Resultados de la angioplastia primaria en pacientes con enfermedad multivaso
Raúl Morenoa; Eulogio Garcíaa; Jaime Elízagaa; Manuel Abeytuaa; Javier Sorianoa; Javier Botasa; José Luis López-Sendóna; Juan Luis Delcána
a Departamento de Cardiología. Hospital Gregorio Marañón. Madrid
Rev Esp Cardiol. 1998;51:547-55.
Introducción: Entre los pacientes con infarto agudo de miocardio que son tratados mediante angioplastia primaria, aquellos con enfermedad multivaso presentan un peor pronóstico. No obstante, no está claro si este efecto se debe sólo a una mayor prevalencia de shock cardiogénico o si la enfermedad multivaso constituye un factor pronóstico independiente. Objetivos. Estudiar si la enfermedad multivaso constituye o no un factor pronóstico independiente en los pacientes con infarto agudo de miocardio tratados mediante angioplastia primaria, y en su caso aclarar los mecanismos por los que la enfermedad multivaso contribuye a una mayor mortalidad en estos pacientes. Pacientes y
Métodos: Entre agosto de 1991 y octubre de 1996, 312 pacientes con infarto agudo de miocardio fueron tratados mediante angioplastia primaria en nuestro centro. La evolución intrahospitalaria de los pacientes con
enfermedad multivaso se comparó con la de los pacientes con enfermedad de un vaso. Resultados. Los pacientes con enfermedad multivaso (n = 158; 51%) tenían mayor edad (64 ± 11 frente a 61 ± 13 años; p = 0,017) y más frecuencia de diabetes (el 35 frente al 20%; p = 0,007), hipertensión (el 54 frente al 39%; p = 0,012), infarto agudo de miocardio previo (el 29 frente al 5%; p < 0,001), cirugía coronaria previa (el 2 frente al 0%; p = 0,042) y grado IV de Killip al ingreso (19% frente al 8%, p < 0,001), y eran menos frecuentemente fumadores (el 60 frente al 76%; p = 0,006). La tasa de éxito angiográfico fue similar en pacientes con y sin enfermedad multivaso (el 89 frente al 92%; NS). No obstante, los pacientes con enfermedad multivaso tuvieron mayor mortalidad intrahospitalaria (el 21 frente al 7%; p < 0,001), necesidad de nueva revascularización (el 17 frente al 3%; p < 0,001) e incidencia de insuficiencia mitral severa (el 5 frente al 0%; p < 0,001), bloqueo
auriculoventricular de segundo o tercer grado (el 10 frente al 1%; p < 0,001) y de hemorragias graves (el 4 frente al 1%; p = 0,089). Tras excluir a los pacientes en grado III-IV de Killip al ingreso, la mortalidad fue también superior en pacientes con enfermedad multivaso (el 9 frente al 2%; p = 0,009). En el análisis multivariado, fueron predictores independientes de mortalidad intrahospitalaria una edad superior a 65 años, un grado IV de Killip al ingreso y la existencia de enfermedad multivaso. Conclusiones. En la población de pacientes con infarto agudo de miocardio tratados con angioplastia primaria, la enfermedad multivaso se asocia a una mayor mortalidad intrahospitalaria. Ello se debe no sólo a una mayor frecuencia de insuficiencia cardíaca grave, sino que unas características basales de peor pronóstico, una mayor incidencia de algunas complicaciones y una más frecuente necesidad de nueva revascularización pueden contribuir a la mayor mortalidad de estos pacientes
Palabras clave: Infarto agudo de miocardio. Angioplastia primaria. Enfermedad multivaso
INTRODUCCIÓN
La angioplastia primaria (AP) constituye probablemente el mejor tratamiento del infarto agudo de
miocardio (IAM) en centros con una infraestructura adecuada y un personal suficientemente
entrenado. Con esta modalidad de reperfusión, se obtienen unas elevadas tasas de apertura de
la arteria, así como unos resultados clínicos a corto y largo plazo al menos tan
satisfactorios como con el tratamiento trombolítico 1-4 . La AP probablemente
ofrece un mayor beneficio entre los subgrupos de pacientes con mayor riesgo, como los que se
encuentran en insuficiencia cardíaca o en aquellos con una mayor extensión
electrocardiográfica del IAM 3,5 .
La enfermedad multivaso (EMV) constituye un factor de mal pronóstico en pacientes con IAM
6,7 . Sin embargo, aunque parece que una peor función ventricular y una mayor
incidencia de insuficiencia cardíaca no son los únicos mecanismos por los que la EMV
se asocia a una mayor mortalidad en los pacientes con IAM tratados mediante AP 8 , no
están aclarados los motivos por los que la EMV se asocia a un peor pronóstico en
estos pacientes.
En este estudio, se analiza el pronóstico de los pacientes con IAM tratados con AP en
nuestro centro y que presentaban EMV, comparándolo con el grupo de pacientes con enfermedad
de un vaso, tratando de dilucidar si la EMV constituye o no un factor pronóstico
independiente, y en su caso aclarar los mecanismos por los que la EMV contribuye a una mayor
mortalidad en estos pacientes.
PACIENTES Y MÉTODOS
Pacientes
Entre agosto de 1991 y octubre de 1996 ingresaron en nuestro centro 2.134 pacientes con IAM. De
ellos, 312 (14,6%) fueron tratados mediante AP, y éstos constituyen la población
estudiada. Estos pacientes fueron tratados mediante AP por estar participando nuestro centro en
estudios aleatorizados de AP (209 pacientes; 67%) o por indicaciones clínicas (103
pacientes; 23%), entre las que se incluyen inestabilidad hemodinámica, IAM extenso y la
existencia de contraindicaciones para tratamiento trombolítico. Todos los pacientes
presentaban dolor torácico de más de 30 min y menos de 12 h de duración y
elevación del segmento ST en más de 1 mm en, al menos, dos derivaciones adyacentes o
bloqueo completo de rama izquierda del haz de His. En los 312 pacientes (100%), se
cumplimentó el seguimiento intrahospitalario (11 ± 7 días). De los 312
pacientes, 158 (51%) presentaban EMV.
Deficiones
Enfermedad multivaso
Se realizó el diagnóstico de EMV ante la existencia de estenosis coronarias de, al
menos, un 50% por detección automática de bordes o del 70% por estimación
visual en dos o tres de las arterias coronarias principales o estenosis de más de un 50% en
el tronco de la coronaria izquierda.
Éxito angiográfico
Se consideró cuando tras la AP la estenosis residual fue menor del 50% y el flujo grado TIMI
II o III.
Éxito de la angioplastia primaria
Presencia de éxito angiográfico en ausencia de muerte, reinfarto, trombosis aguda o
subaguda y necesidad de nueva revascularización percutánea o quirúrgica sobre
la arteria responsable del IAM.
Isquemia recurrente
Presentación de reinfarto o angina postinfato.
Hemorragia mayor
Se definió como tal la que precisó transfusión sanguínea.
Tratamiento antiagregante
En ausencia de contraindicaciones, se admininistraron entre 200 y 300 mg de aspirina v.o. o i.v. al
ingreso, y posteriormente una dosis similar diariamente v.o. En los pacientes en los que se
implantó stent intracoronario durante el procedimiento (114 pacientes; 37%), se
administró aspirina y tratamiento anticoagulante hasta 1995, y aspirina y ticlopidina (250
mg dos veces al día) desde esa fecha, en ausencia de contraindicaciones. Así, 76 de
esos 114 pacientes (el 67%) fueron tratados mediante aspirina y ticlopidina, 16 (14%) sólo
con ticlopidina, 10 (9%) sólo con aspirina y 12 pacientes (10%) recibieron aspirina y
tratamiento anticoagulante. Seis pacientes recibieron anticuerpos antiglicoproteína IIb/IIIa
(Abciximab, Reopro ® ).
Cateterismo cardíaco
El cateterismo se realizó por abordaje femoral derecho según la técnica de
Seldinger, con un introductor arterial de 8F. Se administraron 10.000 U de heparina sódica
i.v. al comienzo del procedimiento, y posteriormente durante el mismo si fue preciso para mantener
un tiempo de activación del coágulo (ACT) superior a 300. La retirada del introductor
se realizó de forma manual entre 6 y 8 h después de finalizado el procedimiento.
Análisis estadístico
El análisis estadístico se llevó a cabo mediante el programa
informático JMP 3.0.1 (SAS Institute, Inc.). Las variables cuantitativas se expresan como
media ± desviación estándar, y las variables cualitativas como proporciones
(porcentajes). El test de la t de Student-Fisher y el test de ANOVA se utilizaron para la
comparación de dos o más de dos medias, respectivamente. La asociación entre
variables cualitativas se estudió mediante el test de la * 2 , con la
corrección de Fisher en caso necesario. Los intervalos se expresaron con un nivel de
confianza del 95%, y se consideraron como significativas las asociaciones estadísticas con
un valor de p menor de 0,05. Se llevó a cabo un análisis multivariante según
la técnica de regresión logística paso a paso para determinar los predictores
independientes de mortalidad intrahospitalaria.
RESULTADOS
Las características basales de los pacientes con EMV y con enfermedad de un vaso se reflejan
en la tabla 1.
En los pacientes con EMV, la diabetes, la hipertensión arterial y el IAM previo eran
más frecuentes que en los pacientes con enfermedad de un vaso, al contrario que el
tabaquismo. Por otra parte, el grado Killip era más avanzado en este grupo de pacientes;
así, un 27% de los pacientes con EMV presentaban un grado de Killip III o IV al ingreso, en
comparación con un 10% de los pacientes con enfermedad de un vaso (p < 0,001). En cuanto
a la arteria responsable del IAM, en los pacientes con EMV fue más frecuentemente la
coronaria derecha y el tronco principal de la coronaria izquierda, y en los pacientes con
enfermedad de un vaso, fue la descendente anterior con mayor frecuencia (tabla 1).
El resultado angiográfico no fue significativamente diferente en los pacientes con EMV y sin
ella (ta bla 2). Aunque la tasa de éxito angiográfico fue ligeramente superior en los
pacientes con enfermedad de un vaso (el 92 frente al 89%), estas diferencias no fueron
estadísticamente significativas. El éxito angiográfico fue menos frecuente en
los pacientes con enfermedad de tres vasos (85%) que en aquellos con enferme dad de dos (93%) o un
vaso (92%), pero estas diferencias tampoco fueron estadísticamente significativas (p =
0,105). Por otra parte, se implantó stent intracoronario con igual frecuencia en
pacientes con EMV o sin ella.
La mortalidad (tabla 3) fue superior en los pacientes con EMV (el 21 frente al 7%; p < 0,001),
incluso tras excluir a los pacientes en grado IV de Killip (el 11 frente al 3%; p = 0,011) o
excluyendo a los pacientes que se encontraban en grado Killip III o IV al ingreso (el 9 frente al
2%; p = 0,009).
La mortalidad no fue significativamente diferente entre los pacientes con enfermedad de 3 vasos y
aquellos con enfermedad de dos vasos (el 24 frente al 18%; NS).
En el conjunto de los pacientes, las características asociadas estadísticamente a una
mayor mortalidad intrahospitalaria en el análisis univariado fueron: EMV (el 21 frente al
7%; p < 0,001), diabetes mellitus (el 22 frente al 9%; p = 0,009), ausencia de tabaquismo (el 19
frente al 10%; p = 0,041), edad superior a 65 años (el 19 frente al 10%; p = 0,023), grado
IV de Killip al ingreso (el 68 frente al 5%; p < 0,001), resultado angiográfico no
satisfactorio (el 41 frente al 11%; p < 0,001) y recurrencia de la isquemia (el 24 frente al
13%; p = 0,036). En el análisis multivariado, fueron predictores independientes de muerte
intrahospitalaria las siguientes características: grado IV de Killip al ingreso ( odds
ratio [OR] = 40,4; intervalo de confianza [IC], 15,8-115,8; p < 0,001), edad superior a 65
años (OR = 3,3; IC, 1,3-9,3; p = 0,019) y la existencia de EMV (OR = 2,9; IC, 1,1-8,1; p = 0,034).
La mortalidad en el grupo de pacientes en los que se implantó stent intracoronario
fue del 13,9%, y del 15,1% en los que éste no se implantó (NS).
De los 11 fallecimientos en pacientes con enfermedad de un vaso, la causa fue shock
cardiogénico en 7 (64%), rotura cardíaca en 3 (27%) y un paciente con estenosis
aórtica severa y endocarditis infecciosa falleció por shock séptico. De los 33
fallecimientos en pacientes con EMV, en 24 (73%) la causa fue shock cardiogénico, en 4 (12%)
una rotura cardíaca, dos habían sufrido una parada cardíaca extrahospitalaria
y fallecieron con encefalopatía postanóxica y fallo multi orgánico, uno
falleció por mediastinitis y otro por neumonía y distrés respiratorio. Las
diferencias entre ambos grupos, en cuanto a la causa de muerte, no alcanzaron significación
estadística.
La tasa de éxito de la angioplastia (éxito angiográfico en ausencia de muerte,
reinfarto, oclusión de la arteria responsable del infarto o necesidad de nuevos
procedimientos de revascularización sobre la misma) fue inferior en los pacientes con EMV
que en aquellos con enfermedad de un vaso (el 71 frente al 83%; p = 0,009).
El desarrollo de algunas complicaciones, como insuficiencia mitral severa (el 5 frente al 0%; p
< 0,001) y el bloqueo auriculoventricular de segundo o tercer grado (el 10 frente al 1%; p <
0,001) también fue más frecuente en los pacientes con EMV. También se produjo
una tendencia a una mayor incidencia de hemorragias mayores en pacientes con EMV (el 4 frente al
1%; p = 0,090). Aunque la isquemia recurrente no fue significativamente superior en el grupo de
pacientes con EMV, éstos fueron sometidos a nuevos procedimientos de
revascularización con más frecuencia que los pacientes con enfermedad de un vaso (el
17 frente al 3%; p < 0,001; tabla 3).
En los pacientes en los que se implantó stent intracoronario, la tasa de isquemia
recurrente fue inferior que en aquellos que fueron tratados con AP con balón sin
implantación de stent (el 5,3 frente al 12,1%; p = 0,039). También fue
inferior la tasa de reinfarto, aunque las diferencias no fueron estadísticamente
significativas (el 1,8 frente al 4,6%; NS). En el grupo de pacientes con EMV, entre los pacientes
tratados con stent fueron inferiores tanto la tasa de isquemia recurrente (el 6,7 frente al
14,3%) como la tasa de reinfarto (el 3,3 frente al 6,1%), aunque estas diferencias no fueron
estadísticamente significativas. Lo mismo sucedió en los pacientes sin EMV, en los
que fueron inferiores en los pacientes tratados con stent tanto la incidencia de isquemia
recurrente (el 3,7 frente al 10,0%) como la de reinfarto (el 0 frente al 3%), aunque estas
diferencias tampoco fueron estadísticamente significativas.
Por último, el empleo de instrumentación invasiva, como balón
intraaórtico de contrapulsación, catéter de Swan-Ganz, marcapasos transitorio
e intubación orotraqueal con respiración asistida, fue más frecuentemente en
los pacientes con EMV (tabla 4).
DISCUSIÓN
Entre un 43 y un 69% de los pacientes con IAM tratados con AP presentan EMV, variando este
porcentaje en función de la proporción de pacientes que se encuentran en shock
cardiogénico y de otras características basales 8-16 . En el estudio de
Hibbard, donde todos los pacientes se encontraban en shock cardiogénico, la existencia de
EMV se objetivó en el 69% de los pacientes 10 . En el presente trabajo, el 51% de
los pacientes con IAM referidos a AP presentaron EMV, resultado que concuerda con los de las series
previamente publicadas.
La importancia pronóstica del grado de extensión de la enfermedad coronaria en los
pacientes con IAM ya fue demostrada antes de la era trombolítica 6,7 . Entre los
pacientes remitidos para la realización de AP, la EMV también constituye un factor de
mal pronóstico. La mortalidad intrahospitalaria de los pacientes con enfermedad de un vaso
se encuentra entre un 0% en el estudio de Zijlstra y un 7% en el de Krikorian; en los pacientes con
EMV, entre un 7 y un 15% 8,9,16,17 . Una crítica importante del reciente estudio
de la Society for Cardiac Angiography and Interventions Registries sobre los predictores de
éxito angiográfico y del pronóstico de los pacientes con IAM que son tratados
mediante AP es que no se analizó la influencia de la extensión de la enfermedad
coronaria 18 . En el presente estudio, la mortalidad intrahospitalaria fue
significativamente superior en los pacientes con EMV que en aquellos con enfermedad de un vaso (el
22 frente al 7%; p < 0,001). La mortalidad de los pacientes con EMV en nuestra serie es superior
a la comunicada por algunos autores debido, probablemente, a una mayor proporción de
pacientes en shock cardiogénico al ingreso: un 19% en nuestra serie, en comparación
con un 2 y un 12% en las series de Jaski y Kahn, respectivamente 8,16 . La mortalidad no
fue diferente en los pacientes con enfermedad de dos y tres vasos. O´Keefe et al, sin
embargo, publicaron una mortalidad significativamente superior en los pacientes con enfermedad de
tres vasos (16%) en comparación con aquellos con enfermedad de dos vasos (8%) 19
, y resultados similares fueron comunicados por Rothbaum et al, con una mortalidad
intrahospitalaria del 17% en los pacientes con enfermedad de tres vasos y de un 6% en aquellos con
enfermedad de uno o dos vasos 20 .
Las causas de muerte en ambos grupos de pacientes no fueron significativamente diferentes. El shock
cardiogénico fue la causa más frecuente de mortalidad en ambos grupos de pacientes,
al igual que en otros estudios previos sobre el pronóstico de los pacientes con IAM tratados
mediante AP 9 . Como causa de muerte, el shock fue más frecuente en los pacientes
con EMV, pero las diferencias no fueron estadísticamente significativas.
Indudablemente, el mayor deterioro hemodinámico de los pacientes con EMV en
comparación con aquellos con enfermedad de un vaso contribuye enormemente a una mayor
mortalidad de este grupo de pacientes. El grado de insuficiencia cardíaca constituye el
factor pronóstico más importante en el IAM 21 . Para Rothbaum et al, la
mortalidad más elevada en pacientes con enfermedad de tres vasos se debe exclusi vamente a
una mayor frecuencia de shock cardiogénico 20 . No obstante, en nuestra serie, al
excluir a los pacientes con edema agudo de pulmón o shock cardiogénico, la mortalidad
continuó siendo significativamente superior en los pacientes con EMV (el 9 frente al 2%).
Además, en el análisis multivariado, aunque el factor pronóstico más
importante fue el grado de Killip, la existencia de EMV fue un predictor independiente de
mortalidad intrahospitalaria. Por tanto, la EMV constituye un factor de mal pronóstico en
los pacientes con IAM remitidos para la realización de AP no sólo por encontrarse en
un mayor grado de deterioro hemodinámico, sino que probablemente existen otras causas por
las que la EMV empeora el pronóstico de los pacientes con IAM.
Además de un mayor grado de insuficiencia cardíaca, otros mecanismos
teóricamente pueden contribuir al peor pronóstico de los pacientes con EMV. Estos
mecanismos podrían ser: a) unas características basales de peor
pronóstico; b) una menor tasa de éxito angiográfico; c) una
mayor incidencia de isquemia recurrente (reinfarto o angina postinfarto) y necesidad de nuevos
procedimientos de revascularización, y d) una mayor tasa de otras complicaciones
asociadas al IAM.
Los pacientes con EMV eran de edad superior, eran menos frecuentemente fumadores y tenían
más frecuentemente diabetes e IAM previo, características que se asocian a un peor
pronóstico en pacientes ingresados con IAM 22-26 . La proporción de
pacientes con cirugía coronaria previa, que es otro factor asociado a un peor
pronóstico en pacientes con IAM, fue baja en ambos grupos, aunque discretamente superior en
pacientes con EMV. En otros estudios sobre AP, también la proporción de pacientes con
cirugía coronaria previa es baja debido, probablemente, a que los IAM debidos a
oclusión de un puente coronario poseen una expresión electrocardiográfica
más anodina, lo que dificulta, por tanto, el empleo precoz de estrategias de
reperfusión 27 .
En los pacientes con IAM que son tratados mediante AP, un resultado angiográficamente no
satisfactorio se asocia a un peor pronóstico 20 . Existen controversias sobre si
la existencia de EMV se asocia a una menor tasa de éxito angiográfico en pacientes
con IAM. En el estudio de Jaski, se consiguió el éxito angiográfico en el 75%
de los pacientes con EMV, en comparación con un 92% en aquellos pacientes con enfermedad de
un vaso 8 ; resultados similares fueron obtenidos por Zimarino et al 11 . En
el estudio de Kahn, por el contrario, no se encontraron diferencias significativas en la tasa de
éxito angiográfico entre pacientes con o sin EMV (el 88 frente al 92%), aunque en
aquellos casos con enfermedad de tres vasos fue significativamente inferior al resto de los
pacientes 16 . Hallazgos similares han sido comunicados por Bedotto, quien
refirió un menor éxito angiográfico tan sólo en pacientes con
enfermedad de tres vasos (el 89% en pacientes con enfermedad de tres vasos, el 95% en aquellos
casos con enfermedad de dos vasos y el 96% en aquellos casos con enfermedad de un vaso), siendo un
92% la tasa de éxito angiográfico en los pacientes con EMV en conjunto 28
. En el estudio de Ellis et al, la enfermedad de tres vasos constituyó un factor
independiente predictor de ausencia de éxito angiográfico en la AP 29 . En
nuestra serie, aunque la tasa de éxito angiográfico fue discretamente inferior en
pacientes con EMV, la diferencia no fue estadísticamente significativa, aunque esto no
descarta que una menor tasa de éxito angiográfico contribuya a la mayor mortalidad en
pacientes con EMV. El stent , que al parecer mejora los resultados angiográficos
iniciales, disminuye la tasa de reestenosis y posiblemente mejora el pronóstico de los
pacientes con IAM que son tratados con AP 30-33 , se utilizó con igual frecuencia
en ambos grupos de pacientes (tabla 2).
Por otra parte, la implantación más frecuente de stent en nuestra serie puede
haber contribuido a una mejor tasa de éxito angiográfico en comparación con la
serie de Jaski et al, en la que presumiblemente la proporción de pacientes en los que se
implantó stent fue muy baja 8 .
La isquemia recurrente (tanto el reinfarto como la angina postinfarto y la oclusión aguda o
subaguda) fue más frecuente en los pacientes con EMV que en aquellos con enfermedad de un
vaso. Estas diferencias no alcanzaron significación estadística, pero esto no
descarta que una mayor incidencia de isquemia recurrente haya contribuido a una mayor mortalidad en
los pacientes con EMV. Por otra parte, los procesos de revascularización coronaria se
llevaron más frecuentemente a cabo, lógicamente, en pacientes con EMV, y es posible
que la morbimortalidad asociada a estos procedimientos también contribuya a empeorar el
pronóstico de estos pacientes.
Aunque la mortalidad no fue significativamente diferente en los pacientes a los que se
implantó stent intracoronario en comparación con los que fueron tratados
sólo con balón, la incidencia de isquemia re currente fue significativamente inferior
en los primeros (el 5,3 frente al 12,1%). Sin embargo, la asignación a implantación o
no de stent no se llevó a cabo de forma aleatoria, por lo que estas diferencias no
son suficientes para concluir que el stent mejora el pronóstico de los pacientes con
IAM tratados mediante AP. Si esto es así, se aclarará probablemente tras conocer los
resultados de varios estudios que se encuentran en marcha que aleatorizan a los pacientes con IAM
tratados con AP a la colocación de stent o balón, como el estudio PAMI III,
cuyos resultados probablemente se conocerán en breve plazo, o el estudio CADILLAC,
recientemente iniciado. Algunos estudios ya sugieren que el stent intracoronario no
sólo ofrece unos excelentes resultados angiográficos iniciales en pacientes con IAM
30,32,33 , sino que, además, observan una baja tasa de isquemia recurrente
30,32 y una tasa de reestenosis a los 6 meses de alrededor del 19-27%
31,34,35 , inferior a la comunicada para la AP con balón 36 .
Aunque en el estudio de Jaski et al se comunica una mayor tasa global de complicaciones durante la
angioplastia 8 , la incidencia de complicaciones del IAM en relación con el grado
de extensión de la enfermedad coronaria no ha sido bien estudiada. En nuestra serie, algunas
complicaciones fueron más frecuentes en los pacientes con EMV, como los bloqueos
auriculoventriculares de segundo o tercer grado y la insuficiencia mitral severa. Estas
complicaciones están relacionadas con el pronóstico de los pacientes con IAM y, por
tanto, éste puede ser otro mecanismo por el que la EMV constituye un factor de mal
pronóstico 37-40 . Por último, que la mayor incidencia de otras
complicaciones, como en el caso de las hemorragias graves, no fuera estadísticamente
significativa, no descarta que éstas también contribuyan al peor pronóstico de
los pacientes con EMV.
Aplicaciones clínicas
Según los resultados expuestos, la existencia de EMV constituye un factor independiente
asociado a un peor pronóstico en los pacientes con IAM que son remitidos para la
realización de AP. Por tanto, estos pacientes deben considerarse como de alto riesgo, aunque
no presenten insuficiencia cardíaca grave en el momento del ingreso.
Por otra parte, no conocemos cuál es la mejor forma de abordar las arterias no responsables
del IAM en estos pacientes. Las alternativas pueden ser las siguientes: a) realizar
revascularización completa durante la AP; b) revascularizar mediante angioplastia o
cirugía en un segundo tiempo, transcurrida la fase aguda, o c) realizar pruebas de
detección de isquemia para determinar la necesidad de revascularizar o no las lesiones de
las arterias no responsables del IAM. En nuestro centro, en la mayor parte de los casos la actitud
es tratar durante la AP tan sólo la arteria responsable del IAM, para plantear en la fase
subaguda la necesidad o no de tratar mediante una nueva angioplastia o mediante
revascularización quirúrgica el resto de las arterias en función de la
evolución clínica y del resultado de las técnicas de detección de isquemia.
Globalmente considerados, los pacientes a los que se implantó stent intracoronario
tuvieron una menor incidencia de isquemia recurrente que aquellos casos que fueron tratados con AP
con balón. Estos datos no son suficientes como para concluir que el stent mejora el
pronóstico de los pacientes con IAM tratados con AP, ya que los pacientes no fueron
aleatorizados. Esta incógnita probablemente será resuelta mediante los estudios que
se encuentran en marcha que aleatorizan a la colocación de stent o balón a
pacientes con IAM tratados con AP.
Limitaciones del estudio
Los pacientes del estudio no son todos los sujetos con IAM que ingresaron consecutivamente en
nuestro centro con el diagnóstico de IAM, sino sólo aquellos a los que se
realizó AP. Esta selección de pacientes para la realización de AP puede haber
constituido un sesgo, y potencialmente no ser representativos de toda la población de
pacientes con IAM. Posiblemente, los pacientes remitidos a la realización de AP tuvieran un
IAM más extenso que los sometidos a tratamiento trombolítico o a una estrategia
conservadora, por lo que la prevalencia de EMV en el grupo total de pacientes con IAM
presumiblemente puede ser más baja que la expuesta en este trabajo. Por otra parte, los
pacientes con EMV se encontraban en peor situación clínica y hemodinámica que
aquellos con enfermedad de un vaso, y esto puede haber constituido un sesgo en la influencia de la
EMV en el pronóstico intrahospitalario. Por estos motivos, las conclusiones expuestas son
extrapolables tan sólo a los pacientes con IAM que son tratados mediante AP.
CONCLUSIÓN
En la población de pacientes con IAM tratados con AP la EMV constituye un factor
pronóstico importante. Esto no se debe tan sólo al hecho de que los pacientes con EMV
se encuentren en un mayor grado de insuficiencia cardíaca, sino que también pueden
contribuir otros mecanismos, como unas características basales de peor pronóstico,
una mayor necesidad de nuevos procedimientos de revascularización y la aparición
más frecuente de algunas complicaciones. Además, no se puede descartar que una mayor
incidencia de isquemia recurrente y una menor tasa de éxito angiográfico contribuyan
al peor pronóstico de estos pacientes. La EMV constituye un predictor independiente de
mortalidad intrahospitalaria en pacientes con IAM tratados mediante AP. Por tanto, los pacientes
con IAM y EMV deben considerarse como de alto riesgo aunque no se encuentren en insuficiencia
cardíaca grave en el momento del ingreso.
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