Test de mesa basculante: ¿es imprescindible para el tratamiento adecuado del síncope vasovagal? Argumentos en contra
Ricardo Ruiz Granella; Roberto García Civeraa; Salvador Morell Cabedoa; Segismundo Botella Solanaa; Vicente López Merinoa
a Servicio de Cardiología. Hospital Clínico Universitario. Valencia
Rev Esp Cardiol. 1997;50:374-82.
Desde la sistematización inicial realizada por Lewis en 1932 se ha avanzado enormemente en el conocimiento del síncope vasovagal. No obstante, aún persisten lagunas críticas en el conocimiento de este síndrome que afectan, fundamentalmente, al enfoque terapéutico de los pacientes. Así, no existen datos suficientes que permitan conocer la historia natural del proceso y, por tanto, se desconocen los marcadores útiles para identificar a los pacientes que puedan precisar un tratamiento específico o que podrían beneficiarse de él. No existe tampoco una prueba diagnóstica con una relación sensibilidad/especificidad suficiente como para poder disponer de un «patrón oro» en el diagnóstico del síncope vasovagal. Aunque las pruebas de basculación pueden suponer una valiosa ayuda para el diagnóstico su sensibilidad es, actualmente, desconocida. Los datos disponibles sobre la reproducibilidad de las pruebas de basculación son escasos y, a veces,
contradictorios, especialmente en lo referente a las pruebas con resultado positivo. La escasa reproducibilidad de los resultados positivos encontrada en varios estudios lastraría enormemente, de confirmarse, la utilidad de las pruebas de basculación seriadas para la selección del tratamiento. No existen evidencias publicadas hasta el momento de la existencia de un tratamiento efectivo del síncope vasovagal ni de la superioridad de un enfoque determinado en la selección de éste. Por tanto, no se ha demostrado que la selección de tratamiento mediante el uso de las pruebas de basculación sea una alternativa superior a cualquier otra
Palabras clave: Síncope vasovagal. Síncope neurocardiogénico. Tabla basculante. Diagnóstico. Tratamiento
INTRODUCCION
La selección del tratamiento para pacientes con síncope vasovagal tropieza con una
serie de problemas relacionados, especialmente, con las lagunas de conocimiento que existen sobre
varios aspectos de esta frecuente forma de síncope. En efecto, ni los datos
epidemiológicos ni los pormenores de la historia natural son bien conocidos. Así
mismo, no existe una prueba o conjunto de ellas que proporcionen el «patrón oro»
para el diagnóstico y para establecer la sensibilidad y especificidad de otras pruebas
diagnósticas. Por último, hasta la fecha no se han realizado estudios amplios,
aleatorizados, controlados, frente a placebo o de supresión de tratamiento que avalen un
tratamiento determinado.
En la medicina actual las recomendaciones para el manejo terapéutico de los pacientes deben
estar basadas en evidencias. A continuación se revisarán distintos aspectos de los
que se deriva que no existen evidencias suficientes para recomendar una determinada actitud
terapéutica en los casos de síncope vasovagal, incluido el uso de la tabla basculante
para la selección del tratamiento.
RECUERDO HISTÓRICO
En 1793, John Hunter hizo la que posiblemente sea la primera descripción de síncope
vasovagal en una paciente a la que estaba sangrando. Llamó la atención de Hunter el
vivo color escarlata de la sangre venosa de su paciente durante el episodio, producido, como se
sabría más tarde, por la existencia de vasodilatación arterial y
venoconstricción cutánea 1,2 .
En 1867, Von Bezold y Hirt 3 demostraron la posibilidad de inducir hipotensión y
bradicardia de mecanismo reflejo mediante la inyección intracoronaria de alcaloides del
veratrum . En 1937 y 1948, Jarisch et al 4,5 determinan que el origen del reflejo
se encuentra en receptores cardíacos situados en el ventrículo izquierdo. Multitud de
estudios posteriores delimitan con mayor exactitud los componentes del arco de lo que se
conocerá como reflejo de Bezold-Jarisch y que puede resumirse en la siguiente secuencia
2,6,7 : vía aferente : estimulación de mecanoceptores de la
porción inferoposterior del ventrículo izquierdo (sobre todo en circunstancias de
disminución del volumen ventricular y aumento de la contractilidad) * fibras vagales
amielínicas tipo C * núcleo del tracto solitario del bulbo raquídeo.
Vía eferente: aumento del tono vagal e inhibición de la actividad
simpática vasoconstrictora * bradicardia e hipotensión.
En 1932, Sir Thomas Lewis 8 realiza la caracterización clínica y
fisiopatológica del síncope vasodepresor o desmayo común, acuñando el
término de síncope vasovagal, pues «la combinación de efectos vagales y
vasomotores deberían justificar totalmente el término vasovagal», aunque matiza
que «la causa del síncope es principalmente vasomotora y no vagal; aunque el vago
acrecienta el cuadro clínico induciendo enlentecimiento conspicuo del corazón y
manifestaciones gástricas». Lewis reconoce como desencadenantes tradicionales del
síncope el dolor, el estrés emocional y la instrumentación médica,
aunque posteriormente se han reconocido desencadenantes de muy diversa índole 6,7
. En 1941, el propio Jarisch sugiere la existencia de relación entre el síncope
vasovagal y el reflejo de Bezold-Jarish 9 . Muchos datos posteriores han ido completando
el mosaico de la fisiopatología de este tipo de síncopes, incluyendo posibles
variantes en el mecanismo aferente que incluyan receptores extracardíacos y del sistema
nervioso central, cuya enumeración se aleja del propósito de esta controversia y que
han sido revisados en diferentes publicaciones 2,6,7,10-13 .
Así pues, los conocimientos sobre la clínica y los aspectos fisiopatológicos
esenciales del síncope vasovagal típico no son recientes. Hasta hace unos pocos
años, el síncope vasovagal era considerado un proceso benigno a cuyo
diagnóstico se llegaba, fundamentalmente, ante una anamnesis sugerente y tras la
exclusión de otras posibles causas. No obstante, siempre se ha echado en falta, incluso hoy
día, la posibilidad de realizar un diagnóstico positivo, ya que no se ha encontrado
ningún procedimiento diagnóstico de confirmación.
Las pruebas de basculación se han utilizado, con fines de investigación, desde los
años 40 14-19 y desde entonces se conoce la posibilidad de provocar
síncopes vasovagales durante la basculación, tanto en sujetos predispuestos como en
sujetos aparentemente normales. A mediados de los años 80, dos grupos de trabajo procedentes
del Westminster Hospital de Londres 2,20-22 y de la Cleveland Clinic 23,24 ,
ante el bajo rendimiento diagnóstico de los protocolos empleados para el diagnóstico
del síncope, deciden incluir las pruebas de basculación en dichos protocolos,
observando que un elevado porcentaje de pacientes con síncope de causa desconocida
experimentan episodios sincopales o presincopales durante dichas pruebas. En estos trabajos
iniciales se hace hincapié en la utilidad de la tabla basculante para descubrir cuadros
sincopales de origen vasovagal y de presentación clínica atípica (ausencia de
desencadenantes y de pródromos, escaso cortejo vegetativo, etc.) difíciles de
sospechar por la historia clínica. La amplia utilización posterior de las pruebas de
basculación ha permitido observar reacciones de bradicardia-hipotensión refleja en
enfermedades aparentemente distantes del síncope vasovagal, como la enfermedad del nodo
sinusal, el síndrome del seno carotídeo, los síncopes situacionales, la
hipotensión ortostática, el síncope postesfuerzo e incluso el síndrome
de fatiga crónica 10,25-29 . Todos estos cuadros, de los que se piensa comparten
algunos mecanismos fisiopatológicos especialmente el asa eferente y que tienen
en común que ofrecen un resultado positivo en las pruebas de basculación, se han ido
englobando bajo la denominación de síncopes neurocardiogénicos o
cardioneurogénicos 10-13,30 . Recientemente, un documento de expertos del ACC ha
preferido denominarlos síndromes sincopales mediados neuralmente 30 ,
mientras que Kapoor, en un conocido texto de cardiología, los engloba bajo el término
síndromes de inestabilidad vasomotora mediada por reflejos 12 .
PROBLEMÁTICA DE LAS PRUEBAS DE BASCULACIÓN
Metódica
Como se ha comentado, las series iniciales de basculación observaron un elevado porcentaje
de episodios sincopales al someter a la prueba a pacientes con síncope de causa desconocida.
En un intento de mejorar la sensibilidad, Almqvist et al, en 1989, propusieron la
utilización del isoproterenol 31 . Desde entonces, se han publicado un gran
número de estudios sobre la utilización de las pruebas de basculación en
controles y en el diagnóstico del síncope. Algunas de ellas se encuentran recogidas
en la tabla 1 19,21,31-42 . Como se observa en dicha tabla, existen casi tantas
metódicas como grupos de trabajo: la inclinación de la tabla basculante oscila entre
40 y 90°; la duración del test, entre 1 y 60 minutos; la utilización del
isoproterenol es variable y, cuando se utiliza, las dosis no son homogéneas. Tampoco la
definición de respuesta positiva ha sido uniforme en todas las series. Más
aún, algunos grupos han preconizado el uso de distintos fármacos, como la
nitroglicerina 43,44 , el edofronio 45 o la supresión de esmolol
46 , cuyo uso dista de estar estandarizado. El gran número de variantes
metodológicas para la realización de las pruebas de basculación conlleva una
gran variabilidad de resultados y la consiguiente dificultad para comparar los obtenidos por
distintos investigadores. Recientemente, el ACC ha emitido, en forma de documento de consenso
30 , unas recomendaciones para la realización estandarizada de estas pruebas de
provocación.
Sensibilidad
La sensibilidad de las pruebas de basculación debería definirse como la
proporción de aquellos pacientes con síncope vasovagal conocido que presentan una
prueba positiva 47 . Conocer esta proporción es harto difícil, puesto que
no disponemos de un «patrón oro» para el diagnóstico de este tipo de
síncopes. De hecho, existe la opinión de que lo más próximo a un
«patrón oro» disponible en la actualidad son, precisamente, las pruebas de
basculación 30 . Pero para conocer la sensibilidad de éstas, el
único que puede ser utilizado es el diagnóstico basado en los criterios
clínicos clásicos. Existen pocos estudios clínicos sobre el resultado de
pruebas de tabla basculante en pacientes con síncope vasovagal típico; en ellos, la
sensibilidad oscila entre el 20 y el 83% 36,48-50 . En nuestro medio, Moya et al
50 encontraron una tasa del 75% de pruebas positivas entre pacientes con sospecha
clínica de síncope vasovagal, frente a un 37,5% en pacientes con síncope de
causa desconocida y de presentación brusca.
En la tabla 1 se exponen los porcentajes de pruebas positivas en distintas series de pacientes con
síncope de causa desconocida, que oscilan entre el 27 y el 80%. Como puede verse en la tabla
1, la proporción de pruebas positivas tiende a aumentar con su duración, con el grado
de inclinación de la tabla y con el uso y la dosis de isoproterenol. Depende, pues, en gran
parte de la metodología empleada. Estos porcentajes son frecuentemente referidos como
sensibilidad de la prueba, lo que es erróneo puesto que no existe una referencia
estándar para el diagnóstico de síncope vasovagal, vasodepresor o
neurocardiogénico 30,47 . Este hecho no desdice de la utilidad de la
prueba para descubrir a sujetos propensos a presentar este tipo de síncopes.
Un problema añadido sobreviene, a nuestro juicio, al engoblar bajo un mismo epígrafe
el de síncope neurocardiogénico distintos cuadros sincopales que, si bien
probablemente comparten una vía final común (el asa eferente del reflejo, que produce
bradicardia e hipotensión), nacen de distintos mecanismos aferentes. Cabe la posibilidad de
que la sensibilidad de las pruebas de basculación sea distinta para las diferentes subformas
del síndrome, por lo que la falta de homogeneidad de las series podría confundir los
resultados.
Especificidad
La proporción de sujetos sin la enfermedad en quienes el resultado de la prueba es negativo
define la especificidad de la prueba. De los resultados obtenidos en controles y en pacientes con
síncope de causa conocida y distinta al síncope vasovagal (tabla 1) se han estimado
especificidades entre el 100 y el 44%, dependiendo esta variación en gran parte de factores
metodológicos. Así, del mismo modo que inclinaciones de la tabla por debajo de
60° hacen disminuir la «sensibilidad» 36 , valores por encima de 70°
pueden hacer descender la especificidad, especialmente si se utiliza isoproterenol 42,47
. El uso de éste, sobre todo a dosis elevadas, parece ejercer el mismo efecto
37,42,47 . En la serie de controles publicada por Natale et al 42 los
estudios a 60 y 70° sin isoproterenol y a 70° con dosis bajas de isoproterenol (guiadas
por el incremento en la frecuencia cardíaca) presentaron una especificidad entre el 92 y el
96%. El soporte pélvico (sillín) en la tabla puede hacer que descienda la
especificidad hasta el 33% 36 . También la manipulación y la
instrumentación vascular pueden hacer disminuir la especificidad 18,51,52 . Por
otra parte, algunos autores han señalado que la susceptibilidad a las pruebas de
basculación puede depender de la edad del sujeto, siendo los ancianos 53,54 y los
jóvenes 36 menos susceptibles a las reacciones sincopales.
Así pues, de nuevo se hace necesaria cierta unificación de la metodología para
poder analizar con ciertas garantías los resultados.
Un problema adicional para la determinación de la especificidad viene nuevamente de la mano
de la incapacidad actual para detectar positivamente, antes de la realización de la prueba
de basculación, a los sujetos predispuestos a padecer síncopes vasovagales y que
podrían ser incluidos en estudios de controles antes de presentar episodios clínicos
de síncope 47 .
Reproducibilidad
Diversos grupos han estudiado la reproducibilidad a corto y medio plazo de los resultados en las
pruebas en mesa basculante 32,35,41,55-62 . En la tabla 2 se exponen los resultados de
algunas de estas series. Aunque la concordancia general de los resultados es relativamente buena,
llama la atención el hecho de que los resultados negativos son, excepto en la serie de Grubb
et al 56 , francamente más reproducibles (84-94%) que los resultados positivos
(31-92%). En la serie de de Buitleir et al 57 , el 86% de los resultados no
reproducibles en la segunda prueba fueron resultados inicialmente positivos. Es interesante
destacar que en la serie de Brooks et al 58 los resultados positivos reproducibles
correspondieron a pacientes con un tiempo de evolución más prolongado y con mayor
número de episodios sincopales en sus antecedentes.
Algunos autores 63,64 , en estudios que han utilizado seriadamente las pruebas de
basculación para seleccionar el tratamiento, han destacado el hecho de la aparente
disminución de resultados positivos con el tiempo, disminución que es independiente
de la intervención terapéutica sobre los pacientes. Como comentaremos posteriormente,
un hecho similar se ha observado en los estudios de seguimiento de pacientes con síncope,
tras una prueba de basculación positiva.
Indudablemente, la reproducibilidad en especial de los resultados positivos de una
prueba que va a ser utilizada como método de selección de un tratamiento es un
elemento crítico. Si el resultado negativo en un segundo estudio, tras administrar
tratamiento, va a considerarse como prueba de efecto terapéutico beneficioso debe tenerse un
elevado índice de certeza de que los resultados positivos son reproducibles.
TRATAMIENTO DEL SÍNCOPE VASOVAGAL
Selección de los pacientes
El síncope vasovagal es una de las formas de síncope más frecuentes en la
población general 6,7 , si bien su incidencia real es desconocida. Esto se debe,
fundamentalmente, a la ausencia de estudios epidemiológicos, al amplio espectro
clínico del síndrome, que hace difícil su definición concreta, a la
ausencia de criterios positivos de diagnóstico y, probablemente, al hecho de que las formas
típicas de presentación aislada frecuentemente catalogadas como
lipotimias tanto por médicos como por pacientes no lleven al paciente a la
búsqueda de atención médica y sean infracomunicadas en las encuestas. Los
pacientes con formas típicas de síncope vasovagal (existencia de desencadenantes
conocidos, pródromos, cortejo vegetativo, etc.) de presentación clínica
esporádica no suelen consultar por este problema, salvo cuando los episodios se hacen muy
frecuentes o especialmente intensos. En el otro extremo del espectro se encuentran los pacientes
con síncope de presentación brusca, sin desencadenantes ni manifestaciones
prodrómicas, asociado muchas veces a lesión corporal durante el episodio sincopal.
Estos casos suelen ser estudiados en centros especializados y es en este grupo en el que las
pruebas con tabla basculante han demostrado tener una mayor utilidad diagnóstica. El grupo
del Westminster Hospital denominó a estos cuadros como síncope vasovagal
maligno 2 , término que con los años ha ido cayendo en desuso. Las
implicaciones terapéuticas en unos casos y en otros son bien distintas, por lo que la forma
de presentación clínica, la frecuencia de los episodios y la gravedad de las
consecuencias deberían tenerse en cuenta a la hora de decidir qué pacientes deben ser
tratados, hechos que no se han tenido presentes en muchos ensayos terapéuticos publicados.
Por otra parte, la historia natural del síncope vasovagal tampoco es bien conocida. Se
sospecha que su presentación clínica ocurre en forma de episodios arracimados con
intervalos más o menos prolongados libres de síntomas, pero no existen, hasta la
fecha, estudios concluyentes al respecto. De confirmarse este hecho, debería ser tenido en
cuenta en el diseño de ensayos terapéuticos. Las recurrencias tras el
diagnóstico en pacientes no tratados han sido poco estudiadas. Recientemente, algunos
autores han encarado este tema, encontrando tasas de recurrencia muy variables, entre el 67% en un
seguimiento medio de 2,8 años y el 8,9% en un seguimiento medio de 16 meses, probablemente
debido a la falta de homogeneidad de las series 65-68 . No obstante, algunos hallazgos
merecen ser destacados: a) la recurrencia sincopal tras la prueba basculante
diagnóstica es infrecuente, con una probabilidad acumulada (Kaplan-Meier) de estar libre de
episodios sincopales al año entre el 72 y el 93% 66,68 ;
b) las recurrencias suelen ocurrir en los primeros meses 67 ; c) la
mayoría de pacientes con recidivas sintomáticas (78%) no experimentan síncope,
sino episodios presincopales 67 ; d) los datos anteriores hacen pensar que el
simple encuentro clínico en el que se establece el diagnóstico tiene efectos
terapéuticos, probablemente debidos a la reafirmación del paciente al conocer el buen
pronóstico de su enfermedad y al aprendizaje de maniobras elusivas del síncope
66,67 , y e) el riesgo de recurrencias puede determinarse de forma sencilla,
antes de las pruebas en tabla basculante, utilizando datos de la historia clínica, siendo el
número previo de episodios sincopales, su frecuencia y la duración de la historia
sincopal los mejores predictores de recurrencia 66,67 . En el estudio de Sheldon et al
66 se comprobó que, aunque el riesgo de recurrencia siempre aumenta con el
número previo de episodios sincopales, la tasa de aumento es mucho mayor si los
síntomas previos ocurrieron en un corto período de tiempo. Entre los pacientes de
Natale et al 67 , los mejores predictores de recurrencia fueron una historia previa de
más de 10 episodios sincopales y una frecuencia superior a 2 síncopes mensuales.
Todos estos datos de la historia natural deberían tenerse en cuenta al analizar o
diseñar estudios terapéuticos, dado que, si los resultados inmediatos obtenidos
mediante pruebas de basculación seriadas pueden estar sesgados por la reproducibilidad de
éstas, los resultados obtenidos del seguimiento de los pacientes pueden estar confundidos
por variaciones no bien conocidas de la historia natural. Urge, pues, la realización de
estudios a gran escala de seguimiento y reproducibilidad de los hallazgos clínicos en estos
pacientes que permitan, por un lado, sentar los criterios de identificación de pacientes
propensos a la recurrencia y susceptibles de ser tratados y, por otro, conocer los detalles de la
historia natural que podrían confundir los resultados de los ensayos terapéuticos.
Selección del tratamiento
La bibliografía acerca del tratamiento del síncope vasovagal o
neurocardiogénico es abundantísima, en especial en los últimos años. Se
han propuesto, esencialmente, dos tipos de tratamiento: con marcapasos y farmacológico. La
utilidad de los marcapasos en estos pacientes ha sido muy controvertida. Algunos autores han
defendido su uso 46,69-71 , mientras otros han comunicado su inutilidad 72,73
, aunque parece que, en general, la efectividad de la implantación de marcapasos es muy
cuestionable 74,75 . Entre los fármacos ensayados para el tratamiento de estos
síncopes encontramos grupos muy diversos: betabloqueantes 35,46,65,70,72,76-85 ,
escopolamina 35,76,78,86 , etilefrina 35 , seudoefedrina 87 ,
efedrina 65 , teofilina 65,72 , disopiramida 65,70,72,76,88,89 ,
clonidina 78 , corticoides 46,76,79,80 , fluoxetina 90 ,
sertralina 91 , metilfenidato 92 , etc. En general, estos ensayos tienen
algunas características comunes: a) se tratan grupos reducidos de pacientes;
b) la selección de tratamiento se hace generalmente por la respuesta en pruebas de
basculación; c) la efectividad del tratamiento se define en muchos casos por la
negativización de la prueba de basculación; d) son ensayos no controlados, es
decir, no existe grupo placebo, no suelen ser aleatorizados, ciegos, ni hay estudio de
supresión de tratamiento;
e) se concluye que el fármaco ensayado es efectivo, y f) si hay estudio
de seguimiento de los pacientes las tasas de recurrencia son similares a las descritas, en otros
estudios, en pacientes sin tratamiento (como se ha visto anteriormente).
Son pocos los estudios publicados en los que la asignación de tratamiento se realiza de
forma aleatorizada frente a placebo. Brignole et al 93 estudiaron a 30 pacientes con dos
pruebas de basculación positivas, asignando a 15 de ellos a tratamiento con placebo y
tratando a los otros 15 con fármacos elegidos en función de los resultados de pruebas
seriadas de basculación. En un seguimiento medio de 10 ± 7 meses no se observaron
diferencias en la tasa de recurrencias entre ambos grupos (el 20% en los pacientes tratados y el
27% en el grupo placebo). La probabilidad actuarial de encontrarse libre de síntomas a los
20 meses fue del 70% en los tratados y del 67% en el grupo placebo. Estos autores encuentran
incierta la utilidad de las pruebas de basculación para la selección de tratamiento.
Morillo et al 63 estudiaron a 22 pacientes con 2 pruebas de basculación
positivas, sometiendo a 11 a tratamiento con disopiramida y a los otros 11 a tratamiento con
placebo. Una primera prueba de basculación con placebo o disopiramida intravenosos fue
positiva en el 75% y el 60%, respectivamente. Tras la administración oral del tratamiento
asignado, una nueva prueba de basculación fue positiva en el 18% del grupo placebo y en el
27% de los tratados con disopiramida. Estos autores destacan el hecho de la disminución en
el tiempo de la incidencia de pruebas positivas, independientemente de la intervención.
También las recurrencias en el seguimiento fueron infrecuentes de forma independiente al
tratamiento asignado. En nuestro medio, Moya et al 64 se cuestionan, en un elegante
trabajo, la utilidad de las pruebas de basculación para la selección de tratamiento.
En su estudio analizan en 30 pacientes, mediante pruebas de basculación seriadas y de forma
aleatorizada, cruzada y a doble ciego, los efectos de la etilefrina frente a placebo. La tasa de
pruebas negativas con tratamiento fue del 43%, frente al 50% de las pruebas con placebo. Pero el
hallazgo tal vez más interesante de su estudio es también la disminución de la
tasa de positivos con el tiempo, independiente del grupo de tratamiento. Así, la primera
prueba fue positiva en los 30 pacientes, la segunda, en 20 y la tercera, en tan sólo 12
pacientes. Estos hallazgos cuestionan la reproducibilidad de las pruebas de basculación y
destacan la necesidad de estudios controlados a gran escala 64 . Otros estudios han
comunicado la aparente falta de efectividad frente al placebo de la escopolamina, usando como
criterio la negativización de la prueba de basculación 94 , o del
tratamiento con bloqueadores betaadrenérgicos frente a la ausencia de medicación,
tomando como referencia las recurrencias en el seguimiento 95 . Curiosamente, en este
último estudio las recidivas durante el seguimiento fueron más frecuentes en el grupo
tratado (33%) que en el no tratado (28%) 95 . Únicamente Mahanonda et al
96 han encontrado una mayor efectividad del atenolol frente al placebo, referida a un
mes de seguimiento, tras el cual los pacientes tratados con atenolol referían,
subjetivamente, «encontrarse mejor».
Así pues, los escasos estudios controlados existentes ponen en duda tanto la utilidad de las
pruebas de basculación para guiar el tratamiento como la efectividad de los tratamientos
ensayados. Son necesarios estudios bien diseñados, con un elevado número de
pacientes, para ir conociendo todas estas lagunas que hemos comentado. Los estudios VASIS
97,98 intentarán cubrir parte de este conocimiento, aunque sus resultados
aún pueden tardar unos años en ver la luz.
CONCLUSIONES
Desde la sistematización inicial llevada a cabo por Lewis en 1932 se ha avanzado ampliamente
en el conocimiento del síncope vasovagal. No obstante, aún persisten lagunas
críticas en el conocimiento de este síndrome que afectan, de manera fundamental, al
enfoque terapéutico de los pacientes. Así, no existen datos suficientes que permitan
conocer la historia natural del proceso y, por tanto, se desconocen los marcadores útiles
para identificar a los pacientes que puedan precisar un tratamiento específico o que
podrían beneficiarse de él. No existe tampoco una prueba diagnóstica con una
relación sensibilidad/especificidad suficiente como para poder disponer de un
«patrón oro» en el diagnóstico del síncope vasovagal. Aunque las
pruebas de basculación pueden suponer una valiosa ayuda para el diagnóstico, su
sensibilidad es, actualmente, desconocida. Los datos disponibles sobre la reproducibilidad de las
pruebas de basculación son escasos y, a veces, contradictorios, en especial en cuanto a las
pruebas con resultado positivo. La escasa reproducibilidad de los resultados positivos encontrada
en varios estudios lastraría enormemente, de confirmarse, la utilidad de las pruebas de
basculación seriadas para la selección del tratamiento. Por último, no existen
evidencias hasta el momento de la existencia de un tratamiento efectivo del síncope
vasovagal ni de la superioridad de un enfoque determinado en la selección de éste.
En resumen, el hecho no es que las pruebas de basculación no sea útiles o necesarias
para la selección del tratamiento en el síncope vasovagal, sino que no existen
evidencias de que lo sean.
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