INTRODUCCIÓN
En el paciente con insuficiencia cardíaca terminal, el
trasplante cardíaco es la única opción terapéutica disponible en la
actualidad que ha demostrado poseer un impacto positivo de gran magnitud sobre la supervivencia.
Por ello, en los países que disponen de cierto nivel económico, se ha extendido y
generalizado su uso, considerándose el tratamiento de elección ante
cardiopatías evolucionadas en situación funcional avanzada, no mejorables de forma
suficiente con otros procedimientos médicos y/o quirúrgicos.
RESULTADOS EN EL ÁMBITO NACIONAL DEL TRASPLANTE
CARDÍACO Y CARDIOPULMONAR
En España, el primer trasplante cardíaco con
éxito se realizó en mayo de 1984. Desde entonces el número de procedimientos
ha ido incrementándose de tal forma que, en 1997 se realizaron 318 trasplantes,
alcanzándose la cifra global de 2.406. Esta cifra tiene tendencia a ir
incrementándose con los años; así, en 1998 se realizaron 349 trasplantes en 14
centros distribuidos por la geografía nacional.
El sistema de coordinación nacional y local ha hecho posible
incrementar el número de donantes para poder realizar más trasplantes. No obstante,
no existen suficientes órganos para todos los pacientes que los necesitan; por ello, pese a
tener unos criterios de selección de los receptores más bien estrictos, sólo
se trasplantan al año el 80% de los pacientes que se incluyen en lista de espera.
En nuestro medio, la cardiopatía que con más frecuencia
motiva el trasplante de los pacientes es la cardiopatía isquémica (42%). El segundo
lugar lo ocupa la miocardiopatía dilatada idiopática (34%) y las valvulopatías
(11%). El resto de indicaciones son muy variadas, encontrando, en porcentaje relativo y por orden
de frecuencia decreciente, a las cardiopatías congénitas, miocardiopatía
hipertrófica, miocardiopatía dilatada alcohólica, miocardiopatía
restrictiva idiopática y miocarditis como más frecuentes.
Existe una gran disparidad en el sexo del paciente trasplantado, la
mayoría son varones (84%) con edad media de 48 ± 16 años.
En ocasiones, los pacientes tienen tal situación
clínica y/o presentan un deterioro físico tan rápido que obliga a intentar
trasplantarlos con extrema urgencia. Ello implica que, tras la aparición de un órgano
compatible en cualquier zona del territorio nacional, tengan preferencia para realizarles el
trasplante antes que a cualquier paciente incluido previamente en la lista, pero en
situación más «estable». Esta situación no es, ni mucho menos,
infrecuente. El porcentaje de pacientes trasplantados de forma urgente en nuestro país
oscila entre el 20 y el 25%.
El trasplante cardíaco es un procedimiento que lleva consigo
una mortalidad elevada, probablemente mayor que las técnicas quirúrgicas
cardíacas convencionales. No obstante, sus resultados son espectaculares, siendo capaz de
mantener vivo a la mayoría de pacientes a corto y medio plazo que, por otra parte,
tendrían un pronóstico fatal de necesidad. El período de «máximo
riesgo» es el primer mes, en el que la supervivencia desciende bruscamente al 85%.
Posteriormente, existe un descenso más gradual de tal forma que el 75% de pacientes
están vivos al año y el 60% a los 5 años. La vida media, es decir, el momento
en el que la supervivencia es del 50% está en 8 años y 6 meses. No obstante,
éstos son datos globales, que incluyen todos los períodos desde que se inició
el trasplante y todos los tipos de trasplante (cardiopulmonar, retrasplante, neonatos, trasplantes
heterotópicos y urgentes), sea cual sea el riesgo de éste. Actualmente, y para el
trasplante cardíaco «estándar», la supervivencia es mucho mayor.
En la etapa precoz, la causa más frecuente de mortalidad es el
fallo primario del injerto, seguido de infección y fallo multiorgánico. El fallo
primario del injerto es una situación de etiología multifactorial en la que existe
una imposibilidad del corazón recién implantado para mantener un gasto
cardíaco adecuado. El fallo multiorgánico es la consecuencia de complicaciones que
acaban por producir un fracaso de varios órganos o sistemas a la vez. En el primer
año, las causas más frecuentes de mortalidad son el rechazo y la infección.
A largo plazo, las dos causas que producen el fallecimiento de los
pacientes trasplantados con más frecuencia son la enfermedad vascular del injerto, que
consiste en un estrechamiento rápidamente progresivo de las arterias coronarias, y las
neoplasias.
No todos los factores, prequirúrgicos, quirúrgicos y
posquirúrgicos, que existen en un trasplante influyen en el mismo grado sobre el
éxito o fracaso del procedimiento. De hecho, se han identificado una serie de condiciones
que afectan de manera negativa a la supervivencia 1 .
La experiencia con el trasplante cardiopulmonar en nuestro
país es todavía muy limitada. Ello se debe a que el número de procedimientos
no es elevado. Los problemas principales son: dificultad para conseguir donantes adecuados,
problemas técnicos quirúrgicos y alta incidencia de complicaciones a medio y largo
plazo. El número total de trasplantes cardiopulmonares realizados hasta el 31 de diciembre
de 1998 es de 24.
RESULTADOS EN EL ÁMBITO MUNDIAL DEL TRASPLANTE CARDÍACO
Y CARDIOPULMONAR
De los registros internacionales, el que goza de más prestigio
es el Registro de la Sociedad Internacional de Trasplante Cardíaco y Pulmonar. Se publica
anualmente en el Journal of Heart and Lung Transplantation y es de referencia obligada para
todos los grupos de trasplante 2 .
Este registro recoge los trasplantes realizados desde 1982,
actualizándose cada año. El número de procedimientos que recoge, en la
última publicación, es de 45.993 trasplantes cardíacos realizados en 301
centros y 2.428 trasplantes cardiopulmonares de 122 hospitales.
El número de trasplantes cardíacos ha ido
incrementándose desde el inicio, alcanzándose aproximadamente los 4.000 trasplantes
anuales; no obstante, desde 1995 está experimentando un ligero, aunque progresivo descenso,
de tal forma que en 1997 se realizaron 3.471.
La patología cardíaca que motivó el trasplante
con más frecuencia es la miocardiopatía (46%), seguida de la cardiopatía
isquémica (45%) y las valvulopatías (4%). Es importante tener en cuenta que este
registro no es comparable con el español y que no es tan homogéneo, ya que no incluye
todos los centros que realizan trasplantes, sino los que voluntariamente les envían sus
datos.
La mayoría de pacientes trasplantados están entre 18 y
65 años, fuera de estas edades, el trasplante es menos frecuente. La supervivencia anual que
se presenta en este registro es del 80% al año, del 65% a los 5 años y del 45% a los
10 años. La vida media es de 8 años y 7 meses. El 90% de los supervivientes
permanecen en buena clase funcional y sin limitaciones en su vida diaria.
El trasplante cardiopulmonar también experimentó un
importante incremento inicial. El año que se realizaron más trasplantes de este tipo
fue en 1990, con 241. A partir de aquí, fue descendiendo el número de procedimientos;
en 1997 se realizaron 151.
Las dos patologías que indican el trasplante cardiopulmonar
con más frecuencia es la cardiopatía congénita (28%) y la hipertensión
pulmonar primaria (26%).
Como en el resto de trasplantes, las causas de muerte suelen variar
según el tiempo que ha transcurrido desde el trasplante. Así, en el primer mes suelen
ser muertes súbitas, infecciones y hemorragias masivas relacionadas con la
intervención. En el primer año, infecciones, hemorragias y rechazo. A partir del
año, bronquiolitis e infecciones.
2. INDICACIONES DEL TRASPLANTE CARDÍACO ORTOTÓPICO Y DE
TRASPLANTE CORAZÓN-PULMÓN
TRASPLANTE CARDÍACO ORTOTÓPICO
La indicación de trasplante cardíaco (TC) es una
cardiopatía grave en situación terminal, sin otra opción terapéutica
posible y sin contraindicaciones para el mismo.
La mejoría en el pronóstico de la insuficiencia
cardíaca tras un tratamiento médico adecuado y la limitada fuente de donantes hacen
que los criterios de selección de pacientes para TC tengan como objetivo primordial
identificar a aquellos pacientes con la mayor necesidad de TC y que, además, tengan el
máximo beneficio con la realización del mismo 2,3 .
Aunque no se pueden imponer unos criterios homogéneos de
selección del receptor, dado que el número de donantes es limitado, se hace
imprescindible un consenso entre todos los grupos de trasplante para evitar disfunciones del
sistema.
La evaluación tiene como objetivos básicos
4-8 :
1
. Confirmar la gravedad de la cardiopatía.
2
. Descartar otras terapias posibles: a)
revascularización de isquemia significativa reversible; b) reemplazo valvular de
valvulopatía aórtica crítica, y c) reemplazo valvular o
reparación de regurgitación mitral severa.
3
. Verificar la ausencia de contraindicaciones.
4
. Estimar el pronóstico a corto plazo, que ayude a decidir en
qué momento el paciente debe ser incluido en lista de espera para TC.
Una vez que la necesidad de TC ha sido establecida, deberán de
ser excluidas aquellas condiciones que incrementen la morbimortalidad post-TC. Muchas de ellas se
podrían considerar como una variable continua y a veces es difícil establecer el
punto en el que la supervivencia post-TC se ve afectada negativamente.
De forma general serían contraindicaciones absolutas:
1
. Enfermedades que pudieran acortar la esperanza de vida.
2
. Pacientes con adicción actual al alcohol, tabaco o drogas.
3
. Demostrado mal cumplimiento del tratamiento médico.
No obstante, actualmente no suele hablarse de contraindicaciones
absolutas ni relativas sino de «condiciones que aumentan la morbimortalidad tras el TC»
(tabla 1).
Las cardiopatías inflamatorias son una contraindicación
relativa. Aunque un subgrupo de pacientes con miocarditis o miocardiopatía periparto mejora
la función ventricular, se desconoce la duración en la que se puede esperar dicha
mejoría antes de decidir incluir a estos pacientes en lista de TC. Además, en el caso
de miocarditis aguda se sabe que existe un aumento de riesgo en el número de rechazos tras
el TC que pueden acortar la supervivencia. Las cardiopatías infiltrativas como la
sarcoidosis y la amiloidosis pueden recurrir en el corazón trasplantado y las
manifestaciones sistémicas de dichas enfermedades pueden limitar la recuperación
funcional y la supervivencia a largo plazo. En el caso de la amiloidosis, en la actualidad puede
decirse que el TC es una terapia experimental y paliativa 9-11 . En ambas entidades, no
obstante, la experiencia mundial es tan limitada que impide establecer recomendaciones taxativas
12 .
La hipertensión pulmonar es una causa importante de
morbimortalidad post-TC por el riesgo de fracaso del ventrículo derecho (ya que el
ventrículo derecho de un donante sano no está preparado para soportar presiones
pulmonares elevadas) y disfunción precoz del injerto. Por encima de 2,5 unidades Wood ya se
considera un factor de riesgo de mortalidad y que aumenta progresivamente. La mayoría de los
centros excluyen a los pacientes con una resistencia vascular pulmonar tras el estudio de
reversibilidad superior a 4 o 6 unidades Wood o un gradiente transpulmonar mayor de 15. Para
determinar dicha reversibilidad se utilizan distintos protocolos con vasodilatadores pulmonares e
inotrópicos incluyendo oxígeno, óxido nítrico inhalado, nitroprusiato,
milrinona, adenosina o prostaciclina.
La función pulmonar deberá ser valorada tras un
adecuado tratamiento del edema pulmonar, ya que puede alterar los resultados de los estudios de
función pulmonar. Una enfermedad obstructiva crónica significativa, con un volumen
expiratorio forzado < 50% del predicho aumenta el riesgo de complicaciones pulmonares tras el
TC. La presencia de bronquitis crónica y bronquiectasias aumenta el riesgo de complicaciones
infecciosas tras el TC. El embolismo pulmonar y/o infarto pulmonar aumentan el riesgo de
neumonía o fístula bronquiopleural.
La úlcera péptica activa es una contraindicación
temporal para el TC por la anticoagulación requerida para la circulación
extracorpórea. Los antecedentes de diverticulitis recurrente y las colecistitis aumentan el
riesgo de infecciones intraabdominales severas, a menudo fatales. La exposición previa al
virus de la hepatitis C en el receptor aumenta el riesgo de hepatopatía tras el TC pero
en la experiencia conocida no parece afectar a la supervivencia global.
La disfunción renal en pacientes con insuficiencia
cardíaca puede deberse a hipoperfusión, tratamiento médico o enfermedad renal
parenquimatosa. Es necesario definir la etiología y reversibilidad de la disfunción
renal antes de contraindicar el TC y/o indicar un trasplante renal asociado. En este sentido, el
tratamiento corto con dopamina a bajas dosis u otro inotrópico positivo puede identificar a
pacientes con insuficiencia renal por hipoperfusión. La ecografía renal en la que se
observen unos riñones de pequeño tamaño sugiere enfermedad intrínseca
renal crónica.
La diabetes mellitus era en el pasado una contraindicación
absoluta de TC, pero en la actualidad la mayoría de los programas de TC excluyen
únicamente a los pacientes diabéticos con evidencia de disfunción de
«órganos diana», es decir, retinopatía, nefropatía y
neuropatía.
Las infecciones bacterianas suponen una complicación grave
tras el TC, por lo que éste debería evitarse en pacientes con infección aguda.
La presencia de neoplasias es una contraindicación por el
riesgo de progresión tumoral con la inmunosupresión. Se desconoce el efecto de la
inmunosupresión sobre neoplasias «teóricamente curadas» y algunos centros
recomiendan de forma intuitiva un período mayor de 5 años antes del TC
13 . No obstante, dado que por ahora la experiencia es escasa, cada paciente
debería ser considerado de forma individual.
Los tumores cardíacos primarios son una entidad rara y aunque
se han comunicado casos con éxito, la mayoría fallecen a medio plazo tras el
trasplante por diseminación metastásica, por lo que la indicación
deberá ser muy cautelosa 14-16 .
La presencia de enfermedad carotídea o vascular
periférica aumenta el riesgo intraoperatorio de accidentes vasculares cerebrales y
complicaciones en la inserción de balón intraaórtico de
contrapulsación. Además, probablemente los efectos aterogénicos de los
esteroides podrían acelerar la progresión de la arteriosclerosis con sus riesgos
asociados.
La obesidad aumenta la morbimortalidad post-TC y hace difícil
a veces la concordancia de peso/superficie corporal con el donante, lo que puede ser un factor de
riesgo de enfermedad vascular del injerto. Se considera que un peso superior al 150% del ideal es
un factor de riesgo de complicaciones post-TC.
La osteoporosis puede verse acelerada tras el tratamiento con
esteroides post-TC y puede limitar de forma significativa la capacidad funcional.
Los factores psicológicos y sociales desempeñan un
papel crucial en el éxito del TC a largo plazo. Se deberá descartar la presencia de
enfermedad mental o drogadicción y cualquier aspecto que predisponga a un mal cumplimiento
del tratamiento y que pudiera aumentar la mortalidad.
La edad avanzada es un factor de riesgo de morbimortalidad tras el
TC, pero el establecer un límite de edad que lo contraindique es un tema de debate.
Dificultades adicionales son la frecuente disparidad entre la edad cronológica y
fisiológica y que muchas veces la morbimortalidad asociada con la edad se debe a la
presencia concomitante de otras condiciones comórbidas que son conocidos factores de riesgo
de complicaciones post-TC y cuya prevalencia aumenta con la edad. Por ello, en muchos centros que
de forma individualizada han incluido pacientes de edad superior a 60-65 años, pero con
ausencia de otras contraindicaciones relativas, se ha visto que los resultados son superponibles a
la serie global de pacientes. Por otra parte, a medida que se amplía la edad del receptor
aumenta el número de potenciales receptores para TC. Por tanto, aunque no existe base
científica que contraindique el TC exclusivamente por la edad, el limitado número de
donantes disponible recomienda a los centros de trasplante el establecer un límite no
superior a los 65 años.
DETERMINAR EL MOMENTO DE INCLUSION EN LISTA DE ESPERA DE TRASPLANTE
CARDIACO
Determinar cuándo la cardiopatía está en
situación «terminal» es difícil de definir exactamente pero, en general,
se refiere a una enfermedad cardíaca en clase funcional IV de la New York Hearth Association
(NYHA) a pesar de tratamiento médico óptimo y con una meticulosa
monitorización del peso, estado general, electrólitos y función renal. De
hecho, muchos centros de trasplante han encontrado que entre un 30 y un 50% de los pacientes
remitidos para TC, tras tratamiento agresivo de la insuficiencia cardíaca pueden ser
estabilizados o incluso hacer regresar su situación de insuficiencia cardíaca.
Todos los pacientes evaluados para TC deberán tener una
limitación importante de la capacidad funcional. Sin embargo, aun en presencia de una
disfunción cardíaca avanzada, pueden existir otras causas de disnea de esfuerzo, como
enfermedad pulmonar o muscular, esta última muchas veces en relación con el
descondicionamiento muscular motivado por las recomendaciones de minimizar el ejercicio a pacientes
de insuficiencia cardíaca. Para valorar la capacidad funcional de los pacientes se utilizan
la ergometría convencional, el test de los 6 minutos y la ergometría con
análisis directo del intercambio de gases respiratorios, para medir el consumo máximo
de oxígeno. Si el paciente es incapaz de caminar 300 metros en el test de los 6 minutos o si
el consumo máximo de oxígeno es inferior a 10 ml/kg/min, el pronóstico a corto
plazo es malo y debería ser ya incluido en lista de espera de trasplante 17 .
Sin embargo, la utilización del valor del consumo
máximo de oxígeno como valor absoluto tiene potenciales limitaciones, ya que la
capacidad de esfuerzo estimada varía con la edad, el sexo y la superficie corporal. Se ha
visto que cuando el valor del consumo máximo de oxígeno era inferior al 50% del
estimado para su peso, edad y sexo aumentaba la sensibilidad para predecir eventos cardíacos
como muerte súbita o ingresos hospitalarios por descompensación de IC.
Además, como en todos los tests funcionales, las
determinaciones seriadas ayudan a identificar a aquellos pacientes que mejoran tras tratamiento
médico y/o programas de rehabilitación o se deterioran mientras están en lista
de espera.
Los criterios que se utilizan para decidir el momento de
inclusión en lista de espera se basan en los propuestos por la Conferencia de Bethesda sobre
TC y quedan recogidos en la tabla 2.
CRITERIOS DE PRIORIZACION
Trasplante cardíaco urgente
Pacientes con retrasplante por fallo primario del injerto en el
período inicial.
Pacientes en situación de shock cardiogénico y con
balón intraaórtico de contrapulsación y/o ventilación mecánica
y/o asistencia mecánica circulatoria.
Pacientes con arritmias malignas incontroladas
«situación de tormenta arritmogénica».
Trasplante cardíaco electivo
Todos los pacientes en lista de espera que no cumplan los criterios
anteriores.
TRASPLANTE DE CORAZÓN Y PULMÓN
Las indicaciones de trasplante de corazón y ambos pulmones
(TCP) han evolucionado con la mejoría en los resultados del trasplante pulmonar, cuyas
indicaciones, por otra parte, tanto de trasplante uni como bipulmonar, están aumentando a
expensas de enfermedades para las que sólo el trasplante cardiopulmonar era una
opción. Además, la creciente demanda de donantes para el TC reduce el número
de bloques corazón-pulmón. Actualmente la necesidad de realizar un TCP viene
determinada por el grado de disfunción cardíaca derecha y/o izquierda, la presencia o
ausencia de enfermedad coronaria severa y la complejidad de la cardiopatía congénita,
en conjunción con enfermedad pulmonar en situación terminal.
Indicaciones 18
Hipertensión pulmonar primaria
Presiones de arteria pulmonar iguales o por encima de dos tercios de
las sistémicas.
Insuficiencia cardíaca derecha severa tras altas dosis de
diuréticos.
Insuficiencia tricuspídea de grados 3 o 4.
Fracción de eyección de ventrículo derecho menor
del 20%.
Síndrome de Eisenmenger
Defecto cardíaco irreparable.
Insuficiencia cardíaca derecha severa.
Enfermedad parenquimatosa pulmonar
Enfermedad pulmonar progresiva con: a) cor pulmonale, o
b) disfunción ventricular izquierda severa secundaria a enfermedad coronaria
avanzada, valvulopatía o miocardiopatía.
3. SELECCIÓN DE DONANTES. CRITERIOS GENERALES DE
ACEPTABILIDAD. EMPAREJAMIENTO DE DONANTE Y RECEPTOR. CRITERIOS DE URGENCIA EN TRASPLANTE
CARDÍACO
Una vez establecido el diagnóstico de muerte encefálica
es prioritaria una valoración clínica completa para establecer la idoneidad del
fallecido como donante de órganos y tejidos.
La valoración del donante de órganos aborda dos temas
fundamentales:
1
. Estudio morfológico y funcional del órgano.
2
. Descartar enfermedades transmisibles del donante.
Para este fin es necesario:
1
. Revisión pormenorizada de la historia clínica.
2
. Exploración clínica detallada.
3
. Estudio analítico, pruebas complementarias y estudios
serológicos.
4
. Evaluar el órgano durante el proceso de extracción.
Entre un 15 y un 35% de los fallecidos en situación de muerte
encefálica se excluyen como potenciales donantes tras la mencionada evaluación. Sin
embargo, debemos recordar que tan importante como la exclusión de estos fallecidos es no
descartar a un donante potencial por desconocimiento de los criterios de aceptación y de las
pruebas diagnósticas que podemos realizar.
Criterios de donante óptimo 19-22
Edad menor de 40 años.
Sin antecedentes de parada cardíaca.
Serología negativa para VIH y hepatitis B.
Sin infección activa o neoplasia con posibilidad de
metástasis.
Sin enfermedad cardíaca o traumatismo cardíaco.
Muy baja probabilidad de enfermedad coronaria.
Función ventricular normal después de normalizar el
volumen intravascular y dopamina < 10 µg/kg/ min.
Compatibilidad ABO con el receptor.
Masa corporal del donante dentro del 25-30% superior o inferior al
receptor.
Si el panel de anticuerpos antilinfocitarios es positivo (>
10-15%) realizar prueba cruzada donante-receptor («crossmatch»).
Tiempo de isquemia del injerto menor de 4-5 h (valorar
extracción a distancia).
Edad
Se considera donante «mayor» a todo varón >
40-45 años o mujer > 45-50 años.
Dada la escasez de donantes, distintos grupos de trasplante han
llegado a aceptar donantes de hasta 65 años.
En donantes «mayores» es recomendable la
realización de coronariografías y ventriculografía con medición de
presiones que descarten la existencia de enfermedad cardíaca.
Se debería realizar ecocardiograma al menos
transtorácico a todo donante. Quedará a criterio del equipo extractor la
aceptabilidad.
Tamaño
El rango ideal, como se ha mencionado, es que la masa corporal del
donante no difiera por exceso o defecto más de un 25-30% del receptor. Sin embargo, en la
bibliografía se describen donantes por encima o debajo de estos límites, con
resultados clínicos similares a los emparejamientos con tamaño óptimo.
Deben tenerse en cuenta dos situaciones:
1
. En pacientes críticos utilizar un corazón
pequeño reduce la supervivencia.
2
. En pacientes con cifras de hipertensión pulmonar (HTP) altas
procurar utilizar corazones concordantes o superiores en tamaño.
REVISIÓN DE LA HISTORIA CLÍNICA
Antecedentes de enfermedades e ingresos hospitalarios previos.
Corazón
Se excluyen donantes con:
1
. Enfermedad cardíaca.
2
. Trauma torácico con contusión o herida penetrante
cardíaca.
3
. Corazones con FE < 0,50 por ecocardiograma; con especial
énfasis si el paciente está además en tratamiento con altas o moderadas dosis
de fármacos inotrópicos (dopamina entre 12 y 15
µ
g/kg/min).
4
. Criterios antropométricos y demográficos no adecuados
(ya revisada en edad y tamaño).
5
. Historia clínica de: a) diabetes mellitus de larga
evolución. Especial referencia a la evidencia de enfermedad microvascular, y b)
hipertensión arterial de larga duración no bien controlada o resistente a la
medicación. Valorar datos de afectación en ECG y ecocardiograma.
6
. Parada cardíaca prolongada (más de 5 min) que
requiera masaje cardíaco externo.
7
. El uso de donantes no óptimos vendrá determinado por
la urgencia de la situación del receptor. Será el equipo extractor el responsable de
la aceptación de estos injertos de forma individualizada.
Antecedentes de neoplasias malignas
23
Dichos antecedentes contraindican formalmente la donación
excepto:
1
. Cánceres cutáneos no metastatizantes como los
basocelulares.
2
. Carcinoma «in situ» de cérvix.
3
. Tumores primarios del sistema nervioso central (SNC). En nuestro
país el 4% de los donantes fallecen de tumor cerebral. Dado que algunos de dichos tumores
son de grado histológico indiferenciado, ha existido cirugía previa sobre el tumor,
tienen presencia de derivaciones del líquido cefalorraquídeo (LCR) e incluso han
recibido quimioterapia o radioterapia, existe un riesgo de trasmisión de determinadas
neoplasias.
La Organización Nacional de Trasplantes emitió en junio
de 1996 un documento internacional de consenso para estandarizar los criterios de donación
de órganos y prevenir la transmisión de enfermedades neoplásicas. Los
siguientes tumores del sistema nervioso central (SNC) excluyen la donación:
1
. Meduloblastomas.
2
. Astrocitomas anaplásicos.
3
. Glioblastomas multiformes.
4
. Ependimomas malignos.
5
. Carcinomas del plexo coroideo.
6
. Pinealoblastomas.
7
. Meningiomas anaplásicos y malignos.
8
. Sarcomas.
9
. Hemangiopericitomas.
10
. Hemangioblastomas incluidos en la facomatosis de Von Hippel-Lindau.
11
. Tumores germinales intracraneales.
12
. Cordomas.
13
. Linfomas primarios.
Se pueden considerar donantes potenciales los siguientes tumores del
SNC:
1
. Astrocitoma pilocítico.
2
. Astrocitomas de bajo grado (grado II).
3
. Oligodendrogliomas de bajo grado.
4
. Ependimomas.
5
. Papilomas del plexo coroideo.
6
. Pineocitomas.
7
. Craneofaringiomas.
8
. Meningiomas benignos.
9
. Teratomas maduros.
Antecedentes de enfermedades infecciosas
24-26
Constituyen contraindicación absoluta para la donación
los portadores de virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), las enfermedades producidas por
retrovirus y priones (Creutzfeldt-Jakob).
Contraindican de forma absoluta la donación:
1
. La sepsis bacteriana que se acompaña de shock y/o
disfunción multiorgánica.
2
. Las funguemias y aspergilosis locales.
3
. La tuberculosis activa o incompletamente tratada.
4
. Las infecciones virales sistémicas.
No contraindican la donación:
1
. Antecedentes de enfermedades sexuales transmisibles (sífilis
o gonorrea).
2
. Las infecciones locales, por gérmenes que responden bien a
los antibióticos aunque en algún momento hayan desarrollado bacteriemia.
3
. En caso de infecciones locales con patrón de
multirresistencia a antibióticos con gérmenes de difícil tratamiento o
virulencia ( Staphylococcus aureus meticilín-resistente, bacilos gramnegativos) se
desaconseja la aceptación del órgano.
4
. Los pacientes con infección del SNC (meningitis) pueden ser
donantes si la infección es bacteriana; más concretamente si es meningocócica,
neumocócica; por E. coli y si los efectos sistémicos de la infección no
han causado daño al órgano. Excluyen la donación las meningitis producidas por
Listeria monocytogenes , tuberculosis, hongos, virus y protozoos.
5
. Los antecedentes de hepatitis no excluyen la donación y
deberá estudiarse el estado serológico del donante.
Antecedentes de enfermedades sistémicas con repercusión
orgánica
Las enfermedades inflamatorias, colagenosis o vasculitis
sistémica contraindican la donación.
Las enfermedades degenerativas del SNC y algunas hematológicas
en las que se desconoce actualmente la génesis de la enfermedad, por tanto, su potencial
transmisibilidad, se valorarán de forma puntual.
Antecedentes de irregularidades menstruales y abortos
Su presencia nos obligará a detectar la presencia de
coriocarcinoma.
Factores de riesgo de ser VIH positivo
Deben valorarse con cautela aquellos donantes con sospechada o
conocida actividad sexual promiscua, con consumo de drogas por vía parenteral, estancia
reciente en régimen penitenciario y portadores de tatuajes. En situaciones de urgencia de
donación se podrán utilizar diferentes tests de exclusión del VIH de mayor
especificidad y que cubran el período de «ventana» de las determinaciones
rutinarias.
Consumo de alcohol
27
La ingesta etílica importante y de larga evolución es
una razón de peso para no aceptar la donación del corazón. Debe valorarse de
forma precisa y adecuada la repercusión en el órgano donante (ecocardiograma). Entre
las disfunciones precoces del injerto con resultado de muerte, el 40% de ellos proceden de donantes
alcohólicos.
Antecedentes de consumo de drogas ilícitas
28
El consumo de marihuana no contraindica la donación, pero
alerta sobre la posibilidad de un donante de riesgo para trasmisión de VIH y/o hepatitis
(por la posibilidad del uso por vía intravenosa de otras drogas).
La historia de uso de drogas es en ocasiones difícil de
obtener. En caso de ausencia de seropositividad y afectación del órgano donante
(cocaína) y cuando se sospecha fuertemente que el donante utiliza drogas por vía
parenteral se deberá sopesar de forma individual el riesgo potencial de transmitir un agente
infeccioso frente a la situación clínica del receptor.
El consumo de cocaína por vía no intravenosa no
contraindica de forma absoluta la donación. Se valora la función del órgano en
cuanto su aceptabilidad.
Efectos del envenenamiento en el corazón donante
29
En general no se deben obtener órganos de donantes fallecidos
por envenenamiento de: a) cianuro, y b) monóxido de carbono (un nivel de
carboxihemoglobina > 20% es una contraindicación absoluta para el uso del corazón).
Las dos situaciones previas pueden ser transitorias. Son situaciones
de hipoxia celular aguda en las que al desaparecer el tóxico puede recuperarse la
funcionalidad del miocardio. De hecho, en la literatura se describen situaciones de trasplante de
órganos en estas situaciones.
Valorar en situaciones de alto riesgo del receptor la posibilidad de
aceptar órganos en estas situaciones con las siguientes precauciones:
1
. ECG y ecocardiograma normal.
2
. Elevación enzimática mínima.
3
. Mínimo soporte inotrópico
4
. Corto período de isquemia.
5
. Evitar receptores con hipertensión pulmonar.
ESTUDIOS ANALÍTICOS Y TÉCNICAS DE EVALUACIÓN POR
IMAGEN DEL DONANTE 30
Extracción de antígenos
Grupo sanguíneo.
El factor Rh no tiene valor para elegir receptor.
Analítica de rutina
Estudio hematológico: hematócrito, hemoglobina, VCM,
plaquetas y leucocitos con fórmula.
Estudio de coagulación: tiempo de protrombina, cefalina y
fibrinógeno. Es necesario descartar la presencia de coagulación intravascular
diseminada (CID) o coagulopatías de consumo que pueden ocurrir en el marco de un traumatismo
craneoencefálico (TCE).
Estudio de funcionamiento cardíaco y pulmonar:
determinación de CK y CK-MB, para mayor especificidad en determinados centros se puede
solicitar troponina I, gasometría y pH de gases arteriales.
Estudios serológicos
En todas las determinaciones serológicas habrá que
valorar la posibilidad de encontrarnos en un período ventana y la influencia de la
hemodilución en aquellos pacientes que han evolucionado a muerte encefálica, han
sufrido pérdidas hemáticas importantes y han sido politransfundidos en horas previas
a las determinaciones. En el primer caso se valora la historia clínica y
epidemiológica; en el segundo caso habría que intentar tomar la muestra previa a la
politransfusión.
Es necesario conservar una muestra de la serología durante un
mínimo de 10 años, tal como regula el Real Decreto 411/1966.
VIH
Se determinarán anticuerpos específicos frente a VIH-1
y VIH-2. Su positividad excluye la donación. Para disminuir el tiempo de ventana (la
seropositividad ocurre entre las 3 a 8 semanas después de la infección) es
recomendable la determinación del antígeno p24.
En casos muy concretos (historia epidemiológica o donantes de
riesgo) se puede determinar la PCR viral.
Virus B
Se determina el antígeno de superficie (HbsAg). En
España existe una prevalencia de alrededor del 2%. Su positividad excluye la
donación.
Los pacientes portadores de anticuerpo anti- core (+) pueden
ser transmisores de hepatitis aunque tengan HbsAg negativo.
Virus C
La presencia de anticuerpos tiene una prevalencia del 2-3%. Su
presencia excluye la donación. En determinadas situaciones podría ser válida
la donación de un órgano torácico virus C positivo.
En receptores en situación de urgencia extrema asumiendo la
posibilidad de desarrollar hepatitis por virus C.
En receptores que sean virus C positivos. No todos los centros
admiten en sus listas de espera a receptores virus C positivos.
El desarrollo en ocasiones de una hepatitis puede seguir un curso
fatal, y esta situación debe ser discutida con el receptor y sus familiares antes de decidir
la implantación.
Treponema pallidum
Se determinan el VDRL o la reagina rápida en plasma (RRP). Su
positividad no descarta la donación, siempre que el donante no presente evidencia de
lúes terciaria. Si las determinaciones son positivas es necesario el tratamiento con
penicilina en el receptor y además nos pondrá en alerta sobre las conductas sexuales
del donante.
Otros estudios serológicos
De forma rutinaria, aunque la información puede demorarse
24-48 h, se determinará la presencia de IgG a citomegalovirus y Toxoplasma . La
información es útil para la toma de medidas profilácticas en el receptor.
En receptores seronegativos al virus de Epstein-Barr es útil
la determinación de IgG en el donante (95% de seropositividad).
Estudios microbiológicos
Se recomienda la extracción de hemocultivos, exudado traqueal
y cultivo de orina aun en donantes sin sospecha de infección. Si posteriormente llega
información positiva se notificará a los equipos trasplantadores.
Determinaciones de marcadores tumorales
Por motivos de urgencia en la mayoría de las ocasiones
sólo se puede determinar la beta gonadotropina coriónica humana (HCG) en orina, lo
que permite detectar tumores germinales de testículo en varones y coriocarcinomas.
En casos seleccionados o sospechosos se pueden determinar el
antígeno carcinoembrionario, alfafetoproteína y el antígeno prostático
específico.
ECG 31
Pondrá de manifiesto alteraciones indicativas de isquemia, HTA
o el grado de repercusión de una posible patología cardíaca preexistente
diagnosticada o no previamente.
El cadáver latente, por la situación de muerte
encefálica y el síndrome hormonal acompañante, especialmente elevación
de catecolaminas endógenas y exógenas, puede presentar anomalías ECG que no
traducen daño miocárdico o coronario . Dichos cambios se traducen en QT largo,
cambios en el segmento ST y onda T, T negativas profundas y onda J en la parte terminal del
complejo QRS (este último signo relacionado con la hipotermia del donante).
Radiografía de tórax
Evalúa el estado del parénquima pulmonar.
Objetivará la presencia de neumonía por aspiración en los pacientes ventilados
mecánicamente, el edema pulmonar neurogénico o cardiogénico, el
hemotórax, neumotórax y el traumatismo torácico asociado en ocasiones a la
causa origen de la lesión encefálica.
Ecocardiograma 32
Nos informará de la contractilidad cardíaca mediante
los parámetros de fracción de eyección (FE).
En muertes cerebrales encontraremos movimiento paradójico del
septo y alteraciones de la motilidad regional en relación con catecolaminas endógenas
y exógenas.
Orientará en ocasiones el diagnóstico de enfermedades
embólicas causantes de infartos cerebrales como la endocarditis, mixomas, alteraciones
valvulares o comunicaciones auriculares y ventriculares.
CRITERIOS DE DISTRIBUCIÓN 33
1. Urgencia
Incluye:
Pacientes con retrasplante por fallo primario en el período
inicial (dentro de las primeras 48 h).
Pacientes en situación de shock cardiogénico y con
balón aórtico de contrapulsación.
Pacientes en situación de shock cardiogénico y con un
dispositivo de asistencia ventricular.
Pacientes en shock cardiogénico o edema pulmonar refractario
que precisa ventilación mecánica.
Pacientes con arritmias ventriculares severas refractarias en
situación de «tormenta arritmogénica».
Esta urgencia tendrá prioridad nacional.
En caso de coincidir dos o más pacientes con el mismo grado de
urgencia, se realizará la oferta según compatibilidad de grupo, peso y fecha de
inclusión en dicha urgencia.
2. Trasplante electivo
Incluye el resto de los pacientes en lista de espera. La prioridad en
este grupo tendrá carácter interno de cada equipo de trasplante.
4. CONTROL DEL RECHAZO. ESTRATEGIAS DE MONITORIZACIÓN E
INMUNOSUPRESIÓN
MECANISMOS BÁSICOS DEL RECHAZO
El uso de la inmunosupresión sigue siendo uno de los grandes
retos de los profesionales que se dedican al TC. Su manejo inadecuado puede llevarnos hacia un
exceso, con el riesgo de infecciones y tumores, mientras que un uso insuficiente puede conllevar el
rechazo cardíaco agudo, y la posible pérdida del injerto cardíaco.
El conocimiento de las fases del rechazo frente al aloantígeno
34 ha permitido desarrollar fármacos que actuarán en uno o varios niveles
de las siguientes fases:
1
. El reconocimiento del antígeno: el linfocito T a
través de sus receptores CD3 y CD4 reconoce el antígeno procesado por el
macrófago y el sistema HLA.
2
. La estimulación y proliferación del sistema inmune:
los linfocitos T colaboradores activados secretan linfocinas que estimulan la formación de
linfocitos citotóxicos.
3
. La fase efectora o de destrucción del antígeno: los
linfocitos se trasforman en células con capacidad citolítica.
El rechazo cardíaco constituye una de las causas más
importantes de morbimortalidad post-TC. Existen tres tipos de rechazo:
1
. Celular o agudo: está mediado por linfocitos T y suele
presentarse durante los primeros meses postrasplante.
2
. Humoral: está mediado por inmunoglobulinas o anticuerpos
preformados frente al sistema HLA o ABO.
3
. Crónico: éste es un término que está en
discusión, siendo preferible la denominación de vasculopatía del injerto o
enfermedad vascular del injerto, puesto que la afectación principal es una
obstrucción progresiva de los vasos coronarios. En su etiología se han implicado
otros factores aparte del inmunológico, como son los factores de riesgo clásicos para
la arteriosclerosis (dislipemia, HTA, obesidad, diabetes, etc.) y las enfermedades virales.
FÁRMACOS INMUNOSUPRESORES
Durante los últimos 5 años ha existido un gran esfuerzo
en identificar nuevos agentes inmunosupresores en el trasplante de órganos sólidos
que tengan una mayor eficacia y menos efectos adversos que las terapias habituales (corticoides,
azatioprina, ciclosporina, anticuerpos antilinfocitarios) 35,36 . Estos nuevos
fármacos se pueden clasificar de acuerdo con su estructura o mecanismo de acción.
Muchos de estos nuevos agentes ofrecen un mejor índice terapéutico y alguno de ellos
pueden ayudarnos a superar dos grandes obstáculos en el TC: el rechazo humoral y la
enfermedad vascular del injerto.
Seguidamente se comentarán los agentes inmunosupresores
más frecuentemente utilizados en la clínica y su mecanismo de acción en
referencia a cómo interfieren la bien conocida respuesta frente al aloantígeno.
Sustancias inmunosupresoras que inhiben el reconocimiento del
aloantígeno
Anticuerpos policlonales
Se producen tras la inmunización de animales con
células humanas. Los más frecuentes son los que se obtienen del caballo y del conejo.
Estos animales producen diferentes anticuerpos contra las proteínas extrañas que son
las determinantes de los antígenos que se expresan en la superficie de la célula
humana. De todos estos anticuerpos sólo una pequeña porción bloquea la
función de los linfocitos T 37 .
Anticuerpos monoclonales
Estos anticuerpos tienen una mayor especificidad. Para su
formación es necesaria la administración del antígeno que deseamos neutralizar
a ratones, los cuales producen una línea de linfocitos B específicos contra ese
antígeno. La posterior incubación de estas células con células de
mieloma forman un hibridoma, que una vez cultivados in vitro nos permiten obtener
anticuerpos idénticos y específicos para el antígeno administrado.
El anticuerpo monoclonal mayormente utilizado en la clínica es
el OKT3, que está dirigido contra la porción constante CD3 del linfocito T,
responsable del desencadenamiento del rechazo en el injerto 38 .
El futuro en este campo está en el desarrollo de nuevos
anticuerpos monoclonales humanizados que ya están en fase avanzada de investigación y
de aplicación clínica. El más importante es el anticuerpo contra el receptor
de la interleucina 2. Una de las ventajas de su utilización sería la menor incidencia
de efectos secundarios como el síndrome de liberación de citocinas producido por el
OKT3, una mayor vida media y menor respuesta de producción de anticuerpos contra el
monoclonal 39 . Su uso clínico en el TC está todavía limitado por
la falta de estudios clínicos rigurosos.
Inhibición de la síntesis de linfocinas
Corticoides
Inhiben la secreción de IL-1 e IL-6 por parte de los monocitos
y así se previene la liberación de IL-2 por parte de los linfocitos T. Los
corticoides han sido un componente de todos los regímenes de inmunosupresión desde el
inicio de los trasplantes en 1960. No obstante, su uso siempre ha estado limitado por los efectos
secundarios. Con la introducción de la ciclosporina se logró reducir casi un 50% la
dosis de corticoides utilizada, y tras la introducción de la triple terapia a mediados de
los ochenta se logró reducir todavía más. Los corticoides son muy
útiles para revertir el rechazo agudo pero presentan múltiples efectos
tóxicos: metabólicos (hiperlipemia, hiperglicemia u osteoporosis), ulcus, cataratas y
retraso del crecimiento en niños 39 .
Ciclosporina
Es un undecapéptido fúngico que inhibe la
activación de los linfocitos T mediante el bloqueo de la síntesis y liberación
de IL-2 40 . No produce alteración de la función fagocitaria ni de la
hematopoyesis.
Los valores aconsejados varían según los centros de
trasplante y el período del trasplante: 250-300 ng/ml en el primer mes post-TC, 150-200
ng/ml el primer año, y 100-180 ng/ml después del primer año.
La ciclosporina, junto a su potente efecto inmunosupresor, presenta
también importantes efectos secundarios como nefrotoxicidad, hipertensión arterial,
neurotoxicidad (parestesias, temblores, somnolencia, estupor y coma), hipertricosis, hiperplasia
gingival, hiperuricemia, hipomagnesemia e hiperpotasemia.
La nueva fórmula en microemulsión de la ciclosporina A,
la forma neooral , ha mejorado considerablemente la absorción. Esto ha contribuido a
una menor variabilidad entre dosis, una mayor concentración máxima en menor tiempo y,
finalmente, a una mayor exposición al fármaco al aumentar el área bajo la curva.
Tacrolimus o FK 506
Macrólido obtenido de un hongo del suelo. Su acción es
inhibir la secreción de IL-2, interferón gamma, factor de necrosis tumoral y la
expresión de los receptores de IL-2. Tacrolimus se metaboliza por el citocromo P-450 por lo
que presenta muchas interacciones medicamentosas. En TC existen dos estudios clínicos
aleatorizados que comparan tracrolimus frente ciclosporina 41,42 . La conclusión
es que se comporta con igual eficacia que la ciclosporina en términos de control del rechazo
e infección, por lo que puede ser una buena alternativa en casos de toxicidad a la misma.
También se ha demostrado su eficacia como terapia de rescate y experimentalmente sobre el
rechazo crónico. Los efectos secundarios más frecuentes son nefrotoxicidad,
neurotoxicidad, vasculitis e hiperglucemia. Respecto a la ciclosporina produce menos HTA,
dislipemia o hiperplasia gingival.
Rapamicina
Macrólido similar al FK 506. A diferencia de éste y de
la ciclosporina A no reduce la producción de IL-2, sino que más bien parece reducir
la respuesta de los linfocitos a las citocinas, inhibiendo igualmente la proliferación y
diferenciación de los linfocitos T 39 . Existen estudios prometedores en TC, pero
todavía presenta importante toxicidad y como efecto secundario está la dislipemia.
Inhibición de la proliferación celular
Azatioprina
Es un análogo de las purinas e inhibe la síntesis de
ácidos nucleicos y evita la proliferación de clonas celulares. Es un agente poco
específico y con potentes efectos mielodepresores.
Micofenolato mofetil
El micofenolato mofetil (MMF) es un nuevo agente inmunosupresor que
ha demostrado claros beneficios experimentales y en clínica humana 43,44 . El MMF
ejerce su efecto inmunosupresor a través de su porción activa: ácido
micofenólico. Éste es un inhibidor potente y específico de la vía de
novo de la síntesis de las purinas, evitando la proliferación de los linfocitos T y
B.
Los primeros estudios con MMF en trasplante cardíaco
demostraron la eficacia de esta sustancia tanto en evitar la progresión del rechazo agudo
como en casos de rechazo refractario o persistente. Recientemente se ha publicado un estudio
aleatorizado que ha incluido un número muy importante de pacientes con TC 45 . En
los resultados del mismo se observa que los pacientes tratados con dosis de 3 g/día de MMF
tenían mejor supervivencia y menor tasa de rechazo que los pacientes tratados con
azatioprina. Una de las limitaciones de este estudio fue que un número considerable de
pacientes eran excluidos (30%) por efectos secundarios, sobre todo gastrointestinales, por lo que
se sugiere que el uso más racional del MMF sería con dosis de 2 g/día.
ESTRATEGIAS DE INMUNOPROFILAXIS
Las diversas estrategias de inmunoprofilaxis se basan generalmente en
el uso combinado de varios inmunosupresores, entre los que se incluyen la ciclosporina como
fármaco clásico que ha demostrado claramente su efectividad. No obstante, en los
últimos años hemos asistido a un aumento del arsenal terapéutico en el campo
del trasplante, hasta el punto de poder llegar a hacer tratamiento a medida del paciente.
Estas diferentes asociaciones terapéuticas se pueden aplicar
en tres campos: a) profilaxis del rechazo agudo o terapia de inducción; b)
inmunosupresión de mantenimiento, y c) tratamiento del rechazo.
Terapia de inducción
En las pautas de profilaxis del rechazo se utilizan agentes
farmacológicos asociados a agentes biológicos, bien sean anticuerpos monoclonales o
policlonales contra los receptores de la superficie de los linfocitos. Con este tratamiento se
intenta:
1
. Prevenir la presencia de rechazo agudo.
2
. Retrasar la aparición del rechazo.
3
. Reducir la morbimortalidad infecciosa durante la cirugía o
en la fase postoperatoria inmediata.
4
. Retrasar la administración de ciclosporina durante la fase
de mayor riesgo de insuficiencia renal postoperatoria.
5
. Mejorar la supervivencia precoz.
6
. Inducir tolerancia selectiva del injerto cardíaco
(hipótesis no confirmada).
Las desventajas de este tipo de tratamiento serían las
siguientes:
1
. Aumento del coste farmacéutico.
2
. Aumento de las infecciones virales.
3
. Efectos secundarios por la liberación de citocinas.
4
. Mayor riesgo de enfermedades linfoproliferativas.
La terapia de inducción sigue siendo un tema controvertido en
términos de eficacia y seguridad en el mundo del trasplante 46,47 . Parece
evidente, por los estudios de la bibliografía, que en determinados pacientes de riesgo
existe un mayor beneficio con la terapia de inducción: pacientes sensibilizados,
población pediátrica, raza negra y la presencia de disfunción primaria del
injerto.
No existen evidencias en grandes estudios controlados y con
suficiente número de pacientes para recomendar el uso de uno u otro grupo de anticuerpos
(monoclonales frente policlonales). Ésta es una decisión de cada grupo de trasplante,
según su propia experiencia.
Terapia de mantenimiento
Se basa en la aplicación de diversos protocolos de
inmunoprofilaxis que detallamos a continuación:
Triple terapia
Consiste en la combinación de bajas dosis de ciclosporina A,
azatioprina y prednisona. El objetivo de esta terapia es minimizar la nefrotoxicidad de la
ciclosporina A. Esta combinación terapéutica es la más frecuente en la
práctica clínica.
Cuádruple terapia
Pautas concomitantes en las que se utilizan los sueros
antilinfocitarios monoclonales o policlonales al inicio para poder utilizar de forma más
tardía la ciclosporina A a dosis bajas.
En los últimos años y avalados por importantes estudios
se han introducido nuevos inmunosupresores que vienen a sustituir, según criterio
clínico, a las sustancias más clásicas. El tacrolimus (FK506) se
utilizaría como sustituto de la ciclosporina y el MMF de la azatioprina.
Doble terapia
Es la combinación de ciclosporina A y azatioprina, sin
corticoides ya sea por su retirada precoz o tardía. La supresión de esteroides sigue
siendo un tema controvertido en el mundo del trasplante. Entre sus ventajas estarían:
reducción de problemas metabólicos (hiperglucemias y dislipemias), menor incidencia
de HTA y de infecciones, reducción de peso corporal y del riesgo de osteoporosis y fracturas
óseas. Entre sus inconvenientes destacan: mayor riesgo de rechazo celular agudo, posible
aumento de la incidencia de vasculopatía del injerto y de la toxicidad de otros
inmunosupresores 39 .
Tratamiento del rechazo
La mejoría de la supervivencia en el trasplante de
órgano sólido se debe, en gran parte, a un mejor tratamiento de los episodios de
rechazo gracias a los nuevos agentes que presentan una mayor eficacia y menos efectos adversos. El
rechazo de grado ligero (1A y 1B de la clasificación ISHLT) se trataría ajustando las
dosis de la terapia de mantenimiento. El tratamiento del rechazo moderado focal o grado 2 es
controvertido, pero se suele actuar como en el grado ligero. La mayoría de los grupos tratan
sólo de forma agresiva aquellas biopsias con un rechazo moderado o 3A de la ISHLT
48 . En la actualidad, el tratamiento más habitual durante los primeros 3 meses
post-TC de los episodios de rechazo son las dosis elevadas de metilprednisolona i.v. (500-1.000
mg/día/durante 3 días) que son efectivas en más del 80% de los rechazos.
Pasados los tres primeros meses se administra prednisona por vía oral (1mg/kg/día
durante 3 días). En casos graves de rechazo, grados 3A con compromiso hemodinámico,
3B y 4, la opción consiste en dosis elevadas de esteroides junto a terapia citolítica
con anticuerpos monoclonales o policlonales. El rechazo humoral es un cuadro clínico muy
grave que suele acompañarse de compromiso hemodinámico y disfunción del
injerto 49 . Su tratamiento consiste en dosis altas de esteroides, plasmaféresis,
ciclofosfamida y, recientemente, se ha propuesto la utilización del MMF.
Cuando el rechazo es corticorresistente se ha de recurrir a otras
terapéuticas denominadas de rescate: a) sueros antilinfocitarios policlonales y
monoclonales, en especial el OKT3, y b) tacrolimus (FK506) que no sólo es eficaz como
inmunosupresor de primera línea, sino que ha demostrado su potencia terapéutica en
episodios de rechazo refractario en diversos tipos de trasplante de órgano sólido.
En casos de rechazos recurrentes o persistentes se pueden utilizar
otras alternativas como: irradiación linfoide total, fotoforesis o metotrexato 50
. No obstante, todas estas opciones no han demostrado una clara eficacia clínica.
DIAGNÓSTICO DEL RECHAZO-CONTROLES DE BIOPSIA
Durante el seguimiento es importante detectar de forma precoz los
episodios de rechazo para evitar afectación hemodinámica o daño permanente del
injerto.
Hasta el momento actual, la biopsia endomiocárdica (BEM) sigue
siendo la técnica más eficaz para el diagnóstico y seguimiento del rechazo
celular agudo. La BEM tiene una clara limitación, ya que no sirve para valorar las lesiones
tardías y que suelen afectar al árbol vascular y es de difícil
interpretación en el rechazo humoral. El acceso vascular más frecuente para la
realización de la BEM es la vena yugular interna derecha, seguida de las venas femorales. El
protocolo de biopsias a realizar depende de cada centro de trasplante. Lo habitual es que se hagan
de forma quincenal durante los tres primeros meses, luego mensual o bimensual según la
historia clínica del paciente trasplantado. La incidencia de rechazo es máxima
durante los 6 primeros meses, después del año los episodios de rechazo suponen menos
del 3% de las biopsias practicadas siendo además la mayoría, rechazos que no
requieren tratamiento. A la luz de estos datos no parece lógico practicar biopsias de rutina
más allá del primer año postrasplante. La biopsia de control después de
tratar un rechazo se suele realizar entre la segunda y tercera semana desde el diagnóstico.
La gravedad del rechazo celular se gradúa según la
clasificación de la ISHLT 51 :
Grado 0
: sin evidencia de rechazo o daño de los miocitos.
Grado 1A. Rechazo leve focal
: infiltrados linfocitarios focales, perivasculares o intersticiales,
que no causan daño de los miocitos, y que pueden encontrarse en uno o varios fragmentos.
Grado 1B. Rechazo leve difuso
: infiltrado linfocitario más difuso, perivascular,
intersticial o mixto, sin daño de miocitos.
Grado 2. Rechazo moderado focal
: un único foco grande de infiltrado inflamatorio, compuesto
de linfocitos con o sin eosinófilos, bien circunscrito, que puede presentar daño de
miocitos en su interior.
Grado 3A. Rechazo moderado multifocal
: infiltrados inflamatorios múltiples con linfocitos grandes
con o sin eosinófilos, que pueden dañar miocitos, y que pueden encontrarse en varios
fragmentos.
Grado 3B. Rechazo casi severo, multifocal
: infiltrado inflamatorio difuso, compuesto de linfocitos,
eosinófilos y algunos polimorfonucleares, afectando varios fragmentos, con evidencia de
daño miocítico.
Grado 4. Rechazo severo
: infiltrado inflamatorio difuso, polimorfo (linfocitos,
eosinófilos, neutrófilos), con daño o necrosis de miocitos evidente. Suele
acompañarse de edema, hemorragia y vasculitis.
Como ya hemos indicado, esta gradación se refiere al rechazo
agudo o celular. En ciertas ocasiones los hallazgos biópsicos pueden aportar datos sobre el
rechazo humoral o sobre otras patologías:
Rechazo humoral
: se caracteriza por edema celular e intersticial, infiltrado
inflamatorio de predominio polimorfonuclear, edema de células endoteliales y vasculitis
franca con focos hemorrágicos. En formas severas, necrosis miofibrilar y también se
pueden observar depósitos de inmunoglobulinas y complemento en los vasos, por lo que si
existe una imagen morfológica compatible, se realizará estudio
inmunohistoquímico para determinar la presencia de estos depósitos.
Efecto Quilty o infiltrados endocárdicos
: se trata de infiltrados linfocitarios endocárdicos, que se
clasifican como tipo A si afectan únicamente el endocardio y tipo B si se extienden al
miocardio. No son indicativos de rechazo, y en la literatura se han relacionado con hechos tan
dispares como tratamiento con ciclosporina, infección por virus de Epstein-Barr y rechazo
crónico.
Isquemia
: necrosis sin inflamación. Hasta 3 semanas postrasplante se
considera debida a isquemia durante el trasplante o la reperfusión.
Infección
: presencia de infiltrado inflamatorio mixto no indicativo de
rechazo, que puede presentar macrófagos, miólisis y neoformación vascular, y/o
evidencia de microorganismos (virus, hongos, protozoos o bacterias).
Enfermedad linfoproliferativa
: infiltración por linfoma, que se detectará por la
presencia de células linfoides atípicas con patrón infiltrativo. Puede dar
problemas de interpretación con rechazo, por lo que puede ser útil el uso de
tinciones inmunohistoquímicas para observar la antigenicidad de la población celular.
Fibrosis
: puede ser focal o intersticial. La primera suele atribuirse a
biopsia previa, mientras que no está claro el significado de la forma intersticial, que
resulta bien tolerada incluso en formas severas. Suele encontrarse en fases de resolución
del rechazo.
CONTROLES DE ANGIOGRAFÍA
La enfermedad vascular del injerto (EVI) es la causa más
importante de muerte más allá del primer año post-TC. La prevalencia de la EVI
según diagnóstico por angiográfica es del 11, del 22 y del 45%, a 1, 2 y 4
años, respectivamente 52 . Su presencia junto al grado de severidad de la
afectación coronaria se han correlacionado con la supervivencia de los pacientes.
El diagnóstico clínico es complicado debido a la
denervación autonómica del corazón trasplantado. La presencia de angina como
expresión de isquemia miocárdica es muy infrecuente, por lo que su
presentación clínica más habitual será en forma de infarto agudo de
miocardio silente, arritmias ventriculares, insuficiencia cardíaca o muerte súbita.
La utilidad diagnóstica de las pruebas no invasivas como la ergometría convencional o
con perfusión miocárdica está muy limitada por baja sensibilidad y
especificidad. Los resultados obtenidos con ecografía de estrés con dobutamina son
controvertidos y poco concluyentes 53,54 .
La angiografía coronaria ha sido el método
clásico de estudio de la EVI 55 . No obstante, aunque esta técnica sea
específica para la EVI, su escasa sensibilidad hace que sea limitado su uso exclusivo para
la valoración de la misma. La propia patología de la EVI, estrechamiento difuso y
concéntrico de las arterias coronarias junto a fenómenos de remodelamiento, hace que
la angiografía convencional, que no deja de ser una luminografía, subestime las
lesiones pudiendo pasar desapercibidas incluso en estadios muy avanzados de la enfermedad. Estudios
patológicos y con ecografía intracoronaria han corroborado que la angiografía
coronaria es una técnica no sensible para la detección de EVI. Las técnicas
angiográficas que utilizan medidas cuantitativas seriadas pueden ayudar a aumentar la
sensibilidad de la misma. Si éstas, además, se acompañan de estudios de la
función endotelial y de la reserva coronaria, la información obtenida puede ser de
ayuda a la hora de tomar decisiones clínicas o terapéuticas.
Actualmente se considera que la técnica más sensible
para el diagnóstico de la EVI es la ecografía intracoronaria 56-58 .
Ésta proporciona importante información cualitativa y cuantitativa sobre las
dimensiones luminales y las características morfológicas parietales
(aspecto/engrosamiento) de los diversos segmentos vasculares. Existe importante información
en los últimos años sobre la significación pronóstica y clínica
de los hallazgos obtenidos por ecografía intracoronaria. Diversos estudios han mostrado que
la presencia de engrosamiento intimal significativo (> 0,3 mm) en pacientes con arterias
angiográficamente normales es predictivo del desarrollo de EVI y de eventos clínicos
56-58 . La utilidad clínica de la ecografía intracoronaria está en
su utilización de forma precoz para diagnosticar, por un lado, las posibles lesiones
transmitidas por los donantes y, en segundo lugar, seguir el curso evolutivo de los segmentos
estudiados. Hasta la fecha, los estudios seriados con esta técnica no han podido determinar
las actuaciones clínicas en estos pacientes. La ecografía intracoronaria es
todavía una técnica cara, que requiere mucho tiempo, que no está al alcance de
todos los grupos de trasplante y que necesita todavía una mejor definición sobre la
cuantificación de los hallazgos. Está todavía por determinar si según
estos hallazgos se pueden tomar ciertas acciones terapéuticas.
Aunque es difícil hacer una recomendación en este
punto, la angiografía coronaria cuantitativa sería la primera opción como
técnica de seguimiento, reservando la ecografía intracoronaria para aquellos
pacientes con sospecha clínica o angiográfica de EVI.
5. ACREDITACIÓN DE CENTROS PARA TRASPLANTE CARDÍACO
Recomendaciones en cuanto a actividad de trasplantes por centro,
número y distribución geográfica de centros.
A la hora de establecer recomendaciones en cuanto al número de
centros que deben estar acreditados para la realización de TC, y su distribución
geográfica, debemos tener en cuenta tanto aspectos legales, aspectos que hacen referencia a
la adecuada gestión de recursos sanitarios, aspectos de desarrollo
científico-médico y también aspectos de equidad en el acceso de los usuarios a
esta terapia y de calidad asistencial en el seguimiento posterior 59,60 .
ASPECTOS LEGALES
Desde el punto de vista legal, la Ley sobre Extracción y
Trasplante de Órganos (Ley 30/1979, de 27 de octubre) atribuye competencias al Ministerio de
Sanidad y Consumo para la acreditación de centros y servicios que han de efectuar
extracciones y trasplantes. Normativas posteriores desarrollan el procedimiento de
acreditación (Resolución de 27 de junio de 1980, de la Secretaría de Estado de
Sanidad) 61,62 . La Orden de 29 de noviembre de 1984, del Ministerio de Sanidad y
Consumo, publica los criterios mínimos, básicos y comunes para la acreditación
de centros para la práctica de trasplantes de corazón y corazón-pulmón.
La sentencia 80/1984 de 20 de julio del Tribunal Constitucional reconoce la titularidad de la
Comunidad Autónoma para establecer y exigir requisitos técnicos y condiciones
mínimas de centros sanitarios como complemento de los requisitos y condiciones considerados
como mínimos por la Administración Sanitaria del Estado. Si a esto unimos el proceso
de descentralización Sanitaria llevado a cabo en los últimos años en
España, parece lógico que en el Proyecto de Real Decreto por el que se modifica el
Real Decreto 426/1980, propuesto por la Comisión Permanente de Trasplante de Órganos
y Tejidos del Ministerio de Sanidad y Consumo, se establezca que los trasplantes de órganos
humanos se realizarán en centros sanitarios, autorizados específicamente para cada
una de sus modalidades, por la autoridad sanitaria competente de la Comunidad Autónoma
correspondiente.
Los criterios de acreditación que están vigentes hoy en
nuestro país (Orden Ministerial de 29 de noviembre de 1984) establecen que el hospital
solicitante:
a)
Esté autorizado como centro extractor.
b)
Disponga de servicio de cardiología con secciones de
hemodinámica y ecocardiografía, así como experiencia demostrada en la
interpretación de biopsias cardíacas.
c)
Disponga de servicio de cirugía cardíaca con amplia y
reconocida experiencia en intervenciones con circulación extracorpórea (ambos
servicios deben disponer de turnos de guardia de presencia física).
d)
Disponga de unidades de inmunología y microbiología y
experiencia en la determinación de valores de ciclosporina.
e)
Disponga de unidad de aislamiento.
f)
Disponga de certificación de un centro extranjero con
experiencia demostrada en la práctica de TC que acredite la estancia y el trabajo
desarrollado por el/los cirujanos que van a ser responsables del programa.
g)
Pueda presentar la certificación de 25 intervenciones previas
en animales de experimentación.
h)
Disponga de programa de trasplante renal.
Consideramos que estos criterios se encuentran, 15 años
después, obsoletos en algunos de sus puntos, como los que hacen referencia a las guardias de
presencia física, certificados de centros extranjeros y la necesidad de disponer de programa
de trasplante renal en el mismo centro. Parecen mucho más ajustados a la realidad actual los
criterios recogidos en el Proyecto de Real Decreto por el que se modifica el Real Decreto 426/1980,
propuesto por la Comisión Permanente de Trasplante de Órganos y Tejidos del
Ministerio de Sanidad y Consumo. Sin perjuicio de las modificaciones posteriores a que puede estar
sujeto este documento, y de la normativa específica establecida en cada Comunidad
Autónoma 61-71 , los requisitos generales mínimos, que podría
recoger la futura ley, para los centros que realicen TC serían:
1.
Estar autorizado como centro extractor de órganos de donantes
fallecidos y disponer de una actividad suficiente para garantizar la viabilidad del programa. En
este apartado debe tenerse en cuenta el gran impacto que sobre la generación de
órganos en un centro, y en su área de referencia, tiene el hecho de que en ese centro
se realicen implantes de órganos.
2.
Disponer de la organización sanitaria y un régimen de
funcionamiento adecuado para realizar la intervención que se solicita.
3
. Disponer de una unidad de coordinación de trasplantes.
4
. Disponer de servicios de anatomía patológica y
microbiología con los medios técnicos y humanos precisos para el estudio de
complicaciones asociadas al trasplante.
5
. Disponer de una unidad de cardiología, cirugía
cardíaca y anestesia con personal suficiente y con demostrada experiencia en cirugía
cardíaca y la disponibilidad de una sección de hemodinámica, con la
experiencia necesaria en técnicas de cardiología intervencionista, para garantizar la
correcta realización de estos trasplantes y el adecuado seguimiento y tratamiento de las
eventuales complicaciones de estos pacientes. El que estas unidades estén acreditadas para
la formación MIR debería ser el requisito para objetivar la «demostrada
experiencia».
6
. Protocolo previsto de seguimiento de los pacientes sometidos a esta
clase de trasplantes, especificándose los plazos de realización de distintos
procedimientos y la necesidad de permanencia del paciente en el mismo centro.
7
. Disponer de un registro, de acceso restringido y confidencial,
donde constarán los trasplantes realizados con los datos precisos que permitan el
seguimiento de los órganos trasplantados, evaluar la actividad y los resultados obtenidos.
Queda así mismo recogido en la legislación
española que además de la existencia de la Organización Nacional de
Trasplantes, existirán unidades de coordinación autonómicas, así como
oficinas de coordinación a nivel hospitalario. Como vemos, ya en la actualidad, y en el
futuro de una forma más marcada, la Comunidad Autónoma aparece como la
unidad geográfica básica para la promoción, acreditación y
coordinación de la actividad de trasplante de órganos y tejidos.
ASPECTOS MÉDICO-SANITARIOS
Como vemos, estos criterios legales hacen sobre todo referencia a
aspectos de infraestructuras hospitalarias, pero a la hora de determinar el número y la
distribución geográfica de los centros que realicen TC se deben tener en cuenta, como
anteriormente señalábamos, aspectos que garanticen unos estándares de
calidad en el proceso y en el resultado . Pero estos aspectos de calidad deben ser entendidos
tanto desde la vertiente científica y médica como desde la del paciente. Es un
conjunto de complejas consideraciones que hemos pretendido agrupar bajo el epígrafe de
aspectos médico-sanitarios. Debemos tener en cuenta que consideraciones referentes al
número de centros de trasplante por millón de habitantes (0,31 en España, lo
que supone 1 por cada 2,8 millones de habitantes, frente a 0,13 de Holanda, 0,59 en Francia, 0,63
en los EE.UU. o 0,69 en Bélgica), área de referencia de cada centro y actividad por
centro, tomadas de países de nuestro entorno, no son extrapolables al nuestro, tanto por
nuestro diferente sistema sanitario, como por la particularidad de encontrarnos en el país
con la más alta tasa de donación de órganos del mundo.
La creación de un programa de trasplante de
órganos ha demostrado tener un impacto muy positivo para los profesionales y
usuarios de un centro hospitalario y de su zona de referencia:
1
. Supone para los profesionales y para el centro la posibilidad de
estar inmerso en uno de los avances médicos más innovadores.
2
. Supone nuevas oportunidades de enseñar e investigar al
profesional de la medicina.
3
. Permite el desarrollo de áreas y servicios centrales
relacionados con estos procedimientos.
4
. Supone publicidad positiva del hospital aumentando su
reputación.
5
. Se consigue una mayor interrelación del personal
médico no trasplantador, del propio hospital y de la zona de referencia, con los
profesionales directamente implicados, lo que incrementa las indicaciones de esta terapia y lo que
es más importante asegura la equidad, para el paciente, en el acceso a ella. En este aspecto
son muy demostrativas las cifras aportadas por la Organización Nacional de Trasplantes
72 , en los tres últimos años, en las que se aprecia cómo los
pacientes residentes en las 8 Comunidades Autónomas con programa de TC tienen más
probabilidad de que les indiquen el trasplante y de que este trasplante finalmente se realice. La
tasa media de indicación de trasplante por millón de habitantes en 1998 fue de 15,5
en las comunidades con trasplante cardíaco, frente al 10,8 en las comunidades sin
trasplante, para una media nacional del 13,1, y la tasa media de pacientes trasplantados
cardíacos por millón de habitantes es de 11,7 para los residentes en comunidades con
trasplante, lo que supone una probabilidad de trasplantarse tras la indicación del 74,2%, y
del 5,8 para los que deben ser enviados a otras comunidades, lo que supone una probabilidad de
trasplantarse tras la indicación del 57%, con una tasa media nacional de trasplante por
millón de habitante de 8,8.
6
. El paciente puede acceder a este tratamiento cerca de su domicilio,
y éste será más personalizado y continuo.
7
. Incremento en la donación de órganos, al sentir la
población que el proceso terapéutico está más cercano a ella.
8
. Supone una menor necesidad de transporte de órganos e
incrementar los desplazamientos terrestres con un importante ahorro económico. Quizá
se podría producir, en el caso cardíaco, un mayor aprovechamiento de órganos
al poder disminuirse el tiempo de isquemia y la posibilidad de valorar, in situ , con
más frecuencia, órganos considerados límite. En 1998, con un centro más
acreditado para TC, hubo en España 1.252 donantes y se implantaron 349 corazones, un 27,87%,
lo que supone un 0,5% más que en 1996 que se utilizaron 282 corazones de 1.032 donantes, un
27,32%. Todas estas ideas han quedado demostradas en la actividad trasplantadora de nuestro
país, que con la creación de nuevos centros de trasplante y el consiguiente
incremento en la donación de órganos ha pasado de realizar 550 trasplantes en 1989 a
1.155 en 1997, y en lo que respecta al TC, ha pasado de 97 en 1989, cuando existían 8
centros de trasplante, a 349 en 1998 con 13 centros.
Sin embargo la proliferación excesiva de centros puede
tener aspectos negativos :
1
. Datos provenientes de los EE.UU. 73-75 han establecido
una correlación entre el número de trasplantes realizados por un centro y los datos
de supervivencia de los pacientes. Concretamente se ha establecido en 12 trasplantes/año,
los requerimientos mínimos de actividad, para que ese centro esté reconocido por las
aseguradoras privadas. Los datos de nuestro país, probablemente por la diferente estructura
sanitaria y el sesgo que en los resultados induce la selección de los pacientes, no han
apoyado esta observación. Centros con menos de 15 trasplantes/año han obtenido buenos
resultados y centros con más de 30 procedimientos/año tienen mortalidades elevadas.
Lo que sí ha ocurrido en nuestro país es que el incremento en la media de trasplantes
por centro, que ha pasado de 12,1 en 1989 a 26,5 en 1997, ha permitido abordar a los grupos casos
más complejos, manteniendo constante la mortalidad hospitalaria en torno al 14%,
según datos de Registro Nacional de Trasplantes Cardíacos 1984-1997 1 . En
cualquier caso no nos parece razonable, para el buen desarrollo de una adecuada experiencia
médico-quirúrgica, plantear la existencia de centros con una actividad inferior a los
20 trasplantes/año.
2
. Los hospitales con programas de trasplante deben adquirir
tecnologías especiales, así como contratar más personal, lo que va a
incrementar el gasto. Los criterios de planificación del Ministerio de Sanidad (1996)
establecen como recomendación la cifra de 1 centro de TC por cada 2 millones de habitantes.
3
. Existirá un mayor número de listas de espera con un
menor número de pacientes, lo que requerirá mayor frecuencia de intercambios para
asignar los órganos. Esta posibilidad no se ha confirmado en la experiencia real, pues con
el incremento de la actividad trasplantadora de los centros y el ligero incremento en el
número de centros se ha apreciado un incremento en las indicaciones de trasplante y en el
número de pacientes incluidos en lista de espera, de 8,6 pacientes por millón de
habitantes en 1992 se ha pasado a 13,2 por millón en 1998, con un centro más de
actividad.
4. El verdadero factor limitante del número de centros para
implante debe ser el número de donaciones
. Llegado un punto de estancamiento en la oferta de órganos,
caso que no ha ocurrido en España por el momento, donde se mantiene un crecimiento anual en
las donaciones próximo al 10%, si se incrementa el número de centros con capacidad
para implantar, se reducirá la actividad por centro con la posibilidad de deterioro en sus
resultados. En este sentido parece razonable un incremento paulatino de los centros
trasplantadores, observando la evolución de la actividad de donación.
De una forma un tanto esquemática nos parece oportuno
generalizar que existirían posibilidades para la creación de nuevos centros de TC en
áreas que cumpliesen los siguientes requisitos:
1
. Población de referencia entre 1,5-2 millones de habitantes.
2
. Expectativas de trasplantes/año superior a 20.
3
. Zonas con gran actividad actual o con gran potencialidad en el
crecimiento del número de donaciones.
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