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Vol. 74. Núm. 11.
Páginas 1001 (Noviembre 2021)
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Félix Pérez-Villa
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Marta Farrero, Eulàlia Roig
Hospital Clínic de Barcelona, Barcelona, España
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Escribimos estas líneas pensando en el extraordinario hombre que nos ha dejado y en el vacío inmenso que su pérdida supone para su familia, amigos, compañeros y pacientes.

A modo de pequeña biografía profesional, Félix Perez-Villa terminó la carrera de Medicina en la Universitat de Barcelona en 1985 y se doctoró en 2001. Fue residente de Cardiología en el Hospital Clínic de Barcelona y posteriormente trabajó en el Hospital Vall d’Hebron. Realizó una estancia formativa en el Montreal Heart Institute y poco después de su regreso, en 1995, se incorporó de nuevo al equipo del Hospital Clínic de Barcelona, donde alcanzó la mayor categoría profesional (consultor senior) y donde trabajó hasta su reciente fallecimiento en julio de 2021. Era un cardiólogo muy completo, que compaginó perfectamente una prominente labor asistencial con una importante trayectoria docente y de investigación.

Durante más de 20 años, se dedicó a la insuficiencia cardíaca y el trasplante. Juntos diseñamos la creación de la actual Unidad de Insuficiencia cardíaca, y conseguimos el reto de poner en marcha el programa de Trasplante Cardíaco del Hospital Clínic, donde se realizó el primer trasplante en mayo de 1998. Posteriormente colaboró también en la implantación de la primera asistencia ventricular de larga duración en nuestro centro. Era, es y será una persona de referencia en este campo y un miembro muy querido y respetado dentro de la pequeña gran familia de la insuficiencia cardiaca en España.

Era un clínico excepcional, capaz de resolver los casos más complejos desde el análisis, la lógica, la experiencia y una intuición que rara vez fallaba. Aunque las habilidades clínicas son más difíciles de medir que las técnicas o científicas, bastaría con decir que Félix era la persona a quien todos acudíamos cuando un caso se complicaba o cuando había que tomar una decisión comprometida; la persona por la que se hacía el silencio en las reuniones, esperando escuchar su opinión; la persona que en un suspiro resolvía un rompecabezas con el que habíamos estado batallando durante horas. Así mismo lo percibían nuestros pacientes, que se han volcado desde su fallecimiento en muestras de gratitud y cariño. Su legado permanecerá en esas vidas reconquistadas, en esos corazones trasplantados que desafiaron a la muerte y hablan a diario de segundas oportunidades.

Félix tenía también un talento especial para la docencia. Además de formar residentes (fue tutor primero y coordinador de docencia del Instituto Cardiovascular después), formó también a muchos especialistas de otros países que venían a realizar rotaciones con él y que le recuerdan siempre con cariño y admiración. Pasar visita a su lado era un verdadero privilegio. Como es indispensable en un buen mentor, Félix sabía escuchar, interpretar y aconsejar, siempre poniendo por delante el interés de quien buscaba en él un apoyo. Cualquier conversación de pasillo podía convertirse en una lección de vida, mientras entre risas lanzaba al aire frases cargadas de verdad, listas para saborear de forma reposada más tarde.

Echaremos especialmente de menos su ironía y su fino sentido del humor. Un humor a veces afilado, a veces negro, a veces británico, capaz de relativizar y transformar en surrealista cualquier situación hasta el punto del absurdo. Un humor que a menudo utilizaba como escudo para hacer más llevadera esa capacidad de ver las cosas demasiado claras. Echaremos de menos su amena conversación, plagada de viajes apasionantes y aventuras que le llevaron a los extremos del mundo. Eran muy divertidas sus referencias a la ciencia-ficción, en la que encontraba, a veces, insospechadas pistas para entender la realidad.

Que la Fuerza te acompañe, querido amigo, ahora que nos acompaña tu ausencia. ¡Gracias por ser el mejor compañero posible en este camino que hemos compartido! Ahora emprendes tu último viaje con el cariño y la gratitud infinita de los que rodearon a modo de equipaje. Hasta siempre mentor, amigo, colega. Seguirás siendo nuestro referente.

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