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Vol. 59. Núm. 4.
Páginas 401 (Abril 2006)
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DOI: 10.1157/13087070
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Julio Pascual-Gómeza, José Gutiérrez-Morloteb
a Servicio de Neurología. Hospital Universitario de Salamanca. Salamanca. España.
b Servicio de Cardiología. Hospital Universitario Marqués de Valdecilla. Santander. España.
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Sr. Editor:

En nuestra opinión, Gallego y Aguilera hacen una lectura inadecuada del contenido de nuestro artículo en el que mostramos 2 casos de cefalea cardiaca. Los citados autores aceptan que el caso 1 cumple los criterios diagnósticos exigidos por la Internacional Headache Society. Coincidimos que el caso 2 no cumple estrictamente estos criterios diagnósticos, ya que no se documentó la isquemia miocárdica concomitante. Eso no significa, sin embargo, que la paciente no presentara una cefalea cardiaca. Las características clínicas de la paciente, con cardiopatía isquémica activa y repleta de factores de riesgo vascular, y de su cefalea son del todo compatibles con este diagnóstico. La reiterada e inmediata respuesta a los nitratos, que la enferma refería de manera espontánea, difícilmente podría aceptarse que fuera debida a un efecto placebo como afirman los autores, ya que la cefalea es el efecto secundario más frecuente de estos fármacos. Si no se confirmó el diagnóstico fue precisamente por el lógico desconocimiento de sus médicos de esta entidad, cuyo diagnóstico no sospecharon en vida. En neurología, y en concreto en el campo de las cefaleas, muchos de los diagnósticos siguen residiendo en criterios puramente clínicos. La cardiología es una especialidad mucho más avanzada en el terreno de la confirmación diagnóstica mediante pruebas complementarias, pero ¿no diagnosticarían clínicamente los autores de angina a un paciente mayor y con múltiples factores de riesgo vascular con un dolor centrotorácico de características típicas, a pesar de que no se hubiera practicado un ECG? Estamos seguros de que sí. Es importante recordar, por tanto, que en muchos casos todavía la historia clínica por sí misma, teniendo muy en cuenta las características del paciente, es suficiente para emitir un diagnóstico clínico de certeza, como creemos que ocurrió en nuestro caso 2 y para el que los citados autores no ofrecen un diagnóstico alternativo.

Concluir, como hacen Gallego y Aguilera, a partir de nuestro artículo en el que presentamos únicamente 2 casos y procedentes de 2 hospitales diferentes que «los cardiólogos podemos empezar a recibir en nuestra consulta a pacientes con cefalea para descartar cardiopatía isquémica y en los servicios de urgencia se puede empezar a solicitar electrocardiogramas, determinaciones enzimáticas y valoraciones cardiológicas a todos los pacientes con este síntoma» es innecesariamente alarmista. En ningún caso se afirma en nuestro manuscrito que ésta sea una entidad frecuente, sino todo lo contrario. Entre interrogantes en el título se apunta la posibilidad, que estamos seguros de que es cierta por el creciente número de casos comunicados los últimos 2 años, que esté infradiagnosticada, por su desconocimiento y falta de individualización hasta fechas muy recientes. En el texto dejamos claro que esta entidad «ha de sospecharse en cefaleas de novo que se inician después de los 50 años en pacientes con factores de riesgo vascular y cardiopatía isquémica y que ceden con nitritos». Dado que es más que excepcional que las cefaleas primarias comiencen por encima de los 50 años y más aún en pacientes con ateromatosis, los autores pueden estar tranquilos porque estamos seguros de que, simplemente siguiendo estas sensatas recomendaciones de la International Headache Society, las consultas de cardiología no se verán sobrecargadas por pacientes con cefalea, ni en urgencias se solicitarán estos estudios complementarios a todos los pacientes con cefalea. Para terminar, nos gustaría aprovechar esta oportunidad para recordar que, aunque la cefalea cardiaca es una entidad rara, su reconocimiento no es baladí. El diagnóstico diferencial con la migraña es crucial para evitar la habitual administración de medicaciones vasoconstrictoras. Nuevamente, la correcta historia clínica es la clave en el diagnóstico de estos pacientes ya que, aunque la cefalea de la migraña es muy parecida a la cefalea cardiaca, la migraña no se inicia en mayores de 50 años, es excepcional en pacientes con ateromatosis y empeora característicamente con los nitritos.

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