Los adultos con discapacidad tienen mayor riesgo de mortalidad general, pero la evidencia sobre su riesgo de mortalidad cardiovascular es escasa. Este estudio pretende evaluar la asociación entre la gravedad de la discapacidad y la mortalidad por enfermedades cardiovasculares en adultos no institucionalizados.
MétodosEntre 2007-2008, se evaluó la discapacidad y su gravedad según la clasificación internacional de funcionamiento, discapacidad y salud en una cohorte representativa de 105.743 personas ≥ 40 años residentes en España. Se recogió su mortalidad cardiovascular hasta 2017. Los riesgos de mortalidad cardiovascular a 5 y 10 años en cada categoría de discapacidad se estandarizaron por características sociodemográficas mediante inverse probability weighting y se corrigieron considerando la mortalidad competitiva. Se realizaron análisis de sesgos para cuantificar la confusión residual por enfermedades cardiovasculares basales no medidas.
ResultadosLa prevalencia basal de discapacidad fue del 16,2% (IC95%, 15,9-16,4) (el 11,5% con discapacidad leve, el 3,5% moderada y el 1,1% grave/completa). Comparados con personas sin discapacidad, las razones de riesgo estandarizadas a 5 años de mortalidad cardiovascular (IC95%) fueron 1,70 (1,49-1,93), 3,92 (3,23-4,76) y 4,77 (3,42-6,66) para personas con discapacidad leve, moderada y grave/completa, respectivamente, lo que corresponde a 11,7 (8,4-15,0), 49,0 (37,0-60,9) y 63,1 (37,0-89,3) muertes cardiovasculares más por 1.000 personas. La confusión residual positiva por enfermedades cardiovasculares basales no medidas fue del 5,9%. Los resultados fueron similares para mortalidad cerebrovascular y cardiopatía isquémica, y se mantuvieron 10 años.
ConclusionesLos adultos con discapacidad tienen mayor mortalidad por enfermedades cardiovasculares. Se deben investigar las condiciones que aumentan su riesgo cardiovascular y se necesitan medidas preventivas para reducirlo.
Palabras clave
La definición de discapacidad engloba «deficiencias, limitaciones de la actividad y restricciones de la participación»1; la discapacidad surge de la interacción entre factores contextuales y el estado de salud de la persona1. La prevalencia de la discapacidad es considerable y alcanza aproximadamente el 18,0% en los países de renta baja y el 11,8% en los de renta alta1. Además, se ha sugerido que varios factores de riesgo1 y trastornos de salud secundarios2 podrían ser más prevalentes en las personas con discapacidad, y aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares y sus consecuencias en esta población3.
Un número limitado de estudios con seguimientos dilatados en el tiempo han descrito la asociación entre discapacidad y mortalidad cardiovascular4–10, y todos ellos han encontrado asociaciones relevantes. Sin embargo, algunos de estos estudios solo se centraron en adultos mayores4,5,7 o no llevaron a cabo análisis específicos de distintos grupos sociodemográficos4,6,7,10. Además, solo 3 de ellos analizaron la asociación por categorías de gravedad de la discapacidad8–10 y 1 de ellos observó que la mortalidad cardiovascular por categorías de gravedad de la discapacidad únicamente aumentaba en los varones9. Por último, solo Forman-Hoffman et al.9 evaluaron la asociación por varias causas específicas de muerte cardiovascular.
Así pues, el objetivo principal de este estudio fue evaluar las asociaciones entre discapacidad y mortalidad cardiovascular (general y por varias causas específicas) según las categorías de gravedad de la discapacidad y de los distintos grupos sociodemográficos, de una gran cohorte representativa de la población española de ≥40 años.
MÉTODOSPoblación de estudioEste estudio de cohortes utilizó datos de seguimiento de la mortalidad a 10 años de la Encuesta de Discapacidad, Autonomía Personal y Situaciones de Dependencia 2008 (EDAD-08)11. La encuesta se realizó entre noviembre de 2007 y febrero de 2008 en una amplia muestra representativa de la población no institucionalizada de España. Se seleccionó a los participantes mediante un método de muestreo en 2 etapas estratificado por provincia y tamaño del municipio. Se eligieron 3.843 secciones censales con una probabilidad proporcional a su tamaño y se incluyeron aleatoriamente 25 hogares en cada una de las secciones censales seleccionadas. De los 84.497 hogares que reunían los requisitos, 63.541 aceptaron participar (tasa de respuesta del 75,2%). Además, se sustituyeron aleatoriamente 27.749 hogares que no reunían los requisitos o que no respondieron por otros hogares en las mismas secciones censales. Se evaluó la discapacidad de los 258.187 residentes de los 91.290 hogares participantes. Se asignaron ponderaciones muestrales a los participantes en el estudio para tener en cuenta las diferentes probabilidades de selección por provincia y composición del hogar, así como las distintas tasas de respuesta por sexo y grupo de edad11.
Para el presente estudio, se excluyó a 50.662 participantes en la encuesta (19,6%) que no disponían de datos de identificación suficientes para el seguimiento de la mortalidad y a 362 (0,1%) de los que carecían de información sobre las características sociodemográficas iniciales. También se excluyó a 101.420 participantes (39,3%) <40 años, ya que el reducido número de muertes cardiovasculares por categoría de discapacidad impidió realizar análisis precisos en este rango de edad (23, 5, 2 y 2 muertes cardiovasculares después de un seguimiento de 10 años de los participantes de 18 a 39 años sin discapacidad, con discapacidad leve, moderada y grave/total, respectivamente). Por tanto, la cohorte final estuvo formada por 105.743 adultos no institucionalizados de ≥ 40 años (figura 1).
Seguimiento de la discapacidad y la mortalidad al inicio del estudioLa información inicial sobre la discapacidad de cada uno de los residentes del hogar se obtuvo a través de entrevistas personales, primero con el encuestado principal del hogar y luego con aquellos residentes identificados como posibles discapacitados. En la encuesta EDAD-08, la discapacidad se definió como cualquier limitación importante para la realización de actividades básicas sin ayuda o supervisión externa, causada por una deficiencia que había durado o se esperaba que durara más de un año. El cuestionario sobre discapacidad incluía 44 preguntas, agrupadas en los siguientes 8 ámbitos: visión, audición, comunicación, aprendizaje y aplicación de conocimientos y realización de tareas, movilidad, autocuidado, vida doméstica, e interacciones y relaciones interpersonales11. Las personas que respondieron afirmativamente a cualquiera de estas preguntas formaron el grupo con discapacidad. Para evaluar la gravedad de la discapacidad, se recodificaron 29 preguntas seleccionadas del cuestionario EDAD-08 según los ámbitos específicos d2-d7 de la lista de verificación de la Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud (CIF)12,13. A partir de la dificultad declarada para realizar cada una de las tareas, se calculó una puntuación global de la CIF, y se clasificó en discapacidad leve, moderada y grave/total según sus categorías. Se puede encontrar más información sobre la evaluación de la discapacidad en otras publicaciones14.
La edad, el sexo, la convivencia en pareja, el nivel educativo alcanzado y los ingresos mensuales del hogar se obtuvieron mediante entrevista. A 6.616 de los 64.861 hogares (10,2%) en los que faltaban datos sobre los ingresos se les asignó la categoría de ingresos más frecuente de sus secciones censales (correlación intraclase de 0,21 entre los ingresos de los hogares de la misma sección censal). El lugar de residencia se clasificó según el tamaño del municipio y la región NUTS (nomenclatura común de unidades territoriales estadísticas) de primer nivel (noroeste, nordeste, Madrid, centro, este, sur o islas Canarias). El diagnóstico médico de enfermedad cardiovascular (enfermedad cardiaca o cerebrovascular) al inicio del estudio se obtuvo a partir del cuestionario de discapacidad y, por tanto, solo estaba disponible en los participantes con discapacidad.
El Instituto Nacional de Estadística de España, que registra todas las defunciones en España y sus causas subyacentes, proporcionó los datos de mortalidad15. Los criterios de valoración del estudio fueron las muertes por cardiopatía isquémica (códigos I20-I25 de la CIF, 10.ª revisión), ictus (códigos I60-I69) y enfermedades cardiovasculares (códigos I00-I99). Los participantes aportaron el tiempo de seguimiento desde la entrevista inicial entre 2007 y 2008 hasta su muerte por enfermedad cardiovascular, muerte por cualquier otra causa (riesgo concurrente) o el 31 de diciembre de 2017 (censura estadística).
Análisis estadísticosLa mortalidad cardiovascular acumulada por cada categoría de discapacidad (ninguna, leve, moderada o grave/total) se estandarizó según la distribución ponderada por muestreo de las características sociodemográficas iniciales de toda la población española de ≥ 40 años no institucionalizada mediante el uso de ponderaciones de probabilidad inversa de exposición16. Primero se modificó un modelo logístico de respuesta politómica ponderado por muestreo para estimar la probabilidad poblacional de cada participante de encontrarse en su propia categoría de discapacidad observada según el sexo, la edad, la convivencia en pareja, el nivel educativo, los ingresos familiares, el tamaño del municipio y la región geográfica. El modelo incluía los términos principales de cada categoría de características sociodemográficas que se muestran en la tabla 1, así como los términos de interacción de primer orden entre el sexo y el grupo de edad (< o ≥ 55 años) con las categorías de pareja, educación e ingresos, a fin de permitir la confusión específica por sexo y edad. Las ponderaciones de estandarización se calcularon como la inversa de las probabilidades condicionales estimadas a partir del modelo y se redimensionaron mediante las proporciones marginales ponderadas por muestreo en cada categoría de discapacidad para estabilizar las ponderaciones16. A continuación, se asignaron ponderaciones combinadas a los participantes en la encuesta como el producto de las ponderaciones de muestreo y estandarización, corrigiendo así el sesgo de selección y la confusión por características sociodemográficas17. Tras recortar los 11 ponderados extremos superiores, la ponderación media [rango] combinada fue de 1,00 [0,01-30,0] (figura 1 del material adicional). Esta ponderación proporcionó una estandarización eficaz, ya que las distribuciones totalmente ponderadas de las características sociodemográficas de referencia eran bastante similares entre las categorías de discapacidad y coincidían con sus distribuciones ponderadas por muestreo en toda la población no institucionalizada (tabla 1 del material adicional).
Características iniciales de los participantes por categoría de discapacidad en la Encuesta de Discapacidad, Autonomía Personal y Situaciones de Dependencia, España, 2007-2008a
| Discapacidad | ||||||
|---|---|---|---|---|---|---|
| Característica | General | No | Leve | Moderada | Grave/total | pb |
| N.° de participantes | 105.743 (100) | 88.691 (83,8) | 12.148 (11,5) | 3.711 (3,5) | 1.193 (1,1) | |
| Sexo | <0,001 | |||||
| Mujeres | 55.638 (52,7) | 45.158 (51,0) | 7.222 (59,7) | 2.472 (66,7) | 786 (66,5) | |
| Varones | 50.105 (47,3) | 43.533 (49,0) | 4.926 (40,3) | 1.239 (33,3) | 407 (33,5) | |
| Edad (años) | <0,001 | |||||
| 40-54 | 46.155 (44,1) | 43.299 (49,3) | 2.316 (19,4) | 428 (12,1) | 112 (9,6) | |
| 55-64 | 23.471 (22,3) | 20.555 (23,3) | 2.431 (20,1) | 397 (10,2) | 88 (7,1) | |
| 65-74 | 18.848 (17,4) | 15.102 (16,5) | 2.934 (23,8) | 642 (16,9) | 170 (14,0) | |
| 75-84 | 13.623 (12,6) | 8.469 (9,3) | 3.454 (27,5) | 1.305 (35,0) | 395 (33,0) | |
| ≥ 85 | 3.646 (3,6) | 1.266 (1,5) | 1.013 (9,2) | 939 (25,7) | 428 (36,3) | |
| Convivencia en pareja | <0,001 | |||||
| No | 25.031 (25,3) | 18.042 (21,9) | 4.331 (38,5) | 1.937 (54,3) | 721 (61,1) | |
| Sí | 80.712 (74,7) | 70.649 (78,1) | 7.817 (61,5) | 1.774 (45,7) | 472 (38,9) | |
| Nivel de estudios | <0,001 | |||||
| Inferior a primaria | 25.583 (23,7) | 17.596 (19,3) | 5.133 (41,9) | 2.090 (55,3) | 764 (65,3) | |
| Primaria | 35.015 (31,1) | 29.648 (31,2) | 4.032 (32,1) | 1.038 (27,2) | 297 (23,5) | |
| Secundaria | 28.812 (28,5) | 26.120 (30,8) | 2.182 (18,6) | 414 (12,4) | 96 (7,3) | |
| Universidad | 16.333 (16,6) | 15.327 (18,6) | 801 (7,4) | 169 (5,1) | 36 (3,9) | |
| Ingresos mensuales familiares (€) | <0,001 | |||||
| <1.000 | 32.597 (28,4) | 24.199 (24,7) | 6.062 (48,1) | 1.838 (48,7) | 498 (40,7) | |
| 1.000-1.500 | 26.355 (24,3) | 22.238 (24,4) | 2.892 (23,4) | 894 (23,6) | 331 (27,2) | |
| 1.500-2.000 | 18.033 (17,5) | 15.862 (18,3) | 1.529 (13,4) | 476 (13,1) | 166 (14,9) | |
| 2.000-2.500 | 11.596 (11,6) | 10.486 (12,5) | 784 (6,8) | 219 (5,8) | 107 (9,1) | |
| ≥ 2.500 | 17.162 (18,3) | 15.906 (20,2) | 881 (8,2) | 284 (8,8) | 91 (8,0) | |
| Tamaño del municipio (habitantes) | <0,001 | |||||
| <10.000 | 31.720 (22,6) | 26.213 (22,0) | 3.885 (24,7) | 1.190 (26,2) | 432 (29,8) | |
| 10.000-20.000 | 11.214 (10,1) | 9.410 (10,1) | 1.237 (9,7) | 441 (11,9) | 126 (11,0) | |
| 20.000-50.000 | 12.807 (13,8) | 10.934 (14,1) | 1.337 (12,7) | 406 (12,6) | 130 (12,4) | |
| 50.000-100.000 | 8.044 (9,6) | 6.873 (9,9) | 810 (7,9) | 284 (9,0) | 77 (8,2) | |
| ≥ 100.000 | 41.958 (43,9) | 35.261 (43,9) | 4.879 (45,1) | 1.390 (40,3) | 428 (38,6) | |
| Región geográfica | <0,001 | |||||
| Noroeste | 12.169 (10,7) | 10.007 (10,6) | 1.423 (10,4) | 540 (13,3) | 199 (15,2) | |
| Nordeste | 16.328 (11,0) | 14.237 (11,3) | 1.495 (9,7) | 442 (9,2) | 154 (9,8) | |
| Madrid | 5.972 (13,7) | 5.187 (14,2) | 625 (12,8) | 118 (7,5) | 42 (8,6) | |
| Centro | 24.539 (13,2) | 20.381 (12,8) | 3.119 (15,7) | 785 (14,3) | 254 (13,5) | |
| Este | 18.621 (28,6) | 15.694 (28,8) | 2.044 (27,0) | 677 (28,8) | 206 (26,9) | |
| Sur | 24.772 (19,1) | 20.312 (18,5) | 3.092 (21,1) | 1.056 (24,1) | 312 (23,6) | |
| Islas Canarias | 3.342 (3,6) | 2.873 (3,7) | 350 (3,2) | 93 (2,8) | 26 (2,6) | |
| Enfermedades cardiovascularesc | <0,001 | |||||
| No | -d | -d | 9.920 (81,5) | 2.513 (67,5) | 711 (60,1) | |
| Sí | 2.228 (18,5) | 1.198 (32,5) | 482 (39,9) | |||
| Cardiopatía | <0,001 | |||||
| No | -d | -d | 10.332 (85,1) | 2.844 (76,5) | 957 (80,3) | |
| Sí | 1.816 (14,9) | 867 (23,5) | 236 (19,7) | |||
| Ictus | <0,001 | |||||
| No | -d | -d | 11.533 (94,7) | 3.152 (84,7) | 831 (69,7) | |
| Sí | 615 (5,3) | 559 (15,3) | 362 (30,3) | |||
Se obtuvieron estimaciones no paramétricas y suavizadas de las curvas de mortalidad cardiovascular acumulada estandarizadas en cada categoría de discapacidad mediante el uso de los métodos de Kaplan-Meier18 y modelos de supervivencia basados en splines19 con las ponderaciones combinadas anteriores, teniendo en cuenta las muertes por otras causas concurrentes. Respecto a los modelos basados en splines, los riesgos acumulativos logarítmicos específicos de la discapacidad se modelaron como diferentes splines cúbicos naturales del tiempo logarítmico con 2 nudos internos en los percentiles 33 y 6719,20. Se estimaron las proporciones estandarizadas y las diferencias en los riesgos de mortalidad por enfermedades cardiovasculares a los 5 y 10 años de seguimiento entre las categorías de discapacidad a partir de modelos de supervivencia basados en splines con ponderaciones combinadas y muertes por otras causas concurrentes, y se obtuvieron intervalos de confianza del 95% (IC95%) con métodos delta sobre estimaciones sólidas de la variancia de los coeficientes de splines19.
Dado que no se midieron las enfermedades cardiovasculares iniciales en participantes sin discapacidad, se llevó a cabo un análisis de sesgos para cuantificar la confusión residual previsible por enfermedades cardiovasculares iniciales en el riesgo relativo de mortalidad a 10 años al comparar a las personas con y sin discapacidad después de modificar por sexo y edad (los 2 principales factores de confusión sociodemográficos controlados en el presente estudio)21. Este análisis de sesgos combinó los datos del estudio con información clínica externa sobre la prevalencia general de enfermedades cardiovasculares entre los pacientes de atención primaria en España22. En los métodos del material adicional, se ofrece una descripción detallada del análisis de sesgos.
Se evaluó la heterogeneidad en los riesgos relativos entre las categorías de discapacidad por subgrupos de sexo, edad, convivencia en pareja, nivel educativo, ingresos familiares, tamaño del municipio y región geográfica, modificando modelos de supervivencia basados en splines estratificados por categoría de discapacidad y subgrupo sociodemográfico, ponderados por pesos combinados y teniendo en cuenta las muertes por otras causas concurrentes. Respecto a los análisis de subgrupos, se modelaron los riesgos acumulativos logarítmicos específicos de cada estrato como splines cúbicos naturales de tiempo logarítmico con un único nudo interno en el percentil 50. Se estimaron los riesgos relativos estandarizados a 5 años de la mortalidad por enfermedades cardiovasculares entre las categorías de discapacidad y el IC95% dentro de cada subgrupo sociodemográfico, y se comprobó la homogeneidad entre los subgrupos mediante el uso de pruebas de Wald conjuntas.
Se utilizaron los mismos métodos para comparar la mortalidad por cardiopatía isquémica e ictus entre las categorías de discapacidad. Los análisis estadísticos se realizaron con los comandos stcompet, stpm2 y stpm2cif en Stata, versión 17 (Stata Corp), y los gráficos se elaboraron en R, versión 4 (R Foundation for Statistical Computing).
RESULTADOSEn la población española no institucionalizada de ≥ 40 años, la prevalencia de discapacidad (IC95%) alcanzó el 16,2% (15,9-16,4), con el 11,5% (11,3-11,8) con discapacidad leve, el 3,5% (3,4-3,7) con discapacidad moderada y el 1,1% (1,0-1,2) con discapacidad grave/total. Las personas con un mayor grado de discapacidad tenían más probabilidades de ser mujeres, mayores y con un nivel educativo más bajo, y de vivir solas en municipios pequeños, mientras que aquellas con cualquier grado de discapacidad eran más propensas a tener ingresos familiares más bajos. Entre las personas con discapacidad, la prevalencia inicial de enfermedades cardiovasculares (en especial, ictus) aumentaba con el grado de discapacidad (tabla 1).
Durante los 977.082 años-persona de seguimiento, fallecieron 5.070 participantes por enfermedades cardiovasculares, 1.467 por cardiopatía isquémica y 1.211 por ictus, lo que corresponde a unas cifras de mortalidad de 5,1, 1,5 y 1,2 muertes por 1.000 años-persona, respectivamente. También hubo 11.706 muertes por otras causas, con una tasa de mortalidad de 12,0 muertes por 1.000 años-persona. Después de estandarizar los datos según la distribución de las características sociodemográficas iniciales de la población española no institucionalizada en general y tener en cuenta las muertes por otras causas concurrentes, la mortalidad por enfermedades cardiovasculares fue sistemáticamente mayor en las personas con mayores grados de discapacidad durante todo el seguimiento (figura 2A). En comparación con las personas sin discapacidad, los riesgos relativos estandarizados a 5 años de mortalidad por enfermedades cardiovasculares (IC95%) fueron de 1,70 (1,49-1,93) en el caso de la discapacidad leve, 3,92 (3,23-4,76) en el de la discapacidad moderada y 4,77 (3,42-6,66) en el de la discapacidad grave/total, lo que corresponde a 11,7, 49,0 y 63,1 muertes en exceso por cada 1.000 personas, respectivamente. El aumento del riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares se mantuvo tras 10 años de seguimiento, con riesgos relativos estandarizados a 10 años (IC95%) de 1,57 (1,41-1,74) en el caso de la discapacidad leve, 2,70 (2,27-3,22) en el de la discapacidad moderada y 2,67 (1,92-3,72) en el de la discapacidad grave/total, en comparación con la ausencia de discapacidad (tabla 2). Respecto a la posible confusión residual por enfermedades cardiovasculares no medidas al inicio del estudio, el análisis de sesgos indicó que, una vez estandarizado por características sociodemográficas (principalmente edad y sexo), el riesgo relativo de mortalidad a 10 años por enfermedades cardiovasculares entre personas con y sin discapacidad se desviaría del valor nulo (confusión positiva) en el 5,9% (resultados del material adicional y tabla 2 del material adicional).
Figura central. Mortalidad acumulada estandarizada (por 1.000) por enfermedades cardiovasculares (A), cardiopatía isquémica (B) e ictus (C) según la categoría de discapacidad en la población española no institucionalizada de ≥ 40 años, entre 2007-2008 y 2017. Las curvas paramétricas de mortalidad acumulada (líneas lisas) se estimaron a partir de modelos de supervivencia basados en splines, y las curvas no paramétricas (funciones escalonadas), a partir de métodos de Kaplan-Meier, ambas estratificadas por categoría de discapacidad, ponderadas por ponderaciones combinadas y contabilizando las muertes por otras causas concurrentes. Se utilizaron ponderaciones combinadas para estandarizar la mortalidad acumulada en cada categoría de discapacidad respecto a la distribución de las características sociodemográficas iniciales de toda la población española no institucionalizada ≥ 40 años, como el sexo, la edad, la convivencia en pareja, el nivel educativo, los ingresos familiares, el tamaño del municipio y la región geográfica.
Ratios estandarizadas y diferencias en los riesgos de mortalidad a 5 y 10 años por enfermedades cardiovasculares, cardiopatía isquémica e ictus por categoría de discapacidad en la población española no institucionalizada de ≥ 40 años, entre 2007-2008 y 2017
| Discapacidad | ||||
|---|---|---|---|---|
| Criterio de valoración | No | Leve | Moderada | Grave/total |
| N.° de años-persona | 846.351 | 102.576 | 22.996 | 5.160 |
| N.° de muertes | ||||
| Enfermedades cardiovasculares | 2.628 | 1.299 | 865 | 278 |
| Cardiopatía isquémica | 827 | 364 | 217 | 59 |
| Ictus | 618 | 298 | 188 | 107 |
| Todas las demás causas | 6.804 | 2.670 | 1.535 | 697 |
| Tasa de mortalidada | ||||
| Enfermedades cardiovasculares | 3,0 | 12,7 | 38,7 | 54,5 |
| Cardiopatía isquémica | 0,9 | 3,5 | 10,1 | 11,2 |
| Ictus | 0,7 | 2,9 | 8,2 | 21,7 |
| Todas las demás causas | 7,9 | 26,5 | 68,2 | 135,6 |
| Enfermedades cardiovasculares | ||||
| Mortalidad acumulada a 5 añosb | 11,4 | 49,2 | 156,4 | 194,6 |
| Ratio estandarizadac (IC95%) | 1,00 (referencia) | 1,70 (1,49-1,93) | 3,92 (3,23-4,76) | 4,77 (3,42-6,66) |
| Diferencia estandarizadac (IC95%) | 0,0 (referencia) | 11,7 (8,4-15,0) | 49,0 (37,0-60,9) | 63,1 (37,0-89,3) |
| Mortalidad acumulada a 10 añosb | 28,7 | 106,7 | 236,6 | 234,5 |
| Ratio estandarizadac (IC95%) | 1,00 (referencia) | 1,57 (1,41-1,74) | 2,70 (2,27-3,22) | 2,67 (1,92-3,72) |
| Diferencia estandarizadac (IC95%) | 0,0 (referencia) | 22,9 (16,8-29,1) | 68,9 (50,5-87,3) | 67,5 (32,0-102,9) |
| Cardiopatía isquémica | ||||
| Mortalidad acumulada a 5 añosb | 3,8 | 13,0 | 42,2 | 40,7 |
| Ratio estandarizadac (IC95%) | 1,00 (referencia) | 1,61 (1,27-2,04) | 3,68 (2,70-5,01) | 4,52 (2,45-8,35) |
| Diferencia estandarizadac (IC95%) | 0,0 (referencia) | 3,2 (1,4-5,1) | 14,2 (8,6-19,8) | 18,6 (4,2-33,1) |
| Mortalidad acumulada a 10 añosb | 9,0 | 29,7 | 61,7 | 48,4 |
| Ratio estandarizadac (IC95%) | 1,00 (referencia) | 1,56 (1,31-1,86) | 2,71 (2,05-3,57) | 2,73 (1,39-5,39) |
| Diferencia estandarizadac (IC95%) | 0,0 (referencia) | 6,6 (3,6-9,5) | 20,1 (11,7-28,5) | 20,4 (-1,3-42,1) |
| Ictus | ||||
| Mortalidad acumulada a 5 añosb | 2,7 | 11,7 | 35,8 | 75,8 |
| Ratio estandarizadac (IC95%) | 1,00 (referencia) | 1,52 (1,20-1,92) | 4,05 (2,66-6,15) | 7,55 (4,70-12,1) |
| Diferencia estandarizadac (IC95%) | 0,0 (referencia) | 2,1 (0,8-3,4) | 12,5 (5,9-19,0) | 26,8 (12,8-40,7) |
| Mortalidad acumulada a 10 añosb | 6,4 | 24,4 | 50,0 | 93,2 |
| Ratio estandarizadac (IC95%) | 1,00 (referencia) | 1,59 (1,29-1,96) | 3,16 (1,99-5,00) | 4,69 (3,06-7,18) |
| Diferencia estandarizadac (IC95%) | 0,0 (referencia) | 5,4 (2,6-8,2) | 19,7 (6,7-32,6) | 33,6 (15,9-51,3) |
IC95%: intervalo de confianza del 95%.
Los riesgos de mortalidad acumulada no estandarizados por 1.000 personas en los tiempos de seguimiento especificados se obtuvieron con métodos de Kaplan-Meier ponderados por muestreo estratificados por categoría de discapacidad y teniendo en cuenta las muertes por otras causas concurrentes.
Las ratios estandarizadas y las diferencias en los riesgos de mortalidad acumulada en los tiempos de seguimiento especificados entre las categorías de discapacidad se obtuvieron a partir de modelos de supervivencia basados en splines estratificados por categoría de discapacidad, ponderados por ponderaciones combinadas y teniendo en cuenta las muertes por otras causas concurrentes, con un IC95% derivado de la aplicación de métodos delta a estimaciones de variancia sólidas de los coeficientes de splines. Se utilizaron ponderaciones combinadas para estandarizar la mortalidad acumulada en cada categoría de discapacidad respecto a la distribución de las características sociodemográficas iniciales de toda la población española no institucionalizada de ≥ 40 años, como sexo, edad, convivencia en pareja, nivel educativo, ingresos familiares, tamaño del municipio y región geográfica.
El riesgo de muerte por cardiopatía isquémica aumentó de manera similar entre las personas con discapacidad moderada y discapacidad grave/total (figura 2B), con riesgos relativos estandarizados (IC95%) a los 5 y 10 años de seguimiento de 3,68 (2,70-5,01) y 2,71 (2,05-3,57) de discapacidad moderada, y 4,52 (2,45-8,35) y 2,73 (1,39-5,39) de discapacidad grave/total, respectivamente, en comparación con la ausencia de discapacidad (tabla 2). Sin embargo, el riesgo de mortalidad por ictus aumentó progresivamente con el grado de gravedad de la discapacidad (figura 2C). En comparación con las personas sin discapacidad, el riesgo relativo estandarizado a 5 años de mortalidad por ictus (IC95%) aumentó de 4,05 (2,66-6,15) en el caso de la discapacidad moderada a 7,55 (4,70-12,1) en el de la discapacidad grave/total, y el riesgo relativo a 10 años aumentó de 3,16 (1,99-5,00) a 4,69 (3,06-7,18), respectivamente (tabla 2). El análisis de sesgos mostró que, después de controlar por sexo y edad, la falta de ajuste por cardiopatías no medidas al inicio del estudio daría lugar a un sesgo al alza <3,6% en el riesgo relativo a 10 años en el caso de la mortalidad por cardiopatía isquémica asociada con la discapacidad, mientras que la falta de ajuste por ictus al inicio del estudio introduciría un sesgo al alza moderado del 12,5% en la asociación entre discapacidad y mortalidad cerebrovascular (resultados del material adicional y tabla 2 del material adicional).
En los análisis de subgrupos, el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular aumentó progresivamente con el grado de discapacidad en todos los subgrupos sociodemográficos, aunque las proporciones de riesgo asociadas con la discapacidad fueron mayores entre los individuos más jóvenes (p de homogeneidad <0,001), aquellos que vivían con una pareja (p<0,001) y los que tenían un mayor nivel educativo (p=0,004), lo que se corresponde con los subgrupos de población con menores riesgos iniciales. Los riesgos relativos estandarizados a 5 años de mortalidad por enfermedad cardiovascular que comparan la discapacidad leve, moderada y grave/total con la ausencia de discapacidad fueron de 3,02, 7,16 y 13,10 entre individuos menores de 65 años; 2,24, 5,06 y 6,17 entre las personas que viven con una pareja, y 2,66, 6,18 y 6,11 entre las personas con al menos educación secundaria, respectivamente (figura 3). Los riesgos relativos estandarizados a 5 años de mortalidad por enfermedad cardiovascular entre las categorías de discapacidad fueron aproximadamente similares para mujeres y varones (p de homogeneidad=0,18).
Riesgos relativos estandarizados a 5 años de mortalidad por enfermedades cardiovasculares entre las categorías de discapacidad por subgrupos en la población española no institucionalizada de ≥ 40 años, entre 2007-2008 y 2017. Los riesgos relativos específicos por subgrupos (cuadrados con área inversamente proporcional a la variancia) y los intervalos de confianza del 95% (IC95%; líneas horizontales) se obtuvieron a partir de modelos de supervivencia basados en splines estratificados por categoría de discapacidad y subgrupo sociodemográfico, ponderados por ponderaciones combinadas y teniendo en cuenta las muertes por otras causas concurrentes. Se utilizaron ponderaciones combinadas para estandarizar la mortalidad por enfermedades cardiovasculares en cada categoría de discapacidad respecto a la distribución de las características sociodemográficas iniciales en toda la población española no institucionalizada de ≥ 40 años, como el sexo, la edad, la convivencia en pareja, el nivel educativo, los ingresos familiares, el tamaño del municipio y la región geográfica.
Los análisis de subgrupos relativos a la mortalidad por cardiopatía isquémica fueron muy similares a los de las enfermedades cardiovasculares, con mayores riesgos al comparar las categorías de discapacidad entre los individuos más jóvenes (p de homogeneidad=0,03) y los que vivían con una pareja (p=0,02) (figura 2 del material adicional). El riesgo de mortalidad por ictus aumentó progresivamente entre las categorías de discapacidad en todos los subgrupos, excepto en las personas con educación secundaria o superior (p de homogeneidad=0,02), cuyo riesgo relativo estandarizado a 5 años de mortalidad por ictus al comparar la discapacidad grave/total con la ausencia de discapacidad se redujo a 1,33 (IC95%, 0,33-5,27) (figura 3 del material adicional).
DISCUSIÓNEn este amplio estudio de cohortes de población adulta, la mortalidad cardiovascular acumulada (general y por cada diagnóstico específico) fue mayor entre los individuos con cualquier nivel de discapacidad que entre aquellos sin discapacidad en cualquier momento del seguimiento. Además, el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular aumentó progresivamente con el grado de discapacidad en todos los subgrupos sociodemográficos estudiados.
Estos resultados concuerdan con las conclusiones de 2 ensayos representativos de la población general8,9 y de otros estudios de cohortes4,5,7,10 que han analizado esta asociación en poblaciones de edad avanzada. Sin embargo, es importante resaltar que la medición de la discapacidad no es homogénea entre estos estudios, lo que dificulta la comparación de la investigación sobre discapacidad3. Esto es coherente con la afirmación de que una definición común de discapacidad reforzaría la investigación sobre este tema3,23. Por ejemplo, existe una diferencia notable en las cifras de mortalidad cardiovascular entre las personas con discapacidad en nuestro estudio (5,1 por 1.000 años-persona) y el de Son et al.9 (1,3 por 1.000 años-persona). Aunque ambas cohortes eran bastante similares en cuanto a la distribución por edad y sexo, y la duración del seguimiento, la prevalencia inicial correspondiente de personas con discapacidad difería notablemente: el 16,2 frente al 0,39%9. Parece que Son et al.9 utilizaron una definición de discapacidad más estricta que la nuestra. Forman-Hoffman et al.8 publicaron una prevalencia similar a la encontrada en el presente estudio, >16% en una población más joven, ya que también incluyeron a individuos entre 18 y 40 años. Otros estudios comunicaron prevalencias mayores, pero analizaron poblaciones de más edad4,10 y se sabe que las personas mayores tienen una mayor prevalencia de discapacidad1.
Según nuestros resultados, el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular aumentó de forma progresiva con el grado de discapacidad en todos los subgrupos sociodemográficos estudiados. Este hallazgo ya había sido descrito anteriormente por Plichart et al.10 y Forman-Hoffman et al.8, pero no por Son et al.9.
En consonancia con nuestro estudio, Plichart et al.10 utilizaron una variable general para la discapacidad (dicotómica o clasificada según el grado de gravedad). Sin embargo, Son et al.9 y Forman-Hoffman et al.8, además de una medida general de la discapacidad, analizaron más a fondo la asociación por tipo de discapacidad, si bien hicieron grupos de los distintos tipos de discapacidad con el fin de aumentar el tamaño de la muestra. Además, llegaron a conclusiones diferentes. Según Son et al., las personas con discapacidad tenían una mortalidad cardiovascular mayor que las personas sin discapacidad, independientemente del tipo de discapacidad9. En cambio, Forman-Hoffman et al.8 solo encontraron esta asociación en personas con deterioro mental/por consumo de sustancias o discapacidad motora.
Nuestras estimaciones del riesgo de muerte también fueron mayores en el caso de causas específicas de mortalidad cardiovascular en personas con discapacidad. Este hallazgo concuerda con los resultados de Forman-Hoffman et al.8. Según nuestros resultados, el riesgo de mortalidad por cardiopatía isquémica fue notablemente mayor para las personas con discapacidad moderada o grave/total, mientras que el riesgo de mortalidad por ictus también aumentó de forma notable, pero siguió una clara tendencia con los valores de gravedad de la discapacidad. Según nuestro conocimiento, ningún otro estudio ha abordado la asociación entre la gravedad de la discapacidad y el riesgo de muerte por causas específicas de mortalidad cardiovascular.
Estas conclusiones podrían estar respaldadas por varios mecanismos biológicos y psicosociales. Las personas con discapacidad tienen una mayor prevalencia de algunos factores de riesgo conductuales poco saludables (consumo/abuso de sustancias, tabaquismo24, obesidad25,26, reducción de la actividad física4,7,27,28)1; son más propensas a sufrir depresión1,29, ansiedad2, trastornos del sueño2, angustia mental30 y diabetes tipo 231, y también tienen una mayor carga de desigualdades en la atención sanitaria (como las desigualdades en las pruebas de detección preventiva)27,32, aislamiento y soledad2,33, discriminación1 y una peor situación socioeconómica1. Estos factores pueden estar relacionados con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares34–36 y mortalidad37–40. Cabe destacar que, en las personas con discapacidad que cumplen las recomendaciones de actividad física, la mortalidad cardiovascular fue menor que en aquellas sin discapacidad que no siguen las recomendaciones de actividad física4,7. Por tanto, la aplicación de las recomendaciones de actividad física, entre otras medidas, podría reducir el riesgo de mortalidad de las personas con discapacidad. Por último, las personas con discapacidad pueden tener menos acceso a la atención sanitaria o a los servicios preventivos41.
También se han presentado interesantes análisis de subgrupos. Las subpoblaciones con mayores riesgos relativos de mortalidad cardiovascular fueron la población más joven, las que viven en pareja y las personas con educación secundaria o superior. Sin embargo, estos resultados pueden explicarse, en parte, por el hecho de que esos subgrupos de población tenían un riesgo inicial menor. Finalmente, se encuentran riesgos aproximadamente similares para ambos sexos, a diferencia de Son et al.9, que observaron que la mortalidad cardiovascular solo aumentaba en los varones, lo que podría explicarse, en parte, por el amplio IC95% de las mujeres.
Fortalezas y limitacionesEste estudio utilizó una muestra representativa y amplia de la población española no institucionalizada de ≥ 40 años, con datos de seguimiento de mortalidad a largo plazo obtenidos de los registros oficiales de población. Por consiguiente, los resultados pueden aplicarse a toda la población adulta de España que no vive institucionalizada, así como a otros países con patrones similares de discapacidad y sus factores de riesgo asociados a las enfermedades cardiovasculares.
Con todo, este estudio presenta varias limitaciones. En primer lugar, se carecía de datos de seguimiento de la mortalidad del 20% de los participantes de la encuesta, lo que redujo el tamaño efectivo de la cohorte y provocó una pérdida de precisión. No obstante, dado que faltaba la información de seguimiento por deficiencias administrativas en la identificación de los participantes, cabe esperar que, teniendo en cuenta el estado de discapacidad inicial y los factores sociodemográficos, estas pérdidas administrativas en el seguimiento no estuvieran relacionadas con los resultados de mortalidad posteriores (es decir, pérdidas aleatorias en la taxonomía de datos ausentes), lo que introduciría poco o ningún sesgo en las asociaciones estimadas de discapacidad y mortalidad.
En segundo lugar, fueron los propios participantes o sus representantes los que declararon el estado de discapacidad, por lo que no se puede descartar cierto grado de clasificación errónea de la exposición no diferencial, lo cual podría haber diluido las asociaciones existentes si se hubiera exagerado la discapacidad. Además, la evaluación general de la gravedad de la discapacidad se basó en una lista de verificación incompleta de la CIF de todos los ámbitos de actividad y participación, ya que el cuestionario EDAD-08 carecía de preguntas apropiadas de los ámbitos d1, d8 y d9 de la CIF, e incluía solo un subconjunto de todas las preguntas de los ámbitos restantes d2-d7, algunos de los cuales tenían una proporción considerable de datos ausentes14. Por tanto, no se pudieron llevar a cabo análisis de discapacidad específicos por ámbito, que mostrarían asociaciones distintas con la mortalidad cardiovascular a largo plazo.
En tercer lugar, aunque se controlaron las diferencias en las características sociodemográficas entre las categorías de discapacidad mediante la ponderación por el inverso de la probabilidad de la exposición, las estimaciones pueden reflejar cierto grado de confusión residual por enfermedades cardiovasculares prevalentes (cardiopatías e ictus) y otros factores de riesgo relevantes (actividad física, índice de masa corporal e hipertensión), que solo se midieron en los participantes con discapacidad. A pesar de ello, los análisis de sesgos indicaron que, después de controlar los factores sociodemográficos, la falta de ajuste por las enfermedades cardiovasculares iniciales daría lugar a pequeños sesgos positivos del 4 al 6% en los riesgos relativos de mortalidad a 10 años por enfermedades cardiovasculares y cardiopatía isquémica asociadas con la discapacidad, y a un sesgo moderado al alza del 12% en la mortalidad por ictus.
En cuarto lugar, se carecía de datos longitudinales sobre discapacidad y factores de confusión, y no se puede descartar cierto sesgo en las asociaciones estimadas de la discapacidad inicial si una proporción considerable de participantes había desarrollado nuevas discapacidades o había aumentado su gravedad durante el seguimiento. También era posible que existiera confusión residual debido a factores variables en el tiempo no medidos que afectaban tanto a la discapacidad posterior como a la mortalidad cardiovascular.
Por último, este estudio solo incluyó a adultos que no vivían institucionalizados, y la asociación entre la discapacidad y la mortalidad cardiovascular puede ser diferente en el entorno institucional.
En próximos estudios, se debería abordar el establecimiento de una definición operativa de discapacidad, el análisis de los riesgos de mortalidad cardiovascular en función del tipo y la causa de la discapacidad, la evaluación de nuevas intervenciones destinadas a prevenir la discapacidad entre las personas que no la tienen y reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares entre las que sí, y los cambios a lo largo del tiempo en la asociación entre la discapacidad y la mortalidad cardiovascular.
CONCLUSIONESEl riesgo de mortalidad cardiovascular (general y por cada diagnóstico específico) es mayor entre los adultos con cualquier nivel de discapacidad que en los adultos sin discapacidad en cualquier momento del seguimiento. Además, el riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares aumentó progresivamente con el grado de discapacidad en todos los subgrupos sociodemográficos. Deben investigarse las afecciones que aumentan el riesgo cardiovascular en las personas con discapacidad. Se necesitan medidas preventivas e iniciativas de promoción de la salud para reducir el riesgo de mortalidad en esta población.
FINANCIACIÓNEl Instituto de Salud Carlos III financió este trabajo (subvención número PI20CIII00045). Las opiniones expresadas son las de los autores y no necesariamente las del Instituto de Salud Carlos III. El grado de exactitud o fiabilidad de la información cuantitativa derivada de este trabajo es responsabilidad exclusiva de los autores y no de la institución que proporciona los datos, el Instituto Nacional de Estadística.
CONSIDERACIONES ÉTICASTodas las intervenciones realizadas en estudios con participantes humanos se ajustaron a las normas sobre ética del comité de investigación institucional o nacional, el Comité de Ética en Investigación del Instituto de Salud Carlos III (número CEI PI 17_2020), y la Declaración de Helsinki de 1964 y sus posteriores enmiendas o normas sobre ética comparables. No se requirió el consentimiento informado por escrito de los participantes o de sus tutores legales/familiares más cercanos para este estudio, ya que se incluyó a los participantes en la EDAD-08 del Instituto Nacional de Estadística tras solicitar su colaboración (Instituto Nacional de Estadística. Encuesta de Discapacidad, Autonomía Personal y Situaciones de Dependencia 200811). Los autores no participaron en la obtención de la información para la encuesta sobre discapacidad. Se han seguido las directrices de SAGER respecto a posibles sesgos de sexo/género.
Los datos no están disponibles debido a restricciones legales.
DECLARACIÓN SOBRE EL USO DE INTELIGENCIA ARTIFICIALNo se utilizaron herramientas de inteligencia artificial en la preparación de este artículo.
CONTRIBUCIÓN DE LOS AUTORESJ. Damián, R. Pastor-Barriuso y F.J. García López diseñaron el estudio y dirigieron su implementación. R. Pastor-Barriuso, A. Padrón-Monedero y F.J. García López redactaron el artículo. R. Pastor-Barriuso desarrolló y redactó los métodos. J. Damián, J. Almazán-Isla y J. de Pedro-Cuesta aportaron ideas relevantes durante la implementación del artículo y colaboraron en el desarrollo de este. Todos los autores han dado su aprobación final al artículo.
CONFLICTO DE INTERESESNo se ha declarado ninguno.
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Los adultos con discapacidad corren un mayor riesgo de mortalidad por cualquier causa.
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Existe evidencia limitada sobre el riesgo de mortalidad cardiovascular en adultos con discapacidad.
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Según nuestro conocimiento, ningún otro estudio ha abordado la asociación entre la gravedad de la discapacidad y el riesgo de muerte por trastornos específicos de mortalidad cardiovascular.
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El riesgo de mortalidad cardiovascular a nivel mundial y por trastornos específicos es mayor entre los adultos con discapacidad.
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El riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular aumenta progresivamente con el grado de discapacidad.
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Se necesitan medidas preventivas para reducir el riesgo de mortalidad cardiovascular en esta población.
