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Vol. 56. Núm. 2.
Páginas 219 (Febrero 2003)
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DOI: 10.1157/13043234
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Eduardo Alegríaa, Julián Bayónb
a Departamento de Cardiología y Cirugía Cardiovascular. Clínica Universitaria. Pamplona.
b Servicio de Cardiología. Hospital de León. León. España.
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Sr. Editor:

La contribución (como tal tomamos su carta de réplica que alude al artículo editorial que publicamos sobre las Unidades de Dolor Torácico [UDT] en esta misma revista1) de Jiménez Murillo et al, en representación de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES) es bienvenida y agradecida. Fue un placer para nosotros aceptar, en su día, el encargo de la Sección de Cardiopatía Isquémica de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) de coordinar el documento de consenso sobre las UDT2, lo fue comentar en el editorial citado los primeros resultados clínicos favorables obtenidos en España con la metodología aconsejada, reflejados en el excelente artículo de Pastor et al3, y lo es ahora agradecer la contribución de la SEMES.

El objetivo principal de las directrices antes citadas2 (en cuya elaboración, por cierto, participaron expertos en urgencias además de cardiólogos) era precisamente el que Jiménez et al aducen en su carta: aprovechar mejor los recursos; coordinar aún más a las personas y unidades actualmente involucradas en la atención a los pacientes que presentan una situación clínica urgente (no pacientes emergentes, por favor), y por ello aumentar al máximo la calidad de tal atención. Precisamente este afán integrador llevó al grupo de la SEC que diseñó el antecitado documento a no detallar en exceso requisitos, procedimientos o responsabilidades de las UDT, con la pretensión de permitir que se organizasen localmente atendiendo a la amplia variedad de situaciones que se dan en nuestro país. No hay duda de que las organizaciones que mencionan Jiménez et al tienen perfecta cabida en la estructura propuesta: justamente es un excelente ejemplo de ello la organización del grupo del Hospital de Valme3. El camino, pues, para subsanar las deficiencias y dificultades que, con toda razón, aducen Jiménez et al en su carta es, precisamente, la integración funcional que defendemos y brindamos. Trabajemos, pues, unidos (virtual o físicamente) y en la misma dirección, sin reivindicaciones disgregadoras ni protagonismos estériles.

No es menos bienvenida ni agradecida la enjundiosa, valiente y acertada aportación de García Cosío, que rebosa de sus reconocidos rigor científico, hondura intelectual y afán de colaboración con la SEC. Realmente, cuando cuenta cómo atienden los casos de dolor torácico agudo en el Servicio de Cardiología del Hospital Universitario de Getafe está describiendo, ni más ni menos, una Unidad de Dolor Torácico virtual exactamente tal y como se defendió (o así pretendió hacerse al menos) en nuestro editorial que comenta1. Una vez más, el documento de trabajo de las UDT2 pretendía solamente crear un marco de actuación donde encajar las infinitas particularidades de este particular país, sin ocultarlas pero sin renunciar a mejorarlas en lo posible, sin necesidad de trasladar experiencias de países con situaciones muy diferentes. En la llamada de nuestro editorial «Urge su Desarrollo Total» (aunque a causa de una, a nuestro juicio, inadecuada corrección estilística por parte de la revista, se perdió el efecto que el uso de las mayúsculas quería conseguir ­también su traducción libre al inglés­: remedar las siglas UDT/CPU) justamente utilizamos el término desarrollo, de más amplio alcance que creación, para intentar transmitir esta idea de funcionamiento autónomo. La rápida aparición de resultados de dos grupos diferentes3,4 no es sino una demostración de las posibilidades de este enfoque.

La aportación de García Cosío demuestra, a nuestro entender, que en su servicio se ha reflexionado sobre las diversas formas de atender con eficiencia a los pacientes con dolor torácico agudo y se ha elegido la más acorde con sus disponibilidades. Esta reflexión es, con seguridad, el factor principal del éxito de las UDT, con independencia de si se organizan finalmente como físicas o virtuales, son multi o unidisciplinarias, grandes o pequeñas, se ubican en el servicio de urgencias o en cardiología, o se denominan así, con otro nombre o no reciben ninguno.

Bibliografía
[1]
Alegría E, Bayón J..
Unidades de dolor torácico: urge su desarrollo total..
Rev Esp Cardiol, 55 (2002), pp. 1013-4
[2]
Bayón J, Alegría E, Bosch X, Cabadés A, Iglesias I, Jiménez Nácher JJ, et al..
Unidades de dolor torácico. Organización y protocolo para el diagnóstico de los síndromes coronarios agudos..
Rev Esp Cardiol, 55 (2002), pp. 143-54
[3]
Pastor L, Pavón R, Reina M, Caparrós J, Mora J..
Unidad de dolor torácico: seguimiento a un año..
Rev Esp Cardiol, 55 (2002), pp. 1021-7
[4]
Sanchís J, Bodí V, Llacer A, Núñez J, Ferrero JA, Chorro FJ..
Valor de la prueba de esfuerzo precoz en un protocolo de unidad de dolor torácico..
Rev Esp Cardiol, 55 (2002), pp. 1089-92
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