiograma en el que se puede
visualizar la comunicación y el shunt del ventrículo izquierdo al derecho.
Tratamiento
El pronóstico es muy pobre, siendo la mortalidad con el
tratamiento médico superior al 90%. Es necesario el tratamiento médico invasivo con
diuréticos, inotrópicos, vasodilatadores y balón de contrapulsación
para estabilizar al paciente; sin embargo, estas medidas son transitorias. El pronóstico se
relaciona con la presencia de shock cardiogénico, la localización del IAM (mayor
mortalidad el IAM inferior) y la edad del enfermo.
La decisión de realizar un cateterismo y
coronariografías viene determinada por la situación hemodinámica del paciente.
La cirugía de bypass aortocoronaria simultánea parece que no afecta a la
mortalidad hospitalaria pero sí mejora el pronóstico a largo plazo.
El tratamiento de elección es el quirúrgico. El momento
de la intervención quirúrgica es controvertido y la tendencia actual es a realizarla
precozmente 169 . La corrección quirúrgica se puede realizar con una
sutura o un parche (a través del ventrículo izquierdo).
Rotura de pared libre
Es la causa de muerte más frecuente del IAM (10%),
después de las arritmias y del shock cardiogénico. Más del 50% de los casos
tienen lugar en los primeros días del IAM. El curso clínico es habitualmente
catastrófico, evolucionando el enfermo rápida y bruscamente hacia el taponamiento
cardíaco, el shock y la disociación electromecánica; no obstante, se ha
descrito el término de rotura subaguda para aquella situación en la que,
después de un cuadro clínico que generalmente cursa con dolor, nueva elevación
del segmento ST y deterioro hemodinámico severo (taponamiento, shock y/o disociación
electromecánica), se consigue estabilizar clínicamente al paciente 162 .
El diagnóstico se confirma con el ecocardiograma.
Tratamiento
El tratamiento de la rotura de pared libre es quirúrgico, y en
la mayoría de los casos el paciente acude a quirófano mientras se le realizan
maniobras de reanimación por su estado crítico. La pericardiocentesis puede
contribuir a confirmar el diagnóstico, y estabilizar al paciente temporalmente al mejorar el
taponamiento cardíaco; tanto el balón de contrapulsación como el incremento de
la precarga y los inotrópicos pueden contribuir a estabilizar al paciente para el
tratamiento quirúrgico urgente. En algunos casos de rotura subaguda en los que se ha
conseguido estabilizar clínicamente al paciente después del evento agudo, puede
considerarse la actitud médica expectante (sin llegar a requerir la corrección
quirúgica urgente), vigilando estrechamente la evolución del derrame
pericárdico y la situación clínica y hemodinámica del enfermo
170 .
Seudoaneurisma ventricular
Aunque poco frecuente, su diagnóstico es importante debido a
la tendencia a romperse. A diferencia del verdadero aneurisma ventricular, tiene un cuello largo y
estrecho y en su pared se observa mediante la ecocardiografía la solución de
continuidad del miocardio, de forma que su pared está compuesta sólo por pericardio.
Una vez realizado el diagnóstico debe realizarse tratamiento quirúrgico,
independientemente del tiempo de evolución del IAM, no sólo por la tendencia a
romperse sino porque los pacientes operados tienen mejor función ventricular y supervivencia
a largo plazo.
IV. MANEJO EN EL ÁREA DE HOSPITALIZACIÓN DE
CARDIOLOGÍA
En el área de hospitalización convencional pueden darse
dos situaciones cualitativamente diferentes en relación con los pacientes con SCA y
elevación del segmento ST según provengan del servicio de urgencias o bien sean
trasladados de la UCIC.
PACIENTES QUE PROVIENEN DIRECTAMENTE DE URGENCIAS
Los pacientes con evidencia o sospecha de IAM con segmento ST elevado
tienen indicación de ingreso inicial en la UCIC desde el punto de vista clínico en
todos los casos, y sólo muy excepcionalmente no deben considerarse adecuados para el ingreso
en la misma.
Cuando no exista posibilidad de ingresar un paciente en la UCIC por
falta de camas, el área de hospitalización sustitutoria debe permitir la
monitorización continua del ECG (al menos por telemetría) y la posibilidad de
realizar inmediatamente desfibrilación eléctrica y maniobras de resucitación
cardiopulmonar. El incumplimiento de estas condiciones justifica el traslado a otro centro. Una vez
en planta de hospitalización las pautas de manejo son las mismas que las especificadas para
la unidad coronaria.
ENFERMOS TRASLADADOS DE LA UNIDAD CORONARIA
Las medidas que comentamos a continuación se aplicarán
también al paciente proveniente de urgencias una vez estabilizado.
Medidas generales
En la planta de hospitalización el paciente debe continuar el
proceso de recuperación de su episodio coronario agudo, bajo las mismas premisas y criterios
que se inició en la UCIC. Es por ello importante que sea el mismo equipo médico de
cardiólogos quienes lleven la responsabilidad del cuidado del enfermo desde su ingreso hasta
el alta hospitalaria.
Sólo es necesario prolongar la monitorización
electrocardiográfica en los casos en los que existe algún factor de riesgo asociado
(p. ej., IAM con complicaciones severas en la UCIC) o bien cuando se traslada al enfermo desde la
UCIC más precozmente. Los equipos de telemetría constituyen un adecuado sistema de
monitorización en las áreas de hospitalización.
Una vez en la planta de hospitalización debe aumentar
progresivamente su nivel de movilización siempre que no presente angina ni signos de
insuficiencia ventricular izquierda importante.
La alimentación será la correspondiente a enfermos con
cardiopatía isquémica.
La medicación debe administrarse por vía oral, salvo
excepciones, aunque es práctica frecuente conservar una vía venosa durante las
primeras 24 h después de dejar la UCIC
Tratamiento farmacológico
La estancia en planta de hospitalización es el momento
oportuno para adecuar el manejo de los factores de riesgo coronario, por un lado, y, por otro,
revisar el tratamiento farmacológico, con especial atención a los principios que han
demostrado su eficacia para reducir el riesgo de nuevos eventos en los pacientes que han presentado
un IAM como son: antiagregantes y en concreto aspirina, betabloqueantes e IECA, cuyas
recomendaciones de empleo en la fase aguda han sido ya expuestas en este documento en la fase de la
UCIC y volverán a ser revisadas en el apartado del manejo después del alta.
Mención especial precisa la utilización de los nitratos
en nuestro medio. Se administran para evitar el rebote de la supresión de la NTG i.v.,
suelen mantenerse 3-4 días o durante todo el ingreso hospitalario. Aunque no existe una
evidencia científica para su uso prolongado éste suele mantenerse en más de la
mitad de los pacientes, práctica que consideramos inadecuada.
ESTRATIFICACIÓN DEL RIESGO ANTES DEL ALTA
Como ya hemos comentado, el proceso de estratificación del
riesgo de un paciente con IAM se inicia en el momento del ingreso, continúa con los datos de
evolución de su estancia hospitalaria y se completa con las exploraciones antes del alta.
En la tabla 7 aparecen los indicadores de mal pronóstico tras
un IAM. No está definido si todos los pacientes que presentan uno o varios de esos
indicadores deben ser sometidos a coronariografía o a pruebas no invasivas; simplemente se
sabe que su riesgo es mayor que el de la población restante. A este grupo de pacientes con
riesgo aumentado, habría que añadir los pacientes con IAM que no han recibido
ningún tipo de tratamiento revascularizador: trombolisis o angioplastia.
1. Estratificación no invasiva del riesgo
Se basa en la obtención de parámetros
íntimamente relacionados con los factores fundamentales que condicionan la supervivencia
postinfarto: la función ventricular izquierda, la isquemia residual y las arritmias
ventriculares.
Estudio de función ventricular.
Se realiza mediante ecocardiografía o ventriculografía
isotópica, habitualmente en los días 3-5 postinfarto. Como indica la ta-bla 7 son
pacientes de alto riesgo los que tienen fracción de eyección ventricular izquierda
menor del 40%. Se considera buena función ventricular izquierda si es >= 50%.
Estudio de isquemia residual
mediante prueba de esfuerzo o estrés farmacológico.
Prueba de esfuerzo convencional
. La ergometría antes del alta se realiza con finalidad
pronóstica, para prescribir la actividad física o para evaluar el tratamiento
médico. Puede hacerse una prueba limitada por síntomas a partir de los días
5-7, o bien submáxima antes de estos días. También puede efectuarse
después del alta, con finalidad pronóstica, para prescribir actividad física o
evaluar el tratamiento médico (ergometría limitada por síntomas a los 14-21
días) 171 .
Recomendaciones de prueba de esfuerzo convencional
Clase I
Antes del alta, con finalidad pronóstica, para prescribir la
actividad física o para evaluar el tratamiento médico: limitada por síntomas a
partir de los días 5-7, submáxima antes de estos días.
Precoz después del alta, con finalidad pronóstica, para
prescribir actividad física, evaluar el tratamiento médico, si no fue realizada antes
del alta hospitalaria (ergometría limitada por síntomas a los 14-21 días).
Tardía después del alta con finalidad
pronóstica, para prescribir actividad física, evaluar el tratamiento médico o
rehabilitación cardíaca, si la ergometría precoz después del alta fue
submáxima (ergometría limitada por síntomas a las 3-6 semanas).
Clase IIa
Después del alta para evaluar un programa de
rehabilitación cardíaca en pacientes que han sido revascularizados.
Clase IIb
Antes del alta en pacientes que han sido cateterizados, para
identificar isquemia en una lesión que esté en el límite de la
significación.
Pacientes con ECG anormal.
Clase III
Comorbilidad severa que limite la expectativa de vida o las
posibilidades de revascularización.
Se consideran criterios de mal pronóstico en la prueba de
esfuerzo:
1.
Síntomas (disnea o angina) limitantes del ejercicio a cargas
bajas (estadio I en el protocolo de Bruce para la mayoría de pacientes).
2.
Frecuencia cardíaca menor a 100 lat/min al comienzo de los
síntomas limitantes (en ausencia de tratamiento bradicardizante).
3.
Parámetros en relación con el segmento ST: a)
comienzo de la depresión a una frecuencia cardíaca espontánea menor de 100
lat/min o 4-5 METS; b) magnitud de la depresión > 0,2 mV (salvo situaciones
especiales); c) duración de la depresión hasta el sexto minuto de la
recuperación, y d) elevación del segmento ST (a excepción de aVR y en
derivaciones con infarto previo).
4.
Inversión de la onda U.
5.
Desarrollo de taquicardia ventricular.
6.
Disminución de la PAS más de 10 mmHg que se mantiene a
pesar de incrementar la intensidad del ejercicio o presión máxima alcanzada menor de
130 mmHg.
Prueba de esfuerzo con imagen ecocardiográfica o
gammagráfica
. La prueba de esfuerzo tiene mayor sensibilidad para detectar
isquemia si se añade algún tipo de imagen. Cuanto más extenso sea el infarto y
más importantes sean las alteraciones ECG, menor es la información que ofrece el ECG
durante el esfuerzo y por tanto mayor es la necesidad de añadir imagen al ejercicio
físico. Si el paciente no puede hacer ejercicio, se puede recurrir al estrés
farmacológico.
Los fármacos más utilizados son el dipiridamol, la
adenosina, el atepodín (trifosfato de adenosina, ATP) y la dobutamina. Se considera la
dobutamina como el fármaco más adecuado para estudiar la contractilidad con
ecocardiografía o ventriculografía isotópica. Cualquiera de los cuatro tipos
de estrés farmacológico proporciona información parecida en la
gammagrafía de perfusión. Dada la facilidad de manejo, efectos secundarios muy breves
y bajo precio, el estrés farmacológico con ATP es recomendable.
Recomendaciones de prueba de esfuerzo con imagen
Clase I
Pacientes que tienen ECG basal o tras el esfuerzo que impiden una
adecuada interpretación.
Pacientes que no pueden realizar prueba de esfuerzo convencional.
Clase IIa
Pacientes que pueden realizar la prueba de esfuerzo convencional.
Clase IIb
Todos los pacientes con IAM que precisen estratificación
pronóstica.
Clase III
Pacientes con esperanza de vida limitada por cualquier causa.
Son indicadores de riesgo alto los siguientes datos de los estudios
de imagen 172 :
1.
Empeoramiento de la contractilidad en varios segmentos ventriculares
con el estrés, aparición a baja dosis de dobutamina, o a baja frecuencia
cardíaca.
2.
Ausencia de aumento de la fracción de eyección global:
reducción o aumento < 5% con el esfuerzo; reducción o aumento < 10% con dobutamina.
3.
Isquemia periinfarto extensa o isquemia a distancia.
4.
Aumento de captación pulmonar de talio.
5.
Aumento de tamaño de la cavidad ventricular izquierda en la
gammagrafía de estrés.
Monitorización con Holter para estudio de isquemia silente
. En el momento actual, con la práctica de los estudios de
estrés farmacológico a los pacientes que no pueden hacer ejercicio físico, no
es necesario recurrir al Holter. Puede tener utilidad en casos de sospecha de vasospasmo coronario
en pacientes con arterias coronarias normales o lesiones no significativas.
Estudio de detección de arritmias
Los métodos disponibles para detección de arritmias son
los siguientes:
Monitorización con Holter para estudio de arritmias
. Puede tener utilidad en los pacientes que tienen disfunción
VI (FE < 40%). El momento ideal es el día antes del alta.
Recomendaciones
Clase I
Ninguna.
Clase IIb
Pacientes con disfunción ventricular izquierda (FE < 40%).
La electrocardiografía de señal promediada o
detección de potenciales tardíos, y la monitorización con Holter para estudio
de la variabilidad de la frecuencia cardíaca no han demostrado todavía su utilidad
clínica.
2. Coronariografía
Existe controversia sobre la indicación de realizar una
coronariografía a todos los enfermos que han presentado un IAM, seguida de
revascularización de las lesiones anatómicamente adecuadas, o bien realizar estudios
funcionales e indicar la coronariografía y posible revascularización sólo a
aquellos pacientes que presenten signos de mal pronóstico 60,173 . Por otro lado,
no podemos olvidar que algunos pacientes presentan en los primeros días del IAM
complicaciones que suponen en sí indicación de coronariografía (insuficiencia
cardíaca severa, angina recidivante o arritmias graves).
En general, los pacientes de alto riesgo se benefician de la
revascularización miocárdica siempre que exista isquemia espontánea o
inducible o amplia zona viable en segmentos asinérgicos. Si un paciente presenta una
función ventricular severamente deprimida debido a necrosis extensa por obstrucción
total de un vaso sin viabilidad en esa zona, no hay evidencia de que se beneficie de la
revascularización. Teniendo en cuenta estas consideraciones, las recomendaciones actuales de
coronariografía se describen a continuación.
Recomendaciones
Clase I
Angina postinfarto con cambios ECG o alteraciones
hemodinámicas.
Disfunción ventricular izquierda severa.
Isquemia severa inducida por el estrés.
Arritmias ventriculares graves tardías.
Clase IIa
Angina postinfarto sin alteraciones ECG ni hemodinámicas.
Insuficiencia cardíaca severa durante la
hospitalización.
Clase IIb
Isquemia leve inducida por el estrés con buena función
ventricular.
Disfunción ventricular izquierda leve sin datos de viabilidad.
Clase III
Ausencia de isquemia y buena función ventricular izquierda.
3. Estudio electrofisiológico
Como hemos señalado en el apartado correspondiente a las
arritmias en la UCIC, se consideran arritmias ventriculares graves tardías la
fibrilación y taquicardia ventricular que aparecen después de las primeras 48 h.
Estas arritmias ensombrecen el pronóstico y, como acabamos de señalar, son
indicación de coronariografía y revascularización si procede ya que la primera
posibilidad es que la isquemia desempeñe un papel importante en su génesis. La
evaluación electrofisiológica y el manejo posterior, incluyendo la
implantación o no de desfibrilador automático, superan el ámbito de esta
revisión, por lo que dirigimos al lector a revisiones específicas del tema
174,175 .
4. Estudio de viabilidad miocárdica
Podemos definir «miocardio viable» al miocardio no
necrótico, con capacidad contráctil disminuida como consecuencia de un proceso
isquémico, pero que es potencialmente recuperable. Se aceptan tres situaciones de origen
isquémico vinculadas a la existencia de miocardio viable: la disfunción
isquémica aguda, el aturdimiento miocárdico y la hibernación. Dado que cada
vez son mejor conocidas las implicaciones clínicas y pronósticas del tejido
miocárdico viable, resulta de gran importancia conocer si un segmento con disfunción
contráctil es un segmento viable, es decir, un segmento con capacidad de recuperación
funcional espontánea o tras la revascularización 176,177 .
Para el diagnóstico de miocardio viable en la práctica
clínica se recurre a la búsqueda de tres aspectos diferentes: una reserva
contráctil del tejido disfuncionante, un estado metabólico conservado y una reserva
de flujo coronario con integridad de la membrana citoplasmática. Obviamente, la
metodología a emplear en cada caso es diferente. La reserva contráctil podemos
evaluarla mediante ecocardiografía y la ventriculografía isotópica de
estrés farmacológico. El estado metabólico mediante marcadores como el
18 FDG detectado mediante PET. Por último, la reserva del flujo coronario e
integridad de la membrana citoplasmática mediante la gammagrafía de perfusión
con trazadores como el talio-201 o compuestos tecneciados (metoxi-isobutil-isonitrilo y
tetrofosmina) 178 .
En los pacientes que han presentado un IAM el interés de
estudiar la viabilidad se centra fundamentalmente en pacientes con infarto extenso y
disfunción ventricular importante que tienen posibilidad de revascularización.
Solamente en los pacientes que tienen miocardio viable mejorará la contracción con la
revascularización miocárdica y dado el alto riesgo quirúrgico de estos
pacientes, la presencia o ausencia de viabilidad puede ser decisoria en la toma de decisiones. El
riesgo de la angioplastia es mucho menor en este tipo de pacientes.
Esquemáticamente, los métodos de estudio de viabilidad
son los siguientes 179 :
1. Clínicos
. La presencia de angina de pecho con alteraciones ECG se debe a
miocardio viable isquémico.
2. ECG
. Aunque algunos autores han señalado que determinadas
alteraciones ECG de esfuerzo indican la presencia de viabilidad 180 , no hay acuerdo
universal sobre ello y de momento no se considera un método fiable para determinar si existe
o no viabilidad.
3. Ecocardiográficos.
La respuesta que mejor predice la recuperación tras la
revascularización es la respuesta bifásica: hipocinesia que mejora a dosis bajas y
vuelve a empeorar a altas dosis o tras atropina. Se relaciona con miocardio viable e isquemia
residual importante 181 .
4. Gammagráficos
. Los segmentos con defectos de captación severos (< 50% de
la captación máxima) que mejoran tras la reinyección del radionúclido o
tardíamente son considerados viables. También son considerados como viables los
segmentos con trastornos severos de la contractilidad que presentan captación normal,
hipocaptación de grado ligero o moderado en reposo (> 50% de la captación
máxima), y los que presentan engrosamiento sistólico con la adquisición
sincronizada con el ECG.
Si además de viabilidad de una zona asinérgica se desea
estudiar la presencia de isquemia, se pueden administrar adenosina o ATP (trifosfato de adenosina),
bien tolerados incluso por sujetos con insuficiencia cardíaca, con lo que se producen
defectos de perfusión en zonas dependientes de arterias coronarias estenóticas y
redistribución en reposo cuando existe isquemia.
5. PET
. Si una zona mal perfundida capta FDG (fluorurodesoxiglucosa) se
trata de miocardio viable; en caso contrario, el miocardio es necrótico. Éste es el
método más sensible y específico para el estudio de la viabilidad, si bien su
difusión en España es escasa.
6. Angiográficos.
La mejoría contráctil de un segmento asinérgico
con nitroglicerina indica viabilidad.
Recomendaciones
Clase I
Indicación de revascularización en pacientes con
disfunción severa y arterias coronarias adecuadas para la revascularización.
Clase IIa
Valoración pronóstica de pacientes con mala
función ventricular post-IAM.
Clase III
Valoración rutinaria de pacientes postinfarto.
Pacientes con no indicación de revascularización o
buena función ventricular izquierda.
COMPLICACIONES TARDÍAS DEL INFARTO AGUDO DE MIOCARDIO
Son superponibles a las que aparecen en la fase aguda. En efecto, las
complicaciones más frecuentes de la fase subaguda del IAM son: la insuficiencia
cardíaca con o sin complicación mecánica, la angina postinfarto, el reinfarto,
las arritmias y la pericarditis epistenocárdica, situaciones todas ellas analizadas
previamente en este documento. Existen, sin embargo, dos entidades que merecen ser contempladas en
este momento: el aneurisma ventricular y la trombosis intraventricular.
Aneurisma ventricular
Los aneurismas que aparecen en la fase de hospitalización del
IAM son funcionales, potencialmente reversibles y resulta más propio hablar de zona
discinética que de aneurisma. El aneurisma propiamente dicho aparece cuando se ha formado
una cicatriz fibrosa que deforma la silueta cardíaca protruyendo hacia afuera incluso en
diástole. Esto ocurre más tardíamente, cuando han pasado por lo menos dos
semanas del IAM. El tratamiento en fase aguda mediante revascularización (fibrinolisis o
angioplastia) e IECA ha disminuido la incidencia de auténticos aneurismas anatómicos,
que se presentan en etapas más tardías de la evolución y que sólo
ocasionalmente requieren tratamiento quirúrgico.
Trombosis intraventricular
Los trombos se forman siempre en zonas acinéticas de infartos
transmurales, generalmente extensos, y con más frecuencia en infartos anteriores con
afectación apical. El riesgo de complicaciones embolígenas aumenta con la edad del
paciente, el tamaño del trombo 182 , los cambios de forma, la protrusión
hacia el interior de la cavidad y la movilidad 183 . Los trombos planos, que tapizan la
zona asinérgica, son de bajo riesgo, pero pueden cambiar de forma con el paso del tiempo
184 . En estos casos la conducta recomendada es la anticoagulación durante 3 a 6
meses, si bien no existe una clara evidencia científica al respecto.
CRITERIOS DE ALTA HOSPITALARIA Y PROGRAMAS DE CORTA ESTANCIA
Los pacientes sin datos basales de alto riesgo que cursan con signos
de reperfusión después de la trombolisis y aquellos que han sido sometidos a
angioplastia primaria pueden ser dados de alta precozmente (a partir del cuarto día) siempre
que la función ventricular sea buena y no hayan presentado complicaciones (aparte de las
arritmias de reperfusión). Los pacientes con angioplastia primaria no necesitan pruebas de
provocación de isquemia si los restantes vasos coronarios son normales. Los pacientes con
lesiones en otros vasos o tratados con trombolisis, en los que se desconoce la anatomía
coronaria, deben someterse a la estratificación de riesgo incruenta ya comentada.
Los pacientes que no han presentado signos evidentes de
reperfusión o no han sido tratados con trombolíticos tienen mayor riesgo de
complicaciones y, por tanto, es preferible que permanezcan ingresados al menos hasta el
séptimo día.
Recomendaciones de corta estancia en pacientes sin datos basales de
alto riesgo
Clase I
Pacientes tratados con angioplastia primaria eficaz, sin lesiones en
otros vasos, con buena función ventricular y ausencia de complicaciones.
Pacientes tratados con fibrinolisis eficaz, sin complicaciones, con
buena función ventricular y ausencia de isquemia en pruebas de provocación.
Clase IIa
Pacientes tratados con fibrinolisis eficaz que han cursado sin
complicaciones, con buena función ventricular y pruebas de provocación de bajo
riesgo.
Clase III
Todos los casos que no reúnan estos criterios.
V. MANEJO DE LOS PACIENTES CON INFARTO AGUDO DE MIOCARDIO
DESPUÉS DEL ALTA HOSPITALARIA
Es importante comprender que el SCA, en cualquiera de sus formas, y
el IAM lo es, no es más que un suceso agudo que asienta sobre una enfermedad crónica,
la enfermedad coronaria aterosclerótica. Por tanto, el tratamiento integral del SCA no acaba
cuando se consiguen controlar los factores que lo han precipitado o la isquemia miocárdica y
sus consecuencias. Se deben, desde el diagnóstico, iniciar estrategias a largo plazo
destinadas a intervenir sobre los factores determinantes de la enfermedad subyacente
(aterosclerosis) y sobre las secuelas que ha producido en el corazón el SCA. Las evidencias
sobre las que se asientan las actividades preventivas de los pacientes con enfermedad coronaria han
demostrado de manera consistente su capacidad de aumentar la supervivencia y calidad de vida
185 . En el control de los factores de riesgo modificables asienta la base racional de
las medidas de prevención secundaria destinadas a enlentecer, detener o hacer regresar la
enfermedad y a disminuir la incidencia de eventos 186 . Las secuelas del SCA en general
y del IAM en particular, pueden provocar cambios cardíacos estructurales que favorezcan su
deterioro funcional progresivo o eventos agudos (arritmias) que deterioran la situación
clínica de los pacientes y su calidad de vida. También las intervenciones preventivas
deben dirigirse a detener los cambios adversos o evitar los sucesos agudos 8 .
En consecuencia, las medidas de prevención secundaria en los
pacientes que han desarrollado un SCA se pueden dividir en tres tipos:
1.
Cambios en los hábitos de vida que se comportan como factor de
riesgo coronario.
2.
Medidas destinadas a controlar los otros factores de riesgo coronario
individuales (bioquímicos o fisiopatológicos).
3.
Intervenciones específicas: a) uso de terapias
farmacológicas profilácticas destinadas a reducir el riesgo de eventos
isquémicos o a promover una adecuada evolución de las secuelas del SCA, y b)
implantación en los casos indicados de programas de rehabilitación cardíaca.
Por las características del documento, y como ya anunciamos en
la «Introducción», nos centraremos a continuación sólo en el
empleo de terapias farmacológicas preventivas. Los aspectos del manejo de los factores de
riesgo y rehabilitación son analizados en profundidad en otras publicaciones
185,187 .
EMPLEO DE TERAPIAS FARMACOLÓGICAS PREVENTIVAS
1. Antiagregantes
La administración de aspirina, al menos 75 mg al día,
se recomienda en todos los pacientes diagnosticados de enfermedad coronaria
8,185,188,189 . Los metaanálisis efectuados y la evaluación de todos los
estudios permiten indicarla como recomendación tipo I. Estos estudios han demostrado que la
administración de aspirina a bajas dosis reduce la mortalidad total, cardiovascular, por
infarto y reinfarto de miocardio y por accidente cerebrovascular. Las dosis más
frecuentemente estudiadas oscilan entre 75 y 325 mg/día, pero los es tudios no han
demostrado que dosis superiores a 160 mg sean mejores que 75 mg/día y, además, esta
posolo gía disminuye las complicaciones gastrointestinales. Si la aspirina no se tolera se
pueden usar otros antiplaquetarios.
Así pues, las recomendaciones sobre la utilización de
los antiagregantes expresadas en el apartado del tratamiento farmacológico del IAM no
complicado son aplicables en el momento del alta y en la fase crónica de la enfermedad.
2. Betabloqueantes
El análisis de los ensayos clínicos en los que se han
utilizado betabloqueantes tras un infarto de miocardio 190 muestra evidencias de su
efecto beneficioso. Disminuyen la mortalidad global, cardíaca y la incidencia de reinfarto.
El beneficio es mayor en los pacientes con más riesgo (disfunción ventricular
izquierda, taquicardia ventricular y supraventricular). Por tanto, se recomienda 8,185
el uso sistemático de betabloqueantes en todos los pacientes que han tenido un infarto de
miocardio que no sea etiquetado de bajo riesgo y no tengan contraindicación. Algunos autores
tam bién los indican en los infartos de bajo riesgo.
Recomendaciones para el uso prolongado
Clase I
Todos los pacientes que han presentado un IAM, excepto los de bajo
riesgo.
Clase IIa
Pacientes con bajo riesgo sin una clara contraindicación.
Clase III
Pacientes con contraindicación para el tratamiento
betabloqueante.
3. Inhibidores de la ECA
Los IECA en pacientes con infarto de miocardio han demostrado
globalmente una reducción del riesgo de muerte y de evolución a insuficiencia
cardíaca. Este efecto beneficioso se obtuvo principalmente a expensas de los infartos de
alto riesgo (FE < 40%) o que cursaron con insuficiencia cardíaca 74-77,191-194
. Los datos actuales sugieren que deben ser administrados de forma indefinida 19,76 ),
ya que se ha observado beneficio a 4 y 5 años en los estudios AIRE y SAVE.
Recomendaciones
Clase I
Infarto anterior o con insuficiencia cardíaca en las primeras
24 h en ausencia de hipotensión o contraindicación.
Infarto en fase subaguda con insuficiencia cardíaca por
disfunción sistólica o FE < 40%.
Clase IIa
Pacientes asintomáticos con FE 40-50% e historia previa de
infarto de miocardio.
Clase IIb
Cualquier infarto de miocardio en ausencia de hipotensión o
contraindicación.
Infarto de miocardio no agudo con función ventricular normal.
4. Anticoagulación
Las indicaciones actuales de anticoagulación basadas en los
estudios disponibles son controvertidas 195-197 .
Recomendaciones
Clase I
Persistencia de fibrilación auricular asociada.
Presencia de trombo intraventricular.
Clase IIa
Infarto con extensas áreas de alteraciones de la motilidad.
Fibrilación auricular paroxística en paciente con
infarto de miocardio.
Clase IIb
Infarto de miocardio con depresión severa de la función
ventricular izquierda.
Prevención de reinfarto en pacientes con infarto previo que no
toleran la aspirina.
5. Terapia hormonal sustitutoria
Aunque los resultados en prevención primaria son alentadores,
el primer estudio aleatorizado realizado en prevención secundaria, el estudio HERS, no
demostró una disminución de los eventos cardiovasculares en mujeres
posmenopáusicas con cardiopatía isquémica conocida 198 . Por tanto,
a pesar de que este estudio ha recibido numerosas críticas, no puede aconsejarse de manera
sistemática esta terapia hasta que no se disponga de una mayor evidencia positiva.
Las guías del ACC/AHA 8 recomiendan la
elección del paciente una vez confirmada la información existente, que es confusa y
no concluyente.
SEGUIMIENTO AMBULATORIO DE LOS PACIENTES CON INFARTO AGUDO DE
MIOCARDIO
El seguimiento de los pacientes que han desarrollado un SCA es una
faceta esencial para realizar una eficaz prevención secundaria de la cardiopatía
isquémica. Esta labor no sólo deber ser realizada por los cardiólogos, sino
que deben participar de una manera activa los médicos de atención primaria.
Independientemente de que una de las principales funciones de los servicios de atención
primaria sea la prevención primaria y secundaria, la experiencia nos dice que en terapias
crónicas o en intervenciones no farmacológicas la proximidad y la disponibilidad del
médico son fundamentales, si bien cada protocolo de actuación debe basarse en la
disponibilidad de medios de la unidad de cardiología y de atención primaria.
Ahora bien, aunque las condiciones locales son las que influyen de
manera decisiva en la pauta a seguir, caben unas consideraciones generales: a) la isquemia
residual y la disfunción ventricular condicionan mayor riesgo y precisan más control
especializado hasta su estabilización; b) si se evitan seguimientos dudosamente
necesarios (p. ej., pacientes estables sin isquemia) podremos centrarnos en los de más
riesgo, y c) en cualquier caso, quizás el objetivo a lograr sea una buena fluidez en
la comunicación entre la unidad o servicio de cardiología y la atención
primaria.
AGRADECIMIENTO
Los autores expresan su agradecimiento por el apoyo de la empresa
Parke-Davis S.A. a la realización de la reunión celebrada en Valencia (25-27 de marzo
de 1999) en donde se debatió el contenido fundamental de esta guía.
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