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Vol. 72. Núm. 10.
Páginas 796 (Octubre 2019)
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Viaje al corazón de las palabras
DOI: 10.1016/j.recesp.2019.03.009
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EKG
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Se atribuye al fisiólogo inglés Augustus D. Waller la publicación, en 1887, del primer electrocardiograma humano1, pero es opinión generalizada que la moderna electrocardiografía nace con el fisiólogo holandés Willem Einthoven (1860-1927). Tras asistir en la ciudad suiza de Basilea a una demostración de Waller durante el I Congreso de la Unión Internacional de Ciencias Fisiológicas, en 1889, el joven catedrático de fisiología de la Universidad de Leiden dedicó veinte años de su vida a perfeccionar el nuevo método electrofisiológico. Einthoven fue, por ejemplo, el primero en usar el término elektrocardiogram, en un artículo de 1893 sobre los nuevos métodos de investigación clínica2. Y quien, en 1895, tras corregir mediante una fórmula de su invención las ondas registradas A, B, C y D (nombradas, como era costumbre, con las primeras letras del alfabeto), describió las cinco ondas electrocardiográficas básicas, que bautizó con letras de la segunda mitad del alfabeto3: P, Q, R, S y T, exactamente igual a como hoy seguimos haciendo (figura 1). En 1901 inventó el galvanómetro de hilo4, primer electrocardiógrafo de utilidad clínica, que le valdría el premio Nobel de medicina y fisiología en 1924. Y en 1912 calculó el eje eléctrico del corazón y expuso la ley del triángulo equilátero que hoy llamamos ‘triángulo de Einthoven’, formado por sus tres derivaciones clásicas I, II y III5.

(0,21MB).

Las siglas EKG, que todavía hoy encontramos con relativa frecuencia en inglés en las historias clínicas y los artículos médicos publicados en los Estados Unidos (mucho más raramente en el inglés británico, donde lo normal es abreviar ECG la palabra electrocardiogram) corresponden a la palabra alemana Elektrokardiogramm. Conviene recordar, para entender esta peculiaridad del inglés norteamericano, que a principios del siglo XX el alemán era aún la lengua internacional de la medicina, y que entre los médicos estadounidenses era costumbre, al terminar la carrera, pasar una temporada de ampliación de estudios en Europa; por lo general, en alguno de los grandes centros del saber de los países germánicos: Alemania, el Imperio austrohúngaro o Suiza. A su regreso, llevaban consigo de vuelta numerosos germanismos que entraron con fuerza en el inglés médico de su época: anlage, eigenvalue, gegenhalten, gestaltism, grenz rays, hexenmilch, Jod-Basedow, katzenjammer, kernicterus, kieselguhr, magenblase, magenstrasse, mast cell, mittelschmerz, panzerherz, spinnbarkeit, steinstrasse, turmschädel, wasserhelle cells, zeitgeber, zuckergussdarm, zwischenferment, zwitterion... Algunos de ellos, como las siglas EKG, todavía perviven en el inglés actual, un siglo después.

Ni que decir tiene, por supuesto, que en español ‘electrocardiograma’ debe abreviarse siempre ECG, hagan lo que hagan en inglés. Los gringos partidarios de la forma EKG, aun reconociendo su origen alemán, aducen que esta forma les permite evitar confusiones con las siglas ECG en el sentido de electrocorticogram (electrocorticograma). En la práctica, no obstante, siempre cabe la posibilidad de llamar ECoG o EEG intracraneal al electrocorticograma, con lo que desaparece todo riesgo de confusión.

Aparte, conviene tener presente que, tanto en inglés como en español, las siglas ECG (o EKG) pueden utilizarse con cuatro significados muy próximos, pero distintos: electrocardiogram (electrocardiograma), electrocardiography (electrocardiografía), electrocardiograph (electrocardiógrafo) y electrocardiographic (electrocardiográfico).

Fernando A. Navarro

Consejo Editorial, Revista Española de Cardiología

Obra de referencia recomendada: Diccionario de dudas y dificultades de traducción del inglés médico (3.a edición), en la plataforma Cosnautas disponible en www.cosnautas.com/es/catalogo/librorojo.

Bibliografía
[1]
A.D. Waller.
A demonstration on man of electromotive changes accompanying the heart's beat.
J Physiol (Lond)., 8 (1887), pp. 229-234
[2]
W. Einthoven.
Nieuwe methoden voor clinisch onderzoek.
Ned Tijdschr Geneeskd., 29 (1893), pp. 263-286
[3]
W. Einthoven.
Über die Form des menschlichen Electrocardiogramms.
Arch Ges Physiol., 60 (1895), pp. 101-123
[4]
W. Einthoven.
Un nouveau galvanomètre.
Arch Néerl Sci Exactes Nat., 6 (1901), pp. 625-633
[5]
W. Einthoven.
The different forms of the human electrocardiogram and their signification.
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