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Vol. 70. Núm. 11.
Páginas 897 (Noviembre 2017)
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Viaje al corazón de las palabras
DOI: 10.1016/j.recesp.2017.01.006
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Huellas del francés en el lenguaje cardiológico (I)
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Fernando A. Navarro
Consejo Editorial, Revista Española de Cardiología
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Llevamos ya vistos y comentados en esta serie diversos tecnicismos cardiológicos que el español ha tomado del inglés, del alemán y del japonés. Y cabe preguntarse: ¿no hay acaso también galicismos en nuestro lenguaje especializado? Los hay, claro que los hay.

De hecho, el francés ha sido, junto con el inglés, el idioma moderno que más términos ha aportado al lenguaje médico castellano. Me refiero no solo a galicismos crudos de uso frecuente entre médicos (cri du chat, déjà vu, dépôt, ergot, folie à deux, grand mal y petit mal, moulage, muguet, retard, voyeur), sino fundamentalmente a galicismos ya plenamente castellanizados (bocio, bureta, cafeína, chancro, control, coqueluchoide, culdoscopia, curetaje, desbridamiento, despistaje, dosier, drenar, frotis, gragea, mamelón, marrón, matraz, medio interno, narina, nicotina, pipeta, tampón, tic, tiraje intercostal, tisular, torniquete, toxicómano, travestismo, triaje, trócar, viable) o a términos médicos que, aunque originarios de otros idiomas, han llegado a nuestra lengua a través del francés y han imitado su grafía; pienso, no sé, en voces como bisturí, chalazión, colchicina, escorbuto, fetichismo, gripe, higiene, periné, peroné y soja. ¿A nadie le extraña, por ejemplo, que ‘hematíe’ sea la única palabra terminada en ‘–íe’ que aparece recogida en el Diccionario de la Real Academia Española (RAE)? Procede del griego, nadie lo duda, pero su paso directo de la lengua griega al español, pasando por el latín, hubiera debido dar en nuestra lengua ‘hemacia’, y si hoy escribimos ‘hematíe’ es, nadie lo dude, porque en francés escriben hématie.

En cardiología, un buen ejemplo del primer grupo de galicismos —el de los galicismos flagrantes o crudos— es la expresión torsade de pointes. Acuñada por François Dessertenne en 1966, ha pasado sin cambios al inglés para designar una taquicardia ventricular atípica caracterizada por complejos QRS de configuración variable y que parecen retorcerse alrededor de la línea isoeléctrica del electrocardiograma. El predominio del calco torsade de pointes es también abrumador en español, pese a que podría traducirse sin problemas por ‘taquicardia ventricular (polimorfa) en entorchado’ o ‘taquicardia (ventricular) helicoidal’.

Y como ejemplo de la huella que la ortografía francesa ha dejado en el lenguaje cardiológico cabe señalar el vocablo catéter. En español, la acentuación etimológica de esta palabra de origen griego debería ser esdrújula (/cáteter/), igual que en inglés, pero en la actualidad no conozco ni un solo cardiólogo —en España o en América, tanto da— que la pronuncie así cuando se expresa en español. La acentuación llana actual /catéter/ obedece con casi total seguridad al hecho de que esta palabra nos llegó a través del francés, y en la grafía francesa cathéter la tilde aguda se interpretó erróneamente como acento de intensidad, en lugar de como marca de apertura de la vocal. Es exactamente lo mismo que nos pasó con élite (palabra que en francés pronuncian /elít/): la RAE la aceptó como voz española en 1984, exclusivamente con la acentuación llana etimológica ‘elite’; pero en el año 2001 tuvo que rendirse a la evidencia y admitir también la forma esdrújula antietimológica ‘élite’, que es la de uso claramente mayoritario. O lo que nos pasó también con los personajes de historieta Astérix, Obélix e Idéfix, que deberían ser nombres agudos (en el francés original los escriben Astérix, Obélix e Idéfix, sí, pero pronuncian /asteríx/, /obelíx/ e /idefíx/) pero hoy son en español mayoritariamente llanos, por confusión —insisto— entre la é tildada del francés (que marca apertura vocálica) y la é tildada española (que marca intensidad tónica). De ahí, pues, que hoy los médicos de habla hispana —cardiólogos incluidos— digamos ‘catéter’ en lugar de ‘cáteter’; solo el francés cathéter lo explica.

Obra de referencia recomendada: Diccionario de dudas y dificultades de traducción del inglés médico (3.a edición), en la plataforma Cosnautas de consulta en línea: <www.cosnautas.com/catalogo/librorojo>.

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