La estenosis aórtica grave es la valvulopatía más prevalente en la población anciana, con una incidencia creciente en paralelo al envejecimiento global1. El implante percutáneo de válvula aórtica (TAVI) ha revolucionado el abordaje de esta enfermedad al ofrecer un tratamiento mínimamente invasivo, eficaz y especialmente atractivo en pacientes con riesgo quirúrgico intermedio o alto2,3. Sin embargo, pese al avance que ha supuesto el TAVI, hasta 1 de cada 6 pacientes reingresa por insuficiencia cardiaca (IC) durante el primer año tras el procedimiento1–5. La presencia de IC complica el curso evolutivo del paciente, asociándose a mayor morbimortalidad incluso después de una corrección valvular exitosa.
Los inhibidores del cotransportador de sodio-glucosa tipo 2 (iSGLT2) han transformado el tratamiento de la IC —independientemente de la fracción de eyección— demostrando sólidos beneficios cardiovasculares6–8. No obstante, los pacientes con valvulopatías graves o intervenidos recientemente quedaron sistemáticamente excluidos de los ensayos principales con estos fármacos. A ello se suma que los pacientes que reciben un TAVI suelen ser de edad avanzada, un grupo infrarrepresentado en dichos estudios. Por ello, el hecho de disponer de evidencia específica para este perfil es especialmente relevante.
En este contexto, el ensayo clínico DapaTAVI evaluó la utilidad de los iSGLT2 en pacientes ancianos con estenosis aórtica sintomática que reciben un TAVI9. Sus resultados mostraron una reducción del 28% en la mortalidad y en los reingresos por IC, con un perfil de seguridad globalmente favorable, pese a un incremento esperado de infecciones genitales e hipotensión.
El trabajo de Obeidat et al.10, publicado recientemente en Revista Española de Cardiología, aporta evidencia complementaria en la misma dirección. Este estudio retrospectivo incluyó una amplia cohorte de 6.044 pacientes con IC que reciben un TAVI, comparando aquellos tratados con iSGLT2 frente a los que no. El inicio del tratamiento podía producirse hasta 30 días antes o después del procedimiento. Con el fin de minimizar los sesgos inherentes a un estudio observacional, los autores aplicaron un análisis con puntuación de propensión. En el objetivo primario, mortalidad por cualquier causa, los iSGLT2 se asociaron a reducciones significativas tanto a 12 meses (el 7,3 frente al 10,5%; hazard ratio=0,71; intervalo de confianza del 95%, 0,60-0,85; p <0,001) como a 5 años (el 10,7 frente al 20,6%; hazard ratio=0,59; p=0,001). Asimismo, se observó una menor incidencia de hospitalizaciones por IC, visitas a urgencias y reducciones significativas de otros episodios cardiovasculares, como infarto agudo de miocardio a 5 años y accidentes cerebrovasculares a 6 meses.
Comparado con el ensayo DapaTAVI, el estudio de Obeidat et al.10 sí detecta una disminución significativa de la mortalidad individual, probablemente debido a su mayor tamaño muestral, una edad media inferior (75 frente a 82 años) y un seguimiento más prolongado. Es plausible que algunos efectos beneficiosos de los iSGLT2 (como el remodelado cardiaco, la mejoría renal o la optimización metabólica) requieran tiempo para impactar en la mortalidad a largo plazo.
Un aspecto destacable del estudio es que no se limitó a dapagliflozina, sino que incluyó distintos iSGLT2, lo que reforzó la hipótesis de un efecto de clase. Además, la comparación con otros antidiabéticos orales mostró que los iSGLT2 no solo reducen la mortalidad y las hospitalizaciones, sino también episodios renales y cardiovasculares mayores, como la insuficiencia renal aguda o progresión a diálisis. Esto respalda la idea de que sus beneficios trascienden el mero control glucémico, con efectos adicionales metabólicos y renoprotectores, como ya se sugería en otros trabajos11–14.
El trabajo de Obeidat et al.10, sin embargo, no está exento de limitaciones: su naturaleza retrospectiva, el uso de registros electrónicos y la posibilidad de variables no medidas introducen un riesgo de confusión residual. Asimismo, la amplia ventana temporal para el inicio del tratamiento dificulta las relaciones exactas entre exposición y efecto. Aunque los análisis comparativos con otros antidiabéticos añaden valor, su potencia estadística es limitada por el tamaño muestral más reducido en ese subgrupo.
En conclusión, el estudio de Obeidat et al.10 refuerza la evidencia a favor del uso de iSGLT2 en pacientes con IC que reciben un TAVI, y aporta datos de eficacia y seguridad en un entorno de práctica clínica real. Desde el punto de vista asistencial, la integración de los iSGLT2 como tratamiento adyuvante en el periodo peri-TAVI representa un avance significativo en la optimización del abordaje de pacientes ancianos y de alto riesgo, con potencial para mejorar su pronóstico y calidad de vida, y reducir la carga asistencial derivada de los reingresos.
FINANCIACIÓNNinguna.
CONFLICTO DE INTERESESLos autores declaran no tener conflictos de intereses relacionados con este trabajo.
