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Vol. 73. Núm. 2.
Páginas 186-187 (Febrero 2020)
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Vol. 73. Núm. 2.
Páginas 186-187 (Febrero 2020)
Carta al Editor
DOI: 10.1016/j.recesp.2019.06.026
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Arquitectura de la pared ventricular
Ventricular mural architecture
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Damián Sánchez-Quintanaa,
Autor para correspondencia
damians@unex.es

Autor para correspondencia:
, Peter Aggerb, Robert H. Andersonc
a Departamento de Anatomía Humana y Biología Celular, Facultad de Medicina, Universidad de Extremadura, Badajoz, España
b Comparative Medicine Laboratory, Department of Clinical Medicine, Aarhus University, Aarhus, Dinamarca
c Institute of Genetic Medicine, Newcastle University, Newcastle-upon-Tyne, Reino Unido
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Rev Esp Cardiol. 2020;73:153-6010.1016/j.recesp.2018.10.012
Omar Yassef Antúnez Montes
Rev Esp Cardiol. 2020;73:18710.1016/j.recesp.2019.08.010
Omar Yassef Antúnez Montes, Alberto Sosa Olavarría, Mladen J. Kocica
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Sr. Editor:

Hemos leído con interés el artículo presentado a la Revista por Omar Yassef Antúnez Montes1. Mientras leíamos su informe, recordamos el aforismo de H.L. Mencken, quien comentó que «siempre hay una solución conocida para cada problema humano: clara, elogiable y errónea»2. A este respecto, también recordamos la afirmación del matemático británico W.K. Clifford, en su ensayo Ética de la creencia. Dicha afirmación se conoce como el principio de Clifford y asevera que «siempre es un error, en todas partes, que alguien crea en algo sin pruebas suficientes»3.

Seguramente por eso, Antúnez Montes no ha podido conseguir pruebas adecuadas para corroborar su creencia de que, siguiendo los límites anatómicos preexistentes, el cono ventricular puede desplegarse de la manera indicada en un inicio por Torrent-Guasp4. Su estudio es, además, una obra maestra de citas seleccionadas. Si Antúnez Montes hubiera revisado con atención la literatura médica existente, habría visto que Lower5, ya en 1669, mostró cómo el cono ventricular podía desplegarse en forma de una banda solitaria. Sin embargo, la entidad producida por Lower empezó y terminó con las uniones auriculoventriculares antes que con las ventriculoarteriales. El conjunto de los hallazgos corrobora el punto de vista expresado por Lev y Simkins6, es decir, que las paredes del ventrículo pueden desplegarse a capricho de quien lleva a cabo la disección. Por tanto, no hay duda de que el cono puede desplegarse como decía Torrent-Guasp, tal como confirma ahora Antúnez Montes1. No obstante, la pregunta que debería hacerse no es si esto es posible, sino más bien si la disección se realiza siguiendo los límites anatómicos preexistentes. Hay pruebas de múltiples fuentes, reflejo tanto de las investigaciones histológicas como de las clínicas, que muestran que el miocardio ventricular se forma a partir de una malla tridimensional. Carece de cualquier tipo de límite que pudiera permitir la disección uniforme de la banda helicoidal. Tal como subrayó Pettigrew7 en el siglo xix, los cardiomiocitos, a diferencia de las células musculares esqueléticas, carecen de orígenes e inserciones distintos de las uniones que tienen entre sí.

Que los cardiomiocitos incluidos en las paredes del ventrículo formen agrupaciones epicárdicas y endocárdicas helicoidales es algo que Streeter validó hace ya tiempo. Realizó una serie de estudios histológicos cruciales, que culminaron en un capítulo publicado en el manual de la American Physiological Society8. En estas páginas, Streeter hizo referencia a sus colaboraciones con Torrent-Guasp, que ilustró con varias disecciones suyas. Basándose en estas disecciones, junto con sus estudios histológicos, Streeter concluyó que «la pared del corazón es un continuo tridimensional formado básicamente por el elemento cilíndrico unidimensional, la célula muscular cardiaca»8. Todos nuestros estudios, incluida una investigación en la que volvieron a evaluarse los hallazgos del estudio ecocardiográfico de Hayabuchi et al.9 citado por Antúnez Montes, concuerdan con la conclusión de Streeter8.

Por lo tanto, quienes lean el estudio de Antúnez Montes1 deberían saber que, aunque es posible desplegar el cono ventricular tal como él ha demostrado, la disección no se consigue siguiendo los «planos de escisión» anatómicos existentes. Esto solo puede hacerse destruyendo las cadenas transmurales que predominan en los cardiomiocitos, que constituyen un elemento integral de la malla miocárdica tridimensional10.

Bibliografía
[1]
O.Y. Antúnez Montes.
Anatomical Correlation of the Helical Structure of the Ventricular Myocardium Through Echocardiography.
Rev Esp Cardiol., 73 (2020), pp. 153-160
[2]
H.L. Mencken.
Prejudices: Second Series, Chapter 4: The Divine Afflatus, Start.
New York, (1920), pp. 155
[3]
W.K. Clifford.
The ethics of belief.
The ethics of belief and other essays., pp. 70-96
[4]
F. Torrent-Guasp.
Anatomía funcional del corazón: la actividad ventricular diastólica y sistólica.
Paz Montalvo, (1957),
[5]
R. Lower.
Tractatus de Corde.
Early science in Oxford, United Kingdom, (1669),
[6]
M. Lev, C.S. Simkins.
Architecture of the human ventricular myocardium; technic for study using a modification of the Mall-Maccallum method.
Lab Invest., 5 (1956), pp. 396-409
[7]
J.B. Pettigrew.
The Croonian lecture: On the arrangement of the muscular fibres of the ventricular portion of the heart of the mammal.
Proc Royal Soc Lond., 10 (1860), pp. 433-440
[8]
D.D. Streeter.
Gross morphology and fiber geometry of the heart.
Handbookof Physiology, Section 2: The Cardiovascular System, American Physiological Society, (1979), pp. 61-112
[9]
Y. Hayabuchi, M. Sakata, S. Kagami.
Assessment of the helical ventricular myocardial band using standard echocardiography.
Echocardiography., 32 (2015), pp. 310-318
[10]
P. Agger, R.S. Stephenson, H. Dobrzynski, et al.
Insights from echocardiography, magnetic resonance imaging, and microcomputed tomography relative to the mid-myocardial left ventricular echogenic zone.
Echocardiography., 33 (2016), pp. 1546-1556
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