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Vol. 75. Núm. 6.
Páginas 455 (Junio 2022)
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Viaje al corazón de las palabras
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Fernando A. Navarro
Consejo Editorial, Revista Española de Cardiología
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«En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme...». Casi cualquier hispanohablante reconoce la primera frase del Quijote y todos sabríamos repetirla sin cambiar una sola palabra desde que Miguel de Cervantes la escribió tal cual hace más de cuatrocientos años. Fácil para nosotros, pero no así para quienes hablan inglés, que no tienen nada clara cuál es realmente la primera frase del Quijote: «Somewhere in La Mancha, in a place whose name I do not care to remember...» leo en una traducción inglesa; pero abro una segunda traducción y dice: «In a village of La Mancha, whose name I do not wish to recall...»; y la confusión aumenta conforme voy abriendo más y más versiones inglesas de la novela: «Down in a village of La Mancha, the name of which I have no desire to recollect»; «In a certain village in La Mancha, which I do not wish to name»; «In a place of La Mancha, whose name I don’t care to remember...»; «In a village of La Mancha, the name of which I have no desire to call to mind...».

No es un problema de la lengua inglesa, sino del proceso mismo de traducir entre dos lenguas. Si tomo la frase más famosa de Hamlet, «To be or not to be, that is the question», toda persona de habla inglesa, en cualquier rincón del mundo, es capaz de repetir las mismas palabras que escribió William Shakespeare cuatro siglos atrás. En español, en cambio, si consulto las múltiples traducciones publicadas de la inmortal tragedia shakespeariana, llego a contar una treintena de versiones diferentes: «Existir o no existir: esta es la cuestión»; «Ser o no ser: he aquí la gran duda»; «Ser o no ser..., tal es la cuestión»; «Ser o no ser: he ahí el problema»; «¡Ser o dejar de ser, la alternativa es esa!»; «Ser o no ser, de eso se trata»; «Ser o no ser: esa es la duda»; «Ser o no ser... ¡es la cuestión!»; «Ser o no ser: esa es la incertidumbre»; «Ser o no ser, esa es la opción»; «Ser o no ser..., he ahí el dilema»; «Ser o no ser, no es otra la cuestión».

Algo parecido nos pasa con los términos científicos. En la lengua en que primero se acuñe un tecnicismo, es siempre más fácil lograr su normalización. En inglés lo tienen fácil, pues: dado que, desde hace más de medio siglo, casi todos los términos médicos se acuñan en inglés, en el uso circula de modo habitual una sola variante, que se impone con rapidez y facilita mucho las búsquedas bibliográficas.

Muy distinta es la situación en español, al ser la nuestra una lengua dependiente y traducida. Ante cualquier neologismo, primero tenemos que decidir si vale la pena traducirlo o nos entendemos mejor dejándolo en inglés. Yo suelo tenerlo claro, pero no es raro dar con médicos que dudan si traducir o no términos como box, bypass, clamp, debulking, dipper, distress, end-point, feedback, flushing, flutter, jet, kit, odds ratio, output, peeling, rash, shock, shunt...; que, una vez decantados por el anglicismo, dudan si dejarlo igual que en inglés, stent, o castellanizarlo a ‘estent’ o a ‘estén’; o que, una vez decantados por la traducción, no se ponen de acuerdo en cuál sería la mejor manera de decirlo en español.

Tomemos el caso de la hormona FSH: follicle-stimulating hormone en inglés, eso está claro y nadie lo diría de otra forma. Pero, ¿y en español? «Hormona foliculoestimulante», me dirá alguien, pero hay quien dice también «hormona foliculoestimuladora», «hormona estimulante de los folículos», «hormona estimuladora del folículo», «hormona estimulante folicular», «hormona de estimulación de los folículos», «hormona estimuladora folicular», «hormona de estimulación folicular»... No puede decirse que ninguna de esas formas sea incorrecta, pero en conjunto configuran un maremágnum terminológico que dificulta la comunicación y las búsquedas bibliográficas.

Un caso paradigmático lo tenemos con los fármacos que bloquean los receptores adrenérgicos β, de amplio uso en cardiología para el tratamiento de la hipertensión arterial, la cardiopatía isquémica, la insuficiencia cardíaca leve y las arritmias cardíacas, entre otras indicaciones. En inglés, una vez más, la cosa está clara: beta blockers. En español, en cambio, hay quien prefiere mantener el orden inglés con o sin guion (beta-bloqueador o betabloqueador) y quien prefiere invertir el orden para amoldarlo al habitual en español (bloqueador beta). Y dentro de ambos grupos surge también la duda de si lo correcto es ‘bloqueador’ o más bien ‘bloqueante’. El diccionario de la RAE solo sirve para confundirnos más aún, porque admite tan solo ‘bloqueador’, y no ‘bloqueante’; pero al mismo tiempo admite tan solo ‘betabloqueante’, y no ‘betabloqueador’. Diga lo que diga la RAE, es obvio que tan correcto es ‘estimulante’, como ‘estimulador’; y tan correctos son ‘bloqueante’ y ‘betabloqueante’ como ‘bloqueador’ y ‘betabloqueador’.

Otro motivo añadido de duda es que, en español, las letras y los números sueltos no se escriben normalmente por su nombre; vamos, que nadie dice *diabetes de tipo dos*, *covid diecinueve*, *inmunoglobulina eme* ni *linfocitos ene-ka*, sino diabetes de tipo 2, covid-19, inmunoglobulina M y linfocitos NK. Lo esperable, pues, es escribir también interferón β, receptores β y bloqueantes β, en lugar de interferón beta, receptores beta y bloqueantes beta.

El resultado de todas estas dudas y vacilaciones es una multitud de variantes que circulan de modo simultáneo en los textos médicos escritos en español. Si en inglés casi todos los médicos hablan de beta blockers, en español, cuando tuve que ocuparme de esta entrada para el Diccionario de términos médicos (2011) de la Real Academia Nacional de Medicina, decidí parar y dejar de añadir más sinónimos cuando llevaba registrados ya más de sesenta: bloqueante β, beta-bloqueador, antagonista beta, antagonista beta-adrenérgico, antagonista de los receptores β, bloqueador beta, antagonista de los receptores adrenérgicos β, bloqueante adrenérgico β, bloqueador de los beta-receptores, betabloqueador, bloqueante de los receptores adrenérgicos β, β-bloqueante, betabloqueante, inhibidor de los receptores β, bloqueante de los receptores β-adrenérgicos, bloqueador de los receptores adrenérgicos beta, bloqueante de los adrenoceptores beta...

Obras de referencia recomendadas:

Diccionario de dudas y dificultades de traducción del inglés médico (3a. edición), 2013-2022; en la plataforma Cosnautas disponible en www.cosnautas.com/es/catalogo/librorojo.

«Laboratorio del lenguaje» de Diario Médico, 2006-2022, disponible en www.diariomedico.com/opinion/fernando-navarro.html

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