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Vol. 76. Núm. 7.
Páginas 493 (julio 2023)
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Viaje al corazón de las palabras
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¿Qué ruido hace el corazón?
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Llamamos onomatopeyas a las palabras que tratan de imitar o recrear un sonido: beee, bla-bla-bla, bum, catapum, chinchín, clic, cucú, gluglú, jajajá, miau, ñam-ñam, ¡plas, plas, plas!, puaj, rin-rin, tic-tac, tilín, uf, zzz...

En todas las lenguas, el repertorio más rico de expresiones onomatopéyicas suele estar formado por las que buscan representar las voces de los animales. Y muchas personas están convencidas de que las onomatopeyas son invariables en todas las lenguas. A fin de cuentas, parecen pensar, el cuco hace ‘cucú’ en Rusia como en Francia; la vaca hace ‘mu’ en China como en España, y el pato hace ‘cua cua’ en Chile como en Australia, ¿no? Pues no. Y los traductores lo sabemos bien, por la cuenta que nos trae. El perro hace ‘guau guau’ en español, sí, pero waf waf en holandés, woof woof en inglés y bub bub en catalán; la rana hace ‘croá croá’ en español, pero kero-kero en japonés, kum en polaco y brekeke en húngaro; el cerdo hace ‘oinc oinc’ en español, pero grunz en alemán, buubuu en japonés y kurrin kurrin en vasco; los pajaritos hacen ‘pío pío’ en español, pero cip cip en italiano, piep piep en alemán y tweet tweet en inglés. El gallo, en fin, hace ‘quiquiriquí’ en español, pero cocorico en francés, cacaracá en bable, chicchirichi en italiano, kukurruku en vasco ¡y cock-a-doodle-doo (pronunciado algo así como /kokadudeldú/) en inglés!

Algo parecido cabe decir de las onomatopeyas humanas. Cualquier médico que viaje por el extranjero puede comprobarlo fácilmente con solo preguntar en los países que visite cómo es allí la interjeción onomatopéyica para expresar el dolor físico o para expresar un estornudo.

En español, la cosa está clara: entre nosotros, cuando uno se hace daño al caer, se pincha con una aguja el pulpejo del dedo o se da un coscorrón con la esquina de una alacena, grita ‘¡ay!’. Pero en inglés gritan ouch! o ow!; en alemán, aua!; en catalán, ai! u oi!; en coreano, aiyat!; en danés, uh!; en francés aïé!; en holandés, auw!; en italiano, aiya!; en japonés, itai!; en noruego, au!; en sueco, aj!; y en tagalo, aray!

Cuando alguien estornuda, a nosotros nos suena algo así como ‘¡achís!’ o ‘¡achús!’. Pero en inglés oyen achew!, achoo!, ah-choo!, atchoo!, kerchoo! o incluso, entre británicos, atishoo!; en alemán, hatschi!; en coreano, etchi!; en finlandés, atsihh!; en francés, atchoum!; en griego, apsiu!; en húngaro, hapci!; en italiano, eccì! o etciu!; en japonés, hakushon!; en noruego, aatsjoo!; en portugués, atchim!; en rumano, hapciu!; en ruso, апчхи!; en sueco, atjoo!; en tagalo, ha-ching!, y en turco, hapşu!

Pero esto es una revista de cardiología y me pregunto: ¿cuál es la onomatopeya del corazón? Cambia mucho, me parece, si preguntamos a un ciudadano de a pie o a un médico. En inglés, si pregunto por la calle, suelen decirme que la onomatopeya de los latidos cardíacos es thump-thump. En español, en cambio, no parece haber unanimidad; ciertamente, el latido cardíaco no parece ser una onomatopeya tan conocida y usada como el guau guau del perro, el muuu de la vaca o el pío pío de los pollitos. Pregunto por la calle, y algunas de las respuestas que más se repiten son bum-bum, pum-pum, tum-tum, tu-tum, tuc-tuc y tac-tac.

Entre médicos, la cosa cambia. En las facultades de medicina, los dos tonos o ruidos cardíacos (S1 y S2 en inglés; T1 o R1 y T2 o R2 en español) suelen enseñarse como lub (S1) y dup (S2) en inglés, mientras que en español suelen ser ‘lup’ (T1) y ‘dum’ (T2). Los latidos cardíacos, pues, sonarían en inglés lub-dub o dub-lub, según estemos tratando de reflejar la sístole (más breve) o la diástole (más larga); mientras que en español serían, respectivamente, lup-dum y dum-lup.

Fernando A. Navarro

Consejo Editorial,Revista Española de Cardiología

Obras de referencia recomendadas:

Diccionario de dudas y dificultades de traducción del inglés médico (3.a edición), 2013-2023; en la plataforma Cosnautas disponible en www.cosnautas.com/es/catalogo/librorojo.

«Laboratorio del lenguaje» de Diario Médico, 2006-2023, disponible en www.diariomedico.com/opinion/fernando-navarro.html.

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