Revista Española de Cardiología Revista Española de Cardiología
Rev Esp Cardiol. 2001;54:933-7 - Vol. 54 Núm.08

Santiago Ramón y Cajal y la cardiología: su descubrimiento poco conocido del sarcolema en el cardiomiocito

Palabras clave

Historia de la Medicina. Histología. Miocito. Sarcolema.

Resumen

La primera descripción mundial sobre la existencia del sarcolema en el miocito cardíaco la hizo Ramón y Cajal en 1888 cuando publicó Textura de la fibra muscular del corazón. En esta obra expuso un resumen de sus observaciones sobre la constitución íntima de la fibra miocárdica aplicando el método de tinción del cloruro de oro y de las digestiones por ácidos. La existencia del sarcolema, membrana fundamental de la célula miocárdica, negada por otros investigadores, la demostró Ramón y Cajal, quien aportó pruebas evidentes de su existencia.

Artículo

Hasta finales del siglo xix se creía que el sarcolema, que en forma de membrana hialina, homogénea, elástica, transparente, envuelve la fibra muscular estriada, estaba ausente en la fibra muscular cardíaca. Shwan la denominó sarcolema, Robin miolema, Frey tabique primitivo, etc. Santiago Ramón y Cajal (1852-1934), siendo catedrático de la Facultad de Medicina de Barcelona, demostró, por primera vez en el mundo, la existencia del sarcolema en el miocito.

Lo hizo en dos publicaciones en castellano, las dos en 1888 y tituladas igual: «Textura de la fibra muscular del corazón»1,2. Definió el sarcolema como: membrana fundamental, independiente del tejido conectivo que envuelve la fibra miocárdica. El objeto del trabajo, según confesión del propio autor, era la de exponer un resumen de sus observaciones sobre la constitución íntima de la fibra cardíaca, donde había logrado demostrar los mismos detalles visibles que en las fibras estriadas de los insectos y vertebrados, aplicando el método del cloruro de oro y de las digestiones por los ácidos. Aunque sus observaciones las había realizado en conejo, buey, perro y cabra, se refirió a las fibras cardíacas del carnero por considerarlas «tipo» de todas las demás (fig. 1).

Fig. 1. Número de la revista Gaceta Médica Catalana en la que Santiago Ramón y Cajal dio a conocer al mundo la existencia del sarcolema en el cardiomiocito.

 

Se refirió a la doctrina denominada del «reticulum», consistente en atribuir a la materia estriada la misma composición morfológica fundamental existente en toda célula: el armazón reticulado de plastina, que va desde el núcleo a insertarse en la membrana y el jugo celular o enquilema que llena las mallas de la red.

Sus observaciones las situó cercanas al parecer de Melland. Afirmaba que en la línea de Krause (cajas musculares) existe no sólo una red, sino un verdadero disco que separa el haz en compartimientos transversales. Para el autor, el método al cloruro de oro era el mejor para el estudio de las fibras cardíacas (fig. 2).

Fig. 2. Lámina y explicación que acompañan el estudio: textura de la fibra muscular del corazón.

 

Al examinar el haz muscular en sentido longitudinal distinguía claramente 3 partes principales: bandas transversales anchas, bandas transversales estrechas y las estrías longitudinales. Las primeras se tiñen mal con el oro y están compuestas por miosina. Las bandas transversales estrechas se insertan en el sarcolema y corresponderían a las estrías de Krause o líneas de Amici de las fibras estriadas comunes. A las estrías longitudinales las denominó fibrillas preexistentes, para distinguirlas de las resultantes de la coagulación.

A Ramón y Cajal le extrañaba que diversos autores negasen la existencia del sarcolema que él veía, no sólo en los cortes longitudinales, sino que veía con claridad los pliegues circulares que ofrece el sarcolema en los haces estriados de los insectos. Explicó la acción de la potasa diciendo que cuando las fibras cardíacas frescas se maceraban, por algún tiempo, por la potasa al 40%, la materia estriada se edematiza y, posteriormente se retrae, disolviéndose el tejido conectivo, apareciendo los corpúsculos musculares más o menos disociados. La potasa en soluciones menores, entre el 1-10% produce una retracción menor de las fibras; el tejido conectivo es semidestruido, pero las células no se separan, conservando su posición gracias al sarcolema, que no está interrumpido.

Ramón y Cajal remarcó que la observación en vivo prueba que las fibrillas longitudinales, reveladas mediante el oro, los ácidos y la potasa, preexisten verdaderamente, y que su presencia no es imputable, como otros autores opinaban, a la acción de los reactivos. El autor llegó a las siguientes conclusiones:

1. Las fibras cardíacas de los mamíferos son fundamentalmente iguales a las estriadas ordinarias y, como ellas, poseen sarcolema, núcleo, materia miósica y un retículo formado por fibrillas preexistentes, longitudinales, unidas transversalmente por redes aplanadas.

2. Las redes transversales de protoplasma parten del núcleo o de sus expansiones longitudinales y, después de formar mallas divergentes, se insertan en el sarcolema, reproduciendo en lo esencial la disposición de las redes transversales de los músculos de las patas de ciertos insectos (dysticus, apis, musca, etc.).

3. La parte activa (fibrillas longitudinales) de las células cardíacas es proporcionalmente más robusta y abundante, con relación a la materia pasiva (miosina o jugo celular intersticial), que en las fibras musculares comunes.

Este predominio estaba verosímilmente ligado a la mayor energía que tiene que desarrollar el músculo cardíaco pues, en general, los músculos de los animales de movimiento perezoso (hidrófilo, geotrupes, etc.) poseen mayor cantidad de materia miósica con relación al retículo que los animales de movimientos rápidos (blatta orientalis, forficulos, etc.).

En 1895 y en las restantes ediciones de su tratado Manual de Histología Normal3, Cajal reivindicó que él había descubierto el sarcolema y que, posteriormente, Hoche, Ebner y otros habían confirmado su existencia aunque, según Cajal, lo habían hecho inconscientemente, ya que ninguno citaba sus estudios publicados 13 años antes que Ebner. También denunció que la idea de que las células cardíacas no son independientes, sino que constituyen una red continua, un verdadero syncytium, estaba asentada en tres hechos que en 1888 él había descrito y que eran (fig. 3):

Fig. 3. Dibujo del libro Manual de Histología Normal, pág. 356. Dos fibras musculares del corazón de la vaca teñidas por el cloruro de oro. A: núcleo. B: sarcolema que pasa de una fibra a otra. C: cemento de unión. D: línea de Krause. E: fibrilla primitiva.

 

1. Interrupción del cemento intersticial de escalón a escalón, con lo que se establece continuación lateral entre las células en contacto.

2. Situación del mismo en una línea de Krause, de la cual representa una simple modificación.

3. Posición constante intracelular de dichos discos de cemento, por insertarse su parte exterior debajo del sarcolema, precisamente en el ángulo de un festón.

Hasta la muerte de Cajal podemos encontrar diversos estudios españoles y extranjeros sobre el sarcolema que hacen referencia a su descubridor. Así, Achúcarro y Calandre en 19134, Calandre y Mier en 19195 y Calleja y Ferrer en 19226.

En 1932, el doctor Diego Ferrer7 utilizó el artículo como excusa para tratar de explicar el significado del sarcolema. En todos estos escritos se reconoce que Ramón y Cajal, en 1888, había descrito por primera vez cómo el sarcolema tapiza la superficie de la fibra cardíaca en todos los intersticios.

Posteriormente al descubrimiento de Cajal, Heidenhain, en 1901, demostró cómo la fibra cardíaca se halla hendida de trecho en trecho por las fisuras longitudinales, las cuales dividen los fascículos en otros de orden aún más elementales. Estas hendiduras se encuentran cubiertas con una membrana que ofrece los mismos caracteres de teñido y de implantación que tiene el sarcolema y han recibido de Heidenhain el nombre de sarcolema intermediario (zwischensarkolemm)8.

Por mi parte, en la tesis doctoral Medio siglo de la Cardiología en Cataluña (1888-1937)9, defendida en 1987, reivindiqué para Cajal el honor de haber descubierto la existencia del sarcolema en la fibra miocárdica. Posteriormente, y con una profusa difusión nacional e internacional, volvimos a reivindicar para Cajal tal honor10,11.

La estructura molecular del sarcolema es de gran importancia funcional, ya que los cambios selectivos en su permeabilidad están involucrados en los procesos eléctricos y bioquímicos de despolarización y repolarización del miocito. En la actualidad se conoce la destacada relevancia que tiene el sarcolema a causa del papel que ejerce en el control de los gradientes iónicos, los canales de iones y el potencial de acción, en la homeostasis acidobásica del miocito, por ser el lugar donde se encuentran receptores de fármacos y hormonas y por ser responsable de la integridad celular.

Desearía estar equivocado pero, al consultar diversos tratados actuales de cardiología, de historia de la medicina y de historia de la cardiología, tanto nacionales como internacionales, en ninguno he podido encontrar ni una referencia al hecho de que Santiago Ra món y Cajal fue quien descubrió por primera vez en el mundo la existencia del sarcolema en el miocito.

¿Por qué hoy día mayoritariamente continúa desconociéndose este hecho? Fundamentalmente porque Santiago Ramón y Cajal publicó su descubrimiento en dos revistas españolas, desconocidas en el resto de la comunidad científica y sin resumen en los idiomas como el francés, alemán o inglés, idiomas en los que se hacían las aportaciones científicas más importantes a finales del siglo xix. El artículo donde por primera vez Cajal describió la existencia del sarcolema en el miocito «Textura de la fibra muscular del corazón» lo publicó en la Revista Trimestral de Histología Normal y Patológica1, revista que el propio Cajal fundó y prácticamente fue su único redactor. Esta revista no llegó a publicar ni media docena de números. La otra revista en la que publicó dicho artículo fue Gaceta Médica Catalana2, fundada en 1878 y que perduró hasta 1921. Ésta era una revista científica de cierto prestigio pero con una repercusión de ámbito nacional.

Muy posiblemente, Cajal, al desconocer la importancia que tiene el sarcolema para la vida del miocito, los fenómenos bioquímicos imprescindibles para su existencia, tan sólo lo describió como una estructura sin más. No se preocupó de difundir su descubrimiento en Alemania y, por el contrario, sí lo hizo con los estudios sobre la histología del sistema nervioso. El mismo Cajal, al descubrir la célula nerviosa con su método de doble impregnación argéntica, sí comprendió la importancia de su descubrimiento y se fue a Berlín a darlo a conocer.

En 1889, Cajal, molesto de que sus investigaciones fuesen silenciadas en el extranjero, se trasladó a Berlín con escasos recursos y abundante material científico y solicitó formar parte de la Sociedad Anatómica Alemana. Allí pudo mostrar sus preparados mediante la tinción de Golgi a la mayoría de los histólogos de reputación de la época (His, Schwalbe, Retzius, Waldeyer y Kolliker), lo que supuso el reconocimiento mundial de su gran aportación a la medicina, siendo galardonado con el premio Nobel de Medicina, junto a Golggi, en 190612.

Cajal se extrañaba de que sus colegas extranjeros no le citasen, que no reconociesen su paternidad sobre la primera descripción de la presencia del sarcolema en el miocito. Lo extraño hubiera sido que científicos alemanes le hubiesen leído en castellano, en revistas totalmente desconocidas para ellos y sin ningún resumen en alemán, inglés o francés.

A Cajal, sólo sus amigos y discípulos le reconocieron su paternidad sobre el sarcolema y, a su muerte, nadie más se preocupó de difundir este hecho. Creo que existe una falta de interés en leernos entre nosotros, en citarnos en nuestras publicaciones, en darnos a conocer al resto de la comunidad científica. Parece que citar un autor español no sea una cita que dé prestigio a nuestras publicaciones. Muchas veces desconocemos lo que se hace en España. Nos cuesta menos consultar las grandes bases de datos, nutridas fundamentalmente por científicos extranjeros que sí se citan y se preocupan de reivindicar para los suyos los descubrimientos que han aportado a la Medicina, que investigar entre las aportaciones realizadas por nuestros conciudadanos. Creo que tenemos la obligación de leer a los que más conocen sobre un tema en concreto, sean de donde sea, pero también indagar sobre las aportaciones realizadas desde aquí y de preocuparnos de su difusión. Si no lo hacemos no serán los demás los que lo hagan.

Un hecho que apostilla lo aquí afirmado es que el propio Cajal se quejaba en 1905 de que, en España, por desconocimiento de la bibliografía, existía un error muy común que era atribuir a W. Waldeyer, ilustre histólogo de Berlín, la paternidad de la doctrina de las neuronas, ignorando que el citado sabio, al resumir en un semanario alemán las ideas de Cajal y su descubrimiento, había bautizado a la célula nerviosa con una palabra nueva, neurona.

Hace unos 8 años, en una recopilación realizada por el doctor Guillermo Pons Lladó sobre enfermedades del miocardio, al estudiar la miocardiopatía hipertrófica y hacer una revisión de lo publicado en la Revista Española de Cardiología, descubrió que el doctor Antonio Moncada Jareño, en 1948, publicaba un estudio realizado en Málaga en el que hacía referencia a la estrechez infundibular por hipertrofia del tabique interventricular, como una variedad de obstrucción adquirida al flujo ventricular izquierdo13. Se había publicado una de las primeras descripciones de la miocardiopatía hipertrófica obstructiva y había pasado desapercibida.

El hecho de que la Revista Española de Cardiología, que está incluida en el Science Citation Index (SCI), en la actualidad tenga una valoración por medio del Impact Factor y que esté presente en todas las bases de datos de revistas científicas más importantes, como Index Medicus, MEDLINE, Current Contents, Clinical Medicine, Excerpta Medica o EMBASE, nos quita toda excusa para no difundir en ella cuantas aportaciones hagamos o hagan nuestros compatriotas a la cardiología.

A pesar de todo, según un estudio del doctor López Piñero, durante 1984, Santiago Ramón y Cajal fue el autor «clásico reciente» más citado en las más de 3.000 revistas que comprende el repertorio del SCI, casi exclusivamente, por sus aportaciones al estudio del sistema nervioso14.

 

Correspondencia: Dr. M. de Fuentes Sagaz. Pza. Lesseps 33, esc. B, 5.o 1.a. 08023 Barcelona. Correo electrónico: 5438mfs@comb.es

Bibliografía

1. Ramón y Cajal S. Textura de la fibra muscular del corazón. Revista Trimestral de Histología Normal y Patológica 1888;11: 19-30.
2. Ramón y Cajal S. Textura de la fibra muscular del corazón. Gaceta Médica Catalana 1888;11: 257-264.
3. Ramón y Cajal S. Manual de histología normal (4.a ed.). Madrid: Imprenta y Librería de Nicolás Moya, 1905.
4. Achucarro N, Calandre L. El método del tanino y la plata amoniacal aplicado al estudio del tejido muscular cardíaco. Trabajos del Laboratorio de Investigaciones Biológicas de la Universidad de Madrid 1913;11: 131-145.
5. Calandre L, Mier L. Sobre la fina estructura del miocardio. Boletín de la Sociedad Española de Biología. Noviembre 1918 y febrero de 1919;268-273.
6. Calleja M, Ferrer D. Manual de histología e histoquímica. Barcelona: 1922.
7. Ferrer Piera D. Gran esclerosis de miocardio. Ars Médica 1932;8: 283-293.
8. Heidenhain R. Ueber die structur des menslichen herzmuskeis. Anat Anz B. XX, 1901.
9. De Fuentes Sagaz M. Medio siglo de la Cardiología en Cataluña. Tesis doctoral. Universidad de Barcelona, 1987.
10. De Fuentes Sagaz M. History of Catalan Cardiology. Barcelona: Alta-Fulla, 1992;12-14.
11. De Fuentes Sagaz M. Historia de la Sociedad Española de Cardiología. Barcelona: Mosby/Doyma Libros, 1994;3-4.
12. Roca de Viñals R. In memoriam. Santiago Ramón y Cajal. Annals de l'Hospital de la Santa Creu i Sant Pau 1935;9: 529-531.
13. Moncada Jareño A. Estenosis aórtica adquirida. Rev Esp Cardiol 1948;2: 149-160.
14. López Piñero JM. Cajal. Madrid: Ediciones Debate, 2000.

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